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ARGUMENTO

El hecho de que mi nombre signifique día feliz y brillante no significa que esté libre
del sufrimiento. He pasado por mucho, yo diría que demasiado para mi corta edad y ya
estoy harta; harta de que la gente juegue conmigo, harta de que todos me juzguen sin
conocerme realmente, harta de que haya personas que broten de sus poros pura maldad y
trampa en contra de mí.

Y aunque la RAE defina la palabra maldad como ―la acción mala e injusta‖ y la
palabra trampa como el ―ardid para burlar o perjudicar a alguien‖, eso es nada ante lo que
él ha realizado para arruinarme la existencia.

Sí, él; con su carita de ―yo no fui‖, sus hermosos ojos que llaman al pecado, su
esbelto cuerpo que hace suspirar, su mirada perversa que hace temer a cualquiera a su
alrededor y su tímida sonrisa que sólo yo puedo mirar; él es un canalla de lo peor. Me
seduce, me atrae, me hace ponerme como gelatina frente él con tal de que no lo deje, me
hace incluso herir a los seres que más quiero con tal de que yo esté a su merced.

Pero, no por ello lo voy a dejar, eso no lo haría nunca aunque fuera sentenciada a la
silla eléctrica. Yo lo amo, lo deseo y quiero estar con él, y además, no me importa que me
juzguen por traicionar a otras personas y llevarme al mundo por delante, con tal de
continuar con este vil hombre.

Porque aunque sea vil y por mucho tiempo lo maldije, él es el hombre a quien yo
adoro y lo crean o no, tiene mi corazón en sus manos; puede hacer lo que quiera conmigo
pero jamás lo voy a dejar; voy a estar amarrada a su cuerpo como si de un imán se tratara.
Nuestra relación será para siempre y eso lo puedo jurar por mí misma.

Todos dirán ¿Por qué ésta loca está diciendo tantas boberías? Pues, quédense
leyendo esta novela y verán que si estuvieran en mi lugar también se comportarían igual.
Las mujeres ante un hombre como él somos capaces de tocar el cielo y no mirar hacia
abajo. Somos capaces de irnos al mismísimo infierno y combatir con el demonio. Somos
capaces de sencillamente dejarnos embaucar en un juego macabro donde otros sufrirán.

Y quiero aclarar que soy una mujer buena, sí mis acciones no han sido las mejores;
no obstante, soy bien buena gente, es sólo que he padecido tanto y luchado más por estar
con él que ahora que reflexiono me doy cuenta que todas esas cosas estuvieron
justificadas. No me importa que me critiquen, ya esa es agua pasada; ahora lo importante
es seguir con mi vida aunque sea destructiva para el resto de la gente.

YUGEISY CABRERA

Dagmar Landaeta Torres


UN ÁNGEL VENIDO DEL INFIERNO
La luz del nuevo día ya estaba en el horizonte. Estaba alumbrando la mañana y me
decía ¡Qué grande eres, no te doblegas, no te arrodillas! Pero, eso es falso, ya hacía un
bendito año que vivía con Karsten en su palacio y para conseguirlo había lastimado a
varias personas con el único fin de estar sometida a los deseos y a la merced de ese
malvado príncipe heredero y aunque no debería ser así, aún hoy yo prefería los chantajes
de un hombre como él que una supuesta libertad llena de falsedad e hipocresía.

Me senté en el espejo para ver mis ojeras, pues desde que llegué al palacio en la
madrugada no había podido dormir mucho, el solo recordar lo que había pasado la noche
anterior, en parte por mi culpa, aún me hacía tiritar el corazón y me daban ganas de
romper ese estúpido espejo para liberar mi rabia contenida. Más no podía hacer algo como
eso, el espejo no tenía la culpa de lo que me había pasado durante las últimas horas y tenía
que admitir que esa vez el culpable de todo no era Karsten, ya que, yo fui muy testaruda y
al querer llevarle la contraria había fallado.

Karsten durante esa noche se había opuesto a acompañarme a una fiesta de gala, sí
de esas que a él no le gustan asistir y que a mí no es que me encantan, pero que me sirven
de mucha ayuda porque me permiten codearme con gente de negocios que son
importantes para la nación porque pueden convertirse en posibles futuros inversores
empresariales en favor del desarrollo del país.

Es que, me molestaba mucho mi esposo porque era como si para él el título de


príncipe heredero le importara mucho, pero no como para rebajarse tanto ante la gente a la
que le tenía rabia y con ello no se daba cuenta que le hacía daño al país que gobernaba, ya
que, muchas de esas personas que eran sus enemigos, tenían dinero como para invertir en
el país y aunque el país estaba excelente económicamente, nunca era malo seguir
trabajando para mejorar lo que ya estaba mejor.

Y a pesar de que, por casi tres horas traté de explicarle una y otra vez estas
creencias que yo poseía, él no me acompañó a la fiesta; no obstante, mis ruegos y suplicas
para que me cortejara a la fiesta. El muy ruin demostrando su clara malicia había
encargado a un par de escoltas dirigidos por Henieth, su mano derecha, para que me
acompañaran a la fiesta y desfachatadamente antes de mi marcha me había ordenado que
no bebiera alcohol; ya que, sabía cómo solía ponerme cuando mi garganta tenía contacto
con alcohol.

Esas últimas palabras me dolieron considerablemente mucho más que su negación


a salir conmigo esa noche, porque sí alguna vez que bebí alcohol me puse a actuar como
idiota, pero eso no significaba que esa noche fuera a hacer lo mismo; además,
sinceramente si a veces en las fiestas que lo acompañaba me ponía más seria de lo normal
era porque el carácter gruñón de Karsten ya se me estaba contagiando, también era por
culpa de los celos que me quemaban la sangre cuando una mujer guapa, seductora y
caliente quería propasarme con mi esposo y esa noche no iba a hacer la excepción,
seguramente una chica curvilínea iba a acercársele con la excusa de compartir un brindis
amistoso con él y a los segundos iba a estar tocándolo más de la cuenta, lo que iba a ser un
detonante en mi mala conducta, pues yo siempre quería, como mujer al fin que soy, que
las chicas se murieran de la envidia al verme llegar con él, una vez más; no que quisieran
volverme invisible ante todo y todos para ellas aprovechar la ocasión y manosear a mi
príncipe.

Pero, como ya lo dije Karsten no me acompañó a la fiesta y tuve que salir del
palacio escoltada por guardaespaldas nada habladores ni comunicativos. Aunque es
destacable que como consecuencia de su negatividad de ir conmigo y por mi estado de
querer armarle un berrinche de niña inmadura, antes de salir del palacio ambos habíamos
discutido espantosamente y molesta como estaba, yo había llegado a la celebración
dispuesta a tomar un poquito de venganza hacia él pensando que si quizás bailaba con
uno de esos sujetos esbeltos y ricachones durante esa período, a la mañana siguiente la
noticia saldría en primera plana de los medios de comunicación e información y Karsten
se pondría muy furioso.

Sin embargo, ya en el salón de fiesta, los presentes me habían tratado tan bien, cosa
que no era de extrañar desde que era la princesa del país, que se me había pasado algo la
rabia anterior, mis deseos de venganza e incluso me había puesto tan feliz que hasta había
logrado entablar una sana comunicación con una chica como de mi edad a la que nunca
había visto antes, ella era la hija de un conocido conde llamado Nomej Zerpa y se llamaba
Anastasia Zerpa.

Y todo iba bastante bien hasta que comencé a mirar a gente que detestaba en la
fiesta, sí debo confesar que algo de incomodidad sentí cuando los vi a lo lejos de la mesa
en que me encontraba, eran personas conocidas con las que había tenido uno que otro
problema e incluso había visto a mi ex novio; cosa que me hizo sentir un nudo en la
garganta. El muy idiota andaba acompañado de su prometida, pero cínicamente no había
dejado de observarme en toda la noche.

Aún en este día no dejo de pensar en cómo la hija del Duque de Mathir se pudo
enamorar de un tipejo como él, un caradura inmoral que había escalado posiciones altas
en un año, única y exclusivamente que enamorando a la heredera de uno de los duques
más cercanos a Karsten y todo para según él demostrarme que él también podía tener
poder y ser feliz.

Más, pensar en ese tipo de cosas no me iba a dañar la hermosa noche que estaba
disfrutando. Decidí no verlo ni accidentalmente y estallando de la risa como si fuera tonta,
resolví escuchar los cuentos de aventuras de una pareja que estaba a mi lado relatándome
sus historias casi que increíbles sobre su vida de casados dedicados a viajar por el mundo
y conocer lugares extraordinarios y asombrosos.
Las horas pasaron rápidamente y en sí, todo parecía ir de lo más fantástico, las
bebidas estaban tranquilas, la comida deliciosa y las personas se veían normales a la de
otras fiestas, incluyendo a uno que otro borracho que lloraba por una razón sin
importancia o sonreía por un chiste mal realizado. ¡Supremamente estaba logrando
sentirme cómoda en una de esas estúpidas fiestas! Pero, como nada es para siempre, de un
momento a otro yo sufrí uno de los peores tormentos de mi vida como princesa.

Aún frente al espejo ahora, tenía que ceder en que lo más malo de la noche me pasó
cuando digerí un colosal ―trágame tierra‖ en el salón de festejo; ya que, sin estar
esperándomelo ni en sueños, Karsten me llegó de sorpresa a la fiesta pasada dos horas de
mi llegada e inmediatamente al encontrarse conmigo, sin decirme una palabra y
mostrándose descaradamente furioso, me hizo acompañarlo tomándome de la mano a una
esquina del salón de festejo, justo adyacente a la puerta de salida. ¡Definitivamente que él
era un bárbaro infantil! ¡Cómo me molestaban a veces esas malcriadeces de tirano
autócrata alejado de la democracia!

A él no le importó ni un poquito las personas que estaban presentes, ni se inmutó


por el fotógrafo que nos preguntó que si podía tomarnos un par de fotografías y mucho
menos se quedó a tomar una copa que un mesonero le estaba ofreciendo, su único y
determinado fin fue sacarme de esa fiesta lo más rápido que pudiera, o por lo menos
alejarme de las personas con la que me encontraba.

Yo, fingiendo una sonrisa e intentando disimular nuestro peculiar encuentro, pues
sabía que el lugar en que nos encontrábamos rodeados por cierta cantidad de gente, no era
el más oportuno para reclamos y discusiones amargas, lo seguí sin decirle ni un reclamo,
aunque muy en el fondo me alegraba mucho el verlo allí presente; ya que, al final había
logrado que me acompañara a la fiesta, así fuera a la fuerza ¡Por fin, le había ganado una!

Las jóvenes en la fiesta; por su parte, estaban como locas de solo verlo y no
disimulaban su descaro de querer comérselo nada más que con la mirada, y los chicos; en
cambio, lo miraban con envidia y resentimiento, pues, se trataba del príncipe heredero a la
corona, un título que ninguno de ellos podría tener y eso, sin contar con que más de uno,
que estaba allí no evitaban oportunidad para meter algún tipo de casquillo traicionero
entre él y yo, incluyendo uno que otro rumor falso publicado en la red.

En fin, a medida que caminaba al lado de él y ambos nos acercábamos a la meta, ya


yo podía imaginarme el por qué Karsten me había alejado de la mesa en donde me había
encontrado tomando una copa de vino con un par de parejas de mediana edad. A Karsten
no le gustaba que yo tomara ni una gota de alcohol en fiestas de la alta sociedad y mucho
menos a aquellas a las que él no me acompañara, y tenía sus buenas razones. Yo era de las
chicas que nunca en su juventud tomaron una gota de alcohol y ahora que estaba
haciéndolo, no sabía cómo manejar mi propio cuerpo, ni mi propio comportamiento al
tener una simple, única y exclusiva copa de alcohol en mi garganta.
Cuando bebía alcohol me daba por hablar y hablar sin cerrar en algún momento la
boca, me ponía de antojada a querer bailar una música que en mi vida había escuchado,
que no sabía bailar y que Karsten no estaba dispuesto a bailar conmigo, y de paso como ya
había explicado, me ponía celosísima con cualquier mujer que quisiera acercársele a mi
marido; y de esto sí que yo tenía excusas, es que las mujeres se le querían lanzar encima a
Karsten y a mí enviarme a la porra, es más, en una ocasión una muy descarada mujer, le
tocó por debajo de una mesa con sus zapatos de tacón alto, las partes más íntimas a mi
esposo y yo que me había agachado a recoger un gancho del cabello que se me había caído
en el suelo, al darme cuenta de lo sucedido no me había detenido y había cacheteado a la
muy zorra con todo el poder que tenía guardado en mis entrañas. .

Igualmente, como esa vez, habían sido, continuas y sin presencia de alcohol, las
peleas que habíamos tenido Karsten y yo por la presencia oscura de otras mujeres;
además, de la presencia desde una distancia prudente de hombres como mi ex que esa
noche se le había ocurrido aparecer de nuevo. Y en parte, ahora que me ponía a analizarlo
creo que el poquitito de felicidad que yo podía sentir de tener a mi esposo en la fiesta
conmigo no duró mucho; puesto que, Karsten además de haberme encontrado bebiendo
alcohol, había notado la presencia de mi ex novio en ese salón de festejo y prontamente se
había puesto mucho más furioso que antes.

El muy déspota comenzó a recordarme como me había tratado ―el muy


desgraciado‖ de mi ex y que a mí no me convenía estar cerca de un tipejo como Miguel.
Me resonó que mi ex nunca me había querido y que en cambio, él desde que era mi esposo
vivía por mí, y que jamás sería capaz de ponerme una mano encima, que ya era suficiente
con mis impulsos inmaduros y que si quería no salir al día siguiente como la noticia más
escandalosa del día, tenía que tener un mejor comportamiento de ahora en adelante.

Por lo que, esas últimas palabras terminaron convirtiéndose en la segunda causa de


discusión para nosotros en tan corto tiempo. Al querer yo defender a mi esposo y
asegurarle que lo consideraba el hombre perfecto y decirle que confiaba en que nunca me
pondría una mano encima como mi ex, él pensó que no estaba tomando las cosas en serio,
con cara de pocos amigos me dijo que si yo me fuera atrevido a denunciar a mi ex un año
atrás, ese chico estaría preso y no tan campante como lo estaba en la fiesta, gozando de la
cercanía que actualmente poseía con gente importante de la nobleza, tratando de parecer
un niño bueno y queriendo lucirse con su prometida y el vejete de su suegro que
posiblemente moriría de un infarto si supiera quién era realmente su futuro yerno.

Karsten bien molesto, me expresó que no le gustaba que yo hubiese salido a esa
fiesta sin su compañía, que no le importaba tanto que bebiera porque yo era una mujer
adulta y bien capaz de enfrentar diversas situaciones, pero que sí le alteraba muchísimo
que me haya quedado en la celebración cuando sabía que estando cerca de Miguel aún
estaba en peligro y que lo mejor que podía hacer era no ir más a esas fiestas sin él ¡Qué ya
lo tenía harto con mi actitud de ―perdónalo todo y deja el pasado atrás‖ y que me
decidiera por un bando porque no podía estar en el medio de los dos!
Yo lo escuché y no lo podía creer ¿Acaso Karsten aún estaba tan celoso de Miguel?
No, eso no podía ser, ya que, yo ni me le acercaba a mi ex y que ambos estuviésemos esa
noche en la misma fiesta era una simple casualidad del destino; bueno el día que mi ex se
casara con la hija del Duque de Mathir, teníamos que tener algo de contacto él y yo por lo
de la realeza, pero eso aún no había sucedido. Además, tenía que admitir que todos esos
reclamos sin sentidos me habían hecho molestar infinitamente, yo no me iba a encerrar en
el palacio día y noche solo porque mi ex anduviera aún cerca de nosotros, no valía la pena.
¡Qué se jodieran Miguel y su vida!

Al paso; siempre tenía que aclararle a Karsten que yo no podría haber denunciado a
Miguel para que lo metieran preso por maltrato físico y menos teniendo tremendo rabo de
paja como lo era el mío. Él fue sometido a terapia psicológica y con eso yo quedé
conforme. Sí sé que Karsten me ha dicho repetidas veces que mi infidelidad fue justificada,
más igualmente aún me siento culpable de saber que dos veces ilusioné a Miguel y dos
veces le rompí el corazón; asimismo, tampoco podía permitir que tal escándalo saliera a
los medios de comunicación e información; pues si eso pasaba los tres íbamos a quedar
mal frente a los medios de comunicación e información; ya que, de por sí, las cosas que se
supieron fueron bastante fuertes como para revelar toda la verdad.

Cuando los medios de comunicación e información y las redes sociales vieron a


Karsten y a mí juntos nuevamente, escribieron cualquier tipo de tontería para dañar
nuestra reputación, y luego cuando se enteraron de nuestro matrimonio, más de uno que
me insultó porque no me consideró digna de ser su esposa.

Pero, de todas maneras no podía negar que aún hoy en día, la conciencia me daba
dolores de cabeza al pensar que dos veces traicioné el amor de Miguel y que quizás me
merecía muchas de esas insultadas hechas por la gente. Miguel se había comportado muy
bien conmigo en todo el tiempo que me conoció y aunque al final puso la torta, creo que lo
que hizo sencillamente fue porque realmente me amaba y le dolía de corazón mi traición.

La primera vez que jugué con sus sentimientos fue cuando éramos solo unos
adolescentes inocentes y la segunda cuando me convertí en toda una mujer capaz de
sentir, amar y seducir. Yo lo había engañado y aunque él no debió maltratarme, yo
tampoco debí engañarlo y por eso lo perdonaba y esperaba algún día poder llegar a
saludarlo como un conocido que un día vi pasar por mi barrio.

La discusión entre mi príncipe y yo en esa esquina de la fiesta, se prolongó por


varias horas más en las que ninguno de los dos nos habíamos podido retirar del salón
festivo por cuestiones de educación y cortesía; ambos cuando notábamos que alguien se
nos acercaba para conversar nos quedamos en silencio, pero cuando nos percibíamos
solitarios, comenzábamos otra vez a discutir. Así que, ya cuando era de madrugada y la
fiesta casi había finalizado, la limusina nos esperó afuera para traernos al castillo y dejar
esas tonterías atrás.
Pero no había sido así, Karsten y yo no nos habíamos hablado más desde que
salimos del salón de fiesta hasta que llegamos al palacio. Él se había preparado para
dormir hecho un manojo de rabia, luego se había acostado para darse una merecida siesta
y apenas había alumbrado el sol de un nuevo día, se había marchado a una reunión con el
duque de Realste y bueno, ahora estaba yo sentada allí frente a ese espejo, pensando en
que parte de la pelea había sido mi culpa por obligar a mi chico a asistir a esos lugares que
no le gustaban, por ponerme a beber esa ―única‖ copa de vino y por quedarme en esa
fiesta teniendo tan cerca de mi ex, sabiendo que mientras Miguel estuviera cerca, a Karsten
le molestaría muchísimo.

Es que, el odio que sentía Karsten por Miguel era obvio, mi esposo nunca había
podido perdonar el hecho de que mi ex me hubiese maltratado y además, siempre tenía en
la cabeza que yo cabezota y tonta como a veces solía ser, muchas veces lo había rechazado
a él por perseguir un enamoramiento bobo que tenía por Miguel, enamoramiento que por
poquito me manda al hospital, aunque eso afortunadamente no sucedió.

En fin, ya el pasado no se podía regresar, cambiar y mucho menos alterar. Es que ni


Romeo y Julieta pudieron cambiar el destino que su escritor decidió para ellos, por lo que,
indubitablemente, yo tampoco podía regresar el tiempo y cambiar las malas decisiones
que tomé en mi vida. Mucho menos podía usando una varita mágica, eliminar el odio que
Karsten albergaba aún en el corazón.

Sin embargo, ya es momento de cambiar el tema, Karsten es una excelente persona;


no obstante, su carácter y su forma de ser tan dura; por lo que, no se merece que yo lo esté
juzgando negativamente. Él no se merece que yo lo esté describiendo como un canalla
cuando finalmente con todo y su lado oscuro sigue siendo un hombre, y no cualquiera
sino el mío, el de mi propiedad y bueno, Miguel solo fue una pieza mal puesta en nuestro
pasional juego.

Suspirando en definitiva llena de rabia y de dolor me pregunté a mi misma al


espejo:

— ¿Qué vas a hacer ahora, Dagmar? ¿Cómo vas a arreglar el lío que armaste?— y
en ese momento supe lo que tenía que hacer, así que lo mejor era comenzar por el
principio.

Conocí a Karsten y a Miguel en unas vacaciones de verano, sí sé que suena


repetitivo pero es que en ese periodo fue que ocurrió. No sé si fue el destino o algo de
maldad en la vida, pero terminé conociéndolos a los dos en la misma semana aunque en
diferente lugar. Quizás, sencillamente fue una casualidad que retumbó mi vida y terminó
decidiendo mi destino.

Mi padre tenía ya 15 años trabajando anónimamente en el comedor de una de las


guardería principales del palacio, él había estudiado para ser chef profesional y; a pesar de
trabajar en los terrenos del palacio, nunca había entrado al palacio como tal. Tampoco,
nunca nos había llevado a conocer este lugar y mucho menos a su dueño, él decía que la
familia no se mezclaba con los negocios; por lo que, siempre ponía cualquier excusa para
que yo no entrara al castillo. Sí, había visto al príncipe en revistas, medios de
comunicación e información y desde una distancia tan lejana que ninguno percibía la
presencia del otro, en algunos actos públicos que se daban en el país; pero nada tan
relevante como lo que sucedió ese día.

Recuerdo claramente que vi a Karsten por primera vez en un pequeño restaurant de


la ciudad; yo estaba allí porque había logrado convencer a la dueña del lugar de dejarme
entrar a comer cuando le mostré mi carnet real, una clase de identificación que es
exclusiva de aquellos que están directamente conectados con el príncipe y sus allegados.
La señora decía que el príncipe había dado la orden de tener privacidad de los medios de
comunicación y no podía dejar entrar a cualquiera que así lo quisiera.

Y sí, se notaba que el príncipe quería y debía tener privacidad; ya que, eran cientos
los guardaespaldas que estaban dentro y fuera del restaurant y yo que necesitaba
urgentemente comer algo, después de haber asistido en ayunas a un médico para que me
hiciera una prueba de sangre por cuestiones de la hemoglobina, también pensé que
necesitaba comer en un lugar alejado del bullicio de la alta sociedad, pues ya me
comenzaba a doler la cabeza y me sonaba el estómago; así que, sin querer buscar otro
lugar y perder más tiempo, busqué mi mesa en ese recóndito lugar.

Me senté en una pequeña mesa alejada de la música, pues me dolía tanto la cabeza
que ni el ruido soportaba y desde mi asiento bastante cómodo lo vi por primera vez. Él era
además del príncipe heredero, un chico deportista, mujeriego e increíblemente sexy que
estaba sentado comiendo con una chica sumamente guapa, aunque algo mediocre, en la
zona más exclusiva del restaurant. Ambos hablaban y se reían, se acariciaban y comían,
por lo que, yo jamás imaginé que él pudiera en algún momento notar mi presencia, ya que
yo en esa época era una muchachita simplona de senos pequeños que a diferencia de su
posible novia no tenía nada que aportar en una relación.

Pero, al contrario de lo que se pudiera pensar, él de repente me saludó con la mano


y yo algo inquieta le correspondí igual con la mano, él sonrió y me guiñó un ojo y a mí las
mejillas me ardieron inmediatamente. Finalmente, cuando fui a salir del restaurant, él
sencillamente se presentó con nombre y apellido ante mí como si se tratara de alguien
normal y corriente y no el príncipe heredero; después me invitó a salir. Luego, de eso nos
volvimos inseparables y los mejores amigos.

Mis padres no lo podían creer cuando se los conté; ya que, Karsten me invitaba casi
todos los días al palacio y una que otra vez me invitaba a pasear con él. Es más, incluso
algunos medios de comunicación comenzaban a regar la falsa información de que el
príncipe y yo estábamos en una relación. Tanto así que, él muy a mis ganas de llevarle la
contraria, nos puso un par de guardaespaldas a mis papás y a mí. Todo parecía una
fantasía que pronto se volvió una realidad cruel.
En cambio, a Miguel lo conocí un sábado en el club privado ―Arrullo para el amor‖,
del cual mi papá era uno de los socios principales. Con el tiempo me enteré que Karsten
como príncipe heredero siempre había sido el dueño y señor de ese lugar. En fin, esa es
otra historia que no vale la pena contar en este momento. Como iba diciendo a Miguel lo
conocí mientras los dos nos bañábamos en la piscina y tengo que admitir que cuando eso
ocurrió no pude ignorar el tum tum de mi corazón que me decía ―Este es el amor de tu
vida‖ y como una mujer que nunca antes se había enamorado, ese mismo día decidí que
algún día yo sería su esposa.

Miguel estaba jugando en la piscina con su sobrina y la niña sonriendo pícaramente


me invitó a jugar con ellos, yo acepté y el resto es más de lo mismo; él me invitó a salir, yo
acepté y ambos comenzamos a ir juntos a lugares tradicionales de la ciudad como el cine,
el parque de diversiones, el circo y el zoológico.

Los meses continuaron y los tres por separado nos volvimos grandes amigos, muy a
pesar de los chismes y cuentos de los medios. Casi todos los días salía con Miguel y con
cada tiempo que pasaba más me ilusionaba con ser su futura novia, a Karsten; en cambio,
lo tenía como mi mejor amigo y juntos íbamos a pasear a cualquier lado, donde nos
contábamos nuestros sueños y donde notaba que la popularidad de él con las mujeres era
inmensamente grande.

Sin embargo, la felicidad no duró para siempre. Un día que estaba más feliz que
todos los días porque Miguel en el club me había pedido ser su novia y yo le había
contestado que sí, todo se volvió un infierno. La relación, entre Miguel y yo era un cuento
de hadas, él me besó un par de veces y mi mamá al vernos juntos fue feliz de saberme
ennoviada con un chico millonario como yo y no con el príncipe heredero Karsten con el
que según ella debía guardar la mejor de las distancias sino quería seguir saliendo en la
prensa como la noticia del día.

En sí el cuento de hadas parecía no querer tener ni brujas malvadas, ni ogros


destructivos que alteraran la historia. Más, prontamente los muy malvados se antojaron de
llegar, Miguel en la tarde me había enviado un mensaje al teléfono avisándome que esa
tarde iría a mi casa para hablar con mi padre sobre nuestra relación; ya que, quería algo
―serio‖ entre los dos, y justo ese día, a Karsten se le había ocurrido convertirse en el peor
de los monstruos de las películas de terror y en mi enemigo número uno.

Me acuerdo que él me hizo meterme en un enorme lío. Me llamó al celular y me dijo


que necesitaba compartir conmigo mi felicidad, ya que ambos éramos los mejores amigos;
por lo que, deberíamos festejar el principio de mi noviazgo. Emocionada le pregunté con
cariño que a dónde nos veríamos y él solo dijo que me esperaría afuera de la casa
transcurrida una hora.

Y así ocurrió, yo me puse un vestido sencillo de color azul y me recogí los cabellos
con un gancho con forma de estrella, en los pies me puse unas sandalias de color negra
con el tacón súper bajo y en el cuello me puse un collar con pepitas de metal. Luego de
arreglarme, me despedí de mi madre y le dije que iba a estar afuera de la casa pero en la
misma urbanización y que pronto iba a regresar.

Cuando salí de mi casa me sorprendí muchísimo al notar que Karsten estaba


recostado de una pared con los ojos semicerrados, no había ningún guardaespaldas cerca y
ni siquiera se había molestado en usar lentes para cubrirse frente a algún chismoso que
pudiera aparecer. El muy canalla tenía un par de minutos esperándome para conversar
conmigo. ¡Si fuera sabido lo que iba a pasar jamás hubiese de la casa para hablar con él!

— ¡Sorpresa!—presurosa y contentísima le cubrí los ojos desde atrás para caerle de


sorpresa—Ya soy la novia de Miguel, él me pidió que fuera su novia y le dije que sí—le
confesé y con una alegría falsa él se quitó las manos de la cara y se alejó de mí para
después recostarse de un gran árbol. ¿Qué le pasaba a ese chico? ¿Acaso él estaba molesto?
Para ese momento no entendía que el muy egoísta no se alegraba por mi felicidad, solo
quería destruir mi vida y mi relación recién estrenada.

— ¡Oh, qué enorme noticia!—se cruzó de brazos y en ningún momento dejó ver una
sonrisa de su parte.

— ¿No estás contento?—me le acerqué sorprendida y él sencillamente me regaló


una media sonrisa para tratar de apartar las dudas que se asomaban en mi cerebro ¿Él
estaba bravo porque yo había aceptado de novio a Miguel? No, no podía ser así; pero, sí,
era así.

—Claro que sí estoy contento, —se cruzó de brazos y pegó el pie derecho del tallo
del árbol— ¿Por qué no iba a estarlo?

—Pero…—fruncí el ceño pues en parte me sentía extrañada de la forma en que


Karsten estaba tomando las cosas para ese momento—Pero, es que no has reaccionado
ante mi noticia con alegría.

—Creo que no estaba preparado para oírla—me confesó y luego se acercó a mí.

— ¿Por…qué?—le pregunté temblando y en un momento, tengo que confesarlo el


corazón me latió como loco y mi cerebro solo podía pensar era en sus maravillosos labios y
en cómo sería besarlos. No sabía por qué, pero en ese momento lo estaba viendo tan guapo
como el día que nos conocimos y yo deseaba atraparlo entre mis brazos y besarlo hasta
hacerlo desmayar

—Porqueeeee—su respiración sonó intermitente y luego me acarició suavemente


los cabellos, sus ojos ardiente me hipnotizaban—Tienes algo en el ojo, déjame sacártelo.

— ¿Qué?—quise echarme algo para atrás, pero sus fuertes y poderosos brazos me lo
evitaron— ¡No me molesta! ¡No siento nada!

—Pero tienes algo—me puso su mano derecha en el hombro y como galán al fin me
coqueteó— ¡Ven y te lo quito!
Entonces, sin decirme más se acercó a mí y firmemente me robó un beso. Un beso
que para nada se podía comparar con los pocos que me había dado Miguel hasta ahora.
Era húmedo, sexy y bastante pasional. No obstante, eso no era lo peor, ya que, aunque lo
intentara no había forma de que pudiera despegar de él. Me tenía como hipnotizada.

—Mmm—gemí y ni siquiera sabía por qué ¿Acaso me estaba gustando ese beso?
No, eso no podía ser, él era mi amigo no mi pareja.

— ¿Qué significa esto?—de pronto, llegó furioso Miguel con los ojos echando
candela como si fueran de un demonio. Al unísono, Karsten y yo nos separamos, mientras
mi cuerpo temblaba del terror que sentía.

— ¡Miguel!— le grité sorprendida de verlo allí.

— ¿Cómo pudiste engañarme?—me gritó apretando los puños en un gesto de


contención de la rabia, yo lo miré y no supe que contestarle, realmente no sabía que decirle
y menos cuando Karsten descaradamente me abrazaba desde atrás. Ni siquiera sabía por
qué se había producido esa situación.

—No es lo que tú piensas…—suspiré y sentí a mis ojos ponerse aguaditos.

— ¡Eres una zorra!—habló Miguel y sus palabras me hirieron profundamente.

— ¡Miguel, por favor escúchame!— pretendí en vano razonar con él, pero él caminó
hacia atrás para poner distancia entre los tres.

— ¡Te voy a olvidar!—me dijo intentando contener sus lágrimas y dando media
vuelta se marchó de allí sin por lo menos hablar conmigo, ni escuchar mi explicación— ¡Te
quiero olvidar!—fue lo último que me dijo y eso me lastimó hondamente.

— ¿Por qué?—caí de rodillas llorando— ¿Por qué?

—Dagmar…— Karsten quiso tranquilizarme y me colocó una mano en mi espalda,


más eso me hizo ponerme más furiosa de lo que nunca antes pude haber estado.

—Tú…—me levanté escandalizada y lo empujé lejos de mí—Tú Karsten Leander


eres la peor persona del mundo.

—Yo… —tragó saliva visiblemente sorprendido de mi reacción. ¿Qué se esperaba


que lo abrazara y le diera las gracias por arruinar mi relación con Miguel?

— ¡Eres un malnacido y no quiero hablar más contigo!—le aseguré y caminé hacia


la puerta de mi casa, necesitaba huir de ese desgraciado rápidamente.

— ¡Por favor, no te alejes de mí!—caminó velozmente tras de mí y me detuvo


tomándome de la mano derecha.

— ¿Por qué…por qué me haces esto?—le expresé con voz áspera.


—Porque tengo sentimientos por ti y no lo puedo evitar—me confesó así sin más y
yo no podía dejar de estar asombrada. ¿Qué quería decir Karsten con ello? ¿En serio yo le
gustaba? Eso no podía ser, un chico como él jamás se fijaría en una simplona y aburrida
como yo. ¡Estaba mintiendo!

—Miguel cree que lo engañé contigo y nada de eso es cierto—le hablé chillando
como una niñita, se suponía que tales cosas sólo ocurrían en las telenovelas y resulta que
en ese momento me encontraba con que ese chico me había hecho una trampa para que mi
novio creyera que yo lo engañaba.

—No, no es cierto; —tragó saliva— sin embargo, que bueno que cree eso.

— ¡Bastardo!—lo cacheteé echa un manojo de nervios y al momento los


guardaespaldas comenzaron a aparecer, pero él los detuvo con una mano para que ni
siquiera osaran acercársenos— ¿Cómo puedes ser tan cruel?—le pregunté y él apretando
duramente mi mano me haló hacia él y me mantuvo por cierto tiempo pegada a su cuerpo.

—Nací así y la vida me hizo volverme profesional—me aseguró y desde mi cercanía


a él pude sentir su pulso acelerado, sus labios seductores y sus ojos picarones. ¿Desde
cuándo este hombre me atraía tanto? ¿Desde cuándo mi cuerpo se ponía como gelatina
por él? No, no, no, no me gustaba nada, nada de nada.

— ¿Qué?—le pregunté atontada.

—Tú no me conoces Dagmar, —me susurró al oído y eso me hizo temblar en cada
parte de mi cuerpo— éste es mi verdadero yo; malvado, ruin y aprovechado. Soy un
príncipe y todo lo que quiero, lo conservo para mí. Desde ese día en el restaurant te puse
el ojo encima y decidí que tú serías mía.

— ¡Eres un Ángel venido del infierno!—le grité chillando y él sonrió


maliciosamente— ¡Lárgate ahora mismo de aquí!—bastante angustiada lo empujé lejos de
mí y lo miré frenética ¡Qué mal chico era él! ¡Qué ingenua había sido yo!— ¡No te quiero
volver a ver nunca!

— ¡Está bien! ¡Está bien!—se dio media vuelta claramente con intenciones de irse—
Me voy al palacio lejos de ti; sin embargo, te digo algo pequeña, voy a volver y cuando lo
haga será para siempre—me anunció en forma de promesa y amenaza y esas fueron sus
últimas palabras antes de irse y no volverlo a ver jamás.

Bueno, si a eso se le puede llamar jamás; ya que pasó mucho tiempo antes de volver
a ver en persona a cada uno de mis dos pretendientes. Tiempo en el que me esforcé por
mejorar muchísimos mis estudios, tiempo en el que mis padres estuvieron junto a mí
incondicionalmente y tiempo en el que mi mamá pareció querer encerrarme en una
burbuja de cristal para que nunca más nadie me hiciera daño.
Y como todo pasa pronto, un día que salí de la universidad decidí ir a comerme un
helado con mi amiga Ally, sí después de haberle pedido permiso a mi mamá, pues esta
señora de mediana edad insistía, insistía e insistía en que debía actuar como una niña y no
como la adulta que ya era para evitar resultar herida nuevamente algún día.

Era por eso y otras cosas más que Ally, a veces se quejaba de tener una amiga tan
aburrida como lo era yo y en eso tenía muchísima razón, ya que, en los últimos años casi
las dos ni salíamos juntas, y aunque a ella le gustaran mis papás, conmigo nunca podría ir
a bailar a una discoteca porque ahí sí que mi mamá me cortaría el cuello, tampoco podría
ir de paseo a un crucero y menos a la playa porque eso sería un regalo para la prensa
según mi madre, y menos podríamos asistir a una cita múltiple porque mi horario estaba
perfectamente controlado por mi señora mamacita.

En fin, ella y yo fuimos a una heladería que quedaba cerca de la universidad y el


lugar no era tan grande como debía ser por la cantidad de personas que lo visitaban e
incluso había más niños que personas adultas degustando de un delicioso helado. Muy
cariñositas y divertidas, ambas tomamos una mesita y pedimos dos helados, Ally pidió
uno de fresa y yo uno de chocolate, mi favorito.

— ¡Al fin tu mamá te dio permiso de salir conmigo!—me dijo Ally—No puedo creer
que aún no me perdone el haberte invitado a la fiesta de mi primo hace meses.

—Es que ella es muy cuidadosa conmigo—me quité los cabellos de la cara y
comencé a tomar mi helado recordando para mí misma que a pesar de todo Ally era una
excelente amiga porque ¿Quién carajo acepta que la maltraten solamente por entregar una
invitación para una fiesta en la noche? Seguramente que nadie— ¡Por favor Ally, no
hablemos de eso nuevamente!

—Sí, tienes razón; mientras…—alzó la copa de helado dispuesta a hacer un show


propio de ella—brindemos por lo bien que nos está yendo en la universidad ¡Salud!

— ¡Salud!—choqué mi copa con la de ella y emocionadísima ambas seguimos


degustando nuestros helados.

— ¡Coff, coff! —escuché a mi amiga toser de pronto, y yéndome más allá,


ahogándose con su helado— ¡Coff, coff, coff!

— ¿Ally, qué te pasa?—le pregunté quitándole la copa de la mano bastante asustada


y acercándome mucho a ella para tratar de calmarla un poco; sin perder mucho tiempo
saqué un cuaderno de mi cartera y le eché algo de aire con eso para que se sintiera mejor,
la muy loquita se había puesto roja como un tomate y tenía un semblante bastante malo—
¿Te ahogaste mucho? ¿Te sientes mal?

—Amiga…—temblando levantó su brazo y como pudo señaló con el dedo a una


esquina de la heladería—Amiga…
— ¿Qué?—le pregunté nerviosa— ¡Si te sientes tan mal mejor no hables!

— ¿Puedo ayudarlas en algo?— ¡Esa voz! ¡Esa voz! ¡Esa voz! No, no podía ser; él no
podría estar aquí ¡No! ¡Dios no podía estar haciéndome eso! ¡Después de tanto tiempo!
¡No!

— ¿Qué?—se me quedó mirando muy sonriente y eso hizo que mis piernas
temblaran de punta a punta— ¿Qué te pasa Dagmar pareces que viste a un fantasma?

— ¡No, claro que no!—algo me lo decía: No te levantes con el pie izquierdo hoy
porque vas a ver lo que te va a pasar— ¡Mi…Miguel… qué hermoso es verte nuevamente!

— ¿Sí?—pareció dudar de mis palabras — ¿Y a qué se debe esa extraña mirada?

—Es que…—que no podía decirle que estaba embelesada con su esbelta figura, que
los años que habían pasado lo habían puesto mejor y que por eso yo estaba atestada—Es
que, me asusté mucho de ver a mi amiga ahogada con el helado—me excusé sabiendo que
los tres presentes sabíamos que todo eso era una vil mentira.

—Es bueno verte después de tantos años—me dijo a secas y mi corazón se sintió
como cualquier mascota que es abandonada en la calle. Ese hombre tan áspero no podía
ser el tierno de Miguel que alguna vez yo conocí.

—Sí, han pasado muchos años—le respondí nerviosa y pude ver la mirada
angustiada de Ally sobre mí. Ella conocía toda mi historia con Miguel e incluso en alguna
oportunidad me había confesado que si fuera sido ella se fuera acostado con los dos para
ver cuál era más caliente en la cama; al parecer hoy en día seguía pensando lo mismo. Yo
simplemente no podía ser como ella— ¿Te quieres sentar, Miguel?—le pregunté
suspirando amargamente.

—Yo…—intervino Ally levantándose de su asiento dispuesta a irse—Yo, creo que


lo mejor que puedo hacer es dejarlos a solas para que puedan recordar viejos tiempos.

—Ally…—perturbada quise evitar que se fuera, pero ella guiñándome un ojo me


hizo saber que me esperaría afuera.

— ¡Adiós!—se despidió cordialmente y Miguel notablemente extrañado de la


escapada de mi amiga, tomó finalmente un asiento al lado mío.

— ¿Y tú familia cómo está?—me interrogó de inmediato y yo espabilé como tonta,


todo esto no podía ser verdad, él no podía estar allí hablando conmigo tan sosegadamente
después de haber transcurrido tres años de nuestra pelea.

—Bien…—tartamudeé y quise ciertamente agarrar el helado y arrojármelo en la


cabeza para ver si el frío me despertaba de ese raro sueño— aunque los años les han caído
un poco encima a todos.
—Me imagino que tus padres deben estar muy orgullosos de ti—claramente quiso
escabullar la conversación hacia ese sentido para no hablar del pasado, bueno sí a él le
parecía mejor así, yo estaba de acuerdo.

—Ellos siempre me han apoyado en todo—mi desacostumbrada aura de ―todo está


bien‖ me hacía sentir roja como un tomate— ¿Y qué ha sido de tu vida Miguel?—quise
indagar sobre su actual vida; estaba interesadísima en saber si se había casado, si tenía
novia o si seguía soltero.

—Mi padre se jubiló y por ende tomé la presidencia de la empresa familiar, — ¡Oh,
qué noticias tan buenas! ¡Miguel se merecía eso y muchas cosas más! ¡Era un buen
hombre!— ¡Ahora soy un hombre de negocios!

— ¡Vaya, siempre supe que ibas a triunfar en la vida!—probé de mi helado y sonreí


cariñosamente. En la cara de Miguel se percibía una luz que la vida se había encargado de
regalarle y yo me contentaba de que eso fuera así— ¡Felicidades!

— ¡Gracias!—Sonrió neciamente e intentó exponerme a cabalidad parte de su vida


como empresario— aunque admito que me hizo falta la sabiduría de mi padre los
primeros meses, no sabía nada de nada y él me ayudó muchísimo, me explicó con detalles,
me entrenó y me aconsejó cuáles podían ser buenos negocios.

— ¡Ah, qué interesante!—puse las manos bajo mi mentón y lo miré


carismáticamente. Ahora sí que la vida me volvía a sonreír, Miguel no estaba molesto
conmigo; a pesar de lo ocurrido en el pasado y si nos continuábamos viendo quizás
pudiéramos ser pareja otra vez.

— ¿Y tu mamá y tu papá?—me miró plácidamente tratando de leer la respuesta en


mis ojos. ¿Cuál quería recibir? Aún no sé cuál.

— ¡Bien, muy bien!—me mordí el labio tratando de entender lo absurda que era esa
conversación ¡Si fuera Karsten el hombre que estuviera allí en ese instante, me estaría
exigiendo explicaciones sobre mi vida de soltera y no sobre la vida de mis padres!— Mi
papá trabajando en el palacio, mi mamá como ama de casa.

— ¿Ella ya no trabaja de maestra?—me preguntó inquietado.

— ¡No, ya no!—le articulé examinando sus reacciones menudamente— Mi mamá


decidió retirarse hace ya un año. Dijo que necesitaba descansar después de 25 años
ininterrumpidos laborando en las aulas; además, de que la paga no era muy buena.

— ¡Qué mal por ella! No sé por qué en este país a los docentes no se les dignifica
económicamente como merecen—Miguel se acercó a mí y me acarició la espalda con
manos protectoras, yo me puse muy nerviosa. ¡Eso no me lo esperaba!— Ciertamente ella
es una mujer grandiosa y tu padre ni se diga.
— ¡Gracias!—le dije y pensé complacida en que definitivamente ese era el futuro
padre de mis hijos no nacidos.

— ¿Seré el futuro padre de tus hijos no nacidos?—Miguel me sacó de mis


pensamientos de un segundo a otro y sonriendo me hizo ahogarme un poco con el helado
¿Realmente yo había dicho eso en voz alta o él me había leído el pensamiento? ¿Qué
Diablos había sucedido?

—Dagmar…—me acarició dulcemente la mejilla derecha— ¿Puedo preguntarte


algo?

—Ya lo estás haciendo ¿No?—lo desafié con mis palabras, él nunca antes se había
burlado de mí y que ahora comenzara a hacerlo no me gustaba, para nada.

— ¡Hablo en serio!—pareció molestarse y yo decidí bajar un poco la guardia ante él,


este maravilloso hombre no se merecía que yo comenzara a retarlo por un chiste malo que
no me había gustado.

—Bueno, sí puedes; — me crucé de brazos jocosamente— pregúntame lo que


quieras

— ¿Cómo está tu relación con el príncipe Karsten?—me estremecí al escuchar


aquello ¿Qué? ¿De verdad Miguel me estaba preguntando por aquello? ¿Se había vuelto
idiota o qué? Contuve el aliento y apreté fuertemente los dedos de las manos en el mantel
de la mesa para contener mi indignación y evitar con ello, darle una buena cachetada a ese
mentecato.

— ¡Esto es una locura!— balbuceé fuera de control— ¿De verdad me estás


preguntando eso?

—Sí, ¿hay algún problema si te hago esa pregunta?—me inquirió de mala gana y la
decepción colmó mis entrañas. Ese tonto no había dejado el pasado atrás, estaba bastante
molesto conmigo y hoy día quería explicaciones.

—Para que te enteres…—se me hizo un nudo en la garganta al hablar y solté el


mantel suspirando—el príncipe Karsten y yo nunca tuvimos nada; no lo veo desde que
ocurrió ―lo que ocurrió‖ entre nosotros tres, hace tres años.

— ¡Bueno, si tú lo dices! —Me notificó bastante condescendiente—Es que yo pensé


que ibas a estar con él; ya que, los medios de comunicación e información siempre han
asegurado eso y como ya murió el rey; a pesar de las leyes que le dictan una edad en
específico a su majestad para convertirse en rey, creo que ese príncipe Karsten está más
cerca de asumir la corona y pensé que tu querrías ser su reina.

—No, he escuchado ciertas cosas de él pero porque me las ha dicho mi padre; —


fruncí el ceño— además, que siempre lo veo en los medios de comunicación porque casi
todos los días sale en la televisión, el internet, en revistas y la prensa; pero eso no significa
nada. Yo no tengo nada con ―ese sujeto‖. —le participé alterando mi voz.

—Por lo mismo, me pareció extraño no verlo contigo hoy, ni nunca. — ¡Bastado! ¡Se
estaba comportando como un bastardo! Definitivamente los hombres no eran de este
planeta— Normalmente él sale en los medios de comunicación con diferentes chicas y
contigo no, y por un momento pensé que ustedes dos tenían una relación ―abierta‖.

— ¡No, no tenemos nada y aunque aún no me lo creas, jamás tuvimos nada!—gruñí


enojada y me levanté de mi asiento dispuesta a irme de ese lugar. ¿Por qué tenía que
humillarme? Yo le había hecho daño, pero él también a mí al no querer escucharme y no
confiar en mí.

— ¿Qué nos pasó, Dagmar?—también se puso de pie y nerviosa aparté la vista de


él. No quería discutir, no ahora que me lo volvía a encontrar en el camino, no ahora que
podía recuperarlo— ¿Por qué cambiamos tanto?—me preguntó.

—Crecimos…— resoplé—creo que eso es bueno para ambos.

— ¡Tú eres igual de baja que hace tres años! —Me guiñó un ojo, y eso me pareció de
lo más sentimental que hasta ahora había conocido— ¡No creo que hayas crecido mucho,
Dagmar!

— ¡No, pero crecí en madures!—me reí sabiendo que en eso tenía razón; mi metro
sesenta y cinco centímetros no tenía vuelta atrás— ¿verdad?

—Claro que sí, ahora eres una mujer adulta— me dijo y me encantó escuchar eso.
Ahora sí que se podía decir que Miguel estaba orgulloso de la mujer en que me había
transformado en estos años. ¡Por fin, algo bueno de este encuentro!

—Creo que mejor me voy—luego de unos segundos me rendí a mi impulso de


huida sabiendo que si volvíamos a caer en el pasado los dos íbamos a terminar
odiándonos uno al otro y yo no quería eso. Era mejor que quedáramos, por lo menos por
ese día como amigos cordiales y que después peleáramos por nuestra pelea pasada—mi
amiga Ally me debe estar esperando aún—manifesté usando de excusa a la pobre.

— ¡Ven! ¡Toma!—Miguel suficientemente bromista me dio en la mano una pequeña


tarjeta—aquí tienes todos mis números de teléfono, incluso el mío privado. Si quieres que
nos reunamos otra vez o simplemente que hablemos, solo debes llamarme.

— ¡Ok!—súper nerviosa guardé la tarjeta en mi cartera y torpemente me despedí de


él con un beso en la mejilla. ¡Claro que lo iba a llamar, esta era mi oportunidad para
recuperar el tiempo perdido! ¡Pronto, lo conquistaría de nuevo!

Muy emocionada ajusté mi cartera al hombro y me dirigí encantada hacia la salida.


Sentía sinceramente que el corazón me iba a explotar de la emoción por volvérmelo a
encontrar; así que, sin pensármelo mucho decidí que esa misma noche iba a llamarlo e
invitarlo a salir conmigo. Seguramente, mi mamá no se iba a oponer a mi cita con Miguel y
hasta podría felicitarme por mi buena suerte; ya que, él sí le agrada. ¡Qué emoción!

Cuando salí afuera, no me preocupé por el clima ni por la temperatura; había cosas
más relevantes en las qué pensar y en las qué ocuparme y Ally me tendría que prestar su
ayuda en todo. ¡Ella sería mi salvación y mi motivación para recuperar mi relación con
Miguel! ¡Pronto, muy pronto! ¡Pronto, Miguel y yo estaríamos juntos nuevamente!

Estaba tan adormecida en mis pensamientos que quedé triplemente impactada


cuando vi a Ally parada frente a una enorme y lujosa limusina y pensé lo peor. ¡No, otra
vez, no! ¡No, esto no podía volverme a pasar a mí! Era Karsten reapareciendo en mi vida
insistentemente, era Karsten el hombre que se estaba bajando del vehículo y era Karsten el
ser que estaba caminando hacia mí con gran determinación. Sin pensarlo mucho caminé
rápidamente en dirección contraria, intentando en vano huir de él.

Karsten caminó ágilmente detrás de mí intentando alcanzarme y yo sentí pavor de


que pudiera agarrarme. Las piernas no me respondían lo suficientemente rápido y como
mensa, torpemente choqué de frente con un enorme hombre que debía ser uno de sus
guardaespaldas.

— ¡Ay!—fue lo único que pude decir, mientras me sobaba la cabeza.

— ¡Disculpe, señorita!—el hombre apenado hizo una reverencia de alegatos.

— ¡No te preocupes, Richard!—escuché a Karsten decirle al hombre para luego


dirigirse hacia mí y abrazarme— ¿Verdad, Dagmar que todo está bien?—me preguntó y
sin tener poder sobre mí me encontré afirmando con la cabeza que sí. Inmediatamente, el
hombre pidió permiso y se retiró del lugar.

— ¿No me vas a saludar, Dagmar?—me dijo Karsten y esas palabras me abrumaron


totalmente. Él siempre lograba ese efecto en mí y me sentía contrariada y culpable por
ello— ¿O te comió la lengua el ratón?—se burló.

— ¿Qué haces aquí, Karsten?—susurré nerviosa soltándome de sus brazos


velozmente y enfrentándolo con la mayor fuerza que pude encontrar. Verlo en persona
después de tanto tiempo era una locura, se veía guapo, varonil y travieso. Conservaba ese
cuerpo esplendoroso que ni los mejores medios de comunicación podían reflejar y
mantenía esa mirada siniestra de chico malo que podía volver chiflada a cualquier mujer.
Karsten, estaba perfecto y sin tener conciencia de ello, me quedé por varios segundos
embelesada viéndolo.

— ¡Vine a visitarte!— me respondió y después encogió los hombros como si no le


importara lo que yo estuviera pensando de él— ¡Vaya ya han pasado tres largos años!—
gruñó y luego sonrió descaradamente.
— ¿Cómo te atreves a venir después de lo que me hiciste?— ¡Y ahí estaba la obvia
pregunta que le debía hacer! No podía evitarlo, los recuerdos de lo ocurrido ese día aún se
me rescribían en la madrugada. No sabía si odiar a Karsten por montarme tal trampa o a
Miguel por desconfiar de mí; lo que sí sabía era que me los estaba encontrando a los dos
de nuevo y en el mismo día.

Sí, seguramente Karsten estaba allí a propósito porque posiblemente alguno de sus
empleados me vio hablando con Miguel hacía minutos y lo había llamado para que se
volviera a aparecer en mi existencia y él como buen demonio que era, estaba parado frente
a frente de mí con esos hermosos ojos de demonio con cara de ángel tratando de
intimidarme. ¡No me importaba! Aunque lo negara en voz alta, sabía mentalmente que
necesitaba este momento con Karsten. ¡Cómo lo había extrañado! ¡Como había extrañado
era mirada traviesa de chico malo! ¡No, no, no, eso estaba mal! ¡No podía pensar así!
¡Odiaba a Karsten! ¡Odiaba su maldad! ¡Odiaba que pusiera mi vida de cabezas cada vez
que le daba la gana!

— ¡Tenía unos inimaginables deseos de volver a verte!—musitó Karsten y yo


parpadeé. ¡A veces Karsten podía ser tan dulce! Bueno, muy pocas veces, pero aunque sea
unas cuantas que se podrían contar con los dedos de la mano.

— ¡Voy a llamar a los de seguridad para que te alejen de mí!—lo amenacé bastante
intimidada de mis pensamientos. ¿Acaso el caminar rápido me había hecho perder la
cordura porque estaba viendo con buenos ojos a ese malvado príncipe? Además, como si
fuera posible cumplir mi amenaza, en qué lugar de mi cabeza cabía que siendo él el
príncipe heredero del país lo iban a tratar como una persona corriente.

— ¡No sueñes tanto, amor!—refunfuñó algo sorprendido de mi insensatez— Ellos


ya saben que soy tu novio. ¡Ven, vamos a hablar!—me haló de las muñecas e intentó
llevarme consigo a la limusina.

— ¡Estás loco!—intenté zafarme y allí fue que me di cuenta que frente a frente de mí
aún estaba el despreciable hombre que me había engañado tres años atrás; nada había
cambiado, todo seguía igual y Karsten seguía siendo la misma basura de mierda—
¡Contigo no voy a ninguna parte!— le fruncí el ceño en forma de reto y me crucé de brazos
bastante furiosa.

— ¡Acompáñame o te vas a arrepentir!—me amenazó cerrando los ojos y


respirando, en un gesto que me imaginé era para contener la ira que le emergía por los
poros y que le servía para dejar salir la poca paciencia que le quedaba guardada. Dio un
paso hacia mí y claramente en sus ojos se leía que si yo intentaba salir corriendo, él me
perseguiría hasta alcanzarme y atraparme.

— ¡No te tengo miedo!— le murmuré sin aliento, temblando al unísono como una
niñita con frío. Sin darme cuenta eché sin premeditación un pie hacia atrás y las manos
comenzaron a sudarme. El subconsciente me gritaba que huyera de allí pero el cuerpo no
me lo permitía. Sentía miedo, lujuria y a la vez excitación por lo que podría pasar a
continuación.

— ¡Qué fastidio contigo, cariño!—de pronto, se abalanzó sobre mí y me cargó sobre


su hombro para llevarme a la limusina. Sinceramente no creo que le haya importado
mucho que llevara puesta una falda y que le pudiera mostrar todo el trasero a la gente. El
muy desgraciado me puso una mano en el trasero y me nalgueó para intentar con ello que
yo me quedara quieta.

— ¡Suéltame!— le supliqué— ¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡Suéltame!—pero no me soltó,


más bien, el chofer de la limusina lo ayudó a secuestrarme abriéndole la puerta del
vehículo para que Karsten lograra meterme en ella. Yo bastante enojada le grité sendas
blasfemias que al final Karsten ignoró; el muy desgraciado más bien parecía estar
divirtiéndose con lo que me estaba haciendo.

Finalmente, él se paró a hablar con el chofer y le dio unas órdenes al pobre hombre
que yo no pude escuchar y se introdujo conmigo al vehículo; y como si fuera rayo veloz el
chofer cerró la puerta del carro dejándonos a ambos encerrados adentros.

— ¡Eres un canalla!—miré a Karsten sentarse muy cómodamente en la limusina


frente a frente de mí y eso me volvió como loca; por lo que, sin mediar mis acciones lo
cacheteé súper fuerte. El rubor en mis mejillas al descifrar lo que acaba de hacer no lo
pude evitar. Si Karsten obligaba a sus abogados a meterme presa, realmente que esta vez
sí que lo merecía.

— ¡Así que me resultaste una salvajita, mujer!—él me manifestó igualmente


sorprendido de que por segunda vez desde que le conocía le había pegado fuerte sobre su
cara— Igual, tú y yo vamos a hablar porque quiero reconsiderar las cosas contigo y que
podamos seguir nuestra vida en paz.

— ¿En paz? ¿En paz?—me mordí la lengua para evitar darle una merecida
insultada ¡No! ¡No! ¡No!— ¿Y cómo sería eso después de que me besaste a la fuerza para
que Miguel creyera que yo lo estaba engañando contigo?—sí, eso era lo que tenía que
hacer; sin necesidad de golpes podía hacerle mis reclamos.

—Todo lo que hice fue para salvarte—parecía de lo más tranquilo, y eso para mí era
horrible. ¡Odiaba su actitud serena aún en situaciones tan inusuales!—No quería que
dañaras tu vida con ese imbécil—me dijo el muy cretino y yo lo odié un millón de veces,
sin darme cuenta me hallé a mí misma deseándole lo peor del mundo y esto podía
comenzar cuando se quemara en el mismísimo infierno.

—Ese imbécil tiene su nombre y es un maravilloso hombre que me quería, igual que
yo a él—definitivamente que el encanto de Karsten se terminaba cuando hablaba conmigo;
a las demás mujeres podía engañar y ponerlas a sus pies, pero a mí no me mentía. Yo lo
conocía como la palma de mi mano y sabía lo cruel que solía ser para lograr siempre tener
la última palabra.

— ¿Maravilloso?—ese condenado ignoró mi ferocidad mostrándose bastante


fastidiado y eso hizo que apretara bien fuerte los puños para evitar golpearlo de nuevo—
Se nota que lo conoces solo de superficie. En fin, lo cierto es que no quería engañarlo a
propósito; más tampoco podía permitir que fueras su novia.

—Nunca voy a perdonarte por hacerme eso, — le aseguré sonrojándome de mi


misma y mordiéndome el labio inferior; en tanto, especulaba sobre cada una de sus
palabras —nunca voy a olvidar lo malvado que eres.

—―Ésta condena me está matando, perdóname‖—dijo imitando malamente mi


voz— ¿Eso es lo que quieres que te diga? No esperes tanto mi niña; no te voy a pedir
perdón.

— ¿Ya, sí?—mi cuerpo se llenó de más frialdad y rabia que antes ¡Karsten era
realmente un caradura egoísta y cruel!— ¿Por qué no me dices en detalle qué carajo haces
aquí y me dejas marcharme de una buena vez?—le pregunté dirigiendo mi mirada hacia la
vista que daba hacia la calle.

— ¡No vamos a hablar aquí!—Tocó un botón dentro de la limusina, lo que hizo que
se encendiera una luz roja y la limusina arrancara su viaje. ¡Este iba a ser un larrrrrrrrrrrgo
viaje!

— ¿A dónde me llevas?—le eché un vistazo repleto de desprecio.

—Prometo dejarte libre en cuando terminemos de hablar— exclamó con total


serenidad en su voz.

— ¿Sí?—le pregunte suficientemente inquieta— Bueno, entonces comienza a hablar


de una buena vez porque no tenemos todo el día.

—Yo…te quiero de vuelta—me dijo sin más mordiéndose el labio inferior.

— ¿Qué?—de repente sentí que me mareaba o era el movimiento de la limusina que


me hacía sentir como una batidora— ¿Se te fundió el cerebro, Karsten? ¿Sabes lo qué estás
diciendo?

— ¡Dagmar, no me ofendas! ¡Sabes que no me gusta!— me dijo con voz ronca— Yo


vine a buscarte porque; no sé, pensé que los años iban a acabar con la rabia que tenías
guardada en tu corazón y que por fin me ibas a querer.

—No digas estupideces, yo no te voy a querer nunca; —le declaré frenética— si


siempre amé a Miguel fue porque es grandioso, no por ser tan malvado como tú.

— ¿De verdad lo crees tan perfecto?— me dijo mirándome írritamente a los ojos con
tono de desprecio— Él es un imbécil e idiota que no tiene nada en la vida.
—Él es un maravilloso ser, no como tú— le expresé con muchísimo sarcasmo.

— ¿Qué puede tener de maravilloso el recibir todo como regalo?— dejó disgregarse
un resignado suspiro— Hasta la empresa que preside es heredada.

—No tiene la culpa de haber nacido rico, —solté toda la ruidosa ira que aún
permanecía escondida—además, tú heredaste sangre azul y eres rico por tu descendencia
real, no por haber trabajado mucho ¿Así que, qué críticas?

—Critico el simple hecho de haber puestos sus babosos ojos en ti—me desafió
observándome con esa mirada oscura que a cualquiera ponía a temblar, pero que a mí en
cambio, me derretía de alguna necesidad extraña.

—Él es el ser más inocente de toda esta historia—le dije con un tono de voz más
suave y eso como que ayudó a que Karsten se tomara más confianza, de la que ya tenía
conmigo. Se sentó a mi lado y me tomó de las manos, lo que provocó en mí una descarga
de adrenalina.

— Yo no esperaba volver a verte, Karsten—le dije mirando sus preciosos ojos de


hombre seductor, en tanto, mi cuerpo mentalmente me gritaba que me le montara encima
y le robara un beso—Yo pensé que nunca más me volverías a buscar.

—Necesito que entiendas que…— Karsten asintió y luego movió su mano derecha
hacia arriba y con delicadeza rozó mis labios— ¡Tú eres mía!

Y sin esperar a que yo negara este hecho, movió su mano izquierda sobre mis
piernas e ignorando el vestido que cargaba se agachó un poco y besó la piel que se alojaba
entre la tela y las rodillas. ¡Karsten era el mejor hombre seduciendo, de eso sí que podía
estar segura!

Bastante nerviosa, miré a todos lados para tratar de no guardar en mi mente la


imagen de Karsten tocando mi piel. No sabía ni cómo, ni por qué, pero sí sabía que quería,
anhelaba y estaba necesitada de sentir a Karsten acariciarme de pies a cabeza lo más
pronto posible y eso, no era posible ni correcto.

—Miguel, no merece que le hagamos esto—fue lo único que pude decir antes de
que Karsten se levantara de mi lado y volviera a su asiento original— ¡Él no tiene la culpa!

—No, él no tiene la culpa igual que yo; — dijo en una voz bastante excitada— pero
sí la tiene de hacer de ti una niña ciega de algo que no es amor.

— ¡Déjame bajarme, Karsten, por favor!—le supliqué, pues sabía enormemente que
si duraba un segundo más soportando el juego de seducción de ese príncipe iba a terminar
cayendo en sus redes. Él era bueno con las palabras, y más buenos con las acciones y yo…
yo solo era una majadera que no aguantaba un par de caricias bobas— ¡Déjame irme y
luego márchate!—le pedí— ¡Si ya terminaste de hablar conmigo, déjame libre y vete!
—Te voy a dejar en el Centro comercial ―Antillano‖—me respondió sin mostrar
nada implícito en sus palabras—Allí voy a tener un encuentro con el señor Thiago.

— ¿Qué?—arqueé una ceja y de repente desperté de mi torpe momento de gloria.


¿Qué deseaba Karsten con mi padre fuera del palacio? ¿Sería algo grave? ¿Estaría
relacionado con su trabajo? ¿Se trataría de mí?

—Tengo que hablar con tu padre de negocios— el muy canalla volvió los ojos hacia
mí en sigilo y respondió sin más a mi pregunta.

— ¿Con mi padre?—esta vez sí que estaba asustada, sospechando lo peor de ese


encuentro; en cambio, Karsten parecía de lo más tranquilo en su actitud, para él solo era
una simple reunión que duraría no más de cinco minutos; por lo que, con mucha
posesividad hacia sus asuntos me dio una fugaz mirada como diciéndome ―Esas son cosas
que no te interesan‖— ¿Por qué en un centro comercial?—lo interrogué poniéndome
alterada otra vez— Para eso está el palacio de lunes a viernes.

—Créeme, lo que voy a tratar con tu padre es mejor hacerlo fuera del palacio— me
miró con los ojos entrecerrados y supe en ese momento, que las cosas que Karsten iba a
tratar con mi padre iban a ser bien graves.

— ¿Es algo malo? —investigué contrariada y sin querer me comencé a rascar la


nariz de los nervios.

—Mi niña, sería tan fácil de contestarte eso; — Karsten se puso cómodo cruzando
las piernas y colocando sus brazos extendidos sobre su cabeza, luego me mostró una
amplia sonrisa — no obstante, no está en mis manos hacerlo—me dijo y yo me irrité, pues,
él siempre tenía que negarse a responder lo que yo realmente quería saber. Lo hacía hace
tres años y ahora, nuevamente.

No pasaron más de diez minutos cuando estábamos al frente del Centro comercial
―Antillano‖. Karsten y yo nos bajamos de la limusina sin perder el contacto emocional,
aunque, ninguno le dijo al otro nada en parte del camino hacia allí. Karsten, me tomó de la
mano como si los dos fuéramos pareja y yo tirité de tenerlo nuevamente tan cerca de mí,
luego me llevó de la mano a un famoso restaurant en donde nos encaminó hacia una mesa;
allí estaba mi padre, solo que él no estaba solo, estaba con mi mamá

— ¿Qué hace usted aquí, su majestad?—fue lo primero que dijo mi madre al vernos
acercarnos a la mesa, mi papá se levantó y le hizo a Karsten una reverencia, en cambió mi
mamá se aproximó a él con mucho rencor.

— ¿Qué hace con mi hija?— Suspiró mi madre notablemente nerviosa de vernos


otra vez juntos a Karsten y a mí— ¿Cómo se atreve? ¿Le hizo algo malo?

—Mamá…—traté de explicarle que ese estar juntos no era lo que ella se imaginaba,
él solo me había obligado a subir a su limusina, había hablado conmigo, me había
acariciado con sus labios, pero nada más. Karsten y yo jamás llegaríamos a ser nada más
que conocidos.

—Amor, tranquila que yo lo invité—mi papá trató de aplacar a la fiera que tenía
como madre de su hija— Además, debes aprender a respetar a su majestad, él es el
príncipe heredero y si sigues con esa actitud a la cárcel vas a ir a parar.

— ¿Y eso qué?—mi mamá miró de reojo a mi papá— Él le hizo mucho daño a mi


hija y nunca se lo perdonaré.

—Él y yo tenemos asuntos que tratar—mi padre puso stop en esa discusión absurda
con mi santa madre y propiamente la dejó con las palabras de disgusto en la boca— Por
favor, príncipe Karsten me gustaría que me acompañara a un sitio retirado—se dirigió
luego a Karsten y explayando el brazo le indico la puerta de una habitación donde ambos
seguramente hablarían de sus cosas.

— ¡Sí, después de usted!—le contestó Karsten y guiñándome un ojo a mí se fue con


mi papá a esa habitación en la que hablaría de cosas que yo desconocía pero que
presentían eran malas.

— ¿Qué le pasa a tu padre?— dijo mamá sentándose en cuanto nos sintió a solas—
¿Cómo se le ocurre traer a ese patán hasta aquí?—bastante colérica agarró su copa de vino
y se la bebió de un solo trago.

—Mamá, por favor; no es el momento de empezar a reñir sin razón—me senté


tratando de mantener la paz que aún, a pesar de todo, estaba presente— Lo que debemos
hacer es investigar ¿Para qué lo trajo? ¿De qué son esos negocios? ¿Será que piensa
despedirlo de su trabajo?

— ¿Y yo que voy a saber?—me gritó roja como un tomate—A mí ese príncipe no me


da ni una pizca de miedo y te exijo Dagmar que no vuelvas a juntarte con él nuevamente,
no te quiero ver cerca de él otra vez. Una cosa es el trabajo de tu padre y otra cosa es que
tú tengas que andar del brazo de ese infame señor. ¡Si tengo que ir presa para evitar que
ese estúpido te haga daño otra vez, te juro que lo haré!

— ¡Está bien!—le aseguré sabiendo que lo quisiera ella o no, igual Karsten y yo
nunca más volveríamos a estar juntos. Él era un príncipe y yo una plebeya, él era malvado
y yo no lo amaba. Miguel era y debía seguir siendo el hombre de mi vida.

A continuación, mi madre y yo pedimos un Brazo Gitano como postre y no los


comimos en silencio. Yo no sabía qué carajo podría decirle cuando más me tenía
preocupada que Karsten se reuniera con mi padre fuera del palacio que lo que mi madre
pudiera pensar de lo que estaba pensando entre él y yo. No sé cuánto tiempo transcurrió
pero cuando finalmente mi padre y Karsten regresaron sus miradas me rompieron el
corazón. Mi papá estaba con los ojos llorosos, con cara de deprimido y bastante nervioso,
Karsten estaba serio, sin esperanzas y lleno de un aura de pesimismo que nunca antes
había visto en él.

— ¡Con sus permisos!—sin mayores explicaciones Karsten se despidió de mis


padres y de mí y en ese instante, miré a mi papá esperando que dijera algo que aclarara
todo, pero no dijo nada, ni explicó nada, pues se le notaba a leguas que no quería hablar
más del tema que le preocupaba a esa hora.

Karsten me miró fijamente a los ojos y después llamó a un empleado del restaurant
le dijo que anotaran todo lo que mi familia había consumido a su cuenta y luego dando
media vuelta se marchó fuera del restaurant. Yo me quedé congelada mientras lo veía
alejarse, no sabía qué Diablos pensar y el hecho de ver a mi padre con mirada de
derrotado me hacía pensar que Karsten estaba haciendo sufrir a mi papá.

Sin pesarlo mucho obvié los llamados de mi papá y de mi mamá y salí corriendo
detrás de él, fuera de allí. Necesitaba urgentemente llegar a donde iba él y exigirle
esclarecimientos; ya que, si ese perro estaba haciendo sufrir a mi papá lo iba a pagar hasta
con sangre, que se metiera conmigo pero no con él.

— ¡Karsten, espérame!—lo llamé en cuanto lo vi salir del centro comercial y


acercarse a su limusina dispuesto a irse. Esta vez, no podía escapárseme.

— ¿Querías decirme algo?—se giró hacia mí y me preguntó a voz alzada ignorando


a las personas que pasaban por allí. Sí, por eso él había escogido ese lugar para la reunión
con mi papá; ya que, era un centro comercial exclusivo para ciertas personas y le permitía
actuar de forma natural y sin estar escapando de los fanáticos, acosadores y admiradores
como tenía que hacerlo en otros lugares del país y de la ciudad.

— ¿Ya terminó la reunión con mi padre?—le pregunté y todo el control que poseía
estaba a punto de írseme de las manos; quería muchísimas respuestas sobre las lágrimas
verdaderas que había visto en mi papá hacía unos momentos y seguramente Karsten se
negaría a dármelas.

—Sí, fue algo breve— sus ojos se iluminaron de forma tan natural que no pude
evitar bajar la mirada para protegerme de su encanto. Hoy no me podía dejar envolver por
sus encantos, él debía darme respuestas muy importantes sobre mi padre.

— ¿Y qué tal todo?—contuve la respiración y luego respiré de una forma rápida—


¿Cómo les fue?

— ¡Eso es un secreto!—me respondió levantando una ceja como diciéndome con


ello ¿Y a ti qué te importa?, luego se dispuso a entrar a la limusina, pero yo lo atajé
tomándolo del brazo.
— ¿Por qué todo lo tuyo debe ser un misterio?—me sentí perder la paciencia y
deseé poder agarrarlo por el cuello y ahorcarlo— Es por eso que siempre haces cosas tan
crueles.

— ¡Yo no soy cruel!—me tomó por el mentón y sopló muy cerca de mis labios—
Yo… yo soy solo yo.

— ¿Y por qué mi papá estaba llorando después de reunirse contigo?—quité


rápidamente sus manos de mi cuerpo y di un par de pasos hacia atrás para poder alejarme
de él. Definitivamente que este hombre podía hacer que me pusiera bastante nerviosa.

— ¡Esa pregunta debes hacérsela es a tu padre no a mí!—me manifestó sin más y


eso provocó en mí una rabia tan inmensa que si no fuera sido porque sabía que de esa
manera no obtendría las respuestas que quería y necesitaba, me le fuera tirado encima
para darle sus merecidos golpes.

— ¿Por qué siempre debes hacer eso?—le pregunté con incredulidad, pues
realmente cada día este hombre me desesperaba más. No podía ser que nunca contestara a
mis preguntas— ¿Por qué destruyes a todas las personas que quiero? Hiciste sufrir a
Miguel y ahora haces llorar a mi padre.

—Yo no quiero hablar del pasado, por lo menos no por ahorita—recorrió mi cuerpo
en una expedita ojeada y rápidamente sonrió el muy descarado. Toda esta conversación le
parecía un chiste sin fin.

— ¡Pues, yo si quiero!—levanté el mentón en forma de desafío y lo miré con odio—


¡No deseo que te acerques a nosotros más! Mi papá trabaja en tu palacio, pero es bien
sabido que nunca has entrado a algunas de las cocinas del palacio real porque te vale lo
mismo que un llanto de un bebé. Para ti esa es solo una de las tantas cocinas del palacio y
más nada.

— ¿Y eso a ti que te importa?—me gritó rabioso; en tanto se peinaba los cabellos con
las manos. ¡Oh vaya, ahora sí que ese malvado estaba perdiendo la imperturbabilidad
conmigo! ¡Lo estaba haciendo rabiar, pero ya no me afectaba!

—Pues, me importa porque no quiero que mi padre sufra—le fruncí el ceño


desafiándolo.

—Ya te dije que él es el que debe darte las explicaciones al respecto—me respondió
claramente agotado de esa absurda conversación y eso me molestaba mucho más. ¿Por
qué tenía que aburrirse conmigo? Yo, era yo. Yo era la mujer a la que él según amaba.
¡Malvado hijo de puta!

— ¿Y a Miguel quien se las va a dar?—me fastidié yo también y saqué mi rabia


hacia afuera ¿Qué le pasaba a ese idiota? Me debía muchísimas explicaciones y esta vez
me las tendría que dar—Lo que hiciste hace tres años merece que tú lo repares.
— ¿Estás hablando enserio?—pareció sacado de onda. Sinceramente que Karsten
veía esa conversación bastante desatinada y yo lo estaba volviendo loca con mi
preguntadora; pero, bueno se la tenía que calar.

—Sí, —entrecerré los ojos— necesito que le digas a Miguel que entre tú y yo nunca
existió ninguna relación mayor a esa amistad—bueno, ahí estaba, ahí estaba dicho mi
pedido para recuperar a Miguel, ahí estaba lo que debía haberle exigido a Karsten desde el
primer momento que lo volví a ver.

— ¡Si sabes contar no cuentes conmigo!—me miró con los ojos claramente llenos de
disgusto, el muy canalla se mordió el labio inferior y luego dirigiendo su mirada hacia un
grupo de chicas que iban pasando por allí; trató de escapar de mis preguntas.

—No quiero que intervengas más en mi vida, en mis amores y en mis relaciones—le
exigí en cuanto las chicas siguieron su camino y nos dejaron a solas— y menos ahora que
Miguel se ha acercado a mí—su mirada se encontró con la mía y mis mejillas se sonrojaron
¿Qué Diablos me estaba `pasando?—Es posible que pronto nos reconciliemos y nos
casemos—le informé y miré hacia otro lado.

— ¿Se han vuelto a encontrar?—no pareció sorprendido y para nada molesto, más
bien pareció irónico— Eso ya lo sabía, tu amiga Ally no puede mantener la boca cerrada.
Lo que me parece increíble es que me digas que se van a casar ¿Qué significa eso?—
conteniendo la rabia me haló las mejillas en forma de chiste sonriendo de forma agria.

— ¡Lo que escuchaste!—decidí enfrentarlo con la sonrisa más forzada que hasta
ahora había tenido en mi vida, él; por el contrario, me mostró una sonrisa tan
desvergonzada que el cuerpo se me volvió pura gelatina— Miguel y yo nos reencontramos
y estamos muy cerca de volvernos a hacer novios—me estremecí.

—Ja, ja, ja, ja, ja —dejó cínicamente escapar un gemido— ¡No seas chistosa!

— ¡No es un chiste!—alcé una ceja hecha un mar de rabia porque quería abofetearlo
y no podía ¿Qué más podía decir ahora que él estaba burlándose de lo que yo le estaba
diciendo?

— ¡Para mí sí!—Karsten sesgó la cabeza y continuó sonriendo.

— ¡Por eso, te odio!—apreté los puños en un tonto impulso de evitar cometer la


tontería de golpearlo en la calle ¡Estaba acabando con mi estoicismo!— Siempre debes
tomar todo a juego ¡Te aborrezco! ¡Te aborrezco!—le grité con un tono de voz
enormemente trastornado.

— ¡Sí, hazlo!—expresó pensativo— Eso significa que algo profundo sientes por mí.

— ¡Eres un canalla!—balbuceé— ¿Cómo puedes ser tan vil? Mi vida era perfecta
hasta que tú la arruinaste y ahora lo quieres volver a hacer. Quieres acabar con la poca
felicidad que tengo
— ¡Dios mío! ¡Dios mío!— manifestó con un refunfuño aburrido— ¿Por qué será
que las mujeres traen tantas complicaciones a la vida de los hombres? ¡Ya basta de hacerte
la víctima! ¿Sí? Yo te robé un beso y tú firmemente que respondiste— ¡Oh, ahí estaba
Karsten de nuevo! Él siempre tenía que echarme la culpa a mí de las cosas que había hecho
mal. ¿Acaso no podía comenzar a comportarse como un príncipe y dejar a un lado su
papel de villano resentido?— Si no lo hubieses deseado, tu lengua no se fuera movido tan
indecorosamente en mi boca. Sencillamente te hubieses dedicado a cerrar tus deliciosos
labios.

—No, por supuesto que no quería que me besaras, —rugí echa una fiera— todo fue
una trampa tuya para acabar mi relación con Miguel, yo en ningún momento respondí a
tu beso.

—No, claro que no lo hiciste y todo porque—dijo imitando femeninamente mi voz


—―Ya soy la novia de Miguel, él me pidió que fuera su novia y le dije que sí‖—se puso
totalmente serio y volvió a tener su seductora voz reiteradamente—sólo tenías
veinticuatro horas siendo su novia, eso no era nada.

— ¿Nada?— demandé aturdidamente—Sería nada para ti, pero para mí lo era todo.

— ¿Todo? ¡Por favor!— Miró fijamente mis ojos y luego me tomó de la mano—
Como ya te dije ese noviazgo no era nada; el imbécil ese y tú jamás hubiesen llegado a algo
más profundo, pero tú inmadurez ―aún‖ no te ha dejado ver eso ¡Es que…mírate! Estás
recriminándome por algo que si él hubiera sido un verdadero hombre se fuera encargado
de aclarar

— ¿Y quién habla de ser un verdadero hombre?— apretándole la mano quise


matarlo— ¿Tú? ¿Tú que besas a una inocente mujer a la fuerza para que otro crea que es
su amante? ¿Tú que estás tan obsesionado con una mujer como para destruirle la
existencia? ¿Tú?

— ¡Sí, yo!—dijo finamente y me soltó de su agarre— ¡Yo! ¡Y no me arrepiento de


eso! ¡Adiós! —gruñó y sin darme más explicaciones se montó en su vehículo y se marchó,
¿para siempre? lo dudaba.

Miré una vez más a las calles de la ciudad y molesta volví adentro ¿Por qué siempre
el muy canalla debía hacer de mi vida un juego cruzado, una pesadilla en un cuarto oscuro
o la sentencia a muerte de un preso? Ya me tenía harta y aunque no había logrado que
aceptara pedirle disculpas a Miguel seguramente con mi padre sí podría averiguar lo que
estaba pasando.

Entré al restaurant y fui hasta donde estaba mi mamá sola, para variar mi padre no
estaba allí, sí, seguramente se había obstinado del interrogatorio de mi madre sobre su
encuentro con Karsten y se había marchado. ¿Sería posible que a mi padre le diera tanto
miedo decirnos a mi madre y a mí el cuento completo de lo que estaba pasando por el
grado de gravedad que eso representaba? ¡Dios, no permitiera eso!

— ¿Y mi papá?—le pregunté a mi madre y ella frunció el ceño. Realmente que


estaba furiosa con él y la mirada la delataba indiscutiblemente.

— ¡Se fue, hija!—tomó su cartera y me invitó con el brazo a que abandonáramos el


restaurant de inmediato—me dejó dicho a mí para que te dijera a ti, que no te preocuparas
que sus problemas; pues, él los resolvería sin aceptar la ayuda de nadie, menos del
príncipe Karsten.

— ¿Y eso qué quiere decir?—le pregunté, en tanto un sujeto alto nos abría la puerta
del restaurant para que saliéramos. Sinceramente que le sonreí en forma de
agradecimiento, ya que, la primera vez que corrí fuera del restaurant ni lo había notado
por el apuro.

— ¡No sé!—me respondió mi mamá y salió de primera, yo la seguí—Ese padre tuyo


no sé en qué está pensando. ¿Por qué siempre tiene que estar metido en rollos
económicos? Si dejara ese bendito vicio del juego no tendríamos tantas deudas ¡Me tiene
harta!

— ¿Entonces, se trata de un problema económico?—caminamos por el pasillo del


Centro Comercial dispuestas ya a marcharnos.

— ¿Y qué más puede ser, Dagmar?—mi mamá estaba bien molesta. Odiaba cuando
se comportaba así. Sí, mi padre era un adicto al juego, pero yo siempre sospeché que esa
adicción tenía un trasfondo más real y estaba en el poco amor que mi mamá le mostraba;
por ello, mi padre prefería trabajar de interno casi todo el año.

Él había estado en terapia muchísimas veces, pero no avanzaba en nada. Se iba a


trabajar en la guardería del palacio por meses y cuando salía de vacaciones, regresaba un
par de días a la casa, luego salía de ella por semanas y no regresaba hasta que ya no le
quedaba nada de dinero. Mi mamá, entonces le decía los peores insultos y él solo le
respondía que si quería dinero se fuera casado con el difunto rey, el padre de Karsten.

Y eso me incomodaba más, ya que, cuando eso sucedía siempre recordaba la


conversación que los escuché compartiendo una vez. Yo únicamente era una niña de 8
años que estaba dentro del armario de la habitación de mis padres jugando solitaria a ―Las
Escondidas‖ y de pronto ellos entraron discutiendo seriamente sobre su pasado. Mi papá
le dijo a mi madre que no era justo que se comportara tan arrogante con él y ella solo le
respondió que en el corazón no se mandaba.

De pronto, mi padre arrojó todo lo que mi madre tenía en su peinadora al suelo y


ella le gritó que madurara porque a pesar de todo, ella se había quedado con él. No
contando con ello, llorando le dijo que ella siempre se había arrepentido de haberlo
escogido a él y no al rey porque si eso fuera pasado su vida hubiese sido diferente, habría
tenido dinero, comodidades y lo más importante amor.

Mi papá se arrojó de rodillas diciéndole que él la amaba aunque sabía que ese amor
no era correspondido porque ella amaba al rey y mi madre ignoró sus lamentos. Como si
no le dolieran nada, dio media vuelta y salió de la habitación. Yo, desconsolada salí
rápidamente del armario y me lancé sobre mi padre para intentar consolarlo.

Ese recuerdo siempre estará metido en mi cabeza y más en mi corazón. Siempre le


guardaría rencor a mi madre por hacer sufrir a mi padre. Siempre odiaría el saber que ella
nunca había amado a mi padre y que si se había casado con él era por el temor de no saber
asumir las responsabilidades de convertirse en reina. Siempre habría allí el hueco de saber
que enamorarme de Karsten sería repetir la historia de mis padres.

—Y ese príncipe Karsten es un pesado—siguió hablando mi mamá cuando ya


estábamos encaminándonos al estacionamiento del Centro Comercial— ¡Es igual a su
padre! ¡Oh sea, tiene mucho dinero pero no es para tanto—parpadeé y le di la razón con la
mirada. Sí, a veces el carácter orgulloso de Karsten podía causar mal efecto en quienes
hablaban con él.

— ¿Cómo pude creer que el muy bandido era mi amigo?—le pregunté a mi mamá;
sabiendo que la respuesta era que cuando lo vi por primera vez quise ser mucho más que
su amiga, ahora no, pero en ese tiempo sí—Él sólo quería aprovecharse de mí.

— ¡Y lo hizo!— me reviró— ¡Te engañó, te usó y ahora sufres por todo eso!

— ¡Detente, mamá!—nos acercamos a nuestro auto y yo rápidamente escapé al lado


del pasajero ¡Necesitaba cortar ya esa conversación absurda!— Tampoco quiero que me
hagas sentir más mal de lo que ya estoy.

— ¿Y qué quieres que haga si te estoy diciendo la verdad?—me mostró una mirada
confusa y luego se subió al puesto del conductor— ¡Ese príncipe heredero hizo contigo lo
que su padre conmigo!—y ahí estábamos de nuevo, que si el rey la había acosado, que casi
que la había obligado a casarse con él y bla, bla, bla. ¿Hasta cuándo? ¿Sería qué mi mamá
no se cansaba? Ya yo me sabía esa historia, ya conocía los detalles y ya me tenía harta de
saber que aún hoy, ella no se había enamorado completamente de mi padre por andar
pensando que si se hubiese casado con el rey en este momento sería feliz.

— ¡Por favor, mamá; no hagas eso que no me gusta!—le expresé tratando de mirar
el paisaje para no enfrentarme a ella. Hoy no quería discutir, hoy necesitaba saber era en
qué podía ayudar a mi padre. Los problemas con mi padre y con Karsten no podían estar
en el primer lugar de mis prioridades.

—Sí, sé que no te gusta que te recrimine, —encendió el auto y comenzó a


conducir—pero para eso están las madres.
— ¡Si tú lo dices!—eché la cabeza hacia atrás e intenté ponerme cómoda en el
asiento.

—Ese príncipe…—protestó y yo rápidamente agarré unos audífonos orientada a


ponérmelos para no escucharla hablar más.

— ¡Ya no quiero hablar más de Karsten, madre—le dije!— ¡Si Dios quiere, no lo
volveremos a ver más nunca en vivo y en directo!

— ¡Sí, y si le queda algo de moral en esa cabezota dura no nos volverá a molestar!—
refunfuñó sin dejar de mirar el camino— Ya hablaré con tu padre para que se aleje de él.
¡Que renuncie a su trabajo si es posible!

— ¡Cuánto me arrepiento de ser tan cercana a Karsten!—murmuré más para mí que


para mi mamá.

— ¡No te arrepientas, hija! —Extendió su brazo y pretendió consolarme sobándome


la cabeza— ¡Lo que pasó, pasó y ya es parte del pasado!

— ¡Pero es que no pasó nada, él se inventó todo!— quité furiosa su mano de mi


cabeza y me mordí el labio inferior. Sí ella tampoco había creído en mí, para ella yo había
arruinado la oportunidad de casarme con un buen chico por andar de ―amiga‖ de un
villano.

—Claro que no pasó ―nada‖ entre ese energúmeno y tú; ya que, eso hubiese sido un
infierno terrenal más grande del que ya vivimos—recogió su brazo y puso nuevamente la
mano en el volante— ¡Tú eres mi hija, pero debes aprender que en los hombres no se
confía!—mi estómago se revolvió de solo escucharla.

— ¿Nunca?—pregunté recelosa— ¿Ni siquiera si se trata de un amigo?

— ¡Hija, las mujeres no son amigas de los hombres!—tomó una respiración


entrecortada y luego me miró con una sonrisa de satisfacción— ¡Las mujeres creen en el
amor y los hombres en el sexo!

— ¡Sí, tienes razón!—decidí darle la razón aunque muy en el fondo creía que más
bien ella debía haberme dicho que en Karsten no se confiaba; pues él no era amigo de
nadie.

