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Crónica de las Invasiones Inglesas, según “El fantasma Julián Esposito”.

Autor: Sepúlveda, Matías Agustín.

Cátedra: Lengua y Literatura su Didáctica.

Estudiante del Profesorado de Ed. Especial con Orientación en Intelectuales.

Fuente: “El fantasma de las invasiones inglesas”

Fecha: 20/11/2018.

En la siguiente crónica se contara los distintos hechos, fenómenos y procesos que


surgieron entre los años 1806 y 1807 en las invasiones inglesas sustentado en la novela
compuesta por Claudia Piñeiro “El fantasma de las invasiones inglesas”.

Allí entre los años 1806 y 1807 según la novela “el fantasma de las invasiones inglesas”, en
la ciudad de Buenos Aires, en una zona que va desde las calles Maipú a Alem y de
Tucumán a Venezuela, cuando las calles se llamaban de otro modo y varios de los edificios
que hoy están allí no existían, transcurrieron las acciones principales de los enfrentamientos
por las invasiones inglesas.

Plaza
25 de Mayo.
Gran parte de la historia argentina transcurrió en los alrededores de esa plaza y
probablemente seguirá transcurriendo, pero vamos a repasar en la siguiente crónica, los
hechos que sucedieron catorce años antes del 25 de mayo de 1810.

Pocos días atrás a las Invasiones Inglesas cruzando la plaza en diagonal hacia la zona del
fuerte, en la esquina donde hoy se encuentra la SIDE (Secretaria de la Inteligencia del
Estado) hubo una reunión encabezada por Peter Brand, en la cual festejaban, que en muy
pocos días la cuidad pasaría a manos inglesas.

Pocos días después como se había previsto en esta reunión, la mañana del 25 de junio de
1806, las tropas británicas hicieron su desembarco en la costa de Quilmes. Este mismo día
se oyeron disparos de los cañones del fuerte, para dar alarma de que habían barcos ingleses
frente a la cuidad. La confusión reinaba en todas las calles, casas y lugares, los hombres se
dirigían a los cuarteles para ofrecer su ayuda, allí le daban armas y uniformes pero todo era
muy desorganizado con esta repentina llegada.

Las noticias fueron y vinieron durante todo el día y día siguiente, a las once de la mañana
sonó el cañón nuevamente, pero esta vez anunciando el desembarco, eran 1600 soldados de
infantería al mando de Brigadier general William Carr Beresford. Aunque el número de
soldados podía resultar no tan grande, eran todos profesionales de la guerra, acostumbrado
a estas hazañas.

Desembarco de los británicos.

Nadie sabía muy bien que querían los ingleses; si solo comerciar las tierras haciendo caer el
monopolio español o apoderarse de ellas. A Beresford lo había mandado un tal Popham, un
inglés con grandes intereses económicos en la región esta era la preocupación de los
españoles, que de ser necesario lucharían para que no le arrebaten las tierras.
A la tarde del 27 de junio, después de haber cruzado el Riachuelo, las tropas inglesas
avanzaron hacia la plaza y el fuerte. Avanzando a paso acompasado y la música que los
arengaban eran las gaitas de sus soldados escoses, esa misma tarde las tropas inglesas
desfilaron por la Plaza Mayor. Beresford les ordenó a sus tropas entrar espaciados para que
parecieran más, pero solo eran 1600 soldados que dispararon unos pocos tiros y se
quedaron con una cuidad de 40.000 habitantes que casi no opuso resistencia.

Durante el tiempo que los ingleses ocuparon Buenas Aires se invitaba a muchos oficiales y
hasta se los alojaba, en las casas de las familias criollas más acomodadas. Y los ingleses
eran invitados a participar de fiestas y tertulias, aunque no toda la población compartía esta
actitud.

Por otra parte para combatirlos, un grupo de gente de distintos puntos de la ciudad se estaba
juntando en secreto para luego marchar hacia la chacra de Perdiel de Martin de Alzagam,
decían que allí estaba Juan la Martin de Pueyrredón juntando fuerzas para poder sacar a los
ingleses. Gracias a infiltrados que tenían los mismos, sabían el lugar en el cual se iban a
reunir los hombres contrarios a ellos, es así que la madrugada del 31 de julio al 1 de agosto,
600 británicos estaban matando criollos en Perdriel.

Beresford esa mañana llegó a la chacra con la infantería dividida en dos alas, a la izquierda
y a la derecha de la artillería, mientras tanto Pueyrredón solo llego a repartir algunos fusiles
entre sus hombres. La infantería británica avanzo a disparos y Pueyrredón logro salvarse
gracias a que el alcalde de Pilar, Lorenzo Camelo, lo subió a las ancas de su caballo.
Muchos de los milicianos tuvieron que ponerse en retirada.

