Está en la página 1de 3

Discurso pascual N° 1

– 12 de mayo del 2019–


Día del buen Pastor
Jornada mundial de oración por las vocaciones sacerdotales

“El Cordero los pastoreará y los guiará a los manantiales de la vida” (Cf. Ap 7, 17)

“Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”(Jn 10,27), son las palabras
del Pastor de pastores, Jesucristo Resucitado, que nos amó hasta el extremo y desde el madero
de la cruz nos demostró una entrega total por sus ovejas y una victoria histórica sobre el
pecado y sobre la muerte, fraccionando la historia en dos.

Buen pastor solo hay uno, Jesucristo; Él conoce sus ovejas, él nos conoce a la perfección,
conoce nuestras grandes cualidades y nuestros notorios defectos, él se interesa personalmente
por cada uno de nosotros, nos protege y nos cuida de tantos peligros que asechan el rebaño
del pastor. Como rebaño tenemos que esforzarnos por escuchar la voz amorosa, salvadora y
resucitada del Pastor; hoy en día, cuando estamos invadidos de tantísimas voces que opacan
la voz del Pastor, la voz de Dios. Entre esas voces se distinguen claramente la voz de la
venganza, la voz ardiente de las pasiones desordenadas, la voz de la traición, la voz suave de
la mentira, la voz sigilosa de los falsos amigos, la voz de la violencia entre muchas otras
voces (Cf. Padre José Luis González Santoscoy). Actualmente vivimos en una sociedad
ruidosa y dispersa que presta oído a voces indecentes, a voces cargadas de letras lujuriosas,
voces de doble-sentido, voces que dicen la verdad con chistes y se burlan irónicamente de la
realidad, escuchamos nuevos géneros urbanos que descrestan con sus ritmos pero
decepcionan con sus letras.

Entre esas voces que acabo de mencionar y muchas otras que pueden existir, es oportuno que
nos preguntemos: ¿Cuál es esa voz que te impide escuchar la voz del Pastor de pastores? La
oveja humilde reconoce con facilidad esas voces que la alejan del Pastor, la oveja soberbia
tolera y convive con todas las voces y hace de su fe un salpicón combinando con verdades
subjetivas. Queridos hermanos, les repito: Como rebaño tenemos que esforzarnos por
escuchar la voz amorosa, salvadora y resucitada del Pastor; ¡Basta con un poco de gracia! la
gracia de Dios que afina nuestro oído y purifica nuestros sentidos, basta con que limpiemos
y despercudamos con delicadeza la lana desgastada por el paso de los años y del trabajo,
basta con que sigamos los pasos del Pastor que siempre querrá que pasemos del desierto
inhóspito a los manantiales de la vida (Cf. Ap 7, 17), a los manantiales de la felicidad eterna,
plena y duradera; Jesús, buen Pastor, nunca se cansará de decirnos: “Mira que estoy a la
puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo”
(Ap 3:20)

La voz resucitada de Cristo que resuena año tras año en nuestras vidas nos lleva
consecuentemente a tocar las campanas alegres de la Iglesia y nos pone en movimiento, nos
pone a correr como el apóstol Pedro y el discípulo amado (Cf. Jn 20,4) tras sus huellas. Como
ovejas seguimos las huellas de un Dios vivo; que bueno que lo recordemos siempre: seguimos
las huellas de un Dios vivo, de un pastor dinámico y renovador que siempre se las ingenia
para sorprendernos. El Papa Francisco en su exhortación apostólica postsinodal Chistus Vivit,
también ha dicho: “¡Él vive! hay que recordarlo con frecuencia, porque corremos el riesgo
de tomar a Jesucristo solo como un buen ejemplo del pasado, como un recuerdo, como
alguien que nos salvó hace dos mil años. Eso no nos serviría de nada, nos dejaría iguales, eso
no nos liberaría. El que nos llena con su gracia, el que nos libera, el que nos transforma, el
que nos sana y nos consuela es alguien que vive. Es Cristo resucitado, lleno de vitalidad
sobrenatural, vestido de infinita luz. Por eso decía san Pablo: “Si Cristo no resucitó vana es
la fe de ustedes” (1Co 15,17)”1(Christus Vivit N. 124).

