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RESUMEN

MERCANTILISMO Y UTOPISMO EN LA EPOCA DEL RENACIMIENTO

EL MERCANTILISMO

Entre el final de la economía medieval y el surgimiento de la fisiocracia, abarca


desde 1440 a 1750, su nombre se lo da Adam Smith. Esencialmente constituye
un conjunto de medidas para lograr un fin concreto: el enriquecimiento del
estado. Se presenta con un factor común a la fisiocracia; independiente de la
moral religiosa. Durante sus tres siglos de apogeo estuvo subordinada a la
riqueza y no a los valores éticos. La economía natural basada en ética es
desbancada y se impone la crematística.

Coincide con el comienzo de la edad moderna, durante esta época el planeta


experimenta grandes cambios como por ejemplo:

a) La aparición de los primeros estados modernos: Nacen Francia, España,


Inglaterra y otros donde el poder político se concreta en las manos de un
monarca, apoyando por la burguesía comercial. Se necesitan grandes recursos
para sostener las guerras continuas y las cortes reales, por lo que se ingeniará
todo un sistema para hacer entrar divisas y se concederán grandes monopolios
comerciales para el crecimiento del tesoro nacional.

b) Nuevas rutas comerciales: al apoderarse los turcos en 1453 de Europa,


quedan cortadas las rutas de occidente con Asia, así Enrique el Navegante llega
a la India en 1498 y de ahí a Malaca y a China. Del mismo modo; Colón,
buscando un camino más corto al mismo destino, llega a América. Todos estos
acontecimientos tienen como consecuencia el desplazamiento de los ejes
comerciales. Ejemplo de esto Venecia, que tiene que ceder su control sobre el
mediterráneo y se imponen Lisboa y Sevilla convirtiéndose en los puntos de
conexión entre las Indias y América. También se apertura grandes mercados por
donde afluyen grandes riquezas hacia Europa. Y además fungen como agentes
de cambio cultural, alimenticio, entre otros. Además sucede la gran importación
de metales preciosos desde la América española y parte de África hacia el
continente americano.
c) Alza de los precios y baja de la tasa de Interés: de 1559 a 1615 la precios se
cuadriplican a la tasa pasa de 8 % a 6%. Las innovaciones técnicas de época
dieron paso a lo que John. Nef llamó la primera revolución industrial. Descubierta
en 1423, la imprenta logra su auge, en 1440.

También se crean las manufacturas del rey; empresas dirigidas por oficiales o
empresarios que entregaban toda la producción al estado por un precio con el
objetivo de hacer entrar divisas en el país. Por otra parte estaban las
manufacturas privilegiadas; las cuales el estado les concede exenciones y
subsidios. No suelen estar constituidas por grandes fábricas sino por pequeños
talleres, así nace, por ejemplo, en Francia la industria de la seda, del terciopelo,
etc. Las antiguas instituciones fueron incapaces de hacer frente a las
necesidades de capital que requerían las expediciones marítimas. Surgieron
entonces las sociedades por acciones. Las instituciones financieras también
evolucionaron para permitir mayores facilidades crediticias; se crea el billete de
banco al portador y la letra de cambio. Aparecen las primeras bolsas de valores,
pero con grandes especulaciones. El estado tuvo que intervenir el ellas varias
veces. Mentalidad: El renacimiento marca una profunda transformación en la
mentalidad Europea. El ideal de moderación es reemplazado por un afán
ilimitado de riquezas; el lujo se extiende a todas las capas de la sociedad.

El comercio internacional por tanto es un juego para ellos, donde entre todos los
países involucrados se tiene el mismo dinero del principio, pero unos tienes más
a costa de los otros. Hará falta que llegue Adam Smith y David Ricardo para que
se entienda el comercio como algo beneficioso para todas las partes. Analizamos
ahora las principales teorías económicas del mercantilismo.

La banca y las instituciones, evolucionan hacia modelos más y más capitalistas.


