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CONCLUSIONES DE LA CORTE PENAL INTERNACIONAL DE

BERNARDINO ESCOBAR CASO

La Corte Penal Internacional (CPI) es la primera Corte permanente, independiente, con


la capacidad de investigar y llevar ante la justicia a quienes cometan las violaciones más
graves en contra del derecho internacional humanitario, a saber crímenes de guerra,
crímenes de lesa humanidad y genocidio. La Corte tiene sede en La Haya, Países Bajos y
fue establecida en acuerdo con el Estatuto de Roma, el tratado fundacional de la CPI, el
1 de julio de 2002. A la fecha, el Estatuto de la CPI ha sido ratificado por 121 Estados,
representando a cada región del mundo.

Es fuerte el apoyo para la creación de la Corte Penal Internacional, porque más de 160
Estados participaron en la Conferencia Diplomática de las Naciones Unidas (celebrada
en Roma del 15 de junio al 17 de julio de 1988) que aprobó el Estatuto que establece la
Corte Penal Internacional. Centenares de representantes de organizaciones no-
gubernamentales contribuyeron a este proceso. 121 Estados de todas las regiones del
mundo han firmado ya el Estatuto. Muchos de ellos no lo pudieron firmar inmediatamente
porque se lo impedían requisitos constitucionales como es el de la necesidad de
aprobación previa del parlamento, pero se espera que firmen en un futuro próximo

Esta Corte Penal Internacional se creó porque en este siglo ha presenciado la peor
violencia que se registra en la historia de la humanidad. En los últimos 50 años se han
presentado más de 250 conflictos en el mundo; han muerto más de 86 millones de civiles,
principalmente mujeres y niños; y a más de 170 millones de personas se les han violado
sus derechos, su propiedad y su dignidad. La mayoría de estas víctimas simplemente han
quedado en el olvido y pocos responsables han respondido ante la justicia.

A pesar de los reglamentos y leyes que definen y prohíben los crímenes de guerra, los
crímenes contra la humanidad y el genocidio y a pesar de los diversos tratados y
protocolos, convenciones y códigos que prohíben todo, desde los gases venenosos hasta
las armas químicas, lo que ha hecho falta hasta ahora es un sistema de aplicación de estas
normas y de hacer que los individuos que las violan respondan de sus crímenes.

La Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció por primera vez la necesidad de
crear este mecanismo permanente para enjuiciar a los asesinos en masa y los criminales
de guerra en 1948, después de los juicios de Nüremberg y de Tokyo que siguieron a la II
Guerra Mundial, y su necesidad se ha discutido en las Naciones Unidas desde esa época.
Sin embargo, los intentos de creación de ese mecanismo han sido vanos hasta ahora, a
pesar de la necesidad de un tribunal penal permanente que enjuicie y castigue a los
individuos que cometan los más horribles crímenes.

Hoy ya es una realidad la Corte Penal Internacional, hoy por hoy, se ocupará de los
crímenes más graves que cometen los individuos: genocidio, crímenes contra la
humanidad y crímenes de guerra. Estos crímenes se especifican en el Estatuto y se definen
cuidadosamente para evitar ambigüedad o vaguedad.

El Genocidio incluye la lista de actos concretamente prohibidos (ej. matar, causar grave
daño) cometidos con el intento de destruir, total o parcialmente, un grupo nacional, étnico,
racial o religioso.
Los crímenes contra la humanidad cubren una lista de actos concretamente prohibidos
cuando forman parte de un ataque sistemático o amplio dirigido contra cualquier
población civil. Entre los actos están el asesinato, el exterminio, la violación, la esclavitud
sexual, la desaparición de personas a la fuerza y el crimen de apartheid.

El genocidio y los crímenes contra la humanidad se castigan independientemente de que


se realicen en tiempo de paz o en tiempo de guerra.

Los crímenes de guerra se aplican a violaciones graves de las Convenciones de Ginebra


en 1949 y a otras violaciones graves que se enumeran en el Estatuto, cometidas a gran
escala en conflictos armados internacionales.

En los últimos 50 años las violaciones más graves de los derechos humanos no han
ocurrido en conflictos internacionales sino dentro de los Estados. Por lo tanto, el Estatuto
de la Corte incorpora las normas de la ley humanitaria internacional contemporánea que
condenan, como crímenes de guerra, las violaciones graves que se cometen en los
conflictos armados internos que no sean perturbaciones internas o motines.

El Estatuto de Roma, que es el instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional es el


producto de años de arduo trabajo realizado por muchas delegaciones y por sus expertos.
Cada definición está formulada de manera precisa para que refleje las normas
internacionales existentes y está redactada de acuerdo con los requisitos de claridad de la
justicia penal. A los jueces de la Corte se les exige que interpreten las definiciones de
manera estricta y no hagan extensiones por analogía. El objetivo es el de establecer
normas internacionales objetivas y evitar decisiones arbitrarias. En casos de ambigüedad,
las definiciones se deben interpretar en favor del acusado.

La Corte Penal Internacional complementará, no reemplazará, la jurisdicción de las


Cortes nacionales. Las Cortes nacionales continuarán teniendo prioridad en la
investigación y crímenes de procesamiento dentro de su jurisdicción. De acuerdo con el
principio de complementariedad, la CPI actuará solamente cuando las Cortes nacionales
sean incapaces o no estén dispuestas a ejercer su jurisdicción. Si una Corte nacional puede
y está dispuesta a ejercer su jurisdicción, la CPI no puede intervenir y ninguno de los
nacionales de ese Estado puede ser llevado ante la Corte Penal Internacional. Los
argumentos para admitir un caso a la Corte se especifican en el Estatuto y las
circunstancias se definen cuidadosamente para evitar decisiones arbitrarias. Además, los
Estados de los acusados e interesados, si son parte del Estatuto o no, pueden cuestionar
la jurisdicción de la Corte o de la admisibilidad del caso. También tienen el derecho de
apelar cualquier decisión relacionada. Por lo tanto, la Corte también sirve como
catalizadora para los Estados que investigan y realizan el procesamiento de crímenes
cometidos dentro de sus territorios o por sus nacionales.

La Corte Penal Internacional no puede imponer la pena de muerte. La Corte puede


imponer períodos de encarcelamiento muy prolongado, de hasta 30 años, o la cadena
perpetua cuando se justifica por la gravedad del caso. La Corte puede, además, imponer
multas, decomisos, entre otras medidas.

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