Está en la página 1de 176

JALISCO EN SU TRANSICIÓN POLÍTICA

Temas de estudio
Asociados numerarios de El Colegio de Jalisco

Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología


Gobierno del Estado de Jalisco
Universidad de Guadalajara
Instituto Nacional de Antropología e Historia
Ayuntamiento de Zapopan
Ayuntamiento de Guadalajara
El Colegio de México, A.C.
El Colegio de Michoacán, A.C.
Subsecretaría de Educación Superior-sep

José Luis Leal Sanabria


Presidente

María Alicia Peredo Merlo


Secretaria general
JALISCO EN SU TRANSICIÓN POLÍTICA

Alberto Arellano Ríos


Coordinador
324.67235 J26
Jalisco en su transición política / coord. Alberto Arellano Ríos -- 1ª. ed. -- Zapopan,
Jalisco : El Colegio de Jalisco, 2014.
165 + [19] p. : gráfs., maps., tablas ; 23x16.5 cm. -- (Temas de Estudio)

Contenido: Introducción / Alberto Arellano Ríos -- El régimen político: un balance


en las estructuras de autoridad / Alberto Arellano Ríos -- La elección de gobernador:
concentración del poder y competencia electoral, 1995-2012 / Nancy García Vázquez
-- El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica / Jorge Federico Eufracio Jaramillo
-- Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional / Carlos Alberto Navarrete
Ulloa -- Los liderazgos priístas ante la transición / Ismael Ortiz Barba -- El Partido de la
Revolución Democrática: notas acerca de una anhelada institucionalización (1989-2013) /
José de Jesús Gómez Valle -- Anexos.
Incluye bibliografía en cada capítulo.

ISBN 978-607-8350-14-8

1. Elecciones locales - Jalisco (México). 2. Elecciones - Jalisco (México) - 1995-2012.


3. Gobierno representativo y representación. 4. Alternancia política - Jalisco (México)
- 1995-2012. 5. Transición democrática. 6. Democracia - Estudio y enseñanza. 7.
Ciencia política - Estudio y enseñanza. 8. Ciencia política - Enfoques metodológicos. 9.
Instituciones políticas - Jalisco (México). 10. Cambio institucional - Jalisco (México). 11.
Partidos políticos - Jalisco (México) - Historia.

© D.R. 2014, El Colegio de Jalisco, A.C.


5 de Mayo 321
45100, Zapopan, Jalisco

Se agradece al Coecytjal el
patrocinio otorgado a la
Primera edición, 2014 edición de este libro

ISBN 978-607-8350-14-8

Impreso y hecho en México


Printed and made in Mexico
ÍNDICE

Introducción 9
Alberto Arellano Ríos

El régimen político: un balance en las estructuras de autoridad 23


Alberto Arellano Ríos

La elección de gobernador: concentración


del poder y competencia electoral, 1995-2012 49
Nancy García Vázquez

El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica 69


Jorge Federico Eufracio Jaramillo

Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional 93


Carlos Alberto Navarrete Ulloa

Los liderazgos priístas ante la transición 121


Ismael Ortiz Barba

El Partido de la Revolución Democrática: notas acerca


de una anhelada institucionalización (1989-2013) 137
José de Jesús Gómez Valle

Anexos 159

[7]
INTRODUCCIÓN

Alberto Arellano Ríos


El Colegio de Jalisco

Jalisco en su transición política sigue la tradición de la comunidad académica ja-


lisciense de analizar los fenómenos políticos acontecidos desde la década de
1990. Esta obra colectiva continúa con la tendencia de tomarle el pulso al
cambio político local y de darle sentido lógico a la transición para tratar de
comprender sus ritmos, direcciones, ambigüedades o contradicciones. Tam-
bién estudia la situación política y social en la que se encuentra y sitúa el
sistema político de Jalisco dentro de la transición, que se entiende como una
etapa en la que se pasa de un punto a otro, o bien, como una situación in-
termedia en la que impera la indefinición, dentro de este contexto, política e
institucional.
Este libro se incrusta en la vertiente electoral, el análisis de actores e
instituciones, la valoración del régimen, así como en el estudio y reflexión de
los partidos políticos en su propia vida: sus grupos, facciones y el desarrollo
institucional. Son numerosas las temáticas y las perspectivas metodológicas
que lo integran, además del tratamiento que se le da a las aristas de un mismo
fenómeno; no obstante, el común denominador disciplinario es la ciencia
política, en sus términos conceptuales y con sus métodos, convergencias y
divergencias internas.
Cabe señalar que una observación muy común hacia los trabajos colecti-
vos radica en la poca coherencia en sus temáticas, marco disciplinar o meto-
dológico, entre otras cuestiones, y sucede que muchas veces se “amarran” o
“encuadran” en la introducción. Quizá está observación no sea tan pertinente
para la presente obra, ya que hay afinidad temática, disciplinar y en el hilo
conductor con el cual se han ordenado los trabajos que la integran.

[9]
Alberto Arellano Ríos

Además de seguir una ruta de trabajo, análisis y estudio claramente poli-


tológico, la obra aporta nuevos elementos o miradas que será necesario des-
tacar. Antes de hacerlo es importante recordar y precisar las circunstancias
actuales de la investigación al respecto, hecha por la “comunidad epistémica
del occidente del país”.1
En el estudio de la política y lo político, la comunidad académica de Jalis-
co se ha centrado en el estudio de las elecciones y sus procesos, así como en
el análisis y reflexión de la transición política acontecida desde la década de los
ochenta. Los trabajos que se inscriben en estas temáticas representan en su
conjunto 68% de la producción académica (véase Arellano, 2013a). En este
sentido, los trabajos, directa o indirectamente, tocan la vertiente electoral y
el tema de la transición política, razón por la cual siguen y fortalecen la línea
temática y académica construida. No obstante, como ya se dijo, en la presente
obra se ofrecen matices en las novedades y aportaciones que serán aclarados
más adelante.
En cuanto a la vertiente electoral se debe recalcar que se trata de una línea
central en el análisis político, debido a que lo electoral es un elemento nodal
para la comprensión y análisis de la transición mexicana hacia la democracia.
Guste o no, para que un régimen democrático sea reconocido como tal, al
menos necesita de elecciones libres en un sistema competitivo donde haya
la posibilidad real de alternancia en el poder político. Por ello los textos que
integran esta obra se relacionan con la veta electoral. Las elecciones son un fe-
nómeno medular para observar cómo se accede al poder, cómo se distribuye
y ejerce, cuáles son los saldos o consecuencias de la manera en que los ciuda-
danos ejercen su voto y se manifiesta la abstracción de la soberanía popular,
o simplemente cómo se organizan la clase política y los ciudadanos. Dos de
los seis trabajos de este libro se incrustan abiertamente en la veta electoral
antes descrita, la cual agrupa 47% de los trabajos de los temas políticos del
estado. Cabe señalar que dichas investigaciones son de corte estadístico y de
una geografía electoral descriptiva, contextual o coyuntural (véase Arellano,
2013a).2
1
Se recurre a la noción de Adrián Acosta, quien la usa con base en Stone y Has. Al analizar las ideas,
enfoques, temas y trayectorias de la ciencia política en México, Adrián Acosta entiende a la comunidad
epistémica como una red de expertos y profesionales que comparten una misma perspectiva base de
la realidad Véase Acosta, 2009: 106.
2
Véase por ejemplo Alonso, 1993, 1995, 2000a, 2000b, 2003, 2005 y 2006a; Alonso y Gómez, 1991;
Alonso y Tamayo, 1994; Ceja, 1998, 2007; Cortés y Ortiz, 2007; Cortés y Espinoza, 2007; Cortés y
Gómez, 2010; Fregoso, 1990; Gómez y Garzón, 2000; Hernández, 2000; Hurtado y Valdez, 2003;
Hurtado y Arellano, 2010; Lomelí, 2001, 2006; Preciado, 1990a, 1998.

10
Introducción

Los estudios electorales desde luego son nodales, y al estar centrados en


dichos fenómenos o procesos sociales la comunidad académica de Jalisco le
ha tomado el pulso a la transición en la entidad: ha valorado las elecciones
federales y sus resultados concretos en el estado, ha comparado o contrastado
los procesos electorales jaliscienses con los acontecidos en otros estados del
país, o bien, ha estudiado el entorno de la competencia electoral, así como su
relación con los medios de comunicación.
La transición hacia la democracia política se ha dado mediante el voto. El
régimen y el sistema político se han transformado por medio de este “peque-
ño mecanismo comicial”. El cambio político ha traído consecuencias, saldos
y resultados, y en un contexto social e histórico determinado se pueden vis-
lumbrar concretamente sus avances y retrocesos, sus encantos y desencantos,
sus certezas e incertidumbres. De esta manera, muy cercanas a la vertiente
electoral, están las investigaciones que abordan los procesos de transición y
cambio político en las que se analiza en sentido sistémico, estructural e insti-
tucional al régimen político; también están aquellos trabajos que indagan en
la interacción de los actores e instituciones del régimen o el sistema político y
su desempeño en una fase de transición. Los trabajos que se insertan en esta
temática representan 21% de las investigaciones que ha publicado la comu-
nidad académica de Jalisco, las cuales son interdisciplinarias y se apropian del
marco analítico de la transición o de la teoría de los sistemas políticos (véase
Arellano, 2013a).3
En medio de ambos tópicos están desde luego los partidos políticos, los
cuales si bien pueden ser estudiados como sistema, instituciones u organiza-
ciones según la teoría y el abc que todo estudiante de ciencia política debería
saber, a partir de la producción de la comunidad académica de Jalisco se de-
duce que hay una veta amplia y rica por explorar en su estudio. Respecto de
los partidos políticos hay valoraciones negativas o positivas, y la bibliografía
que los trata es rica y amplia; es necesario recalcar que dichas investigacio-
nes, desde la perspectiva de la ciencia política, son casi nulas en Jalisco, y las
que hay recurren a los enfoques de corte histórico o socioantropológico (por
ejemplo Alarcón, 2011; Romero, 1995; y Alonso, 1989 y 1990).
Asimismo, cuando las investigaciones se acercan a un estudio sociológico
o politológico de los partidos, y con ello se busca plantear que sí hay estudios
relativos a estas instituciones políticas en la entidad, lo hacen desde un enfo-

3
Véase Alonso, 1995 y 2006b; Arellano, 2008, 2009 y 2011; Marván, 2000a; Gómez, 1997; Hurtado,
1998; Romero, 2001 y 2004; y Valdez, 1996.

11
Alberto Arellano Ríos

que electoral. En cierta manera estos trabajos de manera abierta o velada for-
talecen la premisa de que los partidos políticos son una variable dependiente
del sistema electoral. Salvo el trabajo de Carlos Navarrete (2009) que podría
ser de tipo politológico, se concluye que en Jalisco hay una veta rica y amplia
para explorar, analizar y estudiar a los partidos políticos más allá de las inves-
tigaciones de corte sociohistórico y periodístico.4
En suma, este libro sigue entonces la tradición de estudiar, analizar, in-
dagar y reflexionar los temas políticos en la vertiente electoral, la transición
democrática y el cambio político; una de sus aportaciones es el estudio de los
partidos políticos vistos como instituciones u organizaciones integradas por
personas, grupos, facciones o camarillas que les dan vida y marcan su devenir
institucional.
La obra se enmarca desde luego en los esquemas de la ciencia política, en
su lenguaje, sus enfoques y tratamientos; de ahí que en esto radique su unidad
y coherencia interna, aunque como se dijo, hay riqueza temática y variedad de
enfoques metodológicos. En el delineamiento de su estructura, sus hallazgos,
sus resultados, la evidencia con la que trabajan cada capítulo y sus conclusio-
nes podrán valorarse su pertinencia y sus fortalezas, además de que se espera
que sea un referente en el estudio de la travesía del estado en su transición
política desde, al menos, finales de los años ochenta.
El primer trabajo titulado “El régimen político: un balance en las estruc-
turas de autoridad”, analiza y describe el cambio político en la entidad. Es un
trabajo panorámico que examina la transición política en el mediano plazo;
en particular se concentra en las estructuras de autoridad del régimen políti-
co de Jalisco. El argumento central es que si bien ha habido un cambio polí-
tico tendiente hacia la democratización, así como procesos de estancamiento
o retroceso, hay un mínimo avance que debe ser valorado: la importancia del
voto para que circule la clase política en las estructuras de autoridad. Con
las elecciones recientes de 2012 (con sus asegunes), puede considerarse esta
observación.
Este capítulo recurre al marco analítico que Leonardo Morlino (1985
y 2005) propone en su obra. La propuesta de este politólogo se utiliza para
tener precisión conceptual y adentrarse en la manera en la cual la comunidad
académica de Jalisco ha valorado el rumbo y sentido del cambio político en la
entidad. Hecho lo anterior, el texto, después de dar cuenta de los resultados y
4
Otra excepción es el trabajo de Arellano (2013b) donde se analizan los partidos minoritarios en el
sistema político de Jalisco, concretamente en el sistema electoral y de partidos, así como desde un
punto de vista organizacional.

12
Introducción

el proceso electoral, se centra en los saldos y consecuencias de las estructuras


de autoridad del régimen político; con datos y evidencia muestra qué cambia
y qué permanece en el régimen y sistema político local. Luego, se trazan las
relaciones políticas instituidas por el marco político y las condiciones institu-
cionales del desempeño gubernamental. Con mayor claridad muestra cómo
se asienta el fenómeno de los gobiernos divididos y no unificados; se analiza
el veto, las dinámicas políticas en la Zona Metropolitana de Guadalajara (zmg)
y del Poder Ejecutivo estatal.
Dicho artículo concluye que los cambios más importantes y visibles fue-
ron los siguientes: a) el tránsito de un sistema de partido hegemónico a un
sistema multipartidista; b) la instauración de los gobiernos divididos en el
régimen político; c) la alternancia como un simple relevo, y la calificación por
parte de los votantes al desempeño gubernamental, de lo que se desprende
que los electores no tienen dueño.
El segundo capítulo, “La elección de gobernador: concentración del po-
der y competencia electoral, 1995-2012”, examina cómo se ha desarrollado
la concentración del poder partidista y la competencia electoral, así como
sus efectos sobre la alternancia en el Ejecutivo estatal de Jalisco; para ello, se
comparan los procesos electorales de los años 1995, 2000, 2006 y 2012. El
enfoque es cuantitativo y el trabajo es de suma importancia por la perspectiva
a la que acude, ya que se une a lo que un grupo de investigadores del Centro
Universitario de Ciencias Económicos y Administrativas (cucea) de la Uni-
versidad de Guadalajara, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de
Occidente (iteso) y El Colegio de Jalisco han concluido de sus indagaciones
acerca de diversos fenómenos políticos y sociales de la entidad.
Este capítulo estudia en particular la competencia con una medida de
concentración del poder denominada Índice de Herfindahl-Hirschmann
(hhi), y al mismo tiempo observa la competencia electoral a través del Nú-
mero Efectivo de Partidos (nep); estos índices se calculan con base en las vo-
taciones obtenidas por cada partido político en cada municipio. Un segundo
análisis se basa en la composición socioeconómica de los municipios a partir
de su densidad poblacional. El estudio se desarrolla con datos electorales de
122 municipios.
Los hallazgos y conclusiones son muy interesantes. Si bien se describe la
relación entre los votos, los partidos y la densidad poblacional, además de la re-
lación entre la concentración del poder y la competencia electoral para producir
competencia y alternancia, empíricamente se pone atención en indicadores de

13
Alberto Arellano Ríos

concentración del poder y competitividad electoral para mostrar lo siguiente:


1) en 18 años ha disminuido la concentración del poder y ha aumentado la
competencia electoral; 2) la mayor homogeneidad en las preferencias elec-
torales se da en municipios con una densidad poblacional muy alta; y 3) los
municipios del centro (baja, media y alta) son aquellos que han incrementado
el número efectivo de partidos.
De lo anterior se obtienen algunas inferencias importantes. La primera
es que la transición ha estado basada en el voto, pero la concentración y la
alternancia han tenido dinámicas distintas. Por un lado, la elección de 1995
fue competitiva, pero tuvo una mayor concentración del poder en dos par-
tidos: Partido Acción Nacional (pan) y Partido Revolucionario Institucional
(pri). En contraste, las elecciones de 2012 redujeron la concentración y simultá-
neamente aumentó el número de partidos competitivos. La segunda es que para
2012 las lealtades a un sólo partido fueron más vulnerables que en el quiebre
de 1995. Finalmente, debido al contexto democratizador, todos los sectores de
la población podrían estar dispuestos a votar por una tercera opción siempre y
cuando el sistema mantenga su tendencia a una menor concentración del poder.
“El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica” analiza la elección
de 2012. Además de centrarse en una coyuntura, se inscribe como un trabajo
cualitativo donde la observación etnográfica de las relaciones de poder y los
resultados electorales representados geográficamente dan cuenta de que la
competencia interna por las candidaturas, vistas como un proceso, guardan
amplia relación con el estado en que un partido enfrenta la competencia elec-
toral. Este texto se concentra en los procesos de selección de candidatos y
sus resultados en la competencia, para mostrar de manera concreta las rela-
ciones de poder existentes dentro de los partidos, así como de los intereses
divergentes. Este capítulo, en particular, se aboca a las principales etapas de
la coyuntura electoral a explorar: 1) la dinámica de selección de candidatos, 2) la
etapa de campañas proselitistas y, 3) la jornada electoral del 1 de julio y los
resultados electorales.
El enfoque utilizado y los resultados mostrados inscriben a la investi-
gación en el análisis de las facciones de partido. Se estudian las disputas, las
formas y mecanismos en que las distintas facciones dentro de un partido
resuelven el asunto de sus candidaturas. La intención principal es llamar la
atención sobre la brecha que existe entre las reglas electorales y las prácticas
culturalmente arraigadas. De ahí que sea necesario poner énfasis, como des-
taca el texto, en este rejuego existente entre lo que suele llamarse “formali-

14
Introducción

dad” e “informalidad”, pues en sus múltiples puntos de contacto se observan


explicaciones sociológicas importantes sobre lo que sucede en una elección.
Este texto, por lo tanto, es un preámbulo, y se engancha con los tres capítulos
siguientes que analizan a los tres principales partidos políticos en la entidad.
De tal manera, en “Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Na-
cional” se explica el desarrollo y la travesía institucional del pan desde sus fun-
dadores hasta la primera década del siglo xxi; además se estudian los tipos de
militancia, la profesionalización y complejización del organismo, los senderos
de la formación de liderazgos, las formas internas de agrupación y la manera
en que se ha desvirtuado la política paulatinamente.
Se identifican cuatro etapas en el proceso de institucionalización del pan:
los orígenes (1939-1964), los primeros pasos a la representación política y for-
mación de trayectorias (1964-1979), la oleada de militantes allegados a grupos
empresariales (1980-1999) y, por último, la etapa del partido gobernante por
políticos profesionales y el desborde de intereses personalistas (2000-2010).
En cada una de ellas se narran las vicisitudes, interacciones y relaciones entre
los diversos grupos, liderazgos y facciones políticas en el contexto político
que les tocó vivir.
De manera enfática, del análisis se concluye que si bien el pan nació en
Jalisco por un pequeño grupo de personalidades notables, cuando el partido
cobró fuerte presencia social y el sistema político le abrió oportunidades para
la representación, la competencia interna cobró vida. Es cierto que los prime-
ros políticos panistas tuvieron acceso a espacios de poder y trazaron senderos
de influencia intrapartido y formaciones grupales en torno de ideales e inte-
reses, pero al ampliarse las oportunidades de poder se afianzaron liderazgos
y dominios territoriales; lo anterior llevó a la estructuración de grupos en
competencia, unos fundados en los privilegios obtenidos por sus trayectorias,
otros por tener origen en el medio empresarial y contar con diversidad de
recursos para influir en la vida partidista. En suma, la vida interna del pan en
Jalisco refuerza las tesis del politólogo Angelo Panebianco (1990) en el senti-
do de que mutó de partido de políticos de ocasión y convicción a un partido
de políticos profesionales y arribistas.
El quinto capítulo, “Los liderazgos priístas ante la transición”, inicia se-
ñalando que debido a los avances de la democracia en México y en Jalisco,
además del consecuente advenimiento de la alternancia partidista en la guber-
natura y en los principales ayuntamientos, la constitución de los liderazgos
tradicionales de los grupos políticos del pri se reconfiguraron radicalmente.

15
Alberto Arellano Ríos

En este capítulo se lleva a cabo un análisis cualitativo de la reacción de los


liderazgos priístas locales y de la manera en que se condujeron durante la
alternancia de 1995 y todo el periodo en el que no tuvieron la titularidad del
Ejecutivo federal y local.
El texto busca conocer los factores internos en torno del liderazgo por
los que el pri perdió en 1995, la lógica de desenvolvimiento de los priístas y los
saldos de la alternancia en el Ejecutivo local y los factores que lo articulan y
desarticulan como partido político. Si bien el capítulo contextualiza el pro-
ceso de cambio hacia la democracia en México y la alternancia de 1995 en la
gubernatura de Jalisco, el objetivo principal y medular es valorar la actitud de
los priístas en el periodo que va de 1995 a 2012.
De manera concluyente, sostiene que el pri y sus liderazgos se desarticu-
laron cuando perdieron las estructuras gubernamentales; y si bien el pri local
comenzó a rearticularse y competía electoralmente, debido a que perdió el
cargo del Poder Ejecutivo durante tres sexenios y dos en la Presidencia de la
república, imperaba la sensación entre los priístas y la opinión pública de que
no había rumbo. En el periodo de 18 años que el pan ocupó la gubernatura de
Jalisco y años previos a la alternancia de 1995, el pri no tuvo brújula debido
a que perdió líderes históricos, asimismo al estar fuera de las estructuras de
autoridad y decisión, principalmente aquellas que se desprenden del Poder
Ejecutivo, una generación de políticos priístas no pudo mostrarse en fun-
ciones de gobierno, además de que se dio un traslado de priístas a partidos
minoritarios. De manera clara, este artículo anota que en el proceso interno
de 2012 para elegir al candidato a gobernador, aconteció una contienda gene-
racional en los modos de entender y hacer política.
El último capítulo, “El Partido de la Revolución Democrática en Jalis-
co: notas acerca de una anhelada institucionalización (1989-2013)”, hace un
análisis del Partido de la Revolución Democrática (prd) en el estado. Para
ello recurre a su historia, iniciando en el momento de su fundación. Se toman
en cuenta los avatares y las vicisitudes que este partido ha enfrentado para
consolidarse funcional y organizativamente. De igual modo, este capítulo da
testimonio de cuál ha sido el lugar del prd en el sistema de partidos y la fuerza
electoral que ha obtenido en casi un cuarto de siglo de existencia.
Lo anterior servirá para observar cómo este partido ha enfrentado las
particularidades de su existencia como una expresión dentro del sistema po-
lítico jalisciense. El texto tiene como telón de fondo las teorías de la institu-
cionalización de los partidos políticos propuestas por Samuel P. Huntington

16
Introducción

(1990) y Angelo Panebianco (1990), y concluye de manera contundente que


el prd tiene una débil institucionalización ya que no logra consolidarse or-
ganizativa, funcional y operativamente. Esto es así porque el partido en la
mayoría de las ocasiones es un “partido cascarón” o un “partido membrete”
que presta sus siglas a activistas políticos y a buscadores de poder. Además,
sus cuadros dirigentes durante los últimos años no han tenido un trabajo
consistente, o al menos conocido, dentro del partido.
Por lo tanto, la presencia del prd en Jalisco presenta altibajos en cuestión
de resultados electorales. El diagnóstico de este partido no es nada halagüeño
y el hecho de que se anhele su institucionalización es porque el sistema de
partidos realmente necesita un partido de izquierda.
Por último queda distinguir que en cuanto a la transición política de Ja-
lisco se ha tenido un acercamiento somero y, en consecuencia, se mantienen
y abren más líneas de investigación en los estudios políticos de la entidad.
En lo que toca a esta obra colectiva debe mencionarse que se proporciona al
lector interesado una vista panorámica y particular de la transición política,
sus contextos, procesos, tendencias, travesías y resultados.

Bibliografía
Aceves González, Francisco de Jesús (septiembre-abril, 1996). “Prensa y elec-
ciones. Patrones de exposición y consumo de la información política de
la prensa escrita por los habitantes de Guadalajara durante el proceso
electoral de 1994”. Comunicación y sociedad. Guadalajara, Universidad de
Guadalajara, núms. 25-26, pp. 139-174.

(julio-diciembre, 2005). “Marketing político y rentabilidad electoral: el


caso del Distrito 10 de Jalisco en las elecciones federales del 2003”. Comu-
nicación y Sociedad. Nueva Época. Guadalajara, Universidad de Guadalajara,
núm. 4, pp. 39-66.

Acosta Silva, Adrián (agosto, 2009). “La política en México: ideas, anteojos y
cristales”. Andamios. México, uacm, vol. 6, núm. 11, pp. 101-126.

Alarcón Menchaca, Laura (noviembre, 2011). “Partido Acción Nacional y


redes de notables en Jalisco”. Estudios Jaliscienses. Zapopan, El Colegio de
Jalisco, núm. 86, pp. 5-19.

17
Alberto Arellano Ríos

Alonso, Jorge (1989). El pdm: movimiento regional. Guadalajara: Universidad de


Guadalajara.

(1990). Democracia emergente y partidos políticos. Guadalajara: ciesas, tt. i y ii.

(1993). El rito electoral en Jalisco (1940-1992). Zapopan: El Colegio de Ja-


lisco-ciesas.

(1995) El cambio en Jalisco: las elecciones de 1994-1995. Guadalajara: ceej-


ciesas-Universidad de Guadalajara, cucsh.

(mayo-agosto, 1998). “La incertidumbre electoral. Las elecciones jalis-


cienses locales en 1997”. Espiral. Guadalajara, Universidad de Guadalaja-
ra, vol. iv, núm. 12, pp. 95-110.

(2000a). Democracia precaria. Tlaquepaque: iteso.

(septiembre-diciembre, 2000b). “Las elecciones federales del 2000. Con-


solidación del panismo”. Espiral. Guadalajara, Universidad de Guadalaja-
ra, vol. vii, núm. 19, pp. 95-128.

(mayo-agosto, 2003). “Votar en Guadalajara”. Espiral. Guadalajara, Uni-


versidad de Guadalajara, vol. ix, núm. 27, pp. 123-151.

(coord.)(2005). Democracia, campañas y elecciones. Guadalajara: Universidad


de Guadalajara.

(enero-abril, 2006a). “Un acercamiento al comportamiento electoral ta-


patío de 1988-2003”. Espiral. Guadalajara, Universidad de Guadalajara,
vol. xii, núm. 35, pp. 33-63.

(coord.) (2006b). La acuitada coyuntura mexicana. Guadalajara: Universidad


de Guadalajara.

(mayo-agosto, 2007). “Democracia traicionada”. Desacatos. Guadalajara,


ciesas, núm. 24, pp. 73-108.

y Silvia Gómez Tagle (comps.) (1991). Insurgencia democrática. Las elecciones


locales. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.

18
Introducción

y Jaime Tamayo (coords.) (1994). Elecciones con alternativas. Algunas expe-


riencias en la República Mexicana. México: La Jornada-ciih-unam.

Arellano Ríos, Alberto (enero-abril, 2008). “Gobiernos panistas e inseguridad


pública en Jalisco”. Desacatos. Guadalajara, ciesas, núm. 26, pp. 119-134.

(2009). “Empresarios y cambio político en Jalisco”. Acta Republicana.


Guadalajara, Universidad de Guadalajara, núm. 8, pp. 41-55.

(2011) Campo político. Zapopan: El Colegio de Jalisco.

(2013a). “El estudio de la política. Rutas, temas, enfoques y perspecti-


vas”. Ciencia política y políticas públicas en Jalisco. Teoría y metodología. Zapopan:
El Colegio de Jalisco.

(2013b). “Los partidos minoritarios en el sistema político jalisciense”.


Polis. México, uam-Iztapalapa, vol. 9, núm. 1, pp. 43-85.

Ceja Martínez, Jorge (agosto, 1998). “Partidos y ciudadanos: la alternancia


política municipal en Jalisco”. Estudios Jaliscienses. Zapopan, El Colegio de
Jalisco, núm. 33, pp. 61-75.

(noviembre, 2007) “El envejecimiento prematuro de la alternancia polí-


tica municipal de Jalisco”. Estudios Jaliscienses. Zapopan, El Colegio de Ja-
lisco, núm. 70, pp. 32-43.

Cortés, Marco Antonio Guardado e Ismael Ortiz Barba (enero-abril, 2007).


“Jalisco: democracia electoral con déficit de legitimidad política”. Espiral.
Guadalajara, Universidad de Guadalajara, vol. xiii, núm. 38, pp. 45-80.

y Víctor Alejandro Espinoza Valle (coords.) (2007). Elecciones concurrentes


en México: competencia, participación y voto diferenciado. Guadalajara: Ediciones
y Gráficos Eón-Universidad de Guadalajara.

y David Gómez Álvarez (coords.) (2010). El voto en Jalisco: crisis, elecciones


y alternancia 2009. Guadalajara: iepcej-Universidad de Guadalajara-iteso.

Fregoso Peralta, Gilberto (enero-abril, 1990). “Las elecciones federales en


1988 en la prensa de Guadalajara”. Comunicación y sociedad. Guadalajara,
Universidad de Guadalajara, núm. 8, pp. 43-62.

19
Alberto Arellano Ríos

Gómez López, Alicia (1997). Crisis y transición en Jalisco. Guadalajara: Univer-


sidad de Guadalajara.

Gómez Álvarez, David y Ramiro Garzón Contreras (agosto-noviembre,


2000). “Los árbitros de las elecciones. Perfil de consejeros electorales en
Jalisco”. Renglones. Tlaquepaque, iteso, año 15, núm. 38, pp. 62-67.

Hernández Valdez, Alfonso (agosto-noviembre, 2000). “La caída priísta en


Jalisco” Renglones. Tlaquepaque, iteso, año 15, núm. 38, pp. 44-48.

Huntington, Samuel (1990). El orden político en las sociedades en cambio. Buenos


Aires: Paidós.

Hurtado, Javier (1998). Sistema político en Jalisco. Guadalajara: Universidad de


Guadalajara.

y Andrés Valdez Zepeda (coords.) (2003). Continuidad y cambio en Jalisco y


gobierno y elecciones 2000-2003. Guadalajara: cuce-cuci-Universidad de
Guadalajara.

y Alberto Arellano Ríos (2010). “La democracia político-electoral: ba-


lance y perspectivas”. Víctor Manuel González Romero et al. (eds.). 2 dé-
cadas en el desarrollo de Jalisco, 1990-2010. Guadalajara: seplan-Gobierno de
Jalisco, pp. 315-316.

Lomelí, Luz (2001). El sentido del voto. Electores, votos y sistema de partidos en Jalisco.
Guadalajara: iteso.

(mayo-agosto, 2006). “Los órganos electorales, un espacio de participa-


ción ciudadana”. Espiral. Guadalajara, Universidad de Guadalajara, vol.
xii, núm. 36, pp. 41-60.

Marván Laborde, María (agosto-noviembre, 2000a). “Un régimen democráti-


co en un Estado autoritario”. Renglones. Tlaquepaque, iteso, año 13, núm.
38, pp. 5-10.

(agosto-noviembre, 2000b) “Causas y consecuencias del 2 de julio de


2000”. Renglones. Tlaquepaque, iteso, año 15, núm. 38, pp. 18-23.

20
Introducción

Morlino, Leonardo (1985). ¿Cómo cambian los regímenes políticos? Madrid: Centro
de Estudios Constitucionales.

(2005). Democracias y democratizaciones. México: Centro de Estudios de


Política Comparada, A.C.

Navarrete Ulloa, Carlos Alberto (2009). Identidad panista: entre tradición y mo-
dernidad. El proceso de institucionalización del Partido Acción Nacional en Jalisco.
Zapopan: El Colegio de Jalisco.

Panebianco, Angelo (1990). Modelos de partido. Organización y poder en los partidos


políticos. México: Alianza.

Preciado Coronado, Jaime (1990a). Geografía electoral de Jalisco: Diciembre de


1988. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.

(1990b) Geografía electoral de Jalisco: julio de 1988. Guadalajara: Universidad


de Guadalajara.

(agosto, 1998). “Elecciones en contexto de alternancia: balance y pers-


pectiva”. Estudios Jaliscienses. Zapopan, El Colegio de Jalisco, núm. 33, pp.
5-23.

Romero, Laura Patricia (1995). El Partido Nacional Revolucionario en Jalisco. Gua-


dalajara: Universidad de Guadalajara, cucsh.

(2001). Jalisco hacia una democracia gobernable. Guadalajara: Universidad de


Guadalajara, cucsh.

(mayo-agosto, 2004). “Autoritarismo con nuevo rostro o fragilidad de-


mocrática en Jalisco”. Espiral. Guadalajara, Universidad de Guadalajara,
vol. x, núm. 30, pp. 6-81.

Valdez Zepeda, Andrés (mayo-agosto, 1996). “La metamorfosis de un régi-


men petrificado”. Espiral. Guadalajara, Universidad de Guadalajara, vol.
ii, núm. 6, pp. 81-110.

21
EL RÉGIMEN POLÍTICO: UN BALANCE
EN LAS ESTRUCTURAS DE AUTORIDAD

Alberto Arellano Ríos


El Colegio de Jalisco

Hay quienes dicen que se trató sólo de un cambio


de carácter electoral. Pero quienes eso afirman se
equivocan, por no entender la centralidad que en
un régimen democrático desempeña “el pequeño
mecanismo comicial”. A partir de las modificacio-
nes en el espacio de la representación, el propio ré-
gimen de gobierno se transformó: pasamos de una
Presidencia omnipotente (o casi) a un Ejecutivo
acotado por poderes constitucionales; de un Con-
greso subordinado en lo fundamental a la voluntad
presidencial a otro cuya dinámica se explica por la
coexistencia de un pluralismo equilibrado; de un
federalismo nominal pero altamente centralizado a
un federalismo genuino todavía primitivo, e inclu-
so de una Suprema Corte de Justicia que durante
años tuvo una escasa relevancia en el terreno de
la política a una Corte que en muchos casos ac-
túa como auténtico árbitro en los conflictos que se
suscitan entre diversos poderes.

José Woldenberg (2012)

Introducción1
Como resultado de las elecciones de 2012, una buena parte de la prensa con-
sideró que el Partido Acción Nacional (pan) había perdido la gubernatura de
Jalisco y las alcaldías de la Zona Metropolitana de Guadalajara (zmg) porque
cometió cinco errores graves: el nulo respeto a la doctrina y sus principios,
la falta de planeación, su rompimiento con la sociedad, el orgullo y su cogo-
bernatura con el grupo UdeG2 (véase Bourjac, 2013). Algunas de estas ideas
1
Agradezco a Ziayra Rivera Godina su auxilio para la elaboración de este documento.
2
El autor se refiere al grupo de líderes de la Universidad de Guadalajara.

[23]
Alberto Arellano Ríos

son ciertas en tanto que otras se pierden en la obviedad o forman parte del
artejo mediático. De la derrota del pan y el regreso del Partido Revolucionario
Institucional (pri) al Ejecutivo estatal se debe decir, mirando la derrota como
un proceso político más amplio, que entre la elección de 2012 y la de 1995,
cuando el pan alcanzó importantes espacios del régimen político, hay matices
y asegunes, de ahí que ambos procesos no sean iguales ni tengan elementos
mínimos de equiparación. Sin embargo, se cerró un ciclo en el cambio polí-
tico local.
Ante esta situación pública el presente capítulo delinea y analiza el cam-
bio político en Jalisco; en particular se enfoca en las estructuras de autoridad.
El objetivo es hacer una valoración del cambio político en el mediano plazo
y el contexto suscitado. Las preguntas conductoras buscan conocer en qué
situación se encuentra la transición política hacia la democratización, y en
específico qué fue lo que cambió o qué permanece en el régimen político de
Jalisco, así como cuál es el balance que puede hacerse de la travesía demo-
cratizadora. El argumento que articula este apartado es que si bien el cambio
político hacia la democratización se ha estancado debido a que persisten pro-
blemas estructurales y de diseño institucional, un triunfo, aunque leve y nimio
para muchos, es la capacidad de remoción y circulación de la clase gobernante
en las estructuras de autoridad por medio del voto.
En este sentido, el itinerario político indica que falta mucho camino por
recorrer; aunque es importante estar atento y seguir la pista a los procesos,
además de tener en cuenta nuestra historicidad y los problemas o asuntos que
nos preocupan, porque implica recordar que el camino se construye entre el
mundo de posibilidades y las condiciones existentes.
La importancia de reconocer las estructuras de autoridad, situar o limitar
en ellas lo político y sus asuntos, y constituir una posición analítica, radica en
que para el sentido común en ellas se manifiestan las situaciones de cambio o
estabilidad política. Es cierto que el desenvolvimiento de los “políticos pro-
fesionales” se encuentra condicionado por procesos más profundos y que su
acontecer es resultado de condiciones sociales, económicas y culturales más
amplias. Sin embargo, visualizar los procesos políticos, el desarrollo y des-
empeño gubernamental, significa admitir que lo político en estos términos
incide en el proceso mismo hacia la democratización cuando la impulsan o
la frenan. Por lo tanto, el reto para el análisis político en este sentido consiste
en encontrarle lógica a los diferentes procesos que son complejos y en los
que participan y se relacionan diversos actores e instituciones en tiempo real

24
El régimen político: un balance en las estructuras de autoridad

y en un espacio social específico. De ahí que este capítulo descanse sobre tres
pilares: en el primero se hace una reflexión analítica y conceptual del cambio
político en las estructuras de autoridad del régimen; luego se busca explicitar
el sentido lógico o dar claridad respecto del cambio político local a partir de
las conclusiones que otros investigadores han hecho para finalmente, y a par-
tir de la evidencia empírica mostrada y que sustenta este capítulo, analizar los
cambios y permanencias en las estructuras de autoridad.

El cambio político en las estructuras de autoridad


Para analizar y comprender los procesos de cambio político acontecidos du-
rante la década de 1980 y 1990, en la ciencia política se formularon algunos
conceptos tales como transición a la democracia o cambio político. Se intentó in-
crustar al caso mexicano en estos debates o esquemas, pero fue Mauricio Me-
rino (2003) quien precisó que nuestra transición, a diferencia de la experiencia
internacional, no fue pactada sino votada, puesto que no hubo una ruptura
total con el régimen anterior. En la transición mexicana hubo un proceso de
transformación de las reglas de juego y una recuperación gradual de las institu-
ciones. Por lo tanto, la transición mexicana fue lenta y progresiva, basada en la
apertura política (véase Woldenberg, 2012; y Merino, 2003), pero con grandes
riesgos de estancarse y posibilidades de regresiones autoritarias.3
Pero, ¿cómo entender analíticamente el cambio en el régimen político y
por qué centrarse sólo en las estructuras de autoridad? Para empezar, debe
decirse que la decisión es de orden heurístico, y el marco de comprensión per-
tenece al propuesto por Leonardo Morlino (1985). Antes de entrar al examen
del cambio político de Jalisco, es necesario delinear a grandes rasgos su marco
analítico. Su postura es una reacción a la manera en que se comprendían los
procesos de cambio político anteriormente, los cuales se concebían desde la
teoría del desarrollo político y que a su vez tenían como marco un funcio-
nalismo sistémico y las teorías de la modernización y de la cultura política.
Las críticas de Morlino a dichas perspectivas radicaron en que aun cuando

3
La base empírica con la que se construyeron los modelos de la transición y el cambio político
tuvieron como sustento las experiencias históricas de países de la Europa mediterránea, América
Latina y Europa oriental, en donde se sustituyó un régimen totalitario o autoritario por uno más
o menos democrático. Así, los cambios políticos en el mundo fueron concebidos y relacionados
entre sí, ya fuera en el eje de una gran transformación nacional como planteó Manuel Alcántara; una
transición política como lo hicieron Samuel Huntington, Juan Linz, Guillermo O´Donnell y Philippe
Schmitter; o en la variante de un gran cambio político nacional como lo hicieron Leonado Morlino
o Adam Przeworski (Acosta, 2000: 20).

25
Alberto Arellano Ríos

querían incrustarse como teorías de alcance intermedio, según los términos


de Robert Merton (1984), seguían siendo generales y macro.
En este sentido, Morlino elaboró una propuesta, sí de generalización,
pero según él más apta para explicar el cambio dentro del sistema, con la cual
intentaba lo siguiente: a) escapar al determinismo social, económico y cultural;
b) colocarse en un punto intermedio entre la macro y micro teoría; c) obtener
un concepto que fuera eficiente y claro en el plano empírico; y d) utilizar los
datos, incluso los históricos, con fines nomotéticos (Morlino, 1985: 50-80).
Lo que Leonardo Morlino cuestionó de la forma de entender los pro-
cesos políticos hasta ese momento fue el anclaje histórico de los conceptos
y que la categoría de desarrollo político no era lo mismo o igual que la moderni-
zación política. Con base en esta premisa, cambio político, desarrollo político y mo-
dernización política no son equiparables (pp. 28-29). Esta precisión no era sólo
conceptual sino que señalaba, más claramente, en un trabajo posterior, que
el cambio político también se da y lo es, en dirección de la democracia hacia
un régimen autoritario y totalitario (Morlino, 2005). Luego entonces, hecha la
precisión anterior, el cambio político equivale a cambio de o en el sistema po-
lítico (p. 30), e indica un proceso o un movimiento sin cuestiones valorativas
unilineales, como fue el de transición hacia la democracia.
Hecho lo anterior, el problema siguiente consistió en fijar las característi-
cas del sistema político. Para ello Morlino distingue tres ámbitos o pilares en
los que se sustenta el sistema y, por lo tanto, son espacios para observar los
cambios y las permanencias en sus diferentes matices y grados. El primero es
la comunidad política, el segundo el régimen político y el tercero la autoridad.
En la comunidad política se manifiestan las ideologías, los valores y creencias
dominantes o en situación de competencia, así como las personas o grupos
activos y algunas estructuras intermedias (no siempre presentes). Por lo que
toca al régimen político, si bien es cierto que en este ámbito se expresan la
ideología, los valores y las creencias dominantes o en situación de compe-
tencia, en este espacio se expresan con mayor nitidez las normas o reglas de
juego, las estructuras de decisión y las estructuras de autoridad. Finalmen-
te, esta diferenciación de las partes del sistema político llevan a Morlino a
apreciar que en el tercer pilar se encuentra el nivel de autoridad, en el cual
se distinguen los roles titulares y la interacción de los actores a partir de las
posiciones que ocupan en las estructuras de autoridad y de decisión (Morlino,
1985: 45-46).

26
El régimen político: un balance en las estructuras de autoridad

De este modo, el o un cambio de régimen es un fenómeno frecuente y de


gran relevancia que puede afectar a todos los sistemas políticos. Es un cambio
visto con frecuencia en los procesos históricos y de gran relevancia, pues tie-
ne repercusiones en la vida de millones de personas (p. 81). Además Morlino
dice enfático que el régimen político no es igual a un sistema político, y que
los valores, doctrinas e ideologías sólo pueden ser consideradas importantes
cuando se puede contar con datos disponibles. En suma, para el análisis po-
lítico, el objeto de estudio en el cambio es el régimen y no el sistema, porque
aunque el sistema procede del régimen sin duda lo afecta, de ahí que el cam-
bio más frecuente y palpable se dé en las estructuras intermedias (partidos y
grupos políticos) y en la autoridad: sujetos ocupantes, roles y periodos; desde
luego todo esto afecta la orientación política, por lo que hay sentido y direc-
ción en el sistema político (p. 81).
En resumen, según el marco anterior, este capítulo presenta el cambio po-
lítico en Jalisco e intenta analizar la transición de un régimen político a otro y
observar qué cambia o permanece, o bien en qué régimen se ha convertido. Es
cierto que el objetivo de la propuesta de Morlino es elaborar taxonomías y
clasificaciones, así como observar las variables y los indicadores de grados
de democracia y autoritarismo en perspectiva comparada al analizar siste-
mas políticos nacionales; no obstante, aplicado al caso de Jalisco, su marco
analítico tiene dos intenciones: 1) permitir precisión conceptual y 2) delimi-
tar heurísticamente las partes del régimen político que van a analizarse. Sin
embargo, antes de hacerlo es necesario dar cuenta del sentido que el cambio
político en Jalisco ha tenido según varias investigaciones, luego se realizará
una valoración del cambio político y se le tomará el pulso en su ruta hacia la
democratización.