La industria corporativa, antes las profundas transformaciones de la época, no
supieron adaptarse; en lugar de dar pruebas de flexibilidad, se endurecieron en
sus viejas formas: A las exigencias de nuevas técnicas y producción de nuevas
artículos, sucedió una reglamentación cada vez más minuciosa. Los maestros
niegan el acceso a la maestría a los oficiales, para reservar estos cargos sus
hijos o familiares. Estos dos factores dieron como consecuencia que: Surgieran
los maestros libres, que han obtenido la autorización pero a un precio elevado.
Surgieran del lado de los oficiales y aprendices asociaciones obreras prohibidas.
La producción de nuevos productos da lugar a problemas interminables sobre el
derecho de producción exclusiva. La necesidad de producir a gran escala, dio
lugar a la industria a domicilio, donde se les pagaba a destajo a los campesinos
que en los tiempos que no trabajaban el campo, tenían esa ocupación. También
se crea la industria capitalista, donde el capitalista estaba formado por acciones
que concedía a veces el monopolio para evitar la competencia.

LOS UTOPISTAS DEL RENACIMIENTO

Un régimen que crea ladrones para luego castigarlos, es una frase que cita Moro
en su libro de la utopía para explicar la situación que se vivía en ese entonces,
él hablaba que si en esa época habían obreros sin trabajo no era porque ellos
fuesen holgazanes sino porque no se conseguía trabajos para ellos, que ellos no
eran los criminales sino las víctimas de una injusticia social, él trata de probar su
punto de vista analizando las condiciones que se habían creado en el mercado
de trabajo y el mercado de productos.

Condiciones del mercado de trabajo:

a) Aumenta la oferta de mano de obra, esto en parte a la falta de ocupación de


antiguos soldados, que a lo largo de su vida no ganaron experiencia más que en
oficios de guerra lo que los dejaba inexperimentados para otro tipo de oficios.

b) Se le daba preferencia a los criadores de oveja que a los agricultores, ya que


era más económico mantener la producción de lana que la de cereales, es decir,
no les importaba favorecer el estado sino obtener ingresos para ellos.

c) Disminuye la demanda de mano de obra por la que la tierra, principal fuente


de trabajo, ya no necesitaba tantos agricultores sino un único pastor y la industria
no estaba prepara para crear una demanda que contrarrestase esa declive de
empleos en el campo.

La tradición utópica ilustrada que preside los siglos XIX y XX se refleja, según
John Gray, en los movimientos de la izquierda: anarquismo y comunismo, que,
en base a su confianza en la naturaleza humana y su capacidad de superar las
ataduras sociales a la tradición, pretendían trascender las instituciones sociales
existentes. Este utopismo se sustentaba en el reflejo social de la evolución
natural y científica, característica criticad por el filósofo británico, que establece
una clara distinción entre ambos ámbitos para negar la seguridad del progreso
social. En el ámbito de la ciencia y la tecnología, afirma nuestro autor, sí que ha
existido una especie de progreso en el sentido de que se ha producido un avance
acumulativo, es decir, se han alcanzado nuevos estadios de desarrollo sobre la
base de estadios alcanzados anteriormente. En el ámbito social, en el marco de
la ética y la política, sin embargo, el progreso en el sentido indicado de avance
acumulativo es un mito, en opinión de nuestro autor, puesto que los valores
sociales de estadios anteriores no constituyen ninguna base que permita la
incorporación de nuevos valores y, bien al contrario, suele suceder, en ciertos
momentos históricos, que los nuevos valores se instauran en una sustitución
completa de los anteriores.

En el predominio de este concepto de progreso en el ámbito social es que


encubre los males pretéritos que nos pueden acechar nuevamente, es decir, y
en cierta similitud con la reflexión de E. Morín sobre la barbarie humana de
nuestra civilización, supone un velo que oculta las fuentes de la barbarie humana
y los peligros que amenazan nuestra sociedad. La Ilustración asumía la
especularía entre la situación social y el desarrollo del conocimiento, de tal forma
que cualquier avance acumulativo en este plano debía reflejarse en el primero
de igual manera. Además, la capacidad emancipadora que se le asociaba al
conocimiento se alcanzaría también a nivel social. Sin embargo, el conocimiento
humano, o la ciencia como tal, ha demostrado una carencia total de carácter
emancipador en las últimas décadas y ha puesto de manifiesto su carácter
ambiguo en el sentido de ser capaz, por un lado, de proveer todo tipo de
soluciones a los problemas de la sociedad, como por otro, de generar todo tipo
de peligros y amenazas como se vislumbra en la sociedad del riesgo de U. Beck.
Sin embargo, y en este punto nos asalta la paradoja que resalta nuestro autor,
el utopismo ilustrado ha virado su capacidad de influencia y, en la actualidad, es
la derecha su mayor defensora, y la que ha sido capaz de trasladar su posibilidad
al plano social de la mano de la ciencia económica.
RESUMEN

