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Carlos Mendoza Acevedo y Walter E.

Bonilla Carlo, La patria deportiva: Ensayos sobre historia


y cultura atlética en Puerto Rico. Editorial Arco de Plata, 2018.
1 de noviembre de 2019
Presentación
Muy buenas tardes,
Agradezco sobremanera a los editores del libro, La Patria deportiva: Ensayos sobre
historia y cultura atlética en Puerto Rico, la invitación para presentarlo en el día de hoy. Sobre
todo, por lo mucho que he aprendido mediante la lectura de nueve valiosos ensayos, muy bien
ilustrados y documentados, los cuales me han brindado la oportunidad de conocer otras miradas,
trayectorias y argumentos para recomendar a los estudiantes que están haciendo sus
investigaciones sobre aspectos relacionados a los deportes.
Además, lo agradezco, por el orgullo y admiración que siento al leer escritos de algunos de
los autores que han pasado como estudiantes por mi vida académica. Y es que siempre he estado
muy clara en que los procesos de aprendizaje son actividades recíprocas.
Entiendo que la importancia de esta aportación, aparte de lo entretenido que resulta leerla,
radica en varios aspectos.
Primero, aunque en nuestra historiografía se han publicado varios libros, ensayos y tesis
sobre el tema del deporte en la Isla, el mismo, y coincido con los editores ha sido, “uno de los
tópicos más relegados de nuestra historiografía…” (p. 21) Mas el problema también ha cobrado
relego fuera de Puerto Rico.
En el contexto europeo, desde 1801 y mucho antes del auge de la llamada “Nueva
Historia”, el inglés Joseph Strutt, argumentaba en su libro Sports and Pastimes of the People of
England, la necesidad de investigar el deporte y los pasatiempos como un aspecto social de la
vida y carácter de sectores particulares.1 Luego en EEUU, la historiografía deportiva se inició
con las consabidas ”recopilaciones de datos” que carecían de interpretaciones necesarias. No fue
hasta principios del siglo XX en EEUU, mediante el interés y despegue de escritores
comprometidos con la historia social y la llamada ¨cultura popular” que muy poco a poco comenzó
a florecer el tema del deporte incorporando aspectos interpretativos. Ya en la década de los 1970
vemos una serie de libros y reseñas sobre temas deportivos que se publican en EEUU, así como la
apertura para fomentar las investigaciones en el área como hacen ustedes en este libro.
Segundo, esta recopilación de ensayos, abre ante los lectores, una cantera de diversas y
nuevas posibilidades de acercamientos temáticos para seguir fortaleciendo y atendiendo esta área
de estudio desde diferentes perspectivas sociales, culturales y ¿por qué no? como parte de una

1
Allen Guttmann, “Who´s on First? Or, Books on the History of American Sports¨, The Journal of American History,
Vol. 66, No. 2, September 1979. P. 348

