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UNIVERSIDAD PEDAGOGICA NACIONAL

Epistemología y Teoría Social Clásica


Lectura específica. Prof. José Ernesto Ramirez

¿Qué es un clásico en Ciencias sociales? (Parte I) 1


Publicado por: Susan Ileana Gómez Guerra junio 23, 2014 1 Comentario


En la actualidad, el origen de la Sociología es asociado inmediatamente con ciertas obras desarrolladas por teóricos que
marcaron la pauta para el desarrollo y posterior devenir histórico y científico de esta ciencia. Cuando surge la pregunta ¿qué
es la Sociología? se convierte casi en una obligación recordar la figura y obra de Augusto Comte, Emilio Durkheim, Max
Weber, entre otros, cada uno de los cuales formuló su propia definición de esta ciencia; también se le atribuye algunos de
los aportes más significativos a la misma a Karl Marx, Talcott Parsons y Robert Merton que con sus respectivas corrientes
teóricas de pensamiento lograron postularse como representantes imprescindibles dentro del campo sociológico que con su
obra se han llegado a consolidar como clásicos de la Sociología.

Pero regresando a la pregunta inicial ¿qué es un clásico? o como diría Roberto Von Sprecher, (2005: 21)… “de la selección
de los autores clásicos: ¿a qué obras debe atribuirse ese carácter y por qué?”. La respuesta a dicha interrogante se puede
encontrar en uno de los textos escritos por Jeffrey Alexander (1990: 23) en donde aborda precisamente el tema acerca de la
centralidad de los clásicos definiéndolos de esta manera: “Los clásicos son productos de la investigación a los que se les
concede ese rango privilegiado frente a las investigaciones contemporáneas del mismo campo. El concepto de rango
privilegiado significa que los científicos contemporáneos dedicados a esa disciplina creen que entendiendo dichas obras
anteriores pueden aprender de su campo de investigación tanto como puedan aprender de la obra de sus propios
contemporáneos”.
En otras palabras, Alexander da a conocer la importancia que tienen las interpretaciones que de la realidad social han
realizado lo autores en sus obras, hoy en día consideradas como clásicas, ya que aunque nos remitan a un contexto
político, social, económico y cultural diferente al actual; coadyuvaron a sentar las bases sólidas de la Sociología a través de
conceptos y categorías de análisis (teoría) que los contemporáneos pueden utilizan para seguir en sintonía con esas
formulaciones teóricas ya sea modificándolas, mejorándolas u otorgándoles otra interpretación con el propósito de que la
ciencia sociológica continúe su evolución por medio de nuevos enfoques y planteamientos.
Sin embargo; no todo como es costumbre en las Ciencias Sociales en general y en Sociología en particular, conlleva un
consenso sino más bien se provoca cierto choque de contrarios u opuestos que dan origen a perspectivas de análisis

1
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distintas lo que trae como consecuencia el desacuerdo y la defensa a la opinión propia; en este caso específico acerca de
los clásicos han surgido dos posturas que, contrarias al punto de vista de Jeffrey Alexander que se abordará más adelante,
niegan la importancia atribuida a los clásicos arguyendo que aquéllos se han vuelto obsoletos en relación a las demandas
de los problemas sociales actuales. A continuación se presentan esas dos posturas: la empirista y la historicista.

Crítica empirista a la centralidad de los clásicos


“Para los partidarios de la tendencia positivista, significa que, a largo plazo, también la ciencia social deberá prescindir de
los clásicos; a corto plazo tendrá que limitar muy estrictamente la atención que se les preste. Sólo habrá que recurrir a ellos
en busca de información empírica”. Estas conclusiones se basan en dos supuestos. El primero es que la ausencia de textos
clásicos en la ciencia natural indica el status puramente empírico de ésta; el segundo es que la ciencia natural y la ciencia
social son básicamente idénticas”. (Alexander, 1990: 24).
Al parecer, los positivistas todavía no han superado la idea de los padres fundadores de la Sociología entre los que destaca
Augusto Comte para quien las ciencias sociales para ser consideradas científicas y objetivas debían parecerse a las
ciencias naturales; además en la idea anterior se da a entender que las ciencias sociales carecen de un status empírico y
que por lo tanto siguen empeñadas en recurrir a textos clásicos, mientras que las ciencias naturales solo poseen
paradigmas; también se observa la idea errónea de expresar que las ciencias sociales y naturales son idénticas lo que
carece de veracidad científica.

