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Jugo de tomate

el trabajo en ese cuarto


compuso unas fotos familiares
con paisajes de muertos
en un retrato de vapor
me diluí entre ellos
que tontos estos versos.

Las manos notaban el siglo


y los pies su campo
de tierra mojada
se cosechó el texto
y lo que se escribía
trozos sueltos
el cuerpo también se faena
ve sendas ampliaciones en el suelo
ni tan oscuras palabras las mías.

Del apetito a la sobremesa


y la extraña brillantez.
Nada se tendría que explicar,
si alguien hubiese estado ahí
con la mesa puesta
y el juguito de tomate
brillando en los platos
y las migas de pan caliente
expuestas por los rayos de la ventana.

Tremenda estocada a la médula


un desgarro de carne
deja la neurálgica avidez serena
La sonrisa brutal del agujero en la cocina
una huella del sabor a narcótico
humareda, -No!
y olor a transpiración de la sienes
acogidos en la niebla.

Que mentira más terrible


ver escrito afuera lo que está dentro
que engaño necesita este

Todo va en un capítulo de gastronomía


con los retazos del tiempo
esa tela transparente de la hermética
se difundió con los verdes
los cuadros colgados tomaron siluetas
en el silencio de las mentes
se iban escribiendo
las historias pasadas
cayeron aureolares los humores
a espaldas de ausentes postales.