1
nueva historia política puertorriqueña, a la cual aspiraba que se impulsara y nos señalaba nuestro
querido historiador y colega, Fernando Picó. 2
Haré unos comentarios sobre cada uno de los escritos, teniendo en cuenta la acertada y bien
resumida Introducción que hacen los editores al comienzo del libro.
Los ensayos comienzan con el de Walter Bonilla, titulado, “La práctica de los deportes
en Puerto Rico, 1882-1915”. Su propósito, y según establece, consiste en “analizar las
repercusiones del poder colonial norteamericano en el devenir deportivo de la Isla”.
En el ensayo y a través de una búsqueda en una serie de periódicos, nos remonta a las
últimas décadas del siglo XIX para introducir el desarrollo de deportes, “tales como el béisbol, el
hipismo y el atletismo”. Su búsqueda fue muy acertada debido a que hay que recordar que el 1898,
como parte de la construcción cronológica política que se ha hecho sobre nuestra historia, en
ocasiones opaca y erosiona una serie de gestas culturales como las que Walter y otros autores
destapan y señalan que ocurrían a finales de ese siglo. (p. 21) Por eso, la hipótesis que guía su
trabajo propone, que esos deportes que se practicaban antes del 1898 no eran novedad alguna para
los puertorriqueños lo cual evidencia, por ejemplo: con las competencias de caballos en las
actividades de las Fiestas Patronales, el establecimiento de hipódromos, la organización de un
Jockey Club en San Juan en 1884, con los tres equipos de béisbol con que contaba PR en 1897 y
las “carreras de rapidez de corta y larga distancia” que se celebraban en las concurridas fiestas de
pueblo.
El autor observa a partir del 1898, los eventos deportivos “como parte del andamiaje de
americanización y progreso” que se promovió, y dirigió a los sectores populares. En el deporte del
hipismo, argumenta una transición en la cual sus aficionados pasan de ser de las clases acomodadas
a la incorporación de los sectores populares. En el caso del béisbol, luego del 1898, el autor
describe los conflictos entre estadounidenses y puertorriqueños por rivalidades, apuestas y severas
diferencias culturales, entre ellas, el “no permitir el intercambio y el acceso de los jugadores
nativos a cualquier Liga”. Al referirse al atletismo, me parecen importantes dos señalamientos.
Primero, las formas en que el establecimiento de la UPR propicia a partir de 1903, el despegue de
actividades atléticas, y segundo, el análisis del caso del admirado Nicasio Olmo y los triunfos de
ese “veloz jibarito de Arecibo”, en competencias de atletismo celebradas en Estados Unidos.
El autor concluye y cuestiona la simbología de la “Alegría Deportiva” que se promueve en
los medios de comunicación alentando las ventajas de la americanización. Bonilla, señala “las
enormes grietas” sociales en el proceso de “deportizar” a los puertorriqueños e invita abiertamente
a un debate historiográfico sobre el tema, dejando otra posibilidad de estudio.
Luego, Eric J. López Jorge, en “La recreación deportiva en Puerto Rico: Apuntes para su
estudio”, abordará otros aspectos muy relacionados con el proceso de americanización y el tema
sin perder de vista y sustentando, cómo “la recreación y los pasatiempos han sido…una constante
en la vida social puertorriqueña”. En su escrito hay hasta aseveraciones que datan desde antes de
la época hispánica, como la del juego del Batú que practicaban nuestros indios, así como las

2
“La historia política en la agenda inacabada de la nueva historia”. OP Cit, núm. 18, 2007-2008. pp.11-28

