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ENSAYO SOBRE “BINTA Y LA GRAN IDEA”

Introducción

¿Qué tanto conocemos de la colectividad como sentimiento y como lo que nos direcciona

o guía al momento de pensar, sentir y actuar? Digo sentimiento porque es posible

observar en pueblos como el de Binta que todos son conscientes (o al menos la gran

mayoría) de la existencia de los demás miembros de su comunidad; es esta toma de

consciencia lo que los lleva a aceptarse y a desarrollar un sentido de unidad que, a la larga

y abarcando la acepción de la colectividad como lo que nos guía, permite que se

preocupen tanto por cada individuo del grupo como del medio en el que viven; es decir,

reconocen que sus actos tienen consecuencias en su entorno y tratan siempre de que estas

sean positivas, siendo todo esto algo perdurable en el tiempo y de una intensidad

constante. Entonces, ¿qué tanto conocemos nosotros de esta colectividad? ¿somos en

occidente practicantes de esta? O, para ser más exactos, ¿somos los peruanos practicantes

de la misma?

Vivimos en un país en el que generalmente impera la regla coloquialmente conocida como

“la ley del más vivo”, la cual es un claro ejemplo de individualismo, además de la

sectorización en la que se encuentran sus regiones y la concentración que existe en la

capital (problema que se intenta disimular con un aparente progreso social, medido con

la cantidad de empresas y consorcios que pueden llegar a establecerse en una comunidad),

siendo la última una de las causas del desconocimiento y la indiferencia ante la situación

que experimentan otras partes del territorio peruano. Todo lo anterior son algunos de los

modos de manifestar y demostrar la falta de colectividad en la forma de pensar, sentir y


actuar que nos gobierna y que hasta el día de hoy poco interés nos genera resolver como

problema constante y desencadenante de otros.

Considero que es necesario tocar el tema de la falta de colectividad, según como definí la

propia colectividad, líneas más arriba, debido a las consecuencias que conlleva su

ausencia en un conjunto de personas que interactúan en un territorio en común. Una

sociedad individualista nos enajena, nos centra en preocuparnos solo por nuestras

necesidades o las de, si lo tenemos o pertenecemos a uno, un grupo selecto, dejando, por

lo tanto, de lado las de los demás y pasando sobre ellas a veces de manera impositiva,

hasta llegar, en algunos casos, al grado físico; es esta ausencia de colectividad la que llega

a convertir este tipo de hechos en algo común y socialmente aceptado o simplemente en

un problema sin solución aparente. Son estos puntos los que me impulsan a desarrollar

dicha problemática en busca de, sino una solución, en última instancia, dar un aporte para

obtener una o que nos acerque a conseguirla, debido a que es decepcionante la nimia o

nula intención que existe en nuestra generación y la anterior; tal vez de manera parcial,

por cambiar dicha situación en la que prima el beneficio propio.

Hoy en día, es sorprendente observar, a pesar de los intentos por reducirla o desaparecerla,

la existencia de la discriminación en nuestro país; ya sea por el color de piel, origen étnico,

nacionalidad, sexo, etc. Asimismo, las constantes manifestaciones de violencia que

existen y que muchas veces tienen un desenlace sumamente trágico, son un hecho

preocupante. El año 2015, el Congreso Nacional de la República publicó un informe en

el que exponía resultados estadísticos de los casos que se presentaban en la PNP de los

tipos de violencia existentes en nuestro país; solo por citar cifras, el informe indica que

en el 2013 se presentaron 49,138 casos de violencia familiar y sexual, en el 2014 esta


cifra aumentó a 50, 485 casos. En el 2012, entre las 25 regiones del país se registraron en

total 125, 809 denuncias por violencia familiar de tipo físico, psicológico, sexual y de

otra clase; siendo la de tipo físico la predominante entre las demás, con un 52% de la

población registrada dentro de este grupo. Se puede incluso mencionar la violencia

estructural, en la que el sistema en el que vivimos es el causante de muertes, pobreza,

hambre y miseria en la población, siendo además un factor que ataca no solo a nivel

material sino también a nivel moral, denigrando y transgrediendo la integridad de las

personas, basta con ver la realidad de nuestro Perú para percatarnos de la existencia de

este tipo de violencia. Poniendo como premisas a la discriminación y a la violencia en sus

diversas manifestaciones, podemos introducir el concepto de desigualdad, siendo esta la

que genera o permite que se creen diferencias a nivel social, político y económico dentro

de un grupo y que generalmente se acentúan de manera negativa.