CUALIDADES QUE SE REQUIEREN EN UN PERFECTO MERCADER


DEDICADO AL COMERCIO EXTERIOR

Algunas cualidades indispensables en un comerciante eran las siguientes:

Ser; buen escribano, aritmético, buen contador, conocedor de medidas, pesos y


monedas de los países extranjeros así como contar con el conocimiento de las
aduanas, impuestos y otros cargos relacionados con las mercancías importadas
y/ o exportadas.

Un profesional en la materia también debía analizar y estudiar las abundancias,


necesidades y carencias de cada país para así saber qué producto(s) eran los
indicados para vender y/o comprar. Debía saber de qué material estaba hecha
cada cosa y debía ser competente en el arte de la navegación.

Como el comercio se llevaba a cabo en el exterior tenía que hablar diversas


lenguas y tener como base la lengua latina ya que era de gran importancia y
trascendencia.

RESUMEN

CONSECUENCIAS DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL SOBRE LA


SITUACION DE LOS TRABAJADORES INGLESES

El derecho laboral encuentra su génesis en los “abusos” que durante


la Revolución industrial padecieron los trabajadores en las fábricas inglesas.
Desde entonces, los derechos de los trabajadores han sido el principal caballo
de batalla de los socialistas para procurar defender al proletariado de las
opresoras garras del gran capital. Así, se denominan “conquistas sociales” a la
jornada de 8 horas, las vacaciones, los sistemas de pensiones, el sueldo mínimo,
las leyes de seguridad en el trabajo, entre otras.

El fundamento de estas mal llamadas “conquistas sociales” es, en mi opinión,


una interpretación errónea de la historia. La revolución industrial no fue una
época de opresión sobre las clases menos pudientes, durante ella no se destruyó
al campesinado esclavizándolo en las industrias, forzándolo a trabajar en éstas.
Sin embargo, ha sido esta antojadiza, sesgada y falaz lectura de la historia la
que ha servido de cimiento para la construcción del endeble castillo de naipes
en que consiste la regulación laboral.

La revolución industrial no fue, como se cree, una época de opresión y de


explotación inmisericorde de los pobres, fue su salvación de la hambruna, la
miseria y el atraso. De qué otra forma puede explicarse la masiva migración que
hubo del campo a las zonas industriales, las colas para la obtención de empleos
en las fábricas. Esas conductas, esas preferencias reveladas, nos indican que
quienes supuestamente fueron las víctimas de la revolución industrial, fueron en
realidad sus beneficiarios. Nadie forzó a los campesinos a migrar a las zonas
industriales, nadie los forzó a trabajar en las fábricas, lo hicieron porque
consideraron que sus condiciones de vida en los campos eran peores que en las
fábricas. Esa y no otra fue la causa de este fenómeno.

Sin embargo, esta historia tergiversada es la que ha servido de fundamento para


el establecimiento del derecho laboral que, si bien pretende mejorar la calidad
de vida de las personas, en realidad impide que la gente más pobre y menos
capacitada acceda a un empleo formal. En otras palabras, es el propio derecho
laboral la principal barrera para que aquéllos a los que está llamado a proteger
accedan a un empleo en donde se respeten las “conquistas sociales” que sus
defensores se ufanan de haber logrado.

La economía nos enseña que todo en la vida tiene un costo, que no hay almuerzo
gratis, y lo que no sopesan los defensores de las regulaciones laborales son los
inmensos costos que éstas irrogan. En mi concepto, estos costos superan
largamente a sus beneficios.