— ¿Y por qué estabas con él hoy, si se puede saber?—mi mamá me preguntó


sacándome de mis cinco segundos de meditación y yo arrugué el gesto. ¡Vaya, qué
interrogatorio tan tonto tenía!

— ¡Nos encontramos por casualidad!—le mentí, ¿Para qué le iba a decir que Karsten
me había estado esperando afuera de la heladería? ¡No valía la pena!

— ¿Por casualidad?—dudó de mi mentira.


— ¡Sí, por casualidad!—dirigí los audífonos a mis orejas para ponérmelos esta vez
realmente, ya no aguantaba esa tonta conversación sin fin—Y hoy por casualidad también
vi a Miguel después de tantos años.

— ¿De verdad?—mi mamá no pudo disimular su alegría. ¡Él sí que le caía bien!

—Sí, estuvimos hablando—toqué un botón para subirle el volumen a los audífonos


y luego cerré los ojos—Creo que sí todo sale bien, voy a recuperar mi relación con él.

— ¡Oh, vaya!—mi mamá sonrió—la vida ahora te está regalando una nueva
oportunidad de ser feliz. ¡Hija, lucha por Miguel! ¡Lucha con todas tus fuerzas y vuelve
con él! ¡No caigas en las redes de ese príncipe fantoche! —no le pude contestar nada ¿Qué
más le podía decir? Ni siquiera yo sabía si Miguel me quería de vuelta en su vida. Me di
media vuelta y subí los pies al asiento y de ahí no supe más de mi vida, ya que, me había
quedado dormida en el auto. Estaba realmente cansada y necesitaba unos minutos de paz
y mi mamá me tenía ya harta con sus necedades.

En mis sueños me pude ver a mi misma sentada en una cama de fundas cándidas
cubierta con pétalos de rosas rojas y rodeada de un clima suave, puro y seductor del cual
nunca había sido testigo. El sueño era algo extraño pero a la vez sórdido y erótico, pues yo
estaba vestida con un conjunto de lencería formado por un corsé y un par de botas a juego
de color negro. ¡Estaba vestida que echaba fuego ardiente sobre mi piel!

Totalmente sobre la cama, estaba perceptiblemente esperando a alguien, pues de


pronto me puse de rodillas y extendí la mano para llamarlo ¿Qué sería? ¿Quién sería?
Hasta ahora no lo había descubierto, pero quería, deseaba, ansiaba verlo y tenerlo entre
mis brazos rápidamente. ¡Me volvería loca si eso no ocurría pronto! ¡Lo deseaba tanto
como la hormiga a su grano de azúcar!

Y velozmente, la respuesta a todos mis deseos no se hizo esperar, de pronto Karsten


se acercó a mí usando nada más que unos pequeños pantalones cortos y yo temblé de la
emoción. Como niño con juguete nuevo lo abracé queriendo que se quedara conmigo para
siempre y no le dije nada, solo me quedé allí admirando su espectacular cuerpo.

Desde mi lugar en la cama pude tocar sus pectorales con total libertad y la agitación
de nuestros cuerpos se volvió una esquizofrenia total. De repente, Karsten me tomó por
los hombros y comenzó a besarme como si su vida dependiera de ello, yo le respondí con
igual o mayor intensidad y eso hizo que mi respiración se volviera un total frenesí.

Pero en un instante todo cambió, no sé ni cómo ni cuándo, pero Miguel apareció


asomado en una ventana de la habitación y comenzó a vernos besándonos a Karsten y a
mí. Yo que debía haberme puesta nerviosa o asustada, seguía besando a Karsten
normalmente y a Miguel no le mostraba ninguna expresión de culpa en el rostro.
— ¡No vaciles por él! ¡Tú me amas es a mí!—pude oír susurrar a Karsten en el
sueño, quien objetivamente sabía cómo manejar sus cosas, me estaba volviendo loca de
puro encanto con sus besos y también podía decirle sus palabras llenas de poderío.

De un segundo a otro desperté de mi sueño. Apenas abrí los ojos traté de aclararme
la mente ¿Qué clase de sueño había sido ese? Uno bastante sensual y anormal. Me estrujé
los ojos y bajé los pies del asiento del auto, luego inmediatamente busqué en mi cartera mi
teléfono para llamar a Miguel. Necesitaba escuchar su voz urgentemente.

— ¡Tuve un sueño tan raro, mamá!—intenté explicarle a mamá que me veía de reojo
como dudosa— Será mejor que llame a Miguel para ver si está bien.

— ¿Qué sueño tuviste, hija?—me preguntó mi madre y yo le sonreí a secas, no


quería contestar a esa pregunta cuando era algo tan privado. Ya yo no era una niña y las
niñas no les cuentas esas cosas tan privadas a sus madres.

—Mmmmm— busqué en el teléfono el número de Miguel e inmediatamente


marqué la llamada— ¡Voy a llamar a Miguel!

— ¡Aló!—contestó la voz de Miguel al otro lado de la línea— ¡Hola Dagmar! ¿Qué


cuentas?

— ¡Ho…hola Miguel! —Respondí nerviosa— ¡Nada nuevo! ¿Y tú cómo estás?

— ¿Bien?—dudó Miguel y eso hizo que me sudaran las manos ¿Qué coño hacía yo
llamándolo tan pronto? Las cosas no tenían que ser así, debía actuar paciente y no como
una loca desesperada de amor.

—Dagmar ¿Por qué me llamas a esta hora?—me soltó la pregunta rápidamente—


¿Sabes la hora que es? Yo estoy trabajando.

—Sí, lo que pasa es que…—mi voz sonó bastante perturbada—Yo tuve una
pesadilla bien rara horita y por ello, decidí llamarte.

— ¿Ah sí? ¿Qué soñaste?—me manifestó como un torbellino y yo miré a mi madre a


mi lado. ¿Había tomado la mejor decisión al llamar a Miguel después de ese sueño?

—Soñé con…— ¡No! ¿Qué estaba haciendo? No le podía decir a Miguel que había
soñado con Karsten y yo besándonos apasionados, en tanto él nos veía desde una ventana.
Miguel no se merecía eso.

—Dagmar ¿Me vas a decir con qué soñaste?—insistió un ahora nervioso Miguel—
¿Qué fue eso tan raro que te hizo llamarme?

— ¡Nada!—suspiré bastante alterada— ¡No fue nada!

—Dagmar…—susurró y puedo jurar que sentí su aliento en mi oído ¡Pobrecito!—


Me llamaste horita y…
— ¡No te preocupes, no fue algo raro!— Decidí renunciar a esa conversación tan
absurda de inmediato ¡No podía hablar sobre ese sueño, así que decidí mentirle!—
Realmente debo confesar que te llamé sólo para decirte que…— ¿Qué coño le podía decir
si no me salía nada de la boca?— Te llamé para decirte que me gustó mucho volver a verte
hoy— ¡Uff! ¡Qué alivio! ¡Había resuelto algo con una respuesta creíble que no era del todo
mentira!— ¡Me encantó reencontrarme contigo!—le dije y pude ver la sonrisa y la alegría
que afloraba mi madre desde su asiento al oírme expresar aquello.

— ¡Súper!—pude oír el grito de felicidad de Miguel— ¡A mí también me encantó


verte nuevamente hoy!

—Bueno, ya creo que lo mejor es que te deje trabajar—opiné cuando me di cuenta


que solo faltaban un par de cuadras para que llegáramos a la casa. Este había sido un día
muy largo y ya quería olvidar todo y el encerrarme por un par de horas en dormitorio de
mi casa me podría ayudar mucho—Siento que fue de muy mala educación de mí parte, el
llamarte a esta hora—me disculpé y él se echó a reír.

— ¡No, claro que no!— me respondió apropiadamente—Me gustó mucho que me


llamaras.

— ¡Gracias!— le dije con un tono menos entrecortado ¡Ya no sonaba como una
boba, ya estaba más ubicada!—En fin, te tengo que dejar; ando con mi madre y vamos
rumbo a la casa.

— ¿Con tu madre?—me preguntó amistoso y yo miré a mi madre también


sonrientemente ¡Sí, este era el Miguel que recordaba, el chico que adoraba y respetaba a mi
mamá como suegra! A la vez era tan tonta esa conversación que mentalmente me pregunté
¿Con quién más iba a estar si esta mujer que tenía sentada a mi lado parecía mi sombra y
no mi mamá?— ¡Salúdala de mi parte!—me pidió con enorme sinceridad y yo atisbé que el
cariño que mi mamá le daba a Miguel también estaba aún presente, a pesar de los años.
Los dos eran tal para cual, demasiados parecidos para mi gusto y algo cansones.

—Sí, yo le mando tus saludos—le guiñé un ojo a mi madre para que ella supiera
que Miguel la saludaba con afecto y ella me hizo señas para que yo también le enviara los
de ella hacia él ¡Obviamente que ambos debían seguir tratándose como amigos cercanos!
¡Eran agotadores los dos!— ¡Mi mamá también te manda saludos!—le dije a Miguel y
respiré profundamente pues, esta vez pensé que la conversación sí terminaría y no
seguiría alargándose innecesariamente.

— ¡Está bien!— Miguel asintió sobreexcitado.

—Entonces ¿Estamos hablando?—me encogí de hombros perturbada, pues no


quería escuchar una respuesta negativa de su parte, pero también quería cortar de una
buena vez y por unos días con esta conversación.
— ¡Sí, cuando quieras! —mostró una expresión de euforia que a mí me lleno de
felicidad ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Él iba a llamarme, a buscarme y a quizás volver conmigo! ¡Sí! ¡Esto
era lo que necesitaba!

— ¡Bueno…Adiós! —tragué saliva e intenté disimular mi alegría despidiéndome


tan cordialmente.

— ¡Hasta pronto! —me expresó y colgó la llamada. Luego de eso guarde mi


teléfono, justamente cuando mi mamá detenía el auto en el garaje de mi casa. Sin esperar a
que ella comenzara con su interrogatorio sobre Miguel y yo, me bajé del vehículo y caminé
hacia la casa.

—Sé que no te gusta escuchar esto, pero…—oí la voz de mi madre detrás de mí


cuando me estaba acercando a la puerta de la casa y no pude evitar pedirle al cielo que me
diera paciencia. ¡Ya podía sospechar por donde venía mi progenitora con ese discursito de
madre abnegada!

— ¿Pero, qué?—me detuve para sacar la llave de la puerta de mi cartera y luego me


volteé y la miré.

— Hija, creo que deberías luchar para volver con Miguel rápidamente—ella se
acercó hacia mí y dándome una débil sonrisa me quitó el juego de llaves de la mano.
Estaba decidida a abrir la puerta por mí.

— ¡Estoy de acuerdo con lo que dices, mamá!—pasé de primera a la casa y sentí a


mi madre seguirme el paso—Sin embargo, no creo que acelerar las cosas con Miguel me
ayude mucho a reconquistarlo.

— Si actúas igual de lenta que siempre, no vas a poder volver con él—colocó una
bolsa llena de comida sobre una mesa de mármol y luego se sentó en el mueble frente a la
televisión dispuesta a ver una aburrida película de terror.

— ¡No puedo obligar a Miguel a que vuelva conmigo!—traté de explicarle y


tomando un paquete de galletas de la bolsa sobre la mesa, decidí que algo dulce podría
endulzarme la existencia aunque fuera sólo un poco— ¡No quiero que Miguel se sienta
forzado a estar conmigo! ¡No quiero acosarlo! ¡No quiero hacerlo sufrir nuevamente!

— ¡Ese chico te quiere y no deberías dejarlo ir!—murmuró— ¡Ese chico es el hombre


indicado para ti! ¡Ese chico es tu sueño hecho realidad!

— ¡Y por eso no quiero hacerle ningún daño, mamá!— dejé escapar un silbido—
¡Ufff, y también por eso me molesta tanto que el príncipe Karsten no entienda que el
hombre al que yo quiero es Miguel! ¡Ese hombre es tan temático que no me extraña que
regrese nuevamente a intentar destruir mi futura relación con Miguel! ¡A él no le importan
los sentimientos del pobre Miguel!
— ¿Hija, qué fue exactamente lo que le hiciste a ese príncipe Karsten para que
estuviera tan obsesionado contigo?—casi me atraganté con la galleta cuando oí a mi madre
hacerme tan absurda pregunta— ¿Por qué lo alentaste a enamorarse de ti?—me inquirió—
Ahora ese príncipe mala gente querrá arruinarte la vida reiteradamente y yo no quiero
eso. Debes cortar esa relación de raíz y darle su parado categórico al príncipe Karsten, él
no es la persona que está predestinada a ser tu esposo.

—El príncipe Karsten…—Ella tenía razón, Karsten jamás sería mi esposo. Eso era
solo un sueño que quizás en algún momento de mi vida llegué a tener, pero la realidad era
que ese tonto me acosaba simplemente porque para él significaba el gran desafío que
quería derrotar—El príncipe Karsten es solo un presumido y yo no lo alenté a nada,
sencillamente él es un hombre que donde pone el ojo pone la bala—intenté explicarle a mi
mamá—Karsten hace con el universo lo que le viene en gana.

—Y pensar que a los cincuenta años ese opresor será nuestro rey…—una pequeña
sonrisa tiró de los labios de mi mamá y actuando algo aburrida, cambió la película de
terror por un talk show de mujeres divorciadas—Definitivamente, hace falta el difunto rey
para que arregle los desórdenes de su hijito querido porque si como príncipe es capaz de
hacer lo que le da la gana, como rey destruirá el mundo—suspiró—¡Gracias a Dios existe
la ley de que no podrá subir al trono y convertirse en rey hasta que cumpla los cincuenta
años!

Yo miré a mi mamá y sonreí para mis adentro. Luego destapé el paquete de galletas
y corté con esa tonta plática de un zarpazo. Pensé que lo mejor que podía hacer era
alejarme de mi mamá para no seguir analizando lo buena gente que era Miguel y lo cruel
que era Karsten. Di media vuelta y busqué las escaleras para dirigirme a mi dormitorio.

En tanto subía uno a uno los escalones no podía dejar de preguntarme ¿Cómo en un
país tan perfecto, como decían que era éste, se podían tener reglas tan tontas? Era
injustificable que para que Karsten se convirtiera en rey oficialmente, ahora que su padre
tenía ya un año de muerto, él debía esperar cumplir los cincuenta años; y mientras tanto
tenía que dirigir el país como amo y señor de todo, pero sin el estigma de rey. ¡Por eso es
que el mundo estaba como estaba y los peces se la pasan queriendo manejar un automóvil.

Cuando llegué a la puerta de mi dormitorio, recordé que no había ido a hablar con
mi padre; así que, cambié de rumbo y me acerqué a la habitación de mi progenitor, en
donde esperé encontrarlo más tranquilo, más sereno y más calmado. Luego, tanteé un
poco la puerta, la empujé para pasar y entré a la habitación.

—Papá…—lo llamé al cerrar la puerta y sentí un ardor en el corazón al ver al pobre


de mi padre sentado junto a la ventana de su habitación mostrando una mirada abatida,
derribada y bastante tristona. ¡Pobrecito!

— ¡Hija querida!—me llamó hacia él y poniéndome sobre sus piernas me abrazó y


después se puso a llorar junto a mi hombro.
— ¿Papá, qué te sucede?— musité— ¿Fue tan fuerte el problema que tuviste con el
príncipe Karsten?—sí, en definitiva la conversación que mi progenitor había tenido con
Karsten había causado en mi papá muchísimo dolor— ¿Qué te hizo ese malvado príncipe
ahora?—le pregunté acariciándole la mejilla derecha.

—Él no me hizo nada, es solo que yo…—tragó saliva e intentó disimular un poco su
dolor tratado de hablar más seguro de sí mismo.

— ¿Tú qué?—lo tomé de los cachetes y lo obligué a mirarme directamente a los


ojos— ¿Tú qué?

— ¡Yo…yo…yo me siento mal!— lloró severamente anonadado y yo me preocupé


mucho por él.

— ¿Mal? ¿Cómo qué mal?—le pregunté— ¿Estás enfermo? ¿Quieres que llame al
médico o te lleve al hospital?—desesperada me levanté corriendo y me abalancé sobre el
teléfono del dormitorio para ver si podía llamar, pero mi padre no me lo permitió.

— ¡No, claro que no!—dejó de llorar de un momento a otro y se puso de pie—


Cuando te digo que me siento mal no se trata de que esté enfermo o de que quiera que me
hospitalicen—intentó explicarme— ¡Yo estoy es algo deprimido!

— ¿Deprimido?—arqueé una ceja sin poder creer lo que estaba escuchando— ¡Papá,
eso es algo terrible!— cerré los ojos un segundo tratando de asimilar la situación
psicológica que presentaba mi papá en ese instante.

— ¡Tranquila! ¡Tranquila!— murmuró— ¡Te prometo que me voy a poner bien! ¡Yo
no quiero que te preocupes por mí! ¡Quédate tranquila y así estaré yo tranquilo!

— ¿Estás seguro?— parpadeé tratando de mantener mi calma para poder mantener


a su vez la calma de mi papi. Él necesitaba que yo le diera fuerzas y no que me pusiera
como boba a llorar.

— ¡Sí!—me responde severamente— ¡Ahora déjame a solas y te prometo que


mañana amaneceré mejor!

— ¿Enserio eso quieres?— le pregunté y se me hizo un nudo en la garganta pues


aún no podía creer que mi padre me echara de su lado como si yo fuera un trapo viejo.
¡Eso era cruel, incluso que para él!

— ¡Sí, prometo que mañana estaré más tranquilo!— me replicó y decidí dejar estar
conversación para otro día. En definitiva mi padre no quería hablar conmigo y no valía la
pena seguir luchando en vano.

— ¡Está bien!— me rindo finalmente y acercándome a él le doy un beso de buenas


noches para luego salir disparada de su habitación. Al que no quiere recibir algún tipo de
ayuda, uno no se la ofrece.
A la mañana siguiente; salí de la ducha rápidamente, me rodeé los cabellos en una
toalla blanca y entré nuevamente al dormitorio; en donde me vestí y me recogí los cabellos
en un moño sencillo. Luego bajé al comedor y allí desayuné muy poco porque la verdad
era que no tenía mucha hambre. No pude ver a mi papá y ni siquiera hablé con él porque
el muy condenado se marchó de la cama de madrugada para hacer unas sospechosas
diligencias de las que ni me enteré de que se trataban.

Mi mamá pareció tan ocupada durante todo el desayuno que decidí simplemente
agarrar mi bolso y marcharme de la casa para irme a la academia de baile. Sí, sonará
extraño pero en ese tiempo de vacaciones estaba tan aburrida que preferí inscribirme en
una escuela de baile para así olvidarme definitivamente de esos dos pies izquierdos que
me caracterizaban a la hora de bailar en una fiesta y aunque el profesor era demasiado
exigente para mi gusto, mi padre le pagaba muy bien para que me tuviera un poquito de
paciencia.

Caminé todas las largas cuadras desde mi casa hasta la academia; ya que, no quería
esperar nadita a que pasara un estúpido autobús y tampoco sabía manejar un malvado
vehículo. Asimismo, necesitaba tomar algo de aire; ya que, durante toda la noche no había
logrado pegar un ojo para dormir. ¡Oh vaya, cómo extrañaba a mi amiga Anne! ¿Dónde
estaba cuando la necesitaba?

Al mediodía terminaron por fin mis clases de baile y llegué a la conclusión de que
éstas estaban siendo en vano porque no podía dejar de bailar malísimo. Mis desastrosos
pies no querían ceder ni un poquito al baile y bueno, ¿Qué más podía hacer? ¡No me los
iba a cortar, eso nunca! De pronto, caminando de regreso a mi casa casi me caí de zapatazo
cuando vi acercarse a mí, a una compañía no deseada ni requerida.

— ¿Qué hace aquí, su majestad? —Le espeté tratando de no parecer más


conmocionada de lo que ya estaba por su presencia, sí quizás comenzando a hablarle con
más formalidad me ayudaría con eso, pues las piernas me temblaban y temía desmayarme
en sus brazos— ¿Me está persiguiendo?—lo interrogué.

— ¡Primero, se saluda maleducada! —Suspiró y me miró con su normal aire de


superioridad que me volvía loca— ¡Hola chiquita!

— ¡Hola príncipe Karsten— Respiré hondamente y pasé por su lado tratando de


seguir mi camino, a lo cual recibí como respuesta que él me persiguiera y me detuviera
agarrándome ligeramente por la mano derecha—¿Qué hace por aquí? —le pregunté
soltándome velozmente y me molesté mucho de verlo con esa sonrisa juguetona de ―soy lo
que tú deseas‖ parado al lado mío.

— ¡Vine a verte! ¿Qué más? — Sonrió con unos ojos perennes de complicidad, tal y
como si aún fuésemos los súper amigos— ¿Y ahora vas a tratarme de usted?
— ¡Por supuesto!— Se me tensaron los hombros de purito malhumor—Mi madre a
mí me enseñó que a los miembros de la realeza se les debe tratar con mucha formalidad y
creo que contigo he reto demasiado con esa regla—en ese momento un auto descapotable
pasó por la vía y unas chicas que iban a bordo empezaron a arrojarle besos y a tomarle
fotos con sus teléfonos a Karsten. ¡Rayos, pirujas quita príncipes!

— ¿Pirujas quita príncipes?—Karsten preguntó, se encogió de hombros y sonrió


estúpidamente. ¡Oh no, había insultado a esas fulanas en voz alta! ¡Boba, boba, boba!
¡Ahora no sabía qué decirle a Karsten!

—Lo que quise decir fue que…—intenté en vano explicarme, pero Karsten no me
dejó.

— ¡Quizás, ellas son buenas chicas, pero no son tú, Dagmar!— se mordió el labio
provocativamente e ignorando a las jóvenes, me acarició la cabeza con cariño— ¡Es lindo
que hagas todo lo que tu mamá te dice! ¡Es grandiosa la educación que ella te dio, pero a
mí eso no me sirve de nada! ¡Quiero que te entregues a mí y que olvides esa dichosa ley de
que debes tratarme con enorme formalidad porque soy un príncipe! ¡Para ti, yo soy tú otra
mitad y tú mamá debe entender eso!

—Pues, a mí no me interesa que a usted no le sirva de nada—furiosa y celosa le


quité la mano de un zarpazo de mi cabeza y lo miré con odio; en tanto, mi pecho subía y
bajaba sin piedad. No estaba entre mis planes, pero de un segundo a otro me vi a mí
misma comenzando una pelea llena de gritos con él y no deseaba hacerlo en público. La
noticia sería una exquisitez para los medios de comunicación e información y mi madre
me iba a matar si nuevamente se hablaba de una relación entre Karsten y yo— ¡Yo estoy
muy orgullosa de todas las cosas que mi madre me enseñó y las voy a cumplir a cabalidad!
¡Y por ello, no voy a caer en su juego y no me voy a dejar seducir por usted! ¡Y si me
quedo soltera toda la vida por ello, no me importa!

— ¡Hmmm!—murmuró con voz ronca y cazadora— ¡Dios, Dagmar! ¿Por qué estás
tan enfadada conmigo? Yo no tengo la culpa de que sientas celos de esas chicas—dijo
señalando a las ―Barbies‖ que desde el auto no dejaban de mirarlo.

— ¡Estoy enfadada porque usted se lo merece!—le ronroneé— ¿Es que acaso va a


atormentarme y perseguirme siempre? ¿Es que me va a acosar siempre?

— ¡Sí, chiquita!— asintió lentamente— ¡Ese es el propósito de mi vida! ¡Mis


veinticuatro horas del día y mis trescientos sesenta y cinco días del año son todos para ti!

— ¡Es un caradura neurótico!— Puse mis manos en ambos lados de las caderas, en
tanto podía oír los latidos de nuestros corazones intentando pelearse entre sí. El que
ganara de los dos, seguramente que podría de rodillas al otro.
— ¡Siempre!—Karsten me encontró con sus ojos y yo lo miré con resentimiento.
¡Mujeriego perverso, que se dejaba piropear y fotografiar por mujercitas en autos últimos
modelos mientras era capaz de jurarme amor! ¡Qué cruel!

— ¡Qué fastidio con usted!—suspirando, le di una mirada gélida, me crucé de


brazos y lo observé con una ceja levantada—Se suponía que no volvería a verlo después
de ayer —le dije más para mí que para él—y ahora resulta que me lo estoy encontrando en
todos lados.

—Eso fue el día de ayer, hoy es hoy, cariño— me entornó los ojos.

— ¡Es despreciable!—malhablada comencé a andar velozmente --lejos de él, sentí la


garganta seca y las piernas me gritaban que caminara lo más enojada y furiosa que
estuviera, pero al instante, ellas mismas me repicaban que jamás iba a poder escapar de
Karsten porque como el muy canalla me perseguía, me alcanzaría muy pronto.

— ¡Wao, qué temperamento!— me dijo tratando de llevarle el paso a mi repentina


huida— ¡Así es que me gustan a mí las mujeres! ¡Corderitos por fuera y lobas salvajes por
dentro! ¡Eres caliente!

— ¡Yo no puedo aguantarlo más! —Me detuve y lo enfrenté— ¡Me tiene harta!
¡Déjeme en paz! ¡Está jugando conmigo y no voy a permitirlo! ¡No voy a aceptarlo!

— ¿Acaso tienes la menstruación?—me preguntó de repente sacándome de un tirón


de mi zona de confort. En definitiva le gustaba jugar el juego de molestarme y hacerme
poner nerviosa para luego lanzarme un dardo y dejarme totalmente incomoda. .

— ¿Qué…qué clase de pregunta es esa?—le pregunté tartamudeando. ¿Por qué


coño me salía con una pregunta cómo esa? ¿Qué le pasaba a ese malvado? — ¿Quién te dio
el derecho de preguntarme ese tipo de cosas que son para mí primadas—dudé con voz
helada

—Es que estás tan de mal humor que pienso que debes tener la visita de todos los
meses—me soltó sin más sonriendo como un capullo—He leído por ahí que las mujeres se
ponen bastante hormonales cuando tienen la visita de todos los meses.

— ¡Esas no son preguntas que me debes hacer a mí!—contraataqué bastante tensa


para mi gusto. No, no estaba en mis días de menstruación, pero capaz y se me adelantaban
por el estado de shock en que me encontraba en ese instante ¿Qué le pasaba a Karsten?
¿Estaba tratando de burlarse de mí? — ¡Esa pregunta dísela a tu novia; no a mí! —le
ordené antes de aprovechar los pocos segundos que le quedaba a la luz roja del semáforo
para cruzar la calle.

— ¡Tú eres mi novia!— me gritó burlón desde el otro lado de la calle y aunque
ambos estábamos en dos aceras diferentes porque a él no le había dado tiempo de cruzar,
estaba segura de que los transeúntes podían escuchar nuestra discusión. Sí, ya en
segundos sería parte de la noticia del momento.

— ¡Eso nunca!— musité desde mi acera— ¡Y por favor, no lo digas de nuevo!

— ¡Eres mi novia!—me volvió a repetir y esperó otra vez la luz roja del semáforo
para poder cruzar. Luego de hacerlo, se paró frente a frente de mí, tan cerca que podía oler
su respiración y acariciar su aroma ¡Qué delicia!

— ¡Sólo es tus sueños!— lo desafié mirándolo atónita—Eres un hombre cruel, pero


yo te voy a dar la batalla!

— ¿Y se puede saber por qué si eres el amor de mi vida?— me preguntó impaciente.


―No veo que tengas mucho de dónde elegir. ¡Te deseo, tan jodidamente mal! Estoy tan
malditamente enamorado de ti, Dagmar! ¿Entonces, por qué me haces sufrir y no quieres
nada conmigo?

— ¡Porque nunca voy a perdonarte por lo que me hiciste!— farfullé colérica— Por ti
casi amigos ni tengo ya; ahora solo cuento con Ally para todo.

— ¿No tienes casi amigos?— parpadeó confusamente— ¿Y qué tiene que ver eso
conmigo?

— ¿De verdad, me lo preguntas?—le sonreí amargamente— ¡Dios, de verdad que


los hombres no son de este planeta!

— ¡Sí, te lo pregunto; pero es porque no puedo entender de lo que me hablas si no


me lo explicas bien!—resopló y luego me guiñó un ojo mordazmente—Cuando estoy
contigo pierdo la cordura.

—Es que… no tengo amigos; por lo que, siempre han dicho los medios de
comunicación e información sobre una supuesta relación entre tú y yo— le dije dándole
una mirada dura. Sí, sabía que él no era tonto; sin embargo, me sacaba de mis casillas
cuando me exigía más de lo que yo le podía o quería dar.

— ¿Y para qué quieres tener amigos?—me preguntó dándome una deslumbrante


sonrisa, tal y como si mi confesión se había tratado de un chiste— ¡Los amigos no sirven
para nada!

— ¡Eso lo dices tú porque siempre has estado rodeado de gente!—lo fulminé con
enojo y me concentré en mi respiración, no quería volverme loca y empezar a golpearlo
delante de la gente ¿Por qué se le hacía tan difícil de entender que lo ocurrido hace años
me había sacrificado mucho? Él, era culpable de las mayorías de mis preocupaciones.

— ¡Eso es cierto! ¿Y?—me preguntó como si tal cosa no fuera relevante para él.

—Y… Karsten yo siempre he querido tener amigos—Sí, ¿Para qué iba a negarlo?
Añoraba tener algún que otro amigo sincero, pero a cambio siempre las personas se
acercaban a mí era para ver si yo les iba a contar sobre mi supuesta relación con Karsten, o
si su cercanía conmigo los acercaba al príncipe. Mis mejillas enrojecieron y bajé la mirada
llena de pena. ¡No podía ocultar algo que era totalmente lógico! Nadie me apreciaba
sinceramente, solamente mis padres y mi amiga Ally.

— ¿Y para qué quieres tener amigo?—Con delicadeza, Karsten se acercó a mí y me


levantó la cabeza por el mentón; lleno de una enorme gallardía me mostró su sonrisa
adornada por unos blancos y eróticos dientes de príncipe azul— Cariño, si no quieres
sufrir, debes empezar aplicar en tu día a día el dicho ―En las buenas no cuentes conmigo;
en las malas tampoco‖. ¡Los amigos no sirven para nada!—me dijo a secas y luego me besó
en la frente.

— ¡Ese dicho no es así!— Inhalé y exhalé millones de veces por segundo apretando
los puños para evitar recurrir a la violencia en contra de él por haberme besado. Su beso,
aún en la frente, me había provocado escalofríos por todas partes. Me separé de él y aún
aturdida me mordí los labios— ¡Ese refrán no es así!

—No obstante, así es que lo aplico yo en mi vida— Karsten masculló entre


dientes— ¡Yo no quiero amigos falsos a mi alrededor!

—Por supuesto, si eres tremendo…— Le grité, levantándole las cejas, pero él no me


dejó terminar la oración; ya que de un zarpazo me besó en los labios. Me tomó las caderas
con las manos y comenzó a presionar su pelvis contra mí. Sus manos se deslizaron por mi
espalda y me apretaron contra su piel ¡Era una sensación calurosa! En este momento no
me importaban los medios de comunicación e información, el público presente, el regaño
que seguramente recibiría de mis padres apenas supieran la noticia. ¡Quería era que
Karsten me devorara con su boca!

— ¿A ti te encanta desafiarme verdad?— me preguntó de repente y luego me dio


un ligero empujón para separarme de él. Colérico me miró con ojos iracundos y su rostro
cambió de positivo a negativo de un segundo a otro; yo no entendía de qué se trataba
hasta que le ordenó a un sujeto bien vestido, que seguramente fuera uno de sus
empleados, que fuera a buscar su automóvil porque era hora de regresar al palacio.
¡Estaba disgustado y estaba vez como que me lo merecía!—Sabes que no me gusta que me
insulten—me dijo— y a nadie yo se lo permito; así que lo haces cada vez que tienes una
oportunidad. Sin embargo, te digo esto ¡Deja de decirme esas cosas porque te va a ir
mal!—me amenazó y eso me dio muchísimo miedo. ¿De qué sería capaz un hombre como
Karsten? ¿Me mataría? ¿O mejor me mandaría a matar para no ensuciar sus preciadas
manos? ¡Qué susto!

— ¡Entonces…, pórtate bien! —le advertí titiritando casi que en un minúsculo


susurro.

—Cariño…— farfulló con voz ronca y gutural. —hay cosas que no conoces de mí y
es posible que cuando las conozcas; me vayas a odiar más que lo que ya lo haces ahora y
en definitivamente esas ofensas no te valdrán de nada; puesto que voy a parecerte peor de
lo que ya me consideras— Dio un paso hacia delante y toma mi cara entre sus manos —
Tengo secretos y esos tienen muchísimo que ver contigo.

— ¿Qué quieres decir con eso?—le pregunté entre tartamudeos y firmezas.

— ¡Investígalo por ti misma!—me dijo soltándome insolentemente y caminando


hacia a un lado de mí se marchó hacia su limusina dejándome de un momento a otro,
totalmente a solas.

¡Me volví loca y desesperada al verme solitaria! Ese canalla siempre lograba
herirme y hacerme perder la compostura. ¡Me había besado! ¡Me había acariciado! ¡Me
había hecho temblar! ¡Me había hecho volverme loca de la rabia! ¡Me había hecho sentir
como si no fuera yo! ¡Me había hecho dudar de mi seguridad! ¿Qué coño había pasado
conmigo que le había permitido hacer todas esas cosas conmigo en tan poco tiempo?

Y eso sin contar con que yo no estaba segura de querer, después de algunos años
empezar nuevamente con Karsten el ciclo de ―Su majestad y su novia‖ de los medios de
comunicación e información y que seguramente comenzaría si una de esas chicas que iban
en el auto hacía poco minutos publicaba en internet las fotografías de hacía un rato de
Karsten conmigo, o si algunos de los chismosos que estaban por allí nos habían
fotografiado besándonos. ¿Besándonos? ¡Oh, Dios, besándonos! En pocas palabras si eso
ocurría, yo sería la noticia mundial otra vez.

Llegué a mi casa totalmente descontrolada e inmediatamente el recibimiento que mi


madre me dio fue el regañarme con su teléfono en la mano por varias fotografías en las
que el príncipe y yo salíamos juntos, sí la mayoría eran del beso que Karsten me había
dado. ¡Oh vaya, las noticias y el chisme sí que vuelan rápido! Decidí que no iba a perder el
tiempo discutiendo con mi madre; ya que, eso era perder el tiempo y aunque ella me
persiguió quisquillosa por toda la casa, yo me encerré en mi dormitorio por horas y obvié
sus gritos detrás de la puerta.

Es que ella nunca me entendería, ella no era como mi padre. A ella le importaba era
el estar bien con la sociedad de ricachones que la rodeaban y él valoraba más pasar un
domingo rodeado de la familia. El pobre se cansaba tanto de trabajar internado que
siempre quería aprovechar los minutos libres que le quedaban para pasársela abrazado a
mi mamá y a mí. Hecho que mi madre odiaba, porque ella ansiaba era ser valorada por los
millones que poseía, tal como si estos fueran nacidos con ella y no productos del sudor de
la frente de mi papá.

Cada día buscaba y se inventaba la manera de ser aceptada por la sociedad y para
ello, se inscribía en los mejores clubes, hacía compras de las mejores cosas y se relacionaba
con las que ella decía, eran las mejores personas; ya que, indirectamente en ese peligroso
camino de lucha social se encontraba con que solo era ―aceptada‖ por un grupo de
millonarios ―sin cerebro‖, pero el resto, ―los verdaderos millonarios‖ sólo la veían como
alguien que se encontraba en una mala hora, en un mal sitio.

Por ello, para mí era extraño ser rica únicamente porque mi padre se metiera ocho
largos e ininterrumpidos meses a trabajar como interno en la guardería del palacio sin
derecho a salir y con vacaciones que comenzaban en septiembre; y a la vez, ser pobre para
una parte de la alta sociedad y la realeza, formada por duques, condes, emperadores y
otros que sí poseían sangre noble.

Asimismo, era peor saber que mi madre con la gente de menos recursos económicos
actuaba como una mujer súper poderosa y acomodada, pero con gente con más dinero se
dedicaba a quedarse callada para que ni la notaran. Ella era del tipo de personas que se les
conoce como rico suertudos; es decir aquellos que llegan a alcanzar ciertas fortunas por la
oportunidad de un buen trabajo que se les presenta en la vida. Ella era un ejemplo del mal
emigrante que vive de ser esclavo en el país que emigra, pero que cuando regresa a su país
natal quiere humillar a los que cumplen con esta labor. Que, no todos los que emigran son
así, pero hay un mínimo grupo que sí lo es.

Mi madre era una mujer superficial, engreída y humillante. Creo que por eso, ella a
veces me criticaba tanto, pues la dos éramos polos muy opuestos. En tanto mi mamá
quería vestirse muy a la moda y con ropas carísimas; aún fueran horrendas, yo era una
chica de colocarme encima aquello con lo que me sintiera cómoda. A ella le gustaba
ponerse un vestido moderno acompañado de unos zapatos de tacón alto, yo amaba un
pantalón de blue jean y unas sandalias bajas. A ella le gustaba andar con cabellos sueltos,
bien planchados y alisados, yo me los soltaba únicamente cuando no era temporada de
calor porque si no, me recogía el cabello en un moño y era de lo más feliz.

Y con todo y eso, en el fondo de mi corazón yo sabía que ella y yo nunca


llegaríamos a ponernos de acuerdo con nada. Mi color favorito era el rojo, el de ella era el
rosado; a mí me gustaba comer y ella hacía dietas absurdas que la tenían en el esqueleto;
yo adoraba caminar las seis cuadras que habían desde la universidad hasta mi casa, ella
prefería manejar su precioso y moderno auto para evitar quemarse con los rayos del sol.

Finalmente, las dos hasta en lo de escoger pareja éramos totalmente diferentes. Ella
se había llevado varios tropezones con algunos ex novios y yo aún seguía siendo virgen.
Ella odiaba a la realeza, aunque ésta le daba de comer, porque consideraba que el difunto
rey casi le había destruido la vida; en cambio, yo, bueno no odiaba a la realeza, odiaba era
a Karsten por ser tan cruel conmigo. Ella estaba feliz viviendo con mi padre solo cuatro
meses al año, yo quería tener una relación estable en donde pudiera compartir muchísimo
tiempo con mi pareja.

Me quedé por horas en mi habitación pensando en estas cosas, pero cuando sentía
que ya estaba más tranquila, la imagen del beso entre Karsten y yo volvía a mi cabeza. No
podía dejar de mirar esos carnosos, deliciosos y maravillosos besos que me habían besado.
¡Era algo excitante y ensordecedor mantenerlo en mis recuerdos! ¿Qué era lo que me
estaba sucediendo? ¡Me había vuelto loca y pronto tendría que internarme en un
psiquiátrico! ¡Sí, estaba segurísima de eso!

Ya de noche, pedí mi cena al dormitorio desesperada por no verle la cara a mis


padres, en especial a mi madre y justo cuando degustaba mi deliciosa comida, sentada
sobre mi linda cama, el teléfono sonó y era Karsten; algo dudosa le contesté la llamada:

—Karsten…—le susurré.

— ¿Dagmar?—me preguntó pareciendo bastante alegre de que yo le contestara la


llamada—Pensé que estarías tan furiosa que no…

—Sí, pensaste que no te iba a responder—dejé escapar bastante nerviosa—pero, ya


que te respondí creo que debería aprovechar el momento para decirte que…

— ¿Qué?— me preguntó con con voz ronca― ¿Qué me tienes que decir?

— ¡Dame espacio!—le grité por teléfono— ¡No quiero que me andes molestando ni
acosando! ¿No te bastó con las fotografías y los videos que salieron hoy publicados de
nosotros? ¡Déjame en paz!

— ¿Quieres que renuncie a ti y hacerme sufrir?—me interrogó sintiéndose bastante


lastimado y mi corazón se hundió con sus palabras, no quería lastimarlo. Nunca querría
lastimarlo.

— ¡No quiero que me sigas buscando!—le repliqué intentando sonar lo más fuerte
que podía, no obstante, la verdad era que mi corazón se hacía pedazos si me ponía a
pensar en que del otro lado del auricular estaba Karsten sufriendo por mí.

— ¡Eso nunca va a ocurrir, nena!—me aseguró— ¡Yo te amo!

— ¡Estás loco! —le murmuré—No sé por qué si siempre te he dicho que me dejes en
paz, nunca lo has hecho.

— ¡Y nunca lo voy a hacer, nena!—bromeó— ¡Voy a asegurarme de que te arrojes


delante de mí así sea en contra de tu voluntad! ¡Voy a encerrarte en mi dormitorio y voy a
hacerte mía! ¡Tú eres mía!

— ¡No me refería a eso!—le grité perdiendo la poca tolerancia que me quedaba.


Karsten me estaba volviendo loca. Cuando se ponía a desafiarme como lo estaba haciendo
en ese momento me provocaba una rabia asesina que me hacía odiarlo, odiarlo y odiarlo.
Pero, por otro lado… Me sentía, muy, muy, muy atraída por él. ¿Por qué tenía tantos
sentimientos mezclados? ¿Por qué? ¿Por qué no podía evitar sentirme emocionada de
escuchar a Karsten decir tales cosas de mí?

— ¡Te amo, nena!—me manifestó y el rubor se extendió por mi rostro al


escucharlo— ¿Y yo sé que tú también me amas, verdad? Es más, ¿Te digo algo nena?
— ¿Qué…?—tartamudeé con voz ronca.

—Tú y yo estamos tan conectados que, en este instante puedo sentir el calor en tu
rostro y sé que tus mejillas deben estar súper rojas —dijo haciéndome temblar— Ese color
rojo no puede ser por nada; es porque me amas.

— ¿No tienes nada que hacer? —me aclaré la garganta entre suspiros ¿Acaso sería
verdad lo de que si mis mejillas estaban rojas era porque lo amaba? ¿Tendría Karsten
razón?— ¿Por qué no estás en una de esas reuniones importantes a las que la realeza tiene
que ir?—decidí cambiar la conversación porque de verdad no quería y no podía continuar
con esto por más tiempo. Lo mejor para mí sería cambiar nuestro dialogo hacia otro tema.

— ¿Me estás escuchando aunque sea un poquitito? ―me dijo con sarcasmo
claramente muerto de la risa—Acabo de decirte que a pesar de la distancia, sé cómo te
sientes en este momento; roja, acalorada y hermosa.

. — ¡Oh, Dios! — Respiré hondo y exhalé— ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios!—No lo podía creer;
¡Karsten era desesperante! Estaba jugando y jugando conmigo.

— ¿Mañana podrías almorzar conmigo en el Restaurant ―El Corazón‖?—me


preguntó de repente y yo no lo podía creer, estaba cambiando la conversación con un bam
bam y ni siquiera me había tomado en cuenta para hacerlo—Podríamos salir como lo
hacíamos hace años cuando éramos amigos—me pidió y mi cuerpo sintió una emoción
indescriptible. Karsten estaba haciéndome una propuesta bastante seria como si se tratara
de cualquier cosa. ¡Era un ser bastante duro!

— ¿Qué? —Rezongué luego de un par de segundos, bastante sorprendida y


preocupada por su petición— ¿Te volviste loco?—le dije ahogadamente.

— ¡Acepta, tontita!—murmuró— ¡Hazlo, por nosotros!—me suplicó como un niñito


exigiendo su tetero.

— ¿Nosotros?—mascullé desesperada porque Karsten no me cambiara el tema


nuevamente y me respondiera la pregunta— ¡No existe un nosotros!—chillé— ¡Estas
chiflado!— ¡No podía aceptar su petición! ¡No podía hacerlo! ¡No! ¡Nosotros no éramos
amigos! ¡Ya no éramos amigos!

— ¡Sólo será por unas pocas horas!—resopló y yo me mordí el labio, me provocaba


tomar el teléfono y arrojarlo por la ventana para no seguir hablando con él; pero el
corazón y las manos me lo impedían. Mis deseos no llegaban a ejecutar la acción.

— ¿Por unas pocas horas?—le cuestioné incrédula— ¡Perdóname si no te creo, pero


es que eres tan malvado que siempre vives engañándome!

— ¡Aún no has visto nada!— me aseguró y yo respiré profundamente llena de


muchísima indignación— ¡Aún no sabes que yo siempre puedo mentir y que tú nunca
podrás saber si lo estoy haciendo!
— ¡Eres el mismísimo hijo de Satanás! —Suspiré con un aire de puchero en la
garganta que me hacía temblar—Creí que habíamos quedado en que no me molestarías
más.

— ¡Dagmar, no te vayas por las ramas!— ¡Dime por qué no quieres salir conmigo!
¿Acaso no quieres ir o es que tus padres no te dejarían ir a una cita conmigo?
¡Respóndeme, porque yo quiero salir contigo! ¿Tú no quieres?

—Yo…—tartamudeé, claro que me gustaría salir con él, me llamaba la atención


mucho volver a salir con Karsten como lo hacíamos tres años atrás; pero también, me daba
miedo estar cerca de él. Karsten generaba en mí mucha desconfianza y me hacía daño;
sobre todo, cuando se ponía todo besucón. Y por otro lado, claro que mis padres se
opondrían a que saliera con él, especialmente mi madre. ¡Karsten me conocía tanto y podía
ver a través de mí y eso que solo estábamos hablando por teléfono!

— ¿Tú qué?— preguntó sorprendido— ¿Estás bien?

— ¡Estoy bien!—le mentí, en tanto mi pecho se encogió con sus palabras—Es sólo
que no puedo salir contigo.

— ¿Por qué no?— me preguntó perdiendo la paciencia.

— ¡Porque no!— discutí, sin responder a su pregunta.

— ¡Sólo va a ser en plan de amigos!—suspiró— ¡Prometo no tratar de seducirte!


¡Prometo colocarme la aureola y tratarte como si fueras mi mejor amiga!

— ¡Tú y yo no somos amigos! —Me quejé— ¡Tú arruinaste mi vida! ¡Acabaste con
mi relación con Karsten!

— ¿Vas a volver con eso?—resopló— ¡Yo solamente quiero salir contigo! ¡Quiero
estar nuevamente en contacto contigo! ¿Es que acaso no podemos salir en plan de amigos?

— ¡Claro que no!—le dije intensamente.

— ¿Y por qué no?—me gritó en un arrebato de ―Yo soy Karsten, el príncipe al que le
debes dar miles de explicaciones‖.

— ¡Porque no quiero! —Mis ojos se estrecharon ligeramente— ¡No quiero y no me


da la gana!

— ¿Es por tus padres, verdad?—Se rió entre dientes en lo que le pareció un chiste
de mi parte— ¡Dios mío, Dagmar! ¡No eres una niña!

— ¿Y eso a ti que te importa?— le grité apretando los dientes— ¡No eres mi dueño!
— ¡Claro que lo soy!—me gritó de vuelta— ¿O qué acaso quieres que comience a
marcar mi territorio?—me preguntó impaciente y malhumorado e inmediatamente una
corriente eléctrica recorrió por mi espalda. ¡Karsten era el propio hombre de las cavernas!

— ¿Qué quieres decir con eso de marcar tu territorio?—le pregunté entrecerrando


los ojos— ¿Qué significa eso?

— ¿Quieres que vaya a tu casa y que arme un escándalo nada más que para pedirle
permiso a tus padres para salir contigo?—me interrogó con voz profunda y al escucharlo
decirme algo como eso, las entrañas me comenzaron a sudar. Sí, Karsten era capaz de
venir a mi casa y armar un escándalo y eso no podía ocurrir ¡Nunca!

— ¿Por qué vas a venir a mi casa?— Tropecé hacia atrás mientras abría los ojos—
¡No lo hagas! ¡No tienes que hacer eso, Karsten! ¡No puedes hacerlo!— le advertí— ¿Estás
loco?

— ¡Entonces, sal conmigo!— me pidió con tono serio en lo que le pareció un reto y
de los duros.

— ¡No!— Negué gritándole.

— ¿Ah, no?— se mofó de mí y mi rostro se calentó unos doscientos grados—


¡Entonces, espérame esta noche en la puerta de tu casa porque voy a hablar con tus padres!

— ¡No! ¡No lo hagas!—chillé bastante nerviosa— ¡Está bien, Karsten! ¡Está bien!
¡Saldré contigo!—suspiré derrotada— ¡Saldré contigo, pero solo en plan de amigos!

— ¡Promételo!— me exigió con frustración.

— ¡Está bien, lo prometo!—admití bruscamente totalmente disgustada de que


Karsten nuevamente me volviera a ganar una de nuestras batallas— ¡Lo prometo!

— ¡Genial!—sonó finalmente relajado y sin poderlo creer sonreí. Iba a salir con él en
plan de amigos, esperaba que el muy canalla no se aprovechara de la ocasión.

— ¡Sí, genial!— mascullé con un suspiro lleno de una alegría inexplicable. Esa cita
estaba lejos de estar en el camino de la tranquilidad, era más bien una cita extraña que
quizás podría significar el cierre que necesitaba la relación entre Karsten y yo. ¡No sé, esa
cita bien podría ser un buen plan para mí!

— ¿Quieres comer afuera? —Me preguntó de repente Karsten, sacándome de mis


lejanos pensamientos— ¿o prefieres hacerlo en el palacio?

— ¿Qué?— le pregunté en voz baja.

— ¿Qué dónde quieres comer?— Sonrió ligeramente— ¿En un restaurant afuera o


en el palacio?
— ¡No sé!— Dejé salir un suspiro— Me imagino que en algún sitio en donde nadie
pueda vernos

— ¡Entonces, prepárate!— me dijo abruptamente—Mañana al mediodía te mandaré


a buscar con uno de mis empleados en limosina real.

— ¿Qué? ¡No!— ¿Qué demonios estaba pensando Karsten? Si yo quería privacidad


eso significaba que no deseaba a nadie cerca de mi casa y mucho menos a sus
empleados— ¡Qué no se acerquen a mi casa!—le pedí y me rasqué la nunca por lo nerviosa
que estaba.

— ¿Quieres qué todo sea un secreto, verdad?— Sonó como una pregunta, pero no
era así.

— ¡Sí!—Me froté la cabeza con la mano— ¡Invéntate otra manera, pero que no me
vengan a buscar aquí!

— ¿No quieres también que te baje el cielo?—me interrogó toscamente y de la


impresión de escucharlo decir tal cosa, salpiqué salsa en la camiseta de mi pijama— ¡Estás
exigiendo mucho para lo poco que prometes con este encuentro!

— ¡Deja ya de quejarte! — rezongué de muy mal humor y de inmediato saqué un


pañito de una gaveta de mi mesita de noche e intenté limpiar mi pijama ¿Qué le pasaba a
Karsten? Me estaba obligando a salir con él y de pasó me regañaba como si yo fuera una
niñita ¡No iba a aceptarlo!— ¡Si quieres que almuerce contigo, baja un poco la guardia y
trátame bien! Además, ya acepté hacerlo, así que no me salgas con esa!

— ¡Está bien!—la voz de Karsten se suavizó— ¡Sal de tu casa a las 12:00 pm y ve


hasta el estacionamiento de la Biblioteca ―Gaces the Secrets‖—me dio instrucciones de lo
que tenía que hacer al día siguiente— Allí a las 12:20 pm te pasará buscando un empleado
en un carro sencillo, de esos que llaman menos la atención.

— ¡Me parece una maravillosa idea!— sonreí agarrando mi almohada y


abrazándola. ¡Por fin, le había ganado una a Karsten!

— ¿Puedo hacerte una pregunta, Dagmar?— insistió, una vez más Karsten con lo de
intentar sacarme de mis casillas.

— ¿No… siempre las haces sin importarte mi opinión? —tartamudeé torpemente.

— ¿Te importa tanto lo que tus padres piensen de ti y de mí?— ahí estaba la dichosa
preguntita que me volvía loca. ¿Es que acasoél no podía evitar hacer ese tipo de preguntas
que me lastimaban? Sí, tenía miedo de lo que mis padres pensaran de Karsten y de mí. ¡Me
importaba muchísimo!

—Esteeee…— gagueé como una bebé con un resoplido dramático— Eso que dices
no es…. No es muy agradable de tu parte.
— ¡La vida da muchas vueltas, Dagmar!— resopló, claramente agravado— ¡Tus
padres no me quieren pero quizás tú y yo tengamos un lindo final juntos! ¿No te parece?

— ¿Qué quieres decir con eso?— Mis cejas se fruncieron juntas.

— ¡No sé!—me dijo y yo comencé a bostezar. Sí, ya era momento de despedirme.


Seguramente que Karsten quería volver a comenzar a jugar con mi cabeza otra vez y yo no
estaba dispuesta a continuar con ese juego, por lo menos por esa noche.

— ¡Debo colgar, Karsten!—le dije— ¡Ya estoy cansada de hablar! ¡Y tengo muchas
cosas que hacer y me imagino que tú también!

— ¡Gallina! — ¡―gruñó antes de aclararse la garganta —¡Te niegas a escuchar la


verdad!

— ¡Hasta mañana!— le expresé rotundamente dando por acabada esa conversación


por teléfono.

— ¡Hasta mañana!— me devolvió— ¡Voy a contar las horas para tenerte cerquita de
mí!

— ¡Lo que tú digas! — le contesté secamente.

— ¡Cómo me encanta hacerte poner furiosa!—se carcajeó y después colgó, luego yo


también colgué y no pude evitar tirarme en la cama y reírme en plena soledad pero
bastante llena de felicidad.

Al día siguiente las horas pasaron lentamente, caminé de un lado a otro por los
pasillos de mi casa buscando algo que hacer para que el tiempo acelerara pronto y que
rápidamente se hiciera la bendita hora de la cita con Karsten; pero no, por el contrario, el
segundero del reloj como que se había quedado trabado.

Mi mamá seguía furiosa conmigo. No me hablaba, no murmuraba, no hacía ni el


mínimo intento de tratar conmigo. Y mi papá, mostraba un semblante bastante
deprimente. Es más, ya quería estar cerca de Karsten para que él me confesara qué era lo
que le sucedía a mi padre, si era que lo sabía; ya que, sospechaba que esa depresión ilógica
de mi papá provenía de algo malo relacionado con Karsten.

¡De qué le sucedía algo, le sucedía algo! Pues, durante el día, mi papá había estaba
llorando por los rincones de la casa, sí igual como lo había estado haciendo dos noches
atrás. Sus ojos que eran de color verde esmeralda, se veía marrones deprimentes. No había
querido comer, hablar y menos sonreír! ¡Se veía como un gato sin ratón con que comer!

Mientras, afuera de la casa; un grupo muy grande de periodistas esperaban mi


declaración sobre las fotografías y los videos del beso del día anterior entre Karsten y yo.
Pasaron horas tratando de hacerse famosísimos con esa gran notición, pero
afortunadamente Karsten en un arranque de chico malo envió la guardia real a mi casa y
la zona exterior a mi hogar fue desalojada.

Y cuando por fin, llegó la hora de la cita, le puse a mi mamá la excusa de que iba a
salir con Anne y ella algo escéptica me dejó ir con la condición de que en menos de dos
horas me quería de regreso en la casa. Estábamos en pleno siglo XXI y aún mi madre me
trataba como si estuviéramos en la Era medieval. ¡Y eso que la cita no era de noche!

Llegué al estacionamiento a las 12:15 pm y sorprendentemente ya el chofer de


Karsten estaba allí esperándome. Al mirarlo no pude dejar de sentirme incomoda. Era un
hombre alto, esbelto y bastante maduro. Usaba lentes oscuros y vestía muy elegante. En
definitiva que se veía bastante dedicado a su trabajo.

Le di un ligero vistazo, y mientras me acercaba a él pude notar que el automóvil en


donde ambos nos trasladaríamos era de color rojo y había sido estacionado en la parte más
apartada del estacionamiento. Cuando Karsten había dicho lo del carro sencillo, de verdad
que le había creído; pero ahora que veía ese carro podía decir que era un último modelo.

El chofer me llevó rápido a nuestro destino; el cual era un terreno extenso y solitario
fuera de la ciudad. Allí, en todo el medio se encontraba un pequeño restaurant antiguo, en
donde seguramente me esperaba Karsten. El chofer se bajó del auto y después de
ayudarme a bajarme a mí, muy amablemente me pidió que lo siguiera adentro y yo lo
acompañé.

¿Qué puedo decir del restaurant? Sí, que el lugar era muy bonito y sencillo y que
además, tenía una fogata, mucha decoración antigua y solo seis mesas para los clientes.
Era el perfecto restaurant para que nadie se enterara de la cita de Karsten y yo. Además,
no había más nadie ahí. Seguramente, que Karsten lo había mandado a cerrar a propósito
para que solo él y yo estuviéramos comiendo tranquilamente sin miedos a que nos
fotografiaran, otra vez.

Inmediatamente que entré, pude ver a Karsten levantarse de su asiento y acercase a


mí con enorme emoción.

―Hola!—me saludó con alegría y después me abrazó amorosamente— ¡Te ves


hermosa hoy!— ¡Sí, claro! ¿Cómo, no? ¡El pantalón de blue jean y la camisetita sin manga
que cargaba no eran la gran cosota! En cambio, él se veía fenomenal; totalmente sexy de
punta en blanco, y lleno de un aura de chico bueno que a cualquiera podría enamorar.

— ¡Benjamín, gracias por traerla!—Karsten le indicó al chofer del vehículo después


de soltarme del abrazo.

— ¡Sí, su majestad! —le contestó rectamente el chofer y a continuación, dio media


vuelta y se retiró fuera de nuestra vista.
— ¡Ven, vamos a la mesa!—Me pidió Karsten y me tomó cariñosamente por mano
haciéndome caminar con él— ¡Ven aquí!

Nos acercamos a la enorme mesa e inmediatamente noté que ya estaba full de


comida. Para variar, Karsten hacía lo que le daba la gana conmigo. ¿Es que acaso hasta en
eso me dominaba? Me invitaba a salir con él, en un supuesto plan de amigos y ni siquiera
me dejaba escoger la comida a mí misma. ¿Es que acaso pensaba que yo era una inútil que
no podía pedir algo de comida del menú de un restaurant?

— ¿Te gusta?— me susurró al oído con increíble resolución y yo temblé. ¡Ya! ¡Ya!
¡Ya, Dagmar! ¡Este no era el momento para ponerse nerviosa! ¡Debías era estar furiosa!
Además, si habías asistido a la dichosa cita era por obligación y no por gusto. Karsten me
había obligado, y yo quería era cerrar cualquier tipo de relación con él y asimismo,
deseaba averiguar qué era lo que se traían entre manos Karsten y mi papá.

— ¡Por el amor de Dios, Karsten!— le grité, mirándolo de reojo mientras me


ayudaba a sentarme en la silla— ¡No te me acerques tanto, que no me gusta!

—Comprendo… —Ensanchó una pícara sonrisa y se volvió hacia la otra silla;


después de ello se sentó en su lugar.

— ¡Disculpa!— dije entre dientes bastante apenada— ¡No fue mi intención gritarte!

— ¡No te preocupes!— se me quedó mirando un buen rato y luego tomó una botella
de champaña y comenzó a servirnos a ambos en las copas.

— ¡Yo no tomo!— entorné los ojos y torcí el gesto. Él volvió a sonreír y después de
ello, alejó la copa que había puesto de mi lado de la mesa; como diciendo ¡Es que tú no vas
a beber!

— ¡Mandé a preparar todo exclusivamente para ti!— Se aclaró la garganta para


tratar de romper un poco el hielo que amenazaba con aparecer en el almuerzo. Después,
me siguió con la mirada, mientras yo veía de un lado a otro la comida, tratando de
responderme a mí misma la pregunta ¿Por qué tanto?

— ¡Así que el almuerzo ya está servido!— Le hice una mueca y fui incapaz de evitar
que mi voz reflejara parte de lo incomoda que me sentía— ¡Oh, estabas tan seguro de que
vendría y no te dejaría plantado!

—Entonces, ¿por dónde empezamos?—me preguntó dispuesto a ser él mismo, el


que compartiera la comida que ya estaba servida de antes.

— ¡Se supone que un príncipe no dice una cosa como esa!—le dije sonriendo—
¡Karsten, tú no cambias! Sonaste como si no tuvieras nada de clase y te estuvieras
muriendo de hambre.
— ¡No soy un santo, no soy un diablo; solo soy un hombre!—me indicó y
nerviosamente dejé que su mirada me acariciara. Era una mirada tan sensual y perversa
que las mejillas me ardían de la emoción.

— ¡Pero, no eres cualquier hombre!—lo interrumpí— ¡Eres un príncipe y serás el


futuro rey de este país!

—Ja, ja, ja, ja—Su boca se curvó hacia un lado y su mirada se encontró con la mía—
¡Me gustan tanto las cosas que dices y de la forma cómo lo dices! ¡Me encanta esa sonrisa
tuya! ¡Es tan sensual!

— ¿Qué…qué dices?—temblé, sintiendo arder todas mis mejillas y agarrando un


vaso de vidrio que contenía agua me lo empiné de un solo tirón.

— ¡Estás colorada!— el muy canalla sonrió y yo comencé a botar agua por la nariz
y la boca. ¡Qué pena estaba pasando en ese momento!

Karsten me extendió la mano con un pañuelo para que me limpiara y nuestras


miradas se acariciaron, él sonrió y yo sentí un cosquilleo en el estómago. No estaba segura
pero sospechaba que estaban saltando chispas de atracción sexual en el ambiente.

— ¡Eres hermosa...! ¡Eres perfecta!—Me dijo agarrándome por el brazo para


ayudarme a levantarme y a cambiarme hacia un asiento más cercano del que él estaba,
donde seguramente me tendría que sentar. Pero, no lo hice, no llegué a sentarme. Las
piernas me temblaron y por el contrario, me quedé de pie sudando frío en modus
congelamiento.

—Arrrrgggghhhh — bajé la cabeza para mirarlo— ¿Te estás burlando de mí?

— ¡No!—se levantó de su asiento, me tomó de las caderas y me apretó contra él—


¡Tú eres una Diosa sobre la tierra!

— ¡Y tú eres un machista brabucón y aprovechado!— Parpadeé un par de veces


pues mi corazón latía aceleradamente; así que, intenté soltarme de su agarre para que no
notara mi nerviosismo. Conté mentalmente hasta veinte para hacerme caer en la tierra y
reflexioné sobre lo mal que era que yo estuviera cayendo en su seducción ¡Qué estúpida
era al dejarlo pensar cosas tan tontas sobre mí! ¡Yo no era ninguna Diosa y él solo quería
jugar conmigo, nuevamente! ¡Esta vez no lo dejaría besarme! Este plan era de amigos, no
con un fin amoroso.

— ¡Estás insoportable, nena!— replicó con sonrisa burlona e inmediatamente me


dejó en completa libertad.

— ¿Insoportable?—murmuré con un sollozo— ¿Insoportable? ¿Insoportable?


¿Acaso me hiciste venir hasta aquí solamente para humillarme?
— ¡Sí, eres una mujer insoportable!— asintió lentamente y bebió de su copa—¡Eres
insoportable desde aquí hasta el Polo Norte. No soy una persona paciente, pero voy a
tener que aprender a serlo contigo!

— ¡Te odio!—le grité cuando sentí que una furia me halaba al infierno para
enseñarme a realizar locuras. Sin ponerme a pensar en las consecuencias, me abalancé
hacia adelante y le di un derechazo que el muy sinvergüenza logró esquivar; eso me hizo
tambalearme hacia sus brazos y casi que le caí encima. De inmediato lo golpeé eufórica
sobre el pecho— ¡Te odio muchísimo! ¡Eres un parasito!

— ¿Ya empezamos a pelear de nuevo?— me guiñó un ojo sosteniéndome de los


brazos— ¡Vaya, estos minutos de paz no duraron casi nada!

— ¡Sí, ya empezamos a pelear de nuevo! ¿Y sabes qué?—me solté de su agarre y me


eché hacia atrás cruzándome de brazo en total desafío.

— ¿Qué?— Suspiró

— ¡Me…Me largo de aquí! –musité colérica antes de morderme el labio y dar media
vuelta para buscar aunque fuera con la mirada el camino hacia la salida del restaurant.

— ¿Qué?—Karsten pareció sorprendido de darse cuenta que nuevamente lo iba a


dejar plantado— ¡Maldita sea!— me dijo con voz de resignación y apurado me tomó del
brazo jaloneándome hacia él— ¿Por qué todo lo tomas por el camino del escapismo? ¡No
te vas ir hasta que hablemos y comamos!

— ¡Suéltame! ¡Suéltame!—intenté luchar para que me soltara, pero eso parecía en


vano; ya que, la súper fuerza de Karsten me ganaba toda la batalla— ¡No quiero hablar
más contigo!

— ¡Deja los berrinches!— Forzó una sonrisa— ¡Se suponía que esto era una cita!—
me soltó y yo lo miré. Sus ojos eran maravillosos, su cabello grandioso y todo su cuerpo
era total e impresionantemente perfecto. Tragué nerviosa y decidí seguir furiosa con él en
vez de estar buceándolo.

— ¡Esto no era una cita!—lo apuñalé en el pecho con el dedo del medio— ¡Yo acepté
porque me obligaste a venir contigo!—le mencioné rodando los ojos sin quitarle el dedo de
encima— ¡Yo acepté porque me dijiste que era en plan de amigos! ¡Yo acepté porque
prometiste no acosarme! ¡Yo acepté, fue porque pensé bobamente que me dirías todo sobre
los secretos que se traen mi padre y tú!—y ahí caí en peine, nuestra ―cita‖ se estaba yendo
por un rumbo de seducción y me estaba olvidando de lo que me interesaba que era lo de
mi papá— ¡Vamos dime!—le pedí— ¿Por qué te la pasas buscando a mi papá? ¡Él es un
empleado más! ¿Por qué para ti un empleado de bajo nivel sería de tan gran relevancia
como para molestarte en reunirte con él en diversas oportunidades?
— ¿Me tienes eufórico, sabes?—Karsten me dio una sonrisa de complicidad y se
acercó a mí para luego susurrarme al oído como si le costara hablar o le faltara el aliento—
¡Tú me quieres volver loco! Te cito para hablar contigo lleno de paz y amor y tú solo me
recriminas por hablar con tu padre hace dos días y ni siquiera sabes de qué hablamos, él y
yo.

—Es que…— me inquieté—Es que sé que ese día te reuniste con mi padre por algo
grave y sé que lo que hablaron mi papá y tú fue algo serio y bien fuerte porque desde esa
conversación mi papá se percibe preocupado, deprimido y varias veces lo he escuchado
llorando.

— ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?— me tocó la mejilla.

— ¿Ah?— le quité con disgusto su mano de mi cara— ¿Eres…idiota o qué? ¡Ni


siquiera puedes darme una respuesta sincera sin estar molestándome! ¡Háblame claro, es
lo ´único que te pido!

—Solo hablé con tu padre para ofrecerle dinero— me confesó con ojos vidriosos—
¡Quería darle un préstamo!

— ¿Qué?— pregunté impresionada por lo que Karsten me acababa de decir y


rápidamente mi cabeza comenzó a sacar sus propias conclusiones horripilantes ¿Acaso mi
padre estaba tan endeudado económicamente que se había visto forzado a pedirle un
préstamo al príncipe heredero del país y no a un banco? Al pensar en eso, un escalofrío de
terror me recorrió la espalda— ¿Y… y eso por qué?—interrogué a Karsten y él me miró
con ojos aterciopelados.

— ¡Eso no te lo puedo decir!—con dulzura se acercó a mí y me envolvió con sus


brazos.

— ¿Por qué no? —le pregunté con la voz entrecortada.

—Porque eso no está en mis manos, — ronroneó nervioso—si quieres saber


pregúntaselo directamente a tu papá.

— ¡No te soporto!— echando chispas al darme cuenta que no me iba a echar el


cuento completo sobre mi papá, me separé de él y lo fulminé con la mirada—Sí, tienes
razón, mejor se lo pregunto a él porque tú…

—Yo…—se encogió de hombros.

— ¡Tú eres una mala persona!—lo acusé con voz helada— ¡Eres el Diablo hecho
persona y no quiero encontrarme más nunca contigo!

— ¡Oh, está bien! —Karsten dejó escapar un suspiro como rindiéndose a lo


inevitable y era el terminar como culpable de lo que había sucedido con mi papá—
¡Siempre para ti he sido así, no tienen por qué cambiar las cosas! ¿Pero, te digo algo? ¡Me
fascina cuando actúas de esa manera que ni tú misma puedes engañarte a ti misma! ¡Yo sé
que te gusto y aunque me jures en la cara que eso no es verdad, no te creo!

— ¡Me largo, ya no te aguanto más!—decidí agarrar el toro por los cuernos y


escapar de allí antes de que una mayor ira se apoderara de mí y acabara arañándole la cara
que era lo que se merecía Karsten por andar escupiéndome en la cara mis propios
sentimientos.

— ¡Esta bien!—alzó las cejas y suspiró débilmente— ¡pero deja de mirarme como si
yo fuera un tigre a punto de arrojarse sobre ti para devorarte! ¡No te voy a comer…Por lo
menos, no hoy!

— ¡Engreído! —Le dije y él me dio en respuesta esa media sonrisa que tanto me
agradaba— ¡En fin, me voy!—estreché mis ojos con los de él logrando con ello hacerlo
entender que esa ―cita‖ finalmente había acabado— ¡Ya se me quitó el hambre! ¿Será que
tu chofer me puede dejar en el mismo estacionamiento del que me recogió? —le pregunté
analizando que si la respuesta de Karsten era negativa iba a sufrir buscando el camino de
vuelta a mi casa.

—Puede ser…—el muy todopoderoso me dio esperanzas y eso me hizo concluir


que el chofer sí me llevaría a donde le había pedido. Bueno, ya había cumplido con la cita
con Karsten, él me había dado una respuesta a medias sobre lo que había ocurrido con mi
papá y en pocas horas estaría de regreso en mi alcoba. ¿Qué más podía pedir ese día? ¡No
había sido tan malo como había sospechado que sería! ¡Algo bueno había sacado de todo
aquello!

— ¡Bueno, me voy!—tomé mi bolso y me despedí de él con un beso en la mejilla. Sí,


el muy canalla se había ganado por lo menos eso.

— ¿No quieres la comida para llevar?— Me guiñó el ojo pasionalmente— ¡No


comiste nada!

—Será, para la próxima…—me lamí el labio inferior provocativamente y luego


sonriéndole me marché del restaurant.

Regresé a mi casa y no había nadie allí; así que prendí la televisión y me puse a ver
una película llamada ―Esclavo vaquero‖ y aunque las películas del lejano Oeste no eran
de mis preferidas, me pareció entretenida y terminé viéndola toda. Luego, comenzó una
película llamada ―Te sigue los pasos‖ que a mi parecer era fastidiosa, así que, apagué la
tele y me recosté en el mueble. A los pocos minutos, totalmente agotada y sin ganas de
mantener las pupilas abiertas, caí rendida en el sofá de la sala.

Una hora después me desperté con el sonido de mi celular. Algo adormilada lo


tomé y revisé de quien se trataba y mi sorpresa fue ver que Miguel me estaba llamando.
Despertando de golpe me senté en el sofá y acomodé mi voz para que sonara lo más que
bien.
— ¡Aló!—le dije en voz alta.

— ¡Hola, Dagmar!—Miguel me saludó con su voz perfecta de chico genial— ¿Cómo


estás?

— ¡Hola, Miguel!—las manos comenzaron a sudarme y eso que no tenía a Miguel


frente a frente de mí— ¡Es un placer poder escuchar tu voz! ¡Estoy bien, espero que tú
también!

— ¡Sí, estoy bien!—su voz sonó como si su respuesta la estuviera dando por un
compromiso ante mí y no porque fuera parte de la realidad.

— ¿Y qué cuentas?—intenté romper el hielo en una conversación más amistosa.

—Vi las fotos publicadas entre Karsten y tú y…—me dijo sin más y mi voz se
quebró. ¡Oh no! ¡Oh no! ¡Oh no! ¿No se suponía que este día estaba yendo regular? ¿Por
qué tenía que ponerse oscuro?

— ¡Eso no fue nada!—cerré los ojos intentando sonar realista y no una completa
mentirosa de pacotilla— ¡Él me beso aprovechando que yo estaba pensando en otra
cosa!—le expliqué razonadamente y mi piel se erizó con solo recordar ese bello y delicioso
beso— ¡Nosotros no tenemos ninguna relación romántica! ¡Él solo aprovecha su título de
nobleza para burlarse de mí y hacerle creer a todos que él y yo somos novios!

—¡Está bien! —me dijo con voz ronca y gutural— ¡En fin, te llamé porque estuve
pensando, pensando y pensando!

— ¿Y qué tanto pensabas?—le pregunté y pude oír la puerta de la casa abriéndose y


dándoles la bienvenida a mis padres que regresaban a su hogar.

—Yo quería invitarte a…— ¿Me estaba invitando a salir con él? ¡Sí, por favor, que
fuera eso! Necesitaba más tiempo con Miguel y menos con Karsten si quería que mis
sueños se volvieran hechos concretos—No sé, si tus padres te dan permiso, pensé en que
me acompañaras a cenar hoy a un restaurant—me propuso salir como yo lo deseaba y eso
me gustó muchísimo.

— ¿A cenar?—le pregunté y giré la cabeza para ver a mis padres colocar sus bolsas
de compras sobre la mesa principal. ¡Las cosas no debían estar tan mal si andaban de
compras!

— ¡Sí, a cenar!— su voz suena entrecortada y eso me hace latir el corazón al


máximo.

— ¿Hoy? —Gemí llena de júbilo y de sorpresa— ¿Estás seguro, Miguel? ¿Quieres


cenar conmigo?—sentí a mi madre acercarse a mí y sentarse a mi lado como tratando de
escuchar la conversación telefónica y eso me hizo desvariar. ¡Esta mujer si era chismosa!
¿Acaso no podía disimular que cuando había escuchado juntas las palabras cenar y
Miguel, se había puesto súper emocionada?

— ¡Sí, sería divertido!—oí a Miguel bastante sumiso— ¿O es que tienes alguna otra
cita?

— ¡No, claro que no!—miré a mi mamá verme con cara de ―chica no me gusta la
reputación que estás teniendo últimamente‖ y decidí que sí quería salir con Miguel; ya
que, si quería reconciliarme con él, necesitaba obligatoriamente pasar mucho más tiempo a
su lado— ¡Sí, quiero ir a cenar contigo!

— ¡Bien, te pasaré buscando a tu casa!—me dijo cálidamente— ¿Te parece bien a las
06:30 pm?—me preguntó y yo vi a mi mamá pidiéndome con la cabeza que le dijera que sí
a Miguel. Bueno, por lo menos me estaba dando permiso para salir a casi entrada la noche.
¡Después no quería quejas de que estaba regresando a la casa demasiado tarde!

— ¡Sí, a las 06:30 pm!— le contesté a Miguel y me emocioné de saber que pronto él
y yo estaríamos juntos nuevamente y esta vez sería para siempre.

Miguel llegó como lo había prometido a las 06:30 pm y mis padres lo recibieron
contentísimos. No había dudas de que preferían como yerno a Miguel y no a Karsten. Mi
mamá lo invitó a tomarse un café descremado y mi papá le entregó unas revistas viejas
para que leyera. Por mi parte, yo me vestí para la ocasión con un vestido blanco de gran
elegancia y unos zapatos sencillos de tacón bajo. Miguel apenas me miró llegar a la saña
sonrió satisfecho y lleno de enorme emoción me abrazó.

Cuando a las 07:00 pm ambos logramos salir de la casa, luego de que mis papás nos
felicitaran por ese reencuentro y se mostraran alegres de vernos juntos otra vez, nos
subimos a su auto y rodamos fuera de la ciudad. Miguel para bajar un poco el ambiente
tenso que se estaba formando con el transcurrir del paseo puso música en la radio.

—Miguel…—quise hablarle para no sentirme tan sola, pero mi voz sonó muy torpe.

— ¿Qué quieres?— me gritó y yo me asusté de su tono molesto y reprimí un


suspiro. ¿Qué coño le había desagradado a Miguel que lo había hecho molestarse tanto?
¿Acaso estaba molesto por el acoso de mis padres? ¿O estaba molesto por…? Sí, era eso,
estaba bravo por las fotografías de los besos entre Karsten y yo. Seguía celoso de ver a
Karsten besuqueándome. ¿Dios, hasta cuando ese príncipe iba a meterme en mi vida y en
mis relaciones? Sin respuesta alguna en mi cabezota, volteé mi cara hacia la calle y traté
de entretenerme contemplando el paisaje.

— ¡Perdóname, Dagmar!—con una mano mantuvo el volante del auto y con la otra
me acarició la mejilla derecha— ¡No sé por qué me pongo así! Yo te creo que fue el
príncipe Karsten que se aprovechó de ti para besarte, pero igual no puedo evitar ponerme
celoso.
— ¡Lo sé!—cerré los ojos y pretendí estar calmada. Lo cierto era que me había hecho
mucho daño cuando me había gritado. Este era un Miguel que yo no conocía.

— ¡Oh, lo había olvidado!—trató de cambiar el tema para hacer del momento algo
más tranquilo— ¡El restaurant es encantador! ¡No es igual a ninguno que hayas visitado!
¡Yo siempre que puedo lo visito y quise que tú también lo visitaras!

— ¿Estás seguro de esto?—lo miré directamente a los ojos —No sé si está bien para
ti traerme a cenar si no somos novios. De paso, no quiero que te sientas obligado a algo
que no quieres hacer, únicamente porque mis padres se pusieron todos melosos creyendo
que tú y yo estamos reconciliados, cuando la verdad es que…

— ¡No digas tonterías!— Tomó una respiración profunda—Para mí tus padres son
los mejores del mundo y sé que actúan siempre como hace un momento porque tú eres el
tesoro más preciado para ellos. ¡No creas que te invité a cenar solo por quedar bien ante
ellos! ¡Yo aún te quiero, no seas tontica creyendo que no es así!

— ¡Qué tonta soy, creyendo algo así! —levanté la ceja incrédula de oír decir algo
como aquello y miré al frente. ¿Qué me pasaba? Miguel me había dicho que me quería y
eso para mí había sido como oírlo decir que la empresa de su padre estaba en su mejor
momento. ¡No me había importado tanto como debería! Mi cabeza como que se estaba
volviendo loca, loca, loca.

— ¿Por qué frunces el ceño de esa manera, Dagmar?— Me interrumpió en mi


silencio Miguel y después apartó su mirada herida lejos de la mía— ¿Acaso no me crees?

— ¡Por supuesto que sí te creo!—le dije desesperadamente y el tono ronco de mi


voz pareció gustarle a Miguel, que simplemente volteó su mirada hacia mí y me sonrió—
Es sólo que… —intenté explicarle la teoría de lo absurdo—Es solo que tú me gustas mucho
Miguel, y no quiero hacerte sufrir nuevamente. ¡No quiero que mis acciones te
maltraten!—le confesé finalmente.

— ¡Preciosa! —Con una emoción compartida me agarró la barbilla y me hizo


enfrentarlo con la mirada — ¡No hay manera de que me puedas hacer sufrir ni que me
maltrates nuevamente!

— ¿No la hay?—vacilé.

—Somos amigos y los amigos se acompañan y se apoyan; no se maltratan—me


anunció y yo sentí una lagrima escaparse de mis melancólicos ojos. Tragué perezosamente
y busqué la manera de hacerme oídos sordos a la mención que había hecho Miguel de que
―solo éramos amigos‖.

— ¡Está bien!—le dije y sentí un frío desolador y desesperanzador desde el último


dedo del pie hasta el último cabello que poseía en mi cabeza. Bueno, hasta allí llegaban
mis esperanzas de una posible reconciliación con Miguel. Es que si en la cena en el
restaurant ocurría algo diferente, se iba a tratar de un enorme milagro.

Llegamos al restaurant a eso de más de las 08:00 pm y al ver el lugar quedé súper
sorprendida; ya que, no era un restaurant con paredes y enormes cocinas a los que un
sujeto como Miguel estaba acostumbrado y menos era algo parecido a alguno de los que
mi padre había trabajado. Todo lo contrario, no habían paredes, la cocina estaba al aire
libre, las mesas también, a un lado había un pequeño parque infantil y para resguardar de
la lluvia en una esquina estaba una enorme toldo de color blanco. ¡Era el restaurant más
sencillo y acogedor al que me habían invitado hasta ahora!

— ¿Este es un restaurant?—le pregunté a Miguel mientras nos acercábamos a las


mesas para sentarnos. Sin querer le di al pobre lugar una mirada bastante dura a la que no
estaba acostumbrada; por lo que, cerré y abrí los ojos de un vistazo para que Miguel no lo
notara. ¡Yo nunca juzgaba a las personas ni a las cosas sin conocerlas y no me podía
permitir comenzar a hacerlo!

— ¡Sí, es un restaurant al aire libre y sirven muy buena comida!— Me tomó la


barbilla y sonrió—Este es un lugar encantador. Desde aquí puedes ver las estrellas, gozar
del parque y bueno, luchar con uno que otro mosquito.

—Ja, ja, ja, ja—le di una media sonrisa perezosa— ¡Es un lugar estupendo!

— ¡Eres fabulosa!—me acarició la mejilla ligeramente— ¡Ven vamos a sentarnos!—


me pidió y de inmediato ambos nos acomodamos en una mesa cuyo centro estaba
adornado con flores blancas y rosas.

— ¿Ya están listos para ordenar?—a los pocos minutos se acercó a nosotros un
mesonero algo robusto.

— ¡Sí, por supuesto!—Miguel me entregó el menú para que yo decidiera mi cena a


mi gusto y eso me hizo muy feliz. Encantada le sonreí— ¡Para mí tráigame un fettuccini
primavera y un spaghetti alla putanesca! Y para la señorita…

—Una sopa de berenjena con cangrejo y un lomo de cochino oriental—le dije al


mesonero, sin saber qué clase de comida era esa. Nunca había probado berenjena y
cangrejo a la vez, pero estaba dispuesta a probar ese platillo.

— ¿Y para beber?—preguntó el sujeto tomando nota.

— ¡Vodka para ambos!— mis ojos se abrieron de pronto al recordar que no me


gusta beber alcohol. ¿Acaso Miguel no se recordaba de eso? Decidí que iba a ignorar el
vodka aunque Miguel me lo sirviera y que iba a dedicarme nada más a comer y a charlar
con mi ex novio.

— ¡En un momento vuelvo con sus pedidos!—dijo el hombre y luego dio media
vuelta y se alejó a buscarnos nuestros pedidos.
— ¡Me sorprendes, Dagmar!—al momento que el mesonero se marchó, Miguel
comenzó a hablar— ¡Pensé que pedirías algo para comer que fuera de dieta.

—Si me conoces bien, sabrías que yo no soy mujer de hacer muchas dietas—me
encontré con su mirada— ¡No las aguanto y caigo en la tentación de comer y comer!

—Je, je, je, je, je—se rió complacientemente— Y yo soy un hombre de comer mucha
pasta ¿O no notaste mis dos pedidos?

— ¡Claro que sí!—le dije suavemente— ¡Pareces un magnate italiano!

— ¡Bien dicho!—sacudió su cabeza y me regaló una media sonrisa bastante cálida—


¿Y… de qué hablamos ahora?

— ¡Bueno, empecemos por ti!—puse los codos sobre la mesa y mis manos en mi
mentón— ¿Qué cuentas, Miguel? ¿Qué ha pasado contigo? ¿Cómo te fue hoy en el trabajo?

— ¡Horita no quiero que hablemos de esas cosas!—chasqueó— ¡Horita quiero es


mirarte, admirarte y soñarte! ¡Qué linda eres, Dagmar! ¡Me encanta mirarte!

— ¡Gracias…supongo!—tartamudeé, no sabiendo qué más decir.

— ¿Sabes algo, Dagmar?— se acerca al florero y comienza a acariciar una de las


flores blancas, como si con ello se sintiera mejor y pudiera tomar fuerzas—Estaba
pensando que tú y yo podemos…

— ¿Qué?— ¿Qué me iba a decir? ¿Me iba a pedir nuevamente que fuera su novia?
¿Se me iba a declarar? ¿Estaba preparada para ser su novia? ¿Qué haría Karsten si se
enteraba de aquello?— ¿Podemos, qué? ¡Habla, por el amor de Dios!—le exigí
nerviosísima.

— ¡Podemos volver a intentarlo, Dagmar!—La sonrisa de Miguel se veía muy


genuina y eso me hizo sonreír de oreja a oreja.

— ¿Lo dices en serio?— le sostuve la mirada bañada en un mar de felicidad. Podía


jurar que veía unicornios y arcoíris en el restaurant. ¡Estaba tan feliz! ¡El milagro que había
esperado tanto estaba ocurriendo! ¡Íbamos a volver a ser novios! ¡Sí!

—Fuimos amigos y muy buenos amigos—titubeó— ¿Por qué no intentarlo ahora?

—Sí, bueno, antes éramos amigos, pero…— Apreté la mandíbula. ¡Yo no quería ser
su amiga, yo quería era ser su novia! ¡Él no podía pedirme que me conformara con ser su
amiga! ¡Yo lo amaba! ¡No estaba bien lo que me estaba diciendo entre oraciones confusas!

— ¿Por qué no tomarnos las cosas con más calma ahora?— De repente se levantó de
su asiento, se marchó hacia el parque y se sentó en el columpio dándome con ello la
espalda. Realmente, él no parecía querer herirme con lo que me estaba diciendo, pero lo
estaba haciendo. De verdad que la amistad y el amor podían doler mucho y yo no quería
su amistad, quería era su amor ¿De verdad?—Antes no duramos ni veinticuatro horas de
novios y…—continuó sin verme a la cara y yo me levante y caminé hasta ponerme frente,
frente de él ¡Vaya noche que era esa!—yo no quiero que ahora sea así

— ¿Quieres ser nada más que mi amigo?— mi expresión se congeló y la desolación


me llenó toda. Me había dicho algo parecido en el auto, pero ahora parecía que me lo
estaba diciendo en serio y sin derecho de pataleo.

— ¡No, claro que no!—sonando desesperado me arrojó sobre sus brazos— Pero no
estoy preparado para una nueva decepción—Sonriéndome se separó de mí — ¿Y tú?—
¡Oh, no! ¡La pregunta indebida! ¡La pregunta fatal! ¡Claro que no estaba preparada para
una decepción, pero tampoco estaba preparada para causarla yo!

—Yo…— susurrando, levanté mi barbilla y lo miré con ojos melancólicos― ¡Bueno;


si debemos empezar como amigos, después ver cómo surge todo y más adelante decidir si
podemos ser algo más, yo lo acepto!—¿Qué más me quedaba? Yo no podía rogarle que
fuéramos novios y menos teniendo a Karsten cada vez más cerca de mí y de mi corazón.
Lo de la cita con Karsten había sido… ¡Oh no, ese no era el mejor momento para pensar en
el odioso de Karsten! ¡Él no era bueno para mí!

— ¿Entonces, trato hecho?— Miguel se aclaró la garganta sacándome de mi transe


―Karstesiano‖ y me extendió la mano dando por sentado en trato.

— ¡Trato hecho! —intenté sonreír y estreché su mano de vuelta.

—Ahora somos mejores amigos—sonriendo Miguel se encontró con mi mirada y


tomó mi barbilla en su mano.

— ¡Ay Dios!—suspiré algo melodramatica— ¡No sabes cuánto quisiera regresar al


pasado y cambiar muchas cosas que ocurrieron!

— ¿Por qué?—sus cejas se levantaron y eso me hizo tener algo de fuerzas para
hablar.

—Porque me arrepiento de lo que hice…—tragué y miré hacia el piso. Mis mejillas


se sonrojaron y con voz ronca, ronroneé— ¡Y… porque te quiero!

— ¡Vamos, ya traen la comida!— No me dio respuesta a mi confesión, en cambio,


sonrió y tomándome del brazo, Miguel me llevó hacia nuestra mesa del restaurant.

El resto de la cena fue más de lo mismo, mirada esperanzadoras, sonrisas tímidas y


deseos de reprimidos de amar libremente. Cuando llegué a mi casa mi mamá me cayó
encima a preguntas y decidí que no estaba lista para responderle; así que me refugié en mi
alcoba y no supe más de mí sino hasta que a la mañana siguiente un fuerte ruido en la
puerta de mi habitación, me despertó.
—Amiga…—escuché a Ally llamarme bastante alterada— ¡Dagmar, tenemos que
hablar! ¡Rápido, ábreme la puerta!