La discriminación, la violencia, la desigualdad, la concentración, la indiferencia y el

desinterés, entre otros; se deben a la falta de colectividad como la toma de conciencia de

la existencia de las demás personas que forman parte de nuestro contexto y de sus

necesidades, su valor como seres humanos y del valor del territorio en el que se

desarrollan e interactúan.

Como mencioné, mi objetivo más ambicioso con este ensayo es el de encontrar una

posible solución a esta problemática; sin embargo, quiero ser prudente al creer que lo más

factible es aportar al desarrollo o búsqueda de un desenlace para esta situación que a lo

largo de los años ha ido mermando en la plenitud de los diversos grupos que conforman

nuestra nación.
Desarrollo

Antes que nada, no quiero que se tome el colectivismo como un impedimento para el

desarrollo personal, sino como mencioné anteriormente, como un sentimiento y guía que

facilita el progreso del grupo en conjunto y que a la larga se manifiesta a nivel individual;

en pocas palabras, es posible la existencia de una sociedad individualista-colectivista,

como lo expresa Schwartz (1996, citado en Gómez & Martínez, 2000) quien afirma que

puede existir una sociedad netamente individualista, como colectivista o con una mezcla

de ambas, siendo esta última la más adecuada, si se tuviera que hacer un consenso para

decidir por la mejor de las tres. Además, agrega que existen valores que sirven tanto para

objetivos de sociedades individualistas como colectivistas y que son el universalismo y

la seguridad, definidos como la preocupación por el bienestar de los demás miembros del

grupo y el medio en el que interactúan y la búsqueda de la seguridad en la sociedad al

relacionarse o a nivel personal, respectivamente. Con base en estos principios, podrían

generarse otros para un mejor desarrollo de la sociedad, ya que la búsqueda del bienestar

del pueblo, de su espacio de desarrollo y brindar una sensación de seguridad a sus

miembros, serían lo que prime en el sistema de valores de dicho grupo.

Un posible ejemplo de colectivismo sería el Tahuantinsuyo. En el imperio la colectividad

era un concepto sumamente marcado en el pensamiento de cada individuo perteneciente

a este; como consecuencia, se hacía manifiesta en su forma de sentir y actuar. Este

colectivismo estaba reflejado en dos principios fundamentales, la reciprocidad y la

redistribución. El primero de ambos; significaba el intercambio de trabajo por trabajo, es

decir, un miembro del imperio labraba las tierras de otro miembro y viceversa; el segundo,

significaba que lo producido retornaba y circulaba por todos los dominios del imperio.
Los incas eran conscientes de la importancia de estos dos principios; pero sobretodo, eran

conscientes que sin ambos o al menos sin seguirlos y llevarlos a cabo, la estructura del

imperio se vería sumamente afectada. Sus creencias los llevaron a tener una conexión con

la tierra bastante fuerte, esto trajo como consecuencia el que se preocuparan de manera

especial por esta y desarrollaran sentido de unidad no solo con su pueblo, sino con el

territorio en el que habitaban. Si bien el poder se radicaba solo en el Sapa Inca, los

beneficios y derechos no estaban concentrados solo en un sector de sus dominios, los

principios de reciprocidad y redistribución, junto con todos los valores desencadenados

por estos dos, funcionaban en cada miembro del imperio, otorgándole el dinamismo que

lo caracterizaba. Es esta colectividad, en principio, lo que llevo a imperio a ser lo que fue,

y fue la mera individualidad de sus últimos líderes la que lo llevó a la ruina, la que lo

debilitó y le dio el fin que todos conocemos.

