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Entre Sartre y Camus (1981)

El escritor bifurcado
o la dialéctica de un
pensamiento
Ernesto Sánchez Aliaga

No se es escritor por haber decidido decir ciertas cosas,


sino por haber decidido decirlas de cierta manera.
Jean Paul Sartre. ¿Qué es la literatura?

No se piensa sino por imágenes,


si quieres ser filósofo, escribe novelas.
Albert Camus. Carnets.

La verdad de un pensador es anterior a la escritura.


Un artista encuentra su verdad mediante la escritura.
Mario Vargas Llosa. Entre Sartre y Camus

La metamorfosis ideológica de un Mario Este libro da cuenta de la trayectoria ideoló­


Vargas Llosa socialista a un Mario Vargas gica de un autor que se desarrolló en dife­
Llosa liberal, en estas últimas décadas, no rentes lados, pero que se mantuvo siempre
solo tuvo una acepción política, sino un des­ ligado a uno: el lado de la literatura, acaso
pliegue literario y espiritual en su semblante. su más ferviente actividad y la más laudable
Entre Sartre y Camus, libro recopilatorio de de todas.
artículos vargasllosianos escritos entre 1962
y 1979, muestra ese retorcer ideológico, ese El desarrollo literario de Vargas Llosa se man­
desdoblamiento espiritual y ese viraje políti­ tuvo firme en el plano artístico, pero para su
co de una cosmovisión a otra, guiados por expresión, la temática y las ideas eran el
dos señuelos intelectuales: Jean Paul Sartre soporte principal. ¿Y qué fuentes proporcio­
y Albert Camus. narían esas ideas y esa temática necesaria

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para su trabajo? La coyuntura dibujaría los rador de la revista y amigo íntimo de Sartre,
escenarios y pintaría a los personajes, y las acribillaría la obra de Camus, hecho que ge­
ideas formarían las intenciones y harían las neraría la rabia de su autor concediendo el
acciones de todos esos mundos que Vargas agravio no a Jeanson, sino al mismo Sartre.
Llosa crearía. Ese soporte principal, las ideas, De ahí en adelante, las personalidades diver­
vendrían de los dos personajes que significa­ girían y la amistad se terminaría.
ron todo para Vargas Llosa en su juventud.
Fue la misma oposición de esos genios lite­
Entre ambos se debatió Vargas Llosa duran­ rarios lo que absorbió ingentemente a Vargas
te casi tres décadas hasta la plenitud de su Llosa. Como él mismo dejaba dicho, en sus
adultez; tiempos aquellos en los que cavila­ inicios intelectuales quedó embelesado por el
ba incesantemente en búsqueda de formas, genio sartreano, que apareció en su época
ideas y posiciones en las cuales apoyarse como una centella de sensaciones y de ideas
para hacer frente a sus enjundiosos concer­ expuestas en sus primeras creaciones: El ser
nientes: la literatura, la política, el arte y todo y la nada, La náusea, El muro… Así se inició la
statu quo que preocupaba su ánimo. aventura sartreana en Vargas Llosa, que des­
de ese momento solo aprendería a deificar
Sartre y Camus: dos escritores, dos filósofos, la figura del “mandarín francés” como lo que
dos personalidades unidas por una afinidad fue durante todo el siglo XX: uno de los más
creativa y separadas por una ruptura ideoló­ grandes nombres de la literatura y la filosofía.
gica. Fueron los emblemas de esa corriente
existencialista de la literatura, aquel novedo­ Fue Sartre quien enseñó al joven escribidor
so movimiento posvanguardia de mitad del que el compromiso social se encuentra por
siglo XX. Sus obras expresaban el sentimiento encima de todo en la actividad del escritor.
de aquella época atribulada por las secuelas Fueron esos “vaivenes dialécticos” sartrea­
de la Segunda Guerra Mundial. Ambos genios nos que le enseñaron a comprender las in­
coincidieron en exhibir el clamor de millones justicias sociales de una clase sobre otra y
de personas que se levantaban cada maña­ fue esa “máquina de pensar” que lo cautiva­
na, que vivían cada tarde y que descansaban ría profundamente y haría de él el prototipo
cada noche pensando en sus dramas acaeci­ de escritor y de intelectual que debería ser.
dos. Esa amistad convergió en un actuar por
medio de la literatura y de la filosofía y por Sin embargo, en una entrevista concedida
ello mismo llegaría a su fin en 1952. a Le Monde en 1964, Sartre difuminaría los
credos vargasllosianos hacia su persona. Si
Fue en la revista Les Temps Modernes, diri­ el escritor debía tener un compromiso social,
gida por Sartre, que se exhibió por lo alto de ante todo tenía que dejar de escribir para
sus páginas una crítica a El hombre rebelde apoyar la causa en beneficio del desarrollo de
de Camus. Francis Jeanson, filósofo, colabo­ su país. Era la huella de toda una vida lo que