Con cara de zombi me levanté de la cama y vi la hora, eran apenas las 06:00 am.
Con pasos soñolientos pero seguros me fui al baño, me aseé, me sequé la cara y después
me dirigí a la puerta del cuarto para recibir a Ally. ¡Qué fastidiosa era a veces!

— ¡Hola!—le dije apenas con media puerta abierta.

— ¡Hola amiga!—me dio un beso rápido en la mejilla y salió disparada hacia mi


cama para acostarse bien cómoda.

— ¡Vaya, sí que estas apurada!—le dije irónica y cerré la puerta. Luego me senté en
la cama junto a ella—Por lo menos deberías decirme lo siento por despertarme e invadir
mi espacio tan temprano.

— ¿Lo siento?—preguntó extrañada, y yo le hice señas para que viera la hora en mi


reloj de mesa, ella la vio y sonrió— ¡Está bien, lo siento! ¡Siento mucho despertarte a esta
hora de la mañana!

— ¡Descuida!—miré al techo contentísima de tenerla esa mañana en mi cama,


necesitaba hablar con alguien y desahogarme.

— ¿Y?—me preguntó directamente con enorme curiosidad— ¿Acaso no me piensas


contar qué pasó anoche? ¿Cómo fue esa reconciliación? ¿Acaso ya no eres virgen, amiga?
¿Qué pasó? ¡Suelta la sopa, ya!

—Tengo una confesión que hacerte, amiga— le dije con tristeza, porque me hubiese
gustado decirle mentiras, pero a Ally yo no la podía engañar. Era mi mejor amiga y se
merecía solo la verdad.

— ¿De qué se trata?— Se sentó cómodamente en la cama y chasqueó los dedos—


¡Habla, pues, mujer!

— ¡Miguel no quiere nada conmigo!—le confesé muerta de desconsuelo.

— ¿Qué?— Las cejas de Ally se arrugaron con gran sorpresa y yo no pude


enfrentarla mirándola a la cara ¡Ella podía oler la tristeza en mi piel y descubrir el malestar
en mi mirada!— ¡Oh my god! ¿Pero, por qué? ¿Qué le sucede al dulcecito ese? ¿Acaso es
tan bastardo como me lo imaginaba?

—Deja que termine…—la vi tan desesperada que intenté contener su creciente


incertidumbre— ¡Cálmate!

— ¡No me voy a calmar!—comenzó a gritar con enojo— ¡Es un desalmado! ¡Es vil,
estúpido y bastardo! ¡Ojalá que lo parta un rayo en cientos de pedazos! ¡Cerdo!

— ¡Ya, Ally!—esta vez fui yo la que gritó— ¡Si quieres que te cuente, cálmate!
Ally abrió los ojos como un dragón y eso me hizo sentir como la mujer más patética
del universo ¿Cómo era capaz de gritar a mi mejor amiga por algo tan torpe? Sí, Miguel
me había mandado a volar, pero ella no tenía la culpa y si estaba hablando tan
desesperada era porque se preocupaba por mí.

—Bueno… me calmo—con voz desdichada Ally me expresó— ¿Qué fue lo que


pasó?

—Él sólo quiere que seamos amigos, por el momento—mis mejillas se ruborizaron y
tragué intensamente.

— ¿Amigos? ¿Amigos? ¿Amigos? — Los labios de Anne se curvaron con una


sonrisa de ―eso no es posible‖ que me conmovió todita— ¿Pero qué le pasa a ese
mequetrefe?—se preguntó a si misma— ¿Acaso quiere burlarse de ti?

— ¡No, por supuesto que no!—negué agobiada— ¡Él no quiere nada de eso!

— ¿No se sentirá… celoso aún del príncipe Karsten?—me interrogó con clásico
interés por mi sufrimiento y eso me dolió en lo más profundo de mi alma— ¡Su majestad
es…!

— ¡No lo sé, amiga!— gemí y traté de explicarle—Yo noté a Miguel enfadado


anoche pero no te sabría decir si era porque estaba celoso después de lo que pasó hace
tanto tiempo y…bueno, si lo está creo que me lo merezco por darle a Karsten tanta
confianza hace años y por los besos que salieron fotografiados y en video en todos los
medios de comunicación hace días.

— ¡Amiga, tú no eres perfecta, así como él no lo es!—se sentó frente a frente de mí e


intentó tranquilizar mis sufrimientos— ¡Él tampoco debe portarse así contigo! ¡No debe
hacerte sentir mal por una tontería que ocurrió hace años! Aunque los besos de hace días
fueron… ¡No, no, no! ¡Discúlpame, amiga! Tú te debes sentir fatal y yo solo te estoy
molestando. ¡Perdóname! ¿Estás bien?

— ¡Estoy bien! ¡Te lo juro! — le mentí tratando de arrancarle una sonrisa de los
labios a mi amiga para que por lo menos, ella estuviera más tranquila ante tanta locura de
vida que me gastaba yo—Por lo menos tengo esperanzas de volver con él porque de la
amistad al amor solo hay un solo paso. ¡Acepté ser su amiga y considero que esa fue una
de las mejores decisiones que he tomado en mi vida!

— ¡Eres una cabezota, Dagmar!—pareció molestísima de decirle tales cosas; ya que,


casi que echando espuma por la boca se levantó de la cama y comenzó a hablar duro
nuevamente— ¿Por qué lo defiendes?—me preguntó insolentemente— Si él te ama, debe
ir de frente y no esconderse en una inusual amistad. ¡No lo defiendas y tampoco te
conformes con nada! ¡Sí él no te quiere, entonces tú tampoco lo debes querer!
— ¿Estás diciendo que soy una cabezota?—la oí ofenderme y eso me hizo
disgustarme. Se suponía que debía consolarme, no regañarme ni insultarme ¿Para qué más
estaban las amigas?— ¡Respétame! —le exigí y yo también me levanté de la cama.

— ¡No lo haré! —Comenzó a caminar como loca por toda la habitación— ¡No lo
haré! ¡No lo haré!

—Lo tendré en cuenta a la hora de tu evaluación anual como amiga—intenté


amenazarla con algo tan tonto como lo era nuestra evaluación anual de mejores amigas.
Ésta la habíamos hecho desde pequeñas y ahora nos traía recuerdos maravillosos que nos
hacían recordar el por qué éramos amigas— ¡Eres mi amiga, deberías apoyarme y no
hacerme sentir mal! —pretendí hacerla sentir mal, pero eso me dolió más a ella que a mí.

—Soy tu amiga, pero…—sus ojos se hicieron llorar revelándome que estaba a punto
de llorar ¡Pobre de Ally! ¡La había herido!— mi deber es hacerte mirar cuando te quieres
hacer la ciega ante lo que no necesita anteojos.

— ¿Y qué hay de ti?—me crucé de brazos llena de muchos sentimientos


espantosos— ¡Eres una chica bastante caprichosa!

— ¡Sí, lo sé!—me anunció con su voz encantadora de ―no quiero que te conviertas
en lo que soy yo‖ y la verdad me dio contra la cara; mi vida era muy difícil y ella no quería
verme llorar nuevamente— ¡Soy caprichosa e inmadura!—se detuvo de golpe— ¡Yo no lo
tengo por qué ocultar!

—Creo que estás… loca…—pálida me senté otra vez en la cama— Estás loca o te
tomaste una caja de cerveza esta mañana y estás borracha.

— ¿Cuál es la diferencia, amiga?—se sentó con calma a mi lado y trató de hacerme


entender que no valía la pena sufrir por ningún hombre— Por lo menos, no me estoy
ilusionando con un chico que no quiere ser mi novio, sino mi amigo. ¡Dagmar, no debes
castigarte por lo que pasó hace años! ¡Olvida a Miguel, tonta!

— ¡Eso no es muy amable, ni gracioso por tu parte, amiga! —la vi y sentí que las
cosas se habían calmado un poquito entre ella y yo. ¡Claro ella y yo no podíamos estar
molestas para siempre, éramos mejores amigas!—pero como te dije antes, —la sostuve por
la mejillas—estoy bien con lo de ser amiga de Miguel. Tengo fe y sé que esa situación no
va a durar por mucho tiempo

— ¡Espera un momento!—se mostró enormemente sorprendida— ¿De verdad, crees


que eso es lo que te mereces?—y por sus reveladoras palabras no lo pude evitar y me
sonrojé— ¡Maldita sea, Dagmar! Tú eres una buena chica y mereces en tu vida a un
hombre que de verdad de la cara por ti.

— ¡No sé a qué te refieres!—mis ojos comenzaron a humedecerse, así que bajé la


mirada.
— ¡Tu corazón late muy rápido, Dagmar!—Tristona, Ally me puso su mano derecha
en el lado del corazón e intentó con ello llegar a mi cerebro en donde estaba aún estaba
escondido algo de razonamiento — ¡Late como loco! Y eso es porque estás asustada de
estar cometiendo un error al tener esperanzas de tener una reconciliación con Miguel.
¡Yo…no quiero verte sufrir, amiga! ¡Te quiero muchísimo!

— ¡Yo a ti también!—aprisa la abracé cariñosamente. Sí, un abrazo era lo que


necesitaba en ese momento para comenzar a afrontar lo que se me venía encima si los
planes de una reconciliación con Miguel no llegaban a concretarse.

— ¿Por qué has aceptado esa locura de la amistad?—me preguntó aún pegada a mí.

—Porque sé que si me caigo y cometo otro terrible error en mi vida…–una lágrima


inició su recorrido por mi mejilla y al unísono sentí como Ally también lloraba— tú estarás
allí para apoyarme, consolarme y mantenerme de pie.

— ¡Sí!—chilló— ¡Siempre!

Los días pasaron y Ally asistió a mi casa todos los días, allí hablamos de todas las
cosas posibles y de las que no lo eran y cientos de veces ella intentó razonar conmigo para
que renunciara a Miguel, pero como siempre la testaruda yo, no le hizo caso. Miguel por
su parte me llamaba todos los días y me invitaba a ―citas de amigos‖ a lugares diferentes y
yo encantada salía con él. De Karsten no supe nada más, sino lo que reflejaba los medios
de comunicación. Un par de veces hasta lo vi grabado y fotografiado, abrazándose con
mujeres curvilínea.

Eso, me ponía muy celosa y caliente; ya que, aunque me costara admitirlo extrañaba
la atención que Karsten tenía hacia mí. Pero, el muy canalla no se dignaba a llamarme,
acosarme o simplemente enviarme un mensaje con un seco y desprovisto de sentimientos
―Hola‖. No se había comunicado conmigo en casi dos semanas el muy… muy grosero.

Una tarde, cansada de estar pendiente de Karsten y de su obvia muestra de


desinterés hacia mí, decidí distraerme yendo sola a comer un helado en una plaza de la
comunidad. Necesitaba mi espacio; ya que, Miguel estaba muy pendiente de mí, Ally se
preocupaba a montón y mis padres me acosaban con sus preguntas sobre mi relación con
Miguel. ¡Ya estaba algo cansada!

Y sentada saboreando el delicioso helado de chocovainilla, me quedé inmóvil


cuando vi cómo un hombre alto, increíblemente atractivo y justamente furioso se acercaba
a mí. Sólo con mirar esos maravillosos ojos mi mundo se tiñó de rosa y la sensación fue tan
agradable que me olvidé de inmediato de quien era yo y recordé obviamente quien era él.
Sí, él era Karsten. El hombre que no se había molestado por llamar mi atención durante esa
larga lista de día.

— ¡Hola, Dagmar!—me saludó y sin preguntarme si lo podía hacer, se sentó en una


silla a mi lado.
— ¡Hola, Karsten!—lamí mi helado y lo miré con ojos rabiosos. Él lo notó y se echó
a reír.

— ¡Oh, la mirada de fiera salvaje!— se cruzó de brazos y me desafió con la


mirada— ¡Me encanta!

— ¡No seas estúpido!— lo insulté y entonces, percibí como unos enormes sujetos
que trabajaban para él comenzaban a desalojar el lugar. ¡No quería que la gente nos
molestara! ¡Quería¡ privacidad! ¡Este hombre ponía mi mundo de cabeza y hacia que me
gustara y lo odiara al mismo tiempo!

— ¡Has tenido muchas citas con Miguel últimamente!—me dijo y no era una
pregunta, todo lo contrario, él tenía esa atmosfera malvada que a veces me asustaba.

— ¡Eso no es tu problema!—me crucé de piernas y brazos y lo miré con desprecio.

— ¡No te enfades, cariño!— se limitó a decir— ¡Solo vine aquí para charlar un rato!
Sentía curiosidad por saber sobre Miguel y tú. Dime, ¿Besa mejor que yo? ¿Te acaricia con
la misma intensidad que yo? ¿Te gusta? ¿Ya te acostaste con él?

— ¿Qué?—le dije parpadeando incrédula por lo que él me estaba preguntando—


¿Te volviste loco? ¡Eres un marrano! —le grité e hice un desesperado intento por
levantarme y marcharme de allí, pero él no me lo permitió porque se levantó y me tomó
rápidamente por la muñeca.

— ¿Por qué no me contestas?—me apretó más fuertemente la muñeca hasta


infligirme dolor— ¿Es que de verdad te acostaste con ese idiota?

— ¡Suéltame!—Sin darme cuenta de lo que estaba haciendo, le di una bofetada con


mi mano libre. Él claramente sorprendido y golpeado me soltó en un segundo. Se me
quedó viendo estupefacto y echándole un ojo a la heladería verificó que nadie estaba
presente para ver aquella escena.

—Escúchame…—se acarició la mejilla adolorida— ¡No vuelvas a hacer eso!

. — ¡Nadie te mandó a ofenderme!—le grité— ¡Yo no me he acostado con Miguel!


¿Acaso crees que yo soy una mujer libertina?

— ¿Y qué quieres que piense si durante estas semanas has estado saliendo con el
idiota de Miguel en un supuesto plan de ―amigos‖? —me lanzó de una y sus palabras me
ardieron en las entrañas.

— ¿Cómo…cómo sabes tú eso? —Tartamudeé— ¿Es qué no te cansas de investigar


mi vida?—le expresé sabiendo que seguramente sus trabajadores privados habían estado
vigilándome durante esos días.

— ¡Deja de salir con Miguel!—me exigió y le dio un golpe a la pobre mesa— ¡Te lo
advierto!
— ¿Y si no lo hago?— temblé de la impresión— ¿Qué vas a hacer?

— ¡Mejor, no me presiones!—me indicó con el dedo y los celos que claramente


Karsten sentía de Miguel parecían están bailando alrededor nuestro.

— ¡Eres un animal salvaje!—sentí la bilis en mi garganta y lo enfrenté con ojos


chispeante. Si Karsten estaba buscando la manera de hacerme enojar, pues la había
encontrado.

—No sé en qué estás pensando…—él me replicó con un gruñido—pero más vale


que dejes de jugar conmigo.

— ¡No estoy jugando contigo!—enorme círculos se dibujaron bajos mis ojos—Es


solo que…

— ¿Sigues creyendo que entre tú y él va a haber una reconciliación?—no me


gustaba la pregunta que Karsten me estaba haciendo. Era como si quisiera ver a través de
mí— ¿Realmente crees que él tiene una oportunidad contigo?

— ¡Quiero que así sea!—le confesé y bajé la mirada bastante nerviosa—él me gusta
mucho y tú…

— ¿Sabes?— me preguntó con su sonrisa retorcida y de repente se acercó a mí y me


tomó de los hombros— ¡Hueles y te vez muy bien cuando no sabes qué decir! ¡Me encanta
mucho eso de ti!

—Karsten…—vacilé y lo dejé quitarme un cabello de la cara.

— ¡Nunca apartaré los ojos de tus deliciosas curvas! —Me sorprendió tomándome
de una nalga— ¡No voy a permitir nunca que le entregues el tesoro de tu virginidad a ese
hijo de cavernícolas!

— ¡No le digas así!— gemí acalorada y contuve el aliento al saber que sus manos
estaban masajeando mi trasero.

― ¡Dagmar, mis sentimientos por ti son reales!— Me miró con una expresión tan
hambrienta que bien podría estar desnudándome y yo permitiéndoselo— ¡Te deseo, tan
jodidamente mal

—No…no me toques…—le pedí y al instante vi un destello fugaz de dolor que


iluminó los ojos de Karsten por un instante, le estaba haciendo mucho daño con mi
rechazo y eso a mí me hacía sentir desconsolada. Él aceptó mi pedido y rápidamente dejó
mi trasero en total libertad.

— ¡Tú eres mi debilidad, Dagmar! —se mordió el labio inferior y se pegó más a mi
cuerpo—Con ninguna otra mujer soy tan débil como lo soy contigo. ¡Te amo demasiado
como para dejarte ir!
— ¡Tú… tú no puedes hacer esto!— Traté inútilmente de sacudir aquella montaña
de hombre lejos de mí, pero fue en vano.

— ¡Eres tan malditamente hermosa!— levanté la cabeza rápidamente al oír el tono


mordaz de su voz. La expresión de su rostro era amable, pero el destello pasional de sus
ojos no dejaba lugar a dudas. ¡Me deseaba! ¡Me deseaba como un hombre a una mujer y no
como un niñito al juguete de moda!

— ¡Eso sonó como una mentira muy gorda!—intenté decir algo con sentido
cuadrado para distraerme, pero no lo logré. El tener a Karsten tan cerca de mí hacia que
me olvidara hasta de mi misma.

— ¡Tengo que ser muy cuidadoso contigo!—Sus labios estaban cerca de mi cuello y
mi corazón tartamudeó. ¡Él iba a besarme! ¡Él iba a besarme!

—Karsten me odias y yo te odio a ti—podía oír los latidos de mi corazón hacer


bump bump y sabía que él podría escucharlos.

— ¡Te amo!— me confesó sonriendo— ¡Tú eres mi segunda piel! ¡Te amo y no le
puedo pedir a mi corazón que te deje de amar! ¡Contigo me quiero casar porque quiero
que seas mi princesa, mi mujer y la madre de mis hijos!

— ¿Perdón?—Oí las palabras matrimonio, hijos y mujer en la misma oración y casi


que me desmayo— ¿Qué dijiste?

— ¡No espero que me creas, pero es verdad!—insistió con suavidad rozándome los
labios— ¡Tú eres la razón por la que me siento tan atormentado! ¡Me perteneces!

— ¡Perdóname, pero no le pertenezco a nadie! — ¡Dios! ¡Dios! ¿Por qué me ponías


pruebas tan difíciles de superar!— ¿De verdad crees que tienes una oportunidad de
conquistarme?—le pregunté y él se lamió tímidamente el labio superior .

— ¡Nena, no te debes disculpar!—me miró con ojos dilatados y llevó su mano


derecha por mi brazo en forma de caricia y en forma de tormento ¡Oh, sí!— ¡Te quiero, y
claro que voy a conquistarte!—prosiguió— ¡Tú no tienes la culpa de mis sentimientos!

— ¡Me siento abrumada!— le manifesté fingiendo una expresión indescifrable—


¿No entiendes? ¿Por qué me haces esto, Karsten? Estúpida de mí al creer que me dejarías
en paz después de la cita de antes. ¡No me acoses! —le dije sintiendo que el temblor de mis
piernas abrirían un hoyo en el piso de cemento.

— ¿Cómo te voy a dejar en paz cuando sé que tus piernas se sacuden así por mí?—
me tomó por la cintura y me hizo mirarlo frente a frente a los ojos— ¿Cómo lo voy a ser
cuando sé que todo tu cuerpo tiembla por mí? ¿O me vas a negar que tú todas las noches,
te la pases soñando con que yo te hago el amor, te acaricio y te hago mujer? ¡Me deseas,
Dagmar! ¡No lo niegues, por favor!
— ¡Oh, Dios, qué vergüenza!—chillé y no podía concentrarme en nada más que en
cada poro de mi piel que estaba tocando la de Karsten— ¿Qué demonios…? ¿Qué
demonios estás diciendo?

— ¿Sabes?—me preguntó con descaro— ¡Todo esto es absurdo! ¡Ya no puedo


aguantar más!— me advirtió y al unisono me tomó entre sus labios y me besó
profundamente, presionando con ello aún más, mi cuerpo contra el suyo.

Sentí sus labios en los míos y la excitación en mi cuerpo se fue de borda.

— ¿Te pongo nerviosa?—me preguntó después de un par de minutos de besos entre


su boca y la mía; yo vacilé en contestarle, claro que me ponía nerviosa, sobre todo cuando
movía sus tan hermosas, gruesas y largas pestañas como lo hacía justo en ese momento—
¡Contéstame! ¿Te pongo demasiado nerviosa?

— ¡Sí, me pones muy nerviosa!—le expresé casi que llorando. Aún no mantenía
regresar mi control a cien por ciento y tenía pavor de seguir respondiendo a los besos de
Karsten.

— ¿Por qué te pongo nerviosa?—quiso saber el muy desgraciado y la cabeza me


daba vueltas.

—Porque me estás viendo mal— me ruboricé al contestarle. Esa mirada de tigre


solitario era bastante impactante y me atormentaba mucho— ¿Por qué te me quedas
mirando así?—le pregunté y sentí su aliento junto a mi boca.

— ¿Así cómo?—esbozó una sonrisita.

—Así como…—dudé—así como si tuvieras ganas de comerme.

— ¡Ay, mi musa!—me regaló una sonrisa ahogada y después me dio un beso en la


frente— ¿Por qué voy a negarte algo que es cierto? Este mundo es de ganar o perder y yo
no estoy dispuesto a perder. ¡Quiero comerte entera junto a ese helado! ¡Quiero comerte de
polo a polo!

— ¿Me quieres comer? —Me ahogué en mis propias palabras y le di un codazo— ¿Y


lo dices así de simple? ¡No me puedes mirar como si fuera tu postre favorito!

— ¡Ouch!— se sobó el brazo y fingió un dolor inexistente; ya que, el codazo había


sido algo vacío y sin sentido—Ya te dije, que no voy a negarte algo que es totalmente
cierto.

— ¡Pues, no me gusta que me mires así! —Le manifesté—¡Por lo tanto, deja de


mirarme de esa manera!

—Musa, no has cambiada nada en estos tres años—Su boca se torció y me jaloneó
un cachete—Sigues siendo la misma muchachita que se ponía roja de los nervios al
tenerme cerquita.
— ¡Por supuesto que sí he cambiado!— me separé de él de manera calmada pero
contundente— ¿No vez que ahora no confío en los hombres como tú? No creo en sujetos
que dicen ser los mejores amigos de uno y por detrás te montan una trampa para
arruinarte la vida.

— ¡Ay, qué cursi!—cerró brevemente los ojos— ¿Ya vas a empezar?

— ¡Sí y es porque no confío en ti!—furiosa grité. Sí, definitivamente que Karsten


lograba sacarme de mis casillas. ¡Me volvía loca!

— ¡Vamos a ver cuánto te dura esa pared que tienes impuesta en contra de mí!—
me retó con aspereza y burla a la vez. Me estaba desafiando y eso para mí era un problema
de gran intensidad.

— ¿Me desafías? —le tuve que preguntar; ya que, el condenado me estaba hiriendo
el orgullo y mi cuerpo se tensó casi como si fuera de hierro.

— ¡Algo así!—me corroboró y dando por concluido ese encuentro, me agarró


ligeramente la mejilla derecha y sonrió cándidamente— ¡Por lo pronto me tengo que ir!
¡Tengo cosas que hacer!

— ¡Si es así, entonces vete ya!—le expresé con ánimos frustrantes y con la mano le
indique la salida.

— ¡Sí!—me manifestó y yo lo miré fugazmente, ¡Vaya, su perfección nunca acababa


y me encantaba mirarlo ser tan guapo!— ¡Hasta pronto cariño!

— ¡Hasta pronto, Karsten! —le dije literalmente, sabiendo que apenas estaba
diciendo que se tenía que marchar y ya lo extrañaba. ¡Este hombre era intolerable! Con
enorme agonía lo vi retirarse junto a su pila de guardaespaldas y un desaliento salió de mi
garganta.

Fui en plan de citas con Miguel un par de veces más, y quedé encantada con la
gentileza que tuvo esta belleza de hombre en todo momento. Se comportó a cada segundo
como todo un Adonis recién salido de la caja de cereal; es decir, puro, bello y delicado y
aunque a veces me hacía sentir como si yo fuera su hermanita menor, también fui feliz con
esa actitud tan tierna.

En definitiva que, Miguel era guapo, inteligente y de buen carácter. Me llevó de


visita a lugares grandiosos como museos, bibliotecas, teatros, restaurant, clubes, parques y
plazas. Comimos diversos menús con estilos gourmet y además, nos unimos como los
mejores amigos del mundo. Sí, esos días fueron geniales y valían la pena repetirlos.

¡Qué lástima que todo cambió un día que Miguel y yo caminamos por la tienda de
comida buscando los ingredientes para que él preparara un almuerzo en mi casa! Mis
padres estaban de lo más fascinados de tener a mi ex cerca de la familia nuevamente y lo
habían invitado a comer, Miguel había aceptado, pero sólo con la condición de que él era
quien iba a cocinar.

— ¡Creo que estos tomates servirán para la pasta!—me dijo Miguel mientras tomaba
un par de tomates rojos—Se nota que están frescos.

— ¡Vaya!—sonreí analizando lo buen cocinero que era Miguel. Sí, ésta era una de
sus grandes facultades. ¡Qué lastimas que tuvo que abandonar su sueño de ser chef para
dirigir la empresa de su padre.

— ¡Hay que llevar los suficientes para la preparación de una salsa para cuatro
personas!—intentó explicarme y colocó seis en una bandeja.

—Si mis padres te han incomodado en un momento…—vacilé y yo también agarré


unos tomates para colocarlos en la bandeja que cargaba Miguel— ¡Lamento que tengas
que lidiar con ellos y que te veas obligado a cocinar el almuerzo! Es que a veces son tan…

— ¿Perfectos?—me preguntó y una sonrisa se extendió por su cara y le iluminó la


mirada. Me gustó sentirlo tan pacifico en cuanto a pasar un rato junto a mis padres. Él sí
que se los había ganado, no como Karsten que se estaba ganando un premio con mi mamá
y era una daga voladora dentro del corazón.

— ¡Miguel es tan gentil!—murmuré para mí misma, pero él logró oírme y


tímidamente me tomó la mano y la colocó sobre su pecho. Sentí una corriente eléctrica en
toda mi palma y mis piernas se debilitaron.

— ¡Oh, por el amor de Dios...! —Un sollozo escapó de mis labios y mi alma pareció
nadar en un océano de felicidad y de rosas.

— ¿Qué te parece?—me interrogó— ¿Acaso crees que mi corazón puede esconder


mi verdadero yo? Me llevó súper bien con tus padres y no es ninguna obligación para mí
pasar un rato almorzando y charlando con ellos.

— ¡Puedo sentir los latidos de tu corazón!—chillé y por un momento me pregunté si


estaba hablando de más al darle esos anuncios tan románticos— ¡Es genial!

— ¡Los latidos de mi corazón siempre cantan cuando están cerca de ti!—me derritió
con sus palabras y sus largas pestañas. ¡Oh Miguel era tan sensible!

De repente, mi teléfono celular comenzó a sonar y de la sorpresa solté rápidamente


el corazón de Miguel. Nerviosísima por el momento de intimidad que él y yo habíamos
pasado, busqué presurosa mi teléfono en la cartera y lo extraje resuelta a contestar la
llamada y mandar a volar a quien fuera que estuviera al otro lado de la línea. ¿A quién se
le ocurría interrumpir a una pareja que estaba compartiendo un momento romántico?

Vi la pantalla y me di cuenta de que la interrupción era para rato. Se trataba de mi


mamá y seguramente que ella me iba a dar una larga charla por haber salido hacía más de
hora y media a comprar con Miguel y no haber regresado. Negándome a contestar y a
calarme su dramatismo, corté la llamada; pero antes de que pudiera guardar nuevamente
el celular en mi bolso, una nueva llamada volvió a llegar y ni modo, esta vez sí tuve que
contestar.

— ¡Aló!—dije— ¿Qué deseas mamá? Si estas llamándome para decirme que ya es


hora de regresar, te digo que…—no me dejó terminar, su claro llanto me llegó a los oídos y
me dejó temblando.

— ¡Hija!—levantó la voz con desespero— ¡Tu padre! ¡Se trata de tu padre! ¡Está
mal! ¡Está muy mal!

— ¿Qué?—sentí que el corazón se rompía en millones de trocitos y que la garganta


se llenaba de niebla— ¿Qué pasó con mi papá?

— ¡Está mal!—lloró—Al instante que saliste con Miguel comenzó a sentirse mal, lo
traje al hospital y el médico me acaba de decir que le dio un ACV.

— ¿Qué?—estaba en stop por lo que mi madre me acababa de decir—Pero, si él se


sentía bien. ¡Mamá, por favor no juegues con tales cosas! ¿Me estás mintiendo, verdad?

— ¡No!—gritó— ¿Por qué jugaría con algo tan malo? ¡Vente, Dagmar! ¡Vente ahora
al hospital HESTUP y compruébalo tú misma! ¡Él está muy mal! ¡El médico me lo dijo!

— ¡Oh, por Dios!—caí en cuenta de que era una realidad lo de mi papá ¡Era una
pesadilla terrenal! Me sobé la frente y cerré los ojos llena de un complejo de culpabilidad
bastante terrible— ¡No es mentira! ¡No es mentira!—comencé a llorar intranquila—
¡Espérame allí, mamá! ¡Voy saliendo para allá! ¡Espérame!

— ¿A dónde me puedo ir? ¿Eres tonta, acaso?—me preguntó indignada y bastante


destrozada me colgó el teléfono.

— ¿Pasó algo malo?—Miguel me miró nervioso y yo no dejé de llorar. Guardé el


teléfono en mi bolso y actué como un maniquí a punto de ser abandonado en un rincón
lleno de modelos viejos— ¿Pasó algo malo con tu mamá?—me dijo y la sangre de mi
cuerpo derramó muchas lágrimas sin consuelo.

— ¡Mi papá está en el hospital!—le dije y él me escuchó y a la par dejó su cesta de


tomates a un lado y se acercó a mí para envolverme en sus enormes brazos para
consolarme y darme fuerzas— ¡Le acaba de dar un ACV! ¡Está muy mal!—lloré en su
hombro y las imágenes de mi padre en el hospital entre la vida y la muerte cruzaron mi
mente.

— ¡Dios mío!—me acarició la espalda y yo entrecerré los ojos mientras sentía como
su mirada se endurecía y maldecía en voz baja— ¿En qué hospital está?—me anunció—
¡Yo te llevo!
— ¡Está en el HESTUP, pero no es necesario que me lleves! —protesté con voz poco
tranquila y me separé de él. No era momento para ponerme como una loca desesperada,
sino para ser fuerte e irme al hospital a apoyar a mi mamá y para ver a mi papá.

—Dagmar…—me guardó un mechón de cabello detrás de la oreja—¡Eres la persona


más maravillosa que he conocido; por lo tanto, déjame estar a tu lado en estos momentos
tan difíciles para ti!

—Miguel…— le dije con una expresión algo dura—Yo sé que nunca podrás
perdonarme lo que pasó hace tres años; pero, en este momento te necesito conmigo.

— ¡Para lo que necesites!— tragó con dificultad— ¡Siempre podrás contar conmigo!
¡Ven, vamos a tomar un jugo para calmarnos y después cuando estés menos desesperada;
vamos al hospital!

— ¡No!— negué ligeramente con la cabeza y exhalé un suspiro— ¡Si me vas a llevar,
hazlo ahora mismo! ¡No quiero perder más tiempo!

— ¡Está bien!—me tomó de la mano y me indicó el camino— ¡Ven! ¡Vámonos!

Los peores quince minutos de mi vida los pasé en el automóvil de Miguel


intentando que la distancia entre el supermercado y el hospital se achicara para llegar al
centro de salud lo más pronto posible. Creo que odié un millón de veces los semáforos en
rojo que estaban en la carretera, refunfuñé cuando un perro se atravesó en el camino y
lloré cuando creí que no íbamos a llegar por la cantidad de coches que había en la
autopista. Pero, finalmente llegamos.

—Mamá…—corrí hacia mi madre que estaba de pie frente a una puerta llamada
―Observaciones‖.

— ¡Hija!—me abrazó más tranquila de lo que pareció por teléfono—aunque a tu


padre le dio un ACV; los médicos hicieron lo mejor para salvarle la vida—intentó
explicarme—No fue tan grave y ahora está en ―observaciones‖.

— ¡Mamá!— ahogué un gemido y la miré frente a frente. ¡Qué fácil era para ella
decir que mi padre estaba bien cuando le había dado un ACV! Un ACV era algo peligroso
y la mayoría de las veces era consecuencia de alguna enfermedad más grave.

— ¡No quiero que le pase nada!—ella de repente se quebró y empezó a llorar otra
vez— ¡No quiero que muera! —me confesó y rápidamente la tomé por las manos y la
consolé. ¡Pobrecita mi mamá! ¡Pobrecito mi papá!

— ¡Él va a estar bien!—De repente, Miguel nos dijo con firmeza— ¡Ya van a ver!

— ¡Dios quiera!—Los labios de mi mamá vibraron y claramente yo noté el ritmo


frenético de su pobre corazón.
—Es un hombre fuerte y seguro que de esto va a salir bien—Dijo Miguel con la
garganta seca y rasposa. Entonces, le puso una mano en el hombro a mi mamá. ¡Era tan
bueno saber que lo tenía allí, apoyándome y demostrándome lo preocupado que
realmente estaba!

—No puedo creer que esté internado en este hospital porque le dio un ACV— Mi
mamá pestañeó rápidamente—Él se veía muy bien y de repente…

—A lo mejor esto solo es una prueba del destino; —Miguel consoló a mamá
dándole una palmada en los hombros—ya van a ver que él se va a sanar.

— ¡Gracias!— le dije a Miguel con cortesía, extendiéndole la mano— ¡Gracias por


estar conmigo en estos momentos!

— ¡Para eso son los amigos!— me gruñó lleno de satisfacción y con voz bastante
suave.

— ¡Eres un gran amigo!—me las ingenié para manifestarle.

— ¡Gracias por decirlo!—me regaló la más maravillosas de las sonrisas que había
recibido en ese día.

Pasaron un par de horas sin saber mayores noticias de mi papá, el medico nos decía
que estaba mejorando pero no nos dejaba verlo. Según él era indispensable para su
recuperación que tuviera esas horas tranquilas y sin molestias y yo bueno, lo único que
quería era atropellar esa malvada puerta y llenar de besos a mi pobre papá.

Miguel nos regaló un chocolate a mi madre y a mí y sorprendentemente no se


aburrió de la charla histórica de ella. Al contrario, ambos parecían coincidir hasta en eso;
ya que, a los dos les encantaba la historia antigua y contemporánea del mundo. Yo en un
asiento apartado y aguantando el frío del estúpido aire acondicionado, intentaba ser fuerte
aunque no dejaba de llorar como lo hubiera querido.

De repente, mi madre se acercó a donde estaba yo y se sentó a mi lado. Parecía estar


menos alterada que antes y sus ojos ya no estaban tan llorosos. ¡Qué horrible eran los
hospitales! ¡Era un karma demoniaco que me estaba cortando las venas!

—Hija…—me agarró las manos y llenó el momento de sensaciones positivas— ¿Por


qué no vas con Miguel a la cafetería del hospital y se toman algo? Yo me quedo aquí
esperando más noticias —me susurró— De todas formas hasta que el médico no nos dé
permiso para entrar a verlo, no podremos.

— ¡Sí, tu madre tiene razón y es una gran idea!—me dijo Miguel extendiendo su
mano hacia la mía en clara demostración de invitación.

— ¡Está bien!—respondí al agarre de Miguel y me levanté— Pero, mamá si sabes


algo nuevo o si lo van a pasar para otra habitación me avisas.
— ¡Sí!—afirmó mi mamá— ¡Y Dios quiera porque estar sin poder verlo ya me tiene
con el corazón en la boca!

Miguel y yo fuimos a la aburrida cafetería del hospital. Yo tomé una bebida


achocolatada y él un café doble crema. Ambas bebidas sencillas que demostraban lo duro
que era ese momento para todos. Ninguno de los dos dijo nada por unos largos diez
minutos y el pensamiento de que mi padre estaba sobre una cama bastante enfermo me
tenía la cabeza a punto de explotar.

— ¡Dagmar, sé que no es el momento! —anunció Miguel rompiendo el callado


momento—Pero, necesito decirte las cosas que tengo guardadas en el pecho desde hace
años.

— ¿Qué?—pregunté sorprendida y lo miré intensamente.

— ¡Eres mi vida!—me aseguró, en tanto, sus ojos se entornaron y se volvieron


oscuros.

—Miguel…— ¡Oh no! ¡Él no podía ponerse a confesarse en ese momento! ¡No era el
lugar ni el tiempo indicado! ¿Cómo me podía salir con esas cosas en ese instante en que mi
cabeza, mi corazón y mi alma estaban encerrados en una habitación de ―observación‖?

— ¡Ojala se pudiera regresar el tiempo!—me expresó con voz dolorida— Más, ya no


se puede hacer y me duele mucho que hayas preferido al príncipe Karsten en vez de a mí.
¡Ambos me traicionaron!

—Lo que dices…—miré la inquieta figura de Miguel y supe que de verdad él estaba
haciendo un enorme esfuerzo para decirme todas esas cosas sin lastimarme; pero
tristemente no lo estaba logrando.

—De la misma forma debes saber que ya no me importa; — anunció conteniendo el


aliento a la espera de mi reacción, que fue abrir la boca y los ojos como lámparas de luz en
apagones—todo tiene su tiempo y ahora estoy jugando a ganar

—Miguel ¿Qué dices?—me vi forzada a decir— ¿Qué significa eso? Pensé que
estábamos siendo amigos y ahora…

— ¡Estoy diciendo que voy a luchar contra el príncipe Karsten hasta las últimas
consecuencias!— se encogió de hombros— ¡Voy a arruinar su trono y me voy a vengar de
él! ¡Lo haré perder la corona! ¡Ya no existirá más el príncipe heredero Karsten!

— ¡No digas, eso por favor!— ¡Oh no, la confesión no era de amor si no de odio! —
¡Ya estás hablando igual de malvado que él y este no es el momento!

— ¿Y qué quieres que haga, si él me quitó lo que yo más quería, que eras tú?— me
provocó y noté cómo la ira brillaba en sus ojos. Miguel seguía dolido y en vez de ponerle
pause a esta guerra descomunal seguía molesto aun cuando estábamos en la cafetería de
un hospital y mi padre estaba internado.

— ¿Y por qué no me preguntas a mí qué pasó?— lo seguí con la mirada con


frustración, casi con desesperación—El príncipe Karsten no me alejó de ti, tú fuiste el que
lo hizo al no creerme que eso había sido un beso robado; ya que, yo nunca fui su novia ni
su amante y discúlpame, no obstante, mi padre está muy enfermo y no estoy para reñir
con nadie. Además, creía que querías que fuésemos amigos; así que estos reclamos salen
sobrando.

— ¡Dagmar! ¡Dagmar, perdóname!—desesperado Miguel me tomó de la mano y


una lagrima comenzó a humedecerle los ojos. Obviamente el corazón lo tenía latiendo a
toda velocidad— ¡Yo no debería agobiarte con mis cosas cuando estás pasando por una
situación tan preocupante con tu padre!

— ¡No, no deberías agobiarme!— tuve que hacer el mayor de los esfuerzos para
poder respirar bien y así tranquilizarme. Tenía enormes ganas de darle tremenda
cachetada a Miguel que sabía que bien merecida se tenía—Sin embargo, no te preocupes;
sé que te estás desahogando y en parte tienes razón en lo que dices ¡Si odias a Karsten, él
se lo merece!

— ¡Pero tú no!—Miguel contuvo el aliento— ¡Nunca te lo has merecido!

— ¡Me gusta que pienses eso!—dije duramente— Pero, por favor, no intentes nada
contra Karsten; no quiero que gente inocente sufra y si intentas arruinarlo vas a salir
perdiendo tú. Y aunque lograras arruinarlo muchos de sus empleados, seguidores e
inversionistas sufrirían. ¡Perdónalo, por favor!

— ¡Si tú me lo pides, por supuesto, que no le haré nada malo!— Miguel contuvo la
respiración mientras me miraba a los ojos—Soy capaz de todo por ti, incluso de perdonar.

— ¡Gracias!— exclamé con un gemido atormentado—En fin ¿Qué tal si hablamos de


otras cosas?

— ¡Claro!— me admitió él entre dientes.

El momento incomodo acabó y yo me relajé. Comenzamos a recordar los momentos


bonitos que habíamos vividos años atrás, pero y aunque yo lo intentaba, el dolor que
rondaba mi pecho no lo podía simplemente apagar; en tanto, Miguel hablaba y hablaba sin
parar pareciendo de lo más tranquilo a pesar de la situación agria que vivíamos. Es que el
que mira una situación dolorosa desde el lado de afuera siempre imagina y vive el instante
como algo natural que pasará y mejorará y quizás hasta hace críticas; pero el que está
viviendo desde adentro siente que se le acabaron los sueños y aunque viva el presente no
ilustra un futuro feliz y positivo.
A Miguel lo llamaron una hora después de su empresa, al parecer unas máquinas se
dañaron y tenía que presentarse en el edificio en ese instante. Así que, él no pudo
acompañarme más en el hospital y yo caminé hacia los ascensores totalmente sola.
Cuando la puerta se abrió y me disponía a entrar sentí un empujón desde atrás y entré de
lleno en el elevador.

— ¡Qué adorable!—vi a Karsten tomar control del dispositivo y marcar un botón


para cerrar la puerta con nosotros adentro, para luego pisar el número de un piso al azar y
finalmente el malvado botón de stop que dejaba en ascensor detenido en ese piso— ¡Tu
padre está enfermo y tú estás de romance con el estúpido de Miguel!

— ¿Pero por qué estás aquí?—le pregunté sorprendida y aceleradamente— ¿En


dónde estamos? ¿Para dónde me trajiste? ¿Qué piso es este? ¡Deja que el ascensor funcione
normalmente! ¡Déjame ir!

— ¡Tenemos que hablar y secuestrándote es la única manera que tenemos de


hacerlo!—me manifestó con una clara sensación de posesión— ¡Creo que tengo que hacer
más a menudo este tipo de cosas!

—Pero dijiste…—vacilé nerviosa. ¡Oh no, este no era el momento para calarme los
jueguitos de Karsten! —Pero dijiste que tenías que ser más cuidadoso conmigo. ¡No lo
estás siendo si me mantienes encerrada en este malvado elevador!

— ¡Ser cuidadoso contigo no significa ser tonto!—me guiñó un ojo— ¡En fin,
hablemos de cosas realmente importantes! ¿Cómo está tu padre?—me preguntó a secas y a
la ligera como si me estuviera preguntando por quien había ganado la copa mundial de
futbol.

— ¡No te importa!—Le grité histérica, pues ya ese malvado me había sacado de mis
casillas— ¡Qué mi papá esté enfermo no es una cuestión que te interese! ¡En tu palacio
tienes otros chef; así que si quieres que tus empleados coman bien, búscalos a ellos!

— ¡Oh, por Dios; perdóname por preguntar! —Su expresión de hombre duro y
fuerte se desplomó de un zarpazo— Supe lo del ACV y quería saber cómo estaba.

— ¡Pues, está mal!— cerré los puños impotentemente y mi corazón palpitó


frenéticamente— ¿Qué crees?

— ¡No actúes tan conflictiva que te ves fea!— me dijo cruzándose de brazos y yo me
mordí el labio, pues sentía que sus ojos me quemaban incluso desde esa distancia. ¿Acaso
es que era insoportable de nacimiento o por mayoría de votos?

— ¡Ay, por favor!—le dije abruptamente— No me vengas con esos cuentos de


camino. ¡En este momento no estoy para oír tus teorías llenas de oscuridad!

— ¿Oscuridad?— Nuestras miradas se cruzaron compartiendo un sentimiento


común de hermandad y complicidad. ¡Vaya, eso sí que era gracioso! Karsten podía ser
duro, oscuro y sin corazón pero cuando daba discursos los sabía dar y con pocas palabras
lograba lo que Miguel no lograba ni siquiera con recuerdos de momentos vividos. Lograba
que yo me olvidara de mis problemas rápidamente.

— ¡Perdóname si en este momento no me río contigo, pero no tengo ganas! —


respiré con dificultad, acercándome a él y colocando mi mano en su pecho— ¡Me siento
malísimo! ¡Aún ni siquiera he podido ver a mi papá!

— ¡Sí, lo comprendo! — Dijo apretando las mandíbulas—Pero, debes dejarle todo a


los médicos. Ellos se encargaran de que tu padre se alivie. Él saldrá de todo esto y pronto
lo tendrás nuevamente en casa, sano y salvo! Y si necesitas algo de mi personal o de mí,
solo comunícate conmigo!

— ¡Tú no comprendes, Karsten!—mi corazón latió con fuerzas y por un momento


quise comenzar a discutir con Karsten solo para olvidarme por un momento de la mala
salud de mi progenitor— ¡A mi papá le dio un ACV y se encuentra en el hospital, no estoy
para tus cosas!

En ese momento, una ligera brisa del aire acondicionado movió mis cabellos sobre
mi frente. Instintivamente Karsten se acercó a mí y con su mano derecha se dispuso a
apartarlo.

—A veces quisiera ser un ángel y poder protegerte de todas las cosas malas—
Karsten me miró y suspiró. Yo, no lo pude evitar y caí rendida en sus palabras llenas de
esperanzas y amor. ¡Se sentía tan adorable!

— ¡Tú ya eres un ángel! —Di un paso atrás, distanciándome de él y toqué el botón


de reinicio de funcionamiento del ascensor— ¡Tú eres un ángel venido del infierno!

— ¿Y acaso crees que esos ángeles no tienen sentimiento?— dijo con una leve
sonrisa— ¡Por algo esos ángeles existen!

— ¡Eres un tirano! ¿Lo sabías? —Repliqué con una ironía sincera que hizo que
Karsten me frunciera el ceño— ¡Pero, eres un buen tirano! ¡Gracias, Karsten! ¡Gracias por
preocuparte por mi padre!

— ¡Te amo!—me dijo sin aliento y luego me abrazó desesperadamente— ¡Te amo y
no quiero que nada malo te suceda! ¡Te amo y quiero permanecer cada día a tu lado! ¡Te
amo tanto que me quedaría encerrado aquí contigo para siempre!

— ¿Es esto lo que llamas amor? — De repente mis ojos se llenaron de lágrimas y lo
solté sabiendo que si no escapaba de allí, Karsten lograría amarrarme en su jueguito de
príncipe malvado y después yo lo lamentaría. Le di la espalda huyendo de su mirar y él
me vio esquivándolo y rápidamente, entrecerró los ojos decepcionado de que nuevamente
mi fuerza de voluntad le ganara a la de él— ¿Llamas amor a encerrarme en un ascensor
para que yo me someta a tu voluntad?—le pregunté— ¡Eso no es amor! ¡Eso es posesión!
¡Tú no me amas, Karsten! ¡Tú no amas a nadie! ¡Tú lo que quieres es poseerme como un
objeto de tu propiedad!—traté de explicarle, pero Karsten intentó abrazarme otra vez. Yo
lo golpeé para apartarlo de mí mientras él intentó agarrarme de las muñecas, sin embargo,
no logró hacerlo, pues rápidamente toqué un botón para que se abrieran las puertas y
escapé corriendo de sus garras de ángel con cuernos.

Pasé los siguientes quince minutos subiendo por las escaleras tratando de llegar al
piso en donde se encontraba mi papá hospitalizado. No tomé ninguno de los otros
ascensores porque me dio miedo de encontrarme nuevamente con Karsten y que mi
pesadilla fuera peor de lo peor.

Mientras andaba sin premura, no podía evitar pensar en que Karsten era un rayito
de luz que iluminaba mi vida con su cariño. Sí, era insoportable, pero tenía corazón y sabía
cómo interferir en mi vida en los momentos más difíciles. ¡Era tan adorable verlo actuar
tan preocupado por mí! Pero no, no podía desfallecer y dejarme vencer, aunque admitía
que en algunas ocasiones había sentido un hormigueo en el estómago al estar cerca de él,
era mejor pensar que alguna comida me había caído mal y no que me sentía atraída por
tan maravilloso hombre.

Relajada, fui caminando por el pasillo en el cual mi padre estaba hospitalizado y


deseé con muchas ganas poder verlo por fin. Todo estaba siendo de lo más normal y
bueno, tenía fe en la pronta recuperación de mi recuperación hasta que recibí una llamada
de mi madre al celular:

— ¡Dime!—le dije.

— ¡Hija, es urgente!—me anunció sonando bastante eufórica y desesperada— ¡Ven


pronto! ¡El príncipe Karsten está aquí!

— ¿Qué?— Mi boca se abrió literalmente de sorpresa, tenía un nudo en la garganta


y me quedé helada— ¿De qué hablas?

— ¡Sí, llegó hace rato y pidió hablar con tu papá!—la pobre intentó explicarme sin
mucha lógica— ¡Él puede ser el mandatario de este país pero eso no le da ningún derecho
a aparecerse aquí!

— ¡No lo dejes entrar a la habitación de mi papá!—le supliqué y abrí los ojos de par
en par. En tanto me pedía a mí misma que mantuviera la calma para evitar armar un
alboroto en aquel silencioso hospital.

— ¡Ya es muy tarde hija!—chilló y yo cerré y abrí los ojos llena de angustia—
¡Acaba de entrar a la habitación y está charlando con tu padre!

— ¡Espérame ahí!—Suspiré y levanté mi cabeza buscando el camino más próximo a


la sala de ―observaciones‖— ¡Ya voy para allá!—colgué presurosa y guardé tan
velozmente el celular en mi bolso que ni me di cuenta que un señor de edad avanzada me
estaba mirando lleno de curiosidad.

— ¿Qué pasó, niña?—me preguntó como si me conociera de toda la vida— ¿Alguna


mala noticia?

— ¡No sé qué Diablos busca; pero el idiota del príncipe Karsten vino al hospital a
dizque visitar a mi padre!—le contesté sin ponerme a pensar en que le estaba dando
demasiada información a un desconocido— ¡Tengo que llegar pronto a la sala de
observaciones!

— ¡Ohhhhhhhhhhhhhh!—el hombre se estiró para tomar mi mano, hecho que no le


permití ¿Desde cuando la gente tenía luz verde para tomarse demasiada confianza
conmigo?

— ¡Creo que mejor me voy!—murmuré y mi temperamento se me puso como una


bengala. No conocía a este señor y ya quería estar tocándome.

— ¡Pero, no sea así!—se rió odiosamente el sujeto— ¡Si su majestad vino aquí fue
por una buena razón! ¿No quiere que la acompañe a hablar con él? ¡Me encantaría
conocerlo en persona y usted me ayudaría a hacer ese sueño realidad!

— ¡Muchas gracias por la propuesta, pero no tengo tiempo!— Fruncí el ceño— ¡Si
usted quiere conocer al príncipe, a mí no me importa!

— ¡Usted es una grosera! con voz helada!—el tipo puso cara de pocos amigos y eso
me causó miedo ¿A dónde había parado la seguridad de ese hospital?

— ¡Y usted es un cretino!— sin poderlo evitar puse los ojos en blanco.

— ¡Eso me pasa por ofrecerme a acompañarla!—con cara de pocos amigos y


notablemente irritable el tipo me agarró con fuerza por el brazo.

— ¿Sucede algo con la señorita?—de pronto llegó el señor Henieth, la mano derecha
de Karsten y quien se encargaba de sus cosas más importantes y el sujeto desconocido me
soltó apresuradamente. Yo hasta me sentí conmovida por el idiota porque sabía que si
decía lo que me había estado haciendo le iba a ir muy mal.

— ¡No sucede nada!—mentí y le sonreí débilmente al señor Henieth— ¡El señor solo
me estaba preguntando la hora! ¿Verdad, señor?

— ¡Sí, sí, sí!—el hombre asustadísimo comenzó a sofocarse y a parecer bastante


histérico— ¡Disculpe, me tengo que ir! ¡Fue un placer conocerla! ¡Adiós!—y de un soplo se
marchó lejos de nosotros a lo que me imaginé era una salida de emergencia. ¡El idiota no
era para nada valiente! ¡Era una rata de alcantarilla!

— ¡Adiós!—le dije al viento y en el fondo estaba orgullosa de que a ese tipejo las
plumas de gallinas le hubieran saltado por doquier. ¡Cobarde de pacotilla!
— ¿El señor la estaba molestando?—el señor Henieth me preguntó apenas
estuvimos a solas— ¡Si es así, tenga confianza en decírmelo y el equipo de seguridad de su
majestad se encargará de ese sujeto que la estaba acosando!

— ¡No, claro que no me estaba molestando!—le aseguré bastante aturdida— ¡Ya le


dije que el señor solo me pidió la hora! ¡En fin me tengo que ir! ¡Fue un placer verlo!
¡Hasta pronto! —me despedí de él y pasándole por un lado caminé hacia la sala de
observaciones a ver la situación entre Karsten, mi papá y mi mamá.

— ¡Hasta pronto!—me respondió el señor Henieth y yo agradecí muy en el fondo


que ese empleado y amigo de Karsten haya llegado en el preciso momento para salvarme
de ese viejo verde y simplón.

Busqué mi camino hacia mi prioridad y cuando llegué a la sala de observaciones,


Karsten se había marchado del hospital; así que mi madre estaba contentísima y su sonrisa
era súper contagiosa. Llena de un aura de felicidad que tenía tiempo que no veía en ella,
me anunció que ya podía visitar a mi papá en la habitación. Yo alegre, entre frenética y
locuaz, pasé a la habitación y sentí que mi corazón saltaba de la emoción.

Cuando cerré la puerta y me acerqué a la cama de mi papá me alegré de no


observarlo entubado o con respiración artificial; todo lo contrario, tenía apenas una vía
intravenosa abierta. Él estaba sentado en la cama y obviamente se le notaba bastante
mejorado pero algo aburrido.

Mi papá era así, no era hombre de hospitales y médicos y creo que se enfermaba
más estando dentro de uno de ellos que en el ambiente más contaminado y triste del
planeta. Lo observé y tenía el semblante muy pálido, parecía que le hubiesen caído
millones de años encima; no obstante, en cuanto me vio intentó regalarme una de sus
mejores sonrisas.

—Papá…—le dije y lo abracé cálidamente— ¿Cómo te sientes?

— ¡Bien, estoy bien!— me acarició la espalda plácidamente—Al parecer ya pronto


me van a dar de alta, bueno…–aclaró—eso fue lo que me dijo tu mami.

— ¿Sí?—me senté en la silla al lado de la camilla— ¿El médico ya habló con ella y le
dijo eso?

—Tu madre me dijo que debo pasar unos días en esta fea habitación—él hizo una
mueca— ¡Odio los hospitales!

— ¡Sí, pero luego vas a estar en casa y te recuperaras! —Conseguí decir— ¡Nosotras
te cuidaremos con mucho amor y trabajo duro!

—Pero, igual voy a estar de reposo por una larga temporada y realmente no sé qué
voy a hacer con mi trabajo en la guardería del palacio—se encogió de hombros indiferente.
—Papá…— mi voz sonaba baja, llena de genuino afecto— ¡No pienses en este
momento en el trabajo, por favor!

— ¡Es que, tú no entiendes!— me explicó con voz insegura—Esta semana debía


reincorporarme y ahora estoy en esta cama de hospital y mi suplente de cocina Andrés
Bastidas renunció y no tengo a más nadie que lleve la carga—respiró profundamente y lo
noté enormemente agitado— ¡Por primera vez en mi vida no tengo ninguna esperanza de
poder sobrevivir a esta tragedia!

—Papá…—los ojos se me hicieron agua y comencé a llorar deprimidamente—Este


no es el momento de pensar en el trabajo. ¡Debes concentrarte es en tu salud!

— ¿Y qué quieres que haga si tantos niños dependen de mí y de mi trabajo en la


guardería?— su voz sonó insegura, pues obviamente le costaba trabajo hablar—Además,
nosotros horita para comer necesitamos el trabajo y el dinero que este nos proporciona.
¡No tenemos nada de dinero ahorrado, estamos fundidos en deuda y si pasan unas
semanas más perderemos la casa, los carros y hasta la dignidad!

— ¿Qué?—dije con un pequeño sollozo—Yo sabía que estábamos mal, pero… ¿De
verdad estamos tan mal? ¿Lo vamos a perder todo?

— ¡No solo vamos a quedar en la calle, hija!—mi padre se sentía claramente


culpable y desgraciado— ¡Es muy probable que si no pago una gran parte de esas deudas,
pase los últimos años de mi vida en la cárcel y ante eso, prefiero morirme!

— ¡Oh, Dios mío! —Me moví, incómoda— ¿En serio es tan grave? ¿Y por qué no le
pides ayuda a uno de tus amigos chef o pides un préstamo en tu trabajo? ¡Ellos, quizás
puedan ayudarte!

— ¡Si fuera tan fácil!— respondió tembloroso— ¡Ya, yo a ellos les he pedido
demasiado dinero prestado! A la realeza no le puedo pedir más préstamos porque les
debo muchísimo y no tengo con qué pagarles y por otro lado, estando tirado en esta cama
sin poder estar cumpliendo con mis funciones de trabajo, no puedo pedir ni siquiera los
seis meses de adelanto de sueldo al que los trabajadores activos tenemos derechos.

— ¿Estás hablando del mismo adelanto que pediste en enero de este año?— mi voz
se quebró en mitad de la frase.

— ¡Si, hija!— asintió—En enero yo pedí ese dinero por adelantado y he estado
pagando algunos intereses con eso, pero…

— ¿Pero, qué?—pregunté con el corazón en un puño.

—Pero, estando de reposo soy considerado un empleado inactivo y no tengo


derecho a solicitar ese dinero—dijo en tono áspero— Mi pensado era reincorporarme al
trabajo esta semana y hacer esa solicitud de inmediato, pero ya no se va a poder. ¡Estamos
acabados!
—Y si…—sentí un escalofrío de solo imaginarnos en esa terrible situación. Mi papá
estaba sufriendo y si mi madre se enteraba de que estábamos a un paso de terminar como
mendigos, no le iba a importar la salud de mi papá e iba a comenzar con sus reclamos.

—Hija, si no pago a más tardar en estos quince días que nos quedan aunque sea un
mínimo porcentaje de los interés de la deuda que tenemos —él movió la cabeza—
seguramente que quedaremos en la calle, iré preso y no tendremos para comer.

—Pero… —sentí como si algo se hubiera roto dentro de mí al ver la expresión de


tristeza en sus ojos, mi papá estaba desolado— ¿Y si pides un préstamo al banco?

— ¡No, hija; eso no es tan fácil! —Se encogió de hombros— Ya lo he hecho antes y
he sacrificado por eso demasiadas cosas importantes para mí. Gran parte de las deudas
que tenemos son de bancos, de la realeza y bueno, de mi vicio al juego. ¡No tenemos
esperanzas!

— ¡Si tú lo dices!— Mis ojos no dejaban de llorar.

—Hija, estamos otra vez en bancarrota y esta vez con lo único que cuento es con el
trabajo para medio caldear los ánimos y para que tú mamá no se entere— Las lágrimas
quemaban sus ojos—¡Si tu madre se entera me va a matar, estoy totalmente seguro de ello!

— ¿Y qué puedo hacer por ti, papá?— observé sus mejillas pálidas y sus hombros
cansados y quise poner fin a la discusión, dejando de preocuparme y empezando a
ocuparme de la situación.

— ¡Yo siento que no mucho, hija mía!—me manifestó pálido como un cadáver

— ¿Y si…y si yo tomara temporalmente tu lugar como ayudante de cocina en la


guardería del palacio?—de repente esa loca idea cruzó mi cabeza. Pensé que si hablaba
con el lunático de Karsten, él me podría ayudar y por una buena cantidad de dinero—Si
soy tu suplente, puedo solicitar en tu nombre ese dichoso adelanto de sueldo.

— ¿Qué?— Mi papá se me quedó mirando fijamente al tiempo que palidecía—


¡Hija, perdóname; pero no estamos para chistecitos!

— ¡Yo sí puedo hacer eso!— Suspiré, sintiéndome muy, muy cansada cerebralmente
para pensar en otra idea más sencilla— ¡Yo voy a tomar tu lugar en la guardería y así
podemos conseguir ese dinero que tanto necesitamos!

— ¡Pero, hija…no sabes nada de cocina! —me reprendió con el ceño ligeramente
fruncido.

— ¡Tienes razón, no sé nada de cocina! —Al fin abrí los ojos y vi las cosas tal y como
eran en realidad, la necesidad del pueblo no debe conocer excusas para azotarnos la
mente. ¡Hay que mover las fichas al zoom de la necesidad y no del ventajismo
fraudulento!— Papá, yo puedo aprender y además tú puedes ayudarme desde la casa
cuando estés de alta y estoy segura de que Miguel me puede ayudar también.

— ¿Miguel? —Sus ojos oscuros se llenaron de preguntas— ¡Hija perdóname que te


diga; sin embargo, esto no es una broma y te lo estás tomando así!

— ¡No me lo estoy tomando a broma!—fruncí el ceño— ¡Hablo enserio! Yo puedo


sacar tu trabajo adelante.

— ¡Hija!—me dio un apretón en la mano— ¡No digas tonterías! Además, ¿Qué va a


pasar con tus estudios?

— ¡Tú bien sabes que estoy horita de vacaciones de verano y no regreso a la


universidad hasta octubre!—le dije— ¡Por favor, papá! En estos dos meses que tengo libre
puedo hacer mucho por ti. ¡Anda papi! ¡Déjame ayudarte! ¡Lo peor que puede pasar es
que me equivoque con ciertas cosas, pero ahí vas a estar tú para apoyarme desde la casa!

— ¡Eres bastante terca!—pareció resignado y yo sonreí, sí yo era terca, pero por mi


familia bien valía la pena hacer tales sacrificios.

— ¡Sí y por eso voy a tomar tu lugar!— Procurando no hacerle ningún daño abracé
y besé torpemente a mi padre— ¡Confía en mí!—le pedí y entrecerrando los ojos me mordí
las lágrimas que seguían su recorrido por mi atormentado rostro.

— ¡Maldita sea! —Exclamó y me abrazó con cariño— ¡Heredaste la misma


terquedad de tu madre! ¡Pero, está bien! ¡Si eso es lo que quieres hacer, no me opondré!

— ¡Gracias!—levanté los ojos al cielo y le pedí a Dios que me ayudara con esa
pesadilla y que Karsten aceptara mi loca propuesta.

Duré casi media hora junto a mi papá, lo abracé, le leí un poema que unos días
atrás, yo torpemente había escrito y se lo había enviado a una editorial para ver si
gloriosamente se decidían a publicarlo. Lamentablemente, eso nunca ocurrió y el escrito
había quedado únicamente para que lo disfrutara la gente a mí alrededor.

Cuando salí vi a mi madre hablando con una señora de edad mayor y me ardieron
las mejillas de comprender que iba a tener que decirle que iba a trabajar con Karsten. Sí,
seguramente, ella no iba a estar de acuerdo, pero por el bien de la familia, no podía dar mi
brazo a torcer.

— ¡Hija, aquí estoy!—me anunció, yo me paré y simplemente la miré— ¿Cómo lo


viste?–se acercó a mí acelerada— ¡El doctor dice que si sigue recuperándose como hasta
ahora en pocos días no los podremos llevar a casa! ¿Verdad que tiene buen semblante?
¿Verdad qué se me recuperadito?

— ¡Sí, mamá!— declaré— ¡Creo que sí!


— ¡Con el favor de Dios, todo en nuestras vidas va a ir mejorando!—comenzó a
acosarme con sus largas platicas monologas y eso me hizo sentirme torpe— ¡Tu padre
saldrá de alta, tú te casaras con Miguel y la vida será llena de colores otra vez!

— ¡Mamá!—intenté interrumpirla bastante nerviosa.

— ¡Tenemos que hacer una enorme fiesta para celebrar la recuperación de tu


papá!—y allí estaba ella haciendo planes a lo loco sin medir el punto de llegada desde la
salida ¿Cómo podría ganar una carrera si no tomaba en cuenta cosas tan simples como
esas?— ¡Invitaremos a la más alta sociedad y allí Miguel se te declarará! ¡Sí, de eso estoy
segura! ¡Es que puedo hasta jurarlo!

— ¡Mamá!—me sofoqué. ¡Esto era absurdo! ¡Ella no podía estar preparando


supuestos futuros en donde estuviera involucrado Miguel sin antes tomar en cuenta su
opinión! ¡Mi madre estaba desquiciada!

— ¡Tenemos que comprarnos unos hermosos y elegantes vestidos!—me afirmó—


¡Hay que preparar un menú exquisito! ¡Puro caviar y nada de huevo de codorniz! ¡Los
huevos de codorniz no saben muy bien y son baratos!

— ¡Mamá!—le grité con obstinación; ya que, necesitaba bajarla de una buena vez de
la nube en que volaba para que entrara por fin a la realidad de nuestras vidas— ¿Me vas a
escuchar o te tengo que pedir permiso en un auditorio con micrófono?

— ¿Qué?—espabiló sorprendida— ¿Qué sucede?

— ¡Nada de fiestas!—le ordené con el corazón acelerado— ¡No estamos para eso!

—Pero, es que...—El silencio se hizo demoledor— ¡Es lo indicado! ¿O prefieres un


buffet? ¿Una tarde de tomar el té?

— ¡Es que tú no entiendes!— balbuceé mirando a mi madre en busca de alguna


reacción que me indicara que podría contarle lo que estaba sucediendo sin que armara el
berrinche del siglo.

— ¿Qué no entiendo?—preguntó enarcando una ceja— ¡Debemos botar la casa por


la ventana!

—Mamá…—me tensé y vi algo muy peligroso en los ojos de mi mamá ¿Acaso era
mal genio?

— ¿Qué?—mi madre levantó el mentón y me miró a los ojos de manera


desafiante— ¡Háblame, niña! ¡Explícame! ¿Por qué no puedo hacer ni siquiera una tarde
de té con nuestros más allegados?

—Mamá… —sentí que el vello de las cejas se me erizaba—sucede que… ¡Esto no es


fácil para mí!
— ¿Qué cosa?—comenzó a preocuparse y titubeé mentalmente en si tenía que
contarle toda la historia o dejaba que mi padre lo hiciera— ¡No me asustes, hija!

—Mamá… —le dije apretando los dientes— ¡Voy a pedirle un trabajo al príncipe
Karsten! ¡Necesitamos dinero y esa es la mejor forma de obtenerlo!

— ¿Qué?—se quedó en shock por un momento— ¿Te has vuelto loca?—y allí
explotó como un volcán en erupción— ¿Qué estás queriendo decir? ¿Te volviste loca?
¿Acaso te estás drogando? ¿Es eso? ¿Estás consumiendo drogas? ¿Se te zafó un tornillo?
¿Es un chiste, verdad?

— ¡Lo que escuchaste!—afirmé con la respiración entrecortada— ¡Voy a trabajar en


la cocina de la guardería donde trabaja mi papá! Voy a ser su suplente mientras dura su
recuperación.

— ¡No voy a permitir eso!—la pude ver enrojarse y me dio terror su posible
reacción— ¡Eso nunca! ¡Sobre mi cadáver!

— ¡Si no quieres aceptar, allá tú!—le dije sabiendo que no podía quebrarme en ese
momento. ¡Necesitaba trabajar y si era para Karsten, ni modo!— ¡Voy a trabajar en una de
las guarderías del palacio y es mi última palabra! ¡Y si no te has enterado estamos
amarrados en deudas y si no pagamos quedamos en la calle!—le confesé
resumidamente— ¡Así que, si quieres arma el berrinche que quieras; no obstante, voy a
trabajar en el palacio!

— ¡No! ¡No! ¡No!—me tomó con fuerza del brazo— ¡No lo harás!

— ¡Te prometo que sí lo haré!—me solté bruscamente y le di la espalda— ¡Y mejor


me voy de aquí, necesito tomar algo de aire! ¡Adiós, mamá!—y como un rayo veloz me
alejé de allí y salí despavorida del hospital; en tanto, podía escuchar los gritos de mi mamá
llamándome ¡Dagmar! ¡Dagmar! ¡Dagmar!

Apenas me subí a mi vehículo, abrí mi cartera y extraje el celular. Busqué nerviosa


el número de celular de Karsten y le escribí torpemente:

“Necesito que hablemos ahora, tú dime dónde nos vemos y ahí estaré”
A los pocos segundos recibí su respuesta:

“Estoy en el palacio en una reunión. ¿Sucede algo? ¿De verdad, es tan urgente
que hablemos? ¿Se trata de tu padre? ¡Está bien, un chofer pasará a recogerte en una
hora al parque que está cerca de tu casa y te traerán conmigo! ¿Te parece?
Respiré profundamente cuando supe que había logrado que Karsten aceptara la cita
y le respondí a secas.

“Está bien”
A la hora el chofer pasó buscándome por el parque que estaba cercano a mi casa, en
un hermoso auto color verde y, media hora después, me encontraba en el palacio, sentada
en una enorme habitación llena de libros esperando que Karsten se dignara a aparecer por
allí. Era la biblioteca privada de Karsten y tenía incontables libros de todos los géneros
existentes. Asimismo, tenía un espacio equipado con computadoras de última generación
y un rincón decorado con una sensacional fogata naturalista.

— ¿Estás cómoda en mi sofá?—percibí la voz de Karsten hablarme profundamente


en el oído.

— ¡Ohhhh!—desperté de pronto de un notable soñoliento en el que me había


quedado por un par de minutos.

— ¡Qué suerte para mí es encontrarme contigo en este momento!—me guiñó un ojo


y me sonrojé— ¡A partir de hoy esta biblioteca pasará a ser uno de mis lugares favoritos en
el mundo!

— ¡No digas tonterías!—me acomodé en el asiento lo más cómoda que pude.

— ¿Qué puedo decir?—me sonrió— ¡Es fascinante tenerte aquí tan cerca de mí!
¡Estás totalmente a mi merced!

— ¿Y… y qué vas a hacerme?—le pregunté nerviosa y el muy canalla desvió la


mirada con timidez, insinuando con ello muchas cosas pervertidas.

— ¿Y qué quieres qué te haga? —me interrogó y sus ojos brillaron.

—Tú…—traté de hablar, pero mi voz se quebró.

— ¿Te pongo nerviosa, amor?— empezó y su voz se apagó.

— Karsten… ¿Por qué fuiste al hospital?—decidí comenzar a hablar de las cosas


importantes que me habían hecho llegar a esa biblioteca. Lo miré con una expresión de
reto que sabía no iba a intimidarlo.

—Porque quería saber cómo se encontraba tu papá— me miró a los ojos y de


repente me sentí como un animalillo atrapado que esperaba ser devorado en cualquier
instante— ¿Tiene eso algo de malo?—indagó y mi cuerpo se puso rígido.

— ¡Por supuesto que sí!— le manifesté a la defensiva— ¡Esa visita inoportuna le


hace muchísimo daño a su salud! ¡No quiero que lo agobies con cuestiones de trabajo!

—A veces suenas tan… —se detuvo abruptamente—ni que fuera ido a cuchillar a tu
papá, solo fui a saber sobre su salud.

—Igual… —le dije con el corazón acelerado— ¡No quiero que vuelvas a ir a
visitarlo!
— ¡Tú no me ordenas, cariño!—me retó y yo anonadada ante su potente
masculinidad, me mojé los labios con la punta de la lengua.

— ¡Te lo exijo!—le advertí apretando los puños— ¡No te voy a permitir que
molestes más a mi papá!

— ¿Y qué vas a hacer para impedirlo?—me espetó sorprendiéndome.

— ¡No te lo voy a decir en este momento!—le contesté mirándolo a los ojos en


forma de desafío— ¡Pero te digo, voy a tener cero tolerancias contigo!

— ¡Oh, me das mucho miedo!—se burló Karsten.

— ¡Voy a destruir tu vida si…— me interrumpí ante lo ridículo que me pareció de


repente amenazar a aquel hombre. De repente, Karsten se acercó a mí y me abrazó con
ternura, besó mi cabello y después mi cara.

— ¿Por qué me abrazas?—sentí los brazos de Karsten acariciarme con frenesí y


suavidad. Era fantástico sentir como me envolvía en sus brazos para consolarme.

—Porque sé que lo necesitas y quiero hacerlo—me susurró muy tiernamente

—Pero tú…—le dije mordiéndome el labio. ¡Oh, por Dios! ¡Qué hombre tan
fenomenal!

—Sé que aunque intentas parecer fuerte, —se me quedó mirando anonadado—
estás sufriendo por dentro y aquí tienes mis hombros para llorar, siempre los vas a tener.

— ¡Eres el ser más fabuloso que conozco, Karsten!—Como tonta me eché a llorar
sobre sus brazos.

— ¡Y tú eres mi rayo de sol!—exclamó exasperado— ¡Quédate siempre a mi lado!

— Yo…tartamudeé— ¡Yo quiero estar contigo siempre!

— ¡Te amo, mi reina!— me dijo acariciándome un brazo— ¡Te amo y no dejaré de


susurrártelo al oído ninguno de los días que me quedan en la vida!

—Yo… —abrí la boca para negarme a su encanto, pero no pude.

—Este malcriado corazón palpita solo por ti—me tomó la mano e hizo que la
pusiera en su pecho— ¿Puedes sentirlo? ¡Trata de sentir mi corazón, por favor y déjame
amarte como te mereces!

— ¿Puedo pedirte un gran favor?—sentí un nudo en la garganta— Prometo que


será el primer y único favor que te pediré en mi vida—le dije y el muy cínico se me quedó
mirando sospechosamente, al parecer el que yo le pidiera un favor le parecía de lo más
extraño y de lo más irónico. Sin nada de vergüenza me mostró una media sonrisa
completamente perfecta y luego se pasó la lengua por el labio superior con muchísima
provocación ¡Definitivamente estaba pensando en algo morboso y en eso estaba incluida
yo!

— ¿Entonces, quieres que te haga un favor?—me manifestó picantemente—Dime


¿Cuál es ese favor? Y te prometo que si está en mis manos claro que te lo haré.

—Esteee…—ahora sí que estaba hundida, tenía que olvidarme por un segundo del
odio que sentía por Karsten y rogarle trabajo para ayudar a mi papá.

— ¿Esteee…qué?—me preguntó

—Su majestad…—me mordí los labios sabiendo lo mucho que él odiaba que lo
llamara así—Necesito que me permita sustituir a mi padre en su trabajo en la guardería
del palacio por unos meses—mi cuerpo estaba temblando y su mirada seria no me
ayudaba a tranquilizarme—Él necesita mucho reposo y sé que le gusta su trabajo; por lo
que no quiere perderlo.

— ¡Tu padre no tiene porqué perder su trabajo!—me afirmó— ¡Él está de reposo y
tiene permiso de trabajo remunerado por un año completo!

—Sí, pero…—así se venía lo bueno ¿Cómo podía explicarle a Karsten que el dinero
que ganaba mi padre no alcanzaba ni para pagar el mínimo de las deudas que teníamos?

— ¿Pero, qué?—me interrogó al notar mi prolongado silencio; luego tomó un poco


de agua del vaso que sostenía en la mano y me miró con ojos relucientes.

—Pero, mi papá siente la necesidad de continuar con su trabajo en el palacio—le


indiqué—y no quiere cumplir con su debido reposo porque estamos endeudados y en
bancarrota; así que, si no lo sustituyo yo en la cocina de la guardería, va a regresar al
trabajo en un par de días, cosa que…

— ¡Cosa que sería terrible!—culminó mi discurso— ¡Es que de verdad que tu padre
es bastante testarudo!—se echó a reír modestamente

— ¡No te burles!—también me reí de lo gracioso que podía escucharse y verse todo


¡Esa situación era de locos!—Mi papá debe hasta el modo de caminar y si me das su
trabajo podríamos llegar a un acuerdo en el que le des su reposo remunerado a él y a mí
me pagues un sueldo.

—En pocas palabras dos sueldos por el mismo empleo—sonrió.

— ¡No lo digas así que suena mal!—le dije enarcando una ceja.

—Para mí suena bien…— me dijo con ese aire de autoridad y ese físico
impresionante que me deslumbraba.
—Entonces, ¿Puedo sustituir a mi papá en la cocina?—decidí continuar con la
conversación tomándola más en serio y a continuación tomé algo agua para pasar el
tarugo que sentía en la garganta.

— ¿Y tú sabes cocinar?—me preguntó irónico levantando una ceja.

—Yo…—claro que no sabía cocinar ni unos simples huevos revueltos, pero es que el
momento requería acciones extremas y por mi parte bien podría aprender.

—¡Claro que no sabes cocinar!—acercó la silla hacia la mía y se sentó tan cerca de
mí que mi cuerpo se puso a sudar de nerviosismo, de un momento a otro acercó su boca a
mi oreja y comenzó a hablarme al oído—¡Tú no sabes cocinar cariño!—sacó la punta de su
lengua y me lamió ligeramente una milésima parte de la oreja, eso me hizo sentir
totalmente derretida y sensual—además…—continuó—no creo que tú estés muy
dispuesta a quedarte viviendo por nueves meses seguidos dentro de las viviendas para
empleados del palacio, sin posibilidad de dormir en tu casa.

—Eso…—tirité—eso podríamos negociarlo entre usted y yo—sentí que las rodillas


me fallaban y le di gracias al cielo por estar sentada para no caerme al suelo y más cuando
su mano tomó la mía y le dio un sutil beso lleno de oscuras intenciones.

— ¿Cómo lo negociaremos?—me murmuró en la mano y yo sentía que con cada


caricia suya mi cuerpo ansiaba estar más y más cerca de él, podía sentir su aliento tan
cerca de mí que podía jurar por el mismísimo cielo que si los dos no empezábamos a
tomar cierta distancia, terminaríamos desnudos allí mismo, en esa biblioteca y frente a esa
linda fogata.

—Quiero la posibilidad de trabajar de día…—solté rápidamente mi mano de su


agarre e intenté acomodarme en mi asiento para parecer más formal—y quiero también la
posibilidad de seguir durmiendo en mi casa. Mi papá requiere de muchos cuidados y no
creo que mi mamá pueda sola con tal responsabilidad.

— ¡Ah!—se echó hacia atrás en la silla bastante relajado— ¿Y no quiere la princesita


algo más? ¿No quiere que le bajen el cielo? ¿No quiere que le den un par de alas para
volar?

— ¡No es gracioso! —Arrugué el gesto— ¡Y yo no soy una princesita!

— ¡Está bien!—me dijo y yo tragué saliva— ¡Está bien! Digamos que acepto ¿Qué
voy a lograr yo con toda esta estupidez? ¡Bien, lo corrijo!—me manifestó guiñándome un
ojo con picardía—Dime ¿Qué consigo yo si acepto que tú sustituyas a tu padre en su
trabajo como chef en la guardería del palacio? ¿Cuál será mi beneficio si acepto tus
condiciones?

—Tú…—le dije claramente frustrada.


— ¿Yo qué, cariño?—me preguntó el muy cabezota— ¿Cuál será mi ganancia en
esta idea descabellada tuya porque nada es gratis en la vida? ¿Qué consigo yo a cambio?

— ¡Creo que contigo no se puede hablar!—me levanté presurosa de la silla


dispuesta a irme, al darme cuenta que Karsten me había oído, pero que no me había
escuchado. ¡Toda mi propuesta para él había sido un chiste!— ¡Eres un idiota!

De pronto se levantó de su asiento para detenerme, movió un poco la silla hacia


atrás y luego me atajó tomándome de la mano.

— ¡No te vayas!—me suplicó— ¡Por favor, sigue hablando conmigo!

— ¡Déjame malvado!—me zafé de él e inmediatamente busqué la salida— ¡Eres el


príncipe más vil que ha podido existir en todo el universo!

Salí del estúpido palacio de una manera chocante y difícil. No quería que nadie me
viera y Karsten en definitiva era un sujeto bien enojón. ¡Lo odiaba! ¡Lo odiaba! Era un
malvado egoísta que se merecía la peor de las muertes lentas de la historia, pero que en
cambio, me sorprendía enviándome un chofer a la salida para que me llevara a la casa,
cosa que me hacía sentir como una gelatina a punto de derretirse por la caliente sensación
del sol. ¡Bueno, en ocasiones ese príncipe ruin podía ser un chico maravilloso y había que
felicitarlo!

Mi madre me rodeó a preguntas en la noche y yo no supe que contestarle. Lo resumí


en que tenía que trabajar y que si no era como suplente de mi padre, al día siguiente
entregaría currículos a diestra y siniestra en todos los trabajos que se me presentaran.
Miguel me llamó cuando casi me iba a dormir y no le mencioné nada de la situación
económica de mi familia, ese día se había portado muy torpe conmigo y por ello, él no me
proporcionaba la confianza suficiente como para pedirle ayuda. 3

A la mañana siguiente desayuné pollo frito, con papas al vapor y una ensalada
ligera de lechuga. No compartí esta hora con mi mamá porque madrugó para llegar
rápidamente al hospital a visitar y cuidar a mi papá. Sobre la mesa tenía encendida la
computadora buscando ofertas de trabajos que fueran flexibles y cuya paga fuera mejor.
Sino, tendría que abandonar las clases extracurriculares como la de danza y ahí sí que mi
mamá se infartaría.

De pronto escuché sonar el timbre de la puerta principal y dejé la comida en pause.


Caminé hacia la entrada y abrí la puerta.

— ¡Buenos días, señorita Dagmar!—Un hombre corpulento y pulcramente vestido


me saludo con una mirada oscura y seria.

— ¡Buenos días señor! —Lo saludé de vuelta con frialdad— ¿Qué puedo hacer por
usted?
— ¡Vengo de parte de su majestad!—el tono del hombro sonó brusco— ¡Vengo a
buscarla para llevarla a la guardería del palacio!

— ¿Usted vino a buscarme? —fruncí el ceño sin poder creerlo, ¿Karsten de verdad
me estaba dando el trabajo que le había pedido? ¡Oh, sí! ¡Qué bien! ¡Genial!

— ¡Hoy comienza su primer día de trabajo, señorita Dagmar!— me informó


señalándome el lujoso automóvil en el que me llevaría al palacio.

— ¿Qué…?—le pregunté si poder creerlo aún, esa era una emoción tan grande y me
sentía súper emocionada— ¿De qué está hablando?

— ¡Tengo entendido que su majestad y usted quedaron en un acuerdo de trabajo!—


me miró y puso los ojos en blanco ante mi comentario—Él me dijo que usted tomará el
lugar de su padre en la cocina por un año y que, asimismo, todos los días a las 02:00 pm,
yo como guardia designada por su majestad la traeré de vuelta a su casa sana y salva para
que pueda llevar a cabo sus actividades regulares.

— ¿Qué… qué dijo?—Me mareé al oír aquello hasta casi caerme ¿De verdad
Karsten había cedido antes mis peticiones? ¡Qué felicidad!

— ¿Se siente mal?—me susurró en voz baja.

—No, no, no, no, no, no— busqué tranquilizarme a mi misma— ¡Yo me cambio de
ropa rapidito y lo acompaño al palacio! ¡Espéreme aquí!—y así emocionadísima entré a mi
casa, busqué una ropa linda para trabajar, me peine sencillamente, salí de mi casa y abordé
el vehículo buscando un futuro lejano muy feliz.

Llegamos al palacio en media hora y el guardia de seguridad que pronto


descubriría que se llamaba ―Leonardo Banks‖ me conduzco a la cocina de una de las
guarderías del castillo por la zona de empleados. Cariñosamente se despidió de mí y me
dijo que en la tarde pasaría a buscarme para llevarme de vuelta a mi dulce hogar.

La cocina de la guardería del palacio era un lugar inmensamente grande y lujoso.


Tenía enormes mesones, sillas, cocinas, neveras, sartenes, vajillas, fregadores y un sinfín
de cosas que yo jamás había visto. Llegué a ese lugar y me sentí en otra dimensión; no
obstante, las manos me sudaban a pesar del frío que estaba haciendo por el aire
acondicionado. ¡Esa cocina era como el país de las maravillas!

—Así que usted viene en sustitución del señor Thiago—de pronto se acercó a mí un
sujeto con mala cara y con los labios mordidos en clara señal de desafío— ¡No tiene cara
de saber cocinar!

—Esteee…—titubeé y lo miré llena de pavor. Era un hombre mayor, alto y con


lindos ojos verdes, pero su mirada era oscura y violenta.
— ¿Acaso usted sabe cocinar?—se cruzó de brazos iracundo y eso me hizo vibrar
del terror— ¿Sabe prepara un rodaballo ―maître d’Hôtel‖ o unos Medallones de solomillo
de cerdo, peras caramelizadas y alioli de peras?— comenzó a nombrarme platillos
exuberantes que obviamente yo no sabía cocinar.

— ¡Esteee…no; pero estoy dispuesta a aprender!—sentí un escalofrío en la


espalda— ¡Enséñeme, por favor!

— ¡Yo no soy un simple profesor de cocina!—me gritó y sus ojos vibraron de


rabia— Yo soy jefe de esta cocina y uno de los mejores chef a nivel mundial y no estoy
aquí para enseñar a muchachitas brutas como usted.

—Pe…per…pero…—tragué y me obligué a mí misma a no lanzármele encima a ese


viejo gruñón y arañarle la cara.

— ¡Si va a trabajar aquí, va a tener que seguir mi ritmo, sino allí está la puerta! —me
desafió— ¡Si no sabe cocinar, fuera!

—Yo no sé preparar ningún platillo, —traté de explicarme nerviosísima— pero por


mi papá soy capaz de aprender lo que sea.

— ¡Pues, hágalo sola!— apretó los puños a los costados— ¡Yo no la voy a ayudar!
¡Aprenda rápido!

— ¡Sí, señor!— Se me llenaron los ojos de lágrimas al entender que este trabajito me
iba a dar muchísimos dolores de cabeza— ¡Cómo usted mande!

— ¡Qué dolor de cabeza me pusieron a cargo, Dios mío!—se dijo a sí mismo el viejo
chef y tomando una carpeta del menú del día y arrojándomela a los pies, me anunció que
ya debía empezar con mi trabajo de cocinera.

Pero, las cosas no se suavizaron con el correr de las horas. El lugar tenía enormes
cocinas y en cada una eran asignados hasta diez cocineros. No obstante, a mí me tocó
preparar los alimentos, totalmente sola y según el jefe de la cocina, era para probarme si
era capaz de hacer bien mi trabajo. Sin embargo, nada salió bien, intenté freír pollo y se me
chamuscó, el arroz me quedó duró y empelotado. Además, cuando intenté mover una
pasta que se cocinaba en una gigantesca olla de agua hirviendo, el agua saltó un poco
fuera de la olla y me cayó sobre el brazo quemándome como fuego ardiente.

— ¡Ay! —Sentí el ardor sobre el brazo lastimado— ¡Ay!—era lo único que podía
decir.

— ¡Usted es una idiota!—furioso el jefe de la cocina, llegó a donde estaba yo, me


zarandeó como si fuera una muñequita de trapo y me gritó— ¿Acaso no ve que pude ser
peligroso? ¿Cómo puede ser tan obtusa?
— ¡Lo siento!—Me dejé caer sobre mis rodillas y enterré la cara entre mis manos y
después me puse a llorar. ¡Nunca debí haber solicitado ese trabajo! ¡Yo era una inútil y mi
padre sufriría por mi culpa!

Las horas se me hicieron bastante largas, por no decir eternas. El segundero parecía
no querer colaborar y cada minuto se me hacía súper eterno. Una doctora muy amable me
aplicó los remedios requeridos para sanarme la herida y luego me cubrió la zona afectada
del brazo con un poco de gasa. Después de eso, continué con mi trabajo porque no era algo
de otro mundo que requería reposo.

A la hora de salida, firmé mi turno dispuesta a irme y le envié un mensaje a mi


madre para informarle cómo me había ido en mi primer día de trabajo:

¡Hola, mamá! ¡Ya terminó mi turno de trabajo! ¡Me fue muy bien! ¡El trabajo
es interesante, aunque…debo aprender a cocinar! ¡Ya voy para la casa!
Terminé de escribir el bendito mensaje y me sentí mal por engañarla, pero es que no
podía decirle así sin más que el trabajo me había resultado horrible y seguramente cuando
viera la herida en mi brazo, pegaría el grito en el cielo.

