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LOS JÓVENES NO SIEMPRE HAN EXISTIDO»

PRIMERA DE TRES PARTES


Miguel Vizcarra
La juventud no es, más que una idea. Los términos de juventud y el de adolescencia difieren; en que el
primero, hace referencia a una representación social es decir, lo que la gente piensa y entiende cuando
escucha esa palabra, al mismo tiempo se convierte en un conjunto de ideas, prácticas y símbolos que son
aprendidos por todos los sujetos en la vida diaria y que nos permiten diferenciar a este sector de la
población del compuesto por los adultos o los infantes. Por adolescencia, se debe entender a un grupo
poblacional cuyos parámetros son definidos por cuestiones biológicas o físicas en otras palabras, por un
rango de edad. Esta serie de tres artículos, tiene por objetivo demostrar de forma clara y breve la aparición
de la juventud en la historia del llamado mundo occidental, así como la manera en que se ha ido
transformando y diversificando en un espectro cada vez más heterogéneo, representado entre otros grupos
por: saikos, anarco-punks, tager´s o los góticos por mencionar algunos.
En el mundo premoderno la juventud no existía, los niños y niñas dejaban de serlo para convertirse en
adultos. Normalmente mediante ciertos ritos o rituales dependiendo de las especificidades de cada cultura;
un cercano y claro ejemplo, es el festejo de los 15 años, que tenia por objetivo la presentación ante la
sociedad de una mujer casadera. Los infantes aprendían de los padres un determinado oficio u ocupación
que al ser asimilada por los sujetos les confería junto con su desarrollo biológico la posibilidad de iniciarse
en el mundo de la adultez.
A partir, de la modernidad instaurada entre otros fenómenos con la revolución industrial, así como la
francesa, la reforma alemana y el monopolio de la racionalidad; el mundo, ingresó a un nuevo periodo
caracterizado por los ideales del “progreso” y del “desarrollo” a los que se pretendía alcanzar mediante la
“ciencia” y la “tecnología”. A este periodo corresponde la idea del dominio del hombre sobre la naturaleza
externa; sin pensar, que al mismo tiempo hacia dominable la suya o la –naturaleza- interna (es decir, su
mente). Para lograr echar a andar este nuevo mundo, bajo las premisas anteriormente mencionadas; se
generalizó para toda la población y extendió el proceso educativo, que tenia también por objetivo la
creación de las identidades nacionales (es en este momento en que comienzan a desaparecer los reinos y
feudos para dar pie al inicio de la construcción de los Estados-nacionales o países). De tal manera, que se
creó la juventud ese “divino tesoro” que serviría como el interfase en el que se prepararía a los infantes o
adolescentes para convertirse en adultos, es decir: seres responsables y maduros capaces de formar y
sostener a una familia, así como de reproducir este sistema. Es por ello, que se les permiten ciertos
desmanes que le ayudan a “gozar la vida”.
A mediados del S. XX el mundo se decepcionó al darse cuenta que los mismos ideales y mecanismos con
los que se pretendía lograr un “mundo feliz”, lo habían llevado al derramamiento de sangre de millones de
personas, el deterioro del medio ambiente, la deshumanización del hombre al que también habían
separado de la madre naturaleza. Fue en ese contexto en el que nacieron nuevas formas de protesta a las
que se ha denominado como nuevos movimientos sociales, aquellos que buscan el reconocimiento de los
distintos actores e intereses que se integran en una sociedad; mediante la transformación cultural y, no por
medio de una revolución armada como lo pretendieron los movimientos sociales clásicos (obrero y
campesino). Entre otros ejemplos, de estas nuevas formas de resistencia y transformación social podemos
destacar el movimiento gay, la lucha por la igualdad racial, el ecologismo y feminismo, así como diversas
identidades juveniles.
Estas últimas, nacieron en buena medida con el rock entendiéndolo más allá de una corriente musical. El
rock es un universo simbólico; es decir, es un conjunto de ideas, representaciones y actitudes que al ser
interiorizadas dotan a los sujetos de una forma de ser, actuar y entender al mundo de una manera distinta a
la de los adultos. Esto permitió la diferenciación social y/o cultural de estos grupos más allá de las
cuestiones generacionales; por primera vez, estos grupos se diferenciaban por algo más que las
cuestiones de desarrollo físico, ya que uno de ellos tuvo la oportunidad de pensar, actuar y verse como le
dictaba su conciencia. Así pues, nació la cultura juvenil y el rock se convirtió en uno de los primeros
globalismos o ideas con las que se construye la globalización.
LOS JÓVENES NO SIEMPRE HAN EXISTIDO»
SEGUNDA DE TRES PARTES
Miguel Vizcarra

Fue hasta hace unos 250 años más o menos, que inicio la separación entre el periodo de la infancia y la
adultez. Los primeros, se emancipaban de sus padres y accedían al matrimonio a muy corta edad; no
existía, una etapa como la juventud caracterizada por la preparación y el supuesto goce de las bondades
de la vida. El proceso de modernización atendió a características particulares de cada espacio y cultura así
como, sucede actualmente con el de la globalización; solo que éste último es más fulminante.
La juventud fue un grupo de suma importancia durante el periodo de las guerras mundiales. Algunos por su
participación en el conflicto, otros por que se sumaron a la fuerza laboral de los países que no luchaban y
que tenían que suministrar al mundo de los bienes necesarios para su desarrollo; así pues, los jóvenes
comenzaron su independencia económica, su poder adquisitivo y se convirtieron en un mercado que
atacaron diversas empresas culturales dotándoles de una identidad.
La modernidad hizo BOOM en los sesentas. Comenzaron nuevos enfrentamientos bélicos nacionales e
internacionales al mismo tiempo, en que en algunos lugares y algunas personas pensaron en una
“revolución cultural”; un cambio en las ideas que conllevará a la instauración de un mundo más equitativo.
Así, nacieron los nuevos movimientos sociales entre los que destacan el ecologismo, el feminismo, el
movimiento gay y algunas identidades juveniles; que se oponen ante cierta parte de la estructura imperante
en el mundo y/o al estereotipo del ser adulto.
Algunos jóvenes optaron por el seguir el camino que el mundo y los adultos les diseñaron, otros prefirieron
buscar alternativas propias encontrando en el rock esa ruptura. El rock se convirtió (y continua siendo) en
una forma de ser, pensar y expresarse que rápidamente se diversificó y continua en constante
transformación, interrelacionándose y auto produciéndose con distintas perspectivas del mundo y de la
vida, que se tradujeron en varias corrientes musicales y conjuntos de símbolos que definen a los jóvenes
como parte de esa cultura o movimiento; se diseminó por el mundo y se convirtió en uno de los primeros
globalismos. Un proceso similar ha experimentado la música electrónica; cuyo auge, se encuentra
íntimamente relacionado con lo que él director del festival Mutek, llamó la “democratización”: de las
computadoras, los samplers y otras maquinas; así como, en su momento sucedió con el bajo y la guitarra
eléctrica.
Así pues, algunas de las culturas juveniles que comúnmente son denominadas por el nombre del su
genero musical que produce y que al mismo tiempo, la reproduce; se han convertido, en “trincheras” desde
las que algunos jóvenes tratan de enfrentarse al mundo de los adultos así como, ante ciertas normas o
estructuras imperantes en el mundo o en su vida cotidiana. Al mismo tiempo, éstos grupos identitarios
funcionan como creadores de un sentido de pertenencia para los sujetos que les dan vida ya que, quienes
los conforman comparten signos, símbolos y una similar forma de pensar.
Cabe señalar, que no todos los géneros musicales (rock o electrónicos) conllevan a la conformación de
movimientos culturales y que de algunos, se han comercializado tanto signos como símbolos restándoles
su significado y acabando con la parte ideológica de esa expresión cultural. La siguiente parte de ésta
serie, se enfocará a éstos grupos identitarios juveniles y al proceso de apropiación por el que, sus formas
de representarse e ideas son adaptados a cualquier contexto permitiéndole a los individuos hacerlas suyas.
LOS JÓVENES NO SIEMPRE HAN EXISTIDO»
TERCERA Y ÚLTIMA PARTE
Miguel Vizcarra
En términos generales, se pueden distinguir dos tipos de jóvenes. Uno de ellos caracterizado por la
aceptación de lo que el mundo adulto, señala como correcto o permitido en una etapa en que
supuestamente se gozan de las “bondades de la vida”; ya que, están dedicados al estudio (y/o trabajo en
ocasiones) con lo que se promueve su ingreso al sistema imperante en el mundo. El segundo, esta
compuesto por quienes se oponen a las representaciones sociales de la adultez y/o al sistema –o, alguna
de sus partes- que pretende estructurar al globo terraqueo. Cada una de estas clasificaciones a su vez,
esta compuesta por varias identidades juveniles.
Como ejemplos del primer grupo, destacan las agrupaciones juveniles de las instituciones religiosas así
como, de los partidos políticos o las dedicadas a la política estudiantil; recientemente, las llamadas
“cámaras junior” empresariales. Dentro de la segunda clasificación, cabrían los skin head´s, saikos, anarko-
punk´s, cholos o tager´s solo por mencionar algunos. Cabe señalar, que al segundo grupo de identidades
será al que se hará referencia en el resto del artículo y que se les subdividirá en dos categorías, tomando
como referencia el sentido de sus acciones.
En otras palabras, se pueden diferenciar dos grupos de identidades juveniles que se oponen a las
representaciones sociales de la adultez y al sistema que rige al mundo. Algunas de ellas tienen un
programa (escrito o no) de acciones cuyo objetivo es la transformación social y otras expresan su
inconformidad y diferenciación. Cabe recordar, que este tipo de identidades son culturales y por ello su
lucha o reivindicación se realiza en ese mismo ámbito, el cultural. Así, es como ciertos tipos de corte de
pelo o peinados, los tatuajes, las prendas de vestir y los “accesorios” adquieren un significado, se
convierten en símbolos y comienza a crearse una cultura propia en la que, la música se convierte en una
de los elementos de mayor importancia; así pues, se conforman por sujetos que comparten una similar
cosmovisión del mundo. Estas creaciones culturales son las que han sido comercializadas por diversas
empresas, que las masifican volviéndolas una moda y con ello pierden tanto su significado como el sentido
que las originó; por ejemplo, industrias como MTV o Tele Hit colaboran en la desvirtualización de la cultura
punk al presentarla como una moda o una actitud de mero desmadre, como sucede con las bandas “punk”
que presentan como “Green Day”, y nuca –tal vez- a los Dead Kennedys. Otro de los mecanismos por los
que algunos medios de comunicación masiva atacan a este tipo de culturas juveniles es mediante la
desinformación ya que, mayoritariamente se les hace referencia o aparecen en ellos como delincuentes y/o
vagos adictos a las drogas.
Las caracterizaciones que se harán de estas identidades juveniles de resistencia corresponden al tipo ideal
del sujeto que se denomina como un integrante de tal o cual grupo identitario. El grado de organización de
dichos grupos culturales es heterogéneo, en ocasiones sus acciones o el sentido de las mismas
divergente. Por ejemplo, algunos grupos anarko-punk´s realizan Encuentros Nacionales e Internacionales
(Guadalajara ha sido ciudad sede en dos ocasiones) en los que se redactan Programas de Acción o los
skin head´s R.A.S.H., que organizados por medio de “secciones” abiertas en distintas ciudades del mundo,
establecen un frente común de acción; estos últimos, nacieron como una respuesta y como un grupo de
choque para contrarrestar el peso de quienes habían robado el aspecto skin (olvidando su base cultural)
conformando diversos grupos de skin head´s fascistas, nazistas o arianistas. Por otra parte, los “tager´s”
quienes ha pesar de ser uno de los grupos identitarios más perseguidos por las autoridades en el mundo
por atentar en contra de la propiedad privada, no presentan acciones que persigan la transformación de la
sociedad pero, si alteran el orden establecido y se hacen visibles decorando los muros de diversas urbes
en el mundo.
En pocas palabras, los jóvenes fueron creados pensando en la reproducción del sistema que hoy nos
aniquila y contra el cual algunos se revelan con una propuesta o mediante acciones fulminantes, que
deberían ser tomadas como “llamadas de atención” por la sociedad en su conjunto. Esta es una lucha
cultural que trata de ser aniquilada o desvirtualizada por los medios masivos de comunicación y en las
empresas dedicadas a la producción de bienes culturales materiales (ropa, música, accesorios etc.) que
nace como independencia y reivindicación de un sector poblacional. Por último, es importante que cada
uno de los sujetos que se interesan o identifican con alguna de estas identidades o “formas de ser” se
sientan comprometidos con los preceptos de la cultura que siguen y que no las tomen solo como una forma
de vestir, actuar o divertirse; sino, como una como una forma de vida.
ANARKO - PUNK
Muchos grupos punks comprometidos con el movimiento prefieren denominarse “anarko punk” debido a
que diversas empresas han convertido en una moda algunos de los referentes culturales de esta cultura
(cortes de pelo e indumentaria, música). Su posición ideológica se nutre del anarquismo, nihilismo y del
anticapitalismo son libertarios y anti-sexistas (los mexicanos indigenistas y algunos “Marquistas”), entre
otras de sus consignas destacan: “Make Food No Bombs” o “Ni Dios, Ni Amo, Ni Partido, Ni Marido”. En el
caso de esta ciudad existen tres o cuatro colectivos bien definidos e integrados por decenas de integrantes,
se editan fanzines, suben información a la Red, han organizado varias bandas, producen eventos con
agrupaciones internacionales periódicamente y se han convertido en uno de los contingentes siempre
presentes en diversas manifestaciones (1ro de Mayo, III ALCAUE, 02 y 12 de Octubre o la conmemoración
de Stonewall -marcha gay-).
SKIN HEAD´S
Hijos de los “mods” y de los “rudye boys” (otras identidades). Existen 3 grupos y difieren por su posición
política: izquierda, derecha y apolíticos. Esta subdivisión se hace notar en su consumo cultural y con ello
en su representación. Por ejemplo, el corte de pelo (rasurado, muy corto o cortes específicos), el color de
las agujetas (blancas o rojas – negras), así como el escuchar o no música ska. Los skin head´s RASH
(Rojos, Anarquistas Skin head´s) llaman “bone head´s” en tono despectivo y sarcástico a las agrupaciones
de skin´s con posturas de la derecha (xenófobas, homofóbicas, fascistas, nazistas o arianistas) ya que, se
rasuran la cabeza.. En el caso tapatío, los de derecha retoman algunas ideas del nacional socialismo y del
antisemitismo por el contrario, sus oponentes al Zapatismo. Las “secciones” RASH se organizan en Línea
para tomar determinaciones como la apertura de una nueva filial o algunas de las acciones mínimas que
cada una debe cumplir y entre las que destacan la publicación de fanzines, organización de tocadas, así
como de bandas que toquen música Oi! o ska.
SAIKOS
Nombre con el que comúnmente se hace referencia a los seguidores de la cultura trance, la cual recuperó
distintos elementos del hipismo entre los que se puede destacar las cosmovisiones ancestrales, el
ecologismo y el pacifismo; en buena medida, esta relación tiene su origen también en la importancia que
posee la filosofía psicodélica en la construcción de estas dos culturas. De hecho, podríamos decir que el
Goa Trance nace en una comuna –como las que tuvieron los hipies- en la isla del mismo nombre frente a
las costas de la India, este ritmo fue retomado por israelitas que disfrutaban su “post army trip” en aquel
lugar, lo hicieron más duro para dar cabida al psichedelic trance, en buena medida como resultado del
ambiente bélico que persiste en su tierra. A diferencia de los anarko punk´s o de los skin´s R.A.S.H., no
tienen un programa de acción o resistencia definido; sin embargo, la forma de vida que promueve la cultura
trance se opone a varias de las estructuras que intentan regir al mundo. Por último, quisiera mencionar que
los eventos de saiko no son “fietas raves”; ya que, difieren entre otros elementos: del tipo de espacio en
que se realizan, la música, la ideología y los símbolos o signos que identifican a quines integran este
grupo.
TAGER´S
Tager es un derivado de “tag” y este es el símbolo que pinta en los muros, un grupo de tager´s conforman
una “crew”, en equipo pueden pintar murales; mismos que, son firmados con el símbolo de la “crew” y la
“tag” de cada uno de los integrantes. A diferencia de lo que sucede en el cholismo estas pintas no delimitan
un territorio sino, que muestran al resto de la sociedad su “astucia” para decorar la ciudad y se hacen
“sentir” en ella misma, como si gritaran “aquí estamos”. Esta practica de resistencia simbólica es practicada
por distintos grupos sociales -no solo identidades juveniles- pero la forma en que la plasman -tipografías,
estilos gráficos etc.- es lo que las hace particulares en cada caso. Muchos de los tagger´s están
influenciados por la ideología y representaciones del Hip Hop y del Rap entre otras, de hecho esta
denominación hace más referencia a una práctica cultural que a una cultura misma.
CHOLOS
Este grupo es un descendiente directo de los pachucos (a los que Tin Tan ridiculizó). Nació en la frontera
norte entre México y Estados Unidos en su parte occidental, pero se ha distribuido en las zonas o estados
cuya población se encuentra inmersa en los procesos migratorios relacionados con ese borde. El cholismo
nace con la búsqueda y el deseo de una identidad propia (parte mexicana y parte estadounidense) en la
que se cohesionaba a este sector poblacional frente a otros grupos raciales; entre otros, algunos de los
símbolos característicos de esta cultura son la virgen de Guadalupe, Cuahutemoc, los “low riders” y “low
bikers”. Los cholos se dividen en “barrios” (son una división territorial y de referencia al mismo grupo)
paradójicamente la defensa su territorio genera más violencia entre ellos mismos, que con otros sectores
raciales (EUA) o culturales (México, Guatemala y el Salvador). La delimitación espacial se hace visible en
las paredes del lugar mediante el uso de pintura en aerosol, con ellas se pinta el nombre o número del
“barrio”; el graffiti y los murales, son un importante elemento de esta cultura, que ha sido apropiado por
otras identidades con características y objetivos distintos como los hacen en toda Latinoamérica.

