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Campus San Felipe

Departamento Disciplinario de Humanidades


Didáctica de la Especialidad

INFORME: EL INTELECTUAL
EL HOMBRE MEDIEVAL- JACQUES LE GOFF

Profesor

Juan Gonzalo Saldaña Álvarez

Alumno(a)

Gustavo San Martín Reyes

San Felipe

Enero, 07 de 2019
Introducción:

El informe desarrollado a continuación, trata del capítulo número cinco de la obra de


Jacques Le Goff, titulada como el “Hombre Medieval”, esta obra trata de las principales
cualidades de los hombres en el periodo, busca generar en el lector una representación que
lleve al lector a imaginar las características del hombre en dicho periodo.

La interpretación de esta lectura es pertinente que sea volcándose en el aspecto ideológico


de la concepción de “intelectual”, sus características e influencias en el medio en el que se
desenvuelve, entre otros.

En este breve informe, se tratará del capítulo titulado como “El Intelectual”, en este capítulo
se genera una profunda reflexión sobre la concepción del perfil de intelectual, describiendo
sus características, similitudes y diferenciaciones con otros perfiles existentes en la época,
demostrando una evolución temporal tanto en las características que lo distinguen del resto
de los hombres y su labor.

Ahora bien, volviendo a la obra y su autor, cabe mencionar que Jacques Le Goff fue un
destacado historiador interesado en la historia medieval y la historiografía en general,
siendo sus obras de gran influencia en la disciplina, se le conoce (entre muchas cosas), por
su activa participación en la Escuela de los Annales, en cuanto a su tiempo de actividad,
Jacques Le Goff nació el 1 de enero del año 1924, en Toulon, Francia y su deceso tuvo lugar
el 1 de Abril de 2014, en París.

En relación a la estructura de este informe, será organizado de manera que primero se


puedan apreciar las ideas de fuerza principales abstraídas de la lectura, un desarrollo
secuencial de la misma y para concluir una breve reflexión en cuanto a la importancia de la
concepción de “intelectual” a través del tiempo, su relevancia en el medio educativo y sus
cambios en la definición misma.
Ideas de fuerza:

Entre el año 1000 y 1400 d. C. existía un amplio debate sobre quien o quienes calzan en la
palabra intelectual, siendo esta misma poco definida, pero como idea de fuerza inicial
tenemos que el título de “intelectual” es atribuido al hombre visto como racional, el cual es
un constante aprendiz, siendo lo intelectual como algo proveniente del alma o la sustancia
misma del sujeto y no como algo perteneciente al mundo físico o palpable, siendo el sujeto
perteneciente a esta categoría como distinto y poco comparable con las otras, tales como el
obrero, noble o religioso.

Continuando con los postulados principales del texto, la concepción del hombre intelectual
incluye en su definición algo que lo diferencia al resto, más que su capacidad misma de
razonar constantemente sobre las cosas u otros hombres, lo que lo diferencia es que su
herramienta de trabajo es su pensar, el uso de su conocimiento para la generación del mismo
sustento es lo que lo diferencia.

El uso del conocimiento como herramienta provoca que sea visto en su medio social y
cultural como alguien elevado respecto del simple obrero, alguien que cultiva su saber
constantemente y busca de muchas formas compartirlo.

Ahora bien, el intelectual también tiene ciertas clasificaciones, siendo evaluado como un
intelectual fuerte o débil, dependiendo del caso, se considera un intelectual fuerte a quien
constantemente busca llevar su conocimiento a la práctica, logrando transmitirlo a otros,
siendo un maestro y un gran motivador, en cambio, un intelectual débil es quien no utiliza
sus saberes para tal fin, no busca una transmisión de sus conocimientos ni un aprendizaje
personal constante, en síntesis es quien considera que este no es su trabajo principal y por
tanto no explota su potencial y se dedica también a otras labores.

