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Antonio Di Benedetto

Cuentos completos

Edición al Cl!idado de Jirnena Néspolo y Julio Premat


Introducción de Julio Premat

Adriana Hidalgo editora


Di lknedeuo, Amonio
Cuemo.s completos. - 1a. ed.
Buenos Aires : Adriana Hic:Wgo editora, 2006.
704 p.; 22xl4 an.- (La lengua. Cuento)
ISBN 987-1156-53-7
l. Narrativa Argemina l. Tfnllo
CDDA863.
Lo BREVE, LO EXTRA~O; LO AJENO

,!! Antonió Di Benedetto falleció en 1986,. en el momento en que

1~ estaba preparando para la editorial Alianza de Madrid la publica-


ción de dos libros que recopilarían el conjunro de sus cuentos: Rt.-
latos completos y Cim C"tltnJos, incluyendo los relaros más extensos
:¡ el primero y la narrativa breve. el segundo. Los_ libros no llegaron
~ publicarse, ágrcgando una peripecia más en una larga· lisra de
desencuentros de Di Benedetto con la. recepción que sus ficciones
la lengua 1 cuento mcredan. En los años ochema, después de un exilio doloroso, pa-
Editor:
reda haber llegado la hora de retomar textos editados a. lo largo de
Fabián Lcbenglik treinta años (de Mundo animal, 1953, a Cuentos del o:ilio, 1983),
organizando así todo lo escrito en paralelo a .las novelas. Ahora
Disefio de cubierta e interiores: bien, esta reedición no iba á suponer el reconocimientQ de uhá
Eduardo Stupfa y Gabriela Di Giuseppe
trayecroria hecha de libros publicados, coherentes y definitivos, ya
<O Luz Di Bcncdeno, 2006 que dos decisiones del autor perturbaban la visibilidad de las etapas
© Adriana Hidalgo editorn S.A., 2006 de escritura-anteriores: por un lado, Di Benedetto eligió la división
Córdoba 836 - P. 13 - Of. 1301
( 1054) Buenos Aires
de los relatos por su extensión. (entre los R(latos completos y los Cien
e·mail: info@adrianahidalgo.com cuemos) y por el otro pr:eparó en el volumen de cuentos breves una
www.adrianahidalgo.com presentación de los textos en seccioneS temáticas heterogéneas _y
poco compren~ibl~. en vez de guardar el orden cronológico de las
ISBN 10:987-1156-53-7
ISBN 13: 978-987-1156-53-7 compilaciones ya publicadas.• La lógica de los libros, la unidad en
su momento penJada para cada uno de ellos, hubiesen entOflCes
Impreso en Argentina
!!
1' desaparecido; ideas [1,1ertes en la dinámica de una obra, como lo
Printcd in Argentina
son la periodización, los efectos de agrupar en un volumen único
Queda hecho el depósito que indica la ley 11.723
un conjunto de textos, las relaciones entre los diferentes segmentos
Prohibida la reproducción parcial o total sin permiso escrito
de: la editorial. Todos los derechos reservados. 1
El orden previsto por el autor parn .la organiución del volumen era temático y
agrupaba bajo subtítulos entre: uno y veinte cuenros en e~da sección. En las p~ginas
37 y 40 se reproducen los prólogos que Di Bcnedetro escribió pua los Cirn cr~rntos
y los '&/.ws compkws.

_j__-------------~-----· ~.
de una obra, el valor emblemático de los drulos, la historia edito- años cuarenta), luego la edita con varias modificaciones en 1955,
rial, se dejaban de lado. En la recopilación de lo escrito no habría para reeditarla en 1974 con otro título (Annab~/la) y con algunos
un relato impllcito de la composición del corpus. cambios significativos, antes de, en los ochenta, prever su desapa-
Sin embargo, escas reediciones hubieran podido volver percep- rición entre las capas de textos posteriores (en los Cien cumwr).
tible la amplia extrañeza de una literatura sin parangón en Argenti- No se trata de un proceso de corrección hacia una especie de ideal
na, pero también perinitir medir el pesó de lo breve, de lo fragmen- exigente o de escritura. progresiva en busca de un resultado acaba-
tado, de lo despojado, como núcleos y moldes de escritura, wuo do, sino la muestra de una relación conflictiva con la cre.'lción, que
de los cuentos como de las novelas. Habrá que esperar el fin de los llevaría más a. una negación que a una afirmación, a un silencio
años noventa para que la reedición sistemática de los libros de Di más que a una expresión inteligible, a un desplazamiento más que
Benedetto por Adriana Hidalgo vaya construyendo o reconstlil.- a una posición estética firme. Una novela.en forma de fragmentos
yendo una obra y una trayectoria estética, con sus articulaciones, que. a su vez. se fragmenta hasta dispersarse. Y no se trata, tampoco,
digresiones y tensiones internas. La presente edición de los Ctuntor de un ejemplo aislado o excepcional, al contrario: los cambios de
compktor reequilibra a su manera la bibliografia dibenedeniana, títulos o las importantes correcciones de algunos textos, a menudo
dominada por un texto célebre, la novela Zama~ Bibliografía que se varias décadas después de la escritura, son prácticas constantes en
compone, tomando los títulos definitivos y las fechas de publica- Di Benedetto, prácticas veniginosas porque transforman lo ya pu-
ción, de cuatro novelas (Zama, 1956; .El sikncimJ, 1964; Lor suici- blicado en borradores, en aproximaciones, en variantes de un relato
das, 1969; Sombras, nada más... , 1985), y de seis compilaciones de nunca narrado del todo. Lo más sintomático de este mecanismo
cuentos (Mundo animal, 1953; Cumwr claros, 1958; Dtclinación y es d cambio de título (~e Elpmtdgono ,a Annab~lla): asr llegamos .a
Ang~l. 1958; El cariño tÚ ÚJstontos, 1961; Abrurdos, 1978; Cumtor la aparenre aberración de ser la tradición edirorial y crítiCl la que
del ai/io, 1983) más algunos relatos inéditos o nunca editados en fijó los cltulos de algunos libros, como puede consrararse con estos
libro. En d centro, un texto híbrido, esa "novela en forma de cuen- dos casos opuestos: El sikncinp se reeditó una vez.. en España con el
tos" {según la presentación del propio autor), Elpmtdgono (1955), título, efímero, de El hacedor tÚ silmdo (1982), sin que el segun-
que Di Benedetto pensaba incluir, desarticulando los diferentes do título prosperase, mientras que Cuentos claror, en su primera
relatos que la componían, en secciones de sus Cien cutntor. versión, se intitulaba Grot, título éste rápidamente olvidado. ·Más
El gesto de reedición proyectada de los cuentos de El pmtdgono, que el escritor fueron los lectores y edirores los que, en un punto,
disociados de su organización y justificación primeras y dispersos decidieron qué títulos podían considerarse definitivos.
entre otros textos escritos en períodos distintos, es característico del En vez. de facilitar una legibilidad de su producción literaria, las
modo de construcción (o deconstrucción) sistemática de lo escrito intervenciones del autor tendían entonces a aumentar la opacidad
por su propio autor. O, si se quiere, de una dinámica de inestabi- del conjunto, o a borrar la idea en sr de un conjunto, lo que quizás
lidad y de puesta en duda de lo definitivo que supone el paso a. la. deba agregarse a la larga lista de razones que explicarían d lemo
edición (del borrador al libro) y del conjunto de libros a una "obra" reconocimiento de Di Benedetro en ta:Oto que gran figura literaria
(progresión, segmentos identificables, cierre). Porque la tcedición en Argentina. Al respecto se ha aludido, por supuesto, a su. posi-
desperdigada de su primera novela es sólo una anécdota en una ción marginal: a la vez. mendocino y a contrapdo de las corrienres
larga lista de reescrituras, a veces muy posteriores, de lo ya publi- regionalistaS en los años cincuenta y sesenta primero, expulsado a
cado; Di Benedetto, en este ejemplo, redacta primero una novela un exilio difícil luego, sin haber logrado encontrar un espacio en
que intenta "contar de otra manera" (aparentemente a. fines de .los el Buenos Aires de la posdict::tdura cuando regresó. Para explicar su

6 7
relegación también se ha puesto de relieve el carácter experimental su "entrada en escritura") eligen la experimentación narrativa y la
1 de su narrativa (como si la experimentación, valorable. en. sí, estu- aterritorialidad referencial.•. rompiendo con el horizonte regionalis..,

1 ~ viese reñida con la calidad literaria), cuando no el tono e..'ICistencia ..


lisra de sus preocupaciones éticas (ocultando las innovaciones y la
ra que hubiese podido esperarse de un escritor mendocino en esos
afios. 3 .Los desarrollos futuros no van a contradecir esta inscripción
. 1 fuerte personalidad literaria de su prosa). Sin embargo, reconocer inaugural del proyecto literario en una dinámica que asocia la cri-
1

a Zama como una de las grandes novelas argentinas es, desde hace sis del sujeto con la crisis del relato. Del l:rdo del apól.ogo o de la
décadas, un lugar común de la evaluación crítica: ya en 1987, una fábula, con trazas. kafkianas, marcas freudianas y variantes alrede-
célebre encuesta a escritores clasificaba a Zama en un noveno lugar doJ: de la literatura fantástica, los breves texto~ de A1ttndo anima!
en. la lista de las novelas argentinas más importantes, después de multiplican metamorfosis, mutilaciopes, intrusiones violentas, en
Rayu~la. Los si~u locos, Addn Bumosaym, La invmción di! Mortl, donde lo humanp ~tá a cada paso sometido o iguala99 a lo animal;
Don Stgwulo Sombra, Faetlndo, El juguttt· rabioso y Sobr~ !Jtrots y mientras que en Elpmt{igono, JJn~ s.~rie de variacioQ~ alrededor
tumbas. 2 También son conocidas las reivindicaciones del lugar de d~ un tema clásico, el aduherio, IJ~va ~ ~~:}.llido del relato único,
Di Benedetto en la literatura en castellano -la de Juan José Sacres, a .la forrnafi7-.!lciÓil de 1~ relaciones amorosas en uiángulos y pen-
seguramente, la más firme y la más explícita. A pesar de ese recono- tágonos y a, ijna dinámica de repetición de lo mismo, todo lo que
cimiento, la obra resiste, en parte por su atipicidad, por la sutileza ocupit, $.ignificativamente, el lugar de la primera novela. Ambos
con la que se desliza fuera de todo encasillamiento f-ácil, por la di .. ~cx;tQS plamean emonces una rcpresemación fraccionada del indi..,
námicaque trabaJa percepción de un todo coherente a partir de los vidlJO y de su relación sufrieme con lo no racional. Lo indecible
fragmentos que la constituyen, e inclusive por la imposibilidad de efe lo pulsional, las angustias identirarias, los límites de lo cuhural,
1
aplicarle al escritor algunos tópicos sobre autores relegados, como los conflictos éticos, no originan un gran relato otg;mizador sino al
i '
i . el de "marginal izado genial" o el "precursor ignorado". La suya es contrario una proliferación, una división, una repetición negativa~
1 1
una negatividad que supone una singularidad: Di Benedetto .es un una serie de transgresiones genéricas. El origen de la escritura en
1
"fenómeno" literario, es lin escritor antidásico, que practicó una. Di Benedetto esraría por lo tanro del lado de la fragmentación,
literatura inacabada, silenciosa, inestable, en cambio constante tanto del cuerpo y del sujeto (invadido 1 muhiplicado en reAej_os
(como lo era su firma, que él variaba sistemáticamente). Un escritor deformantes, mutilado) como del relato (una novela desmontada
que no cabe en el molde uniforme de la canonización, un escritor en segmentos similares y diferentes}~ así como estaría en un proceso
11
extrafio o, mejor, un escritor de la exrraficza, del extrafiami'enco, de deshumanización (el inundo humano convertido en mundo ani-
términos que, a falta de otros más específicos, parecen calificar acer- mal, las relaciones amorosas reducidas a formas geométricas).
tadamente sus textos. Sólo después de estos dos libros se da la éscritura de un gran re-
lato (en cl.semido de la extensión y coherencia), .la novela histórica
Znma, primer eslabón de lo qué sería una trilogía completada en
La presente edición de Cumtos compktos permite en. todo caso
esbozar algunas pistas de comentario sobre el: ritmo, las caracterís- ~ jimena Néspolo analiza detalladamente esa· "entrada en cscriturn~ dc:lautor cn.su
ticas y las fechas de la producción literaria de Di Benedeuo. Por lo libro Ejuririos de pudor. Sujeto y escritum m 111 nam1ti1111 de. Antonio Di BmttÚtto
pronto, sus dos primeros libros (Mundo animal y El pmtágono son (Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2004, pp. 23·84), subrayando la falta de color IOC'II
como marca fundacional de su cscritul':l. Se tl':lta, en regla genero!, del csrudio m:is
serio e informado que existe sobre la obra de Di Benedetto; mu~as afirmaciones de
2 Humor, no 203.agosto de 1987. la presente introducción podlin ampliarse o completarse consultando ese trabajo.

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l .......
los sesenta con El silmcin-o y Los micidm. Paralelamente, los postu- forma. narrativa autónoma de las novelas. Con las particularidades
lados de una po~tica del fragmento, de la deshumanizaCión y de la que le da Di Benedetto, el cuento es el laboratorio de una escritura,
transgresión formal, se prolongan en dos orientaciones opuestas: el cimiento del proyecto, la estructura que pr:efigura toda posibilidad
por un lado, con un volumen mucho mas extremado en sus princi- de relato; en él se expanden algunas de las mejores páginas del autor
pio~ narrativos de reificación de lo humano (Dtclinación y Angt/), (las de. "Caballo en el salitral", "Aballay", "Obstinado visor", "As,
y por el otro, con dos libros (Cumtos claros y .El cariño de los tontos) y otras más). Si el cuento o, mejor, l::t forma breve, es el punto de
que integran personajes y situaciones más "claros" {como lo afirma partida y de llegada de la trayectoria de cre::tóó~. es, también, el es-
el drulo de uno de ellos), es dedr más legibles por su diálogo direc- pacio privilegiado de la innovación, del experimento, de la variación
to con tradiciones realistas, temáticas regionalistas y tramas argu- gen~ric.a ({datos realistas, psicológicos, de ci~nc;:i.a ficción, policiales,
menrales Umpidas. Pero la incorporación del desierto y la mohta- históricos), hasta a veces desestabilizar la arqui~~urn de las novelas
fia, así como de personajes, lenguajes y situaciones no urbanas, sé (como sucede con El pmtdgono y Sombras, mula mds.. . ). Expansión
lleva a cabo, como se verá más adelante, respetando los· postulados del fragmento, crispación existencial de la forma, USQS pe,culiares de lo
iniciales de extrafiamiento discursivo, inestabilidad del sujeto, for- regional y de lo fantástico, inserción lateral en la literatura argentina,
ma entrecortada, irrisión generalizada. {y hasta de grotesco, que era serían entonces las grandes características de la trayectoria del autor
el sentido del primer tírulo de Curntos claros, Grot). Es decir que el y, en todo caso,las caracterfsticas mayores de los cuentos que, en esta
paso a una gran novela situada en la historia colonial (Zama) y la introducción, merecen algún desarrollo complementario, buscando
introducción del paisaje mendocino y de temáticas regionalistas en así circunscribir,~¡ 110 d~finir,la extrafieza.de la prosa de Oi Benedetto.
la obra (Cumtos claros, El cariño dt los tontos), prolongan la deshu-
manización y la fragmentación de los dos primeros libros. Sólo se
puede nombrar lo propio, sólo se puede narrar la historia, después Aunque podría. considerarse que las tres novelas de dicha "tri-
de haber delimitado una posición de perplejidad est~tica y existen- logía" (Zama,_ El silmcitro, Los suicidas) representan, el centro de la
cial radical. Y nótese que al final de la producción y luego de una producción, la forma breve sc;ría el molde de la frase y la prosodia
pausa significativa (en diecisiete afias Di· Benedetto sólo publica dibenedettianas (o sea, de su estilo). Una lectura atenta muestra
dos novelas), la última parte de la obra parece dominada de nuevo cómo el fragmento funciona en tanto qu,e unidad mínima de cons-
por la generalización de los cuentos {en Absurdos y en Cumtos dtl trucción de sus .relatos1 aun de los más extensos. La estructura en sí