PUNK
Los Punks No Son Bestias.

El Punk es un reflejo de lo que significa ser [verbo] humano. ¿Qué nos diferencia de otros animales?
Nuestra habilidad para reconocernos a nosotros mismos y expresar nuestra singularidad genética.
Irónicamente, en la perspectiva sostenida comúnmente, entre los que se dedican a hacer negocios y
la maquinaria publicitaria, se resalta la primitiva naturaleza en estado animal de los Punks y de su música.

Ellos dan por hecho que la violencia es el ingrediente clave en la música Punk, y esta suposición es
fácilmente perpetuada porque es fácil comercializar la violencia, y los nuevos artículos sobre ella siempre
consiguen espacio en las columnas de la prensa. Este enfoque sobre la violencia olvida un elemento clave
de lo que trata todo el Punk:

El Punk ES : la expresión personal de la singularidad que proviene de las experiencias de crecer en


contacto con nuestra habilidad humana para razonar y plantear preguntas.

La violencia ni es habitual en el Punk, ni exclusiva de éste. Cuando ésta se manifiesta es debido a


cosas no relacionadas al ideal punk. Considerar por ejemplo la habitual historia de una pelea en el instituto
entre un punk y un atleta, jugador de fútbol. El futbolista y su cohorte no aceptan o valoran al punk como a
una verdadera persona. Más bien, lo usan como un recipiente de ácido sulfúrico, a diario recriminándolo,
provocándolo, y avergonzándolo, lo cual , por supuesto, no es más que un reflejo de sus propias
inseguridades.

Un día, el punk ha tenido suficiente y golpea al capitán del equipo de fútbol en el vestíbulo. Los profesores
por supuesto expulsan al punk y mencionan su paupérrimo peinado y andrajosa ropa como una evidencia
de que él es un violento, un incontrolable sin remedio. En el periódico de la comunidad se lee "Una Paliza
en el Vestíbulo Reafirma que la Violencia es un Modo de Vida Entre los Punk Rockers".

La ira espontánea al no ser aceptado como una verdadera persona no es exclusivo de los Punks. Esta
reacción se debe al hecho de ser[verbo] Humano, y cualquiera reaccionaría con ira, independientemente
de su afiliación social o subcultural, si se sintieran despreciados e inútiles. Tristemente, hay muchos
ejemplos de violencia entre los punks. También hay resplandecientes ejemplos de gente mal informada que
se llaman a ell@s mism@s punks. Pero la ira y la violencia no son características del Punk, de hecho,
estas no tienen cabida en el ideal Punk.
Ira y violencia no son el pegamento que mantiene unida a la comunidad punk.

Dentro de la singularidad está la preservación de la raza humana.

La naturaleza nos concede la columna vertebral genética de lo que trata todo el Punk. Hay
proximadamente 80.000 genes en el Genoma Humano, y aproximadamente 6 billones de personas
portando este elogio genético. Las probabilidades de que dos personas lleven el mismo cromosoma son
tan pequeñas como para estar casi más allá de la comprensión (Las posibilidades son esencialmente 1/2
80.000 veces el número de posibles personas que tú puedas conocer y con la que casarte durante toda
una vida! Prácticamente imposible).

Los genes que llevamos juegan un importante papel en la determinación de nuestro comportamiento y
nuestro punto de vista sobre la vida. Eso es por lo que tenemos el regalo de la singularidad, porque nadie
más tiene el mismo conjunto de genes controlando su perspectiva del mundo. Por supuesto, los factores
culturales juegan el otro papel principal, y estos pueden tener un efecto más homogeneizador sobre el
comportamiento y la forma de ver el mundo.
Por ejemplo, una ciudad completa de obreros podría tener 15000 habitantes que son educados con los
mismos ideales, trabajan en las mismas factorías, van a las mismas escuelas, compran en los mismos
establecimientos, y tienen afición a los mismos equipos deportivos. Mientras sus hijos se desarrollan,
hay una constante interacción de fuerzas opuestas entre la impresión social que su cultura imparte, y la
expresión genética de singularidad.

Aquellos que pierden el contacto con su naturaleza se convierten en robots de la sociedad, mientras que
aquellos que denuncian su desarrollo social se convierten en animales vagabundos. El Punk simboliza un
deseo para caminar la línea en medio de estos dos extremos con magistral precisión.
Los Punks quieren expresar su propia y única naturaleza, mientras al mismo tiempo quieren adoptar los
aspectos comunitarios de su educación cortagalletas.

La relación social que ellos tienen está basada en un deseo de comprensión mutua de la perspectiva única
del mundo que cada uno tenemos. Las "escenas" punk son lugares sociales donde esas perspectivas son
aceptadas, algunas veces adoptadas, otras veces descartadas, pero siempre toleradas y respetadas.

El Punk es: un movimiento que sirve para rebatir actitudes sociales que han sido perpetuadas a través de
la deliberada ignorancia de la naturaleza humana.

Porque esto depende de la tolerancia y evita la desaprobación, el Punk está abierto a todos los humanos.
Hay una elegante semejanza entre la dependencia del Punk de perspectivas y comportamientos únicos, y
nuestra propia, natural y genética predisposición hacia la singularidad.

La batalla entre el miedo y la racionalidad.

La adicción a conformarse es un poderoso efecto secundario de la vida civilizada. Tod@s nosotr@s somos
educad@s para respetar las opiniones de nuestr@s ancian@s, y más tarde cuando nos damos cuenta de
que éstas son sólo opiniones dogmáticas, no estamos educad@s para causar un alboroto por hacer
preguntas difíciles. Much@s sencillamente están de acuerdo con los conceptos imperantes
y nunca expresan sus propias opiniones, lo cual es análogo a una muerte prematura del individuo.

Nuestra especie es única en la habilidad de reconocer y expresar la personalidad y, no ejercer esta función
biológica, va en contra del gradiente de selección natural que creó ésto desde el principio. Esta
"autosatisfacción" combate un miedo al fracaso.

Es fácil asumir que si tod@s l@s demás están haciendo algo, entonces no hay forma de fracasar si tú
simplemente estás de acuerdo con esto. El ganado y las manadas de gansos probablemente puedan
reconocer esta ventaja. Pero la humanidad entera podría fracasar por esa mentalidad.

Reflexionando y actuando en una dirección contraria a la corriente de la opinión popular es decisivo para el
progreso y el desarrollo humano, y una contundente manifestación del Punk. Si un asunto o fenómeno es
considerado verdadero sólo porque otras personas dicen que lo es, entonces es un trabajo Punk buscar
una solución mejor, o al menos encontrar una variable independiente que confirme la creencia mantenida;
(A veces la opinión popular es sólo un reflejo de la naturaleza humana,
l@s Punks no viven en la negación de esto).

Esta habilidad para oponerse a los principios del momento fue una pieza principal de los más grandes
avances en el pensamiento humano a lo largo de la historia. El periodo completo de la Ilustración se
caracterizó por las ideas que rehuían del dogma de la época, sólo para revelar las verdades en la
naturaleza y en la existencia humana que todo el mundo puede observar, y que todavía están con nosotros
hoy.

Galileo luchó contra la Iglesia, la Iglesia ganó la batalla, metiéndolo en la cárcel para toda la vida,
pero finalmente perdió la guerra; pocas personas creen hoy que el sol gira alrededor de la Tierra, y por
tanto Dios no creó a la Tierra como el centro del universo. Francis Bacon insistió en que el destino humano
es la inteligencia. Si negamos este principio fundamental de lo que significa
ser [verbo] humano, él razonó, entonces descendemos dentro de las profundidades del mero barbarismo.

Charles Darwin, escribió después del apogeo de la Ilustración, no obstante él fue directamente influenciado
por su tradición, fue educado como un teólogo y, a pesar de eso, todavía fue conducido a entender el orden
subyacente que conectaba las especies biológicas que él observaba en sus viajes. Sus puntos de vista
arrojaban interrogantes sobre muchos de los dogmas de la Biblia,
a pesar de eso su razonamiento fue acertado, y a través de un método de autosuperación (la lucha en su
propia mente por entender) enriqueció al género humano mediante la instauración de un nuevo punto de
referencia del conocimiento humano.

La doctrina de la iglesia fue más marginada. El miedo de la repercusión desde la iglesia fue eclipsado por
la ola de entendimiento que los puntos de vista de Darwin crearon en la gente, y por la verdad existente en
sus estudios.

El proceso del pensamiento Punk contemporáneo, conducido por este deseo de comprender, es una copia
idéntica de la tradición de la Ilustración. El hecho de que, tantísimos ejemplos históricos existan, que
revelan un deseo de destruir el dogmatismo, nos encamina hacia una poderosa doctrina: Esta es un rasgo
natural de los seres humanos civilizados para ser originales. El hecho de que la singularidad sea tan poco
frecuente, revela que nuestra naturaleza es reprimida por una igualmente poderosa fuerza contrapuesta :
EL MIEDO.

El PUNK ES: un proceso de cuestionar y de comprometerse a la comprensión, que resulta en el progreso


individual, y por extrapolación, guiaría hacia un progreso social.

Si bastantes personas se sienten libres, y son animad@s a usar sus habilidades de observación y
raciocinio, grandes verdades emergerán. Estas verdades son reconocidas y aceptadas, no porque fueran
impuestas a la fuerza por alguna entidad totalitaria, sino porque todo el mundo tiene una experiencia similar
cuando las observa.

El hecho de que l@s Punks puedan narrarse un@s a otr@s y tener en común asuntos de prejuicios,
proviene de una experiencia compartida de ser tratados inadecuadamente por la gente que no les quiere
alrededor. Cada un@ tiene su propia experiencia de ser rehuído, y cada un@ puede verse reflejado en la
historia de alienación de otr@, sin alguna clase de adhesión a un código de comportamiento.

La verdad de los prejuicios proviene de la experiencia que tod@s ell@s comparten,


no de una fórmula escrita o una constitución a la que tengan que obedecer. L@s Punks aprenden de esta
experiencia que los PREJUICIOS están equivocados, este es el principio mediante el que ell@s rigen sus
vidas; ell@s no lo aprendieron de un libro de texto. Sin el afán por entender y el cuestionar las creencias
mantenidas, la verdad permanece cubierta detrás de la costumbre, la inactividad, y la ideología dominante.

¿Cuál es la Verdad?

Los filósofos distinguen entre la verdad con "V" mayúscula y la verdad con una "v" minúscula.
Los Punks niegan la primera.

La Verdad con "V" mayúscula asume que hay un orden prescrito por algún ser transcendental.
Es decir, que la verdad proviene en última instancia de Dios, que tuvo un plan para todo cuando
él creó el universo.

La verdad con "v" minúscula es esa que entendemos por nosotr@s mism@s, y sobre la que tod@s
nosotr@s podemos estar de acuerdo gracias a unas experiencias y observaciones similares de este
mundo. Esta también es conocida como verdad objetiva, desde nuestro interior, revelada aquí en este
mundo; como la verdad opuesta a la Verdad con "V" mayúscula, la cual proviene del exterior y es
proyectada hasta nosotros, concretamente para que la sigamos.

La moral necesita NO ser pensada como un producto sólo de la Verdad con "V" mayúscula. La verdad
objetiva es fácilmente adaptable a una cultura moralista y espiritual.

El PUNK ES: la creencia de que este mundo es lo que hacemos de él, la verdad proviene de nuestra
comprensión de cómo son las cosas, no del ciego apego a fórmulas acerca de cómo deberían ser las
cosas.
La dependencia del Punk de la verdad objetiva proviene de la experiencia compartida de ir a contra
corriente. Cualquiera, que haya sobresalido en una multitud, palpa la verdad de la experiencia.
Nadie tuvo que escribir una doctrina aceptable para el marginado, y para que éste entendiese lo que
significa ser diferente. La verdad fue bastante sencilla, y esa verdad pudo ser entendida y consensuada por
todos aquellos que compartían una experiencia común.

¿Qué es el miedo?

Los miedos, que conducen a la gente a conformarse, han causado épocas deprimentes en la historia de la
humanidad. La llamada Edad Media fue tranquila y sin agitación, pero también lúgubremente silenciosa y
pestilente, nunca para hallar una perspectiva que contrastase [los hechos]. El pseudo-bienestar y la
tranquilidad, que la gente de la Edad Media experimentó, por conformarse con una burocracia impuesta
rígidamente, impuesta por el rey y la iglesia, fueron completamente enmascarados por la miseria que
tenían que soportar en su vida diaria.

