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La conquista de Antioquia, 1500-1580

Jorge Orlando Melo

1. Antecedentes

La conquista de Antioquia hace parte del proceso general de


incorporación del mundo americano en la sociedad Europa.
A partir del descubrimiento de América, en 1492, comienzan
a desarrollarse los esfuerzos de España por establecer su
dominio sobre las tierras recién descubiertas. La conquista
está dominada a corto plazo por la necesidad de tener un
control militar de las zonas de colonización, que permita
someter a los pueblos indígenas de la región y elimine los
riesgos que estos representan. Igualmente urgente es que el
proceso se pague: la conquista es ante todo un negocio
privado, y los conquistadores vienen a América financiados
por comerciantes y prestamistas, que esperan recuperar su
inversión.

Por ello, y para mantener el aprovisionamiento de los


poblados y ciudades que se establecen, es preciso obtener
los mayores ingresos posibles. La forma inicial de hacerlo es
saquear las riquezas indígenas: el oro que estas sociedades
habían acumulado, para usos rituales o por razones
estéticas, pasa a manos de los españoles, casi siempre a la
fuerza y algunas veces bajo el disfraz de un trato comercial:
los indios entregan sus objetos metálicos a cambio de
espejos, tijeras, algunas herramientas, cuentas de vidrio,
etc.

Pero las sociedades colonizadoras no se pueden mantener


solo con las provisiones que llegan de fuera, pagadas con el
oro que se arrebate a los indios. El metal tiende a acabarse
pronto y es preciso producir mas. Además, los alimentos y
bienes traídos desde España resultan demasiado costosos, y
los conquistadores ven que su esfuerzo se vuelve inútil:
cuando han acumulado una aparente riqueza, la deben
entregar para comprar cerdos, caballos, harinas, vinos o
aceites, herramientas y armamentos, a precios varias veces
superiores a los de España.

Todo esto plantea la necesidad de organizar la producción


local. De oro, en primer lugar: los españoles se reparten los
indios en "encomiendas", para que trabajen en las minas
que siempre habían explotado. Como la producción indígena
no es muy alta, y los conflictos de la conquista comienzan a
producir una rápida caída de la población aborigen, se traen
pronto esclavos africanos para las tareas mineras. Pero la
producción de alimentos es también fundamental, y los
españoles usan la mano de obra indígena para lograrla: los
indios de encomienda van a trabajar a las tierras que ha
recibido su encomendero. Así, poco a poco, se va pasando
de la sociedad de conquista, militar y basada en el saqueo o
en un comercio desigual, a una sociedad colonial un poco
más estable, centrada en la explotación del oro con mano de
obra negra y en la actividad agrícola basada en el trabajo
indígena.

Si las necesidades de control militar y económico explican


los rasgos fundamentales de la conquista, no hay que
olvidar otro elemento esencial de su historia: para los
españoles, la dominación de las sociedades americanas se
justificaba por el interés en convertir los indios al
cristianismo, para salvar sus almas y encontrar gloria ante
Dios por la incorporación de nuevas sociedades al
cristianismo. Esto dio un carácter de cruzada a muchas
acciones españolas, y en las batallas los ibéricos sentían que
contaban con el apoyo del apóstol Santiago, y con
frecuencia lo veían en acción; la muerte de los indígenas, en
las batallas o victimas de esas enfermedades nuevas para
ellos como la viruela o la malaria, era un acto de Dios, que
castigaba pueblos bárbaros, adictos al canibalismo y
entregados a una sensualidad contraria a la moral católica.
Por ello -aunque hubo quieres, como Bartolomé de las Casas
en Santo Domingo, rechazaron esta conversión tan
destructora- a pocos pareció paradójico el resultado de la
conquista: que para convertir a centenares de miles de
indígenas y ganarlos al cristianismo, hubiera que emprender
una campaña que terminó prácticamente eliminándolos por
completo.

La conquista, en especial en Antioquia, condujo a una


drástica modificación del medio natural antioqueño y de su
mundo humano. Donde existía una sociedad indígena
relativamente numerosa a comienzos del siglo XVI (Se ha
hablado, con obvia imprecisión pero alguna verosimilitud, de
cifras entre 500.000 y 1.000.000 de indios) no había más de
25 o 30.000 personas hacia 1600: unos miles de indios, de
negros y de españoles, a los que se sumaba una creciente
población mestiza: la mayoría de los hijos de los
conquistadores de la primera generación, en una sociedad
de frontera, militar, sometida a continuas luchas, eran hijos
de mujeres indígenas: aunque hubo mujeres españolas en
Santa Fe de Antioquia desde 1546, eran muchos más los
hombres.

Por supuesto, la destrucción de la población indígena por la


guerra, el hambre, las enfermedades, el trabajo en
condiciones desacostumbradas, los maltratos, fue
acompañada rápidamente por la destrucción de sus formas
culturales: son relativamente pocos los rasgos culturales
indígenas que entraron a la cultura mestiza de Antioquia,
con excepción de aquellos pertenecientes a la vida material
y a la utilización del medio ambiente y los recursos
naturales: el empleo del maíz y la yuca, las técnicas de
explotación minera, algunas tecnologías en la construcción
de vivienda. Poco a poco la cultura antioquena fue una
cultura fundamentalmente hispánica, católica, occidental,
en la cual se incorporaron, en posición subordinada, diversos
elementos de origen indígena y africano.