Una de las figuras más destacadas del estructural funcionalismo, Robert Merton, por su perspectiva ahistórica ha negado la
centralidad de los clásicos rechazando la fusión de ciencia e historia. Las ideas expuestas por Merton, encajan con la crítica
empirista ya que “criticaba lo que llamaba la mezcla de la historia y sistemática de la teoría sociológica. Su modelo de teoría
sistemática eran las ciencias naturales, y consistía, según parece, en codificar el conocimiento empírico y construir leyes de
subsunción. La teoría científica es sistemática porque contrasta leyes de subsunción mediante procedimientos
experimentales, acumulando de esta forma conocimiento verdadero. En la medida en que se dé esta acumulación no hay
necesidad de textos clásicos”. (Alexander, 1990: 24). Merton también propone “convertir los textos clásicos en simples
fuentes de datos y/o teorías no contrastadas, es decir, hacer de ellos vehículos de ulterior acumulación o que éstos sean
estudiados como documentos históricos”. (Alexander: 1990: 26).
Lo contradictorio del pensamiento de Merton es que ahora él y su obra son considerados clásicos.

Crítica historicista a la centralidad de los clásicos


“Este es el enfoque historicista de la historia intelectual relacionado con la obra de Quentin Skinner, al que se deben
importantes incursiones en la discusión sociológica. La particular importancia de esta crítica se debe al hecho de que la
crítica al reduccionismo empirista contemporáneo de la ciencia social se ha originado en las humanidades”. (Alexander,
1990: 66).
Dicha perspectiva historicista considera oportuno que la recurrencia a los textos clásicos debe considerarse solamente
desde un punto de vista histórico; por lo que las investigaciones tenderían a ser más explicativas que interpretativas.
Los supuestos en los que se basa esta postura consisten primero, en el contexto singular versus el contexto infinito en
donde se afirma que el lenguaje empleado en determinada obra histórica puede revelar el universo intelectual de la misma;
el segundo, la intención transparente versus la intención opaca, en donde se considera que las intenciones así como los
contextos son recuperables y tercero, textos explícitos versus textos multivalentes, en donde se supone que investigar los
textos conlleva a averiguar lo que pensaron los agentes históricos genuinos.
Una de las objeciones que se pueden presentar en torno a esta crítica historicista, radica en que aunque si bien es cierto
que el lenguaje puede dar referencia del contexto histórico en el cual se enmarca una obra, éste no puede coadyuvar a
recuperar todo el contexto sociohistórico de la misma. En cuanto a la recuperación de la intención del autor de determinada
obra aunque dicha intención se puede interpretar no es posible hablar de una recuperación como tal; ya que en el
psicoanálisis se ha demostrado que ni siquiera los mismos autores conocen todo el alcance de sus propias intenciones. Y
por último, según Skinner los textos son explícitos, sin embargo; éstos son multivalentes en el sentido de que pueden tener
muchas valoraciones tanto interpretaciones se haga de ellos.
Completando las críticas dirigidas a la centralidad de los clásicos no puede dejarse sin mención la postura de José Joaquín
Brunner a quien se dedicará el apartado posterior.
¿Para qué estudiar a los clásicos?
La pregunta que encabeza este apartado debe interpretarse no sobre la importancia de los textos clásicos sino con cierto
aire de ironía sobre ¿por qué estudiar a los clásicos si éstos han quedado obsoletos? Esta idea que afirma que el discurso
de la sociología se ha agotado se le atribuye a José Joaquín Brunner, doctor en sociología, quien plantea que “esa
disciplina debe seguir un camino cuantitativo y acumulativo como las ciencias naturales; pero también debe hacer literatura
o considerar como una rama de la sociología a la novela contemporánea o, simplemente diluirse en la novela
contemporánea”. (Osorio, 2000: 163).
La primera postura se localiza en el empirismo y el positivismo, crítica que ya se abordó en apartados anteriores, en donde
se otorga primordial realce a la acumulación de datos, información y estadísticas semejantes a algunos informes elaborados
por el Banco Mundial; como se puede observar el descrédito de la sociología en esta postura es tal que se considera que
recurriendo a esos informes se encontrará mayor acercamiento a la realidad que a través de esta disciplina. Respecto a la
segunda postura cabe mencionar que según Brunner en las narraciones de las novelas contemporáneas se encuentran de
forma más detallada las interacciones sociales así como las relaciones entre los individuos y su entorno que en los estudios
sociológicos.