Como un pastor elegido por Dios, me dirijo a ustedes con estas sencillas palabras para
expresar la alegría de la vocación infundida por el Señor, y acompañada de mi decisión
personal y definitiva que me convirtió para gloria de Dios en sacerdote, pastor de almas. El
pastoreo exige fidelidad ante todo, coherencia, sensibilidad y delicadeza en el trato con las
personas, sin olvidar una formación permanente que nos lleve a ser reflejo vivo de Jesús,
pastor humilde y cercano. Ahora es cuando comprendo un poco más esas palabras del Papa
Francisco invitándonos a ser “pastores con olor a oveja, que eso se note”2 (Homilía misa
crismal, Papa Francisco. 2013) “La unción, queridos hermanos, no es para perfumarnos a
nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría
rancio el aceite... y amargo el corazón”3. Ese olor a oveja que se nos pide, las ovejas en su
experiencia y fidelidad como ovejas, lo identifican muy bien en el pastor.

Como pastor no me canso de pedir a Dios en mi oración eso que pedimos en la plegaria
eucarística V/b4, Jesús, nuestro camino:

“Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra
oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos disponibles ante
quien se siente explotado y deprimido. Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de
amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para
seguir esperando” (Misal Romano)

Hoy más que nunca ante tantas problemáticas sociales que nos desafían deberíamos escuchar
y poner en práctica esa canción que dice:

Cristo te necesita para amar, para amar.


No te importen las razas ni el color de la piel, ama a todos como hermanos y haz el bien.
Al que sufre y al triste dale amor, dale amor, al humilde y al pobre, dale amor.
Al que vive a tu lado dale amor, dale amor, al que viene de lejos dale amor.
Al que habla otra lengua dale amor, dale amor, al que piensa distinto dale amor.
Al amigo de siempre dale amor, dale amor, y al que no te saluda, dale amor.

Yo le agregaría: A tus abuelos, padres, hermanos e hijos dale amor, dale amor, a tu familia
dale amor. Cristo, buen pastor, te necesita para amar, para amar.

1
Christus Vivit N. 124
2
Homilia misa crismal, Papa Francisco. 2013
3
Ibid.
4
Misal Romano
Le pido al Señor nos siga llenando de momentos y acontecimientos felices y doy gracias a
Dios porque hoy como pastor puedo celebrar junto a ustedes esta fiesta del pastoreo de Cristo
en nuestras vidas. Doy gracias a Dios por sus vidas, por su fidelidad y por su sencillez, las
comunidades donde Dios nos envía, son fieles testigos de que no es fácil el pastoreo, de que
no es fácil tener contentas a todas las ovejas, de lo difícil que es mantenerlas unidas. Pero
aun así, puedo decir con fuerza que vale la pena y la vida seguir a Cristo Joven, porque “Él
es el manantial de la mejor juventud”5 (Christus Vivit N. 133), el manantial que sacia por encima
de nuestras expectativas la sed que tenemos frecuentemente de dar respuesta a los profundos
interrogantes de la vida.

A mis hermanos sacerdotes les deseo un feliz día del buen pastor y a ustedes queridos
hermanos que me escuchan y que me leen, les deseo un feliz día de la ovejita, gracias por su
atenta escucha y su fidelidad en el seguimiento de Cristo, Pastor de pastores.

Oremos en este día por tantos sacerdotes que nos han mostrado el camino con sus enseñanzas
y nos han llevado a abrazar la fe. “Rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”
(Mt 9,38).

“No sueño con llenar Iglesias, sueño con llenar el cielo”

Robin Alexander Ramírez Vanegas


Vicario Parroquial
Parroquia María Reina
Diócesis de Soacha

5
Christus Vivit N. 133