El sentido del cambio político en jalisco


En el estudio del cambio y la transición política mexicana hubo dos gran-
des posturas o formas de entenderla y explicarla: la primera estuvo ligada
con las cuestiones político-electorales, en tanto que la otra se vinculó con la
manera en que los procesos políticos y las transformaciones del régimen se
relacionan con procesos sociales y económicos más vastos. De este modo,
puede decirse que si la primera perspectiva se relaciona con la legitimidad de
origen, la segunda se preocupa por la legitimidad en el ejercicio del poder.
También cabe decir que si la cuestión electoral correspondió a un paquete
de problemas de primera generación, la segunda implicó poner atención a

27
Alberto Arellano Ríos

los problemas del desempeño gubernamental y dar por sentado que hay pro-
blemas de segunda generación en la democracia mexicana, sobre todo en las
entidades federativas (Aziz, 2003: 99-121).
En cuanto al caso jalisciense cabe decir que se ha tratado de insertar en
el marco social e histórico anterior, lo que ha provocado que la comunidad
académica de Jalisco no sólo indague en el cambio político durante diferentes
momentos sino que preste atención a la naturaleza y situación de la transición
política en general. Así, cuando el pan ganó la gubernatura de Jalisco, las pre-
sidencias municipales de la zmg y otras de importancia en el estado, así como
la mayoría en el Congreso local, Jorge Alonso asentó en ese momento, en-
tendida la alternancia como la democratización misma, el elemento nodal del
cambio y la transición política, que en Jalisco se había dado una alternancia
pragmática y no programática (Alonso, 1995: 205-208). Lo anterior debido a
que el triunfo panista fue inesperado, y ante tal situación no contaban con un
programa claro de gobierno que realmente incidiera en un cambio profundo
del sistema político.
A la distancia, el consenso dice que el pri perdió porque el régimen en
Jalisco se desgastó en cuatro planos: primero, porque los canales tradiciona-
les de participación (el corporativismo) cayeron en crisis; segundo, porque la
derrota se dio en un sistema de partidos no competitivo; la tercera crisis se
suscitó cuando hubo un desajuste entre las demandas y la incapacidad de las
instituciones para resolverlas; y la última por el rompimiento que se dio el
pacto político que sostenía a la élite que había monopolizado el poder (Gó-
mez, 1997: 182).
Ya instalados en el gobierno y al poco tiempo de observarse su desempe-
ño, los panistas desencadenaron la desilusión ciudadana, la cual rápidamente
sepultó la idea de la alternancia como expresión esencial de la transición política
hacia la democratización y como vector central de explicación. Fue así, a partir
del caso jalisciense, que se llegó a sostener que en México se suscitaba un
cambio político que no se traducía en una transformación en la hechura de
las políticas públicas, esto es, que se suscitó un cambio político sin cambio en la
manera de formular las políticas públicas (Acosta, 2004: 54-55).
El segundo gobierno panista a cargo de Francisco Ramírez Acuña dejó
en claro la decepción con los procesos político-electorales hasta ese momen-
to vividos. Se observó que podía haber gobiernos electos democráticamente,
pero que esto no significaba que los gobiernos lo fueran. Fue el tercer go-
bierno panista, el de Emilio González Márquez, el que selló como prueba

28
El régimen político: un balance en las estructuras de autoridad

definitiva que el elemento formal y electoral del que se valen las democracias
para legitimarse era insuficiente.
De este modo, vistas como un proceso político de mediano plazo previo
a los comicios de 2012, las elecciones intermedias de julio de 2009 fueron un
corte de caja a la alternancia acontecida en 1995. En la elección de 2009 los
jaliscienses evaluaron un modo de gobernar y no un gobierno en sí (Arellano,
2011b). Es cierto que los resultados electorales y las coyunturas dan cuenta
de cambios en las posiciones políticas del régimen, pero una valoración más
integral plantea que el cambio político en Jalisco ha sido trunco o intermi-
tente debido a que existe una partidocracia que vulnera la democracia (Aziz y
Alonso, 2009); que hay un monopolio compartido entre los partidos políticos
(Guillén, 2005); o que es trunco, limitado o intermitente debido a la existencia
de un campo de poder que se opone a su democratización (Arellano, 2011b).
No obstante, un análisis panorámico de los cambios en la estructura de
autoridad, así como de las relaciones institucionales establecidas en el régimen
político durante el periodo de 1995 a 2012, indica que hay cambios democrá-
ticos y al mismo tiempo inercias autoritarias en el sistema político. Los más
evidentes son los siguientes: a) la multiplicidad de actores e instituciones en el
sistema político de Jalisco; b) el hecho de que en el Poder Ejecutivo los cam-
bios han sido internos y la gran ausencia en la práctica sea el servicio civil de
carrera; c) la modificación en el Poder Legislativo del número de integrantes,
los mecanismos de elección, entre otros asuntos específicos, aunque la reelec-
ción y la rendición de cuentas de sus miembros sea más discurso que práctica;
d) el surgimiento, desde las relaciones entre ambos poderes, del fenómeno
de los gobiernos divididos y no unificados, lo cual ha asentado en ocasiones
parálisis e incluso confrontación; e) los cambios institucionales significati-
vos en el Poder Judicial, entre los que destacan el paso a la esfera judicial de
los tribunales Electoral y Administrativo y la creación del Consejo de la Judi-
catura (aunque constantemente su autonomía se vea mermada); f) la creación
de diversos organismos autónomos y ciudadanos, ahora secuestrados por los
partidos políticos; g) los cambios variados en el ámbito municipal: mientras
algunos municipios avanzan en aspectos de fortalecimiento institucional, en
otros ha habido retroceso o son lentos, lo cierto es que en materia municipal
hay diversidad institucional y quizá el cambio más evidente sea que en Jalisco
se pasó de 124 a 125 municipios, y sólo un municipio no conocía la alter-
nancia (San Cristóbal de la Barranca); finalmente, h) el cambio institucional
de mayor profundidad, a la distancia, haya sido la reforma política de 1997
(véase Hurtado y Arellano, 2010: 291-306).

29
Alberto Arellano Ríos

No obstante, el saldo más significativo del cambio político y del ciclo


que se cerró en 2012, que no se restringe a un partido político en particular,
fue que la alternancia se vació del elemento democratizador (Alonso, 2010:
245-254).
En cuanto al cambio político en Jalisco, en términos de opinión pública
(véase Sartori, 2004: 87-131) existen diversas posiciones y percepciones, al-
gunas provocadoras, otras muy interesantes, pero en el discurso, la evidencia
y sus conclusiones están más cercanas al ensayo académico o a los discerni-
mientos de tipo periodístico; de ahí que en las siguientes páginas se analice
y se haga un balance del cambio político en las estructuras de autoridad del
régimen político para ver en realidad qué cambió y qué permanece, además de
una valoración del trayecto, del ciclo que cierra y del que abre. La importancia
de estos cambios en las posiciones del régimen radica en que están ocupadas
por los individuos que al ser actores proyectan la clase política.
De este modo, es válido citar a Gaetano Mosca cuando afirma que en
los procesos de transición no cambia el hecho de que exista una clase política
pero sí su calidad, composición, formación y organización (Mosca, 1984: 11).
Por lo tanto, se cierra un ciclo en la parte más visible e importante del régi-
men político: el Ejecutivo. El panismo dejó esta posición para abrirse a otra
etapa de gobierno priísta. Sin embargo, en el presente texto, más que entrar
en la constitución de una clase política, se observarán de manera general las
posiciones en las estructuras de autoridad y algunas dinámicas para descubrir
los cambios y permanencias en esta parte del régimen, y con ello hacer un
balance general del cambio político en Jalisco.

Cambios y permanencias en las estructuras de autoridad


En Jalisco, así como en buena parte del país, la transición política estuvo ligada
durante un tiempo con el fenómeno de la alternancia partidista en el cual el pri
perdía posiciones, ya fuera en los ayuntamientos, en los congresos y en el Eje-
cutivo local. Estos, además de conformar las partes más claras y evidentes
de las estructuras del régimen político, eran los espacios en donde se visua-
lizaba la apertura y el pluralismo político. En este sentido, la “transición vo-
tada” (Merino, 2003) colocó al vector electoral como el elemento nodal con
el cual se analizó el cambio político hacia la democratización; una vez situada
la alternancia en su justa dimensión se observó, por un lado, que consistía en
el simple relevo y circulación de la clase política en un régimen formalmente
democrático y, por el otro, que conformaba un elemento que podría explicar

30
El régimen político: un balance en las estructuras de autoridad

la sanción al desempeño de los gobiernos y actores políticos. En la transición


democrática mexicana, y la de Jalisco en particular, la alternancia se revaloró,
además de los problemas de segunda y hasta tercera generación, aun cuando se
intentó estudiarlos dentro la noción de consolidación, debido a que el reto era
solidificar la democracia.4
Si este texto intenta estimar las posiciones que han tenido las institucio-
nes partidarias y algunos actores dentro de las estructuras de autoridad del
régimen político, hay dos situaciones que deben ser meditadas previamente:
la primera, que el acceso a estas posiciones de autoridad se logra mediante
el voto, por lo que hay que tener en cuenta los resultados electorales; y la se-
gunda, que dichos resultados se traducen en posiciones e instituyen un marco
político-institucional que condiciona el desempeño de los gobiernos, aunque
al ser el sistema político de Jalisco un régimen presidencial, es importante
centrarse en las condiciones en las cuales el gobernador ejerció el poder.

La veta electoral
Grosso modo, en el proceso de cambio político en Jalisco, desde la perspecti-
va electoral, se puede notar con claridad que durante el periodo de 1979 a
2012 ocurrió el tránsito de un sistema de partido hegemónico a un sistema
multipartidista moderado; antes se había pasado por un sistema que tendía al
bipartidismo en la práctica (véase Cortés y Barba, 2007). A reserva de que se
consulte el anexo 1 y la gráfica 1, se observa que en las elecciones de 1992 a
1995 el sistema de partido hegemónico se despidió definitivamente y el pan
ascendió a importantes espacios de las estructuras de autoridad.
En 1995 el pan ganó con claridad el Ejecutivo estatal, las alcaldías de la zmg
y otras importantes del estado, así como la mayoría en el Congreso local. Se
suscitó la alternancia pragmática y no programática (Alonso, 1995: 204), la cual
fue impulsada por los acontecimientos de las explosiones del 22 de abril, la in-
seguridad pública, el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, el error
de diciembre de 1994 con la crisis económica que desató, entre otras coyunturas.
Cabe señalar que los resultados que atañen a la transición y evolución del
sistema de partidos corresponden a los de la elección de diputados de mayo-
4
Después de que se instauró un sistema de elecciones competitivas se presentaron problemas de
segunda y hasta tercera generación. Alberto Aziz, respecto de los de segunda generación, decía que
éstos se circunscribieron a la premisa central de cómo era posible lograr buenos gobiernos, o bien,
saber las razones de por qué no se daban. El énfasis estaba en ubicar los márgenes en los que se
desenvolvían los modos autoritarios de gobernar y desterrarlos; particularmente la corrupción, el
abuso de poder y el manejo patrimonial de los recursos (Aziz Nassif, 2003: 99-121).

31
Alberto Arellano Ríos

ría relativa. Esto es así porque tales resultados, además de seguir la premisa de
que el sistema electoral intenta convertir los votos en escaños, determinaron
la integración del Congreso local por los dos principios: el de mayoría relativa
y representación proporcional; pero al mismo tiempo se obtienen los datos
de qué partido obtiene el umbral mínimo de representación o alcanza el por-
centaje simplemente para que se reconozca su existencia jurídica y recibir
financiamiento público. Al respecto es necesario señalar que en 1995 el pan
obtuvo 53.9% de los votos en la elección de diputados y desde entonces no
ha superado el umbral de 40% de los sufragios emitidos; esta apreciación se
extiende al pri (véase gráfico 1). De ahí que la elección de 1995 sea conside-
rada como la caída estrepitosa del priísmo en términos electorales y que el
cambio en el régimen político haya tenido en la comunidad política una con-
notación hacia la democratización. En contraparte, las elecciones del 2009 y
2012 son manifestaciones de un proceso de cambio político, pero ahora por-
que se cerró un ciclo de gobiernos panistas en el Ejecutivo: el cambio político
se limitó entonces a una posición importante de las estructuras de autoridad
(véase gráfica 1).
Esto igual puede resultar en una acepción valorativa de que el cambio po-
lítico como proceso hacia la democratización se estancó o se ha limitado a la
parte institucional y formal del régimen político y, en el peor de los casos, a
quienes deben ocupar los puestos de autoridad. El cambio se circunscribe en-
tonces a una cuestión de circulación y renovación de la clase política: un ele-
mento importante para la democracia formal, pero insuficiente. El reto es que
la democratización se traslade a todo el sistema político según dos opciones:
en el mismo régimen político hacia su mayor democratización incorporando
la participación ciudadana en términos de verdaderos y mayores espacios de
decisión, y en la comunidad política al cimentar realmente ideas, valores y
prácticas más democráticas.
En cuanto a la lucha política por las posiciones en las estructuras de auto-
ridad, la contienda real y efectiva se limitaba a dos fuerzas. Esto se aprecia con
claridad en el periodo que abarca los procesos electorales que van de 1997 a
2009. En ella hay variantes y cambios sutiles en la preferencia electoral que se
dan entre el pri y el pan, pero es el partido albiazul el que ganó la mayoría de
las veces, eso sí con una ventaja mínima. Sólo en la elección para diputados
en 2003 hubo un “empate técnico” al tener ambas fuerzas políticas 39% del
apoyo electoral. No obstante, cabe decir que de la elección de 2009 a la de
2012, y en términos reales, se puede observar que estas dos fuerzas políticas
perdieron apoyo electoral de manera significativa (gráfica 1).

32
El régimen político: un balance en las estructuras de autoridad

Gráfica 1. Elección de diputados por el principio


de mayoría relativa (1979-2012)

mc:Movimiento Ciudadano.
pvem: Partido Verde Ecologista de México.
prd: Partido de la Revolución Democrática.
En el promedio del pri están contempladas las alianzas de 2009 y 2012. En el prd se
consideran los resultados de los partidos de izquierda que lo antecedieron.
Fuente: Elaboración propia.

La elección de 2012 es importante porque, como ya se dijo, cerró un ciclo


político; por ello es necesario efectuar un breve análisis al respecto. Si bien un
resultado evidente fue el regreso del pri a la gubernatura de Jalisco, habría que
hacer una valoración tomando en cuenta algunos matices. Esta elección no
debe compararse, como se ha sostenido a lo largo de este texto, con la contien-
da de 1995. Más allá de las coyunturas políticas y siguiendo las madejas de las
redes y relaciones políticas entre diferentes actores –en específico de Enrique
Alfaro, quien pudo aglutinar un amplio apoyo electoral–, los datos duros dicen
que los comportamientos políticos más interesantes se localizan en el electo-
rado de Jalisco y, en particular, en los votantes de la zmg. El comportamiento
de esta parte del electorado de la entidad hizo que las diferencias porcentuales
33
Alberto Arellano Ríos

entre la elección para diputados de mayoría relativa y la de gobernador fueran


amplias, presentándose más bien el fenómeno del voto cruzado. Este es un
cambio notable en la comunidad política que sostiene al régimen político, y
en consecuencia, un cambio importante en el sistema político local.
Este voto cruzado y reflexionado mostró una transformación en la cul-
tura política, expresada en la emisión del sufragio, cuando hubo marcadas
diferencias en la elección de diputados de mayoría relativa y la de gobernador.
Mientras el pan obtuvo 31.02% en la elección de diputados, para la de go-
bernador alcanzó 19.85%, es decir, hubo una diferencia porcentual negativa
para el pan de 11.17%. En lo que toca a la coalición pri-pvem, en la elección
de diputados de mayoría relativa logró 36.79%, mientras que en la elección de
gobernador 38.63%, una diferencia positiva de 1.84 puntos porcentuales. En
el caso del partido Movimiento Ciudadano (mc), en la elección de diputa-
dos consiguió 16.47%, mientras que en la contienda para gobernador captó
34.37% del voto: una diferencia porcentual a favor de 17.8%. ¿Qué conclu-
siones tentativas se obtienen? Primero, que buena parte del voto panista, pe-
rredista, y aun el priísta, así como del electorado independiente, votó en contra
del pri y tuvo en Enrique Alfaro una figura que podía evitar el triunfo del pri o
su candidato en particular; o una segunda, que el pri apenas logró convencer
a 1.84% del voto independiente o indeciso, mismo que marcó la diferencia
(véase gráfica 2).5
En lo concerniente al ámbito municipal cabe señalar que hasta antes de la
elección de 2012 el único municipio que no conocía la alternancia como ele-
mento esencial de la democratización era San Cristóbal de la Barranca (véase
anexo 2). No obstante, ya asentada en el sistema político local y terminada la
primera década del siglo xxi, la alternancia se confinó al elemento de relevo y
turnismo en el régimen político –el caso de la zmg es un ejemplo de ello, como
se verá más adelante–. De este modo, es necesario hacer a un lado la cuestión
electoral para prestar más atención a los resultados o consecuencias que tiene el
sistema electoral en las estructuras de autoridad del régimen político. De ahí que
primero se esboce el marco institucional condicionado en el régimen políti-
5
El voto diferenciado en términos absolutos se manifestó con mayor claridad de la siguiente forma:
primero hubo 163 000 votos más en la elección federal que la estatal; el candidato del pan, Fernando
Guzmán Pérez Peláez sacó 409 000 votos menos que la abanderada presidencial Josefina Vázquez
Mota; en el caso de Aristóteles Sandoval obtuvo 36 000 votos menos que Enrique Peña Nieto;
mientras que Enrique Alfaro contabilizó 371 000 votos más que Andrés Manuel López Obrador,
entre otros resultados de este voto cruzado. Si se observa en conjunto, es claro que Alfaro le quitó al
panismo más de 50% de su voto duro y eso hizo la diferencia, pues el porcentaje de votación por el
pri fue menor que hace seis años.

34
El régimen político: un balance en las estructuras de autoridad

co, esto es, en las posiciones e interacción entre el Ejecutivo y el Legislativo


así como el control partidario de las alcaldías de la zona metropolitana, para
luego plantear algunos indicios de los desempeños de los gobiernos estatales
dada la importancia del Ejecutivo en un sistema de gobierno presidencial.

Gráfica 2. Diferencias porcentuales entre la elección de diputados


de mayoría relativa y la de gobernador, Jalisco 2012

Fuente: Elaboración propia.

El marco institucional condicionado


Estar atentos a las posiciones que tienen los actores políticos y las fuerzas par-
tidistas implica tener en cuenta no sólo el marco instituido sino la forma en
cómo se condicionan las relaciones entre los actores e instituciones políticas;
por lo tanto, se pondrá atención en la línea del desenvolvimiento del régimen y
de buena parte del sistema político. Entonces, el análisis que aquí se propone se

35
Alberto Arellano Ríos

ubica en el otro lado de la cuestión: las posiciones realmente obtenidas y ocupa-


das en las estructuras de autoridad del régimen político. Se expondrán algunas
valoraciones iniciales de su desempeño institucional; en este flanco del régimen
político hay algo que asentar, un elemento o problema estructural del sistema
de gobierno presidencial: la existencia de los gobiernos divididos.
Ya Alberto Aziz había hecho notar que en la transición política mexicana
primero aconteció la alternancia y luego el fenómeno de los gobiernos divi-
didos (Aziz, 1996). En el caso de Jalisco, como resultado del proceso de la
transición votada hacia la democracia (Merino, 2003), se puede constatar que
de 1995 a 2015, durante los siete periodos legislativos del Congreso de Jalisco
y su relación con el Poder Ejecutivo (véase tabla 1), en cuatro de ellos hubo un
entorno político-institucional de gobierno dividido y dos de gobierno no uni-
ficado. Un gobierno dividido se presenta, por lo general, enmarcado dentro
del régimen presidencial en donde hay separación de poderes y el partido del
Ejecutivo no cuenta con mayoría absoluta en el Congreso, es decir, 50% más 1
de los escaños pertenece a otros partidos. Con mayor precisión Javier Hurtado
explica que el gobierno dividido es:

aquél en que la mayoría de la Cámara pertenece a un partido y el presidente (o gober-


nador) a otro. Y al contrario, cuando un partido posee el control, tanto del Ejecutivo
como del Legislativo, unicameral o bicameral, se habla de gobierno unificado, mientras
que cuando nadie cuenta con mayoría (absoluta) congresional se habla de gobiernos no
unificados (Hurtado, 1998: 46).

Por consiguiente, un gobierno unificado se da cuando el partido del Ejecuti-


vo cuenta con la mitad más uno de los escaños en el Congreso. En Jalisco, hablar
de un gobierno no unificado sin que haya un sistema bicameral, se refiere a la
situación en que el partido del gobernador tiene la mitad de los escaños y la opo-
sición en su conjunto está representada por la otra mitad, o sea, una situación
empatada.
Así, durante el periodo de gobiernos panistas (1995-2012) se había consti-
tuido, siguiendo a Adrián Acosta (2011: 195), “una ley de bronce de la alternan-
cia”, esto es que cuando estaba en juego la elección de gobernador el partido
del Ejecutivo tenía mayoría en el Congreso local, lo cual era visto como un gran
triunfo. Sin embargo, durante la elección intermedia hubo inexorablemente una
derrota, misma que se consideró como un castigo. Esta ley dejó de operar en la
elección de 2012, cuando el pri, como partido ganador de la posición del Ejecu-
tivo, no obtuvo la mayoría, que en el caso de los gobiernos panistas, se suscitaba
durante la primera mitad de la gestión del Ejecutivo (véase tabla 1).

36
Tabla 1. Relación Ejecutivo-Legislativo en Jalisco (1995-2015)

Aristóteles
Alberto Cárdenas Francisco Ramírez Emilio González
Sandoval
(pan) (pan) (pan)
(pri)
Legislatura liv lv lvi lvii lviii lix lx

No unificado Dividido
Tipo de gobierno Unificado Unificado Dividido No unificado Dividido Dividido
(1998-1999) (1999-2001)
Escaños del partido 17
24 20 19 21 20 17 17
del gobernador
Escaños de
13 20 21 19 21 20 22 22
la oposición
- En la liv Legislatura la oposición tenía 12 diputados del pri y uno del prd.
- En la lv Legislatura la oposición estaba constituida por 17 diputaciones el pri, dos del prd y una del pvem. Esta legislatura fue
recordada porque el diputado Manuel Castelazo fue expulsado del pan y dejó al grupo parlamentario con 19 diputados en octubre
de 1999.
- La lvi Legislatura tenía en la oposición a 16 diputados del pri, dos del prd y uno más de otro partido minoritario.
- En la lvii Legislatura la oposición estaba constituida por 17 diputados del pri, tres del prd y uno del pvem.
- En la lviii Legislatura la oposición tenía 13 diputados del pri, tres del prd, uno del Partido del Trabajo (pt) y otro del pvem, y dos
más para del Partido Nueva Alianza.
- En la lix Legislatura la oposición tenía 18 diputados del pri, dos del prd y dos del pvem.
- En la lx Legislatura la oposición tenía 14 diputados del pan, dos del prd, una el pvem y cinco diputados de mc.
Fuente: Elaboración propia.
Alberto Arellano Ríos

Sin duda esta situación condicionaría que en el marco de gobiernos divi-


didos se presentara entre el Ejecutivo y el Legislativo la intensificación del uso
del veto en nuestro sistema político. Esta idea expresada con mayor claridad
indicaría que dicho mecanismo podría acentuarse durante la segunda mitad en
el periodo del Ejecutivo, con sus respectivas reservas (véase Arellano, 2011c).
En el corto plazo aconteció –vista esta relación en el marco de la con-
frontación o parálisis que condiciona el gobierno dividido y como conse-
cuencia de los resultados electorales– que ciertamente el veto apareció con
mayor empuje en la segunda mitad del gobierno de Alberto Cárdenas, cuando
siendo gobernador vetó seis decretos o leyes. La relación entre gobierno divi-
dido y el veto, empero, no fue tan contundente, ya que después el gobernador
panista Francisco Ramírez Acuña igual vetó el mismo número de leyes o
decretos en un contexto de gobierno unificado. Es cierto que Ramírez Acuña
vetó en nueve ocasiones diversas disposiciones, leyes y decretos en un con-
texto de gobierno dividido y, por lo tanto, mayor en cantidad, pero no deja de
ser llamativo que el veto no esté correlacionado con el gobierno dividido. En
el caso del gobierno de Emilio González pudo confirmarse esta apreciación
cuando en un contexto de gobierno unificado durante la primera mitad de su
gobierno, vetó en ocho ocasiones varias leyes o decretos del Congreso de
Jalisco (véanse tabla 2 y anexo 3).

Tabla 2. Decretos vetados por el Ejecutivo (1998-2012)

Alberto Cárdenas Francisco Ramírez Emilio González


Gobernador Total
Jiménez Acuña Márquez
Legislatura lv lvi lvii lviii*
Número de vetos 6 6 9 8 29
*Datos considerados hasta diciembre de 2012.
Fuente: Elaboración propia.

Al respecto ya se había señalado que en Jalisco la premisa de que la ins-


tauración de un gobierno dividido intensificaría el uso del veto por parte del
Ejecutivo no era tan clara y contundente. La breve experiencia social e his-
tórica no daba para explicaciones institucionales de tipo causal, o bien no se
encontraba, en una visión lineal de la integración del Congreso, la disciplina o
indisciplina partidaria como un factor permanente y sólido que lo explicara,
sino que eran otros factores y características del campo político de Jalisco. El

38
El régimen político: un balance en las estructuras de autoridad

reto era ubicar los elementos estructurales y coyunturales de lo que verdade-


ramente estaba en juego (véase Arellano, 2011c: 57; Arellano, 2011a: 47-90).
Es importante tener en cuenta este marco político-institucional y sumar
otro. En la lógica anterior tendrían que colocarse por igual las posiciones y
el control partidario de las alcaldías de la zona metropolitana como el terri-
torio donde se instituye la arena política. Dichas posiciones son importantes
porque el control de la capital y del municipio de Zapopan, u otro como en
algunos momentos fue el de Tlajomulco de Zúñiga, condicionaba, junto con
el control del Ejecutivo y las posiciones obtenidas en el Congreso de Jalisco,
un contexto que podría explicar diversas coyunturas.
Hay que destacar que durante quince años de dominio panista en la capi-
tal jalisciense (1995-2009), y luego en el caso del triunfo del pri en 2009-2012,
la historia reciente indica que los tres últimos gobernadores han sido alcal-
des de Guadalajara (Francisco Ramírez Acuña, Emilio González Márquez
y Aristóteles Sandoval), por lo que dicho cargo es un incentivo muy impor-
tante para que el político que pretenda ser gobernador, previamente intente
ser el alcalde tapatío en el trienio anterior a la elección del Ejecutivo estatal.
Además, en el periodo 2010-2015, el pan no obtuvo ninguna alcaldía en los
municipios que conforman la zona metropolitana.
Durante un buen tiempo la competencia política fue entre el pan y el
pri. Si bien el pan arrasó en la elección de 1995, en el periodo de 1998 a 2009
se suscitaron procesos electorales de alta competencia entre ambos partidos
políticos por el control de los ayuntamientos metropolitanos y, claro está, sin
que el pan perdiera el municipio de Guadalajara. La situación cambió cuan-
do en la elección de 2009 el pan prácticamente quedó relegado de la escena
metropolitana: el pri asumió durante dos periodos (2010-2015) el control de
cinco ayuntamientos, entre ellos el de la capital del Estado; además, un grupo
político con el sello de diferentes partidos minoritarios en los dos periodos
referidos tomó el control del ayuntamiento de Tlajomulco de Zúñiga (véase
tabla 3).
De este modo, se ha delineado el marco político-institucional que podría
explicar las condiciones por las que los actores e instituciones del régimen
político de Jalisco no han sabido resolver los problemas del núcleo duro de la
agenda pública –que para el año de 2012 tenía al menos 25 años–, tales como
el abastecimiento de agua a la zmg, la inseguridad pública, el problema del
transporte público, además de la pobreza y marginación.

39
Tabla 3. Control partidario de las alcaldías en la Zona Metropolitana de Guadalajara (1995-2015)

Alberto Cárdenas Francisco Ramírez Emilio González Aristóteles Sandoval


Partido (pan) (pan) (pan) (pri)
político
1995-1997 1998-2000 2001-2003 2004-2006 2007-2009 2010-2012 2012-2015
- Guadalajara - Guadalajara - Guadalajara - Guadalajara - Guadalajara
- Zapopan - Zapopan - Zapopan - Tlajomulco - Zapopan
- Tlaquepaque - Tlaquepaque - Tlaquepaque de Zúñiga - Tlaquepaque
pan - Tonalá - El Salto - El Salto - Tonalá na na

- Tlajomulco - Tlajomulco
de Zúñiga de Zúñiga
- El Salto
No aplica (na) - Tonalá - Tonalá - Zapopan - El Salto - Guadalajara - Guadalajara
- Tlajomulco - Tlajomulco - Tlaquepaque - Zapopan - Zapopan
pri de Zúñiga de Zúñiga - Tonalá - Tlaquepaque - Tlaquepaque
- El Salto - Tonalá - Tonalá
- El Salto - El Salto
- Tlajomulco
prd-pt na na na na na na
de Zúñiga
- Tlajomulco de
mc na na na na na na
Zúñiga

Fuente: Elaboración propia con base en Instituto Electoral del Estado de Jalisco (http://ieej.org.mx/resultados/index.php), diciembre de
2012.
El régimen político: un balance en las estructuras de autoridad

Los gobiernos de Jalisco (1995-2013)


Una vez que se ubicaron las coyunturas, que se denunció que lo sustancial no
se ha resuelto y que se hizo una mirada retrospectiva para hacer un balance
del cambio político, pueden encontrarse algunas respuestas a la cuestión del
estancamiento, quiebre o regresiones autoritarias en la democratización local.
Esto se aprecia en los gobiernos panistas y algunos barruntos del iniciado
gobierno del pri. Tales respuestas serán nítidas si se consideran los estilos
personales de gobernar, las agendas programáticas, los logros gubernamenta-
les y los temas de conflicto y tensión política o social acontecidos durante los
respectivos sexenios. En estas directrices, las coyunturas y los conflictos ahora
son más claros en el marco institucional antes descrito debido a que se puede
tener una idea de qué situaciones son parte del acontecer y qué otras coyunturas
no son tan importantes. Es decir, no se puede vislumbrar cuáles coyunturas son
realmente significativas al ser parte de situaciones estructurales que fortalecen
o desgastan las instituciones, en tanto que otras se pierden en el acontecer
mediático. Por lo tanto, la idea de que el cambio político se estancó o incluso
presenta regresiones y se limita a la renovación de los actores que ocupan las
posiciones de autoridad en el régimen político, tiene mucha solidez como
argumento académico.
A la distancia, afirmaciones como que Alberto Cárdenas Jiménez fue un
gobernante carismático y bien intencionado, Francisco Ramírez Acuña uno
autoritario e ineficiente, Emilio González fue populista e indiferente, o que
Aristóteles Sandoval se perfile a la vaguedad, no sólo quedarán en la anécdo-
ta, sino que ponen sobre la mesa que no hay la mínima lógica y concordan-
cia entre sus personalidades y las agendas programáticas que sus respectivos
gobiernos se plantearon. Esto es claro si se observan en los planes estatales
agendas que muestran y toman el pulso a los problemas que le aquejan a la
sociedad jalisciense; pero como ocurre, los aparatosos planes estatales de de-
sarrollo son en ocasiones los antípodas de los gobiernos mismos, tal y como
a continuación se detallará.6
Del paso de los gobiernos de Jalisco se recordará, en una primera fase du-
rante el gobierno de Alberto Cárdenas, que el mayor logro en la transformación
6
En el gobierno de Alberto Cárdenas las líneas programáticas fueron el Estado de derecho y
democrático, una economía más justa, eficiente y humana, una mejor calidad de vida y el desarrollo
administrativo. En el gobierno de Francisco Ramírez Acuña: desarrollo humano para todos los
jaliscienses, oportunidades para todos, desarrollo regional equilibrado y sustentable, combate frontal
contra la delincuencia y un gobierno cercano y transparente. En tanto que en con el gobierno de
Emilio González fueron empleo y crecimiento, desarrollo social, respeto y justicia y buen gobierno.

41
Alberto Arellano Ríos

del régimen fue la reforma política de 1997, el programa de regionalización y


la generación de empleo, y la atracción de inversión extranjera; también por
memorables escándalos de abierta corrupción de funcionarios cercanos y el
incremento de una inseguridad pública aún no ligada con el crimen organiza-
do, así como la fallida aprobación del crédito japonés por parte del Congreso
de Jalisco. Esta última coyuntura es digna de recordar porque si bien se incrus-
ta en el tema del abastecimiento del agua potable a la zmg, y formó de la lista
proyectos, no prosperó debido a que la propuesta se presentó o desenvolvió
en un entorno de gobierno dividido y ya se había desaprovechado el bono
democrático (véase Arellano, 2011b; 2011a: 47-90).
En el gobierno de Francisco Ramírez Acuña si bien se combatió la delin-
cuencia y se ofrecieron buenos resultados, estos fueron en detrimento de los
derechos humanos (los más evidentes: el “tlajomulcazo” y la represión contra
la manifestación altermundista del 24 de mayo). Además, el orden político y
social del que tanto se presumió sólo vislumbró a los grupos locales de poder.
Es cierto que se hizo una cuantiosa inversión en obra pública, pero fue de
alto costo y mala calidad. Al final, su gobierno será recordado por la centra-
lización de recursos y decisiones, la territorialización de la política social con
fines electorales y su abierta intromisión en organismos ciudadanos, autó-
nomos (Comisión Estatal de Derechos Humanos, el Instituto Electoral de
Jalisco, el Instituto de Transparencia) (véase Arellano, 2011b; 2011a: 47-90).
Esta imagen de desgaste y alejamiento de los gobiernos panistas del espí-
ritu ciudadano se manifestó con claridad en el gobierno de Emilio González
Márquez cuando, además de atentar contra el Estado laico, utilizó de manera
patrimonial los recursos públicos, recurrió a la política social con un alto
sesgo asistencialista y tintes populistas, además de que desarrolló la admi-
nistración pública de manera desordenada y mostró abiertamente una tosca
corrupción.
En la elección de 2012 se cerró un ciclo en los gobiernos panistas y
se abrió otro en el cual los priístas generaron grandes expectativas. A pesar
de ello habría que ser cautos, pues la larga fase de entrega-recepción una
vez cumplidos los primeros cien días del gobierno de Aristóteles Sandoval,
además de considerar su paso previo por el Ayuntamiento de Guadalajara,
indican que la vaguedad y el estancamiento hacia la democratización serán
su sello característico. Jorge Aristóteles Sandoval intentó seguir los pasos del
gobierno de Enrique Peña Nieto, entre ellos unir dependencias y por lo tanto
concentrar poder para legitimarse ante un triunfo de apenas cuatro puntos

42
El régimen político: un balance en las estructuras de autoridad

porcentuales sobre Enrique Alfaro y dar la imagen de que había mando ante
el desgobierno panista; ya instalado en el Ejecutivo estatal se corroboró la
indeterminación con la que siempre se ha conducido.7
La experiencia indica que difícilmente se vislumbra una transformación
radical del régimen político hacia la democratización, en el sentido amplio del
término. Recientemente en el discurso político y gubernamental se ha asen-
tado la noción de la gobernanza que intenta no sólo reconocer sino impulsar
la participación ciudadana como un componente esencial en la toma de de-
cisiones, pero la realidad indica que desde los detentores del poder político
sólo se pretende legitimar acciones previamente establecidas. La verdadera
democratización implica que el gobierno pierda el poder en la toma de deci-
siones, y está demostrado que desconcentrar, descentralizar y disipar el poder
es algo que difícilmente los políticos y funcionarios públicos aceptan. Por lo
tanto, lo máximo que se logrará en un corto plazo será cambiar la situación de
desgobierno en la cual durante buen tiempo incurrió el panismo.

Conclusión
En el proceso de cambio político de Jalisco se puede vislumbrar que desde
la década de 1980 se inició un ciclo de apertura política del régimen político.
La elección de 1995 es una fecha hito en la alternancia política local y se le ha
querido equiparar con la de 2012, pero son distintas. Se pudo constatar que
el elemento electoral del cambio es nodal, pero al mismo tiempo es parte de
un proceso más amplio en el que incluso ya instalados en un régimen formal-
mente democrático, la línea del desempeño gubernamental es más importan-
te. Ahora en esta otra cara de la moneda se notan elementos de estancamiento
y hasta regresión democrática.
No obstante, la elección de 2012 en la que ganó el pri cerró un ciclo de
gobiernos panistas en el Ejecutivo estatal, de ahí su significado. Si bien es
cierto que el pan gobernó el estado por 18 años, no fue un periodo de mono-
partidismo político; en este periodo se dieron coyunturas que manifestaron
luchas políticas en los que la alternancia y el elemento comicial de la de-
mocracia fueron los elementos visibles del cambio político. En retrospectiva
7
La vaguedad se notó en el anecdótico caso de Temacapulín, las dificultades para emular el Pacto
por México en Jalisco, su cumplimiento parcial de la promesa de transporte gratuito para todos los
estudiantes, pero un asunto grave fue el asesinato de su secretario de Turismo vinculado al crimen
organizado, precedido por los jaloneos hasta el último instante por conformar su gabinete. Estas
situaciones coyunturales deben evitar que se pierda de vista que persisten problemas estructurales en
el sistema político local y de diseño institucional en el régimen político.

43
Alberto Arellano Ríos

esto es el saldo positivo del cambio político, en tanto que en el gobierno y el


desempeño de las estructuras de autoridad hay mucho por hacer. Los actores
gubernamentales y los partidos políticos tienen coincidencias en su modo de
desenvolverse, lo que sitúa el cambio en aspectos como ideas, valores y prác-
ticas políticas que no son de tipo democrático, ergo se concluye que el cambio
político a la democracia se ha estancado. En esta parte del régimen político
el verdadero cambio aún está lejano. Estamos en una situación en la que se
dan “tendencias democratizadoras e inercias autoritarias”. Esta es la paradoja
(véase Aziz, 2013: 41-62).
También hubo elementos visibles de cambio en el régimen político del
Jalisco. Se suscitaron modificaciones en las reglas formales de juego y se po-
sicionó la movilidad y mayor competencia en las posiciones en las estructuras
de autoridad del régimen local. Los cambios más importantes y visibles fue-
ron los siguientes: a) se transitó de un sistema de partido hegemónico a un
sistema multipartidista; b) se instauraron los gobiernos divididos y no unifica-
dos en el régimen político; c) la alternancia fue un simple relevo, y se observó,
aunque tenuemente, que los votantes sancionaban o premiaban el desempeño
gubernamental, por lo que se demostró que los electores no tienen dueño.
Es cierto que falta mucho por hacer en materia de un mejor desempeño
gubernamental, que faltan mayores cambios en las reglas de juego, o bien,
que difícilmente se vislumbra el impulso del cambio político hacia la demo-
cratización debido a que los actores y los partidos políticos comparten una
misma matriz cultural de tipo autoritaria. Queda ante esto una mayor parti-
cipación ciudadana realmente activa y que la sociedad civil opine, presione y
se movilice. Se perciben así algunos cambios en la comunidad política; por
su parte los cambios ligados al sistema político se relacionan con que los
compartimientos políticos más interesantes se están dando en los jaliscienses
electores. Ya se mencionó que buena parte de los votantes no tienen dueño
y que sancionan o premian un gobierno, pero esto se comprende de la mejor
manera cuando los ciudadanos como electores hacen cruces y reflexiones al
emitir su sufragio condicionando un mosaico político en el que no hay un
centro de poder. Aunque cuando se critica el elemento electoral de la demo-
cracia, se debe ser enfático en el hecho de que sin elecciones libres, periódicas
y que reflejen competencia no es posible hablar de un régimen formalmente
democrático. Este es el cambio que se debe valorar y defender.
Luego entonces, al instaurarse la incertidumbre electoral y el elemento
sancionador del voto en los ciudadanos de Jalisco, se ha podido notar que

44
El régimen político: un balance en las estructuras de autoridad

éstos tienen una enorme capacidad para diferenciar, distinguir y tomar deci-
siones en el mundo de restricciones que proporciona el sistema electoral al
emitir el sufragio. Esto condiciona una gama de combinaciones posibles don-
de el voto cruzado y previamente reflexionado es la nueva conducta política.
En esto quizá se encuentre el cambio cultural de largo aliento; en lo otro, en el
acontecer político, es recordar que la democracia se construye y se mantiene
firme al defender sus libertades el día a día.

Bibliografía
Acosta Silva, Adrián (2000). “Cambio Institucional”. Laura Baca Olamendi et
al. Léxico de la política. México: fce-flacso-Conacyt.

(enero-abril, 2004). “Poder político, alternancia y desempeño político. La


educación superior en Jalisco, 1995-2001”. Estudios Sociológicos. México, El
Colegio de México, vol. xxii, núm. 64, pp. 53-78.

(2011). “Jalisco 2009: los votos y las causas”. Marco Antonio Cortés
Guardado y David Gómez (coords.). El voto en Jalisco: crisis, elecciones y alter-
nancia 2009. Guadalajara: iepc-Universidad de Guadalajara-iteso.

Alonso, Jorge (1995). El cambio en Jalisco. Las elecciones en 1994 y 1995. Guada-
lajara: Consejo Electoral del Estado de Jalisco-Universidad de Guadala-
jara-ciesas.

(2010). “Alternancias municipales en Jalisco”. Marco Antonio Cortés


Guardado y David Gómez (coords.). El voto en Jalisco: crisis, elecciones y alter-
nancia 2009. Guadalajara: iepc-Universidad de Guadalajara-iteso.

Arellano Ríos, Alberto (2011a). Campo político. Zapopan: El Colegio de Jalisco.

(enero-abril, 2011b). “Los gobiernos panistas de Jalisco: cambio político


y desempeño gubernamental”. Espacios Públicos. Toluca, Universidad Au-
tónoma del Estado de México, núm. 30, pp. 138-154.

(noviembre, 2011c). “El veto en Jalisco (1998-2009)”. Estudios Jaliscienses.


Zapopan, El Colegio de Jalisco, núm. 86, pp. 45-57.

45
Alberto Arellano Ríos

Aziz Nassif, Alberto (1996). “Alternancia primero, gobierno dividido des-


pués: el caso de Chihuahua, 1992-1996”. Alonso Lujambio (ed.). Gobier-
nos divididos en la Federación mexicana. México: uam.

(mayo-agosto, 2003). “Problemas de primera y segunda generación en la


democracia regional mexicana”. Espiral. Estudios de Estado y sociedad. Gua-
dalajara, Universidad de Guadalajara, vol. ix, núm. 27, pp. 99-121.

(mayo-agosto, 2013). “Paradojas electorales de 2012”. Desacatos. México,


ciesas, núm. 42, pp. 41-62.

Aziz Nassif, Alberto y Jorge Alonso (2009). México, una democracia vulnerada.
México: ciesas-Miguel Ángel Porrúa.

Bourjac, Belisario (febrero, 2013). “Los cinco graves errores del pan”. Con-
ciencia pública (http://www.concienciapublica.com.mx/rumbo-al-2012/
jalisco/los-cinco-graves-errores-del-pan/), febrero de 2013.

Ceja Martínez, Jorge (noviembre, 2007). “El envejecimiento prematuro de la


alternancia política municipal en Jalisco”. Estudios Jaliscienses. Zapopan, El
Colegio de Jalisco, núm. 60, pp. 32-43.

Cortés Guardado, Marco Antonio e Ismael Ortiz Barba (enero-abril, 2007).


“Jalisco: democracia electoral con déficit de legitimidad política.” Espiral.
Estudios de Estado y sociedad. Guadalajara, Universidad de Guadalajara, vol.
xiii, núm. 38, pp. 45-80.

Gómez, Alicia (1997). Crisis y transición en Jalisco. Guadalajara: Universidad de


Guadalajara.

Guillén, Tonatiuh (2005). “Frontera norte: agenda (pendiente) de moderniza-


ción política”. Alberto Aziz Nassif y Jorge Alonso Sánchez (coords.). El
Estado mexicano: herencias y cambios. Globalización, poderes y seguridad nacional.
México: Cámara de Diputados-ciesas-Miguel Ángel Porrúa.

