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De mi vida scout

Vivencias en el Escultismo de Tenerife


desde 1961 hasta 1980

Tomás de Armas Schmölzer


A Carmen Pilar, paciente amiga,
valerosa compañera, amante esposa.

“No niegues un beneficio al que lo necesita,


siempre que en tu poder esté el hacérselo”.
La Biblia - Proverbios 3,27.

“Somos la memoria que tenemos


y la responsabilidad que asumimos.
Sin memoria no existimos;
sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”.
José Saramago.

“De poco sirve el conocimiento sin sabiduría,


no hay sabiduría sin espiritualidad,
y la verdadera espiritualidad incluye siempre
el servicio a los demás”.
Pensamiento budista.

“... andaremos por los montes, por las selvas y


por los prados, cantando aquí, endechando allí,
bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes...”
Miguel de Cervantes, en “Don Quijote”.

“Facilitar una buena acción es lo mismo que hacerla”.


Mahoma.
PROLOGO
DE SINESIO DOMINGUEZ

No puedo prologar un libro de Tomás de Ar-


mas Schmölzer, Tommy para muchas personas y pa-
ra mí decididamente también, sin referirme a él, casi
exclusivamente, y no al libro. Tommy es de esas per-
sonas que están tocadas por la varita mágica de la
buena mezcla, que no es otra cosa que unas dosis
precisas de honor y humanismo, unas porciones muy
bien medidas a partes iguales de bondad y amistad y
una pizca de técnica, apenas un toque a gusto de ca-
da cual. Todo ello ha de ser bañado con una salsa de
hierbas de humor, buen hacer y, desde luego, nada
de maldad porque no encajaría en esta receta.
Cuando conocí a Tommy tendríamos escasa-
mente siete u ocho años y, con esa curiosidad casi in-
sana de los niños, nos daba risa que no se enterara
de lo que hablábamos ni de lo que le decíamos, tal
era la distancia entre su inglés natal y nuestro espa-
ñol. A los cuatro meses ya hablaba perfectamente es-
pañol, al menos lo perfectamente necesario para
haberse hecho amigo de todos los compañeros del
colegio.
No he sabido hasta hoy, porque lo daba tan
por sentado, todo lo bueno que ha significado Tommy
en mi vida. Desde los tiempos, ya inmemoriales, de la
Peña Excursionista VI de Enero, PEVIE, en la que fue
persona clave para su unión y crucial para su funcio-
namiento, hasta hoy que salimos a pasear juntos y en
compañía de nuestras respectivas señoras y de otras
parejas de la Peña, que con ese nombre nos recono-
cen aún los amigos de aquel entonces. Y, ¡cosa cu-
riosa!, no se sorprenden, que pudieran muy bien sor-
prenderse dado los años transcurridos, de que siga-
mos estando juntos.
Tommy es una persona exenta de maldad y,
además, soslaya y disculpa a quien la pueda tener de
una manera sinuosamente embellecedora. Si durante
nuestros paseos en su coche, que él conduce con esa
flema británica que le es innata, alguien de otro co-
che, exasperado por alguna mala o lenta maniobra
nuestra, nos toca el claxon, Tommy no piensa que
ese tocador de bocinas es una persona maleducada.
No. Tommy piensa que es algún amigo, algún conoci-
do que nos saluda. Para no ser cruel con él y decirle
que ha hecho alguna maniobra rara y por eso nos han
tocado la bocina, le sigo la corriente y le comento: “Me
pareció, por la cara, que era tal o cual amigo”. Él lo
entiende mejor que yo, porque es más prudente, y pa-
ra que yo me dé cuenta de que él no se traga mi ex-
cusa, que es para su bien, me contesta: “Tal o cual no
debe ser, porque ese no es su coche”, con lo que me
está diciendo que, aún a sabiendas de que alguien
nos ha increpado, hay que pasarlo por alto.
Tommy es un sabio, al que quiero más que a
un hermano. ¿Y del libro? ¡Me olvidaba!
¿Y quién no se olvida del libro hablando de
Tommy?

Sinesio Domínguez Suria.


P R O L O G O
DE AGUSTIN GUIMERA

En recuerdo de Ramón, Walter y Finky,


con la alegría de haber compartido
muchos ratos inolvidables.

El otro día desempolvé el álbum de mi etapa


scout. En aquellas fotografías se encerraba una dé-
cada feliz de mi vida y de sus páginas surgían un
montón de amigos y experiencias. A dos mil kilóme-
tros de mi isla, mi imaginación volaba de pronto hacia
aquel fuego de campamento en Vilaflor, con treinta
niños cantando el “Oro Negro” bajo la dirección de
Tommy. Aquel joven, con apellido extranjero y pelo
corto que tiraba a colorado, se había convertido en
nuestro líder hacía pocos meses.
El escultismo había supuesto para nosotros la
puerta mágica de un jardín como el de Alicia. En el
Santa Cruz de mediados de los sesenta no había de-
masiadas alternativas de expansión, como no fuesen
las excursiones colegiales, el deporte escolar, algún
remojón en el mar, los boliches en la calle y la OJE.
Pero esta última organización juvenil simbolizaba un
régimen político al que muchos padres, de raigambre
liberal, miraban con suspicacia. La fundación de un
grupo scout en las Escuelas Pías trataba de llenar un
tanto este vacío.
Con las espaldas guardadas por los curas y un
comité de padres – donde figuraban personas respe-
tadas por las autoridades --, unos jóvenes voluntario-
sos intentaban ofrecer a estos chicos una particular
visión del mundo. Tommy fue uno de estos scouters
comprometidos. Mediante una paciencia infinita y la
dedicación de algunos colaboradores, nos descubrió
una isla recóndita, el placer de la aventura y un hori-
zonte cosmopolita.
El olor a cuero me sigue recordando aquellos
uniformes y ceremonias entrañables, donde se reafir-
maba nuestro sentimiento de pertenecer a una her-
mandad mundial, nuestro espíritu de servicio a los
demás. La sequedad del pinar de Guadarrama y el
aroma de la tierra mojada me transportan todavía a
los montes de mi tierra donde experimentábamos frío,
calor, sed, cansancio y alegría durante aquellas
acampadas con Tommy. No sólo nos enseñó los nu-
dos, el morse o la orientación sino, lo más importante,
nos ayudó a forjar una personalidad, un talante distin-
to. A la manera de una esponja absorbimos conoci-
mientos y actitudes.
Nos mostró el camino para ser independientes.
Fuimos sin saberlo ecologistas avant-la-letre y apren-
dices del compromiso social. Una especie de fuerza
interior, destinada a la futura mejora de nuestro entor-
no y la lucha contra la injusticia, se nos quedó graba-
da en el mapa de nuestra adolescencia como si se
tratase de aquella carta estelar que estudiábamos a la
luz de una linterna.
Quizás el escultismo haya perdido algo de
atractivo en relación al enorme abanico de posibilida-
des de ocio, formación y cooperación humanitaria que
ofrece nuestra sociedad actual. Quizás nos asalte una
sonrisa al rememorar algunas consignas y valores de
un tiempo distinto. Pero creo que lo esencial de aquel
mensaje permanece incólume.
Fuimos afortunados al contar con un líder co-
mo Tommy en un momento crucial de nuestras vidas.
El legado de aquellos años inolvidables ha creado la-
zos de amistad que aún perviven entre nosotros. Y
todo ello se lo debemos a Tommy y a los demás que
nos guiaron por aquel sendero.
Las páginas que siguen evocan muy bien una
época y un estilo de vida diferentes, pero cargados de
ilusiones. Y en este libro Tommy da fe notarial de
aquellos años ofreciéndonos una información muy
completa. Reseña los nombres sonoros de aquellas
unidades de lobatos, scouts y escultas, que evocaban
una isla primigenia, la Arcadia literaria de los guan-
ches. El autor pasa lista también a aquella pléyade de
jóvenes jefes y padres que sacrificaron mucho tiempo
libre al escultismo. ¡Cuantas cosas hicimos! ¡Cuanto
entusiasmo vertimos en aquellas marchas y acampa-
das, en aquellas reuniones de los sábados en el lo-
cal! Muchísimos niños y adolescentes de Santa Cruz
somos en parte deudores de aquel ambiente excep-
cional. Ojalá podamos contar con otros libros como el
que se nos ofrece aquí, para seguir reconstruyendo
nuestra pequeña historia.
Cuando me asalta la nostalgia me adentro en
alguna vereda de Navacerrada con la esperanza de
captar en el silencio del bosque las voces de aquellos
niños y su jefe scout, donde el pasado revive en otra
persona, en un adulto afortunado.
¡Buena caza!

Agustín Guimerá.
Madrid, Abril 2000.
EXPLICACION DEL AUTOR

Decía Oscar Wilde que para escribir solo se


necesitaban dos condiciones: tener algo que contar y
contarlo. Hace mucho tiempo que pensé en escribir la
historia de los primeros años del Grupo Scout 7 “Ze-
bensui”, nacido de la fusión del veterano Grupo “Gran
Tinerfe” con el más joven y efímero Grupo “Anaga”.
Una historia creo que prácticamente desconocida pa-
ra la mayoría de los actuales componentes del Grupo.
Siempre me proponía hacerlo ya y siempre
surgía algo que me obligaba a posponer para más
adelante este trabajo. Durante este tiempo algunos
antiguos componentes del Grupo hemos escrito pe-
queñas reseñas, indicando los hechos más destaca-
bles del acontecer del Grupo cada año de su vida.
Otros nos habíamos comprometido a escribir esta his-
toria en serio pero, por unas razones o por otras, nun-
ca lo hacíamos. Y así han ido transcurriendo los
años…
Pero algo me ha hecho decidirme ahora y sa-
car el tiempo necesario de donde haga falta. Creo que
ese algo ha sido ver como, en febrero de 1999, co-
menzaban a caer bajo la piqueta los viejos muros del
que fue nuestro “Local” de siempre, nuestro Local de
tantos años, nuestra pequeña casa de la calle Ramón
y Cajal. Al menos el local de aquellos que vivimos el
Grupo en los casi treinta años transcurridos desde
1968 hasta ya mediados los años 90 y por el que, ló-
gicamente, sólo podemos sentir especial cariño quie-
nes lo ocupamos alguna vez. A nuestro viejo y destar-
talado Local le ha llegado la hora del derribo y segu-
ramente la pequeña casa terrera será sustituida por
un nuevo edificio de varios pisos.
Así es la vida y no nos queda más remedio
que aceptarlo, pero nadie puede negarnos el derecho
a nuestros recuerdos, a la nostalgia por “nuestro Lo-
cal”. Estoy seguro que, a partir de ahora, cada vez
que pasemos por donde estaba situado, tendremos
un breve y entrañable recuerdo para él.
Puesto a escribir la historia del Grupo “Zeben-
sui”, pronto me di cuenta que era algo imposible para
una sola persona pues, aunque los hechos siempre
son los hechos, la óptica bajo la que se los ve es dife-
rente en cada individuo. Al final iba a resultar “mi” his-
toria del Grupo y por ello mismo parcial e incompleta.
Así que me he decidido a escribir, efectiva-
mente, mi paso por el Escultismo activo, desde mi in-
greso en 1961 hasta mi retirada definitiva en 1980. Y
al ser uno de los fundadores del Grupo, estoy narran-
do igualmente lo que para mí y según mis recuerdos
resulta más destacado de su historia hasta el momen-
to en que lo dejo en otras manos. Naturalmente,
siempre queda abierta la posibilidad de que otros
completen o corrijan mi relato.
También me refiero a las actividades y aconte-
cimientos más destacados, sucedidos durante mi pa-
so por la Comisaría de Zona, con lo que completo mi
historia.
Espero que quienes me lean y observen erro-
res o la falta de datos o hechos importantes me lo
comuniquen, para hacer las pertinentes correcciones.
O bien que escriban su parte, y así lograr entre todos
que la historia del Escultismo en Tenerife en los años
a los que hago referencia sea lo más completa y obje-
tiva posible.
Los hechos sucedidos en los años posteriores
a mi marcha, tanto del Grupo como de la Zona, debe-
rán ser contados por quienes los vivieron de cerca, a
lo que desde estas páginas les animo de todo cora-
zón.
Tenerife, febrero de 1999.
AGRADECIMIENTOS

Esta narración hubiera sido imposible sin la


ayuda de Oscar Bennasar González, quien ha suplido
parte de mi conocida y ya proverbial mala memoria,
ordenando cronológicamente algunos hechos que yo
recordaba pero no situaba adecuadamente.
Tanto a él como a Octavio Armada Vernetta,
Luis Alberto Arnay de Armas, Alberto García Rojas,
Agustín Guimerá Ravina, José Carlos Marrero Gonzá-
lez, Fernando Martín Álvarez y al Padre Fidencio Pe-
ña Vicario debo el que me hayan recordado sucesos
interesantes de aquellos años.
También he recibido una importante ayuda de
mi esposa, Carmen Pilar Castro Hernández, tanto por
los recuerdos compartidos como por sus ideas para
obtener datos y fechas.
Sinesio Domínguez Suria y Agustín Guimerá
Ravina me han prologado este libro y a ambos, en un
exceso de cariño, lo único que les ha faltado ha sido
proponer mi beatificación. Yo sabía que me arriesga-
ba a eso. Ellos saben que su amistad y afecto son co-
rrespondidos.
Diego Hidalgo Willis y Armando Sigut Carrace-
do me han ayudado técnicamente a dar forma a este
libro, recomponiendo alguna de mis torpezas frente al
ordenador.
En fin, alguno de mis antiguos scouts y de los
scouters con los que compartí responsabilidades du-
rante esos años, enterados de mi trabajo, me han
aportado sugerencias y ánimos.
A todos, mi gratitud y mi cariño.
UNA INTRODUCCION NECESARIA

Yo soy “de la Peña”. En ella adquirí una parte


importante de lo que soy.
La Peña, cuyo nombre completo es el de Peña
Excursionista “VI de Enero”, también conocida por sus
siglas: PEVIE. Nombre que incluye una fecha llena
de ilusión y de felicidad para niños y jóvenes de cual-
quier edad y que para nosotros, sus integrantes, sim-
boliza precisamente eso: ilusión y felicidad.
La Peña constituyó un grupo singular, tanto
por su esencia como por su propia creación. En lo
primero, porque su actividad principal fue -- y sigue
siendo, en ocasiones -- la de caminar por montañas,
valles y barrancos, por las tierras todas de nuestras
islas. Una actividad a la que hoy podríamos darle el
nombre de senderismo y en ocasiones hasta de tree-
king pero que entonces no tenía ninguna denomina-
ción específica salvo, tal vez, la de excursionistas,
como refleja el nombre de nuestra Peña. No éramos
exactamente montañeros ni tampoco escaladores.
Nuestra meta nunca fue llegar a lo alto de ninguna
montaña ni hacer el camino más difícil o arriesgado.
De hecho, sólo éramos unos caminantes que disfru-
taban del esfuerzo de la caminata, de la voluptuosi-
dad del descanso, del espectáculo de los paisajes, de
sentirnos libres en medio de lo que la Naturaleza nos
ofrecía, de montar nuestras tiendas exactamente
donde nos daba la gana -- siempre, eso sí, con el
permiso de los propietarios --, de encender nuestras
fogatas sin más límites que nuestra responsabilidad y
sentido común. Eso de caminar por los montes aún no
estaba de moda y éramos muy pocos los que lo prac-
ticábamos en nuestra tierra. De hecho, en más de una
ocasión se nos preguntó, en pequeños pueblos de
nuestras islas, que cuánto nos pagaban por caminar
por ahí. Y no podían entender que lo hiciéramos por el
simple gusto de hacerlo.
En lo segundo, la Peña fue singular por haber
sido el único colectivo independiente y permanente
creado en el seno de una juventud escolar muy en-
corsetada y dirigida, la de un colegio de curas de fina-
les de los años 50 del siglo XX, en la que las activida-
des lúdicas se limitaban a los tradicionales deportes,
como el fútbol, el baloncesto, el voleybol y, como ex-
cepción, algo de atletismo. La Peña la constituimos
diez muchachos de entre doce y trece años, siete de
los cuales éramos alumnos del colegio de las Escue-
las Pías, del “Quisisana” y que, sin ninguna dirección
por parte de nadie, nos dedicábamos a una actividad
deportiva poco usual. Y esta circunstancia hizo que la
Peña fuese popular en el colegio. Al fin y al cabo, y
como ya dije, era un grupo constituido al margen de la
disciplina escolar, totalmente independiente, y que en
todos los años de vida colegial se nos conoció a no-
sotros, sus integrantes, como un equipo sólido y muy
unido. Además, en alguna de nuestras excursiones
admitíamos la compañía de compañeros del colegio o
de amigos, lo que hizo que se nos conociera aún
más.
Aún hoy, entre nuestros antiguos compañeros,
se nos sigue conociendo como “La Peña”.
Con la Peña pasé de la infancia a la adoles-
cencia. En la Peña aprendí a discutir, a argumentar, a
defender mis posturas, a aceptar las decisiones de la
mayoría. Nuestras reuniones eran algunas veces bo-
rrascosas, pues cada uno quería imponer sus criterios
a los demás y allí se armaba más de una vez la mari-
morena. Pero eso nos estaba enseñando, paulatina-
mente, a dialogar y a entender que no todos teníamos
que pensar lo mismo, que las cosas tienen distintas
ópticas y enfoques. Y todo ello estoy seguro que nos
sirvió a todos; por lo menos puedo asegurar que para
mí fue muy importante esa experiencia.
Otra cosa que aprendí fue a ordenar una reu-
nión. Aquellas discusiones interminables, bizantinas,
vehementes, en las que cada uno repetía hasta la sa-
ciedad su punto de vista sobre un tema determinado,
nos llevaron finalmente a todos al aprendizaje de las
bases más elementales del desarrollo de una reunión.
Si queríamos llegar a alguna parte no teníamos más
remedio que buscar el camino y así fue como, poco a
poco, empezamos a establecer y aceptar unas nor-
mas de conducta en el desarrollo de nuestros deba-
tes. En el arte de organizar las discusiones y llegar a
un consenso mayoritario, algunos de nosotros termi-
namos por hacernos unos verdaderos expertos. Y eso
me serviría de mucho en el futuro.
También nos acostumbramos a compartir. Las
excursiones de varios días te hacen comprender que
la solidaridad entre compañeros marca la diferencia
entre pasarlo bien o mal, que el trabajo en equipo es
esencial para el buen resultado final. Aprendimos
también que el enfrentar las dificultades con buen
humor es tan importante como un buen conocimiento
de las técnicas.
La primera excursión de la Peña tuvo lugar el 4
de enero de 1957, cuando sus integrantes rondába-
mos los 13 años de edad. Sus actividades perduraron
oficialmente hasta 1965, aunque con posterioridad
hemos seguido saliendo esporádicamente, ya con
nuestras respectivas familias. Y así hasta hoy…
La Peña la formamos Oscar Luis Bennasar
González, Acisclo Delgado Pego, Sinesio Domínguez
Suria, Ruperto González Blanco, Gumersindo Gonzá-
lez González (“Sindo”), Roberto López Hernández
(“Tito”), Pedro Marrero Rodríguez, Jorge Jesús Rodrí-
guez Morales (“Chicho”), Nestor Santana Padrón y yo
mismo (“Tommy”).
Y aquel pequeño grupo de amigos comenzó a
organizarse. Las cortas excursiones de un sólo día
precisaban solamente del acuerdo de unos cuantos,
pero al empezar a realizar salidas de varios días la
cosa necesitaba cierta preparación. Y así aparece la
necesidad de que alguien se ocupe de llevar un boti-
quín de primeros auxilios; de que otro se asegure que
llevamos lo necesario para hacer nuestras comidas;
que exista un responsable de cuidar nuestras tiendas
de campaña y otro material; que otro se ocupe de
controlar nuestros gastos comunes; que alguno, en
fin, redacte una breve crónica de la excursión que nos
sirva de recuerdo.
Con el tiempo, la Peña decide que es hora de
que se nos distinga por algo más, y se elige un uni-
forme: camisa y pantalón de color beige, botas de
cuero, boina negra con la inscripción Pevie en letras
rojas y una pequeña silueta del Teide en color blanco,
y un pañuelo verde al cuello son los elementos más
llamativos del mismo.
La Peña continuó su singladura durante varios
años. Creó un Lema: Unión y Amistad. Creó su propio
Himno, con letra y música. Por lo demás, no todo eran
excursiones, pues también se organizaron fiestas y
“guateques”, así como salidas en guagua con familia-
res y amigos. Editábamos una pequeña revista – en la
que quedaron reflejadas nuestras actividades de
aquellos años --, confeccionamos un par de banderi-
nes para obtener fondos y con igual fin organizamos
un negocio de elaboración y venta de colines,…
Y nosotros seguíamos creciendo…
Fueron años de alegría y de libertad. He de re-
conocer que las circunstancias nos favorecían en casi
todo. Cierto es que teníamos algunas carencias, pues
a la dificultad de conseguir equipo adecuado en los
comercios se unían nuestras relativas limitaciones
económicas y la dificultad generalizada en las comu-
nicaciones. Pero, en conjunto, lo tuvimos práctica-
mente todo a favor. La casi inexistencia de aficiona-
dos a caminar los montes nos convertía en dueños
casi absolutos de nuestra tierra. Quien nos veía con
nuestras mochilas a la espalda podía pensar que es-
tábamos locos pero, como siempre pedíamos permiso
para acampar cuando estábamos en terrenos particu-
lares y en todo momento procurábamos comportarnos
adecuadamente y dejar todo limpio al marcharnos,
nunca tuvimos ningún tipo de problema con nadie. Y
así pudimos hacer y deshacer lo que nos vino en ga-
na, caminar por donde nos pareció mejor, montar
nuestras tiendas en cualquier parte, convivir con gen-
tes de los más apartados lugares de nuestras islas,
conocer a personas increíbles -- algunas maravillosas
-- en muchos sitios, empaparnos de nuestra tierra y
de sus gentes.

La Peña en “Dos Aguas”, una de las entradas al Parque Nacional


de la Caldera de Taburiente, en la isla de La Palma.
El autor y Oscar Bennasar son el primero y el tercero por la izquierda, respecti-
vamente.
(Fotografía del archivo del autor).
Como glosario a las mil y una anécdotas que
nos sucedieron en aquellos años me permitiré repro-
ducir aquí lo que escribí en una parte del prólogo de
la publicación restringida Recuerdos de la Peña Ex-
cursionista “VI de Enero”, y que dice:
“Nos referiremos, únicamente, a los lugares
curiosos en los que alguna vez tuvimos que dormir,
bien porque las circunstancias nos obligaron a ello,
bien por ser más cómodo que montar y desmontar
nuestras tiendas de campaña, y sin incluir las veces
que dormimos al raso ni las que ocupamos alguna
cueva que encontramos al paso ni, naturalmente,
nuestras propias tiendas.
“En nuestra isla de Tenerife podríamos desta-
car la vez que nos tocó dormir en un establo en el
pueblo de Taganana, a la vera de varias rollizas y rui-
dosas vacas. También en un bar-restaurante, con-
cretamente en el del Portillo de las Cañadas del Tei-
de. Tuvimos angelicales sueños en una pequeña sa-
cristía en el pueblecito de Las Carboneras, en las
cumbres de Anaga. Finalmente, y sin que la relación
sea exhaustiva, en una ocasión plantamos nuestras
tiendas en plena Avenida de Colón del Puerto de la
Cruz, cuando todavía estaba en obras, aunque a pun-
to de ser inaugurada.
En la isla de La Palma tuvimos el honor de
dormir en el teatro y salón de actos de un monumen-
to histórico-artístico, en la llamada casa de los Márti-
res, de Tazacorte. También en esta isla nos tocó per-
noctar varias noches en la biblioteca pública de San
Andrés y Sauces, así como una noche en el patio de
una casa particular en El Paso.
Fue en la isla de La Gomera donde dormimos
plácidamente en un pequeño empaquetado de plá-
tanos, en el bello pueblo de Hermigua y, posterior-
mente, en medio de una fábrica de bloques del no
menos bonito Vallehermoso.
En la más pequeña de nuestras islas, El Hie-
rro, tuvieron la deferencia de permitirnos pernoctar en
el Salón de Actos del Ayuntamiento de Valverde,
aunque previamente nos habían ofrecido hacerlo en
el aún no inaugurado Hospital. Dormimos, también, en
los salones del Casino de Sabinosa, inmediatamente
después de haber participado de forma activa en el
correspondiente baile. También, y aunque parezca
mentira en quienes se tenían por unos excursionistas
serios, pernoctamos una noche en una pensión en El
Pinar, ¡abonando tarifa!.”

Lo anterior hará comprender lo singular de la


época que nos tocó vivir y disfrutar. En todas partes
se nos recibió con cortesía y amabilidad y ello propició
tan curiosos alojamientos, de todo punto impensables
en los tiempos actuales. Por eso afirmo que fuimos
muy afortunados.

Cuando esto escribo ya se nos han ido para


siempre tres componentes de la Peña. Primero Pedro
Marrero, muy joven, en un accidente de tráfico, y lue-
go Roberto López y Chicho Rodríguez, de distintas
dolencias. Por su parte, Acisclo y Nestor hace años
que perdieron el contacto frecuente. Los demás, sin
embargo, seguimos muy unidos y continuamos disfru-
tando de nuestra mutua compañía y amistad. Algunos
incluso salimos juntos casi todas las semanas. Y eso
sigue siendo una gran suerte.

oooOooo
Y todo lo anterior, a quienes conocen el Escul-
tismo, ¿a qué les suena? Tanto por la edad de los
componentes de aquella Peña como por su organiza-
ción interna, por sus actividades, por su espíritu...
¿hay algo más parecido al ideal de una Patrulla
Scout?
EN LOS SCOUTS

1961
Y a todo esto, estamos en 1961.
Hacia la Navidad del año anterior, 1960, media
docena de chicos de entre 13 y 14 años y en su ma-
yoría alumnos del colegio “Quisisana” de las Escuelas
Pías, habían decidido crear una Patrulla Scout, a la
que llamarían “Albatros”, integrada por José María de
Cobos Sisterne, Hernán García Díaz, los hermanos
Luis y Javier Martínez González-Palenzuela, Francis-
co Nóbrega Armas, José Alberto Pérez Quintero, An-
tonio Piñero Mena, Amalio Tejedor Salguero y alguno
más que no logro recordar. Ellos no lo sabían, pero lo
cierto es que estaban poniendo la primera piedra de
un sólido, hermoso y duradero edificio.
Durante varios meses desarrollaron ellos solos
actividades de tipo scout, pero sabían que si querían
que su iniciativa permaneciera necesitaban la inter-
vención de adultos y de personas con experiencia en
actividades de aire libre, por lo que se pusieron en
contacto con el Padre Enrique Villegas Trujillo, quien
también desde hacía unos meses tenía casi formada
una Manada de Lobatos en el Colegio, y le pidieron
su colaboración, indicándole al mismo tiempo la con-
veniencia de ponerse primeramente en contacto con
alguno de los miembros de la “Peña”, integrada en su
mayor parte por alumnos del último curso – PreUni-
versitario se llamaba -- del propio colegio.
Por otra parte, desde mediados del mes de
agosto se ha ido formando, también de forma espon-
tánea, otra Patrulla Scout, a la que sus fundadores
dieron el nombre de “Halcones”, e integrada por Ja-
vier Fernández de Villalta, Manuel Losada Cabrera,
Juan Antonio Muñoz-Reja, Ignacio Zerolo Sáez y José
Luis Zubieta Zárraga, entre otros.
El Padre Enrique contactó conmigo a primeros
de septiembre, me dio un par de colorines y revistas
en las que se decía alguna cosilla sobre los scouts y
me convenció para que asistiese con él a una reunión
que tendría lugar hacia mediados de mes. Reunión a
la que asistiría también Luis Martínez González-
Palenzuela, que en aquellos momentos era el Guía de
los “Albatros”, así como un montañero conocido suyo,
Javier Riquelme Soler, quien les había ayudado a for-
mar su Patrulla.
Efectivamente, la reunión tuvo lugar con la
asistencia de los cuatro citados, en el enorme caserón
de madera que las Escuelas Pías tenían por entonces
en la Rambla y donde se impartían las clases de Pri-
maria. El resultado es que allí se decidió dar vida al
Grupo Scout “Gran Tinerfe”, que sería dirigido por
Javier, mientras el Padre Enrique, además de ocupar-
se de la incipiente Manada de Lobatos, sería nuestro
Consiliario, y yo me haría cargo de la Tropa, de mo-
mento con las dos Patrullas citadas. Se determina
igualmente que el Grupo se distinguirá por un pañuelo
amarillo con cenefa negra. Por su parte, Luis Martí-
nez seguiría en su Patrulla, a la que sus miembros
decidieron cambiar el nombre por el de “Perdigueros”.

Y no era broma lo que pretendíamos hacer,


pues no debe olvidarse que por aquél entonces el sis-
tema político imperante nos consideraba ilegales, al
estar permitidas únicamente las organizaciones juve-
niles dependientes del régimen. Sin embargo, lo cierto
es que no tuvimos demasiados problemas, gracias a
algún subterfugio del que les hablaré más adelante, al
sentido común de la mayoría de las autoridades del
momento y, sobre todo, a que pronto pudo compro-
barse que ninguno de nosotros estaba allí por cues-
tiones políticas o banderías de ningún tipo.

oooOooo

Por otra parte, hacía pocos meses que se


acababa de constituir la Asociación de Antiguos Ex-
ploradores de Santa Cruz de Tenerife, integrada ex-
clusivamente entonces por miembros que fueron de la
Institución de los Exploradores de España, versión
nacional de los Boy Scouts creados en Inglaterra por
Robert Baden Powell y expandidos por el resto del
mundo.
Uno de sus promotores e integrantes, Juan
Perera Marrero, había iniciado en los primeros meses
de 1959 – en el verano de dicho año ya realizó una
acampada -- la puesta en marcha el Grupo Scout
“Ucanca” entre los muchachos de su entorno. Se tra-
taba de un hombre ordenado y disciplinado, muy im-
buido del espíritu del Escultismo original, tenaz y per-
severante, a quien su impenitente soltería le permitió
dedicar tiempo, dinero y esfuerzos a una labor impa-
gable durante muchos años. Además, fue el primero
que reunió, ordenó y conservó convenientemente una
gran parte del legado de los Exploradores, pues en su
Local (al que llamaban “El Rancho”) destinó un par de
habitaciones exclusivamente a tal menester.
De entre sus colaboradores recuerdo espe-
cialmente a Francisco Sabina Galindo, hombre ani-
moso, de una gran bondad y con un espíritu eminen-
temente colaborador, quien dirigiría durante varios
años la Manada de Lobatos del Grupo, así como a
Miguel García Delgado, quien colaboraba haciendo de
cocinero en las acampadas y como instructor en tal
Especialidad.

