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Los billetes emitidos durante esta época contenían una serie de símbolos e iconografía

que a la distancia resultan fascinantes, pues hablan de la forma en que nuestros


antepasados concebían al mundo. En esta sección trataremos de contextualizar para el
lector de hoy, estos mensajes que a los ojos modernos resultan hasta cierto punto,
incomprensibles. En términos generales, los billetes de banco que insertamos a
continuación nos hablan de un tema preciso: el progreso. Incluso las figuras clásicas,
tomadas de la mitología griega y romana, deben entenderse dentro de esta línea de
discurso, en el cual, el gobierno liberal venía a romper con una larga tradición
eclesiástica y de economía de aislamiento, y que trataba de empujar al país al escenario
mundial. Debemos de tomar en cuenta que, de acuerdo a la educación que se impartía en
esa época, las figuras no eran en absoluto ajenas para las personas que tenían algún
grado de estudios. El discurso progresista tenía sus matices, como puntualiza el
historiador McCreery:

“El entusiasmo por la ‘modernización’ originó algunas promesas imposibles de cumplir


tanto por las personas como por el gobierno en cuanto a lo deseable del desarrollo
industrial. Sin embargo, la lógica de los beneficios del café socavó cualquier promoción
seria a corto plazo de las manufacturas locales. El capital era escaso y producía mejores
ingresos en el café.”[7]
Es por esta circunstancia que no nos debe extrañar que en los billetes convivan
imágenes bucólicas del campo y del paisaje guatemalteco con poderosos símbolos de la
modernización. Por la confianza depositada en el café es que vemos en algunos billetes
humeantes locomotoras, y en otros en cambio, aparezcan mujeres tapizqueando los
frutos de la planta estimulante. Pero en todo caso, en los billetes se estaba elaborando
un discurso de modernidad, se estaba construyendo una visión de país, fundamentado en
los valores de la agricultura extensiva, el comercio y la industria.

Banco Nacional de Guatemala. Billete de 1 peso,


correspondiente a la emisión de 1875. A cada lado aparecen dos hermosas
representaciones: la Victoria y Minerva. A la izquierda, la Victoria, que para los romanos
era el símbolo del triunfo, llamada en la mitología griega Niké. Se le solía representar
como una mujer alada, con una palma en la mano o bien una corona de laurel ceñida tal y
como aparece en esta ocasión. La diosa está sentada a espaldas de una escena
moderna, en la que una locomotora avanza por un campo. A sus pies, un canasto en
representación del antiguo cuerno de la abundancia, derrama su contenido frente a la
diosa que su postura, parece absorta en sus pensamientos. A la derecha aparece la diosa
Minerva, que era para los romanos, la diosa de la sabiduría y de las artes, las técnicas de
la guerra y la patrona de los artesanos. En la mitología griega se le llamaba Atenea. Se le
suele representar como una belleza simple y modesta, noble y majestuosa. Porta como
distintivos un casco en la cabeza y una pica en una mano. Aparece sentada sobre un
jergón de paja, y a sus espaldas, un buque con las velas desplegadas cruza el horizonte,
simbolizando el comercio con el mundo exterior.
Aparece también al centro y junto al retrato del dictador de turno, general Justo Rufino
Barrios, el escudo de armas de la república, diseñado por el grabador suizo Juan Bautista
Frener (1821-1892), quien trabajaba a la sazón en la Casa de la Moneda. El escudo fue
aprobado de forma oficial el 18 de noviembre de 1871, y según el experto en Heráldica e
Historiador Ramiro Ordóñez Jonama, es un conjunto de trofeos y no un escudo.[8]

Banco Comercial Americano. El primer banco privado del país, fundado en 1877. Billete de
5 pesos, correspondiente a una emisión de 1892. Ceres, diosa romana de la agricultura,
las cosechas y la fecundidad, para los griegos era Démeter. Según la mitología, ella le
enseñó a los hombres a cultivar la tierra, cosechar el trigo y a elaborar el pan. Se le
representa como una mujer hermosa de cabellos dorados como el trigo. En esta
representación abraza un haz de espigas de trigo. Una túnica de corte clásico le cubre
hasta los pies.