“Los clásicos desde esta perspectiva brunneriana no tienen nada que decir (“su lenguaje ha dejado de hablar”) y el interés
por sus obras se limita a aportar información para caracterizar una época”. (Osorio, 2000: 164).
En conclusión, se puede decir, “que la propuesta de Brunner se ubica en el campo de viejas disputas respecto al lugar y
modo de operar de las disciplinas sociales: ¿su quehacer debe seguir el camino de las ciencias naturales o, por el contrario
el de las humanidades? (Osorio, 2000: 163).
Se pueden añadir a estas perspectivas que relegan a los clásicos al olvido, las siguientes aclaraciones:
“Y es que cualquier ciencia, y la sociología también, sólo progresa si cuestiona permanentemente sus propios puntos de
partida”. (Cardús i Ros, 2003: 196).
…“los análisis sociológicos tienen fecha de caducidad porque la potencia crítica de una teoría es precaria, tanto porque se
refiere a las realidades sociales de un tiempo y un espacio determinados como porque el poder suele acabar integrando sin
demasiadas dificultades todo discurso crítico para convertirlo en ideología conservadora”. (Cardús i Ros, 2003: 196).
Habiendo profundizado acerca de las posturas críticas que se oponen a la centralidad de los clásicos, también resulta clave
como parte de este análisis conocer las posturas teóricas que rescatan la importancia de estos textos y por ello, se presenta
a continuación la perspectiva de Jeffrey Alexander y la de Jaime Osorio.
Jeffrey Alexander: en defensa de los clásicos
Jeffrey Alexander sale en defensa de los clásicos desde la corriente post-positivista que rehabilita los aspectos teóricos
contraria a la corriente positivista que reduce la teoría a los hechos. Con tal intención Alexander sostiene cuatro postulados
fundamentales:
1. Los datos empíricos de la ciencia están inspirados por la teoría. La distinción teoría/hechos no es epistemológica
ni ontológica sino es una distinción analítica. La distinción analítica se refiere a observaciones inspiradas por aquellas
teorías que consideramos que poseen mayor certeza.
2. Los compromisos científicos no se basan únicamente en la evidencia empírica.
3. La elaboración general, teórica, es normalmente horizontal y dogmática y no es escéptica y progresiva. Cuando
una posición teórica general se confronta con pruebas empíricas contradictorias que no pueden ignorarse, procede a
desarrollar hipótesis ad hoc y categorías residuales. De esta manera, es posible explicar nuevos fenómenos sin
renunciar a las formulaciones generales.
4. Sólo se dan cambios fundamentales en las creencias científicas cuando los cambios empíricos van acompañados
de la disponibilidad de alternativas teóricas convincentes. (Alexander, 1990: 31).

