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Los cambios en los métodos históricos: del positivismo de Langlois y Seignobos al

rompimiento de la estructura de Foucault

El objetivo del presente ensayo es observar como se desarrolló el cambio metodológico en la


historia desde el positivismo originado en el siglo XIX hasta las proposiciones de nuevos
métodos desarrollados por Michel Foucault y Michel de Certeau a mediados de la década de
los setenta. Escudriñaremos, como el positivismo dejó una marca fuerte en la metodología
histórica del siglo XX, que a pesar de romper con las propuestas de estos historiadores van a
conservar un cierto legado dentro de sus métodos.

El positivismo

El desarrollo de la historia profesional durante el siglo XIX se ve atada de la mano al proceso


de creación y sustentación ideológica de los nacionalismos. La invención de tradiciones que
se generaron entre 1870 a 1914 se caracterizó por sus referencias al pasado (Hobsbawm y
Ranger 2002). La historia fue así la materia prima de la construcción de tradiciones, que se
originaron a través del uso de simbolismos, al igual que la exhortación de una moral, un
folclor o una religión, todo con una sustentación en la historia.

Generar las bases para ideologías nacionales, regionales o locales comenzó a ser desarrollado
por intelectuales en el siglo XIX que iniciaron la idea de una historia más académica y
científica, acercándose así a las ciencias puras o positivas. El propósito de dicha
aproximación era ayudar a los intereses y valores de los nuevos órdenes y clases sociales que
se habían posicionado después del periodo revolucionario, haciendo que la ideología y las
implicaciones políticas fueran las del sector dominante (Corcuera de Mancera 2013).

Así, se desarrollo el método positivista, el cual, según sus mayores expositores en el espacio
universitario Victor Langlois y Charles Seignobos, lo primordial dentro de las
investigaciones históricas es el uso de documentos. Este se divide en cuatro aspectos
esenciales:

Familiarizarse de las fuentes a través de la heurística de recolectar los documentos y aprender


los fundamentos de las ciencias auxiliares que deben remplazar el estudio de la literatura y
los modelos filosóficos que le restan según el positivismo cientificidad al trabajo. Segundo,
desarrollar una crítica externa donde se valoren los aspectos externos de la fuente seguido de
una interna realizando un análisis del contenido. La idea de ello es aislar todo pensamiento
que no hagan parte de los hechos directos y descartar cualquier influencia del autor en el
texto. Tercero, las operaciones sintéticas que lo llevan a dicha crítica y por último la
redacción histórica como culminación del proceso de investigación. (Corcuera de Mancera
2013).

El positivismo de Langlois y Seignobos se diferenciaba de las proposiciones de Ranke y


Droysen al tener bases menos filosóficas y mucho más materiales. Esto debido a que
principios del siglo XX hubo un cambio en la concepción de la profesión histórica. Existió
un énfasis fuerte en la teoría del estado y la nación, lo que hizo el elemento metodológico de
la historia un objeto central. Así mismo, estos historiadores franceses fueron los primeros en
realizar un esfuerzo verdadero por concebir la historia como un texto producido por
historiadores académicos y realizados desde documentos (Torstendahl 2003).

La perspectiva de la metodología histórica positivista, basada en la veracidad completa de


los documentos escritos fue rebatida posteriormente a principio del siglo XX por una historia
más abierta y menos influenciada por la política y el estudio de la formación del estado. La
escuela de los Annales incitó una apertura general entre la historia y el análisis realizado por
otras ciencias sociales, buscando la aplicación de métodos interdisciplinarios como de la
sociología o la economía a la historia (Burguière 2009).

Sin embargo, el cambio que generó no transformó ciertas bases que el positivismo dejó
asentado sobre la academia. La investigación a través de sigue predominando y fue el legado
que el positivismo depositó a la historia profesional. El uso de documentos permitió la
generación de trabajos académicos y profesionales que, del ámbito universitario, fue
considerado, y sigue siendo, la única forma de realizar un trabajo histórico.

