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FUTUROLOGIA DEL DINERO

“Cuando un célebre pero veterano científico afirma


que algo es posible, lo más probable es que esté en
lo cierto. Cuando dice que algo es imposible, es casi
seguro que se equivoca” – Arthur C. Clarke.

El presente ensayo consta de dos ideas principales: la primera es que la gran revolución
del dinero ya fue; y que el resto han sido meras innovaciones sobre dicha invención. La
segunda es que “el dinero del futuro” no es sinónimo del “futuro del dinero”; pues pude que
sí como puede que no. Si usted quiere saber por qué afirmamos lo primero o negamos lo
segundo… le invitamos a seguir leyendo.

La revolución cognitiva
Comencemos por el principio: el dinero no es una entidad eterna, en el sentido de que no
ha existido siempre; sino que fue creado en algún punto de la historia humana… posterior
al comunismo primitivo de los cazadores-recolectores que practicaban el trueque, y anterior
a nosotros, los productores-consumidores que practicamos el comercio en la sociedad
capitalista contemporánea. Lo que sí parece ser cierto es que el dinero es un fenómeno
típico de la vida inteligente; y de hecho, un gran hito o avance de la civilización. En otras
palabras; dada la vida tal y como la conocemos: solo el ser humano, o como lo bautizamos
los economistas, el homus economicus; posee mente, cultura o historia, y dinero. Tal y
como lo reconoce el gran historiador Yuval Noah Harari1:
“El desarrollo subsiguiente de estas culturas humanas se llama historia (…) Tres
revoluciones importantes conformaron el curso de la historia: la revolución cognitiva marco
el inicio de la historia hace unos 70.000 años. La revolución agrícola la acelero hace unos
12.000 años. La revolución científica, que se puso en marcha hace solo 500 años, bien
pudiera poner fin a la historia e iniciar algo completamente diferente”.

Por tal razón; hoy podemos decir que la revolución cognitiva que marcó el fin de la
prehistoria y el comienzo de la historia: habría de gravar en la historia de nuestra civilización
las grandes densidades poblacionales, la producción en masa y los excedentes, la gran
acumulación del capital y la cultura, y el desarrollo tecnológico e institucional de la sociedad;
merced a las grandiosas revoluciones agrícola, industrial, verde, y la celebérrima revolución
del bienestar… además de la gran revolución del dinero. Tanto así que a la sociedad
tecnológica contemporánea también se le conoce comúnmente como capitalismo moderno;
justamente en razón de la gran importancia económica o productiva que tiene el dinero en
nuestra sociedad, tanto en términos comerciales como financieros. Pero también es cierto
que el dinero no fue creado en la sociedad contemporánea, sino que ha ido mutando al
mismo tiempo que la civilización ha ido avanzando; adaptándose así cada vez más a las
necesidades contables, económicas y financieras de la sociedad.

