Está en la página 1de 14

Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021

Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

Análisis del libro “Vendiendo prosperidad: sensatez e insensatez económica en una era
de expectativas limitadas” de Paul Krugman

El libro inicia con una introducción llamada “Buscando Magos” donde Krugman retoma la
idea de que la economía “mágica” de un muy acelerado crecimiento que se vivió en
Estados Unidos durante veinte años después de la Segunda Guerra Mundial se
encontraba ya muerta para la década de los 90’s. Ante este problema autor se propone
descubrir nuevos “magos” que introduzcan a Estados Unidos a una época de crecimiento
económico, por lo que dispone como tesis el descubrir la relación que se establece entre
los políticos y los economistas; cómo se influencian entre sí, unos para conseguir
beneficios políticos y los otros para que sus teorías puedan traducirse en acciones
políticas reales.

Entonces presenta dos temas importantes a considerar: primero, el predominio de


las ideologías en la política de los gobiernos sufre oscilaciones cíclicas. Como pasó en
Estados Unidos, que ante una fuerte influencia de la visión keynesiana que predominó
durante los años 50's y 60’s se empezó a gestar una oleada de teorías conservadoras que
se contrapusieron a esta ideología económica hasta derrocarla del poder e imponer una
economía orientada al libre mercado. Y así como aquélla fue reemplazada, la nueva
visión conservadora sólo se logró mantener influyente durante la mitad de los años 70’s y
la mayor parte de los años 80’s hasta que fue sustituida por una nueva ideología de corte
keynesiano.

En segundo lugar, hace notar que existen dos tipos de economistas, de los cuales
los políticos “echan mano” en el momento de crear sus campañas políticas y, después,
para ser parte de su gabinete de trabajo: unos son los profesores y los otros los menciona
como vendedores de políticas económicas.

Antes de presentarnos a los dos tipos de economistas, Krugman aclara que los
políticos no responden, como es normalmente pensado, solamente a las necesidades del
electorado relativamente acomodado, sino, como la campaña política de Ronald Reagan
hace evidente, se apoyan en ideas económicas para redefinir los intereses de la opinión
pública y generar un cambio que puedan liderar.

Es aquí cuando los economistas entran en juego. Los primeros que presenta en el
libro son los que clasifica como profesores, pues son realmente académicos que habitan
los institutos educativos y cuyo trabajo es generar ideas y, al mismo tiempo, emitir cientos
de publicaciones. Krugman considera que esto último lo necesitan hacer para demostrar
su inteligencia entre sus compañeros y, así, subir en la escala de credibilidad académica
con la esperanza de que sus ideas, expuestas en modelos que solamente responden al
mundo real de manera indirecta, sean escuchadas por alguien. Puede que parezca que
apuntan a poco, pero es porque no se pueden mentir: la economía la ven como una
ciencia primitiva, puesto que no saben realmente cómo recuperar una economía en crisis,
Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021
Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

siendo la prevención de errores económicos a lo mejor que pueden aspirar mediante sus
trabajos.

Estas limitaciones frustran a los políticos, pues no les permite arrebatar el poder a
sus contrincantes, por lo que se dirigen entonces a los vendedores de políticas
económicas. Estos intelectuales usualmente no provienen de una formación académica
en economía y tienden a responder ante una audiencia más abierta que los académicos,
quienes todavía podían ensimismarse en conceptos matemáticos abstractos. Estos
vendedores usualmente hablan de ideas económicas que tienden a resonar con la forma
de pensar de la audiencia a quien dirigen su discurso, lo que les convierte en autores de
“best-sellers” y “estrellas” de televisión. Ellos son la fuente de visiones que permiten
transformar la percepción de los votantes acerca de sus intereses, aun cuando los
esperanzadores argumentos sostenidos en dichas visiones sean erróneos, debilidad que
tratan de paliar buscando una aceptación de sus ideas por parte de la academia. También
debido a esto, los políticos sólo los usan para captar el interés la gente durante sus
campañas, volteando rápidamente a los profesores cuando es tiempo de administrar el
Estado.

Una vez expuestos los actores que participarán durante toda la obra, Krugman
divide su argumento en tres partes. En la primera hablará de la llegada al poder por parte
de los conservadores mediante una férrea crítica al sistema económico keynesiano:
políticos y periodistas que se hacen llamar “defensores de la oferta”, desatados por la
estanflación de los años 70’s, participan de la campaña y posterior mandato de Ronald
Reagan, haciéndose así con el poder ideológico y político. En el segunda parte se
analizará la década de los ochentas, mientras el partido conservador ocupaba el poder, y
se observará como cada una de las promesas de estos políticos y economistas se fueron
rompiendo una a una. En la última parte, y a la par de la desilusión de la economía del
“laissez faire”, se apreciará cómo se va creando un nuevo frente académico crítico del
modelo conservador, que encuentra voz con los “defensores del gobierno estratégico”,
quienes empezarán a tener oportunidades reales de alcanzar el poder en los años
noventa.

Primera parte: Auge de la economía conservadora

En el “Ataque contra Keynes” se hablará de la conquista intelectual del


conservadurismo.

