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LA RAZÓN DE MI GOZO

Introducción: Piense por un momento en la canción que muchas veces hemos cantado,
titulada <<El gozo que tengo yo>>, la cual dice en su coro: <<El gozo que tengo yo, el
mundo no me lo dio; y como no me lo dio no me lo puede quitar, y como no me lo dio no
me lo puede quitar>>. Bien, quiero que usted se haga dos preguntas ¿Quién me dio este
gozo? ¿Y en qué se basa este gozo?

En esta semana estamos estudiando el tema, <<La razón de mi gozo>>, que está enmarcado
dentro de la serie general del año, o de nuestro lema del año, <<Transformados para
transformar>>, que a su vez está basado en Gálatas 5: 22, en donde se nos presenta el gozo
como parte, o como uno de los sabores, del fruto que el Espíritu Santo produce en nosotros.

Ahora bien, lamentablemente, hoy en día existe una gran confusión acerca de lo que significa
el gozo. En nuestra cultura esta palabra tiende a relacionarse con mero sentimentalismo, es
algo trivial, superficial, una emoción o sentimiento que va y viene; así pues, si una persona
cuenta con todas las condiciones que le dan confort o estabilidad hay gozo, pero si no están
dichas condiciones esta tiene el derecho de no estar gozosa.

Y no solamente es lamentable porque suceda allá afuera, sino también porque esto nos está
afectando como iglesia. Este mal entendimiento del concepto del gozo y sus respectivas
implicaciones prácticas es un problema que también estamos enfrentando como cuerpo de
Cristo.

En este orden de ideas, estoy convencido que esta problemática, en la que un gran número de
creyentes piensan que tienen el derecho a entristecerse sin medida, deprimirse, refunfuñar,
quejarse, afanarse y aún cuestionar a Dios si las cosas no van como quisiera que fueran, tiene
su origen en lo que se conoce como <<Evangelio de la prosperidad>> (¡Que de evangelio
no tiene nada!), y que es más un pseudo-evangelio. Dicho movimiento no bíblico, declara la
absurda mentira de que Dios nunca me permitirá pasar tribulación, prueba, o necesidad
porque tengo el derecho a ser bendecido, porque Él está en la obligación de darme lo que yo
deseo.

Dicho de otra forma, el evangelio se ha reducido y malversado a la idea de un Dios quien es


como el genio de la lámpara de Aladino, objeto del que me valgo para alcanzar mi realización
personal y si esto no llega a ser así me enojo con Él, pierdo mi gozo, y empiezo a declarar y a
decretar a diestra y a siniestra que Dios tiene que <<bendecirme>>, en vez de decir
<<Señor, hágase tu voluntad>>.

Es por esto que se hace necesario ver lo que la palabra de Dios habla acerca del gozo para así
establecer una correcta definición del mismo y así poder vivir de manera que agrade a Dios;
ahora bien, por lo que nos presenta el texto que estudiaremos a continuación, el punto de
partida, para gozarnos según Dios, es entender la razón de nuestro gozo, siendo que este no
es una mera emoción sino una experiencia que no deja de ser ya que está fundamentada en
quien Dios es y lo que Él ha hecho para Su gloria y para nuestro bien.

1. ¿Qué es justificación?

La palabra que utiliza Pablo en este texto tiene un significado de declarar, reconocer
o tratar a alguien como justo. No es que Dios no haya hecho justos, o que en
nosotros haya justicia alguna, sino que Dios nos viene a tratar como justos con base en
la justicia de Cristo.

El primer versículo nos muestra tres verdades acerca de la justificación que Dios hizo a
favor nuestro, esto es: el medio (la fe en Cristo), la necesidad (nuestra enemistad
con Dios) y parte del resultado (paz con Dios).
1.1. ¿Cuál es el medio para nuestra justificación?

Justificados, pues por la fe, (vs. 1a)

La sola fe en la obra consumada en la cruz, hecha por Cristo, es lo que Dios


considera como el medio para justificarnos. Dios solamente justifica a aquel
hombre que pone toda su confianza en Cristo para el perdón de sus pecados.

