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lJI BLIOTECA CIENTÍFICO FILOSÓFICA

- - - - - --- -

STUART MILL

SISrfEMA DE LÓGICA
lNUUC'rlVA Y DEDUCTIVA

TI<,, DUCCIÓN DIRECTA DEL I


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D0(.1pR EN flLOSOFi~

l'KOFESOR EN l,A UNIVERSIDAD CENTRA~

MADRID
DANIEL JORRO, EDITOR
23, CA.LLE. DE LA rAZ, 23
1917
a8 PBOPIIIDAD

Imprenta de Juan Pueyo, Lona, 20; teléfono 14-9',.-Madzjd .


PREFACIO DE LA PRIMERA EDICIÓN

Esta. obra no tiene por objeto dar al mundo una 11ueva


teo~a de las operaciones inu,lectuales. Su único título a la
atención del público, si acaso tiene alguno, es que constituye
una tentativa, no para. reemplazar, sino para sistematizar y
reunir en un cuerpo las mejores ideas emitidas sobre este
asunto por los escritores especulativos ' o seguidas por los pen-
sadores exactos en sus investigaciones científicas.
Reunir y cimentar loe fragmentos dispersos de una mate-
ria que no fué tratada. nunca como un todo; harmonizar l1UJ va-
rias porciones de teoría.e discordantes por medio de cadenas
intermediarias y desprendiéndolas de los errores qua en ellas
se hallan más o menos mezclados, exige necesariamente una
suma considerable de especulación original. La. presente obra
no pretende otra originalidad que esta. E.n el estado actual de
la cultura de las ciencias hay fuertes presunciones contra. el
que se imaginase haber hecho una revolución en la teoría de
la investigación de la verdad o aportado algún procedimiento
fundamental nuevo para su aplicación. El único perfecciona-
miento que es posible efectuar aún en los métodos de filosofar
(y el autor piensa que tienen gran necesidad de ser perfec-
cionados) consiste en ejecutar con mayor vigor y cuidado ope•
raciones que son ya, por lo menos en su forma elemental, fa-
miliares al entendimiento humano en algunas de sus a.plica-
.
ciones-.
En la parte de la obra que trata del razonamiento, el autor
no ha juzgado necesario entrar en det.&lles técnicos, que se en-
cuentran expuestos en forma. tan perfecta en los tratados dA
2 PREFACIO .D E LA PRIMERA EDICIÓN

Lógica. escolar, Se verá que el autor no participa en modo al-


guno del menosprecio de algunos :filósofos modernos por el
arte silogístico, a pesar de que la teoría. científica usual sobre
la que se fundamenta su defensa le parezca errónea.; y sus opi-
niones sobre la N atnraleze. y las funciones del silogismo sumi-
nistrarán quizás un medio de conciliar los principios de este
arte con lo que él tiene de funda.do en las doctrinas y las ob-
jeciones de los contradictores.
En cambio no hemos podido ser tan sobrios de detalles en
el primer li.bro, que trata. de los nombres y de las proposicio-
nes, por que muchos principios y muchas distinciones útiles
consagre.das en la antigua Lógica han sido gradualmente e.x-
chúdos de las obras de los maestros qua la enseñan; y ha pa-
recido desea.ble recordarlos, y al mismo tiempo reformar y ra-
cionalizar sus bases filosóficas. Los primeros capítulos de este
libro preliminar podrán, pues, parecer a algunos lectores de-
masiado elementales y escolásticos. Pero aquellos que saben
de qué obscuridad se presenta_frecuentemente revestida la
teoría del conocimiento y de los procedimjentos por los cua-
les es adquirida.1 por la idea confusa. que nos formamos de la.s
diferentes clases de palabras y de 8.8erciones, no considerarán
estas discusiones ni como frívolas ni como extrañas a las ma-
terias .t rata.das en los libros siguiente~.
Respecto de la inducción, lo que había que hacer era ge-
neralizar los modos de investigación de la verdad y de esti-
mación de la prueba, por los cuales tantas grandes leyes de la
Nature.laza en las di versas ciencias han sido aftadidas a.1 teso-
ro del conocimiento humano,. Que esta no es una tarea, fácil
puede colegirse del hecho de qne, aún en fecha muy reciente,
eminentes escritores (entre los cuales baste. citar al arzobispo
\Vhately y al autor del célebre artículo sobre Bacon en la
Edinburgh Review) (1) no han vacilado en declararla imposi-
ble (2). El autor se he. propuesto combatir su teoría á la mane-

(1) Lord Macaulay.


(2) En las últimas ediciones de su Lógica, el arzobispo Whately hace
notar que no quiere decir que no aea posible establecer «reglas» para la
investigación inductiva de la verdad, o que éstas no sean •eminentemen-
te útiles»¡ cree solamente que serían demasiado vagas y generales y no
PflEFACIO DE LA PRIMERA EDICI()N