Para empezar, el autor explica, mediante una gráfica comparativa entre el


Productor Interno Bruto (PIB) potencial y el PIB real, cómo se va desarrollando el ciclo
económico de Estados Unidos desde los inicios de los sesenta hasta comienzos de los
noventa, dónde se puede apreciar momentos de auge y momentos de recesión.

Estos momentos de recesión, dice Krugman, no eran entendidos hasta que J. M.


Keynes propuso su explicación, proponiendo que ante una desconfianza generalizada en
el mercado por considerar arriesgado realizar inversiones, todos los individuos que
Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021
Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

participan en él empiezan a acumular dinero en efectivo y, ya que la cantidad de efectivo


que existe en una economía no varía, logran, en conjunto, disminuir la renta. De esta
manera se entra en un círculo vicioso hasta que la demanda por dinero disminuye tanto
que se equipara con la oferta. Aquí el autor nos ofrece un ejemplo usando la anécdota de
una cooperativa de parejas destinada a cuidar niños, donde sufrieron un momento de
recesión cuando sus miembros no quisieron gastar sus cupones, guardándolos en espera
de una buena oportunidad para gastarlos, estancando la pequeña economía que tenían.

Para solucionar este problema, la cooperativa decidió hacer más cupones y


ponerlos en circulación, lo que “mágicamente” solucionó su problema de estancamiento.
Este ejemplo ilustra bien la prescripción de Keynes ante una recesión: aumentar el dinero
legal en la economía dañada para recuperarla de la recesión, ingresándolo como compra
de deuda pública del Estado o, en otras palabras, aplicar una política monetaria
expansiva.

Keynes sabía que había veces que se pierde el control de la recesión y los
empresarios simplemente se niegan a invertir por la desconfianza de que la economía se
recupere. A esto le llama la “trampa de la liquidez”, donde sólo se limitan a acumular más
efectivo, y pone al Estado en riesgo de una depresión. Pasa entonces a prescribir una
política fiscal expansiva, mediante la cual el Estado ingresará dinero financiando obras
públicas mediante la deuda pública.

Esta teoría de la recesión y recuperación keynesiana recibió críticas por ambos


lados: los de izquierda se quejaban de que veía a la recesión como un simple problema
técnico y no implicaba ninguna reestructuración de las instituciones; los de derecha
replicaron que implicaba una involucración mayor por parte del Estado en el mercado. En
general veían esta teoría como una solución muy sencilla a lo que consideraban algo más
complicado.

Aparece entonces uno de los más importantes críticos de Keynes, sostén de las
ideas conservadoras, David que se enfrenta al Goliath-Estado y defensor del libre
mercado: Milton Friedman. Él propuso, inicialmente, una sencilla regla monetaria
mecánica: que se realizara un aumento contante del dinero legal en circulación que
simplemente compense el crecimiento anual. Esta teoría, llamada monetarismo, se
respaldaba por la consideración de que cualquier cambio, ya sea de la política fiscal o de
la monetario, serían lentos y llegarían retrasados: la primera sólo ahuyentaría a la
inversión privada, endeudando al Estado en el proceso; la segunda generaría un mal peor
por la tardanza del gobierno en percibir la recesión y la tardanza en que sería efectiva la
aplicación de las medidas compensativas, las cuales incluso podrían ser causa de otra
recesión.

Keynes ante una recesión prescribe detener la oferta monetaria que la “curará”
“hasta que se alcance el empleo pleno” para impedir una inflación. La crítica conservadora
de esta recomendación es que en la realidad no existe el “empleo pleno”, siempre hay un
porcentaje de paro. Tampoco hay una indicación de cuando la oferta monetaria se
Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021
Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

convierte en inflación. Lo que sí se puede ver es una relación entre la tasa de paro y la
tasa de inflación, ideada por A. W, Phillips, un profesor de la “London School of
Economics”. Esta “curva de Phillips” marca una relación indirecta entre ambas tasas, por
lo que se puede reformular la prescripción de Keynes a: “expándase la economía hasta
alcanzar el punto en el que se piense que el coste del aumento de la inflación es superior
al beneficio de una reducción del paro”.

Pero la realidad era diferente. En 1973 la tasa de paro y la tasa de la inflación


habían crecido al unísono, provocando lo que se conoció como una “estanflación”: una
gran inflación con un alto porcentaje de paro. Friedman entonces critica a Keynes
diciendo que el aumento del dinero en una economía no es correspondido por un
inmediato aumento de los precios solamente porque los empleados y los empresarios se
engañan: los primeros no piden un aumento mayor de su salario porque subestiman el
aumento de la tasa de inflación; los segundos fijan precios bajos confiándose de que no
subirán sustancialmente los salarios ni los costes de los demás productos. Lo que se
observa en la “curva de Phillips” son los resultados de una inflación inesperadamente alta
o baja que agarra desprevenido al mercado. Así demostraba que no es posible utilizar una
política monetaria para alcanzar el “pleno empleo” sin provocar una inflación.