— ¡Hola, amor!—En un instante, Karsten llegó a la cocina— ¿Ya nos vamos?— me


anunció sin ni siquiera dejarme parpadear.

— ¡Yo me voy a mi casa!—suspiré recogiendo mi bolso y guardando mi celular en


esa odiosa cartera— ¡Usted no sé qué va a hacer! —me lastimó darme cuenta que el muy
idiota no había notado mi accidente en el brazo, y si lo había percibido se había hecho el
desentendido.

— ¡Voy a llevarte a casita!— me informó muy contento levantando la barbilla.

— ¿Qué me va a llevar hoy a la casa?—tragué saliva y cerré los ojos— ¿Se volvió
loco? ¡Usted no puede hacer eso! ¡Recuerde que yo soy su empleada y nada más! ¡Nuestras
vidas están separadas por toda la eternidad!

— ¡Cariño, debemos celebrar tu primer día de trabajo en el palacio!—me tomó por


los brazos y me obligó a mirarlo directamente a los ojos— ¡Lo mejor es que yo te lleve a
casa y en el camino, no sé podemos hacer algo por allí!

— ¡No es necesario!—le sostuve la mirada y me zafé de sus poderosas manos.

— ¡Claro que sí lo es cariño y créeme, hagas lo que hagas no podrás sacarme de esta
idea!— me replicó entrecerrando los ojos.

— ¡Ya me di cuenta!— le dije apesadumbrada y decidí mentalmente que lo mejor


era no llevarle la contraria; ya que, eso sería en vano— Bueno…acepto que usted me lleve
a mi casa, pero…
— ¿Pero, qué?— frunció el cejo.

— ¡Pero, nada más me llevará a mi casa!—al oírme decir aquello, Karsten arrugó el
gesto desconfiado— ¡Nada de desviarnos del camino e irnos para otro lado!—le pedí—
¡Del palacio a mi casa directamente!

— ¡Está…está bien!—me dijo en voz baja y yo temblé al sentir tan de cerca su


impresionante estatura.

Salimos del comedor por la zona de empleados y luego Karsten me hizo caminar
con él por zonas bastantes solitarias y privadas que me dejaron bastante alterada.
Finalmente, llegamos a uno de sus estacionamientos privados, en donde había autos
lujosos hasta para arrojar al cielo. Karsten escogió uno bellísimo de color negro y me abrió
la puerta para que me subiera, yo lo hice y después lo miré subirse a él. ¡Me encantaba
verlo conducir! ¡Se veía como el mejor tesoro del mundo!

Ambos salimos de las fronteras del palacio y pude ver desde el retrovisor que una
decena de autos nos seguían, por lo que me imaginé que era el equipo de seguridad de
Karsten. Íbamos ambos tan en silencio que la ciudad me pareció enormemente grande y el
recorrido fue eterno. Me quedé mudamente mirando a Karsten y el corazón se me
encogió. ¿Cómo no podía alguien enamorarme de un hombre tan esplendido? ¡No, no, no!
¡Qué tonta! ¡Él era un malvado impertinente que lo que hacía todo el tiempo era
molestarme!

— ¿Todo… bien?—Karsten me preguntó mordiéndose el labio inferior y yo sentí un


nudo en la garganta. ¡Claro que no estaba todo bien! ¡Estaba herida! ¿Acaso estaba ciego?

—Más o menos…—le contesté aturdida.

— ¿Y… qué te pasó en el brazo?—me preguntó dándome una ligera ojeada en el


brazo. ¡Por fin! ¡Por fin ese descarado había notado mi herida! Y pensar en eso me hizo
sentir bastante extrañada y deprimida. ¿El muy desgraciado tuvo que esperar a que
estuviésemos en el automóvil para percibir la herida?

— ¡Me quemé cocinando!—me llevé instintivamente las manos al cuello y tuve que
tragar saliva para disimular ardidamente el nudo que se le había formado en la garganta—
¡No fue nada de otro mundo!

— ¡No quiero que te lastimes! —Me fulminó con la mirada— ¡No quiero ver marcas
en tu piel! ¡No quiero que vuelva a suceder!

— ¡Es parte del trabajo! —Intenté sonreír pero la sonrisa no me llegó a los ojos y eso
él lo notó— ¡No puedo ser exigente con el trabajo! ¡No sé me da muy bien lo de cocinar, así
que debo aprender por las malas! ¡Ésta herida es parte del proceso de aprender a cocinar!

— ¡Mientras yo lo permita!— masculló un improperio— ¡No voy a dejar que te


hieras!
— ¡Déjeme en paz!—fruncí el ceño, y aparté la mirada de Karsten— ¡Nada de esto
es su problema, Alteza!

—Entonces…—Karsten vaciló un poco y prefirió sacarme conversación por otro


lado— ¿Cómo han reaccionado tus padres con tu nuevo trabajo?

— ¡No quiero hablar de ello, es algo…difícil!—le dije y mi voz sonó como la de una
gatita recién nacida.

— ¿Quieres tomar un vaso de whisky?—tocó un botón en el automóvil y de pronto


dos copas y una botella de whisky aparecieron cerca de él. Yo miré la botella y me sentí
confundida. ¡Yo no consumía alcohol! ¡No me gustaba!

—Su majestad…—se me quebró la voz.

— ¡Solo será un vaso!—Me mostró los dientes en una mueca diabólica,


señalándome con la mirada a donde estaba la botella.

—Bueno…—tomé aire despavorida— ¿Cuándo vas a entender que yo no bebo


alcohol?

— ¡Yo lo sé!—en ningún momento pareció sorprendido— ¡Yo solo quería tener una
plática normal contigo! ¡Necesitaba romper el hielo y que dejaras de tratarme con tanta
formalidad! ¿Sabes lo que significa tener un dialogo cordial con el príncipe heredero? Si no
lo sabes; yo usaré todas mis armas para que hables conmigo, incluso si tengo que invitarte
a beber.

— ¡Qué forma tan tonta tienes!—estaba a punto de perder los estribos, así que
nuevamente miré hacia otro lado— ¡Y así te llamas un hombre maduro!

Nos quedamos por varios segundos en silencio y no pude evitar estremecerme al


darme cuenta de la mínima distancia que nos separaba a Karsten y a mí. Traté de tragar
saliva, pero tenía la garganta seca y me dolía. Su mirada de león a punto de saltar sobre su
presa hacía que me sintiera bastante nerviosa.

— ¡Lo siento mucho, cariño! —se disculpó de pronto, sorprendiéndome.

— ¿Por…por qué?—parpadeé perpleja y lo miré.

— ¡Por hacerte más difícil la situación con tu padre!— me dijo, dando un suspiro y
acariciándome suavemente la mano— Lo que pasa es que te amo y a veces no sé cómo
proceder ante ese sentimiento.

— ¡No me toque!—le grité, al sentir los dedos de Karsten en la delicada piel de mi


mano. ¡Él no podía estar tocándome! ¡No! ¡No era correcto!

— ¿Que no te toque?—me repitió— ¡Eso no es lo que me tienes que decirme,


Dagmar! ¡Tienes que rogarme que te toque… suplicarme…rogarme!
— ¿Intenta irritarme?—susurré con voz rota y levanté el mentón intentando con ello
desafiarlo— ¡Le dije que aceptaba que me llevara a casa, pero no dije que deseaba hablar
con usted! ¡Aún estoy molesta con usted!

— ¡Shhh, nena!— Movió los labios, nervioso— ¡No te preocupes! ¡No te tienes que
molestar conmigo!

— ¡Vea al frente, hacia el camino! ¡No quiero que me vea!—Le ordené y se me


encogió el estómago, pues, no iba a consentir que me manipulara ni con sus acciones, ni
con sus emociones. Se veía guapo y me hacía arder todo el cuerpo, pero no me gustaba
nada sentirlo tan cerca.

― ¡Prefiero mucho más verte a ti, pero no quiero molestarte más por hoy!— miró al
camino con una sonrisa de oreja a oreja y se puso a mirar conducir por la carretera como si
fuera la cosa más sencilla del mundo.

— ¡Entonces, ya no me hable! — fruncí el cejo y entrecerré los ojos para no mirarlo

Llegamos a mi casa a los pocos minutos e inmediatamente que Karsten detuvo el


auto, salté fuera y corrí a la puerta principal de mi casa sin ni siquiera despedirme. ¡No
quería hablarle más! Me sentía muy nerviosa y el cuerpo me temblaba; ya que, escuchar
cada palabra de Karsten hacía que me sintiera más ansiosa que nunca.

Entré a mi casa y no encontré a mi madre inmediatamente, así que decidí buscarla


aunque sabía por lógica científica que el regaño que ella me iba a dar, iba a ser del tipo que
causa dolor de cabeza.

— ¡Mamá! —La llamé— ¡Mamá, ya llegué! ¡Ya estoy en casa!

— ¡Bienvenida a casa, señorita Dagmar!—llegó a la sala a encontrarse conmigo, la


señora Chiewa, la empleada del servicio; una mujer mayor de unos sesenta años que se
encargaba de ayudar a mi mamá con las labores de la casa.

— ¡Hola, Chiewa!—la saludé con cariño— ¿Sabes en dónde está mi mamá?

— ¡Su madre está en la habitación de su padre haciéndole compañía!—Chiewa me


informó con una sonrisa en los labios.

— ¿Haciéndole compañía?—dudé— ¿A quién?

— ¿No lo sabía?—me miró extrañada— ¡Su padre salió del hospital hace
aproximadamente tres horas y ya se encuentra aquí!

— ¿Fue dado de alta?—le pregunté sorprendida de la noticia que me acababa de


dar esa mujer—Pero… ¿Cómo es eso posible? ¡Por Dios, le dio un ACV y estaba mal!

— ¡No sabría decirle!—intentó explicarme—Aunque…creo que salió del hospital


por algo relacionado con el seguro de su papá.
— ¿Acaso no le cubre ese seguro toda la hospitalización?— Mi cabeza daba vueltas
al no entender lo que pasaba— ¡Ese seguro es millonario!

— ¡Sí, y por eso su papá salió de la hospitalización!—me anunció con tono de voz
sincero—Su majestad ordenó que habilitaran una habitación de esta casa para que se
queden de internos dos médicos y cinco enfermeras. Todo esto es con el fin de que ellos
atiendan al señor.

— ¿Y… y mi papá?— Parpadeé estupefacta, así que intenté controlar mi voz.

— ¡Él estaría hospitalizado pero en su dormitorio!—me respondió con respiración


profunda.

—Hmmm…— me oí susurrar a mí misma,

— ¡Por lo que escuché decir a su mamá, su padre va a seguir hospitalizado pero en


su dormitorio!— Chiewa murmuró entre dientes agachando su barbilla, ella sabía que no
debía estar contándome todas esas cosas porque se vería como una chismosa; sin embargo,
igual lo estaba haciendo— ¡Al parecer el señor se estaba estresando de estar interno en el
centro de salud y Su Majestad consideró que con la correspondiente ayuda médica, sería
bueno traerlo a casa para que mantenga la calma!

— ¡Gracias por la información, Chiewa!— Le dije colocando mi mano derecha


sobre su hombro— ¡Te lo agradezco! ¡Ahora… voy a ver a mis padres!

Subí las escaleras presurosas y después caminé el pasillo hacia la habitación de mi


papá. Toqué la puerta y cando se abrió, me sentí nerviosa de ver a mi madre parada con
los brazos cruzados, en toda la entrada del dormitorio de mi padre. Se le notaba a leguas
que estaba furiosa y seguramente que era a causa mía.

— ¡Lo siento, llego tarde!—Empecé a decirle, tratando de escoger las palabras más
adecuadas para explicarle la situación en la que me encontraba— ¡Me trajo, Karsten!

— ¿Karsten? ¿Karsten?—dudó mi madre con la mirada oscurecida por la


amargura— ¡Mucha más formalidad con su majestad, el príncipe Karsten! ¿O ese trabajo
es una vil excusa para convertirte en su amante?

—Mamá…—me quedé paralizada sin saber qué decir.

— ¡Amor, por favor!—de pronto escuché la voz de mi papá desde su cama y me


sentí feliz de saberlo algo más recuperado— ¡Deja a la niña tranquila! ¡Viene de una
jornada larga de trabajo y si quiere ser nuevamente amiga de su majestad, esa es una
decisión solamente de ella!

— ¡No, mi mamá tiene toda la razón!—llorando de la emoción me acerqué


presurosa a él y lo abracé llena de felicidad— ¡Ya es momento de que tome distancia con
Karsten, digo con su majestad Karsten! ¡No puedo seguir tratándolo como si fuese mi
mejor amigo!

— ¿Y… te sientes bien en tu nuevo trabajo?—me dijo mi padre con una voz muy
suave, luego me acarició la espalda y me sentí contentísima de tenerlo en casa.

—Papá…—respiré profundamente— ¡Estoy tan feliz de verte de nuevo en casa! ¿Ya


te sientes mejor?

—Tu padre fue dado de alta porque nos comprometimos a contratar una enfermera
para que cuide de él—mi mamá interrumpió sentando en la parte inferior de la cama,
junto a nosotros— ¡Aún está convaleciente y su reposo es largo y paciente!

— ¡Papá, estuve muy nerviosa de perderte!— el nudo que sentía en la garganta me


hacía sonar torpe e insegura— ¡Creí que nos ibas a dejar!

— ¡Aún no, pequeña!— mi padre no cesaba de murmurar palabras esperanzadoras


contra mis labios— ¡Aún no llega mi momento! ¡Aún no!

Regresé a mi dormitorio después de pasar varias horas acompañando en su


habitación a mi papá. Me introduje en el baño y me aseé completamente. Luego regresé a
mi cuarto con una toalla rodeando mi cuerpo desnudo y una encima de la cabeza secando
mis cabellos mojados. Después de ello, encendí el celular y me di cuenta que tenía más de
cien llamadas pérdidas de Miguel y un mensaje de texto que decía:

¡Hola, Dagmar! ¿Cómo estás? ¡Quizás no quieras hablar conmigo, pero yo si


tengo que hacerlo! ¡Es urgente, así que cuando puedas llámame!
Algo fuera de nivel decidí comunicarme con él y marqué su número de celular para
compartir un rato de conservadora y cordial plática.

— ¿Hola?—hablé con la respiración bastante acelerada, pues conversar con Miguel,


me ponía muy nerviosa. ¡Quizás era el tiempo que duramos sin vernos, pero aún no me
acostumbraba!

— ¡Aló, Dagmar! —escuché a Miguel saludarme con voz ronca.

— ¡Aló, Miguel!— Tomé aliento y lo saludé de vuelta—¡Hola!

— ¡Necesitamos hablar!— Me estremecí por su tono hostil y supe que la


conversación no iba a ser nada cordial.

— ¿Sucede algo?—Cerré los ojos con poderío— Suenas…

— ¿Por qué aceptaste trabajar para el príncipe Karsten?— me preguntó


rotundamente.
—Miguel, yo…—Me dejé caer sobre la cama, sintiendo que el cuerpo se me erizaba
totalmente. ¡De verdad que aún no estaba preparada para escucharlo reclamarme tales
cosas.

— ¡Ay, Dagmar!—murmuró en voz baja— Cuando la confianza se pierde…

— ¿Ya no confías en mí, Miguel? ―Hice mi mayor esfuerzo por mantener la


compostura y no decirle por teléfono que yo ya era una adulta, capaz de tomar mis
propias decisiones. Las atribuciones que se estaba tomando conmigo no me gustaban. ¡Él
no era mi dueño, era mi amigo!— ¡Tampoco lo que te hice fue tan grave! ¡Acepté trabajar
en la cocina de la guardería del palacio para ayudar a mi padre! ¡No por gusto!

— ¿No te das cuenta de que tengo derecho a reaccionar?—de repente me gritó


horriblemente y la bocina del celular pareció que iba a reventarse— ¡Me estás echando
chile en la herida que tengo abierta desde hace años! ¡Comenzaste a trabajar en el palacio,
cerca del príncipe Karsten!

— ¿Y eso qué?—gruñí— ¿Acaso no te escuchas a ti mismo? ¡Voy a la guardería del


palacio es a trabajar! ¡Voy a trabajar!

— ¡Pero, éstas cerca de él!—me expresó con notable decepción.

— ¡Por supuesto que no!— Mi cuerpo se tensó por un segundo— ¡Estoy trabajando
como cocinera en la guardería del palacio! ¿Tú sabes lo enorme que es el palacio y cuantas
guarderías con cocinas hay allí? ¡Ni siquiera nos vamos a encontrar porque yo no trabajo
en el palacio como tal, sino en las edificaciones que pertenecen a sus propiedades!

— ¡Eso ni tú te lo crees!—insistió— ¡Sabes muy bien que el príncipe Karsten no


desaprovechará ninguna oportunidad para acercarse a ti y acosarte!

— ¡Miguel, la situación no es así!— Tragué con fuerza— ¡Entiende que necesito


trabajar por mi familia! Mi padre está enfermo, no tenemos ahorros y trabajando en el
palacio voy a ganar un buen sueldo.

— ¡Yo te puedo ofrecer un trabajo mejor y te puedo pagar más dinero!— manifestó
con mucha terquedad— ¡Te ofrezco un buen sueldo! ¡No tienes que trabajar para ese
dictador!

— ¡No le llames dictador!—le grité con ningún control de las emociones. ¡Él no
podía estar ofendiendo a Karsten! ¡No tenía ningún derecho!— ¡No lo ofendas!

— ¡No lo estoy ofendiendo!— Su voz se volvió grave.

—Miguel…— intenté relajarme y bajar un poco la tensión mental, psicológica y


biológica que sentía por todo mi cuerpo— ¡Entiende que estoy trabajando como cocinera
en la guardería del palacio, no estoy allí en plan de conseguir novio! La guardería se
encuentra dentro de los terrenos del palacio, no en el dormitorio del príncipe Karsten.
—Pero…— tartamudeó sonando totalmente herido, preocupado y rabioso— ¡Yo te
estoy ofreciendo un trabajo con buen sueldo; en cambio, ´él quiere es meterte en su cama!

— ¡Ya lo tengo decidido y no pienso cambiar de opinión por nada ni por nadie!—
declaré segura de mis palabras y haciendo mucho hincapié en lo de ―Nada ni por nadie‖
— ¡Si estás de acuerdo bien y si no, tampoco!

— ¡Bien!—sentí su aliento apretarse agriamente— ¡Si no puedo hacerte cambiar de


opinión, lo acepto! Sin embargo, no pienso alejarme ni un segundo de ti. ¡Voy a protegerte
de ese patán! ¡Eso te lo prometo!

— ¡Espero que cumplas tu promesa! —le advertí bajando el grado de malcriadez


que sentía. ¡Ya no quería discutir, prefería hablar cariñosamente!

— ¿Quieres que lo escriba con sangre? —Se echó a reír y eso me gustó, pues
escucharlo reír siempre era algo positivo. Significaba que ya no estaba tan rabioso y eso
alejaba cualquier sentimiento de culpa que yo pudiera tener.

—Hmmm…—inhalé profundamente y mi rostro se enrojeció.

— ¿Sabes que te quiero, Dagmar?—dijo en voz baja, después de unos eternos


segundos en silencio.

— ¡Sí!— balbuceé—. ¿Y tú sabes que te quiero, Miguel?

— ¡Espero que sí!—expulsó un gemido— ¡Bueno, te tengo que dejar; tengo cosas
que hacer y trabajo que terminar!

— ¡Está bien!—cerré los ojos y respiré con leve intensidad— ¡Adiós! —me despedí,
ya sin ganas de seguir hablando. Yo también necesitaba descansar después de mi primer
día de trabajo.

— ¡Adiós!— suspiró frustradamente.

Mi segundo día de trabajo fue más de lo mismo. Los chef se burlaron de mí por mi
poco talento en la cocina. Se me quemaron varios platillos y los postres quedaron amargos
sin nada de dulce. En definitiva que estar en esa cocina nuevamente era una situación
bastante difícil. ¡Oh, este era el infierno en la tierra!

— ¡Su majestad real!— de pronto, di un respingo al oír la voz de Karsten llegar a


molestarme a mi trabajo y algo nerviosa, lo miré confusa— ¿Qué hace aquí, su majestad?
¿Tiene alguna orden que darme? Si es así, yo haré mi mayor esfuerzo para complacerlo.

— ¡Eso sería magnífico!— sus labios esbozaron una sonrisa malvada— ¡Es más esas
palabras suenan fabulosas saliendo de tu boca, y me encantan escucharlas! ¡Claro que,
exceptuando esa palabrita que usaste de su majestad, todo me parece bien! ¿A qué viene
eso?
— ¿Por qué todo tiene que tomarlo por la parte que a mí no me gusta, señor? —Me
detuve y le di la espalda— Pensaba que usted era un príncipe más correcto y respetuoso
con sus trabajadores.

— ¡Lo soy! ¡Lo soy! —Su voz profunda vibraba a través de su pecho—Es solo que tú
no eres mi empleada, tú eres…

— ¡Yo trabajo para usted, señor! ¡Acuérdese que yo estoy en sustitución del señor
Thiago, quien es mi padre!

— ¡Eso ya lo sé!— sonrió mientras asentía— ¡Y también sé que hice algo bueno por
ti hace algunos momentos! ¡Te traigo buenas noticias!

— ¿A qué se refiere?— Mantuve mis ojos en los de él.

— ¡Si quieres que te lo cuente, debes dejar de tratarme de usted! —Trató de


bromear— ¡Para ti no soy su majestad, soy Karsten!

—Pero… —Me detuve y cerré los ojos con fuerza—pero usted es su majestad y mi
jefe, tengo que cumplir con ciertos parámetros de conducta que la sociedad…

— ¡Cállate, por favor! —Empujó mi cabello de los ojos y me miró— ¡Ya basta!
Cuando hace años fuimos ―amigos‖, tú no me tratabas de usted

—Pero, eso fue hace mucho tiempo y fueron situaciones y condiciones muy
diferentes a las de ahora—entré en pánico.

— ¡Ay, ya!—tomó varias respiraciones rápidas— ¡Te lo digo por última vez, si
quieres que te cuente las buenas noticias que te traigo, tendrás que dejar de tratarme de
usted y de su majestad! ¡Yo para ti soy Karsten no el príncipe heredero del país!

—Esteee…— Puse mis manos en mis caderas.

— ¡Bueno, no te digo nada y me marcho de aquí!— Sacudió la cabeza

—No, no, no— Las lágrimas llenaron mis ojos— ¡Está bien, Karsten! ¡Te trataré de
tú y no de usted!

— ¿Lo prometes?—me advirtió.

— ¡Estoy…perdiendo la paciencia!—Me llevé una mano al pecho y se me nubló la


vista.

—Y yo también…— Frunció el ceño.

— ¡Está bien! ¡Está bien!—tragué con dificultad— ¡Lo prometo! Nunca volveré a
tratarte con tanta formalidad
— ¡Bien!—sonrió un poco— ¡Yo solo quería decirte que ya no trabajaras de cocinera
en la guardería! ¡Ahora serás escritora!

— ¿Qué…?—lo empujé unos pasos lejos de mí— Pero, ¿Por qué rayos hiciste eso?
Ese es el trabajo de mi padre que se lo ha ganado a pellizquito y no se merece que lo pasen
a otra categoría únicamente porque está enfermo y no puede atender sus labores como
quisiera

— ¡Ay mujer, no hables tanto!—sacudió la cabeza claramente aturdido— ¡Te lo


suplico! ¡Tus berrinches me aturden!

— ¿Qué no hable?—cerré los ojos, furiosa y comencé a golpearlo en el pecho—


¿Qué no hable? Eres un troglodita, patán y malvado! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio!

— ¡Ya! ¡Ya! ¡Ya!—intentó tranquilizarme con una velocidad animal nada natural—
¿Me vas a escuchar?

— ¡No quiero!—me tapé los oídos con las manos en un acto sumamente infantil—
¡No quiero! ¡No quiero!

— ¡Tu papá no bajó de categoría!—intentó explicarme quitándome con fuerzas las


manos de las orejas— ¡Cuando vuelva tendrá su trabajo de chef en esta cocina como
siempre lo ha tenido! Es solo que pensé en que mientras tanto, era mejor que tú
pertenecieras al equipo de escritores de la guardería, para que estuvieras más tranquila
porque es bien sabido que no sabes cocinar. Además, esa quemada de ayer fue espantosa.

— ¿Y es que acaso me crees tan idiota como para no aprender a cocinar? —le
recriminé con los ojos rojos como el fuego.

—Cariño…—me susurró en voz tan baja que era casi imposible escuchar lo que me
estaba tratando de decir—no se trata de que no puedas aprender a cocinar—yo sé que tú
eres muy inteligente y muy capaz, pero…

— ¿Pero, qué? —le dije a través de mis dientes.

—Pero no quiero que tengas más responsabilidades y angustias de las que ya tienes
hasta ahora—levantó una ceja hacia mí—Con tu padre enfermo, tus estudios
universitarios de los cuales tienes solamente dos meses de vacaciones que se acabaran
pronto, y también las preocupaciones de tu madre cayéndote encima como está
acostumbrada a hacerlo; no quiero que te ocupes de algo de algo más que de por si es
estresante. Además, tu padre ni tu madre tienen por qué saber que no estás en la guardería
del palacio como cocinera. Éste trato quedaría entre tú y yo y bueno entre mis empleados
más confiables. Ni siquiera tus compañeros de trabajo sabrán que he hecho esta excepción
de facilidad de trabajo contigo.

—En resumen…—gruñí— no me crees buena para trabajar en esta cocina


— ¡Al contrario, te creo buenísima para ello!—me manifestó y su timbre de voz
diciéndome todo esto me causó muchísima rabia— ¡No obstante, te digo que si quieres
trabajar en la cocina de la guardería real va a ser ―bajo mis condiciones y términos‖ y el
trabajar de escritora es uno de ellos! Así que tú dices si aceptas o te vas de aquí.

— ¡Yo…tengo que cocinar!—vacilé y la miré nerviosa.

— ¡Yo no quiero que cocines, quiero que escribas!—levantó mi barbilla para que lo
viera objetivamente— ¡Por ejemplo, puedes comenzar escribiendo una poesía sobre mi
cuerpo al desnudo!

— ¡Eres un sucio!— Me mordí el labio inferior.

— ¡Hoy, mañana y siempre; cariño!—me susurró en una voz sensual.

— ¡Bárbaro!— Suspiré sin saber qué decir.

—Además…—su voz se volvió bastante superficial— ¡Deberías estar feliz porque te


tengo otra sorpresita muy bonita!

— ¿Qué más?—la confusión me llenó la mente— ¿Me vas a meter un tiro en la


frente para asesinarme?

— ¡Oh, no!—me niega ante mi arrebato loco— ¡No seas tan criminal!

— ¡No te vayas por las ramas y dime qué más estás tramando!—le declaré con
firmeza.

— ¡Toma! —de repente me entregó una tarjeta de plástico con un código especial.

— ¿Qué es eso?—agarré la tarjeta y la revisé. Era algo sumamente moderno y


bonito, pero me dejaba bastante intrigada. ¿Qué quería Karsten que yo hiciera con eso?
¡No era una tarjeta del Banco, así que no me estaba dando dinero!

— ¡Es una tarjeta de libre acceso!—me manifestó y yo alcé las cejas hacia él— ¡Con
ella podrás acceder a cualquier zona pública o privada de este palacio!

— ¿Qué…? —Mis ojos parpadearon con asombro— ¡Eso no suena demasiado bien!
—murmuré nerviosa.

— ¡No dejes que esto te quite el sueño! —Me dijo; con una sonrisa— ¡Es para que
puedas acceder a cualquier lugar al que quieras mientras estés aquí! Es más, chica; si
quieres entrar al palacio e ir a mi dormitorio, con esta tarjeta tienes plena libertad para
hacerlo.

— ¡Justo lo que me temía; pero sabes qué; no me interesa!—intenté regresársela—


¡Tómala y dásela a alguien más, yo no la quiero!
— En ese caso... —murmuró y colocando su mano sobre la mía, me apretó en un
puño que acercó a su corazón— ¡Te obligaré a tomarla!

— ¡Está bien!—repliqué y me alejé temblando de él— Pero igual quiero que sepas
que cuando pase un tiempo y renuncie a este trabajo ya no me hará falta esta cosa. ¡La
meteré en el inodoro y jamás regresaré a este palacio lleno de maldad!

Karsten no volvió ese día a la cocina de la guardería del palacio. Así que, en medio
de mi desdicha decidí que lo mejor que podía hacer para cuidar el trabajo de mi padre era
aceptar la nueva imposición del tirano ese. Por lo que, a la mañana siguiente me esperaba
un nuevo sitio de trabajo.

Se trataba de una enorme oficina con vista a una de las áreas verdes más grande de
los terrenos que pertenecían al palacio. El edificio en donde estaba ubicada era enorme, de
unos quince pisos y con un aproximado de cuatrocientas oficinas. Mi oficina estaba
ubicada en el décimo piso y era la oficina número 280. La cual, era sencilla, bonita y de un
espacio acorde.

Al entrar no pude evitar sentirme en el mismísimo cielo. Estaba adornada con


centenares de libros y ramos de flores que Karsten me había enviado. Sobre la mesa había
un computador elegantísimo y de última tecnología y un bello oso de peluche con una
tarjeta que decía: “Felicidades por tus nuevos éxitos, te amo”

¡Oh, por Dios! ¡Estaba tan feliz! ¡Sentía que el corazón se me iba a salir por la boca!
¡Eran tantas cosas que no sabía cómo iba a enfrentar todo esto! Y con este sentimiento,
decidí que lo mejor que podía hacer para no caer en la trampa de Karsten era seguir siendo
dura con él y no bajar mi guardia.

— ¿Qué haces otra vez aquí?—le dije apenas lo vi entrar a mi oficina— ¿Qué
quieres?—le manifesté con voz sonó gruesa y tensa.

— ¡Solo vine a ―supervisarte‖!—susurró en mi oído.

— ¿A supervisarme o a burlarte de mí porque al final lograste tu cometido y


terminé siendo escritora?—le dije y mi voz se quebró con cada palabra.

— ¡Yo sólo quería lo mejor para ti!—me susurró acariciándome el cuello– ¡Por ello,
pensé en ponerte a hacer algo que cuando se te terminen las vacaciones en la universidad
no te vaya a afectar en tus estudios por tener que trabajar aquí! Tú no sabes cocinar cariño
y el ponerte a estudiar cocina te quitaría mucho más tiempo que ahora.

De verdad que había pensado en eso, pero igual me molestaba que él hubiese
tomado tales decisiones sin consultarme antes. Como siempre su autoritarismo
predominaba sobre la forma correcta en cómo debía tratarme si en verdad estaba
enamorado de mí, como pregonaba siempre ¡Oh, príncipe; qué loco estás!
— ¿Sabes que si los empleados siguen viéndote tan seguido por aquí, echándolos
del piso diez de la guardería para quedarte a solas conmigo y olvidando que eres el
príncipe heredero del país y no un hombre cualquiera; van a pensar mal de ti y de mí?— le
pregunté obviando el anterior tema de conversación— ¡Verme usando la dichosa tarjeta de
acceso que me diste, ya ha traído siglos de rumores, pero verte a ti tan a menudo está
trayendo mucho más!

— ¿Y?—levantó una ceja.

— ¿Y?—le reviré— ¿Cómo qué…y?

— ¡Y a mí no me importa, cariño!—mantuvo mi cara quieta entre sus manos— ¡Yo


soy el amo, señor y mandamás de este palacio y de este país y hago lo que se me venga en
ganas!

— ¡Eso no tienes que decírmelo, eso ya lo sé! —una sonrisa se arrastró en mi cara.

—¡Además, los empleados no deben y no pueden opinar sobre mi vida privada!—


acarició mi cuello, enviando escalofríos a través de mí— ¡No lo hicieron cuando mi papá
estaba vivo y tú y yo nos las pasábamos juntos para arriba y para abajo en calidad de
―amigos‖ y no lo harán ahora que tengo todo el poder en mis manos!

— ¡Sí, eso sí!—me sentí como gelatina con calor en mi pecho.

— ¿Quieres ir a almorzar conmigo?—quitó el cabello de mi cara desviando, de


repente el tema de conversación.

— ¡Los empleados comen con los de su clase!—me reí con sarcasmo— ¡Yo soy tu
empleada y no puedo andar saliendo contigo!

— ¡Tú no eres mi empleada!—me dijo con los dientes apretados— ¡Tú eres mi
mujer!

— ¡Por favor, Karsten!—le supliqué en un susurro poco agitado— ¡Deja de hablar


tonterías! ¡Yo no puedo estar saliendo contigo a ningún lado porque los demás empleados
comenzaran a hablar! ¡Quizás a ti no te importe lo que hablen ellos, pero a mí no me gusta
estar en el ojo del huracán de todos los habitantes de este país!

— ¡Ay, nena! —se burló de mí.

— ¿Por qué sonríes?—lo miré confundida— ¡Estoy hablando muy en serio! ¡No te
burles!

— ¿Y qué más quieres que haga?—me dijo para provocarme— ¡Tú fuiste la que me
pediste trabajar en esta guardería!

— ¡Pero, de chef y no de escritora! —miré hacia abajo.


— ¿Crees que iba a seguir aguantando que cocinaras para los niños y los empleados
de esta guardería?—me cuestionó— ¡Te podía haber sucedido algo peor a esa quemadura
o podrías haber envenenado a alguien!

— ¡No soy tan tonta!—los ojos se me llenaron de lágrimas.

— ¡No!—se mordió el labio inferior— ¡Sin embargo, no naciste para cocinar!

— ¡Oh, la fe que tienes puesta en mí, me desconcierta! —la rabia y el dolor me


golpeó y me consumió como arena al agua.

— ¡No se trata de fe, sino de un poco de realidad! —me aseguró antes de ponerse
algo serio.

— ¡En fin, necesito que te marches! —Le fruncí el ceño— ¡Tu presencia no me deja
cumplir con mi trabajo!

— ¡Cariño, no deberías tratarme así porque eso lo que hace es tentarme a quedarme
aquí para siempre!—sonrió y se lamió los labios.

— ¿Para siempre?—le pregunté sin poder llevar una conversación coherente que
pudiera hacer marchar a Karsten de allí.

— ¡Para siempre cariño! —el muy canalla tocó el escritorio que yo tenía detrás de mí
y me hizo entender que esa mano también podía estar tocándome a mí en ese momento.

— ¡No tendrás responsabilidades de las qué ocuparte!— Lo miré directo a los ojos.

— ¡No te preocupes que hoy no voy a hacerte nada!— se alejó de mí y me revolvió


la mirada plácidamente— ¡Hoy voy a ignorar esa tentación porque tienes razón y tengo
muchas responsabilidades de las que ocuparme; y aunque mi cuerpo me grita que me
quede aquí y que te haga el amor sobre ese escritorio lleno de papeles, voy a respirar
profundamente y a obligarme a salir de aquí, ahora!

— ¡Lárgate!

— ¡Por una vez en mi vida voy a obedecer una de tus odiosas órdenes!—me regaló
una de esas sonrisas engreídas de príncipe todopoderoso y luego señaló con el dedo índice
la puerta— ¡Me voy!

— ¡Vete, pues!—le resoplé.

—Pero, primero…—puso sus manos en mis caderas y se paró a unos pocos


centímetros de mi boca— ¡Quiero pedirte un pequeño favor!

— ¿Qué?—dudé llena de sorpresas— ¿Y ahora qué?

― ¡Dame un beso!—gimió y movió sus labios muy cerca de los míos.


— ¿Qué?— Suspiré llena de nervios; ya que, él era serio, intrépido, ladino,
perspicaz y enérgico, pero de igual manera me gustaba. ¡Era un malvado sexy que me
estaba tentando a caer rendida a sus pies!

— ¡No!—le regalé un pequeño puchero sexy— ¡Eso está mal!

Y de pronto, se acercó un poco más, acorralándome contra la mesa, me dije a mi


misma que debía gritar, patear, pero no pude moverme. Él muy descaradamente y sin
pedirme permiso, se abalanzó ante mí y comenzó a devorar mi boca con sus sensuales
labios de atractivo hombre. Pude sentir su piel marcarme como suya y sus manos caminar
a través de mi cuerpo ¡Esto era una locura, yo estaba respondiendo a sus besos y a sus
caricias como si de ello dependiera mi vida! Todo mi cuerpo se apretó mientras lo sentía
muy cerca de mí. ¡Me estaba volviendo loca!

— ¡Hasta luego, cariño!—de repente dejándome aturdida se alejó de mí y con una


sonrisa silenciosa en los labios me prometió que volvería más tarde y salió de la oficina.

Durante lo que restó de mi jornada de trabajo no pude sacarme de la cabeza ni de


los labios la sensación del beso entre Karsten y yo. Evité loablemente responder los
mensajes de Miguel que me llegaron a mi celular o las llamadas imprevistas de mi madre.
Traté de escribir unas cosas, pero lo único que me salió fue beso, boca, labios. Cuando al
fin terminó mi turno, apagué el computador y pensé en escaparme de ese lugar que tantos
recuerdos buenos me había regalado en un día.

— ¡Hola, cariño!— Karsten me saludó después de entrar a mi oficina, después se


paró frente al escritorio, tan cerca de mí que podía oír su acalorada respiración— ¡Vine a
buscarte para llevarte a casa!

— ¿Qué?— balbuceé, en tanto la electricidad corría a través de mi cuello, se


desplazaba por mis pechos, me abrazaba el ombligo y se guardaba celosa en mi
entrepierna— ¿Te volviste loco? ¡Yo, contigo no voy a ninguna parte!

— ¡Ya sabía yo, que me ibas a salir con una de esas!—sonrió descaradamente—
¡Entonces… te voy a asignar a un chofer para que se encargue de tu transporte!

— ¡No puedo permitir tales beneficios!—arrugué mi expresión— ¡Recuerda que yo


soy una empleada más y no quiero ningún tipo de privilegios preferenciales!

— ¿Ah, sí?—me susurró— ¡Bueno, voy a tener que obligarte a obedecerme!

— ¡Eres demasiado despiadado!— me levanté y caminé hacia él— ¡Te odio!

—Si tu odio es tan constante como tu amor, —me dio una sonrisa de macho
arrogante—estoy seguro de que no se te pasará tan pronto.

—Estás haciendo esto a propósito para vengarte de mí, ¿verdad?—le hice un


puchero y mis mejillas se sintieron como si estuvieran en llamas.
— ¡No es asunto tuyo!—Dio un profundo suspiro y se mordió los labios— ¡Es solo
cuestión mía!

— ¡Voy a tener que renunciar y hablar con Miguel!— mi labio inferior se abrió un
poco— ¡Él me daría un trabajo en el que no me sienta acosada por nadie, menos por ti!

— ¡Miguel y tú forman un cuadro enternecedor!—Me cogió por los hombros


violentamente y me hizo mirarlo directamente a los ojos— ¡Pero, por si no lo sabías; él no
tiene cavidad en nuestras vidas!

— ¡Idiota engreído! —Inhalé bruscamente— ¡Debería odiarte!

— ¡Si dices una sola palabra más con ese tono remilgado, te juro que te pondré
sobre mis rodillas y te daré unos azotes!—me amenazó sosteniéndome muy, pero muy
pegada a él.

— ¡No te atreverías! —le grité furiosa y zafándome de su agarré me dirigí dándole


la espalda hacia la mesa, lista para tomar mi bolsa y así poder largarme pronto de ese
estúpido trabajo lleno de un acosador multimacho— ¡No te atreverías!

— ¡No te atrevas a darme la espalda e ignorarme!—Los ojos de Karsten se


oscurecieron como una nube de tormenta y me haló por las caderas hasta pegarme a su
duro cuerpo— ¡Esto es asunto de los dos… tuyo y mío!—me susurró al oído y me dio un
ligero beso en el cuello y yo sin poder enfrentarlo cara a cara, sentí que mi cuerpo se volvía
una gelatina de fresa— ¡Todo esto no es problema de Miguel y no quiero que lo metas en
nuestras conversaciones privadas!

— ¡No vamos a seguir con esto!—luché y logré alejarme de él— ¡Esta conversación
no nos va a llevar a ningún sitio!

— ¡Pues te equivocaste porque esto se acaba cuando yo lo decida!—me dijo


inocentemente.

— ¡Voy a casarme con Miguel!—me puse mi bolso e intenté buscar la salida, pero el
cuerpo perfecto de Karsten parado en el medio de mi camino, me lo impidió— ¡En pocos
días él irá a mi casa y le pedirá mi mano en matrimonio a mi padre!

— ¡Estás mintiendo!—me susurró— ¡Estás mintiendo! ¡Pero, cariño no se te da muy


bien mentir! ¡Ustedes dos nunca se casaran mientras tú estés loca por mí!

Lo miré y escuché decir tal cosa y sentí mi cuerpo arder. Mis manos anhelaron
deslizarse por la blancura de su cuello, encontrar el lugar donde latía su pulso y sentir
cómo éste se aceleraba con mi caricia. Me resistí al impulso de deslizar el dedo sobre sus
labios y luego besarlo hasta quedarnos sin respiración.
— ¡No te creas el gran hombrezote!—rodé los ojos y exhalé con fuerza, dando un
paso lejos de él— ¡Yo no soy como las demás mujeres que se dejan sorprender por tu
―cosita‖!

— ¿Cosita? ¿Cosita?—burlonamente alcanzó entre sus piernas para agarrar su


entrepierna— ¡No, cariño! ¡Lo mío no es una cosita! ¡Este muchachote que tu vez aquí es
del tamaño de un gran tiburón y mira qué sé cómo trabajarlo!

— ¡Pues, sí que tienes la autoestima y el ego súper valorado!—Le regalé una mirada
que podría congelar el agua hirviendo de una olla de presión.

— ¿Súper valorado?—levantó una ceja— ¡No, cariño! ¡La verdad no se puede


ocultar y a mí no me gusta decir mentiras! ¡Eso a lo que tú llamas cosita es una cosota bien
enorme!

— ¡Vulgar!—me molesté y lo empujé suavemente— ¡No digas asquerosidades!

— ¡Cariño, tú fuiste quien comenzó a hablar de mi cosita!—La comisura de su boca


se curvó en una media sonrisa.

— ¡Cállate! —le ordené y podía sentir un rubor extenderse por mi pecho hasta mis
mejillas.

— ¡Definitivamente, que eres perfecta para mí!—sus ojos brillaron en perfecta


armonía y mi cuerpo se sintió contentísimo de escucharlo decir esas cosas— ¡Estás hecha a
mi medida!

Salí de mi trabaja con los nervios de punta. En el camino hacia mi casa no sabía qué
pensar. Karsten me estaba introduciendo a la fuerza en su infierno petulante y eso no me
gustaba. ¿Cómo las cosas se habían complicado tanto en tan poco tiempo? ¿Y Miguel? No
tenía cara para enfrentarme a él y confesarle toda la verdad sobre la situación de mi vida
amorosa.

Sin embargo, mi malestar no cedió ni un poquitito cuando llegué a mi casa. Apenas


entré mi madre me estaba esperando en el comedor de mi casa con un sobre en las manos
y una mirada furiosa en la cara. ¡Oh, rayos! ¿Cuándo iba a poder descansar? ¡Había
trabajado todo un día y estaba agotada tanto física como mentalmente! ¡No quería más
discusiones! ¡Quería comer, bañarme y dormir, nada más!

—Hija…—mi madre se encogió de hombros apenas me vio sentarme en el


comedor— ¿Cómo es posible que te den esta invitación con dos pases para un evento tan
importante? ¡Nosotros no somos tan importantes y en el tiempo que tu padre ha trabajado
para la realeza, algo así nunca ocurrió!

—Es que…—puse un bocado de carne mechada en mi boca—Es que fue el príncipe


Karsten ¿Sí? ¿Eso es lo que quieres saber, mamá?
— ¡Pero, Su Majestad es peligroso!—la calidez con que me habló me hizo sentir
bastante protegida.

— ¡Nosotros no lo deberíamos aceptar!—intenté explicarme con cautela para no


enredarme a mí misma en mi propia telaraña— Sin embargo, pensé ¿Y por qué no? El
príncipe Karsten es el hombre más importante del país y si interviene para que nos inviten
a los mejores eventos sociales, quiere decir que es algo bueno. ¡Además, Karsten nos
acompañará!

—Hija…—Mi madre me miró fijamente y parpadeó— ¿No vez que ese príncipe
malvado te está manipulando? ¡Sólo quiere tenerte cerca de él, el mayor tiempo posible!

— ¡Sí, quizás!—asentí con la cabeza— No obstante…

— ¿No obstante, qué? —me preguntó con voz cansada.

—No obstante, yo estoy dispuesta a aprovechar todo eso y a disfrutar de cada una
de las invitaciones a estos eventos que la realeza nos pueda dar—ni siquiera me molesté
en decirle la verdad, verdadera— ¡Imagínate mamá! ¡Podríamos hacer lo que tú siempre
has querido que es codearte con la gente poderosa de este país! ¡Y ellos podrían ayudarnos
económicamente en un futuro!

— ¡Ay, hija!—me dijo con tono sarcástico— ¡Tú si sueñas!

— ¡Tal vez!— Mi voz sonó aguda— ¡Pero, soñar no cuesta nada! Además, para
evitar caer en las manipulaciones del príncipe Karsten voy a invitar a Miguel. Si él acepta,
me ayudaría a combatir a su majestad. ¡Miguel es un hombre muy dulce!

— ¡Bien dicho, hija!— Me besó en la parte superior de la cabeza y se devolvió a la


habitación de mi padre, dejándome comer sola.

Y como dije, esa noche mi madre, Miguel y yo nos preparamos para la gran noche
de fiesta que nos esperaba. Mi madre que había estado algo recelosa terminó poniendo
muy feliz y emocionada por codearse con la realeza. Ambas, nos pusimos vestidos
sencillos pero elegantes y tacones de plataforma, que a mi mamá le encantaban pero que a
mí me parecían un tormento total.

Como a las 08:00 pm. Miguel llegó a nuestra casa en su automóvil a buscarnos.
Lucía un exclusivo traje blanco con corbata y cuando lo vi sentí que el corazón se me iba a
derretir. ¡Se veía muy lindo y tierno!

— ¡Hola, Dagmar! —Me saludó y acomodó mi cabello detrás de la oreja.

— ¡Hola, Miguel! —lo saludé de vuelta y mi rostro se puso rojo.

— ¡Dios mío! —Me susurró al oído— ¡No estaba soñando!—Sentí como el cuerpo de
él se estremeció al tener contacto con el mío. Buscó mi boca ávidamente a la vez que sus
manos recorrían mi espalda y yo no sentí nada. Me puse como una piedra en stop— ¡Te
vez preciosa!

— ¡Gracias!— inhalé bruscamente y un segundo de culpabilidad me carcomió. ¿Por


qué mis sentimientos hacia Miguel se estaban volviendo superficiales? ¡Lo estaba viendo
como un…como un hermano!

— ¿Nos vamos?—me preguntó tomándome educadamente del brazo.

— ¡Nos vamos! —le afirmé con una fingida sonrisa y nos subimos a su coche mi
madre y yo. Miguel le dio la dirección a su chofer y terminamos encaminándonos a la
fiesta.

Ya allí, todo se volvió una rutina fastidiosa. Mi madre no dejaba de señalar y


sonreírle a los invitados de la fiesta tratando de llevarse bien con ellos y Miguel me
hablaba de sus planes conmigo, planes que dolorosamente me incluían a mí. Estando
invitada a ese tipo de evento sociales era para mí algo magnifico. Me sentía como una
chica enamorada a la que su primer novio le regala un amuleto de amor.

A medianoche, Karsten llegó. Él vestía perfecto, se veía sexy, provocador y


pervertido. Con solo verlo mis manos comenzaron a sudar y el corazón me empezó a
palpitar más rápido. Sentí escalofríos por todo el cuerpo al verlo sonreírle a toda esa
gente. Me sonrojé descaradamente; así que aunque no suelo beber alcohol, me tomé una
copa de un solo tiro.

De esa última acción mía me arrepentí luego, luego. El alcohol se me fue a la cabeza
y comencé a reírme de cualquier estupidez sin razón. Mi mamá me prohibía beber, pero
esa noche estaba más pendiente de la gente que de mí. A Miguel le gustó mi alegría
porqué pensó que yo lo hacía para agradarle. Todo lo contrario, me estaba comportando
como tonta.

Ya, bastante acalorada; decidí caminar hacia el buffet y tomar un poco de agua. Para
mi sorpresa, los estúpidos tacones de plataforma eran incomodos para caminar, parecía un
robot sin control y un simio danzante. ¡Qué patética estaba! Karsten, pareció notar eso; ya
que, sonriendo divertido se acercó a mí y me restregó en la cara que caminaba horrible.

— ¿Por qué caminas de esa manera?—dejó escapar una risita y yo lo miré


odiosamente al darme cuenta que el muy bastardo se reía de mí— Pareces un títere de
esqueleto mal manejado.

— ¡Bobo!— Me ahogué con mi sorbo de agua, tosiendo fuertemente.

— ¡Seré bobo, pero no estoy sufriendo como tú por unos estúpidos zapatos de
plataforma que a leguas se les ve que son incómodos y maltratadores!—forcejeó contra mí.

— ¡Eso es mentira!—El calor se elevó a mi cara


— ¿De verdad?—sofocó una risa—Yo veo muy bien que estás sufriendo muchísimo
por esos tacones.

— ¡Pues, estás viendo muy mal!—mi respiración se encaminó en profundos jadeos.

— ¡Sí, claro!— ladeó la cabeza— ¿Me vas a salir con el mismo cuento que salen el
99% de las mujeres en el mundo entero? Ese que expresa ―No me gusta; sin embargo, lo
uso porque está de moda‖

— ¡Tú sabes que yo no soy así!—gemí internamente— ¡Yo no me visto ni actúo


según la moda, yo lo hago según lo que me gusta y me identifica!

—Entonces, —no podía simular la burla en su voz—¿Por qué cargas esos zapatos
que te incomodan tanto?

— ¡Pues, porque los vi en una tienda y pensé que se me verían bien para lucirlos en
esta fiesta!— me encogí de hombros

— ¡Ah, bueno!— Una lenta sonrisa alzó la comisura de sus labios— ¡Realmente sí te
quedan bien!

— ¡Tú sabes que yo no soy chica de andar con zapatos de tacón alto! —Me aclaré la
garganta—Más bien, soy más de usar zapatos cómodos y sencillos; no obstantes…

— ¿No obstante, qué?— Sus ojos se encontraron con los míos

— ¡No obstante, me quería ver linda para esta fiesta porque es la primera a la que
soy invitada!— puse las manos en mis caderas y lo miré con ojos entrecerrados— ¡Yo he
asistido a fiestas de gala, pero nunca a una como ésta!

— ¡Y te vez…hermosísima!— susurró — ¡Me gusta tu vestido!

— ¡Gracias!—le dije y sentí un precioso color escarlata en mi rostro.

— ¡Estoy hablando en serio!—rodeé los ojos— ¡Cariño, te vez encantadora, sensual


y bella!

— ¡No me digas esas cosas! —negué con la cabeza

— ¡No te apenes; por favor! —Me dijo, y su voz era muy suave— ¡No tomes esa
actitud! ¿Y sabes qué?

— ¿Qué?— le repliqué, mirándolo con una ceja levantada.

—Quiero y aspiro verte en todas las fiestas a la que seas invitada luciendo así de
hermosa y…—me dijo mirando provocativamente mis labios.

— ¿Y?— corrí mi lengua por mi labio inferior— ¿Y qué?


— ¡Y si quieres aprender a caminar con esos zapatos, voy a pagarte un profesor de
etiqueta!— Deslizó sus dedos por debajo de mi barbilla y me hizo enfrentarlo cara a cara.

— ¿Qué?— Alcé las cejas— ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No es necesario!

— ¡Sí, lo voy a hacer!— Me dijo y yo puse los ojos en blanco— ¡Y no trates de negarte
porque a partir de mañana lo vas a tener en tu casita dándote clases por algunas semanas!
¡Con ello aprenderás a caminar y a defenderte con esos zapatos con los que no sabes
caminar!

— ¡Noooooooo!—le dije abruptamente.

— ¿Cariño, eres consciente del efecto que causas en las hombres de esta fiesta que
andes vestida así?— me dijo rodando los ojos— ¡No sabes caminar con esos zapatos, pero
se te ven súper sexys! ¡Es excitante!

— ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!— Hizo una pausa por un segundo— ¡Lo que tú digas! Bueno, por esta
noche hemos terminado con nuestra conversación. ¡Tengo personas a quienes tratar esta
noche; así que, adiós, amor! En los próximos días espera a tu nuevo profesor en la puerta
de tu casa.

—Karsten…Karsten…Karsten…—hice un mohín desesperada porque no me dejara


hablando sola ¡Karsten, no te vayas! ¡No me dejes con la palabra en la boca! ¡No te vayas!

— ¡Hasta pronto!—se despidió y se marchó a compartir la fiesta con invitados de


mayor importancia. Yo, exhalé duramente y me sentí bastante fuera de lugar.

Cuando Karsten se retiró lejos de mí me quedé sin habla. Decidí que no quería
tomar agua y le robé una copa a un mesonero que iba pasando. ¡Necesitaba otro trago
urgente! Sobre todo, cuando Miguel me llegó a donde yo estaba de pie, en la fiesta.

— ¡Miguel!—grité sorprendida en cuanto lo vi— ¿Qué haces aquí? ¡Me asustaste!


¿Me estás espiando acaso?

— ¡Quería darte una sorpresa!— sin ninguna disculpa me regaló un rostro ansioso
por hablar conmigo.

— ¡Y vaya que me la diste!—le dije y él frunció el ceño.

— ¡En fin, lo que quiero tratar contigo es demasiado urgente!—me observó con una
mirada oscura bastante terrorífica— ¡No puedo esperar a que nos vayamos a nuestra
mesa!

— ¡Si tú lo dices!— Tragué saliva para deshacer el nudo que tenía en la garganta—
¡Dime!
— ¿Se puede saber qué hacías hace un momento hablando con el príncipe
Karsten?—me preguntó con más ira de la que podía mostrar en un lugar lleno de tanta
gente.

— ¿Qué?—Mi expresión fue de un odioso aturdimiento.

— ¡Lo que escuchaste!—refunfuñó mirándome agriamente— ¿Se puede saber qué


hacías hablando con el príncipe Karsten?

— ¿Tú…tú me viste?—me sentí de repente llena de remordimientos.

— ¡Por supuesto que sí!— asintió solemnemente— ¡Los dos estaban discutiendo con
suficiente sobresalto! Yo no pude oír bien sobre lo que estaban riñendo, por eso te
pregunto qué hacías con él. ¿O es que acaso piensas volver con ese ruin?

—Miguel…—abrí los ojos de par en par.

— ¡Si los dos van a volver, dímelo de una buena vez!— Me ordenó con una mirada
feroz en los ojos— ¡No quiero quedar otra vez como el tercero en discordia, ni en el medio
de ustedes dos!

—Ya te dije que…—tragué saliva.

— ¿Qué?— enarcó una ceja— ¿Qué no tienen nada? Conozco lo que se dice del
príncipe Karsten y ese poderoso hombre está esperando es que tú le des un dedito para
agarrarte toda la mano.

— ¡Eso…eso no es verdad!—suspiré profundamente— ¡Él y yo solo estábamos


platicando!

— ¡Sí, platicando!—de repente agarró fuertemente mi mano como para que no


pudiera escaparme.

— ¡Ay!—gemí e intenté zafarme— ¡Me lastimas!

— ¿De qué estaban platicando? —me preguntó iracundo y después me soltó la


mano.

—Miguel…—gruñí porque realmente Miguel me tenía confundida. A veces era tan


dulce y a veces tan violento.

— ¡Dime…!—me pidió con los ojos estrechos.

— ¿Cómo puedo explicarte lo que pasó si estás tan sobresaltado?—empecé a


protestar molesta. ¡Miguel estaba haciéndome una escena de celos en un lugar
multitudinario y ni siquiera éramos novios!

— ¿Acaso tú no lo estuvieras si fuera a mí a quien vieras con una de mi ex?— Su


voz sonó ronca y podía sentir un temblor rabioso en su cuerpo.
— ¡A mí no me importaría!—le anuncié y no era mentira. De verdad que por él no
sentía nada de celos.

— ¡Claro, porque valgo muy poco para ti!— chilló y eso me estremeció muchísimo.

— ¡No!— Le regalé una mirada inquisitiva— ¡No lo tomes así! ¡Para mí tú vales
mucho!

— ¿Entonces, por qué no eres capaz de contarme qué hacías con su majestad?—
entornó los ojos.

— ¡Está bien! ¡Está bien!—murmuré y volví la cabeza hacia un lado— Para que
sepas Karsten y yo no tenemos ni tendremos absolutamente nada; él…él sólo me venía
viendo en la fiesta desde hace rato; entonces, se acercó a mí para saludarme y discutimos
como siempre.

— ¿Se acercó a ti para saludarte?—espetó— ¡Por favor, Dagmar! Él no tiene que


acercarse a ti ni a 100 kilómetros de distancia. Hace años se portó muy mal contigo y
conmigo y lo mejor que puede hacer es tomar distancia.

— ¡Sí, lo sé pero aunque cientos de veces le he dicho a Su Majestad que me deje en


paz, parece que no quiere entender!—mi voz se quebró al decir esto último— Le he dicho
de miles de maneras bastante directas que me deje en paz, pero no lo hace.

— ¡Pues, si es así voy a tener que hablar con él muy seriamente y pedirle que te deje
hacer tu vida en paz!— alargó la mano y me acarició el cabello— ¡Tú eres libre de hacer lo
que se te dé la gana, pero lejos de él!

— ¿Y crees que te va a hacer caso?—contuve el aliento.

— ¡Haré lo mejor posible!—Me dedicó su sonrisa más encantadora y arrojó un


brazo alrededor de mis hombros—Sólo te digo más vale que ese entrometido busque su
camino en otro lado porque no voy a seguir permitiendo que te acose.

Miguel y yo regresamos a nuestra mesa en donde mi madre nos esperaba. Después


de ello, pasaron un par de horas más en las que no tomé otra gota de alcohol. ¡No quería
volverme loca y decir una estupidez de la cual me arrepentiría al día siguiente! Antes de
marcharnos de esa estúpida fiesta, decidí ir al baño.

—Karsten… —grité preocupada y mi voz sonó lenta y deliberada cuando lo sentí


halarme contra una pared solitaria, cerca del baño— ¿Qué haces aquí? ¡No pueden vernos
juntos! ¡Ya Miguel nos vio y se molestó!

— ¿Y crees que le tengo miedo a ese mequetrefe?— Sus labios se curvaron en una
sonrisa

— ¡Karsten, no sé cómo manejar esto! —Le manifesté— ¡Ni siquiera sé si podré


manejarlo!
— ¡Cállate,… por favor!—Me susurró con una voz cargada de deseo— ¡No puedo
resistirme a ti y verte cerca de él, me lástima!

— ¡Todo esto es un intento de vengarte de mí!—le hice pucheros— ¡No me acoses;


por favor!

— ¡Yo no te estoy acosando!—negó.

— ¿Entonces, por qué me persigues a todas partes?—le grité bastante enfadada y


sonrojada.

— ¡Es que…Te ves muy bonita, Dagmar!—me aseguró y se me puso la carne de


gallina— ¡Estoy obsesionado contigo!

— ¡Me parece que tenemos un problema aquí!—sacudí mi cabeza

— ¡Bésame! —me rogó, y no lo pensé ni dos veces. Me arrojé a sus brazos y con
lágrimas cayendo por mis mejillas, lo besé cálidamente.

Cerramos nuestros ojos y gemimos casi que al mismo tiempo. Karsten tomó mi
cabello y me hizo abrir más fuertemente la boca. Se pegó a mi cuerpo y sentí su mano
derecha en mi trasero. Estábamos en un lugar en el que en cualquier momento podría
pasar alguien y vernos.

— ¡Perdóname, Karsten!—temblando separé mis labios de su boca y pude sentir el


pulso más rápido que lo normal ¡Había cometido una locura y esta vez no podía echarle la
culpa a Karsten! ¡Karsten tenía los cabellos alborotados y yo estaba sudando!— ¡Ha sido
sin pensar!

— ¡Es divertido pensar que no solamente yo puedo perder la racionalidad!—dijo


entre risitas el muy canalla— ¡Tú también lo haces!

— ¡Me tengo que ir! —Y empecé a caminar lejos de él con pasos largos.

Al día siguiente en clases de danza nada me salía bien. No podía concentrarme en


nada y los pies estaban decididos a desobedecerme todo el tiempo. Mi profesor me tenía al
borde del colapso y en definitiva ¡Odiaba la danza! ¡Yo no era chica de bailar! ¡Tenía lo que
muchos llaman dos pies izquierdos y si estaba en esa clase era por la tradicionalista de mi
madre!

— ¡Tienes ya seis meses en danza y no has mejorado nada!— me gritó el profesor,


tratando de llamar mi atención.

—Pero, profesor…— Mis ojos se estrecharon.

— ¡No, Dagmar!—Su furia y frustración se dispararon— ¡No me vengas con esa


vocecita de niña tonta! ¡Tú no naciste para bailar! ¡Eres peor que un pie izquierdo!
— ¿Quiere que renuncie a su clase?— gruñí— ¡Yo acepto renunciar si usted me lo
pide!

— ¡Noooo, tú padre me paga muy bien para que estés aquí!— Se frotó la cara con
las manos en clara señal de desesperación e indignación— ¡Así que, ni modo; te tienes que
quedar!

— ¿Me tengo que quedar?— Me quedé sin aliento.

— ¡Sí, lamentablemente!— murmuró—A pesar de que, eres una pena para todos
estos chicos que también estudian danza.

— ¡En definitiva que hoy no es mi día!—me dije en voz baja a mí misma.

— ¿Qué dijiste, Dagmar?— exhaló con fuerza el profesor y me hizo darme cuenta
que aunque había hablado en voz baja, el muy estúpido me había escuchado.

— ¡Nada! ¡Nada!— Lo miré, sorprendida— ¡Nada, profesor!

— ¡Vamos a empezar de nuevo!— ¿Sí?

— ¡Está bien!— Le di una media sonrisa.

— ¡Muéstrame!— me pidió sonando bastante hastiado—¿Cuáles son las cinco


posiciones fundamentales del ballet?

— ¿Qué?— llena de muchas preocupaciones, dejé que mis ojos hablaran— ¿Todas?

— ¡Sí!—asintió— ¡Todas!

— ¡Está bien! ¡Ahí voy!— ¡Oh, por Dios! ¡Esto era tan difícil! Apenas levanté la
punta de los pies y pum, me caí y fui a parar al suelo de sopetón.

Casi que llorando me senté en una escalera del salón, después de esa clase. No
podía creer la cantidad de gritos, caídas y golpes que me había dado en ese día
practicando danza. ¿Por qué mis padres no podían entender que la danza y yo éramos
como el agua y el aceite? ¡Yo no servía para ella y ella tampoco que para mí! Algo molesta,
saqué mi computador de mi bolso y decidí que necesitaba un rápido desahogo.

¡Pues, ya era suficiente! ¡Ya estaba harta de que la gente siempre dijera que no era
buena para nada! Yo iba a hacer lo que más me gustaba y lo que sí sabía hacer, para lo que
tenía talento y para lo que tenía muchísima vocación…y eso, era escribir. Toqué un botón
de encendido, abrí un documento en blanco y comencé a escribir.

“¡Qué triste mañana!


¡Ya comienza a nevar!
Las nubes y los truenos pelean
Por ver quién va a ganar.

¡Quiero bailar sin música!


¡Quiero mojarme sin lluvia!
¡Quiero hablarte sin usar mi voz!
¡Quiero ser para ti, lo que tú eres para mí!

¡Y no me digas lo absurdo que es!


¡No menciones que esto no puede ser!
¡Ni se te ocurra usar tus frases tontas para criticarme!
Porque esta noche yo solo quiero de ti enamorarme.

Es que yo nací para ti,


Vivo por estar siempre a tu lado
Y necesito ser la otra mitad
Que camine torpemente a tu paso.

Por ello, solicito al cielo un poco de lucidez,


Ruego un poco de paciencia para no volverme loca
No puedo aceptar que después de este día
No podré estar mirándote como tonta.

Imploro al universo un poco de caridad,


Pido que no te resistas a hablar conmigo
Para que cuando este día sea claro
La tierra se detenga por nuestro amor sufrido
Entonces, la sangre fluirá por mi cuerpo
Las lágrimas saladas arderán dolorosamente
Y será preferible que me trague la tierra
Que ver al dolor matarme velozmente”.

Y bueno, escribí. Sí, hacía muchísimo tiempo que no lo hacía por muchas razones,
principalmente por falta de tiempo. Aunque, Karsten me había empleado como escritora
para la guardería; realmente a lo que me había dedicado últimamente había sido para
editar lo que ya otros habían escrito.

Finalmente, la clase terminó y regresé caminando a casa. Pensé en que el aire puro
de ese día me relajaría la mente y el corazón. Tenía algo así como un despecho intoxicarte
ante mi vida y los terribles problemas que acarreaba estar en ella. De paso, Karsten para
seguir molestándome me esperaba en la puerta exterior de mi casa.

— ¡Hola, cariño!—me saludó suavemente sonriendo de oreja a oreja.

— ¡Oh, por Dios!—le grité bastante sorprendida y enormemente impresionada—


¿También estás aquí? ¿No puedes dejarme un momento a solas?

— ¡Solo quería verte un momento!—cariñosamente me tomó de la muñeca— ¿Eso


tiene algún problema serio?

— ¡Por supuesto que sí, si alguien nos ve!—le contesté intentando liberarme en
vano— ¿Puedes dejarme ir, ya?

— ¡Te amo demasiado como para dejarte ir!— Su brazo izquierdo me atrajo hacia él
y su boca se posó sobre la mía— ¡Nunca podré dejarte ir!

— ¡Eres un canalla!—empujándolo me limpié la mano con el brazo— ¡Eres un


miserable! ¡No sé cómo puedes llamarte hombre!

— ¡Me gustas así!— me dijo con su cálida voz— ¡Me gustas malhumorada y
gruñona! ¡Me gustas enojada y haciendo rabietas!

— ¡No sigas con eso; por favor!—un músculo se tensó en mi mejilla.

— ¡Hazlo, cariño! ¡Hazlo!— La boca de Karsten se torció en una de sus comisuras —


¡Regálame uno de esos llantos violentos que hacen que me vuelva loco! ¡Regálame alguno
de tus seductores berrinches que me hacen ponerme a tus pies, tan manso como un
corderito!

— ¡Eres un…!—lo empujé con mayor fuerza y desviando su tosco cuerpo, pasé por
su lado y entré a mi casa.
Entré a mi casa sudorosa, excitada y con las hormonas bastante alteradas.
Afortunadamente, mi madre no percibió nada de ello.

— ¡Hola, mamá!—cariñosamente la saludé con un beso en la mejilla— ¿Qué tal tu


día?

— ¡Hola, hija!—mi mamá me saludó y presurosa me entregó un sobre blanco en las


manos— ¡Toma!

— ¿Qué es, mamá?—le pregunté dudosa y rápidamente abrí el sobre— ¿Son


entradas para el evento privado de la Familia Llionerst? ¡No lo puedo creer! ¡Es el evento
social de la temporada y solo las personas más relevantes pueden entrar!

— ¡Sí, hija!— sonrió y me guiñó un ojo— ¡El señor del correo trajo tres invitaciones
con pases de entrada y pensé que tú querrías ir conmigo!

— ¡Claro que sí!— le respondí sonriendo— ¡Me fascinaría ir contigo!

— ¡Y ahora que lo pienso…si son nuevamente tres pases, puedes invitar otra vez a
Miguel!—mi mamá me dijo de repente y eso me hizo palidecer. ¡No había pensado en él
en ningún momento! ¡En la fiesta anterior había sido complicado tener a Karsten y a
Miguel tan cerca de mí! ¡Había sido como quedarme sin oxígeno!— La vez pasada
asistieron a la fiesta Miguel y tú solamente y ahora yo no quiero que lo dejes por fuera, por
llevarme a mí.

—Mamá…—arrugué mi frente.

— ¡No te preocupes!— Se levantó del sofá y tomó el teléfono dispuesta a


comunicarse con Miguel. Si yo no estuviera tan cerca de mamá, hubiera estrellado mi
puño contra el idiota teléfono. ¡No me gustaba mucho la idea de salir nuevamente con
Miguel a un evento social en donde seguramente estaría Karsten! ¡No me atraía nada!—
¡Yo misma voy a llamarlo y a invitarlo!

—Espera…—quise detenerla, pero me dio la espalda y comenzó a marcar el número


de contacto.

— ¡Lo haré, ahora mismo!— ignorándome comenzó a hablar con Miguel.

— ¡Por, Dios!— me cubrí el rostro con las manos y no sentí nada de alivio. ¡Esa
noche sería un problema, otra vez!

Esa noche a pesar de mis múltiples excusas, Miguel, mi madre y yo asistimos al


evento social. Esta vez, no me puse zapatos de plataforma sino un sencillo par de
sandalias muy cercanas al suelo. Me coloqué un vestido rojo fuego porque era mi color
favorito y mi cabello estaba suelto.
En cuanto, Karsten me vio junto a Miguel se puso muy celoso. Su cuerpo se puso
duro y me miró con ojos de recriminación. ¿Qué se estaba creyendo Karsten? ¡Yo no le
debía ninguna explicación de lo que hacía con mi vida! ¡Él y yo no estábamos juntos!

— ¿Qué hace ese niño bonito aquí?— Me preguntó mordiéndose los labios de la
rabia y yo levanté la mirada para encontrarme con la suya.

— ¡Calma! ¡Calma!— Mi respiración se mostró en fuertes jadeos— ¡No te


desesperes, Karsten!

— ¿Qué no me desespere?— se quejó con amargura― Yo logré que te invitaran a


todos los eventos relacionados con la realeza y la alta sociedad porque quería verte, no
para que vinieras con Miguel. ¡Ya has asistido dos veces a estas fiestas y has venido pero
acompañada de ese mono quisquilloso!

— ¡Eh, eh, eh!— Lancé un sonoro bufido— ¡Espera un momento allí, millonario
tirano y presuntuoso! Sí, tengo que admitir que tú has influenciado para que me invitaran
a estos eventos; no obstante, también sé que por cada invitación a uno de estos eventos me
dan pases de entrada; por lo que, creo que soy libre de escoger a quien traer conmigo.
Primero vine con Miguel porque eran dos pases y, esta noche vine con mi madre y con él
porque eran tres pases.

—Era para que tus padres te acompañaran, no para ese…—gruñó.

— ¡Mi papá aún está convaleciente; así que le puedo dar ese pase sobrante a quien
yo quiera!— me mordí el labio inferior— ¡Nadie me lo impide!

— ¿Y por qué nuevamente a él?— El rostro de Karsten se volvió acero.

— ¡Porque yo quiero!— Apretando los labios, di mi mejor berrinche.

— ¡Si es así voy a hablarle a quien corresponda para que te den solamente dos pases
de entrada!—me sermoneó bruscamente— ¡Serán únicamente dos pases, el de tu madre y
el tuyo!

— ¿Qué?—levanté una ceja

—¡Sí, y agradece que no haga que te den un solo pase de entrada!—me retó
seriamente— ¡Sé que tienes una madre cavernícola que no quiere dejarte salir sola y que
insiste, insiste, e insiste en acompañarte a estos eventos, así que confórmate!

— ¡Si haces eso, no asisto más; así te pongas furioso!—lo desafié cruzándome de
brazos— ¡Ya no te tengo miedo, Karsten!

—Sigue, sigue, sigue haciendo lo que estás haciendo y veras que tan tirano puedo
llegar a ser!— Se rió como si se tratara de una mala broma en una película de comedia de
las que no llegan a tener nunca éxito— Conmigo no se va por el camino del miedo, cariño.
¡Conmigo haces lo que a mí se me da la realmente gana!
— ¡Eso si yo lo permito!— Tragué con dificultad en un intento por recuperar mi
voz.

— ¡Lo tendrás que permitir, cariño; porque si no te voy a obligar y no sabes lo que
me encanta hacer lo que quiero con las personas que se me rebelan!— se pasó la mano por
la nuca.

— ¡Eres un bárbaro prehistórico!—le regalé una de mis mejores miradas asesinas.

— ¡Soy el perfecto hombre de las cavernas! —murmuró mordazmente el cabrón


arrogante.

— ¡Sin embargo, esta vez no voy a dejarme ganar!— Sentí que se me encogía el
estómago, pero no me dejé dominar— ¡Si quieres que siga asistiendo a estos eventos, tus
―amiguitos‖ me seguirán entregando tres pases de entrada y si no quieres, pues que no me
entreguen ninguno!

— ¡Está…está bien, cariño! ¡Está bien! —al fin se rindió aunque se le notaba a leguas
de distancia que le hervía la sangre tener que ceder ante mi petición—Más quiero que
sepas que lo acepto solo para ver cómo te hundes en el pecado al querer estar conmigo y
no con Miguel actuando como un tonto, al ser tu perfecta parejita de baile; mientras tú solo
piensas es en estar conmigo

—Karsten… —sentí un pequeño escalofrío— ¿Acaso es que tú vives en otro


planeta? ¿Vives en el planeta de la maldad?

— ¡Algo así!—me expresó mirándome lascivamente— ¿Quieres acompañarme a


dormir allí?

— ¡No!— solté despavorida sin dar crédito a lo que estoy oyendo— ¡Prefiero dormir
en la cama de mi habitación protegida de tus patrañas!

— ¿Cariño, cuándo vas a aceptar que tú eres la rosa y yo la espina?— Me advirtió


con un tono tajantemente que no admitió peros— ¡Nunca ninguno de los podremos existir
uno sin el otro!

— ¡Tu ego no conoce límites!—Respiré hondo— ¿Por qué eres tan arrogante,
Karsten? ¡Abusas de mi paciencia y de mi cordura! ¡Si sigues molestándome voy a tener
que renunciar a trabajar para ti sin importarme que me pagues buen sueldo!

— ¡Hazlo!— Me manifestó con voz gruesa y seductora— ¡Qué lástima que tus
padres tengan toda su confianza puesta en ti!

— ¡No…no te atrevas a manipularme con mis padres!—agité las manos al aire.

— ¡Ay, Dagmar!—me acarició la mejilla— ¡Eres tan hermosa! ¡Cuando pones esa
cara de domadora de leones, quiero agarrarte, besarte, pegarte de una dura pared y
hacerte mi mujer!
— ¡Eres una espinilla en el trasero! —lo empujé y huí de él, definitivamente me
molestaba la estúpida lasciva mirada en su cara que pretendía manipularme cuando le
daba la gana.

El día sábado no tenía que trabajar y pensé en dormir hasta tarde, pero…
¡Nuevamente Karsten me sorprendió con una de las de él! De verdad que Karsten podía
ser el mejor de los ángeles que pudieron existir. ¡Estaba acercándome a él con cada acción
que hacía, con cada palabra que me decía y con cada toque que me daba!

— ¡Buenas tardes señorita Dagmar!—anunció en mi puerta un sujeto vestido de


coloridos trajes que me dedicó una cálida sonrisa— ¡Soy el entrenador de Misses Ezequiel
Cortez y vengo de Venezuela porque su majestad, el príncipe Karsten me contrató para
darle clases de pasarela, durante dos fines de semana!

— ¿De pasarela? ―Mi cerebro se negó a procesar esa información y casi que me caí
de golpe en el duro suelo— ¡Eso no es posible!

— ¡Sí, Su Majestad quiere que le dé clases de pasarelas!—me respondió el muy


elegante entrenador de Misses—Éstas incluyen el conocer cómo caminar con zapatillas de
tacón, cómo actuar en eventos sociales importantes y cómo arreglarse hermosa para asistir
a estos lugares.

—Esteeee—Mi voz tembló, pues no podía procesar todo ello. Sí, Karsten me había
dicho que me contrataría ayuda, pero nunca le creí que cumpliría su promesa.

— ¡No me vea así; por favor!—el sujeto gay comenzó a ponerse nervioso y a
mostrarse apenado— ¡Usted me va a hacer sonrojar! De verdad que aún no puedo creer
que el príncipe Karsten me haya contratado a mí para trabajar para él. ¡Es el sueño de mi
vida! ¡Oh sea, venir de mi país para venir a este para laborar para la realeza! ¡Es mágico!

—Bueno… —sonreí para mí misma. De verdad, que el tipo se veía bastante feliz de
trabajar para Karsten.

— ¡No es bueno, es buenísimo!— Ezequiel me abrazó de felicidad y estrechó mi pecho


sobre el suyo. En seguida supe que él estaba feliz de que su sueño se estuviera haciendo
realidad— ¡Tengo una alegría tremenda!

— ¡Ah!—logré apartarme— ¡Si usted lo dice!

— ¡Lo digo y lo mantengo!— Apretando sus ojos, tragó duro y luchó por mantener
el control— ¡Es que se me eriza la piel de sólo pensarlo!

— ¡Entonces, es mejor que no se quede por más tiempo parado aquí afuera pasando
frío!—mis ojos buscaron los de él y rendida decidí que aprovecharía esa oportunidad que
se me estaba presentando— ¡Venga, vamos al gimnasio de la casa que tiene espacio como
para esta clase de entrenamientos!
— ¡Oh, gracias!— el hombre tomó su maleta de viaje y me siguió hacia el camino
que nos llevaría a ambos al gimnasio.

— ¡Bienvenido a mi casa!— le dije en cuanto estuvimos frente a frente de la puerta


que nos comunicaba con el gimnasio y abriéndola lo invité a pasar— ¡Póngase cómodo y
que inicien las clases!

Las horas pasaron entre clases y clases de pasarela. Al final, hasta mi madre decidió
participar en ella aunque también se dio cuenta que el modelaje no es tan fácil como salía
por televisión. Aprendí a medio caminar en tacones, a dar volteretas, a sentarme
acordemente.

— ¿Por qué mandaste a este profesor a mi casa?—le dije esa noche a Karsten al
teléfono— ¡No pensé que te tomarás tan enserio tus palabras de enviarme un profesor de
pasarela!

— ¡Yo siempre me tomo lo que digo muy enserio!—Una risa incrédula se dejó
escuchar— ¡Vamos, no es tan terrible como parece!

— ¡Entonces, gracias!— Aspiré una respiración inestable— El profesor me ha


enseñado muy bien a caminar y a desenvolverme correctamente cuando estoy usando
zapatos de tacón alto.

— ¡Qué maravilla!—me dijo y el latido de mi corazón se hizo más fuerte— Pues,


entonces valió la pena traerlo directamente de Venezuela

— ¿Y por qué hiciste eso?—titubeé— ¡Oh sea, fue una locura traerlo de tan lejos
cuando tú tienes tantos empleados aquí!

— ¡Quería al mejor y él es uno de los mejores! —simplemente contestó.

— ¡A mí me encantaría visitar alguna vez Venezuela, conocer sus playas, sus


montañas!—comencé a divagar— ¡Quisiera irme sola para allá y volar libremente como
una paloma! ¡Qué lástima que ese país actualmente este sufriendo tanto!

—Eres demasiado inmadura como para andar pensando en irte sola a otro país—el
muy idiota comenzó a molestarme.

— ¡Eres patético!—gruñí— ¿Sabías?

— ¿Qué demonios te pasa?— Escuché la ronquera en su voz— ¡No he dicho nada


que no sea verdad! ¡Si quieres viajar, debes hacerlo conmigo!

— ¿Cuándo demonios vas a madurar y a comportarte como un príncipe de


verdad?— le grité como una loca y sin dudarlo le colgué la llamada— ¡Hablamos después!

Truenos retumbaron en el cielo durante la noche y como consecuencia, parecía que


las paredes temblaban, en tanto, el viento golpeaba y silbaba afuera de mi casa. ¡Me sentía
muy sola! Aunque dudara en admitirlo, extrañaba a Karsten y cada cosa que hacía por mí
era maravillosamente estupendo! ¡Adoraba esa parte de él!

Y pensar en ese tipo de cosas, fue lo que no me dejó dormir en toda la noche. No
podía dejar de analizar que me estaba debatiendo entre dos grandes amores y dos
perfectos hombres. Karsten era el hombre imperfecto que me miraba con lujuria. Miguel
era el chico correcto que me miraba con ternura. ¿Cuál de los dos era el mejor para mí?

Esa misma pregunta no me la dejaba de hacer al día siguiente cuando desayunaba


con mis padres. ¡Mi mente estaba bien nublada mientras tragaba y no podía sacarme de las
entrañas una muy justificada sensación de vulnerabilidad. Esa mañana estaba tan cansada
de todo y me sentía tan enormemente trasnochada que pedí el día libre en mi trabajo y
como Ally me invitó a pasear con ella a la playa, me fui a tomar el sol con mi amiga. Para
ello, me puse un bikini azul para nada, nada deslumbrante y unos lentes oscuros que me
protegían del incandescente sol.

Fue espectacular la sensación del sol rumiante quemando mi piel, fue divino sentir
lo salado del mar libertario, fue alegre sentir la arena fantasiosa sobre mi espalda y mis
pies. En definitiva, un lugar como ese era el que necesitaba para desahogar mis problemas
ante Ally:

— ¡Cuando era niña no me importaba nada!—murmuré con los ojos llenos de


lágrimas— ¡Normalmente las demás niñas se burlaban de mí y los chicos me gritaban lo
fea que era solo porque era gordita! Ahora resulta que crecí, rebajé varios kilos que tenía
demás y dos hombres se pelean por mí ¿Qué les pasa?

— ¡Amiga, no sé qué decirte!—Allý me miró suavemente y después se mordió su


labio — ¡De verdad!

—Dime lo que quieras…—la tomé de la mano— ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor!

— ¡Miguel es maravilloso y Karsten en cambio, es…insoportable; pero, al final los


dos son encantadores!— Ally me miró con un brillo especial en los ojos— ¡Así que tienes
que decidir tú misma cuál te gusta más! ¿Con cuál de los dos te vas a quedar?¨Yo si fuera
tú no sabría a cuál escoger ¡Los dos son guapísimos! Miguel es amigable y cariñoso,
Karsten es amargado pero sexy.

— ¡Amiga, hablo en serio!—fruncí el ceño— ¡No te estoy pidiendo que me los


describas tal y cómo son porque ya los conozco a los dos!

— ¡Sí, pero no sabes a cuál escoger y yo te puedo dar algunas pistas!—se rió entre
dientes— ¡Además, me dijiste que te dijera lo que quisiera!

— ¡Pero, así no tanto!—puse los ojos en blanco— ¡Además, claro que sí sé a quién
escoger, escojo a Miguel porque Karsten es de lo peor!
— ¡Pero igual te gusta!—Ally se encogió de hombros y yo no podía creer lo que ella
me estaba diciendo ¿De verdad prefería a Karsten que a Miguel? ¿En serio me estaba
diciendo que Karsten me gustaba? ¡Oh, no! ¡Esa era pesadilla!

— ¡Por supuesto que no me gusta!—mis mejillas se tiñeron de rosa y presurosa me


levanté del mimbre que estaba bajo la carpa, en la orilla de la playa— ¡Lo odio con todas
mis fuerzas!

— ¿De verdad?—sus rubias cejas se arquearon.

— ¡Sí!—tratando de disimular mi notable exaltación me senté de nuevo en el


mimbre— ¡Lo odio más de lo que se puede odiar a alguien!

— ¡Si tú lo dices!—Ally respiró profundamente— ¡En fin si amas es a Miguel, no le


hagas caso a Karsten, para nada y de ninguna forma!

— ¡Sí, tienes razón!—Titubeé— ¡Para nada debo hacerle caso!—Parecía que yo


hablaba en serio, y que mis palabras eran la verdad suprema, pero…

— ¡Amiga, te voy a decir algo!—Ally se aclaró la garganta— ¿No crees que


sabiendo que el príncipe heredero está enamorado de ti deberías escogerlo a él y dejar la
tontería pasada con Miguel? Se te nota en la mirada que Miguel ya pasó a un segundo
plano.

— ¿Qué?—eché la cabeza hacia atrás y solté una carcajada mal dramatizada— ¿Te
volviste realmente loca? Ese troglodita destruyó mi vida y…

— ¡Y… tú no lo amas!—ella completó mi frase irónicamente— ¿Es eso lo que me


querías decir?

— ¡Sí, claro que sí!—me crucé de brazos ofuscada.

—Amiga…—me dijo sacudiendo su cabeza— ¡Tú puedes engañar al mundo entero,


pero te conozco mejor que nadie y sé que amas al príncipe Karsten!

— ¡Ay, por favor!—arqueé las cejas hacia ella— ¡Ni siquiera sé por qué juras y
perjuras que él me ama y yo lo amo a él! ¡Oh sea, él no puede estar enamorado de mí! Yo
soy una chica normal de senos pequeños y, algo bajita que no está acorde para salir con
alguien como Karsten. ¡Él se puede conseguir a una chica mejor que yo!

— ¡Pero, te ama es a ti!—replicó con una sonrisa— ¡Ésta es tu oportunidad!

— ¡No!— negué con la cabeza— ¡Yo quiero es a Miguel!

— ¡Lo quieres, más no lo amas!—Ally sonrió.


En ese momento, pasó por nuestro lado el entrenador de Misses Ezequiel Cortez, el
condenado también estaba disfrutando de un día libre de playa y sol. Allý muy
descaradamente, no pudo evitar dejar de comérselo con la mirada.

— ¡Ya te dije que es gay!— la reprendí y ella no pudo evitar sonreír.

— ¡Es demasiado guapo para ser gay!—se rascó ligeramente la cabeza.

— ¡Sí!— suspiró desigualmente— ¡No obstante, es gay y punto!

— ¡Bueno, ojalá no hubiese sido gay!—exhaló un aliento derrotada.

Una hora más tarde decidí entrar a la playa. Necesitaba algo de esparcimiento y
diversión para olvidar mi desastrosa relación con los hombres de mi vida. Apenas toqué el
agua, la piel se me erizó, las olas chocaron contra mí y el silbido de unas gaviotas cerca de
una montaña cercana me decían que eso sí era una vida feliz. Cuando los animales eran
libres eran felices gozaban yendo de un lugar a otro y no había nadie que los lastimara.

— ¡Ese traje de baño te queda muy bien!— ¡Oh rayos, Karsten apareció de una
estocada dentro del agua, detrás de mí!— ¡No es sexy, pero a ti te queda delicioso!

— ¿Qué… qué haces aquí, Karsten?—le dije nerviosa y supe que había entrado a la
playa totalmente vestido— ¿Cómo supiste que estaba aquí?

—Creo que…—sonrió petulante, me dio la vuelta hacia él y me alzó hacia su cuerpo


hasta que mi pelvis chocó contra su duro estomago— ¿Puedo decir que adiviné?

— ¡No seas mentiroso!—le recriminé exasperante— ¡Obviamente, me estabas


persiguiendo!

— ¡Bueno, sí!—dijo con voz suave— ¿Para qué te iba a mentir? ¡No podía sacar de
mi cabeza la imagen de ti en bikini; así que, sucumbí a la tentación y decidí venir a
acosarte un rato! ¡Necesitaba esa cercanía que solo el estar con la mujer que amas te puede
dar!

Lo miré a los ojos y sentí una sensación de paz. Karsten tenía los ojos más lindos del
mundo, sus labios eran carnosos y sus dientes revelados en una sonrisa, era de un blanco
perfecto. Por un momento, ambos nos quedamos en silencio y lo único que se escuchaba
era el movimiento de las olas y el cantar de los pájaros.

Sin ningún tipo de timidez me arrojé sobre Karsten y comencé a besarlo duramente.
Él me devolvió el beso y me apretó contra su cuerpo. Sin pensar en las consecuencias que
ese acto me podría acarrear, lo agarré del cuello y ambos nos hundimos debajo del agua.
Nuestros cuerpos nadaron sincronizados pegado uno del otro. ¡Era la perfecta armonía
para un día totalmente completo!

Ambos flotamos para tomar un poco de aire y el sol quemó nuestras pieles. ¡Era
fantástico saber que la playa estaba medio vacía y que la gente no reconocería nuestras
verdaderas identidades! Y ponerme a pensar en eso nubló oscuramente mi mente. Mi
cuerpo se bloqueó un segundo al pensar en el pobre de Miguel y la alegría que había
sentido hacía poco momento, se derrumbó objetivamente. Bastante nerviosa me separé de
Karsten y corrí fuera de la playa. ¡Estaba traicionando la confianza del pobre de Miguel!
¡Yo era un monstruo! Sin dar más explicaciones de las que consideré Ally merecía, le pedí
que regresáramos a casa; pues, no podía permanecer más allí.