Dentro de las cosas más interesantes en el capítulo, tenemos la estrecha relación entre el
hombre considerado como intelectual y las instituciones, ya sean políticas o religiosas, las
cuales están estrechamente enlazadas en la Edad Media, siendo el intelectual en muchas
ocasiones confundido con el mismo clero y con los letrados o doctos en general.
Desarrollo:

El intelectual es en la Edad Media un sujeto de gran importancia, debido a su influencia en


la expansión del saber, siendo una persona que se busca dominar por el orden social, político
y religioso instaurado en esa época, pero que, a pesar de la presencia de instituciones con
gran poder, busca el cambio constante y nunca se rinde en su afán personal de aprender y
lograr que otros aprendan, sin duda la concepción medieval del perfil intelectual tiene
estrecha relación con el maestro o profesor.

En muchos casos son considerados como lo mismo, pero la diferencia real yace en que el
intelectual, como sujeto individual, no busca la subordinación a una institución u orden
establecido, no obedece siempre a lo que se le impone, ya que, su labor a pesar de darle el
sustento, no obedece a estándares impuestos para mantener su posición.

El intelectual es quien da paso al cambio de pensamiento en muchos grupos humanos en la


Edad Media, debido a su afán por el debate, la renovación de las viejas ideas y la búsqueda
del bien superior como es el compartir sus conocimientos.

En cuanto a compartir el conocimiento, era mal visto que una persona percibida con ese
título no quisiera compartir sus textos o archivos, siendo esto solo aceptado o justificable
con el argumento del uso constante y necesario, pero en general, limitar el acceso al
conocimiento es una contradicción para el perfil de intelectual, poner dichas trabas a la
distribución de la información lo igualaba al clero, nobleza o letrados.

En cierto modo, tanto clero como nobleza o letrados fueron “enemigos” de la labor del
intelectual, debido a la idea de que el conocimiento debe estar en manos de los escogidos de
Dios o del que tenga los medios para costearlo, quedando esta rivalidad demostrada en el
momento en que se propone traducir textos sagrados o importantes en idiomas nacionales
y no solo latín, para que pudieran ser aprovechados por todos, llevando estas propuestas a
más de un intelectual de la época a la hoguera por hereje.

La presencia de sujetos concebidos como intelectuales o distintos de otros grupos de


hombres fue de gran importancia, debido a que su labor constante da el paso inicial a las
primeras instituciones especializadas en el conocimiento y su distribución, tales como
escuelas y posteriormente universidades, las cuales son el pilar del cambio ideológico en la
antigua Europa.

Reflexiones:

Sin duda alguna la labor del intelectual es importante desde los inicios de su concepción
hasta el día de hoy, siendo los sujetos identificados en dicho perfil como responsables del
cambio ideológico constante, el cual no solo es plasmado en la vida social sino en todos los
aspectos de la vida social, tanto en el derecho civil, economía y otros, siendo sus ideas
revolucionarias las articuladoras de la Europa Moderna.

No obstante, el título ha sufrido bastantes cambios en su definición misma, a día de hoy el


intelectual no tiene que estar ligado precisamente a una institución educativa o debe
enseñar, siendo esto distinto de su concepción inicial. Un intelectual actual puede ser
identificado como quien escribe de forma particular, aprende por medios propios y decide
si compartir o no sus conocimientos, siendo una persona mucho más libre en su labor que
en tiempos antiguos.

Todo este cambio se debe en parte a la creación de las instituciones educativas, las que
alivianan su labor, poco a poco eliminan prejuicios y lo vuelven como un sujeto no visto
como único por la naturaleza de su alma (como se creía anteriormente), sino por su interés
en el perfeccionamiento continuo, desde el siglo XIII pasan a ser visto más que como
guerreros defensores del saber, sino como administradores del saber.

Como reflexión final, es correcto señalar que la síntesis misma del papel del intelectual en la
Edad Media es muy difícil de describir completamente, pero se puede entender que quien
dedica su tiempo al conocimiento, busca expandirlo, renovarlo y comunicarlo de todas las
maneras posibles, probablemente entre en la categoría, siendo su conducta más que una
búsqueda constante de información, sino una vocación que lo lleva a la búsqueda racional
de una verdad comunicable.

Bibliografía:

• El hombre Medieval, Jacques Le Goff - Capítulo quinto “El Intelectual” 1995, Alianza
editorial, Madrid, España.