Friedman entonces prescribe que se debe mantener una economía en la “tasa


natural” de paro, ahí donde la inflación crezca en cantidades esperadas, a lo que otros le
llamarían “tasa de paro no aceleradora de la inflación.

Como una extensión de la argumentación de Friedman llega Robert Lucas.


Cuando Keynes expuso su teoría de los ciclos económicos, los conservadores dijeron que
las recesiones se componían solas, algo que aceptaba completamente, pero el tiempo
que tardaban en recuperarse le parecía muy largo: una política monetaria expansiva
simplemente aceleraría el proceso natural de recuperación. Lucas entonces expuso que
no era tan largo en realidad y que en el argumento de la recesión de Keynes no tiene que
existir una contracción económica. Lucas pensaba que si bajaban los precios y los
trabajadores reducían sus demandas salariales, aumentaba entonces el poder adquisitivo
del dinero, satisfaciendo así la demanda de efectivo. Por otra parte, las recesiones eran,
para él, una equivocación de la gente que al no darse cuenta de que todos trataban de
amasar efectivo al mismo tiempo. El problema real entonces se convierte en una falta de
información, por lo cual la recesión se solucionaba sola en cuanto, al darse cuenta las
empresas de lo que había pasado, bajaban sus precios hasta igualar la demanda,
restableciendo así la tasa “natural” de paro.

A esta teoría se le llamó “expectativas racionales”: las empresas, los individuos e


incluso la Reserva Federal cuentan con la misma información, la cual tratan de utilizar de
la manera más eficiente, por lo cual los errores que cometen se debe simplemente al
futuro incierto. Dicho esto, ninguna política monetaria expansiva aceleraría la
recuperación puesto que los aumentos de efectivo que ingresen al mercado simplemente
pasarían a formar parte de las expectativas que los actores de la economía tendrían al
Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021
Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

realizar sus finanzas. La única forma de que una política monetaria de resultado sería que
fuese impredecible, pero esto sólo desestabilizaría el ciclo económico aún más.

Pese a que esta teoría tiene sus debilidades argumentativas, duró diez años en la
visión conservadora por varios motivos, uno de ellos era que parecía unir a la
macroeconomía con la microeconomía, satisfaciendo la necesidad de los economistas
porque ambas subdisciplinas tuvieran una relación clara entre ellas. En este caso sí
descubrió los ciclos económicos que responden a la microeconomía, de las pequeñas
empresas y economías domésticas que tratan de aprovechar al máximo la información
con la que cuentan. Por otra parte, sus tecnicismos y la dificultad de su teoría atraía a los
jóvenes que querían lucirse, quienes aprendían sus técnicas y las estadísticas por años, y
después no querían admitir que existía la posibilidad de que estuvieran equivocados. Pero
sobre todo, esta teoría confirmaba el prejuicio conservador de que el Estado le hace mal a
la economía, por lo cual le perdonaban sus errores lógicos.

De esta manera se establecía en 1980 la preponderancia de la ideología


derechista en la política, aunque los conocedores de economía sabían que estas nuevas
teorías fallarían a la larga.

Al examinar la teoría de los impuestos y la regulación es importante recordar que


todo esto se debió a la intriga de los estadounidenses por saber que habían hecho mal,
pues sufrían de una desaceleración de la productividad desde 1973. En este ámbito los
conservadores lograron su mayor influencia en la teoría económica.

Desde la segunda guerra mundial hasta 1973, Estados Unidos había presentado
un crecimiento medio de 2.8 por ciento anual del PIB, lo que generó, en su tiempo, la
expectativa de un brillante futuro para la economía norteamericana. Pero desde 1973 que
se había perdido esta esperanza al ver que el crecimiento no aumentaba más allá del 1
por ciento anual. Al principio, este bajo índice se culpó a la explosión del precio del
petróleo, pero el tamaño de la desaceleración hizo que se desechara esta teoría,
entonces surgieron tres explicaciones relevantes: una tecnológica, una social y una
política.

La primera ponía a la tecnología como factor fundamental en el crecimiento de la


productividad. Krugman indica que para 1970 las innovaciones que la segunda guerra
mundial había traído consigo estaban llegando a sus límites. Pero, ¿no a partir de esa
década sucedieron cambios tecnológicos en la industria de carácter radical? Sí, pero para
que una tecnología pueda ser explotada en la producción debe combinarse forzosamente
con otras tecnologías para pasar de ser un artículo de lujo a una herramienta útil a la que
se le pueda imprimir un fin productivo. Esto provoca un desfase entre la creación de una
innovación tecnológica y su aplicación en la industria. El crecimiento ocurrido después de
la guerra se debió a la aplicación de tecnologías que ya eran bien conocidas y al
reforzamiento de los vínculos entre las industrias que contaban con estos avances. Otra
barrera para la explotación de estas nuevas herramientas se debe a la falta de una
estructura industrial que impulse su aplicación, la cual se actualiza normalmente justo en
Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021
Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

cuanto emerge la necesidad productiva de su implementación, que llega cuando ya se ha


popularizado dicha tecnología.