Con respecto a los Exploradores de España, y


para situar los hechos en su contexto, debo recordar
que se constituyeron en nuestro país en 1911, a ima-
gen y semejanza del escultismo internacional -- aun-
que con algunas características que lo hacían ligera-
mente diferente --, de la mano de Teodoro de Iradier
Herrero, por entonces capitán de caballería, y de Artu-
ro Cuyás Armengol, publicista y escritor. La Asocia-
ción inició sus actividades en el año 1912. Desde en-
tonces y hasta su suspensión una vez terminada la
guerra civil, en 1940, muchos de los instructores de la
Institución fueron también militares. Habría que indi-
car, además, que los que superaban determinado ni-
vel en los Exploradores se beneficiaban luego de una
importante rebaja en la duración de su servicio militar.
Por esa tradicional vinculación, la aparición de los
scouts en el panorama juvenil de aquellos años 60 no
fue mal recibida por el Ejército, uno de los principales
poderes del momento.
Todo esto que afirmo puede parecer ahora
pueril, pero es cierto que muchos de los primeros in-
tegrantes de nuestros Grupos eran hijos o nietos de
militares que habían pertenecido a los Exploradores,
asociación de la que nosotros nos reconocíamos con-
tinuadores. Y todo ello nos daba cierta cobertura. De
hecho, las primeras siglas de nuestra Asociación fue-
ron las de ANEDE – que corresponden a las de Aso-
ciación Nacional de Exploradores de España -- y en
cuyos Estatutos se afirma que esta asociación es con-
tinuadora de aquella. Sólo algunos años más tarde
pasaría a utilizarse la terminología scout, aceptada in-
ternacionalmente, llamándose desde entonces como
hoy, ASDE, Asociación de Scouts de España.
Como ejemplo de las raíces que nuestra orga-
nización tenía en el estamento militar, contaré una
anécdota que nos sucedería bastantes años más tar-
de: con ocasión de la organización del Campamento
Nacional celebrado en nuestra isla en 1979, visitamos
varios meses antes al entonces Capitán General de la
región, Teniente General D. Jesús González del Ye-
rro, para solicitar la colaboración del Ejército en la ins-
talación de las comunicaciones internas del referido
campamento. Pues bien, el Teniente General nos
sorprendió al recibirnos sonriente en la puerta de su
despacho de Capitanía, saludándonos con la Seña
Scout. Mientras él mismo cerraba la puerta, nos expli-
có que en su juventud había sido Rover-Scout...
Abundando en lo que digo, es de destacar que
el primer presidente de los Antiguos Exploradores en
la provincia sería el General D. Lorenzo Machado
Méndez, sucediéndole el Coronel D. Francisco Arriaga
Adam, así como que hasta comienzos de la década
de los 90 el Vicepresidente fue el también Coronel D.
Luis Arnay Molina.
De lo dicho anteriormente se comprende el
porqué en aquellos años – e incluso, por parte de al-
gunos, todavía hoy en día – se nos tildaba de “solda-
ditos”. Cierto es que algo de la parte castrense de
nuestro fundador, Robert Baden Powell, General en la
reserva del Ejército británico, tenía que haber en una
organización creada por él y también es verdad que
en tiempos de los Exploradores, en las décadas de
los años 1910 a 1930, muchas de las actividades te-
nían ese fondo. Pero no es menos cierto, como bien
sabe el que nos conozca, que el Método Scout, como
organismo vivo que es, siendo siempre el mismo, utili-
za distintos medios en función del momento que vive
la sociedad y de las preferencias de los jóvenes, por
lo que hoy lo poco que aún pervive de aquellas for-
mas originales es el espíritu de orden y disciplina, en
nuestro caso aceptada voluntariamente y sin la cual
ninguna organización es realmente fuerte, así como el
sentido del honor, el respeto a la palabra dada. Y
esos son valores siempre positivos.
En cuanto al subterfugio al que me referí ante-
riormente, consistió en aprovechar que nuestro Grupo
nacía en un colegio religioso para obtener del Obis-
pado el respaldo necesario para obviar los problemas
que una asociación no legalizada tendría ante las

Bella composición fotográfica de nuestros tradicionales


sombreros, debida a la cámara de Luis Alberto Arnay.

autoridades gubernativas, y aprovechando el contenido


del Concordato firmado por el gobierno español con la
Santa Sede. Ya se sabe que en aquellos momentos la
Iglesia tenía mucho poder en el país, por lo que su ayu-
da venía a significar en la práctica que podríamos des-
arrollar nuestras actividades con una relativa tranquili-
dad.
Y así fue. Se creó una denominada Delegación
Diocesana de Escultismo, bajo cuyo amparo actua-
mos durante varios años, aunque realmente ni los
grupos ni la Asociación estaban sujetos a ninguna li-
mitación por este hecho, pues nuestros Grupos en
Tenerife fueron siempre multiconfesionales. Fue de-
signado delegado diocesano el sacerdote escolapio
que tuviese relación con los scouts en cada momento.
De hecho, surgieron delegaciones diocesanas
de escultismo en casi todo el país, y de ellas derivarí-
an décadas más tarde algunos Grupos que, siguiendo
el modelo belga y francés de aquellos momentos,
constituirían a nivel nacional el Movimiento Scout Ca-
tólico, al establecer esta religión como una base más
de su programa.

oooOooo
Continuando con nuestra historia, la primera
reunión de la Tropa se celebró un sábado de finales
de septiembre en la sala de mi casa y a ella asistieron
una decena de muchachos. Yo estaba algo nervioso,
pues la verdad es que de escultismo no sabía prácti-
camente nada por aquél entonces y no tenía una idea
clara de lo que iba a decirles. Hacía poco que había
leído en alguna parte un artículo sobre la forma co-
rrecta de caminar por el campo y con esa tontería me
dio por empezar la reunión, mientras crecía dentro de
mí la sensación de que estaba haciendo el idiota.
Por suerte, a los pocos minutos alguien pre-
guntó algo acerca de las excursiones que podríamos
hacer y esa fue mi salvación: el resto de la reunión re-
sultó interesante para todos y terminó felizmente, des-
pués de establecer las bases de nuestra nueva Tropa
y de programar nuestra primera salida.

En la tarde del martes 11 de octubre de 1961


tiene lugar la salida de la Tropa en una excursión a la
Cruz del Carmen, del monte de Las Mercedes, per-
noctando en el Llano de los Viejos y retornando a
Santa Cruz en la tarde del día 12.
Se trataba de la primera actividad de aire libre
que oficialmente realizó el recién creado Grupo Scout
“Gran Tinerfe” y a la misma asistieron, además de las
Patrullas “Perdigueros” y “Halcones”, una nueva y re-
cién formada: los “Antílopes”.
Para mí aquella excursión no dejaba de ser un
simple paseo, pero si he de ser sincero me sentía
bastante extraño. Después de todo, yo estaba acos-
tumbrado a salir con “mi” Peña, en la que todos nos
compenetrábamos perfectamente. Ahora, y sin más
preparación, me encontraba al mando de docena y
media de chiquillos -- ¡no olviden que yo acababa de
cumplir los 18 años y aquellos muchachos me parecí-
an muy pequeños! --, que me obedecían ciegamente
pero que me resultaban unos perfectos desconocidos
con los que por entonces no tenía absolutamente na-
da en común.
Cuando acampamos y después de que cada
Patrulla se metió en su tienda, yo me retiré a la mía y
me dispuse a dormir. He de reconocer que sentía la
soledad. Mientras los oía charlando y riéndose en sus
tiendas, con sus amigos, comencé a dormirme pre-
guntándome qué demonios hacía yo allí, con aquellos
pibes, en lugar de estar con mi Peña, charlando y
riéndome yo también con ellos. Me juraba que era la
primera y última vez que me “trancaban” allí… y me
dormí.
Llevaría poco más de una hora durmiendo
cuando me despertaron unos ruidos en el exterior de
la tienda, por lo que pregunté: “¿Quién anda ahí…?”.
Me contestó Manolo Losada, Guía de los “Hal-
cones”: “Somos nosotros, Tommy. Está lloviendo y te
hemos hecho el rebaje de desagüe alrededor de la
tienda, para que no se inunde”.
A partir de aquel momento nunca más volví a
sentirme sólo con los scouts. El sentido de la solidari-
dad de aquellos chicos les hizo ganar un nuevo diri-
gente, un nuevo scouter… que permanecería en el
servicio activo al escultismo nada menos que dieci-
nueve años… y ligado al Movimiento Scout el resto de
su vida.

A esta primera excursión seguirían muchas


otras, pues en nuestra programación se incluía, como
mínimo, una salida mensual de la Tropa y otra de ca-
da una de las Patrullas. La gran mayoría de ellas eran
de fin de semana, con lo que los muchachos se acos-
tumbraron muy pronto a acampar y a pernoctar en
tiendas de campaña y en vivac, iniciándose igualmen-
te en la preparación de comidas sencillas y calientes.

1962

Hacia el mes de febrero de 1962 se incorpora


Oscar Bennasar González, otro componente de la
Peña, a quien convencimos para que nos echara una
mano, y que llegaría a sobrevivirme en el servicio ac-
tivo. Su integración en los scouts en aquellos primeros
años de andadura resultaría providencial, ya que se
trataba de una persona trabajadora, seria y siempre
de buen humor, con un carácter abierto y muy ase-
quible para los muchachos, y cuya personalidad pasa-
ría a formar parte del Grupo. A lo largo de más de dos
décadas realizaría una magnífica e impagable labor
en favor del escultismo tinerfeño.
Con su colaboración las cosas fueron mucho
mejor y ya en el mes de abril la Tropa estaba al com-
pleto, con cinco Patrullas, pues se habían creado dos
nuevas: los “Murciélagos” y los “Cernícalos”.
Por estas fechas se incorporó también Jorge
(“Chicho”) Rodríguez, otro componente de la Peña,
pero sólo estuvo con nosotros unos meses, pues mar-
chó a estudiar a Madrid.
Las primeras Promesas de la Tropa, entre
ellas la mía, tuvieron lugar el 25 de abril de aquel leja-
no año 1962, durante una excursión realizada a las
inmediaciones de Las Raíces, del monte de La Espe-
ranza.
Mientras se desarrollaba la ceremonia se acer-
có a observarnos una pareja de turistas con su hija
adolescente, y fue una sorpresa ver como, mientras
realizábamos nuestra Promesa, el padre y la hija hací-
an la Seña Scout con nosotros. Terminado el acto
charlamos un rato con ellos y, naturalmente, resultó
que ambos eran scouts en su país, Inglaterra. Para
nosotros fue la primera prueba evidente de la univer-
salidad del Movimiento Scout.

Las primeras reuniones de la Tropa tenían lu-


gar en un salón del colegio “Quisisana” y también en
el Rincón de la Patrulla “Halcones”, quienes disponían
de uno en un bonito chalet de madera, hoy desapare-
cido, perteneciente a la familia Zerolo, con entrada
por la calle de Enrique Wolfson y situado en lo que
hoy es parte del patio de recreo del colegio de La Pu-
reza. (Por cierto, los “Perdigueros” tuvieron durante
varios años su Rincón de Patrulla en un edificio exis-
tente entonces como anexo de la iglesia del Pilar).
Para otro tipo de actividades recurríamos a los
amplios terrenos de recreo del colegio de la Rambla,
ya citado, donde también se nos cedía en ocasiones
un aula de Parvulitos, donde recuerdo nos reíamos a
carcajadas al tener que “medio sentarnos” en aquellas
resistentes y multicolores sillitas.
Y valga aquí un ejemplo para confirmar que los
scouters han de estar siempre preparados para los
cambios que permanentemente se producen en nues-
tra sociedad y, por consiguiente, en el escultismo
mismo: las reuniones de la Tropa se realizaban los
sábados a partir de las cinco de la tarde, y raro era el
muchacho que llegaba tarde a las mismas. Pasados
varios meses, sin embargo, noté que el retraso se ge-
neralizaba y que los chicos llegaban a las reuniones,
sudorosos y disculpándose, bien pasadas las cinco y
media. Hechas las indagaciones del caso me enteré
que a la mayoría le encantaba una serie que la televi-
sión emitía por entonces, bajo el título de “El Virginia-
no”, y que finalizaba a eso de las cinco y cuarto. Así
que apuraban el tiempo hasta el límite y luego “vola-
ban” a la reunión de la Tropa. La solución fue retrasar
el comienzo de las reuniones a las seis menos cuarto
de la tarde, con lo que se acabó el problema.
En agosto de este año 1962 obtengo el diplo-
ma de Socorrista de Cruz Roja, cuyo cursillo he se-
guido desde semanas antes, y que me capacita para
prestar con ciertas garantías los primeros auxilios sa-
nitarios en caso de ser necesarios, y que yo conside-
raba fundamental para las salidas al campo con tan-
tos muchachos a mi cargo. Además de servirme para
instruir mejor a los chicos, en alguna ocasión los co-
nocimientos adquiridos me iban a servir para atender
las pequeñas heridas que casi siempre se producen
en las excursiones y acampadas y, sobre todo, me
dieron tranquilidad y confianza en mí mismo.

En este año tiene lugar el único campamento


que no llegará a su conclusión prevista. Se celebró
durante las vacaciones de Navidad en unos terrenos
del municipio de Tegueste y desde el primer momento
ya empezó mal, pues la lluvia caída nos obligó a ins-
talarnos en medio de un barrizal. Y no mejoró la situa-
ción, pues día tras día las malas condiciones meteoro-
lógicas nos obligaban a rehacer continuamente el
plan de actividades, lo que, unido a la escasez de los
medios con que contábamos, hacía que incluso la
preparación de las comidas constituyese toda una
aventura, pues, mientras tres o cuatro scouts mante-
nían a duras penas una lona sobre él, el que hacía de
cocinero trataba de mantener encendido el fuego y
que el agua que caía a mares no se metiera en el cal-
dero o, peor aún, en la sartén. Los muchachos res-
pondían bien ante la adversidad, pero la absoluta im-
posibilidad de realizar ninguna actividad medianamen-
te seria nos decidió a levantar el campo dos días an-
tes de la fecha prevista.

1963
Llega 1963 y la presión de los propios padres
de nuestros scouts es tan grande que no podemos re-
trasar por más tiempo la definitiva consolidación de la
sección de Lobatos, que hasta entonces se ha limita-
do a realizar algunas actividades inconexas en el es-
caso tiempo libre del padre Enrique. Aunque durante
algo más de un año ha estado haciendo las funciones
de Akela el todavía scout José Víctor Afonso Perdomo
y, durante muchos meses, también ayudaron en la
Manada los asimismo scouts Javier Fernández de Vi-
llalta y José Alberto Pérez Quintero -- los tres de entre
los de más edad de la Tropa y los tres muy responsa-
bles --, lo cierto es que estos, además de no ser ni ac-
tuar propiamente como scouters, se veían obligados a
duplicar sus esfuerzos pues, además de las activida-
des de su unidad, incluso salían de excursión ellos so-
los con los Lobatos.
Por ello hemos de renunciar a Luis Martínez en
la Tropa, pues pasa a dirigir la Manada en calidad de
Luis Martínez, años más tarde y ya en funciones de Jefe de
Tropa Esculta, da cuenta de su almuerzo.
(Fotografía cedida por el Padre Fidencio Peña)

Akela, y a quien desde entonces siempre recuerdo


saltando y jugando con sus Lobatos y en la mayoría
de los casos “enterrado” bajo ellos.
Por estas fechas se incorpora al colegio un
muchacho procedente de Puerto Rico, y que resultó
ser scout. Apellidado Jackson, estuvo con nosotros
unos meses y nos aportó un verdadero tesoro: tenía
un libro de los Scouts de los EE.UU. que incluía todas
las técnicas scouts imaginables. Desde amarres hasta
primeros auxilios, desde señales de pista hasta Mor-
se, desde técnicas de acampada hasta formaciones
scouts. Y nos lo regaló. ¡Nos volvimos locos con aquel
libro! Todos queríamos verlo, leerlo, tenerlo. Y todos
lo vimos y lo leímos con ansia. Fue uno de nuestros
primeros libros scouts y quienes lo llegamos a tener
en nuestras manos lo recordamos como algo fantásti-
co. Después le perdí la pista y no sé por dónde anda-
rá.

Una anécdota curiosa de 1963, y que recuer-


do, fue la vez que una pareja de la Guardia Civil de
Tráfico, que circulaba detrás de mí por la carretera
general entre el aeropuerto de Los Rodeos y Guama-
sa, y que se mantuvo unos minutos detrás de mi co-
che, sin adelantarme. Yo iba uniformado y me imagi-
né, cuando por fin me adelantaron, que me pararían.
Seguro.
Y así fue. Medio kilómetro más adelante me los
encontré a ambos al lado de sus motos y haciéndome
señas de que estacionara a la derecha. Como siem-
pre en el Cuerpo, me saludaron cortésmente y me ex-
plicaron que la cabeza de un tornillo de la matrícula
trasera de mi coche hacía parecer una E la F de TF,
pidiéndome que lo comprobase. Yo sabía que lo que
realmente querían era ver mi uniforme, así que les di-
je, sin bajarme del coche, que en cuanto llegase a ca-
sa daría un poco de pintura blanca al tornillo para evi-
tar errores en el futuro.
Ellos insistían en que comprobase por mí mis-
mo lo que me decían. Y yo insistía en que les creía,
en que no hacía falta ver la placa, en que sí, que la
pintaría al llegar a casa … Les hice “rabiar” un par de
minutos, hasta que consideré que podían enfadarse y
aquello podía pasar a mayores, así que me bajé del
coche y fui a comprobar la matrícula.
Mientras yo observaba la presunta irregulari-
dad en la placa, ellos sólo tenían ojos para el unifor-
me scout. Una vez satisfecha su curiosidad y tras in-
sistirme en que arreglara la anomalía, se marcharon
tan contentos.
¿Que si el tornillo hacía aparecer la F como
una E ? Bueno..., pues hasta que sí, pero no tanto…
¿Fueron o no fueron ingeniosos al encontrar
una disculpa plausible y no autoritaria para pararme y
hacerme bajar del coche?

Contaré ahora como nos hicimos en este año


con los sombreros para el Grupo. Teníamos mucha
ilusión por conseguir para todos el sombrero scout
clásico, similar al que todavía utiliza la policía monta-
da del Canadá, pero aquí era imposible encontrarlos y
tampoco los había en la Península. Hasta entonces
veníamos utilizando unas boinas negras que cada
uno se agenciaba como podía, pero nuestro empeño
era conseguir los sombreros.
Aprovechamos la circunstancia de que mi pa-
dre, que residió durante catorce años en Inglaterra,
tenía muchos conocidos en la capital británica y tam-
bién entre los tripulantes de la naviera Fred. Olsen,
que unía regularmente los puertos de las islas con
Londres. Así que encargó a un amigo suyo que ad-
quiriese los sombreros en la Tienda Scout londinense
y se los entregase a un oficial, también amigo, del bu-
que “Bencomo”, quien a su vez nos los entregó unos
días más tarde a Oscar Bennasar y a mí en el puerto
de Santa Cruz. Previamente habíamos facilitado las
tallas necesarias, después de haberles tomado las co-
rrespondientes medidas a los muchachos. Y así fue
como nos hicimos con nuestro primer medio centenar
de sombreros.
Este “procedimiento” de compra se repetiría un
par de veces más en el futuro.

En el mes de octubre el Padre Enrique Ville-


gas es trasladado a la Península, por lo que pasa a
ocupar sus funciones de Consiliario el Padre Fidencio
Peña Vicario. Era éste un hombre permanentemente
activo, organizador de mil y una iniciativas y con una
personalidad desbordante, lo que en alguna ocasión
le llevaría a pequeñas fricciones conmigo y con algún
otro scouter, aunque realmente sin mayores conse-
cuencias. Su presencia vino a darle un nuevo empu-
jón al Grupo, pues además cedió un pequeño local en
el Pious School para reuniones y posibilitó las activi-
dades de la Manada de Lobatos en los jardines de es-
te centro escolar, que se encontraba en un precioso
palacete de estilo historicista, con decoración interior
de estilo árabe, situado en el entorno de la Plaza de
los Patos, al lado del actual edificio de Correos, y que,
lamentablemente, fue derruido unos años más tarde
para edificar en su lugar un edificio de viviendas.

1964
El Grupo siguió su camino en 1964 sin más
novedades. Las actividades eran muy frecuentes y
creo que interesantes, tanto en la Manada como en la
Tropa. Lo que realmente nos faltaba era material de
todo tipo. Desde libros hasta bordones o escudos. Es
curioso que casi todas nuestras preocupaciones de
entonces se limitaban a esas pequeñas cosas; la lle-
gada de alguien con media docena de escudos de
Segunda Clase o de Insignias de Especialidad nos
alegraba enormemente y el problema era a quién se
les daban, pues la demanda superaba siempre a las
existencias.
Y de los libros… qué maravilla cuando alguien
traía un Escultismo para Muchachos, escrito por el
propio B.P., y que le había regalado una tía suya que
vino de visita de Caracas…, y qué locura cuando apa-
recía otro con un hasta entonces desconocido y en
parte ya anacrónico Sistema de Patrullas, que había
escrito un tal Roland Philipps… Sin olvidar el Manual
para el Jefe de Tropa o Roverismo hacia el Éxito,
también de B.P. ... Libros que contienen la esencia
del Movimiento Scout y a los que, a pesar de estar en
parte obsoletos, creo que supimos extraer el espíritu
y, por ejemplo, donde ponía caballo desbocado noso-
tros poníamos coche averiado … y el libro seguía
siendo igual de actual que cuando se escribió. Otro
libro muy útil fue el Pistas, escrito por una Patrulla
Hurones de los scouts católicos de Bélgica.
Me pregunto si seguirán siendo tan leídas y
admiradas esas obras hoy en día.

Otra cosa que nos ilusionaba mucho era tener


noticias de otros Grupos en otras partes del país: que
si ya había scouts en Galicia; que si en Valencia esta-
ban muy bien organizados; que si en Madrid ya llega-
ban a los diez Grupos; que si en Barcelona, a raíz de
la intervención de los scouts ayudando en las tareas
de rescate por las graves inundaciones de 1962 (que
causaron unas 700 víctimas), ya nadie les ponía im-
pedimentos para actuar libremente; …

No recuerdo los detalles con exactitud, pero


fue por esta época que alguien nos facilitó, prestado,
un viejo chalet situado en un descampado cercano al
Hospital General, por encima de lo que hoy es Santa
Clara, en Ofra. Por aquellos años, y para nosotros,
era como si estuviera en la Luna, por lo difícil que era
llegar, pues eran muy escasos los servicios de gua-
gua que existían para acceder hasta allí. A pesar de
ello hicimos todo lo posible por acondicionarlo para
desarrollar actividades, de las que sólo recuerdo al-
guna que otra Promesa.
Lo que sí recuerdo de aquellas fechas es que,
en una excursión de la Tropa al monte de La Espe-
ranza, hallamos un tronco cortado, muy recto y flexi-
ble, de unos diez metros de longitud. Era realmente
un mástil perfecto, por lo que la Patrulla “Halcones”,
sin pensárselo dos veces, decidió transportarlo hasta
la referida casa.
Así que aún me veo en nuestro pintoresco y
esforzado recorrido -- ¡un paseíto de más de veinte ki-
lómetros! --, con el bendito tronco a hombros, por el
borde izquierdo de la carretera general y de la enton-
ces incipiente autopista, desde el monte hasta la altu-
ra de Taco... lo dejamos en la casa...
... y del tronco nunca más se supo…

En el verano de 1964 el Grupo celebró una acampada


en Las Lagunetas, del monte de La Esperanza, en la
que recibimos la visita del Padre Enrique, que había
vuelto por unas semanas a la isla, y donde cada Patru-
lla realizó varias y muy útiles construcciones en su res-
pectiva parcela, ayudados por las explicaciones e ilus-
traciones de un libro magnífico: el Manos Hábiles, de
Albert Boekholt.

Luis Martínez toma la Promesa a un scout durante el verano de 1964.


De izquierda a derecha Manuel Losada, el autor, Luis Martínez,
Oscar Bennasar, Javier Riquelme y el Padre Enrique Villegas.
(No se ha podido precisar la identidad de los chicos)
(Fotografía del archivo del autor)

Durante este campamento se realizaron varios juegos


nocturnos, en los que los padres de los asistentes co-
laboraron directamente, situándose con sus coches
con los faros encendidos, en un amplio arco de terre-
no, delimitando así el espacio de juego. Y allí se pasa-
ron toda la noche… ¡Eso era colaborar con el Grupo
al que, desde luego, no consideraban como una sim-
ple guardería para sus hijos…!

También creo recordar que fue por estas fe-


chas que se celebró una reunión de algunos scouters
con miembros de la Asociación de Antiguos Explora-
dores, con la finalidad de realizar alguna actividad
conjunta (ellos siempre nos invitaban a las actividades
que realizaban, y nosotros a ellos con ocasión de la
festividad de San Jorge u otra similar).
Pues bien, en la reunión y entre otras muchas
ideas, alguien propuso realizar un busto en bronce en
honor a D. Esteban Arriaga, uno de los principales di-
rigentes e impulsores del escultismo en nuestra isla
de Tenerife allá por los años 20 y 30, y uno de los
miembros de la Institución que recibió al mismísimo B.
P. cuando éste visitó nuestra isla de Tenerife los días
21 y 22 de marzo de 1929. Sir Robert Baden Powell
fue objeto de varios agasajos por parte de los Explo-
radores del valle de La Orotava, de La Laguna y de
Santa Cruz, en cuya plaza de la Constitución (actual-
mente de la Candelaria) pasó revista a las Tropas de
la isla.
(Una observación: en los Exploradores, los ac-
tuales Grupos recibían la denominación de Tropas, y
viceversa, y sólo había una “Tropa” por localidad, que
englobaba a todos los muchachos de la misma, que
eran luego distribuidos en los “Grupos” de Lobatos,
Rovers, etc. Y ya que estamos explicando, añadiré
que los colores de la pañoleta indicaban la Rama a la
que se pertenecía, independientemente de la “Tro-
pa”).
Si el monumento nunca llegó a realizarse fue
por el excesivo costo de la obra. Sin embargo (y ven-
diendo la piel del oso antes de haberlo cazado), se
estudiaron los posibles emplazamientos... y aquí vie-
ne la anécdota, de la que Oscar Bennasar hizo en su
día unos versos que reproduzco a continuación:
Fue tema de reunión conjunta
una idea muy arraigada:
hacer un busto que recordara
al Explorador Esteban Arriaga.
Surgieron lugares de ubicación
entre ellos el Mirador Los Campitos;
y es por esto por lo que
esta anécdota yo cito:
Un tal don Hildebrando,
¡que venga Dios y lo vea!,
dijo que ¡el busto allí no...
que luego van y lo mean...!

1965
Desde finales del año anterior se venía ges-
tando la creación del primer Comité de Grupo, nombre
que recibe el organismo de control y apoyo en el que
se integran los padres de los scouts, y que se consti-
tuiría finalmente a principios de este año 1965. El pri-
mer Comité de Grupo, al que desde ahora llamaré “de
Padres” o simplemente “Comité” para mejor compren-
sión, estaba integrado por Dña. Milagros Barajas de
Orozco, Dña. Josefa Yanes de Delgado, D. Sertorio
Delgado Rodríguez, D. Antonio Iboleón Zamorano, D.
Miguel Orozco Maffiotte, D. Juan Otón Vidal y D. Ale-
jandro Viota Hernández, bajo la presidencia de D.
Juan Fernández del Castillo Monje. Dicho Comité cier-
tamente resultó muy útil y colaboró intensamente con
los scouters en todas de las actividades del Grupo.

Por aquellas fechas se realiza a escala nacio-


nal una reestructuración organizativa, recibiendo los
Grupos de todo el país un número correlativo según la
fecha de su constitución y que indicará su veteranía.
El “Gran Tinerfe” recibe el número 7, correspondién-
dole al Grupo “Ucanca” el número 6, al ser casi un
año más antiguo.
Por otra parte, dividido el país en Zonas, la
provincia hermana, más diligente a la hora de presen-
tar los papeles, recibió la denominación de Zona II,
mientras nosotros seríamos la Zona VII.

Dejo la Tropa, ahora ya de Escultas por la


edad de los muchachos, en las buenas manos de Os-
car Bennasar y me preparo para un nuevo reto. El día
12 de octubre de 1965 el Akela Luis Martínez me en-
trega en la plaza principal de la villa de Candelaria, en
una ceremonia a la que asistieron los padres y ma-
dres de muchos de ellos, a un par de docenas de Lo-
batos. Es el pase de los muchachos a la nueva Tropa
scout, que recibirá el nombre de “Tinguaro”.
Estábamos acantonados unos días en una ca-
sa terrera de la citada población, con fachada a la ca-
lle principal y trasera directamente sobre la playa. Al
no poder asistir el Padre Fidencio, con nosotros se
quedó el Padre Miguel López Baranda, quien ha sido
colaborador de la Manada durante mucho tiempo.
Se iniciaban así los dos años más felices de mi
vida scout. Años que compartí intensamente con
aquellos muchachos, de los que aprendí muchísimo;
más incluso de lo que yo pude aportarles a ellos.
Años de trabajo ilusionante, de alegría y de consoli-
dación de la Tropa y del Grupo. Esta fue la Unidad
que unos meses más tarde me impondría mi nombre
scout de “Sitting Bull”, aunque debo reconocer que no
recuerdo en qué circunstancias lo recibí.