ra como Diógenes reft1tó los razonamientos escéptico8 contra,


la posibilidad del movimiento, y ob3ervando q ne el a.rgumeuto
de Diógenes habría sido del mismo modo concluyente, aun
cuando su deambulación personal no hubiera rebasado los li-
mites de su touel
Cualquiera. que sea el valor de lo que el autor ha podido
e~ta.blecer sobre aste punto de la materia, cree un deber suyo
reconocer que gran parte de ello lo debe a muchos importan-
tes tratados, ya históricos, ya dogmáticos, sobre Jas generali-
dades y los métodos de las ciencias físicas que han parecido
en estos últimos a:ños. Ha hecho justicia a estos trabajos y a
sus autores en el gran curso de la obra. Pero, como respecto
de uno de estos escritores, el doctor Whewell, ha tenido oca-
sión frecuentemente de expresar divergencias de opinión, se
cree más particularmente obligado a declarar aquí que, sin la
ayuda de los hechos y de las ideas expuestas en la Historia de
las ciencias inductivas de este autor, la porción correspondien-
te de su propio libro no hubiera probablemente sido escrita.
El último libro es un ensayo de contribución a Ja soh1eión
de un problema. en el cual la. ruina. de las antiguas ideas y la
agitación que conmueve a la sociedad europea hasta eii sus
profundidades dan en este momento tanta importancia prac-
tica. como la que ha tenido en todos los tiempos desdo el pun•
t.o de ·vista. de la especulación, a. saber: si los f enómenoy mora-
les y sociales son verdaderamente 9Xcepciones en la unifor-
midad e invariabilidad del curso general de la Naturaleza, y
hasta qué punto los método~ con ayuda' de los cuales un tan
grande número de leyes del mundo físico han sido colocadas
entre las verdades irrevocablemente adquiridas y universal-
mente aceptadas, podrían servir pa.ra la. construcción de uu
cuerpo de doctrina se.mej ante en la.s ciencias morales y polí-
ticas.
susceptibles de ser formuladas demostra.tivamente en una teorfa regular
como la del silogismo (lib. IV, cap. IV1 § 3), y ailade: «Que esperar el
establecimiento con este fin, de un sistema apto pam recibir una formR
científica atestiguaria una confianza más ardiente que esclarecida». Abo•
rabien: como éste es expresamen-te el fin de la parte de la presente obra.
que trata de la inducción, se reconocer! que yo no exagero la düeren-
cia de opinión entre el arzobispo ,vhately y yo, señalada en el texto.
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• I ,e ) de ~a n
PREFACIO DE LA TERCERA Y CUARTA EDICIONES

Desde la publicación de la eegunda edición, este. obra ha


sido objeto de varias critioas que ofrecían má.s o menos el ca-
rácter de la controversia., y el doctor Whewell acaba de publi-
car una respuesta a los pasajes en los cuales se discuten algu-
nas de sus opiniones (1).
He examinado de nuevo, con atención, los puntos en los
cuales han sido discutidas mis conclt1Biones; poro no he expe-
rimentado ningún cambio de opinión sobre objetos de alguna
importancia. Las pocas ligeras inadvertencias que yo mismo
he podido reconocer o que han sido sefl.ale.das por mis críticos,
en general las he corregido tá.citam.ente; pero no se debe infe-
rir de aquí que yo acepte las objeciones hechas a todos los pa-
sajes que he modifica.do o suprimido. No lo he hecho con fre-
cuencia más que para no dejar en el camino ningún obstáculo,
cuando el desarrollo que hubiera. sido preciso dar a la disou-
sión para colocar el asunto a m debida luz hubiera reb~ado
la medida conveniente a la. ocasión.
He creído útil responder con algún detalle a. muchos e.r ·
gumentos que me han sido opuestos, no por gusto por la con-
troversia, sino porque era una ocasión favorable de exponer
más clara y completamente mis propias soluciones y mis fun•
damentos. En estas materias la verdad es militante y no pue-
de establecerse más que por medio del combate. Las opinione~
más opuestas pueden hacer gala de una evidencia plausible
cuando cada una se expone y se explica ella misma; sólo es-
cuchando y comparando lo que ca.da uno puede decir contra
(1) Eeta l"eepuesta forma hoy un capitulo de su libro sobre la. fi.lo:¡o-
tla del descubrimiento.
li PREFAClO ni:: L.\ TERCEllA Y CUARTA EDICIONES

el otro, y lo que ésto puede decir en su defensa, es posible de-


cidir quién tiene razón.
Aun los mismos críticos de los cuales me alei<J más me han
:'.,ido útiles, señtLlándome los sitios en que lu exposición tenia
UP~esidad de ser desarrollada o la argumentación fort.ifica.da.
Hubiera deaeado que el libro hubie9e 8ido más a.taca.do. pues
entonces hubiera podido probablemente mejorarle mucho más
de lo 4ue creo haberlo hecho.

En la presente edición (sexta) he prescindido de una ma-


teria ocasionada. a quejas, que en una época anterior no hu-
biernu podido formularse. Las. doctrinas principal~s de este
tratado son, eu imma, compatibles con una y otru. de las teo-
l'Ías en conflicto sobre la estructura del e1:1piritu hu.mano (la
teoría. ,i priori o intuitiva, y la teoría experimental), bien que
puedan exigir de la primera-más bien <le algunas de sus for•
:.nas-el sacrificio de algunas do sus obra.s exteriores. Me ha-
bía, pues, ab!:llenido, eu lo posible, como ya lo hacia en la In-
t roducción, de llevar la investigación más allá del dominio es-
!l~cial de la Lógica hasta las regiones metafísicas, y me había
1..:ontentado con exponer las doctrinas de la Lógica. en términos
que son propiedad común de la8 dos eseuetas rivales de meta-
fisicos. E sta re~rnrva fué probablemente en los primeros tiem-
pos una recomendación para la. obra; pero llegó un momento
en que algunos lectores estuvieron descontentos de ella. Vien-
do que continuamente la investigación se detenía de pronto
por el motivo de que no podría haber ido más lejos sin entrar
eu una más alta. metafísica, algunos se vieron inclinados a
concluir que el autor no se había atrevido a llevar sus espe-
culaciones en este terreno, y que si en él hubiera. entra.do, pro-
bablementP hubiera llegado a conclusiones diferentes de aque-
l las a que ha llegado en su obra. El lector tiene ahora un me-
dio de juzgar si esto es así. En verdad, me he abstenido casi
absolutamente, como en las ti.nt~riores ediciones, de todR. dis-
cusión sobre las cuestiones metafísicas, por no admitir otro
PREFACIO DE LA TEBOERA Y CUARTA EDICIONES 7

plan, en mi opinión, un tratado de Lógica; pero el lugar de


estas discusiones ha sido llenado por referencias a una obra
publicada recientemente, E~amen 'de la FilORofia de sir Wil-
li.ani Ha-miltont en la. cual se encontrarán las investigaciones
que necesariamente han debido ser evitadas en ésta. En algu-
nos casos, poco numerosos, en que e~to era posible y conve-
niente, como en la última seooión dol capitulo III del segundo
libro, se ha dado el resumen y la substancia de lo establecido
y explicado más extensamente en la otra obra.
Entre las numerosas mejoraa de menos importancia de
esta edición, la. única que merece ser particularmente indica-
da. es la adición de algunos ejemplos nuevos de investigaci6n

inductiva y deductiva, 8ll8ti tuídos a otros que el progreso de
la Oienoia .h a reemplazado o no ha confirmado.

