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La encíclica “Laudato si.

Sobre el cuido de la casa común”


del Papa Francisco
Un Papa inteligente que sabe utilizar
los instrumentos de la ciencia
Luis Paulino Vargas Solìs
Director
Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE)
Universidad Estatal a Distancia (UNED)
1. Religión y ciencia; fe e inteligencia

Esta encíclica hace visible a un Papa que se mantiene firme en la fe de la cual es


representante, de la religión de la cual es la principal cabeza visible, que expresa esa fe a
través de una prosa poética muy bella, pero que, sin embargo, usa los instrumentos de la
inteligencia, y, en especial, los hallazgos más avanzados de la ciencia para sustentar sus
posiciones y formular diversas propuestas.

La vivencia de la fe, a través del raciocinio y la inteligencia, es seguramente un paso


necesario para prevenir la intolerancia y promover un diálogo respetuoso entre distintas
religiones y entre éstas y quienes no somos creyentes. Como ello es igualmente importante
para establecer el necesario diálogo entre ciencia y religión. Por otra parte, esto marca un
contraste con los fundamentalismos religiosos de diverso signo –incluso de signo católico-
que hoy día se han vuelto tan populares, los cuales promueven agresivamente el fanatismo
y la intolerancia en lo que a veces asume el cariz de una guerra abierta contra la ciencia y la
inteligencia.

2. El Papa Francisco echa mano de las herramientas más avanzadas de la ciencia: del
paradigma de la complejidad en ciencias naturales a la crítica más avanzada de la
economía heterodoxa.

Al recurrir a la ciencia, el Papa recurre, asimismo, a la investigación científica de frontera,


tanto de las ciencias naturales como de las ciencias sociales. Desde el paradigma de la
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complejidad, el Papa Francisco advierte respecto de la integralidad del problema de la


ecología y el cambio climático, en su interrelación con la organización de la sociedad y, en
particular, en relación con las formas de gestionar los mercados capitalistas y de producir y
consumir. Desde el ámbito de las ciencias sociales aporta elementos valiosos para la crítica
de las sociedades de la modernidad capitalista, en relación con la prevalencia de una visión
antropocéntrica y el mito del progreso y el crecimiento sin fin, y la prevalencia de una
racionalidad instrumental orientada al logro de resultados inmediatos, a lo cual aparece
asociadas esas mismas formas de consumo y producción que desatan la crisis ambiental.
Esa crítica reconduce necesariamente hacia la crítica de la pobreza y la desigualdad, al
interior de los países como entre éstos.

El Papa deja en evidencia que sus declaraciones tienen, en general, un sustento científico
serio, de modo que su crítica y sus propuestas no se expresan exclusivamente como un
desiderátum ético o moral formulado desde una determinada fe religiosa. Son propuestas
detrás de las cuales se adivinan los aportes de la investigación científica en diversas áreas.

3. El Papa Francisco se vuelve incómodo para el paradigma dominante de la


economía

Su planteamiento deja sembrados, aquí y allá, cuestionamientos diversos a las formas de


funcionamiento del capitalismo, lo mismo en el ámbito de las finanzas, como en la forma
cómo produce, despilfarra e incentiva un consumo obsesivo y descontrolado.

Aún sin decirlo de forma explícita, el Papa está pronunciando un claro cuestionamiento al
neoliberalismo, que se desliza en cada una de sus observaciones críticas respecto del
predominio de las finanzas, el automatismo de los mercados y la indiferencia frente a las
situaciones de exclusión, pobreza y desigualdad.

Un paso más allá, se adivina en la disertación Papal la presencia de las elaboraciones


críticas de la economía heterodoxa y alternativa, cosa que se manifiesta de formas diversas,
por ejemplo las siguientes:

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- En el reconocimiento de la fuerza determinante de la incertidumbre en los


mercados y, por lo tanto, la incapacidad objetiva de anticipar, ni menos
controlar, su evolución futura.
- Por lo tanto, la orientación prevalente en esos mercados capitalistas, de objetivos
de corto plazo que se desentienden de las consecuencias no previstas más
amplias.
- Los mercados capitalistas como terreno de desequilibrio permanente bajo el
dominio de fuerzas de naturaleza especulativa.
- La existencia de una “hipoteca social” sobre la propiedad privada: ésta es un
medio para lograr determinados fines; no un fin en sí misma.
- La necesidad de regular los mercados y de la intervención de la institucionalidad
pública como mecanismo que atenúe los desequilibrios en la distribución de la
riqueza y el ingreso.
- Y en casos calificados –como el agua- de sustituir el mercado por mecanismos
políticos democráticamente construidos
- El espacio económico como espacio de poder.

El planteamiento del Papa no profundiza en la crítica teórica de estos asuntos, pero es claro
que ahí están presentes.

4. Pero también es retador para la economía crítica y heterodoxa

Esta economía alternativa trata de entender cómo funciona el capitalismo realmente


existente, en los ámbitos de las finanzas, la producción y el consumo.

- Cómo crece, se estanca o entra en recesión


- Cómo se suscitan las burbujas especulativas
- Cómo las finanzas han impuesto su dominio y qué implica tal cosa
- Cómo se crean o destruyen empleos
- Cómo se genera exclusión, desigualdad y pobreza

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- Cómo se extraen y despilfarran los tesoros de la naturaleza, cómo se la


contamina y destruye
- Cómo se imponen en los países o a nivel mundial agudas asimetrías de poder en
el control de los recursos económicos.