La nueva sociedad estaba dominada por los rasgos de la


cultura española del siglo XVI, profundamente religiosa, con
una alta valoración de las acciones militares, de la dignidad
y el honor personal, y una presencia muy leve de aquellos
elementos culturales que podríamos llamar "burgueses " o
renacentistas. La contrarreforma, implantada en Europa
para enfrentar el protestantismo, fue convertida en la
ideología oficial de España desde mediados del siglo XVI:
esto hizo que la colonia americana estuviera alejada de los
elementos más modernos de la cultura europea de la época,
aquellos que condujeron al desarrollo de la ciencia moderna,
de la filosofía laica, del pensamiento político liberal y
democrático. La cultura antioqueña colonial, aunque
europea, era la de una Europa que desconocía y encontraba
extraños a Galileo, Newton o Descartes. Y como era también
una sociedad pobre, de mineros y campesinos enfrentados a
un medio ambiente hostil y poco productivo, fue una cultura
alejada de las grandes manifestaciones del arte, de la
pintura, el teatro, la literatura o la música.

En el aspecto natural, los cambios debieron ser muy


significativos. La economía indígena giraba alrededor de una
agricultura de productividad muy superior a la que entonces
regía en Europa: el maíz, el frisol y la yuca eran cultivos
mucho más eficientes que el trigo, y permitían alimentar
poblaciones muy numerosas con una utilización
relativamente pequeña de la tierra. Sin embargo, fue tan
drástica la reducción de la población, que aunque el sistema
productivo español era más extensivo y requería mucho más
tierra para sostener una población dada, sobre todo por la
predominio de la cría de ganado, probablemente muchas
áreas agrícolas revirtieron lentamente a una situación de
bosque o selva. Sin embargo, el paisaje se transformó
también por la importancia creciente de los pastos en la
economía española: el valle del Cauca cerca a Antioquia, el
valle de Aburrá, el valle de Rionegro dejaron de ser valles
agrícolas para convertirse en tierras ganaderas. Es poco lo
que se sabe sobre los principales procesos económicos y
sociales de la conquista, y las líneas anteriores son en buena
parte especulativas. En las páginas siguientes trataremos de
presentar una narración del proceso de conquista de los
pueblos antioqueños por los españoles, en la que se advierte
lo poco que sabemos sobre los aspectos culturales y sociales
de esta confrontación entre americanos y europeos.

2. El reconocimiento de Urabá

Los reconocimientos más tempranos de la región


antioqueña tuvieron lugar en la zona de Urabá, visitada por
primera vez por Rodrigo de Bastidas, quien pasó por allí en
1501 o 1502, acompañado por el piloto Juan de la Cosa, y
negoció con los indios. El mismo la Cosa hizo una nueva
expedición en 1504, y al llegar al pueblo de Urabá, al oriente
del golfo, se enteró de la existencia del pueblo de Darién, al
otro lado del golfo. Los españoles saquearon ambos pueblos,
y dejaron fama, según Gonzalo Fernández de Oviedo, de
"alteradores y destructores de la tierra, pues que su afán no
era tanto de servir a Dios ni al Rey, sino de robar". Al volver
de Darién a Urabá, debieron permanecer allí unos 8 o 10
meses, por daños en los buques: sin alimentos y atacados
por los indios, muchos murieron, y de 200 que llegaron
menos de 100 se embarcaron finalmente hacia el Caribe.

Estas visitas se hacían en plan de saqueo: se trataba de


expediciones que buscaban robar oro o esclavizar indios
para llevarlos a vender a la isla de la Española. Poco
después, la corona española intentó organizar el gobierno
permanente de las regiones de la costa colombiana. En
efecto, en 1508 España ordenó el poblamiento de la costa, y
creó las gobernaciones de Veraguas y Nueva Andalucía, la
primera del golfo de Urabá al occidente (hacia Panamá) y la
segunda del golfo hasta la Guajira. Para la Nueva Andalucía
se nombro gobernador a Alonso de Ojeda, quien
probablemente había recorrido ya Urabá. Venía acompañado
por Juan de la Cosa, y la expedición, con unos 300 hombres,
llegó a Urabá a finales de 1509: allí fundaron la primera
población española en territorio colombiano y antioqueño:
San Sebastián de Urabá, cerca a la actual localidad de
Necoclí.

3. Santa María de la Antigua

El tarea era difícil: los indios tenían flechas envenenadas y


no aceptaban alimentar una población española que solo
quería oro. Entre las enfermedades, el hambre y las flechas,
redujeron en poco tiempo los españoles a menos de 80.
Ojeda se fue por ayuda a Santo Domingo, pero prefirió,
"cansado y enfermo y enojado de tanto revés" meterse
monje. Entre tanto había salido otro socio de la expedición,
Martín Fernández de Enciso. Al mando en San Sebastián
estaba Francisco Pizarro, el futuro conquistador del Perú,
quien decidió despoblar y volverse hacia Cartagena. Allí
encontraron a Enciso y con los bastimentos que este traía
aceptaron retornar a San Sebastián: eran 42 sobrevivientes,
a los que se añadían 150 hombres recién llegados. La vida
en San Sebastián siguió igual, pese a que con Enciso
vinieron cerdos y ganados: los españoles tuvieron que
aprender a comer nueces de cachipay y cerdos salvajes.

