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LA RESISTENCIA DE ERNESTO SÁBATO

PRIMERA CARTA: LO PEQUEÑO Y LO GRANDE


El autor en esta primera carta le parece increíble que nos hayamos olvidado de disfrutar
de la vida cotidiana por estar inmersos en la televisión o en la computadora y no
maravillarnos de todo nuestro entorno simplemente porque ahora lo disfrutamos a través
de una pantalla. Lo más raro es que aunque no hay nada bueno o interesante que ver uno
sigue perplejo ya que por estar sentados frente a la pantalla nos olvidamos de todo e
incluso de saber cómo le fue en su día nuestros familiares ya que nos hipnotiza, nos hace
entrar en un letargo que nos incapacita de hacer algo productivo ya sea para el bien
común de la familia o un bien personal.
Esta tecnología está haciendo que el ser humano pierda algunos de sus sentidos ya que
nos acostumbramos a ver una gran luminosidad para poder apreciar algo hermoso y
sordos por acostumbrarnos a escuchar muy alto el volumen que nos olvidamos de
escuchar el murmullo de la naturaleza que nos rodea.
También estamos perdiendo la forma de socializar ya que con el internet podemos
“hablar” con las personas pero no podemos ver su expresión, no podemos tocarlas,
sentirlas y aunque a algunos se les facilita la escritura es más expresivo y humano cuando
damos un abrazo, un fuerte apretón de manos e incluso un gran beso cuando la otra
persona con la que platicamos lo necesita puesto que así expresamos lo que sentimos por
ellos pero con la tecnología no se puede hacer esto ya que nos está separando y nos
estamos olvidando de sentir y apreciar a todos y todo lo que nos rodea.
Por la tecnología se nos ha olvidado compartir con los verdaderos amigos una taza de café
o porque no una buena copa de vino con una amena charla, pero preferimos chatear con
un perfecto extraño que dice ser nuestro amigo pero no sabemos sus verdaderas
intenciones, en lugar de estar con los amigos que nos conocen en persona y no les
importan tus aciertos ni tus errores solo te quieren por quien eres y por lo que les haces
sentir cuando estas con ellos.
Con el avance de la tecnología se ha expandido la contaminación en todos los aspectos y
estamos acabando con nuestra flora y fauna; todas las especias de flora y fauna que hoy
conocemos solo las podremos ver por internet y también estamos acabando con todos
nuestros recursos naturales como es el petróleo, todos los minerales y todo por “tener
una vida cómoda”.
Lo peor de todo esto es que estamos acabando con nosotros mismos ya que estamos
matando nuestra creatividad, imaginación, paz; en si estamos matando a nuestra propia
voz interna (alma) y todo por una “vida llena de comodidades” sin tomar en cuenta la
naturaleza del hombre que mientras más tiene más quiere.
SEGUNDA CARTA: LOS VALORES ANTIGUOS
En esta segunda carta el autor nos comenta sobre las sociedades desarrolladas que se
han levantado sobre el desprecio a los valores trascendentes y comunitarios y sobre
aquellos que no tienen valor en dinero sino en belleza.
“En los juegos de los chicos percibo, a veces, los resabios de rituales y valores que parecen
perdidos para siempre, pero que tantas veces descubro en pueblitos alejados e inhóspitos:
la dignidad, el desinterés, la grandeza ante la adversidad, las alegrías simples, el coraje
físico y la entereza moral.”
Han habido épocas buenas y épocas calamitosas, pero dependían de la naturaleza, de las
cosechas; el hombre no sentía que debía obrar siempre y en cualquier momento para
controlar el acontecer de todo, como lo cree hoy en día.
Antes los hombres trabajaban a un nivel más humano, frecuentemente en oficios y
artesanías, y mientras lo hacían conversaban entre ellos. Eran más libres que el hombre de
hoy que es incapaz de resistirse a la televisión.
La vida de los hombres se centraba en valores espirituales que hoy a muy pocos les
importa, como la dignidad, el desinterés, el estoicismo del ser humano frente a la
adversidad.
Algo notable es el valor que aquella gente daba a las palabras. De ninguna manera eran un
arma para justificar los hechos. Hoy todas las interpretaciones son válidas y las palabras
sirven más para descargarnos de nuestros actos que para responder por ellos.
Cuando la cantidad de culturas relativiza los valores, y la “globalización” aplasta con su
poder y les impone una uniformidad arrogante, el ser humano, en su desconcierto, pierde
el sentido de los valores y de si mismo y ya no sabe en quién o qué creer.
