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El receptor y la difusión de los mensajes de los medios masivos de comunicación

Rafael Octavio Ibáñez Juárez

UNAM

Desde que el hombre tuvo uso de razón, ha tenido la necesidad de difundir información

determinada para propósitos particulares. Sin embargo, los medios de difusión no siempre

fueron tan modernos como en la actualidad. Por ende, la información y la comunicación

muchas veces no llegó a todos sus objetivos ni se comprendió de manera eficaz. Es a partir

de dos hechos importantes que la información comienza a descentralizarse: primeramente,

con el nacimiento de la imprenta; pero su auge más notorio se establece con la Revolución

Industrial, que es donde surge formalmente lo que actualmente se conoce como publicidad.

Es ahí cuando los medios de comunicación comienzan a adquirir connotaciones masivas; se

crea una vorágine de estrategias, métodos y formas por las cuales los difusores de la

información intentan comunicar lo propio para influir en determinados públicos.

Por otra parte, la descentralización de la información también trajo consigo las

instauraciones de los gobiernos demócratas, lo que supuso, parcialmente, una difusión más

fluida de la información. Del mismo modo, las estructuras sociales que transmitían la

información tuvieron que cambiar, por lo cual comenzaron a moldearse modelos de

comunicación que poco a poco influían y permeaban el modo en el cual los receptores

entendían y aceptaban la información. Así, esto pudo dar paso a que el receptor se volviera
más complejo, ya que tendría la posibilidad de escoger entre un abanico de posibilidades de

recibir, procesar y aprehender información determinada.

La investigación de Kraus hace hincapié en los diversos modelos que guían la

comunicación, en los cuales hace referencia al modelo hipodérmico, el cual establece que los

medios masivos transmiten la información al público, a su vez, también se refiere al modo

en que los medios masivos de información “inyectan” la información entre los receptores; el

modelo de influencia social, por su parte, establece la presión que ejerce el entorno y las

figuras públicas en la recepción de la información; mientras que el modelo de flujo de

difusión marca que cada persona actúa de forma distinta, y remarcan la importancia de que

los medios masivos de comunicación alcancen primero a los líderes de opinión para poder

influir en los receptores.

Con lo anterior, se pueden establecer distintas formas en que los receptores pueden

seleccionar la información que reciben de los medios masivos de comunicación, y cómo ésta

influirá en su vida. Para empezar, los receptores podrán recibir primeramente la información

obtenida de figuras públicas, pero dichos receptores sólo aceptarán la información que se

adapte a sus gustos y necesidades. Por ende, los flujos de información que reciban se

limitarán a experiencias inmediatas que no lograrán una trascendencia funcional de

comunicación, ya que, además, las figuras públicas muchas veces se verán influidos por la

presión del público que busca recibir determinada información.

Por otra parte, los receptores también podrán verse influidas por una difusión masiva

de comunicación que se instaura a partir de la realidad social en la que se desarrollan, la cual


se ve mediada por el país, la zona, el entorno inmediato, etc. Así, muchos de los receptores

compartirán pensamientos similares y el flujo de la información podrá ser circular. A su vez,

las instituciones encargadas de difundir la información podrán ser responsables o mediadoras

de los modos de pensar o de entender la realidad.

Los receptores son capaces de discriminar determinada información, pero las

instituciones son las encargadas de filtrar la información que los receptores puedan

apropiarse. Por ende, a pesar de que la globalización permite una libertad más fluida de la

información, difícilmente podrá superar las estructuras genéticas informativas por

antonomasia: los gobiernos, las tendencias sociales y los influjos externos.

El modo en que los receptores se verán influidos en su vida diaria con respecto a la

información que reciben se evidenciará en sus límites de consciencia de su comportamiento

y sus proyecciones ante determinadas situaciones, ya que éstos se verán terciados por cómo

han digerido la información sobre dichas situaciones. Esto sugiere que la libertad de los

receptores ante la selección y aprehensión de la información es solamente parcial, puesto que

difícilmente podrán librarse de determinismos sociales en cuanto a niveles de información.