1
Debate, 2013. Sapiens, de animales a dioses: Una breve historia de la humanidad. Introducción, página 15.
La revolución del dinero
Pero a fin de cuentas: ¿Qué es el dinero? El dinero es una institución económica, o si usted
prefiere otros términos, una tecnología social. Pero de cualquier manera la institución del
dinero representa una herramienta o instrumento tecnológico; que le permite a la sociedad
manejar mucha más complejidad en las relaciones o asociaciones económicas, aunque con
mucha más agilidad y seguridad o menos incertidumbre. En resumidas cuentas: la
institución o tecnología del dinero potencia el desarrollo de las redes sociales y económicas,
a la vez que optimiza notablemente tanto los costos de transacción como de información
de dichas relaciones o asociaciones. Pero para entender mejor la razón detrás de la
revolución del dinero, vamos a compararlo con su antecesor histórico, el trueque. De
entrada: piense el lector en cuántos precios relativos se requerirían para describir un
mercado con miles de productos. La respuesta es un número del orden de los millones; y
de hecho, crece con el cuadrado del número de mercancías.
Pero esa es solo una prueba circunstancial; he aquí la verdadera razón del triunfo del dinero
sobre el trueque: mientras que el trueque se hallaba limitado a un mero punto del espacio-
tiempo, el dinero que le sucedió se halla repartido por una zona cada vez más amplia del
mismo. Así que el dinero expandió el horizonte espacio-temporal de las relaciones
económicas en la sociedad: pues mientras que el trueque requería la coincidencia de
deseos, o necesidades y capacidades, tanto en un mismo lugar geográfico como al mismo
tiempo; lo cual parece muy natural para el intercambio de recursos o mercancías… el dinero
no requiere tal coincidencia simultanea de deseos, u oferta y demanda; sino que en principio
basta con que solo una de las partes necesite algo de la otra, y esta otra también necesite
algo de esa otra; y así sucesivamente crezca la cadena, relacionando a terceros, hasta que
vuelva eventualmente a satisfacer las necesidades del primer eslabón, y así
simultáneamente con muchas cadenas. La clave se halla justamente en la creación de tales
cadenas comerciales –y financieras- más avanzadas; para remplazar aquellos puntos de
trueque, más primitivos.
En la creación de tal red mercantil y monetaria, subyace justamente el gran potencial del
dinero: que ciertamente redujo los costos de transacción e información en las relaciones
económicas, es decir, el precio o sobrecosto de buscar y lograr aquella coincidencia de
oferta y demanda. Pero más importante aún, confeccionó una gigantesca red económica –
productiva, comercial, financiera-. Tan grande que en el mundo actual, nuestra red
económica es mucho más grande que nuestras celebres redes sociales en internet; lo que
pasa es que mucha gente, aún desconoce su grandeza. Si el lector quiere hacerse una idea
de la magnitud de nuestra red económica y mercantil; le invitamos a leer un breve cuento
escrito por el señor Leonard Read, que narra la historia de un lápiz: el cuento se llama “Yo,
el lápiz: mi árbol genealógico según fue narrado a Leonard E. Read”.
Pero volviendo al tema… en nuestra humilde opinión: ¡la revolución del dinero ya se hizo!
Fue el paso de la economía natural a la economía monetaria, un gran hito de la civilización.
Y lo que resta por hacer, aunque pueda ser grandioso; y logre alargar o agilizar aún más
aquellas cadenas comerciales, y mejorar aún más la red económica de la sociedad; y
reducir todavía más aquellos costos de transacción asociados… serán solo refinamientos
del mismo, posibles gracias a los avances informáticos de la sociedad tecnológica. Pero no
queremos que nos malinterpreten: ¡el dinero es grandioso! Y la revolución del dinero fue un
gran hito de la civilización. Simplemente estamos compartiendo nuestra gran admiración
por la institución o tecnología del dinero.
Aun así tal institución, pese a sus grandes bondades o beneficios económicos; también
tiene sus problemas o retos económicos y políticos. Muchas veces subproducto de nuestra
ignorancia sobre el funcionamiento del dinero; aunque a veces también resultado de la
codicia excesiva e indiferencia -o corrupción- de las elites económicas y políticas de la
sociedad. Así por ejemplo: mucha gente aún cree, como lo creían los mercantilistas de la
edad media, que el dinero tiene un valor real; lo cual es un gran error, porque el dinero solo
tiene un valor virtual o nominal; en tanto que su valor real depende en ultimas, obviamente,
del trabajo de la población y la producción de la sociedad.
Además: aunque la acumulación del capital ha potenciado muchísimo el crecimiento
económico de la sociedad, también ha posibilitado su gran desigualdad; debida tanto a la
propia concentración y gravitación del capital, como a la apropiación de la legislación
política por parte de las elites económicas. Y es que si la primera ley del capitalismo es el
crecimiento económico, basado en la acumulación de capital; su segunda ley, sería la
desigualdad económica, también basada en aquella acumulación de capital. Pero esa ya
es otra historia: la historia de la desigualdad socioeconómica y geopolítica; y de las
instituciones sociales o económicas y políticas… explotadoras o extractivas versus las
equitativas e inclusivas. Por ahora, volvamos al tema de la futurología del dinero.