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SISTEMA DE LÓGICA I

IWfRODUCCIÓN

1. Entre los autores encontramos tanta diversidad en la


definición de la Lógica como en la manera de ·tratar sus deta-
lles. Esto es lo que naturalmente debe suceder siempre que en
nn asunto cualquiera los escritores emplean el mismo lenguaje
para expresar ideas diferentes.. Es,ta observación es aplicable
a la Moral y a. la. Jurisprndencia, tant-0 como a la L6gica. Oon-
siderando cada autor dé un modo diverso algunos de los pun-
tos particulares que de estas ramas delaCiencia estánobligados
a tratar, dispone su definición de modo que indica desde lue-
g·o sus propias eolucionee, y algo.nas veces supont, en favor
suyo precisamente aquello mismo que está en litigio.
Esta diversidad no es tanto un mal que }lay.a que deplorar,
como un resultado inevitable, y, hasta cierto punto, natural,
del estado de imperfeoci6n de e.stas ciencie.s. No hay q_u e con-
fiar en ponerse de acuerdo sobre la definición de una cosa an-
tes de haberse puesto de acuerdo sobr~ la cosa misma. Definir
es elegir entre todas las propiedades de una cosa aquellas que
se cree que.deben ser designadas y deola.rada.s por el nombre;
y es preciso que estas propiedadeH nos sean bien conocidas,
para estar en situa.oión de decidir cuales son las que deben con
·p referencia ser escogidas para este fin. En consecuencia, cuan-
do se trata de una masa de hechos particulares tan compleja.
como la que constituye lo que se denomina. una ciencia, la. de-
finici6n que de ella se da es rar a vez la que un conocimiento
10 JUAN STUART MILL

más extenso del asunto podría hacernos considerar como la


m.ejor. Antes de conocer snficientemente los .• chos partícula·
res mismo~, no se puede determin&r el modo más conveniente
de circunscribirlos y condensarlos en una descripción general.
Sólo después de haber adquirido un conocimiento exacto y
extenso de los detalles de los fenómenos químicos se ha juz-
gado posible instituir una definición racional de la Química;
y la definición de la ciencia de la vida y de la organización es
aún objeto de discusiones. Mientras las ciencias son ilnperfec-
tas, las definiciones participarán de sus imperfecciones; y si
las primeras progresan, las segundas progresarán también. Por
consiguiente, todo lo que se puede esperar de una definición
colocada a la cabeza de un estudio, es que determine el fin de
sus investigaciones. La definición de la ciencia lógica que voy
H- presentar no pretende más que exponer la cuestión que yo

me he propuettto a mí mismo y que trato de resolver en este


libro. El lector es libre de no aceptarla. como definición de la
Lógica. pero en todos los casos es la definición exacta del
objet,o de esta obra.
2. La Lógica ha sido llamada frecuentemente el arte de
razonar. Un escritor (l) que ha. hecho más que otro alguno
para volver a colocar eRte estudio en el rango que había per-
dido en le. estimación de las clases cultivarlas de nuestro país,
ha adoptado esta definición, pero con una restricción. Para él
le. Lógica sería la ciencia. al mismo tiempo quo el arte del razo-
namiento, entendiendo por •e l primero de estos términos el aná.-
liHis de la operación mental que tiene lugar cuando razonamos,
y por ~1 segundo las reglas fundadas sobre este análisis para
verificar corractamente la operación. La conveniencia de esta
rectificación no es dudosa. Una noción exacta del procedimien•
to mental, de sus condiciones y de su marcha, es la. única base
posible de un. sistema de reglas destinadas a dirigirle.. El arte
supone necasaria1neute el conocimiento, y, salv-o ~n su estado
de infancia., el conocimiento científico; y si cada arte no lleva
el nombre de una. ciencia, es únicamente porque a veces mu-
chas ciencia.a son necesaria.s para establecer los principios