Por estas razones, durante la desaceleración productiva de los años 70’s las
innovaciones tecnológicas que se habían explotado durante 20 años se encontraban ya
agotadas, por otro lado las herramientas destinadas a provocar la siguiente expansión
aún no estaban listas o no encontraban un entorno adecuado.

Por el lado social Krugman nos habla de la nueva generación que entró al
mercado laboral en los 70’s. Reporta que estaba compuesta por personas educadas en la
opulencia y comodidad; que desdeñaban el trabajo, el capitalismo y los valores que
mantenían la cohesión social, lo cual le hacía daño a la productividad del país. A esto se
aunaba también la falta de motivación de los profesores en las aulas, de los alumnos y de
los padres de familia ante los cursos académicos, y la aparición de una subclase creciente
de desfavorecidos, originada desde los años 60’s, cada vez más visible.

El argumento político al cual le achacaban la desaceleración productiva era que el


gobierno tenía la culpa debido a los bajos incentivos a la inversión producidos gracias a
los altos impuestos y la regulación Estatal. Esta idea se generalizó durante la década de
los años 70’s. Los economistas consideraban que el coste por subir los impuestos era tan
caro que provocaba una baja en la productividad laboral. Por coste de los impuestos el
autor se refiere a la brecha existente entre lo que gana un trabajador y con lo que,
después de haber pagado impuestos, se queda. Con esto explica cómo al subir los
impuestos relacionados a la renta existe, en consecuencia, un cambio en el incentivo de
laborar, por lo que el monto recaudado por el Estado disminuye. Así, tomando en cuenta
esta relación inversa, los impuestos deben aumentar más de lo inicialmente necesario
para tratar de mitigar la baja en la recaudación.

Pero esto apenas introduce el verdadero problema de los conservadores: la


distorsión en los incentivos para ahorrar e invertir. Generalmente, se consideraba que
durante la década de 1970 varios tipos impositivos efectivos sobre las inversiones habían
subido exageradamente en EU. Esto era respaldado por un número de expertos en
Hacienda, entre los que se encontraba Martin Feldstein, profesor de Harvard y futuro
miembro del Consejo de Asesores Económicos de Reagan. Este académico sostenía que
los incentivos para invertir, agravados ya por los impuestos, se habían reducido aún más
debido al aumento de la inflación hasta llegar a ser de un orden negativo: las personas, al
invertir, perdían dinero. Esta consideración de que el aumento de la inflación había
convertido a unos impuestos tolerables en poderosos reductores del crecimiento
económico fue respaldado por los trabajos de Michael Boskin, de Stanford, y Laurence
Summers, de Harvard.

Otra cuestión importante para Feldstein dirigida a reducir los incentivos para
ahorrar fue la Seguridad Social. Argumentaba que la existencia de este sistema haría que
la gente, confiada en que seguiría percibiendo prestaciones sociales aún sin empleo en el
futuro, viviera de forma más holgada en el presente. A esto se le agregaba, según el
Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021
Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

académico, el hecho de que la contribución obligatoria de la fuerza laboral al sistema de


Seguridad Social se destinaba a pagar las prestaciones de los jubilados, por lo cual vivían
seguros de que en un futuro percibirían, gracias al aumento constante de los salarios, una
jubilación jugosa independientemente de lo que ahorraran en el presente, lo cual
disminuía aún más sus incentivos para trabajar.

Algunos economistas vieron otro aspecto al cual consideraron más importante en


la desaceleración de la productividad: la regulación, sobre todo en los monopolios
naturales. Argumentaban que la regulación de estos monopolios estaba bien justificada
durante el siglo XIX, pero que desde entonces habían pasado varias cosas: los cambios
en la economía provocó que ciertos monopolios naturales dejaran de serlo y el propio
proceso regulador se volvió más interesado en proteger a la industria que a los
consumidores, lo cual pensaban que esto era más perjudicial que el poder monopolista
que trataban de controlar.

De las regulaciones que se quejaban específicamente eran las destinadas a


proteger la salud de los trabajadores, la seguridad de los consumidores, y aquellas
destinadas al medio ambiente. Consideraban que los costes de estas reglamentaciones
eran más altos de lo necesario, por lo que abogaban una búsqueda de normas
innovadoras, inteligentes y menos estrictas, crítica de las más razonables del
conservadurismo estadounidense.

De esta forma, para 1980 los economistas ya habían presentado pruebas


contundentes contra la política hacendaria común, pero estos hombres razonables no
serían los que definieron la política republicana, eso lo hicieron los defensores de la
“economía de la oferta”. Estos jóvenes de atrevidas y radicales ideas conservadoras eran
periodistas y políticos; líderes derechistas de opinión como Jude Wanniski e Irving Kristol,
director de The Public Interest, quienes, liderados por Robert Bartley dirigiendo The Wall
Street Journal, se convencieron de haber encontrado verdades fundamentales de la
economía que “nunca nadie” había pensado.

