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Políticas e instrumentos ambientales

Mientras escribimos, se continúan sucediendo los problemas y los conflictos


ambientales. Todos ellos con proyección directa sobre la calidad de vida de
ciudadanos de todas partes del mundo. Frente a ellos, la respuesta pública es,
en muchos casos, lenta, sobre-burocratizada, ineficiente, deslegitimada,
interesada. También lo es la respuesta de los profesionales especializados y de
las organizaciones no gubernamentales. Los avances sobre aspectos claves de
los procesos socioeconómicos, como el consumo de ciertos recursos no
renovables -en particular los energéticos- siguen siendo escasos.

La percepción social de la situación ambiental es muy desfavorable; pero aún


así, el grado de compromiso individual y colectivo en la defensa de la
sustentabilidad es, paradójicamente, muy bajo.

La percepción de “lo ambiental” implica repensar su enfoque. Hoy, la


problemática ambiental se percibe fundamentalmente a dos niveles: Uno
superestructural -las reuniones de organizaciones internacionales, reuniones,
seminarios, eventos en general- que pretenden general cambios de conductas,
desarrollo de políticas, etc. El otro es, directamente, la catástrofe: El daño ya
ocurrido. Entre un hito de la percepción y el otro, las cadenas de concepción
de políticas, estrategias y acciones, su implementación a priori y las formas de
contención de conflictos o problemas, aún no son percibidas como el aspecto
medular que permita hacer cumplir la definición superestructural, suficiente-
mente sólida a fin de manejar los riesgos y reducir al mínimo la posibilidad de
catástrofe.

El abordaje a posteriori demuestra todos los días límites muy severos e


injustificados al desarrollo de iniciativas compatibles con la idea de
sostenibilidad.

Como sostenemos a lo largo de todos nuestros trabajos, la percepción


ambiental debe centrarse en el riesgo. Aprender a conocerlo, encuadrarlo
preventivamente para manejarlo mediante una gestión compatible con la
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capacidad de carga del entorno y la calidad de vida .

Percibir la relación hombre-entorno no es sólo pensar la matriz teórica del


vínculo, o explicar los daños ya verificados; implica pensar esa relación en
términos de la administración de riesgos socialmente aceptados, tecnologías

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Como tenemos dicho en otras publicaciones, concebimos al riesgo como a la posibilidad cierta de que
una persona, comunidad o entorno natural sufra un determinado impacto ambiental disvalioso de mayor o
menor grado, por la acción de una fuente externa, cualesquiera ésta fuere. Lo distinguimos de la amenaza -
posibilidad real o potencial exhibida por una fuente al efecto de producir un daño ambiental-. En este
sentido, la vulnerabilidad es la medida de exposición a la amenaza.

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