Desesperados, aceptaron la idea, sugerida por un soldado


que conocía el sitio y había venido escondido en la
expedición de Enciso, Vasco Núñez de Balboa, de trasladarse
al otro lado del golfo, al Darién. Allí, a finales de 1510,
después de apoderarse del pueblo indígena, fundaron a
Santa María de la Antigua del Darién. Rodeada de indios sin
flechas ni venenos y buenos agricultores, era una mejor
elección para convertirse en base para la exploración de las
regiones vecinas.
Balboa, alegando que se habían salido de los límites de la
gobernación de Ojeda, desconoció a Enciso y se apoderó del
mando en la colonia. Cuando llego Nicuesa a alegar que
estaba en su territorio, lo embarcó en un navío
desvencijado: nunca más se supo de él. Balboa quedó con
toda la autoridad, aunque de facto, y la utilizó
aparentemente con habilidad: trató -después de algunas
acciones de escarmiento- de tener buenas relaciones con los
indios, no les impuso tributo, no quitó su autoridad a los
caciques, e impidió que los españoles saquearan los
indígenas vecinos. Con este sistema, logró que estos
mantuvieran la población aprovisionada. La ciudad prosperó,
nuevos colonos llegaron, y los españoles se ilusionaron con
dos ideas: la llegada al mar del Sur, del que oyeron hablar
pronto, y la posibilidad de un gran tesoro de metales
preciosos, una especie de versión anticipada del mito del
Dorado que resurgiría una y otra vez entre los españoles: se
decía que en un pueblo denominado Dabeiba existían
fabulosas riquezas. Por ello, rápidamente comenzaron a
realizarse exploraciones por el Darién, el Río León (1512) y
el Atrato; en las bocas del Río Sucio le dieron nuevos
informes sobre donde quedaba Dabeiba: le dijeron a Balboa
que quedaba dos días arriba y que obtenía su oro de minas
alejadas dos días por caminos de montaña. Probablemente
los indígenas se referían a los indios de Guaca y a las minas
de Buriticá.

Aunque Balboa logró que el Rey de España le perdonara su


usurpación y lo nombrara capitán del Darién, en 1513 se
escogió un gobernador en propiedad: Pedrarias Dávila. Este
llegó en 1514 con una expedición grandiosa, entre 1500 y
2000 hombres, vestidos de "sedas y brocados", con
"artesanos, médicos y mujeres". Traía Pedrarias, además,
cuidadosas instrucciones reales sobre como actuar en la
región: debía repartir los indios entre los españoles (o sea
establecer la "encomienda"), para que les sirvieran a estos;
debía además impedir la venida de abogados, "perjudiciales
en extremo". Aunque en el pueblo había ya sembrados de
yuca y maíz, y muchos cerdos, no era fácil sostener tanta
gente, y pronto apareció el hambre, pues los indios se
negaron a trabajar para unos españoles ociosos, y al hambre
siguió una terrible epidemia. Los españoles trataron de
forzar a los indios a dar oro -para enviar por mantenimientos
a la Española (Santo Domingo)- y comida: si no la daban, los
asaban en barbacoas o los hacían despedazar por los perros.
Los españoles salían, con autorización de Pedrarias y del
obispo - Fray Juan de Quevedo, el primero que existió en
territorio colombiano- a esclavizar y saquear los indios; las
violaciones eran frecuentes y Pedrarias se jugaba buen
numero de indios al ajedrez. Esta conducta enloquecida llevo
a la disminución de la colonia y eventualmente a su
abandono. Mientras tanto, se hicieron múltiples
expediciones al interior, pero en un ambiente hostil, que
dejó muchas victimas entre los españoles, y que no permitió
encontrar el deseado Dabeiba.

Ante el fracaso, Pedrarias decidió buscar una nueva zona de


acción y fundó en 1519 a Panamá, y en 1520 o 21 se
trasladó allí. Santa María sobrevivió dos o tres años más,
bajo el mando del cronista Gonzalo Fernández de Oviedo: en
1524 Pedrarias decidió despoblarla por completo. Durante
los 10 años siguientes los españoles visitaron esta región
únicamente en busca de oro. Dependía de Panamá, hasta
que en 1533 se puso bajo la jurisdicción de la nueva
gobernación de Cartagena. Un personaje curioso mantuvo
relaciones con la zona: Julián Gutiérrez. Este era un criado
de un español Diego del Corral, que había estado
amancebado con una noble indígena. Cuando del Corral se
fue a España, le dejó a Gutiérrez la manceba y su casa.
Gutiérrez se casó luego con Isabel del Corral, hija de Don
Diego y de la noble indígena; Isabel había sido hasta los
treintas su "naboría", una especie de sierva. El matrimonio
con esta mestiza, familiar de los caciques de la región de
Urabá, le permitió negociar con ellos en paz: les daba
herramientas, hachas y otros productos por oro.

Pero en 1534 los gobernadores de Cartagena trataron de


impedir sus negocios y apoderarse de la región: ese año
Alonso de Heredia, hermano de Pedro de Heredia, lo apresó,
lo que inició una larga lucha entre ambos. Los de Cartagena,
para controlar la región, fundaron un pueblo, San Sebastián
de Buenavista, probablemente cerca a donde había estado
el original San Sebastián de Urabá. Este pueblo se convirtió
en la base de las expediciones iniciales hacia Antioquia. Sin
embargo, no logró dominar las poblaciones indígenas
vecinas: estas habían disminuido radicalmente durante los
anos de 1510 a 1535: como decía Fernández de Oviedo "en
esta gobernación [del Darién] había 2 millones de indios, o
eran incontables: es menester que se diga como se acabó
tanta gente en tan poco tiempo". Los que quedaban se
habían refugiado en las áreas más selváticas y estaban
rebeldes: toda la región del Atrato y del León, zona antes
muy poblada, estaba otra vez por fuera del control de los
españoles.