Hurtado, Javier (abril, 1998). “Los gobiernos divididos y las elecciones de


1998 en México”. Este País. México, núm. 85, (http://estepais.com/ini-
cio/historicos/85/11_ensayo_divi_hurtado.pdf), mayo de 2012.

46
El régimen político: un balance en las estructuras de autoridad

Hurtado, Javier y Alberto Arellano Ríos (2010). “Cambio y diseño institucio-


nal en los poderes”. Víctor Manuel González Romero et al. 2 Décadas en el
desarrollo de Jalisco 1990-2010. Guadalajara: Gobierno de Jalisco, Secretaría
de Planeación.

Merino, Mauricio (2003). La transición votada. Crítica a la interpretación del cambio


político en México. México: fce.

Merton, Robert (1984). Teoría y estructuras sociales. México: fce.

Morlino, Leonardo (1985). ¿Cómo cambian los regímenes políticos? Madrid: Centro
de Estudios Constitucionales.

(2005). Democracias y democratizaciones. México: Centro de Estudios de


Política Comparada, A.C.

Mosca, Gaetano (1984). La clase política. México: fce.

Sartori, Giovanni (2004). “Opinión pública y democracia gobernante”. Qué es


la democracia. Madrid: Taurus, pp. 87-131.

Woldenberg, José (2012). Historia mínima de la transición democrática en México.


México: El Colegio de México.

47
LA ELECCIÓN DE GOBERNADOR:
CONCENTRACIÓN DEL PODER Y
COMPETENCIA ELECTORAL, 1995-2012

Nancy García Vázquez


El Colegio de Jalisco

Introducción
En Jalisco, la competencia electoral produjo una doble alternancia en el pro-
ceso de selección del gobernador. La primera de ellas fue en 1995 cuando
el Partido Acción Nacional (pan) ocupó la gubernatura y se quedó 17 años.
En 2012, el Partido Revolucionario Institucional (pri) recuperó el Ejecutivo
estatal con una marcada diferencia. Sin embargo, desde las elecciones de los
años 2000 y 2006, el Partido de la Revolución Democrática (prd) se posicionó
como la tercera fuerza. En el proceso electoral más reciente, la formación de
Movimiento Ciudadano (mc) incrementó considerablemente la competencia,
hecho que quebró la dinámica bipartidista del votante jalisciense.
En este capítulo se revisa cómo se ha centrado el poder de los partidos
políticos y la dinámica de la competencia electoral, así como sus efectos sobre
la alternancia en el Ejecutivo estatal. Con este objetivo, se analizan en forma
comparada los procesos electorales para elegir gobernador en los años 1995,
2000, 2006 y 2012.
Tanto el pri como el pan han tenido una especie de hegemonía compar-
tida que produjo las alternancias de 1995 y 2012. No obstante, en el último
proceso electoral se consolidó la presencia de una tercera opción (mc) que
incrementó la competencia. De este modo, la elección para gobernador no
se explica como la simple sustitución de un partido por otro, sino como un
proceso en el cual surgen otras opciones políticas.
Lujambio señaló que “la transición democrática en México no supone la
sustitución en el poder de un partido por otro –como si sólo existiera un centro
de poder constitucional– sino la creciente distribución del poder entre partidos
(ya que existen varias arenas del poder constitucional)” (Lujambio, 2000: 27).

[49]
Nancy García Vázquez

Particularmente, la competencia electoral en el nivel subnacional da prue-


bas de dinamismo y potencia del multipartidismo. Por ello, aquí se estudiarán
las últimas cuatro elecciones al contrastar la concentración del poder de los
partidos y de la competencia electoral. Con el fin de entender mejor cómo
ocurren la concentración y la competencia, se analizarán ambos procesos a
partir de las condiciones socioeconómicas de los votantes. No sólo se inten-
tará observar cuántos partidos compiten, sino cuál es el apoyo que reciben los
candidatos a gobernador en función del nivel de desarrollo de los municipios.
Es decir, se revisará la votación total para cada partido político en la elección
a gobernador y se contrastará con la densidad poblacional como variable
aproximada del desarrollo.
Para ello se elaboró un panel balanceado con 488 observaciones.1 El pa-
nel incluye indicadores políticos y socioeconómicos para cada uno de los
municipios jaliscienses durante las elecciones de 1995, 2000, 2006 y 2012.2
Fundamentalmente se tomaron las votaciones totales para gobernador por
partido político y por municipio.3 Las características sociodemográficas de la
población se definieron en función de criterios de densidad poblacional a par-
tir del trabajo de Flamand, Martínez y Hernández (2007; 2008). Estos datos
fueron analizados simultáneamente con el Índice de Herfindahl-Hirschmann
(hhi) y el Índice del Número Efectivo de Partidos (nep). Se estimaron dichos
índices para cada municipio, por cada elección y en función de cada cinco
grupos de densidad: muy alta, alta, media, baja y muy baja (véase el anexo 4).
Este artículo se desarrolla en seis apartados. En el primero se muestra
la participación de los jaliscienses en las elecciones locales y federales. En el
segundo se discute la relevancia de la alternancia desde el punto de vista del
gobernador y algunos factores que pueden explicarla. En el tercero se presen-
tan la metodología, supuestos e indicadores del estudio que genera un análisis
1
El análisis de panel permite integrar un conjunto de datos que combinan series de tiempo con
unidades de corte transversal o sección cruzada. Tiene dos dimensiones que se aprovechan al
máximo: temporalidad y propiedades específicas (variables). Un panel balanceado contiene los datos
completos en estas dos dimensiones.
2
Actualmente existen 125 municipios en Jalisco. Sin embargo, por razones de compatibilidad y
disponibilidad de información únicamente se tomaron en cuenta 122. De 1995 a 2012 cambiaron
de nombre tres municipios: de Antonio Escobedo a San Juanito de Escobedo, de Ciudad Guzmán a
Zapotlán El Grande y de Purificación a Villa Purificación. En 1995 desaparecieron dos municipios:
Ciudad Venustiano Carranza y Manuel M Dieguez. En 2007 se creó el municipio de San Ignacio
Cerro Gordo.
3
El cálculo de la votación total para cada partido en cada municipio es una sumatoria de los votos
obtenidos en los distritos electorales. Entre 1995 y 2012 se modificó la distritación y el número de
municipios. Sin embargo, el análisis no pierde consistencia pues pudo identificarse la ubicación de las
casillas.

50
La elección de gobernador: concentración del poder y competencia electoral...

descriptivo. En el cuarto se revisan los cuatro procesos electorales al mostrar


las tendencias y relaciones entre los partidos políticos, la densidad poblacio-
nal y el desarrollo municipal. En el quinto se analiza la concentración del
poder y la competencia electoral por año, partido y grupo de densidad. Aquí
se observará cómo las preferencias por el pri, el pan y el resto de los partidos
están influenciadas por los grupos de densidad. Se percibe que Jalisco avanza
hacia un multipartidismo para la elección de gobernador. Este análisis no
mide una causalidad estadística entre las variables electorales y la densidad de
población; empero, sí muestra las tendencias y ubica los momentos de cam-
bio o continuidad asociados con la competencia electoral y el incremento de
la población, particularmente en las zonas medias y bajas. Finalmente, en un
sexto apartado se presentan las conclusiones.

La participación electoral en jalisco


Antes de comenzar con el estudio de la dinámica de la competencia electoral,
en esta sección se revisará cómo ha sido la participación de los jaliscienses en
las urnas con el fin de tener un panorama de su dinámica. Jalisco se caracte-
riza por tener un padrón de votantes extenso con respecto de la población
total. Los jaliscienses con 18 años o más registrados en la lista nominal de
electores representan casi un 69% de la población total. La tabla 1 muestra el
histórico de la lista nominal y su tasa de crecimiento entre elecciones federa-
les; en éste se observa que se ha duplicado en veinte años.

Tabla 1. Listado nominal de electores en Jalisco, 1991-2012

Elección Electores en lista nominal Tasa de crecimiento (%)


1991 2 306 790 -
1994 2 885 696 25.1
1997 3 355 279 16.27
2000 3 846 656 14.64
2003 4 269 184 10.98
2006 4 711 399 10.36
2009 5 132 762 8.94
2012 5 260 991 24.9
Fuente: Elaboración propia con datos recabados del iepc Jalisco y el Sistema de
Consulta de la Estadística de las Elecciones Federales, ife.

51
Nancy García Vázquez

El votante suele participar de un modo muy regular –rangos de 50 a


60%– para elegir a los 125 presidentes municipales, a los veinte diputados de
mayoría relativa, a los veinte diputados de representación proporcional y a su
gobernador (véase tabla 2).

Tabla 2. Porcentaje de participación de los electores en los comicios


para los cargos locales de representación en Jalisco, 2000-2009

Presidentes Diputados Diputados de Gobernador


Elección
municipales mr rp estatal
2000 57.85 58.34 58.46 58.48
2003 52.97 53.87 53.95 na

2006 60.79 60.8 60.86 60.9


2009 50.74 52.03 52.03 na

mr: Mayoría relativa.


rp: Representación proporcional.
na: No aplica.
Fuente: Elaboración propia con datos recabados del iepc Jalisco y el Sistema de
Consulta de la Estadística de las Elecciones Federales, ife. Los datos de 2012 aún no
están disponibles.

En esa tabla puede observarse que no hay grandes variaciones en la participa-


ción electoral para cargos federales y locales. La única diferencia sustantiva es que
en las elecciones concurrentes, donde se definen cargos federales y locales (2000,
2006 y 2012), sí hay un importante efecto potenciador. En la tabla 3 se aprecia
que existe un mayor interés por las elecciones federales: los porcentajes de parti-
cipación se incrementan considerablemente. Intuitivamente podría esperarse un
mayor interés para la elección de presidente, pero la diferencia es muy pequeña.
Las dos elecciones más significativas han sido las de 1995 y 2012, porque
son las únicas alternancias que ha experimentado la entidad en su historia
política moderna. Por un lado, la elección de 1995 implicó el arribo de la al-
ternancia. Tras más de cincuenta años de gobiernos priístas, el pan asumió
la gubernatura con Alberto Cárdenas Jiménez y este partido permaneció en
dicha posición por 17 años. Por otro lado, en la elección de 2012 esta situación
se revirtió y el pri regresó con el actual gobernador, Jorge Aristóteles Sandoval
Díaz. No obstante, a diferencia de la primera alternancia donde la compe-
tencia fue entre dos partidos, en la segunda alternancia el escenario tuvo más
competidores. En 2012, mc quedó como segunda fuerza y el pan como tercera.

52
La elección de gobernador: concentración del poder y competencia electoral...

Tabla 3. Porcentaje de participación de los electores en los comicios


para los cargos federales de representación en Jalisco, 2000-2012

Senador Senador Diputado Diputado Presidente de


Elección
mr rp mr rp la república
2000 67.79 68.23 67.27 67.85 68.21
2003 na na 54.17 54.27 na
2006 61.26 61.75 60.98 61.33 61.77
2009 na na 51.84 51.99 na
2012 64.34 64.3 64.22 64.18 64.91
mr: Mayoría relativa
rp: Representación proporcional
na: No aplica
Fuente: Elaboración propia con datos recabados del Sistema de Consulta de la Esta-
dística de las Elecciones Federales, ife.

En conclusión, las tendencias refieren algunos rasgos generales en el


comportamiento electoral de los jaliscienses:
1) El número de electores registrados en las listas nominales ha tendido
a incrementarse a lo largo del tiempo.
2) Los porcentajes de participación de los electores son relativamente
altos en todos los comicios; la mayor participación ocurre en las elec-
ciones para cargos de representación popular federal (arriba de 60%).
3) El porcentaje de municipios que experimentan alternancias entre un trie-
nio y otro es muy alto desde 1992. A partir del año 2000, cerca de 60% de
los municipios han sido gobernados por un partido distinto, revela una
alta competitividad, este fenómeno se medirá en los apartados siguientes.
4) La elección del 2012 es inédita porque rompió la dinámica biparti-
dista del sistema electoral y pareciera que está consolidándose una
tercera opción. La pregunta obligada es si en Jalisco existe o no una
transición democrática gradual hacia un sistema multipartidista y si
esto puede observarse de manera diferenciada de acuerdo con las
condiciones de cada municipio.

Alternancia en el Ejecutivo estatal


y distribución del voto municipal

En el sistema político mexicano, la alternancia a nivel del Ejecutivo estatal es impor-


tante porque significa el ejercicio de una autonomía y la obtención de recursos que
habían estado fuertemente centralizados por la federación (Hernández, 2008: 54).

53
Nancy García Vázquez

En otras palabras, en el antiguo régimen estos recursos se garantizaban si había


fidelidad ideológica y política con el partido hegemónico y el presidente.
Pero en un escenario de alternancia, a nivel de la elección de los gober-
nadores, “en un sistema pluripartidista y presidencial-federalista tendrán más
oportunidades quienes hayan estado más cerca de los electores y prueben ha-
berlos favorecido con acciones concretas” (p. 106). Esta cercanía sólo se puede
construir desde la célula más importante del sistema político local: el municipio.
De este modo las acciones que realizan los gobernadores se ven refleja-
das en la dinámica municipal. De ahí que la principal fuente de legitimidad de
los gobernadores se encuentre en la valoración que hacen los votantes de su
desempeño. Incluso en algunas ocasiones los votantes no alcanzan a dife-
renciar qué políticas provienen del gobierno federal, del estatal o del muni-
cipal, y asumen que toda la responsabilidad recae en el Ejecutivo estatal. Si
su consideración es que el gobierno hace bien las cosas, los electores pueden
recompensarlo con su voto; de lo contrario será un voto de castigo, es decir,
en favor de otro partido (Lewis-Beck y Stegmaier, 2009). En ese mismo ni-
vel, sus juicios valorativos de un “buen gobierno” pueden depender de sus
características socioeconómicas (Kuhnle y Karvonen, 2001; Lipset y Rokkan,
1967). Factores como el grado de desarrollo, los niveles de marginación y el
acceso a servicios públicos tienen una fuerte correlación antes y después de
las elecciones (Taagepera y Shugart, 1989).
El juicio del votante considera como sinónimo de la gestión los bienes o
servicios que recibe, como infraestructura básica, educación o empleo. Hasta
ahora existen escasos análisis acerca de la capacidad de los Ejecutivos estata-
les para proveer de bienes o servicios a la población.
En el ámbito local, particularmente en el caso mexicano, la información
es escasa y no siempre se cuenta con variables de esa naturaleza. A nivel mu-
nicipal este tipo de estudios disminuyen (Cleary, 2007; Moreno, 2007 y 2008;
García, Gutiérrez y Ruíz, 2012; Fonseca y Gatica, 2012). Ante la ausencia de
información aquí se trabaja con variables aproximadas al desarrollo munici-
pal. El trabajo de Flamand, Martínez y Hernández (2007) utiliza la densidad
poblacional como un criterio para agrupar a los municipios por la distribu-
ción territorial de sus habitantes, pero también es un indicador de la presencia
o ausencia de cierto tipo de políticas públicas (drenaje, educación o vivienda).
La alternancia puede apreciarse no sólo por la intensidad de la compe-
tencia electoral, sino también por variables socioeconómicas. De modo que,
siguiendo los trabajos de Flamand, Martínez y Hernández (2007; 2008), en
este análisis se contrastará el grado de desarrollo social a través de la densidad
de población con las votaciones por partido y por elección de gobernador.
54
La elección de gobernador: concentración del poder y competencia electoral...

Metodología: supuestos, base de datos e indicadores


En esta sección se describen los aspectos metodológicos referidos al análisis de
la democracia gradual vista desde los resultados de las elecciones para goberna-
dor. La propuesta es analizar los resultados totales de las votaciones para gober-
nador, para una muestra de 122 municipios. Puede observarse la competencia
política no sólo en función del número de partidos votados, sino también de las
características sociodemográficas básicas de los votantes.
Aquí se describen nuestros supuestos analíticos, teóricos y operacionales.
Asimismo se detalla la base de datos e indicadores utilizados. La pertinencia
de explicitar la metodología se justifica en términos de mostrar los alcances y
límites de la investigación.
De acuerdo con la metodología el análisis usa cuatro supuestos:
1) La alternancia en la gubernatura de Jalisco está asociada con la com-
petencia electoral
2) La votación municipal para la elección a gobernador indica la valora-
ción de los electores.
3) La competitividad local de los partidos puede ser medida con base en
la concentración de los votos obtenidos en la elección de gobernador.
4) El grado de desarrollo social y económico prevaleciente en los munici-
pios se refleja en su grado de densidad poblacional.
Se construyó un panel balanceado con datos de 122 municipios que in-
cluyen un total de 488 observaciones. Estos datos tienen los resultados de las
elecciones para gobernador en 1995 y 2012, por municipio y por partido. Las va-
riables del panel son construidas con los datos electorales del Instituto Electoral
y de Participación Ciudadana (iepc). Los datos del 2012 se basan en el Programa
de Resultados Electorales Preliminares (prep). Asimismo, por simplicidad clasifi-
camos los partidos políticos en tres categorías: pri, pan y otros.
Tradicionalmente, la densidad poblacional mide la relación entre un te-
rritorio (en kilómetros cuadrados) y el número de personas que lo habitan.
Aquí se utilizan los cálculos y datos de densidad de población de Flamand,
Martínez y Hernández (2007), en tanto adicionalmente éste “permite obser-
var la heterogeneidad del desarrollo local desde un mirador diferente, pues
cada municipio se compara con un grupo de municipios semejantes, tanto en
su grado de urbanización/ruralidad, como muy probablemente, en sus posi-
bilidades para proveer bienes y servicios públicos” (p. 5).

55
Nancy García Vázquez

La población se subdivide en los niveles de densidad (muy alta, alta me-


dia, baja y muy baja). Las características socioeconómicas determinan las
tendencias políticas prevalecientes en las elecciones para gobernador. Para
capturar dichas características, aquí se usa la densidad poblacional como va-
riable proxy de las mismas. Asumimos, en consistencia con los hallazgos de
Flamand, Hernández y Martínez (2007), que dicha densidad esta correlacio-
nada directamente con el grado de desarrollo. Por ello, aquí se clasificaron los
municipios con base en su densidad poblacional registrada en el año 2000 (d ).
Esta clasificación es relevante porque nos da una medida aproximada de las
características y grado de desarrollo a nivel municipal.
El criterio de clasificación socioeconómica sigue la propuesta de Flamand,
Martínez y Hernández (2008). Los municipios se dividen en cinco categorías de
densidad (medidas en hab/km2): muy baja (0 < d < 10), baja (10 ≤ d < 50), media
(50 ≤ d < 100), alta (100 ≤ d < 1000) y muy alta (d ≥ 1000). Se recurre a esta clasifi-
cación para definir grupos de municipios que comparten características comunes.
La competitividad de los partidos políticos se mide con base en la con-
centración del poder en cada grupo de municipios en la elección a goberna-
dor. Una mayor concentración se asocia con una menor competitividad. En
este trabajo usamos el hhi para medir la concentración del voto; este índice
se considera como una medida adecuada de concentración y competencia en
tanto no existan asimetrías significativas en las unidades objeto de medición
(partidos políticos); además, asume que los partidos políticos son idénticos y la
competencia es simétrica, de modo que es una medida de concentración y
competencia cuando no hay grandes diferencias en el tamaño de los partidos.
El inverso del hhi es el Índice Laakso-Taagepera también denominado nep,
el cual trata de estimar para cada partido político su peso derivado de su propia
fuerza electoral (Carey, 1996: 308). En las elecciones, el nep calcula la proporción
de los votos que obtiene cada partido. El nep distingue a los partidos que ganan
la mayor cantidad de votos; su principal ventaja es que permite visualizar el nú-
mero de partidos competitivos. Taagepera y Shugart señalan que este criterio ha
sido empleado en numerosos estudios porque coincide con la intuición de los
partidos serios de un sistema (1989: 80).
En este escrito se recurre al hhi y el nep para medir la competencia electoral
de gobernador en municipios que tienen características socioeconómicas comu-
nes. El manejo de estos índices se basa en el trabajo de Stigler (1972), de quien
retomamos la analogía de la competitividad económica y política. En México,
dicho enfoque es utilizado por García (2008); y García et al. (2012).
Analíticamente la interpretación del índice hhi expresa sus valores entre
0 y 10 000 puntos. Cuando el índice vale 10 000, la competencia política está
56
La elección de gobernador: concentración del poder y competencia electoral...

concentrada en un solo partido político; cuando el puntaje se aproxima a 0


(lo cual ocurre cuando el número de partidos que compiten en una elección
es muy grande), hay una alta competencia electoral en tanto disminuye la
concentración de las preferencias por un sólo partido.
En el caso del nep, la interpretación es distinta. Como aquí estamos to-
mando en cuenta sólo tres variables políticas (pan, pri y otros), el valor del
índice debe oscilar entre 1 y 3 puntos. Cuando el valor se aproxima a 1, ello
refiere que la competencia se concentra en un único partido; una alta compe-
titividad se aproximaría al número tres.

Los procesos electorales de la elección


a gobernador en 1995, 2000, 2006 y 2012

En esta sección nos enfocamos en analizar los procesos electorales para


gobernador. En primer lugar nos interesa comparar los contextos políticos,
para después observar la dinámica de la concentración electoral.
De manera general hay algunos aspectos que deben señalarse. El primero
es que los comicios de Jalisco son concurrentes con los procesos federales, lo
que sin duda hace más intenso su desarrollo. El segundo es que su sistema de
partidos es muy estable, por lo que los escenarios de alternancia ocurrieron
en periodos muy separados entre las elecciones y el ganador suele quedarse
con buen número de municipios. De este modo, los dos únicos momentos
de alternancia han sido, uno en 1995 cuando se rompió la hegemonía del pri,
dado que el pan resultó ganador; y el otro en 2012 cuando el pri recuperó el
Ejecutivo estatal. Ningún otro partido político ha ocupado ese cargo.
Un tercer aspecto es que a lo largo del tiempo se ha reducido la emergen-
cia de partidos políticos. En la tabla 4 puede apreciarse que desaparecieron
entre cinco y seis partidos después de la elección del año 2000. La contra-
dicción del sistema de partidos jalisciense es que a pesar de tener múltiples
opciones, las preferencias suelen concentrarse en dos, cuya fuerza política
proviene del centro del país (véase tabla 3), aunque los gobernadores hayan
tenido una carrera primordialmente estatal.4 Las tendencias señalan un cam-
bio muy interesante. Hasta la elección del 2006 parecía ocurrir un efecto de
trasferencia entre el pri y el pan, de modo que el apoyo que recibía uno, era
4
Alberto Cárdenas Jiménez (1995-2001) fue presidente municipal por el pan. Francisco Javier Ramírez
Acuña (2001-2006) fue funcionario estatal y diputado estatal; no concluyó su periodo porque ocupó
el cargo de secretario de Gobernación; el gobernador interino fue el también panista Gerardo Solís
Gómez. Emilio González Márquez (2006-2018) fue regidor, presidente municipal, presidente estatal
del pan y diputado federal por ese mismo partido. Aristóteles Sandoval Díaz (2013-2018) posee una
carrera en el pri local como regidor, diputado estatal y presidente municipal.

57
Nancy García Vázquez

pérdida del otro. No obstante, en la elección de 2012, los votos que perdió
Acción Nacional los obtuvo mc y, en una menor proporción, el prd.

Tabla 4. Partidos contendientes en las elecciones 1999-2012

Año Cantidad Partidos políticos


- pan
- pri
- Partido Popular Socialista (pps)
- prd
- Partido del Frente Cardenista
de Reconstrucción Nacional
1995 10
- Partido Auténtico
de la Revolución Mexicana (parm)
- Partido Demócrata Mexicano
- Partido del Trabajo (pt)
- Partido Verde Ecologista de México (pvem)
- Partido del Pueblo Jalisciense
- pan
- pri
- prd
- pt
- pvem
2000 11 - Convergencia (Con)
- Partido de la Sociedad Nacionalista
- Partido Alianza Social
- Partido Auténtico de la Revolución Mexicana
- Partido de Centro Democrático
- Democracia Social
- pan
- Alianza por México (pri y pvem)
2006 5 - Coalición Por el Bien de Todos (prd, pt y Con)
- Partido Nueva Alianza
- Alternativa Socialdemócrata y Campesina
- pan
- Compromiso por Jalisco (pri y pvem)
2012 5 - prd
- mc
- Nueva Alianza
Fuente: Elaboración propia con base en datos recabados del iepc Jalisco. La taxono-
mía para clasificar a los municipios sigue a Flamand, Martínez y Hernández (2007).

58
La elección de gobernador: concentración del poder y competencia electoral...

Otro aspecto que destaca es que la brecha entre el primero y el segundo


lugar se ha vuelto menor conforme ha pasado el tiempo. Así, mientras que en
1995 la diferencia del pan con respecto del pri fue de casi 16 puntos, en las dos
últimas elecciones ese margen fue de 4 puntos porcentuales. De la muestra de
los 122 municipios, casi la mitad apoyaron al pri en la elección de gobernador
(258), en segundo lugar al pan (188) y a otros partidos en tercer lugar (55).
A continuación se presenta un análisis que detalla estos resultados en
función de la composición sociodemográfica de los municipios. Se busca ob-
servar si este apoyo puede estar asociado con el grado de desarrollo de los
municipios, a partir de la clasificación que ya se refirió sobre la densidad po-
blacional. Para ello se contabilizó el número de municipios donde los candi-
datos a gobernador recibieron apoyo y se clasificaron según los cinco grupos
de densidad.
La tabla 5 sugiere que el grado de desarrollo está correlacionado con
los votos de la elección para la gubernatura que favorecen al pri. Éste ganó
en los municipios de muy baja y baja densidad que se consideran de un de-
sarrollo menor. Tal situación se observa en todos los procesos electorales,
aun cuando en 1995 este partido perdió el Poder Ejecutivo estatal. En 1995
el voto rural no alcanzó para mantenerlo a la cabeza. Sin embargo, en 2012, la
suma de los sufragios de los grupos de densidad muy baja, baja y de muy alta
fueron suficientes para que regresara a la titularidad del Ejecutivo.

Tabla 5. Número de municipios donde el pri


fue preferido en la elección de gobernador

Muy Baja Baja Media Alta Muy Alta


Elección
(mdp=19) (mdp=57) (mdp=25) (mdp=18) (mdp=3)
1995 15 31 9 5 0
2000 16 29 11 8 2
2006 10 23 10 8 1
2012 17 39 14 7 3
Total 58 122 44 28 6
mdp:Municipios con densidad poblacional.
Fuente: Elaboración propia con base en datos recabados del iepc Jalisco. La taxonomía
usada para clasificar a los municipios sigue a Flamand, Martínez y Hernández (2007).

59
Nancy García Vázquez

La tabla 6 señala que en el caso del pan el voto ha tenido un comporta-


miento más variado. Por un lado, tuvo un apoyo importante en los munici-
pios de densidad baja, pero los que le dieron el triunfo en las gubernaturas
son los de muy alta, que básicamente constituyen la Zona Metropolitana de
Guadalajara (zmg), donde se ubica la mayor parte del electorado. Sin embar-
go, al contrastar la elección de 1995, mientras que las preferencias aumen-
taron en todos los grupos de densidad, la caída para 2012 se experimentó
en todos. El pan perdió Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá, pero
también los municipios rurales. Ello indica que las preferencias electorales
no se sostuvieron en un voto de base o que no se pudo consolidar uno. De
este modo, el grado de desarrollo de los municipios no está correlacionado
con los triunfos del pan; tampoco hay un perfil definido de los votantes.
En los municipios de alta densidad hay variaciones significativas entre una
elección y otra.

Tabla 6. Municipios donde el pan


fue preferido en la elección de gobernador

Muy Baja Baja Media Alta Muy Alta


Elección
(mdp=19) (mdp=57) (mdp=25) (mdp=18) (mdp=18)
1995 4 23 13 13 3
2000 3 26 14 10 1
2006 8 33 15 10 2
2012 0 3 1 1 0
Total 15 85 43 34 6
mdp: Municipios con densidad poblacional.
Fuente: Elaboración propia con base en datos recabados del iepc Jalisco. La taxonomía
usada para clasificar a los municipios sigue a Flamand, Martínez y Hernández (2007).

Finalmente, la tabla 7 muestra que buena parte de los votos que perdía
el pan no se transfirieron al pri sino a otras nuevas agrupaciones políticas. En
1995, el prd no figuró en las preferencias electorales, pero hacia el año 2012
éste y otras agrupaciones como mc lograron adherentes de los grupos medios
y altos. En ese sentido, el voto duro de estas nuevas agrupaciones se ubicó
en municipios con grados moderados de desarrollo. No hay que olvidar que
parte de su estrategia de sobrevivencia está en las coaliciones. Sin ellas difícil-
mente alcanzarían el registro.

60
La elección de gobernador: concentración del poder y competencia electoral...

Tabla 7. Número de municipios donde otros partidos


fueron preferidos en la elección de gobernador

Muy Baja Baja Media Alta Muy Alta


Elección
(mdp=19) (mdp=57) (mdp=25) (mdp=18) (mdp=3)
1995 0 3 3 0 0
2000 2 0 0 0 0
2006 1 1 0 0 0
2012 2 15 10 10 0
Total 5 19 13 10 0
mdp:Municipios con densidad poblacional.
Fuente: Elaboración propia con base en datos recabados del iepc Jalisco. La taxonomía
usada para clasificar a los municipios sigue a Flamand, Martínez y Hernández (2007).

Para finalizar esta sección se sintetizarán las relaciones entre los partidos,
la densidad poblacional y el desarrollo municipal. Así el análisis muestra que la
relación más fuerte se presentó en el pri, pero no en el pan. Ello arroja un
primer dato: el supuesto bipartidismo en Jalisco no es tan fuerte como se
pensaba. Otro dato importante es que los sectores de los niveles bajo y muy
bajo se mantuvieron como elementos clave para el regreso del pri. Por último,
que los sectores medios, a pesar de su número, tuvieron una débil presencia
en los partidos mayoritarios.

Concentración del poder, competencia


política y desarrollo municipal

En esta sección se describen las relaciones entre la distribución del voto y


la densidad poblacional en Jalisco. Particularmente aquí se estimaron los
índices hhi y nep con el objeto de analizar la distribución de las preferen-
cias del electorado en los municipios analizados y los cambios de dichas
distribuciones; éstos se obtuvieron con base en los votos emitidos en cada
municipio. Así, se tomaron en cuenta 122 índices municipales hhi y nep para
cada elección, los cuales se agruparon con base en los niveles de densidad
poblacional de los municipios. De este modo, se reunieron los índices en
cinco grupos de municipios. Como ya se había señalado, el hhi reporta la con-
centración del poder de los partidos y el nep aquellos que pueden competir
significativamente.
La distribución de las preferencias del electorado se estudió mediante
los estimados de la media y la desviación estándar de cada grupo de índices.

61
Nancy García Vázquez

En primera instancia, se comparó la media de todo el periodo para todos los


grupos de municipios. Así, en el caso de la concentración, ésta ha disminuido
entre 1995 y el 2012. Por convención, la interpretación del hhi refiere que las
concentraciones son bajas cuanto más se aproximan al valor de 1 000 o 1 500.
El valor de 3 653 reportado en el año 2012 refiere que la concentración es
alta todavía, pero que está en un proceso de disminución. Esto lo confirma
también la reducción en las desviaciones estándar.
Con relación al nep, se refiere de manera consistente que el número efec-
tivo de partidos que son competitivamente relevantes ha aumentado. Así, para
2012 se tienen casi tres fuerzas electorales consolidadas (2.8). La desviación
estándar también confirma que esta es una tendencia que va estabilizándose.

Tabla 8. Concentración del poder y densidad poblacional

Índice hhi
Elección
Media Desviación Estándar
1995 4385.26 634.88
2000 4063.43 538.73
2006 3877.16 503.22
2012 3652.78 349.13
Fuente: Elaboración propia con base en datos recabados del iepc Jalisco. La taxono-
mía para clasificar a los municipios sigue a Flamand, Martínez y Hernández (2007).

Tabla 9. Competencia electoral y densidad poblacional

Índice hhi
Elección
Media Desviación Estándar
1995 2.33 0.35
2000 2.51 0.35
2006 2.62 0.33
2012 2.76 0.25
Fuente: Elaboración propia con base en datos recabados del iepc Jalisco. La taxono-
mía para clasificar a los municipios sigue a Flamand, Martínez y Hernández (2007).

Finalmente, el último análisis compara las medias y las desviaciones estándar


para cada grupo de municipios según los índices de concentración y competencia.

62
La elección de gobernador: concentración del poder y competencia electoral...

En particular, la tabla 10 muestra dichos estimados a lo largo de las cuatro


elecciones analizadas. En este contexto no sobra indicar que los valores bajos
de las medias se asocian a la menor concentración del poder entre los distin-
tos partidos políticos; mientras que valores bajos de las desviaciones estándar se
relacionan con una mayor homogeneidad y estabilidad en las preferencias elec-
torales. Los resultados sugieren que la menor concentración del poder ocurre
en los municipios con densidad poblacional media y alta. Asimismo, apuntan a
que la mayor homogeneidad en la preferencia electoral ocurre en los municipios
con densidad poblacional muy baja. Estas tendencias se acentuaron en la última
elección. Las tasas de crecimiento negativas confirman que la concentración del
poder está reduciéndose.

Tabla 10. Concentración política


y municipios con densidad poblacional, índice hhi

Muy Baja Baja Media Alta Muy Alta


(mdp=19) (mdp=57) (mdp=25) (mdp=18) (mdp=3)
1995
Media 4 762 4 319 4 284 4 349 4 335
de 700 630 626 542 189
2000
Media 4 284 4 055 3 981 3 917 4 399
de 524 565 537 448 282
2006
Media 4 134 3 839 3 866 3 724 3 990
de 438 526 563 366 85
2012
Media 3 808 3 691 3 499 3 582 3 645
de 383 339 337 317 45
Análisis comparativo 1995-2012
Valor promedio hhi 4 247 3 976 3 907 3 893 4 092
tc -20 -15 -18 -18 -16
Valor promedio de 511 515 516 418 150
tc -45 -46 -46 -42 -76
mdp: Municipios con densidad poblacional.
de: Desviación estándar.
tc: Tasa de crecimiento.
Fuente: Elaboración propia con base en datos recabados del iepc Jalisco. La taxono-
mía para clasificar a los municipios sigue a Flamand, Martínez y Hernández (2007).

63
Nancy García Vázquez

Por su parte, la tabla 11 refiere que el número de partidos efectivos se ha


incrementado. Los municipios que han consolidado esta tendencia son los
del centro (baja, media y alta). El aumento significativo del nep se registró
en la elección del año 2012. Esto es interesante porque a diferencia de 1995,
año que representó el arribo de la alternancia, una mayor competitividad se
produjo hasta 2012; las tasas de crecimiento positivas también lo confirman.

Tabla 11. Concentración política


y municipios con densidad poblacional, índice nep

Muy Baja Baja Media Alta Muy Alta


(mdp=19) (mdp=57) (mdp=25) (mdp=8) (mdp=3)
1995
Media 2.1 2.4 2.4 2.3 2.3
de 0.3 0.4 0.4 0.3 0.1
2000
Media 2.4 2.5 2.6 2.6 2.3
de 0.3 0.4 0.4 0.3 0.1
2006
Media 2.4 2.7 2.6 2.7 2.5
de 0.3 0.3 0.4 0.3 0.1
2012
Media 2.7 2.7 2.9 2.8 2.7
de 0.3 0.2 0.3 0.2 0.0
Análisis comparativo 1995-2012
Valor promedio nep 2.4 2.6 2.6 2.6 2.5
tc 24 15 21 20 19
Valor promedio de 0.3 0.3 0.3 0.3 0.1
tc -22 -32 -33 -28 -68
mdp: Municipios con densidad poblacional.
de: Desviación estándar
tc: Tasa de crecimiento
Fuente: Elaboración propia con base en datos recabados del iepc Jalisco. La taxono-
mía para clasificar a los municipios sigue a Flamand, Martínez y Hernández (2007).

Ambos índices advierten que el elector jalisciense está estructurando un


Poder Ejecutivo compartido al modo de Lujambio, es decir, que debe lidiar
con una oposición fuerte. Además, a medida en que el sistema se fragmente
no habrá nada seguro para nadie. Otra cuestión es que, si se toman en cuenta

64
La elección de gobernador: concentración del poder y competencia electoral...

los resultados de los dos índices, la creencia de que las zonas urbanas deben
ser el principal foco de interés, por el hecho de concentrar más población,
parece desvanecerse.
Estos datos permiten afirmar con mayor contundencia que el sistema
electoral jalisciense se mueve hacia el pluripartidismo competitivo.
Conclusiones y discusión
En este capítulo se ha analizado la concentración del poder y la competencia
política en las elecciones de gobernador, visto desde la competencia munici-
pal en los años 1995, 2000, 2006 y 2012. Particularmente, se han descrito las
relaciones entre los votos, los partidos y la densidad poblacional como proxy
del desarrollo municipal. Asimismo se han explicado las relaciones entre la
concentración del poder y la competencia electoral. De manera analítica se
han seguido los supuestos de Lujambio y otros, acerca de cómo la competen-
cia ha producido escenarios de alternancia; para medir ese proceso se recurrió
a indicadores de concentración del poder y competitividad electoral.
Los resultados del análisis muestran que existen algunas relaciones entre los
partidos, la densidad poblacional y las preferencias para elegir al gobernador. En
concreto, los resultados basados en proporciones, muestran una tendencia más
clara en el pri y los partidos pequeños. Los índices aclaran que en 18 años ha
disminuido la concentración del poder y el aumento en la competencia electoral.
También los índices revelan que la mayor homogeneidad en las preferen-
cias electorales ocurre en algunos municipios con una densidad poblacional
muy alta. Esto implica que las preferencias electorales sí están condicionadas
por la densidad poblacional. Paralelamente, los municipios del centro (baja, me-
dia y alta) son aquellos que han incrementado el número efectivo de partidos.
En este sentido es posible hacer tres inferencias en lo que se refiere a lo
gradual en la democracia jalisciense. La primera de ellas es que ésta sí ha es-
tado basada en el voto, pero que la concentración y la alternancia han tenido
dinámicas distintas; por un lado, la elección de 1995 fue competitiva, pero
tuvo una mayor concentración del poder en dos partidos: pan y pri. En con-
traste, en las elecciones de 2012 se redujo la concentración y simultáneamente
se aumentó el número de partidos competitivos. Otra es que para 2012 las
lealtades a un sólo partido fueron más vulnerables que en el quiebre de 1995.
Finalmente, dado el contexto democratizador, todos los sectores de la pobla-
ción podrían estar dispuestos a votar por una tercera opción siempre y cuando
el sistema mantenga su tendencia a una menor concentración del poder.

65
Nancy García Vázquez

Bibliografía
Carey, John M. (1996). Term Limits and Legislative Representation. Nueva York:
Cambridge University Press.

Cleary, Matthew R. (2007). “Electoral Competition, Participation and Gov-


ernment Responsiveness in Mexico”. American Journal of Political Science,
núm. 2, vol. 51, pp. 283-299.

Flamand, Laura, Sarah Martínez y Alberto Hernández (2007). Índice de Desa-


rrollo Municipal Básico 2000. Tijuana: El Colegio de la Frontera Norte.

(2008, primer semestre). “Panorama del desarrollo municipal en México”.


Gestión y Política Pública. México, cide, núm. 17, pp. 145-192.

Fonseca, Felipe de Jesús y Leonardo Gatica (2012). “La sobrevivencia del pri
en el poder municipal en Jalisco. Un estudio de duración”. Nancy García
(coord.). La democracia electoral: contextos, estructuras y resultados. México: El
Colegio de Jalisco.

Hernández, Rogelio (2008). El centro dividido. La nueva autonomía de los goberna-


dores. México: El Colegio de México.

García Vázquez, Nancy (2008). Gobiernos subnacionales, partidos políticos y el diseño


de las leyes de fiscalización superior. México: inap-El Colegio de Jalisco.

García Vázquez, Nancy, Miriam Gutiérrez Mora y Antonio Ruiz Porras


(2012). “Elecciones municipales y competencia política en Jalisco, 1982-
2009”. Nancy García (coord.). La democracia electoral: contextos, estructuras y
resultados. México: El Colegio de Jalisco.

Kuhnle, Stein y Lauri Karvonen (2001). Party Systems and Voter Alignments Re-
visited. Londres: Routledge.

Laakso, Markku y Rein Taagepera (abril, 1979). “Effective Number of Par-


ties: A Measure with Application to West Europe”. Comparative Political
Studies, núm. 1, vol. 12, pp. 3-27.

Lewis-Beck, Michael y Mary Stegmaier (diciembre, 2009). “American Voter


to Economic Voter: Evolution of an Idea”. Electoral Studies, vol. 28, núm.
4, pp. 625-631.

66
La elección de gobernador: concentración del poder y competencia electoral...

Lipset, Saymour Martin y Stein Rokkan (1967). Party Systems and Voter Align-
ments. Nueva York: Free Press.

Lujambio, Alonso (2000). El Poder Compartido. Un ensayo sobre la democratización


mexicana. México: Océano.

Moreno, Carlos (2007). “Los límites políticos de la capacidad institucional:


Un análisis de los gobiernos municipales en México”. Revista de Ciencia
Política. Santiago de Chile, Pontificia Universidad Católica de Chile, núm.
27, pp. 131-153.

(2008). Democracia electoral y calidad gubernativa. El desempeño de los gobiernos


municipales en México. Tlaquepaque: iteso.

Rae, Douglas, W. (1967). The Political Consequences of Electoral Laws. New Hav-
en: Yale University Press.

Stigler, George J. (1972). “Economic Competition and Political Competi-


tion”. Public Choice, núm. 1, vol. 13, pp. 91-106.

Taagepera, Rein y Matthew Soberg Shugart (1989). Seats and Votes: The Effects
and Determinants of Electoral Systems. New Haven: Yale University Press.

Sitios web
Consejo Estatal de Población Jalisco (2010). “Presentación del Índice de De-
sarrollo Humano” (http://coepo.jalisco.gob.mx/pdf/Presentaciones/
Desarrollohumano.pdf), 10 de agosto de 2012.

Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco (2012). Resultados


electorales (http://www.iepcjalisco.org.mx/resultados/index.php), 10 de
agosto 2012.

Instituto Federal Electoral (2012). Sistema de Consulta de la Estadística de las Elec-


ciones Federales (http://www.ife.org.mx/documentos/reselec/siceef/in-
dex.html), 10 de agosto de 2012.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2010). Censo de Población y Vi-


vienda 2010 (http://www.censo2010.org.mx/), 10 de agosto de 2012.

67
El PROCESO ELECTORAL DE 2012:
LA REGLA Y LA PRÁCTICA

Jorge Federico Eufracio Jaramillo


El Colegio de México

Las pasadas elecciones del año 2012 en Jalisco dejaron saldos importantes
en términos de la distribución de los cargos públicos, y por ende, en la con-
figuración de los poderes gubernamentales. No obstante, los resultados de
aquella jornada electoral del primero de julio de 2012 fueron consecuencia
de un proceso largo, de varios meses, que involucró distintos matices y, en
diferentes momentos, a las instituciones electorales, a los partidos políticos y
a los votantes. De esta manera, para comprender de forma más profunda los
resultados de esa elección es necesario contar con un panorama general de
todo el proceso, tomando en cuenta algunas de las dinámicas sociopolíticas
que abarcó.
El objetivo principal del presente capítulo es el de describir el desarrollo
de la elección pasada al resaltar la organización interna de los principales
partidos políticos en Jalisco –Partido Acción Nacional (pan) y Partido Re-
volucionario Institucional (pri)– la competencia intra e inter partidaria y las
maneras en que esto se vinculó con la intervención de determinados actores
y grupos, las normas electorales y, a la vez, con las prácticas de movilización
concretas para contribuir a un determinado reparto de los puestos públicos.
Para cumplir tal meta, se utilizarán, por un lado, una serie de conocimientos
empíricos generados por una estrategia etnográfica que cubrió todo el proce-
so electoral del 20121 y, por otro, los resultados estadísticos proporcionados
1
El trabajo etnográfico se llevó a cabo –como parte de la tesis doctoral–, principalmente dentro de la
ciudad de Guadalajara y los municipios de la Región Costa Sur de Jalisco, que comprende, para este
caso, los municipios de Autlán, Casimiro Castillo, Cuautitlán de García Barragán, El Grullo, Cihuatlán
y El Limón. Al respecto fueron conjuntados y conceptualizados como región debido a que guardan
vínculos muy fuertes en sus etapas de desenvolvimiento histórico que hoy en día permiten establecer
puentes socioculturales, productivos y políticos. Además, debe mencionarse que todos forman parte del
distrito electoral xviii. Debido a la naturaleza de este capítulo no es posible dar todos los criterios

[69]
Jorge Federico Eufracio Jaramillo

por las instituciones electorales oficiales: Instituto Federal Electoral (ife) e


Instituto Electoral de Participación Ciudadana (iepc). Finalmente, el presente
escrito se ha dividido en varios apartados, los cuales corresponden a las prin-
cipales etapas de la coyuntura electoral a explorar: 1) la dinámica de selección
de candidatos, 2) la etapa de campañas proselitistas y 3) la jornada electoral
del primero de julio y los resultados electorales.