( 1) El arzobispo Waately.
SISTEIU D~ LóGJOA
11
fundamenta.lee de un solo arte. Las condiciones de la práctica
so~ ~n complicadas, que para hacer q ne una cosa sea f actihle
es 1n~pensable conocer la. naturaleza y las propiedades de un
gran numero de o~ras.
La Lógica, pues, es a la vez la cieucia del razonamiento y
un arte fundado en esta ciencia. Pero la.palabra razonamiento,
como la mayor parte de los términos científicos usualmente
empleados en la lengua común, está llena de ambigüedades.
En una de sus acepciones significa el procedimiento silogístico,
es decir, el modo de inferencia que podría, con una exactitud
aquí suficiente, ser llamado una conclusión de lo general a lo
particular. En otro sentido, razonar significa simplemente in-
ferir una. aserción de aserciones ya admitidas, y, en este sen-
tido, la inducción tiene tantos títulos como las demostraciones
de la. Geometría. para ser considerada ccmo un razonamiento.
Los autores d~ L6gica han preferido generalmente la pri-
mera do estas acepciones; la segunda, más amplia, es la que yo
adoptaré. Lo hago en virtud del derecho que reivindico para
todo autor de dar provisionalm~nte la definición que le place
de su ciencia. Pero creo que avanzando, atJarecerá.n por sí
mismas razones suficisntes para tomarla, no como provisional,
sino como definitiva. En todo ca.so, no lleva consigo ningún
ce.mbio arbittario en la significación del término que yo
oreo, tomado en, su sentido más amplio, se harmoniza mejor
que en su ~entido restringido con el uso general del idioma.
8 . Pero el razonamiento, aun en la aoepoión más extensa
de la palabra, no parece abrazar todo lo que está comprendi-
do en la idea más ó menos justa que de ordinario nos forma-
mos del fiu y de los limites de esta ciencia. La palabra lógi-
ca, empleada para designar la teoría de la argumentación, ~os
viene de los lógicos aristotélicos, o, como se les llama comun-
mente, de los escolásticos. Sin embargo, aun entre ellos la ar-
gumentación no era objeto más ~ ne de la tercera parte de ª':1ª
tratados sistemáticos; los dos primeros trataban de loe térm1;
nos y de las proposiciones, y bajo el uno o el otro de estos t1-
tulos de la de:finieión y de la división. A la verdad, entre al-
guno~ estas dis~nsiones preliminares eran introducidas e~pre-
sa y únicamente a. cansa de su conexi6n con el razonam1euto
12 JUAN 8TUART lllLL

y como una preparaci6n para la doctrina y la.e reglas del silo-


gismo. Sin embargo, eran siempre expuestas con sns más mi-
nuciosos detalles y con mucho más desarrollo que hubiera sido
necesario ei no hubier&n tenido otro fin. Los autores más re-
cientes han entendido generalmente el término como los sa-
bios autores de la Logique de Port-Royal, es decir, como
equivalente al arte de pensar. Y esta acepción no es exclusi-
vamente particular a los libros y a los sabios. Aun en la. con•
versación, las ideas liga.das a la palabra lógica comprend.e n
siempre, por lo menos, la precisión del lenguaje y la exacti-
tud de la olasificaci6n, y quizás se oye más frecuentemente ha-
blar de orden lógico o de ·expresiones lógicamente determina-
das, que de conclusiones lógica.e deducidas de las premisas.
Igualmente, cuando se dice de un hombre que es un gra.n lógi-
co, es menos a causa del rigor de sus deducciones que a causa
de la. extensión de sus recursos para la. invención y la organi-
zacióu de las premisas; más bien porque las proposiciones ge •
nera.les requerida.e para. allanar una. dificultad o para refutar
tl1l sofisma se ofrecen a. él con abundancia y pr<'ntitnd; porque
en fin, su ciencia, al mismo tiempo que es extensa y sólida,
está siempre a sus órdenes para la argumentación. Ya sea que
nos conformemos a. la práctica de aquellos que han hecho de
este asunto un estudio p&rtioula.r, ya se& qt10 sigamos la de lo~
escritores populares y de la lengua común, se encontrará. qua
el dominio de la Lógica comprende muchas operaciones del
espíritu que no entran en la significación usualmente recibida
de las palabras razonamiento y argumentación.
Estas operaciones podria.n,ser introducid88 en la circuns-
cripción de le. Ciencia, y se obtendría. de este modo la ven'taj a
de nna definición muy sencilla si por una extensión del tér-
mino sancionado por grandes autoridades se definiese la Ló-
gica: le. ciencia que trata de las operaciones del entendimie11-
to humano en la investigación de la verdad. Para e~te fin cte-
finitivo, en efec.to, la nomenclatura, la clasificación, la <lefbi-
ción y todos los demás procedimientos sobre los cuales la Ló -
gica ha podido querer f'Xtender su jurisdicción, son esencial-
mente auxiliares naturales. Se les puede considerar a. todos
como instrumentos inventados para poner a una persona en
BISTKKA. DE LÓGICA 13

condiciones de conocer la.s verdades que le son necesarias y


conocerle.sen el momento preciso en que tiene necesidad de
ellas. Estas operaciones sirven también, sin duda, para otros
u::1os; por ejemplo: para comunicar a los demás el conocimien-
to adquirido; pero en consideración a este fin, nunca han sido
comprendidos en el dominio especial del lógico. El único oh•
jeto de la Lógica es la conducción de nuestros pensamientos.
La. comunicación de estos pensamientos pertenecé a otro arte,
la Retórica, entendida en el sentido amplio de los antiguos, o
el arte más extenso aún de la Educación. La L6gica no quie-
re conocer las operaciones intelectuales, sino en cuanto nos
sirven para. adquirir y para manejar y conducir para. nuestro
uso nuestro saber personal. Aunque no hubiera en el Universo
n1ás que an sér racional, este sér podría ser un perfecto lógico,
y la. ciencia y el arte de la. Lógica serían para este único indi-
"iduo lo que son para la raza humana toda entera.
4. Pero si la definición examinada en primer lugar no
contenía. bastante, la que nos es sugerida e.hora tiene el defec-
to opuesto: contiene dema.sia.do.
Las verdades nos son conocidas por dos vías. Algunas lo
son directamente y por sí mismas; otras por el intermediario
de otras verdade9. Las primeras son objetos de intuición o de
conciencia (1), las segundas de inferencia. Estando fllnda-
da nuestra aquiescencia. a una conclusión en la verdad de las
premisas, no podríamos nunca llegar por el razonamiento a
un conocimiento, si no pudiésemos conocer ya alguna cosa
antes de todo razonamiento. '
N ue~t::-a.s sensaciones corporales y nuestras afecciones men-
tales son ejsmplos de verdades inmediatamente conocidas por
la. conciencia. Yo sé directamente y por mí mismo que ayer es-
tuve triste y que hoy tengo hambre. Los hechos que han teni-
do lugar fuera de nuestra. presencia, los acontecimientos na-
rrados por la Historia., los teoremas de las Matemáticas, son.

