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2do ENCUENTRO LECTURA ORANTE – EVANGELIO DE LUCAS 10, 25-37

Referido a la lectura orante del Evangelio de Lucas, parábola del buen samaritano,
los 4 pasos para la lectio de este pasaje son:

LECTIO: haciendo un poco de pre-texto, Jesús está hablando con sus discípulos,
explicándoles que el Padre le ha revelado sus enseñanzas a la gente sencilla, y no
a los sabios e inteligentes.
Entonces, la parábola empieza cuando uno de los legistas, seguramente celoso y
molesto por las palabras de Jesús, se levante (un detalle, trata de distinguirse del
resto) y le pregunta sobre qué hacer para tener la vida eterna. Jesús mismo le
hace responder su pregunta, obligándolo a recitar lo que dice la Ley. Y allí se
desencadena el relato, cuando el legista la pregunta quién es su prójimo, o mejor
dicho, desde su visión, quién merecía ser su prójimo.
Y finalmente, luego del relato, y acorralado por el mismo Jesús cuando le obliga a
reconocer que fue el samaritano (para los judíos, un excluído), es obligado a ir y
hacer lo mismo.

MEDITATIO: el Señor nos pide, a través de este relato, a actuar frente a las
necesidades del otro, a veces con un gesto amistoso, otras con una escucha a sus
problemas, sin pensar tanto en nuestras obligaciones egoístas (como
seguramente tendrían el levita y el sacerdote, supuestamente santos y
merecedores de las bendiciones de Dios por cumplir con todos los ritos
puntualmente), porque nuestro Dios es un dios de Misericordia, y no va a medir
nuestras acciones con nuestras medidas humanas (yo te doy ésto, vos me das lo
otro), sino que nos va a medir con la medida de su Amor inconmesurable e
inagotable).

ORATIO: debemos pedirle al Señor que nos perdone nuestras pobres medidas y
egoísmos, y que nos haga ir por el lado correcto del camino para encontrarnos con
el prójimo, es decir, Dios mismo en el otro que está necesitando mi palabra, mi
aliento o mi ayuda.

CONTEMPLATIO: el texto nos obliga a que, en el camino de la Vida, siempre


tengamos un hueco entre nuestros deberes, obligaciones, corridas, desvelos, etc,
para poder encontrarnos con el Señor en el camino, y dar lo nuestro para que se
produzcan frutos de su Palabra sembrada en nuestros pobres corazones, pero
que Él cree y sabe que siempre están listos para ser fecundos y, a través de
nuestros actos, llevar su Reino a lugares que nunca sospecharíamos que
fuésemos capaces de llevarlo, para Gloria suya y bien de nuestra alma, ya que no
nos salvamos solos siendo egoístas, sino que nos salvamos junto con nuestro
prójimo, en el Amor y en las obras.