El mercado laboral es como cualquier otro mercado y está sujeto a la ley de la


oferta y la demanda. La regulación no es otra cosa que aumentar artificialmente
el precio de contratar a alguien y, como se sabe, a mayor precio, menor
demanda. Es decir, mientras más regulación laboral, menos demanda por
trabajadores habrá en el mercado y por ende más desempleo. La solución a este
problema, sin embargo, la da el propio proceso de mercado en el que se generan
mercados informales en donde no se respetan estas costosas “conquistas
sociales”, pero sí el derecho de las personas a trabajar libremente en lo que
consideren la mejor alternativa para ellas. Es el mercado el que salva a los
pobres de sus supuestos salvadores.

Adam Smith es considerado el fundador del liberalismo económico con su


obra "La riqueza de las naciones". El propósito de Smith era descubrir el
procedimiento de enriquecer al Estado, llegando a la conclusión de que es
condición previa el enriquecimiento de los individuos. La obra de Smith se centra
en tres ideas fundamentales:

 El trabajo es la fuente de la riqueza.

 El trabajo se realiza en función del interés particular, por lo que el


enriquecimiento de los particulares es el único camino para conseguir la
“riqueza de las naciones”.

 Para desarrollar la riqueza, la iniciativa particular no debe ser frenada por


actuaciones externas.

De ahí, se fundamenta que el estado no debe intervenir en la economía (laissez


faire), que debe regirse por el libre juego de la oferta y la demanda. Smith es el
gran defensor de la libertad económica; para él, es inútil la intervención del
Estado, pues el orden se establece por sí mismo, por el juego de la oferta y la
demanda. Si un producto es solicitado sube el precio y se favorece su
elaboración, con lo que todo vendedor es retribuido según la importancia de los
servicios que presta. A partir de "La riqueza de las naciones" se habla
del progreso económico que, según Smith, se basa en la acumulación de
riquezas. El ahorro se convierte en la base del crecimiento: lo que se ahorra y,
por tanto, no se consume, se invierte, es decir, deja de utilizarse en uso
improductivo para emplearse en un trabajo productivo.

En consecuencia, el sistema preconizado por Smith consagraba la defensa total


de la iniciativa privada y del enriquecimiento sin límites, que se convertían en los
pilares básicos de la sociedad burguesa capitalista y no tenía en cuenta las
consecuencias sociales de la industrialización.
Otro pensador de la escuela inglesa fue David Ricardo, que reforzó las ideas de
libertad económica con su obra "Principios de economía política". Destaca en él
su doctrina del salario, recogida en su “Ley de bronce de los salarios” donde trató
el tema del proletariado. Según Ricardo, el salario del obrero debía mantenerse
siempre con un mínimo de subsistencia, es decir, que sólo alcanzara lo
suficien-te para subsistir. La razón de ello estaba en que la subida de los salarios
nunca tendría efectos reales sobre el nivel de vida del obrero pues la elevación
de los salarios provocaría el aumento de la demanda y el inmediato
encarecimiento de los productos, según la ley de la oferta y la demanda. Por esta
razón el poder adquisitivo real del trabajador no iba a verse incrementado a pesar
de la subida de su sueldo. No tiene en cuenta, por tanto la capacidad de ahorro
de los trabajadores; es más, pronostica con el tiempo una tendencia
descendente de los salarios, debida al aumento del número de obreros y a la
competencia entre ellos.

Conforme la industrialización se extiende, la preocupación por la situación del


obrero se hace más patente. John Stuart Mill en sus “Principios de economía
política”, intentó contribuir a la solución del “problema social” generado por la
industrialización y la revolución económica. Propone moderar las pretensiones
de libertad concediendo al estado un pequeño papel intervencionista. Justificaba
este “proteccionismo” del estado en la creciente desigualdad social y en la crisis
del capitalismo.

En la escuela clásica francesa destaca Jean-Baptista Say, con su obra "Tratado


de economía política".

La doctrina del liberalismo económico es la doctrina del "laissez faire, laissez


paser". En su base se esconde una glorificación de la libertad: el mercado se
regula por libre concurrencia, el trabajador elige libremente su trabajo, la mano
de obra se des-plaza libremente, el contrato de trabajo es un acuerdo libre entre
patronos y obreros. El papel del Estado se reduce a defender la libertad de una
actividad económica independiente de cualquier regulación política. Es la
doctrina del “no intervencionismo del Estado en materia económica”.