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INVENCIÓN DE LA SEXUALIDAD

Intervenciones políticas

De acuerdo con Weeks (1998) los métodos formales e informales de control se

encuentran enmarcados dentro de un contexto de intervención política, las cuales generan el

control y la regulación de las leyes que rigen la mediación moral en la vida sexual de las

personas. Además, el surgimiento de corrientes incipientes de opinión es primordial para la

ejecución legislativa y toma de decisiones frente a la movilización política entorno al sexo.

Culturas de resistencia

Estas nacen a causa de las formas de reglamentación moral. Dentro de las culturas

de resistencia encontramos, por un lado, el caso de las “redes de información de mujeres

acerca de los métodos de control de la natalidad, sobre todo del aborto”, en el que este se

indujo por medio de la ingesta de plomo. Y, por otro lado, las subculturas de

homosexualidad masculina que, a su vez, dieron lugar al origen de las identidades

homosexuales modernas. Además, hoy en día se han ido generando movimientos políticos

de oposición como lo es el feminismo, pero ante todo cabe resaltar que la existencia de

estos movimientos de reforma sexual que están a favor de los derechos homosexuales

también ha estado presente desde el siglo XIX. (Weeks, 1998.)

La importancia del sexo

Según Weeks (1998) desde la antigua Grecia, las prácticas sexuales que adoptaba la

sociedad se convirtieron en un tema de preocupación moral, debido esto a las opiniones


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tergiversadas de dichas prácticas, ya que, estas preocupaciones radicaban en los roles que

tomaba cada individuo en su vida sexual; como, por ejemplo, el rol pasivo o activo dentro

de la relación, así como el instinto de los deseos encaminados a nuestra orientación sexual

(homosexual – heterosexual).

Weeks (1998) nos menciona que, la evolución de la sexualidad se encuentra

representada por tres momentos primordiales. En primer lugar, por la innovación del siglo

I; en cuyo momento el sexo estaba permitido dentro del matrimonio, y por ende su objetivo

era el de la reproducción, sin embargo, la práctica sexual fuera de este era concebida por

puro placer y, ante todo, considerado un pecado frente a la iglesia. En segundo lugar,

durante los S. XII & XIII, después de la lucha para la aceptación de la tradición cristiana

del sexo y matrimonio, este último se estableció como un acuerdo para el bien familiar

constituido por reglas para ser cumplidas por los cónyuges unidos, y así sucesivamente la

vida sexual de estos era analizada para dar respuestas a preguntas morales prácticas. En

tercer y último lugar, durante los S.XVIII & XIX ya se estaba generando un concepto más

normalizado acerca de las relaciones con el sexo opuesto, así como la manifestación de una

organización religiosa de la vida moral mediante la incorporación de reglas encaminadas

hacia las normas médicas, psicológicas y educativas. Por consiguiente, la homosexualidad

se convirtió en una disposición psicosocial y la sexología inició suposiciones acerca de las

leyes del sexo; y, finalmente la sexualidad surgió como un campo independiente de

conocimientos con su propia distinción.


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Cuando nos referimos al termino de “homosexualidad” cabe mencionar que este

existía desde antes del S. XVIII, aunque no exactamente con dicho término, ya que en si era

referida a las prácticas eróticas entre sujetos del mismo sexo; de hecho, algunos actos como

la sodomía eran severamente condenados con la pena capital a pesar de que no era un delito

propio de la homosexualidad. Entonces, a partir de mediados del S.XX, el homosexual se

caracterizaba por un trastorno psicosexual; igualmente, surgieron inquietudes sobre la

etiología misma de la homosexualidad, así como la invención clasificatoria para la

identificación de los tipos de homosexuales y sus conductas. (Weeks, 1998).

En cuanto a la historia del lesbianismo, Weeks (1998) señala que a fines del S. XIX

y principios del S.XX, nace el desarrollo de una identidad sexual lésbica concebida por los

sexólogos con el propósito de dividir a las mujeres y sus emociones afectivas que estaban

en contra del género masculino. No obstante, los sexólogos no inventaron la

homosexualidad ni el lesbiano, sino que buscaron una forma de explicar y relacionar ciertas

conductas observadas en estos individuos; a partir de entonces las personas iniciaron a

autodefinirse de acuerdo con su actividad sexual.

Por otra parte, se hace hincapié en la existencia de dos ejes de preocupación dentro

de la sexualidad, como lo son: nuestra subjetividad y la sociedad; desde luego estas

preocupaciones se reflejan en el interés por el bienestar de los pares, ya sea a nivel

económico, de higiene o salud y asistencia social, así como de la vida sexual de los

mismos. Además, es preciso mencionar que, también hubo otras cuestiones preocupantes

que en consecuencia llevaron a la decadencia moral y el colapso de la monarquía francesa;

como lo fue desde la preocupación obsesiva por la sexualidad femenina y la prostitución,


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hasta la reforma moral. En efecto, como lo menciona Week (1998) “la sexualidad se va

convirtiendo en un asunto social, político y moral, cada vez más importante”.

Más adelante, Weeks (1998) afirma que estas preocupaciones se fueron centrando

en la prolongación de la raza en Inglaterra por medio de la perfección humana y la crianza

programada. Al querer prever la raza actual se originó el racismo junto con la proliferación

del control de natalidad y las políticas de planificación familiar para que no hubiese una

mezcla entre razas dentro del país. Del mismo modo se generó la persecución de

homosexuales, ya que se consideraban inquebrantables traidores y sobre todo los

principales culpables de la decadencia de la familia.