Pero hay que ir un paso más allá: no solo cómo lograr que la economía garantice una vida
digna para todos y todas, sino cómo lograrlo sin que necesariamente deba crecer y, en
particular, sin que dañe la naturaleza.

Porque bajo el dominio capitalista, el crecimiento es requisito indispensable para la


generación de empleos. Como igualmente es cierto que la medida de buena salud bajo el
capitalismo es sola una: el crecimiento. Y, sin embargo, es claro que la naturaleza cada vez
soporta menos ese crecimiento.

Haciendo la necesaria salvedad de las sociedades, países, regiones y sectores empobrecidos


que materialmente sí requieren de más, el reto es cómo reorganizar la economía para que se
pueda tener una vida con bienestar y dignidad sin que para ello sea indispensable crecer y,
sobre todo, superando la exigencia de un crecimiento económico ininterrumpido como
requisito para que la gente tenga empleo decente y buenas condiciones de vida.

Diversos autores -Nicolás Georgescu-Roegen; Herman Daily; E.F. Schumacher, entre


otros- en diferentes momentos plantearon la posibilidad teórica de una economía del
decrecimiento. Y, sin embargo, poco, acaso nada, se ha avanzado en el proceso de dilucidar
una alternativa viable por medio de la cual operacionalizar esa aspiración.

Acontece algo similar en relación con las alternativas de economía solidaria, ¿Cómo
hacerla viable y eficaz, trascendiendo por lo tanto la mera aspiración ideológica, ética y
política? En ambos casos –la economía del decrecimiento o la economía solidaria- sigue
siendo cierta una cosa: para ser soluciones reales tienen que ser mucho más que proyectos
de pequeña escala al nivel de comunidades específicas. El caso es que vivimos sociedades

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extremadamente complejas y altamente interconectadas. Ninguna solución que se plantee


tendría sentido si ello no se toma en cuenta.

5. Algunos de los dilemas éticos y morales tradicionales del catolicismo

El Papa retoma en su encíclica ciertas temáticas de orden moral que, al parecer, son como
al modo de asuntos inevitables en la disertación de cualquier prelado o representante del
catolicismo. E ilustrativo de la magnitud excepcional del poder que confluye alrededor de
estos asuntos es el hecho de que ni siquiera este Papa excepcional logra sustraerse de tales
cuestiones, y, al cabo, termina repitiendo los lugares comunes que la dogmática de la
iglesia impone. Me refiero a los siguientes:

- El Papa Francisco reconoce y exalta la diversidad en la naturaleza y en el propio


género humano, pero se niega a reconocer que esa diversidad también alcanza a
la sexualidad y el género.
- Denuncia el relativismo y defiende la vigencia de ciertos valores universales,
pero no capta que esa universalidad puede generar exclusión y violencia.
- Por ello el valor universal por excelencia debería ser el de una vida digna para
todo ser humano. Lo cual exige una dosis de relativismo asociada al hecho de
que los seres humanos somos muy diversos, incluso en materia de sexualidad y
género.
- Y de nuevo el aborto. Este no es deseable pero existe. Y ninguna mujer lo hace
por gusto. Si se trata de defender la vida, hay que defender también la vida de
estas mujeres de carne y hueso. Al condenarlas y criminalizarlas se está
violentando su vida, se las está denigrando y se les hace infelices. Quizá va
siendo tiempo de que la iglesia Católica reconozco que la mejor forma de
prevenir los abortos es por medio de una excelente, desprejuiciada y muy amplia
educación sexual, basada en una ética humanista laica y ecuménica y por lo
tanto libre de condicionamientos morales de tipo religioso y científicamente
fundamentada.

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- Y, sin embargo, también podría interpretarse que algunas puertas quedan


abiertas para dialogar sobre estos temas, dado el ecumenismo de que hace gala
el Papa y su respeto y aprecio por el diálogo inteligente y por el conocimiento
científicamente fundado. Es un Papa que habla del amor a los animales y las
plantas, junto al amor por todos los seres humanos, como hechos indisolubles;
puesto que lo uno no puede ir sin lo otro. E incluso es un Papa que se atreve a
denunciar la malsana dualidad cuerpo-alma. Somos un cuerpo, dice el Papa, y
ese cuerpo merece ser cuidado con amor y recibir el beneficio de la satisfacción
y el goce. Un Papa que así habla es, con seguridad, un interlocutor al cual es
posible plantearle estos asuntos, con la seguridad de que serán abordados de
forma seria, respetuosa y razonable.

6. Hay quienes proclaman que el Papa Francisco es “peligroso”. Seguramente que sí lo es.
Ciertamente es peligroso para mucha gente:

- Dentro de la propia iglesia


- Para la prevaleciente ideología neoliberal
- Para el dominio de las finanzas
- Para los excesivamente ricos
- Para el consumismo y la falta de solidaridad
- Para quienes se niegan a reconocer sus responsabilidades frente a la naturaleza y
la vida en nuestro planeta
- Incluso para los colegas economistas de la corriente ortodoxa dominante, que,
como indisimuladamente lo proclamó Jorge Guardia en La Nación, se sienten
directamente interpelados y cuestionados por lo que el Papa propone.

Luis Paulino Vargas Solís


6 de agosto de 2015