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Algunos aportes en torno a la enseñanza crítica de la filosofía desde la perspectiva de género

El pensar filosófico desde su albor en la antigua Grecia, aproximadamente por los siglos VI, V
antes de nuestra era, desarrolló esquemas rústicos de dicotomías parciales que se fueron
reproduciendo a lo largo del transcurrir histórico. Este pensar configuró una mentalidad cuyo
centro no sólo era el uso de razón, el logos, sino el hombre como detentador de dicha
capacidad. En el área de la Filosofía, en su mayoría, suele estudiarse a los antiguos griegos
como aquel pasado histórico que suscita una añoranza política y ánimos de imitación respecto a
ese pasado.

Lo que hay que des-encubrir de toda la fachada puesta en los griegos es que los supuestos
desarrollos políticos que tuvieron eran sostenidos por un sistema esclavista, en el que a la
mujer se la ubicaba en un lugar medio, entre los hombres libres y los esclavos.

Así pues, en las sociedades occidentales, el varón se adjudicó el poder sobre la mujer a partir
del establecimiento de las relaciones maritales en su sentido más primitivo. El hecho de
conformar una familia no solo hacía del hombre un “jefe” a cargo de la misma, sino que fue
moldeando poco a poco la asociación de la mujer a un sentido maternal, doméstico (sin
soslayar que en las tres religiones pilares de occidente desde hace 2000 años, pusieron a la
mujer en una posición similar a la que estamos describiendo y tuvieron impacto en las
relaciones sociales y de poder implicadas en ellas –judaísmo, cristianismo, islam-).

A este punto nos serviremos del término patriarcado, cuya etimología es pater (padre) – archie
(origen, mandato). Sobre este respecto, Aristóteles, que fue y sigue siendo estudiado en
distintos ámbitos (escolares, universitarios, etc.), arguye que en el gobierno del hogar, el que
manda es el hombre, pater, jefe de la familia, el que carga con la responsabilidad de la casa
como diríamos en nuestros tiempos. Ahora bien, no solo debe gobernar sobre su mujer y sus
descendientes, sino que en el caso de que el pater feneciera, quien inmediatamente le sigue en
el poder es un hijo, otro varón; no la mujer.

El hijo varón desde la antigüedad griega, detentó, y acaso detenta, mayor poder por su
condición de varón, padre en potencia como diría el estagirita, que la mujer, aislada a la
imposición de la función social de ser-madre, inferior al pater, al hijo varón. Estas prácticas,
estas mentalidades se reproducen en nuestras sociedades contemporáneas y mucho de lo que
estudiamos de los griegos poco tiene que ver con las mencionadas lógicas que oprimieron y
mantienen la “inferiorización” de la mujer, por meros supuestos basados en un logos que el
hombre se apropió desde antaño.

Lo que venimos realizando hasta aquí es la puesta a la luz de la cara menos visible de la
filosofía, la que está atravesada por las relaciones sociopolíticas que involucraron un
determinado y privilegiado lugar para el hombre, y un determinado lugar, de relegamiento,
destinado a la mujer, que se enfoca desde una mirada que responde a la perspectiva de género
que nos permite deconstruir estos sentidos y significaciones. El diagnóstico que podemos
esbozar desde el análisis propuesto por el curso es que en el campo histórico de la filosofía se
inhibieron las potencias intelectuales de las mujeres, estigmatizándolas, estereotipándolas en
tanto mujer-madre; mujer cuyo poder es ínfimo en relación a la de cualquier varón, el mero
patriarcado.

Considero que el primer paso para des-mitificar el invento de la "superioridad" del hombre
sobre la mujer, no puede prescindir de un punto de partida histórico que atienda a las
relaciones que se establecieron sobre ese contexto que, en el caso que estamos analizando,
procuró subyugar a la mujer y volverla dócil a sus intereses. En otras palabras, realizar un
estudio que de cuenta genealógicamente, como intentamos hacer aquí, de la estructura base
de opresión patriarcal, y en particular el desarrolló de la filosofía occidental hacia nuestro
presente, nos remite a re-pensar cómo la Historia de la Filosofía fue escrita desde la arista
opresiva de la dominación del hombre.

Ahora bien, yendo un poco más allá, la resultante de todo este proceso de cientos de años no
solo excluyó a la mujer del ámbito intelectual, político, sino que en el ámbito académico,
político y demás, la mujer es excluída sin ambages. La mujer tiene menos lugar que los hombres
en las universidades; dentro de la experiencia personal en la carrera de filosofía en la
Universidad Nacional de Salta, se mira con sorpresa la presencia de la mujer al interior de tal
carrera, por el sesgo marcado del prejuicio machista.
La alternativa que se propone es develar el sexismo plasmado en el hacer filosófico de los
pensadores de la antigüedad, como así tambíen en el estudio de la historia de los filósofos,
cuyo estudio prioritario está en los varones, soslayando e invisibilizando las pugnas y
resistencias que ejercieron pensadoras contemporáneas como Rosa Luxemburg, Simone de
Beavouir, que criticaron los valores atribuidos por la cultura occidental a la mujer, en pos de su
emancipación.

En el caso del área de la filosofía, considero que la emancipación estaría en el poder


desentrañar el ocultamiento que se le asignó a la mujer, pensar una enseñanza de la filosofía
que no caiga en la reproducción inocente de los contenidos de pensadores como, Aristóteles,
Kant, Hegel, por mencionar algunos, sin antes reflexionar en torno a las posturas implícitas que
defendieron sus postulados.

Bibliografía: