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investigaciones

me sugería que el proceso de preparación debería ser guiado por las sensaciones,
por las razones que he explicado en los capítulos precedentes. Para mí, a la luz de esta ciencia
vanguardista, tenían un sentido cristalino las importantes experiencias que son familiares a todos los
corredores de nivel competitivo. Explicaba por qué sentimos que podemos ir más rápido o más lejos
cuando somos de hecho capaces de ir más rápido o más lejos (nuestros cuerpos comunican esta
capacidad a nuestro cerebro mediante mensajes químicos y eléctricos). Explicaba por qué nunca
habrá un mejor indicador de que estamos cansados y necesitamos descansar que el simple hecho de
sentirnos desdichados, ya que docenas de distintos factores fisiológicos contribuyen a la fatiga y solo
el cerebro puede efectuar una evaluación sintética de todos ellos. Explicaba por qué cuando tenemos
una súbita corazonada de lo siguiente que deberíamos realizar en nuestro entrenamiento,
probablemente estemos en lo cierto (de nuevo, porque nuestros cuerpos lo saben). Así pues, razonaba
yo, si nuestras sensaciones experimentadas conscientemente son fuentes de información tan precisa
sobre nuestro estado fisiológico, y predicen con tanta fiabilidad cómo nuestros cuerpos responderán
a distintos tipos de estímulos de entrenamiento, entonces debería ser posible entrenarse por
sensaciones con una gran efectividad. Y dado que los planes de entrenamiento nunca funcionan,
continué con mi razonamiento, entonces los corredores quizás deberían entrenarse por sensaciones.
Con la esperanza de aprender más sobre cómo entrenarse por sensaciones, contacté con Brad
Hudson. Descubrí que estaba amablemente dispuesto a orientarme y rápidamente desarrollamos una
relación amistosa.
Finalmente, acordamos colaborar en un libro titulado Run Faster, que explicaba su filosofía de
entrenamiento, basada en la improvisación, que denominamos «correr de forma adaptativa». Si lee
ese libro encontrará algunos planes de entrenamiento, y Brad Hudson diseña planes de entrenamiento
para los corredores de élite a los que entrena. Pero estos planes son mucho más flexibles que los
planes de entrenamiento convencionales.
—Planifico cada ejercicio en lápiz (literal y figuradamente) —explicaba Brad en la introducción
de Run Faster—, y tomo una decisión final sobre el ejercicio en el último minuto.
Es posible que usted piense que entrenar por sensaciones y trabajar con un entrenador son
incompatibles, pero Brad planifica en gran medida el entrenamiento de sus atletas observando y
preguntando a sus deportistas cómo se sienten y a menudo está más dispuesto a escuchar los mensajes
de sus cuerpos que los propios atletas.
—Mis corredores a menudo refunfuñan sobre sustituir sesiones duras que estaban planificadas
por otras más suaves cuando yo determino que es necesario —escribió—. Y estoy seguro de que en
la mayoría de los casos seguirían adelante y harían el ejercicio planificado, normalmente con
consecuencias negativas, si yo no estuviera ahí. Los corredores son así.
Desde el momento en que combiné la filosofía de entrenamiento adaptativo de Brad Hudson con
mi comprensión de las implicaciones prácticas del nuevo modelo del rendimiento centrado en el
cerebro, no he creado ni un solo plan de entrenamiento para mí mismo. En cada ciclo sucesivo de
entrenamiento, he trabajado para depurar mi propio método de entrenamiento basado en la
improvisación, al que insolentemente me gusta llamar «arreglárselas sobre la marcha». Pero aunque
no he creado ni un solo plan de entrenamiento para mí en los últimos años, sí he tenido un plan de
entrenamiento que fue diseñado para mí. Como he mencionado en un capítulo previo, a finales del