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Auto de la Audiencia Provincial de Madrid, sección nº 02 de fecha 04/12/2014: Ilustre Colegio

de Abogados de Madrid se querella contra letrado que ejercía su profesión, sin estar colegiado,
como autor de un delito de intrusismo profesional del Capítulo V del C.P.

Las actuaciones fueron sobreseídas por el J.I. nº 54 de Madrid y la A.P. confirmó el


sobreseimiento razonando que si bien el tipo penal avala una conducta careciendo de título
académico u oficial, el denunciado sólo carecía de la colegiación profesional y no de título
académico u oficial, asimismo respecto de los sujetos pasivos del delito, lo son el Estado, la
sociedad sometida a un peligro concreto y los profesionales afectados por la competencia licita
y no un determinado colegio profesional, donde no estar de alta o al corriente de las cuotas
representa una infracción de tipo disciplinario deontológico.

STS 693/2010, 19 de Julio de 2010. El acusado representa como abogado a una entidad
financiera ante un Juzgado de lo Social y a sí mismo en recurso contencioso administrativo
careciendo de la titulación necesaria para el ejercicio de tal profesión. El tribunal basa su
sentencia en que el artículo 6 del R.D. 658/2001, de 22 de junio, por el que se aprueba el Estatuto
General de la Abogacía Española (EGAE), establece que “Corresponde en exclusiva la
denominación y función de abogado al Licenciado en Derecho que ejerza profesionalmente la
dirección y defensa de las partes en toda clase de procesos, o el asesoramiento y consejo
jurídico” y que el acusado intervino, al menos en dos ocasiones ante tribunales, para cuya
legítima realización se precisa contar con la habilitación legal representada por la posesión del
título académico de licenciado en derecho, del que no disponía.

El asesoramiento jurídico no es una labor exclusiva de los abogados, sino una de sus funciones,
cumpliendo determinados requisitos, como establece el artículo 9.1 del EGAE. La STS 934/2006,
29 de Septiembre de 2006 así lo establece, entre otras razones porque el asesoramiento se
desarrollaba “…en el plano meramente administrativo, y nunca en el judicial…” y que
“…cualquier ciudadano es susceptible de recibir a diario consejos […], que propiamente
solamente deberían darlos profesionales cualificados…”. En éste sentido la sentencia cita la LO
4/2000, de 11 de enero, de defensa de los derechos y libertades de los extranjeros en España y
su integración social, en su art. 20.2 prevé la audiencia del propio interesado, el art. 20.3 la
legitimación de las organizaciones de defensa del inmigrante o RD 2393/04, en sus arts. 42, 69,
73 y DA 4ª contempla la intervención personal del inmigrante admitiendo fórmulas de
representación voluntaria. También podríamos traer como ejemplo el artículo 42.2 de la L.O.
12/2007, de 22 de octubre, del régimen disciplinario de la Guardia Civil, “El interesado podrá
contar, en todas las actuaciones a que dé lugar cualquier procedimiento, con el asesoramiento
y la asistencia de un abogado en ejercicio o de un Guardia Civil que elija al efecto”.

Un asesor fiscal no tiene por qué cometer intrusismo profesional siempre que no se identifique
como abobado y represente a sus clientes ante la jurisdicción competente en calidad de tal sin
la correspondiente titulación y demás requisitos ya que el mero asesoramiento no constituye
intrusismo, además, el ejercicio de asesor fiscal puede llevarse a cabo con las titulaciones en
economía o la de dirección y administración de empresas, además de la de derecho.
El intrusismo en el ámbito de la abogacía se produce cuando una persona, careciendo de
titulación correspondiente, representa a otra en un proceso judicial para cuya legítima
realización se precisa contar con la habilitación legal representada por la posesión del título
académico de licenciado en derecho (STS 693/2010, 19 de Julio de 2010).

Para poder utilizar profesionalmente el término de abobado, hay que estar a lo dispuesto en el
artículo 9.2 del EGAE, “Corresponde en exclusiva la denominación y función de abogado a
quienes lo sean de acuerdo con la precedente definición (artículo 9.1), y en los términos
previstos por el artículo 436 de la Ley Orgánica del Poder Judicial”.