(1) Empleo indiferentemente estos términos porque para la cuestión


presente no es necesario distinguirlos; pero los metaflsicos restringen
de ordinario la palabra intuición a.l conocimiento directo que suponemos
tener de las cosas exteriores, y el de conciencia al conocimiento de los
fenómenos de nuestro propio espíritu.
14 ,TUAN STUART JllLL

ejemplos de verdades conocid~ solamente por vía de in-


ferencia.. Inferimos le.s dos primeras del atestado de los testi-
gos del hecho o de las huellas que estos acontecimientos han
podido dejar; la última, de latJ premisas establecidas en los
tratados de Geom.etría bajo ~l títnlo de definiciones y axiomas.
Todo lo que somos capaces de conocer debe pertenecer a una.
o a la otra de estas dos ola.ses de verdades: debe ser uno de los
data primitivos o una de las conclusiones que de éstos puede
ser sacada.
En cuanto a, éstos data originales, a estas última!I premisas;
en cuanto al modo de obtenerlas o a los caracteres que nos
las pueden hacer distinguir, la Lógica, considerada como yo la
concibo, no tiene que ocuparse de ellos, por lo ruenos directa-
mente. Estas cuestiones, en parte, no son un objeto de cien-
cia, y en parte pertenecen a una ciencia riiferente.
Pe.re. todo lo que nos es conocido por la Ciencia no hay
posibilidad de duela.. Lo que se ve, lo que se aiente, corporal o
mentalmente, se está necAsariamente seguro de que se ve y de
que se siente. No hay necesidad de ciencia para el estableci-
miento de esta clase de Vf'rdades;. ninguna regla. de .a rte po-
dría hacer nuestro conocimiento más cierto de lo qne es ya
por sí mismo. Para esta parte de nuestro saber no hay Ló-
gica.
Pero puede suceder que creamos ver y sentir lo que en
realidad inferimos. Un conocimiento puede parecer intuitivo
y no ser más que el resultado de una inferencia muy rápida .
Ha largo tiempo que es admitido por ]os filósofos de las es-
cuelas más opuestas que este error tiene lugar en todo mo -
mento en el acto tan familiar de la visión. Es más: ha. sido re-
conocido que lo que es percibido por el ojo no es otra cosa
que una superficie diversamente coloreada; que cuando cree-
mos ver la. distancia, no vemos en realidad más que ciertos
cambios en el tamaño aparente de los objetos y los grados de
debilitamiento de su color; que la estimaci~ón que ha.cemo~ dtl
la distancia de los objetos es ..en parte el resultado de una in·
ferencia muy rápida, fu.ndada en las sensaciones musculares
lígaua.s a la adaptación de la distancia focal del ojo, a los ob-
jetos más o menos alejados de nosotros, y, en parte, de una
SISTEMA DE LÓGICA ló

comparación (tan rá.pidamente hecha que no tenemos ooncien•


cia de la operación) entre la. dimensión y el color aparentes de
un objeto o de objetos semejantes, tales como aparecen cuan.-
do están muy cerca, o a un grs.do de aleja.miento comprobado
de cualquier otro modo. La.. percepción de la distancia. por el
ojo, que tanto se parece a una,intuición, es, por consiga.ient.e,
de hecho 1 una simple inferencia basa.da en la experiencia., in-
ferencia que aprendemos a hacer, y que hacemos, en efecto, a.
medida que tenemos m&.S experiencia; bien que en los casos
ordinarios se haga rápidamente, hasta el punto de ºparecer
idéntica a las percepciones racione.les intuitivas de la vist& (la
percepción del color) (1).
¿Es, pneJJ, un punto esencial de la ciencia.. que trata de las
operaciones del entendimiento humano en la investigación de
la verdad, el averiguar cuáles son los hechos objetos directos
de la. intuición y de la conciencia. y oúáles son los de la sim•
ple inferencia? Esta investigaci6n no ha sido jamás oqnsi-:-
derada como una parte de la. Lógica. Su lugar está en otra
rama de la ciencia mental completamente diferente, a la cual
conviene más parti~ularmente el nombre de Metafisica, y que
tiene por objeto determinar lo que e11 el conocimiento perte-
nece ,propia y originalmente al espíritu, y lo que en él es cons•
traído can materia.les tra.idos de fuera. A esta. oienoia. es a la
que corresponden las altas cuestiones tan debatidas de la
existencia de la materia. y de la del espíritu y de su d¡tinci6n;
de la realidad del espacio y del tiempo, en cuanto cd'sas exis-
tentes fuera del espiritu y fuera. de los objetos que se dicen
existir en ellos. En el estado presente de la discusión de estas
cuestiones es casi universalmente admitido que la existencia
de la materia o del espíritu, del tiempo y del espacio, es abso-
luta.mente indemostrable; y que si sabemos algo de ello, debe

(l) Esta importante teoría. ha sido recientemente comprobada por un


oac.ritor de reputación merecida, Mr. Samuel Bailey; pero yo no creo que
estas objeciones hayan quebrantado en nada los ·fundamentos de una.
doctrina reconóeida como verdadera desde hace un siglo. En otro lugar
expongo lo que me ha. parecido necesario para responder a estos argu-
mentoa.-Westmin8ter Review, Oétubre 1842, reimpr'eso en las Diserta•
eiones y diacus iones, t. 11.
16 JUAN STUART WILL