El futuro del dinero


Por último, debemos hacer otra salvedad: el tema del “dinero del futuro” no es sinónimo del
tema del “futuro del dinero”. No se trata de dos sentencias equivalentes: pues analizar el
dinero del futuro; presupone la supervivencia de la institución del dinero, como tecnología
social en nuestra civilización. En cambio; analizar el futuro del dinero, no hace tal supuesto;
sino que cabe la posibilidad de que en un mundo futuro, tal vez en una sociedad futurista o
por qué no en un mundo pos-apocalíptico, ni siquiera haya dinero. Pero: ¿Cómo? ¿Por
qué? Si la institución del dinero es tan genial. Si, ciertamente lo es; pero también tiene sus
propios fallos y riesgos. Por ejemplo:
 Un gran fallo psicológico: la tendencia psicológica a valorarnos como personas por la
cantidad de dinero o riqueza que poseamos. Este tipo de fallo psicológico sirve de base
a la mentalidad materialista a la sociedad.
 Una seria falla sociológica: la gravitación financiera del capital y el dinero… la tendencia
de las grandes masas de capital y dinero, no solo a reproducirse o acumularse, sino a
concentrarse cada vez más. Este tipo de fallo sociológico refuerza la desigualdad
socioeconómica y geopolítica de la sociedad, o las luchas de clases y naciones, e
inclusive a veces las guerras civiles y mundiales.
 Cierto riesgo financiero: el riesgo de que el capital o el dinero se utilice para financiar
actividades improductivas, mientras se piensa o se cree que se usa productivamente.
Este tipo de riesgo a veces produce grandes crisis económicas y financieras, nacionales
o a veces hasta globales.
 Un serio riesgo ecológico: la tendencia a pensar que los recursos ambientales son
ilimitados, o por lo menos a creer que las crisis ecológicas son transitorias, gracias a la
tecnología; y dado el gran desarrollo histórico de la sociedad tecnológica, basada en el
capitalismo. Este tipo de fallo ecológico podría llevar a la extinción del ser humano o a
un gran holocausto tecnológico, o quizás a una gran revolución en los paradigmas del
equilibrio y el progreso de la civilización.
En resumidas cuentas: los recursos son escasos, y el dinero como piedra angular a la vez
que piedra roseta del mercado, nos ayuda a usarlos o asignarlos de manera eficiente; eso
lleva siglos diciéndolo la economía política. El problema es que el mercado, sesgado por la
codicia excesiva y el fetiche mercantilista del dinero, tiene sus fallos. Mientras tanto la
institución del dinero, con sus bondades y beneficios, así como con sus fallos y riesgos;
guía el sistema capitalista y sus procesos de producción, consumo, comercio, ahorro,
inversión, o invención e innovación. Y en el camino produce no solo crecimiento económico,
acumulación de capital, desarrollo tecnológico e institucional, globalización mercantil y
cultural; sino que a veces también produce desigualdad socioeconómica y geopolítica, crisis
económicas o financieras y políticas, guerras civiles o nacionales y a veces hasta
mundiales, y contaminación ecológica.
Consideremos por ejemplo el caso de la desigualdad socioeconómica y geopolítica: los
economistas clásicos confiaban en una suerte de mano invisible que traduciría los intereses
individuales en bienestar colectivo. En eso consistía la idea de equilibrio de mercado de los
economistas clásicos. Pero actualmente sabemos que no se trata de un equilibrio estable,
al que converja cualquier sociedad con una economía de mercado; sino que de hecho se
trata de una suerte de equilibrio inestable, que diverge de aquel mundo ideal debido a las
diferencias en la repartición de la riqueza en la sociedad. Por tal razón; el mundo real no es
el mundo de la invisible, solo en parte lo es; sino que se trata de un mundo con dos fuerzas
antagónicas, que protagonizan tanto la acumulación como la concentración del capital,
tanto el crecimiento como la desigualdad económica: la mano invisible, que hace que las
personas produzcan para la población; y la mano negra, que hace que las naciones y la
sociedad produzcan para sus elites.
Algo similar ocurre actualmente con el caso de la contaminación ecológica por parte de la
sociedad: pues desde el punto de vista de la economía de mercado; la contaminación
ambiental es una externalidad, lo que significa que es un subproducto o daño colateral de
la actividad productiva. Así que se supone que el estado debe internalizar aquel daño, lo
que significa cuantificarlo y cobrárselo a las empresas contaminantes. Sin embargo; esta
política, aunque logre desincentivar en cierta medida la contaminación ecológica, tiene tres
fallos o riesgos: lo primero es que a veces no se aplica, debido a que a veces las elites
económicas se adueñan del gobierno, y la legislación o la justicia penal; lo segundo es que
aún si se aplica, muchas veces aquel pago se calcula, más de acuerdo a las ganancias
económicas o financieras de las empresas, que a las perdidas sociales y ni se diga a los
daños ecológicos de la sociedad.
Lo que nos lleva a lo tercero, y quizás lo más importante; desde el punto de vista psicológico
y ecológico de la sociedad, más que meramente económico o político: que esa política
presupone una idea errónea, y además muy peligrosa; a saber, que disque el dinero puede
pagar por los daños del medio ambiente. Repetimos: los daños sociales de la actividad
económica quizás a veces sean reparables, si hay voluntad política y políticas públicas
efectivas; pero los daños ecológicos son en su mayoría, invaluables e irreparables. Pero lo
cierto es que hay cosas que el dinero no puede comprar… aunque algunas personas, e
incluso algunos economistas; piensen o crean, y digan lo contrario. Tal y como lo reseña el
gran biólogo y ecologista Paul Ehrlich2, mediante una anécdota con un economista:
Un economista comentó en cierta ocasión que cualquier cosa podía conseguirse por una
cierta cantidad de dinero. Nos desafío a que le dijéramos algo que no se pudiera obtener si
se está dispuesto a pagar lo suficiente por ello. Le respondimos: “un Tiranosaurio Rex”.
Después de declarar (incorrectamente) que, con suficiente tiempo y dinero podría llegar a
obtenerse uno de los dinosaurios carnívoros gigantes, comentó que los dinosaurios, al fin y
al cabo no tenían ningún valor ya que se extinguieron y nadie los echó de menos (…) No
obstante, esta línea de razonamiento no es nada convincente.