La selección de los candidatos en los partidos


Por principio es necesario mencionar que, a diferencia de otros estados, en
Jalisco, desde hace algunos trienios, las elecciones han sido concurrentes, es
decir, que tanto las federales como las locales se llevan a cabo el mismo día.
Esto significa que, para el caso del 2012, la jornada electiva que definiría al
presidente de la república, a los senadores y a los diputados federales, también
serviría para designar a todos los presidentes municipales, a los diputados loca-
les y al gobernador del estado de Jalisco. Este encadenamiento de los procesos
electorales federal y local provocó que en el caso de esta entidad federativa
los momentos coyunturales del proceso tomaran matices muy particulares.
Al respecto, una de las dinámicas interconectadas más importantes de la
elección de 2012 fue la etapa de selección de los candidatos para los distintos
puestos gubernamentales. En este sentido, los partidos políticos han tenido
que realizar transformaciones paulatinas en sus lineamientos para que sus fuer-
zas internas, que se conceptualizarán en adelante como facciones de partido (Be-
lloni y Beller, 1976: 536)2 –es decir, como grupos que convergen dentro de los
partidos y que median la competencia por la obtención de puestos públicos y
por el control institucional-administrativo del propio partido– contiendan por
las candidaturas bajo reglas que, en teoría, permiten procesos claros y equita-
tivos para atenuar los conflictos. A pesar de ello, la realidad evidencia que los
mecanismos de selección de candidatos no siempre funcionan, o bien, que
suelen acarrear resultados inesperados.

de selección de los casos; no obstante, uno de los principales objetivos era tener distintos puntos de
observación (como rural-urbano y concentración-dispersión) desde donde pudiera comprenderse la
interrelación entre procesos macro (estatales-nacionales) y micro (municipal-local).
2
Por razones de espacio no se puede desarrollar toda la discusión teórica que precede a la revaloración
conceptual del término facción. Sin embargo, lo que se puede argumentar, de forma general, es que
existen esfuerzos teóricos (como los de Belloni y Beller) por usar el concepto de forma científica, sin
caer en etiquetas positivas y negativas a priori, al aceptar que las facciones son una realidad empírica
y que, por lo tanto, tienen alguna función, en este caso dentro de los partidos políticos, que es
necesario investigar en aras de comprender de forma más objetiva qué son, para qué sirven y cómo
funcionan esas instituciones.

70
El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica

El caso del Partido Acción Nacional


Al pan, el periodo que estuvo en el gobierno (tanto en el estado de Jalisco
como a nivel federal) le conllevó un crecimiento importante no sólo en tér-
minos de ciudadanos que se unen como miembros activos, sino también de
sujetos y facciones que se vinculan con él, incluso provenientes de otros par-
tidos, con la finalidad de ingresar a la competencia por los puestos públicos.
Esto ha redundado en una mayor complejidad en los procesos internos de
selección de candidatos debido, precisamente, a la pluralización de las fuerzas
que desean competir. En tal tesitura, el partido blanquiazul optó, para las
elecciones internas de 2012, por una estrategia que le permitiría, en el papel,
sopesar la representatividad de sus principales contendientes entre todos los
potenciales votantes.
En efecto, para elegir candidato a la Presidencia de la república y a la
gubernatura del estado, el pan acordó que el proceso se decidiría en una vota-
ción abierta, es decir, en un ejercicio electoral que no se limitaría únicamente
a los miembros activos y adherentes del partido, sino que se ampliaría para
que todos aquellos votantes que quisieran participar lo hicieran, con la única
condición de contar con su credencial de elector. De esta manera, los conten-
dientes internos por la candidatura a la Presidencia de la república –Josefina
Vázquez Mota, Ernesto Cordero y Santiago Creel–, así como los precandida-
tos al gobierno de Jalisco –Fernando Guzmán Pérez Peláez, Alfonso Petersen
Farah y Hernán Cortés–, comenzaron oficialmente una campaña de difusión
durante las últimas semanas del 2011 con miras a la elección abierta del do-
mingo 5 de febrero del 2012.
Era claro que el partido blanquiazul buscaría generar candidaturas sóli-
das no sólo en términos de la legitimidad del proceso abierto de selección,
sino también con respecto de una preocupación capital: la unidad del par-
tido. Desde el comienzo, el pan en ambos niveles, nacional y estatal, estable-
ció como discurso que la misión última sería la de “jugar como equipo” y
“llegar unidos a la elección” (Figueroa, 2011) constitucional del primero de
julio, independientemente de los grupos e individuos en competencia. Para
el caso de Jalisco, los precandidatos a la gubernatura estaban identificados
con tres principales facciones de partido en disputa: 1) Fernando Guzmán,
secretario general de Gobierno, era el elegido por Emilio González Márquez,
gobernador en turno del estado, y sus aliados para ser su sucesor el siguiente
sexenio; 2) Hernán Cortés, expresidente del Comité Directivo Estatal del pan
(cde-pan) y líder de la facción de partido conocida como Grupo Guadalajara,
que ha adquirido preponderancia dentro del Comité, pero que también ha

71
Jorge Federico Eufracio Jaramillo

sido acusada por algunos miembros del pan de haber provocado una mayor
división y dispersión de las fuerzas internas (Ríos, 2011); 3) Alfonso Petersen
Farah, extitular de la Secretaría de Salud en el estado, a quien se le relaciona
más directamente con el exgobernador Francisco Ramírez Acuña y su grupo.
Ante tal escenario de competencia, los tres precandidatos realizaron sus
campañas dirigidas a todos los ciudadanos, pero sobre todo pensando en su
impacto sobre los miembros del partido. Así, el sentir de algunos círculos
internos y algunas encuestas realizadas dentro del partido mostraron una ten-
dencia a favor de Petersen Farah, algo que sólo podría confirmarse después de
la elección. El domingo 5 de febrero, después de varias semanas de campaña
en que los tres precandidatos movilizaron actores y redes para buscar el voto en
los municipios más importantes del estado, los comités directivos municipa-
les del partido y observadores del Comité Directivo Estatal en puntos estra-
tégicos del territorio jalisciense, fueron testigos de una jornada electoral poco
concurrida con respecto de lo que se esperaba.
En efecto, con la participación de tan sólo 2% del padrón electoral
(Nuño, 2012), se definió quién sería el candidato a la gubernatura del estado:
Fernando Guzmán Pérez Peláez sería el abanderado del pan para competir
por tal puesto. No obstante, su triunfo no fue del todo aceptado por algunos
sectores del pan y miembros de facciones contrarias, debido a la emergencia
de ciertas situaciones e irregularidades. Por un lado, durante la votación no
fue difícil observar en varias casillas la movilización de personas (en especial
en municipios y localidades de perfil socioeconómico bajo) que, después de
haber depositado su boleta en las urnas, preguntaban a los responsables de
las casillas en dónde podían recoger las despensas que se les había prometido;
situación que sin duda alguna evidenció un clima de intercambio y moviliza-
ción de recursos económicos que generó tendencias a favor del ganador.3 Por
otro lado, Petersen Farah se mostró reacio a aceptar su derrota al argumentar
que el proceso había sido irregular por causa de la pobre y mala ubicación de
algunas casillas (Ramírez, 2012), ya que según él esto desincentivó la votación.
De esta manera, los dos objetivos por los cuales había sido organizada
la elección abierta quedaron en entredicho, pues a la poca participación del
electorado se le sumó que la llamada “unidad del partido” no se logró en

3
Para algunos inconformes, ese reparto de despensas entre la población para incentivar la votación
a favor de Guzmán Pérez Peláez, fue resultado del ejercicio de recursos del Gobierno del Estado
aplicados vía la Secretaría de Desarrollo Humano y más específicamente por el titular con licencia,
Martín Hernández Balderas, quien estaba en competencia por la candidatura al Senado de la república
(Barros, 2012).

72
El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica

forma definitiva. Así, el mecanismo elegido para definir las candidaturas a la


Presidencia de la república (que quedó en manos de Josefina Vázquez Mota)
y al gobierno de Jalisco, lejos de fomentar un flujo de votos representativo
para definir a los candidatos mejor posicionados o de crear una base legítima
de selección que cohesionara a las facciones de partido, provocó el efecto
contrario al permitir que funcionara como catalizador para la movilización de
personas de determinados sectores sociales para votar a favor de ciertas can-
didaturas, lo cual, por supuesto, lesionó el proceso. De esta manera, las cua-
lidades técnicas en la organización de la elección y del conteo de votos, que
en general no representaron mayores sobresaltos, guardaron las formas y los
tiempos establecidos por las instituciones involucradas (partido e institucio-
nes electorales) y sus reglamentaciones, pero quedaron lejos de las prácticas y
del proceso electoral real en términos sociológicos.
Por otra parte, la escasa participación de la población no es efecto, por lo
menos exclusivamente, de la apatía o de la falta de centros de votación, sino
también de un creciente descontento hacia el gobierno panista. Por ejemplo,
no es posible ignorar que el gobierno estatal saliente, encabezado por Emi-
lio González Márquez, no gozaba de buena reputación entre los jaliscienses
debido a eventos tales como la llamada “macrolimosna”,4 el mal manejo de
los casos de la presa de Arcediano y de la aún pendiente presa de El Zapoti-
llo, la conducción general de las finanzas y administración del Estado, pero
en especial por la percepción social de incremento de la violencia vinculado
con la estrategia nacional de lucha contra el narcotráfico, puesta en marcha
por el presidente Felipe Calderón. Por lo tanto, las problemáticas y presiones
internas destapadas por la selección de candidatos se sumaban a estas situa-
ciones de carácter externo que complejizaban aún más el panorama, no sólo
al candidato al gobierno del estado, sino también al resto de candidatos del
blanquiazul.
Justo dos semanas después de esa elección, el pan viviría una segunda
jornada electoral, pero ahora para definir a sus candidatos a las presidencias
municipales, a las diputaciones de mayoría relativa y de representación pro-
porcional (tanto federales como locales) y al Senado de la República. Para este
caso el mecanismo sufrió modificaciones importantes que vale la pena men-
cionar. Por principio, las candidaturas a las presidencias municipales y a todas
las diputaciones serían definidas única y exclusivamente por los miembros

4
Una fuerte suma de dinero que el gobernador pretendió donar a la Iglesia católica para la construcción
del Santuario de los Mártires.

73
Jorge Federico Eufracio Jaramillo

activos del partido, mientras que los candidatos al Senado serían elegidos no
en una elección abierta, pero sí con la participación de dos diferentes cate-
gorías de membresía: los miembros activos y los adherentes,5 con lo cual se
esperaba que los candidatos a las senadurías surgieran de una votación nutrida
por todas las filas del pan en Jalisco.
Al respecto, el domingo 19 de febrero la participación de los adherentes
para definir a los candidatos a senador se prestó para evidenciar una nueva
dinámica de intercambio de despensas por votos. En más de algún municipio
y localidad (de perfil socioeconómico bajo) fue posible observar largas filas
de adherentes que después de depositar su voto en la urna preguntaban por
sus despensas a cualquier persona que portaba la camisa del pan. Por supues-
to que tal intercambio no se realizaba en las cercanías de las casillas, sino en
aquellos lugares en donde la red de contactos de los precandidatos había de-
tectado a cada posible votante, por lo cual los interpelados le señalaban a los
quejosos que debían ponerse en contacto con aquella persona o personas que
les habían prometido las despensas. De esta manera, una vez más, un meca-
nismo que se había legitimado en el discurso por la apertura hacia un mayor
número de votantes sirvió para encubrir estas dinámicas de movilización de
recursos y personas a los centros de votación; algo que por supuesto no dejó
de ser causante de debates y conflictos en el interior del pan.
En cambio, la definición de las candidaturas a diputados locales y fede-
rales de representación proporcional conllevó sus propias problemáticas. En
efecto, la cantidad de precandidatos a formar parte de las listas de represen-
tación proporcional (federal y local) pasaba de la media docena, por lo que se
imponía una lógica diferente: el día de la votación, los miembros activos reci-
bieron sus dos boletas para elegir a los candidatos a tales puestos (junto con
otras cinco boletas para presidente municipal, primera y segunda vuelta cuan-
do era necesario, diputación local, diputación federal y Senado de la república)
con la consigna de marcar sólo tres opciones para las diputaciones federales y
cuatro para las locales, si faltaba una marca o se excedía el número permitido
el voto quedaría anulado; algo que sucedió con recurrencia durante la jornada
aunado a que varias personas al salir de las casillas se quejaban de tales boletas
por ser confusas y por mostrar precandidatos desconocidos.

5
Son dos figuras distintas de unión al partido: mientras que los primeros tuvieron que asistir a cursos
sobre la ideología o principios del partido y pasar un examen de conocimientos al respecto, los
adherentes se inscribieron al pan durante las campañas de reclutamiento, al llenar llenado de un
formato preestablecido por el cual se recaba información general: nombre, domicilio, teléfono,
etcétera.

74
El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica

Por último, en el caso de las candidaturas a las presidencias municipales,


éstas estuvieron vinculadas directamente con las dinámicas de cada comité
municipal del pan en el territorio estatal, pues son éstos los que administran y
dan jurisdicción a tal competencia. Asimismo, la carrera por alcanzar las can-
didaturas a las presidencias municipales también estaba definida por el núme-
ro de facciones de partido en rivalidad, negociación o coalición. Al respecto,
fueron muchos los escenarios internos que se presentaron: desde aquellos
comités en los que sólo se oficializó una precandidatura hasta aquellos en que
se postularon cinco o más precandidatos, lo cual se tradujo en niveles distin-
tos de fragmentación de las fuerzas internas.6 Esto también significa que los
resultados de la elección del 19 de febrero acarrearon diferentes expresiones
para cada entorno municipal de acuerdo con el grado nuclear de conflicto,7
y que en más de alguna ocasión llevó a una profundización de la división
interna.
Al final del día, el pan completó sus candidaturas para competir en el
proceso electoral constitucional de julio de ese mismo año, tanto al Senado
como a las diputaciones y a las presidencias municipales; todo quedó defini-
do. No obstante, los mecanismos utilizados para la selección de candidatos
no sólo evidenciaron la complejidad y casi imposibilidad de llegar a esa meta
de unidad del partido, sino también la emergencia de determinados recursos
(de intercambio) que tales mecanismos permitieron y que contribuyeron a
que la mencionada unidad quedara en entredicho. Una elección abierta y el
refinamiento técnico alcanzado en determinadas áreas, como en el conteo
de votos y en la organización general de cada casilla, no fue suficiente para
asegurar la limpieza de la jornada electoral y mucho menos de todo el pro-
ceso previo que en mucho tuvo que ver con grupos, actores y prácticas que
irremediablemente tocaron zonas oscuras, subterfugios y huecos de la regla-
mentación.

El caso del Partido Revolucionario Institucional


En el pri los mecanismos de selección de candidatos fueron bastante dife-
rentes a los del pan, aunque sus objetivos, en teoría, eran los mismos, es de-
cir: postular a los candidatos mejor posicionados entre los votantes, lo que
6
Esto también tuvo que ver con que, a diferencia de otras elecciones anteriores, para esta ocasión
el pan permitió que se inscribieran precandidatos que no eran miembros activos o adherentes del
partido, es decir, una especie de “candidaturas ciudadanas”.
7
La apreciación de los actores y grupos involucrados con respecto de lo que estaba en juego en la
elección.

75
Jorge Federico Eufracio Jaramillo

garantizaría de que éstos proveerían la unidad al partido ante la competencia


constitucional. Al respecto, vale la pena recordar que durante la etapa en que
el pri fue el partido hegemónico, la selección de los candidatos pasaba por
una negociación entre los grupos internos, las facciones de partido, pero
en donde la decisión última para los puestos más importantes recaía en el
presidente de la república.
En efecto, la etapa de mayor dominio del tricolor estuvo marcada por un
proceso de selección de candidaturas en donde el titular del Ejecutivo federal
en turno tenía la facultad metaconstitucional (Cisneros, 2007: 65-66) de elegir,
por ejemplo, a su sucesor, a los altos funcionarios del partido y a los gober-
nadores de los estados; mientras que el resto de los puestos surgían de la
integración de una lista que, como tal, recogía las negociaciones y consensos
entre las facciones y actores privilegiados en diversos niveles, para después ser
avalada por el propio presidente (p. 81).
Lo anterior implica no sólo la gran relevancia y poder que tomaba la figura
presidencial, sino también el establecimiento de un pacto entre las fuerzas polí-
ticas que conformaron al partido oficial. Dicho pacto funcionaba bajo la lógica
de que el pri era la única vía legítima de acceso a los cargos públicos, y que por
ello todos aquellos que desearan entrar al reparto debían aceptarlo y dirigirse
por una estricta disciplina de partido. Este mecanismo funcionó durante algunas
décadas precisamente porque el pri monopolizaba la enorme mayoría de los
puestos de elección popular y porque las facciones de partido comprendían, aún
en medio de potenciales conflictos, el pacto y las pautas de negociación internas.
No obstante, llegó el momento en que el pacto dejó de operar, pues las
presiones internas en el pri, el crecimiento de la oposición, las reformas en
materia electoral y también las crisis económicas fueron minando la capacidad
del partido para aglutinar y mantener en equilibrio a las fuerzas conformantes.
De esta manera, y desde finales de la década de 1970, el pri entró en una etapa
de progresiva disminución de su poder y de inestabilidad con respecto de su
estado interno, lo que devino finalmente en la pérdida de la titularidad del
Ejecutivo federal en el año 2000; proceso electoral en el cual, entre otras co-
sas, la sucesión presidencial no fue decidida por el arraigado mecanismo del
“dedazo”, sino que se organizó una elección interna con varios postulantes.
Dicha situación puso fin a una larga tradición de selección del candidato a la
silla presidencial.
Ante el escenario de derrotas electorales y de desequilibrios internos, el
pri se vio en la necesidad de transformar, por lo menos en teoría, sus meca-

76
El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica

nismos de selección de candidatos en todos los niveles. Al respecto, al día


de hoy, su reglamentación contempla tres formas de proceso interno que se
aplica según la escala territorial y el tipo de elección, a saber:
1) Convención de delegados: se refiere a la participación de todos aque-
llos representantes del partido en su estructura sectorial y territorial.
2) Acuerdo en el Consejo Político: se basa en la selección de la candi-
datura mediante una negociación en el seno del órgano de la agru-
pación principal de cada comité del pri (conformado por presidente
y expresidentes de los comités, exfuncionarios etc.).
3) Consulta a la “base”: indica una dinámica de elección de candidatos
en la que participan todos los miembros activos del partido.
Para el proceso electoral del 2012, el Comité Ejecutivo Nacional (cen)
del pri acordó que el mecanismo formal de selección de candidatos en todos
los niveles sería la Convención de Delegados; no obstante, en el terreno em-
pírico se privilegió como primera vía el acuerdo entre partes. Antes de llegar
a una reunión de representantes, las facciones de partido, los aspirantes a los
diferentes cargos públicos y los dirigentes de cada comité sostenían una serie
de negociaciones para intentar formalizar “candidaturas de unidad”, es decir,
un arreglo entre los implicados bajo el cual se aceptaba la elección de un can-
didato por ser considerado el más rentable para ganar el puesto en cuestión.
Por lo tanto, de llegarse a tal acuerdo en la mesa de negociaciones se hacía in-
necesaria la instrumentación de cualquier otro tipo de mecanismo de selección
que contemplara la participación de un mayor número de personas. Fue de tal
forma que se resolvieron, por ejemplo, las candidaturas del pri a la Presidencia
de la república y al gobierno del estado.
En específico, para el caso de Jalisco, la selección del presidente municipal
de Guadalajara con licencia, Jorge Aristóteles Sandoval, para competir por la
titularidad del Ejecutivo estatal en el 2012 fue resultado del arreglo entre dos
principales facciones de partido que hasta ese momento se habían disputado
la supremacía dentro del Comité Directivo Estatal (cde). Al respecto, tres años
antes, precisamente durante el proceso de selección del candidato a la alcal-
día de Guadalajara, la facción que representaba a la nueva generación dentro
del pri, liderada por el llamado Javierato (Ibarra, 2010) –mancuerna formada
por Javier Guizar y Javier Galván–, logró la designación del propio Aristóteles
Sandoval (y otros candidatos a diversos puestos importantes dentro de la Zona
Metropolitana de Guadalajara [zmg]) para el mencionado puesto en detrimento

77
Jorge Federico Eufracio Jaramillo

de Eugenio Ruíz Orozco, quien fuera representante del Grupo Jalisco 2006,
que aglutina a la “generación intermedia” del partido (Ibarra, 2010).
Ese triunfo alcanzado dentro del cde-pri, que después se tradujo en la
obtención de la presidencia municipal de Guadalajara (y otras más dentro de
la ciudad), le permitió a tal facción sobresalir en el medio interno y edificar
con mayor facilidad una candidatura sólida que no representara mayores con-
flictos con el resto de fuerzas. De esta manera, la candidatura de Sandoval al
gobierno del estado fue una construcción paulatina que evitó desaguisados y
rompimientos mayores dentro del Comité, por lo que la Convención de Dele-
gados, que se llevaría a cabo, sólo sirvió como un evento de legitimación ante
el resto del partido y de confirmación del arreglo interno, tal como ocurrió en
la formalización de la candidatura de Enrique Peña Nieto a la Presidencia de la
república.
No obstante, en otros niveles, en especial en el municipal, la selección
de las candidaturas no siempre se resolvió de forma sencilla. Para la bús-
queda de las presidencias municipales en el estado, las facciones de partido,
los aspirantes y los directivos de los comités a ese nivel no siempre pudieron
llegar a un acuerdo para establecer una “candidatura de unidad”. Al respecto,
el problema en los casos observados fue que los precandidatos implicados
se consideraban igualmente rentables para conseguir el puesto público en
cuestión. Por lo tanto, las negociaciones se estancaban y se tenía que recurrir
a otro mecanismo de selección para solucionar el conflicto. De esta manera,
el siguiente paso sería que la Convención de Delegados, como estaba formal-
mente establecido, resolvería las candidaturas, lo cual no ocurrió en todos los
frentes ya que hubo casos en los que se optó por otro mecanismo alternativo
que involucraba la aplicación de encuestas entre la población del municipio,
pero organizadas y conducidas bajo la tutela del Comité estatal.
Si bien esta forma de resolver la disputa parecía buena, en teoría, para
destrabar el conflicto y llegar a una candidatura que no significara rompi-
mientos internos, la realidad fue que provocó complicaciones mayores. Llegó
a suceder que durante la aplicación de las encuestas dirigidas por el Comité
estatal los precandidatos implicados contrataron sus propias casas encuesta-
doras para conocer las percepciones de los habitantes del municipio, lo cual
se prestó a la manipulación de información y a la ejecución de encuestas poco
serias que mostraban lo que el contratante quería observar. De esta manera,
cuando el Comité dio los resultados en reuniones privadas con los implica-
dos, los perdedores mostraron su inconformidad debido a que, precisamente,

78
El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica

los resultados de sus propias encuestas evidenciaban información contrastan-


te. Es necesario señalar que el cde-pri fue poco transparente pues nunca dio
a conocer públicamente (ni siquiera a los propios implicados y a la población
objeto) mayor información respecto de la casa encuestadora, el instrumento
utilizado, los criterios de elaboración, las características del muestreo, la base
de datos y, mucho menos, algún detalle sobre la organización final de la in-
formación. Por lo tanto, no era de extrañarse la existencia de acusaciones por
falta de limpieza en el proceso.
Por supuesto que esto llevó a problemáticas más serias que llegaron in-
cluso a la separación de facciones del partido para buscar otras opciones
por las cuales competir por los puestos públicos. En estos casos la llamada
“operación cicatriz”, tal como la nombran en el pri, es decir, la estrategia
que busca la simplificación del conflicto interno para evitar las divisiones, no
logró imponer el clima de negociación que identificó a la resolución de otras
candidaturas (aunque tales acuerdos también se consiguieron bajo el compro-
miso de reparto de determinados cargos públicos).
Finalmente, y aún en medio de sus propias deficiencias y conflictos inter-
nos, las dos principales fuerzas políticas que han conducido la vida partidista
en el estado durante los últimos años, concretaron todas sus candidaturas
para llegar a la etapa de campañas como las perfiladas para ocupar nueva-
mente la mayor parte de los puestos públicos en disputa. No obstante, con
el desarrollo de dicha etapa, el escenario político-partidista local develó la
inserción de una tercera fuerza política en crecimiento que cimbró el estado
prevaleciente y que agitó la coyuntura electoral.

Las campañas electorales en jalisco


Una vez terminada la etapa de selección de los candidatos de los dos partidos,
todo estaba dispuesto para entrar al periodo de campañas, es decir, al periodo
abierto en el que los candidatos, grupos y partidos buscan atraer el voto de
las personas bajo distintas estrategias. Dicha etapa, en el caso de Jalisco, cobró
aún mayor relevancia precisamente por el encadenamiento de los procesos
locales con los federales, ya que toda esa gama de candidaturas se unirían
para crear un bombardeo promocional sobre actores, grupos estratégicos y el
electorado jalisciense en general.
Al respecto es importante notar que entre el periodo de selección de can-
didatos y el inicio de campañas existe un periodo de “veda”, indicado en la
Ley Electoral, en el cual los ya candidatos no pueden hacer actos proselitistas

79
Jorge Federico Eufracio Jaramillo

debido a que no se ha abierto el periodo de registro oficial ante las autoridades


electorales. En el caso de las campañas para la Presidencia de la república y
para el gobierno del estado, a pesar de que ya estaban definidas las candidatu-
ras desde principios del mes de febrero para el pan (semanas antes en el caso
del pri), tuvieron que esperar para su inicio hasta el viernes 30 de marzo (día
en el que también comenzaron las campañas para el Senado y para las diputa-
ciones federales), fecha a partir de la cual tendrían noventa días para las acti-
vidades proselitistas. Para el caso de las diputaciones locales y las presidencias
municipales en Jalisco, el periodo de espera se alargó hasta el domingo 29 de
abril, es decir, un mes después, por lo que sólo tendrían sesenta días.
A pesar de tales limitaciones impuestas por los calendarios oficiales de
las instituciones electorales, no fue difícil observar en el terreno empírico
que los actores en disputa encontraron más de algún mecanismo para ge-
nerarse diversos tipos de apoyo. En todos los frentes y con distintas tácticas,
tanto los candidatos como sus equipos utilizaron ese tiempo de “veda” elec-
toral para realizar reuniones con actores, sectores y grupos trascendentales
para asegurar votos, pero cuidando que no fueran consideradas como eventos
públicos ya que de lo contrario las denuncias de la oposición y, en especial, la
intervención de las autoridades electorales podía materializarse en sanciones
concretas.
En tal tesitura se dieron buenos ejemplos en el nivel municipal, ya que
hubo candidatos a las presidencias que organizaron “visitas domiciliarias”,
es decir, reuniones a puerta cerrada (en la casa o negocio de alguna de las
personas involucradas) con determinados grupos o asociaciones (vecina-
les y gremiales, por ejemplo) para establecer compromisos con miras a la
elección y, relacionado con esto, para crear y fortalecer una red de vínculos
estratégicos que, en teoría, se traducirían en la atracción de votos. Asimismo,
tampoco era poco frecuente la organización de juntas en las casas de cam-
paña con líderes comunitarios y representantes de determinados sectores
sociales, no sólo para acordar con ellos cuestiones acerca del apoyo electo-
ral, sino también sobre lo que podían ganar a cambio. En ese sentido, esta
fase de “veda” fue sumamente importante, pues se constituyó en el periodo
en que los candidatos a las presidencias municipales pudieron realizar sus
últimos ajustes antes de formalizar su planilla, es decir, cambiar o mover
sus piezas en la lista de potenciales regidores con lo cual se podía asegurar,
incluso si perdían la elección (aunque dependiendo del número de votos
obtenidos por el candidato y del sitio ocupado en esa lista), un lugar en el
próximo ayuntamiento por el criterio de representación proporcional.

80
El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica

Fue justo durante el desarrollo de esta etapa de conformación o afir-


mación de alianzas que tomó concreción la tercera opción para el gobierno
del estado en la figura del presidente municipal de Tlajomulco de Zúñiga
con licencia, Enrique Alfaro. Este personaje, surgido de las filas del pri, mi-
litó algunos años dentro del Partido de la Revolución Democrática (prd) en
donde pudo lograr una diputación local y después la mencionada presidencia
municipal para el periodo 2009-2012. No obstante, y por motivo de lo que
él catalogó como una elección fraudulenta de la dirigencia estatal, desde el
2011 decidió separarse definitivamente de ese partido para seguir trabajando
en la arena política local, pero por medio de una institución llamada Alianza
Ciudadana. Desde ese momento, y con el correr de los meses, Alfaro fue
construyéndose una imagen de funcionario eficiente y de líder local a partir
de un discurso en contra del Grupo Universidad (liderado por Raúl Padilla,
quien controla al prd local), los gobiernos estatales ineficaces y los partidos
políticos en general.
Una vez que el proceso electoral del 2012 se acercaba, Enrique Alfaro
y su facción (nombrada por algunos como el Grupo Tlajomulco) revelaron
sus intenciones de competir por el gobierno del estado, por lo cual comenza-
ron el armado de una coalición que en un principio aglutinaba al Partido del
Trabajo (pt), a Movimiento Ciudadano (mc) antes Convergencia, y a la propia
Alianza Ciudadana. Sin embargo, con el correr de las semanas y el aumento de
la popularidad de Alfaro, diversas asociaciones, facciones de distintos partidos
y actores de la política local se fueron uniendo, incluso el prd. Dicho partido,
a través de su dirigencia nacional y por intermediación del candidato presi-
dencial, Andrés Manuel López Obrador, buscaron reparar la relación entre
Alfaro y el prd estatal, lo cual devino en la firma de la coalición que llevó por
nombre Movimiento Progresista de Jalisco (Serrano, 2012). No obstante, a tan
sólo unas semanas de haberse concretado, Alfaro anunció en los medios de
comunicación locales que la relación con el prd se había roto una vez más
debido a que no se pudo llegar a acuerdos con la dirigencia de tal partido en
cuanto a la selección de los candidatos a las presidencias municipales (Serrano,
2012). Ante tal situación, Alfaro se vio en la necesidad de registrar su candida-
tura por un partido único: mc, ya que según los tiempos oficiales el registro de
coaliciones había concluido.
Aún en medio de tal turbulencia, la tercera opción competitiva por el gobier-
no de Jalisco se concretó, lo cual significó un reposicionamiento del escenario

81
Jorge Federico Eufracio Jaramillo

electoral local8 y, en consecuencia, de las estrategias de campaña de los impli-


cados. Al respecto, fue la zmg en donde más concentraron sus esfuerzos, pues
su estatus de centralización9 y de proyección hacia el resto del estado es in-
discutible. El inicio de las campañas significó el comienzo de un bombardeo
mediático en diversas maneras; desde los spots de televisión y los cines móviles
hasta las pancartas y la colocación de calcomanías, los candidatos y sus equi-
pos buscaron atraer la atención del mayor número de votantes posible. Asi-
mismo, los mítines masivos en lugares simbólicos de la ciudad no eran escasos
ya que también funcionaban como un mecanismo para aprovechar las redes
que se construían o se activaban por efecto de las elecciones concurrentes.
No era difícil observar eventos en Guadalajara en donde, por ejemplo,
los candidatos a gobernador se presentaran junto a candidatos a las diputa-
ciones federales y a las senadurías o incluso a la Presidencia de la república.
En más de una ocasión fue posible ver juntos a Josefina Vázquez Mota y a
Fernando Guzmán, a Andrés Manuel López Obrador y a Enrique Alfaro,
así como a Enrique Peña Nieto y a Aristóteles Sandoval, compartiendo una
tarima en un evento conjunto en donde incluso hacían acto de presencia los
candidatos a las presidencias municipales de la zmg (como la de Guadalajara
por ejemplo), que aún en sus momentos de “veda” se mostraban en actos
públicos de esta naturaleza argumentando que mientras no se diera ningún
discurso no se cometía ninguna falta a la Ley Electoral.
Una cuestión de suma importancia relacionada con tales eventos fue la
organización y la movilización de grandes grupos de participantes. En efecto,
en dichos mítines en donde se aglutinaban muchas personas, en especial en
aquellos en los que aparecerían los candidatos a la Presidencia de la república,
era posible reconocer una división de las labores organizativas en donde el
nivel municipal cobraba importancia. Por ejemplo, los comités municipales
en el estado, en especial los candidatos a los ayuntamientos ya seleccionados
y sus equipos, eran los encargados, en muchos casos, de organizar y movili-
zar a sus redes en sus jurisdicciones para formar grupos de apoyo que serían
transportados en camiones al lugar del mitin. Al llegar al evento formaban filas
para proporcionarles los enseres representativos del partido (como gorras,
camisetas o banderines) que usarían durante el desarrollo del mitin. Una vez
8
Por ejemplo, ante la partida de Enrique Alfaro, el prd Jalisco decidió lanzar su propia candidatura
al gobierno del estado en la figura del expresidente municipal de Guadalajara de extracción panista:
Fernando Garza.
9
Según los datos del Censo de Población y Vivienda del 2010, la zmg, compuesta por cinco municipios
(Guadalajara, Tlaquepaque, Tonalá, Zapopan y Tlajomulco), alberga alrededor de 57% de la
población total de Jalisco.

82
El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica

comenzado el acto proselitista, las expresiones eran muy variadas, desde cánticos
y porras hasta letreros y lonas que dirigían diversos mensajes a los candidatos en
cuestión (incluso algunos que señalaban explícitamente el lugar o municipio
de proveniencia de las personas y grupos).
Finalizado el evento, había individuos concretos, miembros del partido y
de los comités, que se encargaban de redirigir a las personas hacia los camiones
que los regresarían a sus lugares de origen, lo cual se traducía en un importante
esfuerzo logístico debido a la cantidad de individuos y transportes. Es claro
que esta organización también significaba una movilización importante de re-
cursos económicos por parte de los partidos, pues todos esos camiones pro-
venientes de diversos municipios de todo el estado, la publicidad circundante,
la comida, los escenarios, el sonido y demás elementos que involucran tales
eventos masivos, significan flujos importantes de dinero a diferentes prestado-
res de servicios y proveedores. Además, al ser estas elecciones concurrentes, el
manejo y la distribución de tales recursos implicó un gran número de personas
pertenecientes a todos los niveles y ramificaciones de los partidos.
Ahora bien, la aparición de un candidato a la Presidencia de la república
en un mitin siempre develaba un clima de mayor ímpetu entre los asistentes,
pues es innegable esa herencia del régimen anterior que atribuye a la figura
presidencial una posición central en la toma de decisiones que, hoy en día, ya
no posee en misma magnitud. En conjunto, esto también tiene que ver con
un efecto general de mayor alcance en la personificación de la política (algo
que puede observarse en todos los niveles), es decir, de un fenómeno de hi-
póstasis (Alonso, 2010: 41-42) a partir del cual los movimientos políticos ne-
cesitan tener una figura, una personalidad (o un símbolo) que los represente y
que les permita situarse en las preferencias y hundir sus raíces.
De esta manera, el discurso más esperado es precisamente el del candidato
a la presidencia, pues en él reside esa mayor carga simbólica (y mediática) que
involucra la dirección de un país. Por lo anterior no es incomprensible que las
prácticas discursivas de tales candidatos guarden similitudes en términos, por
ejemplo, de la exaltación del nacionalismo, de los regionalismos o de los localis-
mos (dependiendo del estado o lugar en el que se encuentre) para intentar una
conexión subjetiva muy particular con los oyentes. Al final, estas prácticas dis-
cursivas comunes a las candidaturas van encaminadas precisamente a establecer
un vínculo horizontal, en apariencia, que logre tocar fibras específicas, por lo
que no es raro que una parte importante de los asistentes a los mítines premien
con ovaciones, aplausos o porras los discursos encendidos y categóricos sobre

83
Jorge Federico Eufracio Jaramillo

la exaltación de valores aceptados por colectivos amplios, o sobre asuntos o


problemas generales (educación, criminalidad, servicios públicos, etc.), aun
cuando difícilmente se explique cómo se resolverán dichas problemáticas.
En cuanto al entorno estatal, los tres principales candidatos a la guber-
natura del estado tenían elementos comunes en sus discursos (por efecto
de esas plantillas discursivas generales), pero también diferencias estratégicas
que vale la pena mencionar. Fernando Guzmán, el candidato del pan, basaba
una parte de su discurso en ataques explícitos e implícitos contra el pri y en
especial a su candidato al gobierno de Jalisco, Aristóteles Sandoval. De esta
manera, acusaciones por el manejo fiscal del Ayuntamiento de Guadalajara
durante el periodo como primer edil del priísta (que lo llevó a convertirse,
según estadísticas oficiales, en el municipio más endeudado a nivel nacional),
así como las supuestas implicaciones negativas del regreso del partido tricolor
al gobierno del estado eran muy comunes en su proceder discursivo.
Por su parte, Aristóteles, en un principio, pareció mantener distancia de
tales controversias al saberse puntero absoluto en las encuestas, de manera
que se dedicó a hablar de la solución de algunas problemáticas generaliza-
das como la corrupción, la falta de infraestructura educativa, la pobreza, el
crimen organizado, entre otras (sobre las cuales, en más de alguna ocasión,
culpó a las administraciones estatales y federales del pan). No obstante, una
vez que fue notorio el crecimiento de Enrique Alfaro, comenzó su propia
estrategia de descalificación hacia tal candidato, no sólo desde las prácticas
discursivas, sino también a partir de ciertos promocionales que pretendían
devaluar su imagen entre los electores.
Por último, Enrique Alfaro, el candidato que tuvo mayor crecimiento en
las preferencias electorales durante la etapa de campañas (lo cual le permitió
desplazar a Guzmán al tercer lugar y acercarse a Aristóteles en las encuestas),
reforzaba su estrategia discursiva en contra de lo que él llamaba “los partidos
tradicionales”, haciendo una clara alusión al pri y al pan como instituciones
políticas que habían monopolizado el poder en el estado, pero sin que esto se
hubiera traducido, desde su perspectiva, en beneficios colectivos. En la misma
sintonía calificaba que un posible triunfo de cualquiera de los dos principales
contrincantes (en especial el de Aristóteles) significaría no sólo el perpetuar
ese modelo bipartidista sino también “una afrenta a los jaliscienses”. Dicha
táctica discursiva acompañada por el bombardeo mediático en la ciudad de
Guadalajara y su presencia en las redes sociales (elemento sumamente im-
portante) fueron sin duda claves importantes del crecimiento registrado. Sin

84
El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica

embargo, aún persistía la duda de si su inercia en la zmg le alcanzaría para


ganar la titularidad del Ejecutivo estatal.
Una vez que la “veda” electoral para los candidatos a las diputaciones
locales y a las presidencias municipales terminó, entraron oficialmente al en-
cadenamiento de las campañas y, por ende, a la exhibición de determinadas
estrategias y prácticas. Por ejemplo, una vez que los candidatos a los ayun-
tamientos pudieron iniciar sus actividades proselitistas, se hizo mucho más
notorio el flujo de recursos económicos destinados al ofrecimiento de bie-
nes a los potenciales votantes.10 De esta manera, al tener tales candidatos un
contacto más abierto con comunidades y localidades pequeñas, en especial
de escasos recursos, se hizo más visible el reparto de prebendas: había desde
quienes ofrecían tortilleros, juguetes y comida a los asistentes a los mítines,
hasta aquellos que incluso repartían despensas completas. Todo dependía de
la capacidad presupuestal de los candidatos y sus equipos, así como de las
opciones de respaldo por parte de los partidos.
Por ejemplo, fue común observar que los candidatos a las presidencias
municipales y sus planillas (aquellas personas que fueron inscritas ante la au-
toridad electoral como candidatas a las regidurías) se organizaban antes del
inicio de las campañas para obtener fondos por su cuenta (en la mayoría de
casos ellos mismos aportaban de sus propios recursos cierta cantidad, que
dependía de las capacidades monetarias y del lugar ocupado en la lista de
regidores, pero también organizaban rifas y sorteos de los cuales pudieran
obtener dinero por medio de la venta de boletos), algo que por supuesto era
determinante para proyectar sus gastos.
No obstante, una dinámica igualmente importante fue aquella en la que
los apoyos funcionaban de forma escalonada. Era sencillo observar eventos,
como comidas colectivas en comunidades enteras, en los que los recursos
eran aportados en su mayoría por los candidatos a las diputaciones (local y
10
Esto estuvo relacionado con que los mítines y eventos públicos pequeños, es decir, a nivel de
delegaciones, barrios y colonias, se intensificaron en todo el estado, en especial en los municipios que
no forman parte de la zmg. Lo anterior tiene que ver no sólo con la injerencia directa de los comités
municipales en sus jurisdicciones, sino también con la división electoral de Jalisco. Por un lado, los
distritos que abarcan la zmg son pequeños territorialmente, pero con una alta concentración de
personas, por lo que los candidatos a gobernador, a senadores o a diputados federales ya habían
llevado a cabo más de algún evento público a nivel de colonias o barrios. No obstante, el resto de
los distritos, los no metropolitanos, tienen cualidades contrarias, es decir, una población dispersa en
territorios amplios que en algunos casos engloban a más de una docena de municipios. Por lo tanto,
esos mítines más pequeños fueron mucho más recurrentes a partir del 29 de abril debido al inicio de las
campañas por parte de los candidatos a las presidencias municipales. Eventos y movilizaciones de
redes que, por cierto, todo el resto de candidatos (en especial a las diputaciones) aprovechaban para
darse a conocer entre potenciales votantes.

85
Jorge Federico Eufracio Jaramillo

federal) como una forma de promocionarse (incluso sin estar presentes) entre
tal población, de modo que se aprovechaban, para esos casos, las redes de
relaciones de los candidatos a las presidencias municipales. Asimismo, pudo
observarse en varias ocasiones el reparto de despensas por parte de candi-
datos a los ayuntamientos, pero provenientes de recursos de campaña de un
candidato al gobierno del estado. Tal fue el caso, por ejemplo, del partido
tricolor, ya que se hizo reparto de tales paquetes alimenticios en comunidades
de bajos recursos con la finalidad de promocionar varias candidaturas (presi-
dencia municipal y diputaciones), pero en especial la de Aristóteles Sandoval.
Además, con tales despensas también se hizo entrega de una tarjeta nombra-
da La Jalisciense, la cual representaría, de ganar el abanderado del pri, un flujo de
recursos económicos y de ventajas comparativas a quienes las poseyeran y
quedaran registrados en una lista; proceso muy parecido al ocurrido a nivel
nacional con respecto de la candidatura de Enrique Peña Nieto a la Presi-
dencia de la república. Es innegable que, en términos del establecimiento de
una relación de intercambio de bienes por votos, todos los partidos fueron
partícipes en alguna medida.
Finalmente, mientras transcurría el mes de mayo, las campañas entraron
en su periodo más álgido, durante el cual las estrategias anteriores se inten-
sificaron rumbo al cierre. En este sentido vale la pena mencionar que la lla-
mada “guerra sucia” también llegó a su punto más alto, ya que en todos los
niveles y escalas ocurrieron infinidad de casos en los cuales las acusaciones
y los ataques (incluso de carácter muy personal) eran tácticas comunes para
intentar ganar ventajas sobre los opositores; situación que no sólo lesionó el
proceso de competencia, sino que conllevó, en muchas ocasiones, escenarios
de provocaciones y amenazas mucho más delicados. No obstante, el cese
oficial de las campañas unos días antes de la jornada electoral traería consigo
una relativa calma entre los participantes, aunque las heridas de campaña no
sanarían tan fácilmente.