Ber por une. intuición inmediata. A la misma ciencia. corres-


ponde también el estudio de la concepción, de la percepción,
de la memoria., y de la crt\encia; operaciones intelectuales to-
dA.S en el ejercicio de la investigación de la verdad. Pero el ló-
gico, en cuanto lógico, no tiene por qué preocuparse ni de eu
na.tura.laza como fenómenos del espíritu, ni de la posibilida.d e
imposibilidad de resol ver algunas de ellas en fenómenos más
simples. A esta ciencia. deben también ser relegadas las cues-
tiones siguientes y otTas análogas: hasta qué punto nuestras
facnltade·s intelectuales y morales son innatas y hasta qué
punto son resultado de la. asociación. Si Dios y el deber son
realidades cuya existencia no es revelada. a priori por le. cons-
titución de nuestra facultad racional, o si las ideas que de ellas
tenemos son nociones adquiridas cuyo origen y formaci6n se
pueden explicar; y si la realidad de estos objetos mismos nos
es revelada no en la conciencia y en la intuición, sino por la
prueba y el razonamiento.
El dominio de la. Lógica. debe restringirse a esa parte del
conocimiento que ee compone de consecuencias sacadas de
verdades anteriormente conocidas, que estos data antecedentes
sean proposiciones generales u observaciones y percepciones
p&rticnle.res. La Lógica. no es la ciencia de la creencia, sino de
la prueba. Cuando una creencia pretende ser fundada en prue•
bas, el oficio propio de la Lógica es suministrar una piedra de
toque para veriñca.r la solidez de estos fundamentos. En cuan-
to a los títulos que una proposición puede tener a le. creencia.
en la prueba única de la. conciencia (es decir, en sentido rigu-
Toso, sin prueba), 1~ L6gica no tiene nada que ver en ello.
6. La mayor parte de nuestro conocimiento, tanto de las
-verdades generales como de los hechos particulares, consiste
notoriamente en inferencias, por lo que es evidente que la
ca.si totalidad, no sola.mente de la ciencia, sino también de la
,conducta humana, está sometida a la. autoridad de la Lógica.
Sacar consecuencias es, como se ha dicho, la gran ocupación
de la vida. Ca.da día, a todas horas, en ca.da instante tenemos
·necesidad de comprobar hecho.s que no hemos observado di-
rectamente, no con el fin de aumentar la. suma de nuestros co-
11ocimientos, sino porque estos hechos tienen por sí mismos
SISTBH.A DE LÓGICA 17

importancia para nuestros intereses u ocupaciones. La. tarea


del magistrado, del general, del navegante, del médico, del
agricultor es aprecia.r la.e razones de creer y de obrar en con-
secuencia. Todos tienen que cerciorarse de ciertos hechos, para
lu.ego aplicar ciertas reglas de conducta imagina.das por ellos
mismos o prescriptas por otros; y según lo hacen bien o mal,
realizan bien o mal su misión. Esta es la única ocu pa.ción en
la cual no cesa un momento el espíritu. Pertenece al conoci-
miento en general y no a la Lógica.
La Lógica, sin embargo, no es lo mismo que el conocimien-
to, aunque en campo sea tan ex.tenso. La. Lógica es el juez co-
mún y el árbitro de todae las investigaciones particulares. No
trata de encontrar la prueba, sino que decide de si ha sido
hallada. La Lógica no observa, no inventa., no descubre; jt1zga.
No es la Lógica la que le enseña al médico cuáles son los signos
de una muerte violenta; debe aprenderlo por su propia expe-
riencia o por la de aquellos que antes de él se entregaron a.
este particular estudio. Pero la L6gica juzga y decide ei esta.
experiencia garantiza. suficientemente sus regle.a, y si sus re-
glas justifican suficientemente su práctica. La L6gica no le su-
ministra. las pruebas, pero le enseña cómo y por qué son prue-
bas y el medio de apreciar su valor. No demuestra que tal
hecho particular prnebe este otro, sino que indica las condi-
ciones generales bajo las cuales los hechos pueden probarotros
hechos, En cuanto a decidir si un heoho dado llena estas con.
diciones o si puede haber hechos que las llenen en un caso
da.do, esto se refiere exclusiva.mente a la ciéncia o al arts inte-
resados en esta investigación,
En este sentido es en el que le. Lógica es, como tan bien
dijo Bacont a·rs artium, la. ciencia de la ciencia. Toda ciencia
se compone de data y de conclusiones sacadas de estos data,
de pruebas y de cosas probadas, Ahora bien: la Lógica enseña
qué relación debe existir entre los data y la conclusión, cual-
quiera que sea, que pueda sacarse de ella, entre la. prueba. y la
cosa a probar. Si estas relaciones necesarias existen y si pue-
den ser determinadas con precisión, cada. ciencia en su inves-
tigación, como cada hombre en ~u conducta, están obligados
a conformarse e. ella., bajo pena de llegar a falsa.e inferencias
2
18 JUAN STUART MILL

y a formular conclusiones que no están fundadas en la reali-


dad de las cosas. Toda concluei6n justa, todo conocimiento no
intuitivo, dependen de la. observancia de las leyes establecidas
por la lógica. Si las conclusiones son rigurosas, si el conoci-
miento es real, eo que estas leyes, conocidas o no, han sido
observadas.
6. Podemos, pues, sin ir más lejos, resolver la cuestión tan
agitada de la utilidad dela Lógica. Si hay o si pnede haber una.
ciencia. lógica, esta ciencia. debe ser útil. Si hay reglas que
todo espíritu, con o sin conciencia, signe necesariamente siem-
pre que razona juet&mente, no hay necesidad, a lo que parece,
de investigar si es más probable que se sigan estas leyes cuan-
do se las conoce que cuando no se las co:noce.
Una ciencia. puede, sin duda, progresar y alcanzar un alto
grado de perfección sin el socorro de más lógica. que la que
adquiere empírica.mente en el curso de sus estndios todo hom•
bre dotado, como se suele decir, de w1 entendimiento sano.
Los hombres juzgaban de la. verdad de las cosas, y frecuente-
mente con justicia, antes de que la Lógica fuese una ciencia
constituida, pues sin esto no habrían podido nunca hsi,cer de
eHa una ciencia. Del mismo modo ejecuta.han grandes trabajos
mecánicos antes de conocer las leyes de la Mecánica. Pero hay
limites en las fücul tades de los mecánicos que no poseen los
principios de la Mecánica y en las facultades de los pensado-
res que no poseen los principios de la Lógica. Algunos indivi-
duos, gracias a uu genio extraordinario, o a la adquisición ac-
cidental de un bnen fondo de hábitos intelectuales, pueden,
sin principios, marchar completamente o ca.si completamente
por el ca.mino que hubieran seguido si poseyesen principios.
Pero la masa tiene necesidad de conocer la teoría. de lo que
hace o de couocet" las reglas sentadas por los que la. conocen
En la marcha. progresiv& de la ciencia., de sus problemas más
fáciles a los más dificiles, cada gran paso adelante tuvo siem ..
pre por antecedente o por condición y acomp&fi&miento nece•
sa.rios un progreso correspondiente en las nociones y los prin-
cipios de la Lógica admitidos por los pensadores más avanza-
dos; y si muchas ciencias más difíciles son aún tan defectuosas,
si en esta.e ciencias hay tan poco probado, y si se disputa siem-
SITElCA DE· LÓGICA H>