El Banco Colombiano. Fundado en 1878. La figura dominante aparece dentro del medallón
a la izquierda, extrañamente el dios romano Marte, Ares en la mitología griega. Digo
extrañamente, porque el dios Ares no tenía atributos positivos para los griegos, quienes
lo despreciaban por su carácter violento y voluble, pero era admirado por los romanos por
sus virtudes guerreras. En las emisiones de billetes en que se hace eco a la paz y al
progreso, Marte pareciera como una figura discordante. Representado como un guerrero
de armadura brillante, con sus armas listas, pareciera que la explicación de que aparezca
en el billete cuelga de la lanza que abraza: el gorro frigio, símbolo de la república.
Pareciera que fue representado como el presto defensor de la república.

Al centro una estampa típica del campo, con unas reses que caminan por campo abierto,
con los infaltables volcanes detrás, haciendo referencia a la vida simple y pastoral del
país, escoltada por los dos escudos nacionales que justifican el nombre del banco.
Tesorería Nacional de Guatemala. Billete de 5 pesos de la emisión de 1880. Contiene la
poderosa imagen de una locomotora. Según McCreery, “…para los liberales, el ferrocarril
constituía el quintaesencial ‘emblema del progreso’ y la llave del sistema de transporte
de una nación moderna.”[9] El ferrocarril traía beneficios obvios para un país como el
nuestro, azotado por intensas lluvias por largas temporadas, que dependía para sus
comunicaciones y comercio de una red de caminos inadecuados que había heredado de
la colonia. Los costos del tendido de rieles resultaban mucho más altos que la
construcción de un camino, pero la capacidad de gran volumen de carga y la eficiencia
de su transporte, eran ventajas imposibles de desechar. El primer contrato para tender el
ferrocarril del Puerto de San José hasta la ciudad de Guatemala se firmó en abril de
1872, cuando el Ministerio de Fomento contrató a William F. Kelly para la ejecución de la
obra.
Banco Americano de Guatemala. Fundado en 1892. Billete de 100 pesos correspondiente
a la emisión de 1914. En la imagen central del billete se puede observar a la izquierda a la
Victoria, en esta ocasión porta como sus distintivos la palma, símbolo de la paz, y en la
cabeza la corona de laurel. A su espalda se despliega toda una alusión a la agricultura y
sus frutos, presentando al país como la tierra de la abundancia. Como detalle
interesante, la Victoria posa su mano derecha sobre la rodilla de Minerva, con quien
comparte asiento. A espaldas de la diosa Minerva se despliega en contraste, un paisaje
industrial, en el que se puede distinguir el yunque y el martillo, símbolo del trabajo, dos
ruedas dentadas una en la que apoya su mano (en donde porta un caduceo, que
representa el árbol de la vida) y otra tumbada en el suelo, simbolizando a la industria y el
progreso, y como telón de fondo una chimenea lanzando humo y un buque a vapor, el
enlace con el mundo exterior.
Al reverso del billete se presenta una escena que debo confesar es de mis favoritas. Dos
medallones a cada lado de ella contienen los escudos que justifican el nombre del banco.
A la izquierda, el escudo de la república de Guatemala y a la derecha el escudo de los
Estados Unidos de América. En el centro un paisaje retrata el ideal de la vida del régimen
liberal. Un beneficio de café y otras instalaciones industriales, enmarcadas por una
cadena de volcanes imponentes. Los edificios están rodeados de cafetos, entre los
cuales se puede ver a los trabajadores escogiendo las cerezas listas para la cosecha.
Unas carretas de bueyes recorren el patio del beneficio, conectando directamente a la
finca con la línea férrea que se cruza enfrente, por la que pasa a toda velocidad (a juzgar
por la posición de la columna de humo) un ferrocarril. Todo el paisaje resume la
propaganda liberal: la facilidad de trasladar los productos de las grandes fincas
cafetaleras a los mercados extranjeros gracias a la infraestructura desarrollada por el
régimen. La presencia del escudo estadounidense en el caso de este billete, o la
presencia de nombres de otros países o el uso de la internacionalidad, para nombrar a las
instituciones bancarias también es un producto de la ideología liberal, que según
McCreery, evidenciaba una inclinación a valorar desproporcionadamente, “…la
superioridad de las ideas y las personas extranjeras, sino que asumieron que la mayoría