En tal contexto; el panorama optimista, y en nuestra esperanzada opinión, el más probable;


es el de las sociedades futuristas: en tales escenarios, la sociedad contemporánea se ha
convertido en una sociedad tecnológica ecológica, más viable tanto desde el punto de vista
económico y social como ecológico. Por tal razón; uno supondría que se tratara de una
suerte de sociedad capitalista, pero no tan consumista ni clientelista; tanto con instituciones
equitativas e inclusivas más que extractivas o explotadoras, como con tecnología ecológica
de base. De suerte que el crecimiento económico tuviese niveles o intervalos más tolerables
de desigualdad social, y que estuviese movilizado por el desarrollo tecnológico pero con
motivaciones ecológicas. En fin: se trata de una sociedad futurista, más avanzada… con un
paradigma del equilibrio y el progreso más integral. Aunque vaya uno a saber que sorpresas
le depare el futuro a una sociedad superavanzada… (Piense el lector, por ejemplo, en la
película de Hollywood: “el precio del mañana”).
Quizás nuestra sociedad contemporánea vaya por uno de tales caminos; en cuyo caso
quizás “el futuro del dinero” sí sería equivalente al “dinero del futuro”: ¡el dinero digital! Por
supuesto, aun dentro de la antiquísima institución del dinero; pero adornado con las
novedades de la tecnología informática. Pues si la invención del dinero potenció y optimizó
las redes económicas de la sociedad… la innovación del dinero digital ha de potenciar y
optimizar aún más dichas redes, en tanto se aproveche y socialice cada vez más el uso de
aquella tecnología informática dentro de la institución del dinero. De suerte que se optimicen
aún más los costos tanto de transacción como de información: tales como el costo de
acuñar y transportar el dinero, el precio de vigilarlo o supervisarlo, el sobrecosto de las
falsificaciones y robos, los gastos en contabilidad manual o no digital; etcétera. La siguiente
terna de opiniones y sus correspondientes argumentos; sintetizan la opinión de muchos
analistas respecto al tema del destino del dinero, tarde o temprano, como dinero digital:
En este siglo el desarrollo tecnológico ha ido afectando nuestro diario vivir en muchos
aspectos de nuestra vida y el dinero no ha sido la excepción. Los patrones de compra de los
individuos han cambiado y el uso de monedas o billetes físicos se vuelve más obsoleto con
el tiempo. La sociedad está pasando por un periodo de transición donde el Internet ha sido
el mayor auspiciante. Para la economía, el revolucionario comienzo de las compras por
Internet fue el primer paso para el cambio en el uso del efectivo (…) Gracias a todo este
desarrollo tecnológico, el futuro del dinero ha dejado de ser un bien físico y se ha convertido
en un tipo de información intercambiable. Esto significa que mientras pasa el tiempo las
personas prefieren usar más herramientas de compra electrónica que tener dinero en sus

2
Salvat, 1995. Extinción: la desaparición de las especies vivientes en el planeta. Capítulo 1, página 10.
bolsillos. El futuro estará marcado por tres tipos de invenciones que ya han empezado a
suceder ahora: el dinero electrónico, las billeteras virtuales y la moneda virtual 3.

