Está en la página 1de 9

La «descolonización de las mentes» en el África Subsahariana:

Identidad y conocimiento social

La descolonización es el proceso de emancipación y liberación nacional que


realizaron los pueblos oprimidos, los cuales estaban sometidos al yugo y a la dominación
colonial de determinados países, como: Gran Bretaña, Francia, Portugal, España, Países
Bajos o Bélgica.
Para hablar de la descolonización, primero tenemos que remontarnos a la
colonización, que tuvo lugar entre los siglos XV y XX. En concreto me voy a centrar en la
colonización que se realizó en el continente africano donde unos pocos países se
dividieron África en una serie de territorios
Dicha fragmentación (realizada sobre plano sin importar culturas, religión o
costumbres), se perpetúa incluso hoy en día, dado que, tras el abandono de las potencias
europeas, florecieron un sinfín de Estados independientes.
Dichas fronteras trazadas por los poderes coloniales: a veces son pequeñas, pero
en cambio, otras veces son "demasiado grandes" y se ven sacudidas por choques
internos entre miembros de tribus, diferentes idiomas, religiones…
Estos territorios jugaron un papel fundamental en ambas Guerras Mundiales, dado
que después de la Primera Guerra Mundial, se firmó el consiguiente Tratado de Versalles;
por el cual, los territorios colonizados se redistribuyeron y dividieron entre las potencias
vencedoras.
Fue gracias a las actividades mineras y al cultivo intensivo de las colonias que las
grandes potencias coloniales pudieron enfrentar la gran crisis de 1929.
Durante esos años, los movimientos independentistas africanos tomaron gran
importancia, la cual culminó en el proceso de descolonización.
Esos movimientos buscaban una identidad e historia propia, la cual tiene que pasar
obligatoriamente por la superación de la dependencia cultural e intelectual respecto de
Occidente.
Entre los mayores exponentes intelectuales de los movimientos para la liberación
africana, contrarios a la afirmación de la identidad europea, encontramos a Edward Said,
Frantz Fanon y Ngugi Wa Thiong'o.

Edward Said
Escritor y profesor estadounidense cuyos padres eran de origen palestino.
Fue conocido por su crítica del concepto de "orientalismo", Definido como una
herramienta a través de la cual Occidente ejerce su influencia y su control sobre el Este,
produciendo imágenes culturales que difieren bastante de la verdadera realidad.
Esa concepción se debía a una visión del mundo eurocéntrica, que tiene como
consecuencias naturales la creación de oposiciones radicales entre lo que es europeo y lo
que no lo es, para crear un concepto de diversidad hacia todo lo que no es " occidental".
Las potencias europeas proyectaron una imagen de grandeza y de superioridad,
infravalorando todos aquellos territorios que ellos consideraban inferiores o de menor
rango.