~e los textos (capítulos escuetos divididos en secuencias, tendencia
!
ailio), que son una variación sobre la pérdida, el desajuste existen-
cial y el desarraigo. Todo esto lo enconttánios también en Sombras, a la miniescena, con planteamiento y resolución propios) y dd dis-
nada más... , uña novela que se presenta como una serie dispersa de curso (párrafos y frases cortas) llevan la marca de los períodos breves
relatos de suefios, con "episodios de aparición repentina sin solu- y más generalmente, de la ruptura como m.odo .narrativo. Esta afir-
ción ni epílogo propio"" y sin un eje narrativo específico. mación es ante todo comprobable en lo que seda entonces lo más
Vemos entonces que en una clara tradición latinoamericana el específico del estilo dibenedettiano, es decir ese ritmo o escansión
cuento no es, para Di Benedetto, un espacio menor de entrada pro- producidos por el uso agudo de la interrupción de lo dicho, per-
gresiva en los grandes relatos, ni es tampoco, como en Cortázar, una ceptibles desde el nivel más elemental de la frase y el párrafo hasta
la serie de acontecimientos y el encadenamiento causa-efecto que
permiten el avance de la. narración. Citemos un ejemplo singular
4
Antonio Di Benedetto, "Cronología y método•, Sombras. ntü/4 mds... , Madrid:
Afi:mn, 1985, p. 9. por ser un episodio de tensión situado en el desenlace de un cuento,

lo 11
"Aballay"·. Se u'ata del encuentro final entre un gaucho estilira en la: decible, lo no narrado). En las pausas, en la exposición del silencio,
pampa del siglo XIX, Aballay, que ha pasado largos afios expiando en la. combinación de percepciones, deducciones y narraciones, se
la muerte de un hombre, con el hijo de este último: amplifica y prepara el desenlace trágico: la violencia, la vcnganz.1., la
muerte que ronda entre los dos personajes. Asf se subraya también
Siempre piensa en el gurí que le hincó la mirada. la textura verbal, las resonancias, los ecos :y otros efectos fónico-se-·
Pasan años. Un día se encuentra con esa mirada. mánticos que esta misma escasez induce -al Ígúal que en 1la poesía-:
Sabe que el nifio, hecho hombre, viene a cobrarse. la palabra dibenedertiana és "pes.'lda" por so dra.m:itica parquedad.
Lo ha seguido, el mozo. Lo topa en un c:~ñaveral. Véase, en el ejemplo citado, la recurrencia en fin de frase de dos
Podría parecer un santón de poc:~ edad, en digno c:~ballo. Trae tem- susranrivos, "mirada" y "padre", que funciona como una puesta. de
plados los ojos, pero decididos. Igual que Aballay, está. en harapos. relieve rimáda: la repetición, la. fata.lidad, la acusación, el. dolor de la
Le comunica: filiación, están allf su·geridos. El minimalismo, lo compacto de los
-Lo he busc:~do.
períodos discursivos, son los que se expanden en modalidades de
-¿Mucho tiempo ... ? organización globales: el. relato dibenedetc'iano esrá casi siempre di-
-Toda mi vida, desde que crecí. vidido en minisecuencias, a veces de pocas lfncas pero relativamente
No pregunta, afirma: autónomas, separadas por espacios en blanco que ·a su v~ terminán
-Conoció a mi padre. componiendo secciones breves (en general divididaS pot tres sobrios
Sería ocioso pregunrarlc quién es él y quién era su padre. asteriscos). Una obra, todo un corpus, en forma de cuentos.6
Asf, (rente al acontecimiento y a la experie-ncia se instala una
Le pide:
-Sefior, eche pie a tierra. (p. 337) subjetividad extrafiada, cuando no espantada, scfialando constan"'
1 cemente lo callado: el tartamudeo podría ser la posición del narra..:
i 1
En el fragmento se nota cómo el lenguaje dibenedettiailo está dor dibenedetriano, que muchas veces és ta.mbién el protagonista
marcado por una cadencia sincopada que sería el paroxismo de un de lo que cuenta.- O Sea, alguien viene a balbucear su propia his""
estilo, tanto discursivo como de estructuración del relato: fms·e.-pau- toria: cuento tallando. El hiato, la elipsis, lo'lacónico; lo sugerido,
·:
sa-frnse-pausa. Esta manera de llevar adelante la acción ciene que lo sincopado, son en todo caso las marcas estillsticas del desajuste
ver con una focalización: la narración integra constantemente una erute el sujeto y un mundo ajeno, el ritmo de una observación
subjetividad ante lo que sucede, gracias a ese vaivén entre la acción interrogativa o, si se quiere, una modalidad de integración -de
y el sujeto (acciones explícitas o implícitas en este ejemplo: pensar, no integración- en lo ·real. Escritura negativa, por supuesto, que
1.' saber, parecer, ver, recordar, etc.), de un sujeto situado, como lo afir,. no puede sino ser asociada al silencio, esa obsesión de uno de los
ma Sergio Chejfec, én d entrecruzamiento de "percepción, acon- personajes de escritor más fuertes de la obra, el silencitro. ·Porqlle
tecer y recuerdo".s Porque ese vaivén pasa por el uso sistemático
' 1
de periodos cortos y del punto y aparte, que introducen un ttmpo 6En un reportaje del final de su vida, Di Benederto declaraba que l:t ley fundamental
semánticamente sugestivo (el de la observación, el de la reAe.xión; de su escritura cm l:t economCa: "Economra de las palabms, no abundar en ellas y,
el del interrogante) pero también .negativo (el de lo callado, [o in_. por el contrario, elegir la que se:t m:is precisa, la que m:is aprese. Esa es la ley" ("La
soledad como protección", cñtrcvista, m Sinlmbargo h 1O, Sevilla, julio-diciembre
0

1998, p. 5). Sobri: cl desgloSe de Znmn en "microhistorÍas" en rel:tci6n con efecros


¡r
i "La lenta mornl del relato• en Guillermo 52:tvedra, LA roriosidtzd imp~rrinmu. de sentido, ver: JuJio Schvarttman, "l..ls razones de urna•, en Mimlmrka. l«IUIW
EntTn!istas ron nArrtzt/g"s argmtinos, Rosario: Be:ttriz. Viterbo, 1993, p. 152.
argmtinas (cunrionn tÚ tktalk), Buenos Aires: Biblos, 1996, pp. 63-72.

12 13
la marca mayor sería entonces la de escribir callando, haciendo
1
1 •

vimos) en tamo que cimienros de una literatura marcada por el


: 1 $Hendo, exponiendo lo no dicho en pausas duras, que introducen,. pensamiento existencialism serán dos características mayores de la
.. más que un efecto musical, una. impresión de extrañamiento en el
sentido formalista del término (la ostranmie): una desa_utomatiza-
obra por escribirse. Un discanciamienro narrativo transforma al
sentido en enigma, dejándole al .lector construir el resultado de lo
1 ción de la representación, una desfamiliarización de lo conocido. narrado. Un interrogante impl!cito (pero con resonancias éticas)
1
El extrañamiento también se deduce de la radical antinaruralidad reemplaza así la afirmación plena.
del estilo, de su extrema visibilidad; antinaturalidad y visibilidad
que no son las de la profusión o la invención léxica sino que se 1~ Por lo tanto, las incursiones· de Di Benedetto en "experimen-
ms" narrativos no pueden asociarse simplemente a posiciones van-
producen con una gran economía de medios: el decir indirecto guardistas ni metaliterarias rígidas, sino que habría. que poner los
con agudas analogías, precisiones que resultan abstractas y que se postulados de los. dos relatos publicados en 1958 en Declinación
sitúan a veces en los Irmites del anacoluto (en "Aballay": "le hincó y Angtl ("Declinación y Ángel" y "El abandono y la pasividad;,)
la mirada", "templados los ojos", "lo ha seguido, el mozo", "lo topa en la perspectiva del resto de la obra. 8 "Declinación y .Ángel~ co-
en un cafiaveral"), cuando no se elige sistemáticamente el. término rresponde a lo que Di Benedetto llamó una "abdicación a la lite-
descomextualizado, fuera de todo uso coloquial o connotado, la ratura de la técnica cinematográfica", ya que intenta narrar una
rareza, lo insóliro, creaodo así una especie de idiole.cto neutro,. y historia a partir de imágenes visuales y sonidos, imÍtando varios
por eso mismo fuerrememe original y reconocible. procedimíentos del lenguaje cinematográfico (montaje, fragmen-
La estructuración de la frase, el párrafo, la secuencia y el relato tación en planos, cámara, encuadre, escenas, simultaneidad, etc.).'
,." a partir de la brevedad y la pausa correspooden con un gesto ex-
perimental que encontramos en todo el corpus, as{ como encon-
En vez de un narrador o un reflecmr, el punto de vista aparece
transformado en una máquina que registra y enmarca la realidad,
,, tramos una. dimensión digamos existencial. En la edición de 1953 sin comprenderla, simplemente reproduciendo los estímulos que
de Mundo animal aparece una aclaración liminar del escritor que ésta le propone. Ahora bie·n, el inrento de imitar imágenes cinema-
puede leerse como el prólogo para. la obra en su totalidad y en el tográficas en un texto narrativo explica el uso de una focalización
que figuran esos dos niveles. Por un lado, algunas precisiones del a menudo deformante, mutilante, sesgada (como lo es en general
escritor imentan volver inteligibles los extraños textos que siguen, el estilo dibenedettiano), focalización que termina atribuyéndole
oriemándolos hacia una dimensión moralista y por lo tanto inscri- una extrafieza y una tensión a esa, historia de celos y deseos, mucho
biéndolos en la óptica de alegorías o, mejor, de fábulas. Por el otro, antes de que se produzca una tragedia en el desenlace (desenlace,
se adviene que se introducirá al. lector en el "juego de la literatura. de nuevo, con times de moraleja). La supUeStá ignorancia de la
i 1 evolucionada", anunciando una indeterminación programática del.
sentido y un espacio de liberrad interpretativa.7 La crispación for- 1
Nótese, hecho c:xtnñfsimo, que la edid6n princtps de estos cuentos era bilin¡;Oe
mal y la ambigüedad semántica (cuando no el laconismo, como castell:ano/ingl6.
9 '"De~inación y Ángel' es el que tiene más rcfétc:ñcia 11 los contagios del cinc. Es un

cuento de noventa páginas y esr:i n:1rrado exclusivamente con im:igc:nes visu:ales (no
1 Antonio Di &nc:detto, Mundo animi1l, Mendoza: D'Accunio, 1953, p. S. En el litc:nrias) y sonidos. Fue concebido p:ant qué ada acción pueda ser fotografiacb o
prólogo de l:a rcc:dición de 1974 de El pmtdgono (con el tíruJo Annabtlla. Novt!tz tn dibuj:ad:a, en todo caso termine de cxpliarse con el diálogo, c:l ruido de los objetos, o
fonna tÚ n~tntos, Buenos Aires: Orión, 1914) se refiere al proyecto del libro como simplemente l:a músia. Es una abdiación 11 u litenttur:a de l:a t&nica cinc:matográfia,
un:a pretensión "de h:acer :algo distinto" y un intento de •con tu de otn manen" (p. no escriu como guión sino como narrativa." •Antonio Di Benedetto, 'La culpa de
12), o se:1 que se afum:a u mism:a inscripción en un:a literatura "evolucionada" o al haber n:tcido'", resumen del progntma de la televisión esp:ú\ou "A fondo" del 17 de
menos de rcn~ción formal. septiembre de 1978, publicado en Ttk &Jio, Madrid, 1978, p. 615.

14 15

1-'-'----.L...----~-----~------- - .. ----
instancia .narradpr;1. (se narra sin saber que se narra,, simplemente desaparición. La historia .(lo que sucedió antes del instante de la
se narra "rnom<mdc;>"), desemboca en una aguda deshuma'nización escr~rura o.de.(a lectura) no es narrable.
de personajes y sentimientos. Cierto es que la historia literaria ·posterior a los cincuenta lle-
En Cl]anto a "El abandono y la pasividad", el relato .sería el r~­ va a leer D~clinadón y Angfl desde las vanguardias de los s~enta
sul~ado de un desafio, el de contradecir la. opinión CJCpr~ad,a por '1 como un ej~rcicic;> precursor del Nouvtau roman (el propio Di
Ernesto Sabaro sobre la imposibilidad de escribir un relaJo ~in pc;r- Benedeno alentó esas lecruras, dando lugar a algunas polémicas
~onajes.10 El texto que leemos es·una descripción diacrónica de una sobre el tema). Sin dejar de valorar ;la originalidad, del libro, quizás
habitación, es decir que el cuento da cuenta de lo que sucede en él, resulte más pertinenrc respetar su especificidad: ni eco cardlo de
d~ las transformaciones posteriores a la partida de una mujer (par- los años veinte ni "invención" ignorada de nuevas modalidades de
tida que tiene connotaciones de un abandon_o amoroso), .hasta la narración; sil'lo más bien otro avacar de una concepción formalista
llegada de un hombre al. mismo lugar, desl?u~ d.e un tiempo inde~ de la. literatura, inherente al siglo XX y a la modernidad, que su-
terminado pero importante. La habitación se d~rad.a en ese. lapso,., pone que no hay gran escritura literaria sin una relación reflexiva y
y en particular se degrada una. car~ deja<la por la. muj,er. El men- hasta conflictiva con los códigos utilizados, una exhibición proble-
saje, que se supone hubiese podido ~pljcar las circunstancias de matizada de Jos componentes del relato, una distancia. dubitativa
una separación, se vuelve ilegible: en ~1 papel, mojado por el agua que dé cuenta de lo incierto de la representación, una palabra que
de un Aorero, ajado por el sol, eo,suci~dp por el polvo, ·la escritura se interrogue a sí misma. La forma del relato, las modalidades de
se borra. El tiempo transcurrido impide la comprensión del texto, la focalización, la relación con el lenguaje, son espacios para re-
impide aclararlas coordenadas de una pasión o contar las cir.cuns'- presentar una incertidumbre existencial, una crisis del sujeto, un
tancias de su ft:\lqJ.SO. Este breve relato termina con un intento escepticismo sobre el sentido. La apasionada reivindicación de Di
de lectura, indirec~mente narrado: el "papel" se acerca. a la luz y Benedetto por parte de Saer se explica, ante todo, por esta cons-
"tiembla un rato inacabable ante los lentes redondos". El homb~:e tatación, que corresponde con algunas de las ideas centrales del
(deducimos} no logra descifrar lo escrito: el mensaje "no se entrega. proyecto literario del escritor santafesino.
No es más un r:nensaje" (p. 189). Este relato sin personaje retoma, Porque en los relatos más "experimentales" enconrramos a la vez
a decir verdad, el rnodelo de la creación en Di Benedeno (o lo qúe la deshumanización, la fragmentación y la extra.ficza, lo que per-
apareda como justificación legendaria de la innovación}: la pérdi- mite comprender entonces la coherencia latente entre estos textos
da, la deshumanización, la fragmentación. La carta borrada sería extremados (a los que podría agregarse, desde otra perspectiva, El
.la imagen paradigmática de un proyecro de escritura: la escritura p~ntdgono) y los más lineales y "clásiq>s" del escritor. Un comef\-
como una mancha, que fue sentido pero que sufrió un proceso de tario similar podrra hacerse sobre la variedad genérica y temática
deformación, de ocultación.. de represión, que la convierte en :~n de estos cuentos completos; bajo la aparente variedad y multipli-
dibujo no figurativo, ahora incomprensible; la escritura como una cidad encontramos postulados estilrsticos y existenciales similares
cicatriz dejada por un abandono ya sucedido; la escritura como que vuelven homogéneo un corpus en el que figuraría la literatura
una práctica sin mensaje, sin comunicaCión, hecha por lo tanto de fantástica (en ;Mttndo animal, Absurdos y Cttmtos dfl o:ilio particu-
silencio ininteligible y amenazada constantemente por la propia larmente),los cuentos policiales ("Los reyunos", "Ortópteros"), los
relatos históricos ("Felino de Indias", "Caballo en el. salitral", "Aba-
)1
10
llay"),las fábuJas y apólogos (en Mundo animal y Cumtos tklo:i/io),
•Lentamente estoy volviendo al exilio• (entrevista), C/4rln, Buenos Aires, 14 de
julio de 1985.
la ciencia ficción (''En busca de la mirada perdida"), el melodrama

16 17
("Enroscado'\ ''Pez"), las comedias grotescas ("ftalo en Italia", "El siones, -amenazas, degradaciones, expulsiones, se suceden en los re-
juicio de Dios"), etc. Esta serie de categorlas es relativamente fon.a- l;uos como acontecimientos espantosamente banales. La literatura
da y sólo muestra la capacidad de reconstruir; con esquemas narra- fantástica en la versión dibenedettiana supone también la puesta
tivos diferentes y tramas variadas, una constancia que podría resu- en escena de un sujeto sufriente y conflictivo, que muchas veces
mirse en un desajuSte e5trucrural entre la palabrn, la enunciación, la. acrualiza la figura de un ingenuo culpable o de un inocente-acusa-·
narrnción por un lado y la realidad por el otro. Una literatura ajena, do, o de una víctima responsable.
un hombre que se siente ajeno. Las opciones estilísticas, constructi- En cambio, sería diflcil identificar en estás ficciones una especi-
! '
i 1
vas y genéricas de los relatos de Di Benedetto afirman ese desajuste, ficidad genérica que las diferenciarla de otros textos más "realistas".
ya que no oponen vigilia y sueño o vida e imaginación, sino que MientraS que Cort:izar integra la irrupción de lo otro perturbador
perciben al mundo como una dimensión más en el universo de las en una coddianeidad neutra o Borges inventa la desescabilización
pesadillas, como una serie de ominosos enigmas. caótica de la lógica desde el sistema rncional de pensamiento, en Di
Benedetto no hay una confrontación de dos realidades o dos dimen-
siones opuestas. É se encuentra quizás más cerca de las particulari-·
Esta constatación general es sobre todo pertinente, claro está, dades de lá literatura kaflciana: una percepción onírica del mundo,
en la problemática adhesión a la categoría de "relatos fantásticos" en donde no se puede distinguir lo real de lo soñado, lo temido de lo
que a menudo se le aplica a parte de su producción. Muy tem- sucedido, .lo verosímil de lo inverosímil, construyendo en sus textos
pranamente, ya en los afios cincuenta, Di Benedetto sugiere Una alegorías infinitarneme significativas. Un universo pesadiUesco, sin
filiación borgeana para su obra, inscribiéndola en la órbita de un afuera, una normalidad o un punto de referencia en donde refu-
la. literatura fantástica; al final de su vida vuelve a reivindicar su giarse. Lo fantástico, no como lo desconocido y temido que irrum•
pertenencia a esa corriente, afirmando haberla estudiado meticu- pe, .sino comó Ja materia íntima de la realidad, como el grado cero
losamente." En 1958, una anécdota reúne las dos referencias: el de lo real, como una manera de-mirar. En ese sentido, lo que podría
entonces director de la Biblioteca Nacional, Jorge Luis Borges, lo~ denominarse la literatura fantástica en su obra es una peripecia más
invica a dar una conferencia sobre el tema, conferencia comentada de la extrañeza y la deshumanización que vimos en los textos de-
luego en los diarios porteños: un reconocimiento nacional y una nominados experimentales. Tampoco habría diferencias esenciales.
ubicación en el mapa de autores argentinos se perfila entonces en entre, por ejemplo, dos cuentos de Cutntos tÚ/ ai/io: "Recepción",
ese acontecimiento. Ahora bien, en un nivel estricto, esta clasi- en donde con una leve lógica onírica, un hombre es discretamente
ficación es discutible y habría que limitarla a aspectos temáticos rechazado por amigos, conocidos y familiares durante una fiesta (o
sobre codo presentes en Mundo animal y Cumtos dtl txilio: espejos, sea, la puesta en escena de una sutil extrañeza sin acontecimientos
animales teratológicos o mezcla de la animalidad con la humani- inverosímiles ni realidades diferentes), de otro relato, "Bueno como
dad, metamorfosis y fantasías anatómic.1S, el poder del sueño y el pan", en el que un sentimiento de culpa Ueva a la metamorfosis
del pensamiento, espacializaciones deformantes de la conciencia, de un hombre- en pan y en migas desperdigadas por una calle (un
variaciones temporales. En ese contexto, el cuerpo y la casa son uh desenlace francamente sobrenatural con times alegóricos).
terreno de enfrentamientos y transformaciones: invasiones, distar- Los postulados de escritura de Di Benedetto lo asocian con una
filiación subterránea de la licerarura hispanoamericana, que prolon-
ga la literatura fantástica en textos sin acontecimientos ni sintaxis
11•Antonio Di Bcnedctto: entre los gnndcs namdores llrgcrttinos" (cntrevisr:a), La
Prtnsa, 26 de febrero de 1984, p. 6 (cimdo por jimcna Néspolo, op. dr., pp. 41-42). de ese orden, concentrándose más bien en efectos y sentidos seme·

18 19

I....L-L-~--~--~--~--~-- - --
james a los textos clásicos del género. Con prácdcas muy variadas, ramente, la inscripción en esa filiación implica..a la vez la búsqueda
podrían incluirse en esa corriente a Felisberco Hernánde1., Silvina- de un esprtcio de libertad (la lirerorura fantástica. en Argentina tiene
Ocampo o Virgilio Piñera, por dar algunos nombres. Son escritores sus letraS de nobleza en la innovación estética y Ja capacidad de de..
que retoman las preocupaciones de la lireraruro fantástica (puestas sarrollar problemáticas éticas y epistemológicas originales) y también
en escena. de perrurbaciones de la identidad, de lo turbio de las pul- un gesto de oposición o resistencia (ante d realismo imperatne en los
siones, de la pesadilla de la modernidad), pero sin d despliegue de cincuenta, el coQ'lpromiso de los sesenta y la combinación de ambos
una parafernalia temática y a. veces sin, ni siquiera, acontecimientos que podría ~er la lireraruro regionalista). Elegir lo fantástico es elegir
sobrenarurnles. Lo f.1nt:istico como impresión y no como fenómeno una.filiación o fumiliaimelectual (Borges, Sur), como manera de ins-
argumental, como horizonte y no como mecanismo narrativo, como cribirse en el campo literario de _la época, legitimando as! ciertas op-
focalización y no como peripecia. 0, ejemplo opuesto y- simétrico, cion~ estéticas, sin que esa_ filiación sea plenamente reconocible en
haciendo de lo más extraordinario y sobrenaturnl lo más banal -lo l_as características de la adpica producción del escritor: me.ndocino ..
más insoportablemente banal-. En ambos casos se borra la idea de
una irrupción o cltoque entre dos mundos, creando una extrafieza
.1 1 que vuelve difícil describir esos textos inclasificables. Las lecruras de Al respecto cabe recordar algunas_ pautas de integración de la
Freud y la utilización literaria del psicoanálisis son, quizás, la especi- tradición, Jo local y lo regional como complemento de esta cons-
ficidad de una. práctica literaria en la que se le atribuye una especie rr.ucción de una ,filiación literaria. Escrita desde Mendoza con un:i
de valor de verdad al espacio del suefio, trama secrcra de todos los. voluntaria omisión de Buenos Aires y sus trndiciones culruroles, la
comportamientos. Y si el suefio es la figura de lo liternrio en Di Be-' obra de Di Benede~to establece una compleja ·relación con la cit.¡.,.
nedetto, al sueño habría que entenderlo en rres niveles diferentes: dad en ran_t_o que espacio literario. En ·un pl'imer nivel de. lectura
un sueño a la Borges (es un sueño dirigido), un sueño a la K:lfka- se· puede ob~~ar un rechazo Yehemente de cualquier localización
(una pesadilla culpabilizante), pero también un sueño a la Freud (el limitativa de sys relatos: .las intrigas de MtJndo animal-o de El pmtd'-
sueño como un relato hecho de claves oculms y determinantes, de goflQ e,stán simadas en un éspatio urbano neutro, innominado y ge•
pulsiones inconfesables en lucha con la censura y la ética, el sueño nerali1JUlte,lo que va. a prolongarse e.n muchas ficciones posteriores,
como una máquina de narrar). Por lo tanto y a partir del psicoa,.. c~entos o no.vclas. El sikncitro, por ejemplo, está precedido por una
nálisis se percibe a la realidad como una construcción subjetiva, a.cJ!\roción del autor, casi un epJgrafe programático, que afirma: "De
como una urdimbre de deseos y fantasmas. Significativamente, una. haber ocurrido, esta historia s_upuesta pudo darse e·n alguna 'ciudad
constatación semejante puede llevarse a cabo en el caso al menos de d<; América Latina, a partir de l~ posguerro tardía (el año 50 y su
Felisberto Hernández y de Virgilio Piñcrn. Porque el concepto en después resultan admisibles)"_, declaración válida para casi todos los
sf de extrañeza, varias veces utilizado aquí, no es ajeno a la lectura cuemos urbanos del escritor, El borrado toponímico y referencial
frcudiana de lo f.mtástico -el wzh~imlich, la inqui!tantt ltrangtt! en. de muchos textos suyos corresponde .c:on la.construcción literaria de
su traducción francesa-, es decir la confrontación con lo amenaza- U!la esfera particular, autónomayconAicriva. El mundo reflejado en
dor que es, de hecho, la otra cara de lo propio y lo fumiliar. un "mundo animal" y narrado como un "absurdo" -retomando los
En este sentido podemos interrogamos sobre el objetivo de la dtulos de dos libros-: ése es el gesto de escrituro de la realidad, ésa
adhesión explicita de Di Benedetto a la trndición de .literarum fnn- es la manero de situars.e anJe el realismo. Antirrealismo que conlleva
tástica, si no se entiende como literatura .fantástica a 'toda literatura una posturo de reinvención interpretativa del mundo, a partir de
no realista o no referencial en el sentido más lato del término. Segu- una posición de exrrafiamiemo y de no pertenencia que tiene que

20 21
1:
1 .

ver con la posición de un escritor mendocino en el sistema literario Esta conclusión es útil para observar la otra cara de la escritura
argentino de los años cincuenta y sesenta, pero sobre todo con una dibenedettiana, que se caracteriza por una. serie de desplazamien-
1 ~ 1 especie de metafísica de la aterritorialidad, un escribir desde afuera, tos dentro de cierta. u·adición de oposición pampa/ciudad y civili-
1• ••
1 1 desde lo ajeno, desde el margen, posición que va mucho más allá de zación/barbarie. Es decir toda la vertiente de su obro que recupera
las coordenadas regionales de Mendoza. Un escritor desamparado. el espaciQ del desierto, de la montaña y en general de lo no urbano
En ese sentido es significativo que su tercer libro, Zama, elija una (en "El juicio de Dios", ".El carifio de los roncos", "El puma blan-
posición dos veces excentrada. Primero tempornlmeme, ya que es co", "Los reyunos", "Ortópteros.., "Pez''. "Cªb;tllo en el salitral.. ,
una novela situada en el pasado histórico del Virreinato, pero en un por ejemplo). En estos textos vemos que se realiza una doble ope-
pasado (últimos afios del siglo XVIII) sin acontecimientos centrales ración: por un lado, el conflicto fundacional del espacio argentino
para la fundación de los países del .Plata• .Luego, espacialmente, en (Buenos Aires/la pampa) se desplaza hacia una oposición ciudad/
la medida en que se desarrolla en un lug:u lateral dentro el mapa no ciudad centrada en el contexto mendocino, lo que es una ma-
virreinal (Asunción, como un reflejo de Mendoza, en vez de Bue- nera de modificar lateralment~ la tradición. Así como la ciudad
nos Aires) pero también del mapa cultural (la novela termina en el ya. no es Buenos Aires sino una imprecisa Mendoza, la pampa se
!'1 j corazón de la selva en vez de hacerlo en la inmensidad connotada ha convertido en un verdadero desierto, el que domina el paisaje
1
1 de la pampa). Semejante aterritorialidad es una manera de defender de esa provincia. Muchos relatos del autor retoman la oposici.6n
la especificidad del espacio literario, o de afirmar un extrafiamiento entre la ciudad. y la no-ciudad como elemento estructurante de la
radical ante lo propio, aunque ese principio lleve también a ver concepción del espacio nacional. Pero la retoman con una mar-
Mendcna de otra manera o a modernizar su representación litera,.. ca imaginaria que. desdibuja sus valores ideológicos: la oposición
ría: la sefiorial ciudad provinciana se convertirá, en muchos textos, toma visos de una confrontación entre d yo y el no-yo, entre el
en una urbe moderna alienante y anónima.. Y nótese, volviendo a mundo consciente y el mundo incontrolado de la indiferenciación
las marcas particulares del estilo y a Zama, que es aJ inventar una hostil, entre lo humano y lo animal (o entre la razón y una peli-
lengua capaz de narrar esa historia alejada (en el tiempo y en el es- grosa animalización del hombre). Fuera de la ciudad, más allá de
1 pacio), en el. artificio de una. seudo lengua del siglo XVIII, que Di la casa, de la calle,. de la construcción, comienza un espacio arcaico
11 Benedetto termina de forjar algunos procedimientos retóricos que en donde fuerzas incontrolables amenazan los proyectos de progre-
•1
,: serán características permanentes luego (dijimos: anacoluto, extra- so humano, pero que sobre todo ponen en duda la identidad, la
fieza léxica, aminaturalidad sintáctica). O como escribe Saer~ refi- conciencia, el control racional de un universo regresivo. A partir de
.1 riéndose· a la lengua en la que está escrita. la novela, un estilo fuera esta especificidad, se puede afirmar que Di Benedetto propone un
de toda época determinada: "no se trata de una imitación pedestre a ,nuevo avatar de la dicotomía civilización y barbarie, actualizando
la manera de nuestros neoclásicos, sino de un sabio procedimiento algunos tópicos: la inanidad de los proyec;tos de desarrollo {en este
alusivo y secundario incorporado a la entonación genernl de la len- caso el ferrocarril} frente al condicionamiento telúrico en "El' juicio
l. gua. personal de Di Benedetto." 11 .Esa "entonación general de la len- de Dios, o en "Ortópteros", la barbarie animal que irrumpe en una
gua personal", ese escribir como un "sabio procedimiento alusivo y civilización precaria en "Pez", la maldición geográfica en "Caballo
secundario", se definen en el afuera, en el margen, en la frontera del en el salitral", la presión de la inmensidad como condicionante de
territorio, de la historia y de la. cultura de Argentina. la ';'ida en los pueblos aislados (las langostas de "Ortópteros"), etc.
.El desplazamiento es entonces también el paso de lo ideológi-
u Juan J~ Sacr, "ZAmd', en EJ amapto tk ficción, Buenos .Aires: Aric:l, l 997, p. 49. co-cultural (la propuesta sarmientina. y sus peripecias posteriores) a