4. Hacia el interior

Para 1535 las riquezas del Perú se habían convertido en el


sueño de todos los conquistadores. Cartagena no era una
excepción. Por ello, las expediciones de estos años que
parten de allí combinan el afán de llegar al Perú, de
encontrar una nueva ruta al sur, con la búsqueda del viejo
mito de Dabaibe o Dabeiba, el dorado de Antioquia. La
primera de estas expediciones, además de un esfuerzo de
Pedro de Heredia de encontrar a Dabaibe que tuvo lugar en
1536, fue la de Francisco César, quien entró probablemente
por el Río León con 63 españoles, a comienzos de 1537. El
grupo, en medio de muchas dificultades, ascendió la
Serranía de Abibe y llego a tierras de Guaca, donde
gobernaba el cacique Nutibara. Su hermano, Quinunchú,
ejercía el mando en algunos territorios más cercanos a
Urabá. Los indígenas rechazaron a los invasores, y varias
batallas muy sangrientas tuvieron lugar. En ellas murió
Quinunchú, y fue muy alto el botín de los españoles, que
saquearon los cadáveres de los indios derrotados. Los
europeos regresaron pronto a San Sebastián,
entusiasmados: afirmaron haber encontrado cerca de
70.000 indios, y pueblos avanzados y ricos. Además, Cesar
había oído referencias mucho más precisas a Buriticá, donde
habría ricas minas de oro, al sur oriente de Guaca.

Entre tanto había llegado a Cartagena un visitador, Juan


Vadillo, quien trató de utilizar su tiempo en beneficio propio.
Organizó para ello una expedición al interior, la que apresuró
cuando supo que había sido reemplazado. En enero de 1538
salió de San Sebastián, siguiendo los pasos de Cesar. Subió
con 200 hombres, 100 negros, muchos indios y 300 caballos,
por lo menos, hasta Guaca, donde volvió a encontrar a
Nutibara. Vadillo y sus hombres buscaron oro en toda la
región de la cordillera occidental, y finalmente llegaron al
Río Cauca, quizá en la región de Buriticá, donde quemaron al
cacique, que no logró darles los doce canastos llenos de oro
que pedían los conquistadores por liberarle la esposa y los
hijos. Siguieron al sur, pues Vadillo trataba de eludir su juicio
de residencia en Cartagena, y luego recorrieron por todo el
Valle del Cauca, desde Buriticá hacia el suroeste.
Ascendieron la cordillera a la región de Cartama y
Caramanta, y finalmente llegaron a Anserma, donde estaba
Lorenzo de Aldana, quien venía con los hombres que desde
Quito avanzaban conquistando esas regiones. La expedición
fue difícil y costosa. Los españoles sometieron a los indios a
violencias, pillajes y saqueos de toda clase, lo que produjo
una decidida resistencia indígena: al final apenas llegaron
92 españoles, y entre los muertos estuvo Francisco César.
Mientras tanto, los Cartageneros, sospechosos de la huida
de Vadillo, enviaron una expedición dirigida por Luis Bernal y
Juan Graciano, la cual siguió los pasos de las de Cesar y
Vadillo, y llegó también hasta Anserma. En este viaje las
guerras con los indígenas produjeron la muerte de Nutibara,
el más importante cacique del nordeste antioqueno.

Las expediciones anteriores abrieron el apetito: se había


visto que la región era muy poblada y evidentemente tenía
buenas minas de oro: los españoles, después de 30 anos de
andar en la costa, encontraban al fin las fuentes del oro, que
hasta entonces habían obtenido por saqueos o intercambios.
Pero el deseo de dominar la región era común a los
conquistadores de Cartagena y a los que comenzaban a
hacer de Cali y Popayán su centro. En efecto, el viaje de
Vadillo y el de Bernal mostraron el camino a los que venían
del Perú. Así, en 1541 un teniente de Sebastián de
Belalcázar, que ambicionaba independizarse y había
fundado ya las poblaciones de Cartago y Anserma, Jorge
Robledo, partió de Anserma con 84 hombres, con larga
experiencia en América, en dirección al norte. Después de
recorrer las regiones de Picara, Pozo, Paucura (Pácora) y
Arma, entró al actual territorio antioqueño por la ribera
derecha del Cauca y recorrió pueblos que llamó de Pascuas,
Poblanco, Cinifaná y de las Peras (Amagá), llamado así por la
abundancia de aguacates, y Mungía o Pueblo de la Sal
(Heliconia). Desde allí salió un grupo al mando de Jerónimo
Luis Tejelo, que subió la cordillera central y encontró el Valle
de Aburrá, a donde siguieron todos los españoles. Los indios
se enfrentaron con decisión a los invasores, con dardos,
macanas y tiraderas (no parecen haber sido flecheros), y
muchos se suicidaron ahorcándose con sus mantas para
evitar caer bajo el dominio de los españoles o por terror.
Algunos expedicionarios siguieron al oriente de Aburrá, pero
decidieron volverse ante los indicios de poblaciones muy
abundantes, a las que temieron enfrentarse. A finales de
agosto de 1541 los españoles salieron de Aburrá, cruzaron el
llano de Ovejas y volvieron al Cauca, esta vez cerca a
Sopetrán; siguieron al norte y encontraron el pueblo de
Tahamí, donde atravesaron el Cauca. Pasaron por cerca a
Buriticá y siguieron hasta las cercanías de Ituango: en el
camino dejaron las provincias de Buriticá, Corome y Ebéjico.
Otro grupo había recorrido la ribera oriental del Cauca, en
las provincias de Nutave (Nutabe) y Urezco.