2
recreaciones y los deportes en el siglo XVIII que menciona Luis F. Sambolín Alsina y Ángel López
Cantos. (pp. 45, 46, 47)
Un punto el cual aclara es el de la distinción conceptual y teórica entre deportes y
pasatiempos que hacen autores como Norbert Elias y Johan Huizinga. Coinciden en que el deporte
se basa en reglas “más definidas, más estrictas y con mayor protección a los practicantes contra
daños y lesiones graves”. (p.49) Por eso no es de extrañar que en algunos escritos lo que se
calificaba como un deporte, en otro, o bajo lo que entendían los estadounidenses, se señalara como
un pasatiempo.
En cuanto a eventos que toman lugar a partir de 1898, López coincide con Bonilla en los
choques en aspectos recreativos entre estadounidenses y puertorriqueños. Un aspecto que se
señala es la violencia, gritos, discusiones y las peleas que se le atribuían a los locales en muchas
manifestaciones deportivas o recreativas. Algunos de los pasatiempos locales fueron
“condenados” en la prensa religiosa, como las peleas de gallos, las cuales no se han logrado
erradicar hasta el día de hoy, y las carreras de caballo. No cabía duda que estaba claro
políticamente el uso del deporte, “como vehículo de progreso” y civilización para dejar atrás
costumbres propias de otra época, las cuales serían con el tiempo muy difíciles de borrar.
A esos efectos Eric analizará entidades dirigidas a crear otro tipo de disciplina y
comportamiento competitivo civilizado, las cuales ha venido trabajando por un tiempo, y que en
general se han discutido muy poco historiográficamente, Estas fueron: la llegada del Field Day
en las escuelas, el Fair Play o deportismo, el cual pretendía desarrollar la caballerosidad y el auto
control mediante el deporte organizado, la YMCA con sus juegos atléticos al aire libre y con
nuevos ejercicios y los Boy Scouts que comienzan en 1927.
“Sobre héroes y leyendas: El béisbol en Puerto Rico ayer y hoy”, de Harold Acevedo
Márquez resulta un ensayo sumamente necesario para cualquier autor que se aventure en la
historia de ese deporte en Puerto Rico. Además de ir trazando el comienzo de la trayectoria del
deporte desde el siglo XIX, (con la escasa documentación disponible), deja claro que “se diseminó
rápidamente a otros municipios de la Isla” para 1897.
El autor explica la organización de equipos de pelota a partir de 1898 por diversos sectores,
así como su inserción en el currículo escolar, tema que Eric López también aborda. De esa forma,
comienza a insertar dentro de contextos específicos las ejecutorias de quienes descollan como
grandes jugadores. Más esta trayectoria no se limita a aspectos locales, sino que el autor nos
traslada al béisbol internacional de las Grandes Ligas de Estados Unidos, a los Juegos Centro
Americanos del Caribe y a triunfos como los del conocido Hiram Bithorn, Luis Rodríguez Olmo,
Orlando Peruchín Cepeda, Juan José Beníquez y muchos otros.
La identificación de varios de los jugadores la podemos apreciar en las tarjetas del deporte
que se incluyen como parte del texto. No podían faltar, nuestras más sentidas pérdidas nacionales
colectivas, como fue el caso muy difícil de olvidar de la muerte de Roberto Clemente.
En ese milenio del 2000, el cual no se queda atrás en su narrativa, el autor también
identifica los triunfos de una serie de peloteros que le han dado “gloria a Puerto Rico”, las altas y

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las bajas a través de distintos eventos y sus hazañas en las Grandes Ligas, en los Clásicos
Mundiales a partir de 2006 y en otros eventos deportivos. El escrito culmina con el emotivo
impacto social y cultural de unidad que tuvo el llamado “team rubio” en el Clásico Mundial a pesar
de su única derrota frente a Estados Unidos.
Prosigue “La lucha Olímpica en Puerto Rico, 1909-1996”, de José Betancourt Rosario
y Marvin Fonseca Barahona. Ambos nos llevan por un interesante y detallado recorrido de este
deporte desde sus remotos comienzos bajo los egipcios y babilonios para proceder a explicar el
caso de Puerto Rico.
Fue en 1909 cuando se introdujo en la Isla el deporte de la lucha mediante una exhibición
auspiciada por el Union Club de San Juan, en el patio del Cuartel de Ballajá. La YMCA de la
época, donde hoy radica COPUR, también fue sede del primer combate de lucha en la Isla. Cabe
señalar la importancia de la integración en escuelas privadas de programas de lucha aficionada en
1959, lo cual catalogan como “los primeros pasos” del desarrollo local de la disciplina. Explican
la trayectoria del deporte en diferentes escuelas antes de entrar de lleno al aspecto internacional en
los Juegos Centroamericanos y del Caribe, los triunfos, los atletas y los dirigentes que intervinieron
en el proceso a través del tiempo. Igualmente, se trasladan a las ejecutorias de los luchadores que
participan en las Olimpiadas de 1976 y Campeonatos, como: el Panamericano Infantil de 1978, los
Juegos Olímpicos de Moscú de 1980 y varios otros. Su incorporación de información mediante
entrevistas como a: Bob Muñoz, Pedro Córdova, y Roberto Lugo, fortalecen la narración con sus
aseveraciones.
El detallado recuento sobre este deporte llega hasta el 1996, debido a que catalogan ese
año como el comienzo de un nuevo periodo en la lucha olímpica de Puerto Rico a partir de la
medalla de plata de Jaime Espinal en las Olimpiadas de 2012. (p. 159). Además, y aquí tenemos
otro aspecto para seguir investigando que han señalado otros autores, se señala la participación de
atletas mujeres en las diferentes competencias.
“La Nación entre Aros: Notas histórica del baloncesto puertorriqueño”, por Carlos
Mendoza Acevedo es un elaborado ensayo, el cual considero imprescindible como base para
quiénes aborden aspectos de la temática en términos de los diversos análisis y detalles que incluye.
No hay que dudar la incorporación de fuentes diversas que sustentan este estudio, las cuales
incluyen varias declaraciones de reconocidos expertos en el tema. En este escrito queda
consignado el conocimiento del autor sobre el deporte en la Isla.
Mendoza presenta “un panorama histórico del baloncesto” en PR en aras de seguir
construyendo investigaciones sobre el tema. Propone, lo que llama “la identificación de la
sociedad puertorriqueña hacia sus jugadores y la selección nacional”, (p. 165) y señala, la
transformación de este deporte por parte de la Federación de Baloncesto de Puerto Rico. Además,
desarrolla una narración sobre los comienzos del deporte del “balón y el aro” que ubica en el 1891
así como la popularidad que va adquiriendo en el mundo escolar de EEUU y los logros y tropiezos
que han tenido los jugadores en las competencias de esa nación. Mendoza también incorpora
eventos de otros lugares del mundo.