Para el comercio, el dinero en efectivo supone un coste. Por un lado hay que recogerlo y
guardarlo en un lugar seguro. Es necesario custodiarlo, así como luchar contra las
falsificaciones que los amables clientes tienden a ‘colarnos’. Además, han de realizar simples
pero largas cuentas diarias para que la caja cuadre. El dinero digital no tiene estos costes.
Es más difícil de robar, no hay billetes falsos, y la caja cuadra sola con un clic de ratón. El
dinero digital es mucho más asequible y da menos problemas (…) Esto ocasiona serios
gastos para los países y las administraciones. Pensemos en la seguridad que conlleva
diseñar, imprimir y revalidar cada billete expedido. Los costes de transporte, seguridad,
almacenamiento o tecnología para evitar su plagio, algo que acaba pasando siempre,
parecen cada vez menos justificados. Los costes digitales son mucho más bajos y
asequibles4.

En términos claros y concisos, puede decirse que el dinero está destinado a convertirse en
digital. Esta conclusión general se desprende del estudio de la larga evolución histórica del
dinero y de su probable relación con las futuras transformaciones socioeconómicas.
Históricamente, a lo largo de milenios, el dinero ha tendido, progresivamente, a hacerse más
abstracto o a ir plasmándose en una representación meramente simbólica disociada de
cualquier materialización física concreta (…) Desde el punto de vista económico, puede
argumentarse que la lenta introducción de los nuevos sistemas de pago, indispensables para
generalizar el dinero digital en la economía, está causando elevados costes, públicos y
privados; esos costes no sólo incluyen los costes obvios, generados directamente por los
gastos de gestión, compensación y vigilancia del dinero efectivo, sino también las pérdidas,
menos evidentes, ocasionadas por las dificultades que conlleva el operar la transición hacia
una "nueva economía de elementos intangibles". Desde esta posición ventajosa de "coste
de oportunidad", los sistemas de pago digital instantáneo, que van implantándose en la
economía, constituyen una parte esencial, pero aún no suficientemente desarrollada, de la
infraestructura necesaria para que florezca la economía global y altamente informatizada del
mañana, en la que el comercio electrónico, en cualquiera de sus formas, será,
probablemente, uno de los elementos determinantes del éxito general de la economía5.

Pero también hay un panorama más pesimista, también posible; el de los mundos pos-
apocalípticos, como por ejemplo: reinados imperialistas organizados y administrados por
las naciones o estados más ricos; las potencias mundiales, tecnológica, industrial y
militarmente más poderosas; para monopolizar los recursos minerales y energéticos más
escasos, y valiosos o útiles para su sustento y desarrollo. Holocaustos tecnológicos
subproducto de una gran guerra mundial; o apocalipsis ecológicos resultado del desarrollo
tecnológico e industrial de la sociedad, indiferente con el habitad o medio ambiente.
Etcétera accidentes o catástrofes sociales, tecnológicas, ecológicas; potenciales de la
sociedad tecnológica capitalista, tanto de su latente hacinamiento poblacional como de su
patente pobreza e inequidad, y sus conflictos socioeconómicos o geopolíticos globales. En
tales escenarios la civilización casi que se habría colapsado, y con ella, también la
institución del dinero; en cuyo caso en el futuro no habría dinero, ni el dinero tendría futuro.