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Sartre había atropellado con esas palabras. por ejemplo, en “Sartre y el Nobel”, uno de
¡Lo más preciado en la vida del escritor! Pero los tantos artículos de la obra, donde nos fi­
esa decepción se convirtió en una introspec­ jamos en la posición del ahora laureado es­
ción, en una revisión y en una conciliación critor sobre la actitud del “mandarín francés”,
con un antagonista sartreano: Camus. Sartre, quien, en ese tiempo, era arrasado
por casi todos sus detractores, debido a ese
“El espíritu rebelde”, como lo bautizó Francis gesto simbólico en negarse a aceptar el pre­
Jeanson en aquella crítica de Les Temps mio de la Academia Sueca. Una actitud iné­
Modernes, fue la oposición artística e ideoló­ dita que Vargas Llosa admiraría, enfatizando
gica de Sartre. Mientras este creía en el com­ la neutralidad sartreana que no se sometió
promiso social del escritor, en el sometimien­ a los himnos panfletistas ni panegiristas de
to del arte a la razón, en los placeres del pen­ la época, manifestando su independencia
samiento marxista y en una conciliación con intelectual frente a toda posición, negando
los comunistas soviéticos, Camus pretendía el abrazo partidario-ideológico de cualquier
una rebeldía individualista, un ideal absurdo frente y concluyendo en una consecuencia
en la construcción artística, una “moral sin tan ética, tan filosófica, que atravesaría pro­
límites” que definiera su compromiso social y fundamente los principios del ser, recorriendo
un desprecio a las ideologías nebulosas. su propio devenir y demostrando la firmeza
de una personalidad altamente emblemática
El autor de La Casa Verde asimiló todas esas y comprometida con sus principios.
pretensiones camusianas que volcaron su es­
píritu intelectual a un nuevo rostro, antagóni­ Por otro lado, en “Albert Camus y la moral
co con su pasado y sumergido en una nueva de los límites” Vargas Llosa nos presenta al
fase de su evolución. Por ello no causa asom­ otro “príncipe de la literatura francesa”. El
bro que de esa decepción, de esa vuelta, de hombre rebelde es el eje de tal escrito. El
esa dialéctica surja el intelectual que ha sido análisis teórico de esta obra camusiana parte
y que es Mario Vargas Llosa, con sus virtudes de las fuentes y los orígenes de las filosofías
y contradicciones. totalitarias. Tanto el fascismo, el socialismo,
el comunismo como el anarquismo son pues­
Entre Sartre y Camus expone ese vuelco aní­ tos a crítica. Camus ayuda a Vargas Llosa a
mico en la forma de un escritor que revela comprender su época desde una perspectiva
su espíritu envuelto por los matices del pen­ histórica y filosófica. ¿Qué es lo que signifi­
samiento, sumergido en el arte, en la rea­ ca la historia en el destino humano? Para la
lidad social, en la actividad política y en la época, apenas una idolatría, un dogmatismo
pasión literaria. Los dos guías de este libro enfermo que cunde en las conciencias más
se muestran en cada artículo como los de­ perdidas y desgastadas. Ese viso dominante
lineadores en la evolución de aquel pensa­ es lo que Vargas Llosa asume, y recoge, del
miento vargasllosiano. Como lo apreciamos, propio Camus, como el mal político de aque­