Frantz Fanon
Analiza el proceso de descolonización desde el punto de vista sociológico, filosófico
y psiquiátrico.
Su obra: “Los condenados de la tierra”, nació como manifiesto por la lucha
anticolonial y la emancipación del "Tercer Mundo".
Fue publicado por primera vez en 1961 con un prefacio de Jean-Paul Sartre. En él,
Fanon analiza el papel de la clase, la raza y la violencia en el contexto de las luchas de
liberación nacional. Confía en la llegada de un nuevo modelo mundial, totalmente libre de
los modelos político-sociales anteriores, alcanzables a través de una revolución global
que, ante todo, forma una clase social.
En su libro, se busca un modelo liberado de la influencia y de los "beneficios" de los
países imperialistas.
La influencia del trabajo de Fanon llega a los movimientos de liberación palestinos.
Así mismo, los tamiles, los irlandeses, los Panteras Negras y otros movimientos que
lucharon por la autodeterminación.
Habla sobre los efectos de la subyugación colonial en la psique humana. En
particular describe su experiencia personal de intelecto de color inmerso en un contexto
blanco y aquí entiende, las formas en que las relaciones entre colonizador y colonizado
están, por así decirlo, normalizadas por la Psicología y la cultura.
Fanon, quien, por cultura y educación, se consideraba un francés de pleno
derecho, destacó toda su desorientación causada por el racismo francés que experimentó
en su piel.
El lenguaje juega un papel importante en la formación de una la conciencia
individual, por lo que expresarse en francés significa aceptar su visión del mundo
eurocéntrica, incluida la identificación del negro como un símbolo del mal. Estos valores
de la cultura dominante, cuando se asimilan e internalizan, crean una ruptura entre la
conciencia del hombre de color y su cuerpo, que produce una alienación.
A su vez, nos indica que la descolonización es siempre un fenómeno violento
porque se trata de reemplazar un tipo de hombre con otro; siendo este último el que
pasará a ser el primero (adueñándose de su tierra y controlando el poder)
El mundo colonial podemos catalogarlo como un mundo dividido en
compartimentos, podemos recordar ciudades europeas y ciudades indígenas, escuelas
para indígenas y escuelas para europeos. Un ejemplo brutal de lo que se vivió, lo
podemos encontrar en el denominado apartheid que vivió Sudáfrica.
El área habitada por los colonizados no era nunca complementaria del área
habitada por los colonos, dado a que obedecen al principio de exclusión mutua.
Reivindicaba el rechazo de la colonización, del sentimiento popular contra el
racismo y la desigualdad cultural, y también rechazaba el lenguaje excluyente del
colonizador.
Ngugi Wa Thiong’o
Entre los más grandes escritores africanos, Ngugi es novelista, ensayista, poeta y
profesor. Nacido en 1938 en Limuru (Kenia), recibió una educación colonial británica,
siendo el inglés su lengua materna.
Estuvo influido por el pensamiento marxista de Frantz Fanon y haría suyas las
argumentaciones de este, al reivindicar el rechazo de los patrones de la colonización
cultural implícita en el lenguaje, dado que la asunción del lenguaje del colonizador supone
la aceptación y la visión del mundo tal y como pretende el colonizador.
Renunció al cristianismo, dado que su nombre «colonial» era James.
Su obra "Descolonizar la mente", es una colección de ensayos publicados en 2015,
en la que el autor trata el tema de la liberación del yugo colonial desde una perspectiva
puramente cultural.
Descolonizar la mente es un verdadero problema, es un proceso largo y difícil que
presupone ser sujeto y objeto de un cambio radical al mismo tiempo, para redescubrir las
raíces de uno y restaurar la dignidad a la propia cultura, arrancándola del estado de
subordinación en el que se encuentra.
La descolonización de las mentes empezó en la reasunción de las referencias
culturales propias frente al horizonte cultural del colonizador. Solo era posible hacer
literatura africana si esta se hacía desde las lenguas europeas.

El contacto de los europeos y de Occidente en general, con el continente africano y


los propios africanos, contribuyeron a generar un flujo de relaciones históricas y de
percepciones cuya proyección en la actualidad sigue teniendo una determinante influencia
como por ejemplo el cómic de Hergé “Tintín” en el Congo. Este comic condensa el
eurocentrismo que ha acompañado a los europeos en su visión del mundo, así como la
propia comprensión del autor que recuerda una visita a la colonia belga del Congo con la
que se pretendía divulgar la labor de los misioneros en África.
La obra mostraría una mayor madurez y documentación, pero desde un evidente
paternalismo colonialista, como el paternalismo y la eficacia científico-técnica de los
europeos frente a la pereza y la incompetencia de los «negritos»; sentirse superior, en el
sentido de justicia con el que los europeos resuelven las disputas de los primitivos negro-
africanos. Nos encontramos por ejemplo con una escena paradigmática de la obra donde
Tintín y el cura misionero, son transportados por un caudaloso río en una piragua mientras
los negritos reman y cantan una rítmica canción con gran satisfacción en sus rostros.
Se simboliza el poder y la elegancia de occidente, frente al trabajo y al esfuerzo que los
africanos deben realizar para complacerlos.