Esto es así, porque solo Cristo cumplió con el estándar de Dios (Su santidad), solo
Cristo vivió una vida perfecta, una vida sin pecado, una vida sin tacha, Cristo nunca
pecó, ni tan siquiera una sola vez; Cristo es el hombre perfecto, el único que vivió
la vida perfecta que tú y yo jamás hubiéramos podido vivir. Cristo es nuestro
perfecto sustituto, porque Dios <<al que no conoció pecado, por nosotros lo
hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él>>,
<<sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la
fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser
justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las
obras de la ley nadie será justificado>>.

De manera, que en el momento en que usted y yo creímos en Cristo, en el


momento en que Dios nos convirtió, cuando nos dio vida, Dios tomó la justicia de
Cristo (perfección) y nos la depositó en nuestra cuenta, y ya no nos mira a
nosotros y a nuestros incontables pecados, sino que mira a Cristo y su
inigualable justicia.

(Ilustración: yo ante el tribunal de Dios)

1.2. ¿Por qué era necesaria nuestra justificación?

Tenemos paz para con Dios (vs. 1a)


La justificación era nuestra mayor necesidad y esto es cierto también para todo
hombre, ya que por naturaleza nacemos manchados, dañados, y sin esperanza, por
causa del pecado y por decisión constante nos declaramos abiertamente
pecadores.

¿Qué habíamos hecho con nuestra vida? Nos revelamos contra Dios, desde el
primer momento en que tuvimos la oportunidad de hacerlo, nos hicimos pecadores
e impíos gustosamente, desechamos a Dios, le declaramos la guerra, proclamamos
desde nuestro corazón corrupto: ¡Dios no me dirá que hacer! ¡Yo soy mi dueño!

Como consecuencia de esto, de nuestra abierta y desvergonzada rebelión, de


nuestra constante hostilidad, Dios nos tuvo por sus enemigos, porque ciertamente
<<Dios está airado con el impío todos los días>>; estábamos en la mira de Dios,
separados de Su gloria, caminando apresuradamente hacia la condenación. Por
cada pecado que cometíamos la copa de la ira de Dios se iba llenando, más y más,
para ser descargada sin clemencia sobre nosotros. ¡Lo único que usted y yo
teníamos asegurado, y con méritos, con todos los honores, antes de rendirnos a
Cristo, era el infierno, una eternidad sin Dios, condenados justamente por todos
nuestros pecados, tanto los pequeños, como los horrendos, los innombrables.

1.3. ¿Cuál es el resultado de nuestra justificación?

Tenemos paz para con Dios (vs. 1a)


Pero Dios, que es rico en misericordia, nos perdonó, nos reconcilió consigo mismo,
nos salvó de Su ira, nos salvó de Su condenación, nos salvó de Su justo juicio, ¡Dios
hizo la paz con nosotros!

Esta paz significa que nuestra relación con Dios se ha restaurado, pues antes de
Cristo <<estábamos destituidos de la gloria de Dios>>, pero ahora << hemos
sido aceptos en el Amado>>, <hemos sido hechos cercanos por la sangre de
Cristo>>. La ira de Dios, que nosotros merecíamos recibir, ha sido derramada
sobre Jesús, Él llevó nuestra iniquidad, ya Dios hizo posible la reconciliación. Ahora
tenemos paz con Dios, ahora tenemos una razón suficiente para gozarnos, una
razón suficiente para tener esperanza cualquiera que sea nuestra situación.

Por eso, ¡y esto debería ser suficiente para nosotros! Si todas las cosas dejaran de
ser, si todo me fuera quitado, <<aunque la higuera no florezca, ni en las vides
haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den
mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en
los corrales; con todo yo me gozaré en el Dios de mi salvación>>, aunque no
haya trabajo, aunque no haya que comer, y si aún me fuera quitada mi salud, mi
fuerza, mi esposa(o), mis hijos, y mi propia vida no debo olvidar que: <<Desnudo
salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová
quitó; sea el nombre de Jehová bendito>>, sea el nombre de Dios engrandecido,
porque Él es soberano y no hay despropósito alguno en Él.

También tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes,


(vs. 2a)
La palabra que Pablo utiliza en este versículo, <<entrada>>, tiene un significado
que corresponde al acto de presentarse ante un rey, algo que no podía hacer todo
el mundo, sino solo aquellos que tenían el permiso de dicho gobernante. Lo que
Pablo quiere expresarnos con esta ilustración es que Cristo es quien ha hecho
posible que entremos ante la presencia del Soberano y Eterno Dios, donde
podemos relacionarnos con confianza con Él, y así poder obtener lo que
necesitamos para <<estar firmes>>.

Esto que hemos recibido al entrar ante la presencia de Dios es Su gracia, expresada
en una posición que nada ni nadie nos puede quitar, pues ahora somos Sus hijos,
somos Sus amigos, y esto nunca va a dejar de ser. Si antes la mirada de Dios estaba
sobre nosotros para darnos la justa ira que merecíamos ahora la mirada de Dios
está sobre nosotros para darnos Su amor y Su ayuda en cada uno de nuestros días.
¡Esto es lo que nos permite estar firmes y gozosos cuando llegan situaciones que
amenazan con atemorizarnos, intimidarnos, abrumarnos o abatirnos.
Y nos (gozamos) en la esperanza de la gloria de Dios (vs. 2b)
Pablo continúa hablándonos del resultado de nuestra justificación, expresado de la
siguiente manera: y nos alegramos, nos gozamos, nos regocijamos, nos gloriamos,
en la esperanza de la gloria de Dios.

Y esta esperanza es una seguridad, confianza o certeza con base en la posesión


interior que nosotros tenemos, esto es el Espíritu Santo de Dios que nos ha sido
dado, y que nos dice que nuestra historia tiene un <<final feliz>> en Dios, porque
esta esperanza de la gloria de Dios se refiere a la gloria que esperamos que
suceda cuando Cristo regrese por nosotros, cuando Él nos glorificará, <<cuando Él
transformará este cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al
cuerpo de la gloria suya>>.

Porque si hemos sido justificados somos sus <<hijos, (y) también (somos)
herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos
juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues
tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables
con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse>>. Porque en ese
día, cuando seamos glorificados experimentaremos el cumplimiento de nuestro
deseo más ardiente, ser librados plenamente de nosotros mismos y del pecado con
el que aún batallamos.

Lo anterior, es lo que nos permite afrontar el presente, con todas sus incontables y
posibles dificultades, con la entereza que Dios nos da, con la fortaleza que solo Él
nos concede. Es Él quien hace posible que nosotros nos alegremos en Dios, sea
cuales sean nuestras circunstancias, es Él quien nos da esperanza.
También (nos gozamos) en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación
produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; (vs. 3-4)
Gozarnos en las tribulaciones no es fácil, nadie está diciendo eso, es difícil, en unas
ocasiones más que en otras, pero siempre es posible según el poder y la esperanza
que Dios da. Dios quiere que nosotros nos convenzamos y vivamos con la
convicción de que las tribulaciones y los sufrimientos de esta vida tienen propósito
y significado en Él, para Su causa eterna y para la formación de nuestro ser, de
nuestro carácter, para nuestro bien.

¡Nuestra vida está en la mano poderosa de Dios, nuestro corazón es sostenido por
nuestro Buen Padre, el ojo protector y vigilante de Dios no se ha cerrado ni se
cerrará, Él cuida de nosotros, hemos sido amados en Cristo y esto no dejará de ser
nunca!

Nosotros debemos considerar que Dios está formando en nosotros paciencia, y


recuerde que el propósito de Dios no es nuestra comodidad o bienestar según
erróneamente lo concebimos, sino formar nuestro carácter, un carácter que sea
como el del mismo Cristo, quien fue obediente hasta el final, quien amó hasta el
final, quien agradó al Padre en todo.

Esta palabra paciencia tiene un significado de acción, es una palabra activa, que nos
indica que Dios está formando en nosotros la capacidad para poder resistir,
estando firmes y perseverando hasta el final; es una palabra que se relaciona con la
virtud que tiene una persona para identificar la prueba y enfrentarla, sabiendo que
Dios la permite para enseñarle más y más a soportar, para llegar a ser una persona
dependiente de Él, quien en todo tiempo le provee Su ayuda y Su gracia.