pre sobre aquello que parece estarlo, la razón es quizás que la~
nociones lógicas no han adquirido el grado de extensión o de
exactitud necesarios para la. justa apreoiación de la evidencia
propia de estas ramas del conocimiento.
7. La Lógica, pues, es la ciencia de las operaciones inte-
lectuales que sirven para la estimación de la prueba, es decir,
a. la vez del procedimiento general consistente en ir de lo co •
nocido a lo desconocido, y de las demás operaciones del espí-
ritu en cuanto auxiliares de éste. Comprende, por consecuencia,
la operación de nombrar, pues el lenguaje es un instro.mentci
que nos sirve tanto para pensar como para comunicar nuestros
pensamientos. CoJIJpreo.de también la. definición y la clasifica-
ción, pues estas operaciones (dejando a. un lado todos los de-
más espirit118 que no son el nuestro) nos fiirven, no sola.mentr
para hacer estables y permanentes y siempre disponibles en
la memoria nuestras pn1ebas y conclusiones1 sino también
para clasificar los hechos que podamos tener que buscar en
cu&1quier momento, para hacernos percibir más claramente su
prueba y juzgar con menos probabilidades de error si es sufi-
ciente o no. Todas estas operaciones son, pues, especialmentt-
instromentales pa.ra la estimación de la. prueba, y como tale:--
forman parte de la Lógica. Hay t.ambién otrmi procedimien-
tos más elementales que se ejercitan en todo pensamiento ,
como la. concepción, la. memoria, etc ... pero la Lógica no tien0
necesidad de hacer de ellos un estudio especial, porque rn•
tienen con el problema de la prueba ninguna. conexión partí-
/

cular, y, más que esto, porque est-e problema, así como todo:-;
los demás, los presupone.
Nuestro objeto, por consiguiente, será hacer un análisis
exacto del procedimiento intele,c tual que se llama razona.mien-
to o inferencia, así como de las di versas operaciones mentale;..
que le facilita.u; y al mismo tiempo, y parí paasu, establecer y
fundar sobre este análisis un cuerpo de reglas o cánones para
certificar la validez de toda prueba de una proposición dada.
Para. la eject1ción de la primera parte de esta tarea no en·
tiendo que se deben descomponer las operaciones mentale.s
en su8 últimos elementos. Bastará que el análisis, tan lejos
como vaya, sea exacto, y que vaya lo bastan.te lejos para las
20 JllAN S'IUART JULI~

aplicaciones prácticas de la Lógica, considerada como un arte.