Encontramos otras obras que han acompañado en el bagaje de Europa y de


Occidente en su relación con el continente africano:
Por un lado, la identificación de las culturas tradicionales africanas con el exotismo, tan
habitualmente esgrimido por los europeos para referirse a su percepción y visión de los
lugares remotos y que se sustentaba sobre la convicción de la superioridad del
colonizador
Por el otro, el sarcasmo en torno al fracaso de la modernidad y la modernización en
África, referida en este caso concreto a la construcción del Estado-nación burgués
capitalista.

Africanismo, antropología canalizarían el interés de los europeos por el


conocimiento, no siempre desinteresado, de otras culturas, literaturas y lenguas lejanas.
Imágenes y percepciones que desde Europa y Occidente se tienen de África, como por
ejemplo que está cargado de los tópicos coloniales que conocemos (tribus, chamanes…)

Centrándonos ahora en el protagonismo de españoles y portugueses, debemos


destacar de aquella primera modernidad, que surgió un nuevo diseño acaecido al hilo del
protagonismo de Inglaterra y de Francia desde finales del siglo XVIII.
En el camino nos encontramos la noción de hegemonía de la «misión cristiana» la
cual sería reemplazada por la de «misión civilizadora».
A finales del siglo XIX sucede un cambio radical, en la medida en que la «pureza de
sangre» dejaría de medirse en términos religiosos y pasaría a basarse en el color de la
piel. El racismo y la supremacía del hombre blanco, se erigiría en uno de los fundamentos
del nuevo discurso hegemónico del imperialismo europeo. todas aquellas poblaciones
consideradas como salvajes y atrasadas. Había que integrar a África en la senda de la
historia, de la que había estado ‘excluida’.
Desde finales del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial, la misión civilizadora
en su versión europea se rehízo en torno a Estados Unidos cuando protagonizó su
ascenso a potencia mundial.
La noción de «desarrollo», como concepto principal de la modernización,
polarizaría el diseño global hegemónico en el sistema-mundo moderno/colonial desde la
impronta de la hegemonía norteamericana.
Esta noción se presenta tras la II Guerra Mundial como un anclaje esencial del
pensamiento científico social, tanto en la ciencia económica, como en la sociología y otras
ciencias sociales.

“Podemos decir que el final del colonialismo no haya significado para el continente
una mayor independencia política ni para la ciudadanía africana una mayor capacidad
para decidir su futuro”. Esto es, no sólo por la continua injerencia política y económica
occidental en el continente, sino porque los proyectos nacionales y panafricanistas
tampoco han supuesto en la práctica una verdadera emancipación ni apuesta por la
libertad de las sociedades africanas, sino que han quedado atrapados en las luchas
políticas por el control de los Estados poscoloniales.
El pensamiento africano en torno al desarrollo y las prácticas de cooperación se
distingue en tres modelos de pensamiento:
- El modernizador
- El liberalizador
- El identitario
A través de la cooperación internacional se podían facilitar la asistencia técnica y
los recursos necesarios según la teoría de la modernización para que los países africanos
pudieran acelerar su proceso de desarrollo.
La tardía colonización y las resistencias al proceso de modernización explicarían la
mayor presencia y relevancia del discurso identitario en el pensamiento africano frente al
de otras tradiciones culturales.
Sin embargo, el discurso identitario tampoco es único ni homogéneo.
Por ejemplo, los colonizadores trataron de sistematizar la filosofía bantú con el
objeto de reapropiarse de las culturas africanas para ponerlas al servicio de los intereses
de las metrópolis y los poderes hegemónicos, pero el africanismo (en el que se pueden
agrupar construcciones teóricas como la de la «civilización africana», la «negritud», el
«panafricanismo» o la unidad cultural africana) también ha ensalzado la personalidad
africana en su lucha contra el eurocentrismo.

