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Guía de Repaso : Libro La Caperucita Roja

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Caperucita era una niña muy guapa y buena, que siempre llevaba puesta una caperuza de
color rojo. Por eso la llamaban Caperucita Roja.
Un día su madre le entregó una cesta con tortas y galletas y le dijo:
-Caperucita, tienes que llevar esta cesta a tu abuelita para que pueda merendar, porque está
enferma. Ten cuidado y, cuando pases por el bosque, coge el camino de la derecha y no
hables con desconocidos.
Caperucita Roja se despidió de su madre y, después de darle un beso y un abrazo, se marchó
con la cesta.
Caperucita se fue caminando hacia la casa de su abuelita, pero al pasar cerca del bosque, el
lobo, que estaba escondido detrás de un árbol, la vio pasar.
El lobo se acercó a Caperucita y le dijo: -¡Hola Caperucita! ¿Dónde vas con esa cestita?
-Voy a casa de mi abuelita a llevarle esta cesta con tortas y galletas, porque está enferma.
- Pues coge el camino de la izquierda que es más corto y llegarás antes- le dijo el lobo.
Caperucita Roja hizo caso al lobo y se fue por el camino de la izquierda.
Pero el lobo era astuto y mentiroso y engañó a Caperucita.
-¡Ja, ja!-dijo el lobo- ahora yo iré por el camino de la derecha, que es el más corto, y llegaré
antes a casa de la abuelita.
Por el camino Caperucita vio unas flores preciosas y decidió cogerlas para hacer un lindo
ramillete para regalárselo a su abuelita. ¡Qué contenta se pondrá mi abuelita con estas flores!-
pensó Caperucita.
Cuando el lobo llegó a casa de la abuelita llamó a la puerta y dijo con voz muy suave: -¡Abre
abuelita, que soy Caperucita!
La abuelita, que estaba acostada en su cama porque estaba enferma, creyendo que llamaba
Caperucita, le contestó:
- Entra Caperucita.
El lobo entró y en un momento se comió a la abuelita.
Después el lobo se vistió con la ropa de la abuelita y se acostó en su cama. Mientras tanto
Caperucita, que estaba llegando ya a la casa, llamó a la puerta, sin sospechar nada de lo que
había ocurrido.
-¿Quién es?, dijo el lobo, poniendo voz de abuelita.
- Soy Caperucita. Puedes entrar, de porque la puerta está abierta-le contestó el lobo.
Caperucita entró y fue a darle un beso a su abuelita, pero la encontró muy cambiada y
extraña. Por eso le dijo: - Abuelita, ¡Qué orejas tan grandes tienes! -Son para oírte mejor. -
Abuelita… ¡Qué nariz tan grande tienes! - Es para olerte mejor. - Abuelita ¡Qué ojos tan
grandes tienes! - Son para verte mejor.
- Abuelita ¡Qué manos tan grandes tienes! -Son para cogerte mejor. -Abuelita, abuelita…
¡Qué dientes tan grandes tienes! Y el lobo le dijo: ¡Son para comerte mejooor! Y se comió a
Caperucita Roja, igual que a su abuelita.
Después de comerse a la abuelita y a Caperucita el lobo se quedó profundamente dormido.
En ese momento pasaban por allí unos leñadores que oyeron un ruido raro y entraron en la
casa.
Los leñadores, al ver al lobo tan dormido, le sacaron a la abuelita y a Caperucita. Después se
lo llevaron muy lejos y ya no volvieron a verlo más por allí.
Caperucita y su abuelita se abrazaron felices y les dieron las gracias a los leñadores por
haberlas salvado. Caperucita prometió a su madre que ya nunca volvería a desobedecerla.

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