22 23
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una lecruta imaginaria, material, subjetiva del fenómeno. En Já serie liación. ficcional y problematizadora de la figura del gaucho, sino
de teXtOs que marcan Ja esrrucruración del mapa argentino en tér- que puede considerarse como un texto magistral que "cierra~ cierto
minos literarios, Di Benedctto lee la subjetividad, las próyecciones tipo de ficciones al respecto. ".Aballay" es la his~oria de un gaucho
afectivas, la capacidad de fantasear o soñar el espacio (características estilita, un g:\Ucho que decide expiar una culpa no bajándose más
presentes en el Facu11do y a veces dominantes en Radiografta· tk la del caballo. El punto de partida de la intriga es un duelo, anterior
pampá). El espacio de la no-ciudad es ese espacio de la barbarie (Sar- al tiempo de la historia, en el cual Aballay mara a un hombre y
miento), de un determinismo negativo (Mardnez Estrada), pero es guarda en la memoria la mirada acusadora del hijo de éste. Una
también la. pantalla de proyección de un universo ínrim_o. En ese referencia hecha al pasar por un predicador en la pampa lo lle-
caso, el desplazamiento de la pampa a Mendoza deberla tomarse va a imitar el ascetismo de los estilitas de la Antigüedad: en vez
como una posición de lectura: de Sarmiento a GUiraldes, de Mar- de subirse a las columnas que. quedaron después de la destruc-
dncz. Estrada a Borges, la escritura del desierto aparece aquí mar- ción de los templos paganos, Aballay va a subirse "para siempre"
cadamente intertextual. Representar el espacio mendocino es u·na a. su caballo y a expiar su culpa. con una vida de sacrificios y de
manera de integrarlo, no en una geograffa, sino en una biblioteca. largos recorridos por la pampa.. En algún momento, y huyendo
El mecanismo es particularmente visible cuando en ese marco apa- de las patrullas de soldados, debe internarse "tierra adentro'':. del
recen reescrituras de textos de otras literaturas, como por ejemplo otro lado de la frontera, en el mundo de los indios. Su regreso
•' en "El cariño de los tomos", que puede tomarse como una versión es el inicio de una transformación involuntaria y paradójica: le
mendocina de Madamt Bovary; o en "El puma blanco", en el que van naciendo "mitos", "historias", y la gente termina tomándolo
la búsqueda de un puma en la inmensidad cordiUerana se convierte por un santo; casi involuntariamente, él mismo se adapta a su pa"'
rápidamente en una quimera enloquecedora, o sea en una variante pel de "hombre-caballo" puro, sin que el malentendido sobre la
andina de la ballena blanca de Moby Dick. 13 Vemos entonces que Di santidad calme los reclamos de su conciencia. Por fin el hijo del
Benedetto recupera el espacio no urbano con una dinámica inter- muerto, ya hombre, le sale al encuentro y lo desafla a un segundo'
texrual de apropiación: por un lado la dicotomía de civilización o duelo, simétrico al primero. Aballay; fatalmente, vuelve a matar
barbarie se encuentra anulada por la doble negatividad, por la extra- y, al bajarse del caballo para ayudar al herido, muere él también.
ñez.'l simétrica de los dos mundos, por fa irrupción de ló imaginario, La intriga, así resumida, contiene una serie de ecos intertextua-
es decir que se la trata como tema líterario con cónsonanciás me- lc:S fuertes que merecen algún comentario. Lo primero sería asociar
tafísicas, Por el otro, Flauben puede sencillániehte reescribirse con la transformación de este gaucho en una especie de santón errado
regionalismos y con una fuer:te tipicidad local. Si las comparamos con toda. una tradición de lectura del: Martln Fitrro, desde Rojas y
1 con las de "El escritor argentino y la. tradición" y "El Sur", vemos Lugones hasta Borges. Símbolo de la culpa y la redención, Aballay
'1 que ambas posturas Són semejantes a. las de Borges. es, como puede verse, un gaucho expiatorio. ,Es decir un gaucho.
Un relato aparemehiente. marginal es en este aspecto esencial. responsable de una muerte causada en un duelo (como lo era.Mar-
Nada anunciaba que el mendocino iba a escribir, prácticamente al dn Fierro), pero .tOrturado por la culpa. Es un gaucho que integra,
final de su producción, un texto que no sólo dialoga con una fi- entonces, la dimensión ética que a menudo Borges comentó en su
lectura del poema de Hernándcz., sefialando que la figura elegida
11 Di Bencdeuo confiesa haber buscado en •EJ carifio de los tontos" •tonos seme· como antepasado colectivo de los argentinos era un asesino. Abaiiay
jan tes a los de Modmuo canlilbill' {p. 40 del presente: volumen). Completando est:u
es un Martín Fierro culpable (es decir, un Mardn Fierro leído por
referencias posibles, Jimena N6polo ve lecturas de F.aulkncr y el o~~p south en esm
parte del rorpu.s (op. rit., p. 126). ]Jorges), pero consciente de la culpa e inscrito en una perspectiva,

24 25
de redención. En este sentido y a diferencia del payador, el estilitas( para resolver los conflictos de ese presente (el del siglo XIX, en al-
sería un antepasado posible. En codo caso, su regreso y eLsegundo gún momento impreciso después de la muerte de Facundo Quiro-
duelo retoman también el desenlace del Martln Fi~. en el cual ga). Esa palabra es "estilita" ("En el sermón de la carde, el fraile há
un nuevo duelo, de payadas esta vez, enfrenta al protagonista con dicho una palabra. bien dificil, queAballay no supo conservar, sobre
el hermano del Moreno asesinado otrora (y recuérdese que Rojas, 1los santos que se montaban a una pilastra", as{ empiez.a el cuentol.
en la segunda "pelea", ya leía, significativamente, la. voz. de la con- Efectivamente, un cura de camp<> menciona a esa corrieme mística
ciencia).14 Borges en su momento había prolongado, en "El fin", del Cercano Oriente, la de ermitaños que se instalaban sobre una
el desenlace del poema de Hernández.; en ese cuento de Ficdon~s. columna o un pilar y permanedan allí, subsistiendo en medio de
siete años después de la payada, Martín Fierro vuelve a enfrentarse· privaciones, emblemas vividos de un sufrimiento encaramado sobre
con el hermano del muerto y muere, por supuesto; pero al cumplir las .ruinas del pasado glorioso y rechazado: el dd paganismo gre-
su propio destino (al cerrarse la biografia de Martín Fierro, dejada: .colatino. Aballay, a partir de una palabra, ttáduce, establece equi-
abierta por Hernández.), él le transmite involuntariamente al. otro valencias y toma. esa .decisión magnifica: la de volverse él mismo
Moreno su propio destino de .asesino y de gaucho perseguido. 15 estilita, es decir: y en términos pampeanos, n-o bajar nunca más de su
En la versión de Di Benedetto, el duelo no produce, como en el caballo, convertirse en una reproducción gauchesca de ese ejemplo
cuenco de Borges, una repetición o una· reproducción de destinos: insigne, de la palabrn revelada. Al hacerlo, Aballaycimenta, compul-
no es el hijo el que mata para convertirse en un nuevo culpable, sivamente, alejarse del determinismo telúrico de la tierra sin limiteS,
sino que Aballay, sin quererlo, repite su gesto asesino (mata al hijo arcaica, bárbara, refugiándose en la cultura, en la espiritualidad, en
después de haber matado al padre}, y él mismo termina su recorri- un relato mítico preexistente~ Constántemente, el protagonista se
do de expiación recibiendo una herida mortal en el momento en interroga sobre el sentido del rel:ito del cura y el valor del ejemplo
que decide bajar del caballo para socorrer al hombre agoniz.ance. que esrá inremand0 seguir. u; Al final del cuento se agudiza ese in-
Hay por lo tanto .una especie de anulación ética, una. fatalidad de la terrogar un discurso anterior, cifrado y determinante. Aballay hiere
verticalidad negativa; la repetición indica la falta de libre albedrío al hombre ·con una cafia que, por accidente, se ha vuelto afiladá (la
en el comportamiento del gaucho y lo .ineluctable de esa repetición caña.se incrusta en la boca del retador y se la destroza). Emonces se
que, desde el inicio, Aballay pretende evitar. La tierra bárbara ter- plantea para el gaucho úrí dilema: ¿puede o no desmontar?, dilema
mina, con un pesimismo digno de Ezequiel Mardnez Estrada y de· que amplifica un ímerrogame constante a lo largo deLrexco sobre la
su visión apocalíptica de la pampa, tragándose. al gaucho mártir. norma de su conducta, sobre: lo acertado del comportamiento del
Más ampliamente, podríamos ver en "Aballay" una dramatiza- protagonista, comparado siempre con las explicaciones liminares del
ción de la relación con la tradición, con la palabra heredada. Volvien-
do al argumento del cuento: la. modificación .del gaucho criminal
proviene de un relaro y de una palabra. Aballay oye, en un sermón, " Nótese que el rexto parece :tv:anur, por momenros, a partir del disrur.so dd cura.
una palabra que trae consigo una figura de expiación de pecados y· Por asociación de palabr:as: ·m fraile dijo que montaban a la columna. 1!1, Aballay,
es hombre tic :a. c::1b:allo. Tempranito, a los primeros colores del dla, Aballay mtinta
una tradición, ajena. pero ejemplificadora, ajena pero reutiliz.able en su alaz;ln• (p. 319); tomando ese cliscurso como ejemplo: "En adelante debió
socorrerse con imaginación y ahí donde la astucia fallaba o vislumbrab;a riesgo de
14CJ Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero, EJ Martln FiOTO, m Jorge Luis Borges_, quebrantar su designio, rom;aln ensel\:anu del rdaro dd cur:a• (p. 320); o tom~ndolo
Obras romplttas m rolnboradón, Madrid: Alianza, 1983, pp. 65-119. como un intertexto enigrmhico que se interroga: "No abusa de la licencia por·c::1wa
u q. Beatriz S:ulo, &rgrs, un escritor m las orillas, Buenos Aires: Ariel, 1995. pp. de extrema necesid;ad o fuerz:a mayor (...} que creyó sobreentender de los ejemplos
85-93. dd cun• (p. 322-323).

26 27
;
1 1

cura. 17 Esa duda, ese imcrrogame formulado a la palabra paterna, a Ahora bien, como en camas otras obras (pero seguramenre má$.
la tradición, al pasado, a Dios, le es final: "El instante de vacilación que en muchas orras obras), la de Di Benedetto tiene visos de una
.basta para que el vengador de abajo alce de punta.el cuchillo y l~ autoficción en donde e~ se,r escritor, el poder escribir, el represen~
•'
abra el vientre" (p. 339). Lo que se le plantea a Aballay, en el mo- rar el trabajo o las condiqones de emergencia de la escrirura, ocu-
mento de actuar, es un interrogante ético sin respuesta, un dilema pan un lugar importante. ~a t~matización de la .escritura aparece
sin solución, pero que remite a un discurso heredado, a una. visión siempre marcada por la impotenci;~, las p~rturbaciones producidas
tradicional del mundo. La palabra del cura (los cstilirns y el con- por el deseo, la recurrencia de unª culpa de raigambre edípica, la
junto normativo que se esboza detrás de esa denominación), ¿qué evocación repetida de un padre ausente o de un padre muerto. Ser
quiere decir exactamente? ¿Cómo interpretarla? ¿Cuál es la. norma? escritor tiene que ver con una imensa dramatización de la heren-
¿Cómo actuar? Este serta el primer segmento de una. larga serie de cia, herencia convertida en un p~rico~e gi~ntesco, monstruoso,
preguntas que la reescritura de la reescritura borgeana del Martln porque ha devorado la bibliot~ parerna kn ~Amigo enemigo"),
Fimv va. a ir suscitando. A.pesar y pasando por ".El escritor argen- herencia bajo la forma de una compulsjón .al suicidio (en Los fui~
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i 1

tino y la tradición", la palabra heredada, la palabra aprendida en la eh/as) o de un piano que el. hijo no sabe ro~, mientras busca des-
cultura occidental, no permite enfrentar las contradicciones de la esperadamente escribir una novela inrin,1lq.ga .El ftclio, es decir una
realidad, ni definir uná posición ética, en Argentina y a. mediados novela que lo· ampare (El sikncitro}.
de la década del setenta. Nunca la problemática moral .que recorre En este sentido puede leerse "Aballay'' a partir de la r~lación q:m-
la obra de Di Bcnedeno había sido desarrollada en términos t:tn fiictiva que se instala, desde las primeras páginas, entre el relato de
complejos; resulta singular, por otra parte, que sea en el contexto Di Bened~tto y otros relatos, otras tradiciones: la cultura cl~ica, la
literario de la pampa. y .en un cuento quizás escrito en la cárcel, que rradiciQn cris~iana, la gauchesca, sus lccruras e inrerpr<:racion~. El
1

esta problemática se plantee con tanta agudeza y drrunatismo. 18 gaucho Aballay no puede sino interpretar,. repetir, r~l~ef> reescfibir,
La inscripción en la tradición como error, la figura del gaucho intentar; .descifrar correctamente un mensaje heredado y polisémico;
convertida en la de un héroe sin atributos, la imposibilidad de en- y también buscar en esa biblioteca un camino para su propia cul-
contrar verdades en la palabra heredada, la apropiación. del espacio p~. para su propio crimen, para. su propio destino, para su propia
fundador de la literatura argentina dentro de obsesiones y cons- p~abra. El intento de purificación (o de glorificación) gl1\cias a la
tantes personales: en "Aballay" Di Benedeno cristaliza su. relación idenriflcac~ón con los modelos es,. de por sí, un gesto del pasado,
con la cultura y con el. sistema literario a los que pertenece. Y, por condenªdo a fra~.ar:: ya no se puede elegir ser ermirafio sobre; Utla
supuesto, hacerlo retomando la figura del "payador" (del gaucho columna, ya n.o se puede inventar nada sobre gauchos y pampa, sólo·
como emblema legendario del escritor) es significativo para una se puede recorrer un laberinto de nombres, canonizados y frases ya
obra centrada hasta entonces en otros espacios y otras reescrituras. impresas, leídas e interpretadas. Después de escribir desde el margen
y la aterritorialidad, aquí se constata que la pampa es incapaz de
17
brindarle a un autor argentino ninguna imagen heroica renovada; el
La duda se formula en c:stos términos: "Dc:smonm n dar socorro y llega hasta d
vencido, pero lo bloque::\ su ley: no bajar al suelo, y lo ha hecho. anacronismo aparente t~rmina definiendo coordenadas muy actua~
Angustiado, levanta la mirada para consulrnr, y por su cuenca resuelve que en esta les de cierta dis9lucióq P1elancólica de una tradición, de una rradi~
ocasión ser:{ justo que permaneza. todo lo que haga f.Uta"(p. 339). ción que ha dejado d~ ser un concepto operativo. Si Martín Fierro se
1
' Según recurrentes declaraciones periodísticas de Di lknc:detto, el conjunto de los
ponía a cantar y fundaba una literatura, si el gaucho Don Segundo
cuentos de Absurdos habría sido escrito en la clrcd (d libro se publica, por otra parte,
pocos mc:ses después de su liberación). Sombra resultaba ser un diestro maestro de escritura para Fabio en