Los lobatos se preparan para cruzar la cuerda que les introducirá en la Tropa
Scout. De izquierda a derecha, Juan José Boluda Rodríguez, Miguel Angel del
Rosario Villarán, Nicolás Fernández del Castillo Massieu, Fernando Martín
Alvarez, Alejandro Reygosa, Fernando Díez Rivera e Ignacio García de la Rosa.
(Fotografía del archivo del autor)

Entre los muchachos de los que me hice cargo


y cuyos nombres recuerdo estaban Juan José Boluda
Rodríguez, Nicolás Fernández del Castillo Massieu
(“Nico”), Federico García Barba, José Ignacio García
de la Rosa (“Dela”), Ricardo Génova Galván, Sergio
González Martín-Fernández, León González Massieu,
Agustín Guimerá Ravina (“Tino”), Fernando Martín Ál-
varez (“Fefo”), Alejandro Reygosa, Miguel Angel del
Rosario Villarán, Alfonso Sánchez Bruno, …
Con alguno de ellos, como Fernando y Alfon-
so, mantengo aún hoy una estrecha relación de amis-
tad, ahora que la diferencia de edad se va diluyendo
cada vez más. A otros, como Ignacio o Agustín, los
veo de vez en cuando, hechos ya unos hombres ma-
duros, con carrera, familia y otras preocupaciones. A
bastantes les perdí la pista hace años… y lo lamento,
pues a todos ellos los recuerdo con intenso cariño.
En el acantonamiento me sucedió un hecho
que aún hoy me hace reír y que no puedo dejar de
mencionar. Dada la edad e inexperiencia de los mu-
chachos, nos tocó a los adultos hacer la comida para
todos, y como teníamos que arreglárnoslas por noso-
tros mismos para todo y el Padre Fidencio, que se
había encargado de las compras pero estaba ocupa-
do en otras obligaciones y no podría quedarse, le pa-
só al Padre Miguel la lista que habíamos preparado
con los alimentos necesarios, encargándose éste de
la compra.
Pues bien, cuando, para preparar la primera
comida, pido la carne en lata para hacer un revuelto
con huevos resultó que había traído carne de ave... ;
en lugar de mantequilla, margarina... ; en vez de mer-
melada, dulce de guayaba...; frangollo por gofio; ... y
así todo...
Casi lo mato...
La verdad es que el buen hombre no tenía ni
idea de compras ni de cocina, lo había hecho con la
mejor voluntad del mundo... y al final nos arreglamos
con lo que había traído, ¡qué remedio!

Por las fechas en las que recibí a la Tropa


“Tinguaro” yo estaba haciendo mi servicio militar. Por
ello y por mi propia juventud, estaba imbuido del co-
rrespondiente espíritu de disciplina habitual en los
ejércitos. Así que es perfectamente lógico que duran-
te unos meses yo transmitiese a mis muchachos algo
de esa disciplina, lo que determinó que en unas pocas
semanas aquella Tropa actuara con el orden y la sol-
tura propias de una unidad muy entrenada: entraban
en formación con gran rapidez sin atropellarse y sin
gritos, las Patrullas montaban o desmontaban sus
tiendas de campaña en no más de cinco minutos, ca-
da uno tenía siempre su mochila en perfecto orden y
dispuesta para la marcha, así como el material perso-
nal, ...
Por otra parte, desde el primer momento les
inculqué los buenos hábitos que yo había adquirido
después de años de experiencia en la “Peña”. En las
excursiones, procuraba que no se bebiera agua mien-
tras caminábamos -aunque sí estaba permitido mojar-
se los labios-, ya que sólo podíamos hacerlo durante
las comidas. Al atardecer no estaba permitido ponerse
ropa de abrigo hasta un rato antes de que empezase
realmente a hacer frío, con lo que se mantenían acti-
vos, haciendo cosas para conservar el calor. De igual
manera, me preocupé porque siempre tuviesen un
cuidado muy especial con sus pies.
Además de todo ello, procuré desde un primer
momento aplicar en la Tropa algunas técnicas y tru-
cos específicamente scouts por lo que, por ejemplo,
nos aplicábamos con entusiasmo en adquirir un buen
conocimiento de las señales de pista o de los medios
de comunicación a nuestro alcance (código Morse y
Semáforo de banderas), o utilizábamos con cierta fre-
cuencia el paso scout para avanzar con mayor rapi-
dez (alternando cincuenta pasos corriendo con otros
cincuenta a ritmo de paseo rápido).
Pasado muy poco tiempo y como las salidas al
campo eran muy frecuentes -lo habitual entonces
eran dos al mes-, la Tropa estaba curtida, endurecida,
muy disciplinada, bien uniformada,... y se notaba el
orgullo de aquellos chicos, que rivalizaban sanamente
por lograr que sus respectivas Patrullas estuviesen
siempre a la altura esperada. Cada muchacho procu-
raba avanzar en su Carnet de Pruebas -que tuvimos
que reproducir a multicopista, porque no era fácil de
conseguir- y se esforzaba por alcanzar las distintas
Especialidades de su gusto.

El día en que me hice cargo de la nueva Tropa


Scout “Tinguaro” asistió a la ceremonia mi entonces
novia y hoy esposa, Carmen Pilar Castro Hernández.
Carmen Pilar Castro fue la primera mujer en incorporarse al
escultismo de Tenerife, en el año 1965.
(Fotografía del archivo del autor)

El listo de Luis Martínez aprovechó la ocasión


para comerle el coco y convencerla para que asistie-
se a una reunión de la Manada que se celebraría el
sábado siguiente, día 16 de octubre. Y fue.
Y así se integró en el escultismo de Tenerife la
primera mujer de su historia, que se inició como Ayu-
dante de Manada y que se haría cargo de la misma,
como Akela, en la primavera siguiente. Ella sería una
de las que, años más tarde, desarrollarían las Mucha-
chas Guías en nuestra provincia, y que existirían has-
ta su definitiva fusión con Scouts de España.
Carmen Pilar, con su sentido de la responsabi-
lidad y su carácter dulce y al mismo tiempo enérgico,
con su facilidad para hacerse querer y obedecer por
los niños, daría un nuevo estilo a la Manada. Al propio
tiempo, propiciaría la posterior integración de más mu-
jeres en el escultismo, la mayoría de las cuales apor-
taría su alegría, su seriedad en el trabajo, su pruden-
cia, su buen hacer, su especial sentido de la solidari-
dad.

Si mi memoria no me falla – que suele hacerlo


-- fue durante las Navidades 1965-66 y creo que por
iniciativa del Padre Fidencio, que el Grupo organizó
una Cabalgata de Reyes muy particular. Los padres
del Comité, debidamente transformados en Reyes
Magos y acompañados por scouts uniformados, visi-
taban las casas de los miembros del Grupo y del
Pious School que tuviesen niños pequeños, llevándo-
les un obsequio como adelanto de los que “les traerí-
an” la noche del 5 de enero. También visitaron “nues-
tros” Reyes a los pequeños internados en el Hospitali-
to de Niños. Era el equivalente de trasladar a nuestra
cultura la costumbre anglosajona de la visita a domici-
lio de Papá Noel.
Como pueden imaginar, la idea tuvo un enor-
me éxito, pues para los chiquillos resultó algo maravi-
lloso el poder recibir personalmente y en casa a los
personajes que tanta ilusión les produce, y no pararon
de hablar de ello en las semanas siguientes, adere-
zando la historia con toda su fantasía.
Lo que ya no resultó tan fantástico fue que, en
una circular a los padres de los alumnos del colegio
para explicar la iniciativa, el Padre Fidencio se refirió a
la cabalgata oficial del ayuntamiento de Santa Cruz,
que por aquél entonces era algo bastante pobre y mal
organizado, como “una mascarada” o algo así. La re-
acción del Gobierno Civil fue inmediata y contunden-
te: el Padre Fidencio y los responsables del Grupo
deberíamos presentarnos a declarar y a explicarnos
sobre el caso.
Ya nos veíamos multados y hasta encerra-
dos… pero la verdad es que todo quedó finalmente
en agua de borrajas y a ninguno de nosotros le pasó
nada. Cómo se arregló el tema sólo lo sabe el propio
Padre Fidencio, e imagino que algún miembro del
Comité. En cualquier caso, mal lo tuvimos que pasar
cuando no se repitió la experiencia en los años si-
guientes…

Como se puede ver, entre los muchos éxitos


de estos primeros años de andadura del Grupo, se in-
tercalaban de vez en cuando algunos errores. Y era
muy natural. Recuerdo alguna otra equivocación en la
que incurrimos, como el denominado cuero scout: en
algún momento alguien trajo la noticia de que cuando
un muchacho realizaba alguna acción que la Tropa
consideraba indebida, era “costumbre” entre los
scouts el que sus compañeros le castigaran dándole
golpes con los pañuelos. De donde salió la noticia
nunca lo supe y el tal castigo, que tenía más de psico-
lógico que de físico, se puso de moda durante una
temporada, para jolgorio de muchos, aunque por for-
tuna pronto se consiguió que pasara al olvido.
Otra moda pasajera fue la de derribar por la
noche la tienda de campaña de los novatos o la de
pintarrajearle a alguno la cara con pasta de dientes,
mientras dormía. Estas bromas sí que se logró que
fueran erradicadas de inmediato, siendo sustituidas
muy pronto por otras más sutiles y elegantes, como
enviar al despistado novato a buscar por todas partes
las “llaves del campamento”, el “radio-transistor de
agua” o la “funda del mástil”.
Lo que nunca se logró desterrar del todo fue
algo que nadie sabe exactamente de donde vino: los
escultas pueden fumar, siempre que sea en cachim-
ba. No tengo idea de quién se inventó tal norma, que
por lo que yo sé jamás ha sido refrendada en ninguna
parte, pero lo cierto es que los escultas, año tras año,
se aferraban a ella, plenamente convencidos de su
derecho, y a los scouters no nos quedaba más reme-
dio que claudicar e intentar convencerles para que al
menos fumaran lo menos posible. Hasta hace pocos
años sé que esta peculiar norma seguía “en vigor”.

1966
El 6 de febrero de 1966 realiza su Promesa la
Ayudante de Manada, Carmen Pilar Castro, durante
una breve excursión a los alrededores de la Mesa Mo-
ta. Semanas más tarde, en el mes de marzo, Luis
Martínez se hace cargo de la Tropa Esculta, quedan-
do Carmen Pilar al frente de la Manada, en la que re-
cibirá durante unos meses la ayuda de Nanane Fer-
nández del Castillo.

Hacia el segundo trimestre de este año, el


Comité de Padres, en contra del parecer de los scou-
ters, decide cambiar el color del pañuelo por otro con
fondo azul y cenefa blanca, por ser estos los colores
de Tenerife. Ya digo que los scouters no estábamos
de acuerdo con esa decisión, pero la fuerza del Comi-
té era entonces muy grande e impusieron finalmente
su criterio a pesar de nuestra oposición.

El Comité facilitó mucho la celebración del


campamento de scouts y escultas del verano de
1966, consiguiendo los permisos pertinentes, un co-
che prestado por la empresa Golding para el servicio
del campamento – un viejo “Austin” que para que
arrancara había que empujarlo o dejarlo siempre en
bajada -- y resolviendo un sinfín de otros detalles. A
esta acampada, celebrada entre los días 4 y 15 de ju-
lio en los altos de Vilaflor, en el lugar conocido por Ba-
rranco Las Lajas, asistió por primera vez Diego García
González, más conocido entre nosotros por “Quillo”,
en funciones de cocinero, resultando de una enorme
ayuda para mí y posibilitando que pudiésemos dedicar
mucho más tiempo a las actividades scouts al no te-
ner que hacernos la comida. Además, su permanente
estado de buen humor y su facilidad para tratar con
los chicos le convertían en un apoyo muy importante
para los scouters, pues a lo dicho unía un alto sentido
de la responsabilidad y una habilidad increíble para
resolver los más difíciles problemas culinarios. A partir
de este campamento, Diego se convertiría en una
pieza indispensable para el Grupo, muy especialmen-
te en los acantonamientos y en las acampadas de los
Lobatos.
El autor impone las insignias de Ayudante de Jefe de Tropa Scout
a Octavio Armada Vernetta y Luis Felipe La Roche Owen.
(Fotografía cedida por el Padre Fidencio Peña Vicario)

También actuaron aquí por primera vez como


Ayudantes en la Tropa los hasta entonces escultas
Octavio Armada Vernetta (“Tayo”) y Luis-Felipe La
Roche Owen, quienes luego me acompañarían duran-
te muchos años en diversas funciones dentro del es-
cultismo.
Tayo era un joven muy serio y capaz; exigente
a la hora de programar las actividades, muy organiza-
do y buen conocedor de los objetivos del escultismo.
Resultó, además, ser muy habilidoso en manualida-
des y un colaborador insustituible en todos los senti-
dos.
Por su parte, Luis-Felipe, atildado y elegante,
siempre estaba dispuesto a ayudar y transmitía con
soltura sus conocimientos y su estilo a los mucha-
chos, con quienes se entendía con facilidad. Buen
conversador, resultaría fundamental en nuestro equi-
po de dirigentes.
Se han incorporado nuevos scouts a la Tropa,
entre quienes consigo recordar a Antonio Arozena
Concepción, Ramón Balagué del Pozo, Carlos Esta-
rriol Jiménez, Fernando Orozco Barajas, Tomás Sán-
chez Peraza, los hermanos Antonio y José María Sán-
chez del Toro,…
Por cierto, en este campamento se rodaron las
primeras imágenes del escultismo canario para Tele-
visión Española. Fue el cámara Jorge Perdomo quien
se desplazó hasta allí y filmó un amplio y bonito repor-
taje, del que días más tarde se dieron algunas imáge-
nes en un informativo de TVE-C. A pesar de las varias
gestiones realizadas hasta hoy, nunca hemos podido
obtener una copia del reportaje en cuestión, aunque
no perdemos la esperanza de que no esté definitiva-
mente extraviado y que algún día podamos tenerla.

Del 19 al 25 de julio de este año 1966 tiene


lugar en Las Lagunetas un campamento de la Mana-
da de Lobatos, al que asisten Carmen Pilar Castro y
el Padre Miguel, con el apoyo de Diego García, “Qui-
llo”, en sus funciones de cocinero. El Padre Miguel in-
vita también a Mª Flor Galán García, quien permane-
cerá después en el Grupo como Ayudante de Manada
y que destacaría por su lealtad y apoyo a Carmen Pi-
lar y por su facilidad para organizar los juegos de los
lobatos. Las acompañó y colaboró en este campa-
mento la hermana menor de Oscar, Juana Maria Ben-
nasar González.
El día siguiente a su llegada se instalaron al
otro lado de la carretera los integrantes de una unidad
del Ejército de Tierra, cuyos mandos vinieron a salu-
darles y les indicaron que sus servicios de vigilancia
nocturna también harían sus rondas alrededor del
campamento de la Manada, como así lo hicieron.
Una tarde, los scouters invitaron a la merienda
a los mandos de la citada unidad, asistiendo cuatro de
ellos. Finalizada la misma y habiendo llegado el mo-
mento de arriar banderas, formaron todos para la ce-
remonia, saludaron y… la bandera nacional se atas-
có… A pesar de los esfuerzos de los lobatos de turno
y de los scouters, no hubo forma de que subiera ni
bajara… y todos, militares incluidos, serios, en posi-
ción de firmes y saludando… y los Lobatos partidos
de risa. Enfadada, nerviosa y medio contagiada por la
risa de los niños, finalmente Carmen Pilar mandó
descanso y cada uno volvió a sus ocupaciones.
La bandera por fin fue arriada algo más tarde y
sin más ceremonias. Por cierto, ¡fue el único día que
se trabó!

Cierto día de finales de octubre, el Delegado


Provincial de Juventudes, D. Antonio Durán, que al
propio tiempo era profesor de Educación Física y de
Política en el colegio de las Escuelas Pías, me envió
aviso por medio de los chicos de que quería verme.
Imaginé problemas, pues al fin y al cabo era el “jefe”
de las juventudes del régimen...
Nos encontramos a la puerta del Pious School,
y cuál no sería mi sorpresa cuando, tras un saludo
muy cordial, me felicitó efusivamente. La verdad es
que yo iba preparado para cualquier cosa menos para
una felicitación, así que seguro que notó el descon-
cierto en mi cara.
Se explicó. Como yo ya sabía por propia expe-
riencia, los chicos que eran castigados en el colegio
por hablar en clase o en filas o por cualquier otra falta,
tenían que cumplir una sanción asistiendo los sába-
dos por la tarde al colegio, a un estudio de dos a cua-
tro horas. Pues bien, algunos muchachos, sanciona-
dos por él, habían ido a pedirle que si les podía cam-
biar sus castigos pasándolos al domingo, lo que sin
duda significaba endurecer aún más la sanción.
Preguntados acerca del porqué de aquella so-
licitud, los chicos le habían confesado que era “para
no perderse las reuniones de la Tropa scout”, que se
celebraban precisamente los sábados por la tarde. Y
eso a él le había impresionado mucho, por “el entu-
siasmo que demostraban los scouts por su asociación
juvenil y sus actividades”.
Comprenderán si les digo que el orgullo me sa-
lía por todas partes y que durante algún tiempo cami-
nara como sobre una nube.
1967

El 5 de enero de 1967 nuestro Grupo colaboró


estrechamente en la organización de la Cabalgata de
Reyes capitalina. Junto a los organizadores habitua-
les, aportamos uno de los Reyes Magos – un padre
de nuestro Comité, el siempre dispuesto y colabora-
dor D. Miguel Orozco Maffiotte, aceptó incluso que lo
embadurnáramos de negro para hacer de Baltasar --,
los escultas actuaron como pajes y la Tropa scout
“Tinguaro” al completo, que acompañó en perfecto
orden a Sus Majestades bajo la dirección de Luis-
Felipe La Roche. La presencia de la Tropa, impeca-
blemente uniformada para la ocasión, significó un
nuevo aldabonazo publicitario ante la población infan-
til y juvenil de la ciudad.

Este mismo mes de enero el Grupo recibió a


una nueva scouter, tratándose esta vez de Laly Diez
Rivera, que actuaría también como Ayudante de Ma-
nada y que pronto se haría fundamental para la mis-
ma al resultar una joven de muy buen carácter, siem-
pre dispuesta a aportar ideas y con muy buena mano
para tratar con los lobatos. Su permanencia en el es-
cultismo será también muy prolongada.

La Manada de lobatos se despide en el patio del Pious School.


A la izquierda, de medio lado, Ibrahim Trujillo. Desde la izquierda,
Laly Díez, Mariano Reymundo, Sebastián Vives, Michael Golding, Antonio Pintor,
Juan José Sánchez, Alberto Cortés, Padre Miguel López y Manuel Ravina.
De espaldas Carmen Pilar Castro y a su lado Miguel Orozco.
(Fotografía cedida por el Padre Fidencio Peña)

Ya no recuerdo de quién partió la idea ni cuá-


les fueron los pasos seguidos para llevarla a efecto,
aunque imagino que sería cosa del Presidente de
nuestro Comité, D. Juan Fernández del Castillo Mon-
je, que había sido concejal de Tráfico del Ayuntamien-
to de Santa Cruz.
Lo cierto es que, después de una preparación
anterior de varias semanas, desde el mes de febrero
de 1967 y hasta final de curso, los scouts de la Tropa
colaboraron con la Policía Local -- entonces Municipal
-- en la regulación del intenso tráfico a la altura de la
estatua, en la Rambla, en su confluencia con la calle
General Ramos Serrano. Era -- todavía lo es -- un
punto muy conflictivo, especialmente en horas de en-
trada y salida de clase de los varios colegios situados
en sus cercanías, con centenares de chicos y chicas
cruzando de un lado a otro.
Tal habilidad adquirieron los scouts en el des-
empeño de esa labor que el día 13 de mayo siguiente,
conmemoración de Nuestra Señora de Fátima, y con
el fin de que todos los miembros del cuerpo de Policía
pudiesen disfrutar del día de su Patrona, los mucha-
chos se ocuparon en exclusiva de regular el tráfico en
toda la ciudad, sin que hubiese que registrarse ni un
sólo incidente. Debo destacar que en aquellas fechas
no había semáforos, por lo que todo se hacía “a ma-
no”.
Estas actividades fueron muy importantes pa-
ra la imagen pública de nuestra asociación, ya que
nos dimos a conocer a una gran parte de la población.
Se nos veía en la calle. También fue importante para
consolidar nuestra presencia en el propio Colegio, ya
que hubo que obtener permiso de los distintos profe-
sores para que los scouts a quienes correspondía
servicio cada día pudiesen incorporarse a clase unos
minutos más tarde de la hora o salir del aula un poco
antes, todo ello con el fin de poder estar en sus pues-
tos durante el tiempo necesario y con la antelación su-
ficiente. Y, además, los scouts de servicio asistían a
clase perfectamente uniformados, con el lógico impac-
to que eso significaba ante sus compañeros no
scouts.
Las solicitudes de alta en el Grupo se dispara-
ron; y no nos vimos desbordados gracias a que las
inscripciones en el Grupo no se aceptaban después
del 30 de marzo de cada año, con el fin de que los
chicos tuviesen tiempo para adquirir un mínimo de co-
nocimientos y experiencia, con vistas a su participa-
ción en la actividad anual más importante para ellos:
el Campamento de verano. El que de verdad quería
entrar en los Scouts esperaba sin problemas hasta el
siguiente mes de septiembre...

Mientras tanto, las actividades habituales se-


guían su curso y así, del 6 al 10 de abril, la Tropa rea-
lizó un Campamento Volante en el valle de Güímar,
con salida desde Candelaria. Con una Tropa ya muy
“veterana”, fue la primera ocasión en que realizába-
mos un campamento de este tipo y resultó tan gratifi-
cante que se repetiría la experiencia en alguna otra
ocasión posterior.
Me recuerda Agustín Guimerá -con cara de pi-
llo y sonrisa malévola- que en esta actividad el bueno
de Fernando Martín, “Fefo”, que por entonces prepa-
raba su Segunda Clase y andaba liado con temas de
orientación y topografía, aburrido ya de que se le do-
blasen y estropeasen los mapas, se llevó consigo una
especie de enorme carpeta, pesada y aparatosa, que
se confeccionó él mismo con cartón-piedra o algo si-
milar y a la que incluso le puso unas bisagras. Así que
tuvo que cargar con aquel incómodo armatoste a to-
das partes, además de sufrir el continuo cachondeo
de los demás integrantes de la Tropa. Aunque, eso sí,
logró preservar sus mapas.

El día 21 de mayo de 1967, por iniciativa de la


asociación de Antiguos Alumnos del colegio de Es-
cuelas Pías y en conmemoración de no recuerdo qué,
celebramos en el campo de deportes del antiguo co-
legio de la Rambla un desfile de todas las Unidades
del Grupo, al son del Himno de los Exploradores -
interpretado en directo por la Banda Municipal de Mú-
sica-.
A los actos, que incluyeron también el montaje
de una representación de un campamento en los te-
rrenos del colegio y el desarrollo de un Gran Juego,
asistieron los componentes de la Junta Directiva de la
Asociación de Antiguos Alumnos de Escuelas Pías,
así como también la de los Antiguos Exploradores,
presididas ambas por Antonio Daroca Sicilia. También
estaba presente nuestro entonces Comisario de Distri-
to, D. Angel H. Alonso Pinto.
Detalle de la concentración del 21 de mayo de 1967. Uniformidad casi perfecta.
En primer término la Tropa “Tinguaro”. En segundo término la Manada.
(Fotografía cedida por Maloli Sánchez Bruno)

Para la ocasión habíamos logrado que todos


los chicos se uniformaran totalmente, que todas las
Patrullas tuviesen en orden sus Banderines, que las
Unidades portasen sus Guiones y que el Grupo se
hiciera confeccionar su Bandera. Esa inversión signifi-
có una muy buena uniformidad durante varios años y
la culminación de un objetivo en lo que se refiere a la
imagen del escultismo.
En contra de algunas modas que cíclicamente
nos invaden, siempre he creído que el uniforme es al-
go que identifica a quienes lo utilizan y les hace pre-
gonar que pertenecen a una organización, a un gru-
po, a un equipo, de los que, supuestamente, se sien-
ten orgullosos. Es cierto que el hábito no hace al mon-
je, pero no es menos cierto que un monje con hábito
parece lo que es y sin hábito puede parecer cualquier
cosa. Si algo me enoja de una Unidad scout es verla
vestida de forma anárquica, pareciendo el famoso
“ejército de Pancho Villa” y desacreditando a la orga-
nización a la que voluntariamente se pertenece. Y que
no se me diga que a veces los medios económicos
impiden lograr una buena uniformidad, pues una ca-
misa y unos pantalones económicos e iguales para
todos no son difíciles de conseguir. Se trata sólo de
una cuestión de buen gusto.
Curiosamente, la mayoría de los que abogan
por la eliminación de cualquier atisbo de uniformidad
son los primeros que luego se ven enganchados, sin
darse ni cuenta, por una uniformidad peor y aún más
alienante: la de las modas “globales” impuestas ahora
desde determinados países, en la que todos los chi-
cos y chicas parecen cortados por la misma tijera, con
ropas semejantes, con expresiones semejantes, con
formas de actuar semejantes, con una “cultura” seme-
jante,… Sin duda se trata de uno de los inconvenien-
tes de la globalización, que hace que los pueblos pier-
pierdan su identidad y que los individuos, que son lo
verdaderamente importante, se vayan convirtiendo en
simples clones los unos de los otros. Sostengo que si
queremos ser consecuentes con el espíritu del escul-
tismo debemos manifestarlo claramente y luchar co-
ntra la mundialización de la mediocridad.
Para terminar con esta parrafada que me ha
salido, debo insistir en que considero lamentable que
muchos de los que se integran en el escultismo en
funciones de scouter ignoren sistemáticamente la ver-
dadera esencia del Movimiento y prefieran inventarse
su escultismo, tomando un poco de aquí y otro poco
de allá, dejando atrás lo que les molesta o incluyendo
“novedades” que han aprendido en alguna parte pero
que no son verdadero escultismo. Reitero lo que ya
he dicho anteriormente y es que lo importante, el espí-
ritu del Escultismo, está en las obras que dejó escritas
nuestro fundador, Baden Powell, aunque, por supues-
to, actualizando el lenguaje y las situaciones y apli-
cando las técnicas y los medios de hoy en día.
No por estar ya muy cerca de cumplirse el cen-
tenario del inicio del escultismo dejan de ser las mis-
mas raíces las que aportan vida a su existencia. Y es-
to parece que lo olvida demasiada gente, que no ha
visto el “Escultismo para Muchachos” ni por el forro.

A finales del mes de mayo se integra una vo-


luntariosa Mª Luisa Cabrera Pérez-Armiñán, en fun-
ciones de Ayudante de Manada, y que un par de años
más tarde pasaría al Grupo de Guías “Tajinaste” como
responsable de la Unidad de Alitas.

Correspondiendo a una invitación que nos


hizo el Sr. Durán, Delegado Provincial de Juventudes,
varios scouters y la Patrulla de Guías del Grupo “Gran
Tinerfe” asistimos el 30 de mayo de aquel año a los
actos celebrados por la OJE (Organización Juvenil
Española) en conmemoración del día de su Patrón,
San Fernando. Actos que tuvieron lugar en la Ciudad
Juvenil existente entonces en la calle de la Amargura
del barrio del Toscal.
Debe recordarse que esta era la única organi-
zación juvenil reconocida oficialmente por el régimen,
la única que recibía ayudas oficiales, la única legal.
Para alguno (afortunadamente una minoría) de los in-
tegrantes de aquel Frente de Juventudes nosotros
éramos unos intrusos y probablemente nos hubiera
metido entre rejas de muy buena gana.
Nos recibieron y atendieron con cordialidad
(entre los chicos, incluso, curiosidad) y nosotros co-
rrespondimos con corrección y respeto. Estoy seguro
que aquella demostración de tolerancia mutua de los
dirigentes de ambas organizaciones ante nuestros
respectivos muchachos hizo que en el futuro nunca
tuviéramos mayores problemas con ellos en nuestra
provincia. Cosa que no sucedió siempre en otros luga-
res del país, donde en ocasiones sí hubo incidentes,
alguno de ellos bastante serio.
Por cierto que aquí debo manifestar que gra-
cias a la actitud de D. Antonio Durán, de su tolerancia
y sentido común, las cosas fueron bastante más fáci-
les para todos nosotros y que, aunque nunca recibi-
ríamos ayudas oficiales de ningún tipo, siempre se
nos trató con un mínimo de corrección. Afortunada-
mente, igual actitud sería la de su sucesor en el car-
go, Sr. Romero Luque, así como la de la gran mayoría
de los responsables de Juventudes de la época.
El Grupo había crecido mucho. Teníamos diri-
gentes en abundancia y los muchachos no dejaban
de llegar, por lo que se hacía prioritario conseguir un
Local propio.
Desde los primeros meses de este año 1967
se estaba negociando el alquiler de una casa terrera
en la calle San Vicente Ferrer nº 32, necesario para
consolidar la independencia del Grupo y para dar ma-
yor operatividad al desarrollo de las actividades de las
distintas Unidades.
Aunque los primeros contactos con la propieta-
ria de la casa los había hecho un scouter, las nego-
ciaciones las mantenía el Comité del Grupo, que pre-
tendía, naturalmente, obtener el mejor precio posible.
Fueron pasando las semanas y no se llegaba
a un acuerdo. Mientras tanto, los scouters nos deses-
perábamos mientras el Comité seguía negociando,
muy parsimonioso a nuestro entender. Varios meses
de negociaciones y seguíamos sin local.
Hasta que una llamada de la propietaria al
scouter que primeramente había hablado con ella,
afirmando que o nos decidíamos ya o lo alquilaba a
otra persona interesada, hizo movilizarse al Consejo
de Grupo, decidiendo unilateralmente aceptar el últi-
mo precio negociado por el Comité. Y firmamos el
contrato.
Aquello significó para el Grupo la pérdida del
Comité, cuyos integrantes, lógicamente molestos por
nuestra injerencia, presentaron en bloque la dimisión.
Y fue una pena, porque el Comité era muy bueno y
eficiente, y pasaría bastante tiempo antes de que tu-
viésemos otro parecido.
A mí siempre me quedó la sensación de que
fue un poco la venganza de los scouters por habernos
obligado a cambiar el color del pañuelo de Grupo.
¡Qué bobería, ¿verdad?! Pues lo cierto es que así lo
sentí siempre: que los scouters forzamos la situación
un poquitín por despecho. Espero que finalmente se
nos haya perdonado.
Pero ganamos un local -el primero totalmente
independiente del Colegio que tuvo el Grupo, aunque
en realidad nunca perderíamos el contacto del todo-.
Mientras Agustín Guimerá pasa el puente de cuerdas y Antonio Sánchez del
Toro observa, el Padre Fidencio le da instrucciones y Luis Felipe La Roche,
siempre preocupado por su impecable figura, se coloca bien el sombrero.
(Fotografía cedida por el Padre Fidencio Peña)

Había habitaciones disponibles para cada Uni-


dad del Grupo. Los lobatos tuvieron su Cubil, cubrien-
do el techo y las paredes de su habitación con papel
pintado y creando una magnífica cueva. Las distintas
Patrullas scouts y escultas tuvieron cada una un Rin-
cón donde reunirse y guardar sus pertenencias. Ade-
más del baño y un pequeño patio trasero, había un
cuarto para guardar el material del Grupo y otro para
la Secretaría, que también servía para las reuniones
de los scouters y para nuestra Tienda Scout.
Aunque, eso sí, el alquiler -- de 4.000 pesetas
al mes --, resultaba en cualquier caso bastante impor-
tante para nuestros siempre escasos recursos.
Con aportaciones de distintos miembros del
Grupo, nos hicimos con algunas sillas, un sillón des-
vencijado, una mesa y algunos otros muebles más.
De entre lo que nos llegó, todo de segunda mano, hay
que destacar un mueble realmente útil y valioso: Luis
Felipe La Roche Owen se trajo un viejo buró que
había pertenecido a su abuelo; se trataba de una sóli-
da pieza de finales del siglo XIX, hoy una verdadera
pieza de anticuario, con gavetas a ambos lados y con
muchos pequeños compartimentos en el frente. Este
mueble se convirtió desde entonces en un elemento
básico para la burocracia del Grupo, al que ha acom-
pañado en sus distintas mudanzas y que en la ac-
tualidad continúa presidiendo la Secretaría. En cierto
modo este entrañable y muy veterano mueble se ha
convertido en una referencia para todos los que algu-
na vez fuimos integrantes del Grupo “Gran Tinerfe” (o
más tarde del “Zebensui”), pues es casi lo único que
no ha cambiado en nada con el paso de los años.
Debo confesar que cuando visito el nuevo y flamante
local del Grupo es precisamente la presencia de este
humilde y vetusto buró lo que más me hace sentirme
en casa.