La sexualidad y el poder

La sexualidad ha tomado mayor transcendencia dentro del poder en la época

contemporánea, ya que este era considerado más productivo que negativo o represivo.

Asimismo, una de las investigaciones con gran relevancia sobre la sexualidad ha sido la

revaloración de toda la época victoriana, caracterizada en ese entonces por la hipocresía

moral y la asexualidad, sin embargo, ahora se ha visto que lejos de negar el sexo el S.XIX

consideraba este asunto directamente relacionado con la vida de las personas. Pero, a pesar

de esto la época victoriana no se puede considerar como liberal. Es preciso mencionar que,

en Inglaterra aún se castigaba la sodomía, y del mismo modo las fuertes prohibiciones de la

identidad sexual femenina y la distinción entre las mujeres respetables se dieron con mayor

intensidad en dicha época. Entonces, el poder aparece como un proceso que adopta diversas

prácticas y relaciones sociales, mediante el funcionamiento de mecanismos complejos

como la dominación y la subordinación. (Weeks, 1998).


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En cuanto a estas estructuras de dominación y subordinación encontramos 3 ejes

fundamentales dentro de la sexualidad.

1. Clase

Debido a la posición social surgían diferencias entre las normas morales en la

sociedad esclavista de la roma precristiana. Desde luego, la idea de la sexualidad era en si

un aspecto que autodefinía la clase, y que por ende estaba enfocada contra la aristocracia y

las clases inferiores durante los S. XVIII & XIX. Después, las conductas de las personas

eran juzgadas mediante las nuevas normas sobre la vida familiar y doméstica, pero teniendo

en cuenta que no todas podían encuadrarse dentro de las mismas. Debido a la lucha social

por la representación de los esquemas sexuales se produjeron distintas formas de vida

sexual relacionadas con la clase; sin embargo, cabe mencionar que, aunque hombres y

mujeres representan estas clases, no se pueden consideran de igual manera para ambas, ya

que para cada uno se concibe un significado específico. Y dado que se confirmó la

permanencia de las diferentes sexualidades de clase como la masturbación o el sexo con

prostitutas hoy día es frecuente encontrar textos en donde se plasme las relaciones entre los

individuos en que “la clase, el poder y deseo sexual están intrincadamente entrelazados”,

como la afirma Weeks (1998).

2. Género

“El género es una división primordial”, es decir, la clasificación sexual es fundamental

en cuanto a la opresión femenina, debido esto a que la mujer era considerada como un
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objeto de votación pública categorizada en parte por los hombres como algo necesario y

deseado; además de que la sexualidad femenina era señalada como “voraz y devastadora”

hasta antes del S, XVIII. De igual forma esta clasificación sexual constituía las relaciones

entre ambos sexos. Aunque durante el S. XX la expresión sexual femenina estaba siendo

apoyada, hubo épocas en las que se consideraba que la actividad sexual de la mujer

promovía factores riesgosos dentro de la sociedad, como lo eran las enfermedades y la

proliferación manchada de la raza, así como el foco de atención frente a los debates de

tolerancia y liberación sexual en la década de 1960. Ante todo, es claro mencionar que la

represión de la práctica sexual femenina se involucra desde factores económicos y sociales,

hasta la conducta violenta masculina contra las mujeres. No obstante, estos factores

sirvieron para que las mujeres tomaran autonomía de sus propias decisiones; y entonces, a

finales del XIX aceptaron que la mujer tuviera la oportunidad de decidir plenamente en su

vida sexual mediante la incorporación tanto del placer dentro del matrimonio sin la

obligación maternal, así como de las relaciones heterosexuales libres. (Weeks, 1998).

3. Raza

La raza y la etnia se encuentran relacionadas junto con la clase y el género. En

cuanto a la raza negra esta era considerada como la índole más baja de la sociedad, es decir

los de la clase obrera, lo cual permitió la existencia de racismo hacia estos, ya que se temía

por las mezclas entre blancos y negros. Además, para la sociedad esclavista estos debían

servir fielmente a sus amos viviendo como esclavos, en especial las mujeres. Entonces,

durante el régimen de Apartheid se inició la separación de grupos, que a su vez estaba

prohibiendo la mezcla de razas por medio del matrimonio para así preservar una única raza,
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la blanca. Cabe destacar que se deben considerar todas las formas de expresión sexual,

tanto de clase y género, como las de raza, etnia, lucha y elección. La invención de la

sexualidad es un proceso de cambios a los que estamos sujetos, ya que somos los

principales actores de la ejecución de estos. (Weeks, 1998).

Para finalizar, es claro mencionar que desde épocas anteriores la sexualidad se ha

tomado como algo tabú, decadente y sobre todo inmoral; sobre todo cuando empezaron a

surgir diversos comportamientos sexuales en las personas, como lo fue la homosexualidad

o lesbianismo, debido esto a se generaron dudas y preocupaciones, como las enfermedades

o el aumento en las tasas de natalidad, sin embargo, a medida que los sexólogos e

historiadores fueron entendiendo estas conductas y clasificándolas de acuerdo a los deseos

sexuales de cada uno la sociedad empezó a “aceptar” de cierta dichos cambios e hizo que

cada uno lograra autodefinirse de acuerdo sus pensamientos. Finalmente, el estudio de la

sexualidad nos lleva a comprender estas conductas sexuales desde los diferentes aspectos

culturales, sociales, políticos y económicos, así como la relación con las razas, la clase y el

género.
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REFERENCIA

Jeffrey Weeks. (1998). Sexualidad. México D.F. Paidós, PUEG, UNAM. Capítulo 2: La

invención de la sexualidad (PP.21-46).