28 29

¡U-J--------------~----~~&_....._ J ____ --- ··--~-------_J


la novela de Güiraldes, Aballay sólo copia, reproduce, mima. Estilita en cuenra la inestabilidad de la "obra completa" de Di Benedetto,
o estilista, de lugar elevado sobre una columna, un pilar, un caballo, nos pareció útil proponer una lectura. de esos texros marginales.
es el emblema del escritor en la versión de Di Benedetto, ermitaño Por último, sefialemos que en d volumen Cim cumtos, Di Bene-
sufriente, instalado en las ruinas de una arquitectura equilibrada y detto pensaba incluir ocho cuentos inéditos. Lamentablemente, no
., perfecta, de una creencia y una belleza sin fallas, de una escritura a conseguimos versiones definitivas de cuatro de esos tc:xros, de los cuales
1
li su manera clásica Oa de Hernández, la de Lugones, la de Borges), sólo conocemos los órulos: ".El mare", ".La boda", "Historia. cainita"
imposible de imitar pero todavla imponente. y "El estrecho de Behring". los otros cuatro ("La prematura espera",
"Epístola paternal a Fabia", "Trencito de la infimcia", "Muy de mafia-
na, en el cementerio") aparecen en la sección "Cuentos inéditos".
Para. esrnblecer el texto tomarnos algunas decisiones que mere- Para terminar deseamos recordar que esta edición no hubiese sido
cen un breve comentario final. Por un lado, por razones de visi- posible sin d trabajo de preservación y archivo de Gracida Lucero
bilidad y de historia editorial, preferimos respetar la organización primero y de su hermana Cristina luego.
de los cuentos en libros, o sea que el lndice retoma las recopila-
ciones que, a. lo largo de los afios, Di Benedeno fue publicando. Julio Premat
Salvo D~c/inación y Ang~l y Cumtos tkl ailio, rodas ellas ya habían
sido editadas por Adriana Hidalgo en volúmenes independientes
que seguían siempre las versiones más recientes: Cumtos claros (en
'1
1
1999), Mundo animal y .El carit1o de los tontos (en el 2000), Absur-
1! dos (en el 2004). Sin embargo, y para recordar d último proyecto
1 ¡

de Di Benedetto (los &latos completos y los Cim cumtos ya co-


mentados en el inicio de esta introducción), incluimos en la. sec-
ción "Di Benedetto por Di Benederto" los prólogos que el escri-
tor había previsto para esos dos libros. En la misma sección figura
una ·~utobiografla", breve texto de autopresentación de 1968.
Bajo el tirulo "Otros cuentos" se podrá leer relaros publicados
en diarios y revistas pero nunca retomados en libro, relatos que
fueron desechados entre dos ediciones de la misma recopilación
o reescritos de manera notable (en este último caso, se incluye la
primera versión, lo que permitirá. medir la importancia de los cam•
bios realizados). Los trece cuentos de los que se trata van de una ra-
reza de juventud, "Los trágicos amores de Julieta y Jordán" (1943),
a una investigación periodística con forma narrariva, "Nifios" (edi-
ción póstuma con ese dtulo en 1987). En el liminar de los Cim
cuentos, el autor se refiere a cuencos publicados en diarios y revistas
que, según él, se habrían perdido "sin rescate posible": esperamos
estar rescatando aquí algunos de ellos; por otro lado, y teniendo

30 31

~--------~----~--~----------~~~---------~-------------~
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DI BENEDETTO POR DI BENEDETTO

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AuTOBIOGRAFfA

1
Escrita m ,J 968 por mcatgo pará una publicaddn tit Almumia
l,, OcddmtaL

1'
i i
He leído y he escrito. M:is leo que e~cribo, como es naruraiJ leo
mejor que escribo.
He viajado.. Preferida que mis libros viajen más que yo.
He trabajado, trabajo. Carezco de bienes materiales (excepto la
vivienda que tendré).
Una vez, por algo que escribí, gané, un premio, Y' después otro
y después ... hasta unos 20 de. literatura, uno de periodismo y otro
de argumentos de·cine.
Una vez tuve .una. beca, que me dio el Gobierno de Francia, y
pude estudi;:tr algo en París.
Un tiempo quise ser abogado. y no me quedé en qu·erer serlo,
estudié mucho, aunque nunca lo suficiente.
1• Después quise ser periodista. Conseguí ser:periodista. Persevero.
1
Una época anduve de corresponsal extranjero (por· .!:jemplo, re-
11 volución de Bolivia, la que Uevó-:al poder a.René Barrientos).¡
1
Yo quería escribir pará el cinc. Pero en general no soy más que
un espectador de cine, y también periodista de cine. Una vez fui al
1
Festival de Berlín, y otra al de Cannes, y btra a Hollywood, el día
1 de los Osear, y otra ... Bueno, en el Festival de Mar del Plata un
:1 afio me pusieron en el jurado internacional de la Crítica.
Soy argentino, pero no he nacido en Buenos Aires.
Nací el Día de los Muertos del año 22.
Música, para mí; la de Bach y la de Becthoven. Y el "cante jondo".
!1
'•
Bail3.r no sé, nadar no sé, beber sf sé. Coche no tengo.
'Prefiero la noche. Prefiero el silencio.
''
35

11
1
,1

PRESENTACIÓN DE. CIEN CUENTOS INFORMACIÓN

1
;' 1'' Lo que sigue es la reproducción de la presentación que Antonio Di La denominación 100 cumtos no r~presenm la única arbitrarie-
Benedetto habCa redactado para la edición Alianza de sus Ciro cumtoi. dad, siéndolo ésta porque entre rapa y contrntapa están albergados
:1 El texto se encontraba escrito a máquina con varias correcciones a mano. 106. Lo de 100 es sólo para redondear.
Puede suponerse que nuevas correcciones hubiesen tenido lugar antes Están todos, o casi todos, los escritos desde los comienzos hasta
de su publicación. El orden previsto por el aucor para la organización lo~ m~ recientes, esto es los inéditos al tiempo de entregarlos a la
del volumen era aparentemente temácico y agrupaba bajo subtítulos edl[onal. De ese modo puede hallarse un número suficiente parn
entre uno y veinte cuentos en cada sección. Los subdtulos eran los si- advenir la juventud (o falta de destreza) del autor en sus faenas
.
gutentes: "D e nosralgta -• ": "O e celos,,; "D
. "; "D e amor"; "Senurnent;ues
' , es~ ini~iales. También, entre los m:is lejanos, posiblemente muy an-
afecciones del amor"; "De humillaciones"; "Del absurdo"; "Sombrfos"; tenores a 1950, uno o unos como "El abandono y la pasividad",
"Cruel"; "De las guerras"; "Del: cinismo"; "Irónicos"; "De frustraciones"; que andando el tiempo motivaría, juntamente con "Declinación
"De metamorfosis"; "Psicológico"; "Torturado"; "Oníricos"; "Realistas"; y.Ángel",largas controversias periodísticas y universitarias sobre la
"Realismo mágico"; "Realismo Urico"; "Fanta~realismo histórico"; "De paternidad del Objetivismo literario.
. . "; "Natu ral'tsta" ; "'A pól ogos"; "F.ta·
1o .trrea 1" ; "liransrea 1'tstas"; "Ob'Jetlvtsta Ni el orden ni por consiguiente el índice son cronológicos, ni apare-
bulas"; "Con ánimales, peto ·no f.ibulas"; "Zoo-botánico"; "Policiacos"; cen acumulados en fila india los contenidos en libro tras libro, sin con-
"Cuestiones de identidad y del tiempo"; "CortísiJTIOS (de humor; extrafie- tar que los hay carentes de procedencia de libro alguno: fueron dados a
za e ironía)"; "Fantásticos"; "Ominosos". El volumen reunía los cuentos través de revistas o suplemenros liternrios y por tal vehículo (m:is dificil
del autor publicados en libro (con excepción de los doce, más extensos, de conservar) otros se han perdido, quiz:is ya sin rescate posible.
incluidos en otro volumen, &latos comp/(tos), los cuentos que forman la .La clasi~cación no ~tá sustentada por fundamenro técnico o pro-
novela El protdgono (con correcciones y variaciones}, dos cuentos breves festona), auende m:is b1en al tema o carácter de las distinras piezas,
que figuran en la novela EL silmd(ro, algunos cuentos publicado~ en re- con sobra de dudas, de quien esto explica, acerca de dónde colocar
vistas o periódicos, más algunos textos inéditos. tal o cual cuento.
La instalación en el género cuento se debe al tamafio corto; otras
1 ,¡ narraciones, de más páginas y mayor empefio quedan para un segundo
libro, titulado "Relatos completos". ¿Son o no son, esos relatos, cuen-
tos? Para el autor, s(. Si bien admite que los relatos del segundo volumen
pueden pareceros a vosotros lectores, "nouvelles". Como gustéis.
C:On no ser ~tos, no es por la cantidad que pretende tener peso este
acoplo. Vale consrderar que un cierto número ya ha tenido aprobación

36 37

....._-'-----------~-----------. -
y premio de jurados en concursos de afios recientes de Madrid, Va-
lencia, Oviedo, Calabria y Buenos Aires. El más fresco, de junio de
1984, concurso "Puerta de Oro'' de la C.1pital de Espafia.
La presente gavilla de cien composiciones cortas constituye, si
se quiere, una porción de las fanegas rendidas por la molienda de
una vida dedicada -en parte- al ejercicio de la pluma, variadas PRESENTACIÓN DE RELATOS COMPLETOS
mieses panificadas, como queda dicho, en encuentros y relatos,
amén de mucho periodismo en América y .Espafia, una poca de
poesía condenada al fondeadero y un parco número de novelas. Aquí se reprodúcc l:t pí:'c:SCilt:ición que Antonio Di Benedetto había re-
dacrndo para la edición Alianza de sus &latouompktos. El texto, manuscri-
El amor to, tiene, algunas t:rchadurns y acl:ü':lciones que parecen destinadas a un CO"
rrccror: profesional; sería, por lo tanto, d texto definitivo para la impresión.
El libro debía comprender los relatos más <;'(tensas del nuror, es decir: \&Pez",
"Enroscado", "El Juicio de Dios~, "Ab:illay'', ".El cariño de los tontos", "fralo
en Italia!', "Onagros y hombre con renos", "En busca de l:i mirn.da perdida",
"As", "Declinación y Ángel", "El puma.blanco ","Ortópteros".

1
1

1:

1:

38 39
INFORMACIÓN MUNDO ANIMAL

Cuando Alianza Editorial decidió recoger mi dispersa narrativa


1953
sin pecado de extensión quedó claro que, a los fines de la comodidad
manual del lector, convendría repartir en dos vólúinenes. Lo cual fa-
cilitó .además una distribución imerna: la separación emre narracio-
nes breves y medianas (las largas, o novelas, pára el caso eXcluidas).
Las corras, incluidas las cottísimas, configtiran el volumen "Cien
cuemos". Las de mediano tamafio, donde van unas pocas "nouve,.
lles", el de "Relatos completos".
Éste es y aquí queda, con una debilidad, la de indicar preferencias
1
del autor, que el lector puede o no compartir.
1· Los relatos más queridos -o más sentidos, algunos párrafo a párra-
1 1
fo, otros frase a frase- son "Aballay" y "Pez", sin negar la diversión que
le causó componer "ftalo en Italia".
'1 Sin hacer sombra, ninguno de ellos, a la pretensión, vaya a saberse
si lograda, de haber modulado, en "El carifio de los tontos", tonos
semejantes a los de "Modernco cantabile".

'1 1

1 1

Se respetan las correcciones hcch;u por c:l :IUtor para la segunda cdici6n: Mundo
animal, Buenos Aires, f':lbril, 1971.

40
11
1 •
'1 1 1
MARIPOSAS DE KocH

Oicen que escupo sangre, y que pronto moriré. ¡No! ¡No! Son
mariposas, mariposas rojas. Veréis.
Yo veía ar mi burro mascar margaritas y se me antojaba. que esa
placidez de vida, esa serenidad de espíritu que le rebas;tba los ojos
era. obra. de las· cándidas Rores. Un d!a quise comer> como él, una
margarita. T endlla mano y en ese m o memo se posó en. la flor una
mariposa tan blanca como ella. Me dije: ¿por qué no también?, y
la lleve a los labios. Es preferible, puedo decirlo, verlas en el aire.
Tienen un sabor que es tanto de aceite como de yerbas rumiadas,
Tal, por lo menos, era el gusto de esa mariposa.
.La segunda me dejó sólo un cosquilleo insípido en la garganta,
pues- se introdujo ella misma, en un Vlielo, presumí yo, suicida, en
pos de los restos d~ la amada, la. deglutida por mí. La tercera,. como
la segunda (el segundo, debiera decir, creo yo), aprovechó mi boca
abierta, no ya por el suefio de la siesta sobre el pasto, sino por mi
modo un tanto estúpido de contemplar el trabajo de las hormigas, las
cuales, por fortuha, no vuelan, y las que lo hacen no vuelan alto.
L1 tercera, estoy persuadido, ha. de haber llevado también pro-
pósitos suicidas, como es propio del carácter romántico suponible
en una mariposa. Puede calcularse su amor por el segundo y asimis-
mo pueden imaginarse sus poderes de seducción, capaces, como
lo fueron, de poner olvido respecto de la primera, la única, debo
1

'1
aclarar, sumergida -muerta, además- por mi culpa. direcra. Puede
aceptarse, igualmente, que la imimidad forzosa en mi interior ha de
haber facilitado los propósitos de la. segunda de mis habitantes.
No puedo comprender, en cambio, por qué la pareja, mn nueva
y tan dispuesta a las locas acciones, como bien lo había probado,
decidió permanecer adentro, sin que yo le estorbase la salida, con
mi boca abierta, a veces involuntariamente, otras en forma delibe-
rada. Pero, en desmedro del estómago pobre y desabrido que me
dio la naturaleza, he de declarar que no quisieron vivir en él mucho
tiempo. Se trasladaron al corazón, más reducido, quizás, pero con
las comodidades de un hogar moderno, por lo que está dividido en
cuatro departamentos o habitaciones, si así se prefiere nombrarlos. AMIGO ENEMIGO·
Esto, desde luego, allanó inconvenientes cuando el matrimonio co-
menzó a rodearse de párvulos. Allí han vivido, sin que en su condi-
ción de inquilinos gratuitos puedan quejarse del duefio de. casa, pues Eran de mi padre y quedaron para mí. Qui"Zcis nunca los tocaré.
de hacerlo pecarían malamente de ingratitud. Son dos cajones de libros de química antigua que alternan con
Allí estuvieron ellas hasta que las hijas crecieron y, como vo- cabalísticos, astrológicos y quirománticos. Con los de qufmic.; no
sotros comprenderéis, desearon, co'n su inexperiencia, que hasta quería hacer nada bueno: falsificar vinos y licores. Creo qUe lo
a las mariposas pone alas, volar más allá. Más allá era: fuera de mi hizo, porque son más efectivos que cualquiera de los otros, el adi-
corazón y de mi cuerpo. vinador de la lotería, por -ejemplo. Han Venido conmigo a todas
Así es como han empezado a aparecer estas mariposas tefiidas en las pensiones porque no me atrevo a venderlos ni a tirarlos. Tienen
lo hondo de mi corazón, que· vosotros, equivocadamente, llamáis algo de mi padre .o él tenía algo de ellos, y yo nada tengo de él,
escupitajos de sangre. Como v6s, no lo son, siendo, puramente, excepto esro.
mariposas rojas de mi roja sangre. Si, en vez de volar, como debieran Excepto esto y la mudez. No era muelo él, ·no. 'Pero fue por él,
hacerlo por ser mariposas, caen pesadamente~ suelo, como los cua- Yo tenía diecinueve afios y estaba enamorado. Entré en el bafio y
jarones que decís que son, es sólo porque :nacieron y se desarrolla- ahí estaba mi padre, en la bafiera, bajo .la lluvia~ sí; -pero colgado
ron en la obscuridad y, por consiguiente, son ciegas, las pobrecitas. del caño de la flor.
·1
1
1 1

El pericote, que de tan joven podía confundirse con un ratón, en-


tró de día, en la siesta, qui"Zcis en fuga de alguna persecución infantil.
Los chicos se bafian ahí al fondo, en el canal, bajo el sauce. Pasan
las horas desnudos, alborotando. Hacen puntería sobre·alguna la m o
sobre algún animalejo. Escarban las cuevas. De vez en cuando muere
alguno, alguno de los chicos, se entiende, que mucre ahogado.
El pericote se iría, sí, apenas digerido el miedo al amparo de los
cajones surtidos de cábalas de mi ,padre. Mi padre habría: dicho:
"Pobreza; anuncia la pobreza". Yo, de pensarlo, tendría que haber
·
pregunta do: "A'
¿ un m ás)" . .
Proseguí convocanclo el suefio, que, despreocupado de mí, ha-
da las cosas a medias: no me tomaba del todo.