La vida es sencilla como un campesino, sin dirección, sin propósito, sólo producir más bienes y
descendencia para el beneficio del Rey. Pero aprovecharse del miedo para controlar a los campesinos
(o hoy en día a los obreros no cualificados en ese asunto) es sólo un nauseabundo ejercicio a corto plazo,
porque los campesinos tienen el mismo "equipamiento mental" que la realeza.

Los profundamente arraigados rasgos biológicos del autoreconocimineto y el deseo de expresar la


personalidad no pueden ser anulados por mucho tiempo. Con el tiempo los campesinos se dan cuenta de
que la vida sin el ejercicio de la razón es tan aceptable como ser un animal de granja. Ser controlado por el
miedo es lo mismo que ser biológicamente inerte, incapaz de tomar parte en el drama humano,
simplemente consumiéndose por completo.

El miedo que controla el comportamiento humano se aprende. Es diferente de la respuesta inmediata y


reflexiva del "huir-del-estímulo-repugnante" que otras criaturas emplean para sobrevivir. También tenemos
reflejos motrices como ellas, pero el miedo al fracaso y el miedo al hablar en voz alta provienen del sistema
límbico.

El sistema límbico es un circuito de neuronas en nuestro cerebro que controla nuestras emociones más
asentadas. Conecta dos partes del cerebro: el Meséncefalo, a donde se envía la información sensorial (es
decir, los estímulos visuales y auditivos) y el Cerebro (parte delantera), donde la información es procesada.
Aunque el Cerebro ha estado ahí presente durante 480 millones de años (estaba presente en los
vertebrados más primitivos), desarrolló funciones especiales con la llegada del género humano.

Una porción especializada del Cerebro, llamada la corteza cerebral, fue altamente desarrollada en los
humanos. El 95 % de nuestra corteza cerebral es responsable de las actividades mentales asociativas
como la contemplación y la planificación. El otro 5% es responsable del procesamiento de la información
motriz y sensorial.

Por comparación, un ratón (también considerado un vertebrado de los más evolucionados), tiene una
corteza cerebral con sólo el 5% de sus neuronas dedicadas a las funciones asociativas, mientras que el
95% son dedicadas a funciones motoras y sensoriales.

El sistema límbico altamente desarrollado está en el meollo de lo que significa ser human@.
Nosotr@s nos diferimos de otros animales en la cantidad de tiempo que gastamos planeando,
contemplando, y expresándonos. Nuestro sistema límbico es muy poderoso. Puede dominar las emociones
primitivas, y suprimir deseos profundos.

Cualquiera que alguna vez haya visto una película triste con l@s amig@s, e intencionalmente retuvo
las lágrimas porque (ell@s) no querían que sus amig@s les vieran llorar, empleó el poder de su sistema
límbico. (Ell@s) Contemplaron las repercusiones de la reacción de sus amig@s al llanto, y detuvieron la
cascada emocional que habría traído las lágrimas.

Del mismo modo que la racionalidad es producto del sistema límbico, el miedo también se concentra en las
mismas neuronas del sistema límbico. A menudo el miedo es un comportamiento racional, basado en
pensamientos irracionales, y puede paralizar el poder de procesar de la corteza cerebral. La negación y el
miedo van unidos de la mano, y ambos son ejemplos de cómo nuestro sistema límbico puede suprimir los
estímulos obvios y promueve una conducta que es segura y convencional.

El sistema límbico es como cualquier otro órgano en el sentido de que puede funcionar sin obstáculos
hasta producir resultados perjudiciales. El estar en contacto con nuestros cuerpos lleva a una salud general
en conjunto, y el sistema límbico necesita una atención constante con el propósito de dominarlo. Para
superar el miedo, un@ necesita estar en contacto con su sistema límbico,
y reconocer cuando está escondiendo lo obvio.

Las buenas maneras y el "ser agradable" son formas de la represión del sistema límbico, necesario a
veces, pero a fin de cuentas rebajando la originalidad humana. La mentira es la última forma de represión
del sistema límbico. Es una negación de lo obvio. Los narradores de la verdad, aquellos que son auténticos
y merecedores de confianza, han aprendido a dominar su sistema límbico. Reconocen el deseo de mentir,
pero racionalizan la inutilidad de defender algo que no es verdad.

L@s mentiros@s, por otra parte, son esclav@s de su sistema límbico, pierden el contacto con la mayoría
de sus capacidades mentales básicas. Su comportamiento es precavido y astuto porque dejan que su
deficiente razonamiento, para encubrir lo obvio, controle su personalidad entera. A la larga se tienen que
rendir a la verdad y reconocer la derrota, pero sólo después de que cada posible vía de decepción y de
lógica retorcida ha sido defendida en el interés de ocultar su miedo.

L@s polític@s, los curas, l@s caudill@s de las finanzas, y l@s jueces son maestr@s de la lógica retorcida
y de la promoción del miedo. Ell@s hacen de l@s Punks buenas dianas para la crítica intelectual porque
no respetan a la gente que ha aprendido a dominar su sistema límbico. Y l@s Punks no tienen miedo de
apuntar eso que es obvio, aún cuando su posición social podría ser puesta en peligro.

El PUNK ES: la lucha constante contra el miedo de las repercusiones sociales.

El Movimiento Punk

He intentado enumerar algunos de los factores que hacen del Punk un movimiento, en el sentido cultural.
El típico estereotipo de un imbécil rufián saqueando, destruyendo, robando, peleando, o discutiendo en el
nombre de alguna vacía y efímera causa no es más punk que la imagen "bonita-cara-cabeza-vacía" de las
estrellas del pop de hoy día.

Porque es muy fácil para las compañías discográficas vender imágenes de violencia, sexo, y egoísmo,
muchas bandas han picado en el anzuelo y se han retratado a sí mism@s como Punks, sin darse cuenta
que realmente estaban perpetuando un estereotipo de conformidad que desde luego no es punk.

La actitud del "Venga únete a nosotr@s", que busca atraer seguidores/as, a menudo resulta en una
multitud ruidosa de personas débiles que piensan que su poder descansa en las grandes cifras de clones
de la misma opinión que han recopilado. Sin embargo, no hay fuerza en los números si la gente es apiñada
por una mantra de mente cerrada, a su propio servicio, inductora de miedo, que promueve bandos y
principios excluyentes.

Las ideologías fuertes no requieren una muchedumbre, persisten a través del tiempo, y nunca se van,
porque están íntimamente relacionadas a nuestro mecanismo biológico. Son parte de lo que significa
existir como Homo Sapiens. El Punk representa esa tradición.

Este es un movimiento de proporciones épicas, va más allá de la proximidad del "aquí y ahora",
porque es, fue, y siempre será "ahí y para siempre", siempre y cuando los humanos anden por la Tierra.

Mientras entramos en una nueva era en la voraz marcha de la cultura, l@s Punks tendrán su día.
Internet ha permitido a la gente comunicarse directamente una vez más. En la Red, el comportamiento
humano es interactivo, como lo fue antes de la llegada de los medios de comunicación de masas.
La gente ahora fija su atención en discusiones ideológicas y temas sobre el estilo de vida,
contrariamente al comportamiento clásico del siglo XX autorecluyéndose de los seguidores,
y ateniéndose a un autoritario código (de un sistema de redes o comercial) del comportamiento aceptable.
Las mentiras y los misterios del elitismo se erosionarán rápidamente mientras la conversación mundial que
transpira diariamente en el Web invada más vidas de la gente.

La población mundial será más receptiva a ideologías alternativas porque ell@s las estarán creando.
La gente será menos receptiva a ideologías de instituciones obsoletas porque los agujeros y los defectos
en su lógica serán más amplificados cuando sean difundidos instantáneamente alrededor del mundo,
cuando lleguen a ser reveladas.

Las éticas de "La-fuerza-en-el-entendimiento" y "El-conocimiento-es-poder" que los Punks defienden


se convertirán en la norma. La rigidez, la brutalidad, y la inutilidad de las agendas secretas serán
hechas evidentes, allanando el camino hacia un reconocimiento de la singularidad humana, y hacia una
nueva era de originalidad.

¿Quién es Punk?

Todo el mundo tiene el potencial para ser Punk. Es mucho más duro para alguien que proviene de
una plácida, poco atractiva y desafiante, e ignorante educación, porque ellos no ven la importancia
de cuestionar o provocar a las instituciones que les dan tal tranquilidad. Pero tales ejemplos de
una existencia despreocupada son raros en el mundo menguante de hoy.

Los eternos interrogantes todavía arden en las mentes de muchas personas. Lo que significa existir como
ser humano se está haciendo más claro cada década. Algunas veces, la gente está acostumbrada a seguir
el camino seguro hacia una temprana sepultura por consumir y repetir el dogma de una horrible
aristocracia.

Por otro lado, el espíritu humano es difícil de aniquilar. El Punk es un microcosmos del espíritu humano.
L@s Punks salen adelante gracias a sus mentes, no a su fuerza bruta. Se adelantan a la sociedad por su
diversidad, y no por su conformismo. Motivan a otr@s por inclusión, no por dominación.

Están en la primera línea de la autosuperación y por extrapolación pueden mejorar el cariz de la raza
humana. Se atienen a principios universales no escritos de la emoción humana, obvios para cualquiera, y
evitan códigos de comportamiento elitistas, o agendas secretas. Encarnan la esperanza del futuro, y
divulgan los errores del pasado. No les digas que hacer, ellos ya te están guiando.

El Punk ES : la expresión personal de la singularidad que proviene de las experiencias de crecer en


contacto con nuestra habilidad humana para razonar y plantear preguntas.

El Punk ES: un movimiento que sirve para rebatir actitudes sociales que han sido perpetuadas a través de
la deliberada ignorancia de la naturaleza humana.

El PUNK ES: un proceso de cuestionar y de comprometerse a la comprensión, que resulta en el progreso


individual, y por redundancia, flores dentro de una evolución social.

El PUNK ES: la creencia de que este mundo es lo que hacemos de él, la verdad proviene de nuestra
comprensión de cómo son las cosas, no del ciego apego a fórmulas acerca de cómo deberían ser.

El PUNK ES: la lucha constante contra el miedo de las repercusiones sociales.

HEAVE METAL
Historia del “Heavy Metal” (metal pesado)

Dentro del reino del rock, el heavy metal, constituye uno de los apartados más extensos e irreductibles.
Sus orígenes se remontan a la segunda mitad de los sesenta. Tras Led Zeppelin, Deep Purple, Black
Sabbath y demás grupos británicos que sentaron las bases del género, el heavy conoce una rápida
expansión internacional, centrada sobre todo en Estados Unidos.

David Lee Roth dijo en 1982 que “el rock es entretenimiento escapista. Algo que toda sociedad necesita,
sea occidental o comunista. En este sentido hacemos los mismo que Fred Astaire y Ginger Rogers, sólo
que usamos un volumen mayor de sonido. La gente viene a nuestros conciertos y se olvida de los
conflictos con su mujer, o con su novia, o con su jefe de la oficina o el profesor. Hay países que lo intentan
prohibir pero es inútil: esas tácticas sólo consiguen que la gente se identifique más con el concepto del
rock”.

Es música intimidante, repetitiva, visceral. Embutida en sudor, decibelios y muecas, preserva en estado
puro el mito adolescente del rock como bandera de rebelión. Sospechosa ante los medios de
comunicación, su falta de respetabilidad exacerba su aureola de heroísmo. Aparenta estar fuera de la ley
para reforzar su magnetismo y vender una arisca válvula de escape.

Los forjadores del ruido metálico son los tres guitarristas que pasan por los Yardbirds: Eric Clapton que
define el perfil de los reyes de la guitarra con libertad para atormentar las cuerdas, deformar el sonido y
escupirlo con enormes columnas; Jeff Beck que se expresa con frases borrascosas e hirientes colocando
las agujas en la zona roja; Jimmy Page moldea los bloque sonoros, extrayendo posibilidades dramáticas
del enfrentamiento entre una guitarra en cinerama y una voz estratosférica.

Estas son las fases del asalto: la monumentalidad de Led Zeppelin abre el mercado; mucho menos estetas,
Deep Purple plasma una espectacularidad febril.

Lo empiezan a denominar Heavy Metal (metal pesado) y, en la primera mitad de los sesenta, queda
codificado. Musicalmente, con mayor o menor deuda hacia el blues eléctrico, es la suma de un bajo
atronador, una batería machacona, una guitarra solista desaforada y poco más; la voz se intenta abrir paso,
chillando entre instrumentos amplificados más allá del límite del dolor.

El heavy es rock elevado al cuadrado, el reflejo es un espejo deformante de todas las fantasías que han
nutrido esa música desde sus orígenes. Le han colgado el sambenito de la violencia pero no se ha hecho
merecedor de esa medalla a pesar de las poses y de las letras.

El incansable afán mitificador del cosmos heavy ha colocado a Deep Purple en lugar privilegiado de su
parnaso. Lugar y leyenda conseguidos por unos cuantos temas célebres, un trío de músicos carismáticos y
una abultada historia de descendencias bastardas. Pero no todo fueron durezas en la historia de este
grupo británico. A decir verdad, cuando Deep Purple nace, en febrero de 1968, sus componentes no tienen
claro qué tipo de música van a realizar.

Jon Lord (1941), un teclista con estudios musicales clásicos, que pasó por algunos grupos de rhythm and
blues; Ritchie Blackmore (1945), un guitarrista intenso que acompañaba a seres extravagantes como
Screaming Lord Sutch; Ian Paice (1948), batería miope y contumaz; el bajista Nicky Simper (1946), y el
vocalista Rod Evans (1945), salen a la palestra con una afortunada versión de Hush, del sueño de Joe
South. Pasó inadvertido en el Reino Unido, pero se encarama al número cuatro de las listas
norteamericanas en el verano de 1968. Voces melodiosas y juegos pantanosos de órgano.

Angus Young el guitarrista de ACDC dijo en 1984 “cuando te conviertes en un grupo de primera fila, lo
bonito es darle al público un buen espectáculo, algo extraordinario, eso sí, acoplado al mismo tipo de
atmósfera que lograríamos en un pequeño pub. Pero, personalmente, lo que me gusta es tocar: tengo
bastante con una guitarra y un ampli, no me hace falta nada más.

ACDC:

ACDC estableció un puente entre el decadente rock duro de mediados de los setenta y la nueva ola de
heavy de principios de esta década. Australianos, se decidieron a conocer internacionalmente casi al
mismo tiempo que el punk, fenómeno que parecía llegar desde su sonido tradicional. Nacieron en 1974,
entre Sidney y Melbourne, alrededor del núcleo de los hermanos Young, y ofrecieron una alternativa válida
a la senilidad prematura de los grandes monstruos de género. Su propuesta se basaba principalmente en
la inmediatez , la energía y la falta de pretensiones. En su despegue inicial tuvo especial importancia la
asistencia de George Young, hermano mayor de Angus y Malcolm, quien había acumulado experiencia
musical durante los sesenta como miembro de Easybeats.

BON JOVI:

Carne joven. Emergieron en 1983 en el vagón de cola del nuevo heavy e ilustran la mutación del género.
Son todo imagen. Sexo tierno. Maliciosos, guiños de lujuria adolescente servidos en sólidas canciones y
lujosa factura.