En estos descubrimientos fueron ayudados por economistas de renombre, aunque


fundamentalmente alejados de la profesión: Arthur Laffer, con sus ataques a la
devaluación del dólar y su famosa “curva de Laffer”, y Robert Mundell, ampliamente
considerado como el creador de la economía de la oferta, título que él simplemente
aceptó.

Los defensores de la oferta tenían, básicamente, dos ideas: las medidas útiles
para el control de la demanda, especialmente la monetaria, eran totalmente inútiles, y la
variación de los impuestos influía extraordinariamente en los incentivos para la inversión y
el ahorro. Estas ideas son el resultado de la influencia de las “expectativas racionales” de
Lucas y la política hacendaria conservadora de Feldstein, pero los defensores de la
economía de la oferta sólo se habían influenciado por el clima que estas escuelas del
pensamiento habían creado. Para ellos, la evidencia empírica era completamente
Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021
Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

prescindible: creían que sus ideas eran lógicas y necesarias, y que quien discrepara con
ellas estaba equivocado. Todos unos excéntricos ejemplares, diría Krugman.

Este grupo, con connotación de culto, defendía la importancia de la Ley de Say: la


oferta crea su propia demanda ya que la gente debe, forzosamente, gastar su renta en lo
que sea. También, para respaldar sus ideas, negaban rotundamente que la política
monetaria influyera en la vida real. ¿Pero cómo explicar las expansiones y las recesiones
si Keynes estaba completamente equivocado? Con lo único que era importante para ellos:
la política impositiva. Como ejemplo ponían la gran depresión de los años 30, acusando
como origen de esta recesión al arancel Smoot-Hawley y la reducción de la inversión y el
trabajo provocado por la modificación que había influenciado dicho arancel en los
incentivos. Este ejemplo nunca fue respaldado por Mundell, pero a los defensores de esta
doctrina les resolvía la vida: si una pequeña subida de los impuestos produce grandes
efectos negativos en la economía, la reducción de ellos podría producir, en teoría,
enormes efectos positivos y provocar un incremento de la inversión, del trabajo y, por
ende, de la producción.

¿Y los efectos negativos en el presupuesto Estatal? Bueno, la “curva de Laffer”


nos indica que así como al incrementar los impuestos los ingresos disminuyen, al
disminuir los impuestos el aumento del ahorro privado financiaría cualquier déficit
presupuestal e incluso aumentaría la inversión.

También, ante la gran inflación que se vivía, estos ideólogos lanzaron de las más
atrevidas conclusiones. Laffer concluyó que el aumento de los precios de varios bienes no
se debía a la combinación de diferentes factores, si no a un único factor: la caída del
dólar. A esto llegó sosteniendo que el modelo económico de “un bien único” respondía
adecuadamente a la forma en que opera el mundo. Su idea se aceptaba solamente por
ser un golpe contra el keynesianismo, pero nunca tuvo una gran influencia en el dogma de
la “economía de la oferta”.

Con todo y esto, esta ideología conservadora logró influenciar toda la política
económica estadounidense gracias a la combinación de la mala gestión de los años 70’s
y del apoderamiento de la mente de uno de los grandes contendientes a la presidencia de
finales de 1970. Bartley ya consideraba a 1978 como el año donde todo “comenzaba a
hacerse realidad” por el proyecto de ley de Jack Kemp y William Roth, quienes pedían
una reducción del impuesto sobre la renta.

Existía una sensación de frustración por la pérdida del control económico debido a
lo mal que se encontraba la economía con su tasa de paro mayor al 6 por ciento y la
fuerte inflación que había crecido a nueve puntos porcentuales. Los expertos keynesianos
y los políticos moderados se dedicaban a prescribir paliativos poco convincentes cuando
los defensores de la economía ofrecieron su seductora ideología: expandir la economía
mediante una baja en los impuestos y aplicar una política monetaria dura ante la inflación.
Impulsada por Ronald Reagan, hombre ya predispuesto por muchas razones a hacer
caso omiso a la ortodoxia de todas las áreas administrativas, la ideología de los
Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021
Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

defensores de la oferta había encontrado su pase directo al control de la economía


estadounidense.

Segunda parte: Los conservadores en el poder

El crecimiento fue el mantra de los conservadores durante los doce años de su


estancia en el poder. Parecía ser la respuesta ante todos los problemas que presentaba la
economía, más ni la política fiscal derechista había surtido el efecto esperado, ni la crítica
de que la reaganomía había sido un desastre era verdadera. Lo cierto es que la economía
de Estados Unidos apenas varió en la década de los 80’s.

Las estadísticas simples con las cuales los defensores de la oferta argumentaban
el logro del alto crecimiento durante el mandato de Reagan nos ocultaba la realidad que
había vivido el país. La economía estadounidense es muy inestable, explica Krugman,
demostrándolo comparando las tasas de crecimiento del PIB real de todos los años desde
1974 a 1992. Con variaciones de un año a otro de gran magnitud, la tasa media de un
periodo en específico cambia drásticamente dependiendo de los años que se consideren:
si se comparan las tasas medias de la administración de Reagan contra la de Cárter se
observaría que en la primera el PIB creció 1.8 puntos porcentuales más que la segunda,
un triunfo de la reaganomía; sin embargo, si mejor se compara la tasa de toda la
administración conservadora (1980-1992) contra la de los “años buenos” (1947-1973)
deberíamos admitir que el crecimiento durante el conservadurismo fue 1.3 puntos menor;
un fracaso.