de los guatemaltecos estaban en una posición genética desventajosa para tratar de
competir con ellos…”[10]
Banco Agrícola Hipotecario. Billete de un peso, correspondiente a la emisión del 30 de
junio de 1920. Al centro se observa a la diosa Cibeles, en su carro tirado por dos leones,
que en la mitología griega era la diosa de la Madre Tierra, simbolizando la tierra fértil. A
su izquierda aparece otra representación de Minerva, recostada sobre los bultos en los
que ya han sido embalados los productos de la agricultura que esperan listos en el muelle
a ser cargados en las bodegas del buque que apenas se distingue en el horizonte a la
altura de su codo derecho (a la izquierda del observador), que empuña un caduceo, el
cetro que representa el árbol de la vida. En el medallón de la derecha se desarrolla una
escena bucólica en la que una madre ordeña a una vaca frente a su hijo en un campo
abierto, mientras dos ovejas se yacen tumbadas pacíficamente en el pasto. El billete
evoca directamente a quien lo observe, las virtudes del régimen liberal, la paz, el
comercio y las bondades de la tierra guatemalteca.
Banco Agrícola Hipotecario. Billete de cinco pesos correspondiente a la emisión del 5 de
abril de 1895. Al centro aparece la diosa Cibeles, en su carro tirado por dos leones
mansos. En el medallón de la izquierda, Mercurio o Hermes, mensajero de los dioses y
símbolo del comercio, que se complementa con la escena del medallón derecho, en la
que se representa una escena de mercado, a juzgar por la mujer sentada que ofrece un
canasto de frutas a sus pies, los hombres que cargan bultos a su espalda y un pastor
(portador de un alto cayado) que pareciera llevar a su ganado para la venta. En una
pequeña plazoleta del Mercado Central de ciudad de Guatemala se levantaba una estatua
de Mercurio, como bendiciendo las operaciones que se llevaban a cabo dentro de ese
recinto.
Banco Agrícola Hipotecario. Fundado en 1893. Billete de 1 peso correspondiente a la
emisión de 1920. Al centro la diosa Ceres o Démeter, como era conocida en el mundo
griego, diosa del trigo y de los cereales, se solía representarla con el pelo amarillo. En
esta representación Ceres fecunda el suelo con sus semillas, que porta en el canasto que
sostiene con sus manos, para subrayar esta idea, la diosa luce un pecho destapado. El
resto de la representación más bien debe asumirse: un cisne extiende sus alas y detrás
del ave se adivina un objeto que pareciera ser una carabela, en lo que bien pudiera ser
una alegoría del encuentro de dos mundos, en la que el cisne debería ser Zeus, en el
conocido pasaje en el que seduce a Leda, que podría representar a Europa.
Banco de Occidente. Fundado en la ciudad de Quetzaltenango en 1881. Anverso y reverso
de un billete de 1 peso, correspondiente a una emisión de 1921. Destaca en este billete la
hermosa alegoría de la República de Guatemala, personificada en una mujer joven y bella,
que luce un peinado austero, decorado de flores, que adornan también el margen externo
del medallón. A su derecha una escena del trabajo en el campo. En el reverso, al centro
un hermoso grabado del Escudo de Armas de la República.
Banco de Occidente. Al centro del billete de 5 pesos, reina una bella alegoría que con
detalle reproduce el sueño liberal: Minerva se recuesta en un bulto embalado listo para
su embarque. Un barril se adivina detrás del bulto. Su mano derecha descansa sobre una
rueda dentada, símbolo de la industria y del progreso. Atrás un yunque y un martillo,
representando el trabajo. Ambas virtudes del desarrollo. Al fondo, una locomotora a todo
vapor cruza un majestuoso puente de arcos, representa la república pujante y el
comercio interno. Al otro lado, unos barcos con velas recogidas esperan amarrados en el
muelle, representan el contacto con el mundo exterior.
Banco de Occidente. Anverso y reverso de un billete de 20 pesos. Al centro, una alegoría
de la República de Guatemala, representada por una mujer con ropas de la época de la
Grecia clásica, que recostada en una columna sostiene en su mano izquierda a un quetzal
macho, el ave nacional. Sobre su hombro derecho, una pica clavada en el suelo porta en
su punta un gorro frigio, símbolo republicano por excelencia. Detrás de ella se despliega a
modo de escenario una colección de estampas de la hermosa naturaleza del país,
haciendo gala de exuberancia y de prosperidad.