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En el caso de Puerto Rico comienza a trazar su historia a partir de 1898 y su práctica en
1902 en Ballajá. Al igual que Eric López, menciona la función de la YMCA y señala los comienzos
del juego por mujeres. De esa forma, sigue la trayectoria del deporte durante su relato y la
organización de entidades que promovían, reglamentaban y lo difundían. Entre los diversos puntos
que desarrolla me llaman la atención: los torneos desde los 1940, los triunfos y el compromiso
juvenil y la gran asistencia a las actividades en los 1950. Asimismo, la identificación de los
muchos atletas que participaron, y lo que fue la época dorada de los 1980. Mendoza se adentra en
el siglo XXI con lo que llama “una nueva cepa de jugadores” que han podido establecer contratos
e ingresos millonarios. Culmina con la mención de los deportistas más destacados desde los 1940
hasta el día de hoy, incluyendo las que sobresalieron en el basket femenino.
Juan Santiago Morales en la “Breve historia del boxeo rentado en Puerto Rico”, cuyo
ensayo lo introduce una foto de Sixto Escobar en 1936, establece una útil cronología en cuanto a
los cambios que él entiende ha atravesado ese deporte debido a diversos factores que explica
posteriormente. Me parece importante reproducir los que él indica: desde sus orígenes hasta la
Depresión Económica, desde la Segunda Guerra Mundial hasta los 1950, las décadas de 1960 y
1970, y, por último, desde los 1980 hasta el siglo XXI. También resalta y no elude en el proceso
tres características comunes del deporte en cuanto a la pobreza de los atletas, el carácter laboral
del boxeo y los intereses empresariales. (p. 241)
Sin descartar que el boxeo se practicaba dentro de la cotidianidad de unos sectores
populares informalmente, la legalidad del deporte local comenzó en 1927, con una cartelera de
boxeo en el pueblo de Río Piedras. El autor va indicando los pueblos donde se van difundiendo
los estadios y las actividades deportivas que en sus comienzos incluían, aunque parezca chocante,
segregaciones raciales. Esta primera etapa la culmina con el campeonato de Sixto Escobar
incorporando otros cambios que se dieron en cuanto a las técnicas de combate y “la modificación
en la reglamentación sobre los golpes bajos” como explica.
Al pasar a la segunda etapa nos indica el crecimiento comercial del boxeo y cómo van
mejorando los deportistas en sus ejecutorias. Al parecer, la televisión marcó un papel importante
en esta etapa debido a la difusión del deporte y de series relacionadas. También reconoce que hubo
migraciones de atletas del boxeo hacia EEUU.
El autor también explica, (p. 243) que finalmente, lo cual vendría siendo en la tercera
etapa, se logró la inclusión de las peleas femeninas y su derecho a la participación a pesar del
consabido discrimen por género. También incorpora en el texto, los nombres y la participación de
las boxeadoras puertorriqueñas que se destacan y participan local e internacionalmente admitiendo
tanto las altas, así como las bajas y las problemáticas que caracterizaron su participación. En la
última sección del escrito desarrolla la labor de los trabajadores del ring como parte de lo que toma
lugar en esa última etapa a partir de los 1980, dejando al lector con unas problemáticas sobre el
deporte que abren paso a otras investigaciones.
En otro valioso ensayo de Delia Lizardi Ortiz, “La mujer en el Deporte puertorriqueño”,
la autora recrea e ilustra mediante fotografías diversas manifestaciones de la participación local e
internacional de las féminas deportistas. En el transcurso de su narrativa, analiza y recuerda sus

