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CONTEXTUALIZAR Y ASOCIAR

Contextualizar significa ubicar una palabra, hecho o situación dentro de un entorno.


Muchas veces decimos una palabra que no va en el contexto, que está fuera de lugar.

Las personas estamos conscientes de que para comunicarnos de manera efectiva, existen
elementos necesarios en el proceso comunicativo: el emisor, que es quien emite, dice o
escribe un mensaje; el receptor, quien lee o escucha el mensaje; el mensaje, que consiste
en el contenido de lo que se desea decir, es decir el discurso; el canal, que puede ser un
texto, las señales con las manos, o la voz de la persona que emite el mensaje, y el código,
que es el idioma en que se expresa el mensaje. Existe, además un elemento que se llama
referente, y es indispensable para que la comunicación se dé; es como el cimiento en
donde se basa ese proceso. El referente equivale a decir que es el contexto en el que se da
la comunicación. Puede agregarse un elemento que no aparece en los textos especializados,
pero que a diario notamos su importancia: la voluntad. Esta consiste en el tono y la
intención que se utiliza para transmitir el mensaje, así como la del receptor para escuchar
y comprender el mensaje. La voluntad es el deseo de lograr la comunicación.

La comunicación es la materia prima del proceso educativo; no se puede pensar en que una
persona imparta clases, ayude a otros a formarse, si su comunicación es deficiente. En la
acción de enseñar, el contexto es determinante, porque muchas veces por no “poner en
contexto” a los niños y niñas, éstos están ajenos a la intención del hablante, en este caso,
el docente.

Obsérvese el siguiente ejemplo: …corren los primeros días de mayo. El maestro de tercer
grado termina de impartir la clase de Ciencias Naturales: el sistema circulatorio. Todos salen
al receso del almuerzo, y al volver al salón de clases, inician con la clase de artes plásticas.
El maestro empieza la misma con las siguientes palabras: “Para mañana, todos deben traer
un corazón”.

Al día siguiente, todos llevan un corazón de cartulina roja para escribir un mensaje a la
madre. Todos, excepto uno, quien llevó un corazón de vaca. Este estudiante pidió a su
mamá que le comprara un corazón en la carnicería porque estaban estudiando el sistema
circulatorio.

¿Qué motivó dicho equívoco? La falta de contextualización. La mayoría de estudiantes se


conectó con la asignatura de artes plásticas, en primer lugar; en segundo lugar, esa mayoría
hizo la relación con el Día de la Madre; sin embargo, un niño siguió conectado a la clase
anterior al receso de almuerzo, no se ubicó en la otra asignatura y tampoco hizo la relación
con el Día de la Madre.
Aun cuando la mayoría pudo cambiar de contexto, este estudiante no lo hizo. Es
conveniente que un docente siempre se tome un tiempo para “poner en contexto” a sus
estudiantes. No es perder el tiempo; es una obligación, al iniciar un tema, explicarles lo que
estudiarán y para qué les servirá tal o cual tarea o actividad.

Muchas veces ocurre que los docentes olvidamos la edad de nuestros alumnos y alumnas;
perdemos de vista que no tienen la suficiente madurez para cambiar de contexto
automáticamente y damos por hecho que todos entienden nuestras instrucciones aunque
éstas no estén del todo claras. Debe recordarse lo que ya se dijo anteriormente: no todos
los estudiantes aprenden al mismo ritmo; no todos sobreentienden lo que decimos y
siempre hay un niño o niña que se distrae o que no comprende algo y calla. Debe darse la
oportunidad a todos y todas por igual, para que no existan estas equivocaciones que hacen
sentir mal a los niños que se han equivocado mientras los demás celebran alegremente la
confusión.

Podría decirse que la anécdota anterior no pasó de ser eso: una anécdota, algo inesperado
que sucede en un momento y que constituye algo digno de contarse como divertido. Sin
embargo, hay descontextualizaciones que pueden afectar el rendimiento de un estudiante.
Esto sucede cuando se elaboran pruebas escritas, cuyas instrucciones son descuidadas, mal
redactadas o mal pensadas. Acerca de preguntas mal elaboradas hay infinidad de
anécdotas, desde la más sencilla hasta las más complejas. Algunas se cuentan como chistes,
pero lo delicado es que constituyen hechos reales.

Algunos ejemplos que ilustran la ausencia de contextualización y mala estructuración en la


redacción.

Léase la pregunta:

. ¿Qué se pone al terminar una oración? Una veladora.

Esa fue la respuesta de una niña. Esta respuesta se debió a la mala construcción de la
pregunta y por supuesto a la descontextualización.

La pregunta pudo plantearse:

¿Cuál es el signo ortográfico que se escribe al finalizar una oración?

¿Qué pasó en el caso de esta niña? Ella no se puso en contexto; estaba fuera de la clase de
Idioma Español, por una parte; por otra, posiblemente la niña provenía de un ambiente o
contexto religioso y para ella oración sólo significa lo que en las familias se conoce como
rezo.
Contextualizar es situar a las personas en un referente que los ubica mentalmente en un
tema o situación. En este proceso existe también otra etapa del aprendizaje y es la
asociación de ideas o conceptos.

¿En qué consiste la asociación?