Banco de Occidente. Anverso y reverso de un billete de 5 pesos. En el medallón de la


izquierda, una alegoría de la República de Guatemala, encarnada en una bella joven
tocada con el gorro frigio. También su peinado es austero, virtud considerada
republicana. Al centro un hermoso grabado que reproduce a Hermes o Mercurio, con
todos sus símbolos, que desde una roca observa el comercio marítimo, que se adivina en
los barcos en el horizonte.

Banco de Occidente. Fundado en 1881. Billete de 100 pesos correspondiente a la emisión


de 1916. Al centro una escena que se aunque se empezaba ya a observar en el área rural
de Guatemala desde años tan lejanos como 1840, con el triunfo liberal se volvió la
ambición del régimen: el cultivo del fruto que trae riqueza. Para la revolución triunfante,
el cultivo del café se convirtió en el símbolo de modernidad por excelencia, pues sus
ventas en los mercados extranjeros permitían llevar a cabo las ambiciosas obras que
habrían de convertir al país en una nación próspera. La visión con respecto al café, como
un símbolo de identidad nacional, que se vendió de esta forma incluso en las Ferias
mundiales, ha persistido hasta nuestros días. Sólo hace falta ver el reverso del billete de
cincuenta quetzales que circula hoy. Pero la pacífica escena esconde las consecuencias
de la repartición de tierras, que acríticamente describió Valentín Solórzano líneas arriba y
que dio lugar a situaciones duras, que rompieron todo un sistema social radicado en el
campo. Aunque para el detalle habría que recurrir a J. C. Cambranes, en su obra Café y
Campesinos, que ya antes hemos recomendado, McCreery resume la situación en unas
cuantas frases para nuestra conveniencia, así que le cedo la palabra: “La población
indígena de Guatemala no había llamado la atención de los foráneos durante gran parte
de la época colonial y los comienzos de la nacional porque pocos terratenientes
sembraban un producto que requiriera trabajadores baratos en gran escala. Empero, al
difundirse la producción del café luego de la segunda mitad del siglo, se estimuló una
lucha sin precedente para asegurarse la necesaria mano de obra (…) las décadas
siguientes a 1871 fueron testigo de un asalto masivo a las tierras de los pueblos. Dando
como excusa la mayor eficiencia de la propiedad privada, el Ministerio de Fomento
entregó o vendió sistemáticamente las tierras comunales a empresarios prominentes, y
muchas más cambiaron de dueño por medio de engaños y fraudes…”[11]

Ban
co de Guatemala. Institución privada fundada en 1894. Billete de 100 pesos
correspondiente a la emisión de 1896. El mensaje de modernidad y desarrollo es obvio,
pero resulta interesante la colocación de las locomotoras, que apuntan a rumbos
contrarios, con el escudo nacional en medio de ellas, transmite el mensaje de una
república pujante.
Comité Bancario de Guatemala. Estaba conformado por seis bancos. Institución creada
por el presidente Manuel Estrada Cabrera. Billete de 25 pesos, correspondiente a la
emisión de 1899. Encerradas en círculos aparecen dos imágenes de progreso y
modernidad. En la derecha, una humeante locomotora cruzando un paisaje tropical, que
todos entendían era Guatemala. En la izquierda, un barco a vapor cruza los mares. Si el
ferrocarril permitía el transporte rápido y eficiente de los productos desde los campos
hasta los muelles, eran los buques los que conectaban a Guatemala con el mundo
exterior, siendo la clave del éxito del intercambio comercial. Explica McCreery: “…Los
exportadores locales consiguieron su primer nexo confiable, aunque caro, con los
mercados de Europa y Norte América con la apertura en 1856 del ferrocarril de Panamá y
el funcionamiento de sus líneas de vapores adjuntas (…) Los liberales abrieron un
segundo puerto en el Pacífico, Champerico, para el comercio internacional, y planificaron
un sistema de nuevos caminos para unir las áreas de producción con el Pacífico…”[12]

-III-

El Banco Central de Guatemala

Banco Central de Guatemala. En el año de 1923, el presidente de la república, general


José María Orellana impulsó una tercera reforma monetaria, encomendada a dos
técnicos guatemaltecos, Carlos O. Zachrisson y Enrique Martínez Sobral, que perseguía
establecer una unidad monetaria fija y un sistema de de banca central. La nueva moneda
se llamó quetzal y al día de hoy, es la moneda más antigua de Centro América. El Banco
Central de Guatemala se convirtió en el único emisor de moneda en el país. La reforma
se materializó mediante el decreto 879, dictado el 26 de noviembre de 1924, que
establecía en su artículo primero: “La unidad del sistema monetario de la república de
Guatemala se denominará quetzal, y estará representada por un grama 50 centigramos
4.675 millonésimos de oro puro. Un quetzal equivale a $60.00”[13], y en su artículo 25
prohibía a los demás bancos efectuar nuevas emisiones de billetes.