Por estas fechas nos llegaron las primeras no-


ticias de que, bajo los auspicios de algún Hermano de
La Salle y de varios estudiantes universitarios, se es-
taba constituyendo en La Laguna un nuevo Grupo
Scout, con el nombre de “Aguere”, cuyo primer jefe
sería José Angel García, y que sería registrado un par
de años más tarde con el número 70 nacional.
La aparición de este Grupo significó la consoli-
dación definitiva del escultismo en Tenerife, pues no
sólo era el primero que surgía fuera del ámbito muni-
cipal de Santa Cruz sino que, al ser el tercero de la
provincia, vendría a darnos a todos una gran seguri-
dad en el futuro, pues la posible desaparición de al-
guno de los dos ya existentes no significaría que el
otro se quedase absolutamente sólo. Además, y como
el tiempo se encargaría de confirmar, este nuevo
Grupo mantendría una personalidad propia muy fuerte
y aportaría nuevas ilusiones al conjunto del escultismo
tinerfeño, contribuyendo con su sola presencia a limar
la, en ocasiones, excesiva rivalidad entre los Grupos
“Ucanca” y “Gran Tinerfe”. De entre los incontables
scouters que sirvieron en este Grupo a lo largo de los
años me vienen ahora a la memoria y en tropel los
nombres de Valentín Santos Elorrieta, Carmen Elvira
Ubach Benítez de Lugo, Candelaria Alonso González,
José Carlos Marrero González, Raúl de la Rosa Fuen-
tes, Miguel Angel Artiles Viera, Miguel Luis Cataño
González, Maite Hormigo Martín, Pablo Reyes Núñez,
Carlos González Segura, Domingo García Viera Pa-
lenzuela, Carmen Lourdes Parrilla Martín, los Jefes de
Grupo Oscar Rodríguez Estévez y Manuel de León
Tejera, así como los miembros del Comité de padres
Raúl de la Rosa Rodríguez y Ángela Bello Delgado
(“Angelita Sigú”), …
Como ya indiqué más arriba, desde sus co-
mienzos este Grupo estaría muy vinculado al Colegio
Nava-La Salle, actuando como Jefe del Grupo duran-
te un tiempo el Hermano Antonio Barba Barba, así
como constituyéndose en uno de sus puntales duran-
te algunos años el Hermano Nestor Ferrera Pardillo
quien, además de realizar las labores de Consiliario,
curraba como un scouter más y, ciertamente, era uno
de los que hacían funcionar al Grupo.

A comienzos del verano, del 24 al 30 de junio


de 1967, la Manada de Lobatos realiza un acantona-
miento en la llamada “Casa del Capitán”, en Las Cha-
firas, del término municipal de San Miguel de Abona.
Con Carmen Pilar asisten Laly Diez, Mª Luisa Cabre-
ra, Mª Flor Galán y el Padre Miguel. Como refuerzo se
llevan a Octavio Armada y a Luis Felipe La Roche.
La guagua tardaba, entonces, más de cuatro
horas en unir Santa Cruz y Las Chafiras, aunque un
permiso especial conseguido por alguno de los padres
permitió que parte del recorrido se hiciese por algún
tramo aún no inaugurado de la todavía en construc-
ción autopista del Sur, lo que acortó algo el tiempo de
los desplazamientos.

Del 9 al 16 de julio, es la Tropa quien estable-


ce su campamento en el mismo lugar, en un ambiente
totalmente nuevo para nosotros dada su aridez y ca-
racterísticas del terreno.

Integrantes de la Tropa “Tinguaro” saludan durante una Promesa.


De izquierda a derecha, Miguel Angel del Rosario Villarán,
Alfonso Sánchez Bruno, León González Massieu,
Juan José Boluda Rodríguez y Fernando Martín Álvarez.
(Fotografía cedida por el Padre Fidencio Peña)
En aquellos tiempos el Sur no era lo que es
hoy. Durante esta acampada nos sucedieron algunas
anécdotas especialmente curiosas, como la del día
que, según nuestro plan de comidas, teníamos previs-
to que el menú incluiría huevos, así que nos fuimos a
comprarlos.
Pero resultó que en las pocas y mal surtidas
tiendas de la zona (en las que no existían ni por aso-
mo las neveras de hoy en día), sólo traían huevos
frescos dos días a la semana y el que nosotros
habíamos elegido “no era de huevos”. Así que no nos
quedó más opción que cambiar el menú. ¡Qué reme-
dio!
Otro día, en el que nos habíamos ido de ex-
cursión a Las Galletas, hubo una llamada telefónica
de la madre de Octavio Armada “Tayo” (al número “6
de Aldea”, pues tal era el que correspondía al teléfono
de la casa en la que nos quedábamos), y que la tele-
fonista no pudo pasar, pues no estábamos allí. Por la
tarde, ya de regreso, Tayo pidió a la telefonista de Al-
dea Blanca (que lo fue durante muchos años y se lla-
maba doña Jovita), que lo conectara con su casa.
Mientras la llamada se solicitaba a San Miguel
y de allí a Granadilla para que de aquí la pasaran fi-
nalmente a Santa Cruz, la siempre jovial y dicharache-
ra doña Jovita le dijo a Tayo: “Tu mamá llamó esta
mañana para decirte que habías aprobado la Reváli-
da”. ¡Así que probablemente medio sur de la isla se
enteró de su aprobado antes que el propio Tayo!
Durante la acampada practicamos muchas
técnicas del Carnet de Pruebas scout. Entre ellas el
Semáforo (alfabeto de banderas), para lo cual situa-
mos una estación de transmisión y recepción en el
campamento, desde el que se enviaba un mensaje a
una estación intermedia, que a su vez lo repetía des-
de lo alto de una montaña visible también para la es-
tación terminal, situada en Aldea Blanca.
Naturalmente, las estaciones primera y termi-
nal no podían verse entre sí debido a la orografía del
terreno. Los mensajes que se enviaban eran siempre
verdaderos y los chicos sabían que cualquier error iba
a repercutir directamente en la comida de todos noso-
tros, pues lo que se transmitía era... ¡ la lista de la
compra !
oooOooo
Aseguro que intenté evitarlo y comencé el
nuevo curso con ganas y entusiasmo, pero mis dife-
rencias con el entonces Jefe del Grupo, excesivamen-
te teórico, que provenían de mucho tiempo antes, y
dada la imposibilidad de que me dejase trabajar con
libertad, me forzaron a presentar a finales de diciem-
bre mi dimisión como Jefe de Tropa, limitándome des-
de entonces a las funciones de Tesorero del Grupo,
que ya ejercía también desde hacía meses.
1968

A mediados de marzo de 1968, Carmen Pilar


Castro obtiene el diploma de Socorrista de la Cruz Ro-
ja, lo que la capacita para atender mejor los primeros
auxilios a sus lobatos en caso de necesidad. Afortu-
nadamente, sólo tendrá que atender alguna pequeña
contusión y heridas sin mayor trascendencia.

El 23 de abril se celebró una concentración de


Distrito en Articosa, con motivo de la celebración del
día de nuestro Patrón, San Jorge. Fui nombrado Jefe
de Campo, con la misión de coordinar las distintas ac-
tividades que tuvieron lugar ese día, especialmente
las formaciones y competiciones programadas. Y co-
mo casi siempre que celebramos San Jorge en el
campo, el tiempo se nos mostró poco propicio, pues
en esta ocasión hizo un frío horroroso, con alguna
que otra chispita de agua. Debo aclarar que por en-
tonces lo que hoy llamamos Zona era denominado
Distrito y podía ser más reducido territorialmente,
aunque en nuestro caso cubría igualmente toda la
provincia.
Creo recordar que fue Oscar Bennasar, ya a
principios de este año 1968, quien primero me habló
de otro local, también una casa terrera, y propiedad
de D. Juan Luis Quintero Pérez, padre de uno de
nuestros scouts. Estaba situado en la calle Ramón y
Cajal nº 32 y al parecer podríamos alquilarla por un
precio bastante más razonable -- 2.500 pesetas al
mes --. El único problema era que probablemente la
perderíamos a los dos o tres años, pues pensaba de-
rribarla para construir un nuevo edificio en su lugar.
Sinceramente, y en principio, la idea no me
acababa de convencer, tal vez por aquello de que va-
le más malo conocido que bueno por conocer y, sobre
todo, pensando adónde iríamos el día que lo perdié-
ramos.
Consultado y analizado el tema por el Consejo
de Grupo, finalmente se decidió por unanimidad el
traslado, que tuvo lugar en el mes de junio del citado
1968.
Y lo que son las cosas. Primeramente, y como
el Grupo siempre andaba escaso de fondos, le vini-
mos a pagar a D. Juan sus alquileres como pudimos,
varios años después, y sin que nunca nos presionara,
ni tan siquiera cuando su hijo – Luis Quintero Ayala --
dejó de pertenecer al Grupo.
En segundo lugar, aquellos dos o tres años de
uso que en un principio calculábamos se convirtieron
en ¡más de cinco lustros! Y no sería hasta 1995 que el
Grupo se trasladó a su actual emplazamiento, en el
número 127 de la calle Calvo Sotelo.
Y nuestro entrañable local de tantos años está
siendo derribado precisamente cuando escribo estos
párrafos, en febrero de 1999. Como indico al comien-
zo de este trabajo, es muy probable que el ver caer
sus viejas paredes sea lo que finalmente me ha deci-
dido a relatar mis vivencias como scout.

En la primera quincena del mes de julio de


1968 la Manada de Lobatos da su primer salto fuera
de la isla. Habían estado reuniendo fondos para el
viaje durante todo el curso y asistieron una veintena
de lobatos, junto a la Akela Carmen Pilar Castro y sus
ayudantes Laly Díez y Mª Luisa Cabrera Pérez-
Armiñán. Con ellos fue también el Padre Miguel, así
como Diego García, nuestro querido cocinero “Quillo”.
Como apoyo, les acompañó el scouter de Tropa Luis
Martínez.
Y se van de acampada a La Gomera, estable-
ciéndose en el monte de El Cedro, junto a un riachue-
lo. Lo que disfrutaron allí ya lo pueden imaginar: ex-
cursiones a pie, visitas en guagua a Hermigua y Va-
llehermoso, divertidos baños en una medio presa que
hicieron en el riachuelo, búsqueda general de berros
para hacerse un potaje de película, juegos, cancio-
nes, bromas, risas, …
Durante el Campamento recibieron la visita del
Delegado Provincial de Juventudes, D. Antonio Durán,
quien permaneció con ellos todo un día.

Se conceden tres Insignias Mowgli a otros tan-


tos lobatos: Eduardo Muiños Callado, Mariano Ray-
mundo Izard y Juan José Sánchez Peraza.

Terminados los campamentos de verano, a fi-


nales de julio de aquél año 1968 y principalmente por
mis continuas diferencias con el Jefe del Grupo, deci-
dí causar baja voluntaria en el “Gran Tinerfe”. Fue una
decisión muy desagradable, sobre todo por los chicos
a quienes dejaba definitivamente, por el desconcierto
de alguno de los scouters y por el disgusto que di a
los miembros del Comité de padres D. Antonio Pintor
Martínez y D. Juan Luis Quintero Pérez.

…--o--…

Estuve unas semanas algo alicaído y disgus-


tado, pero la realidad es que no podía sustraerme al
gusanillo. Estaba convencido de haber realizado una
buena labor con la Tropa “Tinguaro” y quería seguir
trabajando en lo que me ilusionaba, ayudando a for-
mar mejores ciudadanos con el mejor y más versátil
método aplicado hasta hoy entre la juventud: el Escul-
tismo. Creo que mi enganche de tantos años al Méto-
do Scout se debe a mi convencimiento de que siem-
pre será necesario algo que acerque a los jóvenes a
la mejor comprensión de la Naturaleza y les dé una
formación complementaria que habitualmente no reci-
ben ni en su familia ni en la escuela, ya que en las
Unidades scouts aprenden a practicar actividades de
aire libre y a respetar el medio natural, a trabajar en
equipo, a compartir, ser generosos y ayudar a los de-
más, a ser tolerantes y solidarios, a conocerse y con-
fiar en sí mismos y en sus propias decisiones, a tener
ideas propias, a ser razonablemente libres y también,
en ocasiones, a liderar.
No era desdeñable tampoco otro aspecto for-
mativo muy poco utilizado en general por los scouters:
el sistema de Especialidades scouts, que ha ayudado
en muchas ocasiones a los muchachos y muchachas
a encontrar su vocación laboral futura.
En cualquier caso, para todo ello necesitaba el
apoyo de alguna institución que me facilitase el lugar
para desarrollar las actividades scouts y me ayudase
así a consolidar la continuidad del Grupo. Así que
hacia finales de noviembre me fui a ver a D. Manfred
Scholtz, director por aquellas fechas del Colegio Ale-
mán, ubicado por entonces en la calle Enrique Wolf-
son, y le expuse mi idea de fundar allí un Grupo Scout
y otro de Muchachas Guías. Busqué un colegio mixto,
en el que había que facilitar el acceso al escultismo
tanto a los chicos como a las chicas, porque entendía
que ya era hora de que ambos sexos tuviesen cabida
y se formasen bajo la misma organización, cosa por el
momento imposible. (Debo explicar que por entonces
los Scouts de España eran una organización exclusi-
vamente masculina, que no se convertiría en mixta
hasta algunos años más tarde, en 1976, y que las chi-
cas pertenecían por aquellos años a la asociación
hermana de las Guías de España).
Naturalmente, el Director del colegio tenía una
idea bastante clara de lo que era el escultismo, pero
aún así me pidió le detallase por escrito mi proyecto.
Unos días más tarde le preparé y entregué algunos
folletos y unos folios en los que resumí lo que preten-
día y lo que necesitaba. Pasados unos pocos días
más, y después de consultar con sus profesores y los
padres de su consejo escolar, me dio su conformidad.
Mientras tanto, convencido de que mi propues-
ta sería aceptada, yo había ido reclutando a algunos
ex-scouts y scouters para formar el equipo dirigente
del nuevo Grupo. Entre ellos, Alberto García Rojas
(ex-miembro del Grupo “Ucanca” al que tuve la fortu-
na de repescar mientras paseaba por la calle del Pilar
y que además se convertiría en un puntal para el es-
cultismo de la Zona, tanto por su carácter voluntarioso
como por su permanente disponibilidad y conocimien-
tos), José María de Cobos Sisterne (cofundador de la
Patrulla “Perdigueros”), Laly Diez Rivera, Octavio Ar-
mada y Luis-Felipe La Roche – que se vinieron con-
migo del “Gran Tinerfe” -- y Jaime Rodríguez Quintero
(compañero de Alberto en el Grupo “Ucanca” algunos
años antes).
Por su parte, Carmen Pilar Castro, que tam-
bién había dejado el Grupo “Gran Tinerfe” a primeros
de octubre y por las mismas razones que yo, consi-
guió la colaboración de Mª Luisa Cabrera, Teresa Gi-
ronella Giménez, Gloria Morales Morales y Julia Pérez
Pérez para dirigir el Grupo de Muchachas Guías.
1969

Recibida la autorización del Colegio Alemán,


nos reunimos todos el día 29 de enero de 1969 en un
aula del mismo y fundamos el Grupo Scout “Anaga”
que, por supuesto, luciría el pañuelo amarillo con ce-
nefa negra, y que recibiría meses más tarde el núme-
ro 79 en los registros de ASDE.
Aunque Carmen Pilar Castro había iniciado
contactos con la Asociación de Guías de España des-
de mediados de 1967, no sería hasta este día que se
creó el Grupo de Guías “Tajinaste”, que sería el pri-
mero de Muchachas Guías existente en nuestras
islas, con Carmen Pilar en el cargo de Responsable
del mismo, que simultanearía con el de Jefe de la
Manada del Grupo “Anaga”, ayudada en esta última
unidad por Laly Díez y Gloria Morales.
Los dos Grupos serían independientes, pero
ligados estrechamente entre sí a través del Comité de
Padres, que sería común a ambos, y compartiendo
asimismo el Local, las finanzas y el material que se
fuese adquiriendo.
Mi primera preocupación como jefe del nuevo
Grupo fue visitar con algunos scouters las distintas
aulas del colegio, informando al alumnado de la crea-
ción del mismo y repartiendo unas hojas de preins-
cripción. En muy pocos días tuvimos solicitantes más
que suficientes y entonces convocamos a sus padres
para informarles a ellos.
Y así se iniciaron las actividades del nuevo
Grupo Scout “Anaga”, consolidándose en muy pocas
semanas. Añadiré que el Comité de Padres, que tam-
bién se formó de inmediato, era excepcional, con lo
cual al Grupo no le faltaba de nada, salvo un local
propio que, aunque prometido, acabaría por no llegar.
Nos dejaron un pequeño cuarto para guardar el mate-
rial y disfrutábamos de todas las instalaciones depor-
tivas y de recreo del colegio, celebrando las reuniones
en distintas aulas. Lo mismo hacían las chicas del
Grupo “Tajinaste” que, además, consiguieron algunas
semanas más tarde que el párroco de la Cruz del Se-
ñor les cediera el uso de un pequeño salón en la pa-
rroquia para desarrollar alguna de sus actividades,
principalmente reuniones.
Teníamos así un Grupo de Scouts y un Grupo
de Guías trabajando en estrecha colaboración, en los
que además se daba una circunstancia creo que al-
tamente enriquecedora: en ambos Grupos convivían y
trabajaban juntos chicos y chicas de religión católica y
protestante, e incluso algún judío. En ningún momen-
to hubo el más mínimo problema. Y se comprobaron
las ventajas de las que llamamos oraciones scouts,
válidas para cualquier religión, y entre las que me
gusta destacar la de la bendición de la mesa: “Unos
tienen y no pueden, otros pueden y no tienen. Noso-
tros que tenemos y podemos, bendigamos al Señor”.

En el mes de marzo se incorpora a la Manada


una nueva scouter, Ana Mª López Velásquez, que
había pertenecido a los Scouts de Venezuela y esta-
ba en posesión de la Insignia de Madera, rama Loba-
tos. Aportaría al Grupo su trabajo entusiasta, su ca-
rácter perfeccionista y los conocimientos adquiridos
allá.

Nuevamente fui nombrado por la Zona como


Jefe de Campo, para coordinar las actividades que
tuvieron lugar en la concentración de Distrito celebra-
da el día 25 de mayo en Las Raíces, para conmemo-
rar la festividad de nuestro Patrón, San Jorge. Como
ya iba siendo tradicional que el tiempo se portase mal
cuando celebrábamos esta festividad en abril – con
mucho frío y lloviznas --, este año decidimos retrasarlo
al mes de mayo... y en esta ocasión nos “obsequió”
con un calor bochornoso.

oooOooo

Con el Grupo plenamente en marcha, y por


causas profesionales – pues acababa de terminar mis
estudios de Turismo y necesitaba mejorar mis idiomas
--, viajé a Londres a finales de mayo, donde trabajé
en un hotel hasta finales de septiembre. Aproveché mi
estancia en la cuna del escultismo para adquirir en la
Tienda Scout de Buckingham Road varios objetos que
aquí no encontrábamos ni con lupa, así como para re-
lacionarme con scouts de muchas partes del mundo,
al integrarme en el Club Scout Internacional, con sede
en Baden Powell`s House, y a cuyas actividades acu-
día regularmente los sábados por la tarde.
Pero lo más importante es que pude realizar
un sueño, pues me inscribí en el Curso nº 14 de In-
signia de Madera (Rama Comisarios y Jefes de Gru-
po), que tuvo lugar del 20 al 26 de septiembre en el
Campo Internacional de Adiestramiento de Gilwell
Park. Como lo había llevado conmigo desde Tenerife,
asistí con mi uniforme completo, salvo el sombrero,
que sustituí por una boina verde de los scouts ingle-
ses, mucho más manejable para viajar.
Coincidió mi estancia con el 50 Aniversario de
Gilwell y para la ocasión confeccionaron un escudo
especial para ser grabado a fuego en los cinturones, y
que desde entonces adorna el mío. (Ahora lo utiliza mi
esposa porque, curiosamente, debe haber encogido y
me veo obligado a utilizar uno bastante mayor).
Y aquello sí que fue una gozada. El lugar es
una verdadera belleza, un remanso en medio de zo-
nas edificadas, carreteras, estaciones de tren y hasta
una gran central productora de energía. Este campo
internacional de adiestramiento está lleno de escul-
tismo: los paseos, las edificaciones, los lugares de
acampada, hasta los numerosos árboles que allí exis-
ten parecen destilar permanentemente el espíritu del
Movimiento Scout. Para mí resultó una semana inolvi-
dable.
En Gilwell vi por primera vez uno de esos sa-
cos de dormir con perneras y con brazos, cuya hechu-
ra permite a quien lo utiliza el levantarse y deambular
de un lado para otro sin necesidad de quitárselo aun-
que, eso sí, con todo el aspecto de un “yeti” o de un
muñeco de “michelín”. Este saco de dormir que men-
ciono tenía además dos características que me llama-
ron la atención: por una parte disponía de unas finas
suelas (de quita y pon) que ayudaban a andar sin mo-
lestias en la planta de los pies y al mismo tiempo evi-
taban que se manchara; y por otra, ¡disponía en el lu-
gar adecuado de una pequeña cremallera que permi-
tía al usuario varón orinar sin tener que quitárselo…!
Otra cosa que me llamó la atención en Gilwell
Park fue que, entre tantísimas banderas que tenían,
de prácticamente todos los países del mundo, no dis-
pusieran de una española. La busqué personalmente
entre docenas de ellas perfectamente ordenadas, pe-
ro me quedó claro que no estaba allí. Sin embargo, sí
que tenían la escocesa y como es igual que la de Te-
nerife, pues pedí y logré que la izaran con las demás
de los países representados en el curso. No era lo
mismo, pero...
(Tras mi regreso a Tenerife, el Grupo enviaría
como regalo a Gilwell, el 3 de mayo de 1970, una
bandera española, que imagino habrá ondeado más
de una vez desde entonces).
Esta pequeña anécdota ayudará a comprender
la situación del escultismo en la España de entonces.
Pues, simplemente, nosotros no existíamos para la
Conferencia Scout Mundial, al no estar reconocidos
por nuestro Gobierno (requisito indispensable para el
reconocimiento del escultismo de cualquier nación).
Por supuesto, ya sabían que el escultismo se estaba
reiniciando en nuestro país y que ya existían contac-
tos de la Oficina Nacional española con la Oficina
Mundial. Pero, de hecho, para que finalmente se me
admitiera en el curso citado, tuvo que intervenir per-
sonalmente nuestro entonces Jefe Scout Nacional,
Enrique Genovés Guillén, a quien desde estas líneas
aprovecho para reiterar mi cariño y admiración por su
trabajo de tantos y tantos años en favor del escultis-
mo en España. Hombre esencialmente bondadoso,
fue quien me enseñó que el servicio a los demás se
realiza tanto en una labor como en otra, y que si hoy
te toca ser jefe de lo que sea, mañana puedes ayudar
igualmente pegando sellos en una oficina de Zona o
haciéndote cargo del cuidado del material o de la co-
rrespondencia de un Grupo cualquiera.

Pocos meses más tarde recibí mi certificado


de haber superado la Insignia de Madera. Y no voy a
ser modesto en absoluto: me sentí muy orgulloso de
ella, pues fue la primera obtenida por un scout de Ca-
narias, y además en unos tiempos muy difíciles. Por
otra parte, estoy convencido de que el saberme po-
seedor de la misma hizo que más de uno se esforzara
por obtenerla él también lo antes posible.

oooOooo

Mientras tanto, el Grupo “Anaga” había reali-


zado su Campamento de Verano del 3 al 9 de julio, en
Las Lagunetas, del monte de La Esperanza. Acampa-
ron allí la Tropa scout, con Alberto García, Octavio
Armada y Luis Felipe La Roche al frente, y también la
Manada de Lobatos, dirigida por Carmen Pilar Castro
con la ayuda de Gloria Morales. Un centenar de me-
tros más allá estaba acampado el Grupo de Guías
“Tajinaste” al completo, con Teresa Gironella, Mª Lui-
sa Cabrera y Julia Pérez.

Lobatos del Grupo “Anaga”. De izquierda a derecha, Francisco Perera, Guillermo


Cabrera, Carlos Capote, Pedro Suárez, Emilio Perera y Helmut Rash.
En primer término la Alita Cristina González Massieu, del Grupo de Guías “Tajinaste”.
(Fotografía cedida por Francisco Perera Molinero)

Como Jefe de Campamento -de ambos- figuraba


el Jefe de Tropa Alberto García, quien en teoría no
debía abandonar en ningún momento el área de
acampada.
Pero como en nuestros campamentos todo el
mundo tenía que hacer de todo, un día Alberto tuvo
que ausentarse temporalmente – a buscar no sé qué
suministros en La Esperanza o en La Laguna –, mien-
tras la Tropa salía a realizar una actividad con Octavio
Armada y Luis-Felipe La Roche.
Dio la casualidad de que fue precisamente en
ese momento cuando vino de visita de inspección el
funcionario de la Delegación de Juventudes D. Anto-
nio Acha Meneses. Y allí había que ver a todo el
mundo, viéndolo llegar, pensando en qué hacer. Fi-
nalmente Carmen Pilar, muy preocupada, se hizo car-
go del visitante, mostrándole las dos zonas de acam-
pada mientras se inventaba la bola de que Alberto es-
taba en una breve excursión por los alrededores.
Después de hacer tiempo con un lento recorri-
do por las instalaciones, que adrede hizo interminable
y minucioso, y mientras tomaban un café, por fin, y
para alivio de todos, se les unió el bueno de Alberto
quien, recién llegado de su salida y rápidamente avi-
sado de la situación, se incorporó poniendo su mejor
cara de inocencia …
Y el amigo Acha o no se enteró o, más proba-
blemente, se hizo el sueco y aparentó que se tragaba
la trola.
oooOooo

El primer día de octubre pasé de Inglaterra a


Francia, a París. Allí me matriculé en un curso de
francés y, naturalmente, visité la Oficina Nacional
Scout francesa. Mi interés era mantener contacto con
scouts locales y, por estar ubicado muy cerca de don-
de yo vivía, decidieron enviarme a un Grupo Scout
formado exclusivamente por judíos israelitas, que te-
nía su Local en una sinagoga cercana. Y fue una
nueva e interesante experiencia para mí. Entre otras
cosas, y aún sabiendo que era cristiano, me recibie-
ron sin ningún tipo de reservas, o al menos yo no las
noté.
Su local, situado como ya dije en una sinago-
ga, lucía en una pared un enorme mapa de Israel, con
varias rutas marcadas sobre el mismo y que com-
prendían todo el país. Los chicos y chicas -- se trata-
ba de un Grupo mixto, algo también nuevo para mí --
iban adelantando una pequeña placa con su nombre
a lo largo de una de dichas rutas según iban superan-
do las distintas pruebas de Clase. Era una forma ori-
ginal de visualizar los avances de cada uno. Llegados
al final de la primera ruta – que representaba la 3ª
Clase --, estaban en condiciones de realizar su Pro-
mesa Scout. Otras rutas servían para indicar los
avances en Segunda y Primera Clase.
Con este Grupo israelí hice también un par de
salidas al campo, de un sólo día, lo que se lograba
después de viajar bastante tiempo en tren, tanto para
la ida como para la vuelta. Y en el campo era yo el
dueño de la situación. La verdad es que sus técnicas
de campismo eran bastante pobres, aunque todos se
aplicaron con entusiasmo en aprender lo que pude
enseñarles en tan poco tiempo. Tampoco eran muy
duchos en juegos al aire libre, que también hicimos.
Por todo ello puedo asegurar que conmigo se lo pasa-
ron “pipa”, tanto los muchachos y muchachas como
sus scouters.
Y una última cosa que en aquel momento me
llamó la atención de ellos: para comer no se dispersa-
ban en pequeños grupos o por Patrullas, sino que lo
hacían todos juntos, formando un gran círculo. Tam-
poco se descubrían, sino que sustituían sus gorras
por el pequeño casquete tradicional en su religión. Así
es que yo también permanecí cubierto con mi boina
del uniforme, aunque la verdad es que me sentía un
poco raro, más que nada por la falta de costumbre de
comer cubierto.