3
Recuperado de: http://blog.cobiscorp.com/el-desarrollo-del-dinero-y-su-futuro
4
Recuperado de: https://www.nobbot.com/futuro/veremos-el-final-del-dinero-en-efectivo-la-tecnologia-
podria-desbancarlo/
5
Recuperado de: https://www.theeconomyjournal.com/texto-diario/mostrar/757802/futuro-dinero
Por supuesto; solo se trata posibilidades, quizás no las más probables; pero al fin y al cabo
posibles, y además, las más desafortunadas o desastrosas. Así que en cuestión de
futurología social, lo mejor es tenerlas muy en cuenta también. Además porque la historia
de la civilización está plagada de ejemplos de catástrofes sociales a menor escala; y sus
cajas negras señalan una y otra vez, a los conflictos socioeconómicos o geopolíticos como
la clave de dichos siniestros… estancamiento económico, inestabilidad política y desorden
social, insustentabilidad financiera e insostenibilidad ecológica. De hecho; varias de tales
cajas negras, provienen del siglo pasado: varias crisis económicas y financieras en las
naciones en vía de desarrollo y desarrolladas, otras tantas guerras civiles y golpes de
estado en las naciones subdesarrolladas, unas cuantas crisis económicas o financieras
globales y un par de guerras mundiales; además del colapso de algunos estados
socialistas, peleados ideológicamente con el resto de la sociedad capitalista. Así que: ¿Por
qué algo así no podría pasar a mayor escala; en una sociedad tecnológica global como la
nuestra, o quizás aún algo más avanzada en el futuro?
Por tal razón; debemos recordar que el dinero constituye solo una institución o tecnología
social; al servicio de nuestra voluntad económica, política, social y ecológica: ni tampoco
debemos olvidar que su valor y utilidad social depende de la escasez de recursos del
habitad, del trabajo o la producción y el ahorro de la población, e incluso del avance
tecnológico de la sociedad; además de algunas otras variables macroeconómicas, tales
como el valor y la volatilidad de los precios o la inflación, y la tasa de interés o la tasa de
cambio. Y quizás más importante aún; de que no haya crisis económicas o financieras y
políticas, ni mucho menos ecológicas, que desvirtúen su valor o legitimidad social.
De suerte que si, por ejemplo, algún recurso del habitad fuera bastante escaso, y además,
demasiado necesario para el funcionamiento y sostén de la sociedad, o de los estados
nacionales y sus elites… el sesgo podría ser lo suficientemente grande como para minar la
funcionalidad u operatividad del dinero, y por ende, ocasionar una crisis en la economía de
mercado; tanto en su papel de informante de los precios relativos de las mercancías, como
de asignador o repartidor y optimizador de los recursos y actividades en el mercado (algo
similar, por ejemplo; al caso de las estanflaciones e hiperinflaciones: solo que para algún
recurso en especial, al menos en principio; como el agua o el petróleo, algún material o
mineral particular, algún metal peculiar, o alguna fuente de energía especial). Y allí se halla
el riesgo; justo en tales crisis: pues entonces algunos agentes o grupos económicos y
políticos poderosos, podrían tener el incentivo de usar su poder para organizar y administrar
la sociedad, justamente tratando de monopolizar aquellos recursos escasos tan valiosos;
resultando quizás en luchas de poder y guerras por los recursos productivos, minerales,
energéticos del ambiente.
Tal y como ha ocurrido muchas veces en la historia, y también sucede en la sociedad
capitalista actual; solo que en el futuro de la sociedad tecnológica, podría ocurrir otra vez
como antaño, al margen de la actual economía de mercado y la democracia o legitimidad
del estado social. Tal y como lo reflexiona el gran antropólogo Marvin Harris6:
Antes de la revolución del combustible, las plantas y los animales eran la fuente principal de
energía para la vida social. Esparcidos sobre la tierra en millones de granjas y aldeas, plantas
y animales absorbían la energía del sol y la convertían en formas apropiadas para el uso y

6
Salvat, 1986. Caníbales y reyes: Los orígenes de la cultura. Epilogo y soliloquio moral, página 243
el consumo humanos. No estaban menos dispersas otras fuentes de energía, como el viento
y las caídas de agua. La única forma que tenían los déspotas de interceptarle a la gente la
provisión de energía, consistía en negarle el acceso a la tierra o a los océanos. Esta era una
tarea sumamente difícil y muy costosa en casi todas las condiciones de clima y de terreno.
Sin embargo, era mucho más fácilmente manejable control del agua. Y allí donde podía
controlarse el agua, podían controlarse los vegetales y los animales. Además, dado que
plantas y animales eran la principal fuente de energía, el control sobre el agua significaba el
control sobre la energía. En este sentido, los despotismos de la sociedad hidráulica eran
despotismos energéticos... pero sólo en una forma muy indirecta y primitiva.

La revolución del combustible ha abierto la posibilidad de una forma más directa de


despotismo energético. En la actualidad, la energía se acumula y se distribuye bajo la
supervisión de un pequeño número de organismos y sociedades. Procede de un número
relativamente pequeño de minas y pozos. Cientos de millones de personas pueden ser
técnicamente aislados de estas minas y pozos, y morir de hambre, quedar congeladas,
hundidas en la oscuridad o paralizadas mediante el giro de unas pocas válvulas y el
chasquido de unos pocos interruptores.

“No sé qué armas se usarán en la Tercera Guerra


Mundial. Pero puedo decirle cuáles se usarán en la
cuarta: ¡palos y piedras!” – Albert Einstein