5. La fundación de Antioquia

Robledo encontró en todo el valle del Cauca una población


abundante y rica, y consideró entonces conveniente hacer
una fundación permanente, que le daría pie para pedir a la
corona que se asignara la región a su gobierno o al de
Popayán, y no al de Cartagena. Así lo hizo el 4 de diciembre
de 1541, cuando fundó, n el valle de Ebéjico, unos 7
kilómetros al sur del municipio actual de Peque, la ciudad de
Antioquia, después de varias escaramuzas con los indios de
la región (Actuales municipios de Peque, Ituango,
Cañasgordas, Uramita). Representaba esto el acto de
asentamiento en una región muy poblada, que había
recibido con hostilidad a los españoles, los que tuvieron que
hacer guerra abierta a los nativos para iniciar su
sojuzgamiento. Robledo, que tenia problemas con
Belalcázar, decidió no regresar al sur y prefirió irse a San
Sebastián, con la intención de ir a España a pedir el
gobierno de la zona. Allí fue apresado por Heredia, que
consideraba que habían invadido su gobernación, y enviado
a España. En Antioquia quedó como autoridad Álvaro de
Mendoza. Heredia se dirigió a Antioquia y ocupó la ciudad
militarmente y la sujetó a Cartagena. Quienes estaban en
desacuerdo se dirigieron al sur, pero tropezaron con Juan de
Cabrera, quien venía enviado por Belalcázar tras Robledo.
Cabrera siguió hasta Antioquia y la ocupó nuevamente a la
fuerza y esta vez envió a Heredia prisionero a Cali. Cabrera,
que consideraba inadecuado el sitio donde se había
fundado, decidió trasladarla al Valle de Nori, en el actual
municipio de Frontino: esta región estaba poblada por indios
de Guaca, y parecía estar más cerca de la Dabeiba soñada.
Como ocurría tan pronto se fundaba una ciudad, sus
autoridades procedían a distribuir a los indios entre los
conquistadores, y así se hizo en Antioquia, por parte de
Isidro de Tapia, quien reemplazó a Cabrera. Probablemente
los pobladores trataron de combinar la utilización de los
indios en actividades mineras con el saqueo de tumbas y la
apropiación de los tesoros acumulados por los indios: este
tipo de economía de expoliación mantendría a los
aborígenes en permanente rebelión durante las décadas
siguientes.

Pero no pasó mucho tiempo antes de que llegara de


Popayán un nuevo teniente de gobernador, Alonso Díaz
Madroñero, quien modificó la distribución de las
encomiendas, con disgusto de muchos, que encabezados
por Tapia se retiraron, probablemente a finales de 1543, a
Cartagena. A Díaz Madroñero lo había reemplazado entre
tanto Gonzalo Peña. Los cartageneros, que no se resignaban
a que Antioquia quedara en manos de Popayán, hicieron una
nueva expedición, y Heredia llegó en 1544, tomó posesión
de la ciudad y dejó a Tapia como teniente, esta vez a
nombre de Cartagena. Heredia salió a recorrer la región, y
en el alto del San Jorge trató de fundar una nueva población,
Maritué, la cual no tuvo éxito. Entre tanto, Díaz Madroñero
volvió a apoderarse de la ciudad, destituyó al teniente
nombrado por Heredia, Gaspar (o Diego?) Hernández
Gallego y repartió otra vez las encomiendas, con el resultado
previsible de nuevos descontentos, que esta vez se
rebelaron, nombraron a Tapia como autoridad, y enviaron a
Díaz Madroñero y otros sureños, entre ellos a Gaspar de
Rodas, presos a San Sebastián. Para entonces -comienzos de
1546-, había regresado Jorge Robledo de España, y contaba
con la protección del visitador Alonso Díaz de Armendáriz. La
corona había decidido dar la gobernación de Antioquia a
Robledo, separándola de Belalcázar, pero había encargado a
Díaz hacerle antes el juicio de residencia. Díaz, sin embargo,
decidió encargar a Robledo de la tenencia de gobernación
sin hacer el juicio de residencia. Robledo, después de liberar
a los detenidos en San Sebastián, donde los encontró,
prosiguió hacia Antioquia. La ciudad de Antioquia, sin
embargo, no quiso aceptarlo sino bajo protesta: no eran
claros sus documentos. Robledo decidió entonces,
considerando que era conveniente que existiera una ciudad
en el valle del Cauca, fundar a Santa Fe, lo que hizo en junio
de 1546. Quedaban entonces en existencia dos centros
españoles en la zona: Antioquia, en la región de Frontino, y
Santa Fe, en el sitio actual. Con ello se creaba una base para
una colonización permanente por parte de los españoles:
síntoma de esto es la llegada de las primeras mujeres
europeas, la traída de ganado vacuno (los cerdos habían
venido con las primeras expediciones de Robledo), de
gallinas y de algunas semillas europeas, como caña de
azúcar. Robledo siguió poco después al sur, y fue apresado
por gentes de Belalcázar, las cuales lo sometieron a un
breve juicio y lo ejecutaron por traición al rey en octubre de
ese año.