Durante todo este tiempo mantuve el contacto


con el Grupo por carta y cuando regresé a Tenerife a
finales de diciembre, volví a retomar mis funciones,
que habían sido perfectamente cubiertas durante mi
ausencia por el Consejo.
oooOooo

Mientras tanto, en el Grupo Scout “Gran Tiner-


fe” se concedían dos nuevas Insignias Mowgli, a que
se hicieron merecedores Pablo Hurtado Zamorano y
Francisco Lorenzo Speranzini.
Por otra parte, el padre Fidencio Peña era des-
tinado a la Península, ocupando su lugar como Consi-
liario del Grupo el padre Miguel López Baranda, hom-
bre de carácter abierto y cordial, con quien “conecta-
rían” enseguida y sin problemas todos los integrantes
del Grupo, pues no en vano había colaborado con to-
dos, y especialmente con la Manada, durante los últi-
mos años.
oooOooo

El autor (de pie, con gafas) con su Patrulla “Pájaros Carpinteros” du-
rante el curso de Insignia de Madera en Gillwell Park.
(Fotografía del archivo del autor)

Un par de días después de mi retorno, finali-


zando ya el año 1969, me llamó Oscar Bennasar para
tratar sobre el futuro de ambos Grupos. Él permane-
cía, junto con el incombustible Luis Martínez, en el
Grupo “Gran Tinerfe”, que disponía, como ya sabe-
mos, de un magnífico Local así como de bastante ma-
terial, pero no tenía suficientes scouters, pues para
entonces sólo quedaban en activo ellos dos. Por mi
parte, el Grupo “Anaga” disponía de scouters más que
suficientes para sus Unidades pero aún no había te-
nido tiempo de hacerse con material suficiente y, so-
bre todo, adolecía de un local propio, ya que en el co-
legio patrocinador seguían sin concedernos uno fijo.
Me sugirió la posibilidad de unir los dos Grupos
en uno sólo, aprovechando las ventajas de ambos y
resolviendo de paso sus respectivas carencias, al
tiempo que me informó que había solicitado y conse-
guido la conformidad de su Comité de Padres antes
de dar este paso.
Convoqué al Consejo del Grupo 79 “Anaga”, a
las responsables del Grupo de Guías “Tajinaste” y a
nuestro Comité de Padres conjunto, para transmitirles
la propuesta y, tras el estudio de los pros y contras de
la fusión y de un amplio cambio de impresiones, se
acordó en un primer momento aclarar algunos temas
con los scouters del Grupo 7 “Gran Tinerfe”...
1970

Después de algunos días de conversaciones


llegamos al convencimiento de que para todos era
conveniente la fusión, así que, para confirmarla, se
convocó a una reunión a todos los padres de los inte-
grantes de los tres Grupos -- “Anaga”, “Gran Tinerfe” y
“Tajinaste” --, para informarles de la nueva situación.
La reunión tuvo lugar el día 12 de enero de 1970 en
los salones del Círculo Mercantil de nuestra capital,
acordándose allí que el Grupo resultante recibiría el
nombre de “Zebensui”, manteniendo el pañuelo ama-
rillo con cenefa negra del grupo “Anaga” y el número
7 de registro nacional correspondiente al “Gran Tiner-
fe”.
Por su parte, las respectivas Tropas scouts re-
cibirían el nombre del Grupo de origen, manteniendo
las demás Unidades los que tuviesen.
Todos los scouters se mantuvieron en sus Uni-
dades, salvo algunos que pasaron de las Tropas y
Manadas del anterior Grupo “Anaga” a reforzar las del
anterior “Gran Tinerfe”. La Manada “Seeonee” siguió
bajo la responsabilidad de Carmen Pilar Castro, mien-
tras la “Gran Tagoror” pasó a dirigirla Ana María Ló-
pez. La Tropa scout “Anaga” estaba coordinada por
Alberto García y la Tropa scout “Gran Tinerfe” por Luis
Martínez. Yo me hice cargo de la jefatura del nuevo
Grupo, mientras Oscar, además de coordinar la Tropa
Esculta, se convertía en AJG (Ayudante de Jefe de
Grupo), figura no contemplada hasta entonces en los
Estatutos de la asociación, pero que se justificaba so-
bradamente por las características del Grupo, con cin-
co Unidades completas y con un muy numeroso equi-
po dirigente, constituido por un total de quince scou-
ters y dos Instructores.
En cuanto al Grupo de Guías “Tajinaste”, se
acordó que compartiría el Local y utilizaría libremente
sus instalaciones, considerándolo como su sede ofi-
cial, aunque al no haber suficientes habitaciones dis-
ponibles no disfrutaría de ninguna en exclusiva y se-
guiría utilizando igualmente el salón a ellas cedida en
la parroquia de la Cruz del Señor.
El Comité de Padres sería igualmente el mis-
mo para ambos Grupos. Bajo la presidencia de D. An-
tonio Pintor Martínez, se completaba con Dña. Margot
Rash, Dña. Natividad Ruiz de Lindemann, D. José
Ballsells Llácer, D. Rufino Chiscano Gutiérrez, D.
Francisco Fumagallo Sánchez-Pinto, D. Juan Luis
Quintero Pérez y D. Juan Sbert Rotger.

Fotografía del Certificado de Cargo de


Oscar Bennasar como Subjefe de Grupo.

Por estas fechas se incorpora Amalia Bonnet


Moreno en funciones de Ayudante de Manada y pro-
cedente del Grupo de Muchachas Guías “Guanapay”,
constituido meses antes en el colegio de La Asunción.
Destacó por su serenidad y dulzura, así como por
mantener siempre una actitud positiva y risueña.
En este mismo año 1970 el scout de Primera
Clase José Ignacio García de la Rosa termina su pre-
paración para optar a la máxima distinción a la que
puede aspirar un scout: la de Caballero Scout. Su ex-
pediente es presentado por nuestro Grupo al Jefe
Scout Nacional y éste no duda en concederla. El Gru-
po celebra una serie de actos en el Teatro del colegio
“Quisisana” de las Escuelas Pías para homenajear a
Ignacio, a los que acude nuestro JSN Enrique Geno-
vés Guillén, quien le impone personalmente la insignia
correspondiente.
Debo destacar que se trata del primer Caballe-
ro Scout concedido en toda España y no puedo evitar
mencionar que es un scout de mi Tropa “Tinguaro”, de
la que me había hecho cargo cinco años atrás.
A finales de abril, y por ser más necesaria en
el Grupo de Guías “Tajinaste”, Carmen Pilar Castro
deja definitivamente la Manada “Seeonee”, pasando a
hacerse cargo Gloria Morales como responsable de la
misma. Procedente de su Grupo de Guías y en servi-
cio como scouter, Gloria aportaba a la Manada su
temperamento bondadoso y siempre preocupado por
el bienestar de los lobatos, a quienes sabía escuchar
con cariño y paciencia.

Se incorpora al Grupo de Guías “Tajinaste” la


nueva dirigente René Sierra Rodríguez, en funciones
de Ayudante de la Unidad de Pioneras.

En el verano de este año se celebró por prime-


ra vez un Campamento de Zona, entre el 21 de julio y
el 3 de agosto, al que asistieron todos los Grupos
existentes entonces: el “Ucanca” y el “Zebensui” de
Santa Cruz, el “Aguere” de La Laguna y el por enton-
ces denominado Grupo “Ucanca nº 1” de Juan Perera
– que pasados los años se convertiría en el actual
Grupo Scout número 446 “Anambro” --. Acudieron
también los integrantes de un Grupo creado por libre
en el Colegio Salesiano “San Isidro”, de La Orotava
que, bajo el nombre de “Arautápala”, funcionaba des-
de un par de años antes y que lamentablemente des-
aparecería algunos meses más tarde al ser trasladado
a la Península el sacerdote promotor del mismo.
Como siempre, los oportunos permisos los ob-
tuvimos por una parte del Gobierno Civil, donde acu-
díamos al oficial mayor D. Antonio Belda Alcaraz, y
por otra, en el Distrito Forestal, donde siempre nos re-
cibieron con manifiesta cordialidad tanto el Ingeniero
Jefe, D. Marcos Peraza Oramas, como el Ayudante
de Montes D. Antonio Lorenzo.
Se instaló el Campamento en el lugar que no-
sotros llamamos desde siempre “Articosa”, aunque en
la mayoría de los mapas figura como Orticosa. Fui de-
signado para dirigirlo y resultó una experiencia tan in-
teresante que se repetiría en los dos años siguientes.
Tenía la ventaja de poder hacer grandes juegos con
amplia participación y los fuegos de campamento re-
sultaban en ocasiones espectaculares. Otro aspecto
muy positivo fueron las grandes construcciones con
troncos, en las que las Tropas se sentían muy moti-
vadas y rivalizaban entre sí al hacer sus puentes y to-
rres de observación.
El autor y Fernando Martín, “Fefo”, observan el panorama desde lo
alto de una torre construida por los scouts del Grupo “Zebensui”.
(Fotografía cedida por Luis Alberto Arnay)

Durante el campamento, los bomberos de San-


ta Cruz y los de CEPSA, así como el Servicio contra-
incendios del Distrito Forestal, realizaron para los
acampados una espectacular y al mismo tiempo diver-
tida demostración de extinción de incendios.
De todo lo anterior realizó TVE-C un reportaje,
emitido días más tarde, y del que tampoco tenemos
copia. También el periódico “El Día” publicó en sus pá-
ginas información relativa al campamento.
En cuanto a la operatividad, la parte más com-
plicada se centraba en los suministros, muy cuantio-
sos por el número de acampados.
Por otra parte, no debe olvidarse que cada
Grupo es totalmente autónomo, por lo que cada uno
tenía libertad para desarrollar su programación en to-
dos aquellos horarios no comprometidos para las acti-
vidades comunes. Y el problema fue que algún Grupo
no tenía previstas actividades en algunos horarios ni
fue capaz de improvisarlas, con lo cual sus integran-
tes, paseando y holgazaneando, interferían en las de
los demás Grupos. Este fue el único problema de cier-
ta importancia del Campamento ese año.
En este Campamento actúa por primera vez
como scouter del Grupo 7 “Zebensui” nuestro anterior
scout Fernando Martín Álvarez, en funciones de Ayu-
dante de Jefe de Tropa. De “Fefo” casi podría escribir
un libro: serio de carácter, habilidoso, atlético, perse-
verante, de verbo monocorde, campechano y con su
peculiar sentido del humor, pocos son los que desco-
nocen las hazañas de este scout de corazón y, sobre
todo, buenísima persona.

Agustín Guimerá me recuerda (¡se la sigue


sabiendo de memoria, el tío!) la canción que, con mú-
sica combinada de “La Alpispa” de los “Sabandeños”
y, para el estribillo, una parte del “Baile de los Ena-
nos” de La Palma, confeccionamos los scouters del
Campamento, dedicada a las Patrullas con las que
comíamos diariamente, por turnos. Dice así :
Estas Patrullas,
todos los días,
hacen comida...
¡puaj!, ¡qué porquerías!.
Los pobres Jefes,
siempre “jambriando”,
pero los muy canallas
matan callando,
ando, ando, ando, ando.
(Estribillo) No es por falta de comida
sino que cocinan mal
y confunden, para colmo,
el azúcar con la sal.
Trabajamos como enanos
para esto organizar
y en “Articosa 70”
ya nos quieren enterrar.
Y así sigue la canción, citando los calderos su-
cios, los platos engrasados, la sopa aguada, los hue-
vos quemados, la carne cruda...

Carmen Pilar y yo nos casamos el 6 de octu-


bre de este año 1970, en la parroquia de la Cruz del
Señor, en la que las Guías tenían su Local para reu-
niones. Naturalmente, ofició el matrimonio el Padre
Miguel, nuestro Consiliario, quien dio a la ceremonia
una atmósfera muy cordial e íntima porque nos cono-
cía mucho a ambos y por dirigirse a nosotros y a
nuestros invitados con la llaneza que da la familiari-
dad.
Por su parte, las guías y los scouts de los Gru-
pos “Tajinaste” y “Zebensui” nos tenían preparada una
sorpresa, pues a la salida y bajo la consabida lluvia de
arroz, nos hicieron pasar bajo un arco de honor que
formaron con sus bordones. Para nosotros resultó
muy emotivo.

En octubre de este año 1970 se integró en el


Grupo una nueva Tropa, la “Chimisay”, formada por
los miembros de la hasta entonces independiente
“Echeyde” -- que había fundado nuestro anterior scout
Agustín Guimerá Ravina (una de las personas más
carismáticas de la Zona, conocido por todo el mundillo
scout por su carácter abierto y alegre, por su simpatía
personal y por su sempiterna disposición de servicio)
en el colegio La Salle-San Ildefonso – junto a un par
de Patrullas que se habían constituido en el colegio
Hispano-Inglés bajo el nombre de Tropa “Acaymo”, y
promovidas por un scouter peninsular que se nos
unió, llamado Luis Mª Palacios del Valle Lerchundi.
Con ella, nuestro Grupo creció aún más, te-
niendo ahora dos Manadas de Lobatos, tres Tropas
Scouts y una Tropa Esculta.

Por su parte, el Grupo “Tajinaste” disponía de


una Ronda de Alitas, una Compañía de Guías y una
Unidad de Pioneras, por lo que, algunos días, el trajín
de chicos y chicas que entraban y salían del Local era
algo digno de verse. ¡Y gracias que utilizábamos con
mucha frecuencia la plaza de San Fernando, situada
enfrente mismo del Local, y a que las chicas desarro-
llaban la mayoría de sus actividades en su otro local
de la Cruz del Señor!

El 14 de noviembre de 1970 el Grupo se hace


con los servicios de un nuevo scouter, Luis Alberto
Arnay de Armas, que inicia su colaboración en funcio-
nes de Ayudante en la Tropa “Gran Tinerfe”. De su
segundo apellido es fácil deducir que se trata, efecti-
vamente, de un primo hermano mío. Con un carácter
extrovertido, campechano y expresivo, y con un claro
espíritu organizador, su disponibilidad en las filas del
escultismo le llevará a colaborar años después en el
Grupo “Aguere”, luego a fundar el Grupo “Taborno” en
La Laguna, seguidamente a trabajar para la Zona VII
y, finalmente, a ostentar la jefatura del Grupo “Ucan-
ca” durante los últimos diez años de su servicio activo.
Varios años más tarde, después de mi retirada
del servicio activo, también se integrará en las filas del
escultismo y por un largo período de tiempo mi primo
Tomás Arnay de Armas, hermano del antes citado.

Del 27 de diciembre de 1970 al 15 de enero de


1971, en varios fines de semana (uno de ellos largo,
de jueves a domingo), asistimos Octavio Armada y yo
a un curso impartido por la Delegación de Juventudes
para obtener el título de Jefe de Campamento, exigi-
ble entonces para poder dirigir tal tipo de actividad. El
curso incluía una acampada de varios días, que se
celebró en el campamento de “La Victoria”, algo más
abajo de Las Raíces, en el monte de La Esperanza y
en el que recuerdo que sufrimos un frío muy intenso.
En el transcurso de la misma hicimos una salida a las
Cañadas del Teide, durante la cual ambos tuvimos la
oportunidad de acampar por primera vez en la nieve,
en Montaña Blanca, y donde, a pesar de la altura su-
perior a los 2.200 metros, pasamos bastante menos
frío que abajo, en el monte.
Esa fue una de esas ocasiones en las que la
utilidad de nuestros sombreros se puso claramente de
manifiesto, pues además de mantener nuestras cabe-
zas calientes en el frío ambiente, nos servían perfec-
tamente en el monte, donde podíamos caminar entre
las ramas de los pinos y el monte bajo sin temor a
golpearnos, ya que las anchas alas de los sombreros
apartaban la mayoría de los obstáculos que hallába-
mos al paso.
Recuerdo también un curso para scouters ce-
lebrado años más tarde en Articosa y que sólo pudi-
mos terminar con éxito gracias a que nuestros som-
breros nos protegían del constante aguanieve que ca-
yó durante dos días seguidos. Las alas de mi sombre-
ro llegaron en algunos momentos a tener encima una
capa de hielo y nieve de bastante más de un centíme-
tro de espesor.
1971

El día 14 de febrero de 1971 – día de San Va-


lentín y domingo de Carnaval – y con motivo de la
Promesa de Luis Alberto Arnay, alquilamos una gua-
gua para trasladarnos al monte de Las Mercedes,
donde se celebró una convivencia de los scouters de
los Grupos “Zebensui” y “Tajinaste”, en una casa que
por entonces tenía prestada ICONA al Grupo Scout
70 “Aguere”, de La Laguna.

El Grupo tenía desde hacía algún tiempo una


revista bastante buena, de nombre “Jamboree”, que
se publicaba cada mes o dos, cuando había material
suficiente. Ahora conseguimos publicarla con una cu-
bierta a todo color, en cuya portada figura una hermo-
sa torre de troncos construida durante el Campamen-
to de Zona anteriormente citado, mientras en la con-
traportada aparecen, con su uniforme de lobato y de
scout, respectivamente, los hermanos Fernando y
Carlos Estarriol Jiménez, mostrando una cartilla de la
Caja General de Ahorros, patrocinadora de la cubierta
en cuestión, ayuda que obtuvimos “llorándole” al en-
tonces Presidente de la entidad, D. Juan Ravina Mén-
dez.
La portada de dicha revista es la que ahora he
tomado para que sirva igualmente de portada de este
libro.

El 21 de marzo del año 1971, el Instituto para


la Conservación de la Naturaleza, ICONA, cedió al
Grupo el uso de la llamada “Choza de la Loca”, situa-
da sobre un pequeño promontorio, en el propio lugar
de Articosa. Se trataba de una pequeña casa, bastan-
te antigua y con sólo dos habitaciones: una muy pe-
queña, de unos siete metros cuadrados, y otra de
mayores dimensiones, unos cuarenta metros cuadra-
dos con una hermosa chimenea en un lateral. Esta
casa la habíamos utilizado de vez en cuando como
lugar de almacenamiento de material en alguna
acampada, pero su mal estado no daba para mucho
más.
Conocida de antemano la noticia de la cesión,
dos días antes, el día 19, y ante el mal estado de la
casa, casi en ruinas, nos pusimos manos a la obra pa-
ra limpiarla y arreglarla, convirtiendo la habitación pe-
queña en una cocina, y la grande en un peculiar dor-
mitorio de literas, especialmente pensado para los lo-
batos. En los meses siguientes se añadiría al conjun-
to una habitación de entrada, construida por los pro-
pios scouts del Grupo, de unos diez metros cuadra-
dos, y que serviría a partir de entonces como almacén
para herramientas, cuerdas, bidones para agua y otro
material diverso.
Al aljibe se le construyó un nuevo brocal, al
tiempo que se vació totalmente el mismo para limpiar-
lo, pues además de agua sucia tenía el fondo total-
mente lleno de piedras y basura. Por cierto, el verano
anterior se me había caído dentro mi navaja suiza
multiusos y el bueno de Fernando Martín, “Fefo”, la
rescató de entre lo que se sacó. Debo decir que, una
vez eliminado el limo que la cubría, se mostró rutilante
y sin el más mínimo deterioro, lo que demuestra la ca-
lidad de estas navajas. Aún la conservo, en perfecto
estado.
Y así quedó la casa lista para recibir a partir de
entonces a un número incontable de scouts que en
ella han disfrutado, a lo largo de los años siguientes,
de acantonamientos, acampadas, cursos de todo tipo
y múltiples otras actividades que han acogido sus vie-
jos muros.

En abril, el Grupo de Guías “Tajinaste” celebró


un campamento en El Sauzal, en la enorme y hermo-
sa

Integrantes del Grupo de Guías “Tajinaste” posan para la posteridad,


en El Sauzal.
(Fotografía del archivo del autor)

casa que allí tiene la familia de Agustín Guime-


rá. Sería el último dirigido por Carmen Pilar Castro,
pues estaba embarazada y ya le iba costando atender
a tanto ajetreo.

Como ya adelanté en su momento, este año


1971 volvió a repetirse la experiencia de un solo Cam-
pamento de verano para toda la Zona, y que también
dirigí. Nuevamente se celebró en Articosa, entre los
días 7 y 19 de julio.
Esta vez se obvió el problema de los scouts
ociosos advirtiendo de antemano a sus dirigentes que
Unidad sin actividad significaba Unidad a disposición
de la dirección del Campamento, para lo que había-
mos previsto un pequeño equipo de scouters. La po-
sibilidad de quedar en mal lugar ante sus muchachos
hizo que ningún dirigente de Tropa olvidase tenerlos
ocupados con actividades de uno u otro tipo.
A este campamento asistieron media docena
de muchachos herreños, acompañados por el Padre
Antonio María Hernández, párroco entonces en la isla
y quien desarrolló actividades de tipo scout durante
unos años de forma un tanto sui géneris, amoldándo-
se a las características del lugar. Actividades que no
pervivieron una vez que fue trasladado fuera de la is-
la.
En el último Fuego de Campamento, la noche
del 18, y que recuerdo como uno de los mejores de mi
vida, las distintas Patrullas lo “bordaron” en sus can-
ciones con divertidas críticas burlonas hacia los scou-
ters, a las que nadie escapó. Y quienes asistieron al
mismo recordarán sin duda el magnífico papel como
animador de la velada del entonces Jefe del Clan de
Zona “Añazo”, José Navarro Zamorano (“Pepe Nava-
rro”).
--*--

Por no ser actividades habituales de un Grupo


Scout y constituir fundamentalmente el reflejo de una
actitud de servicio y solidaridad, me referiré en un blo-
que y sólo de pasada a algunas otras actividades des-
arrolladas por los scouts en todos estos años.
Por ejemplo, con ocasión de un acto celebrado
en la avenida 3 de Mayo, con la asistencia de varios
miles de personas convocadas por el Padre Peyton
para el rezo colectivo del Rosario, los scouts colabora-
ron en cubrir la seguridad física de los presentes des-
perdigándose entre la multitud y ayudando a los
miembros de la Cruz Roja para atender y trasladar a
las personas afectadas por el calor o el cansancio.
Por otra parte, en varias ocasiones intervini-
mos en la búsqueda de niños pequeños extraviados
en los montes cuando acudían allí con sus familias a
pasar unas horas. Recuerdo el caso de una niñita en
La Esperanza y el de un niño en los montes de Vila-
flor. Afortunadamente, siempre se les encontró a
tiempo.
Con motivo de un fuerte terremoto en Nicara-
gua, en el año 1971, los scouts se movilizaron para
disponer los envíos de ayuda humanitaria, colaboran-
do en recoger el material y en preparar los paquetes
que habrían de enviarse a aquel país.
Como no podía ser de otra manera y sin que
haya que explicar mucho al respecto, en varias oca-
siones se organizaron recogidas de basura en nues-
tros montes y se intervino en la plantación de árboles,
colaborando con distintas instituciones o por iniciativa
de la Zona o del propio Grupo.
Y también, como por desgracia sabemos mu-
chos, fuimos necesarios para colaborar en la extinción
de los incendios que de vez en cuando asolaban
nuestros montes. El que nunca ha luchado contra un
incendio forestal no puede hacerse una idea exacta
de lo que es. El humo, el ruido del incendio, la incerti-
dumbre que ocasiona el no saber qué dirección toma-
rá el viento en las próximas horas o minutos, hacen
parecer aún más caótico el propio caos del fuego. Y
para mayor dificultad, los medios eran muy escasos,
tanto en material como en hombres. Nosotros, scou-
ters, escultas y alguno de los scouts de más edad,
acudíamos adonde se nos mandaba y hacíamos lo
que podíamos, que no era mucho, esa es la verdad.
Durante varios años aportamos lo que pudimos y en
alguna ocasión incluso llegamos a jugarnos la vida en
el empeño. Pero lo sentíamos como una obligación y
lo hicimos.
--*--

Terminaba el mes de agosto de este año


1971 cuando varios scouters plantearon inopinada-
mente la necesidad de dejar de compartir el Local con
el Grupo de Guías “Tajinaste”. Aquello resultó un ma-
zazo totalmente inesperado para mí, pues no hacía ni
un año y medio que se había acordado compartirlo
como sede de ambos Grupos, al ser una de las condi-
ciones a las que me comprometí personalmente con
ellas para llevar a cabo la fusión, y no encontraba ra-
zón alguna para dejarlas “en la calle”, ya que no ocu-
paban ninguna de las habitaciones del Local y sola-
mente lo utilizaban de vez en cuando para reuniones
de sus Responsables o como lugar de partida y llega-
da de sus excursiones.
A pesar de mi oposición manifiesta, en los días
siguientes la discusión continuó, por lo que finalmente
propuse la celebración de un Consejo extraordinario
para efectuar una votación al respecto. Tuvo lugar en
la tarde del 4 de septiembre de 1971, efectuándose la
votación a mano alzada, y resultando de la misma tres
abstenciones y una gran mayoría a favor de la sepa-
ración. Sólo Agustín Guimerá y yo votamos a favor de
la continuidad.
Aún hoy sigo sin entender qué es lo que pasó
para que, de pronto y sin razones aparentes, los
scouters tomaran una decisión tan drástica y, para mí,
absurda. En los años siguientes, rememorando aque-
llo, he preguntado a varios de ellos acerca del asunto
y, curiosamente, nadie consigue recordar de dónde y
porqué surgió el tema.
En cualquier caso y además, aunque alguno
de ellos no acabara de entenderlo en aquel momento,
a mí sólo me dejaban una salida posible: la de dimitir.
Eso fue lo que hice.

oooOooo

Ese día terminó mi relación directa con el Gru-


po Scout nº 7 “Zebensui”, al que ayudé a nacer diez
años antes con el nombre de “Gran Tinerfe”, y al que
me sentiré ligado por el resto de mi vida.

Y valió la pena...
EN LA ZONA SCOUT

Habiendo cesado en mis funciones en el Gru-


po Scout 7 “Zebensui”, me puse a disposición de la
Zona VII, a cuyo frente se hallaba entonces Pepe Na-
varro, hombre de carácter abierto y cordial, eminen-
temente extrovertido y muy apreciado por los scouters
de la Zona. A partir de septiembre de 1971 y durante
poco más de dos años mi actividad se limitó a colabo-
rar en los distintos Cursos que se impartían, la mayo-
ría de ellos en Articosa, y el primero de los cuales, un
curso Preliminar de Insignia de Madera - Rama Scout
-, tendría lugar el 29 de junio de 1972.

Durante el año 1972 se solicita y obtiene del


J.S.N. la distinción de Caballero Scout para Francisco
J. Nodal Castañer, integrante del Grupo “Zebensui” y
que lleva varios meses preparándose para ello.
En la segunda semana de enero de 1973
hube de trasladarme por motivos profesionales a Car-
tagena de Indias, en Colombia, preciosa ciudad a la
que me enviaban para iniciar las actividades de una
Escuela de Turismo, y donde permanecí hasta princi-
pios del mes de abril.
En el viaje de regreso y en razón de las co-
nexiones aéreas, tuve que pasar un día completo en
Caracas, en Venezuela. Paseando por la avenida Ur-
daneta, en una calle transversal vi un anuncio de
“Tienda Scout” y allí me dirigí para adquirir, ¡por fin!,
mi pañuelo y mis cuentas de Insignia de Madera, ob-
tenida más de dos años atrás y que me había sido
imposible conseguir antes en casa, en España. Esto
lo cuento para hacer comprender que todavía enton-
ces las penurias eran el pan nuestro de cada día.

En el mes de enero de 1974, embarazada por


segunda vez, mi esposa Carmen Pilar Castro deja la
jefatura del Grupo de Guías “Tajinaste” en manos de
René Sierra, retirándose definitivamente del escultis-
mo después de más de ocho fructíferos años de ser-
vicio activo.
A principios de este año 1974 Pepe Navarro
me nombra Ayudante de Comisario de Zona, a cargo
de la Expansión.
Empecé entonces un período en el que cola-
boré en la programación y desarrollo de Cursos de In-
formación, dirigidos principalmente a los padres y fa-
miliares de nuestros asociados, así como a aquellas
personas que habían manifestado interés por conocer
más de cerca los fines y la organización de nuestra
asociación. Estos cursos se impartían en los locales
de los Grupos que lo solicitaban e incluso, en un par
de ocasiones, tuvieron lugar en los salones de confe-
rencias de algún hotel.
Cualquier actuación que significase difundir y
mejorar la imagen de los scouts facilitaba su expan-
sión, por lo que también se iniciaron actividades en tal
sentido, alguna de las cuales se citan más adelante.
Sin embargo, mi función principal era la de
asesorar y ayudar a la formación de nuevos Grupos,
en lo que tuve un número similar de éxitos y de fraca-
sos, pues si bien se pudo colaborar en el asentamien-
to definitivo de los nuevos Grupos “Taborno” y “Tama-
ragua”, por contra no terminaría de cuajar el intento
de crear un grupo en el Valle de San Lorenzo, en el
sur de nuestra isla, ni se conseguiría la consolidación
del Grupo “Benahoare”, en la isla de La Palma que,
aunque llegó a constituirse y obtener su número de
registro nacional, no perduró mas que unos pocos
años.

Como ya adelanté, este año 1974 se fundó en


La Laguna el Grupo Scout “Taborno”, promovido por
Luis Alberto Arnay y con la ayuda inicial de Laly Diez,

Los hermanos Carlos y Fernando Aguilera, scouts del Grupo


“Taborno”, realizan prácticas de orientación en Articosa.
(Fotografía cedida por Luis Alberto Arnay)
Ángela Garma Pons, Constantino Criado Hernández,
Damián Pérez Esquivel y Alejandro Reyes Marrero. El
Grupo obtendría el número 231 en el registro nacional.
La primera actividad a la que asistieron fue un
acto celebrado el 18 de agosto por los Antiguos Ex-
ploradores en la zona recreativa de Las Raíces, en el
monte de La Esperanza. Posteriormente se incorpora-
rían a este Grupo otros scouters, como los hermanos
Mª Carmen y Miguel Izquierdo López y, en años pos-
teriores, Juan Manuel Morón García, Felipe Siverio
Hernández, Virginia González Gallardo y los también
hermanos Antonio y Calixto Ferrer Hervás, entre
otros.

Por estas fechas nos llegaron noticias de un


supuesto Grupo constituido en la isla de La Gomera,
concretamente en Hermigua. Hechas las oportunas
averiguaciones y contactos, resultó tratarse de un gru-
po de muchachos de ¡cerca de treinta años!, que se
ponían un pañuelo al cuello y decían que eran algo
parecido a los scouts. Pero nada más. En ningún
momento les interesó organizar seriamente un Grupo
scout.
Del 20 al 27 de abril de 1975 tiene lugar en los
salones del Círculo de Amistad “XII de Enero”, en
Santa Cruz, la primera Exposición Filatélica Scout ce-
lebrada en Tenerife. Un matasellos especial concedi-
do por Correos conmemorará el evento, que es visita-
do por cientos de personas que así pueden admirar
miles de sellos con motivo scout emitidos en prácti-
camente todos los países del mundo, expuestos por
coleccionistas especializados y algunos de ellos en-
viados expresamente para la ocasión desde la Penín-
sula. Destacaron las colecciones presentadas por
nuestros compañeros Enrique Genovés Guillén, de
Madrid, y Miguel Angel Artiles Viera, de La Laguna,
así como la de D. Juan López Martínez, de Santa
Cruz y padre de la scouter Ana Mª López.

En octubre de 1975 se inician los contactos con


Francisco Delgado Díaz, quien en los meses siguientes
dará forma al Grupo de Scouts Marinos “Tamaragua” y
se convertirá durante unos años en una referencia obli-
gada en la Zona. Su carácter emprendedor, su facilidad
para conseguir colaboradores y sus ideas en ocasiones
Reproducción en blanco y negro de dos de los sobres especiales matasellados
con motivo de la “I Exposición Filatélica Scout”,
celebrada del 20 al 27 de abril de 1975
en los salones del Círculo de Amistad “XII de Enero”.
inverosímiles a la hora de realizar actividades, marcarán
su presencia en el escultismo de nuestra provincia. Co-
laboradores del Grupo fueron su esposa Mª Carmen de
Arrate Segura, Miguel Arriaga y López de Vergara, Ber-
nardo Parrilla Alemán, Diegoberto Rodríguez Gil y Be-
goña Rodríguez Rodríguez, entre otros muchos.