IRON MAIDEN:

Cabecera de la nueva ola de metal británico, nadie ha conjurado como ellos los fantasmas del pasado:
energía, técnica y épica mitología. Riffs reencarnados y melodías agraciadas esquivando cambios de ritmo
y lances a dos guitarras.

KISS:

Son un comic. Llegaron en 1973 como la mayor extravagancia del rock. Escupían sangre. Echaban fuego.
Y hacían explosiones nucleares, sirenas, mientras Gene Simmonds movía una viscosa lengua. Nadie
podía fotografiarles sin el maquillaje. Todo un montaje traducido en 30 millones de discos.

GARY MOORE:

El heavy inteligente. Su esbelta combinación de impacto metálico y guante pop es la respuesta perfecta a
las nuevas exigencias. Impresionante guitarrista, conserva reflejos y capacidad de sorpresa. Escoge con
gusto sus versiones y evita los solos superfluos. A los 16 años, en Dublín ya andaba con los experimentos
Skid Row.

En un género habitualmente masculino, pocas chicas han logrado hacerse un hueco. Aparte de las
Runaways, Girlschool son el ejemplo más ilustre: duras inspiradas y buenas instrumentistas.

“El alcohol es lo que me hace tocar así. El alcohol y la gente que me rodea, gente viciosa” (Rowland S.
Howard)

La industria del rock lanza regularmente estrellas de la guitarra, pero, después de Hendrix, ha ignorado
sistemáticamente a los músicos negros. Sin embargo, algunos de los sonidos más abrasadores de los
últimos tiempos proceden de guitarristas que vienen del punk-jazz.

LED ZEPPELIN:

Jimmy es un tipo raro, devoto de la brujería y los saberes esotéricos, y al mismo tiempo reputadísimo y
precoz músico de sesión, que a esas alturas ha trabajado para los Kinks, Joe Cocker, Donovan, Them, Tom
Jones y otras lumbreras de la música británica del momento.

Ese verano de 1969 conoce a Robert Plant (1948), solista en grupos ignotos, y las músicas de la Costa
Oeste. El chico tiene imagen y, sobre todo, aúlla de un modo devastador. Congenian y queda fichado para
el nuevo grupo de Page.
Precisamente Pant recluta como batería a un corpulento compinche, sumo bebedor y aporreador
incansable, que atiende por John Bonham (1948). El bajista, en cambio, en cambio, será un viejo conocido
de Page, músico y arreglista de estudio con el que coincidió en algunas sesiones.

Keith Moon, batería de los Who, bromea un día con ellos sobre el vuelo de un “dirigible de plomo”. Y la
banda es bautizada como Led Zeppelin. A los mandos comerciales de la nave se sienta un tal Peter Grant,
representante, reconocido y responsable en gran medida del meteórico ascenso de la banda.

GENERACIÓN POSIBLE*
Prácticas Culturales y Expresiones Juveniles
Por Edgar Arias Orozco
“No podemos quedar fijados en el pasado ni tampoco deleitarnos en la mirada del abismo. En este camino
sin salida que enfrentamos hoy, la recreación del hombre y su mundo se nos aparece no como una
elección entre otras sino como un gesto tan impostergable como el nacimiento de la criatura cuando es
llegada su hora.”
Ernesto Sábato

Habiendo recorrido ligeramente algunos de los acercamientos conceptuales a las prácticas y expresiones
juveniles, es necesario precisar lo que se entiende por Prácticas Culturales Juveniles, concepto igualmente
utilizado para denotar los modos colectivos de ser, hacer y sentir de los jóvenes. Sin embargo este
concepto puede significar de manera mucho más amplia todas las acciones, expresiones, acontecimientos
producidos por los jóvenes individual o colectivamente, que conservan, recrean, configuran o transforman
directa o indirectamente la estructura simbólica, las representaciones sociales dominantes sobre la
interacción cultural, las actitudes ante la vida y los sentidos de futuro de una sociedad.
De tal manera las prácticas culturales juveniles pueden ser prácticas culturales desarrolladas por el mundo
adulto, en este sentido pueden ser de adscripción, o también pueden diferenciarse radicalmente o son
prácticas culturales asimilables en tanto la necesidad de articularse a lógicas preestablecidas y
consideradas necesarias para la convivencia o la organización social. Pueden significar la apropiación por
parte de los jóvenes de un acumulado científico, artístico, político, humano para ser reeditado, fortalecido,
reivindicado o recreado en acciones y experiencias socializadas, comunicadas.
El concepto de Prácticas Culturales Juveniles puede traer algunas dificultades a la hora de precisar
intereses o intenciones en la comprensión que queremos construir sobre el mundo de los jóvenes. Por
ejemplo, si la cuestión está en definir cuáles serían prácticas netamente juveniles, podríamos entenderlas
como aquellas que son autoproducidas y agenciadas desde y por los jóvenes, dejando de lado todas
aquellas producciones y prácticas culturales que son el resultado de la reproducción cultural o el
fortalecimiento de estructuras simbólicas, sin embargo puede decirse que son juveniles por el lugar que
ocupa el joven en la práctica cultural o la expresión, aún tengan mediación por el mundo adulto, los
imaginarios, conocimientos, lógicas colectivas juveniles imprimen sentidos diversos a la expresión o la
práctica. La fuerza, el impulso, la pasión, la pregunta y la insatisfacción cruzan las prácticas, actitudes y
virtudes que son fundamentalmente juveniles.
Desde otro enfoque puede afirmarse que algo que daría la connotación de práctica cultural juvenil es la
capacidad de dicha práctica de identificarse de una generación específica y de tener trascendencia social e
histórica, sin embargo toda práctica cultural ha de tener un nivel de trascendencia social e histórica ya sea
porque sostiene o transforma el entorno sociocultural. En esta medida es pertinente partir del concepto
que se sugiere de entrada sobre Prácticas Culturales Juveniles que recoge la propuesta de lectura de la
juventud de la ciudad según las formas en que se expresa estética y sociopolíticamente, en que se agrega
o agrupa y en que configura subjetividades, quiere esto decir que optamos por una definición que centra su
atención en los sentidos que estas diversas prácticas están modelando, que enfatiza en el contexto y el
papel cultural, social y político que cumplen en él.
Encontramos entonces, prácticas culturales juveniles en el campo de las expresiones estéticas y
sociopolíticas, evidentes en grupos de rock, hard core, punk, metal; grupos de rap, poetas o grupos de
poetas jóvenes, organizaciones y redes juveniles, colectivos por la objeción de conciencia, organizaciones
antitaurinas, movimientos juveniles por la paz, organizaciones de mujeres jóvenes, organizaciones
juveniles ambientalistas, propuestas comunicactivas (vídeo, prensa, radio), expresiones y acciones de los
gay, que desde diversas estrategias están tratando de establecer diálogos críticos y propositivos con los
mundos adultos, para ampliar los marcos de comprensión y opción ética, política, estética, ideológica y
subjetiva. Aún en medio de un contexto de “productividad y eficiencia versus consumo y goce, estas
expresiones juveniles se distancian de la opción única por integrarse o adaptarse a las lógicas
socioculturales dominantes.
De otro lado están las prácticas culturales juveniles más cercanas a modas, estéticas corporales y gustos
que de alguna forma expresan rebeldía, insatisfacción y contradicción con los mundos adultos, que hemos
llamado agregaciones de subjetividades: jóvenes que se visten con ropas sucias, rotas o viejas, o
desproporcionalmente anchas y largas, de colores negros y oscuros; el cabello erizado hacia múltiples
direcciones, pintado de muchos colores, engominado, estirado, encogido, sucio y enredado, de cortes
excéntricos y variados como los rapados parciales, las planchitas, la terraza o la cortina; los piercing en la
lengua, las cejas, la nariz o el ombligo; los diez aretes en las orejas; collares con diversos símbolos y
signos, pulseras con mensajes de distintos materiales envuelven las muñecas; tatuajes con imágenes
agresivas, románticas, satánicas, simbólicas o con mensajes y palabras cubren hombros, brazos,
espaldas; diversos gustos musicales se amalgaman para asombrar los gustos musicales de los adultos:
trance, ska, raga, punk, metal, hard core, rap, entre otros, aparecen en imágenes sonoras y plásticas, en
camisetas y cachuchas, para marcar diferencias, tendencias, preferencias y actitudes distintas frente a la
sociedad; formas de mirar, caminar y moverse expresan igualmente posiciones subjetivas y grupales;
miradas evasivas, agresivas, soberbias, convencidas, planas, indiferentes, incrédulas, se vuelven
comunes, como también sucede con las no miradas, aquellas que se niegan el encuentro; los cuerpos se
encorvan, se acicalan y fortalecen, se vuelven ágiles o sedentarios, se muestran o se ocultan; el caminar
expectante, coqueto, seductor, desgarbado, altanero, llamativo, desconectado, bacano, grupal; el baile
solitario, comunitario, quebrado, suelto, sensual, introspectivo, sinuoso, liberador, explosivo, conquistando
un territorio plural, explorando nuevos movimientos.
Música, estética corporal y amigos constituyen un triángulo sólido que describe la manera sensible como
los jóvenes pueden igualmente confrontar o contradecir lógicas y sensibilidades adultas. En este aspecto
hay que ser muy cuidadosos, tratar de reconocer en cuáles de estas prácticas los jóvenes pueden estar
configurando nuevas sensibilidades, están ampliando los márgenes de tolerancia social por la diferencia y
la diversidad, están quebrando formas culturales de apropiación y disfrute del cuerpo o están
enriqueciendo los lenguajes de interacción social; pues además es cierto que algunas de estas prácticas
igualmente dan cuenta de procesos de enajenación y gregarismo juvenil, que dificultan o impiden
intenciones de construcción autónoma subjetiva y de relaciones críticas frente al mercado o el consumo.
Por último es necesario señalar que hay otro tipo de prácticas culturales juveniles que se enmarcan más en
la integración social y cultural a los mundos adultos. Aunque en ese proceso de integración es posible
encontrar jóvenes con oposiciones a esquemas y estructuras, la tendencia mayoritaria apunta a vincularse
funcionalmente al modelo social hegemónico. Estas prácticas culturales podrían tildarse de conservación y
adaptación, muchas veces obligadas por tener que responder a las necesidades de supervivencia..
VENTANA CENTRAL: SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN Y NUEVAS IDENTIDADES
Autor: Néstor García Canclini
Título: Culturas juveniles en un época sin respuesta
Estudios sobre Juventud
Edición: año 8, núm. 20
México, DF, enero-junio 2005
Al preguntar qué significa hoy ser joven, encontramos que la sociedad que se responde que su futuro es
dudoso o que no sabe cómo construirlo está contestando a los jóvenes no sólo que hay poco lugar para
ellos. También se está respondiendo a sí misma que tienen baja capacidad, por decir así, de
rejuvenecerse, de escuchar a los que podrían cambiarla.
Uno de los avances más notorios en el conocimiento de la juventud ha sido descubrir que la pregunta por
lo que significa ser joven no es sólo una pregunta generacional, ni menos aún una pregunta pedagógica o
disciplinaria. Quiero examinar en qué sentido la interrogación por lo que significa ser joven es una pregunta
social y es una pregunta por el tiempo.
Pregunta social: o sea, no sólo por las características de una edad, un periodo de vida, que importaría
básicamente a los que lo atraviesan. Es una pregunta que la sociedad se hace a sí misma: cómo comienza
a ser su futuro. Cuántos torneros y cuántos ingenieros va a haber, cuántos médicos y cuántas enfermeras,
cuántos con educación universitaria y cuántos desempleados y cuántos migrantes desesperanzados con el
país; cuántas oportunidades dará a los jóvenes para que participen en su cambio como ciudadanos,
cuántos mensajes que los inciten a irse. Sabemos que en México éstas no son preguntas retóricas: 39% de
los jóvenes no tienen trabajo, 54.4% de los que están en edad de estudiar no lo hacen, revela la Encuesta
Nacional de Juventud.
La averiguación de lo que significa ser joven es también una pregunta por el tiempo. Ya los años ochenta
fueron llamados la década perdida de América Latina. Los organismos internacionales que evalúan los
últimos cinco años de nuestras economías afirman que la recesión de este último quinquenio otra vez
obliga a hablar de media década perdida. Es la misma evaluación que hacen los empresarios que llevan
sus inversiones al extranjero, los gobernantes que siguen prefiriendo privatizar porque los Estados que
ellos mismos dirigen no les parecen administradores confiables ni eficientes, pese a que los escándalos
mayúsculos de tantas empresas privatizadas de los últimos años –en Estados Unidos, México, Argentina y
España– advierten que se puede confiar poco en las empresas transnacionales o las privadas del propio
país. La pregunta por el tiempo que viene o que nos queda la responden también negativamente los
profesionales, campesinos, obreros y estudiantes que se van, pero sobre todo los desempleados que se
cansaron de esperar.
Al preguntar qué significa hoy ser joven, encontramos que la sociedad que se responde que su futuro es
dudoso o que no sabe cómo construirlo está contestando a los jóvenes no sólo que hay poco lugar para
ellos. También se está respondiendo a sí misma que tienen baja capacidad, por decir así, de
rejuvenecerse, de escuchar a los que podrían cambiarla.
En este contexto, adquieren nuevo sentido varias preguntas que recorren el pensamiento actual: por qué
se evaporan las utopías y a casi nadie le importa tenerlas; por qué los jóvenes viven en el instante, por qué
no se interesan por la historia, no les interesa tener historia, y miran con escepticismo o indiferencia a
quienes les hablan del futuro. No voy a insistir en la aclaración de que hay jóvenes politizados o al menos
socialmente responsables, que asumen el pasado y tienen expectativas, que no resbalan por el
desencanto. Vamos a tomar en serio, sin atenuantes, el desencuentro entre las formas organizativas
hegemónicas y los comportamientos prevalecientes entre los jóvenes; la contradicción entre las visiones
convencionales de la temporalidad social y las emergentes en las culturas juveniles.
Voy a exponer, más que una visión de conjunto, que no tengo, algunas reflexiones en fragmentos. No
obstante, trataré de enunciar ciertas tesis generales sobre el tipo de globalización que se les propone a las
nuevas generaciones en América Latina. Algunas de las condiciones en que se especifica nuestro modo de
mundializarnos derivan de la creciente dependencia de Estados Unidos, y de la perspectiva de
intensificarla a través del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas impulsado por Estados Unidos para
que se firme en 2005, así como de la creciente presencia europea, sobre todo española, en la región.
Debemos explorar qué pueden hacer todavía los ciudadanos, los organismos nacionales e internacionales
para reconocer la diversidad cultural y sumar recursos, convertirse en una economía de escala y reenfocar
las tareas socioculturales.