Buena parte de los líderes e intelectuales que impulsaron los procesos de


independencia reclamaron la ruptura con Occidente y la reconstrucción de la historia del
continente negro, tomando como base los aportes africanistas.
En el plano de la identidad, afirman Albert Roca y Ferrán Iniesta, África ha
mostrado una resistencia fundamental a la despersonalización que proponía el modelo de
dominación occidental en las relaciones de poder: clanes, tribus, parentescos ficticios,
grupos de edad y otras adscripciones han contribuido a poner nombre y apellido a
cualquier relación social, incluso en el contexto de los espacios públicos postcoloniales.
Esto es lo que los autores denominan «principio antrópico».
De hecho, en los últimos años, autores de filiación afro-céntrica han dejado de
considerar el principio antrópico como una rémora para empezar a contemplarlo como
una de las bases de la adaptabilidad y largo recorrido de los africanos al mundo
contemporáneo (Roca-Iniesta,2006: 25-28).
“Un pueblo que no era consciente de su pasado no puede construir su futuro desde
aquí la justificación de la protección, en un famoso discurso sobre África Ferran Iniesta
habló de esta manera”
“(...) percibe a África como el continente de la inmovilidad, aquello en el que la naturaleza
no está humanizada y en la que la humanidad es una parte insegura de todo el paisaje.
Aunque los hechos son muy diferentes de esta percepción, la imagen de la parálisis
cultural africana está ganando terreno con el tiempo. En los últimos tiempos, el
conocimiento del discurso africano sobre la eternidad de la tradición nos ha permitido
consolidar la idea de las culturas inmóviles en una naturaleza reiterativa. El negro incluso
ha sido descrito por algunos teóricos africanos como el asiento de las emociones y ajeno
a la razón operativa y transformadora” (Iniesta, 2001: 32).
El atraso tecnológico que siempre ha sido el principal estereotipo europeo hacia
África, los estereotipos forjados por los europeos durante la experiencia colonial
finalmente serán utilizados por las élites africanas occidentalizadas para lograr la
independencia.
Identidad, cultura y conocimiento social en áfrica subsahariana

En el plano africano, «el siglo de las luces para la inteligencia europea fue el peor
siglo de sombras para los pueblos de África».
“En esta misión «civilizadora», la elite europea (escribía Jean-Paul Sartre en el
prefacio a Los condenados de la tierra de Fanon) se dedicó a fabricar una élite indígena;
se seleccionaron adolescentes, se les marcaron en la frente, con hierro candente, los
principios de la cultura occidental (...) tras una breve estancia en la metrópoli se les
regresaba a su país, falsificados».”
Europa «creyó en su misión: había helenizado a los asiáticos, había creado esa
especie nueva, los negros grecolatinos
De hecho, la «asunción de los modos de dominación y la cultura política de los
europeos es uno de los factores principales que explica la posición que África ocupa hoy
en el sistema internacional»
Roca e Iniesta destacan que a diferencia de otros ámbitos geoculturales, como
América o Oceanía, las poblaciones africanas «no se colapsaron» al hilo del contacto y el
sometimiento respecto a los europeos desde el siglo XIX.
En esta dialéctica entre la modernización occidental y la africanización de las
influencias exógenas, en qué medida fue determinante y hasta qué punto limitada la
colonialidad del poder en el plano epistemológico en las sociedades del África
subsahariana, atendiendo a varios aspectos:
- La ciencia
- Las ciencias sociales
- La historiografía
- La lengua como vehículo de cultura.
La historiografía de los pueblos africanos está reescribiendo su historia y la
recuperación de su propia identidad y cultura, superando los discursos y estrategias de
dominación política, económica y cultural de Occidente.
El trabajo de los historiadores africanos en sus manuales e investigaciones y en el
trabajo realizado por revistas como Afrika Zamani se ha orientado hacia la creación de
una historia descolonizada.
La Globalización, la misión civilizadora a través de las lenguas coloniales ha
permitido que estas lenguas se pronuncien lejos de su lugar de origen. Por lo tanto, se ha
producido una desconexión entre idiomas y territorios.
Las elites occidentalizadas, en algunos casos usan el francés para entrar en la
cultura europea, y el propio Leopold Sedar Senghor, incorporó su afiliación de la cultura
y el idioma franceses como parte integral de su concepción cultural de la hibridación,
mezclando y conciliando la experiencia de la vida africana y francesa.
Tras superar el rechazo de todo lo relacionado con el colonizador después de la
independencia, Senghor reflexiona sobre la expansión del francés en África, llegando así
a la conclusión de que una lengua extranjera común para estas elites se convierte en una
herramienta fundamental para el acceso.
Para el conocimiento, el poder y la promoción social, será una herramienta capital
para la construcción de los estados y las identidades nacionales.
El francés, el idioma oficial en muchos de estos estados africanos, es un idioma
dominante legal y políticamente, pero una minoría desde el punto de vista sociológico, ya
que en la mayoría de los casos es hablado por menos del 10% de la población porque
aprender francés genera un poco de reticencia porque recuerda el pasado imperial o la
naturaleza misma del sistema de educación colonial y el lugar de la enseñanza de la
lengua francesa y las lenguas nativas.
La enseñanza de la lengua africana ha sido un tema que ya preocupaba a las
autoridades coloniales francesas desde 1817. Aunque la enseñanza siempre fue planeada
en francés, excepto en las escuelas franco-musulmanas.