En enero de 1976, con la presencia de For-


madores venidos de la península y bajo la dirección
de Enrique Genovés, tiene lugar un Curso Básico –
denominado anteriormente Curso Preliminar -- de In-
signia de Madera, Rama Scout.
Como el tener una Insignia de Madera en una
Rama determinada no implica que no se pueda obte-
ner en otra, me inscribí como participante. Como cu-
riosidad, pues es el único dato del que dispongo, rela-
ciono a continuación los nombres de los cursillistas
asistentes, con indicación de sus respectivas Patru-
llas:
Cabras: Luis Alberto Arnay de Armas, Miguel
Angel Artiles Viera, Juan Jesús Blanco González,
Francisco Delgado Díaz, Luis Angel Heredero Abón y
Bernardo Parrilla Alemán.
Viejas: Javier Blanco González, Ginés Galtier
Martínez, José Ortiz Comerma, Antonio Pérez Batista,
Gabriel Roca Gironés y Oscar Rodríguez Estévez.
Camellos: Pedro Miguel Coello Perdomo, Fran-
cisco Palmer Carbonell, Alejandro Reyes Marrero, Mi-
guel Rodríguez Palmero, Joaquín Vázquez de la Rosa
y yo mismo.

Bajo la divertida mirada de Enrique Genovés, el autor y Francisco Palmer hacen


alguna “salvajada”, mientras Alejandro Reyes y Javier Blanco “hacen el oso”.
(Fotografía del archivo del autor).
Los primeros días del mes de mayo de 1976
estamos mi esposa Carmen Pilar y yo, con nuestros
hijos Mª Belén y Tommy, en Funchal, capital de la isla
de Madeira. Allí tuvimos la oportunidad de hacer un
amistoso contacto con los scouts locales, asistiendo
incluso a un Fuego de Campamento que celebraron
en las cercanías de la ciudad.
Entre otras muchas cosas, hablamos de la po-
sibilidad de intercambios durante los campamentos de
verano, cosa que nunca llegó a hacerse realidad por
las dificultades en las comunicaciones en aquellos
tiempos y el elevado costo de las mismas.
COMISARIA DE ZONA

El 22 de octubre de 1976, terminado el man-


dato de José Navarro, la Asamblea de Zona decide
por mayoría nombrarme Comisario de Zona.
Como Ayudantes, nombré a mi vez a Alberto
García Rojas para la rama Scout, Luis Alberto Arnay
de Armas en la rama Lobatos, Octavio Armada Ver-
netta en Expansión, como Secretario a Luis-Felipe La
Roche Owen y como Secretario de Actas a Bernardo
Parrilla Alemán.
Algún tiempo más tarde, reestructurado el
equipo, se integraría Alfonso Sánchez Bruno en fun-
ciones de Secretario y también José Carlos Marrero
González en la rama Lobatos, pasando Luis Alberto
Arnay a Expansión y actuando desde entonces Octa-
vio Armada como ACZ sin cartera.
Empezaba para mí un nuevo período en el es-
cultismo, pues como responsable provincial se me
avecinaban algunos viajes a Madrid -- al tener que
asistir en representación de la Zona a las sesiones del
Consejo Scout Nacional --, contactos con todos y ca-
da uno de los Grupos, con la gran mayoría de los
scouters … y prácticamente ninguno con los mucha-
chos objeto de nuestros esfuerzos.
Venía a complementar la labor de anteriores
Comisarios, el primero de los cuales fue D. José Pa-
drón Campos, un antiguo Explorador nombrado Co-
misario de Distrito por la Oficina Nacional allá por
1961 y a quien no recuerdo haber conocido nunca
personalmente, pues con nuestro Grupo no creo que
tuviera contacto alguno. Le sustituiría hacia mediados
de los 60 el también antiguo Explorador D. Angel
Honorio Alonso Pinto, y con quien sí tuvimos varias
reuniones, acercándonos él algo más al Grupo “Ucan-
ca”, dirigido por un siempre animoso y entusiasta,
aunque algo aprensivo y excesivamente personalista,
Juan Perera Marrero.
En los últimos años 60 resultó elegido, ahora
por los Grupos y con la nueva denominación de Co-
misario de Zona, el ex-Presidente del Comité de Pa-
dres del Grupo “Ucanca”, D. Francisco Aznar Ortiz,
quien sería a su vez reemplazado a principios de los
años 70 por D. Antonio Pintor Martínez, a la sazón
Presidente del Comité del Grupo “Zebensui”.
Mi último antecesor fue, como ya indiqué, José
Navarro Zamorano, el primer Comisario que accedía
al cargo después de ejercer como scouter en un Gru-
po. Y eso se notó en la Zona, pues fue el primero con
quien los scouters podían hablar de tú a tú y que les
comprendía totalmente, pues él había padecido sus
mismos problemas e inquietudes. Y todo ello sin des-
merecer de los anteriores, que hicieron lo que pudie-
ron en cada momento, con la mejor voluntad y esfuer-
zo.

Por mi parte, tenía muy claros mis objetivos


como Comisario. Entre ellos, organizar periódicamen-
te actividades conjuntas que terminasen con las pe-
queñas rencillas y discusiones entre Grupos, así como
exigir una formación mínima a los scouters, sanear en
lo posible las finanzas, seguir mejorando la imagen
pública de la Asociación y consolidar en lo posible el
ya iniciado crecimiento del escultismo en la Zona,
además de establecer un reglamento de régimen in-
terior para la misma.
Para lo primero consideraba que era importan-
te celebrar siempre la festividad de nuestro Patrón,
San Jorge, con una actividad conjunta, de absoluta-
mente todos los Grupos, por lo que procuré que tal
celebración se programase en la Zona y se comuni-
case a los Grupos con la antelación suficiente y que
luego no apareciese nadie diciendo que le coincidía
con una “importante actividad” de su Grupo. Desde el
mes de septiembre ya se establecía la fecha exacta
de celebración de San Jorge, en abril o mayo siguien-
tes.
También intenté que se celebrara alguna acti-
vidad de toda la Zona a comienzos de cada curso,
hacia octubre o noviembre, alguna de las cuales men-
ciono más adelante.

Por otra parte, la gran mayoría éramos cons-


cientes de ser unos legos en materia educativa, que
suplíamos con experiencia y muy buena voluntad,
siempre insuficientes. Tampoco pretendíamos conver-
tirnos en “enseñantes”, pues eso sería desvirtuar la
idea de Baden Powell y destruir en parte el encanto
del Gran Juego que es el escultismo. Pero lo cierto es
que necesitábamos ponernos a la altura de las cir-
cunstancias y para ello se hacía imprescindible una
formación adecuada, una formación específica en es-
cultismo, que evitase eso tan frecuente de que al fi-
nal, en algunos casos, cada uno termina haciendo lo
que él entiende que es scout y quien nos ve desde
fuera acaba pensando que sólo somos una caja de
grillos, cantando cada uno por su lado.
Perdiendo de vista el objetivo último de su
existencia y a causa de la endémica escasez de scou-
ters, algunos Grupos tendían con mucha facilidad a
encargar de las Unidades a quien fuera con tal de su-
perar una situación “provisional” que a veces se eter-
nizaba. Y, en ocasiones, teníamos formando y edu-
cando a nuestros muchachos a personas muy buenas
y voluntariosas, pero que, simple y llanamente, no te-
nían capacidad para ello, no servían para ese trabajo.
Por ello establecimos en el Consejo de Zona
un calendario de formación, con diversos cursos Pre-
certificado, Básicos de Insignia de Madera y Especia-
lizados, buscamos a los que pudiesen impartir dichos
cursos y dimos un plazo para que absolutamente to-
dos los scouters de la Zona superasen las distintas
etapas de formación. Pasado dicho plazo, quedaba
expresamente desautorizada cualquier actividad a cu-
yo frente no estuviese un scouter con la debida for-
mación. Y lo mismo se aplicaba a los nuevos scouters
que se incorporaban, quienes no recibían su Certifi-
cado de Cargo hasta no haber superado el nivel bási-
co de formación. Se acordó que a los distintos cursos
asistiesen también los padres integrantes de los Co-
mités, lo que les hizo entender mucho mejor los obje-
tivos y métodos del escultismo y, sobre todo, les moti-
vó a realizar su labor de apoyo, control y colaboración
con mayor conocimiento y eficacia.
Estimo que los resultados fueron muy buenos,
pues una gran mayoría de los scouters asistieron a
distintos cursos, casi siempre de fin de semana, don-
de, además de formarse, compartían y comentaban
sus experiencias personales con dirigentes de otros
Grupos, lo que les formaba aún más y creaba un me-
jor ambiente en toda la Zona. En cuanto a los padres,
nuestra sorpresa fue que bastantes terminaron con el
pañuelo al cuello tras asistir como simples oyentes a
los cursos, integrándose con entusiasmo en los equi-
pos de scouters de sus respectivos Grupos y consoli-
dando así la labor de los mismos. Bien es cierto que
algunos resultaron unos simples “controladores” de
las actividades de sus hijos, pero en su mayoría
resultaron scouters de verdad y continuaron en los
Grupos incluso después de la inevitable marcha de
sus hijos, años más tarde.
Con la formación se logró, además, limitar bas-
tante otro problema que por entonces teníamos en la
Zona. La poca presencia entonces de lo que hoy co-
nocemos como organizaciones no gubernamentales
hacía que muchos problemas no específicamente
scouts fuesen cayendo sobre los Grupos y, especial-
mente, sobre los scouters, quienes, en su afán de co-
laborar con todo el que lo pedía, llegaban en algunos
casos a convertir sus Unidades en asociaciones orni-
tológicas, protectoras de animales y plantas, de apoyo
a minusválidos, ecologistas, de bomberos forestales o
de lo que fuera. Y una cosa era dedicar parte de las
actividades a colaboraciones que resultaban aleccio-
nadoras y positivas para todos y otra muy distinta era
pretender ser los salvadores del mundo, abarcando y
resolviendo todas y cada una de las necesidades de
la sociedad. Un mejor conocimiento de la metodología
y de los objetivos del escultismo les hacía bajar de las
nubes y optimizar sus esfuerzos.
Por cierto que en uno de estos cursos de for-
mación sucedió el único accidente grave que recuerdo
de mis años de escultismo activo. Fue a finales de
noviembre de 1977, en Articosa, mientras se celebra-
ba una actividad complementaria de un curso, más
concretamente el tradicional juego de tirar de la cuer-
da. Formaba parte de uno de los dos equipos el scou-
ter Felipe Siverio Hernández, quien tuvo la mala idea
de hacer un lazo a la cuerda para afianzarla mejor,
pero, con las prisas y sin darse cuenta, utilizó un nudo
corredizo.
Comenzado el juego y habiendo tirado cada
equipo de su lado, el nudo se deslizó de golpe y atra-
pó dos dedos, el medio y el anular, de la mano iz-
quierda de Felipe, quien dio un grito de dolor. Parali-
zado inmediatamente el juego, comprobamos que el
nudo se había cerrado casi completamente alrededor
de los dedos, por lo que tuvimos que cortar la cuerda
para liberarlos. Puede imaginarse el horror de los pre-
sentes, que incluso dio lugar a casi desvanecimientos
entre alguna de las personas participantes y dejó pa-
ralizado a más de uno.
Mientras tanto el propio Felipe, con un valor,
una entereza y una sangre fría increíbles, era el que
trataba de tranquilizarnos a todos, quitando importan-
cia al asunto y sin dar la más mínima muestra del do-
lor que sin duda sentía. Aunque él quería irse sólo y
en su propio coche, el herido fue inmediatamente
trasladado por los scouters Abel Cedrés Ramallo y
Miguel Angel Artiles Viera, -- de los anímicamente
más enteros después del accidente --, al Hospital Ge-
neral, donde lamentablemente nada pudieron hacer
para salvarle los dos dedos.
Cuando tres o cuatro scouters fuimos a visitar-
le al hospital a última hora de la tarde, lo encontramos
en su cama, tan tranquilo, tan hablador como siempre
y preocupado sólo de si el cursillo había terminado
bien … ¡Todo un personaje nuestro amigo Felipe Si-
verio!
En cuanto a las finanzas, el tema era más
complejo. Por aquellas fechas eran los Grupos los
que disponían de algún dinero, recaudado con el tra-
bajo de sus miembros y con las cuotas que abonaban
mensualmente los padres que podían hacerlo. La Zo-
na se nutría de las pequeñas cuotas que cobraba de
los distintos Grupos, en función del número de aso-
ciados. En definitiva, la Zona venía siendo una rémora
para los Grupos.
Yo entendía que había que intentar que la si-
tuación fuese a la inversa, en que la Zona aportase a
los Grupos más que lo que obtuviese de ellos. Y con
ese fin nos pusimos todos a pensar, en busca de al-
guna solución.
Y las encontramos. Además de poner en práctica los
sistemas habituales entonces de las comidas, búsque-
da de patrocinadores, etc, en el año 1977 editamos un
“Diploma” muy particular. Se trataba de certificar que el
poseedor del mismo “… ha visitado en el día de la fe-
cha el Circo de Las Cañadas y el volcán Teide, que con
sus 3.718 metros de altitud constituye el punto más
elevado de España…”. Todo ello en español, inglés y
alemán, con espacios en blanco para el nombre y la
fecha y un par de firmas y sellos preimpresos, además
de una bella composición a todo color con una imagen
del Teide flanqueado por un ejemplar de tajinaste y otro
de viole-
Reproducción en blanco y negro del diploma que comercializó la Zona,
durante varios años, en las Cañadas del Teide.

tas del Teide. Este documento se vendía en el Parador


de Turismo de Las Cañadas, en los distintos restauran-
tes de la zona y en las oficinas del Teleférico, a cambio
de una comisión para los vendedores. Si no recuerdo
mal, el precio era de 125 pesetas cada diploma, de las
cuales 25 quedaban para el vendedor. Las cien restan-
tes menos el costo de edición significaban unas 75 pe-
setas para la Zona. Como se llegaron a vender muy
pronto varios cientos cada mes, la tesorería de Zona
pudo comenzar a impartir sus cursos a precios muy
razonables para los asistentes, a facilitar medios a los
grupos en formación, a dar buenos premios en los con-
cursos que organizaba y a nutrirse de sus propios fon-
dos para hacer frente a la inevitable burocracia.
Incluso se pudo alquilar (desde mediados de
1979) un local propio en la calle El Peso nº 40 de La
Laguna, en una casa terrera que por aquellas fechas
allí se encontraba y en donde a partir de entonces es-
tableció su sede y tuvieron lugar los Consejos de Zo-
na, así como lo que llamábamos consejillos, que se
celebraban semanalmente (los lunes, creo recordar) y
a los que acudían libremente los scouters que quisie-
ran para compartir sus ideas o plantear sus problemas
puntuales, aunque la verdad es que, salvo los Jefes
de Grupo, pocos otros scouters lo hacían, tal vez por
falta de tiempo. Pero al menos disponían de esa posi-
bilidad.
En los consejillos no existía ningún orden del
día ni temario preestablecido, por lo que cada uno sa-
caba el tema de su preferencia. El sistema funcionó
bastante bien, evitando sobre todo muchas pérdidas
de tiempo en los Consejos de Zona, pues casi todos
conocíamos los temas con anterioridad y teníamos
una idea clara sobre ellos, lo que nos permitía evitar
muchas aclaraciones y discusiones y resolverlos con
mayor presteza cuando llegaban al Consejo. Por otro
lado, permitía que cualquier scouter de cualquier Uni-
dad de la Zona tuviese un contacto directo con otro de
cualquier otra función, por lo que de ahí nacieron, por
ejemplo, algunas actividades conjuntas por Rama.

Por lo que se refiere al crecimiento de la Zona,


por propia experiencia sabía lo complejo que es for-
mar un Grupo Scout y, sobre todo, lo difícil que es
mantenerlo en marcha y la carga de responsabilidad
que significa un compromiso de esas características.
Pero también sabía que, con las ayudas imprescindi-
bles, con el asesoramiento suficiente y con el respal-
do de un equipo comprometido, era posible encontrar
algunas personas dispuestas a crear nuevos Grupos y
a mantenerlos.
Y esto también se logró en parte, aunque natu-
ralmente con algunos fracasos. Con bastantes dificul-
tades, se mantuvo activo el Grupo “Benahoare” de La
Palma, aunque finalmente terminaría desapareciendo.
Por otra parte, se logró consolidar un nuevo
Grupo en La Orotava, que al parecer había existido
entre los años 1966 y 1969 sin que nosotros llegára-
mos a saberlo nunca, y fundado por el párroco del ba-
rrio de San Antonio, Padre Carlos Arceniega. Unos
años más tarde, en 1977, uno de sus antiguos scouts,
Ruperto Hernández Rodríguez, intentó revitalizarlo,
para lo que entró en contacto con la Zona y en unos
pocos meses logró que el Grupo Scout “Betzenuhya”
obtuviese su registro definitivo, con el nº 305. Con
Ruperto colaborarían, entre otros muchos, los herma-
nos Milagros y Manuel Sáiz Mesa, así como Rafael
Ramos Álvarez y Carmen Machado.
Además, se logró el despegue (¡nunca mejor
dicho!) del Grupo de Scouts Aéreos “Tigot”, de nue-
va creación y fundado por el scouter Miguel Angel Ar-
tiles Viera, con la colaboración inicial de Baltasar Car-
ballo y Melchor Ruiz Benítez de Lugo y con el patroci-
nio de la compañía aérea Iberia, que incluso les cedió
el uso de un pequeño local en el aeropuerto Tenerife
Norte. Este Grupo se fundó en noviembre de 1978 y
en él se integrarían también varios empleados de la
mencionada compañía aérea, como Bernardo García
Ruiz, Elsa Hernández Acosta y Jorge Tabares, así
como otros scouters entre quienes recuerdo a Mª
Cruz Ravelo Ramos y Mercedes Rodríguez Moreno.

En cuanto al reglamento de régimen interior de


la Zona, se trataba de unificar criterios y de aclarar
determinadas formas de actuar que nadie tenía cla-
ras, pues aunque en la reglamentación nacional (el
conocido P.O.R. –Principios, Organización y Reglas --
) en ocasiones se establecía lo que había que hacer,
no siempre se especificaba el cómo, el quién o el
cuándo había que hacerlo. El reglamento de Zona
aclaraba estos extremos además de establecer nor-
mas específicas para nuestro territorio, como actua-
ciones de los scouters en formación, del Secretario o
Tesorero de Zona, de administración interna, de dura-
ción de los nombramientos, etc.

oooOooo

Del período en que fui Comisario de Zona re-


cuerdo varios hechos relevantes para la Asociación:

El primero tuvo lugar el 31 de enero de 1977 y


consistió en el reconocimiento de nuestra Asociación
de Scouts de España, ASDE, por parte del Gobierno,
en Consejo de Ministros de tal fecha. Por fin, después
de tantos años de ser simplemente tolerados, de te-
ner que medir con exquisito cuidado cada uno de
nuestros pasos, adquiríamos todos los derechos de
una asociación plenamente legalizada. La importancia
de este hecho sólo la podemos entender en toda su
extensión los que sufrimos los primeros años del re-
nacer del escultismo, y eso que, como ya he hecho
constar, en nuestras islas nunca tuvimos problemas
de verdadera entidad.
Como complemento a esta importante nove-
dad en nuestro status, en el Consejo de Ministros ce-
lebrado el día 1 de diciembre del mismo año 1977 se
declaró a la Asociación de Scouts de España como
de Utilidad Pública. ¡Lo que habían cambiado las co-
sas para nosotros en unos pocos meses!

Sólo unos meses más tarde, el 16 de marzo


de 1978, la Oficina Scout Mundial, cumplido el trámite
necesario de la autorización del Gobierno de España,
reconoce oficialmente a la Federación de Escultismo
de España. Así, el escultismo español, que fue fun-
dador de la citada Oficina Mundial, vuelve por fin a ser
parte integrante de la misma después de una ausen-
cia obligada de casi cuarenta años.
Por cierto que este reconocimiento internacional viene a
confirmar en nuestro país el éxito de la estrategia de
división que desde hace varios años venían propiciando
determinados estamentos interesados en que en Espa-
ña no existiese una sola asociación scout. Además de
las ya previstas deserciones provocadas por el desarro-
llo natural de las cosas, -- que hace que determinadas
regiones creen “su” asociación propia, caso de los cata-
lanes --, los personalismos de algunos y las pocas luces
de otros harán que florezcan asociaciones scouts o
pseudo-scouts por todo el territorio nacional, aunque
finalmente la Oficina Scout Mundial pondrá un poco de

El autor, secundado por Luis Alberto Arnay, explica el Escultismo durante un


curso de Información, en la sala de conferencias de un hotel de Santa Cruz.
(Fotografía cedida por Luis Alberto Arnay

orden y sólo reconocerá a las más representativas y


“serias”, integradas en la denominada Federación de
Escultismo de España, de la que formarán parte los
Scouts de España -ASDE-, el Movimiento Scout Católi-
co -MSC- y los Mignons de Cataluña.
Pero el daño estaba hecho. La autonomía que
siempre han tenido habría facilitado que, aún en una
sola Asociación, cada Grupo scout eligiese una op-
ción para el desarrollo del escultismo, ya fuese
haciendo hincapié en determinados aspectos regiona-
les, ya aplicando técnicas específicas – emisoras de
radioaficionado, submarinismo, ciclismo, esquí o cual-
quier otra -- o incluso acentuando su compromiso con
una fe concreta.
Pero no salieron así las cosas y hoy, en lugar
de una sola Asociación fuerte y más eficaz, tenemos
varias, más débiles, menos eficientes e incluso en
ocasiones claramente enfrentadas entre sí. ¿Cómo se
le explica a la sociedad, al público en general, que en
realidad y en el fondo todos somos la misma cosa si,
por ejemplo, unos se hacen llamar Escultas y otros se
denominan Pioneros, y más si (existiendo, como exis-
te, el nombre exclusivo y universalmente aceptado de
scouter) a unos se les llama Responsables y a otros
Coordinadores?
Los adjetivos algunas veces confunden, y esta
es una de ellas, pues se pregunta más de uno: ¿si
aquellos son “católicos”, éstos qué son…? ¿si los de
allí son “de Baden Powell”, éstos de quién…? Cada
uno dirá lo que quiera, pero desde fuera, desde la ca-
lle, estas cosas no se entienden.
Y creo que a peor ha ido la cosa en los últimos
tiempos pues, y entre otras razones para obviar pro-
blemas reales y graves como el de la responsabilidad
civil de los scouters o el amoldarse al nuevo Estado
de las Autonomías, la imaginación sólo ha dado para
crear de hecho pequeñas “asociaciones”, lo que mu-
cho me temo facilita aún más la disgregación y mina
el imprescindible principio de cohesión y autoridad.
Y así nos ha ido... El crecimiento del escultis-
mo en España ha estado condicionado por estas cir-
cunstancias y donde debería haber miles sólo hay
cientos. Algo tan simple como una cuestión de ima-
gen. A fe que quienes esparcieron la cizaña sabían
perfectamente lo que se hacían.
¿Habrá voluntad, en un futuro cercano, para
unir lo que nunca debió separarse? Sé que a escala
nacional será muy difícil, al menos por el momento,
pero también sé que a niveles territoriales más redu-
cidos sólo hace falta un poco de diálogo y de buena
voluntad. Ya se ha dicho: pensar a escala global y ac-
tuar a escala local. Ojalá suceda.

El 12 de octubre de 1977, día de la Hispani-


dad, a bordo de un remolcador del puerto de Santa
Cruz y con la asistencia de representantes de cada
uno de los Grupos de la Zona y de Luis Alberto Arnay
en representación de ésta, se realizó el lanzamiento
en alta mar de un salvavidas con un mensaje para los
scouts del continente americano, que las corrientes
marinas (eso esperábamos) se encargarían de llevar
a su destino. Fueron lanzadas igualmente tres bote-
llas con mensajes similares y con igual fin. Resultó un
acto sencillo, emotivo y ciertamente novedoso para
casi todos (salvo para los scouts marinos, que se en-
contraban en su elemento), aunque… hasta la fecha
no hay noticias de que nadie de la otra orilla las reci-
biera…, pero…
Durante dos fines de semana, entre los días
18 y 26 de marzo de 1978, se celebró en Articosa un
Curso Avanzado de Insignia de Madera - Rama Scout,
dirigido por Paco Aznar Vallejo con la asistencia de
Fernando Salinas Sánchez, del equipo nacional. A mí
me incluyeron en el equipo, en funciones de ayudan-
te.
Asistieron como cursillistas Luis Alberto Arnay,
Oscar Bennasar, Paco Delgado, Alberto García, Pepe
Navarro y Oscar Rodríguez. Junto a ellos, los scouters
de Las Palmas Prudencio Lorenzo Santana -- Comi-
sario de la Zona II --, Agustín Manuel Perdomo Pérez,
Sergio Ramírez Galindo y Juan Antonio Ramos San-
tos.

Del 14 al 21 de abril se celebró la “Expo Scout


78”, en los salones de la Escuela de Arquitectura Téc-
nica, en La Laguna, con entrada libre. Se trataba de
una exposición de fotografías, maquetas, material
de acampada, bibliografía y todo aquello que per-
mitiese adquirir al público en general un mejor cono-
cimiento de lo que era el escultismo. Por las tardes se
daban charlas sobre distintos aspectos de nuestra ac-
tividad, también con entrada libre.
Se finalizó esta denominada Semana Scout
con una acampada de los Grupos de la Zona en Arti-
cosa, los días 22 y 23 de abril, asistiendo el último día
una amplia representación de los Antiguos Explorado-
res, quienes habían aportado material muy valioso pa-
ra la exposición citada anteriormente. El día 23, festi-
vidad de San Jorge, realizaron sus respectivas Pro-
mesas los scouters del Grupo “Betzenuhya”, de La
Orotava, aunque la intensa lluvia les obligó a finalizar
la ceremonia, tras el correspondiente traslado, en las
Cañadas del Teide, ahora bajo un sol esplendoroso.

Del 29 de abril al 1 de mayo de 1978 se cele-


bró, nuevamente en Articosa, un Curso Básico de In-
signia de Madera - Rama Lobatos -, nuevamente bajo
la dirección de Paco Aznar y actuando como Ayudan-
tes Luis Alberto Arnay y Alberto García. La unidad de
apoyo del curso, dirigida en esta ocasión por mí, la in-
tegraban además Ligia Parrilla Suárez, Miguel Angel
Artiles, Oscar Bennasar, Ruperto Hernández Rodrí-
guez, Miguel Izquierdo López, Mario Rodríguez Díaz y
nuestro imprescindible cocinero, Diego García. Asis-
tieron 21 cursillistas de Tenerife y 8 de Las Palmas.
Los días 18 y 19 de noviembre de 1978, tuvo
lugar una actividad de Zona, en forma de Gran Juego,
a la que se denominó “Operación Tosca”, en un circui-
to por el exterior de los límites de los amplios terrenos
que por entonces ocupaba la hoy desaparecida reser-
va de animales que se llamó Safari Park “Kudú”.
Consistió en una especie de competición por
Patrullas, en la que tenían que superar una serie de
pruebas, algunas de ellas puramente scouts, como
encender un fuego, hacer señales y pistas, realizar
amarres, atender supuestos “heridos”, montar una
tienda de campaña o cosas por el estilo, y otras total-
mente novedosas, como tirar al blanco, cambiar la
rueda de un coche o interpretar a coro una canción,
entre otras.
En esta actividad tuve mi primer encontronazo
con algunos scouters. Se me ocurrió proponer al Con-
sejo de Zona, y este lo aceptó, que los scouters de
Unidad participasen también en la actividad, intentan-
do superar las mismas pruebas que los muchachos.
Aquello, a algunos les sentó muy mal, pues pensaban
que corrían el riesgo de quedar mal ante los integran-
tes de sus Unidades. Por contra, mi argumento y el
del Consejo era que si estaban adiestrando a los chi-
cos y “examinándolos” en las pruebas de Clase, era
lógico pensar que también deberían ser capaces ellos
mismos de superar la mayoría de esas pruebas.
Finalmente, y a pesar de una cierta tensión y
de que casi se produjo un motín de media docena de
scouters, se celebró la actividad con pleno éxito, con
la participación de todos y sin mayores traumas para
nadie, aunque me temo que mi posición de liderazgo
quedó dañada para siempre ante más de uno.

Siendo Luis Alberto Arnay Ayudante de Comi-


sario de Zona para Lobatos, en el año 1978, se cele-
bró el denominado Primer Rally de Lobatos, en las
inmediaciones de la montaña del Púlpito, por la zona
de Los Rodeos. En forma de Gran Juego, reunió a to-
das las Manadas de la Zona, dando la oportunidad de
conocerse e integrarse mejor a los scouters de los
Grupos menos veteranos.

Otras actividades con éxito fueron los concur-


sos por Patrullas, entre los que destacaron el de con-
fección de sus propias tiendas de campaña – recuer-
do que resultó ganadora la Patrulla “Perdigueros”, del
Grupo “Zebensui” -- y el de presentación de cancio-
nes, gritos y tradiciones de Patrulla.

Aprovechamos también una publicación de la


Oficina Scout Mundial que, editada en colaboración
con el Fondo Mundial para la Conservación de la Na-
turaleza, nos fue enviada hacia mediados de 1978.
Visité al entonces director del periódico “El Día”, D.
Ernesto Salcedo Vílchez y convinimos en preparar
una página semanal dedicada al escultismo y a la pro-
tección del medio ambiente. Utilizando como base el
contenido de la publicación citada y añadiendo algu-
nas informaciones sobre los scouts y la conservación
de la naturaleza, estuvimos saliendo en el citado pe-
riódico durante varios meses, en su mayor parte ocu-
pando la última página, lo que nos daba aún mayor
proyección pública.

Por su parte, José Carlos Marrero, nuevo Ayu-


dante de Comisario de Zona para la Rama Lobatos,
organizó varias actividades conjuntas con las distintas
Manadas de la Zona. Una de ellas, celebrada con
ocasión del Año Internacional del Niño, tuvo lugar en
el mes de noviembre de 1979 y consistió en que los
Lobatos pintaran con su “estilo propio” y con diversos
colores y motivos – especialmente niños con animales
y plantas – el muro que circundaba las obras, enton-
ces paralizadas, del que luego sería edificio “El Cha-
patal”, en la chicharrera avenida de Bélgica, en su
confluencia con las Ramblas.

Vista parcial del Día de la Cometa en el Parque de La Granja. El autor también


quiere demostrar sus habilidades “cometeriles” a sus hijos Tomás y Mª Belén.
(Fotografía del archivo del autor).

Debo mencionar que, además de las brochas,


pinturas y delantales, también llevaron periódicos vie-
jos para cubrir las aceras y no dejar huellas en ellas. Y
así se logró que un simple muro blanco, casi siempre
lleno de pintadas, se convirtiera en una pequeña obra
de arte, que perduró hasta que finalizaron las obras
del edificio y el muro fue demolido.