I. Nacer con deudas


A las nuevas generaciones se les propone globalizarse como trabajadores y como consumidores. Como
trabajadores, se les ofrece integrarse a un mercado liberal más exigente en calificación técnica, flexible y,
por tanto inestable, cada vez con menos protección de derechos laborales y de salud, sin negociaciones
colectivas ni sindicatos, donde deben buscar más educación para finalmente hallar menos oportunidades.
En el consumo, las promesas del cosmopolitismo son a menudo incumplibles si al mismo tiempo se
encarecen los espectáculos de calidad y se empobrecen –mediante la creciente deserción escolar– los
recursos materiales y simbólicos de la mayoría. avanzados por internet, en tanto la mayoría se quedará en
la televisión gratuita, los discos y los videos piratas. Según los datos de la Encuesta Nacional de Juventud
en México, 77% de los hogares con jóvenes cuentan con televisión (señal abierta), en tanto sólo 6%
dispone de internet. La disparidad entre informatizados y entretenidos aumenta en países donde la deuda
externa y la corrupción interna producen desmothernización (para usar el neologismo de Roger Bartra). Es
significativo cómo describe el Sistema Económico Latinoamericano (SELA) la manera en que se nos
presenta la deuda. Su informe de julio de 2001 dice que cada habitante latinoamericano “debe 1500
dólares al nacer”. En tales declaraciones parece que la condición de deudores fuera un trágico destino
prenatal. Pero también sabemos que esa cifra promedio de la deuda significa para algunos habitantes lo
que ganarán en una semana o unas horas, y para la mayoría de los indígenas y campesinos su salario de
cinco o 10 años. Una consecuencia, de estas desigualdades es que a unos les resulte dramática esa
deuda inicial y otros la encuentren saldada desde que entran en la guardería. No es lo mismo enfrentarla
en países con recursos estratégicos abundantes, o planes de desarrollo sostenidos durante décadas
(Brasil, Chile, México, quizá los tres mejor situados en la globalización), que donde la inestabilidad,
gobiernos erráticos y corruptos, enajenaron casi todo, como en Argentina. Como las deudas nos persiguen
de diversas maneras, son distintas las posibilidades de evadirlas o modificarlas.
Pero a la vez, en esta condición de subordinación extrema debido al endeudamiento, las políticas
neoliberales impulsadas desde Washington y algunos organismos transnacionales, proponen integrarnos
en el Acuerdo de Libre Comercio de Las Américas (ALCA) para el año 2005. Jamás una política de
reestructuración económica, ni la populista ni la desarrollista, había logrado imponerse en forma simultánea
y con tal homogeneidad como el neoliberalismo en el conjunto de los países latinoamericanos.
¿Qué efectos ha tenido esta globalización neoliberal en los 20 años que lleva aplicándose? Hay que
evaluar tanto sus impactos en la economía y la política como para el desarrollo sociocultural. Las cifras
revelan que, a diferencia del liberalismo clásico, que postulaba la modernización para todos, la propuesta
neoliberal nos lleva a una modernización selectiva: pasa de la integración de las sociedades al
sometimiento de la población a las elites transnacionales. Amplios sectores pierden sus empleos y
seguridades sociales básicas, se cae la capacidad de acción pública y el sentido de los proyectos
nacionales.
Para el neoliberalismo la exclusión es un componente de la modernización encargada al mercado. El
control de la inflación mediante las políticas “de ajuste” y el dinero obtenido a través de las privatizaciones
(de aerolíneas, petróleo y minas, bancos y empresas estatales de otras ramas) logró reimpulsar las
economías de algunos países latinoamericanos, o estabilizar a otras, a principios de los años noventa. Fue
una recuperación frágil, casi sin
efectos en el desempleo, la seguridad y la salud. Tampoco corrigió desigualdades. Los desequilibrios
históricos y estructurales entre países, y dentro de cada nación, se agravaron.
Toda recuperación temporal, limitada a sectores de algunos países, será precaria mientras no se
renegocien las deudas externa e interna de un modo que permita crecer en conjunto. El hecho más
desestabilizador y empobrecedor de los últimos 30 años es el aumento sofocante de la deuda externa. Los
latinoamericanos debíamos 16 mil millones de dólares en 1970; 257 mil millones en 1980 y 750 mil
millones en 2000. Esta última cifra según la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (cepal) y
el Sistema Económico Latinoamericano (sela), equivale a 39% del producto geográfico bruto y a 201% de
las exportaciones de la región. No hay posibilidades de reducir los más de 200 millones de pobres, explica
el secretario permanente del sela, si no reunimos el poder disperso de los deudores.
¿Por qué se atrasa nuestra modernización? Hay algo más que la repetición de los intercambios desiguales
entre naciones e imperios.
Pasamos de situarnos en el mundo como un conjunto de naciones con gobiernos inestables, frecuentes
golpes militares, pero con entidad sociopolítica, a ser un mercado: un repertorio de materias primas con
precios en decadencia, historias comercializables si se convierten en músicas folklóricas y telenovelas, y
un enorme paquete de clientes para las manufacturas y las tecnologías del Norte, pero con baja capacidad
de comprar, que paga deudas vendiendo su petróleo, sus bancos y aerolíneas. Al deshacernos del
patrimonio y de los recursos para administrarlo, expandirlo y comunicarlo, nuestra autonomía nacional y
regional se atrofia, así como el porvenir de las nuevas generaciones.

II. Preguntas culturales sin respuestas políticas…


Ésta es la situación macrosocial de la cual partimos para repensar el futuro de los jóvenes.
¿Quiénes se hacen cargo de las preguntas que surgen de este paisaje desencantado? ¿Cómo intentan
responderlas y por qué es tan difícil creer en las respuestas?
En muchos países se oyen quejas porque los países no escuchan a los intelectuales, los científicos ni a los
jóvenes, recortan el presupuesto de la educación, las investigaciones y los programas sociales. Suele
atribuirse esta desatención al desmantelamiento de las instituciones públicas por la mercantilización de la
vida social y la tendencia neoliberal a reducir los intercambios entre las personas a su rédito económico.
Sin negar la validez parcial de esta explicación, quiero ensayar otra lectura de lo que está cambiando. Se
me ocurre que si las preguntas culturales no tienen respuestas políticas es porque ahora son otros quienes
formulan las preguntas y también fueron remplazados los que daban las respuestas. Más allá de que hoy
evaluemos que muchas interrogantes y contestaciones estaban equivocadas, en los tiempos fundacionales
o de desarrollo de las repúblicas modernas las preguntas radicales las hacían intelectuales humanistas,
que podían llegar a ser políticos, como Domingo Faustino Sarmiento en Argentina, José Vasconcelos en
México, André Marlaux en Francia, o eran disidentes escuchados por los gobernantes y los medios
masivos, por ejemplo Jean Paul Sartre u Octavio Paz.
Leo en un análisis de las formas públicas de comunicación, efectuado en abril de 2001, que hoy la
televisión hace la pregunta e internet responde.1 Ojalá fuera tan sencillo, pero la simplificación de la
fórmula sintetiza un proceso que va aproximadamente en esa dirección. Es elemental reconocer que el
sentido cultural de una sociedad se organiza cada vez menos en las novelas que en las telenovelas, más
que en las universidades en la publicidad. Y los políticos, que en otro tiempo decían tener respuestas
acerca de para qué vale la pena estar juntos (como nación y como comunidades de consumidores), han
dejado que esas cuestiones sean respondidas por los creativos publicitarios y los inversores.
La pérdida de proyectos nacionales se manifiesta también en las migraciones. A diferencia de los exilios de
los años sesenta, en que millones de latinoamericanos huían de la represión militar, con la esperanza de
volver, en la última década argentinos, peruanos, venezolanos y ecuatorianos se despiden de sus países
por la pérdida de sus empleos, el descenso en la calidad de vida o las dificultades de sobrevivir, y la
convicción de que esta decadencia económica y social seguirá agravándose por la incapacidad de sus
naciones de recuperarse. El caso más trágico es el de Colombia, donde el debilitamiento del desarrollo
endógeno se agrava con la descomposición del país más balcanizado por la guerra y la semidesaparición
del Estado.
Si de 10 a 20% de la población de estas naciones se ha dispersado en España, Estados Unidos, Canadá,
Australia, y las encuestas anuncian que en algunos países la mitad quisiera irse, hay que preguntarse qué
está quedando de esas naciones. Si las naciones fueron, antes de tomar forma como sistema político,
organización económica y delimitación cultural, comunidades deseadas e imaginadas, ¿qué resta de ellas
cuando se percibe que las decisiones políticas y económicas ya no se toman en las instituciones del propio
país y un amplio sector siente que ni vale la pena imaginarlo
INTRODUCCIÓN DE UN ANÁLISIS ACTUAL DE LA JUVENTUD
De un tiempo a esta parte, han surgido en nuestro país una serie de cuestionamientos a ciertas
manifestaciones juveniles que han venido paulatinamente asomándose y adquiriendo fuerza en nuestras
urbes. No está demás decir, que estas manifestaciones han sido catalogadas como situaciones problemas
que escapan al control normativo de la sociedad, por lo tanto, han sido objeto de cuestionamientos, como
formas de expresión juvenil, identificándolas, como fuente de peligro y riesgo para el orden social, con la
utilización de rótulos como delincuentes, drogadictos, jóvenes pandilleros, apáticos, entre otras cosas.
Estas miradas de la sociedad, como señala Barbero (1988) no estarían centradas en la preocupación «por
las transformaciones y trastornos que la juventud está viviendo, sino más bien por su participación como
agente de la inseguridad que vivimos». Entonces, todas las obsesiones del mundo adulto con los jóvenes,
de corte moralista principalmente, denotarían la miopía y la hipocresía de la sociedad en que vivimos, que
no es capaz de darse cuenta que el problema no está tanto en los jóvenes, sino en la sociedad que se ha
construido, por lo tanto como lo señala el autor, «ellos están haciendo visible lo que desde hace tiempo se
ha venido pudriendo en la familia, en la escuela, en la política». Son ellos los que están reconstruyendo y
creando nuevos modelos societales, nuevos valores y solidaridades, construyendo nuevas subjetividades,
en el fondo como diría «De Kiruza» perciben que «algo está pasando, algo huele mal», quizás no tengan
claro el o los caminos a seguir, las propuestas, pero hay algo allá afuera, ciertas intuiciones que hay que
considerar.
En ese sentido, lo que deberíamos preguntarnos, más que estigmatizar, caricaturizar o ridiculizar, es qué
se esconde detrás de estas manifestaciones culturales de los jóvenes; qué nos quieren decir, cuestión que
no es tan sencilla, ya que implica dar un giro en la mirada del observador, que tiene que dejar de lado, una
mirada externa, donde esta mirada refleja una forma de interpretación constructora de una sola verdad y
conocimiento, y pasar al punto de vista del observado, y tratar de comprender e interpretar desde este
sujeto, las construcciones y significado que hacen de sus acciones, de su vida. En el fondo, situarnos en lo
que Rossana Reguillo (1998) llama una epistemología del encantamiento donde se reconoce con respeto
la condición y calidad de sujetos a los jóvenes y sus manifestaciones culturales, y abandonar una
epistemología de la distancia.
En las próximas líneas, se pondrán en circulación algunos elementos que podrían ayudarnos a realizar un
ejercicio más comprensivo sobre este nuevo tipo de manifestaciones culturales juveniles, de nuevas
subjetividades y sociabilidades sacudiéndonos de ciertos marcos tradicionales para entender el fenómeno
de las juventudes, los jóvenes y sus culturas, que actualmente se expresan en el fenómeno de las «tribus
urbanas».
La aproximación que vamos a realizar obedece principalmente a ciertas intuiciones reflexivas en torno a la
aparición de estas nuevas culturas, dentro de procesos complejos que está viviendo el mundo moderno y
que ha llevado en palabras de Maffesoli (1988) a un proceso de tribalización de la sociedad moderna,
donde podemos situar la aparición de estas denominadas «tribus urbanas» como nuevas expresiones de
subjetividad. Por lo tanto, esta reflexión se enmarca dentro de los procesos de comprensión respecto de la
emergencia de estas nuevas culturas, tan estigmatizadas y etiquetadas por el mundo oficial, adulto y
moderno, como señalábamos anteriormente.
Las preguntas que vienen a rondar a estas nuevas realidades, apuntan a cuestiones relacionadas con la
sociabilidad, entendida como la construcción de relaciones, redes, vínculos de amistad, entre individuos
pertenecientes a un mismo grupo u organización. ¿Por qué aparecen? ¿qué los une? ¿qué hace que se
nucleen y actúen como las antiguas tribus y clanes, construyendo de esta manera lazos y lealtades fuertes
entre otras cosas, como las que podemos observar en estas agrupaciones? ¿qué nuevos modelos
societales están en germen en estas manifestaciones?
Una posible respuesta al parecer, está en la búsqueda de afectos, de nuevos tipos de relaciones que dejen
de lado las construcciones sobre las relaciones sociales realizadas por la modernidad, marcadas por la
racionalidad o producto de la división del trabajo, que ha llevado a la perdida de éstos, en lo que hoy
llamamos sociedad moderna. Ésta sería la gran crítica a la modernidad y una de sus características
centrales, sobre las cuales se asienta lo postmoderno. En el fondo, la recuperación de lo que hemos
perdido, —aunque no el sentido de la nostalgia de lo perdido— la vuelta a lo tribal, a lo afectivo-emocional,
propio de la comunidad, cuestión que se profundizará en los próximos párrafos.
La pregunta, que tendríamos que hacernos, es ¿cómo se puede explicar esta separación de lo afectivo y lo
racional? Para responder esto, necesitamos remontarnos a la emergencia de la razón, que se constituye
en un momento determinado de la historia, como el único discurso válido que puede darnos explicaciones
objetivas y verdaderas sobre el mundo, dejando de lado y enviando a la periferia todo lo que sea subjetivo
o irracional, como va a hacer el caso de las explicaciones religiosas, por ejemplo. Descartes en su famosa
máxima «pienso luego existo» pone de manifiesto lo dicho anteriormente, la primacía de la mente, lo
racional, sobre el cuerpo, los sentidos, los afectos, los sentimientos, etc.
Esto ha sido bastante trabajado desde la sociología. Uno de los «padres fundadores» de esta disciplina,
Max Weber, al cual podemos catalogar como el gran reflexivo de la modernidad, señalaba que lo que
caracteriza a la sociedad moderna es el proceso de racionalización que se da en ésta, o sea la razón como
un todo único, la cual se manifiesta preferentemente, en la emergencia de la ciencia como única
generadora de conocimiento, o como el gran metarelato, en conjunto con la aparición de la secularización,
la burocracia y del capitalismo.
Otro distinguido sociólogo, Durkheim, nos señala que estos procesos de racionalidad asociados a los
procesos de industrialización, han provocado que las relaciones de sociabilidad se vean afectadas,
trastocadas y transformadas, lo cual ha socavado a la comunidad, reemplazándola por la sociedad.
Entonces asistimos al desplazamiento de formas de relaciones sociales más afectivas, cara a cara, que
integran al individuo a la comunidad a partir de lo que Durkheim ha llamado solidaridad mecánica
(integración por similitud), a formas de relaciones sociales marcadas por procesos de individualidad y
donde el individuo se integra por necesidades gestadas por las diferencias de funciones que cumple cada
uno al interior de la sociedad, lo cual genera interdependencia entre éstos, en lo que Durkheim llamaba
solidaridad orgánica (integración por diferencia). Este proceso conduce necesariamente a la construcción
de un hombre donde prima la autonomía individual, por sobre lo comunitario.
De esta forma la modernidad y por ende la sociedad moderna, no sólo es racional sino que también se le
puede sumar la característica de funcional, abandonando todo lo que se aparta de esto, en este caso, lo
afectivo, lo táctil, el cuerpo, entre otras cosas.
Se puede señalar a partir de esto, que la modernidad ha provocado la desintegración de la comunidad y
una ruptura de las relaciones primarias; los espacios culturales locales sufren los embates de la globalidad
desestabilizándose antiguas formas establecidas de identidad y cultura, siendo reemplazadas por espacios
culturales nuevos y distintos; espacios que tienen la característica de ser globales.
La pregunta que surge entonces es, ¿cómo reconstruyen la comunidad, las relaciones primarias y la
identidad (entre otras cosas) los jóvenes que pertenecen o se nuclean alrededor de lo que se ha
denominado tribus urbanas?
La intuición que emerge como respuesta, resulta de una paradoja. La idea de la modernidad asimilada a la
aldea global, del predomino de una sola cultura, en el fondo, de una cultura hegemónica, encuentra su
respuesta en la aparición de microculturas o microsociedades; de nuevas sociedades primitivas —en el
sentido durkheimniano de elementales— que empiezan a emerger en las grandes ciudades alterando el
mapa urbano —en lo que la escuela etnográfica de Chicago llamara las zonas intersticiales de la ciudad—
y el orden metropolitano. En el fondo, lo que se intentaba destruir (la variedad cultural) acaba
reconstruyéndose o recreándose en nuevas formas de culturas urbanas, en algunos casos contestatarias y
resistentes a la cultura dominante.
Estas microculturas, cuya expresión visible son lo que denominaremos tribus urbanas, comienzan a ser
estudiadas allá por lo años 30, por lo que se ha llamado dentro de la tradición sociológica, la Escuela de
Chicago o escuela de «ecología urbana», centrándose en temas, que en esa época eran considerados
marginales como la delincuencia, la marginación social, la prostitución, las culturas juveniles (pandillas,
bandas); temáticas que emergen en el nuevo ecosistema urbano de Chicago (Ganter y Zarzuri, 1999).
Sin embargo, antes de entrar de lleno en estas microculturas juveniles que aparecen en un mundo
postmoderno, realizaré algunas referencias al concepto de culturas juveniles, en las que se insertan estas
nuevas manifestaciones.
El concepto de culturas juveniles remite a dos conceptos centrales: cultura y juventud, los cuales como
conceptos han tenido, tienen y van a seguir teniendo distintas definiciones, adquiriendo un carácter
polisémico, que va a depender donde nos situemos a la hora de aventurar una definición.
Podemos partir señalando que lo que vamos a entender por jóvenes o juventud, es una categoría que ha
sido construida socialmente y que encuentra su sentido en un espacio cultural determinado. Por lo tanto,
esta es una construcción cultural, la cual como lo señala Walter Grob (1997), «no es una fase natural del
desarrollo humano, sino una forma de comportamiento social que debe ser vista ante todo como un
resultado de la cultura occidental y, consiguientemente, de la formación de la sociedad industrial moderna».
Sin embargo, hay que considerar que esta construcción no sólo es resultado de la cultura y de la sociedad,
sino que las distintas aproximaciones que tenemos al concepto, responden a las posiciones que
adoptemos como observadores, a las distinciones que podemos realizar, y que obviamente se enmarcan
dentro de los marcos culturales de la sociedad en que vivimos.
En este sentido, la juventud y el concepto de joven es una construcción moderna que tiene su origen sólo a
partir de principios del siglo pasado en la época de la primera industrialización.
Realizar un rastreo de lo que se ha llamado joven(es) o juventud(es), en cuanto a imágenes que remiten a
un concepto moderno, nos retrotrae hasta tiempos históricos más antiguos. Algunos autores como Carlos
Feixa (1998) y G. Levi y J. Schmitt (1995) han podido encontrar pistas o interpretar el tiempo histórico en
búsqueda de la juventud o los jóvenes a través de la construcción de modelos de juventud y que
especialmente para Feixa, corresponden a ciertos tipos de sociedad.
Como se puede apreciar, el concepto de jóvenes recién aparece en las sociedades postmodernas
industriales y asociado a ciertas manifestaciones culturales que comienzan a emerger durante los años
cincuenta, especialmente en los Estados Unidos, de la mano del rock and roll, van a ir dando origen a lo
que conocemos como cultura juvenil.
Siguiendo a Pérez Isla (1998:49ss), las relaciones sobre juventud y cultura han estado centradas en tres
enfoques, los cuales se consideran centrales al momento de articular estos conceptos.
El primer enfoque está asociado a la Escuela de Chicago, que se va a interesar en las transformaciones
que está sufriendo la ciudad producto de la modernización industrial. Aparece de esta manera, el concepto
de subcultura juvenil, cuestión que posteriormente va a ser retomada por la escuela de estudios culturales.
Autores como Foot White, Trasher, trabajaron las bandas como subculturas juveniles que empiezan a
proliferar en los espacios intersticiales de la ciudad.
Un segundo enfoque surgirá a mediados de los años cincuenta asociado con el rock, el cual se convertirá
en el centro de una nueva cultura juvenil asociada a la música, la cual será asumida por las industrias
culturales, la que paradojalmente permitirá la emergencia de una cultura juvenil, centrada en el consumo.
Un tercer enfoque está relacionado con el concepto de contracultura juvenil, el cual fue utilizado por T.
Roszak, destacándose la oposición de las culturas juveniles a la racionalidad propia de las sociedades
modernas, las cuales van a cristalizar en una serie de movimientos a finales de los años setenta y
principios de los setenta.
Por lo tanto, antes de estas manifestaciones, se puede señalar que no hay jóvenes que tengan una cultura
propia, sino que se adscriben a los modelos culturales propios de la cultura parental. Se visten de la misma
forma que los adultos, escuchan la misma música, adoptan una estética adulta aunque la edad los
distancie en términos generacionales por ejemplo. De esta forma como lo señala Beatriz Sarlo (1994)
«Bertold Brecht, nunca fue joven, ni Benjamin, ni Adorno, ni Roland Barthes... ni Frank Sinatra, Doris
Day...» van a ser (o ser considerados) jóvenes en comparación con lo que vendría después en Elvis
Presley, The Beatles, The Doors, por mencionar algunos. Es la aparición de la fiesta, la máscara, los
territorios existenciales, la estética que se constituyen en rebeldía, en desafíos al mundo adulto.
De esta forma, cuando nos referimos a las culturas juveniles, tenemos que hacer referencia a la aparición
de pequeños grupos o microsociedades juveniles, las cuales han adquirido cierto grado de autonomía del
mundo adulto. Como señala Feixa (1998:84) «en un sentido amplio las culturas juveniles se refieren a la
manera en que las experiencias sociales de los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la
construcción de estilos de vida distintivos, localizados en el tiempo libre, o en espacios intersticiales de la
vida institucional». Estas expresiones no son todas iguales, homogéneas, sino que van variando en el
tiempo, en la medida que éstas son construcciones que realizan los jóvenes, que reciben la influencia de
varios estilos, constituyéndose en estilos propios individuales que van identificando a las distintas culturas
juveniles.
El estilo se convierte en lo distintivo de las culturas juveniles. Este puede ser definido siguiendo a Feixa
(1998:79) como la «manifestación simbólica de las culturas juveniles, expresadas en un conjunto más o
menos coherente de elementos materiales e inmateriales que los jóvenes consideran representativos de su
identidad como grupo». Estas manifestaciones simbólicas son producto del reordenamiento y
recontextualización de los objetos y símbolos, lo que Levi-Strauss ha llamado el «bricolage», la forma en
que los sujetos, en este caso los jóvenes, resignifican los símbolos u objetos, dándoles en muchos casos
significados distintos de los originales. Véase por ejemplo la utilización de cruces por parte de ciertos
grupos que cultivan el heavy-metal, que los distinguen de las personas religiosas. Acá, no es que estos
jóvenes se mofen del símbolo, sino que éste ha adquirido un nuevo significado.
Esto permite la construcción de estilos juveniles, los cuales están compuestos por una serie de elementos
culturales, entre los cuales puede destacarse: a) el lenguaje, como forma de expresión oral distinta a la de
los adultos. Los jóvenes realizan juegos lingüísticos e inversiones lingüísticas que marcan la diferencia con
los otros; b) la música, y especialmente el rock, que se transformó en la primera música generacional,
distingue a los jóvenes, internalizándose en el imaginario cultural juvenil, y marcando las identidades
grupales, producto de su consumo o de la creación; y, c) la estética que identifica a los estilos juveniles,
marcados por ejemplo, por el pelo, la ropa, accesorios, entre otros.