Muerto Robledo, y aclarado que Días de Armendáriz había


excedido sus poderes al nombrarlo, quedó otra vez la región
bajo la jurisdicción de Popayán, en la cual continuaría, hasta
1584. El primer representante de la autoridad de Belalcázar
fue Gaspar de Rodas, quien dominaría la vida de Antioquia
durante los siguientes 50 años. En efecto, Rodas volvió a
distribuir las encomiendas de Santa Fe, repartió tierras,
efectuó el traslado de Antioquia a Santa Fe (es decir, unificó
las dos ciudades en una), en 1548 o 1549 y organizó la
defensa de la zona contra los indígenas rebeldes. En
realidad los años de 1546 a 1580 son de gran inestabilidad
para los conquistadores españoles. Los sueños de grandes
fortunas decaen temporalmente, y la región no parece haber
atraído muchos nuevos habitantes: hay solo un pequeño
núcleo español que vive en Santa Fe, ante todo tratando de
explotar en alguna medida las minas de Buriticá. Pero para
explotarlas hacen falta indios, y estos disminuyen
aceleradamente, y se rebelan continuamente. La impresión
que se tiene, dada la escasa documentación que se ha
estudiado de este período, es la de que solo pequeñas
poblaciones cercanas a Santa Fe pudieron mantenerse en
encomienda. Las poblaciones indígenas más importantes
debieron replegarse hacia las partes altas de la cordillera
occidental o incluso hacia las vertientes del Atrato y sus
afluentes. De varias de las rebeliones indígenas tenemos
alguna referencia. El abandono de Antioquia en Frontino
estuvo causado por una rebelión que los historiadores dicen
haber sido de los catíos, dirigidos por el cacique Toné, pero
de la que tenemos muy pocas informaciones precisas.
Gaspar de Rodas fue encargado de efectuar la pacificación,
la cual no debió ser muy exitosa, porque todavía para 1569
se encontraban los catíos rebeldes. Que grupos eran los
levantados es algo difícil de precisar: la primera rebelión
debió de ser de grupos de Frontino, o sea Guaca; en 1.557 la
pacificación se hace contra poblaciones del río Penderisco, y
en ambos casos se atribuye la dirección indígena al cacique
Toné.

En todo caso, en la última fecha salió Francisco Gómez


Hernández de Caramanta, otro pequeño poblado que había
sido establecido hacia 1548 o 49, a sujetar a Toné, a quien
se atribuía la muerte de su encomendero, Pedro de Frías. La
expedición duro varios meses, y en ella hubo fuertes
enfrentamientos con los indígenas, que se habían preparado
llenando los caminos de estacones afilados y colocándose en
sitios elevados cuidadosamente preparados: "fortalezas", los
llamaron los españoles. La expedición siguió hacia el norte,
buscando a Dabeiba, y bajaron por el río León hasta el
Darién, y subieron por el Atrato: todavía las poblaciones
indígenas de la zona eran numerosas, pues reportaron
poblados de tres y cuatro mil indios.

6 La conquista del oriente antioqueño


Mientras ocurrían en el valle del Cauca estos
enfrentamientos, otros grupos trataron de reconocer la
cordillera central, sobre todo en dirección al río Magdalena.
En efecto, hacia 1550, cuando se fundó a Ibagué, los
españoles mostraron un interés por los pueblos del río
Magdalena. En ese año, Francisco Núñez Pedrozo cruzó los
ríos la Miel, Samaná (Provincia de los Palenques) y Nare, y
llegó, por lo que parece, hasta el río Guatapé. Allí debió
enfrentarse primero a 300 indios armados de macanas, y
luego a más de 2.000 armados con flechas, que fueron
reforzados por otros 1.500 provenientes del sur. Esto indica
la existencia de poblaciones relativamente densas en esta
región, que hasta ahora no ha sido explorada
arqueológicamente. Siguieron en dirección al Porce, donde
tropezaron con una expedición que había salido de Arma
bajo el mando de Hernando de Cepeda, quien
probablemente recorrió las riberas del Porce bien al norte.
Después de otros incidentes, que unieron y desunieron las
dos expediciones, se hizo alguna exploración de la región de
Sonsón.

Otras expediciones se iniciaron en Mariquita y Victoria,


como las de Diego de Carvajal y Juan Valero, que fracasaron.
Mejores resultados tuvo Francisco Martínez de Ospina, quien
recorrió las mismas zonas de Núñez Pedrozo en 1560 y
fundó, probablemente sobre el río Guatapé, a Remedios.
Esta ciudad se convirtió en una especie de campamento
minero en movimiento, y logró sostenerse pobremente hasta
finales de siglo, siguiendo las posibilidades de oro y la
existencia de indios que pudieran utilizarse para extraerlo.
Al poco tiempo se trasladó a inmediaciones del actual San
Carlos, hacia 1569 fue llevada a la zona de Colombo, luego
(1588) paso por Cancán (Valle de San Bartolomé) y hacia
1594 se instaló donde está aún, al encontrarse yacimientos
auríferos mucho más prometedores que los anteriores, y que
condujeron al primer gran auge de la minería antioqueña
entre 1590 y 1630. En todo caso, la exploración de la
vertiente al Magdalena de la cordillera oriental se hizo desde
Mariquita, sujeta a Santa Fe de Bogotá, y esta zona fue
considerada durante la mayor parte del periodo colonial
como parte de Mariquita. De este modo, entre 1550 y 1584
Caramanta y Santa Fe de Antioquia hicieron parte de la
gobernación de Popayán, mientras que Remedios estaba
sujeta a Bogotá.