Según el historiador de la economía nacional, Valentín Solórzano, al que hemos venido


citando a lo largo del presente texto, “…El valor en oro de la nueva unidad monetaria era
equivalente al del dólar americano; su composición era de 900 milésimos de oro y 100
milésimos de cobre para las monedas de oro, que serían las de valores de 5, 10 y 20
quetzales. El quetzal sería de plata y tendría divisiones del mismo metal por valor de ½ y
¼ de quetzal; o sean de 50 y 25 centavos, respectivamente. La plata quedaba en el nuevo
sistema, como es de rigor en el régimen de patrón oro, con el carácter de
subsidiaria.”[14]
Los billetes de quetzal fueron apodados “chemas”, por la imagen que contenía del
presidente de la República, general José María Orellana, y sus diseños fueron
abandonando los temas mitológicos clásicos, para ir abrazando temas más concretos,
como las virtudes nacionales del trabajo, el comercio, la paz y la prosperidad,
transmitidos mediante estampas típicas del paisaje guatemalteco.

Billete de un quetzal, 1928. Dos hombres montan carga en una grúa de puerto. Alegoría
del comercio exterior.
Billete de dos quetzales, 1928. Al centro domina una pacífica estampa del Lago de
Atitlán, visto desde su ribera.

Billete de diez quetzales, 1929. Se perfila un paisaje típico de cualquier parte del macizo
montañoso guatemalteco central o de la costa sur. Un campo abierto que termina en un
volcán alzándose en el horizonte.
Billete de cinco quetzales, 1931. Escena realista de hombres con el torso desnudo cargan
y ordenan bultos, en una alegoría al trabajo y al esfuerzo. El trazo del grabado recuerda al
magnífico trabajo de Arnoldo Gálvez Suárez en los frescos del Palacio Nacional.

Billete de cincuenta centavos, 1938. Confirmando la vocación agroexportadora de la


economía nacional, se representan a ambos lados del billete los principales productos de
este país para la época: una plantación de banano a la izquierda, y a la derecha, una finca
de café en plena cosecha.
Billete de cinco quetzales, 1941. Porta una estampa completamente moderna, lejos del
romanticismo de los paisajes campestres. Aborda el tema del progreso y el desarrollo
con un imponente barco amarrado en un muelle de febril actividad.

Billete de un quetzal, 1942. Domina una apacible imagen de paz, trabajo y desarrollo, con
un campo abierto al frente, bordeado a la derecha por cafetos. Al fondo instalaciones
agro-industriales de una finca (probablemente un beneficio de café), y detrás la
imponente geografía nacional. Estampa ideal de la “Pax Ubiquista”.
Billete de veinte quetzales, 1944. La escena, en la que dominan dos hombres con el torso
desnudo, colocan bultos en una plataforma de carga. Al fondo un barco amarrado, por lo
que se presume que la escena se desarrolla en un muelle.

Billete de veinte quetzales, 1945. En este billete se recobra el tema clásico y la alegoría.
Recostado sobre el retrato del general José María Orellana aparece una hermosa
representación de Hermes/Mercurio, que como hemos apuntado antes, era el dios del
comercio y mensajero de los dioses, considerado también de la abundancia y del éxito
comercial. Sus símbolos distintivos son las talarías (alas en su calzado), el pétaso
(sombrero alado), y el cetro mágico, llamado caduceo, que tiene varias interpretaciones,
pero comúnmente se le acepta como símbolo de la paz o bien la representación del árbol
de la vida. En la antigua Grecia los embajadores o mensajeros solían portar un caduceo
como señal de inviolabilidad personal, pues era el símbolo de Hermes.

Banco Central de Guatemala. En el año de 1923, el presidente de la república, general


José María Orellana impulsó una tercera reforma monetaria, encomendada a dos
técnicos guatemaltecos, Carlos O. Zachrisson y Enrique Martínez Sobral, que perseguía
establecer una unidad monetaria fija y un sistema de de banca central. La nueva moneda
se llamó quetzal y al día de hoy, es la moneda más antigua de Centro América. El Banco
Central de Guatemala se convirtió en el único emisor de moneda en el país. Los billetes
de quetzal fueron apodados “chemas”, por la imagen que contenía del presidente de la
República, general José María Orellana, y sus diseños fueron abandonando los temas
mitológicos clásicos, para ir abrazando temas más concretos, como las virtudes
nacionales del trabajo, el comercio, la paz y la prosperidad, transmitidos mediante
estampas típicas del paisaje guatemalteco.