Esto lleva a Krugman a considerar la diferencia entre las fluctuaciones a corto


plazo, subordinadas al crecimiento de la capacidad de la economía, y la tendencia, o
aceleración, del crecimiento a largo plazo, desde la cual, considera, deberíamos examinar
los logros del sistema conservador. Con esto nos intenta decir que no importan tanto las
variaciones de la capacidad ya que esta fue, y es, muy volátil debido a que la fuente de
este índice muy variable: por un lado está el número de trabajadores y sus cualificaciones
(el tamaño y la calidad del capital); por el otro está el grado en el que se utilizan los
factores anteriores, influenciados por la oferta monetaria y la confianza en las empresas.

La forma en que intenta aclarar esta idea es comparando la tasa anual de


crecimiento económico de 1974 a 1992 contra las variaciones en la tasa de paro de esos
mismos años. Este ajuste, conocido como la “ley de Okun”, sugiere que la disminución de
la tasa de paro va unida al crecimiento económico positivo y demuestra la fuerte
dependencia de la primera (la tasa de paro) sobre el segundo (el crecimiento), por lo que
sólo es posible un crecimiento sostenido acelerando la tasa de crecimiento en base de
una dada tasa de paro. A esa tasa del crecimiento a largo plazo se le llama tasa de
crecimiento de la producción “potencial”, la cual, en la comparación hecha del periodo
1974-1992, apenas varió en la década de los 80’s.

Esto se debió a que la economía de la oferta estaba dirigida a provocar


variaciones a corto plazo y se despreocupaba por el ciclo económico, el cual, de todos
Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021
Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

modos, es afectado muy poco por la política económica de la Administración, siendo la


Reserva Federal la institución encargada en preocuparse por el crecimiento a largo plazo.
La Reserva Federal (“Fed”) es el banco central de Estados Unidos y controla la base
monetaria con la cual se desarrolla toda la economía. Este poder la convierte en un
agente vital durante las recesiones y recuperaciones por la profunda influencia que ejerce
en la economía y, principalmente, por la velocidad y facilidad de realizar cambios
radicales en su política monetaria. Al ser una institución independiente y apartidista que
asegura y protege su autonomía, se explica cómo fue ésta y no la Administración el
agente esencial en la economía durante el gobierno conservador.

Fue Paul Volcker, presidente de la Junta de Gobernadores de la Fed quien


enfrentó la inflación en 1979, provocando una recesión que comenzó a tratar volviendo
inmediatamente a una política expansiva. Los resultados de esta decisión se registraron
durante la administración de Reagan y fueron mal adjudicados a él. También en 1987 la
Fed, ahora presidida por el sucesor de Volcker, Alan Greenspan, respondió correctamente
a una nueva recesión. Y fue en 1989 donde, esperando una inflación, la Reserva Federal
fue sorprendida por una recesión que causó una notoria debilidad en la economía durante
los primeros años de 1990. Todo lo anterior hace que se comprenda la injusta situación
en la que se encuentran los presidentes al ser juzgados por sus votantes en relación a la
tasa de crecimiento de la economía durante su mandato o, en la mayoría de los casos,
solamente de los trimestres anteriores a las elecciones.

Una vez sabiendo por qué la tasa potencial de crecimiento en Estados Unidos no
aceleró durante los 80’s, Krugman se pregunta: ¿La Administración pudo haber hecho
algo para impulsar la economía? La tasa potencial del crecimiento responde a dos
factores: la tasa en que aumenta o disminuye el empleo y la tasa en que varía la
productividad del trabajador medio. Por lo primero, Estados Unidos experimentó durante
1980 un crecimiento excepcional de su tasa de empleo gracias a la flexibilidad y libertad
de su mercado laboral, sufriendo apenas un aumento en el paro. Respecto a lo segundo,
poco hizo la Administración y esto fue lño que no permitió, en parte, que el crecimiento
económico fuese mayor.

Los errores concretos en los que cayeron los conservadores se dieron a tres
frentes: en la inversión empresarial al provocar un colapso del ahorro nacional que
influenció la aparición de grandes déficits comerciales, lo cual redujo las incentivos para la
inversión privada; en la inversión pública al maniatar al Estado con un aumento del déficit
público que disminuyó la ayuda financiera federa, y en el capital humano por disminuir la
financiación para la educación y ahogarse en un aumento de la pobreza infantil derivada
de la creciente desigualdad de la renta.