44 45
pre le llevé migas, pero no todas las noches se .conformó con las
migas, No obstant~, algo hada yo por la salvación de los libros.
Por esa imposibilidad de participaren la conversación, uno, claro, Tomaba las sobras de la mesa del comedor. No me gusta lobas-
se exime de atender y nadie se molesta. por ello. Rovira, un periodis- ta.nte na~a más que la cortez.'\ del pan. Dejo Ja,blanca y pesada pul-
ta que acoscumbra contar cosas y que me contó esta historia, decía pa. Más aún desd~ que una señora atemorizaba a su -niñQ -ddante
algo para todos. Yo percibí distintamente sólo la palabra. "Hamelfn" de mí, la malvada-diciéndole que no comiera miga, que engorda,
(o "Hameln", no memoro bien) y las demás no, como si se mira la que la miga es el alimento de los tomos y de los muaos.
tela y se descuida el marco. Pero no hice nada con ella, porque no la Siempre he prescindido de la miga, pero antes nunca cargaba
había busc::tdo ni me interesó nada m:is que por el sonido. con eU:.t en mi~ bolsillos. La muchacha Jo sabía. y me pregumó por
Después, sólo después, yendo a la habitación, en unos instantés qué lo hada ahora. Quise ser humorista y le escribí en mi cuaderni-
se me presentó todo lo que pude_ recordar entonces, que es todo llo: "Es para mi hijo". Pero no le hizo gracia. Otra noche se acordó
! 1
lo que sobre eso puedo recordar. "El tesoro de la juventud" y "El de mj respuesta al verm~ .recogiendo migajas sobrantes de todos los
flautista de Hamelfn·". Un viejito de melena larga y blanca. que ¡' p~nsionistas y me preguntó cuántos años tenía ya mi hijo. No supe
toca un cornetín y multicud de ratas que pasan junto a él y se arro- qué contestarle, porque deseaba seguir la broma y no se me ocurría
jan a un do. Con el dibujo una poesía-"del escritor inglés ... "- qué nada ingenioso ..Pero ella estaba festiva y sin esperu respuesta a. la
habla de flauta, no de cornetín, 'y dice que las rataS siguieron, como primera pregunta me hizo una segunda: ''¿Cómo se llama su. hijo?".
encantadas, al flautista, y seguían y seguían y cayeron todas al.agua Ahí, con su café, hablaba Rovira. Contaba de las. guerras o d~ alguna
y el. pueblo se libró de la plaga. Pero habíª más tard_e una venganza guerra. Yo anoté en. mi cuadernillo, para la muchacha: "Guerra:".
y no sé de quién, si de las raras sobre el flautista o del flau.tis.ra sobre -¡Je! Se llama Guerra. Un nene que se llama Guerra.
la gente del pueblo, porque no le pagaron., Entonces me fue fácil, también por el éxito, la respuesta a la pri-
Quizás, me dije, el pericote esté todavía en mi .pic;za. Quizás mera pregunta: "Tiene los años de la .humanidad y todavía más".
venga su compañera o alguna otra que le guste y hagan cría. Quizás Pero ella. y;~ no me entendió.
de este modo desde mi pieza podría lanzar sobre toda la pensión,
sobre roda la ciudad, una plaga de pericotes. Pero yo no quería
hacerle mal a nadie. Pensaba nomás.
~ . .
Yo escribía algo, una carta, y crujió la tapa del cajón puesto
arriba. Era la tapa del c::tjón de arriba presionada desde adentro y
astillándose segundo a segundo.
Esa noche el pericote estaba allí, dentro de un cajón. Tarde, en No podía ser alguna fórmula de mi padre, debía de ser el peri-
mi desvelo, meditando otras cosas de la infuncia, lo escuchaba roer su cote, que yo tenía olvidado, olvidado ya por tres días, con la emo-
alimento nuevo: los libros de mi pádre. ción de haber recibido esa carta de mi hermana, al cabo de tantos
Le di un puntapié al cajó_n, pero después siguió. Seguí yo tam., añ.os. No estaba solo, no.
bién, escuchándolo. No estaba solo en el mundo, no; pero en ese momento, en la
Esos libros me resisten, mas quiero conservarlos. No quería que pieza, tan tarde, sí, y sin voz., que me hizo tanta fulta cuando asomó
el pericote se los comiera. Le llevé. pan, miga. La .introduje po¡: las y sacó la cabeza. gorda de bestia cebada, cuando puso afuera -en-
rendijas y esa noche no escuché sus dientes moliendo papel. Siem- gendro asqueroso- medio cuerpo desmesurado y dos padtas todavía
46
,,~ 47
~-
....
minúsculas. Era un monstruo repelenrey fiero que me miraba como
en reclamación, como anunciando eascigo, venganza, y alú voy por
ti mientras re revuelves en la impotencia de tu propio espanto.
No podía salir aún porque la panza le resultaba, seguramente,
demasiado voluminosa, y un escaso lapso de tregua a mi pavor,
NIDO EN LOS HUESOS
vergonzoso pero justificado, me sirvió para escapar de la silla y
subirme a la cama.
Forcejeó más y se arrojó, se arrojó hacia mf; cayó como ün ~e­
Yo no soy el. mono. Tengo ideas distintas, aunque se nos haya
trame de leche condensada, de puro gordo y graso, de pura tmga.
puesto, por lo menos al principio, en la misma situación.
y papel. Y grande, deforme, pelando dientes, avanzaba, avanzaba,
Mi padre lo trajo como a la palmera. Le sobra tierra, le sobra
attastrndo, gomoso, hasta que sénd en mi mano la lapicera y se la
din~ro ..Puso la palmerita y le pareció muy bien mientras perma-
lancé como un pufiaL Se le clavó en el lomó y vi la sangre brotar en
neció joven y primorosa. Pero cuando se fue estirando, estirando,
un chorro mugriento, curvo, decadente peto continuo en su m~at.
se fastidió de ella, por desgarbada y barbuda, por inadaptada, dice
Desfallecí. Caf en mi lecho, boca arriba, abandonado, venc1do.
El miedo y el asco me forzaban a la lasitud fatal y me foríaron, ¡oh, él. Porque la perdió de vista, creo yq, pues no acostumbra llevar la
maravilla!, me forzaron un aliento de vo7. que yo no sabía qué era mirada al cielo, al menos, hacia ~ lado donde se ergufa la palma.
y creí seda, deseé que fuesé, una flauta. Y mi arroyito de vo1. era. el Mira hacia. la boca del río, donde. se forman las rormencas~ ya que
terror afinándose en música al paso por una flauta. de las Jluvias depende, para bieq o para mal, la cosecha.
Tampoco cayó en la cuenta de que el monito no se adapra-
r(a, no sólo por cuestiones de clima, sino porque le sería imposible
* * "'
adaptarse a la familia, y· él quería que fuese como un llliembro de
Ha quedado el rastro de sangre hasta el canal. Yo no pude verlo, la F.lmilia. Quizás no andaba del todo desacertado, pues, favorecido
nunca podría verlo. Y sin embargo lo veo. Lo veo ~esplazánd~se por cierras consideraciQnes, en las que mi padre ocasionalmente se
como una bola lustrosamente inmunda con un lap1cero hundido mostraba intuitivo, el pequefio simio hacía algo por ganarse~ lugar
en un hoyo de tinta roja. que se le prometiera. Pero su sitio, en definitiva, fue la palmera.
No siempre empleaba mi padre la fiesta, el alimento y la caricia;
por sobre todo, lo privaba de comida y no se cuidó de: educarlo
verdaderamente..El mono huyó, refugiándose en la palmera, como
el hijo vuelve a la madre. Bajaba sólo para hurtar o pa(ll tomar la
comida que la compasión de alguien le hubiese dejado al1pie de su
vivienda. Vivió solo, tal como se vela la copa raqulti,q¡ del árbol en
su altura. Se puso hurafio y meditabundo, torpe para. todo lo que
no fuera procurarse el sustento. Quiz.ís por malhum_QI:' -porque el
invernáculo anunciado nunca .se construyó- mi padre hizo limpiar
de vegetales todo el sector donde se estiraba lentamente, como. un
suspiro nostálgico, la palmera. Cayeron palmera y mono, y el mono

48 49
se escondió emre algunos cajones y baúles hasta que los perros, no era yo mismo quien silbaba, y en aquella muchacha. suscité el
enardecidos por la sangre de un pollo que dio degollado unos pasos asombro candoroso de quien presencia el tránsito de un dios musi-
agónicos, se le echaron encima sin que nadie se los impidiera. cal, tangible y perecedero.
. ,. . * * •
Yo no soy el mono, pero también, por orden de mi padre, a. cau- No fue siempre así, sino apenas unos afíos, quizás unos meses.
sa de infracciones leves, en la niñez muchas veces ruve prohibido el Con el cambio he dudado un tamo de que haciendo la felicidad de
acceso a la mesa. No tengo palmera, sin embargo hice de mi tasa un p~jaro haré la. felicidad de todas las f.unilias de los siglos venideros.
una palmera, mejor dicho, de lds cuartos y de los cuadros de tierra Si todos pusiéJ:3.mos nuestra cabcza.al servicio de la fdicid:íd general,
qu.e podían serlo, de algún paseo, de algú·n libro y de algún amigo. mi vez podda ser; Pero nuestra cabeza, no sólo el semimiemo.
lvh palmera poseía, en verdad, muchas minas, y por eso, qu.izás, Yo puse la mía y ruvo gorriones, cmarios y perdices dichosqs.
tuve la posibilidad de pen~1r que yo no debla ser como el mono. T;unbién lo sQn altora.los buitres que han anidado en· ella. Pero ya,
Tal vez todo dependiese, como en el caso del simio y de la palma, no puedo serlo. Son inacabablemence voraces y han. afinado su pico
del lugar de nacimiemo y del ulterior destino inadecuado. No sé. para comerse hasta el último trocito de mi cerebro. Ya en hueso
Tal vez debí nacer en otras tierras y tal vez no sea as(. 'Es posible que mondo, aún me picotean, no diré ton saña, pero como cumpliendo
yo no debiese haber nacido en este tiempo. No quiero decir con dio una obligación. Y aunque sus picotazos fueran afectuosos y-jugueto-
que mi alumbramiento hubo de producirse·én la Edad Media ni en nes, nunca podrían ser tiernos. Duelen ferozmeme, hacen doler el.
el mismo año que eJ de Dostoyevski. No. Tal vez yo debí nacer en hueso y hacen expandir mi dolor y mi torrura en un llanto histérico:
el siglo XXI o en el XXII. No tampoco porque crea que entonces· y desgarrado de Auir constante. Nada puedo contra ellos y nadie·
s~rá más fácil vi~ir, au.nque· es posible que lo sea. Para que sea po- puede, pues nadie puede verlos, como nadie veía a los· pájaros que
stble, ya que es tmpostble que yo nazca transcurrida. una cemuria, silbaban. Y aquí: esroy yo, con mi nido rebosante de buitres que,
he querido, en la medida de mis fuerzas, ser de alguna utilidad. aprovechados, insidiosos y perennes, hacen crujir, con dlda picotazo
Cuando comprendí la inutilidad del mono pude acerc:irme a lo de cada uno de sus mil picos, cada hueso de cada parte de todo mi;
que me pareció hacerse un destino útil, siquiera sea para los demás. esqueleto. Aquí estoy, escondido entre los baúles, a.la espera de que
Su cabeza hueca me sugirió el aprovechamiento de la mía. Quise alguno de los que antafio dieron de comer al mono se-compadezca
hacer ·de ella, y fue sencillo hacerlo, un nido de pájaros. Mi cabeza de este acorralado y azuce· los perros.
se colmó de pájaros, voluntaria y gozosamente, de mi parre y la de Pero, por fiwor, que nadie, por conocer mi historia, se deje ganar
ellos. Gozabá, s(, por la felicidad del nido firme, seguro y abrigado por el horror; que lo supere y que no desista, si alienta algún buen pro-
que podía darles, y gozaba de otras maneras disrimas. Cuando, pór pósito de poblar su cabeza de p~jaros.
ejemplo, aquella vez hice mi aparición, físicamente sombría, en el
semialbotozo, con ~rdimbre de cálculo e inquietud transfigurados,
d~l té-canasta de mi madre, y ella ruvo que decirme, retadora y per-
diendo aplomo, que cómo hada eso de ponerme a silbar en medio
de· la reunión de sefíoras. Y yo deda, con mi boca de labios desuni-
dos nada más qüé por una sonrisa de lástima de su ignorancia, que

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rostro_, tenía manos con un:IS ufias comparativamente diminutaS y
estaba consrrefiido. pero con un cuerpo vivo, aunque n.o fuese el
.m{o, en un camión celular.
Los polidas, cándidos, creyeron, y yo en mi .asombro no podía
contradecirlos ni explicarles, que me habían. traído de la cárcel,
Es SUPERABLE El secretario del juzgado también lo creyó, y ahí está lo malo.
Me aguardaba -y todas mis protestas parecieron estúpida$- un pe-
did.o del fiscal de que se me guardase, juntamente con no sé qué
Generosa de leche mi madre, abundantes los pastos, sin una recibo, en caja de segur.ida,d.
sequía en los tres afios, mi infancia y mi adoléscencia fueron poco
menos que enteramente dichosas. Es por eso que nada conráré,
aunque podría, de aquel tiempo pasado, pues generalmente a los
demás les fastidia y les aburre la exposición, más o menos circuns"' Creo que me c~a9raré, que rornaré la forma de la caja de hierro,
ranciada, de la felicidad ajena. o que, de seguir siendo lo que soy, s~ré un hombre encogido. Es jus·
A los tres años me sucedió lo que yo habla observado de una. ricia. ¿Es justicia? ¡No! No se m~ escucha. Tpdavfa -me informan,
mosca: seguía su vuelo con la mirada·, no tan r:ipida como sus pi- si algo digo cuando abren ~n busca de un papel- no ha llegado mi
ruecas de dibujo impecable, y al deslizarse por una recra vertical. curno. Todo .esto~ tenebroso. No lo digo sólo por la falra de luz,
ignoro si es que la perdí de vista o realmente se transformó en una sino porque me .resulta una patraña oscura, tomo una trama malig~
hormiguita negra que I;'Or metros y metros, hasta no verla más, no na o tal vez como una trama descuidada1 de la que soy víctima. No
se despegó de la tierra. me quejaré más. El quejido es una voz estéril, Ames mugfa; fui de-
Me amodorraron de un mazazo en el cráneo; me abrieron el m_a5iado bovino. Pero existía .. Ahora también existo; pero pienso. Y
cuello y me desollaron. Me partieron en canaleta, hurgaron en no puedo ~m~nder si la. angustia me viene de pensar o si es que hace
mis profundidades y sacaron cuanto podían sacar. Ciertas vísce- falca la angustia para poder pensar. Percibo mucha angustia emre
ras fueron inmediatamente a las fauces de los puercos de engorde los que ya podían pensar antes de que yo pudiera, aunque ellos habi-
y de canes bestializados. Alguien. me cargó sobre sus lomos y yo tualmente no piensen· c.omo si pensaran, porque, creo yo, pensar es
era como una breva sin piel, pero tenuemente roja y con cuatro ran hermoso y ran terrible que, cuando se hace, debe hacerse bien.
mufiones. Me pusieron asociado con otros extintos de la misma Per:cibo la ,angustia de los dos hombres que limpian la oficina;
procedencia, es decir, de la. misma estancia, en un carromato de al ;mochecer, cuando se .reúnen con su café y sus tortitas, y hablan
estructura de hojalata. de lo que que(dan hacer, que es co·mo decir que no quieren hacer
Reparé en el cambio, que vino a mí despacioso y evidente como lo que han hecho ese dfa y todos los días. Habla uno de ellos del
un amanecer, por el ruido del rodado. Cuando arrancamos, calle campo y considero que si a él pudiera sucedcrle al revés de lo que
abajo, del matadero a las carnicerías, era estruendoso y bárbaro e iba me sucedió a. mf, seria aceptable; de lo contrario, no.
precedido del trote cascado de los caballos. En cieno momento, no Estos hombres que sirven, también a mí -¡hasta a mfl- tienen
digo que sea el preciso momento en que ocurrió, sino algo después, que servirme. Cuando me pasan el café con leche, a pesar de la
pues quizás tardé en advenido, el ruido se hizo un z.umbido y el presencia del secretario que permanéce vigilante, llave en mano,
traqueteo un deslizarse. Eran neumáticos de automotor y yo tenía mienrtas se. entreabre la pesada puena sólo lo indispensable para
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-- - --- --·- - - .
'1