7. Las grandes rebeliones indígenas y la creación de la


gobernación de Antioquia

No tenemos rastros muy claros de lo que ocurrió hacia


1557- 60: estos fueron años de una amplia rebelión indígena
en todo el territorio colombiano, y evidentemente una de las
zonas más activas fue Antioquia. Según Aguado, la rebelión
incluyo "toda la provincia de los Palenques", o sea la
vertiente del Magdalena, y sobre el resto, el testimonio del
Oidor Tomás López es una buena indicación: cuando
visitaron todo el occidente colombiano, de Pasto a Arma,
para tasar los indígenas y fijarles tributo, decidieron no ir a
Antioquia porque estaban los indios rebeldes. En esta última
ciudad recibieron una declaración de que los vecinos de
Antioquia no osaban ir a los repartimientos "sino era con
mucha gente, y que todos los naturales de dicha villa o los
más estaban de mala paz y sospechosos". Ante ello, el
Obispo de Popayán y el oidor visitador dieron algunas
órdenes, como la de que se tratara bien a los indios, no se
les enviara a trabajar a las minas y no vivieran mulatos ni
negros entre ellos. En Antioquia, aunque la población
indígena era aún numerosa, solo unos pocos servían, sobre
todo en las minas, de modo que los vecinos podían "sufrir la
mala vida que allí tienen, por ser las minas de oro buenas, y
con algunos negros que tienen y con algunos indios de los
naturales que les sirven, sacan buen oro para sustentarse."
(Relación de 1559-60). Como se advierte, las dificultades
para utilizar los trabajadores indígenas habían conducido ya
a la introducción de esclavos, que para finales de siglo
serían la base de la economía regional. En esta situación, los
vecinos de Antioquia y Caramanta trataron de obtener
mayor autonomía de Popayán, y en 1561 decidieron enviar
un agente al rey para que solicitara algunas mercedes: la
creación de una gobernación, para la cual proponían a un
Luis de Avilés, y que se permitiera continuar utilizando a los
indios para sacar oro en las minas, como se había hecho
hasta entonces. Esta solicitud es reveladora de que no se
habían cumplido en Antioquia las Nuevas Leyes expedidas
en 1542, las que habían pretendido proteger a los indígenas
de la violenta explotación a la que los sometían los
conquistadores. Pedían también repoblar a Antioquia,
despoblada, según ellos, con ocasión de las guerras del
Perú. La idea era, probablemente, tener un sitio intermedio
que permitiera revitalizar el tráfico por Urabá, pues desde la
desaparición de Antioquia San Sebastián se había visto
también abandonado.

Las gestiones del procurador duraron casi diez años, y


condujeron eventualmente a que a él mismo, Andrés de
Valdivia, que había sido vecino de Caramanta, le asignaran
la llamada "gobernación de Antioquia". Entre tanto, los
indígenas del río Cauca continuaron sin someterse a los
españoles, con escasas excepciones. Por ello, hacia 1566 se
ordenó la preparación de una nueva expedición contra los
'catíos", que en esta época eran los indios del norte de
Santa Fe: Ituango, etc. Esta expedición sólo comenzó en
1569, y fue encabezada otra vez por Gaspar de Rodas, quien
obtuvo el apoyo de Martínez de Ospina, residente en
Remedios. Como las anteriores, esta campaña fue también
bastante violenta; la rebelión fue acaudillada por varios
indígenas como Sinago, cacique de Ituango, Tocina de
Ebéjico, Yutengo y otros. Además, la expedición fue a las
cabeceras del Sinú, a la región de los Nutabes (Valle de San
Andrés) y al bajo Cauca, enfrentando diversos grupos
indígenas y buscando oro. Durante ella Gaspar de Rodas
fundó la población de San Juan de Rodas, a finales de 1570,
cerca al río Cauca; poco después fue trasladada al alto San
Jorge.

En medio de esta campaña, en 1571 llegaron los agentes


de Valdivia, y posteriormente él mismo: traía el título de
gobernador de Antioquia, expedido por cedula real del 245
de agosto de 1560 pero los linderos que le daban la situaban
esencialmente entre el Río Cauca y el Magdalena o el Porce:
se trataba de la "provincia de Entre los dos Ríos", y no
incluía a Santa Fe de Antioquia.

En todo caso, la rebelión continuó, dirigida por un nuevo


jefe, Pedro Catío, mestizo, y probablemente ajeno a los
indios de la zona. Todavía seguía en 1573, cuando luchaban
en San Juan de Rodas Pedro Catío y Juan López Bravo,
Finalmente, la rebelión se fue agotando, tras una inmensa
destrucción de los indios, a los que se atacaba con
arcabuces, boleadoras y perros "cebados en entrañas
infieles" como dice Castellanos, que reporta la fatiga de los
indios al atribuir a uno de ellos las palabras:

"Cesen, cristianos, cesen las matanzas


que sangrientos estáis hasta los codos:
dejad algunos que hagan las labranzas
de que comáis y que comamos todos."

El jefe indígena Catío murió y Valdivia decidió trasladar a


San Juan de Rodas al lado derecho del Cauca, en territorios
claramente de su gobernación -hasta entonces sus
pretensiones de que esta incluía a Santa Fe habían sido
rechazadas. Al otro lado, en el Valle de Guarcama o San
Andrés, se situó San Juan, la cual debió enfrentar una nueva
rebelión. Esta, probablemente, aunque motivada
fundamentalmente por la resistencia indígena a la invasión
europea, estuvo en parte estimulada por españoles de Santa
Fe, rivales de Valdivia: los testimonios de una investigación
de la época sugieren que Bartolomé Sánchez, encomendero
de Tahamí, utilizó los indios de sus encomiendas para
soliviantar los de San Andrés y sus cercanías. Valdivia, que
había fundado a Valdivia en Guarcama en junio de 1574, y la
había trasladado cerca al actual Puerto Valdivia (Pesquerías),
debió enfrentar una revuelta masiva que culminó a
comienzos de 1575 cuando murió a manos de los indios
dirigidos por el cacique Quimé, con más de 60 españoles.

Muerto Valdivia, Rodas fue encargado de la gobernación,


que todavía no incluía sino las áreas nuevas del norte.
Rodas, que estaba residiendo en Bogotá, asumió la
pacificación de la región y fundó en 1576 a Cáceres e hizo el
juicio a los indígenas culpables de la muerte de Valdivia, a
consecuencia del cual ordenó la ejecución de los caciques
Guebana y Quimé y de los indios Tamer y Puracé, así como
la mutilación del cacique Quetara y a los indios Guarcama y
Anzara, entre otros, en 1577.