<<Porque es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de


Dios, obtengáis la promesa>>, <<Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta
la venida del Señor. Mirad como el labrador espera el precioso fruto de la
tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la
tardía>>.

De manera que tenemos que ver la prueba con los lentes de Dios, sabiendo que
Dios está formando en nosotros experiencia, de manera que seamos hombres y
mujeres con un carácter más firme y de mayor integridad, experimentando más la
presencia y el poder de Dios en nuestra vida. Dicha experiencia se va fortaleciendo
con la esperanza en Dios, sabiendo que hay certeza, convicción de que mi historia
no termina en la prueba sino que esta solo es una pequeña parte de mi historia, la
cual está controlada por el Dios de la historia, el Dios que ya le ha dado un final
glorioso tanto a mi vida como para todo aquel que rinde Su vida a Él, todo aquel
que ha sido justificado por Su gracia.

Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en


nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. (vs. 5)
Y de esta manera, el creyente que ha sido justificado nunca pueda ser avergonzado,
ya que ha sido justificado por el Dios fiel que <<comenzó su buena obra en él y
que la perfeccionará hasta el día de Jesucristo>>. Por eso, cuando
experimentamos el cambio que produce en nosotros la prueba podemos gozarnos
con la certeza de que Dios no nos avergüenza, porque nosotros veremos sus
promesas de santificación y de glorificación cumplidas en nuestra vida, y en la de
toda Su iglesia, sin importar cuan desesperanzador pueda ser nuestro presente.

Dicho gozo en medio de la prueba es producto del amor de Dios que nos ha sido
dado por Su Espíritu Santo, quien nos consuela en todo tiempo, cuidándonos y
protegiéndonos, y aun haciéndonos ver nuestros errores, cuando pecamos, al no
gozarnos en la salvación que Dios nos ha dado. Es el Espíritu Santo de Dios quien
nos sella en nuestra justificación y nos garantiza que nuestra santificación y
glorificación son dos hechos eternos que tienen su cumplimiento en nuestro
presente y en nuestro futuro mediante la prueba de nuestra fe.
En conclusión, podemos decir que Pablo, por medio de estos cinco versículos, nos anima a
que mantengamos el gozo, a pesar de todas las tribulaciones, pruebas o sufrimientos que
estemos viviendo, sabiendo o contemplando en retrospectiva la justificación que Dios hizo por
nosotros en Cristo.

Es decir, la razón de nuestro gozo es Cristo, dado que a la luz de lo que Cristo
hizo en la cruz nosotros estamos muchísimo mejor de lo que jamás
mereceremos; porque nuestra posición ante Dios ahora es de amistad, hemos
entrado a la presencia de Dios por medio de Cristo. Como dice Josemar Bessa:
<<¡La cruz me grita dos cosas: lo indigno que soy y también lo amado que
soy!>>

Así mismo, Pablo añade un segundo y tercer elemento más que hacen parte de esa
razón que tenemos para gozarnos. El segundo de ellos es que en este presente,
en donde hay pruebas y dificultades, tenemos una esperanza en la gloria de Dios,
es decir, en nuestra glorificación, la cual tendrá lugar en un futuro cercano, cuando
Cristo regrese por nosotros, sea en nuestra muerte o cuándo seamos arrebatados.

Y por último, el tercer elemento que Pablo presenta, como parte de esta razón,
para nosotros mantenernos gozosos en medio de las tribulaciones, es el hecho de
que todas estas tienen el sello del propósito de Dios, por el hecho de que Dios está
formando nuestro ser a la imagen de Cristo.

Hermano, si estás tres verdades reveladas en Cristo no nos motivan a luchar por
mantenernos gozosos en nuestro día a día nada ni nadie nos motivará. Es Cristo y
Su obra en la cruz con sus bendiciones (justificación, santificación y glorificación) la
razón por la cual permanecemos gozosos aun cuando toda la tierra fuere
conmovida.