Conclusión

Durante el colonialismo, la ideología racista entendió como la subdivisión de la


especie humana en distintas razas, algunas de ellas caracterizadas por una superioridad
congénita sobre otras. Así se justificó la colonización, el dominio cultural, la esclavitud, la
discriminación de razas consideradas inferiores a la occidental.
El camino hacia la descolonización de las mentes implica la recuperación de su
propia cultura de raíces por parte de los africanos después de la independencia e incluso
la reescritura de su pasado utilizando las lenguas coloniales aprendidas, recuperando la
identidad tradicional y el derecho de las personas a conservar sus tradiciones y vivencias,
así como a conservar sus lenguas maternas.
Son pueblos que fueron arrebatados de toda su identidad. Las potencias europeas
con un afán egoísta de adueñarse de los muchos recursos existentes en África utilizaron
los conocimientos y avances producidos en accidente para masacrar y esclavizar a
territorios enteros.
Bajo la excusa de civilizar y evangelizar, explotaban las tierras y se hacían con
prisioneros para revenderlos o para utilizarlos con fines laborales.
Muchas han sido las atrocidades cometidas y poco ha sido el precio pagado por
ello. Se dividió territorios y se les dejó a su suerte, gobernados por tiranos y condenados a
una lucha de guerrillas constante.
Hoy en día se siguen sufriendo las consecuencias de tales “hazañas” cometidas
por los colonizadores, quienes llegaron a esas tierras como supuestos “salvadores” y tras
adueñarse de toda su riqueza y explotar su territorio hasta que les fue posible, dejaron a
los habitantes en la más absoluta pobreza y descontrol.
Despojaron a sus habitantes de su cultura, idioma y tradiciones e hicieron creer a
todos los occidentales que su tarea en el continente africano fue por el bien de aquellos
pueblos. Pero nada más lejos de la realidad. Porque como sabemos, en verdad se buscó
la riqueza y la tiranía, aplicada de forma desestructurada y desigual.
La partición tras la Guerra Mundial que se hizo de los territorios como si de un
pastel se tratase, es un ejemplo de la falta de humanidad y lo poco que importaba para las
potencias europeas el continente africano y sus propios habitantes.

Referencias bibliográficas
-Campos Serrano, Alicia, (2000). «La aparición de los estados africanos en el sistema
internacional: la descolonización de África», en Peñas, Francisco José (Ed.) África en el
sistema internacional. Cinco siglos de frontera, Madrid, Catarata, pp. 15-50.
-Senghor, Leopold Sedar, (1970). Libertad, negritud y humanismo, Madrid, Tecnos.
-Fanon, Frantz Los condenados de la tierra, México, FCE, 1963.
-Fanon, Frantz Por la revolución africana, México, FCE, 1965.
-Roca, Albert- y F. Iniesta, (2006). «Raíces: ¿Por qué la historia es un conocimiento vital
en el África del siglo XXI?», en VV.AA. África en el horizonte. Introducción a la
realidad socioeconómica del África Subsahariana, Madrid, Catarata, pp. 20-54.
-Wa Thiong'o, Ngugi, (1986). Descolonisign the Mind The Politics in African Literature,
London and Nairobi, James Currey.