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Ficha de Retomar el Debate de Sarlo

Sarlo discute con las críticas que le han hecho diversos intelectuales, entre ellos,
Horacio González. En ese debate se encuentra en discusión la teoría de De Certeau.
Sarlo advierte cierto cariz celebratorio de las tácticas de los usuarios, que se las tiende
a pensar como gestos de insurrección cotidiana.
Sin embargo, Sarlo dice: “Pero el problema no es solamente qué hacen los sujetos con
los objetos, sino qué objetos están dentro de las posibilidades de acción de los
sujetos. Esos objetos establecen el horizonte de sus experiencias que son la
conjunción variada del encuentro de una cultura con los objetos de otras culturas, de
viejos saberes con saberes nuevos, de privación simbólica y de abundancia” (p. 39).
Sarlo plantea que el hecho de que la teoría manipulatoria haya sido vulgarizada no
habilita a una celebración continua de los usos de los receptores.

La cultura, dice Sarlo, como se la conoce en occidente, se produce en la


intersección entre instituciones y experiencia. No hay experiencia que no tenga
como referencia a las instituciones. Y no hay instituciones que funcionen en un vacío
de experiencia. Las instituciones varían en cuanto a su potencia, a su capacidad, pero
no hay sociedad en donde las instituciones y experiencias no se crucen. (Ahí da el
ejemplo de la privatización del servicio de telefonía. Había una experiencia sobre el
mal funcionamiento del servicio, pero fue necesario un modelo institucional alternativo
en contraposición al estatista, que generara el cambio en el sentido común. Este fue el
modelo de las privatizaciones. Ese modelo institucional tomó esa experiencia).

Luego ingresa en el debate sobre la escuela como institución forjadora de experiencia.


El problema es que, la escuela argentina, en palabras de Sarlo, llama a la indiferencia.
Es considerada un lugar vacío. La insurrección aparece cuando la institución actúa, no
cuando se encuentra debilitada.
Y ahí la comparación con los medios. Dice Sarlo: “si la escuela alfabetizara
eficientemente, si la escuela propusiera convincentes modelos para la transgresión, el
uso libre, el desvío y la hibridación, los medios tendrían que recortarse sobre este
espacio discursivo. Se mezclarían experiencias de varios tipos y el cruce tendría lugar
en un espacio donde ciertas instituciones también propondrían elementos para ser
mezclados. Probablemente no habría sólo un lugar de enunciación autorizado, sino
lugares con diferentes tipos de autorización y de autoridad”. (p. 41).

Sarlo me hace reflexionar sobre el papel mediador de la escuela en la Buenos Aires


actual: ¿qué tan efectiva es la escuela como mediadora o como forjadora de
experiencia? ¿Con qué otras experiencias compite o se intersecta? ¿qué tipo de
experiencia forja la escuela de hoy en día?