La asociación consiste en relacionar una cosa con otra. Es unir o juntar términos o
situaciones con el propósito de recordar o de comparar. Asociamos objetos o palabras para
recordar algo; cuando estudiamos alguna asignatura que necesita memorización (Biología,
Botánica, Zoología) se hace muy fácil recordar términos largos o difíciles por medio de
asociaciones mentales.

Cuando olvidamos el nombre de alguien podemos relacionarlo con otra persona que tenga
el mismo nombre y así acertar. Cuando deseamos recordar una fecha, podemos asociarla
con un cumpleaños; los números de teléfono pueden recordarse por asociaciones: 24
(fecha de mi cumpleaños) 44, Revolución de 1944; 76 (año del terremoto) y 15 (fecha de la
independencia). Total el número, si debemos memorizarlo es 24447615. Ese es un ejemplo
de una asociación sencilla.

La vida es un constante aprendizaje; no importa cuántos años se tenga, siempre se puede


estudiar y aprender. Las personas, así como tienen diferentes canales aprender, también
tienen sus maneras particulares de asociar. Por otro lado, tampoco hay que quitar mérito a
la importancia que tiene la estimulación de la memoria, siempre que esta no sustituya el
aprendizaje con razonamiento. Se aprenden de memoria las tablas de multiplicar, por
ejemplo, para facilitar el desarrollo de operaciones matemáticas.

En la niñez, es muy común hacer asociaciones muy lógicas, que los adultos ya no hacen
porque no las necesitan, o porque ya han perdido la capacidad o el interés por el juego con
las palabras y por la creatividad. Analizaremos casos en los que los niños y niñas relacionan
las palabras o los momentos, y lo hacen muchas veces de manera tan poética que sus
palabras debieran ser registradas siempre, al menos en la memoria.

Estos son algunos ejemplos:

. Anagracia, de tres años, llegó a su casa muy emocionada y conmovida porque ese
día en el colegio le habían hablado del Día de Tecún Umán. “Bien triste, mamá,
vieras que Tecún Umán creía que el caballo y el jinete eran lo mismo y le metió la
lanza al caballo. Cayó el caballo muerto y el español agarró su espada y mató a Tecún
Umán. Cuando cayó al suelo, su pecho estaba rojo de sangre y entonces un “billetío”
pasó volando encima de él”.
. Otto, de seis años, estaba contando a su padre, cómo había estado un partido de
futbol: fijate que ya iban ganando los rojos por un gol, cuando le dieron una “tarjeta
de molestación” a uno de los jugadores y lo sacaron del juego. Por eso pudieron
empatar los cremas. Eso les pasa a los jugadores cuando molestan en la cancha,
papa.

. Otro día buscaba por todos lados de la casa y aparentemente no encontraba lo


buscado.

_ ¿Qué andas buscando?


_ Mis necesarios.
_¿Qué necesarios? ¿Necesarios para qué?
_Son los necesarios, mamá: mis libros, mis cuadernos y crayones, todo lo que estaba
en la mochila del colegio”.

En otra ocasión dijo que a él le daban a tomar “elevadura de cerveza” para crecer bien.

¿En qué consistieron esas asociaciones?

En el primer caso, el de Anagracia, ella no sabía que el Ave Nacional de Guatemala es


el Quetzal. Para ella un quetzal sólo significaba un billete; le pareció muy simple que
un billete volara sobre Tecún Umán. La maestra debió haber puesto al grupo de
estudiantes en contexto con la educación cívica. Contarles la leyenda, pero también
hablarles del Ave Nacional, del color rojo que el Quetzal tiene en el pecho y que
simboliza la sangre del héroe indígena que murió luchando.

En el segundo ejemplo, el del niño que cuenta el partido de futbol a su padre,


seguramente él escuchaba “molestación” cuando miraba un partido en la televisión.
Escuchaba esta palabra porque esa tarjeta de penalización se la daban a los jugadores
cuando cometían una falta, cuando molestaban. De ahí que dijera “tarjeta de
molestación” y no “tarjeta de amonestación” como debía de decirse.

En el tercer caso, el niño asociaba la palabra “necesarios” con “útiles” porque ambos
términos indican que sirven para algo. Igualmente sucedió con la “elevadura de
cerveza”. La levadura de cerveza es un suplemento de vitaminas y los padres lo dan a
sus hijos para que crezcan bien porque les da apetito. El niño asoció crecer con elevarse
y por eso le llamó “elevadura” y no levadura.

Las asociaciones facilitan muchas tareas tanto de la vida diaria, como temas de estudio y
de trabajo. Hay que aprender a asociar como lo hacen los niños, de manera fresca, natural,
espontánea y realmente relacionada con las cosas que comparan.
Las asociaciones que hacen los niños y niñas son muy válidas; debe ponerse atención a la
forma en que se expresan porque lo que dicen tiene sentido y ellos tienen una forma muy
lógica de asociar dos cosas o hechos diferentes.

A los adultos esas confusiones nos mueven a la risa, pero en realidad ellos están haciendo
asociaciones perfectas. Por ejemplo, una niña decía “…una moneda de quetzal la
transformo en cuatro chicles”. Y ciertamente, comprar es dar dinero a cambio de algo, de
manera que el dinero se transforma en una mercancía.

Y de esa habilidad para recrear palabras o de jugar con ellas, tan natural y común en los
niños, puede obtenerse también otro gran resultado: que escriban cuentos y poesía, ya que
seguramente quienes juegan con las palabras o las asocian bien pueden imaginar y
fantasear…