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EN LOS CUENTOS

(Rodrigo Hagar)

Fui corriendo a escribir,


para luego leer los comentarios de los otros escritores...

rápido y apresurado arremetí contra el teclado,


y a mi lado sonaba el silencio,
cantaba la noche,
y venía el sueño.

En eso, mi hermano me pegó en la cabeza con un mazo de madera y de ella


salieron goterones volantes de espuma, herramientas y colores. Incluso se alcanzó
a escuchar el canto de uno que otro monje que deambulaba por los patios en donde
se harían los funerales luego del asesinato intra-hogar.

Ante mi urgencia de recibir comentarios y estrellitas, intenté volver a la escritura,


pero me agarró una corriente de cerveza que andaba por los aires a más de 70
km/hr. Entre ella pasaban pequeños perros (como el mío) que volaban ladrando
persiguiendo letras rojas y revoltijos de aires y ruidos de sillas de vieja en un
huracán que me fue llevando hasta que llegué a grandes alturas...

Caí finalmente en una sopa de verduras, en donde acompañados de fiel melodía de


día domingo un señor, su señora y un pequeño niño de nariz roja y pelo ídem se
deleitaban viendo por la televisión la actuación de un oso hormiguero en bicicleta.

Me ahogué al fin y escuché de nuevo cantar ahora a una monja, que por debajo de
su atuendo llevaba calzones rojos, llenos de pasión contenida. Sonó la campana de
la iglesia tres días después.

Finalmente, y contemplando los tradicionales colores azul y blanco de la página, me


di cuenta de que me sería muy difícil poder seguir escribiendo, y de que nadie me
leería al fin y al cabo. Dejé mis aires letrísticos y me dispuse a servirme algo,
cuando por la ventana de la cocina apareció un león verde y me mordió la oreja
mientras un niño por la calle aprendía con perseverancia a entonar en su flauta un
FA#.