Tomando en consideración los postulados anteriores y atendiendo a la idea de que en ciencias sociales el discurso se
convierte en una característica esencial, lo que genera diversos debates en torno a cuestiones teóricas y empíricas, es
importante tomar en cuenta “por qué esta forma discursiva de argumentación recurre tan a menudo a los clásicos. Esta
centralidad se deba a dos razones: la una funcional, la otra intelectual o científica”. (Alexander, 1990: 42).
Respecto a la primera razón se puede decir que se origina en la necesidad de integrar el campo del discurso teórico, es
decir, cuando surge un desacuerdo generalizado dentro de la teoría social, es importante que exista una base para que los
que son partícipes en ese debate puedan conocer de qué se está hablando, qué es lo que se está abordando, se refiere a
adquirir un lenguaje común para que todos estén inmersos en la discusión. Y en cuanto a la segunda razón, se hace
mención que a la obras se les concede el rango de clásicas porque han hecho importantes contribuciones a la ciencia de la
sociedad, contribuciones que han perdurado y que se continúan debatiendo en la actualidad.
La permanencia de estas obras y de sus respectivos autores se vincula con la capacidad de interpretación y empatía muy
desarrolladas, así como con su capacidad intelectual y el llamado a la reflexión sobre la representación y concepción de la
realidad social. Ambas consideraciones, funcionales e intelectuales, otorgan a los clásicos una importancia central para la
praxis de la ciencia social; una vez que determinada obra adquiere el rango de clásica su interpretación se convierte en una
clave para el debate científico.
Abordando el tema de las interpretaciones, en una entrevista realizada a Jeffrey Alexander en México por la Doctora en
Sociología Gina Zabludovsky (1990), el señalado autor hace referencia de ellas diciendo:
“En la centralidad de los clásicos, sostengo que en las disciplinas sociales no podemos hablar de los textos en sí mismos,
sino más bien de las interpretaciones que de ellos se han hecho. Nunca quise sugerir que los textos clásicos resuelven las
diferencias interpretativas, sino que son un vehículo común a través del cual podemos resolverlas. Puesto que, por
definición, las obras consideradas como clásicas constituyen un número reducido de textos que todos conocemos; su
estudio nos permite tener un lenguaje común a través del cual podemos entender la naturaleza de nuestros desacuerdos.
Es interesante cómo al recurrir a las obras clásicas cada lector, o conjunto de lectores, argumenta que la interpretación
adecuada del texto es la suya, dando lugar así al desarrollo de diferentes escuelas y tradiciones empíricas que siguen
distintas interpretaciones. A pesar de esto, creo que el apoyo de ciertos textos clásicos resulta muy útil para que nos
podamos entender relativamente bien “…
Sobre el proceso de de-construcción de los clásicos, en esa misma entrevista, Alexander señala:
“Para mí las interpretaciones de los clásicos son en sí mismas estrategias teóricas, la lectura de los textos nos permite
argumentar teóricamente, éste es mi camino hacia la de-construcción.
El principal ejercicio que hacen los intérpretes de un texto es reconstruirlo como una estrategia teórica para presentar
evidencias de una forma particular de concebir el mundo. Un buen texto clásico permite realizar esta tarea de forma
efectiva. Considero que en vez de limitarnos a estudiar las obras – que obviamente necesitamos todavía conocer mejor-,
nuestra tarea es la de de-construirlas a través del estudio de tradiciones interpretativas que nos permitan darnos cuenta de
cómo los diferentes textos han sido reconstruidos a través de interpretaciones. Si quisiéramos ser más honestos y
sofisticados enseñando a los clásicos, siempre deberíamos verlos en relación con los diferentes marcos interpretativos en
contradicción entre sí”. (Alexander, 1990).

Jaime Osorio: volver a los clásicos


En este texto, el autor expone el malestar con la teoría en las ciencias sociales siendo ello la causa de que algunos teóricos
no reconozcan la importancia de los clásicos, ya que la no vigencia de éstos aparece vinculada a los cambios surgidos en el
mundo debido a las transformaciones e innovaciones tecnológicas, afirmando que las interpretaciones teóricas acerca del
mundo elaboradas en siglos pasados han quedado obsoletas y que ese mundo al cual se refieren ya no existe.
“La vida social se mueve en nuestros días de manera vertiginosa, pero la organización societal sigue siendo, en cuestiones
fundamentales, expresión de una sociedad vieja. Hay aspectos del nuevo mundo que rezuman premodernidad o,
simplemente, modernidad. Por ello, los viejos problemas, que dieron vida a las ciencias sociales, continúan con total
vigencia en la actualidad. En un cierto sentido, asistimos, por tanto, a un tiempo de vertiginosa inmovilidad”. (Osorio, 2000:
165).
En relación a la cita anterior, Osorio comenta que lo que se debate en realidad no es la vigencia de la sociología sino que el
cuestionamiento de la necesidad o no de la teorización social.
“El campo de desarrollo más fructífero de la sociología y de las ciencias sociales se encuentra en demandar discursos que
tengan la capacidad de dialogar entre las explicaciones generales de las sociedad, las miradas macro, con las explicaciones
de rangos menores; que logren integrar los movimientos estructurales con la capacidad de acción de los sujetos; lo general
con lo particular. Los desarrollos teóricos que se han movido en estas fronteras son los considerados clásicos en las
ciencias sociales y en la sociología y es el avance teórico en esas fronteras lo que permitirá contar con cuerpos teóricos de
mayor riqueza interpretativa de la realidad social”. (Osorio, 2000: 168).
Como complemento de la perspectiva de Jeffrey Alexander y de Jaime Osorio se puede mencionar la de Salvador Giner
quien afirma:
“Así, aunque hoy sabemos más que algunos de nuestros pensadores clásicos acerca de este o aquel aspecto del mundo,
en sociología sus esfuerzos nunca dejan de ser interesantes. Pos esa razón nunca nuestros clásicos sociológicos acaban
de pertenecer solamente a una arqueología que nada tuviera que decirnos a las gentes de hoy. Con todo lo que está
transformándose día a día en nuestras vidas, continúa siendo interesante adentrarse en la obra y logros de quienes
elaboraron el núcleo de cierta sociología perennis, mucho antes de que pudieran vivir lo que nosotros estamos
presenciando. Sólo acercándose a sus aportaciones son humildad y curiosidad se nos desvelará el secreto de por qué
aquellas gentes siguen diciéndonos cosas fundamentales aunque no moraran en el mundo de hoy”. (Giner, 2004: 12).
En conclusión se puede decir que los debates en torno a la importancia de recurrir a los clásicos o no hacerlo todavía
continúa ya que hay quienes consideran, sobre todo los que se ubican en la postura empirista, que estas obras que han
conseguido ese rango privilegiado deben ser sustituidas por paradigmas en la medida de que el status empírico que se le
otorga a las ciencias naturales radica precisamente en la acumulación de conocimiento para que surjan nuevos modelos y
que por lo tanto ya no hay razón para tomar en cuenta a los clásicos. Aunque existen fuertes críticas derivadas de la
postura historicista en relación a la situación obsoleta de los clásicos, hay teóricos que se empeñan en mantener su defensa
a estos textos y rescatar su importancia como puntos de reflexión o como pautas para engendrar nuevas corrientes de
pensamiento tomando en consideración que éstas son originadas por las discusiones o desacuerdos que surgen en torno a
la interpretación de esos textos clásicos que son conocidos así por su contemporáneos.