La jornada electoral y sus resultados


Después de un periodo intenso de campañas, el día de la elección, el domingo
primero de julio, había llegado. De acuerdo con lo dispuesto por las reglas
electorales, las casillas fueron abriendo durante el transcurso de la mañana
(aunque no faltaron aquellas que se retrasaron en demasía por diversas cuestio-
nes, lo que significó la molestia de los electores) en espera de que las personas
acudieran a ejercer su voto. Es claro que la mayor atención de las autoridades

86
El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica

electorales estaba centrada precisamente en lo que ocurriría en las casillas, en


términos, por ejemplo, del respeto al voto individual (libre y secreto, dice el
discurso oficial), de la coordinación entre los funcionarios, de los represen-
tantes de los partidos, de la entrega de boletas, del conteo de votos y, por
supuesto, del llenado de las actas una vez concluida la jornada.
No obstante, fuera del ámbito inmediato de las casillas ocurrieron proce-
sos que de alguna u otra forma tendrían influencia sobre los derroteros que
tomaría la elección. Lo anterior se refiere a estrategias concretas que los par-
tidos políticos desarrollaron durante la jornada para vigilar el proceso, por
un lado, o para intentar movilizar a las personas, por el otro. Prácticamente
todos los partidos (en especial aquellos que marcaban la competencia) en los
distintos niveles tenían personas encargadas de recorrer determinadas calles,
colonias o barrios (tanto dentro de Guadalajara como en municipios fuera de
la metrópoli), con el fin de observar y denunciar cualquier anomalía prove-
niente de los contrincantes; a estos personajes se les conoce con el nombre de
“caza mapaches”. La realidad de dichas figuras es que no siempre se convierten
en garantes de la limpieza de la elección, ya que en diversas ocasiones entraron
más bien al plano de la confrontación, por lo que tales situaciones tomaban una
dirección distinta a la de una denuncia formal ante la Fiscalía Especializada para
la Atención de Delitos Electorales (fepade).
Las personas encargadas de “cazar mapaches” no sólo estaban al pen-
diente de actos tales como reparto de bienes o la retención de credenciales de
elector, sino también de ubicar aquellos inmuebles que fueran utilizados por
los partidos contrarios como bodegas para la distribución de prebendas, para
el acarreo de personas en determinadas secciones electorales o como centros
de comunicación. Al respecto, la experiencia en el terreno empírico revela
que una estrategia común a todos los partidos fue la de construir en forma
piramidal, durante el periodo de campañas, bases de datos (con nombres y te-
léfonos) de potenciales votantes, las cuales servirían para establecer contacto
con ellos el día de la elección. Ese domingo dicha información fue utilizada
para que personas relacionadas con los partidos y los candidatos llamaran a
los enlistados con el fin de recordarles asistir a las casillas y votar por deter-
minada opción.
Aunado a tal estrategia, en las calles había gente preparada con carros y
camionetas para llevar a los electores a los centros de votación (en especial en
aquellas secciones en las que los candidatos y sus equipos habían calculado
obtener más apoyo y que representaban, incluso, un acceso complejo por

87
Jorge Federico Eufracio Jaramillo

cuestiones geográficas). Por supuesto que tales acarreos fueron vigilados por el
resto de partidos, por lo que en más de una ocasión se dieron casos de denun-
cia o de enfrentamiento al respecto durante la jornada electoral.
Los “caza mapaches” también estaban atentos en los alrededores de
determinadas casillas para verificar que no hubiera personas mostrando a
grupos específicos de electores los logotipos del partido por el cual debían
de votar (situación que también se relacionó con el ofrecimiento de dinero en
efectivo por cada voto confirmado). Durante toda la jornada electoral de ese
domingo primero de julio se escucharon acusaciones y reclamaciones de los
partidos hacia todas estas prácticas, aunque todos, de forma general, se vieron
involucrados en las mismas.
Al final del día, cuando las casillas cerraron oficialmente para iniciar con
el conteo de votos y el llenado de actas, comenzó un proceso de seguimien-
to por parte de los partidos políticos. Haciendo uso de sus representantes
de casilla y de algunos agentes en lugares estratégicos, los candidatos y sus
seguidores (normalmente reunidos en sus casas de campaña) consiguieron
información de primera mano sobre las tendencias de la votación. Esto signi-
ficó que se enteraron con cierta antelación de resultados preliminares, por lo
que antes de que se ofrecieran algunas cifras oficiales (como en el Programa
de Resultados Preliminares) al público en general, muchos de ellos ya tenían
un panorama más claro relativo al rumbo que tomaría la elección. De esta
manera, las reacciones en las casas de campaña no se hicieron esperar: fueron
desde la aceptación, decepción, tristeza o enojo de los perdedores, hasta la
felicidad y algarabía de los ganadores.
Es innegable que el gran triunfador de esas elecciones del 2012 fue el
pri, puesto que no sólo logró recuperar la Presidencia de la república y una
parte importante del Congreso a nivel federal, sino también a nivel estatal, la
gubernatura de Jalisco, la mayoría de las diputaciones locales y un gran nú-
mero de presidencias municipales; tal situación confirmó el empuje de la “ola
roja” anunciada en prácticamente todas las encuestas previas a la elección (lo
cual también lleva a preguntarse hasta qué punto tales ejercicios pudieron
influenciar la intención y preferencias del voto). En todo caso, lo importante
es hacer una revisión de los principales datos estadísticos arrojados por las
instituciones oficiales (ife e iepc), tomando en cuenta lo hasta aquí descrito
junto con otros elementos complementarios.
En cuanto a la elección presidencial fue claro el dominio del partido
tricolor en el estado, especialmente en las zonas rurales. El mapa seccional 1

88
El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica

(véase anexo 5) muestra cómo la mayor fuerza electoral del partido ocurrió
en zonas rurales y en municipios fuera de la zmg. No obstante, en la ciudad la
situación fue distinta, pues a este nivel seccional fue notorio un mayor apoyo
hacia Josefina Vázquez Mota, esencialmente en el poniente (área de la ciudad
en donde el pan ha logrado cimentar un voto duro importante), es decir, en
aquellas zonas de Guadalajara reconocidas por su mayor nivel socioeconó-
mico (véase anexo 6). Por su parte, la zona oriente de la ciudad presentó un
voto más dividido (con cierta predominancia del pri, en especial dentro de los
municipio de Tlaquepaque y Tonalá). Para el caso de Tlajomulco de Zúñiga,
este fue el municipio conurbado en el que más secciones ganó Andrés Ma-
nuel López Obrador, lo cual se explica, en este caso, por la predominancia del
grupo de Alfaro en tal municipio y el apoyo que brindó a la promoción de la
imagen del candidato tabasqueño.
Ahora bien, la elección que más llama la atención en el plano local es la
de gobernador, pues la aparición de una tercera opción competitiva logró al-
terar el devenir de la coyuntura electoral. No cabe la menor duda que Enrique
Alfaro obtuvo su mayor número de votos en la zmg, por lo que su estrategia
mediática y promocional, así como sus presentaciones públicas y discursos
rindieron sus frutos dentro de la ciudad (véase anexo 7). Sin embargo, tal
fue su apuesta de ganar dentro de Guadalajara que exhibió poca o nula for-
taleza en el resto del estado, en especial en zonas rurales; lugares, municipios
y distritos en donde el pri obtuvo su mayor margen de ganancia de votos
(véase anexo 8). Tal situación no es sorpresiva si se toma en cuenta no sólo
el diferencial en el manejo de recursos económicos y las estrategias desarro-
lladas por ambos partidos para ganar votos en tales zonas, sino también por
el arraigo histórico del pri y por la estructura de partido y las redes con las
que cuentan. De esta manera, Aristóteles Sandoval logró el triunfo (con un
margen de alrededor de 120 000 votos) por ese andamiaje bien cimentado y
ampliamente activado por la concurrencia de las elecciones; algo con lo que
Alfaro no contó y que fue determinante, ya que tal faltante provocó que en
muchas de esas zonas rurales su candidatura fuera totalmente desconocida.
Por su parte Fernando Guzmán no sólo confirmó su caída al tercer lugar, sino
también la dramática pérdida de la ciudad de Guadalajara para su partido (ya
que gracias al impulso ganado por Alfaro, ni siquiera sus bastiones dentro de la
ciudad le funcionaron), algo que por supuesto puede ser evaluado como una
reacción de los votantes hacia los anteriores gobiernos panistas, en especial
hacia la última administración.

89
Jorge Federico Eufracio Jaramillo

Finalmente, en el ámbito de las presidencias municipales, el pri obtuvo


el triunfo en 87 de las 125 (así como en 13 de los 20 distritos locales, y 18 de
los 19 federales), entre ellas las de la zmg (exceptuando la de Tlajomulco de
Zúñiga en donde el grupo de Alfaro obtuvo nuevamente el ayuntamiento),
mientras que el pan reafirmó su derrota en el estado (la peor en los últimos
veinte años) al conquistar sólo 22 ayuntamientos (cinco diputaciones loca-
les y una federal) muchos de ellos de perfil más bien rural (véase anexo 9).
Por su parte, el auge coyuntural de mc en el estado le permitió ganar nueve
ayuntamientos (y una diputación local dentro de la zmg). No obstante, su ya
mencionada falta de estructura dentro de Jalisco fue algo que no le permitió
desplegar candidaturas y redes fuertes en todos los frentes. Por último, el prd
obtuvo sólo cinco presidencias municipales y Nueva Alianza dos, lo cual es
muestra del poco impacto que tuvieron ambos partidos en la elección local.

A manera de conclusión
Es claro que la concurrencia de las elecciones locales y federales en Jalisco
marcó el ritmo y los derroteros de todo el proceso electoral. En ese sentido,
la organización de las ramificaciones de los partidos, así como el encadena-
miento de candidaturas y de recursos (económicos y humanos) fueron claves
para que, por ejemplo, el pri tomara un mayor impulso para alcanzar victorias
electorales importantes en todos los niveles. Asimismo, este tipo de coyuntu-
ra también evidenció el desplome estrepitoso del pan a nivel nacional (y esta-
tal), y a la vez permitió el crecimiento de una tercera opción competitiva para
la gubernatura en el escenario local. En todo caso, las dudas que plantea tal
panorama son: si el pri se mantendrá con tal fortaleza dentro del electorado
jalisciense, si el pan se recuperará del duro golpe y si mc se consolidará como
un verdadero tercer partido en competencia para elecciones posteriores.
No obstante, independientemente de las secuelas electorales y de las pre-
guntas que despiertan, es necesario dejar algunas reflexiones acerca de los
procesos y dinámicas que derivaron en tales resultados y cuestionamientos.
Al respecto, todo comenzó con la competencia interna en los partidos por
las candidaturas, ya que este proceso guarda amplia relación con el estado en
que un partido enfrenta la competencia constitucional. En efecto, el proceso
de selección de candidatos y sus resultados son evidencias concretas de las
relaciones de poder existentes dentro de los partidos y, en este sentido, de los
intereses divergentes. De esta manera, el éxito en un proceso interno significa
el establecimiento de un acuerdo, más o menos generalizado entre todas las fac-

90
El proceso electoral de 2012: la regla y la práctica

ciones de partido en disputa, sobre las formas y mecanismos en que las distintas
candidaturas fueron resueltas. Si esto no sucede así pueden darse rompimientos
fuertes que incidirán, en menor o mayor medida, en la dinámica de competencia
con respecto de los otros partidos y, por supuesto, en sus resultados.11
Por otra parte, lo descrito en este capítulo también invita a reflexionar
acerca de la brecha que existe entre las reglas electorales y las prácticas cul-
turalmente arraigadas. Al respecto fue claro, durante prácticamente todo el
proceso, que muchas de las acciones recurrentes de sujetos y grupos con-
sistieron en interpretaciones (o transgresiones) de las reglamentaciones para
obtener ciertas ventajas; situación que poco a poco contribuyó a la erosión
del proceso. No se puede decir que los cambios en las reglas electorales no
han generado variaciones importantes, en especial en los últimos veinte años;
sin embargo, éstas tienen un alcance limitado, es decir, no son perfectas y,
por tanto, dejan espacios oscuros donde prácticas añejas o nuevas logran
imponerse. Por lo tanto, es necesario para este tipo de investigaciones prestar
atención a dicho rejuego existente entre lo que suele llamarse “formalidad e
informalidad”, pues en sus múltiples puntos de contacto residen explicaciones
sociológicas importantes sobre lo que sucede en una elección. Finalmente,
esto significa que no sólo debe prestarse atención a la parte de especialización
procedimental y a la construcción de la regla, sino también, en conjunto, a las
prácticas y dinámicas emergentes en una coyuntura electoral para comprender
que los procesos de democratización no son sólo un problema de refinamien-
to técnico, sino también de acciones de grupos y actores concretos.

Bibliografía
Alonso, Jorge (abril-junio, 2010). “Un sujeto a la zaga de sujetos de movi-
mientos: pistas de indagaciones para construcción de una teoría crítica”.
Utopía y praxis latinoamericana. Internaciones de filosofía iberoamericana y teoría
social. Maracaibo, Universidad del Zulia, año 15, núm. 43, pp. 35-52.

11
Esta situación fue muy clara en el caso del pan, pues no es cosa minúscula que una vez terminado todo
el proceso su dirigencia nacional realizara una investigación para averiguar quiénes, siendo miembros,
funcionarios o incluso candidatos del blanquiazul, habían actuado de manera dolosa en contra del
partido. En otras palabras, hubo reconocimiento de que el estado de tensión y fragmentación de las
fuerzas internas en el partido tuvieron un papel importante en las derrotas electorales.

91
Jorge Federico Eufracio Jaramillo

Barros, José (6 de febrero, 2012). “Voz alta: El operador”. Semanario Conciencia


Pública. En Voz Alta y Voz Baja. Guadalajara, núm. 142 (http://www.con-
cienciapublica.com.mx/voz/en-voz-alta-y-voz-baja-edicion-142/), 15 de
mayo del 2013.

Belloni, Frank y Denis C. Beller (1976). “The Study of Party Factions as


Competitive Political Organizations”. The Western Political Quarterly. Utah,
University of Utah, vol. 29, núm. 4, pp. 531-549.

Cisneros Quirarte, Luis (2007). La lucha de facciones y la transformación del sistema


político mexicano. Zapopan: El Colegio de Jalisco.

Figueroa, Héctor (1 de mayo, 2011). “Pactan los precandidatos del pan a


la presidencia ‘jugar en equipo’”. Excélsior (http://www.excelsior.com.
mx/2011/05/01/nacional/733362), 22 de abril de 2013.

Ibarra, Gabriel (6 de abril, 2010). “El Javierato, amos del nuevo pri”. Semana-
rio Conciencia Pública. Guadalajara, año 1, núm. 2.

Nuño, Analy (7 de febrero, 2012). “Hernán Cortés acepta los resultados


y ofrece respaldo a la campaña de Ferguz”. La Jornada Jalisco. Guada-
lajara (http://www.lajornadajalisco.com.mx/2012/02/07/hernan-cor-
tes-acepta-los-resultados-y-ofrece-respaldo-a-la-campana-de-ferguz/),
24 de abril de 2013.

Ramírez, Zaira (24 de febrero, 2012). “Equipo de Alfonso Petersen espera


resolución la próxima semana”. El Informador (http://www.informador.
com.mx/jalisco/2012/359546/6/equipo-de-alfonso-petersen-espe-
ra-resolucion-la-proxima-semana.htm), 26 de junio de 2013.

Ríos, Julio (27 de agosto, 2011). “El pan en manos de una mafia”. Proceso.
México (http://www.proceso.com.mx/?p=279821), 23 de abril de 2013.

Serrano Íñiguez, Sonia (10 de marzo, 2012). “Enrique Alfaro rompe en defi-
nitiva con el prd”. Milenio (http://jalisco.milenio.com/cdb/doc/impre-
so/9127034), 26 de julio de 2013.

92
INSTITUCIONALIDAD Y GRUPOS
EN EL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL1

Carlos Alberto Navarrete Ulloa


El Colegio de San Luis

El estudio de los partidos políticos ha transitado desde la reflexión sobre su sur-


gimiento y su importancia para la realización de la democracia representativa,
hasta el análisis de sus nuevas expresiones –bien sea por considerarse que están
en crisis o por su adopción de nuevas modalidades para adaptarse al cambio
social–, pasando por el enfoque que se concibe como parte de un sistema o
como sistema en sí mismo. Paralelo a esta rama de estudios existe una tradi-
ción de estudio de las élites y diversas figuras que desvirtúan la representación
política, como el clientelismo y el patronazgo. El presente trabajo adopta de
dichas fuentes un marco teórico que ha guiado la selección de datos y el or-
denamiento de contenidos.
Este capítulo pone en primer plano los tipos de militancia, la profesio-
nalización y complejización de la organización, los senderos de la formación
de liderazgos, las formas internas de agrupación y la manera en que se desvirtúa
la política. Estas cuestiones se entretejen en cuatro etapas identificadas en el
proceso de la institucionalización panista: los orígenes, que datan de 1939
a 1964; los primeros pasos hacia la representación política y formación de
trayectorias, entre 1964 y 1979; la oleada de militantes cercanos a grupos em-
presariales, de 1980 a 1999; y finalmente, la etapa como partido gobernante
representado por políticos profesionales y el desborde de intereses persona-
listas, entre 2000 y 2010. Este amplio periodo de análisis responde al interés
por entender su sendero hacia la institucionalidad, así como la formación de
grupos a lo largo de su vida local como partido político.

1
El capítulo constituye un avance de la investigación que trata élites subnacionales e instituciones
informales, auspiciada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) mediante beca
posdoctoral realizada en El Colegio de San Luis.

[93]
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

Entre militancia leal y militancia ocasional, 1939-1989


Es cosa común la idealización de los tiempos pasados, y en el caso del Partido
Acción Nacional (pan) la práctica es cotidiana. En el panismo se maneja la creen-
cia de que los viejos militantes eran leales panistas y se pasa por alto la militancia
de ocasión.
Si nos remontamos a los años previos al arribo neopanista en 1984, en-
contraremos un partido de pocos activistas políticos. El partido prácticamente
renacía en periodos electorales y posteriormente sólo quedaban las conferen-
cias de los miércoles, para lo cual no se requería de organización mayor.
En 1989 el pan contaba en Jalisco con 2 918 miembros activos (Reveles,
2002); este es el dato más antiguo del que se tiene conocimiento, aun cuando
en la prensa pueden encontrarse declaraciones de dirigentes panistas refi-
riendo cifras aventuradas sobre su propia militancia. Lo cierto es que hasta
la llegada de Tarcisio Rodríguez Martínez a la dirigencia del pan en 1991, el
partido tenía en estado precario sus propios registros de militancia.
Aunque sin duda, sería ilustrativo conocer los números de militancia pa-
nista entre los años de su fundación y los comienzos de la década de 1980,
con la falta de tales datos sería posible rastrear la capacidad del partido para
postular candidatos a alcaldías y a diputaciones. Ese estudio habla de un par-
tido muy débil en su capacidad de postulación (Navarrete, 2009).
Para poder valorar la calidad de la militancia entre 1939 y 1989 es necesa-
rio hacer inferencias a partir de la información disponible. El partido contaba
con un puñado de líderes que cada tres años daban la cara por el partido en
candidaturas, discursos en la plaza pública y la aplicación de recursos perso-
nales para subsanar la nula autosuficiencia de la organización. Algunos de
esos liderazgos, la mayoría constituidos por políticos fugaces, se presentaban
como candidatos en una sola ocasión y no se encontraron mayores registros
de que hayan continuado con su participación.
Si consideramos que la adherencia al partido era libre e individual y que
los motivos que encontraba el ciudadano para afiliarse se limitaban a aspira-
ciones solidarias o de lucha contra los excesos del régimen hegemónico, ade-
más de que las oportunidades de alcanzar un beneficio material eran escasas,
los triunfos reconocidos al partido eran la excepción y su vida económica
sólo se entendía por las aportaciones de unos pocos militantes; entonces,
podremos deducir que existía una militancia leal (creyentes) y una militancia
ocasional.

94
Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional

La militancia leal sostuvo la existencia del partido y aun así estos panistas
leales se organizaban sólo durante los periodos electorales; algunos se distan-
ciaban del partido por muchos años y regresaban ante nuevas oportunidades,
anhelos o, incluso, nuevos incentivos (hacia finales de los años ochenta existía
la posibilidad de ganar una regiduría o una diputación, justo el escenario en el
que llegaron los neopanistas). La militancia ocasional –existente en toda or-
ganización– en este caso surgía de ciudadanos incrédulos de las aspiraciones
democráticas, que carecía de recursos propios para destinar parte de su tiem-
po a una causa sin retribución, o simplemente de ciudadanos honorables que
eran invitados para competir por una alcaldía o una diputación y que tras la
derrota regresaban a su actividad profesional, en muchos de los casos (quizás
la mayoría) para no regresar nunca más a la política.

Aceptación ciudadana de un partido opositor


El nacimiento del pan en Jalisco contó con la participación de jaliscienses
destacados en el ámbito profesional invitados por Manuel Gómez Morin. No
sabemos si por afinidad ideológica, por estrategia de Gómez Morin o ambas
(es más probable lo segundo), los personajes invitados por el chihuahuense
se caracterizaban por ser católicos ligados de una u otra manera con organi-
zaciones seglares, como Acción Católica.
Esto facilitó la penetración del partido en sectores católicos de clase
media y de campesinos. El partido tenía como cartas de presentación a sus
fundadores, la denuncia de los excesos del partido oficial y la demanda de
una vida democrática y de compromiso con el bien común. El discurso pa-
nista estuvo impregnado por la influencia demócrata cristiana contenida en
las encíclicas de la Iglesia; además, también atrajo la atención de ciudadanos
relacionados con instituciones educativas de los jesuitas. En general, se podría
decir que el catolicismo jalisciense fue tierra fértil para la militancia panista, y
a su vez la ciudadanía apartidista podía ver en el catolicismo panista un signo
de confianza. De esta manera se reforzaba la imagen del partido con la iden-
tificación de la ciudadanía católica.
Durante los primeros diez años desde su fundación, las organizaciones
católicas fueron fuente de militancia partidista, e incluso otros organismos
políticos, como Fuerza Ciudadana (de origen sinarquista), vieron transitar a
sus afiliados hacia el pan.
Los liderazgos católicos se consolidaron durante los años cincuenta y
sesenta. Esto tiene una razón lógica si se observa cómo los empresarios reci-

95
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

bieron una amigable atención durante los gobiernos de Ávila Camacho, Mi-
guel Alemán, Ruiz Cortines, López Mateos y Díaz Ordaz (cfr. Loaeza, 1999);
el pan sólo pudo sobrevivir gracias a la leal colaboración de fuerzas católicas,
hasta que a partir del segundo lustro de los años setenta, los empresarios bus-
caron influir nuevamente en el sistema político desde las filas del panismo. La
ecuación no se resuelve con facilidad, ya que los propios empresarios que arri-
baron en la década de los ochenta traían una importante carga conservadora.
Podría decirse, en suma, que entre los años de la fundación y finales de
década de 1980, el pan obtuvo un considerable afecto ciudadano; si bien no
se reflejó en triunfos electorales, sí se infiere por las continuas denuncias de
fraudes en su contra y el sentimiento entre la población de que en efecto, al
pan no se le reconocían los triunfos.
Así, la primera etapa de la historia panista –en lo que atañe a su relación
con la población– se caracterizó por una buena aceptación entre activistas de
fuerzas católicas y, por ende, una militancia principalmente católica, además
de una presencia positiva entre la población en general.

Políticos profesionales en el pan originario


¿Cuál fue la experiencia de gobierno del pan-Jalisco entre el año de su fun-
dación y 1989? La mayor parte del trayecto la vivió dentro de un régimen de
partido hegemónico,2 y a partir de 1963 en uno de partido dominante con una
oposición en franca vulnerabilidad.
En un régimen presidencial como el mexicano, la calidad de un gobierno
se valora en función del desempeño del Poder Ejecutivo; la oposición por su
parte aguarda la oportunidad en los espacios de representación abiertos por
el sistema político. En México se otorgó la posibilidad de representación a las
minorías a partir de la reforma de 1963, con la introducción de los diputados
de partido, misma que se amplió e institucionalizó con la reforma de 1977;
gracias a ésta inició la tradición de la representación proporcional, mancillada
en años recientes.
En la vida interna de un partido de oposición, la oportunidad de acce-
so a espacios de representación tiene efectos trascendentes. En primer lugar
porque inyecta incentivos para la competencia interna; y en segundo, porque
genera oportunidades para la profesionalización de cuadros políticos. En el
horizonte de vida de un partido, los primeros políticos que acceden a dichos
2
Es amplia la bibliografía que trata el tema de la hegemonía priísta, sólo como ejemplo se mencionan
las siguientes: Crespo, 2003; Loaeza, 2010; Nacif, 2000.

96
Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional

espacios marcan las pautas de la competencia interna e influyen en las formas


de significar la vida partidista y en los canales reales de acción intrapartido
–como es la afiliación, la dirección del partido, la representación en sus órga-
nos internos y la definición de candidaturas a cargos de elección popular–. En
resumen, los primeros partidistas con poder definirán coaliciones y senderos
de acción intrapartido.
El pan Jalisco logró, desde su fundación hasta 1979, triunfos reconocidos
en cinco alcaldías, quince diputaciones federales y cinco locales. Las veinte
curules fueron encabezadas por 17 panistas; tres de ellos repitieron en dos
legislaturas: Francisco Ramírez Acuña, Guillermo Ruiz Vázquez y Ramón
Garcilita Partida.
Ente 1982 y 1988 el pan obtuvo seis alcaldías: Jamay, Ocotlán y Tepatitlán
en 1982 y Arandas, Tepatitlán y Totatiche en 1988. Catorce panistas acce-
dieron a la Cámara de Diputados, dos en 1982 y dos en 1985, el resto como
producto de la competida elección de 1988. Otros catorce obtuvieron una
curul en el Congreso de Jalisco y sólo uno de ellos lo hizo por la vía uninomi-
nal. De un total de 24 panistas encumbrados en el poder, cuatro accedieron
en dos ocasiones a curules: Gabriel Jiménez, Gildardo Gómez, Miguel Ángel
Martínez y Sergio Rueda, reconocidos tradicionalistas.
En función de lo anterior, se puede afirmar que el ámbito de profesio-
nalización en el pan fue antes que nada el Parlamento, pero además, queda
en evidencia que hasta 1988, veinticuatro escasas curules fueron el espacio
de oportunidad para la formación de políticos profesionales, proyectándose
Francisco Ramírez Acuña (gobernador de 2001 a 2006), Héctor Pérez Plazola
y Gabriel Jiménez Remus.
Sin lugar a dudas, a partir de 1979 las regidurías se constituyeron en un
recurso de poder panista, en especial las de Zapopan y Guadalajara, a través
de las cuales lograron establecer su influencia Jesús Sánchez Ochoa y Alfonso
Díaz Morales en Zapopan, así como Gildardo Gómez Verónica y Manuel
Baeza en Guadalajara.
Retomando la inquietud planteada al inicio del presente capítulo: la expe-
riencia del pan en el poder se limita a pocos espacios en el ámbito parlamen-
tario y a escasas experiencias en alcaldías (Lujambio, 2006), en las que destaca
el caso de Tepatitlán. No obstante, durante esos años se proyectaron algunos
de los más influyentes liderazgos de los siguientes veinte años, concretamente
los identificados como tradicionales. Durante la década de 1980, el pan Jalis-
co contaba en sus filas con algunos experimentados políticos, importantes

97
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

incentivos para la afiliación de políticos ambiciosos (arribistas) y la arena lista


para la disputa de los recursos del poder.

Fundadores de un sueño
El Comité fundador del pan en Jalisco estuvo encabezado por cinco personajes:
Francisco López González, Ricardo Quirós, Ignacio Díaz Morales, José Ernes-
to Aceves y Enrique Hernández Sánchez; meses después se integró Salvador
Urzúa. El presidente fundador fue Efraín González Luna, enlace de Manuel
Gómez Morin con el occidente del país y, a la postre, amigos de toda la vida.
En su inicio, los fundadores pensaron en una organización de dos di-
mensiones: una territorial y otra profesional-laboral. El activismo se orientó
entonces a la formación de grupos en diversas colonias de Guadalajara y en
algunos municipios del estado; también, a mediados de 1939 ya habían lo-
grado conformar grupos de abogados, médicos, ingenieros y, los grupos más
numerosos, de empleados y obreros.3
Las figuras antes mencionadas, y diez más, se sumaron a la Asamblea Na-
cional Constitutiva, destacando José Gutiérrez Hermosillo. Fueron ocho los
líderes que llevaron a cabo el activismo necesario para impulsar el nacimiento
de la organización panista en el estado.4 Nació pues el partido de la mano de
un gran líder carismático, González Luna, con la colaboración de un pequeño
comité formado por Díaz Morales, Padilla Gutiérrez, Aceves, Gutiérrez Her-
mosillo y Urzúa López.
Se podrían incluir como fundadores a Carlos Medina, Jesús M. Rivas
y a José Gutiérrez Hermosillo por haber participado en la primera planilla
postulada para la alcaldía de Guadalajara; y los cuatro que se integraron al
menos a una fórmula como aspirantes a diputado federal fueron Alejandro
Ramírez Sánchez, Enrique Hernández Sánchez, José Mejía y Ramón Ochoa.
Todos los anteriores formaban el primero y segundo círculo de la fundación (los
líderes fundadores y los primeros candidatos). En un tercer círculo estaban
los colaboradores, sobre todo los juveniles, que permanecieron en las filas
de Acción Nacional y que a la larga dieron alegrías al partido; entre estos
últimos destacan los hermanos Petersen: Carlos, Alberto y Germán.
3
Estas observaciones se derivan de una revisión al periódico del partido, Bandera, que se publicó en
nueve “épocas” entre 1948 y 1965.
4
En honor a la justicia debe recordarse la participación de 123 personas en el acta constitutiva del pan
en Jalisco; todos varones originarios de una docena de municipios. Con un nivel alto de precisión
se puede afirmar que ninguno de estos individuos tuvo una participación relevante más allá de la
fundación formal.

98
Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional

¿Qué otros aspectos sobresalen de la organización partidista en sus pri-


meras décadas de vida? Las familias fueron sin duda uno de sus capitales
principales, ya que el reclutamiento iniciaba en este ámbito y la organización
de los grupos se afirmaba en él. De alguna manera, a nivel de tierra, la or-
ganización informal desempeñó un papel de impulso y socialización de las
aspiraciones panistas gracias a las redes familiares y de amistad. Ya se men-
cionó que la organización se nutrió de organismos seglares católicos como la
Acción Católica de las Juventudes Mexicanas (acjm), pero esto es tan cierto
como el hecho de que se buscó una estructura de jóvenes y se promovió muy
temprano la organización femenil a partir de la inclusión del voto de la mujer
a nivel municipal, en 1948.
Con la multiplicación de las oportunidades, debido a las reformas elec-
torales, la organización partidista entró en un proceso gradual de profesio-
nalización. En cada justa electoral se sumaban a las filas del partido nuevos
integrantes y se reactivaba la militancia activa; esto permitió cierta presencia
en medios de comunicación, la creación estable de oficinas, la celebración de
convenciones realmente competidas sobre todo debido a la presión del sector
juvenil, y la comprensión de la importancia de ocupar cargos formales en los
órganos del partido, sobre todo porque allí se definían las oportunidades reales
de acceso al poder como las regidurías o diputaciones de partido y de repre-
sentación proporcional.
En suma, para la década de los ochenta ya estaban establecidas las bases
organizacionales de un partido que aspiraba con reales posibilidades a ser
cogobierno en el Legislativo, y no veía lejos la posibilidad de acceso al Poder
Ejecutivo. En la misma década detonó el interés de algunos sectores por afi-
liarse; ellos serían reconocidos pronto como los neopanistas, quienes poco
tiempo después disputarían las riendas de los órganos partidistas a los viejos
panistas, los tradicionales.

Militancia en años de bonanza, a manera de interfaz


¿Qué vuelve atractivo a un partido para la afiliación ciudadana? ¿Cuándo bus-
ca el ciudadano la afiliación libre? ¿Cuándo es el partido el que busca afi-
liados? ¿En qué circunstancias se movilizan políticos ambiciosos buscando
afiliaciones para incrementar su influencia?
Tras cincuenta años de vida en la oposición, en la década de 1990 el pan en
Jalisco accedió a múltiples espacios de poder, iniciando en 1992 con triunfos
nunca antes vistos a nivel municipal y cristalizando su condición de partido en el

99
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

poder luego de las elecciones de 1994, cuando se presenció la primera alternancia


en el Poder Ejecutivo con el triunfo del zapotlense Alberto Cárdenas Jiménez.
¿Con qué militancia contaba el pan en Jalisco al iniciar la década de 1990?
Aunque no se cuenta con información fidedigna, el actual padrón de militan-
tes consigna la fecha de ingreso de los panistas en vida, y conforme a esta
referencia y como mera aproximación se encuentra que 4 847 de los actuales
panistas adherentes ingresaron al partido antes de 1990 y 5 197 de los panis-
tas activos lo eran antes de dicho año; en suma, para el inicio de la década de
los noventa, el pan Jalisco contaba con 10 044 militantes.
El triunfo implica múltiples reajustes en la vida organizativa de un partido:
incremento de recursos de poder y disputa de los mismos, administración de
las oportunidades y control de la militancia. A partir de 1992 el pan se vio
ante la oportunidad de incrementar la militancia, pero a la vez sus dirigentes
confrontaron el dilema de abrir las puertas a nuevos miembros bajo el riesgo
inminente de la pérdida de coherencia interna, o cerrarlas y mantener la concen-
tración de oportunidades en los panistas afiliados hasta la década de 1980.
De 1990 a 1996 el partido decidió mantener cerradas las afiliaciones, por
lo que durante dicho periodo sólo se registraron seis miembros adherentes.
Los datos varían un poco con el registro de miembros activos; para 1995 sólo
se tienen 24 nuevos registros, en 1996 ingresaron 45 y en 1997 cayó el dato a
nueve (véase gráfica 1).5
Esta primera etapa de puertas cerradas a la afiliación, estuvo encabeza-
da por José Guadalupe Tarcisio Rodríguez Martínez, presidente del Comité
Directivo Estatal del pan Jalisco (cde-pan) en el periodo de 1990-1996. En el
mismo lapso presidió el Comité Ejecutivo Nacional (cen) del partido Carlos
Castillo Peraza. El arribo del neopanismo en los años ochenta y la lucha por
el control de la organización en los primeros años la década de los noventa,
propiciaron la búsqueda de un equilibrio o coalición de fuerzas dominantes;
mientras tanto, el acceso a nuevos militantes fue restringido. Después de un
proceso electoral gris, en 1997, la balanza comenzó a inclinarse a favor de
las puertas abiertas; en consecuencia, ese año reportó 3 288 nuevos adhe-
rentes, y en 1998 y 1999 por fin los registros tanto de adherentes (22 174)
como de activos (2 445) reportaron un importante incremento.

5
Algunos de los que lograron registro como activos en ese periodo son José Ángel Frausto Ortiz,
Jesús Hernández Barbosa (coordinador general de Gestión Gubernamental en 2012), Diego Monraz
Villaseñor (presidente del cde en 2012), Key Tswa Razón Viramontes y Antonio Gloria Morales
(secretario de Educación en 2012).

100
Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional

Gráfica 1. Adherentes panistas, 1990-1999

Fuente: Elaboración propia con base en el padrón de afiliados al pan.

El partido se preparaba así para la batalla más importante: el relevo presi-


dencial y la continuidad en el poder de Jalisco. La política de puertas abiertas
sería impulsada por el nuevo dirigente estatal, Herbert Taylor Arthur (1996-
1999), y a nivel nacional por Felipe Calderón Hinojosa (1996-1999).
Los municipios más influyentes en afiliación de nuevos miembros acti-
vos fueron Guadalajara, Zapopan, Tonalá y Tlaquepaque; Lagos de Moreno
y Puerto Vallarta se sumaron a la lista con una participación superior a 5%
de los nuevos afiliados en Jalisco. El comportamiento de nuevos registros a
nivel municipal revela la competencia intrapartido rumbo a la sucesión del
año 2000.

101
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

Gráfica 2. Registro de militantes activos


en el pan Jalisco, 1993-1999

Fuente: Elaboración propia con base en el padrón de afiliados.

Tabla 1. Registro de militantes activos


por municipio, 1998-1999

Municipio 1998 1999


Guadalajara 20.87% 21.20%
Zapopan 13.87% 15.02%
Tonalá 6.86% 8.55%
Puerto Vallarta 5.46% 4.04%
Tlaquepaque 4.90% 3.99%
Jocotepec 4.20% 3.00%
Zapotlán el Grande 3.36% 2.95%
Fuente: Elaboración propia.

102
Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional

La década de 1990 marcó el inicio de un pan que decidió multiplicar sus


filas, y para ello la organización salió a las calles en busca de ciudadanos atraí-
dos por la posibilidad de un cambio democrático en México; la esperanza
sembrada por Vicente Fox Quezada fue un catalizador del crecimiento de la
militancia, al igual que lo fue la campaña presidencial de Manuel J. Clouthier en
los años ochenta. Siete municipios concentraron cerca de 60% de la afiliación
durante los años 1998-1999, municipios pioneros en el uso del padrón de afilia-
dos como forma de control de las candidaturas a puestos de elección popular.
A finales de los años noventa estaba ya presente el germen de la organi-
zación clientelar, la afiliación libre daría paso a la afiliación por intercambio
patrón-cliente, quedarían atrás décadas de militancia de convicción; en el lapso
de cinco años se pasaría del activismo movido por el deseo de cambio de-
mocrático a una militancia instrumental, de la que eran responsables cabezas
de diversas demarcaciones territoriales (caciques y caciquillos), pero también
todo ciudadano que se prestara al juego de buscar un provecho material in-
mediato.

Organización, profesionalización
y ascenso al poder, 1990-1999

A principios de la década de 1990 los integrantes de comités del pan realiza-


ban sus actividades partidistas sin remuneración;6 los ingresos limitaban las
cuotas de funcionarios de elección popular, sorteos y cuotas de militantes. No
obstante cuando concluía la década de 1980, de la mano de Gabriel Jiménez
Remus, el partido aceptó recibir fondos públicos de acuerdo con lo estipu-
lado por el artículo 37 de la Ley Electoral (Navarrete, 2010). Con la oportu-
nidad de disponer de ingresos permanentes, mejoraron las capacidades de
planeación y definición de actividades concretas con recursos presupuesta-
dos; también surgió la oportunidad de contratar trabajadores remunerados.
A pesar de ello, durante la dirigencia de Tarcisio Rodríguez, el presidente del
partido aún no recibía remuneración por su cargo.
Al inicio de los años noventa el partido recibía fondos públicos e incre-
mentaba sustantivamente la afiliación de jóvenes motivados por los resulta-
dos de las elecciones presidenciales de 1988. Tarcisio Rodríguez promovió
las iniciativas de Herbert Taylor para la planeación y definición del rumbo del
partido, los objetivos para las elecciones intermedias y la elaboración de planes
de campaña política. Probablemente fue Herbert Taylor quien apuntaló por
6
Quizás la única experiencia sobre la contratación de personal se limitaba a actividades administrativos,
y en algún momento se dio estímulos a actividades concretas, como la tesorería.

103
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

primera vez las prácticas de profesionalización partidista, y es con él –a cargo


de la Secretaría General, y después como presidente– que el partido configuró un
conjunto de acciones que derivaron en la formación de un partido político
profesional: la nómina de la organización, la adquisición de oficinas moder-
nas y funcionales, la introducción de prácticas de planeación estratégica y la
capacitación de personal.
Estos años coinciden con el origen del partido como gobierno: para el
periodo 1992-1995 el pan había logrado la representación en la presidencia
de 15 municipios, más 81 regidores. Además, para el periodo 1995-1998 se
erigió como partido en el poder, con la mayoría parlamentaria, la titularidad
del Poder Ejecutivo y 52 presidencias municipales (de 124 disputadas).
Así, durante los años 1995-1997 la organización vivió un periodo de transi-
ción: de ser un partido con mentalidad de oposición pasó a conformar un partido
que se asume y se comporta como gobernante. A partir de 1998, con los prepa-
rativos para la sucesión gubernamental, la organización consolidó una estructura
profesional con una nómina bien establecida y un funcionariado especializado
en la organización de asambleas y convenciones municipales, distritales y una
estatal; asimismo, la creación y consolidación de comités municipales, e inclusive
los primeros intentos por formalizar estructuras submunicipales en Guadalajara.
La formación de una organización sólida y profesional se presentó a la par
del nacimiento de una nueva clase política profesional (fenómenos que se
reforzaron de manera recíproca) que vivió de y para la política: los diputados
locales y federales, alcaldes y funcionarios públicos de primer nivel. La élite
política del pan nació en los años noventa y proyectó su dominio a la primera
década del siglo xxi.
El pan en Jalisco tuvo que afrontar una nueva realidad: el nacimiento de
una clase política, la experiencia como nuevo partido en el poder y la conso-
lidación de una organización profesional. Esta triple realidad distó mucho de
suceder de manera tersa. Los nuevos gobernantes iniciaron el aprendizaje en
los asuntos de gobierno y los dirigentes buscaron una identidad en la forma
de relacionarse con la sociedad y con un gobierno emanado de sus propias
filas. Los primeros años fueron entonces de novatadas y distanciamiento del
partido de la palestra política en lo que se refiere a la actividad de los gobiernos
panistas. A partir de 1998, empero, se manifestaron las primeras definiciones
de la forma en que los panistas decidieron en la relación gobierno-partido:
los espacios de la administración pública son para panistas y la organización
del partido debe reforzar y retroalimentar las aspiraciones por ocupar cargos
públicos y ascender en la escala del poder.

104
Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional

Desde la alcaldía de Guadalajara, Francisco Ramírez Acuña encabezó el


primer grupo fuertemente estructurado que formuló la continuidad en el po-
der. Para alcanzar sus aspiraciones integró electores de partido a la nómina del
gobierno municipal, promoviendo la afiliación desde los comités municipales.
La competencia entre grupos partidistas por los cargos de elección popular
echó raíces identitarias –prácticas, costumbres y formas de la competencia–
durante la segunda mitad de la década de 1990. La afiliación partidista no
quedó exenta de dichas dinámicas, por el contrario, a finales de la década el
desdibujamiento de la militancia ciudadana era patente.
De alguna manera los años noventa fueron de aprendizaje, de definiciones,
de creación de nuevas formas de acción política; en suma, de formación de la
nueva institucionalidad panista. En el ámbito gubernamental se inició con algunos
tropiezos, pero también con líderes convencidos de la trascendencia del cambio
democrático, mismos que impulsaron la reforma política en los años 1996 y 1997.
El neopanismo, artífice del triunfo electoral, se abocó por completo a
la actividad gubernamental: con César Coll Carabias en Guadalajara, Daniel
Ituarte en Zapopan, Raúl Octavio Espinoza y Fernando Garza Martínez en
la dirección política del Ejecutivo desde la Secretaría General de Gobierno
y la Coordinación de Asesores del gobernador respectivamente, además de
Fernando Guzmán Pérez Peláez en la actividad parlamentaria al acecho de un
espacio en el Ejecutivo.
En tanto, los tradicionales, encabezados por Francisco Ramírez Acuña
y Héctor Pérez Plazola, se reorganizaron y acumularon pertrechos para dis-
putar el poder al neopanismo, primero mediante la alcaldía de Guadalajara y
después en la disputa por la titularidad del Poder Ejecutivo.