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actividades y logros, tantas veces olvidados, hasta llegar a los de Mónica Puig y Adriana Díaz.
También incorpora las ejecutorias de las mujeres que se han desempeñado en “el mundo deportivo-
administrativo” en Puerto Rico a partir de 1984, bajo diferentes administraciones, así como algunas
de sus funciones y ejecutorias.
La autora también señala acertadamente los rezagos historiográficos sobre la participación
deportiva femenina. Esto, debido a que en esa historiografía local aún prevalecen las hazañas
masculinas, queja que he escuchado de varias y varios estudiantes. Más hay que recordar que no
fue, y sigue siendo en ocasiones, solo en la temática deportiva que protagonizaron las hazañas
masculinas, sino que cuando se esperaba la aceleración historiográfica que atenuara ese
protagonismo en Puerto Rico a partir del despegue acelerado de la Nueva Historia en la década de
1980, María de Fátima Barceló Miller le hizo un contundente reclamo público en 1990 a los
protagonistas de esa nueva historiografía social señalando que la misma no había logrado sacudirse
del “androcentrismo prevaleciente”.
Otros puntos importantes radican cuando nos explica algunos factores que también han
obstaculizado concretamente en la práctica histórica esa participación y han prevalecido en las
discusiones públicas, como lo han sido: el cuestionamiento a su capacidad física, el riesgo de
perder su femineidad, sus preferencias sexuales y la exposición de su cuerpo. Esta discusión me
recuerda, cuando en 1946, el prestigioso sociólogo y profesor universitario, José Colombán
Rosario, les recordaba a las estudiantes que “eran más débiles que el hombre, que dependían del
varón, que debían ser atractivas al otro sexo…y, sobre todo, “cuidarse de los estudios universitarios
ya que estos podían “disminuir la femineidad”. Me parece que los señalamientos de Lizardi, han
sido muy necesarios a la vez que abren paso a que se siga fomentando una historia del deporte
mucho más inclusiva.
Lourdes Báez Rosario en su ensayo “La mujer puertorriqueña en los deportes de
combate”, como: el esgrima, karate, taekwondo, judo, lucha y boxeo, aporta a un tema muy poco
conocido sobre esos deportes y cuya lectura invita a seguir desarrollándolo. Entre sus
planteamientos señala que la participación femenina internacional en el deporte de la esgrima
comenzó en los juegos Olímpicos de Londres en 1948 y Roma en 1960 con la participación de
Gloria Colón y María del Pilar de Cerra. Luego la participación femenina en los deportes de
combate cayó por décadas en una pausa.
Resulta interesante su explicación sobre el auge en Puerto Rico de estos deportes a partir
de las muy conocidas “películas de karate de Bruce Lee” para los 1970. Báez señala cómo las
mujeres fueron incursionando tardíamente en los mismos tanto internacional como nacionalmente
y eventualmente se pusieron “en el mismo nivel y calidad competitiva” de los hombres. (p. 300)
Durante el trayecto de su estudio menciona a atletas como: Lisa Boscarino, Maniliz Segarra, Marta
Sánchez, Marimer López, Dolores Ramos, Lucy Rodríguez, Kiria Tapia, Lourdes Báez y otras.
Un punto importante en su escrito es la aseveración de que los organismos deportivos relacionados
con las disciplinas de combate han “evolucionado en cuanto a la participación de la mujer”, en una
forma gradual y lenta. (p. 301)