Annales tomaría así mismo otro elemento esencial del positivismo, tanto alemán como
francés, que se reproduciría a futuro en todos los trabajos históricos, la crítica a los
documentos. Como bien lo especificó Marc Bloch, los investigadores son incapaces de
conocer el pasado por lo que simplemente se percatan de los vestigios de su conocimiento
indirecto. No obstante, En ningún momento el historiador debe aceptarlos ciegamente ya que
no todos son verídicos. Es por ello, que el científico social está obligado a tener una duda
examinadora sobre los documentos, la cual lo podrá conducir a distinguir que es lo verdadero
de lo falso (M. L. B. Bloch 2015). La critica histórica, externa o interna, es uno de los
principales elementos de los métodos desarrollados por el positivismo, el cual puede
encontrarse en cualquier otro método desarrollado posteriormente sin importar el tema o
campo de estudio.

Historia comparada e historia económica

La interdisciplinariedad de la escuela de Annales permitió la investigación de nuevos temas


mucho más afines a otras ciencias sociales. Esto condujo a nuevas metodologías y formas de
análisis que se vinculaban a miradas desde otras disciplinas y, en muchos casos, observar
perspectivas desde diferentes ángulos de enfoque.

La historia comparada, como la define Jurgen Kokca, se caracterizan por examinar


sistemáticamente a partir del planteamiento de preguntas directrices las semejanzas o
diferencias de dos o más fenómenos históricos que pretende describir y explicar con mayor
fiabilidad posible. Los trabajos comparativos se diferencian completamente de simples
comparaciones marginales en la medida que realizan un trabajo sistemático donde su
estrategia principal es la comparación (Kocka 2002).

Esta se realiza al contrastar dos o más fenómenos que solo pueden ser comparados en relación
con un tercero. El sujeto que hace la labor de comparación precisa conceptos claros y
definidos que designan. La selección de unidades se haya fuertemente ligada a los
interrogantes centrales del trabajo.

Así mismo, Charles Tilly propone cuatro dimensiones a través de las cuales se deben
comparar estructuras y procesos, Histórico-mundial, Sistémico-mundial, Macrohistórico y
microhistórico; siendo las de tipo macrohistórico las más importantes para Tilly (Tilly 1991).

La metodología de la comparación, sea a través de procesos o estructuras, no es


necesariamente algo nuevo. El concepto como tal se encuentra muy arraigado dentro de la
historia al igual que ha sido desarrollado por otros científicos sociales. Karl Marx y Max
Weber han emplearon este método para realizar sus trabajos en el siglo XIX. En historia,
durante este mismo periodo, Ranke realizaría su obra “historia de los pueblos latinos y
germánicos de 1494-1514” donde contrasta ambas sociedades; mientras, a principios del
siglo XX, Langlois redactaría “Essai d’une histoire comprarée des peuples de l’Europe”,
texto que su autor considera un estudio de las diferencias en condiciones de vida, historias
especiales, actividades y población europea.

La diferencia, entre este método comparativo del positivismo y las propuestas posteriores no
solo radica en la búsqueda de análisis interdisciplinarios, sino en la transformación del objeto
de estudio. Mientras la metodología del positivismo se centra en la historia política la historia
comparada tiene un enfoque indirecto, que busca la comparación por medio de la elaboración
de explicaciones alternativas. Observa enunciados de épocas concretas que especifican las
causas y recogen la diversidad entre un suceso y otro dentro de un ámbito espacio temporal.
Todo esto visto desde una estructura o un proceso (Tilly 1991).

De la misma forma podemos encontrar una diferencia fuerte entre el método de la historia
económica y el positivismo. A parte de abordar un ámbito interdisciplinario vemos como su
objeto de estudio y las fuentes varia con respecto al que mantenían los historiadores del siglo
XIX y principios del XX.

Los análisis que propone Witold Kuhla son de tipo macroeconómico para el estudio de la
vida económica humana a través de la renta nacional. Ya que la historia económica estudia
la sociedad, no se debe preocupar por la renta individual, sino por la comunidad en general,
analizando el sistema social de reparto. Esto mostrará el nivel de vida de la sociedad y de las
diferentes clases sociales. Dichos cambios son la muestra del progreso o la regresión de la
economía.

Su metodología implica analizar la economía desde diferentes estructuras para conocer como
funciona la renta nacional. Así, su análisis se basa en la observación de la población y su
estructura, la repartición de la disponibilidad de la fuerza productiva, la influencia de la
economía de mercado, el reparto nacional y su lucha por el cambio del sistema. Este análisis
macro encuentra una relación fuerte con el método comparativo, ya que las rentas nacionales
pueden compararse entre estados para poder encontrar las diferencias estructurales dentro de
la economía de cada nación (Kula 1977).

De Certeau y Foucault, un cambio en la concepción de la historia

Michel de Certeau propone un método de investigación bastante particular. Su estructura se


haya definida por el ejercicio localizado de las condiciones de trabajo: un periodo de tiempo,
un objeto de estudio o un espacio. El concepto de historia es entendido por el autor de tres
formas: como práctica o disciplina, en su forma discursiva y su relación como forma de
producción haciendo énfasis en la relación que existe entre estas tres.

Esta idea genera discursos basados en una pluralidad de procedimientos científicos que se
hallan ligados a operaciones y definidos por funcionamientos que no se pueden entender de
manera independientes de la práctica de donde proceden. Su interpretación son la respuesta
que cada autor realiza a preguntas análogas en el presente que se organizan en función de
problemáticas impuestas (Certeau 2010).

Mientras los positivistas veían erradicar toda ideología del trabajo histórico, De Certeau
admite que no se puede eliminar del trabajo historiográfico. La voluntad de definir
ideológicamente la historia es propia de una élite social, que trata de precisar la diferencia
entre práctica e ideas, ciencia y técnicas o ideología y práctica. Para De Certeau la ideología
no es la forma como surge la mirada del historiador, ya que a través de esta cambia la idea
de lo real. Desde que se busca el sentido histórico de una ideología o de un acontecimiento,
se encuentra no solamente métodos, ideas o formas de comprender, sino la sociedad a la que
se refiere la definición de lo que tiene sentido.

El historiador contemporáneo ya no busca alcanzar la historia global, sino que se limita a


circular racionalidades adquiridas, es decir, trabaja alrededor de los márgenes de las grandes
regiones explotadas. Estos nuevos objetos de estudio ven su interés entre las totalidades
impuestas y las correctivas que pueden aportar. Por último, el autor menciona que la
investigación histórica posee tres aspectos conexos: la mutación del sentido, la posición de
lo particular como límite de lo pensable y la composición de un lugar que establece en el
presente la figuración ambivalente del pasado y el futuro.

Al igual que el positivismo, De Certeau no elimina el uso de las fuentes dentro de la historia.
Por el contrario, el primer trabajo del historiador consiste en reunir y convertir en
documentos, sea recopilando o transcribiendo los objetos de su lugar y condición. Esta idea
de creación de las fuentes varia con el resto de las propuestas que ven a la fuente como algo
ya existente, mientras en De Certeau es un proceso de construcción.

El establecimiento de las fuentes tiene unas condiciones. No existen documentos que no sean
ya conocidos y que no tenga que cambiar el funcionamiento de los archivos ya establecidos.
Se trata de transformar la fuente en algo útil para la investigación. Finalmente se realiza el
análisis el cual trata de reconstruir el objeto partiendo de simulacros o argumentos.

Por último, de todos los métodos que se alejan más del positivismo y de cualquier otro
revisado dentro del texto es el de Michel Foucault. Aunque su trabajo se ha desarrollado
alrededor de la historia de las ideas Foucault trata de demostrar que su análisis no es solo un
pedazo de esto, sino algo más completo. Su propuesta se basa en la reestructuración de la
historia a través de la destrucción de la estructura vigente, cuyo fin es des enmarcar la ciencia
del cajón en que se ha mantenido y generar una estructura nueva guiada a través del método
arqueológico.