Gobierno por políticos profesionales, dominio


del partido por facciones y clientela, 2000-2010

México inició el siglo xxi con la experiencia de la alternancia política, misma


en que los liderazgos panistas a nivel subnacional desempeñaron un papel
fundamental. No es casualidad que el primer presidente de la alternancia haya
fincado su base de influencia en un estado gobernado por el pan, hablamos
de Vicente Fox y el estado de Guanajuato. Panistas de Jalisco se sumaron muy
temprano al activismo de Fox por la presidencia, entre ellos Raúl Octavio
Espinoza y Fernando Garza Martínez.
En Jalisco el pan proyectó como candidato para la continuidad al alcalde
de Guadalajara: Francisco Ramírez Acuña, e inauguró así una etapa histórica

105
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

en la que la alcaldía se convertiría en la plataforma natural para proyectar


efectivamente aspirantes a gobernador. En la elección interna del partido,
Ramírez abanderó al sector tradicionalista y enfrentó a un conjunto de fuer-
zas neopanistas encabezadas por Tarcisio Rodríguez Martínez. En estas lides,
Ramírez también fue el más puntal en una nueva práctica política: la reso-
lución de contiendas internas, al estructurar fuerzas desde la organización
gubernamental.
Los tiempos de políticos creyentes, inocentes, nobles o novatos queda-
ron en el pasado. El nuevo siglo inició con el dominio de políticos profesio-
nales de perfil pragmático. Atrás quedaron las diferentes formas de entender
y hacer política entre tradicionalistas y neopanistas (Navarrete, 2009); los nue-
vos tiempos dictaban la necesidad de la formación de grupos estructurados,
orientados a la obtención del poder por la vía de las afiliaciones masivas, la
movilización de recursos del Estado: el reparto de cargos públicos en todos
los niveles a militantes de la misma facción política, el uso del aparato guber-
namental tanto en procesos preelectorales como en elecciones constituciona-
les, y en generar prácticas clientelares.

El inicio: estilo de novatos


El gobierno de Alberto Cárdenas Jiménez (1995-2001), como mucho de lo
que es nuevo, surgió con el empuje de lo que busca ser distinto pero también
con el tinte de lo inexperto: una combinación de inexperiencia-frescura o
inocencia-pundonor. Para muestra un botón:

Mire […] [platica Carlos Petersen Biester mientras busca entre sus papeles] seis años,
en donde, yo traté, de llevar a fondo la doctrina del pan […] mi primer contacto con el
Ing. Cárdenas fue a través del teléfono […] citándome para el siguiente día en el edificio
Bernini7 […] sus primeras palabras dirigidas a mí, y que me impresionaron fue, “lo estoy
invitando a usted a ser parte del gobierno, formar parte del primer gobierno panista de
Jalisco, pero antes quiero saber si quiere y puede […] ¿Qué personas sugiere para los di-
ferentes puestos?” [A lo que él respondió] “no tengo compromisos con nadie, y el que va
tener que rendir cuentas ante Jalisco y ante mí, es usted, lo dejo en libertad de designar a
quien usted quiera”. Entonces yo me puse a buscar gente que llenara requisitos (Petersen,
20 de octubre de 2009).

Tal perspectiva de reclutamiento en función de la rendición de cuentas


pudo ser la primera y última que se vivió en los gobiernos panistas; los suceso-
7
Hotel Suites Bernini, ubicado en Avenida Vallarta próximo a Unión, en la ciudad de Guadalajara.

106
Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional

res de Alberto Cárdenas tendrían más en claro los compromisos y los proyectos
políticos. Respecto del estilo de gobierno de Cárdenas no es extraño que uno
de los miembros más prominentes del pan, Gildardo Gómez Verónica, ante
la forma de atender los problemas al inicio de la administración panista haya
expresado de buena fe que los problemas se explicaban por la inexperiencia del
gobierno cardenista. En efecto, las prácticas del origen distan destacadamente
de las que sus sucesores instaurarían pocos años después. La designación de se-
cretarios y sus colaboradores no volvería a descansar en la confianza y la buena
fe, la política tendría que entenderse como actividad de interesados.8

Padrón de miembros, instrumento de poder


La membresía del pan es un factor que representa fielmente la evolución que
vivió desde su fundación hasta que arribó al poder, y una profunda transforma-
ción a partir de dicho momento. Entre su fundación y 1994, el partido registró
2 405 de sus militantes. En los cinco años siguientes la membresía sumó 39 245
miembros activos y adherentes, y un tanto similar entre el año 2001 y el 2006.
Para el 8 de diciembre de 2012, el pan Jalisco había sumado en sus registros, en
el lapso de cinco años, a 81 640 nuevos miembros, entre adherentes y activos.

Tabla 2. Nuevas afiliaciones al pan Jalisco por etapas, 1939-2012

Periodo Activos Adherentes Militancia Crecimiento


1939-1994 na na 2 405 na
1995-2000 5 766 33 479 39 245 16.31
2001-2006 5 585 31 876 37 461 0.89
2007-2012 21 045 60 595 81 640 1.03
na: No aplica.
Fuente: Elaboración propia con datos del padrón de miembros del pan del 2006 y 2012.

Entre el triunfo de Alberto Cárdenas y la victoria de Francisco Ramírez


Acuña, el pan se multiplicó por 16; desde entonces al triunfo de Emilio Gon-
zález Márquez, el incremento fue de 0.89% y se duplicó hasta la derrota de
Fernando Guzmán Pérez Peláez en julio de 2012 y previo a la depuración
generada por el proceso de reafiliación que concluyó en enero de 2013.
8
Max Weber describe la política en los términos siguientes: “La actividad política es una actividad de
interesados […] aquellos interesados políticos que persiguen poder y responsabilidad políticos para
la realización de determinadas ideas políticas […] Esto es así aun en el ordenamiento estatal más
democrático” (Weber, [1922] 2005, p. 1115).

107
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

Los datos sugieren que el triunfo vuelve atractivo al partido y lleva a sus
filas a ciudadanos y a políticos ambiciosos. Quizás más importante es el he-
cho de que son los líderes panistas quienes, ante el potencial de triunfo del
partido, inyectan recursos para incrementar su influencia intrapartido y así
ganar elecciones internas.9 Como se observa en la gráfica 3, en 2009 y 2011 se
presentó un crecimiento inusual en las filas panistas debido al impulso gene-
rado por la renovación de poderes del 2012.
En diciembre de 2009 se ingresaron 23 666 registros, lo que puso en evi-
dencia una gran capacidad de operación política, misma que no se entiende
más que surgida de las propias estructuras del estado.
Rumbo a la contienda por gobernador se perfilaron el secretario gene-
ral de Gobierno, Fernando Guzmán Pérez Peláez, y el dirigente del partido,
Hernán Cortés Berumen. Ambos movilizaron liderazgos intermedios, pero
el primero movilizó además la estructura de gobierno; está fue la lógica del
desmedido crecimiento del padrón de miembros.

Tabla 3. Registro de adherentes panistas por mes, 2009-2011

Mes 2009 2010 2011


Enero sd 756 1 811
Febrero 2 82 6 965
Marzo 1 93 4 625
Abril 260 67 1 241
Mayo 2 129 2 158
Junio 3 100 1 081
Julio 21 142 sd

Agosto 1 276 183 sd

Septiembre 733 251 sd

Octubre 687 259 sd

Noviembre 3 950 290 sd

Diciembre 23 660 319 sd

Total 30 595 2 671 17 881


sd: Sin dato.
Fuente: Elaboración propia con base al padrón de afiliados del pan.
9
El fundador del estudio de la organización de los partidos políticos, Ostrogorski (1964), describió
en 1902 el surgimiento de los partidos políticos en Inglaterra como el surgimiento de clubs políticos
en respuesta a la Reforma de 1832 (The Representation of the People Act 1832): la actividad fundamental
fue el registro de electores. El activismo para el registro de militantes responde al mismo incentivo:
ganar elecciones buscando a los electores.

108
Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional

Gráfica 3. Registro de adherentes panistas, 2000-2011

Fuente: Elaboración propia con base en el padrón de afiliados del pan.

Pertenencia a grupos intrapartido


Los grupos partidistas cobran visibilidad cuando existen recursos de poder
que disputar. Naturalmente, en el pan comenzaron a surgir oportunidades
con las reformas electorales que abrieron espacios en el parlamento a los
partidos opositores, de manera que hasta 1964 las disputas internas fueron
netamente ideológicas y no trascendieron más allá de la familia panista. Po-
dría decirse que un primer grupo es el de los fundadores, entre los que se
destaca Efraín González Luna.
Entre 1939 y 1964 fue importante la presencia del Grupo Juvenil,10 cuya
relevancia se entiende mejor cuando se observan las crónicas de asambleas y
10
Destacaron Alfonso Arreola Haro, Antonio Quiroz, Carlos Arreola, Carlos Basdresh, Carlos Urrea,
David Alarcón, entre otros.

109
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

convenciones; allí es posible encontrar que las primeras escaramuzas de lucha


por espacios las escenificaron Hugo Gutiérrez Vega, Carlos Arreola y Manuel
Rodríguez Lapuente. Pero además, el espacio de socialización de este grupo
fue determinante en la edificación de sólidas trayectorias políticas; ejemplo
de esta afirmación son Héctor Pérez, David Alarcón y José Herrera Marcos,
quienes extendieron su influencia durante décadas.
Otro grupo notable en esta etapa fue el de exintegrantes de la acjm; algu-
nos de ellos incluso destacaron como dirigentes de esa asociación católica y
posteriormente ocuparon espacios importantes en el partido en candidaturas
a cargos de elección popular (Navarrete, 2009).
Tratar de definir al Grupo Tradicional corre el riesgo de pretender li-
gar erróneamente panistas pertenecientes a distintas etapas bajo una misma
denominación. No existen lazos coherentes entre tradicionales de los años
cuarenta o cincuenta y los de finales de los ochenta; y en todo caso, el Grupo
Tradicional de los orígenes panistas es un círculo difuso que no tendió lazos
de lealtad con los grupos confesionales de esos años.
El grupo La Parroquia fue una de las primeras expresiones grupales que
disputaron espacios en el partido a la luz de una comunidad ideológica que los
identificaba como católicos practicantes. Precisamente fueron ellos, encabe-
zados por Guillermo Ruiz Vázquez, quienes dieron motivos para que en la
opinión pública y en las primeras investigaciones respecto del pan, al partido
se le atribuyera una ideología confesional.11

1964-1979
Con la muerte de Efraín González Luna en 1964, el partido inició una nue-
va etapa. Los siguientes fueron años complicados en materia de autonomía
financiera, y en ese entorno es que trascendió la figura de David Alarcón,
tomando el liderazgo de una candidatura a gobernador y ganando el respeto
por su actitud altruista para sostener las arcas del partido.
Entre 1965 y 1979 detonaron las oportunidades (y con ello las disputas)
a escala local debido a las reformas que permitieron la representación por

11
Soledad Loaeza (2010: 89-98) describe el periodo de “La confesionalización de Acción Nacional,
1949-1962” en una breve frase: “El fin de la presidencia gomezmorinista significó el inicio de
la hegemonía católica en el pan. A excepción de José Ángel Conchello (1972-1975), todos los
jefes nacionales que sucedieron a Gómez Morín hasta 1978 habían sido previamente líderes de
organizaciones católicas –Acción Católica, Unión Nacional de Estudiantes Católicos, Acción Católica
de la Juventud Mexicana, Unión de Católicos Mexicanos– y es probable que hayan mantenido su
activismo en ellas incluso durante su gestión al frente del partido” (p. 90).

110
Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional

partidos y la sucesiva representación proporcional para el Congreso local y


los gobiernos municipales. En dicha lógica surgió un grupo de interés en
Zapopan comandado por José Luis López Brera, el cual tomó el mote de su
lugar de acción política: Grupo Zapopan; por su parte, el grupo La Parroquia
continuó con Guillermo Ruiz Vázquez y se consolidó el Grupo Tradicional con
otros personajes, entre los que destacan Carlos Petersen, Ramón Garcilita,
Sergio Rueda Montoya, Héctor Pérez Plazola y el más importante en térmi-
nos de cargos logrados en su trayectoria: Francisco Ramírez Acuña.
Por sentar raíces en la fundación, algunos panistas se posicionaron con
amplia autoridad moral y ganaron el mote de tradicionalistas, entre ellos Car-
los Petersen y su hermano Alberto, quien durante estos años ocupó múltiples
cargos: candidato a alcalde de Guadalajara en 1964, a diputado federal en
1973, 1976 y en 1979, año en el que fue diputado por el principio de repre-
sentación proporcional.

1980-1999
La década de 1980 marcó el inicio de una competencia interna y la aparición
de grupos orientados a la obtención de cargos. El análisis de integrantes de
grupos políticos de esos años es complejo, en especial la identificación de la
movilidad de algunos personajes entre grupos o el apoyo de individualidades
a grupos diversos; no obstante, en la década de 1980 el pan ya era un partido
que ganaba espacios en la prensa local, lo cual lo convirtió en una institución
sujeta al análisis y la interpretación de sus dinámicas internas.
En un periodo de veinte años se expresaron diversos grupos que pueden
encuadrarse en dos grades configuraciones: tradicionalistas y neopanistas.12
De los primeros se desprendió el grupo de Ramírez Acuña o paquistas, y de
éste a su vez se desprendieron rosalistas y salinistas. Los neopanistas nacieron
como una confederación de agrupaciones internas, o alianza de grupos de
interés: el Grupo Ciudad Guzmán, el grupo Desarrollo Humano Integral y
Acción Ciudadana (dhiac) y el Grupo Zapopan, de cuya alianza nació el Gru-
po Estatal, mismo que llevó a la gubernatura de Jalisco a Alberto Cárdenas
Jiménez y a Emilio González Márquez.13
12
Las fuentes de datos que permiten realizar una aproximación a la configuración de grupos son
escasas, pero mediante la triangulación de archivos históricos del partido, entrevistas, prensa local
y documentación de primera mano proporcionada por algunos protagonistas, pudimos reconstruir
la forma en que se repartieron algunos de los más importantes cargos intrapartido, candidaturas y
cargos de representación popular.
13
Para la etapa 1980-1999 pudimos identificar 226 cargos repartidos entre los integrantes de la
alianza neopanista y 186 cargos entre los tradicionalistas, 19 recayeron en figuras peculiares como

111
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

Neopanismo
El Grupo Ciudad Guzmán tomó forma con la candidatura de Alberto Cárde-
nas a gobernador, y tuvo su primer germen en el neopanismo que se sumó a
la campaña presidencial de Manuel J. Clouthier con personajes como Rodolfo
Flores Horta, Julián Toscano y Roberto Martínez Espinoza. Este grupo ci-
mentó su capacidad de operación en la alcaldía de Ciudad Guzmán en manos
de Alberto Cárdenas, y desde allí extendió sus tentáculos para penetrar el
Consejo Estatal del partido. Con su triunfo en 1994, Cárdenas conformó un
gabinete plural en el Gobierno del Estado, pero con importante presencia
de excolaboradores del gobierno municipal de Zapotlán el Grande (Ciudad
Guzmán); ente los más cercanos a él estaban la familia Novoa, Álvarez Carri-
llo, Del Toro Gaytán y González Hernández.
El Grupo Zapopan, encabezado por José Luis López Brera, fue quizás
de los primeros que se acercaron a Alberto Cárdenas para proponerle la can-
didatura a gobernador. Entre las filas del partido se identifica al panismo de la
Villa Maicera (Zapopan) por su alto grado de conflictividad, pero además se
reconoce que fue allí donde se gestaron inicialmente las contiendas internas
manipuladas ilícitamente.
Los líderes más influyentes del Grupo Zapopan fueron López Brera,
como fundador del grupo, y Raúl Octavio Espinoza, coordinador del triunfo
de Alberto Cárdenas en la elección interna contra Gabriel Jiménez Remus, es-
tratega en la campaña constitucional contra el priísta Eugenio Ruíz Orozco y
primer secretario general de Gobierno en la alternancia política. Cuando cayó
en desgracia Raúl Octavio, derivada de conflictos con el ya entonces goberna-
dor Cárdenas y con influyentes neopanistas como Fernando Guzmán, César
Coll y Carlos Rodríguez Combeller, Fernando Garza Martínez lo reemplazó
a la cabeza del Grupo Zapopan.
Los grupos de Ciudad Guzmán y de Zapopan lograron un vínculo de gran
productividad en materia de cargos políticos gracias a la comunidad de intere-
ses que compartieron con el dhiac y con un conjunto de jóvenes que formaron
switchers, independientes o ligados al antiguo grupo La Parroquia (también al nuevo Grupo Zapopan).
Por motivos de espacio no es posible incluir esas largas listas, por tal razón aquí se mencionarán sólo
algunas personalidades. No obstante, se debe hacer notar que la atención se centró en espacios de poder
en la dinámica interna del partido, así como aquellos que resultan de dicha dinámica, es decir, los cargos
de elección popular. En tal lógica, las reflexiones se basan en datos sobre candidatos a diputado
local, a diputado federal al Senado, presidentes del cdm Guadalajara, integrantes del cde-pan, del
Comité Ejecutivo Nacional (cen), del Consejo Estatal (ce) y el Consejo Nacional (cn). También se
obtuvieron datos de titulares de diputaciones locales y federales, algunos de los suplentes, titulares
del cdm de Guadalajara, así como regidores de Guadalajara y Zapopan.

112
Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional

lo que a la postre sería conocido como el Grupo Estatal. El Estatal comenzó


a tomar forma durante la dirigencia de Tarcisio Rodríguez a principios de los
años noventa. La transición del dominio tradicional a favor del neopanismo
fue propiciada por Gabriel Jiménez Remus como dirigente del partido (1987-
1990), ya que decidió dejar al pan en manos del hijo de un prominente miem-
bro del Grupo Zapopan, José Guadalupe Rodríguez, también identificado
como parte del grupo conservador La Parroquia.
Tarcisio Rodríguez logró durante su dirigencia un equilibrio de fuerzas al
otorgar importantes espacios al neopanismo, entre ellos la Secretaría General a
un personaje ligado con las corrientes más conservadoras, Herbert Taylor
Arthur, quien tejió redes de interés para suceder en la presidencia a Rodrí-
guez y erigirse de manera abierta como el primer presidente del neopanismo.
De esta manera nació el Grupo Estatal; y aun cuando suele incluirse en él a
Tarcisio, en los hechos éste fue una pieza del ajedrez acomodada para dar
fin al dominio tradicionalista y abrir las puertas a exmiembros del Partido
Demócrata Mexicano (pdm),14 de raíces sinarquistas, y a otras fuerzas que en
los momentos de mayor conflictividad interna se les conjugó bajo la denomi-
nación El Yunque.
La amalgama formada por fuerzas católicas conservadoras consolidó
un dominio que se extendió durante los años noventa y hasta el año 2005,
cuando el tradicionalismo recobró el poder en manos de Eduardo Rosales
Castellanos. Estrictamente hablando, el Grupo Estatal se formaba de algunas
ramas faccionales y otras clientelares, e incluso por tendencias políticas. La
fuerza más estructurada y faccional fue establecida por el propio Herbert
Taylor, la rama más clientelar fue la impulsada por Fernando Guzmán y el
grupo más cerrado, nepotista, no estructurado y, por tanto, al que podría de-
nominarse tendencia, fue encabezado por Alberto Cárdenas Jiménez.
Con raíces en el panismo confesional, Adolfo Martín del Campo15 fue un
vehemente antagonista de Francisco Ramírez Acuña y de Héctor Pérez Plazola;
por tal razón se le podría agregar en las huestes del neopanismo y del Grupo
Estatal. Miguel Ángel Martínez Cruz siempre estuvo vinculado con el tradicio-
nalismo, pero logró importantes espacios partidistas gracias al apoyo de Adolfo
Martín del Campo, al igual que de Florentina Villalobos. Estos nombres, o el
de Tarcisio Rodríguez,16 son un ejemplo de la complejidad que implica la
14
Mejor conocido como el partido “del gallito”.
15
Dirigió el pan Jalisco entre 1980 y 1982.
16
A principios del mes de junio de 2007, y en torno de la renovación del Consejo Nacional panista, se
avivó la denuncia contra la penetración de El Yunque en las filas del pan. En Guanajuato se habló de

113
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

pertenencia a grupos, aunque no se puede decir que en todos los casos sea
estática; algunos personajes, por el contrario, realizaban alianzas coyunturales
desde finales de los años ochenta.
En resumen, el neopanismo logró durante las dos décadas analizadas
el arribo al Poder Ejecutivo del estado del primer gobierno de alternancia,
al igual que en los dos municipios más importantes de Jalisco: Zapopan y
Guadalajara. Tuvieron a su cargo la dirigencia del partido en tres ocasiones:
la primera a inicios de la década de 1980 y dos más a finales de los noventa.
En los años ochenta lograron dos diputaciones federales para Raúl Octavio
Espinoza y Blanca Leticia Escoto, más una diputación local para José Manuel
Verdín. Asimismo, en la década de 1990 detonaron sus oportunidades en-
cumbrándose con once diputaciones federales y once locales.

Tradicionales
Los panistas de principios de los años ochenta, en general, podrían ser de-
nominados como tradicionales en virtud de que el neopanismo estaba en
proceso de gestación. Los cargos internos y las candidaturas de elección po-
pular estaban en manos de un puñado de panistas tradicionales, mientras que
los espacios controlados lo estaban por un par de panistas de Zapopan: José
Luis López Brera y Adolfo Martín del Campo. Fue a partir de 1984 que con
claridad se vio en Jalisco la formación de una nueva corriente que intentó
influir en el pan desde el dhiac, proceso que se dio de manera paralela a dos
conflictos ocasionados por la disputa de recursos del partido en ambos ca-
sos: el primero se suscitó entre Francisco Ramírez Acuña y el precursor del
Grupo Zapopan, Adolfo Martín del Campo, durante la regiduría zapopana
de Ramírez Acuña (1980-1982); el segundo lo protagonizaron el dirigente
estatal, Héctor Pérez Plazola (1985-1987), y los líderes del Grupo Zapopan,
Manuel Castelazo y José Luis López Brera.
Dichas disputas propiciaron la identificación de nuevos campos de ba-
talla y un novedoso juego de alianzas que influiría en las dos siguientes déca-

nexos de dicha organización secreta con el Gobierno del Estado. En Jalisco fue señalado “casi medio
gabinete” del gobernador Emilio González como miembros de El Yunque. El Presidente del pan
Jalisco, Eduardo Rosales, declaró “Viva el pan, muera El Yunque”. A mediados de junio de 2007,
en entrevista para el diario Milenio, Tarcisio Rodríguez Martínez declaró que no había duda de la
penetración de cuadros de una organización secreta en el pan durante la década de 1980. Aclaró que
llegaron de manera individual pero actuaron concertadamente dentro del partido, y añadió: “con el
paso de los años conforme han surgido algunos otros datos, permiten identificar que sí había todo
un acuerdo” (“pan Investigará a El Yunque”. Público, 2007, junio 19).

114
Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional

das. En el municipio de Guadalajara el partido había perdido su organización


desde los años sesenta.17 Para los allegados a Fernando Guzmán, líder del
dhiac en Jalisco, Guadalajara representó un vacío importante por llenar, y al
impulsar a Carlos Ponce, logró promover el renacimiento de la organización
municipal e influir en la postulación de candidatos en Guadalajara. Las disputas
del Grupo Zapopan con los tradicionales fueron también ocasión para sumar
fuerzas contra el predominio tradicional.
De esta manera, el tradicionalismo cobró existencia en el imaginario so-
cial por el surgimiento y la operación coordinada de sus adversarios. No obs-
tante, como antes se indicó, con regularidad el juego de fuerzas no queda
exento de la acción política incoherente o de la estrategia tras bambalinas; así,
en algunas coyunturas se observa a tradicionalistas intercambiando recursos
de poder con el neopanismo, por ejemplo la apertura de Héctor Pérez Plazola
para que elementos del dhiac se afiliaran, así como la entrega de candidaturas
a diputado para las cabezas de dicha agrupación.
En conclusión, el Grupo Tradicional se entronó en el poder durante los
años ochenta y el primer lustro de los noventa. Mantuvo la dirigencia del
partido desde 1982 hasta 1990, además ostentó un gran control hasta 1993
a través de la Secretaría General (encabezada por Manuel Baeza) durante la
dirección de Tarcisio Rodríguez. El poder del grupo declinó en los órganos
del partido a partir de 1993. En materia de cargos de representación popular
se hicieron de once diputaciones locales y once federales. En 1998 retomaron
el control en la Zona Metropolitana de Guadalajara (zmg) al ganar la presi-
dencia municipal de Guadalajara y la de Zapopan, lo que les permitió postular
exitosamente a Francisco Ramírez Acuña para las elecciones del año 2000.18

2000-2010
Durante la primera década del siglo xxi, la acción política de los grupos su-
frió transformaciones de fondo; la más importante: las denominaciones de
los mismos pasaron a referir al líder o cabeza de grupo. El neopanismo se
fraccionó en los grupos de Emilio González Márquez (emilistas, antes Grupo
Estatal), el de Alberto Cárdenas (cardenistas, antes Grupo Ciudad Guzmán)
y el de Fernando Garza (garcistas, antes Grupo Zapopan). El dhiac dejó de
ser un referente, pero su cabeza, Fernando Guzmán, continuó congregando
fuerzas para formar un grupo guzmanista.
17
En 1963 José Julio López Llaca estuvo al frente del Comité Municipal. (Bandera, julio de 1963).
18
En total se identificaron 135 cargos titulares representados por figuras del grupo.

115
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

Los tradicionales, a partir de 1998, conformaron una nueva y sólida fac-


ción: el grupo de Paco Ramírez. Con el tiempo ésta se fragmentó y surgieron
diversas cabecillas que influyeron en ámbitos diversos: en la organización del
partido, los rosalistas;19 en el Congreso del Estado, los salinistas;20 y en la admi-
nistración pública federal, el grupo de Abraham González Uyeda.21
A su vez surgió una cantidad importante de cabecillas distritales y muni-
cipales desprendidas de los principales grupos estatales: Juan Sánchez Alda-
na, Rodolfo Ocampo, Felipe Pulido, José María Martínez Martínez, Alfredo
Argüelles y Gustavo González, entre los más influyentes.
La lógica del juego político es que el panista que pretende un cargo de elec-
ción popular debe formar un grupo en el ámbito al que aspira, y para ello existen
campos naturales de acción previa: para aspirar a una curul los espacios favoreci-
dos son las direcciones generales en el Gobierno del Estado o en los gobiernos
municipales, así como los cargos en el Congreso del Estado; los aspirantes a
presidir la alcaldía de Guadalajara o Zapopan movilizan recursos desde alguna
secretaría del gobierno estatal, una diputación, el comité municipal correspon-
diente o la dirigencia estatal del partido; y los pretendientes a la máxima silla
política en Jalisco, la de gobernador, operan con anterioridad para ser alcaldes de
la ciudad de Guadalajara, y lo hacen desde una dependencia del Ejecutivo (la Se-
cretaría General de Gobierno, por ejemplo), o desde la presidencia del cde-pan.
El juego político consiste en sumar niveles y la articular intereses: se su-
man liderazgos distritales, municipales y submunicipales y se articulan fuerzas
paralelas; por ejemplo, Francisco Ramírez Acuña aspiraba a un alto cargo
en la administración pública federal y articuló fuerzas con Emilio González,
quien buscaba la gubernatura del estado. El juego es dinámico, las estrategias
lícitas e ilícitas, las alianzas diversas y pragmáticas, la articulación de intereses
cambiante: en una elección, a y b pueden ser aliados, cuando en la anterior
fueron enconados enemigos. El nivel de confrontación es creciente; los re-
cursos que se ponen en juego son el clientelismo, el patronazgo, la manipu-
lación del padrón de militantes del pan y la alianza con otros partidos para la
cooptación de titulares de organismos descentralizados y de los constitucio-
nalmente autónomos (Navarrete, 2013).
19
Eduardo Rosales Castellanos fue dirigente estatal ente 2005 y 2009, año en que renunció tras un
grave conflicto propiciado por los resultados de las elecciones intermedias, entre fuerzas paquistas y
emilistas.
20
Encabezado por Jorge Salinas Osornio, diputado local 2007-2010, aliado de los rosalistas y candidato
panista por la alcaldía de Guadalajara, derrotado en las elecciones de 2009.
21
Secretario de Administración del Gobierno de Jalisco y subsecretario en la Secretaría de Gobernación,
en ambos casos bajo el mando de Francisco Ramírez Acuña.

116
Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional

El pan Jalisco concluyó el siglo xx con Emilio González Márquez como


su dirigente estatal y Francisco Javier Ramírez Acuña como gobernador elec-
to para el periodo 2001-2007. La primera década del siglo xxi fue protagoni-
zada por el grupo de Paco Ramírez y el de Emilio González, como las cabezas
visibles de más alto rango y reconocimiento, no obstante el importante grado
de fragmentación del poder dentro de las dos facciones panistas.
El Grupo Estatal transitó de facción dominante del partido a facción
gobernante cuando logró el triunfo de la alcaldía de Guadalajara a manos de
Emilio González (2004-2006). Este triunfo significó el nacimiento de una
nueva élite gobernante, al igual que había ocurrido cuando Ramírez Acuña
triunfó en el mismo municipio, en el año de 1997. Ambos líderes entablaron
una alianza rumbo a los comicios de 2006. La alianza concluyó prácticamente
en el momento en que Emilio ocupó la silla de gobernador e inició una ba-
talla por el control de los recursos de poder del partido y por el predominio
político en el estado.22
Como secretario de Gobernación del gobierno federal, Francisco Ra-
mírez Acuña siguió buscando incidir en la política local, pero con Rosales
disputándole el liderazgo de la facción, y Herbert Taylor, aliado de Emilio
González, minando sus espacios de influencia partidista.23
La arena política del pan quedó definida con dos aparentes grandes lide-
razgos de facción, el secretario de Gobernación y el gobernador del estado,
además de un conjunto de cabezas de segundo nivel, accionando con diversos
grados de autonomía: Eduardo Rosales, Jorge Salinas y Abraham Gonzá-
lez Uyeda, por un bando, y Herbert Taylor (coordinador de Innovación Gu-
bernamental), Alonso Ulloa (coordinador de Políticas Públicas) y Fernando
Guzmán (secretario general de Gobierno), por el otro.

Conclusiones: el tejido de la organización y de los intereses


El pan nació en Jalisco gracias a un pequeño grupo de personalidades enca-
bezadas por un líder católico, carismático y de importante presencia social.

22
Los opositores le hicieron contrapeso desde el Congreso del Estado, con Jorge Salinas, cuñado del
dirigente estatal del partido, Eduardo Rosales Castellanos, y desde el Ayuntamiento de Guadalajara,
con el alcalde Alfonso Petersen.
23
Es paradigmático de dicha disputa lo ocurrido en junio de 2007 en Puerto Vallarta: durante la
Conferencia Nacional de Gobernadores, Francisco Ramírez Acuña reclamó al entonces secretario
de Gobierno de Jalisco el acoso de Herbert Taylor sobre la gente allegada a Ramírez Acuña; con más
contundencia, exigió al subsecretario de Asuntos del Interior, Salvador Ávila Loreto, “dejar de estar
chingando” a su gente, según narración del periódico Mural (14 de junio de 2007).

117
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

En su origen es notoria la intención de una formación cívica, nutrida por el


activismo de familias y colonos atraídos por liderazgos católicos y aspiracio-
nes de cambio. Conforme el partido cobró fuerte presencia social, el sistema
abrió oportunidades para la representación; esto impulsó una organización
más compleja y la movilización ya no sólo por ideales, por lo que se hizo po-
sible la formación de una trayectoria profesional y por tanto la competencia
interna cobró vida.
Los primeros políticos con acceso a espacios de poder trazaron senderos
de influencia intrapartido y formaciones grupales en torno de ideales e inte-
reses. Así nacieron los primeros grupos, unos confesionales por sus ligas con
grupos de la Iglesia, otros convencidos laicos ligados con fundadores católicos,
pero desconfiados de mezclar política y religión. Según fueron ampliándose las
oportunidades de poder se afianzaron liderazgos y dominios territoriales, lo
que llevó a la estructuración de grupos en competencia, unos fundados en los
privilegios obtenidos por sus trayectorias, llamados tradicionales, y otros de
origen en el medio empresarial que contaban con diversidad de recursos para
influir en la vida partidista.
El triunfo electoral reforzó dos conglomerados de interés: tradicionales y
neopanistas; sin embargo la competencia y la cada vez más compleja vida parti-
dista condujo a su fragmentación y al cruce de fragmentos entre las dos princi-
pales corrientes. Así surgieron sublíderes por debajo de los grandes liderazgos
y en el partido se identificaron cabezas y cabecillas según la extensión territorial
de su influencia. El interjuego se sintetizó al final del periodo de estudio con la
agudización de las disputas ante el exceso de distribución de recursos vía inter-
cambio de favores (clientelas) y de votos por cargos (patronazgo).
Varios años atrás, Panebianco manifestaba que la institucionalización era
el resultado de la forma en que se resolvía una serie de dilemas organizativos;
cuando los intereses materiales se desbordan, observó, se rompen las coali-
ciones internas, y la capacidad de continuidad de la organización se ve dis-
minuida. La vida del pan Jalisco refuerza las tesis de Panebianco. El tránsito
de políticos de ocasión y convicción a políticos profesionales y arribistas se
puede observar, indudablemente, en el tipo de formaciones grupales a prin-
cipios de la segunda década del siglo xxi.

118
Institucionalidad y grupos en el Partido Acción Nacional

Bibliografía

Bandera (julio, 1963). Guadalajara, núm. 48.

Crespo Mendoza, José Antonio (2003). México: el fin de la hegemonía partidista.


México: cide, División de Estudios Políticos.

Duverger, Maurice (2002). Los partidos Políticos. México: fce.

Eisenstadt, S. N. y Luis Roniger (1984). Patrons, Clients, and Friends: Interpersonal


Relations and the Structure of Trust in Society. Cambridge: Cambridge Uni-
versity Press.

Gunther, R. y Larry Diamond (2003). “Species of Political Parties”. Party


Politics, núm. 9, vol. 2, pp. 167-199.

Johnston, Michael (2005). Syndromes of Corruption: Wealth, Power, and Democracy.


Cambridge: Cambridge University Press.

Kitschelt, Herbert y Steve I. Wilkinson (2007). Patrons, Clients and Policies: Pat-
terns of Democratic Accountability and Political Competition. Cambridge: Cam-
bridge University Press.

Loaeza, Soledad (1999). El Partido Acción Nacional: la larga marcha, 1939-1994;


Oposición leal y partido de protesta. México: fce.

(2010). Acción Nacional: el apetito y las responsabilidades del triunfo. México: El


Colegio de México.

Lujambio, Alonso (2006). ¿Democracia vía federalismo? El Partido Acción Nacional,


1939-2000: La historia de una estrategia difícil. México: Fundación Rafael
Preciado Hernández, A.C.

Michels, Robert (2003). Los partidos políticos. Buenos Aires: Amorrortu.

Montero, José Ramón, Richard Gunther, y Juan Linz (2007). Partidos Polí-
ticos. Viejos conceptos y nuevos retos. Madrid: Fundación Alfonso Martín
Escudero-Editorial Trotta.

119
Carlos Alberto Navarrete Ulloa

Mural (14 de junio, 2007). “Cúpula”. Guadalajara (http://www.mural.com/


editoriales/nacional/749731/).

Nacif Hernández, Benito (2000). The Revolutionary Leviathan: Political Survival


and the foundation of a Single Hegemonic Party in Mexico. México: cide.

Navarrete Ulloa, Carlos Alberto (2009). Identidad panista: entre tradición y mo-
dernidad. El proceso de institucionalización del Partido Acción Nacional en Jalisco.
Zapopan: El Colegio de Jalisco.

(2010). “Grupos y alianzas del pan Jalisco: 1979-1999” (Tesis de docto-


rado). Zapopan: El Colegio de Jalisco.

(2013). “Patronazgo, opacidad y abuso de poder en el Congreso de Jalis-


co: 2006-2012”. Ponencia presentada en el iv Congreso Internacional de
la amep: El Poder Legislativo y la calidad de la democracia. México, Uni-
versidad Iberoamericana.

Ostrogorski, Moisei (1964). Democracy and the Organization of Political Parties.


Vol. I. Nueva York: Anchor Books.

Panebianco, Angelo (1993). Modelos de partido: Organización y poder en los partidos


políticos. México: Alianza Editorial.

Petersen, Carlos (20 de octubre de 2009). Entrevista de Alberto Navarrete,


Guadalajara.

Público (19 de junio, 2007). “pan Investigará a El Yunque”.

Reveles, Francisco (ed.) (2002). Los signos de la institucionalización. México: Gernika.

Sartori, Giovanni (1987). Partidos y sistemas de partidos. Madrid: Alianza Editorial.

Stokes, Susan Carol (2007). “Political Clientelism”. C. Boix y S. C. Stokes


(eds.). The Oxford Handbook of Comparative Politics. Oxford: Oxford Uni-
versity Press.

Weber, Max (2005). Economía y Sociedad. Esbozo de sociología comprensiva. México:


fce.

120
LOS LIDERAZGOS PRIÍSTAS ANTE LA TRANSICIÓN

Ismael Ortiz Barba


Universidad de Guadalajara

Introducción
¿Cuáles fueron los factores internos relativos al liderazgo por los que perdió
el Partido Revolucionario Institucional (pri) en 1995? ¿Cuál fue la lógica de
desenvolvimiento de los priístas y los saldos de la alternancia en el Ejecutivo
local? ¿Qué factores lo articulan y desarticulan como partido político? Son
algunas de las preguntas que en este capítulo pretenden contestarse.
Para la consecución de este cometido, el documento descansa en tres
pilares. En el primero se contextualiza la transición hacia la democracia acon-
tecida en México; luego se delinea la alternancia de 1995 para, finalmente,
intentar responder en el tercer apartado, el más extenso, las preguntas plan-
teadas al inicio. En esa parte, el texto da cuenta de los mecanismos tanto
políticos como internos en los que se cimienta y opera este partido político,
y narra su desenvolvimiento en el periodo en que no tuvo el control del Eje-
cutivo local.

La transición hacia la democracia en México


De acuerdo con los estudios publicados en torno de la transición democrática
en nuestro país (Elizondo y Nacif, 2002; Aziz, 2003; Molinar, 1991; Alonso,
1995), no existe una fecha o evento definitivo para establecer con precisión
cuándo inició, pero sí se indica cuáles fechas han sido significativas para el
establecimiento de la democracia mexicana. Algunos la sitúan con la reforma
constitucional de 1963, cuando se introdujo la figura de “diputados de partido”
y el reconocimiento constitucional de los partidos políticos (Molinar, 1991;
Béjar, 2004); otros más en el movimiento estudiantil de 1968 (Loaeza, 2008;

[121]
Ismael Ortiz Barba

Lujambio, 1994);1 también la ubican en las reformas electorales de 1977


(Núñez, 2008; Córdova, 2008; Sánchez, 1991);2 lo mismo sucede con los
acontecimientos producto del terremoto de 1985 (Alonso, 1995);3 también
se ha establecido a raíz de la separación de la Corriente Democrática, la for-
mación del Frente Democrático Nacional y las elecciones de 1988 (Méndez
de Hoyos, 2007);4 otros la localizan en la reforma electoral como producto de
los acontecimientos ocurridos en 1994;5 o con la reforma electoral realizada
dos años después, en 1996 (Becerra, Salazar y Woldenberg, 1997; Becerra
Chávez, 1999),6 que sentaría las bases para las elecciones de 1997; todo ello
culminaría con las elecciones del 2000, con la primera alternancia en la Pre-
sidencia de la república. De acuerdo con Lorenzo Córdova: “La transición

1
“El conflicto estudiantil condicionó de tal manera las percepciones, los comportamientos y las
decisiones políticas de quienes lo vivieron desde el poder y contra él, e incluso de aquellos, la mayoría,
que se mantuvieron como simples espectadores, que esa experiencia determinó el tipo de cambios que,
agregados, fueron configurando un nuevo sistema político” (Loaeza, 2008: 42). Lujambio afirma que “los
más, analizan el cambio social y el creciente desajuste entre las formas de ejercer el poder y la sociedad
que se gobierna: identifican 1968 y su movimiento estudiantil como un claro punto de discontinuidad”
(Lujambio, 1994).
2
“Ese proceso de cambio político-electoral en México, que arranca de manera clara en 1977 […] se ha
distinguido por su carácter continuo y paulatino” (Córdova, 2008: 654). “La Reforma Política de 1977
tuvo sus mayores merecimientos en relación con la relegitimación de la representatividad de nuestras
instituciones democráticas, por lo que se refirió principalmente al régimen de partidos y a la integración
de la Cámara de Diputados mediante un sistema mixto de elección, que incorporó en el país por vez
primera el principio de representación proporcional” (Núñez, 2008: 15-16).
3
“A partir del terremoto de 1985, la ciudadanía se apoderó de un espacio de participación política que
antes no le pertenecía y que ha ido creciendo en distintas vertientes y manifestaciones” (Creel, 1995:
9). Asimismo, afirma: “No sólo liberó su fuerza propia, sino también liberó un enorme conjunto
de fuerzas populares, sociales y políticas que habían estado acalladas hasta entonces” (p 10). Por su
parte, Alonso considera que este año “marca la toma de conciencia y participación ciudadana en
diversos aspectos de la vida pública de nuestra nación” (p. 9).
4
Las elecciones de 1988 “modificaron el comportamiento de los actores, al registrarse un fenómeno
de polarización de las fuerzas políticas, reactivando la demanda hacia una democratización que ubicó
a todas las fuerzas políticas, en el mediano plazo, en igualdad de circunstancias” (Campuzano, 2002:
237). “La transición a la democracia significó el tránsito de un sistema de partidos hegemónico que
inicia su desmoronamiento en 1988” (Méndez de Hoyos, 2007: 63).
5
Para Jorge Carpizo, la génesis de la reforma electoral de 1994 fue debido a los siguientes factores:
“a) a que el panorama político nacional cambió en los primeros días de enero de ese año con el
surgimiento de la rebelión armada en Chiapas, que tenía y tiene reivindicaciones sociales para los
indígenas y también de carácter político nacional; b) a la decisión del gobierno de encontrarle
una solución negociada a ese conflicto armado; y c) a la decisión de que los aspectos políticos,
específicamente los electorales, debían ser negociados y resueltos por consenso con los partidos
políticos, que son los interlocutores naturales para estos temas” (Carpizo, 1995: 49-50).
6
“Esa reforma se centró en cuatro ejes fundamentales: 1) La revisión de la estructura y de las funciones
de los dos órganos electorales (la autoridad administrativa y la jurisdiccional). 2) La renovación de las
condiciones de la competencia. 3) Establecimiento de nuevas reglas para integrar al Poder Legislativo
(particularmente el Senado). 4) La reforma al régimen de gobierno del Distrito Federal” (Córdova,
2008: 668-669). “La reforma de 1996 tuvo profundas y positivas implicaciones en el proceso de
democratización del país” (p. 672).

122
Los liderazgos priístas ante la transición

a la democracia en México sólo puede ser comprendida cabalmente si se la


entiende como un proceso gradual en el que los cambios fueron presentán-
dose parcialmente” (Córdova, 2008: 654).
Si bien el resultado de la elección presidencial del año 2000 culminó con
la primera alternancia en el Poder Ejecutivo federal, la alternancia en los ám-
bitos local y municipal ya se había dado en varios estados y municipios. Como
se puede ver en la tabla 1, la alternancia en el ámbito municipal inició mucho
antes, desde 1946,7 aunque fue un proceso acompañado generalmente por
irregularidades y conflictos pre y poselectorales.

Tabla 1. Municipios que vivieron alternancia


antes de la reforma política

Año Municipio Entidad federativa Partido


Quiroga Michoacán pan
1946
El Grullo Jalisco pan
Santa Clara Durango pan
1950 Quiroga Michoacán pan
Tzintzuntzan Michoacán pan
1952 Teocuitlatán de Corona Jalisco pan
1958 San Luis Potosí San Luis Potosí Local
1960 Ascención Chihuahua pan
Hermosillo Sonora pan
1967
Mérida Yucatán pan
1971 Juchitán Oaxaca pps
Salina Cruz Oaxaca pps
1974 San Nicolás de los Garza Nuevo León pan
Tehuacán Puebla pan
San Andrés Cholula Chiapas pcm
1979
Juchitán Oaxaca pcm

pan: Partido Acción Nacional


pps:Partido Popular Socialista
pcm: Partido Comunista Mexicano
Fuente: Elaboración propia con base en Lujambio, 1994; Lujambio y Vives, 2000;
Alonso, 1993, 2001.

7
De acuerdo con Lujambio (1994), el primer reconocimiento de un triunfo del pan fue en Quiroga,
Michoacán, en 1946; y luego menciona que en 1948 fue en El Grullo, Jalisco; sin embargo, de acuerdo
con Jorge Alonso (1993), fue en El Grullo en 1946, aunque posteriormente él mismo (Alonso, 2001)
asienta que fue en 1948 cuando “el pan logró que se le reconociera su primer triunfo municipal en El
Grullo” y el segundo fue en Teocuitatlán de Corona en 1952 (Alonso, 1993: 23 y 28).