Otra de las actividades de la Rama de Lobatos


fue la celebrada en la primavera de 1980 en el Parque
de La Granja y a la que se denominaría El día de la
Cometa.
El objetivo final era que los chicos y sus pa-
dres, lobatos o no (pues estaba abierta a quien quisie-
ra asistir), compartieran una jornada elevando al cielo
sus cometas. Muchos padres pudieron así demostrar
a sus hijos que eran unos “expertos” creadores, al
confeccionarlas allí mismo con cañas, papel, creyo-
nes, trapos, cuerdas y pegamento, material que facili-
taba la organización a quien lo solicitara. Resultó un
completo éxito, siendo incluso retransmitido en diver-
sos momentos por la emisora Radio Club Tenerife.
Y aquí sucedió algo curioso y que no puedo
dejar de mencionar. Poco antes, José Carlos Marrero
había finalizado sus estudios de Aparejador, profesión
que empezaba a desarrollar, mientras colaboraba al
mismo tiempo y como simple aficionado en un pro-
grama deportivo y pregrabado, sobre carreras de co-
ches, en la citada emisora. Ya antes había hecho al-
gún pinito en Radio Juventud. Sin embargo, ahora, su
intervención en vivo y en directo ante los micrófonos
fue tan brillante y divertida, entrevistando a chicos y
mayores y describiendo con amenidad y simpatía lo
que acontecía en cada momento del Día de la Come-
ta, que el entonces director de la emisora, Francisco
Padrón, le ofreció hacer otros programas. Y allí giró el
rumbo de su vida, seguramente que para bien, pues
desde entonces se ha dedicado al mundo de la co-
municación -- inicialmente formando equipo con la
también scouter Dulce Lite Otazo --, y hoy en día es,
como todos sabemos, el director y máximo responsa-
ble de la Cadena Cope - Radio Popular -, en Tenerife.

oooOooo

Un muy importante acontecimiento para la Zo-


na comenzó a larvarse a finales del verano de 1978.
Me parece recordar que fue nuestro compañero Paco
Aznar, antiguo componente del Grupo Scout “Ucanca”
y a la sazón miembro de la Oficina Nacional, quien
nos hizo la propuesta en un Consejo de Zona que
celebramos en el local que el Grupo Scout “Aguere”
de La Laguna, tenía por entonces en la calle Marqués
de Celada 40. Se trataba, ni más ni menos, de que
nuestra Zona se comprometiese a celebrar un
Campamento Nacional Scout en el verano del
siguiente año, 1979, declarado por las Naciones
Unidas como Año Internacional del Niño.
Es decir, que nos encargaríamos de organizar
para la Asociación Nacional un evento que no se ce-
lebraba desde los tiempos en que aún existían los
Exploradores, y que para ello dispondríamos de tan
sólo nueve meses.
La propuesta suscitó inmediatamente el entu-
siasmo de la mayoría del Consejo, pues por aquellas
fechas ya nos sentíamos capaces de organizar cual-
quier cosa que nos pusieran por delante. Sin embar-
go, observé que dos de los scouters de más edad no
parecían compartir totalmente la alegría generalizada.
Oscar Rodríguez Estévez, Jefe del Grupo 70 “Aguere”
y Francisco Calvo Rodríguez, Jefe del Grupo 6 “Ucan-
ca”, permanecían más serios, con sólo media sonrisa,
y esta provocada más que por otra cosa por el mani-
fiesto contento de los demás. Creo que fueron los úni-
cos que se dieron cuenta en aquellos momentos de
que el “peso” de aquel Campamento podía ser excesi-
vo para una Zona relativamente pequeña como la
nuestra, con menos de una decena de Grupos y con
los scouters justos para desarrollar una buena labor,
pero nada más.
En cualquier caso, el reto estaba planteado y
los miembros del Consejo de Zona abandonaron la
reunión eufóricos, aunque advertidos claramente de
las dificultades que el asunto presentaba, y dispues-
tos a plantear la cuestión en sus respectivos Grupos
para tomar una decisión final.
En los días siguientes y ya con la cabeza más
fría, se discutió ampliamente el tema, tanto en los
Grupos como en la Zona, haciéndose especial hinca-
pié en el trabajo que un evento de tal naturaleza com-
portaba para todos.
Llegado el momento de decidir, sólo un Grupo
se manifestó inicialmente contrario a la organización
del Campamento Nacional, aunque finalmente tam-
bién votó a favor, comprometiéndose con todos a tra-
bajar por su buen resultado.
Yo era consciente, y así lo manifesté, de que
en las fechas en que se celebraría el Campamento,
en pleno mes de julio, yo no podría colaborar plena-
mente a su desarrollo. Mi trabajo como agente de via-
jes, en plena temporada de ventas, me iba a impedir
estar presente la mayoría de los días. Por ello puse
como única condición para dar mi visto bueno -- al fin
y al cabo era el Comisario de Zona y principal respon-
sable de lo que pasara – que el esfuerzo fuese de to-
dos y que el Presidente de la Comisión Organizadora
y luego Jefe del Campamento fuese un hombre entu-
siasta y con carisma para involucrar a toda la Zona en
los trabajos que se nos avecinaban, aunque por otra
parte su experiencia en la organización de este tipo
de eventos era más bien escasa. Se trataba de Fran-
cisco Delgado Díaz, del activo jefe del Grupo de
Scouts Marinos “Tamaragua”. Éste, después de du-
darlo sólo unos instantes, aceptó.
Paco Delgado muestra a varios scouts marinos la forma de tensar un obenque,
en el velero de un amigo, mientras Luis Alberto Arnay (con gafas de sol)
sólo atiende al fotógrafo.
(Fotografía cedida por Luis Alberto Arnay)

Y empezaron semanas y meses de gestiones.


La primera fue obtener la conformidad de la Asamblea
Nacional Scout, a la que también asistió el entonces
Presidente Nacional de la Asociación, D. Cristóbal Co-
lón de Carvajal y Maroto, Duque de Veragua. Para
ello nos desplazamos a Madrid en el mes de noviem-
bre media docena de scouters de la Zona para expli-
carles nuestro proyecto, que aceptaron unánimemen-
te y también entusiasmados con la idea.
Luego hubo que decidir el emplazamiento, ob-
tener los permisos pertinentes, recabar colaboracio-
nes del Ejército para la instalación de teléfonos de
campaña en los puntos neurálgicos del campamento ;
de la compañía Telefónica para que instalara teléfo-
nos públicos para que los chicos pudiesen efectuar o
recibir llamadas ; de médicos antiguos scouts o ami-
gos que atendiesen “in situ” las incidencias menos
graves ; expertos en vulcanología, hidrología y otras
disciplinas que diesen charlas a los acampados ; per-
sonajes y grupos del Carnaval que les hiciesen una
demostración en vivo en el propio lugar de acampa-
da ; conseguir una firma que patrocinase una película
sobre el evento -- lo hizo Coca-Cola -- y un etcétera
tan largo que precisaría varias páginas sólo para rela-
cionarlos, entre los cuales había que incluir a nuestros
propios Grupos, para que designaran y prepararan al
contingente de nuestra Zona que asistiría al Campa-
mento.

Por su parte, Paco Aznar demostró sus habili-


dades y diseñó un precioso y modernista escudo para
el Campamento, con nuestro Teide como motivo cen-
tral, cuya reproducción figura en la página 211 de este
libro.

Además, había que facilitar a todas las Zonas


de España, en varios envíos sucesivos, información
sobre el Campamento, como las fechas de celebra-
ción, ubicación, días de llegada y salida, posibilidades
de hospitalidad por parte de nuestros Grupos antes y
después del Campamento, cuota por acampado, fe-
cha límite de inscripciones… y mil datos más.

Tampoco debemos olvidar las gestiones de los


Grupos de la Zona para hacer una selección de otros
scouts dispuestos a colaborar en la Unidad de Apoyo
y Servicios, integrada por una docena de scouters y
hasta medio centenar de scouts y cuya misión era la
de hacer funcionar el Campamento en todos los sen-
tidos, incluyendo la asistencia en los traslados de lle-
gada y salida de los acampados, el transporte y
distribución de las raciones alimenticias, el
acompañamiento en las excursiones a pie y en
guagua, los servicios de seguridad de día y de noche,
los primeros auxilios, el servicio de limpieza, y todas
las demás tareas, casi todas ingratas, que son
necesarias en un evento de esta envergadura. Ellos
fueron los verdaderos artífices del éxito del
Campamento y desde estas páginas quiero reiterarles
mi felicitación y mi agradecimiento personal por su
sacrificio
(Eny esfuerzo.
el informe final sobre el Campamento figu-
ra la lista de integrantes de esta Unidad de Apoyo y
Servicios y de todos los demás miembros del Comité
Organizador y otros colaboradores, que reproduzco
como anexo a este libro, en honor de sus integrantes
y en el mismo orden en el que figuran en dicho infor-
me.)

A ellos habría que añadir a José Navarro Za-


morano, que facilitó la totalidad del equipo contra-
incendios, y a muchos otros que pusieron su granito
de arena y de los que ahora recuerdo a D. Juan Flo-
res, Practicante de Santa Úrsula, así como a Manuel
Sáiz Mesa, Nicolás Machado Benítez, Rafael Ramos
Álvarez, Diego Torres Perdiguero, Juan Manuel Morón
García y a D. Juan Studer, y alguno de los cuales ni
tan siquiera figura en el listado de colaboradores.

Para probar el lugar seleccionado, celebramos


en abril la festividad de San Jorge en los terrenos ele-
gidos para celebrar el Campamento. Habiéndose en-
cargado con total éxito el Grupo Scout 305 “Betze-
nuhya”, de La Orotava, de toda la infraestructura ne-
cesaria, pudimos comprobar que el terreno parecía
reunir todas las condiciones necesarias.

De la importancia que el Campamento Nacio-


nal Scout iba adquiriendo da idea el hecho de que
S.A.R. Don Felipe de Borbón y Grecia, Príncipe de
Asturias, aceptase la Presidencia del Comité de
Honor del evento.

Se acercaban las fechas del Campamento Na-


cional… y les seguiré contando lo que pasaba…
El “I Campamento Nacional Scout” tuvo lu-
gar en los terrenos conocidos como “La Quinta”, en el
término municipal de Santa Úrsula, del 7 al 16 de julio
de 1979, con la asistencia de más de 400 scouts de
muchos lugares de España, así como de cuatro Ro-
vers ingleses, cuatro scouts portugueses y un scout
estadounidense. A los asistentes se les exigía tener
como mínimo la 2ª Clase Scout, pues además de una
cuestión de imagen para la Asociación se pretendía
incentivar y premiar el esfuerzo de los muchachos por
mejorar.
Y constituyó un rotundo éxito en prácticamente
todo. Los servicios del Campamento, en su gran ma-
yoría, funcionaron perfectamente y con agilidad. La
imagen pública de los Scouts se consolidó definitiva-
mente en todos los sentidos, pues a partir de ese
momento la gran mayoría de la gente dejó de pregun-
tar ”qué es eso de los scouts”. Y para los asistentes,
como ellos mismos se encargaron de repetir una y
otra vez, todo salió a la perfección y se llevaron un re-
cuerdo imborrable de su visita a Tenerife.
Al acto de inauguración del Campamento Na-
cional, presidido por Santiago Matas Utrilla, Jefe
Scout Nacional, entre otros muchos invitados asistie-
ron diversas autoridades representando a varios
ayuntamientos, Cabildo Insular, Capitanía, Coman-
dancia de Marina, ICONA, etc., muchos de los cuales
formaban parte del Comité de Honor. Fue una sorpre-
sa la transmisión por los altavoces de un mensaje en-
viado por el astronauta Neil Armstrong, primer hombre
que pisó la Luna y también él scout, quien se llevó
consigo una Insignia Scout Mundial en su viaje a
nuestro satélite natural. Había sido especialmente in-
vitado al Campamento pero sus ocupaciones no le
permitieron venir, por lo que envió una cinta magneto-
fónica con un mensaje en el que, tras un emotivo sa-
ludo a todos los acampados, les animaba a seguir la
senda del escultismo y a no cejar en la consecución
de sus ilusiones y objetivos en la vida. (No sé que se
haría luego de la cinta, pues no he vuelto a saber de
ella).
Entre las diversas actividades realizadas des-
tacaron las excursiones, una de ellas a pie al cercano
Puerto de la Cruz donde, después de visitar el Jardín
Botánico, disfrutaron de un baño en las instalaciones
del Lago Martiánez. Otra excursión fue en guagua a
Las Cañadas del Teide, donde recibieron una amplia
información sobre las características de nuestro Par-
que Nacional y de su flora y fauna, accediendo luego
al Observatorio que en Izaña tiene el Instituto de As-
trofísica de Canarias, donde el profesor D. Félix
Herrera les hizo una amplia exposición de la utilidad
del mismo. Una nueva salida en guagua les dejó en la
santacrucera Playa de las Teresitas donde, además
de disfrutar del baño, realizaron una divertida, espec-
tacular y competida travesía en balsas confecciona-
das por los propios acampados con rolos de platane-
ra, tratando así de emular la epopeya de la “Kon-Tiki”,
del explorador y científico noruego Thor Heyerdahl.
Entre las actividades desarrolladas en el propio
campamento, donde también disponían de una pisci-
na climatizada con energía solar (acondicionada por
D. Juan Studer), destacaron los juegos y los talleres,
principalmente de orientación, nudos y amarres, vida
de los pieles rojas y primeros auxilios. Cada contin-
gente tenía su zona de acampada y cada Patrulla su
parcela, en las que los que quisieron realizaron cons-
trucciones de mesas, bancos, torres y puentes con los
troncos, recortes de corteza y cuerdas aportados por
la organización. Un día recibieron incluso la visita de
los hombres pájaro, integrantes del Club “Tamarán”
de Ala Delta, quienes les instruyeron sobre las carac-
terísticas de este bello y arriesgado deporte.
Los atardeceres constituyeron momentos es-
peciales: sobre una enorme plataforma cada contin-
gente tuvo la posibilidad de demostrar a los demás
acampados parte de la cultura de sus regiones de ori-
gen, quién con una representación teatral, quién con
bailes y canciones.
Cada tarde se celebraba una velada, en algu-
nas de las cuales, con el fin de ampliar los conoci-
mientos de los presentes sobre diversos aspectos de
Canarias, intervenía algún experto. Y así, el geólogo
D. Telesforo Bravo disertó sobre la formación volcáni-
ca de las islas y el profesor D. Roberto Oliva Niebla
sobre la vida y costumbres de los guanches.
La última velada, la de la despedida, fue apo-
teósica. La intervención de Olga Ramos y su grupo
“Los Zebensui”, con lo mejor de nuestros bailes y can-
tares, y la demostración del juego del palo a cargo de
D. Tomás Déniz y otros colaboradores, fueron la an-
tesala del gran fin de fiesta, en el que el ritmo y la ale-
gría de la comparsa “Los Rumberos”, la gracia de
nuestro “Charlot” D. Pedro Gómez Cuenca y las ocu-
rrencias de una inefable “Madame Ibisco” (el propio
Paco Delgado debidamente caracterizado) y el grupo
“Badá-Badá-Badú” (integrado por José Carlos Marrero
y Dulce Lite, entre otros que no recuerdo), llevaron a
todos los acampados, disfrazados con lo que se les
ocurrió y encontraron a mano, a participar en un diver-
tido y colorista carnaval, que constituyó una más que
explosiva despedida a un magnífico y recordado I
Campamento Nacional Scout.

Como ya he indicado, se filmó una película del


Campamento, en formato 16 Mm. y sonora, auspicia-
da por la firma Coca-Cola. El guión y la realización co-
rrieron a cargo del polifacético y conocido pintor pal-
mero Roberto Rodríguez del Castillo, quien, basándo-
se en la Ley y la Promesa Scout y con imágenes de
las distintas actividades llevadas a cabo durante el
Campamento, obtuvo una preciosa película (en la que
yo destacaría también la magnífica combinación mu-
sical), de poco más de media hora de duración, y que
hoy constituye el principal recuerdo del acontecimien-
to. Años más tarde se hicieron copias en vídeo de es-
ta película, soporte mucho más práctico.

El único fallo importante que he detectado en


la organización del Campamento Nacional lo he veni-
do a descubrir ahora, cuando busco material para mi
libro. Parece que nadie se acordó de realizar un re-
portaje fotográfico, por lo que ahora no he podido en-
contrar ni una sola fotografía para ilustrar esta parte
del trabajo.

(El contingente de asistentes de la provincia de


Santa Cruz de Tenerife estuvo formado por miembros
de los distintos Grupos de la Zona y, según el informe
final del Campamento, fueron los que relaciono en
anexo al final de este libro.)

La gran mayoría de los scouters que se habían


comprometido con la organización del Campamento
Nacional desarrollaron una magnífica labor, dedican-
do sus esfuerzos y su tiempo durante varios meses al
mejor fin de este evento. Cada uno aportó lo que su-
po y lo que pudo. Además de Paco Delgado, yo re-
cuerdo especialmente a su esposa Mary Carmen de
Arrate, así como a Miguel Arriaga, Oscar Bennasar,
Luis Alberto Arnay, Alberto García, Laly Diez, Francis-
co Calvo, Pablo Reyes Núñez, Bernardo Parrilla, An-
tonio y Calixto Ferrer, Néstor Ferrera Pardillo, Oscar
Rodríguez, Diego Berto Rodríguez Gil, Abel Cedrés,
Diego García, José Díaz Cayol y Jesús Cruz García,
entre otros muchos, y alguno de los cuales tampoco
figura entre los colaboradores oficiales del citado
Campamento.

Pero lo que nadie pudo evitar fueron los pro-


blemas de última hora, especialmente provocados por
el reiterado incumplimiento en los plazos de inscrip-
ción y sus consecuencias. Los esfuerzos realizados
habían llevado hasta el límite a la gran mayoría de los
implicados en la organización. Determinadas y con-
cretas disfunciones, aunque no repercutieran ante los
acampados, sí que produjeron un enorme stress en
varios dirigentes de la Zona, especialmente en Paco
Delgado y sus más cercanos colaboradores, quienes
en las últimas cuatro se-manas previas al Campamen-
to dedicaron cada minuto del día y de la noche a re-
solver lo ya previsto y, además, las docenas de im-
previstos que provocaban las demoras injustificadas
de más de uno.
(Para una mayor información al respecto, remi-
to al lector interesado al Anexo incluido al final de esta
obra).

Una vez terminado el Campamento y liberados


ahora los scouters de sus responsabilidades en el
mismo, comenzaron a romperse algunas cuerdas.
Primero soterradamente y luego de forma más abier-
ta, empezaron las acusaciones de unos a otros por
los errores u omisiones en sus respectivas labores y
responsabilidades. Y como casi siempre ocurre en es-
tos casos, la mayoría veía la paja en el ojo ajeno pero
no la viga en el propio.
Con el paso de los días, que dio posibilidades
a la reflexión en frío, y sobre todo por la falta de con-
tactos que el resto del verano significó, la mayor parte
de las diferencias o pequeños enfrentamientos produ-
cidos se redujeron a la nada o se aminoraron de for-
ma importante.
Hacia finales de septiembre, sin embargo, al-
guno de los interesados comenzó a exigir que “roda-
ran cabezas”. Concretamente, algunos pedían nada
menos que expulsiones de la Asociación por errores
cometidos por otros en su trabajo durante el Campa-
mento. Y eso, además de constituir una actitud muy
poco scout, era algo que ni el resto del Consejo de
Zona ni yo como Comisario estábamos dispuestos a
admitir, pues al fin y al cabo todos los implicados en la
preparación y organización del Campamento eran vo-
luntarios y habían dado lo que podían en cada mo-
mento, ofreciendo sus esfuerzos pero también sus li-
mitaciones, que todos conocíamos de antemano.
Además, había que tener en cuenta que alguno de los
incidentes negativos (que siempre se limitaron a la
comisión organizadora y en ningún caso afectaron a
los acampados) tuvo su origen en la lógica limitación
presupuestaria que un evento de sólo unos días de
duración imponía en la calidad de las infraestructuras,
así como que la mayoría de los fallos venían induci-
dos específicamente por los retrasos en las inscrip-
ciones de los contingentes, que no permitieron cono-
cer el número final de acampados hasta ¡el día si-
guiente! al de comienzo del Campamento.
Para mí estaba claro: una cosa era estudiar
cada caso y redefinir la posición de cada uno en el
escultismo y otra muy distinta exigir responsabilidades
más allá de lo justo y razonable.
Lo que sí hice fue poner mi cargo a disposición
de la Asamblea de Zona, ya que entendía que si algo
había salido mal, esa era en primer lugar mi respon-
sabilidad, por ser el jefe de la Zona y por haber acep-
tado en su momento que el Campamento se celebrara
aquí, sabiendo de antemano -- porque lo sabía y así
lo advertí en varias ocasiones antes de que se tomase
el acuerdo de organizar el evento -- que el resultado
para nosotros podía ser catastrófico, al quemar a mu-
cha gente necesaria para la continuidad de los Gru-
pos. Debo explicar aquí que, aunque no era obligato-
rio, desde mi nombramiento cada año había puesto mi
cargo a disposición de la Asamblea, siendo confirma-
do siempre en mis funciones. En esta ocasión había
aún más razones para hacerlo y sin embargo nueva-
mente fui ratificado en el cargo por la gran mayoría.

Al margen de lo que estoy relatando, debe ob-


servarse que, entre los meses de octubre de 1979 y
mayo de 1980, prácticamente un curso escolar, no
hago mención a ninguna actividad importante de la
Zona -- excepción hecha de la Rama de Lobatos, me-
nos afectada por la crisis --, lo que puede dar idea del
colapso generalizado en el que habíamos caído tras
la celebración del Campamento Nacional.

El día 12 de febrero de 1980, el Rey Don Juan


Carlos I, Presidente de Honor de nuestra Asociación
desde el año anterior, recibió en audiencia especial al
Consejo Nacional Scout, del que yo formaba parte. El
hecho de que renuncié a asistir, siendo consciente de
que perdía una ocasión única para satisfacer una cu-
riosidad casi universal, dará una idea de mi estado de
ánimo de entonces.

Naturalmente que no podía dejar las cosas


simplemente como estaban, por lo que propuse en el
siguiente Consejo de Zona un estudio de la situación
lo más sosegado posible, así como una serie de con-
versaciones con las tres o cuatro personas implicadas
en los fallos más trascendentes habidos en el Cam-
pamento, con el fin de evitar situaciones similares en
el futuro e incluso tomar las medidas que fuesen ne-
cesarias, pero sin acusaciones extemporáneas ni ac-
tuaciones injustas. Y así lo aceptó el Consejo.
Sin embargo, Paco Delgado y la mayoría de
los scouters de su Grupo, disconformes con esta so-
lución, optaron por presentar su baja en la Asociación,
haciéndose una especie de harakiri colectivo. A pesar
de alguna gestión por medio de scouters menos impli-
cados en el problema, no habíamos logrado hacerles
entrar en razón, llegando a romper sus relaciones con
nosotros de una forma realmente inadecuada y muy
poco elegante, como recordarán sin duda los miem-
bros del Consejo de Zona de aquella época. El cómo
fue ya no viene al caso. (Alguno de ellos, consciente
del error en las formas, se disculparía conmigo meses
más tarde).
Las cosas iban a precipitarse. Los que habían
causado baja voluntaria, renunciando así a sus dere-
chos, apelaron después a la Oficina Nacional para
que interviniese en el tema. Y parecerá increíble, pero
desde la citada oficina en Madrid deciden intervenir.
Mi incredulidad se basa en el hecho de que confiaron
en la Zona VII para organizar prácticamente solos un
Campamento Nacional, pero parece que no nos con-
sideraban preparados para resolver, igualmente solos,
nuestros problemas internos. Estoy convencido, por-
que conocía muy bien a Paco, de que sin esa inter-
vención externa es muy posible que las cosas hubie-
sen vuelto a la normalidad en unos pocos meses.
Dadas las explicaciones del caso y tras una
serie interminable de consultas y contactos, acorda-
mos finalmente celebrar una Asamblea de Zona en el
mes de mayo de 1980, con carácter extraordinario y
con la finalidad de estudiar todas las circunstancias
del Campamento Nacional. A dicha Asamblea asistió
el entonces Jefe Scout Nacional, Santiago Matas Utri-
lla, aunque ni yo ni el resto del Consejo de Zona po-
díamos aceptar que asistiesen a la misma los que
previamente se habían dado de baja de forma tan
abrupta.
Creía que en la Asamblea íbamos a hablar del
Campamento, de sus resultados positivos para la
Asociación en general y de sus consecuencias nega-
tivas para esta Zona en particular pero, para mi sor-
presa y la de algún otro, Santiago Matas indicó, nada
más comenzar la reunión, que algunos scouters opi-
naban que mi actuación en general como Comisario
de Zona era personalista, que mis decisiones eran
abusivas y tomadas sin consultar con nadie, que yo
hacía y deshacía en la Zona a mi antojo. En definitiva,
y sin que él utilizara esta palabra, pues se limitó a
transmitir lo que le habían dicho, yo me sentí califica-
do en ese momento poco menos que de indeseable.
Reconozco que estaba desconcertado ante
aquel inicio de la sesión, así que guardé silencio, a la
espera de la reacción de la Asamblea. Un joven scou-
ter de Tropa a quien, sinceramente, no recuerdo, in-
tervino para decir que, efectivamente, yo actuaba co-
mo un dictador y que mangoneaba la Zona.
Luego intervinieron otros dos scouters. En pri-
mer lugar el Jefe del Grupo “Ucanca” Francisco Calvo
y luego Jesús Cruz, que desde hacía varios meses
era el nuevo Secretario de la Zona, afirmando ambos
que lo dicho era incierto y defendiendo mi forma de
actuar a lo largo de todo mi mandato como Comisario,
haciendo alusión al hecho de que todas las activida-
des realizadas en la Zona en los últimos años habían
sido acordadas siempre en los Consejos y que abso-
lutamente todas las decisiones se tomaban por vota-
ción mayoritaria. Finalizaron recordando que incluso
había implantado la costumbre de poner cada año mi
cargo a disposición de la Asamblea, por lo que si
hubiese actuado tal y como se me acusaba ya haría
tiempo que no sería Comisario, pues simplemente no
me habrían reelegido, al resultar rechazado por la
mayoría.
Pero el resto de la Asamblea, mucho más de
medio centenar de personas, guardó el más absoluto
de los silencios. Yo hice exactamente lo mismo pues,
aunque ya me había repuesto en parte de mi sorpresa
inicial, decidí continuar callado, aunque era conscien-
te de que, como afirmaba Cicerón, “la verdad se co-
rrompe tanto con el silencio como con la mentira”. Si
he de ser totalmente sincero, diré que hacía bastante
tiempo que me sentía hastiado de tanta discusión in-
útil y, ¿por qué no decirlo?, también en cierta forma
traicionado ahora por la mayoría de los allí presentes,
que tomaban la postura cómoda de esperar a que
hablase otro, de no involucrarse, no comprometerse.
Del Campamento Nacional, tema específico de
la convocatoria, prácticamente ni una palabra. Con lo
cual se dio por terminada la Asamblea. Y como tantas
veces ocurre, se perdió la oportunidad de acumular
experiencias para el futuro y para aclarar la situación
de una vez por todas. Pensaba que yo no era tan im-
portante como para dedicarme en exclusiva una
asamblea extraordinaria, pero no dije nada, pues en
aquellos momentos me daba todo igual y sentía que
aquellos temas ya no iban conmigo.

Unos días más tarde convoqué al Consejo de


Zona, donde comuniqué mi decisión irrevocable de
dimitir, aunque estando dispuesto a seguir figurando
como Comisario hasta la siguiente Asamblea, con la
finalidad de evitar más traumas, y dejando al propio
Consejo a cargo de la gestión hasta que eligiesen
nuevo jefe. En cualquier caso, sólo adelantaba tres o
cuatro meses la finalización de mi mandato de cuatro
años, plazo que habíamos establecido en el Regla-
mento de Régimen Interior de la Zona, y que estaba a
punto de concluir.
Y así se hizo. Ya no intervine en nada más
hasta la celebración de la Asamblea Ordinaria que tu-
vo lugar el 20 de septiembre de 1980, ocasión y fecha
en las que me despedí definitivamente de la Zona y
del escultismo activo.
Y por fin, después de los últimos meses de
preocupaciones e insomnios, esa noche, como siem-
pre ha sido habitual en mí, caí dormido nada más
acostarme y descansé toda la noche de un tirón.

Yo no sé por qué, pero en los scouts siempre


recibía este tipo de sorpresas, que me obligaban, por
dignidad, a dimitir. Hoy, con la perspectiva de los casi
veinte años transcurridos desde entonces, en ocasio-
nes aún me pregunto qué le sucedió a la Asamblea.
Estoy absolutamente convencido que la inmensa ma-
yoría de los scouters presentes en la misma -que eran
prácticamente todos los de la Zona- consideraban po-
sitiva mi actuación puesto que, como ya he indicado
anteriormente, año tras año, y aunque lógicamente
nunca de forma unánime, me habían confirmado por
mayoría absoluta y de forma democrática en mis fun-
ciones. El por qué sólo dos de ellos se levantaron pa-
ra contar su verdad e intentar aclarar la situación lo
achaco a mi propio silencio. Era conocida por todos
mi machacona defensa de mis propias opiniones y
convicciones, y el hecho de que yo permaneciese ca-
llado, sin decir ni una palabra en mi defensa, proba-
blemente los desconcertó de tal manera que anuló
cualquier otra iniciativa por su parte. Me reafirma en
tal creencia el hecho de que ni tan siquiera intervinie-
sen el resto de los integrantes del Consejo de Zona -
los Jefes de Grupo y los Ayudantes de Rama-, que
eran quienes mejor conocían mi actuación por haber
dirigido la Zona conmigo y por haber estado presentes
en la toma de todas las decisiones durante los años
anteriores. Ellos sabían de mi preferencia y cierta
habilidad para convencer en lugar de obligar.
Pero repito que lo que me resulta aún más di-
fícil de asumir y aceptar es que ahí terminara el análi-
sis de los problemas acontecidos durante el Campa-
mento Nacional, con lo que se perdió una ocasión
única para estudiar a fondo la realidad de un evento
de estas características y su problemática, lo que sin
duda hubiese servido como experiencia para el futuro.
Además, la situación creada impidió que se aclarasen
los desencuentros y desacuerdos provocados por la
organización del Campamento, que era lo que real-
mente debía interesar a todos. Como muchas veces
sucede, el debate se desvió hacia cuestiones secun-
darias y de forma, en lugar de ir al fondo de los pro-
blemas. Y lo realmente importante quedó soslayado.
Una lástima.
Otro aspecto ciertamente triste e irrecuperable
de la cuestión fue que no se pudieron aprovechar las
circunstancias favorables que la celebración del Cam-
pamento propició en nuestra provincia. Ya dije que los
problemas, por fortuna, se circunscribieron al ámbito
de los dirigentes de la asociación y que la imagen pú-
blica del Campamento fue inmejorable, por lo que
hubiese sido el momento más adecuado para obtener
un beneficio práctico de esa imagen y lanzarnos a un
programa de expansión del escultismo tanto en la pro-
propia isla de Tenerife como en las demás. Pero con
tantas discusiones, el trauma vivido hizo que los Gru-
pos se “encerrasen” en sí mismos y el equipo de Zo-
na, especialmente por mi culpa, se mostrase desmoti-
vado e indiferente. Esta fue, ciertamente, la mayor
pérdida que sufrimos como consecuencia del Cam-
pamento Nacional, pues durante el curso 78-79 nos
volcamos casi en exclusiva en organizarlo y durante el
79-80 en tirarnos los trastos unos a otros. Y así, ni se
continuó con la Expansión proyectada en la Zona ni
se aprovechó la buena imagen dejada por el evento
entre las autoridades y el público, que nos habría faci-
litado enormemente las cosas para crecer.