Por otro lado, podemos observar dentro del cortometraje que el padre de Binta se

preocupa por el futuro de un niño; no desea que crezca preocupado en obtener ganancias

a costa de otros, además de que esto implicaría entrar a una competencia que muchas

veces automatiza y deshumaniza a los que forman parte de ella, siendo las necesidades y

el beneficio propio lo que importa más y la meta o el premio más importante. Es esta

competencia inhumana en la que nos sumerge el sistema, que solo se traduce en una lucha

que significa la liquidación de otros individuos que formen parte de dicho proceso. El

sistema nos acostumbra a vivir a costa de otros y, a la larga, “normaliza” el que este hecho

se refleje no solo en una relación contractual o de trabajo sino en vínculos en el que el

más débil es explotado. El extremo individualismo que existe en nuestra sociedad nos

genera una sensación de extrañeza ante la diversidad que encontramos en un país como

el nuestro, provoca que haya poca identificación y, por ende, desinterés en cualquier tipo
de situación que se suscite en otros sectores del mismo. Un ejemplo es lo poco informada

que se encuentra la población sobre el caso del aeropuerto en Chincheros y su vinculación

con Odebrecht, lo abandonadas que se encuentran las comunidades de Puno y Ayacucho

o, sin ir muy lejos, los pueblos jóvenes de Lima como Huaycán. La falta de colectividad

se ha manifestado incluso desde décadas atrás, como la del 50, época en la que se dieron

las grandes inmigraciones a la capital y para la cual esta última no estaba preparada. Este

proceso de inmigración trajo como consecuencia la tugurización en los barrios, que no

hizo más que exponer la necesidad del pueblo peruano. “Al pie del acantilado es un

cuento” en el que Julio Ramón Ribeyro relata cómo se podía dar este proceso en el que

las personas de los suburbios y, generalmente, las más ignoradas por el Estado, eran

protagonistas y víctimas de la violencia estructural que ejercía este.

En una comunidad de Bignona como en la que vive Binta, el sentido de unidad se

encuentra notablemente impregnado, es manifiesta en sus celebraciones y en las

actividades que realizan. Es este sentido de unidad lo que los hace valorarse y sentirse

valorados, sin discriminación alguna de por medio, ya sea por su apariencia física, forma

de pensar o capacidades. Es esta unidad lo que aporta y suma sentirse felices.

Conclusiones

Luego de haber desarrollado un poco la falta de colectividad y sus implicancias ¿será

posible convertir a la sociedad peruana en una en la que este sentimiento y guía sea algo

palpable? O, al menos, ¿es posible que comencemos a desarrollar este colectivismo para

un mejor desarrollo social, político y económico?


Los diversos problemas que hoy abordan nuestra realidad son, a fin de cuentas, una

consecuencia directa o indirecta de la falta de colectividad, es necesario sentar las bases

para combatir este hecho y poder generar una sociedad con individuos que sean

conscientes de la existencia y el valor de los demás miembros de una comunidad. Se

puede comenzar dando un interés mayor por buscar teoría sobre cómo lograr que las

personas tomen en cuenta la posibilidad de cambiar y erradicar las consecuencias

negativas de esta problemática, comenzando por nosotros mismos y haciendo un

autoanálisis de si somos víctimas también de esta falta de colectividad.

Entonces, sabemos que la falta de colectivismo trae consigo consecuencias nocivas para

la sociedad, viendo incluso que estas se traducen en hechos concretos como la

discriminación y la violencia, y en último punto quizás, el desinterés existente por la

propia comunidad por cambiar dicha situación; sin embargo, es importante recalcar las

consecuencias positivas de la no ausencia de este, como el desarrollo de una sociedad más

justa, con la valoración de cada individuo perteneciente a esta y de su medio, con las

búsqueda del bienestar general de cada miembro.