“No está muerto quien pelea, y soldado que huye sirve para otra batalla” eran las frases que
se escuchaban en las calles y casas ya que los soldados que lograron escapar se reclutaron
cerca de Las Conchas a esperar a don Liniers, que venía de Montevideo. Era la última carta
y posibilidad que tenían para dar batalla.

Las primeras noticias importantes llegaron el 4 de agosto “parece que don Liniers llego a
Las Conchas” un día de mucha lluvia, así mismo se sabía que el día siguiente marchaba con
su gente hacia la Plaza de Mayo.

Liniers ya estaba el 11 de agosto en Retiro desde donde había intimidado a Beresford a la


rendición. Si para el día siguiente no tenía respuesta, entraría a la cuidad y cuando lo hiciera
todos los criollos, españoles o esclavos que quisieran ayudarle a sacar de una vez por todas
a los ingleses deberían estar atentos por si él y sus tropas necesitaban ayuda.

Al transcurrir las horas se hicieron las 6 de la mañana del 12 de agosto y todo comenzó,
Linierse y sus hombres marchaban sobre la ciudad, entraron por las calles que hoy
conocemos como Reconquista y San Martin, mientras algunos de sus hombres se repartían
también por las calles laterales. A medida que iban avanzando hacia el encuentro con los
ingleses se sumaban los voluntarios que querían ser partícipes de la Reconquista. Así el
ejército junto alrededor de 4000 hombres, no todos eran soldados pero todos buscaban lo
mismo “La Reconquista”.

Ante el avance de los hombres de Liniers, los ingleses retrocedieron, dicen que la lucha se
hizo muy violenta en el centro de la cuidad, los disparos y los gritos se oían en toda la
cuidad, el olor a pólvora en ráfagas muy potentes y llovía a cantaros. La neblina también
jugo a favor del ejercito patriota, los soldados se desplazaron por las calles casi sin que los
ingleses pudieran hacer fuego sobre ellos, es así como el ejército invasor se sintió por
primera vez, totalmente rodeado. Tan pronto como pudieron, los británicos abandonaron la
Catedral y todos los edificios que rodeaban la plaza, pero aun siguieron disparando desde la
terraza de lo que hoy se conoce como la Vieja Recova.

Se puede observar desde donde


los ingleses, le disparaban a los criollos.

A eso de las 12 del mediodía, del 12 de agosto de 1806, llego la noticia de que los ingleses
empezaban a agitar pañuelos blancos y que la rendición era inminente. Había cantos y
gritos pero, sobre todo, una intensa sensación de victoria, bajaron del mástil la bandera
inglesa y otra vez subieron la española, la cuidad había sido reconquistada y Liniers seria
pronto el próximo Virrey.
En ese mismo día, 12 de agosto, Liniers decidió que en lugar de mandar a Beresford a
prisión lo iba a canjear por un prisionero muy importante que él creía que mantenían los
ingleses en Buenos Aires: el virrey Abascal, de Perú. Por eso y hasta hacer el canje, le pidió
a Félix Casamayor que lo mantuviera en su casa y la verdad que más que un prisionero era
un huésped importante. Así mismo se rumoreaba que la “Perichona” se estaba viendo con
Liniers, quien era, una espía infiltrada de los británicos.

Perichona fue la encargada de pasarle el mensaje a Liniers, en medio de caricias y besos.


Ella misma lo fue llevando a concluir que seguramente no sería ningún problema para él,
firmarle a Beresford una capitulación falsa, con fecha antedatada, para que el general ingles
solo usara en caso necesario y frente al tribunal y así salvara su honor. Liniers se dejó
convencer por su amante, frente a las lágrimas de Beresford.

La falsa capitulación se firmó el 20 de agosto pero le pusieron la fecha del 12, tal cual lo
acordado con Beresford. Por supuesto, Beresford no espero al juicio del tribunal de guerra
para mostrar la falsa capitulación sino que la quiso hacer valer de inmediato. Si, los
traiciono, como se sabía Perichona era la infiltrada. La novedad corrió enseguida por la
cuidad y todos se enojaron con Liniers, que no había mandado a los prisioneros al interior
como debería haber hecho.

Liniers tuvo que ir a dar explicaciones al Cabildo y dijo casi toda la verdad, menos lo que
había sucedido con Perichona. Unos días después redactaba un manifiesto donde explicaba
con lujo y detalles lo sucedido, la gente lo apreciaba tanto que lo perdono.

Liniers también sospechaba que los ingleses se traían algo entre manos y que no se
resignarían a perder Buenos Aires tan fácilmente, así que el 6 de septiembre a través de una
proclama, le pidió al pueblo que se organizaran en cuerpos, la mayoría de hombres adultos
se alistaron y la cuidad no era la misma, la vida y la patria había vuelto a estar en peligro.