Nos encontramos con producciones culturales, que se construyen a partir de revistas, murales, graffitis,
tatuajes, videos, músicas. Estas producciones cumplen la función de reafirmar las fronteras del grupo y
también de promover el diálogo con otras instancias sociales juveniles (Feixa, 1998:103).
Es a partir de estos elementos, que se puede hablar de una diferenciación del mundo juvenil del mundo
adulto, lo cual ha sido tratado por algunos autores bajo la clave de ruptura generacional.
Quizás uno de los textos más lucidos que nos habla de esta situación, es el texto de Margaret Mead escrito
a finales de los años sesenta, Cultura y compromiso, estudio sobre la ruptura generacional (1970). En este
texto, la autora va a dar cuenta del cambio generacional producido en la sociedad moderna. De esta forma
señalará la ruptura que se ha producido entre las generaciones adultas y las generaciones jóvenes.
Ella señala que los adultos no comprenden el cambio que está viviendo la actual sociedad, refiriéndose
principalmente a la emergencia de la revolución electrónica que involucra el paso de una cultura lectora a
una cultura de los medios: «nuestro pensamiento nos ata todavía al pasado, al mundo tal como existía en
la época de nuestra infancia y nuestra juventud. Nacidos y criados antes de la revolución electrónica, la
mayoría de nosotros no entiende lo que esto significa».
Para Mead los jóvenes, que ella llama jóvenes de una nueva generación «se asemejan más a aquellos
jóvenes de la primera generación nacidos en un país nuevo». Dentro de este planteamiento, la autora
señala que los jóvenes perciben que el discurso que se ha instalado en la sociedad, que dice que los
jóvenes son el futuro, ya no puede ser sostenido. Para ellos —los jóvenes— el futuro es ahora, por lo tanto,
lo hay que hacer es reubicar el futuro y dejar de lado las concepciones de futuro que se construyen en las
culturas occidentales modernas y asumir ciertas concepciones de ciertas culturas no occidentales: «A juicio
de los occidentales el futuro está delante de nosotros, quizás a sólo unas pocas distancias, pero siempre
delante, aún no aquí fuera de nuestro alcance. A juicio de muchos pueblos de Oceanía el futuro reside
atrás no delante». Esto misma idea se encuentra por ejemplo en la cultura aymará.
Por lo tanto señala la autora, «debemos ubicar el futuro —como si fuera el niño nonato encerrado en el
vientre de la madre— dentro de una comunidad de hombres, mujeres y niños, entre nosotros, como algo
que está aquí, que ya está listo para que lo alimentemos y lo ayudemos y lo protejamos, que ya necesita
elementos que debemos preparar antes que nazca, porque de lo contrario será demasiado tarde».
El llamado que hace M. Mead es claro, los jóvenes son los que encabezan el cambio cultural, el cambio de
época que se está realizando y que involucra el paso de una sociedad a otra, por lo tanto serían los más
indicados para guiar a otros. El desafío es aprender de ellos y con ellos como dar los pasos en este nuevo
escenario, aunque como lo señala la autora «los jóvenes no saben qué es lo que se debe hacer, pero
intuyen que debe haber un sistema mejor».
Entonces asistimos a la emergencia un nuevo tipo de cultura juvenil, una cultura que la autora llama cultura
prefigurativa, la cultura de los hijos desconocidos, donde los adultos aprenden de los niños, realizando las
distinciones con la cultura posfigurativa donde los niños aprenden primordialmente de los mayores y la
cultura cofigurativa, en la que tanto los niños y los adultos aprenden de sus pares.
Sin embargo hay que señalar que esta ruptura generacional, señalada por Mead, implica una disputa
generacional. Si bien es cierto, y compartiendo el planteamiento de Mead, los jóvenes serían los más
indicados para guiar a los otros en estos nuevos procesos culturales que están emergiendo. Sin embargo,
se encuentran con un mundo adulto que no quiere ceder sus espacios de poder, que quiere mantenerlos a
toda costa y por lo tanto, quieren mantener a estos recién llegados en un estado de juventud, que implica
no ser aptos para tener responsabilidades, por lo tanto son irresponsables, y asimilan otras múltiples
categorías peyorativas a esta condición, algunas de las cuales han sido enunciadas en anteriores párrafos.
SOBRE LAS TRIBUS JUVENILES (PANDILLAS)
Aproximarse al concepto de Tribu Urbana no es sencillo, pero podemos señalar que en la literatura
antropológica se utilizó con frecuencia la palabra tribu para designar a un «grupo autónomo, social y
políticamente, de extensión definida, de homogeneidad cultural y organización social unificada que habita
en un territorio que le pertenece» (Giner et al., 1998:898). En este sentido, la tribu remitía a lo «primitivo», a
lo exótico, a lo antiguo, anteponiéndose a la sociedad, a lo civilizatorio, a lo moderno, asimilando de esta
forma la tribu a pequeñas comunidades o clanes, los cuales eran descritos como grupos que estaban
compuestos por fuertes lazos sociales, económicos, religiosos y de parentesco.
Hoy en día, el concepto se vuelve a utilizar pero asociado al ámbito urbano, a la ciudad, como en un
espacio de proliferación de tribus urbanas compuestas preferentemente por jóvenes. Por lo tanto, se puede
decir que el proceso de tribalización urbana que vive la sociedad es una cuestión moderna, asociada a los
grandes cambios epocales y que se manifiesta preferentemente en las grandes urbes.
Una primera aproximación al concepto de Tribus Urbanas, la podemos encontrar si miramos a éstas como
bandas, cuestión que puede ser rastreada teóricamente en lo que se denomina la Escuela Sociológica de
Chicago.
Uno de los primeros intentos de esta escuela por sistematizar el conocimiento de estos grupos, proviene de
Frederik Thrasher, quien en 1929 publica su libro The Gans. A Study of 1313 gans in Chicago, donde el
autor pone de manifiesto, que estas agrupaciones «eran un sustituto para lo que la sociedad no logra dar...
Las pandillas representan el esfuerzo espontáneo de los muchachos por crear una sociedad para sí
mismos donde no existe nada adecuado a sus necesidades»
A partir de este estudio sumados a los que realiza Whyte (1934) se descubre que las claves de estas
agrupaciones se relacionan con la solidaridad interna que los une, lo que genera un fuerte sentimiento de
lealtad, fundamentado en la ayuda mutua. Se constata que los jóvenes desarrollan profundos lazos
afectivos que vienen desde su infancia, lo cual los lleva a considerar al grupo como su familia, y a la calle
como su casa, lo que implica la vinculación a un territorio y la constitución de una tradición cultural distintiva
como eje de agrupación. Junto con esto, Whyte, destaca que la naturaleza de estos grupos no es
prioritariamente delictual, que critica la «miopía» de aquellos que etiquetaban a este tipo de jóvenes como
desviados o anómicos.
Aproximaciones más modernas aplicarán el concepto de banda a agrupaciones de jóvenes que visten de
forma similar y llamativa, y que poseen hábitos comunes y hasta lugares fijos de reunión. En estos
agrupamientos se pueden encontrar modos de sentir y de pensar similares, y un soporte afectivo fuerte que
ofrece a los miembros de estos grupos seguridad frente al mundo adulto.
Otros autores como García Canclini (1995) constatan la emergencia de estas agrupaciones asociadas al
fenómeno de las construcciones de identidades en grandes ciudades. Para este autor, las bandas
«compensan la atomización y la disgregación de las grandes urbes ofreciendo pertenencia a grupos; ante
la pérdida de expectativas escolares y la estrechez del mercado de trabajo, brindan a decenas de miles de
jóvenes otras formas de socialización y de acceso a bienes de consumo».
Por otra parte, Mario Margulis (1994) define las tribus como aquellos «receptáculos en los que se agrupan
aquellos que se identifican como un look ampliado en el que entremezclan ropas, peinados, accesorios,
gustos musicales, manera de hablar, lugares donde encontrarse, ídolos comunes, expectativas comunes,
ilusiones compartidas. La tribu funciona como mecanismo de identificación de semejantes y de
segregación de diferentes».
Michel Maffesoli (1988), será el primer sociólogo que diagnosticará este proceso de neotribalización en las
sociedades de masa. Jesús Martín-Barbero señala que este autor «ha retomado la, sociológicamente
desprestigiada, noción de masa para pensar justamente el correlato estructural del estallido y la
reconfiguración de la socialidad en tribus».
Este fenómeno constituiría una respuesta al proceso de «desindividualización» consustancial a las
sociedades de masas, cuya lógica consiste en fortalecer el rol de cada persona al interior de estas
agrupaciones, recuperando el carácter afectivo/emotivo a partir de una adhesión voluntaria.
Para este autor (en Ganter y Zarzuri, 1999), los rasgos básicos del proceso de neotribalización
contemporáneo están asociados con los siguientes tópicos:
a) Comunidades emocionales: lo determinante de este elemento se vincula al carácter predominantemente
afectivo/emotivo que se fragua al interior de estas agrupaciones, remodulando —frenando— el imperio de
la racionalidad formal —instrumental, productiva y calculabilista— que predomina en la intemperie de las
grandes metrópolis contemporáneas.
b) Energía subterránea: en este punto la inercia, la verticalidad y la uniformidad que caracteriza al continum
de la sociedad actual se ve resquebrajado por una multiplicidad de léxicos —prácticas sociales polisémicas
y alternativas— cuyo contenido se expresa a través de una grupalidad experiencial o un vitalismo que sitúa
su flujo más allá del eje individualismo/muchedumbre.
c) Sociabilidad dispersa: bajo esta noción lo social emerge como un discurso omnipresente y que se
expresa a través de relaciones contractuales urbanas entre individuos —mayoritariamente adultos— que
comparten los patrones culturales y sociales definidos por el saber hegemónico (discurso apolíneo).
Mientras que soterrada e intersticialmente se abre paso un discurso discontinuo y fragmentario (discurso
dionisíaco) —expresión de un saber parcial— que se opone a la lógica dominante, asumiendo estrategias
de interacción diversificantes que fundan una nueva socialidad neotribal. Lo interesante en esta reflexión es
que ambos discursos intentarán medir inevitablemente sus fuerzas en algún tiempo y espacio determinado.
d) Fisicidad de la experiencia: el espacio físico —la urbe— se transforma aquí en un factor determinante en
la conformación del entramado biográfico intersubjetivo. El espacio como artificio cultural que permite
«formatear» la dimensión existencial del ser. Lo significativo aquí parece ser que a mayor globalización y
cosmopolitismo metropolitano, mayor será el deseo de identificación espacial localista e intimista.
Intentando concluir, para Ganter y Zarzuri (1999) las tribus urbanas se pueden considerar como la
expresión de prácticas sociales y culturales más soterradas, que de un modo u otro están dando cuenta de
una época vertiginosa y en constante proceso de mutación cultural y recambio de sus imaginarios
simbólicos. Proceso que incluso comienza a minar las categorías con las cuales cuentan las ciencias
sociales para abordar la complejidad social, y que particularmente, en el caso de las nociones ligadas a la
juventud, la realidad parece desbordar más rápidamente los conceptos con los que se trabaja.
También son la cristalización de tensiones, encrucijadas y ansiedades que atraviesan a la(s) juventud(es)
contemporánea(s). Son la expresión de una crisis de sentido a la cual nos arroja la modernidad, pero
también constituyen la manifestación de una disidencia cultural o una «resistencia» ante una sociedad
desencantada por la globalización del proceso de racionalización, la masificación y la inercia que
caracteriza la vida en las urbes hipertrofiadas de fin de milenio, donde todo parece correr en función del
éxito personal y el consumismo alienante.
Por ultimo, como la instancia para intensificar la experiencia biográfica y la afectividad colectiva, el contacto
humano y sobre todo la alternativa de construir identidad y potenciar una imagen social. En otras palabras,
las Tribus Urbanas constituyen una posibilidad de recrear una nueva «socialidad», de reeditar un nuevo
orden simbólico a partir del tejido social cotidiano.
En el fondo, la aparición de estas nuevas tribus o constitución de nuevas subjetividades vienen en palabras
de Guattari, a reinventar y/o recomponer el tejido de solidaridades y los modos de vida devastados por la
modernidad, lo cual sólo es posible de lograr mediante la aprehensión de territorios existenciales, cuestión
que realizan estas nuevas tribus, pero con una estructura propia, como lo señala el autor. Este territorio
existencial, está atrapado en una relación de caosmosis «es decir que hay un efecto de indiferenciación, de
apropiación del todo, de todo lo que me rodea —el objeto amado, los objetos, mis ideas, mis sentimientos
— y a partir de esa inmersión cáosmica, hay recomposición».
La observación de este nuevo fenómeno nos plantea nuevos desafíos para quienes estamos realizando
investigación en este ámbito. Nos invita a utilizar los cuerpos teóricos de las ciencias sociales como cajas
de herramientas (Guattari) que nos permitan afinar las miradas sobre los jóvenes y sus expresiones
culturales, y no transformarlas en marcos rígidos, recetas como ha sucedido —y sucede— cuando
hablamos de ellos.
Esta es la propuesta que Francisco Zegers —siguiendo al autor— en su introducción al texto de Guattari,
Cartografías del deseo (1989), señala que hay que transformar el cuerpo unitario de las ciencias sociales
en un charco. «Es el charco de nuestro devenir-sapo, habilitados por fin a saltar de piedra en piedra, para
catear entre las rendijas de las murallas académicas el enlace de una escena originaria».