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Su escrito llega hasta los logros en el 2010 en los juegos Centroamericanos cuando de la
judoca Melissa Mojica fue seleccionada como la atleta más destacada. No obstante, la autora
reconoce la necesidad de aumentar la participación femenina en estos deportes y reconoce la
necesidad de que se siga valorizando la participación y esfuerzo de las mujeres. Me parece que
este escrito es un estímulo necesario para seguir haciéndolo.
Por último, Carlos J. Carrero Morales, nos deleita con un sugestivo y muy bien
contextualizado ensayo titulado, “Marejada cultural: Breve historia de los comienzos del surfing
en Rincón, Puerto Rico”.
El mismo se relaciona con ese deporte y su despegue en la convulsa época de 1968 a partir
de las cuartas competencias Mundiales de Surfing entre el 7 y el 14 de noviembre en ese conocido
pueblo costero del oeste. Este evento, lo ubica acertadamente en un año de “luchas, la guerra de
Vietnam, cambios políticos…revueltas y huelgas universitarias a nivel mundial incluyendo a
Puerto Rico”. (p. 312)
Sobre todo, señala, la época como un del auge de la “cultura pop”, de los hippies, las
olimpiadas en México y los juegos invernales en Francia. (p. 313) Carrero nos recuerda que el
surfing había comenzado en PR a finales de los 1950 y fue precisamente en esa costa del noroeste.
A esos efectos traza una secuencia muy necesaria sobre el desarrollo de las competencias, mediante
la puesta en práctica de la historia oral y su búsqueda de noticias en la prensa. De esa forma, va
identificando a los participantes y los eventos que tomaban lugar.
Más adelante nos explica las categorías que se establecieron en ese torneo, como: las olas
grandes, las pequeñas, el paleteo y el tadem, así como cuándo empezó el mismo y las miles de
personas que acudieron al evento. No dejó de mencionar la participación femenina, así como los
ganadores de los eventos y la importancia que va adquiriendo Jorge Machuca en ese deporte.
Obviamente, y como ha sido algo común en esos eventos y más en esos contextos de la época, no
faltaron los arrestos por posesión de algún tipo de droga como la marihuana.
También el autor aborda los torneos internacionales que se dan en los 1980 en Puerto Rico,
incluyendo el de Aguadilla. Finalmente, nos deja con varias valiosas interrogantes que invitan a
seguir con esta investigación, lo cual caracteriza este valioso libro.
Pues Carlos, y como digresión, tu ensayo me trae muchos recuerdos sobre lo que escuchaba
sobre ese deporte en Rincón para mis años de entrar a la Universidad. Sería interesante más
adelante abordarlo como aquel que se practicaba en muchos otros lugares de la Isla para esa misma
época, como en una playa de Piñones, la playa del Sheraton de Condado o en Mar Chiquita, en
donde se entretenían muchos jóvenes y cuya tabla o tablita era parte de la iconografía de “estar en
algo” en esos tiempos,
Los exhorto a leer y difundir este libro, el cual disfruté en medio del intenso trabajo de
finales de un semestre, por sus novedosas aportaciones y retos que presenta para continuar los
trayectos investigativos.
Muchas felicidades…y en espera de un segundo tomo también repleto de imágenes.

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