No tmced" con la descomposición de un fenómeno complejo en
sUB partes conR"titnyentes como con el análisis de una serie de
• pruebAA encacleua.das la una a la otra y solidarias. Si un esla-
bón dc~l r1tz<Jna.wie uto se rom~, t,odo el resto cae por tierra;
rnientru.s yue uu resultado cualquiera de un análisis de fcnó-
meno8 es licit o y con@erva un valor indepondiente aun cuando
no podnmoij ciar nn paso más. Aunque lleguemos a descubrir
q tw Ias sub~t a ncias que se llaman simples, son e n realidad com-
puesta~, e l , R.lor de los reBUl tados obtenidos por el análisis
químico no ~ufrirá dismiuucióu por ello. Se sabe que en fin de
cuen t ai; todn:, las demás cosas están formadas de estos elemen-
tos. tiue osto,.. olementoR mismos sean descomponibles, es otra
cue:st it'.tn, siu Juda. muy importante, pero cuya solución no
pne<le alterar eu nada l& certidumbre de la. Ciencia hasta este
punto.
tl.ualizar¿, pues, el procedimiento de inferencia y las ope-
racionett sttbRidiarias sol&mente en cuanto sea necesario para
establecer y de terminar Lien la diferencia de su aplicación,
según que SPlL. l!OlTect.a ú incorrecta. La razón de esta. limita-
ci6u do nuestro &~tudio es evidente. Se objeta de ordiuario a
la L úgica que no es estudiando Anatomía como aprendemos
nosotros n servirnos de los músculos; ejemplo, por lo demás,
bastante mal escogido, pues s i la acción de algunos de nues-
tos rnúseulos as pert.urLada por una debilidad local o cualquier
otra alteración fisica, el conocimiento de la Anatomía podría
1
ser muy llt-i l para le. in vestigacióu del remedio. Pero esta.ria-
mos justamente expuestos a esta crítica si en un trata.do de
Lógica per~iguiéramos el análisis del razonamiento más allá
del punto en que un e rror deslizado debe ser visible. Al a.pren-
der los ejercicios del euerpo ( para seguir el mismo ejemplo),
analizamos y debemos analizar los movimientos en cuanto es
necesario para cüstinguir los que deben ser ejecutados de los
que no deben serlo. Hasta aquí y no más allá debe llevar el
lógico i:,J análisis del procedimiento de que la. Lógica se ocupa.
La Lógica uo tiene ningún interés et1 llevar el análisis más allá
del punto en quo se hace manifiesto quE.'I las operaciones han
sido, on un oaso dado, bien o mal ejecutadas, del mismo modo
SISTEllA DE .LÓOICA 21
que la ciencia. de la Música nos enseüa a, distinguir los tonos y
a conocer las combinaciones de que son susceptibles, pero no
cuál es en cada uno el número de vibraciones por segundo; lo
que, sin duda, es útil saber, pero para un fin completamente
distinto. La extensión de la Lógica. como ciencia es d~termina-
da. por ,ms necesidades como arte; todo aquello d~ que no tiene
necesidad para sus fines prácticos lo deja a. una ciencia más
vasta que no corresponde a. ningún arte particular, sino en cier-
to modo al arte en general, a la ciencia que trata. de la constitu•
ción de las facultades humé.nas y a. la cual corresponde determi •
na.r,respecto de la Lógica, comorespecto de todol!J los demás la-
dos de nuestra naturaleza. mental, cuáles son los hechos primi-
tivos y cuáles son loe hechos reductibles a otros. Se encontrará,
yo creo, en esta. obra, que la mayor parte de la.a conclusiones a
que se ha llegado no tiene conexión necesaria con ninguna
mira particular relativa a este análisis ulterior. La Lógica. es el
terreno común en el cn&l los partidarios de Hiutley y de Reid,
de Locke y de Kant pueden encontrarse y darse la mano. Po-
demos, sin duda, tener la ocasión de diseutir ciertas opiniones
sueltas de estos :filósofos, puesto que todos ellos era.o lógicbB
tanto como metafisicos; pero ei campo en que se han librado
sus principales batallas está más allá. de las fronteras de nues-
tra ciencia.
No se puede pretender en verdad que los principios lógi-
cos sean completa.mente extraños a estas dis·cusiouas más abs-
tractas. La·idea _p articular que, nos podam,oe formar del pro-
blema de la Lógica no puede dej e.r de tener uua tendencia. fa-
vorable a la adopción de una opinión o de otra. sobre estos ob-
jetos controvertidos, pues la Metaflsica, al tratar de resolver
su propio problema debe emplear medios cuya validez es jus-
ticiable por la Lógica. Sin duda ella procede a.nte todo por la
interroga.ci6n atenta y severa de la conciencia, o más biend e
la. memoria, y basta allí esca. pa a la Lógica. Pero cuando se
ve que este método es insnficiente para hacerla alcanzar el 611
de sus investigaciones, debe avanzar como las otras ciencias
por vía de probanza.
Ahora bien: desde el momento en que esta ciencia co-
mienza a sacar conclusiones, la Lógica es el juez sobera.-
22 JUAN STUABT MILL

no que decide si estas conclusiones son justas o cuáles otras


lo serian.
Esto, sin embargo, no establece entre la Lógica y la Meta-
fir:Jica otra relación ni más estrech~ que la. que, existe entre la
Lógica y todas las demá.s ciencias, y puedo sinceramente afir-
mar que no hay en esta obra una sola, proposición adoptada.
con la mira de establecer o de a.poyar, directa o indirecta-
mente, opiniones preconcebidas en una de esas ramas de loe
conocimientos respecto de los cuales el mundo filosófico está
aún en suspenso (1).

(1) Estas opiniones sobre la definición y el fin de la Lógica. están en


completa oposición con las de una escuela filosófica que en Inglaterra está
r&presentada por las obras de eir Willinm Ha.milton y de su.a numerosJs
alumnos. La Lbgica para est-a escuela es «la ciencia de la.., leyes formales
del pensamiento>, definición hecha expresa.mente para exeluir, como ex•
traílo e. la L6gica, todo lo que se .refiere a la creencia. y a la no creencia,
es decir, la investigación de la verdad como tal~ y para reducir la L6gi-
e& a esta porciéSn restringida de su dominio, que se refiere a las condicio-
nes, no de la verdad, :tino de la consecuencia(•). Lo que yo he querido
Jet-ter decir contra. eata limitación del dominio de la Lógica está expues•
to con a'guna extensión en otra obra publicada. en 1865, que lleva por
titulo Exame11, de la fllasofia dt sir WiUiam Hamilton y de la.lJ princi-
pa.le11 C'lU8ti<ni~, filos6fica8 discutidas en sus escritos. Por lo que se refie-
re al objeto del presente tratado, basta que la extensión mayor que yo
,loy a la Lógica el!téjustificada por el tratado mismo. Se encontrará por
lo demás, en este volumen (lib. II, cap. III, § 9) algunas observaciones
sobre la relación de la lógica.de la consecuencia con la lógica de la ver-
dad, y sobre el lugar de esta parte de la. ciencia en el todo a que per-
tenece.

(•) Ea deoir; 110 del aonerd• del penaamieato oon la coea. 1Jno del a:ouerdo del ¡,en-
1amiento oonaig~ miamo.
LIBRO PRIMERO

DE LOS NOMBRES Y DE LAS PROPOSICIONES

cLa Metaftaica introdujo en la.Lógica,


en la Moral y en una parte de la Meta-
fi.aica, una sutileza, una precisión de
ideas, ouyo hábito, deeconocido de los
a.ntiguoe, ba contribuido más de lo que
se cree al progreso ele la Filoeotla.»-
CoNDORCJDT: Vida de Tu rgot.
«A los escolásticos deben las lenguas
modernas una gran parte de 111 preci-
sión y de su sutileza analltica.>-SIR
W1u.u.11 IIAlllLTOM: Discmi<mU sobre
I

la F'iloaoffa.