En mi casa, pasé largas horas cuidando de mi papá. Mi madre salió todo el día de
compras y por un instante, fui feliz de saberla algo más relajado. Ella adoraba comprar y
bueno, una que otra vez compraba algo que realmente se necesitaba en el hogar. Lo demás
eran detalles que acaban en un rincón oscuro de depósito de la casa.

Miguel después de salir de su trabajo, fue a mi casa y se dedicó a preparar la cena


para mi familia. ¡Verlo tan relajado me hizo sentir como una terrorista haciéndole daño
para beneficio propio!

—El príncipe y tú…— resonó con voz profunda; en tanto picaba una cebolla.

— ¡El príncipe y yo nada!—alcé las cejas y me acomodé en un asiento— ¡No niego


que hace años fuimos muy amigos; pero en este momento, él y yo solo mantenemos una
estricta relación profesional!

— ¿Sí?—su voz sonó tensa— ¿Y qué tan profesional es?

— ¡Muy profesional!— sonreí como tonta ante mi descarada mentira. En definitiva


mi ser no entendía el por qué últimamente estaba actuando así de falsa y de mentirosa; ya
que, sin pensármelo mucho últimamente todo era un engaño en mi vida— ¡Es más, chico,
ahora los dos ni nos vemos en el palacio, yo estoy trabajando como sustituta de mi padre
en una de las guarderías del palacio y él está dentro de su gigantesco castillo.

—¡Creo que es bueno que ni se vean dentro de los exteriores de palacio ni fuera de
él!—me dijo con aspereza—¡Tú estás sustituyendo a tu papá en su empleo y si no quieres
dañar el trabajo del señor Thiago, lo mejor que puedes hacer es guardar la debida
distancia con todos los miembros de la realeza!

— ¿Acaso esos son celos?—sus palabras me hicieron irritar y me tomó toda mi


fuerza de voluntad no agarrarlo a patadas y mandarlo hacia la China. ¡Él era un chico
bueno, pero se estaba volviendo obsesivo!

— ¿Por qué te diría que no si la verdad es que odio que el príncipe esté cerca de
ti?— Él miró mis ojos claros, y sonrió.

— ¡Yo no estoy cerca de su majestad Karsten!— le lancé una mirada horrible y me


dirigí a la nevera para tomar un poco de agua— ¡El espacio exterior del palacio es bien
grande y hay demasiada distancia en el medio de los dos para que nos estemos viendo!
— ¿Estás queriendo decir que ésta vez sí puedo confiar en ti?—me preguntó con
una sonrisa insinuante y esperanzadora— ¿No me vas a engañar nuevamente con él?

— ¡Yo nunca te engañé!—cerré los ojos, tragué saliva y me serví el agua en un vaso
de vidrio— Y vuelvo a decírtelo una vez más para que te entren mis palabras en ese
cerebro tuyo: Tú fuiste el que nunca me creyó.

— ¿Y qué hubieses creído tú si fuera al revés?— se cruzó de brazos soltando el


cuchillo— ¿Qué hubiese pasado si fueras sido tú la que me hubiese encontrado
besándome apasionadamente con otra mujer?

— ¡No fue…No fue apasionadamente!—me quedé perpleja y me atraganté con el


agua— ¡Él me robó ese beso y yo… y yo estaba tan impactada de verlo hacer eso que no
me defendí como debería haberlo hecho!

—Es que…—me dijo con voz ronca— ¡Es que tú me gustas mucho y no quiero que
ese sujeto nos separe otra vez! ¡Quiero empezar de nuevo contigo porque muero de amor
por ti!

— ¿Qué…qué quieres decir?—sentí un nudo en la garganta y me acerqué a él.

— ¡No lo sé!— masculló— ¡No obstante, cuando me volví a reencontrar contigo


toda mi vida se puso en orden! ¡Siento como si antes hubiese estado viviendo a la orilla de
una cascada intentado luchar por salvar mi vida!

— ¡Miguel, perdóname!—sentí un escalofrío bastante profundo— ¡Perdóname por


todo lo que te hice sufrir!

— ¡Yo…yo te perdono! —Miguel después de unos largos segundos suspiró y asintió


con la cabeza. Finalmente, terminó de cortar la cebolla! ¡Terrorífico cuchillo del demonio
no caigas de nuevo en las manos de Miguel que de seguro lo usará para asesinarme por
infiel!

Al día siguiente trabajé descaradamente. Di mi mayor esfuerzo y sudé la gota gorda


para realizar uno de mis mejores escritos. Mi superior me felicitó y acordó publicarlo en
cuanto pudiera en uno de sus libros pero resguardando mi autoría. En la tarde, me
encontré a Karsten en mi heladería favorita; la cual para variar quedó solitaria en cuanto él
llegó.

— ¡Me gustan las mujeres como tú! —me acarició la mejilla y se sentó en mi mesa—
¡Eres mansa como un gatito y salvaje como una tigresa!

— ¿Acaso me parezco a un gatito o a una tigresa?— Le pregunté temblando ante su


notable proximidad y tratando de alejarme de él, tomé la ración de helado que me estaba
comiendo y se lo arrojé en la cabeza— ¡Sí, definitivamente parezco esos animalitos! Ja, ja,
ja,ja
— ¿Crees que lo que acabas de hacer es gracioso?— Mi tono burlón hizo sonreír a
Karsten, por lo que, después de quitarse con la mano el helado de la cabeza, tomó un poco
de crema en su dedo y la chupó.

— ¡Claro que sí, por fin alguien te dio una cucharada de tu propia medicina!— no
pude evitar mi larga carcajada— ¡Te lo merecías!

— ¡Ya basta!—Percibí como Karsten respiraba profundamente para evitar así la


sangre bullir por sus venas— ¡Ya basta! ¡Te voy a enseñar que nadie se ríe de mí!

— ¡Suéltame!—grité apenas sentí que Karsten me tomaba con fuerzas mis


hombros— ¡Suéltame idiota!

— ¡No te voy a soltar!—Karsten comenzó a regalarme un rastro de besos por mi


cuello, mi mejilla y mi boca— ¡Quiero que te sigas riendo en mi cara, pero bien pegada a
mí!

— ¡Déjame!—le supliqué y reconocí el aliento de Karsten por mis hombros, mis


brazos y el hueco en la base de mi garganta. ¡Mi cuerpo ardía en llamas!— ¡No! ¡No lo
hagas!

— ¿Crees que el hecho de que Miguel haya entrado sin solicitar permiso, a una
reunión importante que tenía con el Duque de Chetrely para exigirme que te deje en paz
es suficiente para mí?—de repente me dejó los labios en completa libertad, pero continuó
con su abrazo— ¡Él no tiene derechos sobre ti!

— ¿Y por qué Miguel haría algo tan espantoso?—le pregunté de golpe a Karsten
tratando de procesar lo que Karsten me acababa de decir— ¿No hiciste algo en contra de
él? ¡Oh rayos, Karsten! ¡Nada de esto estaría pasando si dejaras de molestarme!

— ¡No pienso dejarte de molestar!—me amenazó bastante frustrado— ¡Tú eres mía!

— ¡No! ¡No soy tuya!—le susurré con rabia, me levanté de mi asiento y busqué
escapar de allí— ¡Yo soy de Miguel!

Karsten me miró con rabia, se le notaba en los ojos que mis palabras le habían
molestado mucho porque inmediatamente me soltó.

— ¿Te crees muy encantadora, verdad?—se alejó varios pasos de mí y me lanzó una
mirada herida.

— ¿Qué…?—fruncí el ceño.

— ¡Voy a demostrarte que ni las amenazas del mentecato ese ni que tú me digas en
mi cara que eres de él, me van a hacer renunciar a ti!— El rostro de Karsten se suavizó al
instante en un esbozo de sonrisa— ¡Tú estás atada a mí para siempre!
— ¿Qué…?—pero no me dejó que terminara de hablar; en cambio, caminó hacia mí
y colocó su brazo alrededor de mi espalda, me miró sonriente y luego levantándome y
haciéndome envolver las piernas entre sus caderas, me alzó. Puso sensualmente, sus
manos en mi espalda dejando mis pies tendidos en el aire; después de eso, lo único que
sentí fue sus labios pegados a los míos.

— ¿Qué ha pasado?—titubeé— ¿Por qué me has besado otra vez?

— ¡No ha pasado nada!—se encogió los hombros con cara de inocencia— ¡Eso solo
fue un besito de amigos!

— ¡Mentiroso!—le dije lanzándole una mirada furiosa.

— ¡No lo puede evitar y menos cuando estás teniendo esa mirada de gata en celo
que tanto me agrada!—manifestó Karsten, curvando los labios en una enigmática sonrisa.

— ¡Tonto!—mi mirada se ensombreció.

— ¡Es una broma!— me dedicó una de sus sonrisas más sexys— ¿Quieres qué te
acompañe a comerte ese helado?

— ¡Karsten!—lo corté con brusquedad.

— ¿Es eso un sí?— abrió los ojos desmesuradamente.

— ¡Bueno, quédate conmigo pero no vayas a empezar con tus cosas!— le afirmé con
una expresión severa en el rostro y después nos sentamos en la misma mesa.

— ¡Tus deseos son órdenes para mí!— me miró con solemnidad

— ¿Quieres que pida un helado por ti?—le dije embozando una sonrisa.

— ¡No, no soy muy amante del dulce!—me miró a los ojos y sonrió.

— ¡Ah! ¡Sí, es verdad!—cerré los ojos infantilmente— ¡Ya ni me acordaba de eso;


bueno, me lo voy a comer yo sola!

— ¡Dagmar!—tragó saliva.

— ¿Sí?—lo miré con ojos centelleantes— ¿Tengo un bicho pegado a la cara?

— ¡No, no es eso!—se relajó en la silla con pose arrogante— ¡Sólo es que no te vez
muy contenta y eso que ya tu padre fue dado de alta!

— ¡Sí! ¿Debería estarlo verdad?—contuve el aliento— Pero, igual no lo puedo estar


del todo; me preocupa su salud y no quiero que le pase nada malo. Deseo que se mejore
pronto.

— ¡Tu padre es bastante fuerte!—Karsten alzó la barbilla.


— ¡Sí, pero eso no le quita el que le haya dado un ACV!—se me cortó la respiración
por unos segundos— ¡Karsten, él está muy débil!

— ¡Cuánto me gustaría poder quitar todas esas preocupaciones de tu cabeza!—me


dijo y nuestras miradas se cruzaron en completa armonía— ¡No me gusta verte sufrir!

— ¡Gracias por decir eso!—le respondí sin apartar la mirada de él— ¡De verdad que
esas palabras me hacen mucho bien!

— ¡Esas, no son simples palabras!— me dijo Karsten sonriendo—¡Es lo que siento


muy adentro de mi corazón! ¡No quiero que sufras nunca más en tu vida!

Mi corazón latía cada vez más de prisa, no sabía por qué pero tenía un ansia loca
porque me besara.

— ¡Eres…una mujer maravillosa y mereces todo lo mejor del mundo!—continuó—


¡No mereces para nada todo lo que te está pasando! Me imagino que ahora manejando la
casa, todo se te hace mucho más fuerte.

— ¡El trabajo para mi padre es lo más importante y es por eso que no quiero que
fracase mi plan de sobrellevarlo y manejarlo!—tímidamente entrecerré los ojos— ¡Aunque
soy nueva trabajando y estoy de escritora estoy haciendo lo mejor que puedo para no
fallarle a mi papá! ¡Mi papá no podría aguantar un malestar más!

— ¡Puedes contar con toda mi ayuda!—añadió con una media sonrisa.

— ¡Gracias!—tartamudeé y luego desvié la mirada.

— ¡De verdad que tus ojeras te delatan! —Se lamentó— ¿Has estado tan ocupada en
estos últimos días?

— ¡Mi mamá y yo intercambiamos turnos de noche durante los fines de semana


para darle la medicina a mi papá!—le regalé una exclamación sofocada— ¡Durante los
cinco días de la semana se encarga el equipo médico! ¡Mi padre no quería que
contratáramos a ese equipo médico; pero como tú lo enviaste aceptó y por ello, pudo
regresar rápido a casa!

—Sí, me imagino…—Recorrió el perfil de mi rostro con los dedos—A veces es muy


difícil lidiar con los enfermos.

—Yo… —musité—Yo a veces me siento…

— ¡Sí, sé cómo te sientes!—me miró fijamente— ¡No es nada lindo tener a un


familiar enfermo!

— ¡Tú…yo sé que tú lo dices por experiencia propia!—me aproximé a él y le tome


una mano— ¡Tu padre estuvo mucho tiempo enfermo y tu madre murió de cáncer luego
de luchar por dos años contra esta terrible enfermedad!
— ¡Ya yo superé eso!—me miró con frialdad.

— ¡Pero, igual te duele!—le dirigí una mirada de comprensión que esperé gustosa
que lo hiciera abrir su corazón ante mí— ¡Te duele muchísimo!

— ¡Eso ya pasó! —dejó escapar una risita desdeñosa.

— ¡No debes reprimir tus sentimientos!— le dije con un hilo suave de voz— ¡Sé que
aún te duele! ¡Yo sé que si me fuera pasado a mí, la vida fuera ser como una tormenta sin
rayos ni centellas, es decir vacía!

— ¡Puede ser que haya sido vacía, pero tú llegaste y la llenaste!—me expresó
Karsten, demorando la mirada en mis senos, en clara señal de que ya no le interesaba
hablar de sus padres— ¡Eres la luz de mi vida y estoy dispuesto a atarte a mí!

— ¿Por qué hablas de esas cosas ahora?— abrí los ojos desconcertada y nerviosa me
acomodé en mi asiento— ¿Te volviste loco?

— ¡Quizás!—embozó una sonrisa— ¡Déjame averiguarlo!

— ¡No estoy bromeando!— le dijo poniéndome más seria.

— ¡Yo tampoco, ya te lo he dicho antes y te lo repito ahora, tú vas a ser mía!—me


dijo con voz picara— ¡Por el momento me tengo que ir! ¡Adiós! —seductoramente se
levantó de su asiento y dándome un ligero beso en los labios me anunció que se marchaba.

— ¿Ey, a dónde crees que vas?— sacudí la cabeza—¡No me dejes hablando sola!
¡No seas más canalla de lo que ya eres!

— ¡Adiós!— se despidió con la mano derecha— ¡Adiós!

Había huido de su pasado, en eso no había cambiado. A Karsten no le gustaba


hablar de la muerte de su padre; tampoco le gustaba hablar de su madre, el dolor de saber
que ambos habían muerto, aún lo tenía clavado en el corazón. Él podía ser exteriormente
un hombre muy duro, pero internamente tenía su corazoncito.

Al día siguiente, decidí mostrar mi mejor sonrisa al trabajo de escritora. ¡Total era lo
que me gustaba hacer y Karsten me había dado el obsequio de poner en práctica mis
sueños!

¡Buenos días!—saludé y de inmediato la señora Moriasgne, una de las empleadas,


me torció los ojos en señal de desprecio y caminó unos pasos lejos de mí. ¡En definitiva
que a esta mujer nunca le caería bien ni aunque fuera su último día de vida! Yo ignoré su
cara de obstinación total y me refugié en el cuarto de vestuario. Allí, me puse mi uniforme
de escritora y luego me encerré en la que ahora era mi oficina.

Ese día me tocó escribir un mensaje de esperanza para los niños sobrevivientes del
cáncer, acompañada de la amargada señora Moriasgne, a ella le tocó la parte de los niños y
a mí la de los padres adultos. Para mí no era nada emocionante esta situación porque eso
significaba que me la tendría que encontrar varias veces durante esa mañana. Comencé
con la primera etapa por la que pasan los padres de esos niños cuando descubren que
están enfermos y es la negación, continué con la culpa, proseguí con la rabia, seguí con la
depresión y finalicé con el proceso de aceptación de la enfermedad y cuando ya iba
culminando, la vi acercarse a mí con esos horribles ojos de vieja solterona de los años
sesenta.

— ¡Mira intrusa!—me dijo brutalmente y mi cuerpo se volvió tan duro como un


tronco de madera. ¿Qué le pasaba a esta vieja gruñona? ¿Qué tenía en contra de mi
persona?

— ¡Dígame! — le dije y sentí la ira explotar en mi cerebro en forma de pequeñas


bengalas.

— ¡No creas que por andar haciéndole ojitos a Su Majestad vas a conseguir mejoras
en tu trabajo!—me manifestó con severidad— ¡Aunque te hagas la zorra, no vas a
conseguir nada!

— ¿Qué está sucediendo aquí?— de pronto llegó Karsten lanzándole una mirada
furibunda a la insoportable mujer.

—Su…su majestad… — La señora Moriasgne comenzó a titubear y yo, en tanto


luché para sofocar mi reacción al verlo— ¿Necesita algo? ¿Puedo servirle en algo? Para
usted lo que sea.

— ¡Pregunté algo y exijo que se me conteste!— Karsten refunfuñó con severidad—


¿Qué está sucediendo aquí? ¿Por qué usted grita tan horriblemente a la señorita Dagmar?

— ¿Quién? ¿Yo?—la estúpida mujer se encogió de hombros obviamente asustada—


¡No, no, no! ¡Por supuesto que no! Es sólo que esta muchacha es nueva como escritora y
necesita que alguien la ponga en su lugar para que realice bien su trabajo. Yo solo la estoy
entrenando como es debido.

— ¡Pegar cientos de gritos no significa entrenar; así que, si no quiere que la despida
va a tener que respetar a la señorita!—Karsten la miró con odio pero con calma, tal y como
si estuviera aguantando las ganas de torcerle el cuello a la mujer— ¡A ella nadie la toca, ni
nadie la maltrata! ¡Y eso es una orden que me encargaré de hacérsela llegar a todos!

— ¡Si señor!— La señora Moriasgne agachó la mirada, supremamente apenada.

— ¡Y ahora dígale a los empleados que salgan a comer y que nos dejen solos!—
Karsten ordenó bastante malhumorado— ¡Ah, esa orden de respeto es para todos los que
trabajan aquí! ¡Así que puede ir diciéndoles de mi parte que les exijo que dejen a la
señorita Dagmar en paz!
— ¡Sí, señor!— La señora Moriasgne hizo una nerviosa reverencia y caminó hacia la
salida— ¡Con su permiso!

— ¡Qué gente, Dios mío!—Habló con rabia Karsten en cuanto nos quedamos a
solas— ¡Uno les da un dedo y pretenden agarrarse toda la mano!

— ¡Creo que no deberías tratar tan mal a los empleados del palacio!—lo reprendí—
¡No se lo merecen!

— ¿No? ¿No?—sonrió con cinismo— ¿Y entonces cómo se merecen que los traten
después que esa señora se estaba comportando malamente contigo? ¡Contigo nadie se
mete!

— ¡No es correcto lo que hiciste hace unos minutos con la señora Moriasgne!—
coloqué mis manos en las caderas y le fruncí el ceño— ¡Ella sólo quería enseñarme!

— ¡No me vengas con esas tonterías!— enarcó las cejas.

—Karsten, yo soy nueva aquí—intenté explicarle— y como principiante debo


cumplir con ciertos requerimientos necesarios para cumplir con mi trabajo de forma
adecuada.

— ¡Eso no es así!—sus ojos destellaron de rabia— ¡Yo soy el que manda y tú estás
aquí porque yo quiero; por lo tanto, nadie te toca ni un pelo sin antes consultarme antes si
lo puede hacer! ¡Ellos son mis empleados y hacen lo que yo les diga!

— ¡Dios!—dije con determinación— A veces, me pongo a pensar en que los


hombres como tú deben tomar mucho té de limón amargo por las mañanas; porque son
demasiados gruñones.

— ¿Entonces, no te gusto así?—me preguntó con dulzura.

— ¡A veces sí, a veces no!—sentí que me quedaba sin aliento— Aunque la verdad es
que me alegra que pienses así, porque no querría que alguien se aprovechara de tu título
de nobleza para abusar de ti. ¡No obstante…

— ¿No obstante, qué?—me miró con ojos entornados.

— ¡Es cruel que te comportes como un tirano y no midas nunca tus acciones
malvadas!—apreté los puños con determinación intentando no mostrarle frente a frente la
ira que me carcomía el estómago— ¡Le puede hacer daño a gente inocente!

— ¿Y cómo quieres qué sea? ¿Cómo quieres que me comporte?—me preguntó con
los ojos encendidos— ¿Acaso quieres que sea un dulce melocotón que sonríe por cualquier
bobería? ¡Cariño yo soy así y tú igual me quieres!
— ¡Eso no es verdad!—temblé y sentí mucho remordimiento de las imágenes
mentales que cruzaban por mi cabeza en las que Karsten me tomaba en sus brazos y me
besaba.

— ¿Lo probamos?—las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa— Tú


estás enamorada de mí y crees que negándonoslo a ambos vas a poder engañarte a ti
misma y a la vez engañarme a mí.

— ¡Yo no estoy enamorada de ti!—su proximidad me alteraba los sentidos y mi


cuerpo clamaba por estar entre sus brazos.

— ¿Ah no? —dejó escapar un suave silbido— ¡Pues, si es así dímelo mirándome
directamente a los ojos!

— ¡No digas cosas tan absurdas!—lo amonesté.

— ¡Yo no dije nada absurdo!—Karsten esbozó una sonrisa seductora— ¡Yo lo que
dije fue que si quieres que acepte que tú no estás enamorada de mí, me lo vas a tener que
decir mirándome directamente a los ojos! ¿O es que acaso tienes miedo?

— ¡No, claro que no!—le lancé una mirada iracunda— ¡Es más chico, te lo voy a
decir en palabras sencillas! ¡Yo no te amo!

— ¡Vaya, te tiemblan los labios cuando estás diciendo una mentira!—me dijo con
voz suave— ¿Sabes que te pones muy sexy cuando te enfadas?

— ¿Qué?—abrí los ojos como platos con cara de sorpresa y nerviosismo— ¡No!
¡Claro que no!

— Cariño…—se mordió la lengua— ¡Deja de jugar ese maligno jueguito porque a


ese jueguito de clavar cuchillos cuando lo que quieres son besos, podemos jugar los dos!

— ¡Yo no estoy jugando ningún jueguito!— sentí que el corazón se me aceleraba.

— ¿Ah no?—levantó las cejas inquisitivamente— Entonces, ¿Qué es esto que estás
haciendo? Porque quieres mentirme descaradamente y en el fondo sabes que lo único que
quieres es que estás manos te toquen, esta boca te bese y este cuerpo te haga suyo

— ¡Yo no te amo!—le aseguré cruzándome de brazos.

— ¡Está bien! ¡Está bien!—manifestó con gesto arrogante— ¡Tú no me amas!


¡Digamos que te creo eso por un segundo! ¿Por qué entonces, primero te pones asustada y
luego frenética cuando lo dices? Si estás tratando de convencerme de que no me amas, así
no te voy a creer.

—Por…por…—contuve el aliento—porque tú me estás acechando horriblemente


para que te diga lo que quieres oír y eso no es justo.
— ¡Cariño, tú no sabes decir mentiras y esa carita de niña inocente que está siendo
obligada a amarme, no te queda!— sus labios se curvaron en una sonrisa burlona— Es
más, te digo se te hace más fácil decirme la verdad y acabamos con este rollo de una buena
vez que seguir discutiendo en vano.

— ¡Dios mío! ¡Dios mío!— lo miré con expresión inescrutable— ¿Qué voy a hacer
contigo? Aún no puedo creer que esto me esté pasando… ¿Cómo tú siendo un príncipe
vas a fijarte en una Don Nadie como yo y de paso que pretendas que yo caiga rendida en
tus brazos?

— ¡No te califiques como una Don Nadie!—el rostro de Karsten se endureció— ¡Tú
eres lo mejor que me ha pasado en la vida y hoy más que nunca que sé que me amas! ¡Voy
a hacer que lo admitas frente a frente de mí! ¡Yo sé que aunque me lo niegues miles de
veces, lo que sientes por mí es amor!

—Si crees que te voy a decir que te amo, estás apostando a lo que no es seguro— le
dije con frialdad.

— ¡Tú, me vas a tener que decir que me amas!—se inclinó hacia mí y besó el lugar
detrás de mí oreja.

— ¡Entonces, vas a tener que sentarte a esperar esas palabras por mucho, mucho
tiempo! — sentí la sangre hervirme en las venas y traté de empujar su duro cuerpo— Pero,
te advierto que si estás mucho tiempo de pie puede que te canses, te agotes y termines
sufriendo de la cervical.

— ¡No, no me cansaré porque eso será pronto!—me tomó de la barbilla para que
alzara la cabeza— ¡Y de no ser tan rápidamente como espero, igual sé que tarde o
temprano vas a caer tan rendida en mis brazos que terminaras confesándome que me
amas!

— ¡Mejor vete y déjame trabajar!— sintiendo pánico de lo que pudiera pasar si


seguíamos hablando de esas cosas, decidí echarlo de mi oficina.

— ¿Sabes qué?—me acarició el cabello— ¡Sí, te dejaré trabajar marchándome ahora


mismo, no obstante, antes de irme quiero que sepas que aunque seas ―temporalmente
escritora‖ en la editorial de esta guardería, nadie puede tratarte mal; así que, si tú no
quieres problemas conmigo, date a respetar!

—Karsten…— lo llamé con expresión de angustia—Karsten…

— ¡No es un pedido! —me manifestó burlescamente y con una sonrisa en la cara


salió rápidamente de la oficina.

Luego del almuerzo decidí que ese día me quedaría a cumplir horas extras en mi
trabajo para pagar de una manera a otra el permiso de día libre que le había pedido a mi
jefe. Angustiosamente, Karsten parecía saber cada uno de mis pasos y me llamó a mi
celular para según él escuchar mi voz.

— ¡Hello cariño!—me saludó con enorme armonía.

— ¿No estoy en hora de trabajo?—jadeé.

— ¡Vaya!—se rió— ¿Así es cómo tratas a tu futuro amante?

— ¡Deja de hablar tonterías!—quise poder tenerlo frente a frente de mí para pegarle


el teléfono en la cabeza— ¿Y ahora para qué me llamas?

— ¡Sólo quería escuchar tu dulce voz!—me susurró provocativamente.

— ¿Eso es todo?—mi ojos se llenaron de fuego y rabia y deseé poder tenerlo cerca y
gritarle que lo odiaba— ¡Voy a colgar! ¡Ya!

— ¡Si cuelgas no te voy a dar una información que te tengo!—se mojó y deseé
tomarlo del cuello y hacerlo enfadar, tal y como él lo hacía conmigo.

— ¡Uff!—respiré profundamente— ¿Qué clase de información?

— ¡Vas a ser mi mujer!—me susurró y yo no podía creer las palabras que salían del
auricular del teléfono — ¡Mejor dicho, ya eres mi mujer!

— ¡Idiota!—le grité sin poder contener mi ira.

— ¡Eso es una vergüenza, cariño!—susurró seductoramente— ¡Esas palabras


suenan muy mal saliendo de una hermosa boca como la tuya!

— ¡Cállate!—le grite enfadada— ¡No quiero oírte más!

— ¡Cariño, el camino de la vida da muchas vueltas!—razonó— ¡Estoy seguro de


que ahora hablas así, pero dentro de menos de un año estarás viviendo conmigo y me
querrás oír, tocar, oler, ver y besar, siempre!

— ¡No…digas esas cosas!—declaré y entrecerré los ojos.

— ¿Por qué eres incapaz de decir lo que sientes?—me preguntó algo perturbado—
¿Por qué eres tímida ante tus propios sentimientos? ¿Acaso es que me tienes miedo?

— ¡No, claro que no!—mi voz se quebró de la pena— Yo no sé por qué, pero ya a tu
lado no siento miedo, yo siento es…

— ¿Qué cosas, amor?— me preguntó sin aliento—¿Amor? ¡Tú debes confiar en mí


y decirme todo lo que piensas y sientes! ¡Debes saber que en el mundo no habrá ni existirá
otra chica como tú! ¡Yo no dañaré ni me burlaré nunca de tus verdaderos sentimientos!

—Tú haces que yo…—titubeé y me mordí el labio— ¡Tú haces que yo pierda mi
paciencia!
— ¡Rayos!—se escuchó con voz áspera y profunda— ¿Por qué no puedes hablar
claramente? ¿Cuándo vas a entender que tú y yo no podremos vivir separados y que
aunque sientas dudas de decirme las cosas como son, yo sé que estás enamorada de mí?

— ¡Karsten, eres un ángel cruel! —suspiré y mi cabeza cayó hacia atrás

— ¿Y tú cómo eres?—suspiró profundamente— ¡Cada vez que quiero acercarme a


ti, huyes como una cobarde, pero igual, yo utilizo cualquier poder que tenga para
retenerte! ¡Nunca voy a renunciar a ti porque estás hecha a mi medida!

— ¡Tú… me quieres a tu manera! —tartamudeé.

— ¡Cariño, acepta que ya te estás quedando sin armas para luchar contra mí!—se
escuchó entusiasmado— ¡Parece que pronto te vas a entregar a mí!

— ¡Nunca me voy a arrastrar hacia ti! —lo reté apretando con fuerza el teléfono.

— ¡El sólo pensar en hacerte el amor se vuelve algo muy emocionante! —me
anunció provocativamente.

— ¡Tú crees que ésta es una lucha de poder en donde el más fuerte gana! — lo
desafié—¡No es así!

— ¡Eres adorable, cariño!— me expresó con ese grandioso orgullo que a todas las
mujeres derretía— ¿De verdad crees que puedes sobrevivir sin mí? ¡Acepta que me amas!

A la hora salida de mi trabajo, Karsten entró a mi oficina para esperar que recogiera
mi bolso y con ello, acompañarme a tomar el carro que me llevaría a casa. ¡Yo lo vi y sentí
hormiguitas de amor que me hacían los ojos aguas! Me gustaba la camisa que cargaba, se
parecía al color de sus ojos. Me gustaba su olor natural, era como el de las montañas
después de la lluvia. ¡Me gustaba todo de él!

— ¿Qué me ves?—me preguntó levantado una ceja— ¿Acaso piensas devorarme


con la mirada?

— ¡No digas morbosidades! —Agité mis cejas escandalosamente— ¡Eres un


gilipollas! ¡No seas tan infantil! ¿Acaso no eres un adulto millonario y con poder?

— ¡Contigo puedo ser un niño y también un adulto! —Me respondió con su sonrisa
insufriblemente sexy— ¡Eso depende del momento, la circunstancia y el lugar en el que
estemos!

— ¡Eres un canalla!—Lo fulminé con la mirada.

— ¡Cariño, no te pongas brava!—se burló y sinceramente quería matarlo, lo odiaba


por actuar tan malamente conmigo— ¡Mejor hablemos de cosas más interesantes!

— ¿Y cómo cuáles?— le dije en un cálido susurro


— ¿Cuál es tu postura sobre el matrimonio?—me interrogó.

— ¿Por qué me preguntas eso?—gruñí nerviosa y bastante confundida.

— ¿Por qué eres tan hermosa?—continuó con su interrogatorio.

— ¿Qué tipo de preguntas son esas? —le grité y el muy canalla apretó sus labios
para evitar reírse de mí— ¡Por favor, no me hagas ese tipo de preguntas!

— ¡Son preguntas como cualquier otra, preciosa!—sus manos sujetaron mis


hombros de manera mu seductora— ¡Yo estoy embrujado por tu hermosura!

— ¡No digas boberías!—le repliqué

— ¡No son boberías!— me dijo entre dientes— ¿O es que acaso no te crees hermosa?

— ¡Pues…no!— respiré profundamente— ¡No! ¡No! ¡No! ¡Soy horrible!

— ¡Sí, claro…preciosa!— inhaló un suspiro.

— ¡No te soporto!—sentí la sangre subírseme hacia las mejillas.

— ¡Querida, pareces irritada!—se burló de mí— ¡Después dices que soy yo quien
está siempre de mal humor!

— ¡Si tanto te molesta mi mal carácter, podrías dejarme en paz!—mi respiración


comenzó a acelerarse.

— ¡No, eso sí que no!—su tono de voz se puso muy áspero— ¡No te voy a dejar en
paz nunca! ¡Voy a estar junto a ti por siempre!

— ¡Pobre de mí! —me mordí el labio.

— ¡Sí, pobre de ti!—me expresó con voz cargada de emoción— ¡Pero, sólo por ahora
porque cuando te haga mía, en esa batalla no se sabrá cuál de los dos va a sentirse mejor
de los dos!

— ¡Eres asqueroso! —gruñí y nuestras miradas se enfrentaron.

— ¡Ahora y siempre!—bromista me agarró por la mejilla y me robó un rápido beso


infantil— ¡Muach!

— ¿Qué… qué tienes en la lengua?—titubeé sorprendida cuando sentí una


presencia extraña en sus labios. Karsten siempre me había besado, pero nunca había
sentido algo tan duro dentro de su lengua. ¿Qué carajos tenía guardado en su boca?
¡Nunca antes lo había percibido!

— ¡Nada!—negó— ¡No tengo nada!

— ¡No soy tonta y horita que me besaste sentí algo!—le reviré.


— ¡Está bien, mira!—sacó provocativa y seductoramente la lengua y allí estaba la
cosa esa. Era un piercing que adornaba `preciosamente su lengua. Tenía forma de una
diminuta cruz y era de color rojo como la sangre.

— ¿Eso es un piercing?—le pregunté con respiración jadeante.

—Sí, ¿no los conoces?—sonrió diabólicamente— Bueno, te los presento; Dagmar


este es mi piercing, piercing esta es mi Dagmar, la mujer de mi vida.

— ¡No sabía que usabas eso en la lengua!—susurré sin aliento y desvié la mirada
hacia la pared más cercana que pude encontrar.

— ¡Me lo puse hace años, pero me lo quito a veces y solo me lo coloco cuando
quiero colocármelo!— me susurró ásperamente, tal y como si se tratara de un cambio de
pañales que tuvo cuando estaba recién nacido.

— ¡Pero, yo nunca te los he visto!—le recriminé y nuestros ojos se encontraron.

— ¡Es que son parte de mi vida secreta!— me anunció con esa mirada oscura de
hombre tenebroso que hacía de mi cuerpo, la mejor de las gelatinas.

— ¿Secreto?—dudé, pensando en que Karsten estaba loco para hablar de secretos


como si nada— ¿En pocas palabras nadie lo sabe?

— ¡Nunca le he confirmado a nadie, ni siquiera a los medios de comunicación que


lo uso!— me explicó crudamente— ¡Aunque hay unos que lo han sospechado!

— ¡Eres extraño!—le dije dulcemente.

— ¡Sí, algo así!—manifestó y me besó intensamente en la cima de la oreja.

— ¿Y desde cuándo lo tienes?—levanté una ceja— ¡Yo nunca te lo había visto!

— ¡Me lo puse cuando era un adolescente inmaduro de 15 años; sólo que no me lo


pongo siempre!—metió un mechón de mi cabello detrás de la oreja y me sonrió
ligeramente— Además, no entiendo tu mirada de escándalo total si estamos en pleno siglo
XXI, el siglo de la libertad

— ¡Yo sé que estamos en pleno siglo XXI, pero de verdad me sorprendiste!—le


comuniqué torpemente— ¿De verdad tienes un piercing?

— ¡Tengo realmente tres!—me contestó y sus ojos me miraron diabólicamente—


¡Además, de la argolla que siempre cargo en la oreja!

— ¿Tres?—mi cuerpo se contrajo y me hice una imagen mental de él como todo un


Dios pagano— ¿Y cómo es que yo no lo sé?

— ¡Pues, porque no me has visto desnudo!—me susurró apasionadamente en el


oído.
— ¿Acaso tienes uno en el pene?—protesté descaradamente, sin detenerme un
segundo a pensar en lo que iba a decir. ¡Oh, no! ¡Yo y mi bocota!

— ¡No!—pareció sentirse acuchillado— ¿Estás loca? Tengo uno en el pezón


izquierdo y otro en el ombligo, más nada!

—Por un momento pensé que…—intenté explicarle apenada, pero ya mis mejillas


se habían puesto rojas como un tomate. ¿Cómo había nombrado la palabra pene delante
de Karsten? ¡Qué atrevimiento!

— ¡Cariño, no te preocupes esas son cosas que no son relevantes!— él pareció darse
cuenta de mi pena e intentó tranquilizarme— ¡Yo a ti sí que no quiero guardarte nada! ¡Te
quiero decir todo; sólo que a veces se me hace difícil porque te pones a discutir conmigo y
no me dejas decirte nada!

— ¿Ah, sí?—sacudí mi cabeza y me puse rígida al darme cuenta que Karsten


realmente no me tenía tanta confianza como para contarme sus secretos— ¿Y qué más
secretos me tienes oculto? ¿Qué más me tienes que decir?

— ¡Tengo cuatro tatuajes!—me lanzó de pronto y yo me quedé muda por varios


segundos. ¡Sí! ¡Sí! ¡Karsten me tenía confianza y pensar eso me hizo celebrar en lo más
profundo de mi corazón!

— ¿Tienes cuatro tatuajes?—mi voz se quebró llena de sorpresa.

— ¡Sí!—su respiración era lenta y cálida— ¡Me encargué de marcar mi cuerpo con el
mejor arte!

— ¿Dónde los tienes?—mi voz sonó llena de muchísima curiosidad.

— ¡Tengo uno en el pecho! —Tomó mi mano y se la puso en el pecho— ¡Tengo uno


en el brazo, uno en la espalda y uno en la ingle!

— ¡Oh, de verdad que marcaste tu cuerpo!—alejé mi mano de su pecho— ¡Tienes


un tatuaje en el pecho, uno en el brazo, uno en la espalda y uno en la ingle! ¿Y te gustó
hacértelos?

— ¡Sí, por ejemplo el del pecho me lo hice luego de conocerte y mucho después de
nuestra pelea!—me comió con los ojos diciéndome en pocas palabras que el tatuaje era
para mí— ¡Mi padre ya había fallecido y decidí que ese era el mejor momento para
realizármelo!

— ¿Y los otros?—intenté ignorar el calor que comenzar a surgir en mis entrañas.

—El de la espalda me lo hice cuando cumplí 18 años, —me explicó— el del brazo a
los 15 años y el de la ingle cuando tenía apenas 13 años.

—Pero…—apreté los ojos por un corto momento.


— ¡Pero nada!—exhaló calientemente contra el inicio de mi garganta— ¡Siempre
quise hacerme tatuajes y como ya deberías saber siempre hago lo que me viene en gana!
¡Así que, aquí tienes el resultado!

— ¡Pero…nadie lo sabe!— rodé los ojos— ¡Yo me acabo de enterar!

— ¡Esos tatuajes me los hizo Richard!—me aseguró con voz sexy—¡Él es un


excelente artista de los tatuajes y le hice firmar con la ayuda de unos de mis abogados, un
contrato de confidencialidad para que no pudiera revelar a nadie que me había tatuado!
¡No quiero que todo el mundo los conozca! También, las mujeres con las que me he
acostado han sido sometidas a ese contrato.

— ¡No lo puedo creer!—le dije con voz jadeante— ¡Tú tienes tantos secretos que de
verdad que a veces me pregunto cuál es el verdadero Karsten! Tienes cuatro tatuajes y tres
piercing que casi nadie ha visto y que los que los han visto los has hecho firmar un
contrato para que no lo divulguen. ¡Todos te han visto como realmente no eres y eso me
asusta!

— ¡Lo que pasa es que realmente no me importa que nadie más vea lo que soy de
verdad!—me miró con cara sonriente y deslumbrante— ¡Tú eres la única persona que
quiero que me conozca! ¡No te asustes de mí; por favor!

— ¡Haz hecho un gran esfuerzo para que nadie conozca tus secretos!—exhalé
ligeramente por la nariz.

— ¡Lo único que siempre me pongo en el cuerpo y que casi no me quito ni para salir
afuera del palacio es la argolla en la oreja porque no hay forma de esconder que me hice
esa perforación!—me dijo en un ronco y satisfecho susurro— Sin embargo, quiero que
sepas que mis piercing y mis tatuajes son una forma de definirme. ¡No soy de cristal
tampoco de piedra, soy sólo yo!

— ¿Solamente tú?—mi mirada recorrió la línea de su columna.

— ¿Quieres ver mis tatuajes?—me preguntó y bajó la cabeza para oler mi cabello.

— ¿Qué?—le pregunté y sin decir más se quitó la camisa y me dejó ver sus hermoso
pecho decorado con los piercing en el pezón y el ombligo y los tatuajes en el pecho y en el
brazo. Dio una lenta pero certera vuelta para que también pudiera ver el tatuaje de la
espalda y como yo estaba muda aprovechó mi inestabilidad y se desabrochó el botón del
pantalón para que pudiera ver el tatuaje de la ingle.

— ¡Es la primera vez que te los veo!—quería llevar mis dedos a casa parte de su
cuerpo, masajear sus tatuajes y devorarlos con la boca.

— ¡Claro, antes no me habías visto sin camisa como ahora!—me empujó y tomó mi
barbilla para que no tuviera tiempo de escapar.
— ¿Sin camisa?—el corazón comencé a latirme fuertemente y me salí de mis
casillas— ¿Sin camisa? ¡Cierto, cierto! ¡Me volví loca y estoy…!

— ¡Ya te dije que no te voy a violar!—pareció divertido, pero a la vez sincero.

— ¡Sí, claro!—le dije con voz profunda, seductora y gutural— ¡Mira cómo te creo!

— ¡Claro que sí!—me agarró suavemente y me contuvo contra la dureza de su


pecho— ¡Yo soy tan ángel como el que tengo grabado en el tatuaje de mi pecho!

— ¿Sí?—mi estómago se revolvió de los nervios— ¿Y ese ángel en el pecho qué


significa porque lo de que eres un ángel no te lo creo?

— ¡Yo siempre quise tatuarme el pecho y cuando discutiste conmigo y me dijiste


que era un ángel venido del infierno; pensé que esa era una buena idea para el diseño de
un tatuaje!— manifestó sin quitar los ojos de mí—¡Ese tatuaje te lo dediqué a ti y al hecho
que en el fondo sabía que tenías razón!

— ¡Vaya!— mi cabeza daba vueltas.

— ¿Y?— extendió las manos a los lados y dio unos pequeños pasos, como si
estuviera desfilando— ¿Cómo me veo?

— ¡Te vez…muy bien!—le dije y me besó la sien— Aunque aún tengo una duda, ¿si
el tatuaje en el pecho me lo dedicaste a mí, los otros tres a quien se lo dedicaste?

— ¡A nadie!—se encogió de hombros— El de la espalda de un corazón apuñalado


con dos espadas y rodeados por las letras それはとても安いですません安いのセッ
クス es una frase en japonés que significa ―No hay sexo barato que resulte tan barato‖, el
de la ingle de una serpiente con las letras EQJCSC son las iniciales de la frase ―El
que juega conmigo se corrompe‖. Finalmente el de la imagen de Jesucristo en el brazo
izquierdo es porque el hijo de Dios es considerado ―la salvación‖ y ―el ungido‖ de todo el
universo cristiano.

— ¡Qué maravilloso!— sollocé.

— ¡Siempre he sido un amante de los tatuajes y de los piercing!—me aseguró


presumido— ¡Si no me he hecho más es porque siempre he creído que los extremos
siempre hacen caer a la persona en un precipicio!

— ¿Y tú padre?—le pregunté con determinación— ¿Nunca se molestó de ver cómo


te marcabas el cuerpo? ¿Siempre te dio su autorización?

— ¡Mi padre no tuvo nada que ver, él respetaba mucho mis decisiones!—sus ojos
lucían oscuros.

—Pero…—mis ojos ardían—pero eres un príncipe.


— ¿Y qué?—tocó mi nariz con el dedo índice— ¿Hay algo de malo en que un
príncipe tenga tatuajes?

— ¡No, claro que no!—respiré temblorosamente— Sin embargo... eso quiere decir
que eres un príncipe rebelde.

— ¡No!—susurró en mi oído— ¡Soy un hombre normal que renuncia a su vida para


complacer a otros!

—Si lo dices de esa forma, suena…—una sonrisa tiró de mis labios.

— ¿Repetitivo?—inhaló y sacudió la cabeza.

— ¡No!—chillé— ¡Suena muy de ti! ¡Eres un rebelde, Karsten!

— ¡Ven!—me atrajo hacia él— ¡Dame la mano!

— ¿Para…para qué?—mi corazón revoloteaba fuertemente, en tanto él me agarraba


de la mano.

— ¡No voy a hacerte daño, cariño!—se movió descaradamente— ¡Confía por lo


menos esta vez en mí!

— ¡Está…está bien!—mi voz sonó boba.

— ¡Tócame!—usó mi mano para hacer un recorrido por los brazos de su cuerpo. ¡Él
era un hombre bastante duro!

—Karsten…—le dije con desesperación.

— ¡Toca por lo menos el tatuaje del pecho y siéntelo!—me suplicó con voz ronca.

— ¡Es…es maravilloso!—y así comencé a acariciarle el hermoso tatuaje de su pecho.


De verdad que la palabra maravilloso, era nada para lo que representaba ese tatuaje. ¡Era
magnifico! ¡Era perfecto! ¡Era un sueño hecho realidad! El dibujo era de un ángel
quemándose en el infierno con un corazón roto en la mano y un par de alas desgarradas,
además dentro del corazón se podían ver las iniciales de mi nombre y las del suyo Dy
K. Claramente, el tatuaje estaba dedicado a mí, a lo que sentía cuando me tenía cerca y a
la forma cómo yo lo había llamado hace años.

— ¡Yo soy tu ángel venido del infierno, cariño!—gruñó, frotando su pulgar sobre
mis labios apasionados.

— ¡Tú…tú no eres mío! —le expresé bastante adolorida y necesitada de él. Exhalé
un suspiro excitado y deseé poder arrojarme sobre su cuerpo y besarlo por toda la
eternidad.
— ¿Y tú eres mía?—me preguntó y deseé que Karsten me lamiera el cuello, los
labios y el pecho, así yo también le lamería uno a uno, todos los tatuajes.

— ¡No!—negué con la cabeza— ¡Yo…yo no soy de nadie porque ni siquiera soy de


Miguel!

— ¡Mala respuesta, cariño!—me sonrió con malicia.

—¿Qué?—y sin dudarlo ni un segundo me atrajo hacia él y me besó y éste no era un


beso como los de antes que eran apasionados, sensuales y libidinosos; éste más bien era un
beso tímido, dulce y romántico que me hacía sentir en el mismísimo cielo abrazada a una
estrella. Estaba totalmente encendida y pensaba que en cualquier momento me quemaría.

—Tú…—siguió besándome— ¡Tú siempre serás mía!—y como forma casual de


interrupción sonó el infeliz teléfono. Rápidamente nos separamos y yo tomé el celular y vi
de quien se trataba. ¡Era Miguel…! ¡Era ese inoportuno!

— ¿Es Miguel?—su voz sonó roca.

—Esteee…—dudé sin saber si era correcto decirle que sí.

— ¡Es Miguel!—concluyó muy seguro de sí mismo— ¡Cariño, no dudes en contestar


tu llamada por mí! ¡Conmigo tú tienes las alas abiertas para hacer y decir lo que quieras!

—Karsten… — lo miré acongojada— ¿Qué estás haciendo conmigo?

— ¡Lo que debí hacer hace años!—rió ligeramente— ¡Demostrarte que el amor no es
una ilusión de niños, sino que es algo de adultos que puede llegar a convertirse en una
buena razón para vivir!

— ¡Estoy tan confundida!— suspiré nerviosa.

—Si sigues negando lo que sientes por mí, — me dijo con aire sombrío—nunca
podrás acabar con esa confusión.

— ¡No seas egoísta! —me encogí de hombros.

— ¡Su majestad!—en su momento llegó el gran Henieth a interrumpir nuestra


conversación—¡Disculpe la interrupción pero…

— ¡No te preocupes, Henieth! —Karsten pareció de lo más despreocupado— ¡Ya yo


había terminado aquí; puesto que, la conversación con la señorita Landaeta ya se culminó!
¡Ambos aclaramos los asuntos que teníamos pendiente y ya no hay nada de qué hablar; así
que, vamos!

— ¡Sí, señor! —contestó Henieth y ambos salieron de allí, sin mirar atrás.
Nuevamente, Karsten me dejaba hablando a solas y no había cumplido su promesa de
acompañarme a tomar el auto. Mirando la puerta que él antes había cerrado, no pude
evitar sonreír. Karsten me quería amarrar a su castigo, de eso no tenía ninguna duda; pero
¿Quería yo ser amarrada por él? ¡Él era un buen hombre con todo y el daño que insistía
siempre en hacerme! ¡No, no, no, no, no corazoncito loco! ¡No, no, no, no y no! Él era un
desalmado, cruel y egoísta que hacía de mi vida un manojo de nervios y no merecía ni
siquiera un poquito de mi cariño.

Agotada de permanecer en mi oficina recibiendo mucho estrés, tomé mi bolso y salí


de edifico acompañada de un guardaespaldas. Era extraño estar rodeada por uno que otro
guardaespaldas que Karsten me había asignado. Él quería manejar mi seguridad y no le
importaban las habladurías que tal hecho podía acarrear.

Cuando estaba a punto de subir al automóvil que me regresaría, se apareció de


nuevo Karsten.

— ¡No quiero que te vayas nunca!— me dijo inclinándose a mi oreja de forma


maravillosa.

— ¿Y si me tengo que ir?—le pregunté y no pude evitar sonreír.

— ¡Entonces, yo te acompañaré a casa!—sus ojos se encontraron con los míos y


pelearon en una fuerte lucha de deseo— ¡Te haré compañía para que no te sientas solo!

— ¡Vaya, me encantaría eso!—asentí— ¡Te lo agradezco mucho!

— ¡Lástima que eso esta noche no sea posible!—se negó de forma odiosa— ¡Tengo
una agenda muy ocupada y no hay espacio para ti!

— ¿Qué?—gruñí, incapaz de creer lo que el muy canalla acababa de decirme— ¡No


seas imbécil! ¡Ni que te estuviera rogando que me acompañaras a mi casa! ¡Tú fuiste el que
se ofreció!

— ¡No te pongas así!—su cara reflejó calor— ¡No te pongas melodramática!

— ¡No te preocupes!—una sonrisa fingida iluminó mi cara— ¡No voy a hacer un


melodrama porque no me quieras llevar a mi casa! ¡A mí eso no me interesa!

— ¿Qué dijiste?— me preguntó carente de emoción— ¿Qué quieres decir con eso de
que no te interesa?

— ¡Pues, que no me interesa!—le repliqué— ¡Eres un ratón de mala sangre! ¡Eres


gruñón!

— ¡Y tú eres fastidiosa y muy molesta!—cruzó sus brazos sobre su pecho.

— ¡Si fuera por mí, tú no existieras! —furiosa, apreté los puños a un lado y me
mordí el labio.
— ¡Bella, te quiero mucho!—se encogió de hombros— ¡Por cosas como esas es que
estoy perdidamente enamorado de ti!

— ¡Por…favor!—le di un codazo— ¡No me digas ese tipo de cosas!

— ¿Por qué?—apretó los dientes— ¡Es la verdad! ¡Estoy totalmente enamorado de


ti!

— ¡Karsten, no digas eso!—disparé las cejas hacia arriba— ¡Por el Espíritu Santo, no
me gusta!

— ¿No te gusta o tienes miedo de escucharlo?—indagó y eso me hizo hervir la


sangre; ya que, sabía que se trataba de lo segundo.

— ¡Lo que sea!—mi corazón latía como loco— ¡Por Dios si me quieres tanto, no me
lo digas! ¡Entiende que no me gusta escucharlo!

— ¿Y si yo fuera Miguel?—gruñó.

— ¡Sí, claro que me encantaría escuchar que me quiere!—le mentí y rodé los ojos
algo intimidada— ¡Él es el hombre que yo amo!

— ¡Eso lo pongo en duda!— me dijo y entonces, se acercó a mí y me abrazó. Yo me


estremecí y sentí que el corazón se me iba a salir por la boca. Su cercanía me afectaba y
más cuando presionó mi espalda contra la pared, puso una mano en mi cintura y me
comenzó a besar el cuello.

— ¡Suéltame!—sacudí la cabeza y dándole un ligero empujón, me alejé de él— ¡Me


lastimas!

— ¡Apenas te toqué!—me manifestó con una sonrisa de autosuficiencia— ¿Qué te


pasa?

Yo…yo estaba nerviosa de tener a Karsten tan cerca de mí, preguntándome cosas y
seduciéndome con su mirada y su cuerpo. Si por mí fuera, saldría corriendo en ese
momento para no responderle a Karsten una pregunta tan directa

— ¡Yo…yo me asusté!—le mentí porque realmente me había excitado y no


asustado, otra vez— ¡Pensé que querías maltratarme!

— ¿Sabes una cosa? —Sus ojos me encontraron—Puede que yo parezca un ogro


cavernícola; más soy incapaz de ponerle un dedo encima de maltrato a una mujer y menos
a ti. Cuando te digo que te quiero es porque te respeto, te protejo y nunca te golpearía.

—Karsten…—susurré.

—Dagmar…—me tomó en brazos y me besó ligeramente, yo lo tomé del cuello y lo


detuve muy cerca de mí.
—Karsten…—dejé escapar un silbido.

— ¡Un beso tuyo significa más que amistad o sexo, significa amor!—me explicó y yo
me puse rígida entre sus brazos— ¡Te amo!

— ¡Existe Miguel, por si no te recuerdas!— sentí mucho pánico de comenzar una


guerra entre esos dos maravillosos hombres.

— ¡Miguel es historia, él no es como yo!—apartó un mechón de cabello de mi cara.

— ¿Y cómo eres tú?—lo interrumpí.

— ¡Soy alguien que puede bajarte una estrella del cielo con solo darte un beso!—sus
ojos brillaron de amor y deseo— ¿O acaso me vas a negar que horita tocaste el cielo
cuando te besé?

— ¡Claro que lo toqué!—mi sonrisa se disolvió disimuladamente— ¡Es sólo que caí
sin paracaídas!

— ¡Muero de amor por ti!— una pequeña y hermosa sonrisa se dejó ver en sus
labios.

— ¡Es un amor muy loco, el que tú dices que sientes por mí!—le aseguré y se puso
algo tenso.

— ¡Yo daría todo mi reino por tocarte nuevamente esos deliciosos labios!—envolvió
un mechón de cabello entre sus dedos— ¡Quiero y necesito ser el único dueño de cada
beso que das con ellos!

— ¡Y vuelves otra vez con eso!— le dije sin aliento.

— ¡Solo por un beso, soy capaz de vender mi alma a cualquier postor!—me anunció
y mis mejillas se pusieron al rojo vivo— ¡Te amo!

— ¡No es amor lo que sientes por mí!—le declaré— ¡Lo que sucede entre nosotros es
un cuento muy feo que debe llegar a su fin!

— ¡Claro que no!—me sonrió maliciosamente— ¡Nuestra historia no es la más


común, pero es muy especial! ¡Si no me crees, ve en un espejo tu mirada y compruébalo tú
misma! ¡Es la prueba fiel de que me amas!

— ¡Claro que no!—volví la cabeza.

— ¡Claro que sí!—se rió entre dientes— ¡Y por eso voy a luchar por tu amor!—

— ¡Miguel, no se merece nada de esto!—sentí pena por Miguel; ya que, todas las
cosas que estaba sintiendo por Karsten me hacían engañar a Miguel.
— Tú… — me dijo murmurando— ¡Tú únicamente dile a esa telaraña mal ubicada
llamada Miguel, que si pone su atención en mi lado aunque sea solo un poco, va a
perderte para siempre!

Al día siguiente muy temprano tuve en mi casa a Ally, quien me dijo que me
llevaría en su automóvil a mi trabajo para evitar que siguiera agotándome mentalmente y
físicamente. La verdad era que ella estaba preocupada por mi salud emocional y amorosa.
¡No quería verme llorar una vez más!

— ¡Escucha esta canción!—sonrió en tanto señalaba al radio de su carro— ¡Se llama


―Cuore‖! ¡Está fabulosa! ¡Esos ―Enojados‖ son fabulosos! ¡Cantan espectacularmente! ¡Y la
voz de la chica y el chico me encantan!—Le subió volumen al reproductor y le dio play a la
canción para que yo pudiera escucharla.

Y ésta inició a continuación:

cuore
cuore
Non riesco a credere che siamo qui
Gli sussurra all'orecchio come bello sono
cuore

Cuore forte me tenere e non lasciarmi andare


Perché solo tu sai come fare
E nessuno lo fa meglio

cuore

Cuore stare con me tutto il tempo


E anche se il cielo si apre in due
E l'inferno di fuoco

cuore
cuore

Bésame Cuore
E toccare il mio corpo
Come se jam
Bésame Cuore
E mi fanno urlare
Di puro piacere
Cuore, cuore
Cuore Cuore

Cuore, mi morde le labbra


Fino miei esplode corpo
Voglio essere tuo e tu sei la mia
cuore

Cuore stare con me tutto il tempo


E anche se il cielo si apre in due
E l'inferno di fuoco

cuore
cuore

Bésame Cuore
E toccare il mio corpo
Come se jam
Bésame Cuore
E mi fanno urlare
Di puro piacere
Cuore, cuore
Cuore Cuore.

Bésame Cuore
Cuore, cuore
Bésame Cuore
Cuore, cuore
Cuore Cuore.
— ¿Y qué te pareció la canción?—me preguntó bastante contenta cuando la música
terminó.

— ¡Es…es…maravillosa!—le regalé una sonrisa fugaz.

— ¡Sabía que te iba a gustar!—me guiñó un ojo lleno de complicidad— ¡Es


lindísima!
— ¡No la había escuchado antes!—rodé los ojos y vi el horizonte.

— ¡Eso es porque hace pocas horas que salió a la venta!—extendió el brazo derecho
y me acarició la cabeza como si yo fuera su hijita— ¡Es inigualable!

—Sí, aunque…—apoyé mi cabeza sobre su hombro.

— ¿Aunque, qué?—pareció extrañada.

— ¡No sé!—forcé una sonrisa— ¡Cuando la escuché me sentí extraña! ¡Cuando la


escuché me hizo recordar a Karsten!

— ¡Ay, amiga!—me dio un suspiró avivado— ¡Tú dirás lo que quieras, pero se nota
a leguas que estás enamorada del príncipe Karsten!

— ¡No digas estupideces!—con brusquedad quité sus manos de mi hombro y me


recosté en el asiento para evitar cualquier contacto— ¡Y vuelve a poner la canción a ver si
me la aprendo rápido!

Esa noche, mi madre, Miguel y yo fuimos invitados a una subasta social. Yo nunca
había estado en una de esas, así que me puse un traje normal y corriente aunque hermoso.
Miguel estaba alegre de poder compartir su tiempo conmigo y anduvo conmigo de la
mano durante todo el tiempo, mi madre mostró su sonrisa más saludable y menos
arrugadora de la piel.

En medio de la noche, apareció Karsten. No podía ser, otra vez me lo encontraba y


ésta vez era en un lugar tan poco común, es que verlo participar en esa subasta de
artículos usados y de personas para un día de trabajo, en beneficio de los niños pobres, era
rarísimo. Yo siempre había pensado que él no era un hombre capaz de tener algo de
corazón, pero una vez más, me demostraba que sí.

Se veía guapísimo, ese traje le quedaba a la perfección y aunque me costaba


admitirlo parecía una estrella bajada del cielo. Estaba sexy y no podía dejar de mirarlo, allí
conversando con esos hombres de negocios, allí mostrando sus poderío y visualizándose
como el sujeto más deseado por las mujeres ahí presentes en la subasta, allí siendo quien
era, o sea simplemente Karsten.

Y yo no podía dejar de mirarlo y aunque a mi lado estaba Miguel, eso no me


importaba. Quería estar cerca de él y alejar a todas esas brujas de su lado. Quería tanto que
ambos estuviéramos solos y que él me molestara acosándome como sólo un ángel venido
del infierno lo podía hacer.

Disimuladamente lo miré de reojo y a los pocos segundos Karsten como que se dio
cuenta que alguien lo estaba mirando porque volteó su mirada hacia mí; yo escapé de su
mirada inmediatamente y él sencillamente continuó conversando con las personas que lo
rodeaban.
Esa situación hizo que mis mejillas ardieran o por lo menos, yo lo sentí así. Volteé
mi mirada nuevamente hacia él y me molestó ver que aún no notaba que yo estaba
presente en esa subasta.

Miguel; en cambio, no dejaba de hablar y de hablar de cosas que yo estaba oyendo,


pero no escuchando. Me importaba un comino lo que estaba diciendo, yo sólo quería que
Karsten me notara y que me tomara en cuenta aunque fuera sólo por una milésima de
segundo.

— ¿Por qué no subes a la subasta?—me preguntó con un brillo maligno en los ojos,
una cuarentona mujer que estaba sentada con lo que parecía su pareja, en la mesa de al
lado— ¡Tú eres muy hermosa y la gente podría aportar mucho dinero para la causa,
gracias a tu colaboración!

— ¿Quién? ¿Yo?—suspiré nerviosa— ¡No, ni loca! ¡Eso es para chicas sexys!

— ¡Ay, no!—Miguel gruñó en mi oído— ¡No me salgas con eso! ¡Sube!

— ¡Noooo!—le indiqué con una ceja esculpida.

— ¡Anda, Tomás! ¡Ayúdame!—la mujer se movió en su silla y le pidió ayuda al


sujeto que la acompañaba y que se llamaba Tomás— ¡Qué suba! ¡Qué suba!

De un momento a otro, una porción grande de los que estaban en la subasta me


gritaban ¡Qué suba! ¡Qué suba! ¡Qué suba! Y como no me quedó otra opción, tuve que
subir al escenario.

— ¡Señoras y señores, con ustedes la señorita Dagmar!—anunció el animador en el


micrófono— ¡Vamos a ver! Medidas excelentes, largas y acordes piernas, trasero duro y
pomposo, grandes senos, cara angelical. De verdad que exquisita. Vamos señores, no
podrían llevarse a alguien mejor esta noche. ¿Cuánto dan? ¿1000 dólares, 2000 dólares?

—Diez mil dólares—dijo Miguel poniéndose de pie.

— ¡Muy bien!—el animador pareció contento— ¿Alguien ofrece más?

—Veinte mil dólares—dijo un sujeto gordo y bigotón.

—Veinticinco mil dólares—gritó un muchachito alto y flacuchento.

—Treinta mil dólares—manifestó Miguel

—Treinta y dos mil dólares—gritó el tal Tomás que era esposo de la mujer que me
había inducido a subir a subastarme.

—Cuarenta mil dólares—dijo Miguel


— ¡Muy bien, señores!—el animador estrechó mi mano— ¿Alguien da más?
¿Cuarenta y cinco mil? ¿Cuarenta y tres mil? ¿Nadie? Cuarenta mil dólares a la una,
cuarenta mil dólares a las dos, cuarenta mil dólares a…

—Cien mil dólares—apareció de repente Karsten y soltando a la rubia de la que


estaba agarrado de la mano, se colocó delante de todas esas personas, donde sabía que yo
lo iba a ver.

— ¡Guao, cien mil dólares! —Dijo el sujeto en el micrófono— ¡Eso es un nuevo


records! ¿Alguien ofrece más?

—Ciento diez mil dólares—gritó furioso Miguel

—Ciento cincuenta mil dólares—ofreció Karsten.

—Doscientos mil dólares—gritó Miguel más molesto aún.

—Quinientos mil dólares—dijo sonriendo Karsten

—Un millón de dólares—gritó arrechísimo Miguel

—Cien millones de dólares—dijo en total pasividad Karsten

— ¡Oh!—dijeron los del público, nadie podía creer que la disputa hubiese llegado a
tanto dinero.

— ¡Súper!—escuché que dijo un sujeto en el fondo— ¡Esto sí es una subasta!

— ¡Escuche, su majestad!—Miguel perdió la paciencia y empezó a discutir


tontamente— ¡Deje tranquila a Dagmar, pues ella no le pertenece!

— ¿Quieres que ofrezca más?—manifestó Karsten con cara de hombre arrogante y


todopoderoso— ¡Bueno, doscientos millones de dólares!

— ¡Wuao!— dijo en coro el público.

— ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!— el animador tragó saliva— ¡No lo puedo creer!

— ¡Su majestad, no siga ofreciendo más porque no se va a llevar a Dagmar!—


Miguel gritó colérico— ¡Ella se va conmigo!

— ¡Trescientos millones de dólares!—Karsten, subió nuevamente la cantidad.

— ¡Basta! ¡Basta!—protestó Miguel— ¡No se va a llevar a Dagmar! ¡Yo doy


cuatrocientos millones de dólares!

— ¡Quinientos millones de dólares!—Karsten, muy sonriente volvió a subir la


cantidad.

— ¡Seiscientos!—dijo Miguel
— ¡Setecientos!—dijo Karsten y me miró complacientemente, yo desvié la mirada
con las mejillas enrojecidas.

— ¡Ochocientos!—dijo Miguel.

— ¡Novecientos!—dijo Karsten.

Los dos estaban en una disputa loca e irresponsable y eso me molestó, yo no era un
juguetito de cerámica con los que ellos podían jugar.

— ¡Ya es suficiente con ustedes dos!—les grité furiosa— ¡Me tienen harta! ¿Y saben
algo? Ésta que ustedes ven aquí, no se subasta ni en un millón de años y ninguno de los
dos va a ganar esta absurda competición porque esta ridiculez queda cancelada por mi
parte!

— ¿Qué?—el animador preguntó sorprendido—Señorita, pero no puede…

— ¡Ya lo dije!—gemí— ¡Mi subasta queda cancelada!—y sin decir más me hice
camino entre la gente, partí a toda velocidad y busqué la salida más agradable para mi
gran escapada.

—Dagmar…—Miguel me llamó y yo no di un paso para detenerme, huí de la gente,


de él y de Karsten; pues, estaba molestísima— ¡Dagmar no te pongas así, espérame!

Karsten ni siquiera se había movido una uña para ir detrás de mí, era un estúpido y
con eso me demostraba lo desgraciado que era. Él no me amaba, sólo le gustaba
fastidiarme la vida. Me escondí detrás de un árbol y llorando me senté en la grama; todo lo
que me estaba pasando era una pesadilla.

En tanto, yo lloraba y lloraba, mi teléfono repicaba y era Miguel, me estaba


llamando pero yo no quería hablar con él. Luego, me llegaron varios mensajes suyos.

“¿Dagmar, dónde estás? ¡Por favor, dime!”

“¡No te molestes conmigo; por favor, dime dónde estás!”

“¡Te lo suplico! ¡Contéstame, dónde estás!”

“Dagmar…”
Decidida a levantar mi orgullo respiré profundamente. Iba a entrar otra vez a la
subasta y les iba a demostrar a todos que lo sucedido esa noche no me había afectado No
me iba a dejar afectar más por esos idiotas. Caminé hacia las escaleras viendo el suelo,
tenía un nudo en la garganta y las ganas de seguir llorando me afloraban a flor de piel.

Pisé el primer escalón dispuesta a subir la escalera y al levantar la cara, lo vi; estaba
allí, parado en la superficie del último escalón de abajo hacia arriba. Tenía los brazos
cruzados y me veía con esos ojos aterciopelados como diciendo ¡Aquí estoy, aquí me
tienes! De la impresión de verlo bajé el pie del escalón y me quedé como una estatua abajo,
no sabía qué hacer ni qué pensar, estaba en estado de shock.

Karsten; en tanto, bajó con paciencia uno a uno los escalones mientras me veía y me
hacía entender que si salía huyendo, él iba a correr detrás de mí hasta alcanzarme. Cuando
bajó el último escalón, se detuvo frente a frente de mí y no dijo nada, sólo continuó
observándome. Yo lo miré y se me hizo un nudo en la garganta.

— ¡Vamos! —me dijo y agarrándome por las manos me arrastró hacia él

— ¡Arrrrgggghhhh! ¡Suéltame! ¡Suéltame!—le grité con un agrio sollozo—yo no


quiero ir a ningún lado contigo ¡Suéltame!—pero no me escuchó, siguió caminando
rápidamente, llevándome con él.

— ¡No voy a ir contigo a ningún sitio!—me solté de su mano justo cuando un lujoso
auto se detenía al frente de nosotros— ¡Tampoco voy a subir a tu automóvil!—le grité
desesperada, y en ese momento un chofer salió del coche y acercándose a Karsten, le hizo
una reverencia y le entregó las llaves del vehículo; luego se retiró caminando siguiendo un
pasaje de gramas, dejándonos otras vez a solas, discutiendo.

— ¡Voy a llevarte a tu casa!—Karsten se acarició con la mano los cabellos y


respirando profundamente pareció pedirle a Dios que le diera paciencia para aguantar un
poco mi comportamiento— ¡Esta noche te vas conmigo, quieras o no!

— ¿Estás loco?— le pregunté frunciendo el ceño porque en definitiva no entendía el


por qué él seguía insistiendo con eso— ¿No estás escuchando? No quiero ir contigo a
ningún lugar—intenté empujarlo fuertemente, pero el tiro me salió por la culata; su cuerpo
era tan fuerte que reboté y me caí de pompas, eso provocó que Karsten soltara unas
grandes carcajadas que me hicieron sentir humilladísima. Nunca lo veía reír tan
despreocupadamente y ahora lo estaba haciendo por mí; así que lo miré con rabia, y me
puse rápidamente de pie dándole la espalda dispuesta a irme; pero el muy zángano logró
detenerme.

— ¡No te voy a dejar de noche sola en la calle; así que ven conmigo!—me abrazó
con calma y los ojos se me hicieron agua inmediatamente. Era una sensación tan especial
tenerlo abrazo a mí, el corazón me latía fuertemente y tenía enormes ganas de quedarme
junto a él para siempre en ese lugar, en ese momento y en esa situación.

— ¡No estoy sola!—gimoteé tratando de entrar a mis cabales— ¡Yo… yo me voy con
Miguel y mi madre!

—Pues no, tú te vas conmigo—me dio la vuelta para poder mirarme directamente a
los ojos y yo nerviosa me mordí los labios ¡Él se veía tan guapo! ¡Él era increíble!— y como
sé que a tu madre no le va a gustar verte llegar conmigo—me explicó— te dejo una cuadra
antes de llegar a tu casa.
— ¡No me voy a ir contigo!— estaba realmente aturdida ¿Cómo este hombre podía
sacar sentimientos tan disimiles en mí? ¿Acaso quería volverme loca? Yo nunca había
sentido tales cosas por nadie y es que cada vez que creía que por fin comenzaba a odiarlo,
él hacía algo y me terminaba rindiendo a sus pies.

— ¡Ven!— me ordenó y esta vez puso una mirada bastante despiadada, se le notaba
a leguas que se estaba obstinando de mí accionar. Abrió la puerta del auto y sin mirarme a
los ojos me ordenó— ¡Sube, ahora!

Arrugando el gesto y viendo que no me quedaban más opciones, me subí


finalmente al auto de Karsten. ¡Lo odiaba por esto! ¡Lo odiaba por someterme a su
voluntad! ¡Lo odiaba por tratarme como una niñita inmadura!

— ¡Eres un bastardo!—murmuré más para mí que para Karsten, pero el muy


canalla logró escucharme cuando se subió al auto. Se sentó en su asiento y regalándome
una media risa juguetona encendió el auto y lo sacó del estacionamiento. Yo me crucé de
brazos, ya no soportaba a este hombre.

—Para que lo sepas yo no fui a esa subasta porque apoye a ese tipo de
actividades—intentó iniciar una conversación tranquila y relegada de todo lo que había
sucedido esa noche en la fiesta— ¡Fui porque sabía que tú ibas a estar allí!—me confesó y
al oírlo decir aquello se me hizo un nudo en la garganta.

—O sea que vas a seguir con tu acoso—concluí encogiéndome de hombros.

— ¡Ahora es cuando!—sonrió y yo le respondí a su sonrisa con una de las mías, se


veía tan apuesto y libre que pensé ―Dagmar, no lo niegues más; estás completamente
enamorada de Karsten‖.

— ¡Qué fastidioso eres!—lo miré pacientemente y luego de forma agradable eché mi


asiento hacia atrás para poder estar más cómoda.

—Sé que te pareció que yo iba a gastar dinero absurdamente sólo para llegar a
tenerte y sí, sí es verdad, tienes toda la razón—me confesó con gracia— Si tú no fueras
subido al escenario, yo no fuera dado un dólar como colaboración para esa actividad.

— ¿No te gusta ayudar a los pobres?—musité algo preocupada de que su respuesta


fuera que no. No quería tener al lado al Karsten malvado y egoísta que siempre me había
imaginado desde que peleamos hace años, quería al que lograba sacarme de sus casillas
con su altanería, pero que a la vez podía ser dulce, aunque solo fuera conmigo.

—Sí, claro que me gusta ayudar a los pobres; — admitió—sin embargo, es absurdo e
hipócrita el hacer una subasta llena de gente rica que comen caviar y toman las más caras
bebidas para luego darles a los pobres las migajas que le salen.

— ¿En serio piensas así?— le dije observándolo con los ojos abiertos de par en par.
— ¡Sí, así pienso!—me dijo y detuvo el carro en un semáforo en rojo— ¿Por qué?—
me preguntó mirándome inquietante— ¿Te parece demasiado inhumano? Yo nunca fui
pobre, pero sé el hambre que se pasa cuando no se tiene dinero como para venir a decir
que esos tipos millonarios que estaban en la subasta ayudan a los pobres ¿O es que tú
también actúas como ellos?

— ¡No, claro que no!—le negué con la cabeza sabiendo que en el fondo él tenía toda
la razón; esos ricachones que estaban en esas fiestas se burlaban de los pobres al gastar
tanto en una fiesta para luego hacer donaciones de puras migajas— La verdad es que yo
también pienso igual—le revelé— No digo que todas las subastas de millonarios en
beneficio de los pobres sean así; pero sí que la gran mayoría.

—En fin…—se acercó a mi asiento y me miró con ojos ardientes como diciéndome
¡Ve! ¡De esto que tienes aquí al frente te estás perdiendo por no estar conmigo! Y yo no
hallaba que pensar, sí que me estaba perdiendo la ocasión de estar con él por andar de
terca, pero él tenerlo tan cerca de mí provocaba en mí deseos más profundos que no se
limitaban a una simple cercanía o a un beso ¡Quería ser su mujer!

— ¿En fin… qué?—le pregunté nerviosa y tartamuda, tratando de desconocer mi


clara muestra de excitación.

— ¡Perdón si me comporté como un niño!—se excusó a escasos milímetros de mi


boca y luego suspirando con resignación por no poder besarme, se volvió a acomodar en
su asiento y siguió manejando—¡Creo que no debí actuar de esa forma en la fiesta—me
dijo cuando ya habíamos pasado algunos minutos sin dirigirnos la palabra y yo lo miré
ebria de una necesidad de besarlo.

— ¡Estás perdonado!—bromeé tontamente— ¡O por lo menos por ahora!

Karsten tomó el camino más corto a mi casa y cuando habían pasado sólo unos diez
minutos, se detuvo en la entrada de la urbanización donde estaba ubicada mi casa. Me
ayudó a quitar el seguro de la puerta y me abrió para que yo me pudiera bajar. En esa
calle, la noche se sentía fría aunque estaba iluminada de lindas estrellas. No se veía nadie
en todas las cuadras y la privacidad y la soledad que se percibía producía un erótico clima
de sensualidad.

— ¡Gracias por ser tan cortés!—le agradecí por ayudarme a bajar de su auto— ¡Me
encanta un hombre educado!

— ¡Estoy aquí para cumplir tus deseos!—me dijo roncamente y después me besó
ligeramente el cuello— ¡Así que si alguna vez vuelvo a meter la pata, te suplico que me lo
recuerdes y me reprendas!

— ¿Y qué vas a hacer para cumplir todos mis deseos? —Toqué suavemente su
mejilla con el dedo— ¿Qué me vas a dar? ¿Qué me vas a hacer?
— ¿Confías en mí?—sonrió tontamente— ¿Confías en lo que pueda decir, hacer y
manifestar este príncipe de la oscuridad?

—Hmmm…—hice como si estuviera pensando la respuesta— ¡A veces sí, a veces


no!

— ¡Cariño, eres una mujer tan bella que me hacer perder la cabeza!—me aseguró y
mi pecho tembló— ¡Dagmar, te adoro!

— ¿Y eso por qué?—siseé en voz baja— ¡Yo soy una chica igual que las demás; soy
común, sin majestuosidad ni supremacía! ¡Soy corriente, y lamentablemente este no es el
cuento de ―La Cenicienta‖, todo lleno de luces y colores, éste es un cuento real lleno de
truenos y centellas!

—Pero, todos sabemos que Cenicienta al final se quedó con el príncipe y que…—se
interrumpió a sí mismo— ¿Quién te dice a ti que tú no podrás tener ese final feliz?

— ¡Es que yo no soy ella, yo soy Dagmar!—le aseguré y el abrió los ojos como par
de platos— ¡Yo soy una chica que no cree en los cuentos de hadas!

— ¡Te voy a enseñar porqué la realidad siempre supera a la ficción!—su boca se


curvó en una sonrisa y me acarició la mejilla, después de eso, ambos nos fundimos en un
poderoso y largo beso.

— ¡Oh!—balbuceé y le coloqué las manos en los hombros.

— ¡Tú no serás Cenicienta, —me manifestó al oído— pero eres una mujer real que
fuiste hecha única y exclusivamente para mí!

—Pero, recuerda que en la Cenicienta—tragué nerviosamente—después de la


medianoche todo el hechizo se acaba.

—Esta noche no salió tan bien como había esperado; sin embargo…—se inclinó
muy cerca de mi boca y nuestras respiración combatieron tenazmente— te prometo que
después de la medianoche el hechizo, no se acabará.

— ¡Gracias por traerme a casa!— le expresé algo insegura— ¡Karsten, eres el


hombre más maravilloso que he conocido en mi vida!

— ¡Siempre es y será un placer! — murmuró guiñándome un ojo y luego tomó la


debida distancia entre ambos.

—Karsten…—le manifesté cautelosa—Yo… ¡Karsten, te quiero!—y ahí estaba la


confesión que había guardado por tanto años. ¡Yo estaba enamorada de Karsten! ¿Para qué
me iba a engañar a mí misma?
— ¡Yo, lo sé, cariño!—Karsten pareció sentir un jubilo indescifrable, por lo que, me
regaló una media sonrisa, cosa que me hizo temblar desde la punta del dedo gordo del
pie hasta el último cabello de mi extensa cabellera.

— ¡Adiós! —le dije nerviosa e impulsada por un no sé qué le di un ligero beso en la


mejilla. Luego de ello, sonreí cariñosamente y dándome media vuelta intenté marcharme
de allí. Pero, Karsten no me dejó retirarme sin antes corresponder a mi beso, me volteó
hacia él y mirándome acercó sus labios a los míos.

— ¡Hasta mañana!—me susurró, después me besó en los labios y eso me volvió


gelatina porque ese beso era mejor que todos lo que me había dado durante gran parte de
la noche. Su boca sabía a champán y esta vez no hice ningún intento de separarme de sus
brazos. ¡Lo deseaba! ¡Lo quería! ¡Lo necesitaba! ¡Necesitaba más que a mi propia vida ese
beso, necesitaba de la probada de sus labios para mantenerme serena!

— ¡Algún día vas a ser para mí!—me prometió y al escucharlo no me pude negar, lo
único que hice fue morderme los labios con nerviosismo y buscar mi camino hacia la casa.
Si las cosas seguían así, claro que iba a ser de él.

— ¡Hasta pronto! —le expresé con sutileza y comencé a caminar las dos cuadras que
me faltaban para llegar a mi casa.

— ¡Hasta pronto! —lo oí decir a los lejos, y luego echando una ligera ojeada hacia
atrás pude ver como se montaba en su auto, lo encendía y se marchaba lejos de allí.

Regresé a mi dormitorio y esperé a que mi madre regresara a casa. En tanto, me


miré en el espejo, todo esto no era justo; a mí no me podía gustar Karsten, no podía. Me
volví a poner a llorar, nada de eso era correcto.

— ¿Se puede saber por qué últimamente recibes tantas invitaciones a eventos
sociales?—cuando regresó de la subasta, mi mamá bravísima entró a mi dormitorio sin
siquiera llamar a la puerta.

—Mamá…—le dije con boba inocencia en la mirada.

— ¡Mamá nada!—sus ojos se ensancharon de rabia— ¿Qué es lo que te traes entre


manos? ¡Yo no soy una niña de pañales que se cree los cuentos que sus madres le relatan
por la noche, para poder dormir! ¡Quiero la verdad! ¿Estás en una relación con ese
malvado príncipe porque si es así no lo voy a permitir?

— ¡Tú sabes que no tengo un amorío con Karsten!—la miré boquiabierta— ¡Lo que
ha pasado es que él ha influenciado en la alta sociedad para que los organizadores de esos
eventos me inviten!

— ¿Y hasta cuándo va a hacer eso?—me preguntó mi mamá cerrando los ojos con
fuerza— ¡Ese príncipe es un ruin abusador! ¡Mira que participar en la subasta para
obtenerte!
—Mamá…—sentí vergüenza de no contarle todas las cosas que sentía a mi madre.
Si ella supiera lo cercano que habíamos estado Karsten y yo pegaría un grito en el cielo.

— ¡Es la verdad!—gritó las palabras— ¿En qué cabeza cabe que él te esté haciendo
eso?

— ¡Mamá, él no me está haciendo nada malo!—intenté razonar con ella— Al


contrario, esos bailes tan elegantes y cercanos a la realeza me han ayudado a sentirme
mejor, pero sobre todo, es que ahora me siento más libre

— ¡No me digas!—frunció el ceño con la mirada más dura que he visto en mi madre
en mucho tiempo— ¡Por favor, Dagmar! ¡El trabajo de tu padre siempre nos ha permitido
codearnos con la gente rica!

— ¡Sí, no obstante, nunca habíamos salido con gente tan poderosa como ahora!—me
estremecí— ¡Ay, mamá! ¡Por Dios, no te pongas con esas boberías! ¡Miguel y tú me han
estado acompañando a esos eventos sociales y bastante que los han disfrutado! ¡Te suplico
que no te quejes!

—Si estás irrespetuosa…—apretó los dientes.

— ¿Quién? ¿Yo?—mi piel se erizó de verla tan de mal humor— ¡No, mamá; es sólo
que ya me tienes molesta con tu sobreprotección!

— ¿Sobreprotección?—mi mamá pareció perder muchísimo la paciencia, así que se


golpeó varias veces la frente con la mano, tal y como si estuviera pensando y analizando
algo muy profundo— ¡Lo único que yo quiero es salvarte de caer en las garras del príncipe
heredero!

— ¿Cómo tú te salvaste de caer en las garras del fallecido rey?—mis cejas se


arquearon.

— ¡Sí, así mismo!—gruñó.

—Mamá…—bajé la mirada temiendo decirle algo que después tuviera


consecuencias negativas para la familia— ¿Hasta cuándo vas a odiar a la realeza por lo
que te pasó hace años? ¡Karsten, no tiene la culpa de que el rey te haya querido obligar a
casarte con él!

— ¡No, no tiene la culpa! —sus ojos se abrieron y comenzó a tartamudear— ¡No


obstante, no quiero que tú seas víctima de su hijo! Yo me tuve que negar decenas de veces
a hacer su esposa, hasta que conoció a la difunta reina y ―aleluya‖ se olvidó de mí. ¿Y te
digo una cosa? Tú vas a tener que hacer de todo hasta que el príncipe Karsten se harte de
ti o entienda que tú no lo amas.

— ¡Sí, mamá!—le dije tomando aliento y sentí que ya no valía la pena discutir con
mamá. Ella nunca admitiría lo equivocada que estaba.
Muy tarde en la madrugada me acosté a dormir. No sé en qué momento y por qué,
pero a medida que pasaron las horas comencé a sentirme mal hasta que cuando amaneció
tuve que desistir de ir a trabajar porque tenía un fuerte resfriado. Las horas pasaron y
permanecí acostada en la cama durmiendo y titilando, sin embargo, un enorme escandalo
fuera de mi habitación logró despertarme.

— ¡Su majestad!—pude oír los gritos de mi madre afuera de mi dormitorio.

— ¡Buenas tardes! —la voz de Karsten resonó entre las paredes.

— ¿Usted qué hace aquí?—mi mamá se percibía bien enojada.

— ¡Vine a ver a Dagmar!—le contestó obstinadamente Karsten— ¡Hoy no fue a


trabajar quiero saber por qué!

—¡Ella está enferma y de verdad que no pudo llamar al palacio para informarle que
no iba a ir a trabajar hoy!—mi mamá intentó explicarle— ¡Aún está en la cama y no tiene
la fuerza ni siquiera para tomar el teléfono!

— ¿Aún está en la cama?—Karsten se escuchó sorprendido y preocupado— ¡Voy a


verla!

— ¡Su majestad!—la agitación de mi mamá era bastante notable— ¡Su majestad,


espere!

— ¡Ábrame la puerta del dormitorio!—Karsten ordenó y la malvada puerta vibró


cuando él le dio una furiosa parata— ¡Ábrame esta desgraciada puerta!

— ¡Sí señor!— mi madre se rindió y abrió rápidamente la puerta.

— ¡Gracias!—pude sentir los pasos de Karsten ingresar a mi dormitorio— ¡Ahora;


por favor, déjenos a solas!

— ¡Sí, señor!—mi mamá obedeció a Karsten y se marchó de la habitación cerrando


con ello la puerta de la habitación.

—Dagmar…Dagmar…—susurró tartamudeando— ¿Estás dormida?

—No…—tosí aturdida—cof, cof, cof

— ¿Cómo te sientes?—Karsten tomó mi rostro y me besó tiernamente los labios.

— ¡No! Cof, cof, cof…—escondí la cabeza entre la cobija, llena de vergüenza por mi
espantoso estado— ¡No me siento no muy bien!

— ¡Así te vez!— intentó quitarme la cobija de la cara, pero no se lo permití.

— ¡No… cof, cof, cof…me veas…! —Sollocé— ¡Estoy horrible! cof, cof, cof…

— ¡No te escondas de mí!—me pidió divertido.


— ¿Qué?… cof, cof, cof…—le pregunté tratando de disimular el claro exceso de
tos— ¿Qué… cof, cof, cof…haces aquí?

— ¡Estaba preocupado por ti porque no fuiste a trabajar!—Karsten torció la boca


hacia un lado.

—Si quieres… —hice una pausa e intenté levantarme—cof, cof, cof…si quieres me
levanto y… cof, cof, cof…voy a trabajar.

— ¡Quédate quieta muchachita!—él me puso la mano en el pecho y con un suave


empujón me arrojó a la cama— ¡Ahí te quedas hasta que te cures!

—Pe… cof, cof, cof…pero…—mantuve la voz baja.

— ¡Te quedas en la cama hasta que estés sana!—tomó una respiración profunda—
¡Es una orden!

Mi teléfono comenzó a sonar por una llamada entrante.

— ¡Aló!— Karsten lo tomó y contestó la llamada.

— ¡Ella está acostada porque se siente mal!—le informó a la otra persona en la


línea— ¡y tú no deberías estar llamándola!

— ¡Sí, soy el príncipe Karsten!—sus ojos se estrecharon y me regalaron una mirada


oscura— ¿Hay algún problema con eso?

— ¿Sabes qué chico?—le grita a la otra persona con voz áspera— ¡Vete al demonio!

— ¿Era… cof, cof, cof…era Miguel?—no pude evitar preguntarle en cuanto cortó la
llamada— ¿Verdad?.. cof, cof, cof…

— ¡Sí, era el idiota ese!—me respondió de la forma más natural que pudo y luego
arrojó el teléfono hacia la mesita de noche.

— ¿Por qué… cof, cof, cof…—eres tan cruel?—jadeé, bajando la cabeza.

— ¡Porque estoy enamorado de ti!—entrecerró los ojos y me sonrió


maravillosamente.

— ¡Eso… cof, cof, cof… —mi corazón comenzó a palpitar lleno de sentimientos
cariñoso—eso…cof, cof, cof…eso… cof, cof, cof… eso no es amor!

— ¡Sí es amor!—me respondió y tomando la cobija se sentó a mi lado— ¡Ahora


dame espacio que me voy a acostar a tu lado!