En cualquier caso, esa fue mi salida del escul-


tismo activo. Y hasta hoy sigo pensando que hice bien
lo que hice, naturalmente que con errores y con algún
que otro momento tenso, e incluso desagradable. Pe-
ro, al fin y al cabo, a quien se le otorga el mando tiene
la obligación de mandar, a quien se le hace respon-
sable tiene que asumir esa responsabilidad hasta el
final y aceptar que por muchas opiniones que escu-
che, finalmente él deberá decir la última palabra, y a
quien le toca coordinar debe hacerlo de la mejor ma-
nera que sabe. Y el cargo, sea cual sea su denomina-
ción, lleva implícitas esas tres funciones, además de
la del liderazgo. En caso contrario estará frustrando
las esperanzas de quienes le han elegido. Yo no era
ningún fuera de serie, pero creo sinceramente que no
fui un mal Comisario.
--*--

Como dato curioso, me permito llamar la aten-


ción sobre el hecho de que por esas fechas se cum-
plían casi exactamente diecinueve años, día más o
día menos, desde que ingresé en la Asociación y por
primera vez me hice cargo de una Unidad scout.

Mientras todas estas cosas suceden, el lógico


papeleo en la oficina nacional de Madrid sigue su cur-
so y así, el 12 de octubre y con el registro número 53,
la Escuela de Aire Libre de la Asociación me otorga
mi segunda Insignia de Madera, ahora en la Rama
Scout. Naturalmente, sólo me llegó la certificación del
otorgamiento, aunque nunca llegué a lucirla ni me fue
entregada oficialmente.
--*--

Volví al Local de Zona sólo una vez, hacia el


mes de noviembre, pues se me pidió que asistiese a
la toma de posesión de la persona elegida para susti-
tuirme, que resultó ser un perfecto desconocido para
mí -al parecer se trataba de un padre de algún Comité
de Grupo- y a quien obsequié con mi barra y mi pena-
cho morados de Comisario.

oooOooo

Créame el lector que de ninguna manera qui-


siera terminar este relato dejando una sensación de
amargura o de tristeza en su final, cosa que en ningún
momento he pretendido. Los hechos, para mí, suce-
dieron tal y como los cuento y eso yo no lo puedo
cambiar, ni aunque quisiera. Sabemos que en una
asociación como la nuestra, en la que todos servimos
voluntariamente, la mayoría de los que -por la razón
que sea- la dejamos, lo hacemos momentáneamente
quemados por el esfuerzo, las incomprensiones, las
dificultades y, en ocasiones, por el exceso de respon-
sabilidades asumidas, que siempre nos quitan tiempo
y dedicación a nuestras otras actividades personales,
familiares y profesionales.
Pero pasa el tiempo y aquello que se nos anto-
jó en su momento como muy grave e importante llega
a convertirse en algo secundario y anecdótico, y pron-
to se olvida. Eso me sucedió a mí, y como además
tengo la suerte de que los enfados y el mal humor no
me duran mucho y de no ser en absoluto rencoroso,
muy pronto en mi memoria sólo quedaron los buenos
momentos, el compañerismo, la buena labor realizada
con otras muchas personas a lo largo de muchos
años, la satisfacción de haber ayudado a los demás,
la alegría de ver fructificar y perdurar una idea y un
espíritu.

oooOooo

Debo mencionar también que, desafortuna-


damente, mis hijos no han llegado a formar parte acti-
va de la gran familia del Escultismo, a pesar de cono-
cerlo bastante bien desde muy pequeñitos.
Mi hija mayor, Mª Belén, ingresó en la Manada
del Grupo 7 “Zebensui”, pero su fuerte temperamento
chocó con el de su Akela, también mujer de carácter,
y a las pocas semanas se dio de baja. Un par de años
más tarde se integró en la Tropa del Grupo 6 “Ucan-
ca”, dirigida entonces por Mario Rodríguez Díaz, con
la mala suerte de que la primera actividad de aire libre
que le tocó resultó una excursión tan dura que volvió
a casa con los pies en llaga viva y tomó la decisión de
renunciar definitivamente a los scouts, a pesar de las
explicaciones que intentamos darle en casa.
En cuanto a mi hijo Tomás, estuvo también
unas semanas en la Manada del “Zebensui”, pero al
no encontrar allí a ninguno de sus amigos y por no
sentirse enteramente a gusto, también decidió mar-
charse, y luego, ya con la edad scout, no quiso volver
a intentarlo. Por fortuna, se acostumbró con nosotros
a las salidas al campo y efectúa con cierta frecuencia
excursiones y acampadas con un grupo de amigos del
colegio, en una especie de “peña”.
Me reconforta, sin embargo, que ambos co-
nozcan y aprecien el espíritu del escultismo.
oooOooo

Decía B.P. que “una vez scout, siempre scout”.


Y yo he seguido siéndolo y sintiéndome scout siem-
pre.
Y ahora hago lo que puedo por el escultismo
desde las filas de la asociación de Scouts Veteranos,
en la que ingresé.

A MODO DE EPILOGO

La realización de este trabajo ha significado


volver a bucear en mi memoria para recordar hechos
y personas. Puedo asegurar que el reencuentro ha si-
do siempre grato y, en ocasiones, emocionante.
Y lo mejor de todo ha sido el contacto que nue-
vamente he mantenido con algunas de esas personas
a las que cito en esta obra y con quienes no había
vuelto a encontrarme personalmente desde hacía mu-
chos años. En casi todos he hallado el mismo espíritu
y el mismo entusiasmo de entonces, aunque también
es verdad que de alguno de quien esperaba mucha
ayuda he recibido menos, mientras de muchos otros
de quienes no esperaba casi nada he recibido muchí-
sima colaboración: la vida siempre nos está enseñan-
do. En cualquier caso, en todos y por todos he vuelto
a sentir la amistad y el afecto, como si el tiempo no
hubiese pasado.
oooOooo

Por otra parte, me siento en la obligación de


decir, antes de finalizar, que en algunos momentos he
sentido una gran frustración al comprobar que la ma-
yoría de los documentos, fichas, fotografías, libros y
demás recuerdos de los primeros años del resurgi-
miento del escultismo tinerfeño están ilocalizables en
los archivos del Grupo 7 “Zebensui”, así como en los
de la Zona VII, a pesar del esfuerzo por catalogarlos y
guardarlos – que me consta – de algún que otro scou-
ter.
Tampoco parece quedar mucho de los que con
cariño y esfuerzo guardó Juan Perera, fundador y “al-
ma mater” del Grupo Scout “Ucanca 1” original.
¿Habrán desaparecido para siempre?
En parte será achacable a las mudanzas, pero
también y muy principalmente a la desidia y falta de
visión de los que tenían la responsabilidad de orde-
narlos y conservarlos y no lo hicieron. Dicho queda.

Como dije en su momento, la Asociación de


Antiguos Exploradores estaba integrada inicialmente
sólo por personas que hubieran pertenecido a aquella
Institución, por lo que mi primera preocupación fue la
de convencerles de que era necesario hacer una pe-
queña modificación en su Reglamento para poder
aceptar a ex-miembros del escultismo reciente, tanto
de los Scouts como de las Guías.
En abril de 1982 la Junta Directiva de la Asociación de Antiguos Exploradores de
Tenerife celebra diversos actos en conmemoración de la festividad de San Jorge.
En la fotografía, de izquierda a derecha, el autor, Luis Bobet García, (?), Miguel
Arriaga López de Vergara, Luis Arnay Molina, Antonio Daroca Sicilia, Antonio Mirabal
Rodríguez, (?), Juan Pérez Castro, Rafael González Brunetto y José Guillermo Cruz.
(Fotografía del archivo del autor)

Conseguido el objetivo, la actual denominación


es la de Asociación de Antiguos Exploradores, Scouts
y Guías de Santa Cruz de Tenerife a la que, ante un
nombre tan largo, denominamos coloquialmente y de
forma ahora también oficial, de “Scouts Veteranos”.
Asociación de la que el entonces presidente,
Miguel Arriaga (que había sucedido a Antonio Daroca
en el cargo en noviembre de 1983), me nombró vice-
presidente en mayo de 1984. Su renuncia diez años
más tarde, en octubre de 1993, provocó unas eleccio-
nes en las que me cupo el honor de ser designado
para presidir la Asociación, cargo en el que continúo
de momento.
Sería deseable que se integrasen en la aso-
ciación de Veteranos el mayor número posible de ex-
scouts (incluso corriendo el riesgo de que se nos ta-
che de anticuados, de carrozas o de lo que sea), tanto
para compartir nuestros recuerdos de una época pre-
ciosa de nuestras vidas como, sobre todo, para ayu-
dar con todas nuestras fuerzas y dentro de nuestras
posibilidades personales al escultismo activo, a todos
aquellos que hoy siguen en la brecha.
Y así tratar de devolver una pequeña parte de
lo que cada uno de nosotros recibió.

oooOooo

Hasta aquí lo que tenía que contar. Reitero


que se trata de “mi” historia, con posibles errores en
fechas y situaciones y con los lógicos lapsus de la
memoria después de transcurridos tantos años, pero
así es como éste scouter, uno más de entre tantos
que vivimos aquella época, recuerda los hechos y así
los ha contado, asumiendo el riesgo de equivocarse.
Por supuesto, no pretendo haber escrito la his-
toria completa del Escultismo de aquellos años, pero
creo haber aportado una parte importante de la mis-
ma. Suplico sinceramente se me perdonen los inevi-
tables olvidos de circunstancias y, sobre todo, de per-
sonas que sin duda merecerían ser citadas en este
trabajo y que mi mala memoria ha dejado injustamen-
te sin mencionar.
Pero ya dije que este libro queda “abierto”, y
prometo incorporar los datos que mis lectores ama-
blemente me recuerden en el futuro.

oooOooo

Las últimas palabras del prefacio de Baden


Powell en su libro “Escultismo para Muchachos” dicen
” … yo espero que gocéis tanto siendo scouts como
yo he gozado”.
Para terminar, sólo me resta decir que yo pue-
do contestarle a B.P. que, en mi caso, se ha cumplido
su deseo.
¡Buena caza!

Santa Cruz de Tenerife.


Septiembre de 2000.
ANEXOS QUE SE CITAN

“No cabe duda que debe ser mucho mejor producir


hombres que sepan hacer algún trabajo positivo
que hombres para escribir sobre lo que ellos opinan
que otra gente hizo o pudo hacer.”
(Rudyard Kipling, Premio Nobel, en “Mar y Tierra”).

INFORME DEL COMISARIO DE LA ZONA VII DE LOS


SCOUTS DE ESPAÑA, SOBRE EL I CAMPAMENTO
NACIONAL SCOUT - (16 AL 23 DE JULIO DE 1979)
A principios del curso scout 1978/79 esta Zona VII
decidió proponer a la Asamblea Nacional de la Asociación
la celebración del I CAMPAMENTO NACIONAL SCOUT en
esta isla de Tenerife. La propuesta se llevó a la Asamblea y
fue aprobada por unanimidad, desde el momento en que no
hubo ninguna voz discrepante.
Desde el primer momento, tanto las distintas Zonas
como la Oficina Nacional ofrecieron su colaboración y ase-
guraron su ayuda a la celebración de este Campamento.
La Zona VII decidió dedicar prácticamente todos sus
esfuerzos a lograr que este Campamento Nacional resulta-
se un éxito, no sólo por lo que ello podía significar de bene-
ficio ante la sociedad para la propia Zona VII, sino porque
se entendía que la realización del mismo significaba un hito
en la historia moderna de nuestro escultismo, porque servi-
ría de motor de arranque para la celebración futura de
eventos similares y porque serviría como una demostración
de la presencia de los Scouts de España en la vida de todo
el Estado.
Uno de los primeros aspectos a considerar por los
organizadores fue el de elegir el lugar apropiado para cele-
brar el Campamento. Desde el momento en que se decidió
eliminar cualquier lugar en el monte, por lo que de degrada-
ción iba a significar la presencia masiva y continuada de
varios cientos de personas, y teniendo en cuenta que el lu-
gar debería contar, como mínimo, con agua en cantidad su-
ficiente, con luz eléctrica, con accesos convenientes y con
terreno suficiente, se hizo una selección previa de posibles
lugares.
Realizada la selección, fueron eliminándose unos
por la dificultad de comunicaciones, otros por su aridez,
otros por hallarse cerca de algún lugar peligroso y, en defi-
nitiva, se optó por la finca denominada “La Quinta” en el tér-
mino municipal de Santa Úrsula y propiedad de D. Isidoro
Luz Cárpenter, antiguo miembro de los Exploradores de
España.
El terreno, de cerca de 400.000 metros cuadrados,
disponía de agua y luz y se hallaba prácticamente al lado de
la autopista del Norte de la isla de Tenerife. Desde todos
sus puntos se divisaba el mar, así como también los montes
cercanos y el Teide (aunque durante el Campamento, por
razones climatológicas, no tuvimos ocasión de ver el vol-
cán). Desde sus cercanías podía apreciarse una completa
perspectiva del Valle de La Orotava y del Puerto de la Cruz.
Desde el primer momento, toda la Zona, los distin-
tos Grupos, dedicaron sus esfuerzos a planificar y a organi-
zar el Campamento. En Consejo Scout de Zona se tomó la
decisión de dar prioridad absoluta a la organización del
Campamento sobre cualquier otra actividad dentro de la
provincia. Se era perfectamente consciente de que la orga-
nización de este Campamento Nacional implicaba para to-
dos un gran esfuerzo, desde el momento en que únicamen-
te contaba con ocho Grupos.
Empezaron entonces días, semanas y meses de
preocupaciones, de correr de un lado para otro solicitando
ayudas de todo tipo, de dar en alguna ocasión marcha atrás
en algún aspecto concreto, de gestiones de toda índole que
fueron poco a poco cansando a algunos, amargando a otros
y, afortunadamente, entusiasmando a la mayoría.
Para hacer frente a la organización se dio forma a
un organigrama basado en experiencias anteriores, en otros
varios países, de eventos scouts de similares característi-
cas. Dicho organigrama situaba bajo las directrices del Pre-
sidente de la Comisión Organizadora una estructura de tres
grandes Departamentos: Servicios Administrativos ; Instala-
ciones y Servicios ; y Programación y Actividades.
Iniciadas las gestiones, recibimos en todo momento
ayuda de las entidades, organismos, empresas y personas,
tanto a nivel local como provincial, e incluso regional. Des-
de los Ayuntamientos hasta la Capitanía General de Cana-
rias, desde el Gobierno Civil hasta la Junta de Canarias,
desde la Delegación Provincial de Cultura hasta el Cabildo
Insular. Todo el mundo se volcó en ayudarnos, al menos en
los niveles a los que nosotros podíamos llegar. Por supues-
to que conseguir esta ayuda no fue siempre tarea fácil y que
siempre implicaba visitas reiteradas, antesalas intermina-
bles, desatención a nuestras respectivas ocupaciones, es-
critos de todo tipo y, en definitiva, una gran pérdida de
tiempo y de esfuerzo humano.
Hacia principios de abril el Campamento estaba ya
estructurado y planificado, al menos sobre el papel.
La fecha tope que originalmente se había dado para
las inscripciones llegó sin otros resultados que los contin-
gentes aproximados de dos Zonas. El 31 de marzo sólo sir-
vió para demostrar que la mayoría de las Zonas del país no
sólo no se habían preocupado de inscribir a sus contingen-
tes sino que ni tan siquiera habían comunicado las causas
de la demora ni su interés real por el Campamento Nacional
Scout. Ante esta situación hubo de ampliarse el plazo de
inscripción hasta mediados de mayo.
Llegada esta nueva fecha, nos encontramos con
que estábamos en las mismas y, ante ello hubo de ampliar-
se más el plazo de inscripciones, que se decidió hacerlo in-
definido. Prácticamente hasta el día antes de inaugurarse el
Campamento Nacional la Secretaría del mismo estuvo reci-
biendo inscripciones.
Ha de tenerse presente que esta situación implicaba
dos cosas: por una parte, que la respuesta que hasta ese
momento se había recibido de las Zonas era tan pobre que
la impresión que daba la Asociación era de que no le intere-
saba el Campamento Nacional. En esas fechas los integran-
tes de la Comisión Organizadora estaban francamente ner-
viosos y disgustados, porque entendían que si a la Asam-
blea General de la Asociación no le interesaba el Campa-
mento lo podría haber expresado en su momento, y así se
hubiesen evitado muchas preocupaciones y mucho trabajo
inútil.
Por otra parte implicaba, y esto es lo más importan-
te, que casi toda la organización previa al Campamento se
venía a tierra, ya que las principales condicionantes del
evento se basaban en la cantidad de personas que habrían
de asistir al mismo.
Los organizadores se hallaban, pues, a mediados
de mayo, a sólo sesenta días del Campamento, entre la es-
pada y la pared. La publicidad del Campamento en TV,
prensa y radio que se había realizado y la cantidad de orga-
nismos, entidades, empresas y personas involucradas en su
organización hacían prácticamente imposible suspender la
celebración del Campamento, como en algún momento lle-
gó a pensarse. Ello hubiese significado un fracaso tan gran-
de como no deseado, especialmente para la Zona organi-
zadora, en la que el escultismo seguramente hubiese deja-
do de existir por mucho tiempo.
Ante esta situación, y rotos todos los moldes de or-
ganización previstos hacía meses, se decidió celebrar el
Campamento fuese como fuese y costase lo que costase,
aún sabiendo que muchas cosas iban a fallar y que algo se-
guramente saldría mal al tener que dedicar la atención a
una serie de asuntos que, según la planificación, tendrían
que haber estado hechas y superadas meses antes, des-
viando los esfuerzos y las personas de otros aspectos del
Campamento que tenían que haberse atendido en estas
semanas anteriores a su inauguración.
Como última medida, el Presidente de la Comisión
Organizadora se dedicó a telefonear a todos los Comisarios
de Zona de los que se tenían datos, que eran prácticamente
todos. Y todos ellos, con muy buenas palabras, fueron con-
testando que sí, que muy interesante. Algunos tenían pre-
visto enviar un contingente, pero aún estaban pendientes de
asuntos diversos, por lo que no podían facilitar ni tan siquie-
ra aproximadamente en número de asistentes. La mayoría
aún estaba en el período de consultas, a ver si podían en-
viar a alguien. Y aún los hubo que no habían comunicado la
celebración del Campamento a los miembros de sus res-
pectivas Zonas, por lo que más de un Grupo, e incluso al-
gún muchacho por su cuenta, se puso en contacto directo
con los organizadores para inscribirse. En definitiva, la ma-
yoría seguía sin dar respuestas concretas de las inscripcio-
nes.
Hasta prácticamente diez días antes de la inaugura-
ción del Campamento se estuvo telefoneando a las Zonas,
lo que da una idea de la seriedad de algunos en este tema.
Hubo alguno, algo más honesto, que por lo menos en mayo
ya comunicó que no pensaba mandar a nadie, por razones
diversas.
Algo parecido a lo anterior hicieron algunos Grupos
que, habiendo recibido el boletín informativo, no se moles-
taron en difundir su contenido entre sus miembros.
A la Zona VII le correspondía organizar el Campa-
mento, es decir, dar forma a la estructura necesaria para
desarrollar el mismo. En cuanto a la programación de acti-
vidades, era parcialmente responsable de las mismas, es-
pecíficamente en lo referente a excursiones, visitas cultura-
les y actos oficiales y festivos.
El programa de actividades específicamente cam-
pamentales correspondió desarrollarlo a las respectivas
Ramas Scout y Esculta a nivel nacional. Ha de mencionarse
también que las necesidades para algunas de estas activi-
dades fueron comunicadas a los organizadores sólo treinta
días antes de iniciarse el Campamento, por lo que también
en esto todo fueron prisas de última hora. Valga decir aquí
también que ninguna de las dos Ramas supo con cuántos
acampados habría de realizar las actividades hasta prácti-
camente el momento de iniciarse las mismas.
Del Campamento en sí poco puedo decir. Mantuve
el contacto por teléfono diariamente con los principales or-
ganizadores, pues mis obligaciones profesionales no me
permitían otra cosa. Aún así, en varias ocasiones estuve en
el Campamento principalmente para ayudar a resolver al-
guno de los problemas que se iban presentando. El ambien-
te en general lo encontré francamente alegre en los acam-
pados y lógicamente serio y en ocasiones tenso entre los
scouters responsables de la organización, preocupados por
solventar la multitud de pequeños y grandes problemas que
se iban presentando.
En cuanto al estudio crítico del Campamento en sus
distintos aspectos, he intervenido, junto a los demás organi-
zadores, en la redacción de conclusiones del informe gene-
ral, que no creo necesario repetir aquí.
Como Comisario de Zona me llegaron rumores, opi-
niones y comentarios de todo tipo que, una vez contras-
tados y comprobados, han resultado ser en unos casos re-
ales y en otros no tanto. En todo caso, pertenece a una es-
fera de decisiones que se salen del contenido de este in-
forme.
En cuanto a la imagen exterior del Campamento
Nacional, ante autoridades y público en general de la re-
gión, puedo decir que ha sido francamente positiva. Las vi-
sitas y contactos mantenidos con posterioridad al Campa-
mento han dado por resultado una muy amplia mayoría de
felicitaciones y comentarios favorables por parte de autori-
dades, padres de los asistentes, personas que de alguna
forma estuvieron relacionadas con el Campamento por ra-
zones de suministros o de servicios y, en general, de todos
aquellos que tuvieron conocimiento del mismo.
Lo que ha causado el impacto ha sido indudable-
mente el aspecto positivo que cada una de las actividades,
que cada una de las realizaciones del Campamento tuvo
como creadora de imagen para la Asociación.
Finalmente he de indicar que en el aspecto econó-
mico y gracias a aportaciones de todo tipo y a una equili-
brada gestión en casi todos los departamentos del Campa-
mento, el costo del mismo puede considerarse como muy
bajo, tanto para cada uno de los asistentes en particular
como para la Asociación en general. Salvados, naturalmen-
te, los costos de transporte al Archipiélago, ajenos al del
Campamento en sí mismo. Y posiblemente se hubiera po-
dido incluso mejorar el costo de haber contado con más
medios y más tiempo para su organización, que estuvo re-
ducido en este caso a menos de nueve meses.
Si vale un resumen, diría que la celebración en
Tenerife del
I Campamento Nacional Scout ha sido una aporta-
ción indudablemente positiva a la vida de la Asociación de
Scouts de España, una experiencia para el futuro y una lec-
ción de sacrificio, de entusiasmo y de entrega de una doce-
na de hombres y mujeres en beneficio de una idea, de un
espíritu y de un estilo de vida. En definitiva, y sin falsos
triunfalismos, un éxito casi total que, eso sí, habrá de ser
mejorado en el futuro.

Firmado: Tomás de Armas Schmölzer.


Comisario de Zona VII.
Santa Cruz de Tenerife, noviembre de 1979.
LISTADO DE LOS INTEGRANTES DE LA UNIDAD DE
APOYO Y SERVICIOS, MIEMBROS DEL COMITÉ
ORGANIZADOR Y OTROS COLABORADORES DEL
1er CAMPAMENTO NACIONAL SCOUT – JULIO 1979

Félix Carrancho Montero, Albert Manuel Martín Cugno,


Domingo Domínguez Mesa, Antonio Vilar Martín, José
Muñoz de Bustillo Barrasa, Miguel Angel Navarro Mede-
ros, José Fernando de Luis Escudero, Elena Gortázar
Díaz-Llanos, Magdalena Pérez Coello, Candelaria Alon-
so González, Carmen Lucía Benito Salazar, Mª del
Carmen Pérez Martín, Rosa Elena Rapp Luz, Pilar
Rapp Luz, Mercedes Benito Salazar, Angeles Robles
Moreno, Candelaria da Silva González, José Guillermo
Hernández Pérez, Diego Marrero Fernández, Alfonso
Damián Rodríguez Díaz, Mª Angeles Gortázar Díaz-
Llanos, Mª Lourdes de León Lugo, Pilar Cañibano Ro-
dríguez, Isabel Farrugia De la Rosa, Cristina del Castillo
González, Luz Teresa Hernández Rodríguez, Gustavo
Javier Marco Jorge, Juan Luis Álvarez Sánchez, Oscar
Rafael Cabello Almazán, Alejandro López de Vergara y
Méndez, Antonio Barro Rois, Eliezer Arbelo Tejera, Ma-
ría Malfaz Vázquez, Víctor Manuel Pestano Almeda,
Ana Esther Vázquez González, Isabel Velasco Pérez,
Sergio López Hernández, Carmen Angeles Hernández
Hernández, José Luis López Hernández, Alberto García
Álvarez, Ramón Cao Jiménez, Alexis Rojas Negrín, Ge-
rardo Antonio Alonso González, Manuel del Castillo
González, Fernando Paniagua Quevedo, Mª de los An-
geles Solís Estévez, Carmen González Martín, José
Suárez Hernández, Mª Begoña Ormazábal de la Mer-
ced, Carmelo José de la Cruz Cruz, Mª Itziar Iceta Ro-
dríguez, Dulce María Lite Otazo, Mercedes Sánchez
Martínez, Mª Pilar Rodríguez Rueda, Mª Cristina Fer-
nández García, Calixto Ferrer Hervás, Juan A. Mosegue
Bermúdez, Ramón Cano Rosa, Santiago Ramos Martí-
nez, Ginés Galtier Martínez, Juan N. González García,
José A. Calvo Alberto, Mario Díaz González, Ángela
Bello Delgado, Mª Carmen Arrate Segura, Oscar Rodrí-
guez Estévez, José Díaz Cayol, José Carlos Marrero
González, Oscar Luis Bennasar González, Antonio Fe-
rrer Hervás, Alberto García Rojas, Luis Alberto Arnay de
Armas, Tomás de Armas Schmölzer y Francisco Delga-
do Díaz.
Están relacionados igualmente cuatro scouts
venidos como apoyo desde Las Palmas, y que fueron:
Carlos Romero Limiñana, M ª del Pino Manzano Sosa,
Rita López Santana y Pedro Aguilar Doreste.
INTEGRANTES DEL CONTINGENTE DE TENERIFE
1er CAMPAMENTO NACIONAL SCOUT – JULIO 1979

Herminia Mª Cataño González, José F. Velasco Pérez,


Martín J. Padrón García, Nicolás Rodríguez Afonso,
Aníbal Rojas Negrín, Juan R. Hormigo Martín, Sonia
Vázquez González, Agustín Gil Iglesias, Francisco J.
Cásteres Olarreaga, Eduardo Rosenberg Wallerstein,
Juan I. Caballero Fernández, Pablo E. de Armas Pérez,
Enrique J. Rodríguez González, Álvaro Acosta García,
Fernando Sabaté Bel, George Zerené Hawach, Jesús
D. Hernández Rodríguez, Víctor Ostva Aránega, Otto
Rapp Luz, Bernardo Saiz Mesa, Francisco Cruz Abreu,
Juan M. Rodríguez Torres, Diego Hidalgo Willis, José
Mª Esteve de la Torre, Luis Malfaz Vázquez, Ángela D.
Sigú Bello, Mª Dolores Bello Izquierdo, Sara Carballo
Hernández, Mª Candelaria Martín Luis, Josefina García
Morales, Mª José Rodríguez Salazar, Mª Dolores Del-
gado de Arrate, José C. Hernández Morón, Alicia R.
Martínez Guadalupe, John Ray Cessac, Carmen L. Pa-
rrilla Martín, Ruperto Hernández Rodríguez, Mª Teresa
Hormigo Martín, José L. del Molino Almazán, Juan M.
García de Sola Moyano, José C. Afonso Gil, César A.
González Real, Fernando Martín Hernández, David Ro-
jas Negrín, Ignacio Sicilia Sosvilla, José C. Fernández
Quintero, Luis F. Cuende Tascón, Francisco J. Diez
Cardellach, Pedro Onandía Soler, Francisco Soler Vigil,
Néstor Parrilla Suárez, Juan C. Rojas Guadalupe, Anto-
nio J. Álvarez de Armas, Domingo Afonso Rodríguez,
Jorge Blanco González, Narciso Hernández Rodríguez,
Salvador Gil-Roldán Docet, Norberto González Riverol,
Pelayo Rodríguez Salazar, Gilberto Sigú Bello, Miguel
González Ayala, Juan J. Viera Paramio, Juan M. Martín
Herrera, Francisco Hernández Díaz, Hermann L. Dait
Yanes, Carlos Borges Pérez, Antonio M. González Cor-
dobés, Miguel L. Cataño González, Rafael Rodríguez
Afonso y José A. Rodríguez Afonso.
Tomás de Armas Schmölzer
nace en Londres (Reino Unido)
el 27 de septiembre de 1943,
de padre tinerfeño y madre
autríaca, aunque su vida dis-
curre prácticamente en su tota-
lidad en la isla de Tenerife.

Comienza su afición por las


actividades de aire libre a fina-
les de 1956, con un grupo de
amigos del colegio, en la Peña
Excursionista “VI de Enero”.

Ingresa en el Escultismo en el
año 1961 y desde entonces
siempre ha mantenido el con-
tacto con el Movimiento Scout,
habiendo obtenido la Insignia
de Madera
en la “Rama Scout” y la de
“Jefes de Grupo y Comisarios”.

Su profesión de agente de via-


jes (Técnico de Empresas Tu-
rísticas) le ha posibilitado viajar
y conocer el escultismo en
varios países y contrastar sus
actividades con las que se rea-
lizan en Canarias.

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