Allá fueron todos y sentaron las bases de la infantería, la caballería y la artillería, si volvían
los ingleses esta vez los iban a encontrar organizados y preparados, ese era el objetivo de la
convocatoria.

Por su puesto es esta época las noticias viajaban lento, así que recién en octubre de 1806
supieron en Londres que los ingleses al mando de Beresford habían tomado Buenos Aires,
o sea, se enteraron de la supuesta victoria cuando la cuidad ya había sido recuperada por los
criollos y había sido filmada la capitulación, la verdadera y falsa. Entonces sin saber que la
invasión había fracasado, los británicos mandaron 3800 soldados a mando del brigadier
Auchmuty para reforzar la plaza, en noviembre mandaron otros 4000 al mando del general
Craufurd y en Marzo de 1807 mandaron al teniente general Whitelocke con 1600 hombres
más y la orden de su Majestad de ponerse al frente de todos para que Buenos Aires quedara
bajo el dominio inglés.

Además de las tropas en viaje, por acá todavía quedaban unos cuantos de sus soldados y
Beresford. En febrero llego la noticia que Montevideo había sido tomada por los británicos
y todos ya sabían que volverían tarde o temprano, a atacar Buenos Aires. Una de las
medidas que tomaron entonces la Audiencia y el Cabildo fue que se debían sacar lo más
rápido posible a Beresford y a sus hombres para mandarlos a Catamarca. Pero hubo un
complot y los encargados de mandar a dicho lugar a los hombres, los dejaron escapar
rumbo a Inglaterra.

Unos días después, una mañana de crudo invierno, los ingleses desembarcaron en Ensenada
y Liniers salió con su gente a enfrentarlos a vencer o morir, pero lo vencieron en Miserere.
Liniers y sus hombres volvieron a la cuidad. El alcalde, Martin de Alzaga, convoco a todas
las fuerzas a Plaza Mayor y a cada uno de los habitantes de esta ciudad a defender cada
casa, cada calle y cada metro de terreno, sin distinción de clases, edades ni sexos. Hacer
todo lo que sirva para detener el paso de los ingleses.

Todos se dispusieron a juntar piedras, hervir agua, hacían armas caseras, frascos con fuego,
ladrillos, trozos de madera y luego se subían a los techos para esperar a los británicos. Los
ingleses entraron confiados, no contaban con que esta vez toda la cuidad estaría armada,
aunque sea con piedras. Cuando pasaron por las calles los atacaron con todo lo que tenían,
desde el lugar en el que estaban. Pero a pesar de eso y de las muchas bajas que se
produjeron, las columnas Inglesas lograron seguir hacia la plaza.

Después de la derrota de Miserere, Liniers y Martin de Alzaga trazaron con rapidez el plan
de acción para la defensa de la cuidad, que resultó muy efectivo. Los ingleses, a su vez,
cometieron muchas desinteligencias: el mapa con que contaban era erróneo, sus órdenes no
fueron bien interpretadas, subestimaron a adversario, ya que solo no se encontraron con un
ejército sino que también con toda una cuidad en su contra. Los habitantes de Buenos
Aires habían improvisado barricadas con yerba y cuero, estaban dispuestos a enfrentarlos.
A las 12 horas del mediodía del 5 de julio de 1807, Liniers le pedía a Craufurd,
atrincherado en la iglesia de Santo Domingo, que se rindiera. Los ingleses habían perdido
entre bajas y prisioneros más de la mitad de sus soldados, pero rechazo la oferta y la lucha
continúo con fiereza. Recién se rindió, aceptando que la suerte de los británicos estaba
echada, a las 3 de la tarde. Whitelocke firmo la capitulación el 7 de julio y se
comprometido a abandonar Montevideo.

Aquí se observa e ilustra la rendición


de los ingleses.

¡Fue así como los españoles y criollos por fin pudieron estar tranquilos y a salvo!

Estos sucesos, hechos y fenómenos que sucedieron entre los años 1806 y 1807 en las
invasiones inglesas propiciaron varias lecciones para los criollos, ya que vieron las grandes
fallas del imperio español, su frágil administración y sus débiles defensas porque fueron sus
habitantes, no España, quienes los defendieron (esto se puede ver especialmente en la
heroica leyenda que se ha armado en torno a la resistencia que los habitantes porteños
ofrecieron ante la segunda invasión inglesa; las señoras tirando agua hirviendo desde las
terrazas, gente arrojando piedras, frascos con fuego, palos, etc.) fue así como los criollos le
tomaron gusto al poder, descubriendo su fuerza y adquiriendo un sentido de identidad. Así
mismo fue como la debilidad de España llevo a los criollos más adelante a la política y
autogobernarse.