—Pero… cof, cof, cof…—me estremecí—pero te puedo contagiar mi virus

— ¡No me importa!—y arropándonos a los dos debajo de la cobija, se acostó a mi


lado y me abrazó.
— ¡Eres un buen… cof, cof, cof…!—un ojos se empaparon de lágrimas— ¡Eres un
buen chico, Karsten!

— ¡Soy tu chico!—me levantó la barbilla y me hizo mirarlo directamente a los ojos.

— ¡Te quiero!—gemí.

— ¡Yo también te quiero!—levantó su mano, enredó sus dedos en mi cabello y


luego me dio un beso en la frente. Después de esos me quedé profundamente dormida.

— ¡Buenos días, preciosa!—Karsten entró por la puerta trayendo con él una bandeja
de comida— ¡Es hora del desayuno!

— ¡Oh!—me senté sobre la cama y vi la enorme cantidad de comida que me había


traído Karsten! ¡Sí, era muchísima comida! Había manzanas, fresas, sopa de pollo, papas al
vapor y una gran jarra de jugo de naranja— ¡Buenos días! ¡Y gracias por la comida, pero
debo asearme primero!

— ¡Para mí es todo un placer! —Se sentó a mi lado— ¿Y cómo te sientes esta


mañana?

— ¿Esta mañana?—le pregunté sorprendida sin recordar mucho de los


acontecimientos de las últimas horas— ¿Y cuánto he dormido, pues?

—Bastante…—agarró mi cara entre sus manos y me besó los labios—Y en las


ocasiones que te despertaste con fiebre, te di la medicina que te recetó el doctor.

— ¡Voy al baño!—de repente sentí algo de pánico de tenerlo conmigo en mi


dormitorio, así que me quité la cobija y entré al baño, allí me lavé la cara y los dientes.
Finalmente, regresé al dormitorio.

— ¿Karsten, te quedaste todo el día y toda la noche aquí conmigo?—no pude evitar
preguntarle cuando me senté nuevamente a su lado.

— ¡Sí!—me dijo con voz ronca— ¿Hay algún problema?

— ¡No, por supuesto que no!—tomé una manzana y comencé a comer— ¡Al
contrario, te lo agradezco!

—Cariño, el quedarme aquí contigo no fue un favor, —tomó con una cuchara algo
de papas al vapor de un tazón y comenzó a dármela en la boca con provocación— fue para
mí todo un placer.

— ¡Aún no puedo creer que pasaras tantas horas pegado a mí sin miedo a
enfermarte!—mi cuerpo temblaba lleno de muchas emociones positivas. ¡Quería abrazarlo,
quería besarlo, quería quedarme pegada a él para toda la vida!
— ¡Sí, lo hice!—dijo con tono divertido— ¡Aunque debo confesarte que tuve que
usar tu baño para asearme!

— ¿Y cómo hiciste con la ropa?—tomé la cuchara con la que me estaba dando


comida y esta vez fui yo la que comencé a alimentarlo.

— ¡Henieth se encargó de traérmela! —se encogió de hombros.

— ¡Vaya!—mi voz vaciló.

— ¡Y también debo decirte que me encantó estar desnudo en el lugar en donde tú


siempre estás!— mi mira intensamente y sabe que cuando se marche de mi casa, to no
podré quitarme esa imagen de la cabeza. ¡Oh, Karsten desnudo en el baño de mi
habitación! ¿Por qué me había tenido que quedar dormida y perdérmelo todo?

— ¡No comiences con tus cosas, por favor!—mi corazón volcó desesperado y traté
de sonar lo más calmada que podía.

—¡Es la verdad!—me dijo y se levantó de la cama dispuesto a retirarse— ¡Bueno, ya


te levantaste y ya te sientes mejor; así que, este hombre que ves aquí se tiene que retirar
hacia su palacio para cumplir con los trabajos que suspendió ayer por quedarse contigo!

— ¡Está bien!— tragué saliva— ¡Me imagino que tus obligaciones te van a tener
bastante ocupado el día de hoy!

— ¡Te llamaré!—me prometió y a continuación se subió a medio cuerpo en mi cama


y capturó mi boca en un beso frenético y hambriento. Mi cuerpo entero tembló de sentir
sus labios pegados a los míos y cuando lo tomé de los cabellos, pude sentir que aún los
tenía húmedos. Su lengua entró en mi boca, sus manos se enredaron en mi cadera y yo me
arqueé y exclamé su nombre.

— ¡Oh, Karsten!—gemí en cuanto sentí que separaba sus labios y volvía a ponerse
de pie, para marcharse— ¿Por qué te tienes que ir?

— ¡El deber me llama preciosa!—resopló— ¡En fin, tómate el día libre!

— ¡Lo haré!—le aseguré contentísima por el beso que nos acabábamos de dar—
¡Mañana estaré de vuelta en el trabajo!

— ¡Adiós, cariño! —se despidió con la mano y abrió la puerta de salida de mi cuarto

—Karsten…—lo llamé antes de que saliera.

— ¿Qué?—me preguntó volteándose a verme.

— ¡Gracias!—me quedé mirándolo y sonreí como una chiquilla enamorada.

— ¡Fue todo un placer!—sonrió débilmente y luego salió de la habitación.


Miguel me llamó a pocos minutos de que Karsten se marchara de mi casa. Me
imaginé que mi mamá le había avisado que ya me encontraba sola y entonces, aprovechó
la ocasión. Tristemente, su llamada terminó siendo para mí más que una pesadilla. Él
habló muy herido y para mí conciencia, yo era la persona que le había causado ese dolor.
Sin embargo, esa herida rápidamente fue convirtiéndose en rabia. Me gritó, me insultó, me
regañó y amenazó con hacerme daño si Karsten se atrevía nuevamente regresar a mi casa.

En definitiva, me dio terror escucharlo decir tales cosas, pero al final pensé que se
trataba de los malvados celos que lo hacían actuar tan bruscamente en contra de mí. Le
prometí tomar distancia con Karsten y no dejarlo entrar otra vez en mi casa. Lo que sí era
seguro era que Miguel estaba quitándose la máscara de niño bueno para enseñarme una
oscura, amargada y peligrosa.

En la tarde me entretuve viendo las noticias desde mi teléfono celular y estuve al


pendiente de cada una de las cosas que hizo Karsten. Sonreí como mensa cuando vi que
sus principales empleados del palacio le hicieron una sorpresa por considerarlo ―el mejor
príncipe heredero de toda la historia‖, suspiré cuando vi que se había encargado de donar
cientos de juguetes para los niños y niñas de los orfanatos del país, me mordí el labio
cuando lo observé todo elegante y educado darle una entrevista a una de las periodistas
más famosas del país, besé el teléfono con su rostro en la pantalla cuando lo vi en millones
de imágenes de sesiones fotográficas.

¡Sí, no podía seguir negándomelo a mí misma! ¡Yo estaba totalmente enamorada de


Karsten! ¡Él era la luz para mis ojos! ¡Él era el sol para mis mañanas! ¡Él era la luna para
mis noches! ¡Él era el alimento que me permitía comer! ¡Él era la medicina que me curaba
todas mis enfermedades! ¡Lo adoraba y aunque quizás, nunca pudiera estar con él,
siempre lo iba a amar! Era triste, ponerme a analizar que ese amor nunca podría ser, pues
mi mamá me lo había dicho billones de veces, él era un príncipe y yo no era de la realeza.

Además, estaba en el medio del camino el pobrecito de Miguel, ese chico era bueno
y no se merecía nada de lo que yo le estaba haciendo. ¿Cómo alguien podía darle ilusiones
de amor a alguien en dos ocasiones y al final romperle el corazón? ¡No eran correctos mis
sentimientos y aunque me doliera, debía seguir en el sendero de establecer una relación
amorosa con Miguel y no con Karsten!

En la noche, Karsten me llamó al celular.

— ¡Hey, acabo de pensar en algo!—me dijo sin saludarme al teléfono.

— ¿Qué cosa?—reprimí un suspiro.

— ¡Tengo que hablar contigo!—me anunció anímicamente— ¿Así que por qué no
vamos a comer unos brownies por ahí, en tanto lo hacemos?
— ¡No creo que eso sea correcto!—se me puso la piel de gallina de escucharlo
invitándome a salir con él—¿Acaso crees que valgo lo mismo que un brownies de una
tienda?

——¡Eres adorable y deliciosa!—pareció divertido de escucharme comparándome


con un dulce de chocolate— ¡Sólo quería invitarte a salir conmigo! ¡Yo no quise decir que
valían tan poquito!

— ¿Ah, no?—sacudí la cabeza con exasperación— ¿Y entonces?

— ¡Yo solo quiero hablar contigo, a solas!—manifestó lleno de expectativas—


¿Podemos hablar solo un segundo afuera de tu casa?

— ¡No me siento tan bien como para estar cerca de ti!—resoplé— ¡No es buena idea
que nos estemos viendo por ahí! ¡Alguien podría vernos juntos y malinterpretar nuestra
relación!

— ¡Tienes que venir conmigo!—me expresó con un tono de voz tranquilo— ¡Sólo
será por unos minutos!

— ¡De verdad no creo que debería ir!—le aseguré suavemente.

— ¡Relájate!—se escuchó tranquilo— ¡Has estado enferma y estar unos minutos


tomando el aire puro de la ciudad te puede ayudar a recuperarte totalmente!

— ¡Necesito algo de aire, pero ese aire debe ser lejos de ti!— apreté los labios para
controlar las ganas que tenía de decirle a Karsten que sí, que sí deseaba salir con él.

― ¡A mí me pasa lo contrario!— se burló y a mí se me escapó un gemido


involuntario— ¡Cuando estoy contigo, soy libre y jamás querré estar lejos de ti!

— ¡Maldito bastardo!—le dije en voz sumamente alta— ¿Qué quieres de mí ahora?

— ¡Estás en problemas, hermosa!—ronroneó— ¡El que yo me haya quedado en tu


casa para cuidarte significa que me debes algo!

— ¿Acaso estás arrepentido de haberme acompañado?—protesté indignada— ¡Yo


no te pedí que lo hicieras! ¡Si lo hiciste a la fuerza, triste por ti!

— ¡Ohhhh!— se echó a reír a carcajadas–¿Te pusiste brava? ¡Eso quiere decir que
estás mejor de salud!

— ¡Odioso!— me tensé molestísima.

— ¡Siempre!—me expresó perversamente— ¡Cariño, me encanta que pelees en


contra de mí! ¡Sin embargo, al final terminaras cayendo rendida a mis pies!

— ¡Eso nunca!— lo reté bruscamente.


— ¡Tú me amaras!—dejé escapar un breve suspiro— ¡Me obedecerás! ¡Me serás fiel!
¡Te entregaras a mí! ¡Y créeme, yo puedo ser muy persuasivo para lograr todos mis
propósitos!

— ¡No digas esas cosas!—le dije a la defensiva.

— ¡Su majestad, es momento de entrar a la asamblea!—pude oír la voz del señor


Henieth al otro lado de la línea interrumpir nuestra conversación telefónica.

— ¿Algo va mal?—me sentí incomoda de estar hablando con Karsten en un mal


momento— ¿Karsten, estás bien?

— ¡Estoy de maravilla, pero te tengo que cortar la llamada!—trató de disculparse—


¡Debo culminar el trabajo que suspendí por estar haciéndote de enfermero! ¡Nos vemos
luego, Dagmar!

—Adiós, Karsten!—corté la llamada y me acosté a dormir.

Al día siguiente regresé a mi trabajo. Me sentía súper recuperada y alegre; ya que


podía olvidar mis problemas personales escribiendo largas líneas llenas de pensamiento.
Odiosamente, Karsten no desistía de su acoso. Aunque, no puedo negar que cuando lo vi
acompañarme en mi oficina para ver como seguía, me sentí en el mismísimo cielo.

— ¡Vi en la televisión la noticia de la sorpresa que te dieron tus empleados del


palacio para honrarte!— me volteé a verlo a los ojos— ¡Eres un maravillo príncipe!

— ¿Y…?—me miró expectativo.

— ¡Eres un gran líder!— puse una mano sobre mi corazón.

— ¿Lo crees?— Se mordió el labio inferior

— ¡Sí; a pesar, de que siempre la gente dice que eres un hombre testarudo y
hostil!— Me encogí de hombros— ¡Esos empleados hablaron muy bien de ti cuando la
periodista los entrevistaba!

— ¿Y qué con eso?—sacudió su cabeza.

—Es que… ¡Wow!—mi respiración se volvió entrecortada, pero a la vez feliz— Aún
no puedo creer que seas un hombre tan poderoso y que puedas delegar tantas funciones.
Estoy emocionada de saber que tus trabajadores te respetan y creen que eres un príncipe
muy recto.

— ¡Vaya!— Se rió entre dientes— Me gusta saber que por fin algo te gustó de mí.

— ¡Y a mí me gusta que como jefe siempre hagas lo mejor para tus empleados!—
admití, sonrojándome.
— ¿Y por ti?— me preguntó, arqueando una ceja— ¿Nunca he hecho lo mejor por
ti?

—Mmmm…— le dije casi sin aliento—¡Esa pregunta no sé cómo contestarla! ¡Tú


has hecho cosas…!

—Cosas que aunque por tanto tiempo me has recriminado; —me miró con un brillo
intenso en los ojos—yo sé que son las mejores para ti.

— ¿Qué correcto puede tener el hacer que Miguel terminara conmigo?— Mi voz
tembló al pronunciar esas crudas palabras.

— ¡Miguel no es el hombre que estaba destinado para ti!— Llevó mis manos a su
boca y besó uno a uno, todos mis dedos— ¡Ese hombre soy yo!

— ¡Miguel es un hombre leal, comprensivo y cariñoso!—dije con voz ronca— Tú en


cambio eres…

— ¡Soy odioso, amargado, testarudo, luchador y bastante directo!—su tono sonó


frío pero sincero— ¡Soy el hombre que nunca pierde y que consigue lo que se propone!
¡Soy el hombre que pronto vas a admitir amar! ¡Soy el hombre que tu mamá más odia en
el universo!

— ¡Y con toda la razón!—tomé una honda respiración y comencé a hablar como


loca— ¡Tu padre le hizo mucho daño a ella y tú siempre actúas igual o peor que él! ¡Él fue
un tirano y tú lo eres! ¡Él acosaba a mi madre y tú lo haces! ¡Él se creía el mejor hombre del
universo y tú también lo crees!

— ¡El pasado es el pasado y ya el pasado quedó atrás!— me regaló una de sus


sonrisas desdeñosas y burlonas.

— ¡Mi mamá aún guarda mucho rencor en su alma!—puse los ojos en blanco con
exasperación— ¡Primero fue lo de tu padre y luego lo tuyo!

—Mi papá quería casarse con ella antes de conocer a mi mamá; —puso su mano
sobre mi cara y me obligó a mirarlo— pero después él aceptó que tu madre no lo quería y
al final terminó enamorándose de mi mamá.

— ¡Sí, cuando él conoció a tu mamá se enamoró totalmente!—admití algo que


mundialmente se sabía— No obstante, mi mamá aún no olvida que eso sucedió algún día
y pide fervorosamente al cielo que tú me dejes en paz. Mi madre no quiere que me pase lo
que a ella; que se sintió agotada y sin esperanzas de libertad, que incluso llegó a pensar en
huir del país porque tu papá insistía, insistía e insistía tanto en que ella tenía y debía ser su
esposa.

—Pero, —gimió y cerró los ojos soltándome la cara—pero, él después él la dejó


tranquila e incluso tu mamá se casó también y hoy en día es feliz. ¿Por qué tú y yo
tenemos que pagar las consecuencias de los errores que cometieron nuestros padres? ¿Por
qué no podemos estar juntos?

— ¡Porque…tú quieres hacerme lo mismo a mí!—mi cuerpo tembló de


desesperación— ¡Me acosas, me persigues y me quieres obligar a estar contigo! ¡Quieres
obligarme a enamorarme de ti!

— ¡Eso no es cierto!—susurró y me abrazó frenético— ¡Tú sabes que lo nuestro es


diferente! ¡Tú me amas! ¡Tú sientes lo mismo que yo! ¡Ambos nos sentimos atraídos por el
otro! ¡Entre tú y yo existe una atracción mutua!

— ¿Mutua? ¿Mutua?—le pregunté con enojo, empujándolo lejos de mí— ¡Por favor,
tú me acosas!

— ¡Y tú te dejas acosar porque te gusta!— me miró con ojos llenos de lujuria, sed y
amor— ¿O vas a negarme que todas las noches tengas sueños conmigo? ¿O vas a negarme
que anheles tenerme todas las noches en tu cama? ¿O vas a negarme que deseas que te
haga mi mujer?

—Karsten; por favor…—mi corazón se derritió de amor y mi cuerpo comenzó a


vibrar de la emoción.

— ¿Por favor, qué?—me sujetó de la cintura y me empujó contra su pecho.

— ¡No me atormentes más!—gemí en voz alta— ¡Te lo suplico!

— ¿Te has dado cuenta cómo te pones por mí?—tomó un mechón de mi cabello y
comenzó a enredarlo entre sus dedos— Cada vez que te toco tiemblas y no precisamente
de miedo o de terror.

—Karsten…—sacudí la cabeza ligeramente y rocé sus labios sin poderlos besar


como realmente quería.

— ¡Oh, Dagmar me vuelves loco!—besó brevemente mis parpados— ¡Por favor,


quítate esa camisa y hagamos una prueba!

— ¿Qué?—tartamudeé de los nervios por el pedido de Karsten ¿Ahora que se le


había ocurrido a ese príncipe malvado?— ¿Estás loco? Yo…

— ¡Sólo por un instante olvida que somos tú y yo!—sus ojos se pusieron oscuros y
tomándome por las mejillas, me regaló un ligero beso en la frente— ¡No pienses! Solo
quero que sientas mi piel contra tu piel…

—Karsten…—cedí, de forma automática me quité la camisa sobre mis hombros y


Karsten hizo lo mismo. Ambos quedamos desnudos de la parte superior y lo único que
nos separaba, era un tonto brassiere que al parecer no tenía intención de dejar de
entrometerse.
— ¡Tu piel y mi piel están completamente sincronizadas para estar juntas!—Karsten
me acarició con el dedo índice los brazos, el cuello, los labios— ¡Una no puede estar sin la
otra!

— ¡Karsten, eres tan perfecto!— Coloqué las palmas de mis manos sobre su duro
pecho.

— ¡Tú eres toda mía!— jadeó contra mi boca— ¡Tus labios, tus ojos, tu cara, todo tu
cuerpo es mío!

— ¿Qué? ¡No! ¡Suéltame!—intenté separarme de él al darme cuenta de la situación


en que ambos nos encontrábamos en ese momento— ¿Qué rayos estoy haciendo, Dios
mío? ¿Me volví desquiciada o qué? ¡Yo no debo permitir que tú me toques! ¡Esto no
puede pasar nunca más!

No obstante, fue un error decirle aquello. Karsten me agarró muy fuerte y cubrió su
boca con la mía en un acto salvaje de posesión, apagando mis protestas, inmovilizando mi
lengua, castigándome con un poder tan absoluto que me dejó temblando y sin poder
hablar. Dejé que su lengua comenzara a viajar por mi cuello, mi ombligo, mis senos.

Gemí una vez y puse desesperadamente la cabeza sobre su hombro. Mis pechos se
sentían calientes contra su pecho desnudo y mis piernas parecían que iban a caer
derrotadas al piso. Desplacé una mano hasta la parte baja de su espalda y comencé a
devorarle la boca con total excitación.

— ¡Ya pasaste la prueba! —me dijo Karsten, tomando de pronto distancia de mí.

— ¿Qué?—tuve que aclararme la garganta para poder hablar; ya que, no sabía de


qué carajos estaba hablando. Pero, al instante lo entendí, Karsten me había comprobado
nuevamente, que yo estaba loca por él.

— ¡Me tengo que ir, cariño!—se puso la camisa y trató de arreglarse lo mejor
posible— ¡Ya no puedo seguir aquí contigo!

—Pero…—intenté detenerlo tomándolo de la camisa, pero fue en vano.

— ¡No te preocupes!—me miró con aire de autosuficiencia ¡Sabía que había ganado
y que yo había perdido!— ¡Estaré aquí pronto!—y finalmente se fue, dejándome con miles
de sensaciones en todo mi corazón.

Ally fue a buscarme a mi trabajo para evitar que siguiera enfermándome. No se,
pero estaba sospechando que ese papel de mi chofer lo estaba dramatizando para
averiguar de una buena vez, con cuál de los dos hombres en mi vida me quedaría.

— ¿Eres acaso una extraterrestre?— Ally me miró fijamente— ¿Por qué actúas así?
—Porque tengo mucho miedo—Puse los ojos en blanco— Admito que por mucho
tiempo me gustó Miguel pero ahora no sé qué hacer con este sentimiento y si aún él está
allí, en mi corazón.

— ¿Estás tan confundida?— Su boca se curvó en una sonrisa pícara de ―yo sabía
que te gustaban los dos‖.

— ¡Sí!— Sentí que mis mejillas ardieron— ¡Estoy muy confundida!

—Amiga…—tartamudeó— ¿Por qué entonces sencillamente no le dices a Karsten


que estás sintiendo algo más profundo por él y ya dejas de hacerte creer a ti misma que
quieres volver con Miguel?

—Porque Miguel es el hombre de mi vida y Karsten…—intenté contener una


lágrima— ¡Karsten es un tonto que me vuelve loca! ¡Yo…siento cosas por él!

— ¡De verdad que estás algo loca!—me susurró Ally y comenzó a absorber algo de
la bebida de cola que estaba tomando.

— ¡No seas tan cruel!—le negué con la cabeza— ¡Recuerda que eres mi amiga!

— ¡Y por eso te lo digo!—me dijo sin aliento— ¡Amiga, estás muy loquita!

— ¡Malvada!— bromeé forzando una sonrisa.

— ¡Loquita!— me despeinó toda de forma divertida— ¡Loquita!

— ¡Malvada!— la miré consternada.

— ¡Loquita!— riendo me ofreció de su bebida.

— ¡Malvada!—tomé la botella del refresco de cola y lo puse sobre la mesa,


fingiendo estar disgustada— ¡No vas a poder engañarme! ¡Eres malvada!

— ¡Y tú eres loquita!— reprimió un suspiro y agarrando de nuevo su botella, siguió


bebiendo del refresco— ¡Loquita hasta el fin del mundo!

Llegué a mi casa totalmente agotada y apagué mi celular para no recibir


interrupciones de ningún tipo. Necesitaba escribir algo importante para entregarlo al día
siguiente, así que encendí la pantalla y me senté junto a mi computador. ¡Estaba vez tenía
que impresionar a más gente!

Ya que, en algo tenía razón Karsten, la cocina no era lo mío y a pesar de lo malvado
que solía ser, estaba feliz de poder hacer lo que más me gustaba que fuera escribir. Sí,
estaba escribiendo lecturas reflexivas y poesías para los empleados de la guardería real;
sin embargo, estaba escribiendo desde mi corazón y estaba encantada… estaba
abriéndome camino en el talento que poseía y ya nadie podría decir que era una buena
para nada o que mi trabajo me lo había ganado por amistades influyentes. Estaba haciendo
cosas buenas y si a mí me gustaba, me importaba nada lo que dijeran o llegaran a pensar
los demás. Estaba siendo exitosa, al menos conmigo misma.

¡Comienza a rugir, dragón!


Y acaba con esta tormenta de esqueletos
Yo no puedo llorar más por ti
Y la sangre es un perverso amuleto.

¡Ten piedad de mi dolor!


¡Oh fiera encerrada y sin libertad1
¡Qué me vuelves loca de amor
Y me maltratas sin piedad!

¿Qué quieres hacer conmigo?


¿Me quieres asesinar a puñaladas?
¡Yo no soy una frágil victima
A la que engañas como una tarada!

¡Y si entendieras lo difícil que es para mí,


No me harías llorar por ti!
Pues, yo no creo en los cuentos de hadas
Y me duele para ti no ser nada

Por eso, no corras, siempre camina


Aunque tus pasos sean lentos
Y si te tropiezas y caes
Levántate y no arruines tus planes.
¡Quédate tranquilo y seguro llegaras a tu destino!
Y aunque no lo creas me harás muy feliz
Con una deliciosa copa de vino
Que volará lejos cual perdiz.
Cuando encendí mi celular, había cientos de mensajes de Miguel y de Karsten, pero
hubo en particular de Karsten que me movió el piso

“Te espero en tus jardines posteriores. Tengo un rato esperando por ti porque
quiero verte y hablar contigo”.
Bastante ofuscada y con miedo de que mis padres encontraran a Karsten en los
prados de su casa, decidí que debía llegarme hasta donde estaba Karsten. Me puse un
sweater rosado y caminé hacia afuera.

— ¿Se puede saber por qué me hiciste venir hasta aquí?—chasqueé los dientes—
¡Esto no es parte de mi trabajo!

— ¡Yo solo deseaba que compartiéramos algún momento a solas sin ese espantoso
olor a oficina literaria que hay en la guardería!— me manifestó sonriéndome con
suficiencia.

— ¡Ah eso!— Hice un mohín— ¡Entones, mejor me doy media vuelta y me regreso
por donde vine!

— ¡Hazlo y no te digo cuál es mi secreto!— susurró en mi oreja.

— ¿De verdad piensas decírmelo?— le pregunté girándome sobre mis tobillos.

— ¡Hoy no, pero algún día sí!—una sonrisa apareció en su rostro—¡Creo que lo haré
cuando sea el momento más apropiado!

— ¡Su majestad Karsten es usted una persona muy maléfica!— le dije mientras le
sacaba la lengua.

— ¡Ven, acompañe!— Me agarró mis manos en las suyas— ¡Te llevaré a un sitio
muy especial!

— ¡Karsten, no te he dicho que voy contigo!— ¿Por qué siempre tienes que
ordenarme hacer cosas que van en contra de mi trabajo?

— ¡Dios, adoro cuando actúas tan molesta, necia y terca!— Me aseguró, en tanto,
me guiñaba un ojo con malvada picardía— ¡Ven, sígueme!

— ¡Pero, aún no te he dicho que sí!—insistí, mientras Karsten me llevaba de la mano


arrastras hacia donde sea que me llevara.
— ¡Y tampoco dijiste que no!—caminó de prisa y yo apenas podía seguirle el paso—
¡Acompáñame a ser libre!

— ¡No quiero! —Grité en cuanto pude soltarme y detenerme en una acera


solitaria— ¡Déjame, jodido bárbaro!

— ¿Confías en mí? —Él se detuvo y me enfrentó con coraje— ¡Mírame a los ojos,
Dagmar! ¡Maldita sea, mírame y dime si confías en mí!

—Prefiero no contestarte…—escondí la mirada.

— ¡Ven!—me sujetó nuevamente de la mano y continuó con su caminar


apresurado— ¡Sígueme! ¡No tengas miedo!

— ¿Qué vamos a hacer?— le pregunté, sintiendo que mi corazón se aceleraba.

— ¡Daremos un paseo en motocicleta!— me anunció besándome suavemente.

— ¿Qué?—me detuve en seco, como en estado de shock— ¡Yo nunca me he subido


a una motocicleta!

— ¡Pues, para todo hay una primera vez!—me hizo caminar a su lado— ¡Ven! ¡Aquí
está! ¡Es ésta!—se detuvo en una calle solitaria justo al frente de una motocicleta de dos
ruedas de último modelo de color roja. ¡Era grandiosa!

—Su majestad…—un hombre vestido de negro se bajó de la moto y haciéndole una


reverencia a Karsten le entregó un juego de llaves.

— ¡Gracias Leonardo!—Karsten pareció complacido— ¡Ve a hacer tus cosas y


regresa en tres horas! ¡Estás libre de trabajo durante este tiempo!

— ¡Sí, señor!—expresó el hombre y dando media vuelta nos dejó a solas.

— ¿Tres horas? —Dije, mirando los ardientes ojos de Karsten cuando nos percibí a
solas— ¿Por qué tanto tiempo?

— ¡Te juro que ésta se irá rápidamente!—se montó en la motocicleta y me entregó


un casco azul— ¡Toma el casco y póntelo!

— ¡Tan bella yo ahora yo de motorizada! —le dije cruzando los brazos sobre mi
pecho.

— ¡Ven, montante ahora tú!—me hizo lugar en el asiento.

— ¡Si me hiero aunque sea un poquitito quedará en tu conciencia!—sacudí la cabeza


con disgusto.

— ¡Eso no sucederá!—sonrió divertido— ¡Ven! ¡Súbete y disfrutemos de la libertad!


¡Y ponte el casco!
— ¡Listo!— me rendí y me puse la cosa esa sobre la cabeza— ¿Complacido? ¡Debo
parecer una horrenda pesadilla!

— ¡Linda, te ves como un ángel seductor!— me dijo mientras se inclinaba más cerca
de mí y me susurraba al oído.

— ¿Ángel? ¿Acaso no puedes llamarme por mi nombre?— le dije, golpeando su


hombro juguetonamente— ¡Yo no soy ni parezco un ángel! ¡Tú, en cambio eres un idiota!

— ¡Eso dices tú!—se burló y encendió la moto.

— ¡Lo digo yo y la mayoría de la gente que te conoce a profundidad!—le mentí—


¡Eres malvado, cruel y obstinante!

— ¿Cómo dices?—fingió estar realmente molesto— ¿Es eso lo que piensas


realmente de mí?

— ¡Claro, soy muy inteligente!—le dije mordiéndome el labio inferior.

— ¡Joder!—sus ojos se encontraron con los míos, ardiendo de deseo.

—Pero...—iba a decirle que era un ser maravilloso, un príncipe perfecto, que la


gente lo adoraba y que yo me sentía halagada de tenerlo como amigo, pero no me dejó
hacerlo.

— ¡Cariño, te vez hermosa con ese casco!—señaló con la mano mi asiento vacío
sobre la motocicleta— ¡Sube ya! ¡Y dejemos de discutir! ¡Esta conversación no nos llevará a
ningún lugar!

— ¿Complacido?— Suspiré y fui hacia él, me senté en mi lugar en la motocicleta y


cerré los ojos al sentir nuestra proximidad.

— ¡No, ahora falta que me abraces!— me expresó con una sonrisa maliciosa en el
rostro.

— ¿Tengo que hacerlo?—le pregunté con un ligero suspiro— ¡Seguro que quieres
aprovecharte de mí!

— ¿Cariño, no crees que una motocicleta sería bien incómoda para hacer el amor?—
se burló de mí el muy malvado, entonces comenzó con su paseo en motocicleta— ¡Trata de
relajarte, respira profundo y disfruta la experiencia! ¡Deja que la brisa toque tu piel!

— ¡Vaya, es espectacular esta sensación! —le dije, recostando la cabeza sobre su


hombro y abrazándolo intensamente en el mismo instante que íbamos rodando a una
velocidad promedio por la carretera—Nunca pensé que la adrenalina fuera tan…tan…

— ¿Tan excitante?— susurró en voz baja.


— ¡Tan maravillosa!—sonreí y dejé que la brisa tocara mi cuerpo, me solté del
abrazo y extendí las manos hacia el horizonte, sintiendo que era la dueña del mundo
aunque fuera una sola vez. La vista hacia el cielo se movía con esplendor y el aire puro me
adoraba con energía.

— ¡Sí, la adrenalina es maravillosa!— me comunicó haciendo que mi corazón se


detuviese por un momento.

— ¡Gracias, Karsten!—Me reí entre dientes y le di presurosa un beso en el


hombro— ¡Gracias por este regalo!

— ¡Cuando quieras! —Lo oí respirar— ¡Esos ojitos tuyos tan bonitos, me están
volviendo loco y haría cualquier cosa por hacerlos feliz!

Regresé a mi casa cuando comenzaba a oscurecer y me llevé la sorpresita que esa


noche había otra fiesta y que Miguel nos estaba esperando a mi madre y a mí para que
fuésemos con él. Algo aturdida me metí en la regadera y me di un largo y profundo baño
para relajarme. ¡Qué pesadilla estaba siendo mi vida últimamente! Miguel estaba en un
sendero de mi vida y Karsten en otro. Yo quería a uno…al otro…el otro me hacía perder la
cabeza. ¡Esa noche tenía que cortar los lazos que me unían a la realeza!

En el salón de baile había muchas personas importantes a las que ya comenzaba a


reconocer no solo por el internet. Karsten estaba rodeado por varios sujetos de mayor edad
junto a sus jóvenes hijas sexys y desde su espacio no dejaba de comerme con los ojos.
Hasta que se rindió y se acercó a mí.

— ¡Esa manía de morderte los labios y de mirarme con esos ojitos de chiquilla
asustadiza es para mí la droga perfecta!—me hizo un guiño— ¡Me ínsitas, me enloqueces,
me haces rogar por ti y yo nunca he rogado por ninguna mujer…! ¡Eres tú la mujer más
provocadora del mundo y me tientas como la serpiente a Eva en el Paraíso!

Y tú…—me encogí de hombros y miré hacia la pared— ¡Tú eres apasionado y


fuerte!

— ¡Eres pequeña como una hormiguita, fuerte como un dragón, fiera como una
leona y dulce como una conejita!—me miró con complicidad.

— ¡Sé que no es de mi incumbencia, pero quiero saber algo de ti!—le dije en voz
baja.

— ¿Qué quieres saber?—rodeó un brazo alrededor de mi hombro.

— ¿Con cuántas mujeres te has acostado durante estos últimos tres años?—miré
hacia abajo apenada.

— ¿Por qué quieres saber eso?—tomó mi barbilla y me hizo voltear a verlo— ¡Eso a
ti no te importa!
— ¡Sé que has salido en los medios de comunicación saliendo con distintas mujeres
y quiero saberlo!—mis músculos se tensaron— ¿Karsten, cuál es tu record? ¿Cuántas te
has llevado a la cama?

— ¡Rayos!—negó con la cabeza— ¿Son todas las mujeres tan curiosas?

— ¡No sé las demás, pero yo sí!—mis mejillas ardieron— ¿Dime, cuántas?

— ¡Es difícil numerarlas!—resopló.

— ¿Son tantas? — me incliné en torno a Karsten y le di un codazo.

— ¡Algo así!—dijo con voz tensa.

— ¿Más de veinte?—lo miré con furia.

— ¡Sí, muchísimas más!— él me asintió con serenidad.

— ¿Más de cincuenta?—tragué saliva.

— ¡Te falta bastante!—respondió honestamente.

— ¿Qué?—eché la cabeza hacia atrás y di un profundo suspiro— ¡Vaya, sí que son


bastantes!

— ¡Te lo dije!—sus ojos brillaron y me sonrió— ¡Es más no creo que quieras saber la
cantidad exacta!

— ¡No!—trato inútilmente de equilibrar mi respiración— ¡Creo que puedo morir de


la impresión si me entero de cuántas!

— ¡Cariño, yo no soy un mujeriego!—besó mi mandíbula— ¡Yo sólo fui un hombre


soltero que debía cubrir ciertas necesidades de su organismo!

— ¡Sádico!— lo acusé entrecerrando los ojos.

— ¡Cariño, no quiero justificarme por mis acciones!—sus labios se curvaron hacia


arriba— ¡No obstante, cada mujer con la que estuve durante esos años fue porque te
necesitaba a ti e intentaba no volverme loco de la ansiedad y de las ganas de ir a buscarte!
¡Yo necesitaba llenar de cualquier forma el vació que se alojaba en mi corazón, y bueno, el
sexo fue una de esas formas!

— ¡Sí, claro!— con poco entusiasmo, le golpeé su brazo.

—Ahora soy un hombre diferente y dejé el pasado atrás; —enrolló su mano en mi


cabello— por eso, quiero estar contigo.

— ¡Eso nunca va a pasar!— le aclaré mirando hacia abajo.


— ¿Me estás retando?—respondió inocentemente — ¡Cariño, tú y yo juntos para
siempre!

— ¡Para siempre cuando las ranas tengas pelos! —me tensé un poco.

— ¡Ja, ja, ja, ja, ja, esa es muy buena! —Besó la comisura de mis ojos— ¡Sin embargo,
deberías saber que puedo agarrar una rana y pegarle muchos pelos solo para retarte!

— ¡Qué asco!— Repugnancia inundó mi cuerpo, rabia brotó al rojo vivo por mis
entrañas y pensé que iba a explotar.

— ¡Por ti soy asqueroso, sádico, morboso, acosador y todo lo que sea con tal de
conquistarte!—sonrió lobunamente.

— ¡Eso…eso es imposible!—le dije incómodamente— ¡Eres egoísta, arrogante y


engreído!

— ¡No me salgas con eso!— tomó mi rostro con sus manos y me hizo mirarlo— ¡Ya
me dijiste que me quieres y ya eso no lo puedes revertir!

— ¡Querer no es lo mismo que amar; así que cállate!— protesté.

— ¡Dame un beso, sólo un beso y veras qué es querer y qué es amar!— hizo una
mueca ligera.

— ¡Yo…yo no te amo!— parpadeé conteniendo las lágrimas.

— ¿Lo probamos?—sonrió ampliamente.

—Nooooooooooo—tomé una respiración profunda.

— ¡Cobarde!— dijo en voz baja.

— ¡Cobarde no, prevenida!— mis labios se contrajeron.

— ¡Ven acá, prevenida!—agarró mi brazo y me atrajo hacia él.

— ¡No, no, no, no Karsten!—mi voz sonó vacilante.

— ¡Si lo que sientes es querer, no respondas a esto! —me tomó de la cintura y me


besó. Mis labios se encontraron con los suyos y la sangre que caminaba por las venas de
mi cuerpo me hacía temblar. Besar sus labios era la mejor adrenalina que podría necesitar
mi cuerpo. Sus brazos rodearon mi espalda, hundí los dedos en sus cabellos y él movió su
lengua entre mi boca. ¡El mejor momento de esa conversación estaba sucediendo allí!

— ¡Me gusta que seas mala y traviesa!—su voz sonó baja y sexy, así que mi
estómago sintió maripositas— ¡Te amo!
— ¡Estoy exhausta de tener tantos sentimientos alborotados!—mi mirada se aferró a
él desesperadamente— ¡Todos ellos están combatiendo dentro de mi corazón! ¡Es como si
todo esto fuera una guerra!

— ¡Espero ganar la guerra!— me manifestó con ojos oscuros y entrecerrados y se


alejó disparado.

Afortunadamente Miguel ni mi madre se dieron cuenta de la anterior escenita entre


Karsten y yo. Ellos estaban sentados hablando de su onda del arte y la cultura. Algo
perdida decidí recorrer un poco el salón para ver qué podría haber de bueno allí.

— ¡Hola!—escuché la voz seductora de un hombre hablarme casi al oído.

— ¿Me habla usted a mí?—fruncí el ceño al voltearme y ver muy cerca de mí, a un
hombre maduro de unos cuarenta años, que parecía todo un Dios terrenal.

— ¡Sí, claro!—me regaló una preciosa sonrisa en su rostro— ¡Hola, señorita…!

— ¡Señorita Dagmar Landaeta Torres!—extendí la mano y lo saludé— ¡Mi nombre


es Dagmar!

— ¡Es un placer conocerla!—me estrechó la mano de vuelta yl uego me la besó con


picardía.

— ¡Gracias!—me zafé nerviosa de él— ¿Y usted es?

—Mi nombre es Lord Damián Genovese Santos de la Stuere, —se presentó ante mí
con ojos inocentones— soy miembro de la corte real y desde que llegó a la fiesta no he
podido evitar sentirme atraído por usted

—Esteeee…—le dije sin aliento.

— ¡Lord Damián!—de repente se acercó a nosotros Karsten y nos interrumpió ¡La


cosa se puso bastante incomoda!— ¡Qué gusto encontrármelo por acá!

— ¡Su majestad!—Lord Damián movió los ojos hasta Karsten, claramente nervioso;
en tanto, mis piernas temblaban, sentía que de un segundo a otro iba a caer de rodillas al
suelo de manera bastante torpe.

— ¡Le voy a agradecer Lord Damián, que con la señorita Dagmar no coqueteé!—
Karsten le dijo muy fríamente a Lord Damián, luego se cruzó de brazos.

—Pe…pero…—Lord Damián parpadeó y yo comencé a sudar frío.

— ¿Quedó entendido?—Karsten gruñó entre dientes.

— ¡Sí, su majestad!—El pobre hombre bajó la cabeza lleno de pánico y buscó su


retirada—¡Con su permiso!
— ¡Eres el mismo canalla de siempre!—furiosa le dije a Karsten en cuanto nos
vimos a solas— ¡Tú nunca cambiarás!

— ¿Acaso pretendes que cambie?— me regaló una fantástica y radiante sonrisa de


hombre de las cavernas— ¡No, cariño! ¡Eso no es para mí!

— ¡Karsten eres un hombre arrogante, orgulloso e irritante!—le recriminé y el pecho


se me expandió de la rabia— ¡Yo no soy de tu propiedad, así que puedo hablar con los
hombres que me den la gana!

— ¡Como sea!— pareció no gustarle lo que le dije, así que me puso mala cara y
luego se alejó de mí, retirándose hacia donde unas chicas relativamente bellas, lo
esperaban.

Una de esas mujercitas era pelirroja, la otra morera clara. Las dos se pegaron como
chicle de Karsten durante largas horas y eso a mí me hizo daño. Me ardía la mente como
hiel y las ganas de agarrar a puñetazo a esas tipas me hacían arder de la rabia.

— ¿Su majestad, me permitiría un par de minutos de su tiempo?—me acerqué a los


tres y me encogí los hombros de los nervios.

— ¿En este momento?—Karsten abrazó más a la chicas— ¡En este momento no lo


creo, estoy compartiendo muy armoniosamente con las señoritas Tihanne Fonseca y
Addiane Linest!

— ¿Lo dice en serio?—le pregunté con voz baja y ronca, bastante sorprendida
porque esa era la primera vez que Karsten parecía no querer estar cerca de mí por estar
disfrutando de mejores compañías— Quiero decir… ¡Gracias! ¡Bueno, será en otro
momento! ¡Con su permiso!—le anuncié nerviosa, pero con la mayor dignidad posible me
di media vuelta y me alejé de allí.

A partir de esa discusión decidí que yo no iba a ser más nunca el perro faldero de
Karsten, así que alegremente comencé a disfrutar de cada momento con Miguel. Hablé con
él, me reí con él y contesté a su beso de una manera vacilante pero segura. A la mañana
siguiente, de muy mal humor Karsten entró en mi oficina.

— ¿De qué querías hablar anoche conmigo?—me preguntó sin saludarme, al entrar
a mi oficina.

— ¡Eso fue anoche! —apreté la mandíbula buscando ignorarlo y continué con mi


trabajo en la computadora— ¡Hoy realmente estoy muy ocupada y no quiero hablar
contigo!

— ¡Oh cariño, así que estás brava conmigo!—sus ojos destellaron con alegría nada
fingida.
— ¿Por qué no se lo preguntas a tu apreciadas señoritas Tihanne Fonseca y Addiane
Linest?—dejé el teclado a un lado y me levanté para reclamarle— ¡Ellas te lo pueden
contestar!

— ¿Celos?—me preguntó mirándome directamente a la cara y colocando las manos


sobre mi duro y frío escritorio.

— ¡No; por supuesto que no!—esquivé su mirada— ¡Y ya, márchate de aquí que
necesito hacer mis labores!

— ¡Cariño, cuando estás celosa, te vez tan provocativa y deseable que lo único que
quiero es arrancarte es colocarte sobre esta mesa y hacerte mi mujer!—me manifestó
mostrando su delicioso hoyuelo en el lado derecho de su mejilla.

— ¡Te odio!—susurré en voz baja.

—¡Dagmar, tú no me odias como dices que lo haces!—me acarició el cabello— ¡Si


fuera así anoche no te hubieses puesto tan celosa porque no dejé a solas a las señoritas
Tihanne Fonseca y Addiane Linest, para irme detrás de ti como un perrito faldero
moviendo la cola! ¡Tampoco hoy estuvieras tan furiosa conmigo, como se te nota que lo
estás!

— ¡Yo no estoy furiosa contigo!—quité su mano de mi cabeza— ¡Estoy es harta de


que me molestes tanto día tras día!

— ¡Y te voy a seguir molestando, cariño! —Me aseguró con ojos lujuriosos— ¡Lo
voy a seguir haciendo hasta que ya cedas ante mí!

— ¡Dios, dame paciencia con este hombre!— dije furiosa y amargada— ¿Por qué no
te vas a molestar a otra parte? ¡Ve como un perrito faldero detrás de las señoritas Tihanne
Fonseca y Addiane Linest, o hazlo de la forma como tú quieras!

— ¿Estás segura?—Karsten se rió cruzándose de brazos— ¿Hablas en serio? ¿Me


voy con ellas?

— ¡Hazlo!—apreté los puños a ambos lados de mi cadera— ¡Hazlo! ¡No me


importa!

— ¡Bueno, como tú mandes cariño!—fingió dar media vuelta para marcharse—


¡Adiosito!

— ¡Karsten; por favor!—lo sostuve del brazo.

— ¿Por favor, qué?—curvó sus labios con provocación.

— ¡Necesito que entiendas que ese acoso que tienes hacia mí debe acabar!—mi
cuerpo se sacudió entumecido— ¡Ya!
— ¡Y va a acabar cariño, eso lo vas a ver; a partir de hoy no te busco más!—de
repente se puso serio y el clima entre nosotros se tensó— ¡Te lo prometo!

— ¿Me lo prometes?—levanté una ceja sin saber si era de incredulidad o de rabia.


No quería que Karsten me lo prometiera. ¿Cómo podría sobrevivir a mi vida sin ese
hombre?

— ¡Sí, ya no te voy a perseguir más!—la comisura de sus labios se curvó


ligeramente y comenzó a sermonearme ruidosamente— ¡Si quieres seguir negando
nuestro amor, hazlo! ¡Hazlo hasta cuando quieras porque esté que está aquí ya se cansó!
¡Yo no te molesto más! ¡Hasta siempre!

—Karsten… — entrecerré mis ojos hacia él—¡Te lo suplico, no me hagas sentir


culpable!

— ¿Es que acaso no entiendes que quiero amanecer acostado y abrazado a ti?— me
dijo con enorme convicción— ¡Yo quiero sentirte tan cerca de mí que ninguno de los dos
sepa donde comienza uno y donde termina el otro! ¡Quiero que seas mi mujer en todo el
sentido de la palabra y quiero que solo digas mi nombre cuando te haga mía!

— ¿Y… y Miguel?—le pregunté con frialdad— ¿Dónde queda él?

—Cariño aunque tú quieras meterlo entre nosotros dos; —me manifestó con
frialdad— yo no soy hombre de los que se sienten atraídos por las prácticas de orgías y
por ende de tríos sexuales.

— ¡Idiota!—lo medio golpeé en el brazo.

— ¡Cariño…—me tomó de los hombros y me miró con ojos febriles—¡No me gusta


que hables tanto de Miguel; así que, si no quieres que te salga con alguna de las mías, evita
nombrarlo en mi presencia! ¡Él no es nadie y cuando descubras una verdad que cambiará
tu vida, te darás cuenta de que tengo la razón!

— ¿De qué verdad me hablas?—mis cejas se levantaron de la sorpresa— ¿Por qué


tanto misterio contigo? ¿Qué me estás ocultando?

— ¡En su momento, lo sabrás!—una sonrisa involuntaria le apareció en el rostro.

— ¡Eres un déspota!— crucé las manos sobre mi regazo— ¡Eres un déspota! ¡Eres un
ególatra sinvergüenza que se cree el rey del mundo y el último chorro de agua del
desierto! ¡Eres un príncipe arrogante! ¡No te soporto!

— ¡Gracias cariño, por todo ese amor que me brindas!—su voz se volvió muy
dura— ¡Me siento tan alagado!

—Te exijo que me digas…—sentí que la sangre me subía a la cabeza— ¿Cuál es ese
secreto que me estás ocultando y me involucra a mí? Cada vez que tienes una oportunidad
me lo hechas en cara pero no me dices de qué se trata.
— ¡Yo solo te digo que te vayas olvidando de Miguel porque él no es ninguna ficha
grande en este juego de ajedrez!—me dijo serenamente— ¡Él solo es un peón que yo
muevo a mi antojo y que no representa nada importante!

— ¡Suenas muy cruel!—mi corazón latió a tropezones.

— ¡Ese es mi verdadero yo, cariño!—me miró con expresión desafiante— ¡Así que…
te aconsejo que comiences a conocerme; y que por favor, no te asustes de mí!

—Entonces…—me aclaré la garganta— ¿No me vas a decir cuál es tú secreto?

— ¡Todo a su debido tiempo, cariño!— dejó escapar una risa entrecortada— ¡En
poco tiempo te lo diré y créeme ya no habrá vuelta atrás!

—Karsten…—mi voz se desvaneció— me estás haciendo sentir demasiado


vulnerable y...

— ¡Así es que quiero que te sientas!— contuvo el aliento— ¡Quiero que dejes a un
lado tu caparazón de mujer fuerte y que te vuelvas más voluble para mí!

— ¡Yo no quiero verme tan tonta!—rompí el contacto visual— ¡Yo no quiero


someterme a tu insana voluntad de hombre poderoso!

—Pero, aunque no lo quieras aceptar, —susurró— sabes que tarde o temprano te


someterás…

— ¡Esto no es un cuento de hadas!—le dije con voz tensa.

— ¡A veces, la realidad supera la ficción!— Se inclinó hacia mí y me dio un beso


ligero en la boca.

— ¡Eres un ángel maligno y oscuro que me quiere obligar a quemarme en su


infierno!—le expresé roncamente; en tanto, el miedo, el deseo y las ganas de arrojarme
sobre su duro cuerpo me inquietaba todo el cuerpo.

— ¡Sí, soy un ángel oscuro!— El color inundó su rostro— ¡Y quiero que te quemes
conmigo!

—Eres…—forcé una sonrisa—eres demasiado para mí…

— ¡Al contrario, yo soy poco para ti, cariño!— Sus dedos resbalaron por mi cara con
grandiosa delicadeza—Yo seré un hombre súper poderoso, millonario y caudillo; sin
embargo, igual sigo siendo un ser humano que está arrodillado ante ti.

— ¡No sé qué pensar!—contuve el aliento— ¡Tengo la cabeza vuelta un ocho y mis


sentimientos están bastante revueltos!

— ¡No están revueltos! —Negando, sacudió su cabeza— ¡Lo que sucede es que
ahora si están enfocados y llegaron a la conclusión de que quieren estar es conmigo! ¡Tú
me amas! Sólo tienes que aprovechar que con el único ser que suelo abrir tanto mis
sentimientos es contigo y aceptar mi amor. ¿Acaso no has pensado en eso?

— ¡Claro que lo he pensado!—me encogí de hombros.

— ¿Y?—apoyó su frente sobre la mía.

— ¡Y quiero que me beses, ahora!—le dije quedamente y él inmediatamente me


tomó en sus brazos y me besó. Sus enormes manos masculinas se deslizaron por mi
espalda hasta ahuecar mi trasero. Yo metí las manos por sus cabellos y me sentí como la
mujer más feliz que pudo existir sobre la tierra.

—Karsten…—gemí, en tanto Karsten me acercaba más hacia él, y yo levantaba los


brazos y los enrollaba en su cuello.

—Dagmar…—sonrió con sus manos en mi cadera.

— ¡No, no, no, no, no!—espeté de pronto, empujándolo por el pecho para alejarlo
de mí— ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué es esto?—pregunté como loca cubriéndome
desesperada la cabeza con las manos— ¡Esto no está nada bien!

—Pero…—Con su mirada fija en la mía, titubeó— ¿Por qué?

— ¡Porque yo no te amo!—le mentí bastante alterada— ¡Esto es sólo atracción física


y nada más! ¡No podemos pasar nuestra vida besándonos son tomar en cuenta que no
mantenemos una relación amorosa! ¡No quiero que me trates como un juguetito que no
siente, no padece y no reacciona!

—Dagmar…—intentó calmarme.

— ¡Déjame en paz, Karsten!— sentí que los ojos se le llenaban de lágrimas—


¡Déjame libre para vivir mi vida! ¡Yo no soy uno de tus soldaditos que obedecen tus
órdenes como corderitos, yo soy una mujer que ama es a otro hombre!

— ¡Dagmar, no digas esas cosas!— él respiró profundamente y cerró los ojos, y


luego, me miró con rostro desvanecido de chico que se estaba rindiendo ante su amor y
que había decidido no luchar más por mí— ¡Estás malditamente desgarrando mi corazón!

— ¡Es la verdad!—decidí que era el mejor momento para alejarme de Karsten— ¡Yo
no te amo! ¡Yo amo es a Miguel!

— ¡Está bien!—su rostro se puso sombrío— ¡Si así es como quieres jugar, haz lo que
se te dé la gana! ¡No te suplico más amor!

— ¿Lo prometes?—sacudí la cabeza con sorpresa— ¿Esta vez sí lo vas a cumplir?


— ¡Lo prometo!— me aseguró, y con eso dio media vuelta hacia la salida y se alejó
sin mirar atrás— ¡Prometo que no te voy a molestar más! ¡Hasta nunca Dagmar y que seas
muy feliz!

Totalmente destrozada regresé a mi casa del trabajo. Entré a mi dormitorio y


directamente al baño, ya que, necesitaba librarme de toda la suciedad que sentía en mi
cuerpo. ¿En serio Karsten iba a cumplir su promesa de alejarse de mí? ¿Realmente eso era
lo que yo quería? ¡Nooooo, por supuesto que no! ¿Y por qué entonces, le había pedido
algo como aquello? ¡Definitivamente que mi cabeza y mi corazón estaban locos de atar!
Tenía que buscar una salida pronto a esta locura, ya que no quería hacer sufrir a nadie y
yo estaba realmente enamorada de Karsten y no quería hacerlo sufrir.

Sí, quizás Karsten era un caso serio con sus misterios y secretos, pero igual me tenía
a su merced. Ya no era Miguel con quien soñaba, era con Karsten. Pero… ¿Qué le costaba a
ese príncipe decirme lo que me estaba ocultando? Él no era un niño y tenía que comenzar
por entender eso.

¿Qué Karsten era un hombre inmaduro? ¡Eso no era verdad! Jamás había conocido
un hombre tan maduro en mi vida. Yo; en cambio, era la inmadura que no era capaz de
decirle al mundo entero quién rayos era el hombre al que quería. Por un lado estaba
Miguel, que era el chico adecuado incluso para mis padres, él era el ser brillante del cual
me había enamorado e ilusionado como una niña y a quien tenía que amar, pero…por otro
lado estaba Karsten, quien me hacía llorar continuamente, me hacía perder la paciencia y
con el que siempre estaba riñendo; no obstante, no había nada más difícil que poder
alejarme de él sin tener que sufrir. Sí, como en ese momento, donde no conseguía dejar de
llorar porque infernalmente me dolía que Karsten me hubiese gritado en mi cara que
prometía no molestarme nunca más. ¡Lo amaba! ¡Lo adoraba! ¡Lo necesitaba! ¡Lo
extrañaba!

Salí con los ojos hinchados de tanto llorar de la ducha e inmediatamente agarré el
primer pijama que conseguí en el closet. Luego, escuché mi teléfono que sonó en una
llamada de mi amiga Ally, sin vestirme contesté la llamada y sí, era la loca de mi amiga.

—Amiga…—me saludó cariñosamente— ¡Vamos a salir!

— ¿Qué?— ¡Oh, no! En este momento no estaba como para salir con ella, no tenía
ánimos— De verdad que estoy súper cansada amiga, lo siento pero no puedo—me negué
y suspirando me quité un cabello de la cara— Todos los días cuando salgo del palacio, me
vengo derechito a mi casa por lo mismo.

— ¿Qué? ¿No puedes?—me preguntó alarmada y sin poder creerlo—Dagmar, te


conozco y sé que algo te pasa ¿Estás bien?

— ¡Claro!—le mentí y sentí que un puchero me iba a delatar ante mi amiga.


— ¡Me estás mintiendo!—me alzó un poco la voz y yo quise poder bombear ese
estúpido teléfono lejos de mi habitación, para que Ally me dejara en paz, entonces.

— ¡Por supuesto que no!—gruñí bastante mortificada de que mi voz me delatara


ante Ally. Mi amiga me conocía casi igual que yo misma.

— ¡Si eso es cierto, entonces tómate una fotografía y envíamela!—me desafió, y yo


comencé a temblar del terror ¿Ally, estaba loca? ¡Me iba a descubrir por los ojos hinchados
que no me encontraba nada bien! — ¡Es para verificar que estés bien!

— ¡Estoy bien!—intenté razonar con ella para no tener que enviarle la bendita
fotografía que me pedía— ¿Por qué no me crees?

— ¡Necesito la fotografía, ahora!—me retó— ¡Y no quiero más excusas!

— ¡Rayos!—bajé mi teléfono de la oreja y lentamente lo puse en la posición


requerida— ¡Dios misericordioso, ayúdame, por favor!—pedí en voz alta y luego me tomé
la fotografía. Si había alguien a quien no podía engañar era a Ally, así que para que alargar
más el conflicto. En clara agonía, le envié la foto y esperé su seguro regaño.

— ¿Te volviste loca?—me preguntó hecha una furia— ¡No estás nada bien! ¿Qué es
lo que tienes? ¿Por qué estás así?

—Sólo…me pasó algo hoy y he estado…deprimida— no sabía qué decirle ¿Cómo le


confesaba que estaba llorando porque necesitaba a Karsten?

— ¡En este momento voy a buscarte a la entrada de tu casa!—me comunicó de


forma definitiva, y así era Ally, ella sabía que yo necesitaba a alguien en ese momento y
por eso estaba allí, lista toda para escucharme y consolarme si fuera necesario— Tú
necesitas aire fresco y yo algo de descanso después de terminar con ese examen de verano
tan difícil que tuve en la universidad— ¡Sí, intentaba hacerme olvidar mi tristeza! ¡No lo
podía disimular!— ¡Eso me pasa por ser tan floja! Ahora en vez de vacaciones, tuve que
asistir a recuperativo. Pero, en fin…horita mismo llamó a tus padres para pedirles
permiso.

—Pero…—intenté hacerla cambiar de opinión sobre la salida aun cuando sabía muy
en el fondo que eso era como pedirle a un pescado que volara.

— ¡Ya te dije que no te preocupes por el permiso que yo se lo pido a tus padres!—
fue enfática— ¿O tienes algún otro problema con salir conmigo?—me desafió como una
loba que no me permitiría escapar de su trampa. Por lo que, no me podía negar a salir con
ella. La verdad era que sí necesitaba tomar algo de aire fresco y esa era mi oportunidad.

Ambas quedamos de acuerdo para la salida, así que media hora después yo salía de
mi casa y me dirigía hacia el descapotable de Ally. Ella me esperaba encantada en el
asiento del chofer y, orgullosa de que como siempre me había ganado una batalla, me
regaló su mejor sonrisa.
— ¿Sabes que eres semejante a un dictador?—fue mi saludo en cuanto me subí al
automóvil.

— ¡Amiga, por ti lo que sea!—Ally, sonrió.

— ¿A dónde vamos?—le pregunté mientras me ponía el cinturón de seguridad.

— ¡Es una sorpresa!— manifestó con muchísima confianza en su voz y encendió el


carro— ¡Ahora, cuéntame!

— ¿Qué quieres que te cuente? ¡No creo que haya nada que decir! —tragué en seco
y volteé la mirada intentando ocultarla de ella. En tanto, Ally comenzaba su recorrido por
la ciudad manejando su precioso auto.

Rodamos por largas calles; ella condujo por la autopista y por algunas calles más,
con lo que podía sentir que el destino se hallaba a la salida de la ciudad. Por mi parte,
trataba de mantenerme callada, de escuchar únicamente la canción que sonaba en la radio
del automóvil y de refugiarme en mis pensamientos de que extrañaba arduamente a
Karsten. Si solamente, él estuviera esta noche conmigo, mi corazón saltaría de alegría.

— ¿Qué es lo que te está pasando, amiga?—me preguntó Ally luego de casi diez
minutos de silencio entre ambas— ¿Qué te ocurre? Porque esos ojos hinchados que vi en la
fotografía no salieron de la nada

—Son muchas cosas…—mis mejillas ardieron con timidez. ¡No podía decirle
mentiras! ¡A ella no podía engañarla, nunca!

— ¡Tenemos unas cuantas horas para que me lo digas!—suspiró Ally y luego cruzó
en la siguiente avenida.

Rodamos por diez minutos más, y sorprendentemente llegamos a un lugar bastante


rodeado de gente. Era una discoteca y al parecer no de muy buena calidad. ¿Qué se traía
entre manos Ally? Ella sabía que a mis padres no le gustaban estos lugares, entonces, ¿Por
qué me hacía ir a esos lugares?

— ¡Ally, me dijiste que necesitaba aire freso, no que me ibas a traer a una discoteca!
—le dije molesta, en cuanto ella detuvo el carro en el estacionamiento de la discoteca.

— ¡Tú si eres tabú, ni que fuera el fin del mundo!—me respondió y sacó las llaves
del carro, luego tomó su bolso y salió del carro. Al parecer, esa era la idea de sacarme
fuera de la ciudad para tomar aire fresco. La cuestión era alejarme de todo y de todos—
¡Eres como una anciana de las cavernas!

— ¡Mi mamá odia las discotecas y mi papá ni se diga!—me crucé de brazos


frustrada. ¡Si mis padres se enteraban de que había asistido a una discoteca mi cabeza iba a
rodar!
—De verdad que tus padres parecen sacados de la inquisición—con gracia me
guiñó un ojo— ¡Están fueras de moda!—me acarició la cabeza y luego me abrazó y me
encaminó hacia la discoteca— ¡Vamos a entrar juntas y verás que nada malo va a pasar!

Por lo que, aunque le insistí, al final entré a la discoteca y aunque admito que el
lugar por dentro se veía bien, no hice ningún intento de bailar. ¡Eso no se me daba muy
bien y no iba a empezar a dárseme! Me sentía torpe, apenada y asustada porque la gente
bailaba, saltaban, bebían alcohol, gritaban, se besaban, se acariciaban y se metían mano.

Ally y yo nos sentamos en un lugar medio apartado. Ella pidió dos botellas de
vodka y yo arrugué el gesto ¿Qué pretendía ella? ¿Qué yo iba a salir de ese lugar borracha
y sorda como consecuencia del alcohol y de la música moderna?

— ¿Vas a comenzar a decirme qué te sucede o te lo tengo que sacar a cucharadas?—


me preguntó la muy cínica, en tanto, se servía una copa de la bebida.

—Esteeee…—respiré profundamente intentando mantener el control de mis


sentimientos. No podía mentirle porque ella leería en mis ojos la verdad.

— ¿Qué?—me preguntó con ligero tono— ¿Qué te ocurrió para que estés así? ¡Te
vez muy triste!

—Fue…Karsten…—angustiada doble los brazos sobre la mesa y me cubrí la cara


con las manos, estaba a punto de llorar y no sabía si aguantaría mucho.

— ¿Karsten?—Ally se levantó un poco de su asiento y me destapó la cara para que


la enfrentara sin intermediarios— ¿Qué sucedió con él?

— ¡Él me juró que no me va a volver a buscar más y que me va a dejar en paz!—


comencé a llorar agónicamente y al parecer a Ally no le afectó mucho porque se sentó
nuevamente en su silla y tomó otro sorbo de su bebida.

— ¿Y eso está…?—me preguntó sin ninguna emoción.

— ¡Mal!—le grité sintiéndome desamparada— ¡Siento que mi cabeza va a estallar


del malestar y mi corazón va a sangrar del dolor!—lloré y las lágrimas nadaban por mis
mejillas como en un mar bailando en medio de tormentas y huracanes.

— ¡Bravo!—Ally se paró y saltó llena de alegría por lo que parecía la mejor noticia
recibida por ella— ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravo!—y contentísima me abrazó emocionada.

— ¿Bravo?—sentí muchas dudas— ¿Y eso por qué?

—Porque, estás deprimida pensando que él de dejó y esa…—me soltó y caminó


sexymente hacia su lugar en la mesa—esa es una manera indirecta de admitir que sientes
maripositas en el estómago por el príncipe Karsten —me aseguró con una sonrisa.
— ¡Yo no siento nada de eso! —traté de limpiarme las mejillas y de ponerme más
seria.

— ¡Sí, claro! —Agarró la botella y sirvió otra copa de vodka— ¡Ven, toma!
¡Necesitas frustrar tu dolor en vodka!—me comunicó y luego me entregó una copa llena
de alcohol— ¡Sé que a ti te duele muchísimo que Karsten se aleje de ti!

— ¡Amiga, no me duele!—pronuncié en voz baja. Claro que me dolía, pero


admitírselo a ella era casi como decirme a mí misma que estaba enamorada de Karsten.

— ¡Esa mentira dísela a Miguel o a tus padres, pero a mí…a mí mejor invéntame
otra mentira mejor! —Ally bebió más de su copa y después se paró y comenzó a bailar en
ese mismo lugar.

— ¡No me gusta el tono que está tomando esta conversación! —cerré los ojos
queriendo olvidar toda este dialogo. ¡Me iba a volver loca!

— ¡Amiga, esta noche es para nosotras y si vas a sobreactuar conmigo, entonces, no


debí traerte aquí!—me expresó con tono amable— ¡Disfruta! ¡Bebe! ¡Saca a relucir tus
sentimientos! ¡No llores! ¡Si lo amas, y no quieres admitirlo; entonces, solo hazlo por esta
noche y mañana haz como si nunca lo hubieses admitido!

— ¡Está bien! —suspiré aceptando todo lo que Ally me había dicho y pensando en
que ella tenía muchísima razón; agarré la copa de vodka y me la tomé de un solo trago
¡Era hora de disfrutar, así que salud!

Las horas y las copas de vodka fueron pasando. Ally al comienzo se mantuvo
pegada a mí como una esponja, pero a la hora ya estaba bailando en la pista de baile con
uno que otro chico. Yo, en cambio, cada vez que pasaba más tiempo me sentía tan débil y
mareada como un enfermo agonizante que lucha por un poco de oxigeno que le salve la
vida. No dejaba de hablar, de reír y de llorar por Karsten y eso parecía que ya le estaba
fastidiando a Ally.

En cuanto a los chicos, sí puedo decir que se me acercaron por separado, varios con
aspecto regular y sexy. No obstante, a pesar de que me sentía alagada, audaz y sensual no
les hice caso. Yo no podía mantenerme en pie a paso seguro, hablaba pura incoherencias y
lloraba llena de despecho extrañando a un amor que pensaba que estaba a kilómetros de
distancia de mí. Al verme así, los hombres preferían alejarse de mí. ¡Nunca había bebido,
pero, qué viva la curda!

Ya casi fuera de mis limites, miré hacia donde Ally y me encantó que ella si
estuviera disfrutando de su noche de rumba. Yo, diferenciándome de ella en mi rincón
apartado, me sentía borracha, deprimida, insegura y llena de oscuridad. ¿Dónde estaba
Karsten que no me venía a buscar pronto?
—Se puede saber…—sentada escuché de repente la voz de Karsten y asustadísima
dejé caer la copa de vodka en el suelo— ¿Qué estás haciendo en un lugar como éste?—me
manifestó con rabia.

— ¿Qué…qué haces aquí, Karsten?—me volteé hacia él y lo miré acercarse a mi


mesa por detrás. Vestía todo negro; un pantalón y una camisa muy formal con una
chaqueta de cuero que lo hacía ver ¡Oh, sí! Cargaba lentes oscuros, además de una gorra y
una peluca medio larga acompañada de una barba falsa que lo hacía cubrir su apariencia
de príncipe y lo convertía de lleno en el rey de los motoristas de la ciudad.

Sí, definitivamente que sí era él. Karsten había venido a buscarme a mí a una
discoteca ¡Qué felicidad! ¡No había cumplido su promesa de no volver nunca más a
buscarme! ¡Yupi! ¡Yupi! ¡Yupi! Yo estaba llena de felicidad, y sonriendo embobada no lo
podía disimular. Karsten pasó por un lado de mí y deteniéndose en el lugar preciso, se
sentó en la silla que estaba frente a frente de la mía.

—Yo pregunté primero…—Karsten me expresó irreverentemente, vistiendo esa


chaqueta de cuero maravillosa, ese pantalón ajustado que lo hacía ver sexy, esas botas
puntiagudas perfectas para patear algunos traseros, esos lentes oscuros que le daban una
visión diabólica y esa gorra fantástica que lo mostraba como el chico malo con algo de
dulzura. Claramente, él trataba de ocultar su identidad, pero por ello no podía dejar de
sentirme la mujer más feliz del mundo. ¡Oh, sea! ¡El poderoso hombre estaba haciendo
todas esas cosas por mí! Ansiosa miré a los lados y percibí que su guardia de honor
también se encontraba encubierto. ¡Oh sea, que esa era una misión de rescate!

— ¿Cómo me has encontrado?—le pregunté y deseé tanto poder abrazarlo. Él me


había prometido que me dejaría en paz, pero también me había jurado que yo le había
robado su corazón, por lo que nunca me dejaría en plena libertad y esa era una
maravillosa noticia.

— ¡Estás borracha!—gruñó él y me miró obstinantemente ¿Le costaba mucho


disfrutar un poco de la vida? Yo estaba borraba y me encantaba, ya que, nunca antes había
estado tan feliz y segura de mi misma y de mis sentimientos ¿Por qué a él no le iba a
gustar tal cosa?

— ¿Se puede saber qué te pasa?—me preguntó sin nada de calidez ni de


comprensión en su voz— ¿Qué ocurre contigo que estás en estas condiciones?

— ¡Estoy…celebrando!—me levanté de mi asiento lujuriosa y di un paso en falso y


casi que me caí, pero logré sostenerme con la mesa y dar una vuelta sobre mi cuerpo para
que él me viera y pudiera comerme con los ojos, que era lo que yo añoraba con muchas
ganas; luego tomé un vaso pequeño de lo que habían en la mesa y lo llené de vodka—
¡Salud!—le dije y simulé estar brindando con él.
— ¡Deja de tomar!— Me manifestó mostrando sus exuberantes y largas pestañas
oscuras, después, con movimientos hábiles y a toda velocidad se levantó, me quitó el vaso
con vodka y a continuación se lo dio a unos de los enormes hombres que andaban con él—
¿No entiendes que te ves patética? —me gritó y yo me eché a reír. ¡Patética no era la
palabra para definir el cómo me sentía! ¡Feliz se le comparaba mejor! ¡Él estaba allí y eso
era fascinante!

— ¿En serio?—fingí indignación y me puse las manos a ambos lados de las


caderas— ¡Eso es una buena noticia!—me le acerqué y le apreté con gracia la nariz— ¡Hip,
hip!—comencé a hipar torpemente, por lo que lo tuve que soltar; sin embargo, casi que le
caí encima y él me ayudó a mantenerme erguida sosteniéndome de los brazos ¡Qué fina
era la vida sin problemas!— ¿Así te voy a gustar más o menos? Ja, ja, ja, ja, ja, ja

— ¿Te puedes callar?—me miró reflejando lo peor de sus sentimientos hacia mí.
Obviamente, estaba perdiendo la paciencia conmigo y eso a mí no me gustaba para nada—
¡Eso de hacer el ridículo emborrachándote se ve desconcertante!—me dijo y me tomó la
muñeca para obligarme a enfrentarlo cara a cara.

— ¡A mí tú no me mandas a callar!—intenté soltarme sin poder hacerlo, pero me


tambaleé gafamente— ¡Cállate tú primero! ¡Y suéltame!

— ¡Bien, bueno; pues!—recorrió mi cuerpo con una mirada llena de algo que a mí
me pareció era disgusto y aversión ¡Ah, no! ¡Eso sí que no! ¿Y qué quería decir con eso?
¿No me amaba, pues? ¡No podía estar mirándome así!

— ¿Por qué me miras así?—le manifesté con tono preocupado.

— Bueno, que estás borracha y ahora yo, me tengo que andar calando el estar
lidiando con borrachos—gritó ya sin nada de paciencia.

— ¡Yo no estoy borracha! —Le grité en contra defensa y luego traté nuevamente de
soltarme de su agarre— ¡Hip! ¡Hip! ¡Hip! Además, no sé qué haces aquí si me prometiste
que no me ibas a molestar más—lo miré entrecerrando los ojos y a continuación me froté
la cara con la palma de la mano.

—Si vine…—intentó explicarme— fue porque tu amiguita me llamó para que


viniera urgentemente a ayudarla contigo. ¡Por Dios, Dagmar! Si no sabes tomar ¿Por qué
lo haces?—me preguntó curioso y yo le sonreí tontamente.

— ¡Quería olvidarme de todo y de todos!— le confesé y definitivamente que mi voz


se hacía cada vez, más y más boba.

— ¡Vamos!—intentó hacerme caminar llevándome abrazada— ¡Qué tu amiga se


vaya sola!

— ¿Qué…?—logré por fin zafarme de su agarre— Yo… ¡Hip! ¡Yo…contigo no voy a


ninguna parte! ¡Hip!
— ¡No te pongas terca!—me desafió en una perfecta armonía entre sus palabras y
sus gestos de ―Si te rehúsas, me la vas a pagar‖— ¡Ya basta de comportarte como una niña
sin chupón!—me pidió y luego trató de acercarse a mí con sigilo.

—Es que…—empecé a llorar y eso lo detuvo rápidamente— ¡Toda mi vida es un


desastre!—grité y empecé a soltar mi lengua más de lo que debía, él se quedó de pie
mirándome fijamente bastante sorprendido— ¡No sé cómo manejar! ¡Hip! ¡No sé cómo
llevar a cabo el trabajo de mi papá y él confía en mí! ¡hip, hip! ¡Tú me cambiaste a escritora
porque realmente no se cocinar nada y aunque me encanta escribir, mis compañeros de
trabajo creen que conseguí el trabajo con malas mañas!—lloré con mirada desolada y mi
cuerpo paso en un segundo de sentirse bien por la llegada de Karsten a estar nuevamente
deprimido.

—Cariño…—trató de manejar la situación usando su voz más suave, pero yo se le


impedía.

—Además…— gimoteé— ¡hip, hip! Miguel… ¡Él es tan bueno! ¡Hip! —Tenía la
cabeza revuelta, por un lado estaba feliz porque Karsten fuera a buscarme y por el otro
lado, metía a Miguel en todo esto—Y ahora él quiere vengarse de ti y destruir tu
reputación—le confesé luchando por respirar acordemente—Él dice que tú me robaste de
él y yo no quiero que te pase nada malo—me acerqué a Karsten y le puse la mano en la
mejilla derecha— ¡Yo no quiero que te haga daño porque eso me haría muy infeliz! ¡Yo te
adoro muchísimo!

— Borrachita…—intentó razonar conmigo hablando cariñosamente, pero eso, me


puso peor de lo que ya estaba.

— ¡No me llames así! ¡Hip, hip! —me aparté de él y suspiré con agonía ¡Con razón
que los borrachos siempre andan metiendo la pata!— ¡Yo no estoy borracha!— me sentí
mal del estómago de escucharlo decir algo como eso, pero fingí que no me sucedía nada.

— ¡No, no estás borracha!—ironizó burlescamente y nuevamente intentó en vano


agarrarme por los brazos—Sólo estás…algo alterada.

— ¡Sí, y todo es por tu culpa! ¡Hip!—eché un vistazo de su chaqueta y sonreí


¡Karsten se veía muy sexy con ella!

— ¿Mi culpa?—arrugó el gesto y hecho todo un león me agarró por la espalda y me


acercó a su duro cuerpo— ¡Yo no te mandé a beber!

— ¡No, pero destruiste mis ilusiones, mis esperanzas y mi amor! ¡Hip!—suspiré—Y


lo más cruel de todo esto, es que no sé cómo pasó pero me siento súper atraída por ti. ¡Me
gustas muchísimo! ¡Te quiero! ¡Te amo!—le confesé sin ataduras ni temores y él
inmediatamente me sonrió. ¡A leguas se le notaba que le había encantado lo que le acaba
de decir! ¡Por fin, aunque borracha, le había dicho que lo amaba! — ¡Hip! En este momento
lo único que quiero es besarte, tocarte, acariciarte y suplicarte que no me dejes por
ninguna de esas chicas divinas con las que a veces sales.

— ¡Yo no salgo con ninguna chica!—él buscó mis ojos con su fantástica mirada y
posteriormente me tocó los labios con el dedo índice. ¡Esa era una súper caricia!

— ¿Y qué con las señoritas Tihanne Fonseca y Addiane Linest? ¡Hip!— le pregunté
comenzando a ponerme molesta de ver que estaba negando que mantenía una relación
con las flacuchentas esas cuando las evidencias eran obvias ¿Y lo que yo había visto
qué?— ¡Tú no me prestaste atención cuando quise hablar contigo en la fiesta porque
estabas con esas dos mujeres!

— ¡Ellas no son nadie!—me reviró con un brillo desafiante en los ojos— Si te ignoré
completamente y preferí seguir acompañado de ellas fue porque anteriormente te había
encontrado coqueteando con el imbécil de Lord Damián Genovese Santos de la Stuere—
me besó ligeramente los labios— Yo solamente quería que tú sufrieras igual que yo lo
había hecho antes.

— ¿Estabas celoso de verme con Lord Damián? ¡Hip!—me estremecí de sorpresa y a


la vez de alegría de oír lo que Karsten me estaba confesando en ese momento. ¡Era genial!
Y su boca, su boca estaba deliciosa.

— ¿Y tú estás celosa de verme con las señoritas Tihanne Fonseca y Addiane Linest?
—me frotó la espalda con la palma de su mano.

— ¡Tú sabes que sí!—le respondí, en tanto, se me erizaba la piel y su caricia se


volvía mucho, mucho más agradable— ¡Hip! ¡Odié verte con esas muñequitas estiradas y
cuando te negaste a atenderme; quise matarte!—le susurré y con más valentía que otras
veces llevé mi dedo índice a su boca y le acaricié el labio inferior.

—Eso pasa porque siempre soy yo el que está atrás de ti—me expresó con una
sonrisa libertina— ¡Creo que deberías empezar por buscarme tú a mí como yo lo hago
contigo!—me colocó la mano en la mía y luego me ayudó a meterle el dedo en la boca en
una caricia provocadora y excitante— ¿No vamos?—me preguntó soltándome de pronto,
invitándome con ello a salir de la discoteca con él.

— ¡Sí!—contentísima le respondí; y a continuación lo abracé felizmente— ¡Llévame


contigo!

Ambos caminamos a la salida, uno en manos del otro y rodeados por una docena
de guardaespaldas. Yo me mantuve en su pecho contentísima de poder sentirlo tan cerca;
ya que, la conexión que existía entre él y yo era difícil de disimular y de esconder. Karsten
iba susurrándome frases bonitas a medida que caminaba conmigo ―Eres la razón de mi
existir‖ ―Nunca nadie me ha hecho sentir lo que tú‖, ―Tú me haces sentir vivo‖ ―Te amo
más que a mi propia vida‖ y eso me hacía sentir tan bien, que lo último que deseaba era
que esa noche se acabara.
Cuando ya habíamos llegado al enorme estacionamiento, mis pensamientos eran
que debía pasar la noche con Karsten para demostrarle con eso cuánto lo amaba. Fue
frente a su coche que sentí un enorme hormigueo en el estómago y esta vez no eran
malestares como consecuencias de la borrachera. Eran hormigueos de puro amor; ya que,
me moría por besar cada parte de su piel hasta quedar sin aliento, estaba deseosa de
acariciar sus grandiosos pectorales, y añoraba tocar su corazón y escucharlo latir al mismo
tiempo.

Muy feliz y enamorada me acerqué a él y sin pensar en las consecuencias que eso
me podría traer a corto plazo, lo besé ardientemente. La brisa de la noche movía mi camisa
y Karsten me abrazó deseosamente. A continuación, yo profundicé el beso y envolví mis
manos alrededor de su cuello. Luego, nuestras lenguas se encontraron y comenzamos a
gemir casi al mismo tiempo. ¡Este era un momento estupendo y no querría olvidarlo
nunca!

En ese momento, el chofer tosió intrusamente y rápidamente Karsten y yo nos


separamos torpemente. El muy metiche nos abrió la puerta del vehículo y algo incomoda
por la caliente situación en que me había cachado el chofer, yo me subí al automóvil.
Karsten se quedó mudo, caminó como en estado de shock hacia su lado del carro y
también se subió. Entonces, el chofer empezó a conducir y a alejarnos de la discoteca.

De repente, todo quedó en silencio. La situación dentro del carro fue bastante
extraña y silente; y mi corazón bombeaba aceleradamente. Karsten no me miraba, prefería
dirigir su mirada a lo que la ventana le mostraba y yo asustada de haber metido la pata
por haberme arrojado a sus brazos tan descaradamente, decidí no enfrentarme a él, sino
mirar hacia otro lado.

Rodamos varias calles sin hacer ningún ruido y buscando cada uno esconderse
debajo de uno de los asientos para así lograr escapar. No obstante, pronto mi borrachera
me dio un poquito más de valentía y éxtasi. Me llené de fuerzas respirando
profundamente porque me negaba a que la noche terminara así y nada más. Me volví para
mirarlo y la respuesta que recibí fue la que yo esperaba. Karsten se volteó hacia mí e
impulsivamente se arrojó sobre mí y comenzó a besarme. Cubrió mis labios con los suyos,
y con avidez me besó el cuello de una manera bastante carnal, yo sabía que muy
posiblemente él me dejaría un pequeño chupetón, pero no me importaba. Apoyé la cabeza
en su hombro y dejé que sus manos vagaran por mi cuerpo, arqueé la espalda y volví la
cara, para encontrarme con su boca.

Karsten gruñó profundamente con enorme lujuria. Tiró de mi camisa hacia arriba,
me la sacó y la arrojó hacia algún lugar del vehículo. Me acarició entre el brassier y
escalofríos se pasearon por todo mi cuerpo. Yo, me apreté contra él velozmente me
apoderé de su camisa y se la quité en el tic tac de un reloj. ¡Me sentía en la gloria!

— ¡Tu cuerpo es tan hermoso!— Me manifestó con un gemido salvaje y hambriento.


—Karsten…—gemí con un gruñido salvaje y lo besé en el cuello.

— ¿Sí, Dagmar?—me preguntó deslizando sus labios por mi boca, mi mandíbula, y


por mi cuello.

— ¡Te amo! ¡Te amo! ¡Te amo! —deslicé mi cuerpo sobre el asiento y me subí
encima de él.

A partir de eso, todo fue besos, caricias y deseo dentro del auto. Mi cuerpo gritaba
que lo necesitaba, así que, cerré los ojos y enredé mis manos en su cabello para besarlo con
mayor intensidad. Lo besé con furia y moví mis caderas rápidamente; por lo que, como
consecuencia de ello, nuestros gemidos y gritos chocaron entre sí.

— ¡Estás temblando!—me dijo y no era una pregunta; claro que estaba temblando y
estaba temblando por él.

—Es que…—sentí su cuerpo debajo de mí y mis entrañas se contrajeron. Era


fantástico haber envuelto mis piernas alrededor de sus caderas porque esa posición me
acercaba más a él.

— ¿Por qué eres tan maravillosa, Dagmar?—gruñó— ¡Sin ti, yo no podría vivir!

— ¡Y yo tampoco!—Temblé, no podía creer que él me estuviera causando tantas


sensaciones a la vez.

— ¡Eres preciosa!—me aseguró con ojos brillantes— ¡Eres la mujer más hermosa del
mundo!

—Cuando hablas así…—tartamudeé—…quisiera prolongar el momento y hacer


que dure para siempre — aplasté mis labios con los suyos y lo besé largo y duro.

— ¡Te deseo!—me confesó en el oído y esas palabras me hicieron calentar el cuerpo


desde la punta del dedo del pie hasta el último cabello que estaba en mi cabeza, pues, yo
también lo deseaba con todo mi corazón y mi razón.

— ¡Yo también…te deseo! —le sonreí y lo abracé cariñosamente colocando mi


cabeza entre su cuello. Ese momento era mágico y definitivamente me hubiese encantado
tener un control y ponerle stop a este momento.

Suceso, que al parecer como que sí ocurrió; ya que, cuando moví mi cabeza un poco
para despegarme unos pequeños milímetros de Karsten, con el fin de tomar un poco de
aire, supe que él y yo ya no nos encontrábamos en el automóvil. Karsten saltó unos
escalones de dos en dos y me llevó a una habitación oscura, en donde procedió a
colocarme en la cama.

— ¡Necesito que te despiertes!—lo oí hablar y mis parpados me hicieron cosquillas.


— ¿Dónde estamos?—abrí perezosamente los ojos y asustada me senté en la cama
para descubrir sorpresivamente que el muy tonto me había traído a mi habitación. ¡Qué
horror! ¿No se suponía que me deseaba y que íbamos a hacer al amor? ¿Por qué me había
traído a mi casa, entonces?

— ¡Te traje a tu casa!—encendió la lamparita de noche que estaba a su lado y de


inmediato la iluminación tenue nos regaló un ambiente más romántico y menos sexual.
Después, él se sentó en la cama muy cerca de mí y me besó dulcemente la frente.

—Pensé que…—lo agarré por los hombros queriendo un poquito más de amor.
Pero, él me agarró de las manos y me detuvo. ¡Definitivamente, la chispa sexual se había
acabado!

— ¡Pensaste que me iba a aprovechar de ti!—él sonrió y se mordió los labios


seductoramente— ¡Lo siento, pero no soy tan malvado como para aprovecharme de una
mujer en tu estado!

—Pero…—le rogué—yo quería, yo quería…

—Créeme, —intentó explicarme—yo también quería hacer el amor contigo; sin


embargo, si lo hacemos ahora, mañana me vas a odiar por ello.

— ¡Yo no te odiaría nunca!—lo besé y le deslicé la lengua por el lóbulo buscando la


forma de volver a crear ese ambiente sexy que habíamos tenido en el auto— ¡Yo…te
quiero mucho y quiero hacerlo contigo!

—Creo que estás hablando de más y mañana te vas a odiar a ti misma por hacerlo—
se separó de mí y a continuación, se levantó de la cama sin dejar de mirarme.

— ¡No, no lo voy a hacer!—me paré en la cama y sin dejar de mirarlo me quité el


brassier sensualmente— Sé que muchas veces me he dicho a mí misma e incluso a ti, que
te odio, que para mí no significas nada; sin embargo, no es cierto. —Mi cuerpo se
estremeció de solo estar medio desnuda frente a Karsten y al verlo respirar
aceleradamente supe que a él también mi desnudez lo había afectado— Yo…te quiero
muchísimo—le dije entrecortadamente— Tú…me gustas mucho. ¡Estoy enamorada…!

—Entonces…—Karsten caminó pausadamente hacía mí y luego me empujó en la


cama con un dedo—Entonces, aprende a querer mis espinas si quieres que yo sea tu rosa.

— ¿Qué…qué quieres decir con eso?—tartamudeé y él agarró una cobija y la puso


sobre mi cuerpo diciéndome con ello que no iba a responder a mi pregunta.

— ¡Duérmete, borrachita!—me besó en la frente en forma de despedida— ¡Mañana


será otro día!—me dijo y luego me acarició las mejillas sonriéndome.

— ¡Está bien! ¡Está…!—su caricia en mis mejillas fue como un sedante porque en
cuanto me acosté y él salió del dormitorio, me quedé profundamente dormida.
El domingo en la mañana, supe toscamente lo que era un ratón o una resaca y el
daño que le hacía a mi cabecita. Mi cuerpo estaba adormecido y la nuca me pesaba
bastante. Pero, de pronto abrí los ojos deprisa y comencé a entender que mi malestar post
borrachera no era nada con lo que había pasado la noche anterior. Bueno, con lo que casi
había pasado.

¡Le había confesado mi amor a Karsten! ¡Me había vuelto loca! ¿Qué había estado
pensando al beber tanto? ¿Qué rayos había estado pensando al arrojarme a los brazos de
Karsten y confesarle mi amor? Mi cabeza tronaba como una ametralladora al conocer la
respuesta y entender que había metido la pata hasta el fondo.

Desesperada hui al baño y comencé a vomitar. ¿Por qué había bebido hasta
emborracharme si eso era perjudicial para mí? ¿Por qué Karsten no me detuvo cuando me
puse loca? ¿Qué había hecho la noche anterior? ¡No, no, no, no! ¡Me iba a morir como
desenlace de mis malos actos!