BIBLIOGRAFÍA
1. Alexander, Jeffrey C. (1990). La Centralidad de los clásicos. En Giddens, Turner y otros. La teoría Social
hoy. Alianza Editorial.
2. Cardús i Ros, Salvador. (2003). Qué es, qué hace, qué dice la Sociología. Editorial UOC, págs. 163, 196.
3. Giner, Salvador. (2004). Teoría Sociológica Clásica (2da. Ed.) España: Ariel, pág. 12.
4. Metapolítica. (2000). Volver a los clásicos, el malestar con la teoría en las ciencias sociales Jaime Osorio.
Volúmen 4, págs. 162 – 169.
5. Seminario: “Los debates teóricos y metodológicos contemporáneos en Ciencias Sociales” Gina Zabludovsky
(ponente) El Colegio de la Frontera Norte, Tijuana, BC, 5 de junio de 2012. Recuperado el 3 de junio de 2014
de http://ginazabludovsky.com/2012/06/05/seminario-los-debates-teoricos-y-metodologicos-contemporaneos-en-las-
ciencias-sociales/
Fuentes Imágenes: lom.cl – slideshare.net – aulaneo.wordpress.com
¿Qué es un clásico en Ciencias Sociales? (Parte II)
Publicado por: Susan Ileana Gómez Guerra 13 días ago 3 Comentarios

En el inicio de toda ciencia se tiende a pensar que las formulaciones teóricas que se van
desarrollando constituyen las mejores explicaciones que se pueden hacer en torno a la
realidad como complejidad y a los fenómenos que en ella se manifiestan, sin embargo;
específicamente en el caso de la sociología con el paso del tiempo se han encontrado
algunas deficiencias o limitaciones en las distintas corrientes de pensamiento
demostrándose de esta manera que la recurrencia a los clásicos es pertinente en caso que los
planteamientos de éstos todavía puedan dar explicación del origen de algunos fenómenos
sociales, es decir, se pueden tomar como puntos de referencia, pero en caso contrario en el
que ya no apliquen deben buscarse otras teorías como parámetros de explicación y es en
este aspecto en donde se reflejan los límites de las aportaciones de los clásicos, como se
explicó en la primera de ¿Qué es un clásico en ciencias sociales?
Previo a enumerar los límites de las aportaciones de los clásicos en general, es importante
conocer cuáles fueron las deficiencias presentes en la obra de cada uno de ellos, cuestión
que se aborda en el siguiente apartado:

Augusto Comte
“Hay muchas cosas que criticar en la obra de Comte. Permitió que sus experiencias
personales distorsionaran su trabajo teórico. A la luz de sus criterios positivistas, su trabajo
empírico y teórico no existe”. (Ritzer, 1993, p. 121)… Se dice que sus propuestas fueron
afectadas al manejar un organicismo primitivo, que sienta las bases para el desarrollo
ulterior del estructural-funcionalismo al considerar que la sociedad es semejante a un
organismo enfermo que es preciso curar. “Comte veía analogías entre el desorden social y
las enfermedades de los organismos. Del mismo modo que la medicina se ocupaba de las
enfermedades físicas era tarea del positivismo curar esta enfermedad de la anarquía social”
(Ibid, p. 119).
En su idea de realizar una higiene cerebral o mental perdió contacto con el mundo social e
intelectual.
A ello se agrega su concepción discriminatoria respecto a las mujeres a quienes solamente
asignaba el afloramiento de sentimientos, mientras que la capacidad intelectual, política y
de poder económico se la otorgaba exclusivamente a los hombres.
“Fracasó como positivista teórica y empíricamente. Por lo que se refiere a su obra empírica,
lamentablemente apenas se ocupó de hacer investigación y que la que llevó a cabo consistió
simplemente en una serie de vagas generalizaciones sobre el curso de la historia del mundo.
En cuanto a su obra teórica, es difícil aceptar como leyes sociológicas muchas de sus
extravagantes generalizaciones sobre el mundo social. Un ejemplo extravagante de su
tendencia a aplicar la ley de los tres estadios a absolutamente todo fue cuando la aplicó a su
propia enfermedad mental”. (Ibid, Págs. 118, 120).
Por último no puede dejarse sin mención otra de sus ideas consideradas como extravagantes
en su deseo de fundar el positivismo como religión semejante al catolicismo en el sentido
de su jerarquía compuesta por sacerdotes, vicarios e incluso el pontífice en donde este
último era el rol que él mismo se adjudicaba.
[Imagen] Recuperada de: http://culturacolectiva.com

Emile Durkheim
“En su obra los microfenómenos suelen ser tratados como variables dependientes
determinadas por los macrocambios. Aunque Durkheim analizó los principales niveles de la
realidad social se centró en las macrofuerzas y en su influencia causal en el nivel
individual”. (Ritzer, 1993, p. 243).
Otra de las limitaciones en la obra de Durkheim radica en llegar a la conclusión de que
sociedad y religión eran lo mismo, dos manifestaciones del mismo proceso general; debido
a esta concepción en la cual identificaba a la sociedad con Dios, deificándola, Durkheim se
oponía a la revolución social. “Era un reformador social preocupado por la introducción de
mejoras en el funcionamiento de la sociedad”. (Ibid, 1993, p. 242); visión en la que se
puede observar su ulterior aporte al estructural-funcionalismo.
[Imagen] Recuperada de: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/durkheim.htm

Karl Marx
Una de las limitaciones señaladas al Marxismo es su oposición al individualismo
metodológico ya que tiende a centrarse en el holismo, es decir, a fijar su atención en
cuestiones macro como la sociedad y la estructura y no en los individuos y su elecciones.
Por ello, se critica la idea de que se enfatice únicamente en la lucha de clases sociales sin
tomar en cuenta que éstas están integradas por individuos autónomos que pueden decidir
acerca de sus acciones; esta limitante se enmarca desde la perspectiva de teorías
contemporáneas como la elección racional, la teoría de juegos y por supuesto, el
individualismo metodológico.
“Por o ante las represiones sociales que sufre la modernidad orientarse a una ecología de la
vida, que combata la plasticidad o la materialidad social con iniciativas políticas diferentes
a las concepciones clásicas del socialismo. Atendiendo a ello, algunos planteamientos de
Marx se han quedado atrás siendo superados por la introducción de sistemas democráticos
alrededor del mundo. En este punto fue donde Marx mostró limitaciones teóricas para la
superación del capitalismo por el socialismo, y por el contrario muestra fortalezas en su
análisis del orden industrial capitalista”. (Dirección General de docencia, USAC, 2008, p.
18).
[Imagen] Recuperada de: http://www.biografiasyvidas.com/monografia/marx/