Esto nos hace preguntarnos si ¿es posible aproximarse al fenómeno de las tribus urbanas y por tanto a la
juventud, los jóvenes y las culturas juveniles a través de nuevos enfoques teóricos, que trasciendan las
interpretaciones tradicionales que se han utilizado en nuestro país? y si esto es posible, ¿cuáles serían
estos nuevos enfoques o nuevas aproximaciones teóricas que constituirían la base o soporte para estas
nuevas interpretaciones, las cuales podrían revitalizar y desestigmatizar el fenómeno en cuestión
posibilitando la deconstrución de las imágenes negativas que se tiene de los jóvenes y sus culturas?
Bibliografía
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Hünermann, Peter y Margit Eckholt (1998) (editores): La juventud latinoamericana en los procesos de
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Lagomarsino, Mario y Raúl Zarzuri (1998): Televisión, espiritualidad y jóvenes. Santiago: ceneca.
VOLVER A MIRAR (SE), PARAAPREHENDER (SE) Y COMPRENDER (SE) ENTRE LAS JUVENTUDES
DEL CONTINENTE.
Pistas y ejes para nuevas miradas de las juventudes
Estamos en el camino del tránsito y de la convivencia ya anunciada. En el esquema de Kühn, se
trataría de un período de anomalía en que se ha salido al camino de las conceptualizaciones tradicionales,
intentando situar en la reflexión otros elementos no considerados hasta ahora para mirar, aprehender y
comprender a las juventudes en nuestras sociedades.
Para ello señalaremos algunas pistas de corte metodológico y ejes de tipo temático, que nos entreguen
herramientas epistemológicas para este ejercicio de conocimiento que cotidianamente realizamos respecto
de las y los jóvenes.
Las pistas tienen ese carácter, son indicadores de cómo mirar las juventudes y sus producciones en la
historia, en tanto no pretenden instituir leyes ni modelos que circunscriben acciones, sino matrices
analíticas que permitan nuevas formas de acercamiento al sujeto-actor joven, sus grupos, sus expresiones,
sus discursos, etc. Los ejes, por su parte, buscan poner de relieve ciertos temas que cruzan
transversalmente el mundo juvenil y constituyen tópicos vitales a abordar para el proceso de conocimiento
que nos interesa. Se trata, entonces, de sistematizar un conjunto de caminos que permiten ponerse en
condiciones de pensar y construir relaciones con el mundo juvenil y su amplia gama de colores.
Las pistas metodológicas
Una primera pista refiere a la necesidad de aprender a mirar y conocer las juventudes, en tanto portadoras
de diferencias y singularidades que construyen su pluralidad y diversidad en los distintos espacios sociales.
A las ya tradicionales exigencias acerca de la clase, el género, la religión y la raza, se suman hoy
exigencias en lo que atañe a los estilos culturales y de los subgrupos etáreos que se comprenden dentro
del grupo social juventud.
Si bien hemos criticado la versión etárea que construye una juventud sin recoger diferencias y hace
depender de un dato demográfico la construcción de realidades sociales, vemos que en el acercamiento a
las y los jóvenes es necesario distinguir los subgrupos que se dan; si se trata de manifestaciones sociales
entre los 15 y 17 años, en que seguramente estudiarán en secundaria o por lo menos estarán en situación
dehacerlo, o de grupos entre los 26 y 29 años, los que posiblemente estén planteándose cuestiones
relativas a la construcción de una familia y la inserción laboral.
No estamos usando la edad como un dato que construye realidad a priori, sino que la usamos como
referente de categorización, que no explica las situaciones que se presentan entre las diversas juventudes,
y que exige dinamismo en su uso. De la misma manera, la pertenencia a uno u otro estilo cultural implica
en el mundo juvenil asumir cierta estética de presentación y representación en el espacio. Por ello, provoca
identidad pertenecer a un grupo rap, que será diferente a pertenecer a un grupo de rockeros metálicos.
Esta diferenciación, por oposición o por semejanzas, entre uno y otro grupo de jóvenes, entre sus estilos
(contra) culturales, les permite construirse una posición en el mundo, les da la posibilidad de atribuir
sentidos desde dicha posición, y a la vez situarse ante ellos y ellas mismas y ante los y las demás con una
cierta identidad. La música, el fútbol, los graffiti, la batucada, la ropa, el pelo, la vestimenta, entre otros
aspectos íntimos y públicos, son los espacios e insumos que les permiten materializar dichas opciones.
Reconocer estas distinciones que producen diferencias —y lamentablemente en ocasiones también
desigualdades—, es una clave de lectura para recoger la diversidad de las juventudes del continente.
Esta diversidad, que en algunos casos produce un relativismo que niega precisión al análisis social, plantea
el desafío de reconocer la complejidad a que hemos aludido, pero al mismo tiempo invita a desplegar la
capacidad de precisar y relevar los aspectos vitales para la comprensión de aquello que se muestra como
complejo.
En ese sentido es que surge la segunda pista a considerar, la cual tiene relación con la necesidad de
desplegar miradas caleidoscópicas hacia o desde el mundo juvenil, que permitan recogerla riqueza de la
pluralidad ya mencionada. Se trata, sin duda, de un esfuerzo por dejar de lado el telescopio, aquel
instrumento que permite imágenes fijas y desde la lejanía, para comenzar a usar el caleidoscopio, aquel
juguete que nos permite miradas múltiples, diversas, ricas en colores y formas a cada giro de contraluz que
efectuamos. Por largo tiempo, las miradas predominantes han sido desde la lejanía, desde el escritorio de
la oficina pública, la organización no gubernamental, la academia, la Iglesia, etc. En este nuevo esfuerzo
epistemológico se requiere salir a la calle, vincularse con las y los jóvenes, oír sus hablas, mirar sus
acciones, sentir sus aromas Este acercamiento es hoy día más posible de realizar, puesto que las
metodologías investigativas abren caminos de encuentro entre lo cuantitativo y lo cualitativo; en especial
esto última, ofrece variantes riquísimas para aprehender y comprender los mundos juveniles.
Para capturar la complejidad de las juventudes en nuestras sociedades, es vital la realización cada vez
más profunda y precisa de este ejercicio de mirar caleidoscópicamente sus mundos, sus vidas, sus sueños.
Es claro que un caleidoscopio puede ser utilizado con rigidez y lejanía, que de por sí su uso no asegura
resultados que recojan la pluralidad y riqueza a que hicimos mención. Más bien se trata de humanizar su
uso, es decir, dotar de humanidad los modos de conocer que utilizamos con el mundo juvenil y acercarnos
a los y las jóvenes reconociéndoles sujetos, con capacidades, con potencialidades y con aportes posibles
para la comprensión de sus propios mundos, así como respecto de las sociedades en que viven. O sea, se
trata de ir más allá de los instrumentos, y llenamos de nuevos espíritus-energías que nos animen en esta
epistemología que, dicho de forma sintética, pretende surgir desde las y los jóvenes. De nuevo es
necesario enfatizar, para que no pendularicemos la reflexión, que las miradas provenientes del mundo
juvenil tampoco nos garantizan a priori aportes y novedades; ellas existen mezcladas y en tensión con las
visiones tradicionales que hacen eco de las racionalidades y contenidos de la dominación.
A partir de uno de los aspectos indicados en la pista anterior surge una tercera pista, que propone la
vinculación directa e íntima con el mundo juvenil, múltiple y plural, como condición de la generación de
conocimiento comprensivo en nuestro continente.
La permanente consideración de los contextos específicos y globales, la necesaria historización de las
experiencias juveniles, la referencia a la pertenencia generacional que cada grupo despliega, son algunas
de las claves que emergen en esta pista. Es decir, lo juvenil se expresa desde ciertas condiciones de
contexto específico que le condicionan, caracterizan y atribuyen ciertos significados. Ser joven en Chile,
viviendo en un barrio empobrecido de la capital implica determinadas condiciones de vida para un o una
joven, que incidirán directamente en el tipo de mirada con que nos acerquemos a su cotidianidad.
Es posible que ellos estén más inclinados a abandonar el colegio para integrarse de manera precaria al
mundo del trabajo, mientras ellas lo estén más a seguir estudiando, para ser más tarde amas o dueñas de
casa, si es que no se embarazan antes de terminar la secundaria.
En cuanto a la historización, ella tiene que ver con los procesos de corta y larga duración en que el modo
de ser joven se materializa para cada joven. La vivencia de lo juvenil en tiempos de la dictadura militar en
Chile, implicó la formación de un grupo de jóvenes con estilos de relacionarse con la política orientados
fuertemente hacia el poder, ya fuera su toma o construcción. Mientras que en tiempos de los gobiernos
civiles postmilitares, la discusión por el poder e incluso por los mecanismos de gobierno casi no aparecen
en el espacio de la política juvenil, en tanto que sí están presentes cuestiones más relacionadas con su
cotidianidad inmediata y su vida íntima. El ser joven y la vivencia de lo juvenil en Chile, en su pluralidad y
diversidad, han estado condicionados asimismo por los diversos modos de estructurarse que ha tenido la
historia del país; también en ella han incidido las y los jóvenes y sus movimientos.
Por lo que atañe a la pertenencia generacional, es importante considerar el surgimiento en la historia,
mediante complejos y dinámicos procesos, de grupos muchas veces en pugna, los que se caracterizan por
semejanzas hacia dentro y por diferenciaciones hacia afuera. Esto es, estos grupos, a los que llamaremos
generaciones, se autoidentifican y son significados por otros en tanto consiguen producir códigos propios
que les caracterizan entre sus semejantes y que en el mismo movimiento les diferencian de otros grupos
contemporáneos, anteriores y posteriores en el tiempo.
Desde esta óptica, lo juvenil, como producción (contra) cultural, se hace parte de una categoría relacional
en que su existencia no está dada en sí misma, sino en la medida en que se constituye la relación (por
ausencia o presencia de ella) con otros grupos sociales, a los que hemos llamado generaciones. Dichas
generaciones son referentes de relación en lo contemporáneo y en la memoria colectiva que repone el
pasado en el presente. Es decir, la generación de jóvenes roqueros latinos de este tiempo actual, puede
comprenderse a si misma al trasluz que le ofrecen los grupos generaciones de su propio tiempo histórico,
como también de aquellos rockeros latinos u otros grupos sociales, que existieron en otros momentos de la
historia. En el colegio suele recordarse a ciertos grupos de estudiantes con el año de su egreso; así se
habla de los del 95, los del 98, etc.

