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La locura suicida del orden social capitalista nos

lleva al abismo
Los llamados de atención acerca del rumbo que lleva la actividad humana en
el marco del sistema social que se ha impuesto en casi todo el planeta, no
son recientes. Desde comienzos de los años ’70 del siglo XX, muchos
científicos y estudios de organizaciones sociales sostenían con serios
fundamentos que la modalidad de sobreexplotación de los bienes comunes
requería un cambio urgente y profundo de rumbo, si queríamos evitar que en
el curso de este siglo XXI se produjeran colapsos de impactos gigantescos,
que pudieran poner en peligro la propia supervivencia de los humanos.

Sin embargo la dinámica propia de la economía capitalista, impuesta sobre el


resto del orden social, siguió avanzando en el proceso demencial de
crecimiento infinito, en el marco de un planeta finito. Eso implicaba extraer
recursos en cantidades cada vez más grandes y en tiempos cada vez más
veloces, a la vez que arrojar residuos y desechos que van a alterar el
ambiente que permitió la vida humana durante decenas de miles de años.

Una de las más serias consecuencias de estos horrores lo constituye el


calentamiento global, producto de la emisión de gases de efecto
invernadero, que se acumulan en la atmósfera engrosando la capa que
retiene cada vez más calor de los rayos solares que llegan a la Tierra.

Durante esas decenas de miles de años la temperatura permaneció con


pocos cambios, sobre la base de tener un nivel de gases de efecto
invernadero de alrededor de 280 partes por millón (ppm). Pero al desatarse
la revolución industrial y expandirse el sistema capitalista por todo el
planeta, la emisión de esos gases se fue incrementando. Se sostenía hace
algunas décadas que la cantidad acumulada no debía sobrepasar las 350 ppm
para evitar que el clima subiera y se generara un proceso que volviera
incontrolable el calentamiento.

Lamentablemente las cumbres mundiales del clima que se celebran


anualmente y cuentan con la presencia de casi todos los países del mundo no
han logrado que se tomen medidas efectivas para evitar el incremento de
las emisiones.
Con los estudios amplios, actualizados y completos del Panel de Expertos
Intergubernamentales por el Cambio Climático de las Naciones Unidas, se
concluyó en la Cumbre de París (realizada a fines del 2015) que no se debía
llegar a alcanzar un aumento de dos grados centígrados, porque ello podría
acarrear impactos impredecibles y procesos de realimentación de los
efectos invernaderos, que harían imposible la continuidad de la vida humana
y de muchas otras especies (cuando la temperatura ya muestra un aumento
de poco más de un grado centígrado).

A pesar del consenso aplastante de los científicos y de las luchas incesantes


de numerosas organizaciones sociales y ambientales en todo el mundo, el
proceso de emisión continúa rozagante, de la mano de políticas autistas que
buscan lograr el mayor crecimiento posible, sin importar a qué costo. Al
punto que desde el año 2016 se ha superado las 400 ppm, lo que ya asegura
para los próximos años un incremento mayor de la temperatura, y
proyecciones catastróficas para dentro de dos décadas.

La siguiente información da cuenta de esta locura, que es sólo una muestra


del grado de destrucción de la vida que generamos con la actividad
depredadora que promueve el orden social vigente. Y nos debería llevar a
tomar urgentes decisiones a todo nivel, para cambiar el modo en que
estamos consumiendo, produciendo y conviviendo, por otros que nos
permitan salvar la vida y reconstruir escenarios más armoniosos, para que no
sólo nosotros sino las futuras generaciones, tengan derecho a vivir y a
disfrutar de los bienes comunes de la Tierra.

No sé si aún estamos a tiempo. Pero debemos hacerlo de cualquier modo.

Saludos.

Luis

La concentración de CO2 en la atmósfera alcanzó


este fin de semana más de 415 ppm
may 13, 2019
Nunca, en ningún momento de la historia humana, el planeta había llegado a
tener tantos gases de efecto invernadero como lo está hoy en día. Según los
datos del Observatorio Mauna Loa que está ubicado en Hawai, la
concentración de dióxido de carbono en la atmósfera alcanzó este fin de
semana más de 415 partes por millón (ppm), mucho más que en cualquier otro
momento de los últimos 800.000 años.