1
il
1.
,,
1: l fuculrnd, la de pensar. No he venido a ser hombre sólo para atra-
que, un tanto inclinada, a fin de ahorrar espacio, entre la tata,
cuandó me pasan el café con leche, me pasan, con la mirada, un gantarme de angustia. Quiero poder hacer, para digerirla. Quiero
! 1
poco de solidaridad. Tomo la solidaridad y la: agradezco con todo poder hacer, siquiera para morir por mi propia mano y no por la del
matarife, como ya me sucedió.
1

mi sentimiento; pero no puedo tOmar el café con leche, y au·nque


lo tomara no podría digerirlo. Pero no. Quiero vivir.
Ellos, 'los dos encargados de la limpieza y de mi café con leche,
lo comprenden y, solidarios, tratan de que, por lo menos, digiera
mi angustia. Uno de ellos, ligeramente memo, habla de que es me-
jor estar adentro, porque afuera hace mucho frío. El otro, también Es de noche, estoy en la caja. de hierro, la caja de hierro es.tá en
hablando a voces, para que yo lo escuche bien, pero hablando de la oficina y parece que yo no estuviera entre paredes .de caja fuerte
cosas más convincentes, aunque ni él ni yo las entendamos, repite .ni muros de oficina ni. fuer:a de noche; únicamente roe ilusiono,
lo que dice el juez, sin omitir, honesto como el campesino que y con aprensión, por el calor que sube, como en campo abierto a
quiere ser, el nombre de quien lo dijo, es decir; sin que pretenda mediodía, en el estío.
apropiarse la idea. Dice que, después de todo, yo soy un hombre Se me construye. la noción de un ipcendio que vulnera el edifi-
dichoso, porque he superado la materialidad constante. cio. ~~ iz:tcendio se .roma la licencia qe. ~ntrar ~ desp~cho del juez;
La materialidad constante... .Pero, ¿qué es esto de la materia- se. pone curioso de la caja fuerte, la asedia, la J::J.IT~e e infiltra en el.l\1
1 • lidad constánte? ¿.Pasar de vaca a hombre, con un intermedio de su aliento ~e llama.
11 Moriré quemado, o tos.cado por fuego indir~cto. Abomino de
muerte?¿ Y para qué? ¿Para que, en vez de parar en el estómago del
11 1 juez, pare en la caja de seguridad del juez? ¿El sefior juez querda mi condición. No de la condición humana, sino de la condición
superar la materialidad constante con una regresión que le otorgue humana sin libertad: moriré sin quererlo o antes de .cuando yo po-
la supuesta dicha pástoril? ¿Querría ser vaca el sefior juez? ¿O tal día querer mo~ir y por una muerte que se m~ da, ·no que me doy.
vez anhela ser cigüefia o tordo o peje-rey? No está satisfecho, eso es Mientras se me produce un desvanecido y cálido,también su-
todo. ¿Por qué? ¿Sus narices, su rufo o la humedad de sus manos frient~, desliwse a la mu(!rte, percibo que en ro.( se va operando
lo hacen intolerable para las mujeres? Ü·quizás yo no entiendo sus una ,especi~ de transforma«;:ión hacia una ll13$a homogénea, a la
palabras y no estoy preparado pára entenderlas, Si sólo eso fuera, cual, después de todo, el calor no le ~<: m:,tl, Je hac;e n;tce.r u.n aro-
podría superar la materialidad constante con la muerte. Aunque es ma ... como de pan. Me desmodorro gradua)m~nte y ~ como una
1 1
posible que tampoco de tal manera, si lo pienso sobre mi propio ascensión o recup~racióq, pero en otro estado.
1 caso. Porque mi muerte no me hizo perder la materialidad; tras la Ya sé, la caja d~ J1ierro se h.a coz:tvert.id.o el) horno, yo en pan.
1
muerte había otra materialidad. Él, que parece hallarse al canto de Pan. ¿BiancQ o moreno? ¿Dulce() ácido? Quién sabe si loS· s.u-
1
mi anterior estado, ¿piensa en un estado superior después de morir? frimientos qe lo~ hombre$ hacen que al cabo, cuand.o S!!, convierten
1 1
No. De lo contrario podría buscarlo. en pan, sean un alimento amargo o con sa.bof de miel,.,
Quizás mi historia no se ha producido para ser interpretada, y Rescatan la caja, fuert~. Scguran)ente el esfu~rzo de los bombe-
nada vale que yo haya superado cierras constantes o constancias de la ros es para salvar no la ~j;t, ~ino su CQnteojdo, que no he de ser yo,
materia si es para alimentar las cavilaciones del sefior juez. De nada sino algún valor caro al juez.
me servirá la tal evolución, de nada a nadie ha de ser útil, excepto En la calzada la e.nfrían con chorro,5 de agua, la abren con cufias
como muestra fenoménica, de no ser que yo pueda, apücar mi nueva y sopletes.

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'1'

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: 1 1
'' Extraen el pan bien armado, cuad·rado y fragante que soy; pero Después vendrá el sol, a devolver el dorado a las cascaritas.
la decepción del juez lo desdeña, pues los valores que busca están Sus destellos atraerán las aves que vengan navegando el cielo y
destruidos o transfigurados, no sé, en todo caso, perdidos para él. entonces, por sus picos, me elevaré a. otra muerte, alada.
Quedo en la. reraguardia del frente de lucha contra er fuego, Yo acepto ..La vida es superable.
más bien, extraviado en la confusión. Me apartan, me salpican, me
abandonan.
He venido a dar, por los desordenados impulsos de una cantidad
de pies, en la naciente de una callejuela oscura.
Allí, arrinconado y solo, espectador de la orgía del fuego, está
·1 un niño, tan escaso de ropas como de carnes. Me considera de
1
lejos, con cautela. Pobrecito, me mira como si le hubiesen blo:.
queado el paso con un animal quiero. Olfatea, me huele. Al fin, se
acerca, con prudencia, y cae de rodillas como en acto de adoraci6n:
todo este pan pará él, para él solo, para toda su hambre.
Hunde en mi pulpa las uñas. Arranca dos trozos. Lt boca escl
abierta y espera. No obstante, el chico vacila. Salva las dos primeras
porciones del suelo, de la suciedad ambiente, de él mismo: las lleva
al alféizar de una ven rana cercana, allí las deja y ante ellas se persigna.
1
1 No entiendo, luego creo comprender o recordar: es un rito infantil
¡¡ o campesino o de los pobres. El pan, como símbolo del sustento de
,, la vida, es sagrado. El primer pedazo, aunque sea del tamaño de un
11 pelliz.co, o el mendrugo abandonado, debe ser consagrado, lo cual se
logra apartándolo de la contaminación y del apetito descontrolado.
1 Ya el niño se halla de regreso y me devora y yo me ofrendo ab-
1 1
negado y satisfecho a su ansia de nutrición, a su gusto, y advieno
1 que me encuentra delicioso. Soy, pue5, aparte de sagrado -sagrado
1
por ser pan-, un pan dulce ·a la boca pura de un niño.
1 Quién sabe de qué sombra brota un hombrón, no por grande
1 menos mendigo que el chico; lo aparta con violencia y le quita lo
que de mí queda. Toma un pedazo, lo prueba y lo devuelve, rene-
gando de él. Soy amargo pan.
Amanece. L.1 pelea con el fuego se apagó a la medianoche, y el
barrio se ha quedado dclic.adarnéme callado y quieto. Hay, en el
aire, una serenidad de cristal solo.
Me reencuentro en las migajas, mis últirnos restos, levemente
ateridas sobre el pavimento color de ceniza.

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1 .
1

1 ~

Por eso, admitiendo que sea un sueño, necesito que se traslade


a mi vida despierta. Si lo es, tendré, en esta miserable vida, mía, sin
sol, aunque bajo el sol, un sueño. Si lo es, no tendré que temer la
ausencia definitiva, una noche cualquiera, porque, pese a que nada
ha hecho para que yo pueda juzgarlo as{, puede ser inconstante y
1
Ir
REDUCIDO pasarse, con sus pasos de-sombra, a los sueños de alguno de mis veci-
nos. Vivo, sobre la tierra, es indiscutible, puede morir. Pero pensaré
:l en su muerte como en la mía: pensaré que es algo que no viene,
!t
Desde su aparición en mis sueños fue, en cieno modo, mi perro. aunque se desee, si no se busca de frente.
Como de día no tengo perro y s( muchas fatigas, es bueno curarse de Ya. he conversado con Reducido .. Le confesé, francamente, mis
cUas con un cuzquito noaumo, que no exige de uno ni siquiera mover- inquietudes, que quizás antes no se. le escapaban, porque es muy
se de la cama. Sólo es necesario dormirse, con el deseo, que sería inútil perspicaz, muy avisado. Le pedí que se apee .de la noche y venga.
expresar a nadie, de esas horas de holgorio -liviano e infantil, lo ad- Me :Pidió él que no le exigiera l::t respuesta hasta la na.che de ayer.
mito-, para que él se presente dispuesto a jugar o, con comprensión Su, respuesta no responde directamente a mi pedido. Me contes.-
superior de perro, para acompañarme mansamente. ta que. sf, que le gusta. ser mi perro y podemos ,pasar juntos más
Si se me preguntara no sabría decir cómo es. Pero en sueños po- tiempo; pero, a su vez, me propone algo que también me obliga a
dría reconocerlo, infaliblemente, en medio de una jauría compuesta diferir la respuesta, hasta pensarla bien.
por hermanos idénticos a él. Es que, si bien fue un perrito evidente e Esta noche debo contestarle. No faltan muchas horas y he de
indiscutible desde el primer momento, algo tiene que, cuando pienso .resplver, siendo, como es, tan difícil decidir sobre lo que Reducido
en él, me sugiere que es distinto porque ha venido a m( paulatinamen- quiere. Porque .19 que. Reducido quiere es que yo me vaya con él,
te, como en una integración demorada. Por esto resulta contradictodo ~ decir, qu~ yo me vaya con él a. los sueños.
su nombre: Reducido; aunque le corresponda en relación con su Rsi-
co. No es que se haya achicado, ni mucho menos que esté en proceso
1
de reducción. Tampoco advieno -he aquf otra cuestión importan e~.
! •1 por más que observe, que crezca ni siquiera un poquito, siendo como
es tan natural que los perros de corra edad se desarrollen casi de día
i) ¡!: en día, como cabría decir exagerando un tanto. Esto le da algunos ca,-
racteres de inmutabilidad que no me tienen tranquilo. Si Reducido, si
'1
1
mi Reducido, este perrito tan jovial, tan buen perro, es decir, tan buen
1
amigo, no varía, es que ríene la fijeza de un sueño, nada más que de un
sueño. Es, entonces, mi Reducido, como una persistente pesadilla, que
vuelve siempre, igual, tonurante, y aunque él no puede considerarse
de ningún modo una pesadilla y si lo fuera. sería una pesadiUa simpáti-
ca, justamente como las pesadillas me tiene el corazón sobresaltado, no
en el momento en que se extingue, sino en el día, por la probabilidad,
nunct desechable, de que en la noche no vuelva.

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p......L~..__ ----~----~----~--- - . ----


evocarla y ya no estará al alcance de sus brazos. En esas ensoñacio-
nes vengadoras unas veces "él" es su esposo, el padre de la criatura,
,.l.
•1 y otras vetes "él" es Aníbal.
1

TRUEQUES CON MUERTE


l!ste es el primer día que se asoma al patio, rras aquello que
sucedió, sin que a ella nada le ocurriese, ni siqúiera por su propia
Es como ella lo precisaba y como podría haberlo amado, antes. mano, que con tal a'nhelo so.lía tomar la forma de la tentativa, o la
Antes de que perdiera confianza en la perduración de Jos sentimien- del abandono definitivo ..
tos y en el valor de sus atractivos, que él hiz.o renacer, pero agotó. Vaciada del niño, que ni le permitieron. ver -para qué; 'se le
Porque él, su esposo, todo lo agota. La sorbe. dijo-, se ha vuelco frngil, y el sol que la recibe es templado y protec-
.Es como ella lo necesita, tan apasionado y violento, y tan bueno; tor. En pura. deliq1deza se ha tornado ella, y cuanto la acompaña,
tan repentino catador de los rasgos de esplritu, tan buscador de la pu-
hasta la naturaleza, la trata con dedos muy suaves.
reza, y tan detonante. Le ha cobrado un amor complero, que ni se al- Sin embargo, se siente corno contaminada de materia; ¿qué, ma"
tera, ni merma, ni le concede reposo. Es, decididamente, agobiador~ rerin?, no lo sabe. En codo caso es -o era- .algo pegajoso que ella,
Puede ser que esté bien que sea así. Por otra parte, ella mantiene tal vez, amaba.
intacto su encanto social y externo y no.le da motivo alguno para que Se le arrima la gata. blanca, con su panza englobada, los pewnes
se reduzcan ni su cariño ni su devoción. Él desconoce que a ella ya nó rosados· y reventones. A puntapiés la agrede, (muda, mordiéndose.los
le importa su propia hermosura, y que· no lo ama. Lo cual no signifi- labios). Quiz..ís quiere matarla, quizás quiere matarle los nonatos.
ca que vaya. a abrumarlo con algl.ma caída, ni siquiera en procura. de
una resurrección, porque, claro está, no sólo cree en la dignidad del
hombre, y lo cuida, sino que es una mujer enteramente honesta.
Después d~ la furia, días. y ·días permanece yacente en el lecho,
* * • la mirada a nadl\ dirigida, sino a lo alto.
Abriga el silencio, que los demás :acatan, aunque la vigilan.
Con la germinación de la criatura en sí misma se produce el Guarda dolores del cuerpo, a causa de los gqlpes conque la sofrenó
principio de su ir a la muerte. el'marido,
Se ha venido sintiendo circundada de vado, y con nada adentro. P1'de ver 1a gata. Le d'1cen: "H. a muerto "• "¿Y. 1os gamos.
. )" "S e.
Ahora en su materia está enfundada otra materia, que posee tempe- han. salvado dos.'' Y ella, entonces dice: "Todo eso es justo".
ratura y palpita, que la llena y crece. A menudo, en sus visiones -despierra, dormida- anda viviendo
No obstante, conjetura que un día esa materia viviente se eva- 1~ gata blanca con su bolsa. cargada. de gatitos muertos. Pero no es
cuará, y entonces en su interior, al igual que en el exterior, se esta- la figuración que ella prefi_ere, más bien quc'rrla una imagen de la.
blecerá la nada. garn muerta.
Reniega de esas abstracciones. Se complace en una maldad ro-
mántica y lisonjera: cuando muera, y él vea a la niña, se obstinará en
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Cuapdo era muy joven, hasta los dieciocho años, tenía ilusiones.
·1 Ten fa ilusiones porque vivían mis:padres y yo no necesitaba trabajar~
1
1
Ambicionaba ser director ad honorem de la Biblioteca Provincial.
HOMBRE-PERRO Cuando se volvió imperioso procurarme sustento, debí desistir de
esta ambición, pero tuve suerte, de un modo relativo. La casa Raft,
1'
í
de la Capital, vende ficheros metálicós para bibliotecas. Al que le
Magissi me dijo: "La diferencia está en que usted cree que a compra un fichero le envía, junto con el fichero, un empleado, que
veces los hombres se portan como perros y yo ·sé que todos los le organiza la biblioteca y le ficha los libros. Ese empleado era yo.
hombres son unos perros. &a es la dife"rencia entre usted ·y yo". Podía disponer hasta de dos semanas para organiz.ar y fichar una
No podía darle la raz.ón, sencillamente porque hubiera sido re- biblioteca de quinientos libros. L1 casa Raft quiere que las cosas se
conocer que él sabia m~ que yo, Entonces quise persuadirlo·de que hagan bien. La casa Raft quiere que el cliente quede satisfecho. Un
él se equivocaba aun respecto a· mis ideas. Deshice mis "anteriores cliente satisfecho es nuestro mejor propagandista, ere. Estaba equi-
argumentos y, sin llegar a usar· la palabra ·"bueno" en un sentido vocado: aun trabajando tenía ilusiones, quizás mayores.
general, ni para el hombre ni p~ el ·perro, opin~ que· uno y otro P~o me dejaron cesante, ¡maldita sea! Me pusieron cierta canti-
tienen sus momentos malos. dad de billetes en un sobre. No obstan re, el sobre de> las explicaciones
-0 de maldad. ¿El momento de la perrada? lo deJaron vado. El empleador ciene derecho· de prescindir de su em-
[J
Él me preguntaba lo que sabía que yo estaba pensando. Quería que pleado, siempre que lo indemnice debidamente. La ley debe de decir
lo afirmara, que dijera simplemente "sr•, pero un sí sin lugar a dudas. algo por el estilo. Y como la ley me cortaba tan bruscamente, nunca
No pude dejar de intuir una celada, pero yo mismo me había llevado más pude, pobre de mí, pasar por esa calle de la sucursal Raft. Me
a ese punto y en consecuencia, muy a pesar de m{, tuve que decir: sentía el tachado por la ley, como si se tratara de la ley penal.
-Sí. Otras casas venden ficheros metálicos, pero la única que entrega
Yo lo sabía. Me había hecho volver al punto de parrida..Esa 'an- con un fichero un fichador es la éasa R.'lft. Pensé de nuevo en la Bi-
siedad porque dijera que sí... Si yo creía en. el momento malo es que blioteca Provincial, ya no, por cierro, con aspiraciones de dirigirla.
juzgaba que habitualmente son buenos. Y era codo lo contrario: habi- Pensé "'"'Y aún más, intenté- emplearme en una librería. En un diario,
tualmente son malos y por momentos, sólo en contados momentos, en un musco ...
buenos. Procuraba convencerme, ya sin esfuerzo, porque él podía En febrero se iba vaciando del todo el único sobre lleno que
darse cuenta. fácilmente de que yo resistía por terquedad, por·manre- me dio la casa Raft. Era. el tiempo de comprar uva. Una bodega
nerme en antiguas convicciones y también, dc5de luego, por orgullo. de tres cuerpos me encargó que pagara hasta. cinco pesos sobre el
Aunque .a él no le importaba el orgullo, ni el propio ni el mío. precio oficial. Yo recorría,, a pi'e, con roda esa tierra y ese maligno
Algo, algo que no se "puede palpar, pero nos asiste, me soplaba af sol, vifia.s y vifia.s de diez., de cinco, de dos hectáreas. Otro corre-
1 1 oído que la. verdad estaba en m f. Sin embargo, era inútil discutir. Fas- dor, de una bodega más grande, había pasado.antes, en auromóvil,
[,
1¡ tidiaba decir lo mismo, decirlo él y decirlo yo, con nuevos ejémplós o pagando ocho pesos por encima del 'precio oficial.
con Qtras palabras. En fin ...
1
1
1 .,

