Está en la página 1de 2

SOMOS UN CUERPO

1 CORINTIOS 12:12
LA UNIDAD DEL CUERPO.
Uno de los énfasis más fuertes de la metáfora del “cuerpo” es aquel de la unidad de
los muchos miembros de la iglesia. La iglesia (cuerpo) de Cristo no es meramente
una colección de individuos que se suscriben a su filosofía; la iglesia es un
organismo, del cual los miembros son partes inter-relacionadas.
LA IGLESIA COMO CUERPO DE CRISTO
Aunque es sabio que una organización dirigida por el Espíritu ayude a la iglesia a
llevar a cabo su misión, la iglesia no es por naturaleza una organización, sino más
bien, un organismo. La iglesia es un ser viviente, cuya vida divina es provista por la
morada interior del Espíritu de Cristo (Rom. 8:9).
LA IMPORTANCIA DE CADA MIEMBRO EN EL CUERPO.
Todos y cada uno de los miembros del cuerpo de Cristo son importantes, necesarios
e imprescindibles.
Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No
tengo necesidad de vosotros. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más
débiles, son los más necesarios… para que no haya desavenencia en el cuerpo,
sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros… (I Cor. 12:21,
22, 25).
ES LA INTENCIÓN DEL SEÑOR QUE TODO MIEMBRO DEL CUERPO DE
CRISTO TENGA UN MINISTERIO.
Cada miembro del cuerpo humano contribuye a la preservación, crecimiento, salud
y actividad de ese cuerpo; si algunos miembros no funcionan, resulta en
enfermedad. Muchos de los males de la iglesia han sido el resultado de una
membresía que no funciona. Para lograr la participación total en la obra y adoración
de la iglesia, Dios ha provisto liderazgo espiritual para equipar y madurar a los
santos, y los dones del Espíritu para darles poder y dirección. (La Biblia menciona
unos treinta [30] dones del Espíritu
CUANDO TODO EL CUERPO MINISTRA EN UNIDAD Y AMOR, EL RESULTADO
ES CRECIMIENTO ESPIRITUAL Y NUMÉRICO.
“De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas
que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su
crecimiento para ir edificándose en amor” (Ef. 4:16). Hoy en día se habla mucho
acerca del crecimiento de la iglesia. El crecimiento óptimo de la iglesia no puede ser
logrado solamente por los esfuerzos de los líderes, pastores, evangelistas y
misioneros; el crecimiento ideal resulta solamente cuando la iglesia entera ministra.
EN LA DIVERSIDAD ESTA LA FUERZA
1 Corintios 12: 1-11
Dios nos ha dado dones a fin de que podamos edificar la iglesia
Para usarlos con eficacia debemos:
1) Tener en cuenta que todos los dones y habilidades vienen de Dios
2) Comprender que no todos tienen lo mismo
3) Saber quiénes somos y qué hacemos mejor
4) Dedicar nuestros dones al servicio de Dios y no a nuestro éxito
personal
5) Estar dispuestos a ponerlos al servicio de Dios con generosidad y sin
exclusión.
Mire esta lista de dones e imagine los tipos de personas que podrían
poseerlos.
1) Los profetas poseen, por lo general, denuedo y oratoria.
2) Los que sirven (los que ministran) son fieles y leales.
3) Los que enseñan son pensadores claros.
4) Los que exhortan saben cómo motivar a otros.
5) Los que reparten son generosos y confiables.
6) Los que presiden son buenos organizadores y directores.
7) Los que tienen misericordia son amorosos y se sienten muy felices
cuando dan su tiempo a otros.
Sería muy difícil que una sola persona acaparara todos estos dones. Un
profeta positivo quizás no sea necesariamente un buen consejero y uno
que reparte a lo mejor falla como administrador. Cuanto usted identifica
sus dones pregúntese cómo puede utilizarlos para edificar la familia de
Dios. Al mismo tiempo, acepte que sus dones no pueden llevar a cabo
todo el trabajo de la iglesia. Sea agradecido con quienes tengan dones
diferentes a los suyos. Procure que sus puntos fuertes equilibren las
debilidades que otros tengan y agradezca que las habilidades de ellos
le ayuden a superar sus deficiencias. Juntos pueden edificar la Iglesia
de Cristo.