Max Weber
Una de las limitaciones que se le han imputado a Max Weber en su obra es la claridad en la
aplicación del tipo ideal, lo que se refleja en la siguiente afirmación:
“Weber relaciona la explicación con la comprensión en el primer capítulo de Economía y
Sociedad. En general, nos invita a contrastar el nivel del significado con el nivel causal,
para luego combinarlos de forma que alcancen la cognición sociológica. Ése parece un
modo de proceder muy razonable; pero es más fácil decirlo que hacerlo. Aún no está claro
cómo hemos de relacionar en el mundo real las nociones interpretativas con las causales,
entre otras razones por la importante razón que no estamos seguros de lo lejos que pueda
llevarse la sugerencia de que la vida social es lo que significa”. (Ibid, Págs. 61, 62).
[Imagen] Recuperada de: http://www.economist.com

Talcott Parsons
Siendo Parsons uno de los máximos representantes del estructural-funcionalismo, tiende a
visualizar a la sociedad como una estructura compuesta por diversas partes
interdependientes cada una de las cuales desempeña una función específica que permite el
equilibrio y permanencia del sistema; es precisamente en este aspecto en donde se
presentan las limitantes de la obra de Parsons al reconocer el consenso y no el conflicto; la
crítica radica ante todo a que ambos estados surgen dentro de la sociedad y no hay por qué
privilegiar los aspectos estáticos de la realidad social respecto de los aspectos dinámicos, de
cambio y de conflicto.
Concluyendo con el tema de las limitaciones de los clásicos en particular, es necesario
conocer de forma general en qué consisten éstas.
[Imagen] Recuperada de: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/parsons_talcott.htm

Los límites de las aportaciones de los clásicos en general


Uno de estos límites es la noción predominante en la que se planteaba el ajuste de las
ciencias sociales y la sociología al modelo de las ciencias naturales que se enmarca, como
anteriormente se comentó, en el positivismo d
e Augusto Comte; en donde “los científicos sociales creían intentar reproducir los tipos de
hallazgos que la ciencia natural afirma lograr, pero su modelo de ciencia natural era
filosóficamente defectuoso. El modelo de ciencia natural desarrollado por el consenso
ortodoxo era esencialmente empirista, según el cual la aspiración suprema de la ciencia es
la creación de sistemas deductivos de leyes”. (Giddens, 2000, p. 22).
También hay que destacar la idea de progreso lineal que se desarrollaba al afirmar que las
sociedades debían pasar por ciertas etapas para llegar a ser sociedades consideradas
avanzadas. Noción que en la actualidad se sigue manejando a pesar de que ya se comprobó
que cada sociedad es responsable de su propio devenir y que no hay necesidad de
estandarizar o buscar modelos generales de aplicación porque cada sociedad posee una
realidad distinta.
A estas limitaciones se suma la explicación en función de la causación social, es decir, “lo
que hacían eran tratarnos como si nuestro comportamiento fuera resultado de la causación
estructural o las constricciones estructurales, como si se derivara directamente de fuerzas
sociales” (Ibid, p. 23); cuestión que se aplica específicamente a la categoría de sociedad
utilizada por Emilio Durkheim en donde parecía que era la sociedad la que determinaba la
conducta del individuo y éste no tenía capacidad de elección y actuación; aunque es cierto
que la sociedad influye en el individuo también lo es que éste último influye en aquélla, es
decir, se influyen recíprocamente y debe existir un equilibrio respecto a la prioridad o
prevalencia que se le otorga a una o a la otra.
En relación a ello, otra de las limitaciones de los clásicos es su extremismo que oscila entre
lo micro y lo macro lo que no hace posible una integración; por un lado lo macro, en donde
se le otorga mayor importancia a la estructura, a la sociedad, a las instituciones sociales y
su influencia coercitiva sobre los actores, pensamientos y acciones y por otro lo micro, en
donde el centro de atención son los actores, las interacciones sociales y las diversas formas
de construir la realidad. Por ejemplo, tanto en Durkheim como en Comte y Parsons se
observa la inclinación hacia el primer tipo de análisis que es coincidente con el llamado
holismo igualmente observado en el caso del marxismo ortodoxo; mientras que Weber
enfatiza en el individualismo metodológico.
Puede también hacerse mención en relación a la variedad en la terminología ya que algunos
conceptos, categorías y definiciones se han modificado:
“Es importante señalar que los últimos debates han enfatizado en la reinterpretación de la
sociedad contemporánea, su estilo de desarrollo y posibilidades de subsistencia, que ha
requerido de un cambio terminológico dentro de las diferentes tendencias intelectuales. La
terminología que más se ha usado es la que toma en cuenta conceptos como modernidad y
postmodernidad. De la sociedad industrial o capitalismo que son fenómenos universalmente
conocidos, se ha pasado a términos como sociedad postindustrial y cada vez menos el
capitalismo”… (Dirección General de docencia, USAC, 2008, Págs. 17, 18).