En la poesía y en la novela por ejemplo, se reconocen las generaciones de escritores y escritoras según
los años en que han tenido o tuvieron auge en su producción. Esta categoría relacional: lo generacional,
nos permite pensar y comprender las acciones, discursos, cosmovisiones, sentimientos y otras formas de
vida de los grupos juveniles en distintos momentos de la historia, desde los estilos que las relaciones
sociales que asumen van tomando, en directa relación con otros grupos sociales — adultos, tercera edad,
infancia— y entre ellos mismos.
Con base en la necesaria vinculación directa que mencionamos en esta pista, es importante decir que
no se trata de una dependencia y pérdida de autonomía de quienes conocen o investigan, sino que se
busca la generación de diálogos permanentes entre los diversos mundos sociales, y los mundos de las v
los jóvenes. Lo mismo es atribuible para quienes
intervienen educativamente en estos grupos sociales, o realizan las dos acciones a la vez, en tanto las
metodologías de intervención exigen hoy una creciente presencia de las y los trabajadores sociales en el
espacio juvenil.
Una cuarta pista, que se sigue de la anterior, busca la superación de la rigidez mecanicista con que se ha
mirado y se ha hablado de la juventud En este sentido, planteamos la necesaria construcción de conceptos
en torno al mundo juvenil, no en la pretensión de crear categorías totalizantes y universalizadotas sino
conceptos dinámicos y flexibles que se acerquen progresivamente a los sujetos de estudio: las y los
jóvenes las juventudes, las expresiones juveniles, los procesos de juvenilización.
Este acercamiento progresivo utiliza la lógica de la tendencia al límite que nos enseña el cálculo
algebraico: avanzar hacia el objetivo deseado (la realidad juvenil) siempre la mitad de lo que nos queda por
recorrer. La metáfora de la coneja y la zanahoria es útil para pensar esta condición en la construcción del
conocimiento, particularmente en la definición de conceptos y/o categorías para la comprensión de
determinadas realidades o procesos:
La coneja quiere llegar a su zanahoria; la condición que tiene para avanzar hacia ella recorrido que le
queda cada vez, ni más ni menos, solo la mitad de lo que le queda por recorrer. Surge la pregunta: ¿llegará
la coneja a la zanahoria?...
De esta manera, vemos que la construcción del conocimiento tiene una tendencia al límite, al infinito; es
como la noción de utopía de Gaicano:
Ella está ahí; me acerco y se aleja dos pasos, me acerco tres y se aleja cinco, pero siempre está ahí.
Pues bien, la coneja tiene como condición siempre avanzar, aunque no le sea posible llegar a ella (a la
zanahoria), sin embargo siempre nos podremos acercar más y más (a la realidad juvenil).
Su propio dinamismo y heterogeneidad son los que nos exigen dinamismo en la actitud epistemológica y
capacidad para mirar la diversidad juvenil. Si bien esta pista se amplía, al igual que las anteriores, a los
diversos mundos sociales, la existencia de las juventudes y su reconocimiento desafía su concreción
cotidiana no solamente por parte de los y las dentistas sociales, sino de las diversas sociedades en su
conjunto.
Los ejes temáticos
A partir de las pistas antes señaladas, estamos en condiciones de plantear los ejes que podemos
considerar en las lecturas de lo juvenil. Junto a las pistas presentadas existen ciertos ejes temáticos que el
mundo diverso, plural y dinámico de las juventudes nos presentan hoy y que son vitales de tomar en
cuenta cuando nos acercamos a conocer lo juvenil. Usamos lo juvenil para referimos a las diversas
producciones culturales y contraculturales que este grupo social realiza —en su diversidad y
heterogeneidad ya mostradas —. Ello navega por los distintos espacios sociales en que este grupo social
se despliega o inhibe en nuestras sociedades, esto es, se expresa en la economía, en la religión, en las
comunicaciones, en sus sexualidades, en sus intereses, etc. Lo Juvenil es una producción que se
posiciona de acuerdo con el contexto en que cada grupo de jóvenes se desenvuelve, y en el tiempo
histórico en que intentan resolver la tensión existencial que les plantea su sociedad: ser como lo desean o
ser como se les impone .
Esta producción de lo juvenil nos enfrenta con l historicidad y facticidad que asumen las juventudes
que hemos reconocido. Si bien, entonces, las juventudes no existen a priori y se van construyendo en un
cierto espacio tiempo social, imaginario y real, ellas adquieren presencia no únicamente desde el discurso
de quien las habla, sino que sobre todo porque van ganando historicidad desde sus propias expresiones y,
muchas veces, irrupciones en el espacio social.
Un primer eje es considerar que lo Juvenil se constituye desde un cierto modo de vivir-sobrevivir a la
tensión existencial que y a enunciamos. Se trata de un momento de la vida, que es independiente de la
edad, y que se encuentra fuertemente condicionado por la clase social de pertenencia, el género que se
posee, la cultura en la que se inscribe cada joven y sus grupos. Esta tensión existencial plantea una cierta
lucha entre la oferta que la sociedad le presenta a las y los jóvenes para que cumplan con la expectativa
que se tiene de integración al mercado, al conjunto de normas sociales y al papel de futuro adulto que les
aguarda como tarea, v las construcciones más propias que ellos y ellas realizan respecto de la identidad
que quieren vivir. Esta última se manifiesta en crítica social, desconfianza de los estilos adultos en la
política y en las relaciones familiares y escolares, en provocación a las normas, en situarse al margen de lo
que se espera que hagan (no inscripción electoral, no atención al mundo laboral, no adscribirá los modos
culturales tradicionales, etc.), en resistir a las tendencias adultocéntricas que se dan en nuestras
sociedades, entre otras formas de expresión.
A partir de lo anterior, surge un segundo eje a considerar en la producción de lo juvenil. Tiene relación con
las distintas maneras de agruparse en el espado, que se caracterizan básicamente por la tendencia a lo
colectivo, con una cierta organicidad propia que las distingue y que las más de las veces no sigue los
cánones tradicionales . Estas fórmulasorganizativas de nuevo tipo les permiten dos aspectos que son
centrales: por una parte, el grupo es el espacio privilegiado de socialización, de modo especial en el caso
de los hombres jóvenes que reciben un buen caudal informativo-normativo que alimenta sus identidades de
género; y, por otra parte, el grupo es su familia afectiva, la comunidad en la que crean lazos que les
mantienen y les aportan sentido a sus vidas v proyectos. En algunos casos, el grupo juvenil se convierte en
el vehículo de expresión social, ya sea por medio de lo contra cultural, el deporte, lo político, algún servicio
comunitario, etc.
En el diverso y plural mundo juvenil, las posibilidades de construcción de ciudadanías, por ejemplo, pasan
por la valoración y fortalecimiento de los espacios que a las y los jóvenes les permiten vivenciar
experiencias significativas en el ámbito de sus autoidentidades personales y colectivas. Hemos dicho que
en estos espacios se experimentan situaciones que generan comunidad, que reemplazan a la familia, que
socializan fuertemente, por ello el grupo juvenil de semejantes asume un carácter estratégico, en particular
en sus manifestaciones menos tradicionales, como los grupos de esquina, las bandas de amigos-amigas,
etc. . De la misma forma, las expresiones masivas juveniles, como las barras del fútbol o los movimientos
musicales (rock, rap, batucadas), constituyen otra posibilidad desde la experiencia juvenil en la medida que
consigan fortalecerse como espacios de crecimiento, comunicación y proyección para el mundo juvenil. La
tendencia a transformarlos en objetos de consumo (deshistorización) y en nichos delictivos por parte del
discurso dominante, es una tensión que la experiencia juvenil debe abordar y superar .
El tercer eje a considerar en la construcción de lo juvenil en nuestro continente refiere a los nuevos modos
de participar en la sociedad. Es común el cuestionamiento en que ha caído la actividad política en nuestras
sociedades, debido principalmente al descrédito con que cuenta al ser percibida sobre todo como
instrumento de enriquecimiento y de acciones individuales que favorecen a minorías privilegiadas en contra
de grandes grupos que sufren la marginación y la exclusión. Esta antipatía juvenil ante la política, en tanto
manera tradicional de organización y participación de la sociedad, ha llevado a los distintos grupos de
jóvenes a recrear nuevas formas de hacerse presente en los temas que les importan y que les son
significativos. Estas formas de expresión están reñidas con las tradicionales, y se vuelcan directamente
hacia resolución efectiva de sus problemáticas inmediatas, acompañadas de un fuerte discurso moral y
ético con respecto a las conductas exigidas a las y los líderes juveniles y sociales. Las utopías juveniles
están siendo presentadas de un modo diverso, propio de la especificidad que cada grupo despliega; ellas
existen, y más allá de los discursos adultocéntricos, se nutren de las actitudes de resistencia que diversos
grupos juveniles van articulando .
Es importante, por tanto, considerar la capacidad que despliegan y pueden desplegar los grupos juveniles
de diverso tipo para explicitar los contenidos de rechazo y propuesta que en sus discursos-acciones
existen. Decir su palabra, situar sus apuestas en sus comunidades, es un desafío para las agrupaciones
juveniles. La autocensura valida la apuesta adultista, de que las y los jóvenes no tienen nada que decir. Lo
interesante es usar los canales existentes, pero sobre todo potenciar aquellas formas propias que se van
inventando cada día. Es necesario destacar con ingenio los novedosos códigos que se van creando por
medio del baile, el canto, el dibujo, el teatro, el deporte, la política, la fiesta...
Otro eje importante de tomar en cuenta, tiene que ver con algunas experiencias que existen en tomo al
establecimiento de relaciones y diálogos intergeneracionales como fórmula de reconstrucción de los
puentes rotos que las relaciones adultocéntricas han producido. Este eje permite colocar en la reflexión que
la perspectiva antiadultocéntrica que el discurso y muchas acciones asumen, no es contra las y los adultos,
sino contra la matriz cultural que ese adultocentrismo promueve e impone Se trata igualmente de ofrecer al
mundo adulto una manera de repensarse en el mundo a partir del establecimiento de relaciones humanas
liberadoras, en las que el papel de formador y de responsable del futuro de las nuevas generaciones, no
les lleve a sobreactuar en pos de estilos autoritarios.
Un último eje, por ahora, surge desde la manifestación abierta y la promoción de nuevas formas de
relaciones de género en el mundo juvenil de sectores empobrecidos. Si bien ello no es una constante, ni
mucho menos una tenencia mayoritaria, los atisbos y avances-retrocesos que en este campo existen,
abren una puerta de entrada a la posibilidad de construir formas de relaciones comunitarias hacia la
búsqueda de vida en abundancia para todas y todos. Este proceso ya se ha iniciado, con tensiones y
partos, con rechazos y alianzas; las y los jóvenes muestran a ratos nuevos códigos de relación, los cuales
desafían a lo meramente patriarcal y señalan posibilidades para tensar las tradicionales cosmovisiones de
género. Los hombres en particular están en una situación de shock que no les permite darse cuenta a
cabalidad de las nuevas formas de relación y de posición en el mundo que se plantean las mujeres, y por lo
mismo, se encuentran entre lo tradicional y lo alternativo, entre ser macho como lo señalan los modelos
heredados de antaño, o ser distinto como se plantea en algunas nuevas versiones que están emergiendo.
Estos ejes presentados, acerca de la existencia de las juventudes en nuestro continente, compone;
conjunto el proceso de construcción de identidades que hoy se dan entre las y los jóvenes. El proceso de
resolución de la tensión existencial, los modos de agruparse-expresarse en el espacio y los estilos de
participación en sus comunidades-sociedades, les va imprimiendo las condiciones de posibilidad para
tomar posiciones en sus ambientes íntimos y colectivos. Las y los jóvenes se van conformando en sujetos
en la medida que resuelven su construcción identitaria, proceso infinito y desafiante en el que el vértigo es
característica de estos tiempos .
Las juventudes cobran vida, se muestran, nos muestran sus diferentes estéticas y podemos asumir
entonces una epísteme integradora, amplia y comprensiva de lo juvenil. La juventud niega existencia,
porque ella encajona, cierra y mecaniza las miradas; hace rígido y superficial el complejo entramado social
que hemos denominado las juventudes. Vamos por el camino de reconocer diferencias, aceptar
diversidades, construir aceptaciones, y de esa forma construimos miradas potenciadoras de lo juvenil.
Si conseguimos cambiar nuestras miradas, ciertamente estaremos en condiciones de acercamos más a los
grupos juveniles y recoger desde ellos y ellas sus expresiones propias de sueños, esperanzas, conflictos,
temores, propuestas. Este es un desafío para nuestro próximo tiempo, reconstruir categorías y
epistemologías que nos permitan mirar y remirar a las juventudes de nuestro continente con nuevos ojos,
oírles con nuevos oídos, tocarles con nuevas manos, degustarles con otras bocas y sentirles con nuevos
olfatos...
En este proceso de lograr cercanías y facilitar sus expresiones propias, lo intergeneracional como
posibilidad de encuentro y de reconstrucción de puentes rotos es una exigencia de cara al nuevo tiempo.
Validar el intercambio de experiencias, los aprendizajes mutuos, y por ende la superación de las barreras
que la matriz adultocéntrica nos impone, le otorga una fuerza política importante a la presencia de las
juventudes en nuestras sociedades.