Trágicamente, el mundo está perdiendo la originalidad de sus pueblos, la riqueza de sus
diferencias, en su deseo infernal de “clonar” al ser humano para mejor dominarlo.
Como al desmoronarse los cimientos de una casa, las sociedades comienzan a precipitarse
cuando sus mitos pierden toda su riqueza y su valor.
El sentimiento de orfandad tan presente en este tiempo se debe a la caída de los valores
compartidos y sagrados.
La humanidad está cayendo en una globalización que no tiende a unir culturas, sino a
imponer sobre ellas el único patrón que les permita quedar dentro del sistema mundial.
En el afán del hombre por controlarlo todo ha perdido el rumbo y aquellos valores como
la dignidad, el desinterés, la grandeza ante la adversidad, las alegrías simples, el coraje
físico y la entereza moral, si bien no han desaparecido del todo, si son escasos porque se
le da un valor diferente al tiempo, importa más lo que se haga que como se use.
En cuanto a la moral las creencias que infunden respeto son pisoteadas por la pérdida de
valores como el sacrificio, la vergüenza, la fidelidad, la palabra dada, la gente de antes se
conocía, hoy día uno cree conocerlos a todos pero nada más lejos de una utopía. “Cuando
la cantidad de culturas relativiza los valores, y la “globalización” aplasta con su poder y les
impone una uniformidad arrogante, el ser humano, en su desconcierto, pierde el sentido
de los valores y de sí mismo y ya no sabe en quién o en qué creer”.
Se pierden los valores autóctonos, las nuevas generaciones se apegan a lo moderno y
olvidan su pasado, por el contrario se apenan de él. Los velorios, lo religioso, lentamente
van quedando atrás, ya no se guarda luto ni respeto por el que falleció, la vida debe
continuar. El hombre se rinde frente al respeto por el que falleció, la vida debe continuar.
El hombre se rinde frente a los nuevos dioses, la tecnología y toda su invención. “La
humanidad está cayendo en una globalización que no tiende a unir culturas, sino a
imponer sobre ellas el único patrón que les permita quedar dentro del sistema mundial.
Queda la esperanza del hombre que se aferra a un pasado lleno de nostalgia y de valores
por rescatar, lo que no significa dejar de soñar.

TERCERA CARTA: ENTRE EL BIEN Y EL MAL.


En esta tercera carta Sábato comienza su escrito recordando a su madre. Entre lo que
deseamos vivir y el intrascendente ajetreo en que sucede la mayor parte de la vida se abre
una cuña en el alma que separa el hombre de la felicidad como el exiliado de su tierra.
Sábato nos dice que es urgente encarar una educación diferente, enseñar que vivimos en
una tierra que debemos cuidar, que dependemos del agua, del aire, de los árboles, de los
pájaros y de todos los seres vivientes y que cualquier daño que hagamos en este universo
grandioso perjudicara la vida futura y puede llegar a destruirla. La búsqueda de una vida
más humana debe comenzar con la educación. Por eso es grave que los niños pase horas
atontados delante de la televisión, asimilando todo tipo de violaciones o dedicados a esos
juegos que permiten la destrucción. El niño puede aprender a valorar lo que es bueno y no
caer en lo que lo es inducido por el ambiente y los medios de comunicación.
Debemos comprender que la primera huella que la escuela y la televisión imprimen en el
alma del chico es la competencia, la victoria sobre sus compañeros y el más enfático
individualismo, ser el ganador.
Sábato cree que la educación que damos a los hijos procrea el mal porque lo enseña como
bien, una educación que como base tuene el individualismo y la competencia. La
educación no está independizado del poder y por lo tanto encauza su tarea hacia la
formación de gente adecuada a las demandas del sistema. Estos es un sentido inevitable
porque de lo contario formaría a magnificar “desocupados”. Pero si esto no se
contrabalancea con una educación que muestre lo que está pasando y a la vez promueva
el desarrollo al desarrollo de las facultades que están deteriorándose, lo perdido será el
ser humano. El alma del hombre está suspendida entre el anhelo del bien y la inclinación
del mal. Las grandes religiones solo preconizan el bien, sino que ordenan hacerlo, lo que
prueba la constante presencia del mal. La vida es un equilibrio tremendo entre el ángel y
la bestia. No podemos hablar del hombre como si fuera un ángel y no debemos hacerlo.