123
Ismael Ortiz Barba

En el ámbito local, la primera alternancia en la gubernatura se dio en


Baja California en 1989, cuando Ernesto Ruffo Appel le arrebató el triunfo
en las elecciones de ese año a la candidata del pri, Margarita Ortega Villa.
Posteriormente, en 1991 el Partido Acción Nacional (pan) ganó Guanajuato
y en 1992 obtuvo el triunfo en Chihuahua. Fue hasta 1995 cuando en Jalisco
el pan se alzó con la victoria con su candidato: Alberto Cárdenas Jiménez
(véase tabla 2).

Tabla 2. Alternancias en las entidades federativas, 1989-2010

Alianza
Entidad pan prd pri Año
pan-prd
Baja California x 1989
Guanajuato x 1991
Chihuahua x x 1992, 1998
Jalisco x 1995
Nuevo León x x 1997, 2003
Querétaro x 1997
Distrito Federal x 1997
Aguascalientes x x 1998, 2010
Zacatecas x x 1998, 2010
Baja California Sur x x 1999, 2011
Tlaxcala x x x 1999, 2005, 2010
Nayarit x x 1999, 2005
Chiapas x x 2000, 2006
Morelos x 2000
Michoacán x 2001
Yucatán x x 2001, 2007
San Luis Potosí x x 2003, 2009
Guerrero x 2005
Sonora x 2009
Oaxaca x 2010
Puebla x 2010
Sinaloa x 2010
Total 13 7 8 5 -
Fuente: Luque Rojas (s. f.).

Como se puede ver en la tabla anterior, la segunda entidad federativa


donde se experimentó la alternancia electoral fue en Jalisco.

124
Los liderazgos priístas ante la transición

La alternancia de 1995 en jalisco


El consenso social y académico indica que el pri perdió en la elección de 1995
debido a las explosiones del 22 de abril de 1992, el asesinato del cardenal Juan
Jesús Posadas Ocampo en 1993, el levantamiento zapatista del 1 de enero de
1994, el asesinato de Luis Donaldo Colosio y de Ruiz Massieu, así como de la
devaluación (“los errores”) de diciembre de 1994. Ya en las elecciones previas
se veía un descenso en las preferencias electorales hacia el pri, pero en el ante-
cedente inmediato, las federales de 1994, “el pan en Jalisco logró más de la mi-
tad de las diputaciones que le fueron reconocidas en toda la República y 38%
de las diputaciones de mayoría relativa de toda la oposición”. De este modo
en “Jalisco la votación presidencial entre pri y pan estuvo muy cerrada. Zedillo
obtuvo 1 058 036 votos y Diego Fernández 1 012 291 (Alonso, 1995: 71).
Cabe decir que cinco días después de que se realizaron las elecciones
federales de 1994, el Congreso de Jalisco aprobó una nueva ley electoral para
hacer frente al proceso local donde se elegirían gobernador, diputados locales
y los entonces 124 ayuntamientos del estado para el sexenio 1995-2001 (p.
71). En dicha ley electoral se reformaron 32 artículos constitucionales del
ordenamiento local y se adicionó un artículo más. Una revisión a la historia
reciente demuestra que los cambios legales en materia electoral se hacían para
postergar el control del pri en el régimen político (véase Arellano, 2012). Em-
pero, estos cambios no fueron efectivos porque la ciudadanía emitió un voto
de castigo en la elección de 1995 debido a los factores sociales y políticos que
provocaron.
De este modo, “el 12 de febrero de 1995 la mayoría de los ciudadanos ja-
liscienses decidió una alternancia, y abrumadoramente votó por la oposición
panista” (p. 71). El pri sufrió una estruendosa derrota en Jalisco por el des-
contento de la población, pero también porque la capacidad del pri de movi-
lizar lealtades clientelares en la votación fue insuficiente. Esto es importante
señalarlo porque una de las banderas del ahora triunfador pan era la lucha
contra la corrupción y contra el corporativismo (Peña, 1996: 123).
No obstante, este triunfo igual puede ser leído a la luz de una oleada de
triunfos panistas a lo largo y ancho del país: “Al finalizar 1996 el pan goberna-
ba ya a un 37.9 por ciento de los mexicanos, sobre todo en zonas urbanas im-
portantes. Cuatro gubernaturas y 225 municipios estaban en manos panistas.
Además contaba con 23 senadores, 108 diputados federales, 145 diputados
locales y 561 regidores” (Alonso, 1996b: 81).

125
Ismael Ortiz Barba

Lo anterior trastocó no sólo estructuras formales de poder político, sino


también los entramados económicos y las maneras de interrelación entre las
élites tradicionales (p. 82). De ahí que el arribo al gobierno de Jalisco de un
partido diferente al pri, indiscutiblemente, modificaría de forma considerable
las estructuras y la configuración de los liderazgos y grupos políticos que se
habían alineado históricamente en la entidad. Previo a esta situación, en la
entidad había un sistema político que descansaba en densas relaciones políti-
cas de grupos y familias que tenían el control de las estructuras del régimen
político y de otras partes del sistema, cuya lógica de conformación, estructura
y evolución ya la había analizado con tino Javier Hurtado (1993).
Sin embargo, al hacerse efectivo poco a poco el pequeño mecanismo co-
micial que formalmente existía en el sistema político mexicano, y una vez que
las elecciones locales de febrero de 1995 marcaron un parteaguas en la his-
toria de la entidad por medio del voto, los ciudadanos le otorgaron al pan un
triunfo contundente sobre la tradicional hegemonía del pri en el estado. En
esa elección, el pan ganó la gubernatura, 17 de los 20 distritos electorales y 52
alcaldías (incluyendo los cuatro municipios que conforman la Zona Metro-
politana de Guadalajara [zmg], en los que vivía cerca de 55% de la población
del estado). El Partido de la Revolución Democrática prd triunfó en 6 muni-
cipios, y otros tres partidos lograron una victoria cada uno. De esta manera
el pan gobernaba en 52 municipios a una población de 4 880 411 personas,
mientras que el pri en 63 municipios gobernaba solamente a 879 399 habi-
tantes. El pan logró 41.9% de los municipios –donde se hallaba 79.3% de la
población– y el pri se quedó con 50.8% –donde se asentaba 16.4% de los ha-
bitantes de la entidad– (Alonso, 1995). Ahora cabe cuestionarse cómo fue que
estos hechos repercutieron o se manifestaron antes y después dentro del pri.

El priísmo en la transición (1995-2012)


Además de los integrantes de la clase política, hasta entonces circunscritos
únicamente al pri –en sus grupos, facciones, liderazgos, formas de recluta-
miento e interrelación, por mencionar algunos–, se sumaron a las estructuras
de autoridad del régimen político de Jalisco otros actores para ampliar la clase
política en general y marcar por 18 años un nuevo dominio. Esto sustituyó
la necesidad de formar parte del pri, ya que debido a su hegemonía, el meca-
nismo y vía formal para acceder a los cargos públicos locales en el régimen
era por medio de éste. Sin embargo, en una transición política significativa, ya
sea en la que cambia todo el régimen político o sólo se da un simple relevo

126
Los liderazgos priístas ante la transición

en algunas estructuras de autoridad centrales como el Ejecutivo, no cambia


el hecho de que exista una clase política, pero sí su composición, formación
y organización (Mosca, 2001). Pero en una situación de transición radical del
sistema político, Mosca nos dice que: “Las clases políticas declinan inexo-
rablemente cuando ya no pueden ejercer las cualidades que las llevaron al
poder, o cuando no pueden prestar más el servicio social que prestaban, o
cuando esas cualidades y servicios pierden importancia en el ambiente social
en el que viven” (p. 34).
En cuanto a los individuos, como actores que conforman esta parte tan
importante del sistema político, cabe mencionar que en los procesos de tran-
sición política las investigaciones generalmente se centran en los nuevos in-
tegrantes. Ello es entendible porque se busca conocer y entender los nuevos
modos de interacción, las trayectorias y redes de la nueva clase política, su
ocupación en la mayoría de las posiciones en el régimen político durante un
tiempo considerable,8 además de que instituyen un nuevo marco político. De
ahí que este texto busque no sólo dar cuenta de las razones de por qué la
política priísta no sólo quedó marginada, sino conocer la lógica de su desen-
volvimiento interno durante el periodo de 1995 a 2012.
Esta última acotación obliga a recordar que el pri es un partido político y
que generalmente éstos son conceptualizados por la ciencia política como ins-
tituciones que participan y postulan candidatos para contender en elecciones
competitivas con el fin de acceder los cargos públicos representativos. Así,
a los partidos políticos se les ha visto como sistemas, instituciones u orga-
nizaciones, para clasificarlos luego como partidos de patronaje, ideológicos,
notables, masas, de clase, etc. (véase Bobbio et al., 2002: 217-218, 239, 283 y
295). Sin embargo en este texto el acercamiento al pri como partido político
se encuentra más cercano a un estudio organizacional, y se preocupa más por
los liderazgos o grupos. Esto es importante mencionarlo porque en los tra-
bajos académicos hay un vacío en el estudio de lo que aconteció en el pri en
ese entonces, y aún no se ha comprendido cómo se desenvolvió frente al pan
cuando este último tuvo el control del Poder Ejecutivo de Jalisco.
Cabe mencionar que el liderazgo se vuelve una categoría central para el
análisis político al ser una relación de poder donde un grupo humano le re-
conoce a una persona la cualidad de líder y se le obedece (véase Northouse,

8
Para el estudio de la clase política panista en Jalisco instalada ahora en las posiciones de las estructuras
de autoridad en el régimen político de Jalisco véase Hurtado y López (2004).

127
Ismael Ortiz Barba

2001: 2-4).9 De este modo, los partidos deben ser visualizados como insti-
tuciones centrales en la conformación del sistema político, empero, deben
entenderse más como entes integrados por actores, grupos y personas que le
dan vida.
Enseguida se buscará analizar y se expondrán los factores internos que
convergieron en la derrota del pri en 1995.
Generalmente esos factores estaban circunscritos a los liderazgos que
operaban y existían previos a la derrota de 1995, así como a las repercusio-
nes por el periodo en el que surgió una generación de políticos priístas que
quedaron fuera de cargos públicos, de elección popular y partidistas, durante
dieciocho años, a quienes se les denominó como la “generación perdida” o
baby boomers de la política local; tal situación resulta particularmente relevante
porque estos políticos estaban inmersos en un régimen presidencial donde el
Ejecutivo era la institución central del gobierno.10
Lo anterior fue el resultado evidente de que el pri no tuviera el control de
la gubernatura de Jalisco. Es cierto que tuvo oportunidad para subsistir por
medio de la base electoral, lo cual le permitió conformarse como oposición
y contar con posiciones significativas en el Congreso local; además, tuvo el
control de importantes ayuntamientos del estado y la zmg. Por lo tanto, el pri
formó parte de una dinámica electoral en la que podía ganar y perder posi-
ciones. Sin embargo, al no contar con la titularidad del Poder Ejecutivo, en el
entorno político local se percibía su falta de rumbo.
¿Qué pasó entonces con estos grupos de poder, con esas “familias polí-
ticas”, según los términos de Javier Hurtado (1993) con los cuales encontró
la lógica estructural en la que se cimentaba el sistema político de Jalisco? El
mismo Hurtado apunta que la situación en este caso puede trasladarse como
una regla en los procesos donde la titularidad del Ejecutivo cambia después
de un periodo significativo (como el acontecido recientemente), donde los
liderazgos no asumen su papel para reducir la incertidumbre y lograr la co-
hesión. Él afirma que se produce una desarticulación total, la cual radica en

9
El liderazgo visto como un arte se comprende a partir de la influencia que un hombre ejerce en el
comportamiento de otras personas en la búsqueda de una meta u objetivos particulares o comunes,
y esto se da en todos los ámbitos de la vida (véase Northouse, 2001: 2-4).
10
Los baby boomers es un término usado para describir a las personas que nacieron durante la explosión
de natalidad. En el sentido aludido se hace referencia no sólo al hecho de que hayan nacido en
los años en que surgió esta generación de políticos priístas, sino también a la distancia en términos
políticos. Se sitúa entre los ultradinosarios (65 años y más) y la nueva generación de políticos priístas
(30 y 45 años); son aquellos políticos que están en medio y no tuvieron oportunidad de mostrarse
como tal en el periodo en que otra clase política no tuvo el control del Poder Ejecutivo local.

128
Los liderazgos priístas ante la transición

que los actores políticos se dan cuenta de que se han perdido las estructuras
gubernamentales: los cargos políticos y los espacios territoriales (Hurtado,
2012). Con mayor claridad lo manifiesta de la siguiente manera:

[...] hubo una desarticulación total, porque además de que se pierden las estructuras gu-
bernamentales, que muchas veces los cargos políticos o los espacios territoriales en que
están asentados esos cargos políticos o aparatos gubernamentales, crean estructuras de
poder y generan que en torno a eso se nucleen [sic] grupos políticos con la alternancia,
con el cambio del poder en 1995 eso se desarticuló; una situación muy parecida a lo
que se presenta hoy con el pan que vivió el pri en 1995 [Igual en] el pan disminuyó su
padrón y su membresía en un 80 por ciento y destacados panistas, aguerridos [ya no] no
se reafiliaron, pues entonces es lo mismo en el pri. Hubo una desbandada, una desarti-
culación. En un principio yo hablo de desarticulación porque el presupuesto y el poder
gubernamentales articulan gente; es como un imán que jala y que mantiene pegado a su
estructura y a mucha gente, ya sea en una institución, en un orden de gobierno o en una
región territorial (Hurtado, 2012).

Los liderazgos pueden desempeñar un papel fundamental para aminorar


el impacto de esta desarticulación. Su función articuladora se ve reflejada
cuando la carrera política y el prestigio que un político ha logrado condicio-
nan que los grupos se cohesionen y, al mismo tiempo, no sólo se identifiquen
sino que tengan los acuerdos y reglas mínimas que les permitan tener cohe-
sión frente al exterior.
Así, durante el periodo de la década que va de 1980 hasta antes de la de-
bacle de 1995, los liderazgos priístas que existían en Jalisco articulaban a los
políticos del sistema local gracias a su carrera política y al prestigio que ha-
bían logrado en la escena política nacional. Bajo esta lógica se entendía que el
candidato a gobernador fuera designado o tuviera el visto bueno del Centro.
Durante la etapa previa a la debacle de 1995 destacaron algunos personajes:
Javier García Paniagua, José Luis Lamadrid Sauza y, quizá, Guillermo Cosío
Vidurri, quien fue nombrado candidato a gobernador en 1989.
Javier García Paniagua era no sólo un líder político priísta muy reconoci-
do en Jalisco sino el heredero y cabeza de la familia política identificada con
el general Marcelino García Barragán. En la escena nacional, previa su ines-
perada muerte, ocupó posiciones en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari,
en el Departamento del Distrito Federal como director de la Policía. La clase
política vio en su muerte un gran golpe, tanto, que aún se hacen ejercicios de
cavilación de qué hubiera pasado si no hubiera fallecido.

129
Ismael Ortiz Barba

En esa lógica de los políticos con presencia nacional o bien relacionados


con el Centro, otro caso fue el de José Luis Lamadrid Sauza, quien se venía
perfilando como el gobernador del estado de Jalisco a principios de la déca-
da de 1990. Su vida y carrera política la hizo en la ciudad de México, donde
se pasó alrededor de tres décadas siendo legislador, ya fuera como diputado
federal o como senador. De su persona cabe mencionar sus importantes fun-
ciones parlamentarias y como ideólogo del sistema político mexicano. Sin
embargo, la muerte de Luis Donaldo Colosio le cerró las posibilidades de que
fuera candidato a gobernador.
En esta lógica entró la designación de Guillermo Cosío Vidaurri, quien,
a diferencia de los anteriores, logró ser candidato a gobernador por el pri;
su liderazgo estaba en una ruta dirigida más bien hacia la consolidación. Ha-
bía indicios de que podía ejercer un liderazgo, pues si analizamos el sistema
priísta es posible comprender cómo es que logró articular en su candidatura,
y al inicio de su gestión amplios apoyos no sólo en el interior de su partido
sino también en el exterior entre los sectores económicos y sociales. A pesar
de ello, una serie de coyunturas y el infortunio de haber sido removido por
el presidente Carlos Salinas mediante la solicitud de licencia y enviado como
embajador a Guatemala a raíz de las explosiones del 22 abril de 1992, marca-
ron el inicio de aquello que después se identificaría como el periodo en el que
una generación de políticos priístas perdieron la oportunidad de mostrar su
desempeño gubernamental.
En cuanto al proceso electoral de los últimos meses de 1994 y los dos
primeros de 1995 para elegir al gobernador de Jalisco, la muerte de Luis Do-
naldo Colosio trastocó las dinámicas internas del pri. Como se dijo, su muer-
te impidió que José Luis Lamadrid Sauza fuera el candidato al gobierno de
Jalisco. Asimismo, el ascenso de Ernesto Zedillo como candidato del pri a la
Presidencia de la república benefició a Eugenio Ruiz Orozco para que fuera
candidato y, por tanto, viniera a cubrir el papel de ser el nuevo líder político
del estado. No obstante, el voto de castigo se constituyó en el factor que des-
articuló la clase política del pri. A partir de entonces, la clase política priísta
jalisciense quedó sumida en una profunda crisis triple, a decir de Javier Hurta-
do. En primer lugar porque perdió espacios de poder, gobiernos, posiciones y
cargos; luego, perdió a sus líderes históricos; y finalmente, se encontró en una
situación de indefinición por no poder sustituirlos y recomponer la situación.
El “pri: prácticamente dejó de existir” (Hurtado, 2012).

130
Los liderazgos priístas ante la transición

Fue así como los priístas quedaron en el desorden político al no tener


liderazgos ni objetivos. Esto es algo similar a la situación por la que actual-
mente pasa el panismo de Jalisco al perder la gubernatura en marzo de 2013.
El hecho de que el pri no tuviera la gubernatura y más aún la Presidencia de la
república, llevó a que su clase política no se rearticulara en este estado, como
sí aconteció en otras entidades federativas del país.
La falta de referente priísta en el Ejecutivo estatal y sobre todo en el ám-
bito federal, provocó que una generación de priístas perdiera la oportunidad
de tener acceso al poder. Fue la generación, como se dijo párrafos atrás, de
los baby boomers en la política en Jalisco. A esta generación, que nació durante la
segunda mitad década de 1950 y la primera de 1970, le cerraron incluso las
puertas del pri. Además se le impidió llegar a cargos de elección popular, car-
gos en el partido, cargos en el gobierno o en la administración pública; esto
se debió a que al disminuir oportunidades, se dio cobijo y selección a favor de
los priístas de mayor peso en ese entonces, por lo que el sistema de recluta-
miento sufrió un cuello de botella.
Aunque había algunos políticos como Eugenio Ruíz Orozco y Ramiro Her-
nández, que parecían ser de una nueva generación y llegaron a tener presencia y
control del partido en la entidad, lo cierto fue que políticos diez años más jóve-
nes que ellos no encontraron el arropo para hacer carrera política. Esto explica
que en el periodo de transición se diera un “transfiguro” hacia otros partidos
políticos, generalmente a institutos minoritarios en el sistema de partidos, o
simplemente para no estar fuera de la escena política.11 Un ejemplo de este
transfiguro político son los casos de Cosío Gaona y Enrique Ibarra Pedroza,
entre otros.
Esta situación generacional se manifestó en la elección interna del pri en
el año 2009 para elegir al candidato a la gubernatura de Jalisco. Lo que ocurrió
fue definitorio para la situación donde se enfrentaron una vieja generación –
muy mayor, por cierto, en cuanto a la edad– y una generación recién llegada.
El asunto no sólo fue simbólico cuando los “dinosaurios”, viejos y nuevos, se
enfrentaron a los jóvenes del pri, y en medio de las dos había una generación
perdida.

11
Según Gateano Mosca en todas las sociedades existen dos grupos de personas: los gobernantes quienes
controlan el poder político (minoría) y los gobernados (mayoría). Las minorías gobernantes se distinguen
de las mayorías por algunas cualidades (materiales, intelectuales o morales). Y en las democracias
modernas los grupos de poder, las élites, utilizan a los partidos dominantes o saben prescindir de
las formas partidarias para imponer las líneas reales de gobierno (véase Mosca, 2001).

131
Ismael Ortiz Barba

Posterior al momento en que se suscitó el desorden político en el priísmo


causado por la alternancia de 1995, las corporaciones priístas (desde luego)
no les dieron entrada y se encargaron de defender sus posiciones y afianzarse
en ellas. En el periodo de transición en que el pri quedó fuera y regresó al
Ejecutivo local y federal, en el partido sólo quedaron las corporaciones, mis-
mas que difícilmente ejercieron el liderazgo como se debía. Los liderazgos de
los sectores del pri únicamente eran territoriales o sectoriales a pesar de que el
entorno de la política jalisciense había cambiado. Ni siquiera los sempiternos
y tradicionales liderazgos corporativos de la Confederación Regional Obrera y
Campesina (croc) y la Confederación de Trabajadores de México (ctm), y en
cierta forma la Confederación Nacional Campesina (cnc), podían sustituirlos
y mucho menos articular todo el partido. Es cierto que anteriormente el líder
de la ctm en Jalisco, Heliodoro Hernández, y Francisco Silva Romero, líder de
la croc, fueron muy fuertes y constituyeron factores reales de poder en Jalis-
co, llegando a conformar familias políticas, pero en la alternancia de 1995 los
liderazgos existentes estaban muy lejos de aspirar, al menos, a intentarlo. Res-
pecto de las corporaciones que formalmente decían ser priístas, la alternancia
panista a nivel federal del año 2000 demostró que los sectores de priístas no
tenían nada; se redujeron a sus grupos corporativos acomodaticios al servicio
del gobierno o a quien tuviera el poder en turno.
Durante el periodo en el que el pri estuvo fuera de Casa Jalisco y de
lo que se vio en el primer año de gobierno priísta en 2013, se percibió un
comportamiento o conducta política muy particular, la cual podría explicarse
mejor si se tiene en cuenta la forma en la cual se ejerce el liderazgo en el pri;
dicha conducta consistió en que los priístas estaban muy atentos a lo que
acontecía y ordenaba el centro del país, más aun si las indicaciones venían
de un presidente priísta. Ha quedado demostrado que un liderazgo que tiene
el cobijo del presidente de la república puede estar por encima u opacar el
liderazgo que debería asumir el gobernador del estado: la historia pasada y
reciente así lo demuestran. Si bien es cierto que la alternancia panista fue un
golpe muy duro para el priísmo jalisciense, tanto que logró desarticularlo por
completo, esto no implica, en una correlación de fuerzas, que los políticos
del pri jalisciense tengan un referente a nivel local; siempre están atentos a la
ciudad de México. En conclusión, y como hecho social y políticamente evi-
dente, la desarticulación del pri y la alternancia panista vinieron a fortalecer
un liderazgo local y regional: el de Raúl Padilla López.

132
Los liderazgos priístas ante la transición

En suma
El pri y sus liderazgos se desarticularon cuando perdieron las estructuras
gubernamentales: 1995 fue una debacle. El pri local quedó desorientado en
los primeros años posteriores a la alternancia, y aunque los priístas miraron
por un momento hacia el Centro, ya que había un referente nacional en la
Presidencia de la república, no pudieron rearticularse por el desgaste ocurrido
en el ejercido de gobierno décadas atrás. Y aunque poco a poco comenzaron a
rearticularse y entraron en las dinámicas de competencia electoral, en las que
en ocasiones tenían importantes espacios en el Congreso y ayuntamientos de
la zmg y de otras regiones del estado, el haber estado sin el cargo del Poder
Ejecutivo durante tres sexenios y dos en la Presidencia de la república, entre
los priístas y la opinión pública imperaba la idea de que no había rumbo.
Así, en el periodo de 18 años que el pan ocupó la gubernatura de Jalisco
y años previos a la alternancia de 1995, el pri no tuvo brújula porque perdió
líderes históricos y porque al estar fuera de las estructuras de autoridad y de-
cisión, principalmente aquellas que se desprenden del Poder Ejecutivo, una
generación de políticos priístas no pudo mostrarse en funciones de gobierno.
Cabe puntualizar que en el periodo aludido el pri no tuvo problemas de lide-
razgo en sí, sino que más bien la contienda fue generacional y de un modo de
entender y hacer política.
Al reducirse los espacios y por arropar a los políticos que en su momento
tenían más peso y trayectoria, se descuidó una generación: una generación que
al parecer se perdió al ser relegada o bien en la que algunos de sus integrantes
tuvieron que mudarse a otros partidos políticos. Quizá con la exposición del
caso priísta, el pan pueda aprender de la experiencia que implica la desarticu-
lación y la ausencia de liderazgos que vean más allá de simples posiciones, y
tenga mayor cuidado con las generaciones y cuadros que vienen detrás.

Bibliografía

Alonso, Jorge (1993). El rito electoral en Jalisco (1940-1992). Guadalajara: ciesas-El


Colegio de Jalisco (Ensayos Jaliscienses).

(1995). El cambio en Jalisco. Las elecciones de 1994 y 1995. Guadalajara: Uni-


versidad de Guadalajara-Consejo Electoral del Estado de Jalisco.

133
Ismael Ortiz Barba

(1996a). “Elecciones y región en Jalisco”. Humberto González Chávez


y Jesús Arroyo Alejandre (comps.). Globalización y regionalización. El occiden-
te de México. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.

(julio-diciembre, 1996b). “Jalisco: los problemas de una alternancia”.


Frontera Norte. vol. 8, núm. 16, pp. 81-102.

(2001). “Las elecciones municipales, electores sin dueño”. Jalisco. Eleccio-


nes 2000. Análisis. México: Consejo Electoral del Estado de Jalisco.

Arellano Ríos, Alberto (2012). “Los organismos electorales. Travesías, esta-


tuto jurídico y diseño institucional”. Nancy García Vázquez (coord.). La
democracia electoral. Contextos, estructuras y resultados. Zapopan: El Colegio de
Jalisco.

Aziz Nassif, Alberto (2003). México al inicio del siglo xxi. Democracia, ciudadanía y
desarrollo. México: Miguel Ángel Porrúa.

Becerra Chávez, Pablo Javier (1999). “La reforma electoral de 1996”. Manuel
Larrosa y Ricardo Espinoza (coords.). Elecciones y partidos políticos en Méxi-
co, 1996. México: uam.

Becerra, Ricardo, Pedro Salazar y José Woldenberg (1997). La reforma electoral


de 1996. Una descripción general. México: fce.

Béjar Algazi, Luisa (2004). El Poder Legislativo en México. Los diputados de partido:
el primer eslabón del cambio. México: unam-Gernika.

Bobbio, Norberto et al. (2002). Diccionario de Política L-Z. México: Siglo xxi.

Campuzano Montoya, Irma (enero-junio, 2002). “Las elecciones de 1988”.


Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México. México, unam, núm.
23, pp. 207-241.

Carpizo McGregor, Jorge (1995). “Algunos aspectos de la reforma federal


electoral de 1994”. Homenaje a Don César Sepúlveda. Escritos jurídicos. Méxi-
co: iij, unam.

134
Los liderazgos priístas ante la transición

Córdova Vianello, Lorenzo (2008). “La reforma electoral y el cambio político


en México”. Daniel Zovatto y J. Jesús Orozco Enríquez. Reforma política y
electoral en América Latina. 1978-2007. México: unam.

Corona Nakamura, Luis Antonio y Adrián Joaquín Miranda Camarena


(comps.) (2010). Derecho electoral mexicano. Una visión local: Jalisco. Madrid:
Marcial Pons.

Creel, Santiago (1995). “Prólogo: El contexto de la reforma política”. Jorge


Alonso. El cambio en Jalisco. Las elecciones de 1994 y 1995. Guadalajara: Uni-
versidad de Guadalajara-Consejo Electoral del Estado de Jalisco.

Elizondo Mayer-Serra, Carlos y Benito Nacif Hernández (2002). Lecturas so-


bre el cambio político en México. México: fce.

French, John R. P. y Bertrand Raven (1962). “The Bases of Social Power”. D.


Cartwright (ed.). Group Dynamics: Research and Theory. Nueva York: Harper
& Row.

García Bartolo, Moisés Sinuhé (marzo-abril, 2011). “Las reformas electorales


a nivel federal en México”. El Cotidiano. México: uam, núm. 166, pp. 79-
91.

Hurtado, Javier (1993). Familias, política y parentesco. Jalisco 1991-1993. México: fce.

(1998). Sistema político en Jalisco. Centro de Estudios de Política Compara-


da-Universidad de Guadalajara.

y Eliseo López Cortés (2004). Relaciones de parentesco, estructuras de poder y grupos


políticos en Jalisco 1995-2003. Guadalajara: cuci, Universidad de Guadalajara.

(21 de febrero, 2012). Entrevista de Ismael Ortiz Barba, Guadalajara.

Kellerman, Barbara (1986). Political Leadership. A Source Book. Pittsburgh: Uni-


versity of Pittsburgh Press.

Loaeza, Soledad (julio-septiembre, 1989). “1968: orígenes de la transición”.


Foro Internacional. México, El Colegio de México, vol. xxx, núm. 1, pp.
66-92.

135
Ismael Ortiz Barba

(2008) Entre lo posible y lo probable. La experiencia de la transición en México.


México: Planeta.

Lujambio, Alonso (1994, otoño). “El dilema de Christlieb Ibarrola. Cuatro


cartas a Gustavo Díaz Ordaz”, en Estudios. filosofía-historia-letras. México,
itam, núm. 38 (http://biblioteca.itam.mx/estudios/estudio/letras38/
texto4/sec_2.html), 25 de febrero de 2013.

y Horacio Vives Segl (2000). El poder compartido. Un ensayo sobre la democra-


tización mexicana. México: Océano.

Luque Rojas, José Manuel (s.f.), “Transición y alternancia en México y sus


entidades” (http://www.democraciaenmexico.org/publicaciones/item/
transicion), 15 de enero de 2013.

Méndez de Hoyos, Irma (enero-junio, 2007). “Transición y consolidación de-


mocrática en México ¿Es posible una regresión?”. Revista de la Facultad de
Derecho de México. México, unam, núm. 247, pp. 63-88.

Molinar Horcasitas, Juan (1991). El tiempo de la legitimidad. Elecciones, autoritaris-


mo y democracia en México. México: Cal y Arena.

Mosca, Gaetano (2001). “La clase política”. Diez textos básicos de ciencia política.
Barcelona: Ariel.

Northouse, Peter G. (2001). Leadership. Theory and Practice. 2ª ed. Thousand


Oaks: Sage Publications, Inc.

Núñez Jiménez, Arturo (6 de mayo, 2008). “La experiencia mexicana en ma-


teria de reforma política-electoral (1977-2008)”. Ponencia presentada
en el Seminario de Reformas Electorales, San José, Asamblea Legislati-
va-Tribunal Supremo de Elecciones-idea Internacional-Fundación Kon-
rad Adenauer.

Peña, Guillermo de la (septiembre-diciembre, 1996). “Corrupción e informali-


dad”. Espiral. Guadalajara, Universidad de Guadalajara, año/vol. iii, núm. 7.

Sánchez Susarrey, Jaime (1991). La transición incierta. México: Vuelta.

136
EL PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA:
NOTAS ACERCA DE UNA ANHELADA
INSTITUCIONALIZACIÓN (1989-2013)

José de Jesús Gómez Valle


Universidad de Guadalajara

Introducción
Este capítulo se propone hacer un análisis del Partido de la Revolución De-
mocrática (prd) en Jalisco. Para ello se recurrirá a su historia, iniciando, por
supuesto, en el momento de su fundación; se tomarán en cuenta los avatares
y las vicisitudes que ha enfrentado para consolidarse funcional y organizati-
vamente. Asimismo, se dará testimonio de cuál ha sido su lugar en el sistema
de partidos y la fuerza electoral que ha obtenido en casi un cuarto de siglo de
existencia. Para la consecución de lo anterior será necesario observar cómo
este partido ha enfrentado las particularidades de su existencia como expre-
sión política dentro del sistema político del estado de Jalisco. Como marco
teórico servirán de apoyo las ideas de la institucionalización de los partidos
políticos propuestas por Samuel P. Huntington y Angelo Panebianco, princi-
palmente.

La institucionalización de los partidos políticos


Es de sobra conocida la teoría de la institucionalización de los partidos. En este
espacio únicamente se esbozarán los aspectos más generales de las propuestas
de Huntington y Panebianco. Al respecto, Samuel Huntington (1990) afirma
que la fuerza de los partidos políticos es reflejada por su nivel de institucionali-
zación y que este se mide por tres aspectos:
a) Por la capacidad del partido para sobrevivir a su fundador o a su líder
carismático, ya que los partidos débiles dependen de sus dirigentes.
b) Por la complejidad y la profundidad organizativa en particular, como
lo revelan los vínculos existentes entre el propio partido y organi-

[137]
José de Jesús Gómez Valle

zaciones socioeconómicas, como sindicatos obreros y asociaciones


campesinas.
c) Por la medida en que los activistas políticos y los buscadores de po-
der se identifican con él, y en la medida en que lo ven nada más como
un instrumento para otros fines.
Otra aportación sugerente es la de Angelo Panebianco (1990), quien en-
tiende por institucionalización “la forma en que la organización se ha conso-
lidado”, es decir, es la etapa de la consolidación organizativa de un partido.
Agrega que la institucionalización organizativa puede ser medida por dos
dimensiones: la primera es el grado de autonomía respecto del ambiente al-
canzado por la organización y, la segunda, el grado de sistematización, de
interdependencia entre las distintas partes de la organización (pp. 108-118).
De acuerdo con el mismo Panebianco, el grado máximo de instituciona-
lización posible, desde la dimensión de la autonomía respecto del ambiente,
cuenta con las siguientes características: el partido controla sus fuentes de
financiamiento mediante las cuotas de sus afiliados; domina a las organiza-
ciones próximas al partido y a través de éstas extiende su hegemonía; posee
un aparato administrativo central desarrollado con un alto grado de burocra-
tización; elige a sus cuadros dirigentes sin recurrir a aportaciones externas; y
sus representantes en las asambleas públicas y órganos de representación son
controlados por los dirigentes del partido (p. 119).
Por lo que respecta a los partidos con una autonomía respecto de un
ambiente bastante débil, sus rasgos distintivos son los siguientes: el partido
depende del exterior para su financiamiento, por ejemplo, de grupos de inte-
rés; no controla las asociaciones próximas al partido, sino que es controlado
por ellas o bien debe negociar con ellas en condiciones de igualdad; incluye en
sus listas electorales a muchos candidatos patrocinados por grupos de interés
y sin una carrera anterior dentro del partido (pp. 119-120).
Es necesario resaltar que para el teórico italiano ambos casos son límite, es
decir, modelos ideales que no se encuentran puros en la realidad. En la vida real
“los partidos se dividen entre aquellos que se aproximan más al primer modelo
y los que se aproximan más al segundo” (p. 120).
Dentro de la dimensión del grado de sistematización, que se refiere a la
coherencia estructural interna de la organización, Panebianco marca la dife-
rencia entre los partidos con un alto grado de sistematización y los partidos
con un bajo grado de sistematización. La característica principal de los pri-
meros es una mayor homogeneidad y una fuerte interdependencia entre las

138
El Partido de la Revolución Democrática: notas acerca de una anhelada...

subunidades que lo componen, mientras que los rasgos de los segundos pre-
sentan una marcada heterogeneidad organizativa y una amplia autonomía de
las subunidades respecto del centro de la organización, que va ligada una
dependencia de otros sectores del entorno, como pueden ser “grupos de
interés local o algún notable”. De igual manera, señala que un partido que ha
conocido un fuerte proceso de institucionalización limita drásticamente los
márgenes de maniobra de sus actores internos, dicho en otras palabras, “la
organización se impone sobre los actores y canaliza sus estrategias por vías
obligadas y estrechas” (pp. 120-122).

Los orígenes del Partido de la Revolución Democrática


El prd se formó con el objetivo de dar continuidad política y organizativa
al movimiento ciudadano que se expresó en las urnas el 6 de julio de 1988
para apoyar a la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas Solór-
zano. Quedó integrado por la disidencia priísta conocida como Corriente
Democrática, la izquierda socialista representada por el Partido Mexicano So-
cialista (pms), la Coalición de Izquierda y el Movimiento de Acción Popular,
y la izquierda social, que incluía a organizaciones sociales como la Coalición
Obrera, Campesina, Estudiantil del Istmo (cocei), la Central Independiente
de Obreros Agrícolas y Campesinos (cioac), la Asamblea de Barrios de la
Ciudad de México, la Unión de Colonias Populares, la Unión Popular Revo-
lucionaria Emiliano Zapata y agrupamientos de activistas políticos con pre-
sencia en el medio social como la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria
(acnr), la Organización Revolucionaria Punto Crítico (orpc), la Organización
de Izquierda Revolucionaria-Línea de Masas (or-lm) y el Movimiento al So-
cialismo.
El 21 de octubre de 1988 un grupo de ciudadanos lanzaron un llamado al
pueblo de México para formar el prd. Se buscaba la formación de

una organización que [fuera] la expresión política del cambio social y cultural que [se
estaba] viviendo, el partido de la democracia, de la constitucionalidad, de la Revolución
Mexicana, de la dignidad del pueblo y del progreso. [Un] partido nuevo que sea la ex-
presión de la pluralidad y al mismo tiempo de la inmensa masa ciudadana todavía no
organizada (La Jornada, 1988: 16).

Entre los propósitos de la nueva organización se señalaban los siguien-


tes: promover la democratización de la sociedad y de las instituciones del
Estado; defender y respetar el voto ciudadano; luchar por la liberalización de

139
José de Jesús Gómez Valle

los sindicatos y organizaciones campesinas, populares y de trabajadores; ter-


minar con el sistema de partido de Estado, con el monopolio de los medios
de comunicación y difusión, y con el uso ilegal del presupuesto público para
fines partidistas y privados; combatir la corrupción, el privilegio, la injusticia,
el caciquismo y el despotismo de los gobernantes.
Entre los firmantes del desplegado se encontraban Cuauhtémoc Cárde-
nas Solórzano, Amalia García, Heberto Castillo, Porfirio Muñoz Ledo, An-
drés Manuel López Obrador, Adolfo Aguilar Zínser, Gilberto Rincón Gallar-
do, Pablo Gómez, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Luis Javier Garrido,
Luis Villoro, Emilio Carballido, Alfonso Arau, Adolfo Gilly, Ofelia Medina,
Rosa Albina Garavito, Mariclaire Acosta, Hifigenia Martínez y Adolfo Sánchez
Rebolledo; por Jalisco firmaron Gerardo Ávalos Lemus, Carlos González Du-
rán, Javier Hurtado González, Manuel Rodríguez Lapuente, Jaime Tamayo
Rodríguez, Mario Saucedo Pérez, Oralia Viramontes de la Mora, Elisa Cár-
denas Ayala y Ernesto Gómez Cortés. En total fueron más de setecientos
ciudadanos que firmaron la convocatoria (La Jornada, 1988: 16).
El último partido en integrarse al Frente Democrático Nacional (fdn); el
Partido Mexicano Socialista (pms) fue el primero en enarbolar la postura de
crear un nuevo partido político. Por el contrario, los primeros partidos que
apoyaron la candidatura de Cárdenas, el Partido Auténtico de la Revolución
Mexicana (parm), el Partido del Frente Cardenista para la Reconstrucción Na-
cional (pfcrn) y el Partido Popular Socialista (pps), expresaron su decisión de
mantener su individualidad; fueron reacios a fusionarse en una nueva organi-
zación partidaria y finalmente decidieron mantenerse al margen de ella.
En las elecciones locales que se celebraron en algunas entidades federati-
vas a finales de 1988, cada partido, exceptuando ciertas coaliciones,1 postuló
a su respectivo candidato. Con esto quedaba de manifiesto que el elemento
aglutinador había sido la figura de Cuauhtémoc Cárdenas y no los programas,
ni mucho menos los principios.
El 18 de marzo de 1989 en Jiquilpan, Michoacán, se convocó a la realiza-
ción de las asambleas distritales que permitieran cumplir con los requisitos de
la ley para solicitar y obtener el registro del prd como partido político nacio-
nal. Previamente, durante el mes de febrero, se habían presentado y se había
dado la primera discusión entre los delegados de cada entidad federativa acer-
ca de los documentos básicos del partido, es decir, sus estatutos, su programa
1
En el caso de Jalisco, pps, pfcrn y pms formaron la Coalición Cardenista Jalisciense que postuló a
Jorge Amador para contender por la gubernatura del estado en diciembre de 1988, con muy pobres
resultados.

140
El Partido de la Revolución Democrática: notas acerca de una anhelada...

y su declaración de principios. En el pms ya se hablaba, desde abril de 1989,


de que sus miembros ingresarían al prd y que el pms desaparecería. También
en Jiquilpan se contempló otra vía para el registro de partidos, prevista por
la ley, que era el cambio de denominación, documentos básicos y emblema.
Esta modalidad fue la que permitió el cambio del pms al prd.
Los días 5, 6 y 7 de mayo de 1989 se llevó a cabo la Asamblea Nacional
Constitutiva del Partido de la Revolución Democrática. Posteriormente, los
días 13 y 14 del mismo mes, se celebró el Congreso del Partido Mexicano
Socialista, en el cual este partido adoptó los documentos básicos, emblema y
denominación de Partido de la Revolución Democrática, para allanar el cami-
no de esta nueva organización partidaria hacia su registro oficial.
La votación en el Congreso del pms fue abrumadoramente mayoritaria,
favorable a la propuesta de desaparecer las siglas de pms para adoptar las
correspondientes al prd: 1 077 votos a favor, 21 en contra y 4 abstenciones
(Mellado, 1989: 1 y 13A). De esta manera se presentó a la Comisión Federal
Electoral la solicitud de registro del prd, mismo que fue otorgado, finalmente,
el 26 de mayo de 1989.

El surgimiento del prd en Jalisco


Históricamente se ha dicho que Jalisco es la cuna del pensamiento conserva-
dor mexicano, mismo que llegó a una de sus máximas expresiones durante la
guerra cristera de la década de 1920 y también con las acciones que diversos
grupos anticomunistas desarrollaron durante las décadas de 1970 y 1980. Por
ello resulta complicado hablar de la izquierda en sociedades caracterizadas
por su acendrado conservadurismo.
No obstante, también es cierto que en la entidad a la par de esas ten-
dencias conservadoras coexistían también expresiones radicales que inclu-
so reivindicaban la violencia para incidir en la política. Aunque en muchas
ocasiones estas acciones fueron minimizadas o soslayadas por el discurso
gubernamental de la época (Orozco, 1972 y 1974), lo cierto es que de manera
soterrada empezaron a surgir en la escena política de la capital y otras regio-
nes del estado, grupos de oposición al régimen que bajo la opción de la vía
armada se enfrentaron al Estado mexicano instrumentando para este fin los
métodos de la guerra de guerrillas.
Guadalajara fue uno de los principales centros de acción de la llamada
Liga Comunista 23 de septiembre, formada por guerrilleros de diversos es-
tados de la república mexicana. Las acciones de este grupo subversivo fue-

141
José de Jesús Gómez Valle

ron asaltos a instituciones bancarias, secuestros, enfrentamientos con fuerzas


policiacas, detonación de artefactos explosivos y el intento de liberación de
presos de la penitenciaría estatal. En respuesta, el gobierno asumió una ac-
titud también violenta al desarrollar una serie de medidas policiaco-militares
(Carrasco, 1998: 3-6).
Como en todo el país, en nuestra entidad, electoralmente hablando, la iz-
quierda siempre ha estado dividida, lo que abona a que no sea numéricamente
significativa. También electoralmente hablando, los triunfos de las expresio-
nes colocadas a la izquierda en el espectro político-ideológico empezaron
cuando algunas de sus muy diversas expresiones confluyeron en el prd.
Antes del prd, en Jalisco, como en el resto del país, las expectativas de
la izquierda en el terreno electoral eran los espacios obtenidos por la vía
de la representación proporcional (Regalado, 2000: 6-10). Y en el caso de
Jalisco, al menos en el ámbito parlamentario, así sigue siendo.
En Jalisco, el prd se conformó por la Corriente Democrática Jalisciense
(cdj) que, a diferencia de la Corriente Democrática a nivel nacional, no era
un ala disidente del Partido Revolucionario Institucional (pri) sino un grupo
de académicos vinculados con la Universidad de Guadalajara: Jaime Tama-
yo Rodríguez, Manuel Rodríguez Lapuente, Javier Hurtado y Laura Patricia
Romero, entre otros. La Corriente Democrática Jalisciense “era una corrien-
te política, social, amplia y plural compuesta por académicos universitarios
sin partido o que habían militado o simpatizaban con partidos de izquierda”
(Hurtado, 1997).
Además de la cdj confluyeron exmilitantes del parm; del pms, última ex-
presión del Partido Comunista Mexicano (pcm), especialmente algunos de sus
dirigentes, Samuel Meléndrez Luévano, José Luis Rodríguez y Gilberto Parra
Rodríguez, a quienes posteriormente se unió Claudio Palacios Rivera; asimis-
mo, integrantes de la Organización Revolucionaria Punto Crítico: Jorge Re-
galado, Rafael Sandoval y Rubén Martín, entre otros; la conjunción de Trisec:
la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria, el Movimiento Revolucionario
del Pueblo y el Partido Patriótico Revolucionario; así como ciudadanos no
organizados previamente en algún partido político (Gómez Valle, 1998: 3).