Últimas teorías sociológicas


“Los problemas recién planteados sobre cómo se ha configurado el mundo siguen teniendo
importancia, pero hay teóricos más recientes que han intentado ir más allá de Marx y de
Weber. Otros sociólogos, entre ellos algunos que antes fueron marxistas, ahora descartan
por completo a Marx. Creen que su intento de hallar pautas históricas generales
estaba inevitablemente condenado al fracaso”. (Giddens, 2006, p. 132).

La posmodernidad
“Los defensores de la posmodernidad sostienen que los pensadores sociales clásicos se
inspiraban en la idea de que la historia tiene forma, es decir, que va hacia algún sitio y que
conduce al progreso y que ahora esa concepción se ha venido abajo. No solo no existe una
idea de progreso general que pueda defenderse, sino que tampoco hay algo que pueda
llamarse historia. El mundo postmoderno no está destinado a ser socialista, tal como
esperaba Marx, sino que está dominado por unos medios de comunicación que nos sacan de
nuestro pasado… Uno de los teóricos más importantes de la postmodernidad es el autor
francés Jean Baudrillard que en sus primeros años estaba muy influido por el marxismo.
Sin embargo, señala que la expansión de las comunicaciones electrónicas y de los medios
de comunicación han dado la vuelta a ese teorema marxista según el cual las fuerzas
económicas conforman la sociedad. Por el contrario, la vida social está influida,
primordialmente, por signos e imágenes”. (Ibid, p. 133).

Sociólogos contemporáneos
“La mayoría de los teóricos contemporáneos acepta que las tecnologías de la información y
los nuevos sistemas de comunicación, junto a otros cambios tecnológicos, están
ocasionando grandes transformaciones que nos afectan a todos”. (Giddens, 2006, p. 135).
Es precisamente en este tema de las nuevas tecnologías de la información y comunicación
así como la globalización, la cultura denominada light, el consumismo, el tema del
feminismo y la etnicidad, el terrorismo entre otros, que los aportes de los clásicos parecen
desvanecerse o entendido de otra forma, sus planteamientos teóricos ya no aplican como
tales para explicar esta nueva realidad tan divergente o como diría Gina Zabludovsky
(2012), doctora en sociología, “es importante, al usar conceptos y categorías en una
investigación determinar lo siguiente: ¿quién introdujo el concepto?, ¿sigue ese concepto
operando en el mundo actual?, ¿es vigente?, ¿se aplica a América Latina? (haciendo una
acotación, al referirse a la pregunta de quién introdujo el concepto hace referencia a los
clásicos y continúa su explicación diciendo): ir a los clásicos aunque sea para que digan que
el concepto o categoría ya nos válida”.
Por último, cabe mencionar la afirmación que hace Manuel Castells sobre las limitaciones
de la teoría marxista:
“Hoy en día, la economía y la sociedad capitalistas son bastante diferentes de lo que eran
antes. La expansión del capitalismo ya no se basa fundamentalmente, como creía Marx, en
la clase obrera o en la manufactura de bienes materiales. Por el contrario, las bases de la
producción son las telecomunicaciones y los ordenadores”. (Giddens, 2006, p. 138).

BIBLIOGRAFÍA
Dirección General de Docencia. (2008). Teoría de las Ciencias Sociales. Guatemala:
USAC.
Giddens, A. (2000). En defensa de la Sociología. Madrid: Alianza Editorial.
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Temas: AUGUSTO COMTE CIENCIAS SOCIALES CLÁSICOS EMILE DURKHEIM KARL MARX MAX WEBER TALCOTT PARSONS
Acerca de Susan Ileana Gómez Guerra

Licenciada en Sociología por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Premio a la excelencia académica universitaria por ser el mejor
promedio de la Escuela de Ciencia Política. Diplomado sobre Crecimiento Económico y Desarrollo Humano.