Luego de que vacié todo el contenido de mi estómago, busqué en uno de los


gaveteros un analgésico para combatir el dolor de cabeza que se acentuaba más y más a
cada instante y me miré en el espejo. ¡Oh, no; tenía chupetones! ¿Cómo Karsten, todo un
príncipe millonario y poderoso me había marcado como si yo fuera de su propiedad?
¿Estaba loco o qué?

¿Qué carajo me había pasado? ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Qué pensaría de mí Karsten?
¿En ese momento qué debía estar creyendo el muy descarado de mí? ¡Seguramente creería
que yo estaba enamorada de él y eso no podía ser! ¡Tendría que suicidarme pronto! ¡Jamás
podría mirarlo nuevamente a los ojos! ¡Sería vergonzoso!

De pronto, sonó el teléfono dentro de mi habitación y supe en el fondo de mi


corazón que era él. Asustada regresé a mi dormitorio y temblando tomé el aparato en mis
manos y respondí a la llamada.

— ¿A…aló?—le dije.

— ¡Buen día, cariño!— su voz sonó como una dulce melodía de amor.

—Si me llamaste para burlarte de mí…—acomodé mi voz y la puse lo más dura que
pude.

—Te llamé para decirte que…—me interrumpió— las llaves que anoche saqué de tu
cartera para poder abrir la puerta trasera de tu casa sin que tus padres se despertaran; te la
estoy enviando en este momento a tu lugar de trabajo.

— ¿Me sacaste la llave del bolso mientras estaba dormida?—le pregunté


sorprendida y a la vez entendiendo que de esa manera era que el muy desgraciado había
logrado colarse a mi habitación conmigo a cuesta y sin despertar a mis padres— ¿Estás
loco? —le dije, pero él me ignoró malamente.
—Asimismo…— siguió hablando sin tomarse el tiempo para escucharme—Te estoy
avisando que también te envié a tu trabajo, a dos de mis más leales y expertos editores
para que revisen tus obras y si son buenas, quizás para que las publiquen.

— ¿Qué? —Escuchar lo que estaba haciendo Karsten detrás de la línea fue como
recibir un balde de agua fría estando con fiebre ¡Era molestísimo!— ¿Hombre frustrante,
por qué hiciste eso? ¡No estoy dispuesta a aceptar tu ayuda!—le grité y eso pareció
gustarle porque se pudieron escuchar sus risas a través del auricular.

— ¡Yo tampoco estoy dispuesto a que no aceptes mi ayuda!—me susurró


sensualmente— ¡Ahora que logré que me dijeras que me amas, no voy a renunciar a ti!

— ¡Karsten, por favor!—gemí y no supe si era un ruego para que dejara de


atormentarme o para que se acercara otra vez a mí como anoche y me hiciera suya.

— ¡Hasta pronto, cariño!—me anunció divertido y sin nada de complejos y más


seguro de sí mismo que nunca, me colgó la llamada.

Bajé al comedor sin ninguna ganas de desayunar a la media hora. Mis padres
estaban tomando juntos una taza de té y afuera el día lucía algo nublado. Mi papá fue el
primero en notar mis ojeras.

— ¿Estás bien, hija? —Me preguntó— ¿Estás enferma?

— ¡Tengo dolor de cabeza!—le dije una verdad a medias, pues, ni de manicomio le


iba a decir a ese par de celosos padres sobreprotectores que tenía jaqueca post borrachera.

— ¿Quieres una aspirina?—mi mamá se mostró preocupada e hizo ademán de


levantarse para ir a buscarla, pero yo se lo impedí.

— ¡No te preocupes, mamá!— traté de explicarle— ¡Ya me tomé una! Creo que es
por tanto trabajo que estoy estresada—le mentí bajando la mirada y buscando engañarlos
descaradamente.

— ¿Y a qué hora llegaste anoche?—no pude evitar el lógico interrogatorio de esa


madre prisionera.

—Temprano…—me mordí el labio y luego comencé a golpearme ligeramente la


boca con el dedo pulgar como pidiéndome a mí misma que me callara.

—Hmm—refunfuñó ella como diciendo con ello que no me creía nada, nadita,
nada. Mi padre en cambio, no dejaba de mirarme como evaluándome por dentro y por
fuera para ver si encontraba algo malo de mí como para sentenciarme a cadena perpetua,
o como para mandarme a la silla eléctrica. ¡Oh, qué padres sobreprotectores me tenía que
calar!
— ¿Qué?—le dije a él sintiéndome bastante incomoda. ¡Por mí que ambos pusieran
la cara que les diera la gana, de mí no iban a sacar la verdad de la hora a la que llegue la
noche anterior y menos el con quien llegué!

— ¡Nada!—mis padres me dijeron a la vez y eso me sacó de mis casillas. Yo era una
persona mayor de edad y no terminaban de entenderlo. ¡No tenía que darles explicaciones
de todo lo que hacía en mi vida!

— ¡Basta ya!—Levanté mis cejas y le pegué con la mano cerrada a la mesa— ¿Les
sucede algo?

— ¿Habría de suceder algo?—mi mamá se rió sórdidamente— ¡En fin, preparé


ensalada cesar con salmón! ¿Te sirvo?

— ¡No tengo hambre! —me negué, primero porque si comía vomitaba otra vez y
segundo porque no aguantaba un segundo más el escrutinio de mis padres.

— ¿Y eso?—me preguntó mi papá mostrando una voz algo preocupada. ¡Ahí


estaba! ¡Cómo ninguno de los dos pudo sacarme la verdad a los golpes, ahora se iban a la
manipulación mostrada como preocupación nata!

— ¡Nada!… —respiré profundamente— ¡Mejor voy a salir que necesito algo de aire!

Salí del comedor y de mi casa tirando furiosa la puerta. ¿Cuándo mis padres me
iban a dejar tomar mi vida en mis manos? Sí, sabía que me equivocaría miles de veces en
la vida, pero… ¿Es que acaso no tenía derecho a ello? Al parecer para ellos no, ya que, con
su actitud no se daban cuenta de que me asfixiaban y si se daban cuenta esperaban
pacientemente a que una bomba de oxigeno solucionara todo.

Me fui caminando lejos de mi casa aprovechando el maravilloso clima que había ese
día. Sí, estaba nublado pero también estaba limpio y puro. Necesitaba poner todas las
cosas que tenía en mi cabeza en su lugar, en especial las relacionadas con Karsten. La
noche anterior había sido toda una locura, borrachera, casi sexo y muchos, pero muchos
besos.

De pronto cuando iba por la acera de la larga carretera, sonó mi teléfono. Era Ally
que quería hablar conmigo y me imaginaba que me iba a salir con un interrogatorio sobre
lo ocurrido el sábado. Yo no estaba lista para eso ¿Es que cómo la muy tonta se atrevía a
llamarme cuando me había abandonado en la discoteca toda borracha y había llamado a
Karsten para que la ayudara a deshacerse de mí? ¡Cínica!

— ¡Aló, Ally!—la saludé— ¿Cómo estás amiga?

— ¡No señor!—su voz sonó escandalosa— ¡No me vengas con saludos estúpidos
como si no me escucharas desde hace meses! ¡Quiero que me cuentes todo! ¿Qué pasó?
¿Ya el príncipe Karsten y tú son novios?
— ¡Para que sufras un poco te diré que mi prioridad horita es mantener el trabajo
de mi padre!—le dije— ¡Horita no puedo estar pensando en tonterías como las que me
acabas de preguntar!

— ¿Tonterías?—pareció sentirse ofendida— ¿Tonterías amiga? ¿Cómo puede ser


tontería que me hayas dejado sola en la discoteca y te hayas ido con Karsten? ¡Ni siquiera
me avisaste!—fingió sentirse humillada y deprimida.

— ¡Estaba borracha!—me defendí, y sinceramente que no estaba borracha, estaba


era más y más borracha.

— ¡Sí, y bien borracha!—Ally pareció leer mis pensamientos.

— ¡Sí, pero te juro que nunca más vuelvo a tomar alcohol en mi vida ni te vuelvo a
acompañar a una discoteca!—le manifesté decidida a cumplir mi promesa. ¡Ya podía decir
en mi autobiografía que había sabido lo que era una borrachera y una resaca; así que, ya
no hacía falta que lo volviera a hacer!

— ¿Ni siquiera con Karsten?—indagó la muy tonta de Ally que estaba


insoportablemente curiosa.

— ¡Deja a Karsten en paz!—le levanté la voz más de lo acostumbrado— ¡Él sólo me


ayudó en un momento que necesitaba de alguien!

— ¿Y no pasó nada?— ¡Oh, pero qué insistencia de Ally! ¿Le costaba mucho
dejarme en paz y callarse la boca?

— ¡No!—me negué rotundamente a punto de estallar y de tirar el teléfono contra la


pared de un edificio o de un rbol.

— ¿Nada de nada?—volvió a insistir.

— ¡Nada de nada!—respiré hondamente— Karsten es…—¡Un odioso, malvado y


ruin que seguramente para ese momento se estaría burlando de mí!—Es un buen caballero
―muy en el fondo‖ y ya deja el tema porque no quiero hablar más de eso ¿Te parece?

— ¡Está bien! —Ally gruñó a lo bajo y yo decidí que quisiera ella o no, esa
conversación llegaba hasta allí.

— ¡Adiós!—me despedí sin darle tiempo para realizarme otra inoportuna


preguntita de las de ella y seguí con mí caminar por la ciudad.

Regresé a mi casa después de andar casi que por dos horas sin destino fijo. Al entrar
a mi dulce hogar lo primero que noté fue una confusión de voces que hablaban casi al
mismo tiempo. Dos de ellas eran de mis padres, y la otra era…
— ¡Miguel, estás aquí!—grité impresionada del susto apenas lo vi. Estaba sentado
junto a la fogata hablando con mi mamá y mi papá. ¡Dios, él sí era tonto y fuera de tiempo!
¿Por qué llegar a mi casa en ese preciso momento de confusión en mi cabeza?

— ¿Esperabas a alguien más?—me preguntó Miguel casi en un susurro aullador.

— ¡No, por supuesto que no!—temblé— ¡Claro que no! ¿Qué…?—tartamudeé—


¿Qué haces aquí?

— ¡Vengo a invitarte a comer algo por allí!—se levantó de su asiento, se acercó a mí


y me tomó de las manos— ¿Quieres?

— ¡Yo…!—vi a un lado las señales de mis padres que disimuladamente me pedían


que aceptara salir con Miguel y decidí que no tenía más opciones— ¡Claro que sí, me
encantaría!—le dije medio feliz, medio desorientada sabiendo que eso de salir con Miguel
no lograría hacerme sentir bien.

— ¿No tienes nada que hacer ahora?—me preguntó Miguel, al parecer bastante
contento de mi respuesta afirmativa— ¡Nos podemos ir de inmediato!

— ¡Sí, no tengo nada que hacer horita!—me solté de su mano y caminé hacia las
escaleras con destino hacia mi dormitorio— ¡Déjame bañarme, cambiarme de ropa, y
buscar mi cartera!

Miguel y yo salimos a un restaurant cercano a mi casa. Para ello, me puse un


vestido corto intentando llamar su atención y unos zapatos de suela baja. Necesitaba
deslumbrarlo un poco para sentirme amada por él, así podría sacarme de mi cerebro, de
mi alma y de mi cuerpo, las imágenes tan bochornosas de la noche anterior.

— ¿Quieres tomar algo?—me preguntó Miguel y esa petición me entró como un


rayo en el cerebro. ¡No, definitivamente que no quería nada de alcohol!

—No, yo…—vacilé un poco— ¡Yo no tomo!— ¡Oh bien, había comenzado a


relajarme! Mi mente requería con urgencias que esta salida sirviera para algo. ¡Miguel y yo
no podíamos seguir estando tan distanciados emocionalmente!

— ¡Es maravilloso que no bebas alcohol!—me dijo Miguel muy alegremente y


haciéndole señas a un sujeto, llamó al mesero— ¡Por eso me gustaste desde el principio; ya
que, eres distinta a las mujeres de ahora!

—Si tú lo dices…—se me hizo un nudo en la garganta. ¡Esta situación era bastante


incomoda!

— ¡Buenos días!—llegó el mayordomo a nuestra mesa— ¡Vengo a tomar sus


pedidos! ¿Desean algo?

— ¿Tiene trenette al pesto?—le preguntó Miguel al flaco, sin ni siquiera tomarse el


tiempo requerido para revisar el Menú.
—Miguel…— ¡Ya empezábamos mal! ¿Acaso no me conocía tanto como para saber
que la pasta me hacía daño?— ¡Miguel a mí no me gusta la pasta!—le dije— ¡No sé si te
acuerdas!

— ¡Claro que me acuerdo!—pareció animado de la conversación tan boba— ¡Ese


platillo es para mí!—revisó el menú y después habló con el mesonero— Para la señorita
traiga unas pechugas de pollo a la gordonblue acompañadas de un exquisito Chop suey.

— ¿Y de beber?—preguntó el sujeto que iba tomando nota.

— ¡Tráigame una botella de vino para empezar! — Miguel sonriente, me guiñó un


ojo— ¡Y también tráigame dos copas!

— ¡En unos minutos les traigo sus pedidos! —dijo el hombre y se marchó a lo que
me imaginé era la cocina del restaurant.

— ¿Y qué tal el trabajo como chef? —me preguntó Miguel y temblando no supe qué
decirle. ¡Cómo si fuera tan fácil decirle que ya no trabajaba como chef! ¡Todo eso era culpa
de Karsten! Siempre haciéndome la vida imposible!

— ¿Pasa algo?—Miguel se mostró realmente preocupado— ¿Dije algo malo? ¡Te


pusiste roja como un tomate!

— ¡No!—grité aceleradamente— ¿Por qué habría de pasarme algo?

— ¡Es que como te pusiste nerviosa cuando te pregunté por tu trabajo!—me


manifestó Miguel y yo aproveché la llegada del mesonero con las dos copas y lo que me
imaginé era la botella de vino, para relajarme un poquitito.

— ¡Gracias!—Miguel se refirió al mesonero que nuevamente se marchó, y luego


tomando la botella comenzó a servirse una copa de vino siguió preguntándome sus
curiosidades.

— ¿Dagmar, cómo te va con el trabajo de chef en la guardería del palacio?

— ¡Bueno… bien!—mentí y le pedí al cielo que mi nerviosismo no me descubriera


ante Miguel— ¡Me está yendo muy bien!

— ¿Pero, pasó algo? —Me miró con ojos tiernos— ¡No te vez tan segura de lo que
estás diciendo!

— ¡No pasó nada!—mentí— ¿Por qué no se me hacía tan difícil contarle que ya no
trabajaba de cocinera en la guardería del palacio? ¡Seguramente él me comprendería!
¡Mentira! ¡Mentira! ¡Él nunca lo comprendería!— ¡Hasta ahora todo está bien! —le aseguré
y vi la botella de vino. Deseaba tanto poder tomar aunque fuera una copita de vino para
olvidarme de esta situación tan desafortunada. ¡Rayos, después de lo anoche no podía
beber alcohol!
— ¿Y cómo te ha ido en estos últimos días con los demás cocineros?— me miró y le
di una media sonrisa ¡Con enamorados como él para qué quería enemigos!— ¿Se han
portado bien contigo? —me preguntó y yo pestañeé azorada.

— ¡Bien, muy bien!—¡dudé— Aunque algunos han querido regañarme, otros me


han defendido.

— ¡Muchas felicidades!—extendió el brazo y estrechó su mano con la mía— De


verdad que me da mucho gusto que te esté yendo bien. ¡Siempre confié en ti! Aunque no
me gusta que trabajes cerca de ese estúpido príncipe, es bueno que ayudes a tus padres.

— ¡Muchas gracias, Miguel!— le agradecí contenta—Aunque…—pensé que él se


merecía alguna explicación para que no se sintiera más celoso de lo que ya obviamente
estaba— Tú tienes que saber que el palacio es muy grande y tiene muchísimas zonas
exteriores. Yo trabajo como ya sabes, es en la cocina de la guardería de una de esos
espacios externos al castillo y casi nunca o más bien, nunca veo a Karsten…digo al
príncipe Karsten.

—Te creo…—su voz fue casi un susurro— ¡Yo confío en ti! —me aseguró y eso me
hizo llenarme de energía para ser feliz ¡Oh, sí! ¡Miguel era el perfecto hombre para una
chica! ¡Mejor dicho, era el perfecto hombre para mí! ¡Lo adoraba! ¡No había dudas!

La siguiente hora transcurrió maravillosamente. La comida con Miguel fue


tranquila y cálida y yo me sentí muy a gusto. Él se portó como todo un príncipe y me
regaló muchas veces su sonrisa de hombre tierno y servil, y por todo ese tipo de cosas, es
que sentada aún en la silla del restaurant pensaba en que iba a olvidar lo de la noche
anterior; ya que, mi futuro estaba era con Miguel y sólo con él. Lo ocurrido en esa noche
con Karsten había sido un error del tamaño de una montaña; pero, me arrepentía
muchísimo de haber participado en esa locura, por lo tanto, haría cualquier cosa para que
Miguel no se enterara de ello. ¡Él no se merecía mis malas acciones y no lo podía hacer
sufrir más! ¿Cuánto quería cerrar los ojos y regresar al pasado cuando los abriera? ¡Lo de
la esa estúpida noche nunca debió haber ocurrido! Pero, bueno; ya no se podía voltear el
reloj a mi favor. ¡Tenía que conformarme con la enorme conciencia que me estaba
asesinando!

Es que, aún frente a frente de Miguel, yo estaba soñando con un futuro cercano a él
y alejado de Karsten. ¡Me estaba imaginando una boda toda de blanco, llena de puro
familiares y amigos y con mucha comida. ¡Eso sí que era la felicidad! Sin embargo, de
pronto el clima se puso incomodo cuando sonó mi teléfono en forma de mensaje. Lo abrí
para ver de quién se trataba y qué quería y lo que leí me dejó temblando:

“¡Tenemos que hablar, Dagmar! ¡Vas a dejar en este momento a tu noviecito


estúpido y vas a venir a mí! ¡Estoy en la zona exterior del restaurant, por donde está
la calle que va al museo principal de la ciudad! ¡Ven pronto o te llego a la mesa que
compartes con él y le cuento ciertas cositas al imbécil ese! Atte: Karsten”
¿Qué? ¡No! ¡Karsten no podía hacerme aquello? Sabía que ese canalla era capaz de
cualquier cosa, pero nunca pensé que llegaría a tanto. ¡No podía ser enserio que Karsten
estuviera esa noche allí para molestarme! ¿Acaso no entendía que Miguel era demasiado
importante para mí como para hacerlo sufrir? ¡No! ¡Eso no podía ocurrir! Tragué
desesperadamente y le contesté el msj:

“¡Ya voy, así que ten paciencia!”


— ¿Sucede algo?—me preguntó Miguel al notarme súper nerviosa.

— ¡No!— me negué sacudiendo la cabeza— ¡Por supuesto que no! Es solo que…—
No hallaba qué mentira decirle a Miguel y tartamudeando me puse de pie, buscando la
manera de hacer tiempo para que una mentira se me ocurriera rápidamente. Él me miró
sorprendido y yo pensé en salir corriendo y buscar el primer carro que pasara por la
avenida para que me atropellara — ¡Es que necesito algo de aire!—le mentí y eso me hizo
sentir como una malnacida, en el peor sentido de la palabra— ¿Me disculpas?

— ¡Claro que sí!—afirmó cálidamente Miguel— ¿Pero, estás bien?

— ¡Sí!—le dije arrastrando la palabra— ¡No es algo por lo que ponerse nerviosos!
¡Necesito únicamente tomar un poco de aire fresco! ¡Nos vemos en un momento!

Presurosa busqué la salida del restaurant y no volteé hacia donde estaba Miguel
hasta que logré cruzar la bendita puerta. Asustada caminé hacia donde Karsten me había
dicho que me esperaría y sabía en el fondo de mi corazón que mi reacción al verlo después
de la noche anterior sería un problema.

Él estaba de pie recostado sobre una pared, revisando unas cosas en su


modernísimo teléfono celular y yo lo vi y se me hizo un nudo en la garganta ¡Se veía tan
guapo como un Ángel celestial!

— ¡Ya estoy aquí!—le informé algo que era súper obvio para Karsten— ¿Para qué
querías verme?

—Hablar, sólo quería hablar un rato contigo—me manifestó relajadamente.

— ¿Qué quieres hablar conmigo?—farfullé con indignación— Es más chico ¿Cómo


supiste que yo estaba aquí?

—Sólo fue la intuición—me respondió con una sonrisa.

— ¡No me digas! —estuve a punto de ebullición y quise golpearlo, por lo menos por
un día entero— ¡Si eres mentiroso!

— ¡Es una de mis tantas facultades!— me dedicó una sonrisa maliciosa.


—En fin…—traté de ignorar su impresionante y seductor gesto— ¡Quiero volver a
preguntarte!—me puse las manos en las caderas en forma desafiante— ¿Qué quieres
hablar conmigo?

—Cosas…—murmuró con un acento burlón en su voz.

— ¡No me digas que vas a decirme de todo con respecto a lo de anoche! —lo
interrogué asustada golpeándolo levemente en el pecho.

— ¡No!—se cruzó de brazos provocativamente y me miró con audacia— ¡No tengo


ninguna intención de hacerlo!

— ¡Gracias!—le dije y al unísono mis mejillas se tiñeron de rojo— ¡Y gracias por no


aprovecharte de mí!

— ¡Jamás eso pasó por mi mente!—me expresó con una simpática cara llena de
muchísima sinceridad— ¡Prefiero que en nuestra primera vez, tengas los cinco sentidos a
flor de piel!

— ¿Ya vas a salir con tus cosas? —fruncí mis cejas empezando a molestarme.
¿Acaso Karsten hacerme morir de rabia?

— ¿Qué cosas si es la pura verdad?—me preguntó con incredulidad— ¡Pronto,


pronto y muy pronto te haré mía!

— ¡Asqueroso! —tiritando quité su mano de mi mejilla y me alejé dos pasos de él—


¡No me toques! —Le pedí hecha un lío— ¡Te odio!

— ¡Lo contrario al amor no es el odio, es la indiferencia y obviamente yo no te soy


indiferente a ti!—Me empujó contra la pared, me agarró fuertemente de las manos con sus
mano izquierda, me hizo alzarlas por encima de la cabeza y después con un breve
movimiento con la mano derecha, logró que lo viera directamente a los ojos.

— ¡Déjame ir!—intenté zafarme de su agarre— ¡Suéltame!

Pero no me dejó ir; en cambio, se apretó más hacia mí acechándome de una forma
muy descarada y me olía como si yo fuera el mejor manjar del mundo.

—Parece que no entiendes que no importa cuán lejos huyas de mí…—me lanzó una
mirada fuerte y orgullosa— yo siempre estaré muy cerca de ti.

—Karsten…—suspiré tímidamente con lágrimas que amenazaban con delatar mi


nerviosismo.

— ¡Quiero…hacerte mía!—me dio una palmada en el trasero y mi piel ardió


agónicamente ¡Tenía todas las hormonas alborotadas!— ¡Me fascina tu olor! ¡Hueles a
deseo!
Karsten me besó el cuello y yo cerré los ojos ante la sensación de su toque. Mis
piernas temblaban, en tanto sus labios se movían a todo lo largo de mi nuca y mi cuerpo se
estremecía con nervio y necesidad. Entonces, sus labios fueron a los míos y en seguida, él
me besó apasionada y descaradamente. Yo, notablemente excitada, dejé entrar su lengua
en mi boca sin dar vuelta atrás. Mi respiración se hizo pesada al contacto de su cuerpo,
como la de una gata seductora ansiando más que una pervertida caricia. Y eso hizo que
gimiera desvergonzadamente enterrando mi cara en el descarado olor del cuello de
Karsten.

—Karsten…—mis mejillas ardieron como respuesta a todo lo que me estaba


haciendo Karsten.

— ¡Me estoy volviendo loco!—una enorme sonrisa iluminó su rostro— ¡Te deseo
con todo mi cuerpo, mi ser, mis entrañas!

— ¡Yo…también! —le murmuré sin aliento y eso pareció darle confianza a Karsten,
que me soltó de las manos y me levantó con lujuria contra la pared, para luego ponerme
ajustada con las piernas abiertas y envueltas alrededor de su cintura.

— ¡Dime que me deseas!—me exigió y el corazón pareció detenérseme en una


combinación de deseo y atracción mutua. ¡Claro que deseaba a este hombre!

— ¡Te deseo!—me mordí el labio y después gemí de placer.

— ¡Chica mala!—De un momento a otro me bajó las mangas del vestido y yo lo besé
con lujuria. Agonizante, gemí y él me bajó las tiras del sujetador y dejó mis senos
expuestos ante su cautivadora mirada de Ángel demoniaco. A continuación, comenzó a
devorarlos. Su lengua se movió circularmente sobre mi pezón. Las caderas de Karsten se
movían contra las mías y su mano se adentró a través de la falda de mi vestido. Sus dedos
acariciaron mi bikini, torturándome desquiciadamente. Pero, de pronto…

— ¿Dagmar, estás allí?—se escuchó muy cerca la voz de Miguel.

—Es…—ronroneé—es Miguel…—sentí una descarga de energía bajar por mi


columna vertebral ¿Qué coño estaba haciendo pegada a esa pared junto a Karsten? ¿Acaso
quería que Miguel me hallara infraganti? — ¡Me está buscando!

—Shisss—negó con la cabeza— ¡No hagas ningún ruido y seguro que se marcha
pronto!

— ¡No se va a ir! —Expliqué débilmente con un notable rubor en las mejillas—


¡Vino conmigo y me está esperando!

— ¡Qué se aguante!— se mordió el labio debido a su clara ansiedad.

— ¡No!—reaccioné de pronto congelándome y abriendo los ojos de golpe—


¡Suéltame! ¡Deja de tocarme! ¡Suéltame! —Lo empujé lejos de mí y procedí a acomodarme
la ropa para que Miguel no me encontrara en esas fachas tan…tan lujuriosa— ¡No quiero
que me vuelvas a tocar más nunca en tu vida!—le dije y con las piernas temblorosas, salí
corriendo y huyendo de Karsten.

— ¿Dónde estabas?—choqué de frente con Miguel.

—Yo…—titubeé nerviosa—yo te dije que necesitaba algo de aire fresco.

— ¡Salí afuera a buscarte y no te vi!— me aseguró con voz tranquila— ¡En fin,
vamos a seguir comiendo y disfrutando de la velada!

— ¡Sí!—le respondí con ojos cautelosos y reservados.

La conciencia me estaba matando, ¿Cómo yo estaba actuando tan injusta con


Miguel? Él no merecía mis mentiras ni engaños, menos que rompiera su corazón. Él era el
fuego que estaba quemando mis entrañas y que me haría arder en el infierno.

Al día siguiente en mi trabajo, la mente la tenía en los hechos de los últimos


periodos de mi vida. Por una esquina estaba Karsten siempre encima de mí restregándome
los sentimientos que claramente sentía por él; por el otro lado estaba Miguel
manipulándome para que me quedara con él. A media mañana recibí una llamada. Era
Karsten quien me estaba llamando. ¿Por qué no me dejaba en paz?

— ¡Aló!— lo saludé con temblor en la voz— ¿Y ahora qué quieres?

— ¡Hola, cariño!—me dijo— ¿Cómo estás?

— ¿Se puede saber para qué me llamas a esta hora?— Mi boca se cerró de golpe—
¡Estoy ocupada!

— ¡Sólo quería escuchar tu seductora voz aunque fuera por un segundo!— replicó
seriamente.

— ¡Qué romántico!—ironicé—Eres tan tonto.

—Para ti… —me comunicó— ¡Soy todo lo que tú quieras!

— ¡Menos, un correcaminos que se va a vivir al desierto!— Lo desafié con voz


asesina de ―Si te tengo al frente, voy a acabar contigo‖.

— ¡Ay, cariño!—susurró y sentí que la distancia que había entre nosotros, se hacía
más y más corta— ¡Al parecer te llamé en un mal momento! ¿Te pasó algo malo?

— ¡No, claro que no!— Me negué, y le agradecí a Dios que Karsten estuviera lejos
de mí y no pudiera ver mi rostro— ¡Lo único que me pasa es que ya tú me tienes
obstinada! ¡Me llamas, me persigues, me fastidias! ¿Por qué insistes tanto?

— ¡Porque te amo y tú eres mía!— murmuró tímidamente.


— ¡Estás equivocado!—mi estómago se retorció— ¡Jamás seré tuya y si sigues
acosándome voy a tener que ir a la policía para ponerte una orden de alejamiento!

— ¿En serio?—me preguntó bromeando— ¡Solo inténtalo cariño! ¡A ver si te


funciona!

— ¡Pues, ya estoy pensando seriamente en hacerlo!—me aclaré la garganta— ¡Si


sigues molestándome, voy a tener que hacerlo, aunque eso te haga una mancha en tu
expediente! ¡Ya me estoy obstinando de tus persecuciones! ¡Si no, voy a acudir a los
medios de comunicación e información a contarles que tú te la pasas molestándome!

—Ja, ja, ja, ja, ja—se burló, riéndose hasta casi quedar sin aliento— ¡Di algo que tú te
creas! ¡No obstante, sabes que yo con sólo mover un dedo puedo hacer que te entregues a
mí! ¡Con sólo mover bien mis manos puedo hacerte desearme más de lo que ya lo haces!
¡Con sólo poner mis labios en los tuyos puedo hacerte caer rendida como gelatina ante mi
propio deseo!

— ¡Eso…eso es mentira!—titubeé.

— ¿Quieres que probemos?—me preguntó inquieto— ¡Sólo dime que sí y me voy


corriendo a tu oficina a demostrártelo!

— ¡No! ¡No! ¡No!—suspiré desesperada y los ojos se me hicieron un mar de llanto—


¡Definitivamente que no!

— ¡Miedosa!—murmuró sin disimular su ironía— ¡En fin, tú te lo pierdes! ¡Bueno,


dejemos esta conversación para después; tengo una reunión de trabajo y no quiero
―acosarte más‖!

— ¡Karsten…!—le grité desesperada por seguir hablando con él a si fuera por esa
red telefónica.

— ¡Adiós, cariño!— se despidió contentísimo y yo sentí que realmente me estaba


quedando sola en el mundo, aunque solo fuera unas horas. ¿De verdad lo había acusado
de acosarme después de que habíamos vivido momentos tan cercanos y apasionados?
¡Karsten me iba a odiar por eso! ¿Y si no me odiaba? ¡Seguramente lo iba a tener más
pegado a mí que nunca!

Pasó una larga semana en que no vi a Karsten, ¡Lo extrañaba muchísimo! ¿Por qué
lo iba a negar? Hasta que llegó el viernes y por fin vi a Karsten .

— ¡Rayos!—furioso le dio un puño al escritorio de mi oficina— ¿Qué carajos estoy


pagando para tener que calarme todas esas tonterías?

—Karsten…—tragué en seco, y cerré los ojos— ¿Qué haces aquí? ¿Y por qué estás
tan furioso?
— ¡Tu mamá me odia!— apretó los dientes y sus ojos verdes me fulminaron— ¡Me
dejó un recado con uno de mis secretarios suplicándome que me alejara de ti! ¡Me exigió
que le diera una buena liquidación a tu padre y que a ti te despidiera para que ya tú y yo
no nos viéramos más!

— ¿Qué mi mamá hizo qué?—le pregunté con rostro preocupado— ¿Y por qué
carajos hizo eso?

— ¡Ya te lo dije, me odia!— hizo una mueca para mí— ¡No me quiere cerca de ti!
¡Cree que porque soy el príncipe heredero del país, te voy a hacer sufrir! ¡Está loca!

—Es que…—traté de parecer racional en esta conversación— ¡Tu padre le hizo


mucho daño a ella y ahora tú vienes a hacérmelo a mí! ¡Ella sólo está buscando la manera
de protegerme!

—¡El pasado es el pasado y ya el pasado quedó atrás!— sostuvo mi rostro en sus


manos— ¡Además, si tu madre no quiso nada con mi padre fue su problema; no es culpa
de nosotros!

— ¡Mi mamá aún guarda mucho rencor en su alma!—me encogí de hombros y


comencé a desvariar— ¡Ella cree que los hombres de la realeza son unos machistas que no
aman sino que toman a las mujeres como si fueran objetos de su propiedad!

— ¡Mi papá se enamoró de tu madre!— me aseguró con una sonrisa petulante,


mostrando un hoyuelo en su rostro— ¿Pero, de qué tenemos nosotros dos la culpa de eso?
—Mi papá realmente amaba y deseaba casarse con tu mamá; pero después él
terminó aceptando que ella no lo quería y se enamoró de mi madre cuando la conoció.

— ¡Sí; no obstante, mi mamá aún no olvida que eso sucedió algún día y pide
fervorosamente al cielo que tú me dejes en paz!— Me quedé parada mirándolo y sintiendo
que Karsten de verdad estaba preocupado de que el pasado de nuestros padres nos
afectara a nosotros en el presente— ¡Ella no quiere que me pase lo mismo que a ella, que se
sintió agotada y sin esperanzas de libertad! ¡Ella me ha dicho que incluso llegó a pensar en
huir del país porque tu papá insistía, insistía e insistía tanto en que ella debía y tenía que
casarse con él!

— ¡Pero, después la dejó tranquila e incluso tu madre se casó también y hoy en día
es feliz!— cerré los ojos brevemente y arrojó un suspiro—¡Tu madre está feliz con tu
padre! ¿O es qué realmente no lo ama?

— ¡Sí, ella es feliz!—le dije y crucé los brazos sobre el pecho— ¡Pero le costó mucho
alcanzar esa tan anhelada felicidad! ¡Tú…tú quieres hacerme lo mismo a mí; me acosas,
me persigues y me quieres obligar a estar contigo!

— ¡Eso no es cierto, tú sabes que lo nuestro es diferente!—él tragó y se lamió los


labios— ¡Entre tú y yo existe una atracción mutua!
— ¿Mutua? ¿Mutua?—levanté una ceja dudosa— ¡Por favor, tú me acosas!

— ¡Y tú te dejas acosar!—cernió sus labios sobre los míos— ¿O vas a negarme el que
sueñas conmigo acompañándote en la cama todas las noches?

—Karsten, por favor…—coloqué mi mano derecha sobre su duro y fuerte pecho.

— ¿Por favor, qué?—me preguntó en voz baja.

— ¡No me atormentes más!—tragué saliva— ¡Te lo suplico!

— ¿Te has dado cuenta cómo te pones por mí?— exhaló y se inclinó para descansar
su frente contra la mía— ¡Cada vez que te toco, tiemblas y no precisamente de miedo o de
terror!

—Karsten…—susurré contra sus labios.

— ¡Hagamos la prueba!— él sonrió ampliamente— ¡Dagmar, quítate la blusa!


¡Quítate la blusa y entrega tu piel y tu alma a mi corazón!

—Yo…—lo abracé fuertemente, pues no quería alejarme de él nunca más. Jamás


quería sentir esa soledad que en los últimos días me carcomió la piel. ¡No quería que
nuevamente el cielo de mi vida se volviera negro!

— ¡Sólo por un instante olvida que somos tú y yo!—arrastró sus dedos a través de
mi rostro y me miró sonriente— ¡No pienses en nada a tu alrededor! ¡Solo siente, piel
contra piel!

—Karsten…—mis mejillas estaban sonrojadas.

— ¡Eres tan hermosa!—me susurró al oído— ¡Solo quiero verte y tocarte! ¡Eres mía!

— ¡Está bien!—nerviosa tomé el borde de mi blusa y me la quité por sobre mi


cabeza dejando ver mi sexy brassier— ¿Ya estás feliz?

— ¡Claro que estoy feliz!—me dijo en un susurro haciéndome muy feliz— ¡Todo
esto es el cielo! ¿Y tú estás feliz?

— ¡Sí, pero…!—manifesté, burlándome de él— ¡Tú aún cargas camisa!

—Si es por eso…—se soltó el nudo de la corbata y velozmente se desabrochó la


camisa hasta quitársela y lanzarla sobre la mesa— ¿Y ahora estás feliz?

— ¡Ahora estoy muy feliz!—sonreí y le acaricié el pecho— ¡Me encanta poder verte
y tocarte así!

— ¡Tu piel y mi piel están sincronizadas para estar juntas!—me besó la mejilla—
¿Por qué rayos no puedes ver que me perteneces?
—Es que…—titubeé, pero de repente comencé a recordar que lo que estaba
haciendo no estaba bien y comencé a alejarme desquiciadamente tapándome los senos
ansiosamente, aunque el brassier que cargaba puesto me los cubría un poco.

— ¿Qué sucede?—me miró con asombro— ¿Acaso hice algo malo?

— ¡No!—chillé frenética buscando como tonta y sin poder encontrar, mi estúpida


blusa— ¡Suéltame, Karsten! ¿Qué crees que estás haciéndome? ¿Qué rayos estoy yo
haciendo? ¿Me volví desquiciada o qué? ¡Yo no debo permitir que me toques! ¡Nunca más!

— ¡Y ahí volvió de nuevo la terca, Dagmar!—levantó la ceja irónico— ¿Hasta


cuándo vamos a seguir con este hala y encoge? ¡Te amo y quiero estar contigo!

— ¡Eso es fácil de decirlo, pero no de hacerlo!—por fin encontré mi blusa y


presurosa me la puse— ¡No puedes simplemente decirme que me amas y ya yo te acepto!
¡No podemos pasar por encima de los que están a nuestro alrededor!

— ¡Sí, en el fondo creo que tienes razón!—me ofreció una mirada llena de rabia y
dolor— ¡Y creo que por eso tu madre no me quiere cerca de ti! ¡No me merezco tu amor!

— ¡Lo siento! —Tomé una respiración profunda— ¡No te pongas así! ¡No era mi
intención ponerme tan…tan loca! ¡Tampoco quiero que malinterpretes mis palabras!
¡Yo…siento cosas por ti!

— ¡Quiero saber lo quieres decir con todo eso!—me preguntó y apretó las manos
juntas— ¿Qué cosas sientes por mí?

—Es que…—entrecerré los ojos— ¿No te he mencionado ya que no sé qué hacer con
respecto a ti? ¡Estoy demasiado confundida!

— ¿Entonces por qué estás tan enojada?—su mirada se elevó en estado de shock—
¡Sé que he sido un maldito imbécil estas últimas semanas, pero quiero y pretendo
recompensarte!

— ¿Recompensarme?—pregunté indignada— ¿Qué clase de recompensa me


quieres dar?

— ¿No vez que soy el hombre más afortunado del mundo al saber que tú estás
enamorada de mí?—él sostuvo mi cara entre sus manos y me hizo mirarlo de frente— ¡Por
ti, haría lo que fuera!

― ¡Eso no cambia nada!—me encogí de hombros— ¿No vez que también siento
cosas por Miguel? ¡Quizás, no son los mismos sentimiento que tengo por ti, pero…allí
están! ¡No quiero que él sufra por mi culpa!

—Bueno, si tú lo dices…—frunció el ceño con indignación— ¡Entonces, me veré en


la difícil decisión de tomar algunas decisiones extremas!
— ¿Qué?—mis ojos se estrecharon de sorpresa— ¿De qué decisiones estás
hablando? Digo, ¿Cuáles? ¿Por qué me pones esa cara de culpable? ¿Qué me estás
escondiendo, Karsten?

—Hay cosas que tenemos que tratar…— ignorándome, se colocó la camisa y


comenzó a abrocharse los botones— ¡Necesito que salgas conmigo esta noche!

— ¿Qué?—pregunté sin rodeos— ¡No! ¡No! ¡No! ¿Estás loco? ¡Mis padres no lo
permitirían!

— ¡Pues, así como riñes conmigo siempre; —me manifestó suavemente— invéntate
una buena excusa para salir de tu casa porque necesito discutir contigo cosas muy
importantes!

— ¿De qué se tratan?—aclaré mi garganta y fruncí las cejas.

—De tu padre…—sus ojos se encendieron de frenesí.

— ¿Mi padre?—sentí una puñalada en el corazón y mis ojos se abrieron de


sorpresa— ¿Qué pasa con él?

— ¡No pienso discutir contigo nada horita!—terminó de acomodarse la corbata y


confiado en si mismo me regaló una de sus mejores sonrisas— ¡Te espero en el Restaurant
―Gourmet Love‖ a las 07:00 de la noche. ¿Está bien?

— ¡No!—crucé los brazos sobre el pecho— ¡Claro que no está bien!

—Hasta pronto, princesa!—exclamó y besó mi cuello—¡Nos vemos en nuestra cita!


¡Ponte algo sexy para mí! ¿Quieres?

— ¡Estúpido!—lo golpeé torpemente en el pecho para separarlo de mí.

— ¡Hasta pronto!—tiró su cabeza hacia atrás y sonrió fuertemente. Luego, dio


media vuelta y se marchó de mi oficina.

Llegué a mi casa sin tomar una decisión sobre si salir con Karsten o no. Pasé un
pocote de horas reflexionando en si era correcto o era incorrecto. Ya una hora tarde de la
programada, salí de mi casa y me dirigí a la cita.

— ¡Pensé que tendrías cosas más importante que hacer!—indagué con una ceja
levantada— ¡No creo que salir conmigo sea tan importante para ti si andas todo
misterioso!

— ¡Lo mismo digo de ti!—me susurró y arrastró las puntas de los dedos
suavemente por mi cara— ¿Sabes la hora que es?

— ¡Llegué tarde porque no estaba segura de venir!— le contesté y me senté


intentando no verme tan temblorosa.
— ¡Ah, eso!—me expresó con una sonrisa bastante encantadora— ¡Pero, al final
viniste!

— ¡Esto es muy difícil para mí!—me puse el cabello detrás de la oreja.

— ¿Por qué si solo es una comida para hablar sobre tu padre?—levantó una ceja y
bebió agua de su vaso— ¿Acaso tienes miedo de que a Miguel no le parezca?

— ¡Él no sabe que estoy aquí!—desvié la mirada con voz baja y temblorosa.

—Ja, ja, ja—me regaló una sonrisa traviesa— ¡El muy imbécil está quedando como
tonto!

— ¡Te digo que no lo insultes!—le pedí bastante irritada.

— ¡Dagmar; por favor!—sonrió con una hermosa y pícara sonrisa— ¡No quiero
hablar de ese muchachito! ¡Quiero disfrutar de estos momentos que compartimos juntos!

— ¡Tú…tú eres un bruto, celoso y posesivo!—resoplé en tanto bebía de mi agua—


¡Eres irracional, ególatra, egocéntrico y arrogante! ¿Cómo te atreves hacerme venir aquí
para perder el tiempo?

— ¡Dagmar, me encanta tenerte aquí conmigo!—me guiñó un ojo— ¡Estás muy


guapa! ¡Me gusta el pantalón y la blusa que escogiste para esta cita!

— ¿A qué viene eso?—exclamé llena de sorpresa y con los ojos bien abiertos— ¡No
quiero que hablemos de mi vestuario! ¿Qué es lo que te traes entre manos?

— ¿Quién yo?—abandonó su silla y se sentó al lado mío, luego tomó un mechón de


mi cabello y comenzó a olerlo con amor— ¡Yo no tengo planificado nada malo! ¡Es solo
que te vez hermosa hoy y la verdad me gusta decírtelo!

— ¡Se supone que esto es una comida seria!—tragué nerviosa— ¡No quiero que
perdamos el tiempo en niñerías!

— ¡Sí, pero me parece aburrido venir aquí y solo hablar de cosas tan formales!—
susurró en mi oído y comenzó a besarme la oreja— ¡Mejor hablemos de cosas más
románticas!

— ¡Si eso es así, yo me voy!—me levanté presurosa e intenté irme, pero él me lo


impidió— ¡No debí haber venido a esta cita!

— ¡Siéntate!— me ordenó y tomándome la mano me ayudó a tomar mi asiento.

— ¿Qué quieres ahora?—sacudí la cabeza— ¿Qué te pasa?

—Dagmar…—Besó mi oreja, mi rostro, mi nariz, y, finalmente, mis labios— ¡Me


gusta compartir mi tiempo contigo!
— ¡Yo…!— Estreché mis ojos hacia él, labios suaves rozaron mi cuello hasta mi
clavícula, haciéndome gemir y arquear la espalda— ¡A mí también me gusta compartir
tiempo contigo!

— ¿Quieres que comamos?—me preguntó de pronto sacándome rápidamente del


trance de la seducción— ¡Puedes pedir lo que quieras!

— ¿Qué?—parpadeé rápidamente— ¿De qué hablas?

— ¡Vinimos a cenar!—comenzó con calma y colocó su mano sobre mi hombro— ¿Es


esta una cita, o no?

— ¡Sí, es una cita!—concordé con una enorme sonrisa— ¡Vamos a cenar!

Durante la cena, comimos pastes de pachuca, pollo empanizado con amaranto,


tartaletas de surimi y carne tártara; después degustamos ceviche de camarón y menta,
pollo al queco, ensalada de requesón y frutas, tarta de manzanas, y alcachofas al vapor y
finalmente terminamos con el postre que se trató de unos profiteroles rellenos de crema
pastelera, un mousse de tres chocolates y una fiesta de chocolates y fresas acompañada de
un sorbete de mango. ¡Definitivamente, Karsten me conocía muy bien!

Una hora y media después, Karsten y yo nos encontrábamos totalmente envueltos


en un clima romántico y sensual. Él presionaba besos suaves en mis labios, y luego
ahuecaba mi cara con ambas manos para profundizar el beso, Yo, le daba besos
ansiosamente a lo largo de su mandíbula y mordisqueaba su oreja.

— ¡Oh, por Dios!—murmuré acelerada cuando acalorada vi la hora en mi reloj—


¡Mira la hora que es! ¡Es tardísimo!

—Eso significa que…—me preguntó Karsten sonriente— ¿Ya es momento de que te


vayas a tu casa?

— ¡Sí!—sonreí dulcemente intentando no disimular mi temblor— ¡No puedo llegar


tarde! ¡Mis padres se preocuparían!

— ¡Ven, yo te llevo!—él me tomó de la mano y me invitó a acompañarlo afuera—


¡Haré que el chofer te deje cerca de casa!

— ¡Gracias!—sonreí y abracé a Karsten en tanto caminábamos afuera. Realmente los


dos parecíamos una pareja feliz, sin tapujos, sin penas, sin rencores. Él se mostró como un
chico enamorado y deslizaba la punta de su nariz contra el costado de mi rostro para
hacerme pequeñas cosquillitas atormentadoras.

Salimos a la puerta principal y estaba lloviendo fuertemente, la limusina estaba


estacionada al frente, pero ni el chofer ni su acompañante estaban fuera del auto con
sombrillas para ayudarnos a no mojarnos. Parecía que su trabajo no los motivaba a
mojarse con lluvia para cubrir a su amo.
— ¡Está lloviendo durísimo! —le informé sorprendida a Karsten.

— ¡Sí, ven!—concordó y me haló hacia él— ¡Vamos al auto!

—Pero…—puse los ojos en blanco— ¡Vamos a mojarnos!

— ¡Sí!—respondió con una sonrisa— ¿Cuál es el problema que eso pase? ¡No eres
asmática ni nada por el estilo!

— ¡No!—titubeé— pero…pero…pero…

— ¡No me digas que le tienes miedo al agua!— Karsten rió y mis mejillas ardieron
rojas como un tomate.

— ¡Por supuesto que no!—suspiré y cerré los ojos— ¡No seas tonto!

— ¡Entonces, ven!—me haló hacia el vehículo y yo intenté luchar contra él para no


mojarme.

— ¿Quieres que me moje?—le pregunté encogiéndome de los hombros.

— ¡No, pero no voy a llamar a mis guardaespaldas! —hizo énfasis en cada palabra.

— ¿Y eso por qué?—me sacudí de hombros.

— ¡Porque no quiero que se mojen!—él murmuró y me besó suavemente los


labios— ¡No soy un príncipe malcriado que molesta a sus súbditos! ¡Total solo es un poco
de agua!

—Pero…—dudé y sentí el frote de la mano de Karsten sobre la mía.

— ¿Quieres que salgan mis guardaespaldas con grandes sombrillas para evitar que
nos mojemos nosotros; en tanto, ellos se empapan de agua?—preguntó inclinando la
cabeza hacia mí— ¡Eso es muy egoísta de tu parte!

—No, pero es que…—me estremecí y no supe qué más decirle para convencerlo de
llamar a uno de sus sirvientes para que nos llevara un paraguas. ¡No quería quedar frente
a Karsten como una Barbie sifrinita y sin cerebro.

— ¡Ven!— me dijo y yo fruncí el ceño, pero antes de que pudiera responderle me


dio un ligero beso que me convenció de correr a la limusina debajo de la fuerte lluvia—
¡Vamos a la limusina!

— ¡Karsten, estás loco!—me reí y corrí a su lado hasta donde el carro nos esperaba.

Nos subimos volando en la parte trasera de la limusina. Los temblores que recorrían
nuestros cuerpos eran muestra clandestina que habíamos estado debajo de la lluvia por
varios segundos. ¡Sí, mojarse debajo de la lluvia era una de las mejores experiencias
humanas que podían existir!
— ¡No te rías!— regañé a Karsten en tanto intentaba secarme la cara con mis
estúpidas manos, también empapadas— ¡No es gracioso!

— ¡Te vez hermosa, Dagmar!—sonriente, él me regaló una toalla para que me


secara— ¡Es bueno verte así de desinhibida!

— ¡Será así de ridícula y mojada! —Gruñí y agarré toscamente la toalla torciéndole


los ojos— ¡Me veo espantosa!

— ¡No, te vez sexy y maravillosa!—respondió suavemente— ¡Es la primera vez que


te veo así! ¡Es como si el tiempo hubiese desaparecido para ti y eso te hiciera feliz! ¡Adoro
mucho esa parte de ti!

— ¡Karsten!— le ofrecí una sonrisa.

— ¡Te vez como una diosa libertina y dulce, llena de mucha sensualidad!—se
recostó contra los suaves cojines del asiento— ¡Esa parte de ti no quiero que se la muestres
a nadie más!

— ¡Karsten!— suspiré intentando disimular el anhelo que sentía por tocarlo, besarlo
y adorarlo ¡El deseo por ese hombre me estaba matando!

— ¡Te vez muy linda! —sus ojos se clavaron en los míos. Nos estábamos tocando
con la mirada y de un momento a otro, no sé quién empezó, ni quien terminó pero
estábamos uno en brazos del otro. Nuestras bocas se exprimían y nuestras lenguas se
tocaban con energía. Karsten rozó sus dedos a lo largo de la piel de mi rostro y cuello,
colocando los mechones de mi cabello detrás de la oreja. Enterró sus manos en mi cabello
y me besó durante largos minutos, suavemente al principio, y luego profunda y
apasionadamente, frotando su pecho contra el mío, moviendo su cuerpo encima de mí en
una danza sensual.

El interior de su boca mantenía un sabor embriagador de la champaña que había


consumido y yo no sabía si era lo más correcto; es más ni me estaba preocupando por
pensarlo; porque así como el me besaba, yo le respondía con el mismo ardo. Sus labios
sabían a fuego ardiente, eran picantes, indecorosos, frenéticos y me atraían al mismísimo
infierno. Quería adorarlos para siempre y que él me condujera a la gloria como si fuera
una serpiente tentando al pecado.

Karsten me apretó contra su pecho y continuó dándose un manjar con mis labios.
Yo lo tomé por el cuello y respondí igual o más intensamente a su beso. ¿Para qué me iba a
negar a disfrutar de algo que en ese momento yo deseaba? Sus labios carnosos eran
deliciosos y ansiaba poder devorarlos por muchísimo, muchísimo tiempo.

—Karsten…—tartamudeé cuando ambos nos separamos un poco con el único


objetivo de poder tomar algo de aire para respirar.
Las piernas me temblaban y el corazón me latía muy de prisa; pero, eso no me
impidió tomar la iniciativa esta vez para continuar con el beso. Sus labios me
respondieron y ya esta vez daba igual si el hecho de estar besándonos estaba bien o estaba
mal. No quería ponerme a pensar en las consecuencias de haberme enamorado de un
príncipe. Sí, de haberme enamorado de un príncipe. No podía seguir ocultándomelo a mí
misma, no debía negármelo por más tiempo. ¡Estaba enamorada de ese príncipe heredero!

Amaba tanto a Karsten que cada instante que pasaba junto a él era especial para mí;
aunque, peleáramos muchísimo. Es que siempre había luces brillantes cuando él estaba
cerca de mí. Cada roce de su cuerpo era un torbellino de sensaciones asombrosas que me
sacaban de mis cinco sentidos y me volvía loca. Cada beso que recibía de sus labios era
una perdición para la poca cordura que me quedaba.

—Karsten…—le susurré muy cerca.

—Dagmar…—me respondió y tomando la iniciativa del beso me haló y me ayudó a


colocarme encima de él, poniéndome con ello, más cómoda y segura de mí misma.
Sentada sobre sus piernas supe rápidamente lo que tenía que hacer. Lo agarré por la
camisa y comencé un sendero de besos por su cuello. Él hizo lo mismo con igual o mayor
ímpetu que yo ¡Ese era el mejor momento de mi vida! ¡Ese era el mejor momento de la cita
hasta ahora y lo quería disfrutar!

— ¿Tú…tú me deseas, Dagmar?—notablemente excitado, Karsten me interrogó


moviendo sus manos por mi espalda hasta llegar a mi trasero para poder acariciarlo como
él realmente quería. Esa fue una caricia bárbara, cruda y salvaje, semejante a la que su
lengua me estaba realizando en el hombro. Gimió y enterró sus labios en mi cuello
mordiéndome y haciéndome perder el control. Murmuró algo en mi piel, arañando mi
espalda y yo grité desorientada y excitada.

—Yo…—tomé algo de aire e intenté responderle a su pregunta, pero no pude; la


voz se me quedó estrangulada y no podía pensar, mi cuerpo solo reaccionaba a lo que el
de Karsten me estaba haciendo.

— ¡Basta de esta mierda! —Me mimó con sus humedecidos labios, el cuello, la
garganta y luego el hombro derecho— ¡Ésta es tú oportunidad de huir de mis intenciones
porque cuando el auto se detenga, ya yo no podré detenerme!

— ¿Quieres…quieres que huya?—jadeé despeinándole los cabellos— ¿Realmente


quieres que detenga la limusina y salga huyendo de aquí?

— ¡Eso…nunca!— me dijo y mis pechos subían y bajaban Karsten pasaba sus dedos
por mi cara, tal y como si no pudiera creer que me estuviera encima de él, amándome.

— ¡Llévame contigo, Karsten!—susurré y mi labio tembló—¡Hazme tu mujer!

— ¡Vamos al palacio!— Él me sonrió— ¡Allá estaremos más cómodos!


¡Sí, claro que íbamos a estar más cómodos! Aunque cuando llegamos al
estacionamiento privado de Karsten sentí pavor y las dudas comenzaron a surgir en mi
cabeza, la sed de Karsten por mí me hicieron seguirlo hasta el fin del mundo. Me subí al
ascensor con él y las piernas me temblaban, el corazón me palpitaba aceleradamente y las
manos me sudaban. Eso pareció notarlo Karsten, puesto que, apenas las puertas del
ascensor se cerraron, me apretó contra una esquina y se dispuso a besarme
apasionadamente.

― ¡Mírame! ―me ordenó y no pude luchar contra eso, la desesperación se apoderó


de mí y mi cuerpo titubeó. ¡Lo necesitaba como la vida misma! Lo miré y mi alma se
desnudó por completo ante él. Cerré los ojos y pasé mi mano por su cara. Karsten agarró
mi barbilla y me levantó la cabeza. Mis labios se moldearon a los de él y él los movió sobre
los míos ligeramente.

—Karsten…—gemí con el cuerpo estremecido.

— ¡A partir de este momento eres mía!— me prometió y su mirada se volvió intensa


de nuevo— ¡Ya no hay vuelta atrás!

Él liberó mis labios y me tomó en sus brazos para llevarme a su habitación en


cuanto las puertas del ascensor se abrieron. Me cargó como los novios cargan a sus novias
en la primera noche de su luna de miel.

— ¡Esto…es hermoso!—dije embelesada por la cama tamaño ―Queen‖ en cuando


estuvimos dentro de su dormitorio. Karsten me acercó a la cama y me bajó de sus brazos.
Yo no podía dejar de mirar su grandiosa habitación real. La cama estaba adornada con un
bello corazón hecho de pétalos de rosas, el piso estaba lleno de preciosas velas encendidas
y el ambiente estaba rodeado de un aroma gratificante.

Yo, tenía un brote de emociones a flor de piel. Quería que Karsten me rompiera en
mil pedazos y luego me soldara con su boca, su cuerpo, su amor. Sus ojos estaban muy
oscuros y brillaban con intensiones perversas. Luego, me quedé en un shock emocional y
pasional cuando observé en la pared de su habitación una pintura de mi misma cuando él
y yo nos conocimos años atrás.

— ¿Qué significa esto?— Mi respiración se hizo muy pesada y miré con ojos muy
abiertos, la hermosa obra de arte.

—Mandé a hacer una pintura de ti hace años—respiró profundamente— y siempre


la tuve aquí, en mi dormitorio para poder admirarte por las mañanas y por las noches.

— ¡Estás loco!—Suspiré entre dientes

— ¡Desde que te conocí sí!— Se lamió el labio inferior.

— ¡Vaya!— murmuré dejando salir un respiro— Me siento tan extraña de estar en


tu dormitorio, en un lugar tan lujoso y elegante. No sé si esté bien que yo esté aquí.
—Cariño…—Gimió en mis cabellos— Tú eres mi chica y yo soy el que dirige este
país; así que no hay ningún problema.

— ¿Y si los empleados comienzan a murmurar y a decir cosas malas de mí?—


pregunté, levantándole la ceja sugestivamente.

— ¿Cuántas veces voy a tener que decírtelo?— me preguntó en una exhalación


entrecortada— ¡Nadie debe ni puede meterse en tu vida ni en la mía! ¡Es una orden mía y
en este país, mis órdenes son leyes que hay que cumplir!

—Pero…—rodé los ojos dudosa.

—Yo nunca dejaría que alguien fuera capaz de humillarte o de hacerte sufrir —me
dijo esas palabras pausadamente como tratando de ayudarme a internalizármelas y
después estiró su brazo y levantó mi barbilla para que pudiera verlo.

— ¿Prometido?—pregunté juguetonamente.

— ¡Prometido!—me respondió igual de chistoso y apretando su agarre en mi


cintura, me acercó a él.

— ¡Gracias!— sonreí de oreja a oreja y contentísima me arrojé a sus brazos llena de


emoción, él acomodó mis piernas entre sus caderas y luego yo comencé a besarlo
frenéticamente— ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!

— ¡Eres adorable en todas las maneras posibles, Dagmar!—Sus labios estaban


alineados perfectamente con ese pequeño punto rojo donde mi cuello y hombro se
encontraban—Eres grandiosa cuando estas nerviosa, cuando estas preocupada, cuando
estas furiosa y cuando estas feliz, y yo estoy feliz por ello. ¡Estoy tan contento de tenerte
aquí esta noche!

—Karsten…—como pude logré ponerme de pie nuevamente y rozando sus labios


me froté en contra de él—Tú eres…—quería confesarle todos los sentimientos que tenía
revoloteando en mi pecho, pero de mi garganta no salía una oración completa.

— ¡Quiero que esta sea la mejor noche de tu vida!— Puso su mano encima de la mía
para calmar mi creciente y notable nerviosismo— ¡Quiero que sea especial!

— ¡Por favor, haz que nunca la pueda olvidar!—le pedí y él inmediatamente corrió
la punta de su dedo índice a lo largo de mi clavícula, siguiendo hacia arriba el toque con
un ligero trazo de sus labios.

— ¡Te amo, cariño! ¡Y te demostraré cuánto lo hago!— Alejándose un poco de mí,


tomó su camisa, tiró de ella por encima de su cabeza y la arrojó al suelo— ¡Yo te adoro! Tú
eres mi otra mitad!—Metió una mano debajo de mi camiseta y recorrió con la yema de sus
dedos uno de mis duros pezones.
— ¡Yo también te amo, Karsten!—Coloqué mi mano contra su pecho. Con lujuria él
me desabrochó la blusa y luego sus labios descendieron sobre los míos. Me besó hasta que
ambos estuvimos sin aliento.

— ¡Vamos!—me agarró de la mano y me condujo hacia la cama. Con algo de su


ayuda logré acostarme sobre ella y cuando lo miré colocarse encima de mí sentí un nudo
en la garganta al saber que él también me veía, pero como un depredador buscando a su
presa. Llamas oscilaban en sus ojos y su cuerpo se sentía duro como una roca.

Bajo la luz de la luna, los tatuajes y los piercing lo hacían verse erótico. Sus ojos se
encontraron con los míos. Se estiró por encima de mí y rozó el costado de mi cuello con
sus nudillos. Me estremecí cuando él comenzó a rozarme los labios muy suavemente,
luego, me empezó a besar más descaradamente. Me introdujo la lengua dentro de la boca
y escalofríos corrieron por mi espina.

Mi corazón latía aceleradamente, no podía ni siquiera respirar bien. Esa era yo, esa
que estaba acostada boca arriba en la cama de Karsten y esa que se estaba dejando besar
por todos lados. Esa a la que Karsten estaban desnudando con mucho erotismo.

— ¡Oh…oh…oh! —Solté un maravillo gemido— ¡Karsten!

—Dagmar quiero tocarte...— me dijo con una voz que iba volviéndose cada vez más
y más grave

—Ya me estás tocando—le dije ronroneando.

—Tú sabes dónde—me expresó y casi le salió como un gemido.

— ¡Sí! ¡Sí! —Digo sin respiración— ¡Sí, por favor!

Se dejó caer de rodillas y sacó mis pantalones. Me acarició en mis partes más
íntimas y eso me hizo gritar. Nunca ningún hombre me había tocado allí. Sólo Karsten,
únicamente este fantástico hombre me había hecho perder la cabeza con unas técnicas aún
desconocidas por mí. Mis piernas se envolvieron alrededor de su cintura.

—Oh... estás tan...— me avisó con voz tensándose.

— ¡Karsten! —jadeé y arqueé la espalda.

— ¡Oh, sí...grita mi nombre!—me suplicó frenético— ¡Grítalo!

— ¡Karsten! —Musité— ¡Karsten! ¡Karsten!

—Sí, mi reina, ese soy yo—jadeó—El hombre que te tiene aquí en su cama, el
hombre que deseas, el hombre por el que gritas. ¡Ese soy yo!

— ¡Más, por favor!—gemí y él no dejaba de acariciarme y provocarme placer— !


¡Más! ¡Más!
— ¡Te daré todo lo que quieras pero necesito que me digas que te gusta lo que te
estoy haciendo!—Las venas de su cuello se tensaron mientras trataba de mantener el
control.

— ¡Claro que me gusta! Me parece…—Tragué fuerte— ¡Oh, Dios mío es


extraordinario!

— ¡Ahora te toca a ti!—me dijo y yo temblé de miedo y anticipación cuando él tomó


mi mano con la suya y me ayudó a hacer un recorrido por todo su pecho— ¡Tócame, mi
reina! ¡Tócame!

— Sí….sí…—le afirmé frenética. Después, me mordí el labio, suprimiendo un


gemido. Mis piernas se volvieron más y más débiles mientras él bajaba su cabeza hacia mi
ombligo y lo devoraba.

— ¡Madre mía, cariño!— ¡Te sientes espectacularmente!—me dijo cuando estuvimos


finalmente piel contra piel. Ambos desnudándonos y amándonos.

—Karsten... Karsten por favor... —supliqué y lo besé en la nuca—por favor Karsten,


quiero que...deseo que…

—Sí, se lo que deseas y lo vas a tener—me comunicó mirándome, retándome,


tentándome. Ambos estábamos respirando pesadamente y de un segundo a otro él se
posicionó entre mis piernas y comenzó a sondear afuera de la zona de mi cuerpo en donde
quería entrar.

— ¡Relájate!— estiró su cuello para chupar mi lóbulo—Te aseguro que no te voy a


hacer daño y te voy a hacer feliz. Cuando el dolor pase te gustará—Me besó duro e
impaciente justo como su erección, la cual se deslizaba de arriba abajo en mi humedad
hasta que yo estaba retorciéndome debajo de él. Luego con suavidad de adentró a mi
cuerpo. No podía decirle que me gustaba, me encantaba a pesar del dolor. Se detuvo,
tratando de recuperar el control, gimiendo cuando moví las caderas contra él.

— ¡Ay!—empecé a llorar del dolor ¡Oh vaya, el dolor se había vuelto muy
intenso!— ¡No! ¡No! ¡No!

—Dagmar… —susurró y yo seguía gimoteando—, nena… ¿te dolió?

— ¡Esto no es fácil para mí!—le dije porque él realmente me estaba desgarrando—


¡Me duele!

— ¡Tranquila! ¡Tranquila!—Karsten gimió, las venas de su cuello tensas y apretadas


mientras él empujaba hasta que estaba dentro de mí tan lejos como nuestros cuerpos lo
permitirían.

— ¡Me…duele!— Gemí ruidosamente— ¡Duele!


— ¡Tranquila!— Me dijo suavemente buscando la manera de calmarme—
¡Tranquila! ¡Fuiste hecha para mí!

— ¡Ah!— Estaba tan dolorosamente excitada que le acaricié la mejilla llena de


emoción, en tanto lagrimas vagas bajaban por mis mejillas— ¡Ah, Karsten! ¡Te amo,
Karsten!

— ¡Sí, amor!— las comisuras de su boca se volvieron hacia arriba en una maliciosa
sonrisa— ¡Envuelve tus brazos alrededor de mí!—me exigió y yo gustosa le obedecí.

— ¡Te amo muchísimo!—el corazón me saltaba de emoción.

— ¡Bien, ahora bésame!—me pidió y yo lo besé hasta quedar sin aliento. Estábamos
en una guerra, una guerra de pasión y lujuria de la cual ambos queríamos salir
vencedores.

—Estás tan… tan malditamente apretada —gimió, mostrando gotas de sudor


formándose en su frente. Se notaba que estaba haciendo su mayor esfuerzo por hacer de
este momento, algo especial para mí como lo había prometido, especial para ambos.

— ¡Voy a darte placer hasta que ya no puedas más!—me miró con un malvado
brillo en sus oscuros ojos.

— ¡Sí! ¡Karsten!— Le clavé las uñas en los hombros acercando más mis caderas
contra él para que hubiera más contacto entre los dos.

Y así, ocurrió lo que por tanto tiempo Karsten y yo estuvimos esperando. Los dos
hicimos el amor y fue mágico. Luego de ello, nos quedamos tendidos en la cama en los
brazos del otro por lo que pareció una eternidad, aun así nunca parecería lo
suficientemente eterno. Acostada sobre sus hombros cerré los ojos y pasé mi mano por su
cara. Karsten agarró mi barbilla y me dio un beso en la frente.

— ¡Ha sido increíble!—le confesé y él levantó la cabeza y gentilmente acarició mis


labios con los suyos.

— ¡Estoy malditamente seguro de que lo fue!—susurró, corriendo sus dedos sobre


mi estómago, trazando círculos en mi cadera.

— ¡Te amo! —susurré y después mis dedos jugaron y acariciaron sus músculos.

— ¿Me amas?—Sus cejas se fruncieron juntas—¡Suena tan lindo escucharlo decir de


tu boca!—pasó su dedo índice por mis labios en una caricia llena de amor— ¡Antes pude
haber pensado que era el momento lleno de excitación, pero ahora que estás más tranquila
me encanta escucharlo de esos lindos labios tuyos!

— ¡Tonto, tú sabes que te amo!—Salté sobre él y le di puñetazos juguetones en el


pecho. Karsten me presionó hacia abajo por lo que mis pechos estaban sobre su piel. La
sonrisa en su rostro alcanzaba sus ojos y era adorable.
— ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!—gritó fingiendo que de verdad lo estaba lastimando, pero, a la
vez muerto de la risa— ¡No le pegues a tu hombre!

— ¡Muchacho malo!—lo besé—¡Te mereces un buen castigo!

—Y… ¿Cómo te sientes?—me susurró rozando mis labios con los suyos— ¿Te…te
duele?—preguntó dudoso y era un sueño hecho realidad para mí poder ver a este príncipe
todopoderoso y perfecto, muy preocupado y nervioso por una chica como yo.

—Es…normal—tartamudeé—Creo…

— ¡Espera aquí!—de repente me acostó suavemente sobre el colchón y se levantó de


la cama. Cuando eso ocurrió, mis mejillas se pusieron coloradas de verlo completamente
desnudo. Sí, antes lo había visto; pero antes había sido una cosa, y ahora era…Él se giró
hacia mí y sonriendo se puso un bóxer y empezó a caminar hacia el baño—¡Voy a buscarte
algo para…limpiarte y… para el dolor!

Yo me sentía muy feliz, me paré de puntitas y planté un pequeño beso en la


comisura de su boca y luego él se fue al baño. Ya sola, tenía que admitir que me dolía todo
el cuerpo, era como si hubiera estado haciendo una mini maratón de ejercicio todo el día.
Pero me gustaba, era un dolor muy bueno.

Pero de repente, la culpa me llenó. Se me vinieron a la cabeza imágenes de mi


mamá, mi papá y del pobre de Miguel. ¡Por Dios, me había acostado con Karsten! ¿Qué
rayos había hecho? Ahora mi pecho dolía por una completamente nueva razón. Miguel no
se merecía ese tipo de cosas y mis padres me cortarían la cabeza si se enteraban. Debía
largarme de allí, necesitaba escapar y eso era ¡ya!

Apresurada, me vestí lo mejor que pude, me recogí los cabellos en un moño algo
tonto y me puse las sandalias lo mejor que pude. Salí del dormitorio por la zona privada y
a toda velocidad llegué al estacionamiento A1. Sí, llegar a ese estúpido lugar se me hizo
eterno y podía jurar que había corrido como sesenta kilómetros cuando únicamente había
entrado al ascensor, bajado en él los veinte eternos pisos hasta la planta baja y… ¡Listo, ya
estaba en el gran estacionamiento rodeada por los más costosos y lujosos autos que nadie
se podía imaginar!

Y cuanto a punto de llorar las puertas del ascensor se cerraron detrás de mí, mi
respiración se puso aceleradísima y mis piernas temblaron trepidantemente. Sentía que el
corazón se me iba a salir por la boca de un momento a otro y pensé que iba a tener una
muerte fulminante en cualquier segundo sino lograba escaparse de allí.

Caminé por el enorme y frío suelo lleno de los autos que solía manejar Karsten,
pues eran sus favoritos, y sentí una agonía al pensar en lo alto que estaba ese hombre por
encima de mí. ¿Quién en el mundo podía darse el lujo de vivir en un palacio lleno de
docenas de estacionamientos como ese y además, tener el privilegio de tener una cochera
enorme, nada más que para guardar los vehículos que él suele manejar?
Sentí que mis piernas cederían en cualquier momento y que me caería de pompas
en el suelo; lo cual me hacía percibir que no podía valerme por mi misma y que
próximamente despertaría agotada en un hospital. Encogí los músculos de mis hombros y
me tensé, la sangre la tenía recorriendo mi cuerpo como un correcaminos en el desierto y
las imágenes de Karsten y yo haciendo el amor volaban por mi cabeza, sacudiendo mi
alma en un torbellino.

Ya no podía reprimir mis lágrimas y a medida que caminaba buscando una salida,
se me nublaba la vista y empezaba a sudar frío. Era fácil para hombres como Karsten tener
sexo, pero para mí significaba la toma de una decisión demasiado importante y
trascendental para mi futuro. ¿Y cómo podía ser valiente y no llorar cuando acababa de
perder mi virginidad con un sujeto que decía que me quería y que sin embargo, me hacía
lucir como una tonta?

Sí, es que realmente era una tonta; ya que, la mayoría de las veces no pensaba con la
cabeza sino con el corazón. ¿Cómo no se me había ocurrido hurtarle un juego de llaves a
Karsten para robarle uno de sus lujosos automóviles y huir de allí? ¡Qué tonta! Además,
este estacionamiento era exclusivamente para los autos que él solía manejar; así que,
seguramente si me hubiese llevado un carro para llegar a mi casa, al día siguiente lo
hubiese regresado a su dueño y él me habría perdonado, aunque fuera un poquitito.

Nerviosa, caminé entre los vehículos buscando la salida cuando un hombre alto,
joven y bien vestido me sorprendió:

— ¡Buenas noches, señorita Dagmar!— me expresó pareciendo perdido por sus


palabras— ¿La puedo ayudar en algo?

— ¡Dios!—le manifesté sofocándome— ¡Me asustó!

— ¡Perdóneme! ¡Perdóneme!—se atragantó— ¡No fue nuestra intención!

— ¿Nuestra?—dudé bastante confundida— ¿Habla de usted y de quién más?

— ¡De nosotros!—dijeron en coro un grupo de seis hombres igualmente vestidos de


negro, que se acercaron a mí y me rodearon.

—Señorita Dagmar…—expresó uno de ellos, de piel morena y de esbelto cuerpo


que aparentaba tener entre treinta y cuarenta años de edad.

— ¡Dígame! —le contesté.

—Su majestad Karsten…—me informó— desea que usted escoja uno de estos
automóviles para que yo la lleve de regreso a su casa.

— ¿Qué?—palidecí— ¿Acaso está loco? ¡No puede llevarme a casa en uno de los
autos favoritos de Karsten! Él no deja que nadie los conduzca por él, ni siquiera el señor
Henieth ¡Yo mejor me voy sola!
—Señorita Dagmar…—el rostro del pobre hombre se sonrojó y sentí pena por él.
Ese señor no merecía estar involucrado en los líos entre Karsten y yo.

— ¡Oh no! ¡Oh no! —Sentí que una piedra me caía encima— ¡Discúlpeme! ¡No
quise hablarle de esa manera tan brusca! ¡Perdóneme! Pero, tiene que entender que
conozco a Karsten y él adora estos carros. ¿Por qué mejor no me lleva el señor Henieth?

—Señorita…—su voz se quebró— ¡Entienda que es una orden de su majestad


Karsten y si usted no regresa a casa a salvo, el príncipe no me lo perdonará nunca! ¡Debo
llevarla yo personalmente! ¡Tengo el permiso de Su Majestad para conducir uno de sus
carros, si es para llevarla a casa!

—Bueno… — levanté la cara hacia él— ¿Y por qué no tomamos un taxi?

— ¡Por favor, señorita Dagmar!—me manifestó con cautela— ¡Le suplico que no se
haga del rogar! ¡Escoja un automóvil y yo lo conduzco por usted hasta su casa!

— ¡Pero, no tenemos la llave!—empecé a buscar excusas para librarme de la loca


idea loca de que ese hombre me llevara a casa— ¿Cómo lo va a encender?

— ¡Sólo, dígame! ¿Cuál le gusta?—me dijo con la voz entrecortada— ¡Yo me


comunico con su majestad y él me facilita la llave en menos de cinco minutos!

— ¡Es que si mis padres me ven llegar en uno de esos autos…—¡Oh, cierto! Si mi
madre y mi padre me veían llegar en un automóvil de Karsten iba a arder el cielo.

— ¿Si la ven llegar en uno de sus automóviles, pensaran mal de usted?—el


susodicho me completó la idea y yo me quedé sin fuerzas para decirle que no—Ya me lo
advirtió el príncipe Karsten, pero… ¡Hagamos un trato! ¡Yo la dejo a una cuadra de su casa
y usted camina desde allí a su dulce hogar!

—Esteee…—balbuceé.

—Su majestad me dijo que…—el hombre bajó la cabeza lleno de pena, pareciendo
muy abatido—me dijo que así, sí aceptaría….

— ¡Está bien!— agotada de seguir luchando con esperanzas de no ganar nunca,


reprimí una sonrisa de complicidad y señalé un auto al azar— ¡Quiero ese carro rojo!

— ¡Oh, excelente elección, señorita!—la sonrisa sincera del hombre me hizo sonreír
a mí también, pues estaba claro que si no aceptaba ir con él, Karsten lo despediría—
¡Espéreme aquí que solicitaré la llave por el intercomunicador!—me dijo y sacó un aparato
y comenzó a contactarse con Karsten.

Tuvo razón, en menos de cinco minutos tenía la llave del automóvil en sus manos y
poco tiempo después me estaba dejando muy cerca de mi casa. Ya, en mi hogar entré
presurosa a mi dormitorio y me encerré desesperada. Velozmente me desnudé y me
introduje en la regadera como queriendo borrar de mi cuerpo el mejor momento de mi
vida, pero a la vez el más significativo. Mi vida nunca podría ser la misma después de
perder mi virginidad con Karsten.

Salí del baño con los ojos hinchados de tanto llorar yerme en el espejo era un
trauma. Era como si tuviera un sello en la cara que dijera ―ya no soy virgen‖. Seguro que
mi padre, mi madre, Ally y Miguel lo averiguarían muy pronto. ¿Qué me había pasado?
¿Cómo había podido ser tan inmoral para acostarme con Karsten?

— ¡Hija!—escuché la voz de mi madre llamándome desde el otro lado de la


puerta— ¿Estás allí? ¿Ha pasado algo? ¿Por qué llegaste tan apurada que ni siquiera nos
saludaste?

¿Cómo contestarle que si había pasado algo? No, no tenía cara para enfrentarme a
mi madre y menos cuando tenía la conciencia tan sucia. El pensamiento me asustaba como
me emocionaba al mismo tiempo. Ella nunca aceptaría que yo amase a Karsten y mi padre
estaba muy enfermo para que yo, su hija, le diera una noticia tan impactante.

— ¡Hija, no me asustes!—gritó y yo temblé— ¡Sé que te ha pasado algo, así que


ábreme la puerta antes de que me ponga más nerviosa de lo que ya estoy y de un golpe la
tire abajo! .

— ¡Mamá! —chillé como tonta y presurosa abrí la puerta y me arrojé a sus brazos
recargándome en su hombro para que me consolara.

—Hija… —susurró en mi oído— ¿Qué pasó?

— ¡Me siento muy mal!—un escalofrío recorrió mi cuerpo— ¿Qué voy a hacer con
mi vida?

— ¿Peleaste con Miguel?—me tomó pausadamente de los brazos y me hizo mirarla


directamente a los ojos— ¡Sé que tenías muchas esperanzas de volver con él pero hija a lo
mejor no se te da!

— ¡No!— Me incorporé rápidamente— ¡No es nada de eso! ¡Miguel no tiene la


culpa!

— ¿Entonces?—resopló y puso los ojos oscuros y tenebrosos— ¿Qué te pasó?

—Es solo que…— me estremecí ¿Qué mentira le podía decir? ¿Cuál que fuera tan
real que ella no dudara en ningún momento que podía ser una mentira? ¡Mi madre me
conocía claramente y yo no sabía decirle mentiras cuando me miraba de la forma como lo
estaba haciendo en ese momento!

—Hija…—se cruzó de brazos inquietante— ¡Estoy esperando para que me


contestes! ¿Qué te pasó?
—Yo…yo…yo…— ¡No sabía qué decirle! Puse mis manos sobre las caras y exhalé
profundamente. Entonces, pensé en la mejor mentira que podría haberle dicho, algo sobre
la escuela de danza que me sacara de ese momento infernal.

— ¿Tú qué, Dagmar?—me gritó histéricamente— ¡Habla, ya! ¡Me estás poniendo
nerviosa!

— ¡Yo discutí con la profesora de la escuela de danza y no sé si mañana pueda


volver a sus clases!—solté la mentira lo mejor que pude y a la vez le rogué a Dios que mi
madre me creyera.

— ¡Voy a hablar con ella, esa abusadora no te puede echar así como así!—de
repente, mi madre se puso muy molesta y sacó su teléfono del bolsillo de su pantalón—
¡Para eso pagamos puntualmente! ¡La voy a llamar!

— ¡No!—grité eufórica al sentir que mi mentira podía ser descubierta en cualquier


momento— ¡Yo arreglo todo este problema sola! ¡No quiero que intervengas!

— ¿Estás segura?—levantó sorprendida las cejas— ¡Puedo solucionar esto de


inmediato!

— ¡Estoy segura!—sonreí hipócritamente— ¡Mamá, ya no soy una niña! ¡Y debo


aprender a enfrentar mis problemas por mí misma!

— ¡Tienes razón!—asintió dándome la espalda para marcharse— ¡Me gusta que


estés madurando, Dagmar!

Al día siguiente, con la mayor paciencia del mundo asistí a mi trabajo como
escritora. Sí, podría decir que no tenía la mente en las cosas que hacía y que tenía que
hacer. ¡Y todo era culpa de Karsten! ¿Sería que podría cometer un Karstensidio? De todas
maneras si lo mataba nadie lo extrañaría. De pronto, el muy canalla abrió la puerta de mi
oficina y entró con una sonrisita descarada en la cara. Llevaba puesto un jersey negro con
escote en V y se veía descaradamente sexy.

— ¡Creo que debemos hablar de lo que pasó ayer!— Sus ojos se encontraron con los
míos— ¡Yo te dejé tranquila después que me abandonaste en la habitación, pero ahora
quiero que hablemos!

— ¡No quiero!—Cerré los ojos durante unos segundos y le di la espalda.

— ¡Cariño, no estamos viviendo en el Occidente en donde hablar de sexo es un


tema tabú!—le pareció divertido verme asustadísima y apenada— ¡Yo te amo y
definitivamente tú me amas; así que lo que sucedió fue el resultado de nuestros
sentimientos! ¡Hicimos el amor porque ambos lo deseábamos!

— ¡Cállate! ¡No hables de eso!—lo miré a los ojos y le armé una rabieta— ¡Lo que
pasó fue sexo, no amor! ¡Yo amo es a Miguel, no a ti!
— ¡Sí, fue sexo, pero con mucho…mucho…mucho amor!—me dijo con firmeza—
¡Anoche ni te acordabas del estúpido de Miguel!

— ¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate!—chillé y corrí lo más cerca de Karsten y comencé a


golpearlo en el pecho— ¡Eres un tonto! ¡Tonto, cínico y malvado!

—Cariño…—me agarró las manos fuertemente y yo intenté en vano zafarme de sus


manos— aunque me pidas callarme miles de veces, nunca podrás borrar lo que pasó
anoche entre nosotros.

— ¡Eres un sujeto injusto y cruel!— Aparté la mirada, sintiendo mi labio inferior


temblar— ¡Eres tosco, inhumano e insensible!

— ¡Siempre!— Me tomó entre sus brazos y me besó fuerte y duro, chocando


nuestros dientes e involucrando nuestras lenguas. No pude evitar que mis manos lo
tomaran de su cuello y que mis piernas sintieran desmayarse. Cuando él me soltó, me
estremecí. Karsten curvó los labios en una ligera sonrisa y me descubrió con la mirada. ¡Sí,
lo amaba! ¡No podía negarlo! ¡Habría que ser ciego para no notarlo!

— ¡Oh, Dagmar, te adoro!—besándome me subió al escritorio— ¡Tú a mí, no puedes


mentirme!

— ¡No digas más nada; por favor!—gemí pegando mi frente de la suya— ¡Vas a
acabar con mi tranquilidad!

— ¡Me está volviendo loco verte así! —Suavemente recorrió con sus labios mi
cuello, mis orejas, mis ojos. Después de eso, comenzó a olerme el cabello

— ¡Detente!—puse la espalda rígida e intenté en vano bajarme presurosa de la


mesa. Pero, él me lo impidió.

— ¡Odio que no me dejes tocarte!— me apretó más incitantemente y con muchísima


fuerza a su cuerpo como si el atraerme hacia él no fuera suficiente— ¡Ayer no fue así!

— ¡Tienes que soltarme!— Me encontré muy pegada a su cuerpo duro, caliente y


fuerte.

— ¿Por qué tienes que ser tan dura contigo misma?— Inspiró como si estuviera
intentando mantener la calma— ¡Tú me quieres!

— ¡Sí, pero eso no es suficiente!—entrecerré los ojos— ¡No quiero hacerle daño a
nadie!

— ¡Los demás no importan si estamos juntos!—me aseguró con un gruñido ronco—


¡Ambos nos amamos y nos merecemos ser felices!

— ¡Tengo que irme, Karsten!— Estaba muy nerviosa y así como estaba me bajé de la
mesa y caminé en contra de él. Eso hizo que Karsten se sintiera muy triste, lo que provocó
que durante unos segundos, el corazón me dejara de latir— ¡Por favor, déjame ir! ¡No
puedo continuar ni un segundo en tu castillo! ¡Necesito irme!

— ¿Abandonaras tu trabajo?—me disparó una mirada asesina— ¿Esa es la solución


que le das a nuestro problema?

— ¡Necesito tomar distancia!—suspiré mirando el suelo— ¡Tú…tú no me darás ese


tiempo mientras esté trabajando para ti!

— ¡Está bien!—me gritó golpeando duramente el escritorio— ¡Tienes tres días


libres, pero no más!

— ¿Qué?—le pregunté impactada.

— ¡Nos vemos en tres días, amorcito!—se despidió con la mano y se echó a reír. ¡Oh
no, me estaba dando unas mini-vacaciones para que pensara en nosotros y seguramente
querría que enfrentara mis temores después de eso! ¡Estaba perdida!— ¡Hasta pronto,
cariño!

Regresé a mi casa después de esa discusión en mi oficina con Karsten y le expliqué


a mi mamá que había solicitado un permiso de tres días para pasarlos con mi padre. Sin
embargo, eso era una mentira de las más horribles que había inventado, afortunadamente
mis padres se la creyeron. ¡Y sí, durante esos días pasé tiempo con mi papá! Salí en
ocasiones con Ally y me desahogué con ella, aunque no fui capaz de decirle que había
hecho el amor con Karsten. Aproveché y escribí relatos cortos de amor y salí a diversas
partes con Miguel. No obstante, cada vez que pensaba que no iba a volver a ver a Karsten,
de repente él aparecía por todos lados para recordarme con la mirada que me estaba
dando un tiempo limitado de tres días para volver a acercarse a mí y asecharme.

Al cuarto día, decidí que iba a hacer como si Karsten y yo jamás habíamos hecho el
amor. ¡Ese sería nuestro secreto y nunca tendría que repetirse un momento como ese! No
obstante, en cuanto entre a mi oficina me estremecí al observar a Karsten dentro de mi
cubículo, sentado muy cómodamente en la silla de mi escritorio.

— ¡Karsten!—pegué un brinco de la impresión— ¿Qué haces aquí?

— ¡Te he extraño muchísimo, amor!—se puso de pie y caminó a mi lado— ¡No


pude evitar estar aquí cuando llegaras para darte tu bienvenida!

— ¿Tienes mucho rato esperándome?—me toqué el corazón que estaba a punto de


estallar— ¡No era mi intención hacerte esperar!

— ¿Ahora sientes pena de mí?—me tomó la cara y me besó dulcemente— ¡Después


de las cositas tan picantes que pasaron entre los dos, no puedes sentir pena de mí!

— ¡Cállate, Karsten!—de repente de solo escucharlo me sentí invadida por una


enorme ola de calor— ¡No vuelvas a decir eso! ¡Alguien puede oírte!
— ¿Y qué?—se encogió de hombros— ¡No me importa!

— ¡Pero a mí sí, así que cállate!—le susurré sintiendo dos lágrimas bajarme por las
mejillas.

— ¿Y cómo vamos a llevar nuestra relación?—me apretó la mano y me miró con


ojos llenos de esperanzas— ¿Es momento de que seamos felices, no crees?

— ¡Tú y yo no tenemos nada de nada!—me estremecí— ¡No tenemos una malvada


relación!

— ¡Te repites eso una y otra vez para ver si logras creértelo tu misma! —comenzó a
besarme apasionadamente las mejillas, el cuello, los hombros—Sin embargo, sabes muy
bien que me deseas, que yo te vuelvo loca, que te tiembla todo el cuerpo de solo pensar en
que yo te haga mía nuevamente. ¡Estás perdidamente enamorada de mí!

—Pero…que sencillo es todo para ti—lo grité y empujé obstinadamente— ¡No es


tan fácil! ¡No quiero dañar a nadie con mis desastrosas decisiones y acciones!

— ¡De verdad que vale la pena verte tan alterada!—me dijo regalándome una de
sus mejores sonrisas— ¡A veces, te comportas tan fascinante!

— ¡No sigas hablando de sexo!—puse las manos en mi cadera— ¡No me gusta ese
tema! ¿Ahora tú único tema de conversación va a ser el sexo?