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lla era: la asunción de que el destino ya está es este quien las hace arte; son las rarezas
dado y lo único que importa es aferrarse a la del ser humano las que dirigen el mundo, y
idea sugerida. este el que las hace emociones; son las imá­
genes las que señalan el rumbo de la vida y
Un realismo pragmático serviría como espa­ este el que las pinta en su entorno.
da y escudo contra el incesante enemigo que
se manifestaba en las ideologías de la época; La razón, gran descubrimiento del orbe he­
espada y escudo trabajarían bajo una misma lénico, solo cumple una función: señalar. La
táctica: la elevación de la moral, del ascenso tristeza, el amor, el odio, la aflicción, el éx­
del hombre hacia los cielos, de lo humano tasis y la pasión son elementos que escapan
para diferenciar al bien del mal y señalar el de la razón, ella solo hace comprenderlos,
camino al que habrá de llegar, un camino voli­ pero de ninguna manera puede encerrarlos,
tivo y nunca sometido: ¡ser rebelde! He ahí la constreñirlos. Los momentos de una época
fórmula estratégica, el remedio ante el infor­ pueden ser registrados en un arte espontá­
tunio dogmático. Un rebelde se opone a todo, neo, a diferencia de la creación sartreana. La
cuestiona y asalta el universo metafísico del abyección hacia la humanidad, la cosificación
más allá para dirigir y orientar el mundo co­ del elemento humano, son razones necesa­
tidiano del más acá. El rebelde se diferencia rias para la simulación en una obra como Los
del revolucionario: se inspira en una causa secuestrados de Altona, de gesto sartreano.
mayor y, orientado por una moral directriz, Los gestos más serios y las ideas más riguro­
comienza a caminar y a actuar en el mundo. sas pueden ser aprehendidos por el arte, no
El revolucionario se alza, también, por una se discute ello, pero la forma artística y sus
misma causa, pero padece de la ceguera de elementos irracionales no pueden ser escla­
su cometido, transmite el poder de una idea vos de la autoridad del pensamiento. Credo
para cerrarse en sus consecuencias y en sus vargasllosiano.
alcances. Somete al hombre al dominio de
una ilusión. Por ese mismo rumbo, el autor da un giro
de ciento ochenta grados a la otra cara de
En “Los secuestrados de Sartre”, Vargas Llosa la moneda. El arte camusiano se acopla al
otea la personalidad artística del filósofo. La ideal vargasllosiano. En Camus y la literatu­
rigurosidad intelectual del arte sartreano es ra, Vargas Llosa deja dicho quién es, litera­
lo que llamaría la atención, grosso modo, a riamente dilucidado desde la lectura de sus
Vargas Llosa. Un arte sometido a los princi­ Carnets, Albert Camus. El hombre de Argelia
pios del pensamiento, a una línea transversal pone a un lado el traje de filósofo y deci­
de su propia manifestación. El arte es todo, de andar desnudo, con la piel de artista y
diría Vargas Llosa, desde lo ávidamente ra­ los gestos de un soñador. Así es el arte de
cional hasta lo desidiosamente irracional. Son Camus. Desde el uso de las formas litera­
las emociones las que mueven al hombre, y rias, el escritor construye sus obras y expele

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sus ideas. Para Vargas Llosa no hay duda de exponer una idea por medio del arte, no in­
que su arte no será meramente intelectual, trincadamente, como suponían algunos de
constreñida a esa faceta de lo humano. No, sus detractores, sino con la más pura belleza
Camus se mueve por las fragancias estilís­ que un artista pretende y con la más directa
ticas que generan la belleza del mundo. La franqueza que un pensador expresa.
naturaleza es la fuente de inspiración colosal
para dar rienda suelta a sus expresiones ar­ Vargas Llosa demuestra el actuar de todo
tísticas. Su fondo literario es prueba de ello, ser humano abocado a un ideal. Las ideas
desde la evocación de algunos paisajes ar­ y las sensaciones son los gestos más repre­
gelinos en sus múltiples obras hasta la razón sentativos de toda persona. Un escritor las
mayor del homicidio cometido por Mersault moldea y las hace vivir. Difunde sus más pre­
en El extranjero. Y esa fuente de inspiración ciados secretos y sus más arduos intereses.
que se manifiesta en el fondo literario de la Defiende sus más altos principios y constru­
obra camusiana, no sería perfecta sin el cui­ ye los cimientos verbales para demostrar la
dado de la forma, otra asimilación vargasllo­ certeza de todo su pensamiento. El narrador
siana, pretenciosa para cualquier acto artís­ ha callado por un buen rato para dejar que
tico, muy ensalzada, muy fascinante. Sin ella el ideólogo, el pensador, el fausto ensayista
la materia que yace en cada obra de arte no exprese lo que siente. De ese modo nos in­
toma su silueta, no realiza su objetivo. teresaremos en los detalles de un personaje
que ha conocido el misterio de una idea, que
De este modo, el κόσμος (kosmos) que yacía la ha despertado y que la ha llevado a su más
en el arte sartreano queda desplazado por el alta expresión por el recorrido de toda una
caos que emerge de la voluntad camusiana. vida literaria.
Y todo eso sucede en el universo de Mario
Vargas Llosa. En lo personal, Vargas Llosa es un punto de
quiebre, alguien a quien emular, tanto por
¿Y quién más se encontraba en las páginas su férrea disciplina creativa como por la pa­
vargasllosianas de este libro? La tercera sión de toda una actividad en potencia. La
gran exponente del existencialismo francés: contracara que ha expresado en tantos años
Simone de Beauvoir, amiga vitalicia de Sartre, solo nos hace ver que la vida da giros como
ella significaba para Vargas Llosa, en esos es­ una manecilla de reloj, tal vez lentamente, tal
critos dedicados a ella, el complemento per­ vez intempestivamente. Pero siempre con la
fecto de esa dialéctica entre Sartre y Camus. convicción de poner en alto eso que para un
Escritora y filósofa, las obras de Beauvoir escritor o un pensador es altamente impor­
manifestaban para Vargas Llosa el deseo de tante: la manifestación de un pensamiento.

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