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Colegio Marcela Paz

Rancagua
CANCION DEL CARACOL
Carlos Maríanidis

Despacio, despacio,

que nadie me apura.

El junco se hamaca,

el río murmura.

Despacio, despacio,

sin ninguna prisa.

Viene olor a rosas

si sopla la brisa.

Despacio, despacio,

sin desesperar:

manteniendo el ritmo,

siempre he de llegar.

© Carlos Marianidis (Argentina)

Educando Mujeres para el Futuro


Caracola
F. García Márquez

Me han traído una caracola.


Dentro le canta
un mar de mapa.
Mi corazón
se llena de agua
con pececillos
de sombra y plata.
Me han traído una caracola.

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NANA PARA DORMIR A UNA VAMPIRA
Carmen Gil Manolito
Duérmete,
vampira mía.
Duérmete,
que ya es de día.

Duérmete sin inquietud


en tu pequeño ataúd
con la sábana morada,
sin tener miedo de nada.

Ten sueños muy apacibles


con murciélagos horribles,
cementerios, sepulturas
y noches negras y oscuras.

Duerme mientras brille el sol


con mi nana en si bemol
y tu pijama de andrajos,
sin pensar nunca en los ajos.

Y cuando a las doce y cinco


te despiertes dando un brinco,
te daré, bebé llorón,
sangre fresca en biberón.

Duérmete,
vampira mía.
Duérmete,
que ya es de día.

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El sapo verde.
Poema infantil de Carmen Gil
Ese sapo verde
se esconde y se pierde;
así no lo besa
ninguna princesa.

Porque con un beso


él se hará princeso
o príncipe guapo;
¡y quiere ser sapo!

No quiere reinado,
ni trono dorado,
ni enorme castillo,
ni manto amarillo.

Tampoco lacayos
ni tres mil vasallos.
Quiere ver la luna
desde la laguna.

Una madrugada
lo encantó alguna hada;
y así se ha quedado:
sapo y encantado.

Disfruta de todo:
se mete en el lodo
saltándose, solo,
todo el protocolo.

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Y le importa un pito
si no está bonito
cazar un insecto;
¡que nadie es perfecto!

¿Su regio dosel?


No se acuerda de él.
¿Su sábana roja?
Prefiere una hoja.

¿Su yelmo y su escudo?


Le gusta ir desnudo.
¿La princesa Eliana?
Él ama a una rana.
A una rana verde
que salta y se pierde
y mira la luna
desde la laguna.

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LOS CANGREJITOS
Fernando Lujan
Los cangrejitos guerreros
por la tierra y por el mar.

Por la mar y por la tierra


siempre listos a guerrear.

Soldaditos en la arena,
marineros en el mar.

De negro van los más fieros


y de rojo el capitán.

Los sueños del Naranjo


Inés de Cuevas
El naranjo
teje sueños
con sus gotas de azahar

La tarde lo mira
mira
y se pregunta
al pasar....

¿Cuántas naranjas
jugosas
de sus ramas
¿colgarán?

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LA LUNA DORMIDA
Se cayó la Luna,
se cayó en la harina.
Ven a levantarla
…con tu mano limpia.
Era tan de noche
que la luna niña,
como nadie hablaba,
se quedó dormida.
En el árbol negro
puso la camisa,
destrenzó su pelo
con la negra brisa,
y a la negra nube
fuése en zapatillas…
pero en el camino,
con la gran fatiga,
se cayó la luna,
se cayó en la harina.
Alzala despacio,
que la luna niña
sueña que la mecen
blancas estrellitas.
¡Se cayó la Luna,
se cayó en la harina!
Frida Schultz de Mantovani

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ODA A UNA ESTRELLA
ASOMANDO a la noche
en la terraza
de un rascacielos altísimo y amargo
pude tocar la bóveda nocturna
y en un acto de amor extraordinario
me apoderé de una celeste estrella.

Negra estaba la noche


y yo me deslizaba
por la calle
con la estrella robada en el bolsillo.
De cristal tembloroso
parecía
y era
de pronto
como si Ilevara
un paquete de hielo
o una espada de arcángel en el cinto.

La guardé
temeroso
debajo de la cama
para que no la descubriera nadie,
pero su luz
atravesó
primero
la lana del colchón,
luego
las tejas,

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el techo de mi casa.

Incómodos
se hicieron
para mí
los más privados menesteres.

Siempre con esa luz


de astral acetileno
que palpitaba como si quisiera
regresar a la noche,
yo no podía
preocuparme de todos
mis deberes
y así fue que olvidé pagar mis cuentas
y me quedé sin pan ni provisiones.

Mientras tanto, en la calle,


se amotinaban
transeúntes, mundanos
vendedores
atraídos sin duda
por el fulgor insólito
que veían salir de mi ventana.

Entonces
recogí
otra vez mi estrella,
con cuidado
la envolví en mi pañuelo

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y enmascarado entre la muchedumbre
pude pasar sin ser reconocido.
Me dirigí al oeste,
al río Verde,
que allí bajo los sauces
es sereno.

Tomé la estrella de la noche fría


y suavemente
la eché sobre las aguas.

Y no me sorprendió
que se alejara
como un pez insoluble
moviendo
en la noche del río
su cuerpo de diamante.

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