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El pozo de los deseos

Restaba menos de un mes para que se cumpliera el plazo de entrega de su


manuscrito y él ni siquiera lo había empezado, pasaba por uno de esos famosos
«bloqueos de escritor», tratando de evitar distracciones se enclaustró en una
humilde cabaña en medio del bosque, donde pasaba horas divagando junto a un
pequeño pozo al que hizo su amigo, esperando que este le concediera el deseo de
escribir un libro entero en menos de una semana. Cuando el pozo respondió, lo hizo
con una tímida voz de niña y propuso ayudarlo a cambio de diez gotas de sangre.

No había tiempo para desperdiciar una oportunidad así, el hombre aceptó el precio
sin dudarlo, de inmediato hizo cortadas en sus dedos, para dejar caer la sangre que
le pedía el pozo. Tras cada una de ellas, parecía que el túnel cobraba vida, las
paredes se movían al ritmo de sus cálidas exhalaciones, dejando escapar suspiros
de alivio y éxtasis.

También la tierra rugía, como si descansara debajo de ella una enorme bestia, tras
la última gota, una deforme criatura envuelta en fuego emergió del pozo, y se fue
sobre el escritor. Diez gotas de sangre solo le dieron fuerza para salir del hoyo,
necesitaba el resto del hombre para alimentarse.

En ese momento el manuscrito dejó de importar, luchaba con uñas y dientes para
defenderse de los ataques del debilitado demonio que había liberado de las
profundidades, pero todo resultaba inútil, su cuerpo estaba también envuelto en
llamas, la carne le chillaba mientras se retorcía en el suelo.

Los anteriores habitantes de la cabaña, conocían el mal que moraba en aquel


agujero, pero necesitaban el agua, así que decidieron no sellarlo, simplemente
tenían mucho cuidado al acercarse, no imaginaron que al marcharse de ahí, vendría
un tipo loco que hablara con los pozos y les pidiera deseos.

La historia era bastante buena para un libro, lástima que el escritor terminara
devorado y sus restos calcinados a la orilla del pozo, que solo cumplió el deseo de
una buena cena para aquel monstruo.