Pero tampoco como si fuera una bestia, porque el hombre es capaz de as peores
atrocidades pero también de las más grandes y puros heroísmos.
CUARTA CARTA: LOS VALORES DE LA COMUNIDAD
La Cuarta Carta está dirigida a la reflexión sobre la comunidad y desde ella. Se trata de valores que
consolidan ambos aspectos, la relación entre comunidad e individuo; y no un discurso para
objetivar el desenvolvimiento de grupos en paralelo con el individualismo como otra postura
válida. Lo que Ernesto Sábato pone de relieve es que la comunidad es un valor vital para enfrentar
la crisis del hombre en la esclavitud de la tecnología y la soledad histórica a la fecha. La
resignificación del concepto de solidaridad como “supremo bien de toda comunidad”, empleada
para criticar la dirección que ha tomado el mundo “global”, no es una redundancia. En la
solidaridad se integra la fluidez entre pasado y futuro por un bien común, es decir, que si
revisamos la temporalidad de nuestras comunidades damos sentido a la articulación entre
colectividad e individuo: ¡como un bien efectivamente deseable para todos! Porque, los valores
que articulan esta revisión del tiempo y del sentido de una comunidad nos permiten desencializar
nuestros grupos. Estos valores pueden hilarse como elementos de identidad para potencializar
dicho sentido, pero también para diferenciar su término en el tiempo y por su relación con otros
grupos. La Carta de Sábato está dirigida a esos hilos que podemos compartir para tejer
comunidades menos ficticias .
¿Cómo discernimos si nuestros grupos de trabajo, colectivos sociales, etc., constituyen verdaderas
comunidades? En tanto nuestra reflexión sea conducida por la autocrítica como manera constante
de relacionarnos con otras formas de organización humana. Si bien, cada valor proporciona
cohesión al grupo, éstos no dejarán de ser abstracciones, formas, ideas, arquetipos, de aquello a lo
cual estamos avocados.
Si hacemos la distinción estructural entre aquello que pensamos sobre nosotros mismos de lo que
“en realidad somos”, no es que supongamos otra vez la esencia en cierta realidad de praxis
comunitaria; sino más bien, ponemos el ojo en la relación que descubrimos gracias a la reflexión
entrambos aspectos, para así operar una forma “fácil” de reflexión. Pensar la comunidad desde
ella misma, implica sistematizar el propio ideario a manera de vinculación entre un nosotros y un
“los demás”.
La vinculación sería un recogimiento relativo a lo cual identificamos como impulso compartido con
otros impulsos ajenos, entre fuerzas desarrolladas como contrapartes. Es por eso que la
identificación entre democracia y libertad es, para Sábato, un desarrollo recíproco que vincula
impulsos susceptibles de orientarse como plataformas de identidad: la liberación de impulsos
desiguales significa democratizar las formas de reorganización.
El pluralismo cultural podría leerse como una diversidad de comunidades entrelazadas en el
contexto mundial por “la crisis de toda una concepción del mundo y de la vida basada en la
idolatría de la técnica y de la explotación del hombre”. El marco de esta resistencia forja
identidades diferenciadas o diferencias identificadas en el seno del marasmo mundial. No es la
globalización sino la cosmopolitización de valores de la comunidad como derecho humano, los
cuales nos vinculan en relación con un tercer elemento a combatir.