El año siguiente recibió Rodas título de gobernador, en


reemplazo de Valdivia. Entre tanto, en Antioquia seguía la
lucha contra los indígenas: los de las regiones vecinas de
retiraron de la zona en 1576, bajo el influjo de una especie
de Mesías, Sobce, quien anunciaba un diluvio universal que
solo castigaría a los españoles. Hacia 1579 se presento una
nueva rebelión, dirigida por el cacique Omaga, en el área de
Cáceres. Rodas hizo una campaña que permitió la captura
de este cacique y de Tiquimiqui, los cuales fueron
ejecutados, y en la que murieron bastantes indios. Para
completar el control de la región del nordeste de Antioquia,
hizo Rodas una larga expedición exploratoria del Porce en
1580, y luego procedió a fundar a Zaragoza de las Palmas en
1581 y a refundar a San Juan de Rodas en 1582 o 1583; este
último establecimiento no sobrevivió mucho. También se
había fundado a San Jerónimo del Monte, probablemente en
las tierras bajas cercanas a Ayapel, aunque algunos
historiadores lo sitúan en la región de San Andrés.
Desde el punto de vista administrativo, en 1584 se unificó
finalmente la región de Santa Fe de Antioquia con el bajo
Cauca y el Porce, al someter a Santa Fe a la gobernación de
Antioquia, aunque Urabá quedaba sujeto a Cartagena, y el
oriente a Santa Fe de Bogotá. Puede considerarse que
culmina entonces el proceso de conquista de Antioquia,
aunque todavía ser necesaria la explotación intensa de los
minerales del nordeste (Remedios, Zaragoza, Cáceres y
Guamocó) para que la provincia adquiera una base
económica sólida. Sin embargo, ya para 1580 la población
indígena ha sido sometida en los núcleos centrales de la
gobernación, y en gran parte ha desaparecido.

Aunque no se cuenta con cifras fidedignas de población en


Antioquia, por no haberse realizado los recuentos que para
el resto del país se hicieron en 1558-61, los testimonios
hablan de una población original muy numerosa. A falta de
mejores datos, la cifra más precisa la da Fray Jerónimo de
Escobar, quien en 1581 sostenía que los indios de Antioquia
hacia 1540 (lo que no incluía los indios del Porce, ni de la
cordillera central) eran unos 100.000 adultos. A estos
deberían sumarse los 25.000 varones adultos de Caramanta
y las poblaciones de Aburrá y la cordillera central, hasta el
bajo Cauca. Para 1560, en Santa Fe de Antioquia se
calculaban unos 5 o 6.000 varones adultos encomendados, y
el número de hombres adultos de Ituango se estimaba en
15.000, En Caramanta los indígenas encomendados eran
1.090, de los cuales 240 trabajaban en las minas. Los
españoles eran un puñado: Antioquia tenía 11 o 12 vecinos,
o sea familias de encomenderos, lo que indica
probablemente unas 50 o 60 familias de españoles;
Caramanta tenía también unos 11 vecinos.

Para 1580 el número de indígenas estaba próximo a la


extinción total: en Caramanta quedaban 400, repartidos
entre 7 vecinos y sobrevivían en Santa Fe unos 800 indios de
servicio, para unos 17 vecinos, descritos como "gente
mucha de ellos inquieta e que ampara allí mil hombres
foragidos". Zaragoza tenia 40 españoles. Ante la escasez de
indios, llegaban los esclavos negros, aunque eran aun
escasos y costosos. (600 en Buriticá y unos 150 en Cáceres,
según los informes de comienzos de los 80s) Así, la
población antioqueña, que pudo alcanzar a más de medio
millón de habitantes hacia 1530, se había reducido en 1580
a unos cuantos miles de familias indígenas y un puñado de
españoles: existían entonces únicamente las ciudades y
villas de Antioquia, Caramanta, Cáceres y Remedios. No
sabemos cuantos mestizos podía haber, pero algunos
indicios revelan ya un amplio mestizaje, y muchos de los
hijos de los primeros conquistadores fueron mestizos, como
lo muestra el caso del mismo Gaspar de Rodas. Esto es
lógico, si se piensa que antes de 1580, frente a unos millares
de varones españoles, apenas vinieron unas cuantas
mujeres.

Pero la vida económica de la región estaba más


estabilizada, por la aparición de sembrados en la región del
Cauca, la adaptación a las tecnologías agrícolas y mineras
de los indios, que permitían la utilización de la yuca y el
maíz y la extracción de oro, y la ampliación de las crías de
ganado, tanto en el valle del Cauca como en las llanuras del
Valle de Aburrá. Todavía, sin embargo, como lo indicaba fray
Jerónimo de Escobar hablando de Caramanta, dominaba la
ética de los conquistadores sobre la de los colonos: "los
españoles son pocos y gente que les parece que no pasaron
a las Indias más que a ser señores." Pero destruida casi por
completo la población indígena, por el trabajo, las guerras,
la explotación, el hambre y las enfermedades, ya no había
de quien ser señores. Por eso, Escobar pensaba que los
colonos aprenderían a trabajar: "Y así entiendo que
corriendo los tiempos, la necesidad que es maestra y
despertadora, les hará trabajar y romper la tierra y labrarla,
como hacen en nuestra España"
Bibliografía

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Castellanos, Juan de, Elegías de varones ilustres de Indias. 4
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Fue publicado por primera vez como suplemento de El


Colombiano en 1985 y después en en Jorge Orlando Melo
(ed.), Historia de Antioquia, Medellín, Compañía
Suramericana de Seguros, 1987