La arqueología pretende no estudiar los pensamientos o las representaciones sino los


discursos como prácticas que obedecen a unas reglas. Este no trata el discurso como
documento, por el contrario, lo ve más como un monumento, un elemento que se encuentra
allí y que debería ser transparente. Esto hace de la arqueología un método no interpretativo
y que se niega a ser alegórico. Sin embargo, el discurso se halla opacado, y hay que atravesar
aquello que lo nubla para encontrar donde se encuentra guardado. Esta no busca lo que une
los discursos con aquello que los precede o los sigue. Por el contrario, define los discursos
en su especificidad.

La propuesta de Foucault, a pesar de centrarse en el discurso y el alejamiento del hombre


como centro de estudio sigue siendo una propuesta histórica que permite entender las
formaciones sociales y las descripciones epistemológicas de cruces entre enunciados y
producción, es decir, un vínculo entre los conceptos y la organización social. El autor no
rompe con el paradigma estructuralista, ya que este es conveniente a la hora de analizar una
lengua, mitologías, relatos populares u otras expresiones literarias. La estructura permite
hallar elementos recurrentes al igual que los criterios de individualización de cada uno.
Igualmente, permite establecer leyes de construcción y transformación a las cuales la lengua
obedece dentro de este marco.

Foucault rechaza sin embargo el análisis de discursos científicos en sucesión sin referirlos a
alguna cosa como una actividad constituyente, sin reconocer la continuidad que los une y
se pueda a su vez desenlazar de del devenir de la razón, desenlazándose de la subjetividad de
la historia del pensamiento. La complejidad de este postulado hecho por Foucault es debido
a que la estructura a la cual se atañe es a la del lenguaje del saber, el método a través del cual
el ser humano comprende las cosas y es capaz de analizar los discursos u otras formas de
comunicación.

Conclusión

Si bien a existido desde el siglo XIX un cambio en la forma de hacer la investigación histórica
los cimientos que los historiadores positivistas han dejado dentro de la academia han
perdurado y se han mantenido en los diferentes métodos. La necesidad de las fuentes y la
crítica de estas han sido uno de los mayores aportes que han ido evolucionando en los
métodos. Así, vemos en De Certeau que la fuente ya no es algo dado, sino que se crea, sin
embargo, esta sigue manteniendo una crítica que, junto a la investigación, dependen de un
ámbito muy académico.

Bloch, Marc Léopold Benjamin. 2015. Apología para la historia o el oficio de historiador. Editado
por Etienne Bloch y Jacques Le Goff. Traducido por María Jiménez, Danielle Zaslavsky, y
María Antonia Neira Bigorra. México: Fondo de Cultura Economica.
Burguière, André. 2009. La Escuela de Annales: una historia intelectual. Editado por Universitat de
València. Traducido por Tayra M. C Lanuza Navarro. València: Publicacions de la
Universitat de València.
Cardoso, Ciro Flamarión S. 2000. Introducción al trabajo de la investigación histórica:
conocimiento, método e historia. Barcelona: Crítica.
Certeau, Michel de. 2010. La escritura de la historia. Mexico: Universidad Iberoamericana.
Departamento de Historia.
Corcuera de Mancera, Sonia. 2013. Voces y silencios en la historia: siglos XIX y XX.
http://www.digitaliapublishing.com/a/43284/.
Hobsbawm, E. J, y T. O Ranger. 2002. La invención de la tradición. Barcelona: Crítica.
Kocka, Jürgen. 2002. Historia social y conciencia histórica. Editado por Elisa Chuliá. Traducido
por Jesús Millán. Biblioteca clásica. Madrid: Marcial Pons, Historia.
Kula, Witold. 1977. Problemas y métodos de la historia económica. Barcelona: Península.
Tilly, Charles. 1991. Grandes estructuras, procesos amplios, comparaciones enormes. Traducido
por Ana Balbás.
Torstendahl, Rolf. 2003. «Fact, Truth, and Text: The Quest for a Firm Basis for Historical
Knowledge Around 1900». History and Theory 42 (3): 305-31.
https://doi.org/10.1111/1468-2303.00246.