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Inteligencia de muchos matices

Un diálogo interno negativo puede sabotear el disfrute de nuestras variadas, pero valiosas
aptitudes

El primer día de clases en la escuela de derecho estaba agobiado. Sentado en el salón descubrí
que de los 10 estudiantes del curso yo era el único que no venía de una universidad de la Ivy
League. Me sentía fuera de lugar.

¿Cómo iba a competir con esos compañeros? Después de un semestre de ansiedad por creer
que no alcanzaría buenas calificaciones, descubrí que sí podía. Y pude.

Hay varios tipos de inteligencia. Howard Gardner, un profesor de Harvard, célebre por su
teoría de las inteligencias múltiples, señala:

“Yo sostengo que lo seres humanos tienen una serie de capacidades intelectuales
relativamente distintas. Las pruebas de CI evalúan la inteligencia lingüística y lógico-
matemática, y algunas veces la inteligencia espacial… Pero los humanos tienen otras
capacidades intelectuales importantes. En mi libro original, describí la inteligencia musical, la
inteligencia corporal-cinestésica, la inteligencia interpersonal (social) y la inteligencia
intrapersonal (el entendimiento de uno mismo). Años después, añadí la inteligencia
naturalista: la capacidad de hacer distinciones significativas en el mundo de la naturaleza.
También he especulado sobre otras dos posibles inteligencias: la inteligencia existencial, que
es la inteligencia de las “grandes preguntas”; y la inteligencia pedagógica, es decir, la
inteligencia que permite a los seres humanos transmitir conocimiento o habilidades a otras
personas” (https://howardgardner.com/faq, consultado el 17 de febrero de 2019). Yo creo
esto.

Nunca sentí que tuviera inteligencia lógico-matemática, como mis compañeros, pero siempre
tuve confianza en mi ingenio. No sabía la respuesta, pero sabía cómo encontrarla.

Mi desempeño en el mercado legal fue tan bueno como el de mis compañeros y una vez que
egresé de la escuela de derecho me contrató uno de los bufetes de abogados más grandes de
Washington, D.C. Más tarde obtuve un cargo en el Departamento de Justicia de Clinton. Creo
que mi éxito profesional se debió tanto a mi inteligencia interpersonal como a mi inteligencia
lingüística y lógica. Se me dan bien las entrevistas, construyo relaciones profesionales sólidas,
sé cuándo es el momento oportuno de hacer las cosas, y tengo algo que puede ser conocido
coloquialmente como “sabiduría de la calle”.

Me tomó mucho tiempo apreciar mis fortalezas individuales y dejar de sentirme inferior a los
que me rodeaban. Aprendí a usar afirmaciones para aumentar mi autoconfianza. Tuve que
tener la voluntad de aprender de mis errores en lugar de huir de ellos, para transformarme en
mí misma. Me cambié la cinta negativa que tenía en la cabeza que me reprendía y me decía
que no era tan buena como los demás. Me acepté a mí misma y a mis habilidades personales.

Habría deseado tener un mentor que me ayudara a aprender estas cosas años atrás. Hago mi
mayor esfuerzo por ayudar a los demás, sobre todo a las jóvenes, a que conozcan estas
verdades sobre ellos mismos. A veces, no se necesita hacer mucho para levantarle el ánimo a
alguien. Decir una palabra de ánimo a alguien que está luchando contra la falta de confianza
en sí mismo puede ayudar considerablemente. Construyo la autoestima haciendo actos
estimables. En ocasiones, me imagino a mí misma de joven mientras los hago.

Como dice la antigua secretaria de estado Madeleine Albright: “Hay un lugar espacial en el
infierno para las mujeres que no se ayudaron mutuamente… No tengo la fórmula mágica que
indique cómo las mujeres deben vivir su vida, pero sé que necesitamos darnos una mano entre
nosotras”. https://www.nytimes.com/2016/02/13/opinion/madeleine-albright-my-
undiplomatic-moment.html.

En esta época, en la que se ha elevado el techo de cristal, pero aún existe, las mujeres
necesitamos dar un paso adelante y extenderle la mano a las que están detrás de nosotras.

Me tomó casi medio siglo llegar al punto de la autoaceptación que ahora disfruto. Superar
lecciones muy arduas me permitieron escapar del síndrome impostor que me hostigó durante
décadas. Desde luego, la vida aún me lanza bolas difíciles de batear y continuará haciéndolo.
Pero ahora puedo tolerar la incomodidad y buscar lecciones en cada situación.

Continúo navegando en los altibajos de la vida con la certeza de algo: soy suficiente. Siempre
lo he sido.