Las dirigencias locales


Los partidos políticos reflejan en gran medida los deseos, ambiciones, vicios y
virtudes de sus dirigencias; y no podría ser de otra forma. Las élites, dirigencias
o burocracias partidistas imprimen sus visiones y anhelos a la organización.

142
El Partido de la Revolución Democrática: notas acerca de una anhelada...

Por ello la disputa por ser la coalición dominante en un partido político es uno
de los momentos en que se observa nítidamente la conflictividad interna. La
lucha por los cargos directivos y las candidaturas a cargos de elección popular
son quizá las coyunturas más conflictivas en los partidos políticos.
El caso del prd en Jalisco no es la excepción. En sus casi cinco lustros
de existencia ha tenido catorce dirigencias, de las cuales la mayoría, ocho, se
relacionan con el denominado Grupo Universidad.2
La primera dirigencia perredista en Jalisco fue una dirección colegiada de
28 personas nombrada como Primer Congreso Estatal del prd (en noviem-
bre de 1990); en dicha dirección destacaban Oralia Viramontes de la Mora,
Jorge Regalado, Manuel Rodríguez Lapuente, Miguel Ángel León Corrales y
Gilberto Parra Rodríguez (Siglo 21, 22 de noviembre de 1991: 11).
Fue en su Segundo Congreso Estatal, en noviembre de 1992, cuando
los perredistas de Jalisco eligieron a su primer presidente: Manuel Rodríguez
Lapuente, quien derrotó por 189 votos de los delegados a Gilberto Parra, con
179 tantos (Siglo 21, 29 de noviembre de 1992: 7). La gestión de Rodríguez
Lapuente fue del 28 de noviembre de 1992 al 31 de marzo de 1995, fecha en
que renunció al cargo (mediante una misiva enviada al cen del prd) esgrimiendo
dos razones: conclusión del periodo para el que fue electo y motivos de salud.
Según él mismo, dejó al prd “con avances en materia de organización, mayor
presencia en la entidad y el gobierno de seis municipios” (El Occidental, 1 de
abril de 1995: 2-A).
Fue hasta el 14 de mayo de 1995 cuando Samuel Meléndrez Luévano se
convirtió en presidente interino del prd Jalisco por acuerdo del Consejo Estatal;
su principal tarea sería la reafiliación de militantes para dar paso a la elección
del nuevo comité. En aquel tiempo se dijo que las elecciones de la nueva diri-
gencia se llevarían a cabo el 22 de octubre de 1995, pero se pospuso para el 28
de enero de 1996 y se volvió a posponer hasta el 18 de febrero de ese mismo
año, arguyendo razones políticas y de carácter interno; al respecto se dijo que
faltaban tareas organizativas y que se carecía de un padrón confiable (Siglo 21,
20 de enero de 1996: 9; 22 de enero de 1996: 12).
Para contender por la presidencia del prd estatal se registraron cinco pla-
nillas encabezadas por Gilberto Parra Rodríguez, Miguel León Corrales, José
Luis Rodríguez Flores, Pedro León Corrales y Alfonso Boone Salas, respecti-
vamente. La elección se realizó por medio del voto directo, secreto y universal

2
Como Grupo Universidad se conoce al integrado por altos directivos y exdirectivos de la Universidad
de Guadalajara.

143
José de Jesús Gómez Valle

de los militantes que tomaban un padrón de 33 000 personas (Siglo 21, 18 de


febrero de 1996: 9). La votación favoreció a Gilberto Parra con 5 257 votos,
mientras que Miguel León Corrales obtuvo 3 633, José Luis Rodríguez 1 334;
Alfonso Boone 304 y Pedro León se retiró de la contienda con 159 sufragios
(Siglo 21, 23 de febrero de 1996: 9 y 11).
Al tomar posesión en el cargo, Parra Rodríguez manifestó que convertiría
al prd en “una auténtica institución de ciudadanos en donde se (diera) impul-
so a la cultura del diálogo y a la tolerancia como herramientas privilegiadas
de la actividad política” (El Occidental, 21 de febrero de 1996: 1 y 17-A). Bajo
la dirección de Gilberto Parra, el prd logró cuajar alianzas importantes con
diversos actores políticos, especialmente con el movimiento social El Barzón
(El Financiero, 13 de febrero de 1997: 60) y el denominado Grupo Universi-
dad, cuya cabeza visible es el exrector de la Universidad de Guadalajara, Raúl
Padilla López.3 Si bien estas alianzas redituaron un incremento en la votación
perredista, también es cierto que causaron malestar en algunos militantes del
partido, quienes calificaron a las dirigencias local y nacional de pragmáticas
y entreguistas, y a los nuevos aliados de oportunistas. Esto trajo consigo re-
nuncias de connotados militantes como José Luis Rodríguez Flores y Samuel
Meléndrez (El Occidental, 24 de octubre de 1997: 2-A; Reforma-Jalisco, 27 de
octubre de 1997: 11).
Es necesario resaltar que la decisión del prd de establecer la alianza con el
Grupo Universidad fue divida: en la cúpula nacional perredista votó en contra
de Jesús Ortega (secretario general) mientras que López Obrador (presidente) lo
hizo a favor. En Jalisco, mientras tanto, se opusieron Gilberto Parra (presidente
estatal), Clemente Castañeda Valencia (regidor de Guadalajara) y Samuel Melén-
drez (expresidente del prd local y representante ante el Consejo Local del ife
durante el proceso electoral de julio de 1997). A favor, en cambio, se pronunció
el secretario general del comité local, Miguel León Corrales (Narro, 1997: 6).
Este hecho que agitó a la frágil estabilidad perredista resulta curioso por-
que posteriormente Jesús Ortega, cuando buscó la presidencia nacional del
prd, fue apoyado en Jalisco por el Grupo Universidad; Clemente Castañeda,
integrante de la planilla que encabezó Claudio Palacios (apoyado por el Gru-
po Universidad), logró convertirse en presidente del Consejo Político Estatal
del prd, y Miguel León, que había votado a favor de la alianza con el grupo
3
El ingreso del denominado Grupo Universidad se dio con el aval y apoyo de Porfirio Muñoz Ledo a
Raúl Padilla López, ya que los une una añeja amistad desde que el primero era secretario de Educación
y el segundo presidente de la Federación de Estudiantes de Guadalajara; después coincidieron en la
agrupación Compromisos de la Nación, a principios del decenio de 1990.

144
El Partido de la Revolución Democrática: notas acerca de una anhelada...

encabezado por Padilla López, después desconoció a este último como el coor-
dinador de la fracción parlamentaria perredista que ambos conformaban, y
no pocas veces el sentido de sus votaciones fue distinto.
El 14 de junio de 1998 el prd local celebró comicios para renovar su
dirigencia; en tales comicios contendieron Claudio Palacios Rivera, Maximia-
no Barbosa Llamas, Raúl Delgado, Héctor Figueroa y Guillermo Ogarrio,
quienes se disputarían la preferencia de los 125 000 afiliados al partido del sol
azteca.4 Los comicios se llevaron a cabo entre descalificaciones y acusaciones.
Se señaló que el Grupo Universidad que apoyó a Claudio Palacios obligaba
a estudiantes y maestros a afiliarse al partido; y que El Barzón, que apoyó a
Maximiano Barbosa, condicionaba a sus agremiados el apoyo jurídico (Público,
11 de mayo de 1999: 6).
El ganador resultó ser Palacios Rivera, y su más cercano contendiente fue
el barzonista Maximiano Barbosa, pero la Comisión Nacional de Garantías
y Vigilancia del prd anuló las elecciones porque el padrón no estaba actuali-
zado ni verificado, y por lo tanto no era válido (Público, 22 de septiembre de
1998: 12). Las nuevas elecciones se verificaron el 13 de diciembre de 1998, y
en este proceso Claudio Palacios casi logró duplicar los votos que consiguió
el segundo lugar, Máximo Jaramillo, es decir 19 263 contra 9 934 (Público, 20
de diciembre de 1998: 19). De esta manera, después de casi un año acéfalo, el
prd local estrenó presidente en la persona de Claudio Palacios Rivera, quien
llegó a la dirección perredista con el apoyo, principalmente, del Grupo Uni-
versidad, después de dos procesos internos en donde las acusaciones de clien-
telismo, acarreo y prácticas fraudulentas fueron divisa de uso corriente según
dieron cuenta los medios impresos de esas fechas (Gómez Valle, 1999: 3).
A partir de la dirigencia de Claudio Palacios Rivera, la coalición domi-
nante que ha dirigido al prd en Jalisco ha ejercido su poder en las decisiones
fundamentales del partido, lo que implica que las demás corrientes partidistas
no tengan injerencia real en el proceso de toma de decisiones dentro de la or-
ganización. De esta manera, el cambio de timón y la elección de candidaturas
se han dado de manera más o menos tersa.

4
Véase el periódico Público del 14 de junio de 1998 (p. 6). Es de resaltar el incremento de 92 000
afiliados en aproximadamente 2 años.

145
Tabla 1. Dirigentes del prd en Jalisco

Dirigente Origen Periodo


Dirección colegiada de 28 miembros; destacaban: Gilberto Parra, Jorge
1990-1992
Regalado, Samuel Meléndrez, Manuel Rodríguez Lapuente, Oralia Vira- Diverso
montes y Miguel León Corrales
Militó en el Partido Acción Nacional (pan)
Manuel Rodríguez Lapuente 1992-1995
entre las décadas de 1950 y 1970
Samuel Meléndrez Luévano (interino)(a) pcm 1995-1996
Gilberto Parra Rodríguez feg, pms 1996-1998
Dirección Colegiada Interina: Raúl Delgado, Pedro León, Job Gallegos,
Raymundo Escudero, Hugo Valdivia, Mario González, Gilberto Parra, 6 de mayo de 1998-
Diverso
Lorenzo Ramos, Alfredo Romero, Guadalupe Rojas, Armando Tavera y 16 de julio de 1998
Clemente Castañeda Valencia(b)
Lorena Villavicencio(c) cen-prd, ligada políticamente con René Arce 1998–1999
Claudio Palacios Rivera(d) pcm 1999- 2002
Celia Fausto Lizaola Universidad de Guadalajara 2002-2003
Samuel Romero Valle pri-Universidad de Guadalajara 2003-2005
Gabino Berumen Cervantes Universidad de Guadalajara 2005-2007
Raúl Vargas López Universidad de Guadalajara 2007-2009
José Antonio Magallanes Rodríguez Universidad de Guadalajara 2009-2011
Roberto López González Universidad de Guadalajara 2011-2012
Juan Carlos Guerrero Fausto Universidad de Guadalajara 2012-
(a) Fue nombrado por acuerdo del Consejo Político Estatal para asumir la dirigencia perredista después de que el partido estuvo un mes y
medio acéfalo por la renuncia de Rodríguez Lapuente. (b) Se conformó por tres representantes de cada una de las cinco planillas que busca-
ban la presidencia del partido. Esta Dirección Colegiada no fue reconocida por el cen. (c) Enviada al cen como dirigente del partido en Jalisco
después del conflicto poselectoral que se dio en el proceso para renovar la dirigencia. (d) Fue el último dirigente que había tenido militancia
previa en partidos de izquierda como el pcm, aunque llegó a la dirigencia con el apoyo del denominado Grupo Universidad, coalición que desde
entonces no ha perdido la hegemonía en el prd Jalisco.
Fuente: Elaboración propia.
El Partido de la Revolución Democrática: notas acerca de una anhelada...

El perredismo en procesos electorales:


¿de cuánta fuerza electoral hablamos?
Si el objetivo de un partido es la conquista y el ejercicio del poder político, se
puede afirmar que su fuerza se mide por sus logros electorales. En ese senti-
do, en sus casi veinticinco años de existencia, la fuerza del prd en Jalisco ha
sido de más penas que glorias, más grotesca que sublime.
La primera participación del perredismo jalisciense fue en las elecciones
federales de 1991, donde obtuvo 44 266 votos, es decir 2.7% de la votación.
En sus primeras elecciones locales, las de febrero de 1992, logró 56 642 su-
fragios, para un porcentaje de 4.28%; con ello colocó a dos diputados por la
vía de la representación proporcional en el Congreso del Estado (Gerardo
Ávalos Lemus y Pedro León Corrales), y obtuvo su primer triunfo de mayoría
al ganar la alcaldía del municipio de Cuquío.
Para las elecciones presidenciales del 21 de agosto de 1994, el perredismo
local aportó a la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas únicamente 181 186
votos, 7.5% de la votación. En febrero de 1995, en las elecciones para gober-
nador del estado, 124 alcaldías y la renovación del Congreso del Estado, la
votación no fue muy halagadora: rondó en 4%, un poco más de 98 000 vo-
tos; aun así ganó las alcaldías de Antonio Escobedo, Cocula, Cuquío (donde
repitió), Quitupan, San Martín Hidalgo y Zacoalco de Torres, y colocó a un
diputado en el Congreso del Estado por representación proporcional (Carlos
Margarito Sandoval).
Para las elecciones federales del 6 de julio de 1997, ya en alianza con El
Barzón, el prd obtuvo 246 928 sufragios, 11.43% de los votos; así Maximiano
Barbosa Llamas y Gilberto Parra Rodríguez ingresaron al Congreso de la
Unión, ambos por representación proporcional; en ese mismo año, el 9 de
noviembre, se renovó el Congreso local y las 124 alcaldías.
El prd se alió con el Grupo Universidad para esas elecciones, consiguien-
do un incremento de 4% respecto de la elección federal del 6 de julio y de
más de 10% de la elección local de 1995, de este modo logró 15.38% con
un total de 316 418 votos. En estas elecciones ganó las alcaldías de Cuquío
(donde gobernaría por tercera ocasión consecutiva), Ahualulco de Mercado,
San Marcos, Tala, Ojuelos, Tomatlán, Sayula, Cocula, El Limón, Mazamitla
y Quitupan; además colocó por representación proporcional a Miguel León
Corrales y a Raúl Padilla López en el Congreso del Estado.5 Realmente, los
5
Datos del entonces Consejo Electoral del Estado de Jalisco, hoy Instituto Electoral y de Participación
Ciudadana de Jalisco (http://www.iepcjalisco.org.mx/resultados-electorales), 16 de agosto de 2013.

147
José de Jesús Gómez Valle

logros electorales del prd hasta esa fecha eran inusitados para su corta vida,
pero todavía no le alcanzaban para aspirar a la alternancia política en la entidad.
Las elecciones locales del 9 de noviembre de 1997 arrojaron un balance
que no a pocos les pareció sorpresivo. La entidad experimentó otro reacomodo
de fuerzas políticas con una velocidad poco usual en su historia política re-
ciente (La Brecha. El Occidental, 17 de noviembre de 1997: 2).6 El pan alcanzó
solamente 9 de las 20 diputaciones de mayoría y menos de la mitad de los
municipios. Lejos estuvo de alcanzar los más de 50 puntos porcentuales y la
amplia mayoría en diputaciones uninominales que obtuvo el 12 de febrero de
1995. Por su parte, el pri consiguió triunfos en 11 de los 20 distritos uninomi-
nales y en más de la mitad de las alcaldías. El prd experimentó un crecimiento
electoral nada desdeñable, avanzando más de 10 puntos porcentuales en re-
lación con las elecciones de 1995 y casi duplicó el número de ayuntamientos
que gobernaba. En las elecciones locales de 1997, el pan consiguió 821 478
sufragios (40.66%), el pri 732 654 (36%) y el prd 316 418 (15.38%).7
El 12 de noviembre del año 2000 se efectuó un nuevo proceso electoral
en el estado de Jalisco. Los ciudadanos jaliscienses votaron para elegir gober-
nador del estado, 124 presidentes municipales y 40 diputados al Congreso lo-
cal, 20 por el principio de mayoría y 20 por el de representación proporcional.
Según el Consejo Electoral de Jalisco (ceej), el candidato albiceleste Fran-
cisco Ramírez Acuña venció con casi dos puntos porcentuales al abanderado
tricolor Jorge Arana. El candidato del prd, Raúl Vargas López, se ubicó en un
lejano tercer lugar con apenas 4% de la votación. Por la mañana del lunes 13
de noviembre de 2000 se reportó que al computarse 52.35% de las casillas, el
panista mantenía 45.4% y el priísta 44.15 por ciento.
El prd, por su parte, siguió sin penetrar en el electorado jalisciense, y
ni siquiera recurriendo a una candidatura externa8 pudo lograr incrementar
sustancialmente sus magros resultados. En la elección del año 2000, el perre-
dismo jalisciense captó 117 743 sufragios para su candidato a gobernador.
Para la elección de diputados logró 170 311 votos, lo que representó 7.59%
y le alcanzó para incluir a dos diputados por la vía de la representación pro-
porcional. Para la elección de munícipes obtuvo triunfos en seis presidencias

6
La Brecha. Suplemento de cultura política de El Occidental, Guadalajara, 17 de noviembre de 1997, p. 2.
7
Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco (http://www.iepcjalisco.org.
mx), 16-21 de agosto de 2013.
8
En ese entonces Raúl Vargas López no estaba afiliado como militante al prd; era funcionario del
Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara.

148
El Partido de la Revolución Democrática: notas acerca de una anhelada...

municipales. Los votos que habían obtenido en la elección local de 1997 se


diluyeron drásticamente en la elección del 2000.
En cuanto a la elección intermedia de 2003, los resultados electorales del
prd en Jalisco se mencionan a continuación. Para la elección de diputados
de mayoría relativa únicamente obtuvo 158 659 votos, 7.08% de la votación
total, lo que le alcanzó para colocar una diputada por representación pro-
porcional en la lvii Legislatura: Celia Fausto Lizaola. En esta misma elección
logró gobernar cinco municipios, aunque perdió el municipio de Cuquío que
era considerado un bastión del perredismo en Jalisco.
En la elección de 2006, el prd (en coalición con el pt) obtuvo 293 847
votos en la elección de diputados, 10.25% de la votación. Esta votación le
permitió colocar cuatro legisladores por la vía de la representación propor-
cional; obtuvo el triunfo en 10 municipios y su candidato a gobernador obtu-
vo 224 590 sufragios, casi 8% de la votación.
En la elección del año 2009 hubo un descenso en la fuerza electoral del
prd en Jalisco. Para la elección de diputados obtuvo 169 519 votos, 6.34%;
en la elección de munícipes logró el triunfo en nueve municipios, destacando
Tlajomulco de Zúñiga, que forma parte de la zona conurbada de Guadalajara.
Asimismo, logró colocar a dos diputados por representación proporcional en
la lix Legislatura.
En la elección constitucional del año 2012, el prd tuvo nuevos tropie-
zos en las contiendas para munícipes y para gobernador: de gobernar nueve
municipios bajó a cinco, y en la elección para gobernador, con el regresó
del pri a la gubernatura de Jalisco, el prd se fue hasta un lejano cuarto lugar
con 115 502 votos, 3.4% de la votación. En esa elección, el voto de quienes
podían considerarse como electorado de izquierda se inclinó por el partido
de Movimiento Ciudadano (mc), un partido incierto y titubeante en términos de
organización e institucionalización, pero con un candidato que generó sim-
patía entre los electores jóvenes y clases medias de la Zona Metropolitana de
Guadalajara (zmg). En el ámbito legislativo descendió menos de un punto
porcentual en relación con la elección de 2009, aunque en términos absolutos
obtuvo 197 508 votos, para alcanzar apenas 6.20% de la votación.
De esta manera se observa que la fuerza electoral del prd en Jalisco es
meramente testimonial. Sus resultados en elecciones para gobernador lo co-
locan como un partido no competitivo, como se muestra en la tabla 2 y en la
gráfica 1.

149
José de Jesús Gómez Valle

Tabla 2. Candidatos del prd a la gubernatura del estado


de Jalisco y resultados electorales obtenidos

Cantidad Porcentaje
Elección Candidato Militante* Origen
de votos de votación
Mario Saucedo Asociación Cívica
1995 84 162 3.99 Sí
Pérez Nacional Revolucionaria
Raúl Vargas Universidad
2000 112 743 5.30 No
López de Guadalajara
Enrique Ibarra
2006 224 590 7.83 No pri
Pedroza
Fernando
2012 115 502 3.40 No pan
Garza Martínez
*El candidato era militante del prd al momento de contender por la gubernatura.
Fuente: Elaboración propia.

Gráfica 1. Curva de resultados electorales del prd


en elecciones de gobernador (%)

Fuente: Elaboración propia.

150
El Partido de la Revolución Democrática: notas acerca de una anhelada...

En el caso de sus resultados en elecciones para diputados al Congreso del


Estado de Jalisco, el prd no ha obtenido un sólo triunfo en diputaciones de
mayoría. Sus legisladores han ocupado solamente curules por la vía de la repre-
sentación proporcional y la mayoría de ellos no habían realizado trabajo previo
en las estructuras partidistas del perredismo. A continuación se puede observar
este fenómeno.

Tabla 3. Diputados al Congreso del Estado de Jalisco por el prd


Año de elección- Diputados (representación
Origen
Legislatura proporcional)
Asociación Campesina Plan de
Pedro León Corrales Ayala y asesor ejidal en la costa
1992-liii Legislatura
sur de Jalisco
Gerardo Ávalos Lemus Unión Campesina Democrática
Aliado de los hermanos León
Carlos Margarito Sandoval
1995-liv Legislatura Corrales en la costa sur de
García
Jalisco
Raúl Padilla López Universidad de Guadalajara
1997-lv Legislatura Asesor ejidal en la costa sur de
Miguel León Corrales
Jalisco
Claudio Palacios Rivera Partido Comunista Mexicano
2000-lvi Legislatura Sindicato Nacional de
José Guadalupe Madera
Trabajadores de la Educación
2003-lvii Legislatura Celia Fausto Lizaola Universidad de Guadalajara
pri-Universidad de
Samuel Romero Valle
Guadalajara
Carlos Manuel Orozco
2006*-lviii Legislatura Universidad de Guadalajara
Santillán
Enrique Alfaro Ramírez pri
Alfredo Zárate Mendoza pt
Raúl Vargas López Universidad de Guadalajara
2009-lix Legislatura
Olga Araceli Gómez Flores Universidad de Guadalajara
Edgar Enrique Velázquez
Universidad de Guadalajara
2012-lx Legislatura González
Celia Fausto Lizaola Universidad de Guadalajara
*En coalición con el pt.
Fuente: Elaboración propia.

151
José de Jesús Gómez Valle

Gráfica 2. Curva de resultados electorales del prd


en elecciones para diputados (%)

Fuente: Elaboración propia.

En el caso de elecciones para presidencias municipales, el prd ha obte-


nido resultados también inconsistentes; el primer municipio que gobernó
fue Cuquío, en la zona norte del estado, administración que encabezó por
cuatro trienios consecutivos hasta que lo perdió en el proceso electoral de
2003. Un triunfo importante del prd a nivel municipal fue el del municipio
de Tlajomulco de Zúñiga, ubicado en la zona conurbada de Guadalajara
en 2009, con la candidatura del expriísta Enrique Alfaro Ramírez. En la
siguiente tabla se muestran los municipios que ha gobernado el prd durante
su existencia en Jalisco.

152
El Partido de la Revolución Democrática: notas acerca de una anhelada...

Tabla 4. Municipios jaliscienses


en los que ha obtenido el triunfo el prd

Elección Municipios ganados


1992 Cuquío*
Cuquío, San Martín de Hidalgo, Zacoalco de Torres, Cocula, Quitupan,
1995
Antonio Escobedo
Ahualulco, Cocula, Cuquío, El Limón, Mazamitla, Ojuelos, San Mar-
1997
cos, Sayula, Tala, Tomatlán, Quitupan
2000 Ahualulco, Cuquío, La Huerta, La Manzanilla, Ojuelos, San Marcos
2003 Sayula, Teuchitlán, Tomatlán, Tuxcacuesco, Zapotiltic
Acatlán de Juárez, Casimiro Castillo, Cocula, La Manzanilla, Ojuelos,
2006
Poncitlán, San Martín de Hidalgo, San Sebastián del Oeste, Tala, Tapalpa
Ahualulco de Mercado, Hostotipaquillo, Mazamitla, Poncitlán, San
2009
Gabriel, Sayula, Tala, Teuchitlán, Tlajomulco de Zúñiga
2012 El Limón, Tamazula de Gordiano, Tecalitlán, Teuchitlán, Tomatlán
*Cuquío fue el primer municipio que ganó el prd en Jalisco y lo retuvo hasta la elec-
ción de 2003.
Fuente: Elaboración propia.

Gráfica 3. Número de municipios gobernados por el prd


en Jalisco en cada proceso electoral

Fuente: Elaboración propia.


153
José de Jesús Gómez Valle

A manera de conclusión
Si se aplican las aportaciones teóricas de Huntington y de Panebianco al re-
corrido histórico del prd en Jalisco, se observa que este partido tiene un bajo
nivel de institucionalización. Algunas de las características que estos autores
ofrecen sobre la débil institucionalización medida conforme a la consolida-
ción organizativa, funcional y operativa de un partido político, le quedan a la
medida al llamado partido del sol azteca.
Durante una gran parte de su historia algunas de sus improntas son que
éste ha sido más un “partido cascarón”, un “partido membrete”, que presta
sus siglas a activistas políticos y a buscadores de poder que no se identifican
con sus principios y que lo ven nada más como un instrumento para buscar
cargos de elección y espacios de preponderancia política.
Asimismo, sus cuadros dirigentes en los últimos doce años no habían
tenido un trabajo consistente, o al menos conocido con anterioridad, dentro
del partido, sino que provenían del exterior del mismo, en muchos casos de
un grupo de presión. También es recurrente que este grupo de presión con-
trolara o predominara sobre el propio partido.
A lo largo de su existencia, el prd de Jalisco ha tenido altibajos en cues-
tión de resultados electorales. Cuando ha tenido un crecimiento electoral
considerable, como en las elecciones de 1997, por ejemplo, tal crecimiento
ha sido inversamente proporcional a su grado de institucionalización. Al dar
cabida en el partido a grupos externos se atenta contra su consolidación orga-
nizativa, funcional y operativa, ya que los nuevos grupos aliados se convierten
en instrumentos para que sus jefes ocupen posiciones en su interior, aunque
los integrantes de estos grupos que arriban, nunca participan en la vida intra-
partidista.
Si recurrimos a la joven historia de este partido en nuestro estado po-
demos constatar que no ha sido un partido capaz de encabezar y organizar
eficazmente las demandas más sensibles de los jaliscienses; por el contrario, ha
sido más un partido de protestas que de propuestas, el cual se opone a todo
en términos retóricos, como una manera de llenar el vacío de sus limitaciones
programáticas.
Este diagnóstico no es nada halagüeño. Para revertir esto necesita ser más
eficiente en su funcionamiento, consolidar sus reglas internas, así como crear
frenos y contrapesos al clientelismo y a los liderazgos personalistas. Un parti-
do de izquierda moderno debe acercarse más a los ciudadanos y menos a los
grupos de interés y a los poderes fácticos, como se ha hecho hasta ahora en

154
El Partido de la Revolución Democrática: notas acerca de una anhelada...

nuestro país y en el estado por imperativos coyunturales de estrategia electoral.


Debe también inclinarse más al predominio de principios ideológicos tole-
rantes que apuntalen líneas de acción más que al predominio de liderazgos
carismáticos.
Pero sobre todo, debe dejar de ver a los ciudadanos únicamente como
clientelas electorales a quienes tratan de atraer, elección tras elección, sin ren-
dirles cuentas de sus actos. La ciudadanía ha alcanzado ya su mayoría de edad
y es una ciudadanía cada vez más intensa, más crítica, más reflexiva y más
participativa. Ya no se traga esas piedras de molino que en muchas ocasiones
les arrojan los partidos políticos en tiempos de campañas.
El prd, para su sobrevivencia, debe proyectarse como un partido alta-
mente institucionalizado; esto es, que sea eficiente en términos organizacio-
nales, funcionales y operativos; que dependa menos de liderazgos caciquiles
y que involucre sus bases de manera efectiva en los procesos decisionales
internos; que cimiente su “construcción real”, es decir, su comportamiento
y acciones cotidianas, en el respeto a las reglas y ordenamientos que su mili-
tancia acuerde y no en ocurrencias o decisiones discrecionales de unos pocos;
que sus miembros sean autocríticos; y, sobre todo, que sea una fuerza política
a la que no le intimide lograr consensos con otras fuerzas partidistas sin que
esto sea concebido como “entreguismo”.
Se habla en el título de este capítulo sobre la anhelada institucionalización.
Un anhelo es el deseo vehemente de algo, particularmente inmaterial; una
ambición o un ansia. Eso sucede con el prd Jalisco: busca con anhelo su ins-
titucionalización pero en ocasiones pareciera que su actuar es contrario a ello.
Un partido político que se precie de ser de izquierda no puede darse el
lujo de ser insensible u omitir sus errores organizativos. Si el prd Jalisco no se
sensibiliza realmente y asume una posición autocrítica para resolver sus pro-
blemas estructurales, está condenado a vivir en la inercia de la inexistencia.

Bibliografía

Carrasco G., Leticia (27 de abril, 1998). “La guerrilla urbana en México”. La
Brecha-El Occidental. Guadalajara, pp. 3-6.

El Financiero (13 de febrero, 1997). México, p. 60.

El Occidental (1 de abril, 1995). Guadalajara, p. 2-A.

155
José de Jesús Gómez Valle

(21 de febrero, 1996). Guadalajara, pp. 1 y 17-A.

Gómez Valle, José de Jesús (16 de marzo, 1998). “El prd-Jalisco o la lucha por
ser la tercera opción”. La Brecha-El Occidental. Guadalajara, p. 3.

(2 de mayo, 1999). “Díez años del prd en Jalisco: ¿crecimiento cuantitati-


vo o cualitativo?”. La Brecha-El Occidental. Guadalajara, pp. 3 y 4.

Huntington, Samuel (1990). El orden político en las sociedades en cambio. Buenos


Aires: Paidós.

Hurtado, Javier (26 de marzo, 1997). Entrevista de José de Jesús Gómez Va-
lle, Guadalajara. El sistema de partidos en México y el Partido de la Revolución
Democrática (el caso de Jalisco 1988-2000) (Tesis de licenciatura, Universidad
de Guadalajara).

Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco (http://


www.iepcjalisco.org.mx/resultados-electorales), 16-21 de agosto de 2013.

La Brecha. El Occidental (17 de noviembre, 1997). Guadalajara, p. 2.

La Jornada (22 de octubre, 1988). “Llamamiento al pueblo de México”. México.

Mellado, Pedro (17 de mayo, 1989). “La herencia para el prd”. El Occidental.
Guadalajara, pp. 1 y 13-A.

Narro, Jorge (29 de diciembre, 1997). “El prd o las expectativas cumplidas”.
La Brecha-El Occidental. Guadalajara, p. 6.

Orozco Romero, Alberto (1972). I Informe de Gobierno. Guadalajara. Gobierno


del Estado de Jalisco.

(1974). III Informe de Gobierno. Guadalajara: Gobierno del Estado de Jalisco.

Panebianco, Angelo (1990). Modelos de partido. Organización y poder en los partidos


políticos. Alianza: México.

Público (22 de septiembre, 1998). Guadalajara, p. 12.

(20 de diciembre, 1998). Guadalajara, p. 19.

156
El Partido de la Revolución Democrática: notas acerca de una anhelada...

(11 de mayo, 1999). Guadalajara, p. 6.

Regalado, Jorge (21 de mayo, 2000). “La izquierda en Jalisco: pasado y futu-
ro”. La Brecha-El Occidental. Guadalajara, pp. 6-10.

Siglo 21 (22 de noviembre, 1991). Guadalajara, p. 11.

(29 de noviembre, 1992). Guadalajara, p. 7.

(20 de enero, 1996). Guadalajara, p. 9.

(22 de enero, 1996). Guadalajara, p. 12.

(18 de febrero, 1996). Guadalajara, p. 9.

(23 de febrero, 1996). Guadalajara, p. 9 y 11.

157
ANEXOS
1. Porcentajes de votación emitida en la elección de diputados locales, 1979-2009

Partido 1979 1982 1985 1988 1992 1995 1997 2000 2003 2006 2009 2012
pan 17.2 22.2 20.6 28.7 30.4 53.9 39.78 45.46 39.43 43.67 35.45 31.02
pri 65.4 56.9 62.2 57.4 57.4 37.9 35.66 38.25 39.97 33.17 **39.04 **36.79
prd* 4.1 10.3 2.5 8.9 4.2 4.1 15.37 7.59 7.08 10.27 6.34 6.02
pvem na na na na na na na na na na 8.42 na
mc na na na na na na na na na na na 16.47
na:No Aplica
* La votación del prd en 1979 se refiere al Partido Comunista Mexicano, en 1982 y 1985 al Partido Socialista Unificado de
México y en 1988 a la Coalición Cardenista Jalisciense.
** El promedio de votación contempla el porcentaje obtenido en las alianzas entre el pri-panal en 2009 y pri-pvem en 2012.
Fuente: Elaboración propia con base en datos del iepcj.
2. El arribo de la primera alternancia en los municipios de Jalisco

Primera
Elección Partido Municipios
alternancia
1946 1 pan El Grullo
1952 1 pan Teocuitatlán de Corona
1967 1 pan Teocaltiche
1973 2 pan Jamay, Encarnación de Díaz
1976 1 parm Autlán de Navarro
parm Tuxcueca
1979 2
pdm San Julián
pan Tepatitlán de Morelos, Ocotlán
1982 5 pdm Lagos de Moreno, Pihuamo
prd Tizapán el Alto
1985 1 pan Totatiche
parm Tala
1988 2
ccj Zacoalco de Torres
Acatic, Arandas, Chapala, Colotlán, Gómez Farías, Juanacatlán, Magdalena, Masco-
pan ta, Villa Purificación, San Juan de los Lagos, Santa María de los Ángeles, Zapotlanejo,
1992 16 Unión de San Antonio y Zapotlán el Grande
parm Teuchitlán
prd Cuquío
Amacueca, Ameca, El Arenal, Casimiro Castillo, Concepción de Buenos Aires, Cuautla,
El Salto, Guadalajara, Huejuquilla el Alto, Ixtlahuacán de los Membrillos, Ixtlahuacán
del Río, Jalostotilán, Jesús María, Jocotepec, La Barca, Manuel M. Diéguez, Poncitlán,
pan
Puerto Vallarta, San Diego de Alejandría, San Miguel el Alto, Sayula, Talpa de Allende,
1995 39 Tamazula de Gordiano, Tequila, Tlajomulco de Zúñiga, Tlaquepaque, Tonalá, Tonila,
Unión de Tula, Villa Corona, Yahualica de González Gallo, Zapopan y Zapoltitic
prd Cocula, Quitupan, San Juanito Escobedo, San Martín de Hidalgo
pfcrn La Manzanilla de la Paz
pt Tuxpan
Atemajac de Brizuela, Atenguillo, Atoyac, Huejucar, Jilotlán de los Dolores, Juchitlán,
pan Mexticacán, San Gabriel, Tecalitlán, Techaluta de Montenegro, Tonaya, Valle de Guada-
lupe y Villa Guerrero
1997 21
prd Ahualulco de Mercado, El Limón, Mazamitla, Ojuelos de Jalisco, San Marcos, Tomatlán
pt Cabo Corrientes
pvem Acatlán de Juárez
Atengo, Atotonilco el Alto, Ayutla, Ejutla, Etzatlán, Guachinango, Tecolotlán, Tototlán
pan
y Villa Hidalgo
2000 11
prd La Huerta
pvem Tenamaxtlán
Amatitán, Ayotlán, Cañadas de Obregón, Chiquilistlán, Cihuatlán, Cuautitlán de García
pan de Barragán, San Martín de Bolaños, Tapalpa, Valle de Juárez, Zapotitlán de Vadillo y
2003 12
Zapotlán del Rey
prd Tuxcacuesco
pan Degollado, Hostotipaquillo, Mezquitic y Mixtlán
2006 5
prd-pt San Sebastián del Oeste
2009 3 pan Bolaños, Chimaltitán y Tolimán
2012 1 pri San Ignacio Cerro Gordo (en los procesos de 2006 y 2009 había ganado previamente el pan)
Total 124
ccj:Coalición Cardenista Jalisciense.
parm: Partido Auténtico de la Revolución Democrática.
pdm: Partido Demócrata Mexicano.
pfcrn: Partido Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional.
Fuente: Ceja, 2007: 40. En lo que corresponde a los procesos electorales de 2009 y 2012 estos fueron actualizados.
3. Decretos vetados por el Ejecutivo de Jalisco (1998-2012)

Decreto Ley, tema, materia o asunto


Alberto Cárdenas Jiménez versus Legislatura lv (1998-2001)
18040 -Ley de Presupuesto, Contabilidad y Gasto Público
-Creación de la Ley de Fomento a la Cultura, la Ley de Desarrollo
18435
-Ley de Hacienda
-Ley de Educación Pública; Ley del Presupuesto, Contabilidad y Gasto Público
18786
-Ley Orgánica de la Universidad de Guadalajara
18796 -Presupuesto de Egresos para el ejercicio fiscal de 2001
-Ley Orgánica del Poder Legislativo
18801
-Reglamento Interno de la Contaduría Mayor de Hacienda
18802 -Constitución Política del Estado de Jalisco en lo relativo a la Auditoría Superior del Estado
Francisco Ramírez Acuña versus lvi Legislatura (2001-2004)
19925 -Código de Asistencia Social y el Código Civil (Adopciones)
20049 -Ley Estatal de Salud
-Ley Contra la Delincuencia Organizada, Ley Orgánica de la Procuraduría General de Justicia y Código de
20422
Procedimientos Penales
20427 -Ley de Menores Infractores
20429 -Ley de Obra Pública
20446 -Ley de Desarrollo Forestal Sustentable
Francisco Ramírez Acuña versus lvii Legislatura (2004-2007)
20521 -Ley que crea el Consejo Económico y Social para el Desarrollo y la Competitividad
21292 -Ley de Pensiones
21350 -Ley Estatal de Salud
21433 -Código de Procedimientos Penales
-Ley de Seguridad Pública, Ley del Gobierno y la Administración Pública Municipal
21482
-Ley Orgánica del Poder Ejecutivo y Código Penal
-Ley de Hacienda Municipal
21790 -Ley del Procedimiento Administrativo
-Creación de la Ley Orgánica de la Procuraduría de la Defensa Fiscal y Administrativa
21806 -Código Penal y el Código de Procedimientos Penales
-Ley Orgánica del Poder Ejecutivo
-Ley que crea el opd denominado Comisión Estatal de Infraestructura Carretera
21822
-Derogación de la Ley Reglamentaria del Derecho de Vía en los Caminos Públicos de Jurisdicción Estatal
-Expedición de la Ley de Caminos y Puentes
21829 -Creación del nuevo Código de Procedimientos Civiles
Emilio González Márquez versus lviii Legislatura (2007-2010)
22248 -Código Penal
22277 -Código Penal
22279 -Ley de Justicia Integral para Adolescentes
22583 -Ley de Fiscalización Superior y de la Auditoría
22685 -Ley Orgánica del Poder Judicial
Emilio González Márquez versus lviii Legislatura (2010-2013)
23164 -Ley Estatal para la Prevención y Control de los Trastornos Alimenticios, la Obesidad y la Desnutrición
23469 -Presupuesto de Egresos del Gobierno del Estado, para el ejercicio fiscal de 2011
-Reforma los artículos 6º, 7º, 8º y 39º de la Ley sobre los Derechos y el Desarrollo de los Pueblos y las Comu-
23516
nidades Indígenas del Estado de Jalisco
*Datos contemplados hasta diciembre de 2012.
Fuente: Elaboración propia.
4. Clasificación de municipios según su densidad poblacional

Muy alta Alta Media Baja Muy baja


- Guadalajara - Acatlán de - Acatic - Lagos de - Amacueca - Huejuquilla - Tecolotlán - Atenguillo
- Tlaquepaque Juárez - Ahualulco Moreno - Antonio el Alto - Tenamaxtlán - Bolaños
- Tonalá - Atotonilco - Amatitán - Magdalena Escobedo - Ixtlahuacán - Teocaltiche - Cabo Corrientes
- El Arenal - Ameca - San Juan - Atemajac del Río - Teocuitatlán - Chimaltitán
- El Grullo - Arandas de los Lagos de Brizuela - Jesús María - Tequila - Cuautla
- El Salto - Autlán - San Julián - Atengo - Juchitán - Teuchitlán - Ejutla
- Ixtlahuacán de Navarro - San Martín - Atoyac - La Huerta - Tolimán - Guachinango
de los - Ayotlán - Hidalgo - Ayutla - La Manzanilla - Tomatlán - Jilotlán
Membrillos - Chapala - Tepatitlán - Cañadas de la Paz - Tonaya - Mascota
- Jamay - Cihuatlán de Morelos de Obregón - Mazamitla - Tuxcueca - Mezquitic
- Jocotepec - Cocula - Tonila - Casimiro - Mexticacán - Tuxpan - Mixtlán
- La Barca - El Limón - Tototlán Castillo - Ojuelos - Unión de San - San Cristóbal
- Ocotlán - Etzatlán - Villa Corona - Chiquilistlán - Pihuamo Antonio - San Martín
- Puerto - Jalostotitlán - Zacoalco - Colotlán - Poncitlán - Unión de de Bolaños
Vallarta - Juanacatlán de Torres - Concepción - Quitupan Tula - San Sebastián
- Sayula - Zapotlanejo de Buenos - San Diego - Valle de del Oeste
- Tala Aires de Alejandría Guadalupe - Talpa de Allende
- Tizapán - Cuautitlán - San Marcos - Valle de - Totatiche
- Tlajomulco de García - San Miguel Juárez - Tuxcacuesco
de Zúñiga Barragán - Santa María - Villa Hidalgo - Villa Guerrero
- Zapopan - Cuquío de los Ángeles - Yahualica - Villa Purificación
- Zapotiltic - Degollado - Tamazula - Zapotitlán
- Zapotlán el - Encarnación - Tapalpa - Zapotlán
Grande de Díaz - Tecalitlán del Rey
- Gómez Farías - Techaluta de
- Hostotipaquillo Montenegro
- Huejucar
Fuente: Elaboración propia.
5. Partidos que obtuvieron 40% o más de los votos en la elección de 2012
para presidente de la república en Jalisco

Fuente: Elaboración propia con base en los datos del Instituto Federal Electoral.
6. Partidos que obtuvieron 40% o más de los votos en la elección del 2012
para presidente de la república en los distritos de la zmg

Fuente: Elaboración propia con base en los datos del Instituto Federal Electoral.
7. Partidos que obtuvieron 40% o más de los votos en la elección del 2012
para gobernador en Jalisco

Fuente: Elaboración propia con base en los datos del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco.
8. Partidos que obtuvieron 40% o más de los votos en la elección del 2012
para gobernador en los distritos de la zmg

Fuente: Elaboración propia con base en los datos del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco.
9. Partidos que obtuvieron 40% o más de los votos en la elección del 2012
para presidentes municipales en Jalisco

Fuente: Elaboración propia con base en los datos del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco.
Jalisco en su transición política
se terminó de imprimir el 10 de octubre de 2014
en los talleres de Prometeo Editores
Libertad 1457, Guadalajara, Jal.
Tel: 38 26 27 26
www.prometeoeditores.com

Tiraje 500 ejemplares

Cuidado de la edición
Iliana Ávalos González

Corrección
Marcela Moreno Espinoza
Janette B. Chávez Plascencia

Diagramación
Janette B. Chávez Plascencia