Aún con todo lo anterior, los efectos de la política conservadora fueron moderados;
el mayor problema fue la hipocresía de los defensores de la oferta que veían al
crecimiento como la panacea económica y alardeaban de sus logros mientras impulsaban
una política que impedía, en cierto grado, ese crecimiento.
Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021
Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

Es cierto, la administración de Ronald Reagan se caracterizó por una gran


dispersión del reparto de las rentas: los ricos se hicieron más ricos y los pobres más
pobres. Krugman lo comprueba comparando las tasas de crecimiento de los salarios en
ciertos puntos de la distribución de la renta de dos periodos, 1947-1973 contra 1979-1989,
donde se aprecia claramente cómo la distribución pasó de ser relativamente equitativa,
como una valla clásica, a presentar una distribución escalonada donde entre menos
pobreza mayor pasó a ser el crecimiento de la renta.

Esta inquietud de la distribución de la renta lleva al autor a examinar el crecimiento


del quinto quintil de la población, sobre todo el 1 por ciento mayor. Un estudio de la
Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO por sus siglas en inglés) permite ver en verdad
qué tan desigual es la distribución de la renta entre el 20 por ciento más rico de la
población: durante los años que abarca este estudio (1977-1989) el 1 por ciento mayor de
la población dobló la renta que percibía. Esto es importante al buscar la causa que originó
la disminución del salario del trabajador representativo en la década de 1980 pues hace
obvio que la mayor parte del crecimiento fue a parar al 10 por ciento superior de la
población, obteniendo también que el 70 por ciento total del aumento de la renta familiar
media fue a parar al 1 por ciento superior, los más ricos.

Esta desigualdad de la renta se volvió una importante cuestión política, lo cual irritó
a todos los conservadores, principalmente a The Wall Street Journal y a la Administración
Bush, quienes trataron de negar que esta desigualdad fuera real desde un principio. Los
argumentos se manifestaban de tres formas: algunos ponían en duda lo verídico que en
verdad eran los datos, tachando a los estudios sobre la desigualdad de ser un fraude
liberal. Afirmaban que la inclusión de las ganancias sobre las acciones no debían ser
incluidas en el cálculo de la renta como la CBO lo había hecho al examinar los ingresos
de las personas muy ricas. La verdad es que la inclusión de estas ganancias no son tan
influyentes: con ellas el 1 por ciento superior percibe un aumento del 7 al 12 por ciento
entre 1977 y 1989; sin ellas el aumento es del 6 al 10 por ciento.

Otros sostenían simplemente que el crecimiento durante la reaganomía había


beneficiado a todos y que era destructivo preocuparse por la distribución de la renta. En
esto fallan de nuevo los conservadores al no poder ver más allá de las alteraciones que
sufrió la economía a corto plazo y admitir que la desigualdad gira en torno a cómo se
reparten los beneficios a largo plazo.

Por último están los que argumentaban que la alta movilidad de la renta en
Estados Unidos contrarrestaba la desigualdad existente. Sería verdad de que si la
movilidad fuera muy alta no importaría el grado de desigualdad pues haría que la
distribución de la renta percibida a lo largo de una vida fuese lo bastante equitativa como
para vivir adecuadamente. Desgraciadamente el grado de movilidad de la renta no es tan
grande como para ser relevante: estudios del Urban Institute y del Tesoro de Estados
Unidos sólo registran un 3 por ciento de ascensos del quintil inferior a uno superior y un 6
por ciento de descensos del quintil más rico, eso sin tomar en cuenta que la mayoría de
Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021
Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

las familias que sufren estos cambios ya se encontraban en los extremos de sus quintiles
correspondientes.

Esta desigualdad de la distribución de la renta tiene origen, sí, en parte gracias a


las reducciones de los impuestos de Reagan, pero en mayor grado a influencias lejos del
control de la Administración. La razón más aceptada es la inclusión de Estados unidos a
la economía internacional, al abaratas la manos de obra de los trabajadores menos
cualificados debido a la abundancia y, en consecuencia, encarecer a los que contaban
con un alto nivel de estudios. El problema es que el comercio influenció escasamente a la
economía estadounidense en 1980 y se explica porque el país comercia mayormente con
otras naciones más o menos tan avanzadas como él. Robert Lawrence, profesor de la
Kennedy School de Harvard, lo demuestra midiendo la media de los salarios pagados por
todos los países comerciantes con Estados Unidos ponderados por el volumen comercial
de cada uno, de la cual obtiene un salario representativo del casi 90 por ciento del salario
estadounidense. Por otra parte, el aumento de la desigualdad en Estados Unidos debería
traducirse en un aumento de la igualdad salarial en países donde este comercio exterior
contribuya en descender la prima laboral de los trabajadores cualificados, como en
México, lo cual no ocurre.

Otras proposiciones explican el aumento de la desigualdad al grado de formación


de las personas para utilizar tecnologías cada vez más sofisticadas o la propuesta de
Sherwin Rosen, economista de la Universidad de Chicago, del modelo de las
“superestrellas”. Este se refiere a que el radio de acción de un profesionista brillante es
mayor gracias a las modernas telecomunicaciones, las que le permiten atender y ser
contactado por un nuero mayor de personas que buscan el servicio que consideran mejor.

Krugman agrega una explicación propia, refiriendo la desigualdad a la escasez de


cualificaciones por una aplicación incompleta de la tecnología moderna. De todos modos
acepta no saber a ciencia cierta el origen del aumento de la desigualdad.