— ¡Si eso me ayuda a seducirte, sí!—sonrió ampliamente— ¡Todo lo que pasó entre
tú y yo es algo muy natural entre un hombre y una mujer y no debes sentirse apenada
porque hablemos de ello!

— ¡No debes hacer una fiesta de ello como si fuera algo espectacular!—me quejé,
mordiéndome el labio inferior al recordarme de los dos haciendo el amor— ¡Para mí fue
algo tonto!

— ¡Tonto no es, maravilloso sí es!—me besó profunda y candentemente— ¿O vas a


negarme que lo quieres volver a hacer conmigo? ¡Con nosotros, hacer el amor es lo más
natural del mundo!

— ¿Qué? ¿Te volviste loco?— sacudí la cabeza— ¡Eso no es natural! Es que…es que
en qué cabeza cabe que es natural.

— ¡No actúes así, cualquiera pensaría que te violé!— su sangre se volvió fría.

— ¡No, no me violaste!—las mejillas se me pusieron de un rojo intenso—


Pero…pero me sedujiste hasta que…

— ¡Hasta que te hice mía!—me susurró y me rozó los labios con su dedo pulgar.
— ¡Termina de decir eso!—me tapé los oído intentando no escucharlo— ¡No lo
vuelvas a repetir!

— ¿Por qué si hicimos el amor y fue algo fantástico?— Su mirada, hambrienta y


desesperada, se deslizó sobre mis pechos desnudándolos mentalmente.

— ¡No hables tan tranquilamente de algo tan grave!—Comenzaron a temblarme las


piernas y para disimular mi temblor le pegué en el pecho y lo alejé de mí.

— ¿Grave? ¿Grave?—se mostró dudoso— ¡Por favor, eso no era lo que pensabas
cuando estábamos haciendo el amor!

— ¡Malvado!—concluí— ¡Eres un malvado!

— ¡Sí, pero así y todo te gusto!— me desafió poniendo en peligro el poco


autocontrol que me quedaba— ¡Me amas tal cual como soy!

— ¡No tengo tiempo para jueguecitos!—me alejé de él y busqué mi asiento y


comencé a encender la computadora— ¡Tengo trabajo que hacer!

—Dagmar…—se cruzó de brazos— ¿Por qué tienes que poner siempre un campo
de fuerza en contra de mí?

— ¡Es que no me fio de las defensas que me quedan en contra de ti!—intenté


concentrarme en respirar profundamente y no lo volví a ver— ¡Siento miedo de no ser lo
suficientemente fuerte! ¡Ahora márchate, tengo que trabajar!

— ¡Está bien!—se despidió— ¡Adiós!

Trabajé durante horas escribiendo poesías. En sí, no entendí la razón de mi trabajo.


Karsten me quería en el palacio escribiendo para los empleados de la guardería y
regularmente mis escritos iban más allá de eso. A pesar de ello, esa parte de mi vida me
tenía contenta y cuando terminé mi trabajo me fui a la escuela de danza. Allí mi amigo gay
Walter fue de visita sorpresa y compartió un rato conmigo.

Walter era uno de esos mejores amigos que conoces en la niñez, pero de la cual te
separas porque ambos se tienen que ir a estudiar en lugares de adultos. Era homosexual
declarado desde los 13 años y bueno, tuvo que luchar mucho con sus padres para que lo
aceptaran. Se marchó de la ciudad a estudiar Contaduría Pública a seis horas de mi casa y
esa tarde estaba visitándome en un breve acompañamiento en la escuela de danza.

A él, sí le confesé lo que había pasado entre Karsten y yo, y sorprendentemente no


me crítico, no me dijo que estaba bien o mal, o me dio consejos locos que después tuvieran
terribles consecuencias. ¡Sólo me escuchó! ¡Me escuchó y fue lo más precioso que nadie
había hecho por mí! ¡Amaba muchísimo a Walter! ¡Qué triste que no lo pudiera ver todo el
tiempo!

— ¡Eres un gran amigo!— lo abracé sintiéndome feliz de tenerlo cerca.


— ¡Sí, lo soy y tú una preciosa amiga!—él resopló una sonrisa y meneó las cejas.

—Ja, ja, ja,ja —me puse muy coquetona—¡Gracias por lo de preciosa!

— ¡Dagmar, siempre pensé que algún día tú y yo nos casaríamos!—me acarició la


cabeza— ¡En este momento los dos seriamos marido y mujer!

— ¡Igual yo lo creí!—sonreí divertida— ¿Te imaginas que seamos esposos?


¡Seguramente sería divertido!

— ¡Bueno, nada es imposible!—me regaló una mirada llena de simpatía y cariño—


¡Vamos a casarnos!

— ¡Eso es imposible!—lo golpeé burlonamente en el hombre— ¡Tú eres gay!

— ¡Ja, ja, ja!— me abrazó besándome la mejilla— ¡Sí, soy el mejor gay del mundo!

Esa noche, Miguel, mi madre y yo asistimos a un baile elegante de compromiso de


una de las parejas más conocidas a nivel mundial. Se trataba de la conformada por la hija
del Duque Juan Moniss y el hijo del Duque Roberts Masere, unos excéntricos millonarios
de la realeza que estaban cediendo a un matrimonio arreglado por las dos familias.

Pensé que algo de distracción me sacaría de la mente a Karsten, pero fallé. El muy
canalla estaba en la fiesta con una chica rubia en sus brazos. El verlo así me hizo sacar la
rabia que llevaba por dentro, así que cuando mi madre y Miguel me hablaban le salía con
una contesta nada buena. Por lo que, al parecer se dieron cuenta de mi mal humor y
ambos se fueron a la pista de baile a disfrutar de una música lenta. En cuento se retiraron,
pude ver como Karsten se acercaba a mí y abandonaba a la morena alta.

— ¡Maldita sea, Dagmar tienes una amargura que molesta a veces!—me dijo
Karsten sin siquiera saludarme, luego se sentó junto a mí en la mesa y me lanzó una
mirada de contrariedad— ¡Sonríe un poco cariño, que estás en una fiesta! ¡No te vez nada
bien y tus acompañantes se van a dar cuenta de que algo te pasa!

—Hmmmmm—me acomodé un mechón de cabellos detrás de la oreja y me asomé


para ver si mi madre y Miguel podrían vernos, afortunadamente no— ¿Entonces, por qué
no me dejas en paz?

— ¿Realmente, crees que te voy a dejar en paz después de que hicimos el amor?—
me preguntó con un brillo oscuro en los ojos.

— ¡No hicimos el amor, fue solo sexo!— lo vi con ojos de dolor— ¡No eres un
hombre si confundes el sexo con el amor!

— ¡Eso te lo dices tú misma para negarte lo que sientes por mí!— se rió
ligeramente— ¡Te gustó, te fascinó y eso te hace sentir pecadora!
— ¡Más pecador eres tú!—mis ojos se encontraron con los de él— ¡Mejor dicho eres
un perdedor!

— ¡Sí, puede ser que te haya perdido hace años, pero ahora no te dejaré!—exclamó
con voz ronca— ¡Esta vez, va a perder es Miguel!

— ¡Eres un impulsivo!— lo regañé algo preocupada— ¿No vez que la gente te está
viendo cerca de mí? ¡Van a comenzar los rumores sobre tú y yo! ¡Vete, lejos de mí!

— ¡Está bien!—me acarició la mejilla y luego se puso de pie—¡Hablamos dentro de


un rato ¡Voy a seguir saludando a esta gente aburrida!

En cuanto Karsten se retiró, sentí las miradas de los invitados chismosos


acuchillándome y criticándome. A los pocos minutos Miguel regresó a su asiento junto al
mío y me anunció que mi madre estaba hablando con unas amigas que acaba de conocer.
En cuanto ambos estuvimos a solas en nuestra mesa, sentí que los nervios se me ponían de
punta.

— ¡Dagmar, me siento emocionado de estar en esta fiesta contigo!— los ojos de


Miguel se cierran sobre mí— ¡Estar en este compromiso tiene mucho significado para mí!
¡Es como si fuera nuestro compromiso!

—Miguel…—cerré los ojos y tragué— ¡No digas cosas como esas! ¡Me pones muy
nerviosa!

— ¡Escucha esta canción!—señaló con el dedo una balada musical que acaba de
comenzar— ¡Te la dedico! ¡Es preciosa y perfecta para ti!

¡Y sí, la balada era preciosa! ¿Para qué iba a decir que no, si era mentira? La balada
era sobre el amor de un hombre por una mujer a la cual le bajaba las estrellas y le robaba el
corazón. ¡Vaya, Miguel era perfecto! Me dedicaba canciones, me atesoraba, me daba
cariño, estaba conmigo en los momentos difíciles, pero tenía algo malo, él no era Karsten.
Un cuarto de hora después no me pude aguantar y me retiré al baño. ¡Necesitaba
urgentemente un tiempecito a solas!

Me senté e el inodoro y me quedé allí como por unos veinte minutos sin ganas de
levantarme, solo pensando y pensando. Pensé en Karsten, en Miguel, en mis padres y en
lo que tendría que hacer. ¡Sí, había dicho que iba a fingir que nada había pasado; pero se
me estaba haciendo difícil! Cuando me levanté sentí mi cuerpo algo descansado. ¡Oh, mi
gran sorpresa fue encontrarme a Karsten esperándome, recostado de uno de los
lavamanos!

— ¿Qué haces aquí?—traté de ignorarlo y pasándole por un lado abrí la llave del
agua y me lavé las manos— ¡Este es el baño de mujeres!

—Chsss—me tapó la boca con su mano derecha.


— ¡No tienes derecho a hacer esto!—intenté soltarme en vano; en tanto, el rojo me
iluminaba las mejillas— ¡Suéltame!

— ¡Quiero tenerte totalmente desnuda en mi cama, que gimas y grites mi


nombre!— Una sonrisa se extendió a través de sus labios— ¡Quizás no soy el hombre más
romántico; no obstante soy el hombre que amas! ¡En este momento quiero llevarte de aquí
y hacerte el amor!

— ¡No, Karsten!—susurré, casi en un gruñido— ¡No podemos hacer esto!

— ¿Por qué no?—deslizó el pulgar hasta mi boca y me acarició el labio inferior—


¿Por qué no dejas que estás ganas de entregarte de mí se apoderen de todo tu cuerpo?

— ¿Qué?—apreté nerviosa la mandíbula— ¿Ahora sufres de hipersexualidad o


qué? ¡No está bien que hables de sexo tan a la ligera!

— ¡Que boquita tan dulce de gastas!—Sentí su aliento en mis labios— ¡A veces


tímida, a veces sexy, a veces sensual!

—Karsten…—mis mejillas se sintieron en llamas— ¡No me digas esas cosas o voy a


terminar derritiéndome!

— ¿Te das cuenta de todo lo que ha pasado entre tú y yo durante estos últimos
días?—las comisuras de sus labios se levantaron— ¡Ya no somos lo mismo!

— ¡Vete al mismísimo infierno, Karsten!—le dije temblando con dificultad— ¡Mi


madre y Miguel me están esperando!

— ¡Me encanta que riñas conmigo!—sus ojos están sobre todo mi cuerpo de una
forma descarada— ¡Ellos no son importantes!

— ¡Eres un cerdo!—manifesté arrastrando las palabras— ¿No vez que alguien


puede entrar al baño en cualquier momento?

— ¡Puse el seguro en la puerta!—Me agarró la cabeza, hizo que me volviera hacia él


y apretó su boca contra la mía. El calor se precipitó a través de mí al sentir su aliento, la
calidez de sus manos y su ardiente pasión. De un segundo a otro, Karsten me dejó la blusa
abierta hasta que se me veía el sujetador. Mis pezones se endurecieron contra la tela de mi
brassier, después empujó sus dedos entre la copa de sujetador de encaje y mi piel.

— ¡No me toques, aún!— me pidió con un brillo petulante en la mirada— ¡Vamos a


tomarnos las cosas con calma!

— ¿Qué?— aclaré mi garganta porque no veía con claridad— ¿Es que no tienes
vergüenza? ¿Entras aquí, me besas y pretendes que no te bese?

— ¡Sólo lo harás cuando yo te diga!—A él le ardieron las mejillas, pues despedía


una energía peligrosa y maliciosa— ¿Entendido?
— ¡No!—le grité y la sonrisa se le evaporó y la arrogancia se le hizo mitin.

— ¡Sólo quiero que no sientas dudas de lo que haces!—me expresó gravemente—


¡Yo quiero quitarte todas las dudas!

— ¿Dudas?—Lo miré con el ceño fruncido— ¡Yo siempre voy a tener dudas de ti!

— ¡Míranos, cariño!—sonrió débilmente— ¡Yo no tengo nada de dudas con respecto


a nosotros! ¡No seas tan desconfiada!

— ¡Más vale ser desconfiada que crédula!—ahogué un sollozo— ¡Karsten, tú eres


perfecto y yo, en cambio soy como una cucaracha sin valor!

— ¡No trates de insultarte a ti misma y de halagarme a mí!—acarició mi mejilla—


¡Los dos juntos somos perfectos! ¡Somos igual de inseparables que la uña y la mugre!

— ¡No tienes derecho a tratar de hacerme sentir bien!—las lágrimas resbalaron por
mis mejillas y comencé a abrocharme nuevamente los botones de la camisa ¡No quería
seguir medio desnuda delante de Karsten— ¡Sé que no te merezco!

— ¡Tú eres mi otra mitad!—pasó un dedo por mis labios— ¡Desde la primera vez
que te vi, me enamoré de ti!

— ¡Karsten…quiero aferrarme para siempre a ti!—mis ojos se entrecerraron—


¡Quiero que seas el único hombre al que pertenezco! ¡Quiero que seas el único al que
amaré, pero tengo miedo!

— ¡Ese deseo te lo concedí desde hace mucho tiempo!—me tomó de la mano y me


llevó a la salida del baño— ¡Vamos, acompáñame!

— ¿Qué haces?—le pregunté en tono acusador— ¿A dónde vamos?

— ¡Quisiera salir contigo en este momento y estar un momento a solas!—me guiñó


un ojo— ¿No te gustaría ver las estrellas conmigo?

— ¡Lo que tú quieras!— Asentí y me mordí el labio— ¡Sácame de aquí, Karsten!

Ambos salimos a una zona exterior llena de estrellas en donde no había gente.
Karsten se introdujo por caminos solitarios, por los cuales, nadie había notado nuestra
presencia escapista y así logró que nadie nos viera. En tanto caminábamos, uno agarrado
del otro, su mirada se mantuvo intensa, febril y excitada. ¡Se veía estupendo!

Nos detuvimos cerca de una fuente de agua y definitivamente sentí que ese era uno
de los mejores días de mi vida. Karsten estaba junto a mí y su cercanía me estaba haciendo
sentir enamorada, ilusionada y muy feliz; pero… ¿Y Miguel? ¿En dónde quedaba Miguel?
¡Él estaba en esa fiesta esperándome y yo estaba engañándolo, otra vez!
—Dagmar…— Antes de que yo pudiera decirle algo, Karsten me impuso un breve
silencio con un apasionado beso que hizo que mi espalda se erizaba por completo. Luego
de ello, no lo pude evitar y lo miré con una sonrisa amable pero impersonal. Sabía que
había querido salir de paseo con él, que nuestra cercanía estaba en su mayor auge; sin
embargo, en el frío de la noche no podía evitar recordar que nuevamente estaba
traicionando al pobre de Miguel y él no se lo merecía.

— ¿Dagmar, por qué no hablas conmigo normalmente si ya estamos a solas?—


pareció sentir el agudo silencio en el que yo me encontraba— ¡Nadie podrá verte aquí, así
que no te pongas dura, otra vez!

— ¡Eso suena siniestro!—me crucé de brazos y desvié la mirada— ¡Yo no soy dura,
soy normal! ¡Es solo que venir aquí contigo no está bien! ¡Sé que tú sabes que yo te amo;
pero para que una relación funcione, amarse no es suficiente!

— ¿Tú me amas y no quieres estar conmigo?—me miró dubitativo— ¡No me salgas


con esas cosas ahora!

— ¡Es que están mis padres y Miguel!—me mordí el labio conteniendo un llanto—
Yo te amo, pero…

— ¿Entonces, si me amas por qué no te rindes ante mí?— me dijo sarcásticamente—


¡Yo te amo y tú a mí, y el resto del mundo no importa!

— ¡Eso es mentira!— mi corazón latía con fuerza en mi corazón— ¡Todos ellos


importan muchísimo!

— ¡Oh genial, ladras pero no muerdes, igual que un chihuahua!—rodó los ojos—
¿Vas a seguir sufriendo y sacrificándote por los demás?

— ¡Oh, Karsten eres una enorme pitón hambrienta que busca su comida!— me
acerqué a él y mirándolo con amor, besé sus labios, saboreando toda su dulzura— ¡Yo soy
tu presa; no obstante no me puedo quedar contigo! ¡Sé que me amas, pero no sería feliz si
les hiciera daño a los demás!

—Por el amor de Dios, Dagmar!— se inclinó hacia delante, con el rostro a sólo unos
diminutos centímetros del mío— ¡Con lo que haces y dices logras que te quiera cada vez
más! ¡Así no podré dejarte ir!

— ¡Pero, debes dejarme ir!—inhalé profundamente— ¡Aunque me duele el corazón,


no puedo estar contigo! ¡Tienes que dejar de perseguirme por el bien de todos!

— ¡Yo…lamento si te has sentido acosada!—bajó la voz a casi un susurro— ¡Es que


la mayoría de las veces no sé expresar bien mis sentimientos y me vuelvo bruto!

— ¡Yo también dije cosas que no sentía!—le aseguré— ¡Yo te amo, Karsten, pero no
sé si eso sea lo más correcto!
— ¡Algunas veces no está en nuestro destino hacer las cosas correctamente!—dijo,
entrecerrando los ojos— ¡A veces es mejor que uno sea feliz aunque sufran los demás!

— ¡Eso suena egoísta!— Deslicé mi mano sobre su mejilla y sus cabellos— ¡Oh
Karsten, me encanta tu olor, tu rostro, tu ser! ¡Quisiera permanecer a tu lado para siempre!

— ¿Entonces, por qué no darle rienda suelta al amor?—no quitó en ningún


momento sus ojos de los míos— ¡Ya te fallé hace tres años, pero eso no quiere decir que no
quiera hacerte mía!

— ¡Entiende, que en este momento me debato entre el amor, el deseo y lo que diga
la sociedad!— Respiré con mayor velocidad— ¡No puedo traicionar a quienes confían en
mí! ¡Miguel es un hombre maravilloso y no quiero engañarlo!

— ¡Eres una diosa demasiado buena, cariño!—habló con voz entrecortada— ¿Acaso
prefieres sacrificar nuestro amor por los demás?

— ¡Te entregué mi corazón desde que te besé por primera vez, Karsten!—lo miré
con expresión deprimente sabiendo que a partir de esa noche tendría que olvidarme de
Karsten— ¡Desde ese momento me enamoré de ti, pero no puedo estar contigo! ¡No
podemos pensar en nosotros nada más!

— ¡Me estas torturando, bella!—pareció un ídolo pagano algo lastimado— ¡Pero, si


eso es lo que quieres, ya no voy a luchar por ti! ¡No quiero que sufras por mi culpa! ¡No
quiero que sufras por haberte enamorado de mí! ¡Mierda, en este momento estoy
esforzándome mucho para no tomarme entre mis brazos, lanzarte por encima de mi
hombro y llevarte a mi dormitorio!

— ¡Oh, eres un egocéntrico!— Me alcé hacia él y junté mi boca contra la suya y tomé
su labio inferior entre mis dientes— ¿Acaso saber que te amo te va a elevar el ego?

— ¡No, Dagmar!—arrugó su gesto en disgusto— ¡No lo hará! ¡Ya, yo no te haré más


daño! ¡Estoy dando por perdida la guerra!

— ¿Qué?—dudosa sentí que mis palabras sonaron en un jadeo— ¿Qué quieres


decir?

—Quiero decir que…—dijo con los dientes apretados— ¡Dagmar voy a dejar de
molestarte! ¡Todo sea con tal de que seas feliz con quien mejor te parezca y si me amas,
pero tienes que estar con ese imbécil…pues que así sea! ¡Eres libre para ir tras el imbécil!

— ¡Yo…no quiero perderte!—mis ojos se abrieron grandes como platos— ¡Es solo
que no le veo más solución a esta situación! ¡Tú y yo debemos dejar esto hasta aquí!

— ¡Tienes razón!— me expresó totalmente destrozado girándose para caminar de


vuelta a la fiesta— ¡Y aunque sé que con todo y que soy malo, sé que me quieres y estás
haciendo todo esto por el miedo que tienes de dañar al resto de la gente! ¡Sé que no
buscarías la manera de dañar a ese estúpido!

— ¡Ese estúpido como lo llamas es un buen hombre!— agarré su brazo tirándolo


hacía mí.

— ¡No obstante, debes saber muy dentro de tu corazón que…—se encogió de


hombros— a mí me necesitas para estar tranquila y que Miguel nunca te podrá dar lo que
yo te doy con solo una mirada!

— ¡Me amas y yo te amo, pero no debemos dejarnos llevar por un amor que sabe a
traición!— mi voz sonó como un chillido.

— ¡Sí, tienes toda la razón!—arrugó su frente— ¡Sin embargo, no es cuestión de


amor nada más porque conmigo la pasión va de la mano del amor! ¡Esa pasión jamás la
tendrás con ningún otro hombre!

— ¡No debemos volvernos a llevar por la pasión!—hice una mueca de dolor— ¡No
podemos volver a tener sexo!

— ¡En definitiva, maldita la hora que te hice mi mujer!—inhaló aire puro a través de
su boca— ¡Ahora voy a sufrir muchísimo arrancándote de mi corazón!

— ¡Y yo voy a sufrir olvidándote!—le confesé, en tanto, el despecho hacían que mis


pensamientos se nublaran— ¡Nunca podré enamorarme nunca más! ¡Te amaré por
siempre!

— ¡Y yo también siempre te amaré!—sonrió, inclinándose en mi oído— ¡Hasta


siempre, Dagmar! ¡Si en algún momento te vuelves a sentir acosada por mí, perdóname!
¡No vemos pronto!

Y dicho todo eso, Karsten se devolvió solo a la fiesta dejándome de pie debajo de
todas esas maravillosas pero deprimentes estrellas. Mi madre y yo llegamos de vuelta a
casa una hora más tarde y yo me encerré en la habitación, totalmente agotada. ¡No quería
recibir preguntas incoherentes y chismosas de mi mamá sobre el repentino malestar que
yo había sentido en la fiesta y que nos había hecho regresar a nuestro hogar muy
rápidamente!

Estaba cansada en la cama y sin ánimos de asearme para dormir cuando mi teléfono
celular sonó en una llamada.

— ¿Señorita Dagmar?—era la voz de un hombre.

— ¡Aló!—dije— ¡Sí habla ella! ¿Con quién tengo el gusto de hablar?

— ¡Soy el señor Henieth, la mano derecha del Señor Karsten!—me informó el


hombre con enorme cariño, pero a la vez con gran titubeo en la voz—La llamo porque…
— ¿Ha…ha pasado algo?— De pronto tuve una preocupación desconcertante—
¿Ocurrió algo malo?

— ¡Sí, lo siento por llamarla a esta hora, pero no supe a quien más acudir!—la voz
del sirviente se puso muy intranquila— ¡El Señor Karsten tuvo un accidente y se cortó el
brazo!

— ¿Qué?— le pregunté con voz frenética— ¿Qué está diciendo? ¿Dónde está
Karsten? ¿Dónde está?

— ¡Cálmese señorita!—insistió el pobre hombre— ¡Trate de calmarse un poco!

— ¿Cómo me va a decir que me calme si Karsten tuvo un accidente?—mis


emociones pasaron en un minúsculo segundo de nerviosas a rabiosas— ¿Dónde está?
¿Está grave?

— ¡No!— rió sin ningún sentido de burla—¡Por supuesto que no, lo que pasó fue
que…

— ¿Qué?—deseé agarrar el mocho de teléfono y arrojarlo contra la pared para dejar


salir hacia afuera todo mi tormento— ¡Hable pues!

—El Señor Karsten estuvo tomando y se emborrachó como yo nunca lo he visto y


bueno…—comenzó a explicarme—¡Cuando iba subiendo las escaleras para irse a su
habitación, se deslizó fuertemente y cayó sobre una mesa de vidrio cortándose un brazo!
Ahora no deja que sus médicos privados lo revisen dentro del palacio y tampoco quiere ir
a un centro médico de los se encuentran en los terrenos del palacio para que lo atienda un
médico diferente. Insiste en que no le pasó nada, pero yo sí lo veo muy lastimado.

— ¡Pues, haga algo!—lo grité alteradísima— ¡No lo puede dejar así!

— ¡Ya lo he intentado, pero el Señor Karsten se niega!— intentó razonar conmigo.

— ¡Llévelo al Hospital ―Ultra Salud‖ así no quiera, de todas formas él ya no es un


niño!—le di ordenes al pobre hombre como si fuese mi empleado— ¡Dígale que es una
orden mía y que debe obedecerla porque si no, no le voy a hablar nunca más! ¡Yo salgo
para el hospital horita mismo! ¡No lo puede dejar herido y sin atención médica!

—Bueno…intentaré llevarlo a ese hospital que usted me acaba de decir; —escuché


un suspiro del sujeto— más, quiero que sepa que el Señor Karsten es bastante obstinado
en sus decisiones.

— ¡Dígamelo a mí que lucho contra su corriente cada vez que me enfrento a él!—
balbuceé y contando hasta diez, colgué la llamada y me puse activa a hacer mis labores.

Sabía lo que tenía que hacer, no me daba tiempo de un cambio de ropas o de andar
avisándoles a mis padres que iba a salir a esas horas de la noche. Me dio tiempo fue de
buscar mis llaves, agarrar mi cartera y salir disparada lejos de mi casa. Llegué al hospital
un cuarto de hora después, bastante agotada, sintiendo que me hervía la sangre y con los
ojos rojos de tanto llorar por el miedo que sentía por la salud de Karsten.

¡Todo eso había sido mi culpa! ¡Karsten no era de emborracharse y si lo había hecho
era porque estaba despechado! ¿Qué barbaridad yo había hecho? ¿Cómo era posible que le
confesara mi amor y decidiera dejarlo? ¡Las cosas no se hacían de esa manera! ¡Prometía al
mismito universo que si Karsten salía bien de todo eso, no lo dejaría ir, le daría todo mi
amor y romperías las cadenas que me separaban de él! ¡Me dolía saber que podría
perderlo para siempre!

— ¡Buenas noches!—saludé a una mujer cincuentona en cuanto llegué a la recepción


del hospital— ¿Está el príncipe Karsten aquí?

— ¿Pregunta si el Príncipe Karsten se encuentra en este hospital?—la fulana me vio


con ojos de diabla insensible— ¡Esa es una información que no estoy autorizada a darle!

—Pero…—titubeé nerviosa—pero yo…yo…

— ¡Usted nada señorita!— la mujer sin nada de aprecio se cruzó de brazos— ¡Lo
siento pero esa información es clasificada; así que, por favor, retírese!

Con rabia le di la espalda a la mujer e inhalé profundamente. ¡Tenía que haberle


dicho a Henieth que llevara a Karsten a un hospital del palacio o que aceptara ser atendido
por uno de sus médicos privados, pero no! ¡Cómo siempre había metido la pata y no
podría ver a Karsten! Tomando mucho aire decidí que necesitaba de todo corazón, ver a
mi chico aunque esa vieja me lo impidiera. Sin dudarlo pase corriendo por la Recepción e
Información hacia donde estaban los cuartos de emergencia y la mujer me gritó:

— ¡Oiga, oiga, oiga usted! ¡Deténganse ahí!—comenzó a llamar a su personal—


¡Seguridad! ¡Seguridad! ¡Ayuda!

En cuanto seguía con mi recorrido por los solitarios pasillos de la emergencia, vi a


unos guardaespaldas detenidos en la entrada de uno de los cuartos de la emergencia y
supe que Karsten andaba por allí. Me detuve en medio del pasillo y comencé a caminar
con mayor cordialidad y menos desesperación. ¡Necesitaba mostrarme como una buena
chica y no como una loca que podría asesinar al príncipe heredero!

— ¡Oiga, usted no puede estar por aquí!—la mujer me gritó desde atrás.

—Yo…—temblé sin saber qué contestarle. Quería ver a Karsten y esa señora se
empeñaba en impedírmelo.

— ¡Disculpen las molestias señores pero la chica se nos escabulló hasta aquí!— me
detuve frente a los hombres y la mujer se me colocó al lado.

—Yo…—bajé la mirada algo apenada.


— ¿Interrumpo algo?—de pronto Henieth abrió la puerta del cuarto en donde
estaba Karsten y con gran dominio de la situación se cruzó de brazos.

—Esta señorita…—la señora tembló llena de preocupación.

— ¡Esta señorita sí tiene la entrada permitida aquí!— informó Henieth sin apuros—
¡Sólo retírese; por favor, y déjela tranquila!

— ¡Está bien!—aún con el rostro hacia el suelo pude sentir el color rojo en las
mejillas de la pobre mujer— ¡Lo siento!

Con una dulce sonrisa, el señor Henieth me dio paso al cuarto de Karsten. Yo,
nerviosísima y hasta apenada caminé poco a poco a la habitación. Rápidamente, el hombre
cerró la puerta y me dejó a solas con Karsten en la habitación.

— ¡Karsten! ¡Karsten!—comencé desesperadamente a llamarlo— ¿Dónde estás?


¿Qué te hiciste?—grité preocupadísima al no verlo acostada en la cama de la emergencia.
Pero, el susto no pasó en cuanto vi a Karsten salir del que supuse era el baño de la
habitación.

— ¿Dagmar?—la voz de él sonó extrañada— ¿Qué haces aquí?

— ¡Karsten! ¡Estás aquí!—sentí que el corazón iba a salírseme del pecho— ¡Me diste
un buen susto! Pensé que…pensé que…—me eché a llorar y me arrojé a sus brazos.

— ¡Dagmar!—con cariñó me acarició la espalda para consolarme— ¿Por qué estás


en un sitio como éste? ¡Éste no es un lugar para una chica como tú!

—Yo… no lo pude evitar y me eché a llorar sobre su hombro— ¿Tú estás bien? ¡El
Señor Karsten me llamó y me dijo que estabas herido!

— ¡Sólo fue un rasguño!— me susurró al oído—¡Ese Henieth es un exagerado, sólo


me pusieron unas cuantas puntadas!

— ¿Te pusieron puntadas?—me separé un poco de él para no lastimarlo y para


poder ver exactamente dónde y cómo era la herida— ¿Fueron muchas? ¿Te dolieron?
¡Enséñamelas!

— ¡Son varias!—Karsten se levantó un poco la camisa que cargaba puesta y así


pude percibir una línea tímida que dejaba ver seis puntadas

— ¡La herida entonces fue fuerte!—comencé a gritar desesperada— ¡Lo sabía!


¡Estás mal! ¡Estás muy mal!

— ¡No, preciosa; no estoy mal!—negó con la cabeza— ¡Solo fue una tontería; pero
me gusta que estés aquí!
— ¡Tenía muchísimo miedo!—una lagrima bajó por mi mejilla y él la limpió con su
hermoso dedo pulgar.

— ¡Te vez hermosa preocupada por mí!—Karsten se mordió el labio inferior y


después me regaló un beso fuerte y cruel. Se apoyó cerca de mí, tomando mis labios con
enorme sensibilidad. El movimiento envió un escalofrío a lo largo de mi cuerpo. ¡Amaba a
este hombre y no quería que le sucediera nada malo, nunca más!

¡Llegué a mi casa dos horas más tarde! ¡Estaba agotadísima y sin ánimos de nada!
Karsten y yo habíamos pasado el tiempo en el hospital, besándonos y acariciándonos, pero
sin decirnos nada. ¡Era como si tuviéramos miedo de comunicarnos y que al hacerlo nos
hiciéramos daño!

— ¡Buenas noche, hija!— apenas entré a mi casa la voz de mi padre me pegó un


buen susto.

—Esteee…—titubeé, pero supe que no valía la pena decirle mentiras— ¡Karsten


tuvo un accidente y fui a verlo!

— ¿Qué?—mi papá se vio bastante preocupado— ¿Y cómo está?— ¿No fue nada
grave verdad? ¡Dime!

— ¡No, ya gracias a Dios está bien!—caminé hacia las escaleras para subir a mi
dormitorio— ¡Le tomaron algunas puntadas y ya lo dieron de alta!

— ¡Así que por eso saliste corriendo de la casa tan tarde y ahora llegas a esta
hora!— mi papa me observó positivamente.

— ¡Sí, fui a verlo al hospital!—le respondí— ¡No sé, creo que estaba tan preocupada
por su salud que ni me di cuenta que ya era casi la media noche para salir! ¡Se me hizo la
madrugada porque estaba esperando que lo dieran de alta!

— ¡Entonces, valió la pena decirle a tu mamá que ibas a una celebración especial
con Miguel!—mi mamá me regaló una sonrisa cómplice—¡Le dije que Miguel te había
llamado y te había invitado a ver una película a la luz de la luna y como era con Miguel;
no se molestó! ¡Tampoco le pareció extraño que Miguel te invitara después de haber ido
contigo a ese compromiso social!

— ¿Le dijiste esa mentira?—agarré el borde de la baranda fuertemente.

— ¡Sí, no quería que se pusiera melodramática y te esperara despierta para


reclamarte por salir de noche sola!—sentado en su asiento confortable, entrecerró los ojos.

— ¿O sea que mi mamá continúa acostada?—le pregunté paralizada— ¿No me


esperó despierta? ¡Gracias papá por apoyarme! ¡No sé qué haría sin ti! ¡Eres el mejor papá
del mundo!
— ¡Para eso soy tu padre y te adoro!—poniéndose cómodo se recostó en el sofá
como si se tratara de su propia cama. Al parecer, él iba a terminar de pasar la madrugada
durmiendo allí.

Entré a mi dormitorio totalmente agotada y fui al baño, necesitaba darme una


ducha caliente para refrescarme. No podía dejar de pensar en Karsten y en lo sucedido esa
noche. Él no era un hombre de beber y sin embargo, se había emborrachado y no contado
con ello, herido y actuado como un niño al grado de no querer que ninguno de sus
médicos lo atendieran y menos ir al hospital para ver si la herida era grave.

Salí del baño empijamada y rápidamente tomé el teléfono, necesitaba hablar con él,
necesitaba…

— ¿Karsten?—sentí un temblor en mi voz— ¡Quiero hablar contigo! ¿Puedo ir esta


noche al palacio?

— ¿Esta noche?—Karsten sonó dubitativo— ¡No, no lo creo! ¡Voy a estar muy


ocupado! ¡Han sido horas muy agotadoras y necesito descansar!

— ¡Ah, ok! —Melancólica, decidí cortar esa conversación— ¡Bueno, entonces adiós!

— ¡Cariño, no me cortes!—me suplicó— ¡Podemos comunicarnos!

Le corté la llamada a Karsten, el solo hecho de escucharlo me hacía sufrir. Mi


teléfono sonó y era él; sin embargo, no podía contestarle, no cuando me había comportado
tan tonta. ¿Por qué carajo lo había llamado? ¿Cómo había sido tan impulsiva para hacerlo?
¿Si le había dicho que debíamos alejarnos por qué lo estaba buscando?

Me recosté en la cama y comencé a llorar. No podía manejar mis emociones locas.


¡Amaba a Karsten y no podía estar con él! ¿Y si pudiera estar con él? ¡En ese momento,
sería capaz de renunciar a mis temores para estar con él! ¡Lo amaba, lo deseaba y lo
extrañaba!

De repente, vi una sombra entrar por mi ventana.

— ¿Quién…?—dije bastante nerviosa— ¿Quién está allí?

— ¡Hola, cariño!—Karsten se sentó a mi lado y encendió a medias, la luz de la


lámpara sobre la mesa.

— ¿Qué haces aquí?— levanté las cejas— ¿Es esto un sueño?

— ¡No, no es un sueño ni una pesadilla!—su voz sonó muy acelerada— ¡Es solo
que…no pude cumplir mi promesa! ¡No puedo dejarte libre! ¡No puedo dejarte ir con otro
hombre que no sea yo!

—Pero…—apreté la mandíbula— ¿Te volviste loco? Mi padres…ellos están en la


otra habitación ¿Quieres acaso meterme en un problemón?
— Chsss— me hizo callar— ¡Sólo no hables tan duro y nadie sabrá que yo estoy
aquí!

— ¿Me quieres volver trastornada?—una risa baja retumbó en mi pecho sintiendo


una enorme felicidad por todos los poros de mi piel— ¡Si mi padre descubre que estás
aquí te corta la cabeza y a mí me lanza por un precipicio sin fin!

— ¡Entonces, yo te agarro de la mano para ayudarte a que no te dañes con la


caída!—me tomó de la mano y me atrajo hacia él con fuerza.

— ¿Cómo lo vas a hacer sin cabeza?—arrastré mi mano por su cara sin poder creer
que lo tuviera allí, en mi habitación, en mi corazón— ¿Lo vas a hacer como el jinete sin
cabeza?

— ¡Me las ingeniaré!—acarició el escote de mi pijama y mis pechos se elevaron.

— ¿No vas a encender por completo las luces?— cubrí su cuello con mis manos.

— ¡Creo que es más romántico así!— se inclinó muy cerca de mí y trazó el lado de
mi cuello por debajo del lóbulo de la oreja con la punta de su lengua.

— ¡Karsten, cuando me tocas así, no sé qué va a ser de mi vida!—susurré— ¡Me


pongo nerviosa, temblorosa y ansío que beses suavemente cada parte de mi piel! Luego
quiero que hagas de mí todo lo que tú quieras; que me pongas de rodillas y me obligues a
pedirte perdón si eso es lo que deseas, pero no quiero que me dejes. ¡Solo quiero que me
ames y que permanezcas conmigo para siempre! ¡Sé que soy más terca que una mula y que
a veces me pongo necia, pero te amo tanto que ya contigo no quiero más defensas ni
peleas!

— ¿Así que por fin admites que yo soy el hombre que está destinado a hacerte
feliz?— Deslizó sus manos alrededor de mis curvas— ¡Bueno, creo que valió la pena tanta
insistencia de mi parte!

— ¿No me guardas ningún tipo de rencor por pelearte tanto?— Dejé escapar un
pequeño gemido cuando me apretó, con los dedos clavándose en mi piel— ¡Ahora que lo
veo desde un lado más imparcial me doy cuenta que contigo me comporté como una
niñita malcriada que peleó y peleó por su juguetico nuevo y que no se dio cuenta que al
lado tenía mejores juguetes!

— ¿Acaso estás insinuando que soy un juguetito para ti?—llevó sus manos debajo
de mi ropa interior.

— ¡Sí, uno de carne y hueso capaz de meterse en mi habitación a hurtadillas y de


convertirme en una delincuente total que traiciona a sus padres!—mis parpados estaban
entrecerrados— ¡Es que si mis padres se enteran que esta noche estás aquí sin importar
que seas un príncipe y yo su hija, a ti te mata usando una bomba atómica y a mí me
mandan a una escuela de monjas para que reflexione por mi mal accionar!
— ¡Vaya, muy capullo!—acarició mi interior— ¡Eso sí que me gustaría verlo!

— ¿Qué mis padres te descubran en mi habitación?—le pregunté con voz


entrecortada.

— ¡No, que tú andes vestida de monja!—se burló y yo fruncí el ceño.

— ¡No me mires así, perverso!—gemí y él deslizó su camiseta sobre su cabeza y la


arrojó al suelo— ¡Admite que sería divertido y quizás hasta un poco indecoroso!

— ¡Eres un pervertido gatito sexy!—mis ojos se deleitaron babosos al mirar su


esbelto pecho. ¡Era un hombre perfecto y sexy!

—Ja, ja, ja, ja, ja—se despojó de sus pantalones sin dejar de mirarme
provocativamente— ¡Sería maravilloso ir quitándote pieza por pieza ese trajecito de monja
hasta dejarte totalmente desnuda y disponible para mí!

— ¡En un convento eso no sería posible!—lo miré sádicamente.

— ¡Sería posible hasta en el fin del mundo, si tú me amas y yo a ti!— Se acercó a mí


y levantó el dulce y nada sexy vestido de pijama que llevaba puesto hasta sacármelo por la
cabeza— ¡Sería capaz hasta de convivir con mi suegra!

—Ja, ja, ja, ja, ja—me reí y él acercó sus dulces labios a mis pechos y comenzó a
besarlos, yo gemí y sentí que podía volar— ¡Yo no sé por qué los hombres siempre le
tienen un estigma a las suegras!

— ¡Será porque son como tu madre!— me anunció y mis mejillas se pusieron


sonrojadas.

— ¡Eres bastante cruel!— chillé. Karsten empujó sus caderas contra mí y yo dejé
escapar un gemido bajo su aliento, un sonido primitivo ¡Oh, Dios! ¿Realmente esto iba a
volver a pasar? ¿Iba a hacer nuevamente el amor con Karsten?— ¡Deberías empezar por no
pelear tanto con mi madre si quieres que algún día ella acepte nuestra relación!

— ¡Tu madre es muy imponente!— sostuvo mis caderas y aunque aún teníamos
puesta nuestra ropa interior, nuestra cercanía era grandiosa.

— ¡Mi madre no lo es tanto!—le dije en voz baja.

— ¿Tan imponente?— deslizó su mano por mi piel para acunar mis senos— ¡Claro
que lo es! ¡Es más, tu madre es igual a mí y creo que por eso, nuestros caracteres chocan en
la mañana, durante la tarde y en la noche! ¡Es más, cariño, si ambos por cosas de la vida
tuviéramos que vivir en una misma casa, los dos terminaríamos agarrándonos a golpes y
lanzándonos los jarrones!
— ¡Te imaginas lo divertido que sería eso de ver!—hice un sonido medio gemido,
medio gruñido— ¡Mi madre y tú se darían tantos golpes que seguro que habría que llamar
a los bomberos!

— ¡Tampoco así!—respiró con dificultad cuando le besé el cuello


apasionadamente— ¡Soy incapaz de levantarle la mano a una mujer para maltratarla!

— ¿Y meterle la mano a una mujer?—le pregunté con ojos brillantes.

— ¡Bueno, depende de cuál mujer porque si es una modelito con los senos y el
trasero bien delineado y formado; sin lugar a dudas que le meto mano!—me manifestó y
eso me hizo poner algo seria. Lo golpeé en el brazo y él se echó a reír

— ¡Deja los celos amor que yo solo tengo ojos, manos y corazón para ti y no quiero
cambiarte por ninguna muñequita plástica sin cerebro!— expresó en voz baja y no pude
dejar de sentirme cohibida con esa estúpida sonrisa en su rostro— ¡Sí, a mí me gustas tú!
¡Solamente tú! ¡Con ese cuerpecito precioso que me vuelve loco y que me hace querer
poseerlo siempre de innumerables maneras! ¡Yo te amo y nunca te cambiaría por ninguna
otra mujer! ¡Vamos quítate ese biquini que quiero sentirte piel contra piel!

— ¿Qué?—di un paso hacia atrás sin poder creer lo que me estaba diciendo—
¿Pero… y mis padres?

— ¡Ellos no lo sabrán!—ahuecó mi trasero con la palma de su mano.

— ¡Eso quizás sea verdad, pero me da miedo!— me levanté ligeramente de la cama


y bastante preocupada me deshice de mi ropa interior— ¡Maldición! ¡Maldición! ¿Por qué
siempre tú? ¡Maldición! ¡No puedo creer que me hagas hacer tales cosas en la casa de mis
padres!

— ¿Sabes qué?— Me preguntó y mi corazón se aceleró y bombeó alegría por mis


venas— ¡Tú sabes que si quieres hacerlo conmigo!

— Bueno, pero…—titubeé y él comenzó a mordisquearse el labio sin dejar de cruzar


su mirada en la mía. Lo que fue más increíble fue la intensidad con que mi cuerpo
respondió a él cuando lo vio aproximarse hacia mí y besarme. Mi respiración se atragantó
en mi garganta y mi piel se erizó de pies a cabeza.

— ¿Besarme para hacerme callar?—le pregunté fingiendo estar brava— ¡Quiero


matarte la mayor parte del tiempo!

— ¡Y yo quiero hacerte el amor todo el tiempo!—me confesó y deslizó sus dedos


entre mis piernas, tanteando descaradamente mi entrada. Yo gemí, entrecerrando los ojos
y rápidamente, Karsten se quitó sus calzoncillos y se dejó ver hermosamente, como Dios lo
trajo al mundo a este paraíso terrenal.
Volver a estar con él era…ni siquiera tenía palabras para explicarlo. No podía
negarlo, ya no lo podía hacer, me gustaba, me encantaba, me había enamorado de ese
idiota y ese idiota estaba en mi habitación y afuera al final del pasillo, estaba la habitación
de mis padres. ¡Mi madre o mi padre podían entrar en cualquier momento a mi
dormitorio y encontrarnos totalmente desnudos!

— ¡Él nunca te observará como yo lo estoy haciendo ahora!— me aseguró y bajó su


boca sobre mía, su beso seguramente me dejaría moretones— ¡Nunca te verá como cuando
muestras esos ojos oscuros llenos de deseo, como cuando actúas como una fiera
necesitando afecto, como cuando lloras deprimida porque te sientes mal y no ocultas nada
o como cuando eres sencillamente tú: Despistada, luchadora y sensual! ¡Él podrá estar
contigo siempre pero nunca te dará lo que yo te puedo dar!

—Sí…—gemí respondiendo con igual fuerza a su beso. Usé mi lengua para


presionar la suya; ya que, no podía pensar con claridad por todo lo que Karsten y yo nos
estábamos haciendo.

— ¡Dímelo!—me miró severamente— ¡Dilo!

—Yo…—intenté decir una oración completa.

—Dilo…—puso sus manos en mis pechos y comenzó a devorarlos con la lengua y la


boca.

— ¡Te amo!—puse las manos sobre sus hombros— ¡Hazme el amor Karsten!

— ¡Me gusta oírlo!— con su pulgar frotó mi pezón erecto— ¿Y sabes por qué?
¡Porque yo también te amo!

—Sí…—puse las manos alrededor de su cuello.

— ¿Quieres de verdad que te haga el amor?—me preguntó de repente y sentí dudas


de lo que Karsten realmente quería conmigo, esa noche. ¿Oh sea, él me tenía desnuda en la
cama, excitada y vuelta loca y todavía me preguntaba eso?— ¡Ésta vez, no quiero
arrepentimientos!—me dijo— ¡Pase lo que pase, ya no hay vuelta atrás!

— ¡Pero…pero y tu herida?—le dije al oído— ¡Te podrías lastimar mientras


hacemos el amor!

— ¡Ya te dije que solo es una tontería y esa tontería no me va a evitar que le haga el
amor a mi mujer!—agarró mi mandíbula y apretó mi cara contra la suya.

— ¡Karsten!—Gemí y envolví las piernas alrededor de su cuerpo— ¡Sí, hazme el


amor! ¡Hazme tu mujer! Por favor...

— ¡Sí, ahora mismo!—me colocó las manos por encima de la cabeza y sin esperar un
segundo más se deslizó en mi interior con glotonería y avidez.
— ¡Ah! ¡Ah!—le mordí el hombro para evitar que mis jadeos salieran fuera de la
habitación.

―Joder! ¡No hagas ruido!—me dijo al oído; y mientras él me hacía el amor me tapó
la boca con su mano derecha para reprimir mis jadeos y con ello evitar que salieran a
exterior mis gritos de placer. Yo, sentía la piel de gallina a flor de piel, porque con lo que
Karsten me estaba haciendo me estaba volviendo loca.

— ¡Me gusta, Karsten!—gruñí— ¡Me gusta muchísimo!

— ¡Te gusta y a mí me gusta que te guste!—me susurró y escondió su cara en mis


cabellos para evitar que el ruido que saliera de su boca traspasara las fronteras de mi
habitación.

Karsten lamió mi labio inferior con la punta de su lengua y mis pensamientos se


nublaron de lujuria. Mi cuerpo estaba en llamas y nervioso porque alguien podría
descubrirnos en cualquier momento; sin embargo, me dejé hacer lo que a mi príncipe le
dio la gana. Él deslizó las manos por mi pecho, los amasó, piñizcó y besó y eso me hizo
sentir genial. Agarré una almohada sobre mi boca y gemí sobre ella para evitar que
alguien en la casa escuchara mis gemidos.

Cuando terminamos nos quedamos recostados en mi cama, abrazados y


compartiendo un instante lindo de paz después de hacer el amor. En definitiva, hacer el
acto era maravilloso, pero lo que venía después era esplendido. Él me rodeó con un brazo
y me atrajo hacia él y lo que vino después fue un lindo silencio romántico.

De pronto mi celular comenzó a sonar por una llamada entrante. Sorprendida por
lo tarde que estaba alguien tratando de comunicarse conmigo, me senté en la cama y
revisé el teléfono para ver de quien se trataba.

— ¡Es…Es Miguel!—vi su número de teléfono a pesar de la opacidad del dormitorio


y sentí que necesitaba esconderme de la pena debajo de la cama.

— ¿Miguel?—Karsten de forma muy cascarrabias me miró con ojos


incomprendidos y se sentó a mi lado— Pero ¿Qué le pasa a ese? ¿Por qué te llama a esta
hora?

— ¡No sé!—negué con la cabeza— ¡No tengo ni idea!

— ¡No le contestes!—me exigió Karsten, pero supe inmediatamente que no podría


obedecerlo.

— ¡Tengo que contestarle!—acentúe mis palabras— ¡Puede ser una emergencia!

— ¿Qué emergencia?—dijo arrastrando las palabras— ¡No te dejes manipular por


ese imbécil!
— ¿Sí? ¿Acaso no confías en mí?—algo molesta le pregunté sin recibir ninguna
respuesta. Y al darme cuenta del silencio horrendo que nos rodeaba a Karsten y a mí,
decidir ver qué era lo que quería Miguel

— ¡Hola!—lo saludé nerviosa.

— ¿Cómo estás, Dagmar?—Miguel me saludó de vuelta con voz ausente—


¡Disculpa la hora, es que….yo solo necesitaba escuchar tu voz!

— ¡Es extraño que me llames a esta hora!—le expresé a Miguel y podía sentir los
ojos de Karsten como puñales violentos sobre mí— ¡Es muy tarde!

— ¿Crees que mañana nos podamos ver?—me preguntó esperanzador Miguel—


¡Quiero pasar tiempo a solas contigo!

— ¡Está…bien!—decidí terminar con la llamada— ¡Hablamos cuando amanezca!


¿Sí? ¡No quiero problemas con mis padres!

— ¡Ok!—Miguel pareció convencer de que esa no era hora para llamarme—


¡Estamos en contacto! ¿Sí? ¡Adiós!

Colgué la llamada sin ni siquiera despedirme de Miguel. ¡Yo era una hipócrita,
malnacida! ¿Cómo carajos podía engañar a Miguel delante de Karsten? ¿En qué coño me
había convertido? Ninguno de esos hombres se merecía mi traición, menos Miguel.

— ¿Para qué te llamaba tan tarde?—después de un crudo silencio, el reclamo de


Karsten me golpeó como una tonelada de ladrillos rojos sobre la cabeza.

— ¡Oh, Karsten, me siento fatal! —Sollocé llena de emociones y salté sobre él para
abrazarlo— ¡Miguel tiene esperanzas de volver conmigo y yo no sé cómo decirle que no lo
amo! ¡Eso sería muy cruel de mi parte!

— ¡Oh, qué romántico! —Se mofó Karsten y rápidamente se levantó de la cama y


comenzó a vestirse— ¿Ya tienes dudas sobre nosotros? ¿Vas a empezar con el tira y
encoge, otra vez?

— ¡Estoy jugando a la ruleta rusa y lamentablemente el que va a sufrir más en todo


esto es Miguel!—traté de explicarle, pero en ningún momento se detuvo a escucharme—
¡No sé cómo decirle que no lo amo! ¡No te alejes de mí; por favor!

— ¿Y qué quieres que haga?—se abrochó los botones de la camisa— ¿Quieres que
renunciemos uno al otro solo por complacer a ese imbécil?

— ¡No lo llames así!—le pedí, ya a punto de llorar.

— ¡No lo llamaría así si se largara de una buena vez y nos dejara ser felices
juntos!—se puso como rayo los zapatos.
— ¡No lo llamarías así si no fuera tu rival!—me sacudí la cabeza— ¡Entiende,
Miguel es un buen hombre!

— ¡Me voy de aquí! — Dijo él con voz ronca en cuanto terminó de arreglarse los
cabellos— ¡Estoy cansado y necesito descansar!

— ¡Hazlo, vete!—me dio un vuelco en el estómago— ¡Al fin y al cabo sé que me


buscaras otra vez!

— ¡No, preciosa esta vez no voy a buscarte!—gruñó disgustado y se alejó hacia la


ventana— ¡Ya he perdido demasiado de mi orgullo por ti y ya estoy pensando que al final
igual voy a perder!

Durante las horas que siguieron antes del amanecer, no pude dormir nada. Cuando
me levanté tenía tremendas ojeras y el cansancio era grandísimo; pero eso, no pareció
importarle a Karsten, quien ni por lastima me buscó durante toda mi jornada laboral. En el
almuerzo, recibí un mensaje de Miguel diciéndome que me esperaba en el Restaurant
Alysse Nate's para comer; así que bastante asustada de lo que eso podría significar para mi
ya complicada relación con Karsten, decidí decirle que no tenía tiempo libre.

Sin embargo, Miguel se aprovechó de cualquier artimaña que se le pudo ocurrir


para lograr convencerme de salir con él y al final, bueno, me encontré comiendo con él una
paella con roscas de jamón y queso y salsa de berenjena. El lugar no era el más lindo ni el
más elegante del mundo, pero tenía una visión antigua llena de mucho ambiente familiar.

— ¿No te sentías muy emocionada por salir conmigo, verdad?— Miguel colocó un
dedo en la comisura de su boca y me miró fijamente— ¡Hoy te percibías algo incomoda!
¡Es como si hubieses estado buscando excusas para no venir!

—Es que…—titubeé sin saber que decir.

— ¡Dagmar, dime sinceramente!—muy extrañado me agarró las manos sobre la


mesa y no me dejó escapar— ¿Qué sientes por mí? ¡Sin rodeos! ¡Sin excusas! ¿Me amas,
Dagmar?

—Yo…—suspiré y me puse de pies.

— ¿Aún me amas tanto como para volver conmigo?—levantó la cejas, esperando


claramente una respuesta.

—Yo…—intenté en vano decir una oración completa.

— ¿Interrumpo algo?—de pronto resonó la voz de Karsten quien estaba


presentándose en el restaurant de manera muy descarada. Yo lo vi y abrí la boca
sorprendida, mis ojos se llenaron de una alegría acelerada y mi cuerpo sintió la mirada
sexual se Karsten sobre cara poro de mi piel. De un momento a otro, el restaurant quedó
solitario, nada más que con Miguel, Karsten y yo adentro.
— ¿Qué hace usted aquí?—Miguel lo miró con desdén poniéndose de pie,
rápidamente.

— ¡No te sulfures imbécil!—suspiró Karsten con una mueca de exasperación—


¡Vengo a hablar de trabajo con Dagmar!

— ¡Lo que tenga que hablar con ella, háblelo en el palacio y si es tan urgente pida
una cita!— dijo Miguel mirando con rabia a Karsten.

— ¿De verdad que me crees tan necesitado para pedir una cita?—Karsten dirigió su
perversa mirada hacia mí y me devoró con ella.

— ¿Pues, entonces?—Miguel se veía súper irritado— ¿Qué Diablos hace aquí?

— ¡Vengo a hablar con Dagmar, no contigo!—Karsten rodó los ojos— ¡Por eso te
pido que nos dejes a solas!

— ¡Yo no me voy y menos para que usted se quede a solas con mi novia!—Miguel
levantó las cejas— ¿Dagmar, verdad que tengo que quedarme contigo?—se dirigió a mí y
yo no sabía qué decir ni qué hacer en ese momento tan incómodo.

—Yo…—hice una pausa para interrumpir a esos dos, pero no me salieron más
palabras.

— ¡Dagmar no necesita de usted!—Miguel aseguró rechinando los dientes y yo los


miré con incredulidad. ¡Ese par estaba tomando mis decisiones como si yo fuera de su
propiedad!— ¡Así que por favor, lárguese!

— ¡Vengo a hablar con Dagmar porque ella es la hija de uno de los chef del palacio
y éste está de reposo!—dijo Karsten, observándome y riéndose a la vez— ¡Tú no te metas
en nada de esto! ¡Esto es entre Dagmar y yo!

— ¡Yo lo hago porque soy su novio!—manifestó abruptamente Miguel y yo me


quedé en shock.

— ¿Novio?—Karsten alzó una ceja y su sonrisa chocante desapareció de un


segundo a otro al interpretar lo que Miguel le acababa de decir— ¿Es eso cierto,
Dagmar?—me preguntó y su voz se elevó una octava.

—Yo…—mi estado de ánimo estaba empeorando y aunque trataba de negar con la


cabeza, Miguel me colocó un brazo en la espalda y me abrazó amorosamente. ¡Lo que dio
un significado diferente, a lo que era nuestra relación!

— ¡Sí!—Miguel exhaló duramente— ¡Yo soy su novio y usted es una piedra que se
cruza cada vez más en nuestra felicidad!
— ¡Vaya, las cosas de la vida!—Karsten me miró y ¡Ay, conocía esa mirada de
canalla que quemaba todo a su paso! ¡Me estaba acusando de las peores cosas del mundo y
aunque me doliera, en el fondo sabía que él tenía la razón!

— ¡Ya es momento de que usted la deje en paz!— Miguel se quejó audiblemente—


¡Déjela ser feliz conmigo; por favor! ¡Yo sé que Dagmar no necesita de su ayuda aunque
usted sea el hombre más poderoso del país! ¡Usted no tiene ningún derecho de venir a este
lugar a fastidiarla! ¡Ella está en su horario de almuerzo, no de trabajo!

— ¡Eres tan mediocre, imbécil!—Karsten puso los ojos en blanco y se rió con ironía.

— ¿Quiere que le parta la cara, príncipe heredero?— gritó Miguel, poniéndose a la


defensiva.

— ¡Ven, si te atreves!—Karsten puso mala cara y apretó los puños a un lado de sus
caderas.

— ¡Ya!—por fin pude interrumpir en esa discusión que ya parecía pelea callejera—
¡Ustedes dos…no quiero oírlos discutir más!

— ¡Tú…no te metas en esto!—Miguel me gritó fuertemente, sin dejar de mirarme y


yo me quedé sorprendida de ir descubriendo el mal carácter y la poca paciencia que tenía
mi antiguo amor.

— ¡A ella no le hablas así!—Karsten frunció los labios rabiosos— ¡No la grites!

— ¿Y usted si puede gritarle, príncipe?—Miguel se puso muy tenso.

— ¡No!— expresó Karsten, dando un paso adelante— ¡Con Dagmar sale mejor
hablarle al oído!

— ¡Es un bastardo!— La voz de Miguel sonó ahogada y se le fue encima a Karsten,


pero afortunadamente, yo logré detenerlo a tiempo metiéndome entre ellos dos— ¡Voy a
matarlo!

— ¡Ni se te ocurra tocarme, pendejo!— amenazó Karsten, arrugando la frente con


odio— ¡Sabes que conmigo siempre la llevas perdida! ¡Nada más que con lo que acabas de
decirme, puedes ir a parar a la cárcel! ¡No abuses de tu suerte!

— ¡Ya basta, por favor!— grité tapándome los oídos, en tanto mi corazón latía con
fuerza en mi pecho. ¡Esa riña tenía que acabarse rápidamente, sino iba a correr sangre! ¡No
estaba bien todo eso!

— ¡Por educación no te voy a pegar pero eso es lo que te mereces por hablar tan feo
de Dagmar!—Karsten se encogió de hombros tomando un poco de fingida calma.

— ¡Pégueme y se la devuelvo!—Miguel hizo un sonido en el fondo de su


garganta— ¿O es que cree que soy mocho o estoy amarrado?
— ¿Y tú crees que me van a doler tus golpes?— Karsten respiró, su pecho subía y
subía bruscamente— ¡Eres una niñita en pantalones!

— ¡Ya, basta!—les supliqué con voz entrecortada— ¡Ya basta, Miguel! ¡Ya basta,
Karsten! ¡No quiero que discutan más y menos por mí!

— ¡Está bien! ¡Está bien!—Karsten en un momento pareció rendirse y regalándome


una cómplice sonrisa de niño bueno, sacó una tarjeta de cartón de su pantalón y me la
dio— ¡Voy a tener que hablar delante de este niñito! ¡Toma, abre esa página web en tu
celular para que veas de qué se trata!

— ¿Qué?—lo miré con ojos entrecerrados— ¿Qué es esto?

— ¡Espero que la revises porque te interesa muchísimo!—colocó su boca cerca de mi


oreja y pude sentir su aliento sobre mi piel— ¡Yo solo vine a dártela para que no creas en
las mentiras que se publican allí!

— ¡No lo escuches!—Miguel desesperado se metió entre Karsten y yo— ¡Se nota


que está diciendo puras patrañas solo para venir a molestarte!

— ¡Si no me crees, investígalo por ti misma!—Karsten me vio guiñándome un ojo—


¡Abre la página y sabrás quien es su administrador! ¡Es tu noviecito!

— ¡Pues, usted está diciendo mentiras!—Miguel rió con amargura— ¡Y Dagmar, tú


no deberías creerle sus mentiras!

— ¿Sabes algo Dagmar?—Karsten ignoró completamente a Miguel— ¡Yo cumplí


con venir a advertirte, si eres tan inocente como para seguir siendo el novio de este
individuo, bueno eso es cosa tuya!

— ¿Karsten, hablas en serio?—pasé por un lado de Miguel y me dirigí hacia


Karsten.

— ¡No le preguntes nada!—Miguel me apretó fuertísimo el brazo en un agarre


cerrado— ¡Es claro que es mentira todo esto que acaba de decir!

— ¡Hazle caso a tu ―novio‖, no me preguntes nada!—Karsten me expresó con voz


aguda e hizo bastante hincapié en la palabra novio— ¡En fin, me voy no quiero
importunar más el momento ―romántico‖ en que estaban!

— ¡Karsten, necesitamos hablar!—le llamé con los dientes apretados antes de que
lograra huir de mí— ¡Necesitamos hablar a solas!

—Yo estoy apurado…—me respondió de vuelta y yo sentí las mejillas arder


bastante avergonzada.

— ¿Y eso a mí que me importa?— empecé a farfullar y Karsten me sonrió aunque


ésta no llegaba a sus ojos.
— ¡Oiga, príncipe gilipollas!—intervino nuevamente Miguel bastante molesto—
¡Márchese! ¡Márchese, por favor y déjenos almorzar tranquilos

— ¡Estoy hablando con Dagmar, tú no intervengas!—le contestó Karsten mucho


más que molesto y ya con la paciencia fuera de su cuerpo― ¡No busco empezar una pelea
de mierda contigo, pero si te atraviesas en mi camino, te llevo por delante!

— ¡Karsten, por favor!—tartamudeando intenté razonar— ¡Estamos en un


restaurant, no en tu palacio! ¡Quédate tranquilo!

— ¡Sigo enfadado contigo, Dagmar!—Karsten me gritó y eso hizo que mis ojos
echaran fuego ¿Pero, cómo se le ocurría hacerme algo así frente a Miguel? ¿Era estúpido
acaso?— ¡No me pidas que esté tranquilo!

— ¡Vamos afuera, Su Majestad!—exhalé pesadamente, ya sin saber si intentar


razonar con Karsten me iba a servir de algo— ¡Ahora!

De muy mala gana, Karsten me acompañó a un lugar apartado y solitario. Yo


entendía y sabía que él tenía un millón y medio de razones para estar furioso conmigo y
que Miguel se merecía cada una de las palabras que Karsten le había dicho, pero de allí a
que me hiciera sentir como la peor novia del mundo, eso era algo terrible. ¡Yo me había
entregado a él en cuerpo y alma! ¡Yo me había vuelto su mujer! ¡Yo lo ama! ¡Y pensar en
esas cosas me provocaba muchísimas ganas de llorar! ¡Me dolía que él estuviera pasando
por esa situación! ¡Me ardía pensar en que si quería reconciliarme con Karsten
seguramente me iba a tener que poner de rodillas! ¡Me hacía perder el control, extrañar sus
besos, su cuerpo, su amor!

— ¿Qué quieres?— le pregunté a Karsten mientras corría mi lengua por mi labio


inferior y él me miraba como si quisiera tomarlo entre sus labios— ¿Por qué haces todo
esto?

— ¡No quiero que te la pases tan cerca de Miguel!—me espetó de frente— ¡Él no es
un buen hombre; así que aléjate de él!

— ¿Perdón?—lo miré molesta, en tanto, acomodaba mi cabello detrás de la oreja—


¿Quién te crees tú con el derecho de exigirme eso?

— ¡Es por precaución!— me comunicó con expresión pensativa— ¡El imbécil tiene
una página de internet en donde inventa puros chismes de mí! Afortunadamente, después
de un mes intentándolo; un hacker privado logró detener su fluido de información. ¡Ese
cretino no es el santito que tú crees! ¡Está cometiendo muchos delitos informativos y
puede ir a parar a la cárcel! ¡No quiero que vayas a verte envuelta en esas cosas!

— ¡Yo…sé cuidarme sola!—mi voz se apagó— ¿Y qué vas a hacer? ¿Lo meterás
preso? ¡No quiero que hagas algo tan cruel como eso!
— ¡Así que…prefieres defenderlo! —sonrió, tragando saliva— ¡No, no voy a
enviarlo a cárcel, aún! ¡Así que no te preocupes!

— ¡Si haces algo en contra de Miguel; no te lo perdonaré!—amenacé a Karsten y él


me frunció el ceño con cara de incredulidad.

— ¡Vaya, vaya Dagmar!—me miró con expresión de lujuria— ¿Sigues


comportándote como una niña malcriada que quiere hacer lo que le da la gana? ¡Eso me
excita muchísimo!

— ¡Sí, soy malcriada!—sentí mis mejillas sonrojarse— ¡Y ahora es cuando!

— ¿Sabes algo?—me preguntó y su voz se entrecortó— ¡Tienes muchísima razón en


lo que dices, yo no puedo exigirte nada! ¡Mejor vuelve con Miguel y sigue con tu vida!

— ¡Imbécil!—le grité furiosa y desesperada, aun cuando sentí un nudo en la


garganta lleno de tristeza. Karsten me miró sonriendo y después se marchó.

Después de un par de minutos tratando de recobrar el control de mi vida, decidí


que debía regresar con Miguel y hablarle sobre lo que estaba haciendo en contra de
Karsten.

— ¡No quiero que molestes a Karsten!—fue lo primero que le dije en cuanto me


senté a su lado en la mesa. Miguel me vio y sonrió.

— ¡Así que a eso vino, Su Majestad!—su voz sonó tranquila y yo en cambio, estaba
poniéndome irritada— ¡Es un hombre poderoso, pero igual también es una vieja chismosa!

— ¡No lo ofendas!—lo regañé— ¡No se te ocurra!

— ¡Bueno, está bien!—tomó un tenedor y comenzó a probar su arroz de la paella—


¡Mejor concentrémonos en nuestro almuerzo!

—Miguel…—alcé la barbilla, levantando la mirada— ¿Es cierto que tienes una


página web para inventar chismes y mentiras de él?

— ¿Te dijo eso? ¡Qué exagerado!—la situación le pareció de lo más divertida— ¡No
sé cómo puede ser el príncipe heredero si se fastidia sólo con que una tontería como esa!
¡Yo solo quería darle una probada de su propia medicina por haberte robado de mis
brazos!

— ¡Miguel…!— gemí de frustración— ¡Esas cosas no están bien!

— ¡Sí, pero no se pueden evitar!—echó un vistazo a mi comida casi sin empezar—


¡En fin, vamos a comer! ¡No podemos esperar que se enfríe el almuerzo!

Regresé al palacio media hora más tarde. No vi a Karsten en ningún momento y


debido a mi alto nivel de desconcentración no pude escribir ni un simple verso de dos
líneas. ¡Definitivamente, estaba enferma de amor y de deseo por mi príncipe heredero!
Finalmente, esa tarde, después del trabajo Ally, Walter y yo fuimos al club de tenis ―Mar y
Tierra: Una luz sin fronteras‖

El ambiente estuvo muy cálido. Ally se entretuvo largo rato hablando con un chico
guapísimo y Walter se sentó en el bar del lugar a escucharme contarle mis últimos
momentos compartidos con Karsten y Miguel. Tiempo después, me senté en un jardín
alejado y solitario, únicamente que para enviarle un mensaje de voz a mi amorcito.
¡Necesitaba arreglar las cosas con él y no quería a nadie cerca para que me molestaran!

“Estoy en el club Mar y Tierra: Una luz sin fronteras. ¡Ven a buscarme! ¡Te
necesito! ¡No puedo vivir sin ti! ¡Perdóname, por ser tan egoísta y pensar primero en
los demás y después en ti! ¡Te amo!
Le dije esas cosas en el mensaje de voz con la esperanza de que Karsten me
respondiera de vuelta con palabras muy románticas y esperanzadoras; pero no me
respondió el bendito mensaje de voz. ¡Todo lo contrario! ¡Hizo algo mejor! Media hora
después, lo veía llegar a mi zona alejada del Club de Tenis, sin compañía de ningún
guardaespaldas.

— ¿Revisaste la página web?— me preguntó muy serio sentándose a mi lado en la


grama.

— ¡No, no fue necesario!—me reí cautivada de tenerlo tan cerca— ¡Yo sé que existe
porque aunque no lo parezca confío ciegamente en ti!

— ¿Tanto como para entregarte a mí en cuerpo y alma?— me expresó, con una


petulante mirada de satisfacción en el rostro. Me apretó un instante en un ligero abrazo, y
luego aflojó su agarre.

— ¡Sí, tanto como para eso y más!—Lo miré emocionadamente y después le di un


beso cínico para provocarlo. ¡Me le insinué de la forma más descarada que conocía y eso
provocó que la sangre se alterara por todo mi cuerpo!

Karsten me desnudó y luego también se quitó su ropa. Colocó su dedo en la parte


de atrás de mi cuello y lo trazó por el medio de mi espalda, hasta hacerme estremecer.
Tocó mis pezones con su boca y mi piel le dio toques a la suyas tan ligeros como si fueran
plumas.

— ¿Te da miedo que alguien nos escuche y sepa que estamos teniendo relaciones?
—me expresó Karsten con voz gutural, como un gruñido.

— ¡Sí, me da mucho miedo!—entrecerré los ojos al sentir su lengua en mi pezón—


¡Pero no me importa! ¡Quiero hacerlo! Quiero…

— ¡Oh, Dagmar!—jadeó tocándome los labios con los dedos.


— ¡Karsten!—emití un gruñido casi doloroso.

— ¡Me gusta que digas mi nombre cuando hacemos el amor!—su cuerpo exploró
cada parte de mi cuerpo— ¡Me fascina!

— ¡Karsten!—grité y sentí que podía volar junto a Karsten al bellísimo cielo azul—
¡Karsten!

— ¡Tu amor es bastante quisquilloso! —él me aseguró cuando ambos llegamos al


placer final. Luego de ello, me besó los brazos, los pechos, el estómago y los muslos—
¡Hoy me adoras, mañanas me peleas! ¡Creo que por eso me he vuelto débil ante ti! ¡Con tu
conducta dubitativa, alterada y necia, haces que te quiera más!

— ¡Voy a tomar en cuenta tus palabras para portarme peor!—acostada a su lado, le


susurré al oído— ¡Voy a hacer que me quieras más!

— ¡Oh, sí!— se mordió el labio— ¡Eso quiero verlo!

— ¡Voy a vestirme!—apresuradamente me puse de pies y comencé a ponerme la


ropa— ¡No quiero que llegue alguien y nos encuentre en una descarada muestra de
exhibicionismo!

— ¡Estas sonrojada!—me dijo mientras se levantaba y también recogía su ropa del


suelo— ¡De pronto tus amigas descubren que acabas de tener relaciones!

— ¿Lo dices en serio?—bastante seria, agarré una sandalia y comencé a


ponérmela— ¿Lo pueden saber?

— ¡Es broma!—me dijo y con sus cálidos labios me acaricio la boca— ¡Tú no
aguantas las bromas!

—Creo que… —titubeé, mordiéndome el labio— ¡Creo que me estoy mareando!

— ¡No sé qué decirte en estos momentos!—me miró con sus ardientes ojos— ¡Si
fuera por mí, te desnudaría nuevamente y haría que te marearas de puro placer!

— ¡Tú eres como un Adonis!— mis dedos siguieron un sendero cálido por su
cabello grueso— ¡Eres guapo, misterioso y a la vez inteligente!

—Pero…—me susurró duramente—siempre hay un pero contigo

— ¡Pero, eres también como una tormenta, un huracán o una vaguada!—apoyé mi


cabeza contra la suya— ¡Eres como el invierno que llega y empapa todo!

— ¿Y qué tiene eso de malo?— susurró en mi oreja— ¡El invierno nos regala mucha
vida!

—Es que yo quiero para mí…—rodeé en mis ojos— ¡Quiero mucha tranquilidad y
nada de lluvia!
— ¡La lluvia no es mala, corazón!—me miró con ojos suaves, se inclinó y me besó de
nuevo— ¡La lluvia es triste, pero da vida y permite que con el tiempo todo esté lleno de
vigor y hermosura! ¡Un día de lluvia es melancólico; no obstante, cuando deja de llover y
el agua de las plantas se evapora, todo se vuelve mejor! ¡Las plantas se ponen más lindas y
con más energía después de un día lluvioso!

— ¡A veces, creo que debemos por las buenas agarrar cada uno su camino y ya,
acabar con todo esto!—le acaricié los pectorales con admiración y seducción— ¡No
podemos seguir jugando al guerrero sin espada! ¡Estamos haciendo algo muy malo y
cruel!

— ¡Ni malo ni cruel serían las palabras correctas para definir lo que estamos
haciendo!—me dijo en tono de acusación y recordar lo que acabábamos hacer envió
escalofríos a mi espalda— ¡Sin embargo…si lo que quieres es que dejemos esta relación
hasta aquí, yo lo acepto!

— ¡Eso jamás lo aceptaría!— sonreí dulcemente y después lo besé. Un pequeño


gemido escapó de sus labios y me hizo sentir como una mujer poderosa que había puesto
de rodillas a un súper hombre.

— ¿Nunca?— se alejó de mí abriendo los ojos. Estos, ardían de deseo por mí como si
no se cansara de hacerme el amor.

— ¡Yo jamás podría vivir sin tus besos, sin tus caricias, sin tu amor!— lo abracé con
fuerza contra mi pecho— ¡Me volví adicta a ti! ¡Ya mi vida no tiene otro propósito que no
sea el de estar contigo contra vientos y mareas! ¡Mi corazón está rendido ante ti y no tiene
cura! ¡Me declaro enferma de amor por ti!

— ¡Yo también te amo!—me dijo Karsten, mirándome directamente a los ojos—


¡Eres lo mejor que me ha pasado en la vida!

Regresé minutos después de despedirme de Karsten, a donde mis amigas me


esperaban en el Club. Allí, las dos estaban instaladísimas hablando con Miguel. En cuanto
ambas me vieron, hicieron una señal de despedida con la mano derecha y me dejaron a
solas con ese chico tristemente engañado por mí. ¿Qué carajos hacía allí?

— ¿Miguel…qué haces aquí?—le pregunté intentando contener mis nervios— ¿Me


estás acosando? ¡Estoy con mis amigas, compartiendo una tarde de chicas!

— ¡Vine a ver cómo estabas!—dijo sacudiendo la cabeza— ¡Te envié varios


mensajes y llamadas y no me contestaste; por eso pensé que…!

— ¿Qué?—le lancé una mirada asesina sabiendo que estaba sospechando que había
estado con Karsten, todo el tiempo.

— ¡Qué no querías hablar conmigo!— me dijo arrastrando las palabras.


—Miguel…—titubeé— ¡Por favor, almorzamos juntos! ¿Qué te sucede? ¿Ya lo
olvidaste?

— ¡Dagmar, necesito que me hables claro!—Miguel gritó y un grupito de chicos que


estaban charlando junto a nosotros, se nos quedaron mirando— ¿Realmente quieres estar
conmigo? ¡No me mientas; por favor!

— Yo…—sentí las mejillas rondar mis mejillas— ¡Yo estoy…confundida!

— ¡Pero, pensé que sentías algo por mí!— me expresó con los ojos aguados y eso me
hizo sentir mucha pena y dolor. ¡Miguel no se merecía tal dolor!

— ¡Claro que siento algo por ti!—traté de explicarle para no destruir sus
esperanzas— No obstante, es que el príncipe Karsten…

— ¿El príncipe Karsten?—apretó las manos en un paño, a los lados de sus caderas—
¿Me estás hablando en serio? ¿Me estás hablando de él? ¡No puedes hacerme esto,
Dagmar! ¡Su Majestad es un tirano, manipulador y soberbio que no te merece! ¡No puedes
estar enamorada de él!

— ¡Yo… yo siento que estoy enamorada de él!—le terminé confesando e


inmediatamente sentí pavor de ver a Miguel llenarse de rabia y darle un fuerte golpe a la
pared que se encontraba a su lado.

— ¿Entonces?—se agarró la cabeza como loco y comenzó a golpearse— ¡No puedes


estar con él, Dagmar! ¡Tus padres nunca lo aprobarían! ¿Qué pensaría tu madre? ¿Y tu
padre? ¿Y yo? ¿Dónde quedo yo?

— ¡Yo…te quiero…es a ti!—asustada de su fuerte reacción, decidí mentirle por un


periodo de tiempo más y tratando de tranquilizarlo, lo agarré por los brazos y lo abracé.
¡Miguel se estaba volviendo loco y eso no me gustaba ni un poquito! ¿Sería yo la culpable
de eso? ¡No me gustaba pensar en que sí!

— ¡Oh, Dagmar!—cambiando su gesto de la cara de una de odio a una de una


inmensa alegría, me alzó un poco del suelo y me abrazó— ¡Me da mucho gusto escuchar
eso! ¡Por favor, no te apartes de mí! ¡Sin ti, me moriría! ¡Sería el hombre más infeliz del
mundo!

—Yo…—intenté en vano formular una oración completa, en cuanto Miguel me


puso nuevamente en el suelo.

— ¡Tú eres mi otra mitad, Dagmar!—me dijo sonrientemente— ¡Estoy seguro de


que nada ni nadie nos podrá separar! ¡Seamos felices! ¿Sí?

— ¡Intentaré hacerte feliz!—no le pude prometer el felices para siempre. ¿Cómo


podría jurarle amor eterno, amando a otro hombre? ¡Necesitaba buscar la manera de que
él dejara de amarme sin hacerle daño!
No me daba cuenta, pero me estaba convirtiendo en una más de la enorme lista de
mujeres que sufren la monstruosidad de la violencia. Sí, de esas mujeres que son víctimas
de los maltratos físicos y psicológicos de sus parejas. No podía sencillamente aceptar que
Miguel no era el hombre bueno del que yo me había enamorado. Él era violento, con
instintos impulsivos de rabia y odio. Él era un hombre de dos caras que me estaba
embaucando para que permaneciera junto a él, aun cuando amaba a Karsten.

Una hora después, Walter, Ally y yo regresamos a casa y disfrutamos de unos


momentos felices viendo una película en mi dormitorio. La película se llamaba ―Instante‖
y era una comedia boba y sarcástica cuya protagonista parecía sacada de una caja de
sorpresas. En una de las escenas, la mujer iba caminando por la calle en un día lluvioso y
de repente pasaba un carro a toda velocidad y la mojaba de pies a cabeza; ella, una señora
de unos 40 años, sacaba una pistola de su pantalón y le disparaba a los cauchos del carro
del sujeto. La gente alrededor de la escena comenzaban a correr y gritar asustados y la
tipa pícaramente se limitaba a decir que ella no estaba haciendo nada malo, solo
defendiéndose de la maldad de los ciudadanos machistas anti cuarentonas.

De verdad que la película me pareció estúpida, pero no puedo negar que me sacó
una que otra sonrisa. Y a medida que la veía comiendo palomitas, mi celular sonaba con
una serie de mensajes de entrada y una larga lista de llamada de Karsten y de Miguel.
Decidí ignorar esas cosas y me dediqué a pasar un buen rato con mis amigas; ya que,
últimamente mi vida transcurría entre compartir con los dos hombres que decían que me
amaban.

Cuando las horas pasaron, la alegría finalizó y una gran esperanza surgió de un
próximo reencuentro de amistad entre las tres amigas. Walter se despidió y dijo que se
marchaba nuevamente de la ciudad para no regresar en un año porque iba a hacer una
maestría en Contaduría filosófica. Ally mencionó que se iría por varios días de
campamento con sus padres y bueno, yo sentí que nuevamente me estaba quedando con
un puño en el pecho, pues, la conciencia y el corazón me decían miles veces que era la
mujer más falsa que pudo existir dentro del universo.

Durante los días siguientes, Karsten me vio pensativa, ojerosa y algo despistada
durante mi jornada laboral y decidió darme la semana libre con la notable excusa de que
necesitaba inspiración y encerrada en las cuatro paredes de mi oficina no la obtendría. Lo
que nos permitió a ambos irnos juntos de paseo a disfrutar del tiempo libre y eso hizo
cambiar mis emociones. ¡Pasé de depresiva a alegre! ¡Me sentí notablemente feliz de ser la
novia de Karsten!

Tengo que admitir que, fue divertido practicar con Karsten actividades extremas de
las que siempre había tenido miedo. Era tormentoso y sensual sentir que podía tocar el
cielo cuando nos arrojamos juntos en paracaídas. Fue atrevido y genial practicar alpinismo
una mañana de frío invierno. Fue indecoroso observar a mi chico jugar hockey y practicar
boxeo desde mi lugar privilegiado de primera fila. Fue grandioso admirar una
presentación de patinaje artístico dedicada exclusivamente a mí. Esos días que
compartimos juntos sin importarnos la fecha ni la hora del calendario, fue inolvidable para
ambos.

— ¡Me gusta mucho que te retuerces, que hagas berrinches y que chilles como si
fueras una niñita tonta!—me dijo Miguel acostado en la parte baja de su cama, mientras
me veía saltar en la cama bastante disgustada porque al día siguiente él se tendría que
tomar unas fotografías con unas modelos de pasarela— ¡Me fascina!

— ¡Ay, sí! ¡Ay, sí!—sacudí los pies sobre el colchón— ¡No me importa! ¡Si no
quieres que te moleste, entonces, déjame hacer mi vida!

— ¡Oh, niñita!—se paró con enorme velocidad y se detuvo enfrente de mí, sobre el
colchón— ¡Me sorprendes! ¡Estás siendo una guerrera malcriada conmigo!

—Ja, ja, ja, ja—me crucé de brazos— ¡Qué chistoso!

— ¡Ven, acá!—me atrajo hacia él tomándome por la cintura.

—Noooo…—chillé como boba, pero eso pareció encantarle al malvado Karsten;


puesto que, se echó a reír descaradamente.

— ¡Ven!—me haló hacia la parte de arriba de la cama y me hizo acostarme con él.

— ¿Qué quieres?—le pregunté con una sonrisa maliciosa.

— ¡Quiero tenerte pegadita a mí para que respiremos el mismo aire!—me


manifestó, envolviendo sus brazos alrededor de mí— ¡Eres la reina de mi alma!

—Karsten…—gemí y mi corazón palpitó de prisa.

— ¡Me niego a creer que no pueda tenerte siempre conmigo!—se mordió el labio, en
tanto, miraba los míos con provocación— ¡Si fuera por mí, te esposaría a mi cama y te
amaría por siempre! ¡Te amo!

— ¡Yo también te amo!—reclamé sus labios y el calor de su boca roció mi piel.

— ¿Juntos para siempre?—una diabólica sonrisa se dejó ver en su rostro.

— ¡Juntos por toda la eternidad!— le susurré provocativamente al oído.

— ¿Cuándo le vamos a decir a todos que andamos juntos?—de pronto el choque de


la pregunta de Karsten me hizo sentir sobre la línea entre el cielo y el infierno.

— ¡Yo… no sé cuándo!—me sentí triste por hacer pasar a Miguel y a Karsten por
esa situación— ¡No es tan fácil como destapar una mandarina y comérsela!

— ¡Por favor, Dagmar!—bastante molesto, Karsten se arrimó de mi lado para


quedar boca arriba y poder ver el techo de su dormitorio— ¡No podemos escondernos
para siempre! ¡Tarde o temprano habrá que confesárselo a todos o ellos lo descubrirán y
será peor!

— ¡Suficiente, Karsten!—algo alterada me senté en la cama y abracé mis piernas—


¡No me tortures más! ¿Sabes lo difícil que es esta situación para mí? ¡No quiero que nadie
sufra por nuestra culpa! Por eso, aún no estoy preparada para hablar con nadie sobre lo
nuestro.

— ¿Es por Miguel, verdad?—me preguntó sentándose a mi lado.

— ¡En parte, sí!—le contesté recordando el ataque violento de Miguel en el club. ¡Yo
no lo quería volver a ver así!— ¡Él ha sufrido mucho por nuestra culpa y no quiero
golpearlo nuevamente diciéndole que no lo amo como él me ama a mí!

— ¿Entiendes que estamos haciendo lo que desde hace muchos años teníamos que
hacer?—manifestó mientras agarraba mi mano y la besaba— ¡Es nuestro derecho a
amarnos!

— ¡Sí, pero igual no puedo evitar sentirme culpable!—lo miré con los ojos hechos
agua.

— ¡Pues, despídete de la culpabilidad!—como el perfecto caballero se arrodilló en el


suelo, entre mis piernas y tomándome de las mejillas me hizo mirarlo directamente a los
ojos— ¡Ahora, no debes preocuparte por él! ¡Este tiempo es únicamente para nosotros!

— ¡Suena tan fácil…!—le peiné los cabellos con la mano— ¡Pero, ésta es una de las
pruebas más trabajosas a superar para mí! ¡Oh sea, es bastante descontentadizo! ¡Primero
estuve enamorada de Miguel y luego de un segundo para otro, me enamoro de ti! ¡No es
tan sencillo de entender ni de superar!

— ¿Y por qué no?—me preguntó inquisitivamente— ¡Para mí es lo más normal de


mundo! ¡Yo soy mejor que él en todo!

—Es que…—agarrando su cara pegué su frente de la mía— ¡Es que ustedes son tan
diferentes y me duele hacerle daño a uno o al otro! ¡Cuando uno es blanco, el otro es negro
y viceversa, pero al final ambos son perfectos!

— ¡Gracias a Dios que él y yo no nos parecemos!—Karsten susurró en voz baja—


¡Ese idiota no vale un plátano podrido! ¡Yo, en cambio… Puedo llevarte a tocar las
estrellas con solo darte un beso!

—Karsten…—mi corazón latía desesperado de amor y baja cordura. ¡Karsten era el


ser más maravilloso del mundo!

— ¡Mira, Dagmar!—Miguel protestó poniéndose de pies— ¡No me gusta que me


compares con él! ¡Y si ahora estamos en esta situación es porque sientes tanta lastima del
idiota ese, que no eres capaz de decirle que no lo amas!
—Es que si le digo a Miguel que terminamos, él va a…—me levanté de la cama y
envolví mis brazos alrededor de su cuello.

— ¡Lo sé! ¡Lo sé!—dijo acariciando mis labios con el dedo— ¡Él va a sufrir! ¡Va a
sentirse engañado de nuevo! ¡Va a recibir un puñal por la espalda! ¡Pero, debes entender
algo! ¡No me importa! ¡Yo soy el príncipe heredero de este país y no tengo porqué ser tu
amante! ¡Merezco ser tu pareja delante de todos! ¡No es justo ser el segundo pedazo del
pastel de cumpleaños!

— ¡No sabía que te sentías así!— ¡Oh Dios, ahora comenzaba a sentirme culpable de
escucharlo decir tales cosas!

— ¡Bueno, mira como es la vida!—gruñó ardidamente— ¡Sí, me siento horrible! ¡Me


siento súper molesto por toda esta situación!

—Karsten…—presioné mi boca en la suya.

—Quizás, si…—Miguel fingió estar pe