Con esta vinculación compartimos el mismo mal, pero nos balanceamos con valores que nos
identifican porque resistimos por un bien común en cada caso. El pluralismo cultural constituye
entonces una triangulación de proyectos que coinciden en contra del arrojo de la modernidad
tecnologizada, hoy en crisis
QUINTA CARTA: LA RESISTENCIA
Actualmente vivimos en una sociedad inmersa en un ambiente de precipitación y
ansiedad, causados tal vez, por el afán de cubrir lo que consideramos nuestras
necesidades básicas. Necesidades tales como vestuario, alimentación, vivienda, ocio, en
fin, lo que el mercado del consumismo nos ofrece o nos impone como necesidades vitales
para la sobrevivencia en este mundo, pero que al final son solamente caprichos impuestos
por el modernismo y el consumismo, ya que vemos que el “hombre moderno” es ahora
más vacío, más solitario, más infeliz, quizás porque a pesar de que tenga todo lo que
aparentemente necesita, su avaricia y su egoísmo no le permite disfrutar esos bienes o
riquezas debido a que es insaciable su deseo de abarcar cada día más y más. En su quinta
carta Sábato nos invita a reflexionar sobre la verdadera conveniencia de dejarnos
sumergir en esta ola de consumismo y en este mundo acelerado donde no es posible
disfrutar de las cosas simples y bellas de la vida, por encontrarnos esclavizados en una
sociedad ególatra e insensible. En su carta hace un llamado a la resistencia, entendida
como una forma de protesta o contradicción a las leyes impuestas por la sociedad
capitalista e imperialista de hoy. Invita a cambiar las formas de actuar autómatas a las que
estamos acostumbrados en pro de un beneficio a corto plazo cambie esa forma de actuar
por unas nuevas formas que beneficien no sólo a un individuo, sino que causen bienestar
común a un gran grupo de personas. Es decir, resistirse a un mundo invadido por el
consumismo donde cada persona trabaja y sustenta su supervivencia por medio de su
producción personal y en cambio actuar de manera diferente pasando a convertirse en
benefactores de los menos favorecidos y compartiendo los bienes, talentos, beneficios o
cualquier otro aspecto tangible e intangible que pueda ser ofrecido a otro ser humano y
que alimente o apacigüe de alguna manera su existencia en este mundo, contribuyendo
así a la formación de una mejor sociedad, más sensible, más solidaria, más amigable y por
decirlo así, más humana. Estoy de acuerdo con Sábato en su teoría sobre la resistencia,
aunque no me parece una idea fácil de asimilar por nosotros la llamada “sociedad
moderna” sino por el contrario creo que es algo muy difícil puesto que nos hemos
acostumbrado a este ritmo acelerado de vida, donde somos el centro de atención del
planeta y los “únicos” importantes o valiosos en el medio. No es fácil cambiar una
concepción tan arraigada desde hace miles de años sobre un valiosos en el medio. No es
fácil cambiar una concepción tan arraigada desde hace miles de años sobre un mundo
progresista y materialista. No es fácil despertarse un día con el ánimo de abrirle las
puertas de la casa a unos extraños más necesitados que uno mismo, no es fácil brindarles
techo, comida, vestuario, amistad, etc. No es fácil lograr despojarse del egoísmo y avaricia
propia del ser humano que está sembrada desde la niñez y que se cultiva hasta los años
de la adultez. Pienso entonces, que debería existir una compensación muy grande que
permita realizar ese cambio actitudinal en los hombres y mujeres racionales para poder
hacerle resistencia a la sociedad consumista en la que se encuentra inmerso. Una
compensación moralista que facilite llegar a la felicidad espiritual por medio de la
satisfacción y alegría ajena. Algo así, como el amor maternal que le ofrece una madre a su
hijo, donde ella es capaz de sacrificar su propio bienestar por el bienestar de su hijo
amado, donde este amor se ve compensado cuando ese hijo encuentra su propio
bienestar, felicidad y acierto en la vida, lo que redunda en la felicidad propia de la madre
al ver que hizo un buen trabajo y que no perdió su amor en vano.

EPILOGO: LA DECISIÓN Y LA MUERTE


Ernesto Sábato en el último capítulo del libro comienza con una reflexión; “cada hora del
hombre es un lugar vivo de nuestra existencia que ocurre una sola vez, incomparable para
siempre.”
Para Sábato lo esencial de la vida es la fidelidad a lo que uno cree su destino, que se revela
en esos momentos decisivos, esos cruces de caminos que son difíciles de soportar pero
que nos abren a las grandes opciones.
Unidos en la entrega a los demás y el deseo absoluto de un mundo más humano,
resistamos. Esto bastara para esperar lo que la vida nos depare.
Los valores son los que nos orientan y presiden las grandes decisiones. Desgraciadamente,
por las condiciones inhumanas del trabajo, por educación o por miedo, muchas personas
no se atreven a decidir conforme a su vocación, conforme a ese llamado interior que el ser
humano escucha en el silencio del alma, tampoco se arriesga a equivocarse varias veces y
sin embargo la fidelidad a la vocación, es el fiel de la balanza donde se juega la existencia
si uno ha tenido el privilegio de vivir en libertad.
Sabato sabe que a mucha gente le irritara esta carta, el mismo confiesa que la hubiera
rechazado hace años cuando confundía resignarse con aceptar. Resignarse es una
cobardía, es el sentimiento que justifica el abandono de aquello por lo cual vale la pena
luchar, y aceptar es el respeto por la voluntad del otro sea este un ser humano o destino
mismo. No nace del miedo como la resignación, sino que él es más bien un fruto.