Pasa entonces a examinar detalladamente el problema del déficit presupuestario


que presentó Estados Unidos en esos años. Mediante la comparación de egresos e
ingresos de los años 1981 (último año presupuestario anterior a Reagan) y 1992,
sabemos que el déficit aumentó 2.2 puntos porcentuales del PIB, lo cual se debió en gran
medida a la reducción del impuesto sobre la renta, un 70 por ciento, y en menor medida a
un leve incremento real del gasto: se podría decir que “los conservadores consiguieron
bajar los impuestos, pero no reducir las dimensiones del Estado”. Y es verdad que las
Administraciones Reagan y Bush recortaron el gasto público, pero ni siquiera con esto
encontraron como contrarrestar las reducciones de los impuestos.

Krugman entonces expone que Reagan no bajó todos los impuestos por igual: los
que gravan la renta los bajó considerablemente, pero los destinados a jubilaciones y
enfermedad aumentaron. Estas “cotizaciones a la Seguridad Social” tienen un límite de
recaudación, 40 mil dólares, lo cual terminó favoreciendo a los más ricos y perjudicando a
los de renta media y baja, quienes son los que en verdad sintieron este aumento. Por otra
Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021
Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

parte se bajaron los tipos marginales del impuesto sobre la renta con lo cual alivió aún
más el pago impositivo de las familias de renta alta. Los pobres, por el contrario, sufrieron
el recorte realizado a los programas de ayuda, provocando una adición de 3 millones de
pobres nuevos entre 1979 y 1989.

Esto se debió a que nunca se logró la financiación esperada que equilibrara el


déficit presupuestario y no sólo eso: a pesar de la reducción de impuestos sobre las
empresas y las personas de renta alta que construyó un clima favorable para la inversión,
de 1981 a 1996 la inversión bruta representó un 17 por ciento del PIB, 1.8 puntos menor
frente al periodo 1974-1980. Agregando la caída del ahorro nacional neto de un 8 por
ciento del PIB en 1970 a un 3.4 por ciento en 1980, estas decisiones provocaron un déficit
real medio de 3 puntos porcentuales del PIB.

Pero, ¿en verdad perjudicó el déficit a la economía estadounidense? No: mediante


la comparación de un Estado que sí hubiera equilibrado su presupuesto contra lo que
pasó durante el conservadurismo, Krugman obtiene que, efectivamente, Estados Unidos
fue 3 por ciento de lo que en verdad tuvo que ser, pero que esta cifra de todos modos
sigue siendo muy alta en comparación a lo que en verdad fue, ya que el país consiguió
financiar gran parte del déficit con importaciones de capital externo.

Antes de hacer una valoración de la reaganomía, Krugman trae a colación un


aspecto más: los déficits ocultos o perjudiciales a largo plazo. Empieza con la mala
regulación de las instituciones financieras, como las asociaciones de crédito a la
construcción, que trabajan aceptando depósitos y prestando dinero a tipos de intereses
muy altos, garantizando a los usuarios que, en caso de quiebra, el Estado responderá por
los depósitos. Estas instituciones, fuertemente reguladas por el gobierno en las anteriores
administraciones a la de Reagan, se encontraron repentinamente liberadas y, como se
esperaba, se dispusieron a conceder inversiones muy arriesgadas e infructuosas. De
1980 a 1989 se permitió crecer este déficit silencioso hasta que en aquél último año la
Administración admitió tener una obligación de cien mil millones de dólares para sanear
estas asociaciones de crédito.

Pasa, ahora, a hablar del déficit de inversión. Las administraciones anteriores


habían gastado un 3 por ciento del PIB en infraestructura, pero en la década de los 80’s
había bajado a 1 por ciento. Esto hace pensar que, comparando el desarrollo del PIB real
con uno donde se hubiera mantenido fija la inversión, el déficit acumulado representaría
alrededor de un 20 por ciento del PIB. Pero también este argumento encuentra
problemas, ya que más allá de invertir en mantenimiento, poco se podía planear debido a
la falta de proyectos que con seguridad produzcan grandes rendimientos sociales.

Donde sí se admite que existió un gran descuido fue en el gasto relacionado al


cuidado y la educación infantil, lo cual se debe en parte al escepticismo conservador de la
eficacia en la inversión al capital humano, pero mayormente a que el déficit
presupuestario mantenía bajo todo el gasto.
Economía 4 de diciembre, 2017 Grupo 0021
Alumno: Orenday Martínez Ariel Omar

Finaliza proponiendo que se también tome en cuenta lo recaudado por el fondo de


capitalización de las pensiones, que existe para cubrir las necesidades económicas que
los jubilados pudiesen tener en el futuro. Aunque aún con esto no modificaba el panorama
inicial del 3 por ciento de déficit.

Concluye Krugman en que sí, Reagan creó un déficit que aún arrastra Estados
Unidos y que afectó el crecimiento económico, pero el coste de todo esto no fue
catastrófico como a los liberales les gusta imaginar.

Tercera parte: El péndulo oscila