' 62
-
Trabajaban ella y la madre. Quizás podrían haber dispuesto bien alguien me contó que del padre, y esta explicación de nin~na
para. un departamentito mejor, por lo menos exento de esa vecin- manera queda yo que fuese inexacta, porque me daba un mouvo
dad que lo asemejaba al de un conventillo. Pero Barbarita prefe- para despreciarlo. Supe además, aunque vagamente atendí la refe-
ría guardar la diferencia con el propósito de comprarse un piano. rencia, que el padre le c:Xigla que buscara el medio de atender a sus
Era una desdichada ilusión, porque por cada cien pesos ahorrados necesidades. Por eso él siempre hablaba de publicar una revista, de
el precio de los pianos aumentaba doscientos. De todas maneras, la que nunca he visco un solo nómero.
doce afios sin tocar, desde los catorce... Lo perdí de vista tantas semanas y ahora ... ¡Ah, como me lo
Cuando vino Conchita Piquer al Teatro Municipal, 'a Perea, esperaba yo! Si algo sucedía, algo malo tendría que. ser. ¡1!1, sangr~
departamento seis, aprendió aquello de pútrida, él está allí, en mi puesto, nombrado el masmo día dé m1
despido!
"A la. lima y al limón,
Te vas a quedar soltera... "

1'
1
Se lo caneaba sin compasión. También los nifios lo aprendieron. Estuve aguardándolo pacientemente, pero cuando lo vi toda
i Barbarita. me lo contó; no para apurarme, estoy seguro. Me lo la furia me poseyó. Se me hincharon los belfos, me fui al suelo y
contó con una sonrisa triste, alguna vez que quiso hacerme enten- mis cuatrO patas me dispararon hacia él, que ya, advertido rápida-
der que no sólo yo era digno de lástima. mente, en sus cuatro patas también, con un leve aullido de miedo,
El sábado, ¡oh, qué malintencionado estaba yo!, fui preparándola y mostraba, por instinto de defensa, ios dientes. Me abalancé sobre
en cierto momemo, bajito, muy bajito, le canté: su cabeza mordiéndolo con implacable rabia, echando espuma por
la boca, tratando de hincarle los dientes en el cuello, que él defen-
"A .la lima y al limón, día desesperado con las paras delanteras.
Te vas a quedar soltera... " Un barrendero, a instancias de una mujer que gritaba espanta:.
da, nos separó a escobazos.
Y la dejé irse, en retirada, herida, con la boca semiabierta, pero
sin palabras. • • *
¡La perrada, santa furia! ¡Mi perrada!
Nada de esto, sin embargo, concede la raz6n a Magissi.

Siri saber hasta cuándo podrfa pagar la pensión, sin Barbarita, cier-
tamente... Uno, claro, necesita que algo suceda, está en tensión, a la
espera. Y sin embargo no se le escapa que muy probablemente lo que
ha de suceder será. malo.
Aquel hombrecito, de mi edad, pero mucho más endeble, era mi
amigo. Conversábamos y conversábamos y me daba envidia porque
1 él tenía riempo para leer tanto. Nunca le pregunté de qué vivía, si
1 1
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,._..J....¡:¡¡,l,;..:_.__ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _~----------'~:::.,_----~-··~"~'-~"~,~--
bies son, según su punto de vista, todos los hombres, y yo, que soy
un solo hombre, les cuesto trabajo -un trabajo que los regocija, he de
reconocerlo- para ser mantenido como culpable. Es absurdo~ Cuan-
do comeren una canallada y hasta se asustan ·de haberla cometido,
por temor a las represalias humanas,, no me exponen como culpable
EN ROJO DE CU(PA ame mis congéneres. No me presentan y dicen: "Somos inótchtes.
La culpa es de Caín. Descargad en él vuestra razonable· furia". No.
Tampoco les $irvo para alegato alguno ante un orden superior. Se
Los hombres dicen: "NQ es mi culpa; no soy culp'}Qle'\ Y cul- :conforman con saber que el culpable soy yo, aunque sepan· que no lo
'1
pan a la esposa, al clima, a su hígado, a Dios, al nuevo horario. soy. Es estúpidamente absurdo. O quizás no lo sea. Quizás se trate
''
~ 1 Ellos, los ratones, dicen: "No es culpa nuestra. El culpable es Caín". ·de una forma y un problema de la responsabilidad; pero ... no está a
1: 1' No soy Caín. Soy Abe!. Ellos me Uaman Caín por humillarme, mi alcance. Quizás, para comprenderlo, tendría que ilustrarme con
111 por humillar su culpa, su culpa comprada. algún ilustrado profesor. Tendré que hacerlo, si procuro ser, como
:111 Me pagan, sí; soy un pagac;lo d~ los ratones. Cuando el .papá su- muy probablemente ellos me prefieren, una culpa sosegada.
giere al nene que ponga el dienc~ilO debajo d~ la almohada para
que los ratoncitos, en cambio, le dejen un~ moneda~ los ratoncitos_,
en cambio, se le llevan al papá todos lqs billetes que escondía en el L'l.S guerras necesitan al asesino de. Francisco José para descar-
estante de los libros. Se especializan el) p~dres lerdos difusores de garse. Ocurrió todo en una ·sola casa y pudo parecer nimio, en
candideces. Podrían hacerlo con cualesqui~I!l otros, :pero les divierte relación con el orden general de persecución ·y muerte de ratones.
burlar la historia de la moneda. A mí también m~ divier.te cuando La casa era miserable como mi puesto. La habitaba, sin corregir
me cuentan sus hazafias y cuando arrastran a mi~ :pies los billetes, la soledad de sus cinco cuartos ruinosos, un viudo avaro. La com-
que son m1 paga. partían, a su modo la. disfrutaban, sin descuidar el sigilo, aunque
Soy una culpa. paga: tengo un ruin y desconsolador oficio. fuese innecesario, los ratones, una caudalosa pandilla·. Pero a la
Es absurdo, pero ellos sostienen ese absurdo y por su falta de efi- muerte del viudo penetró, con su. Familia y una sonrisa, una mujer
ciencia vivo, pago los estudios de mis hijos y las pieles, ¡Cristo, hasta pequefia, laboriosa, afable y optimista. Optimista a pesar de los ra-
pieles!, de mi mujer. Mi familia lo ignora. Si mi esposa lo supiera no tones y de la relativa ineficacia de su. lucha, planteada con c:Spanro
me diría, no, que dejara de hacerlo aunque tuviese que vender sus femenino, contra ellos.
pieles y aunque hubiéramos de quedar sólo con las nuestras originales. Pero la infortunada era miope y cardíaca. Sirvió a los nifios jalea
No se lo digo por su aprensión a los ratones. Pensaría después que viste de membrillo, untada en rebanadas de pan, y ella misma comió
pieles de ratones y estaría constantemente histérica e insoportable. jalea cuidadosamente untada en el pan. Al tapar et frasco reparó en
Es un absurdo. Encienden que su vida es así por culpa de los que había' algo oscuro sumergido en el dulce, como un inesperado
hombres, más poderosos, más numerosos, mejor armados que ellos. carozo. Escarbó con la: cuchara de mango largo; lo sacó y... Claro
Cuando los ofenden, cuando los dafian, fue el hombre; cuando in- está, el asco, su corazoncito tan poco dispuesto ... Quedó mal,. muy
festan una ciudad, la culpa es de la ciudad. Se consideran inculpables mal. Despu8, de nuevo, con su miopía, creyó que a su pequefia se le
1 '
y quieren tener en quien descargar la culpa que los hombres les adju- habría caído una de las rosas rojas preparadas para la maestra, la alzó
dican, y me pagan a mí para que yo sea la culpa de ellos. Los culpa- y ... Es que el gato nada más había hecho que matarlo y destrozarlo,

67
instintivamente, por oficio, puesto que hamb~ no tenía, harto de despavorido y en demanda de socorro. Uno de ellos se zambulló
bien alimentado por la doméstica duefia. en mi boca. Me llenó de náuseas. Procuré escupirlo y se aferró a la
La enconada desgracia. La enconada desgracia para el nuevo lengua y finalmente se me introdujo por la garganta. Espantado,
viudo, el viudo de la mujer que sonreía, la descüchada optimista. adivinando sin esfuerzo lo que harían los otros, apreté los dientes y
La enconada desgracia para él, para los ratones y para mí. me lancé a. la carrera, pero sólo por unos metros. Los dos que esta-
Allí hubo de ser, porque la desgracia estaba enconada alli. Alli ban en mi cara, para obligarme a abrir la boca, me mordieron los
.hubo de brotar la peste bubónica y prender en los dos nifios, allí. labios, principiaron a comérmelos y yo grité y ellos se suicidaron. Y
No esperó, no, a los fumigadores de Salubridad. Instantáneo, otros subieron por mis piernas, por mi pecho y por mi cuello, y me
con un arrebato como el de la .muerte sobre sus hijos, el hombre de desgarraron labios, orejas, nariz, y fueron col.rpando .mi boca y mi
luto, armado de hacha, pico, un garrote, un cuchillo, escarbó, de- garganta y mi estómagó. Coniprendf. No h1,1bo necesidad de que
molió, en busca de madrigueras, sacando a'la luz·los animalejos de ninguno más fuera. devorado por su culpa, por su culpa. paga.
su catástrofe, y estrellándolos en .rojo implacable. Y la tasa siniestra He· vuelto. Aquí estoy, sin nariz; sin labios, con restos de· orejas,
tuvo por una vez, efímero, un jardfn de abundantes rosas rojas. vomitando, tirado en medio del Círculo de ·rarones muertos. Ellos,
muertos, se enfrían, y yo, con una malcüta resistencia involuntaria,
• + •
no muero ni me desvanezco . .Abro los ojos, abro los ojos y veo más
claro, con un horror que no puedo superar, que me seduGC. Horror
Esto también es estúpido. Pero, creo, es la úldma estupidez que de mí mismo y de verlos y de ver lo que a mí viene. Verlos muertos,
cometen conmigo, la última estupidez en que me complican. enfriándose, mientras mi sartgre se coagula. Verlos muertos, y las
Se han vuelto contra su culpa. El ilustrado profesor cürfa que no es pulgas transmisoras del ·mal que los· ab:indonah al sentirlos fríos y
posible destruirla, que las culpas permanecen y nos sobreviven, que que vienen, un~ a una, ;¡ mi carne caliente, derrotada e inculpable.
moralmente sólo podemos contra ellas un acto bueno y compensa-
dor referido a la misma cuesrión, aunque no ha de extinguirlas de
1 1
ninguná. manera. Sólo hay un medio, CÜrfa. él, de vestirlas de humo
1

1
'
tolerablemente camuflador y complaciente: el olvidó voluntario, me-
canismo apaciguador para tolerar la vida ajena y la propia.
Ellos no me olvidan, no. Se han cebado en mí para ·anularme,
expeditivos como una revolución triunfante, pero sádicos como los
que montan con despaciosa delectación el aparato de la horca. de los
vencidos a la vista de éstos.
Me previnieron que no debía intentar la fuga. Cubrieron el es-
pacio que. me circunda .de ratones muertos por la bubónica. Com-
prendí. Menosprecié la advertencia y quise huir. Tres .de los vivien-
tes treparon por mis piernas y paralizaron mis movimientos con el
miedo de sentirlos sobre mi cuerpo y de ignorar qué harían. de mí.
Nada hicieron, por unos minuros; Intenté dar otro paso. Se escu-
rrieron por mi pecho y surgieron por el cuello de la camisa. Grité,

J
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69
de modo que los tres -y no sólo yo, ni sólo ella y yo- condujimos
a los dem:is arroyo abajo, adonde crecen los berros porque el agua
del constante surgente les da vida y desde arriba los sauces cuidan
1 que haya sombra y, creo yo, cuidan asimismo que haya sosiego.
1
1

LAS PODEROSAS 1MPROBABIL1DADES


Si la vecindad en aquel afio en que observamos que yo soy
Esta historia mía pudo ser una historia de amor. hombre y ella mujer nos inhibió la palabra, la sostenida ausencia
El comienzo, con la relativa indeterminación de las grandes de contacto, después, hizo del reencuentro el hallazgo de amigos, y
acumulaciones, puede haberse producido cuando ella y yo ~ramos• nada había de "usted", quiz:is por repentino coraje de ambos. Con
individuos de unos doce afios y mis rodillas estaban habitualmente José, desde luego, para mf esto era más natural.
sucias y su larga cabellera posiblemente también, aunque no se ~ramos amigos, ¡Cristo! !!ramos amigos, allí ante todos, y yo
notara y fuese muy adornada con cintas. era amigo de la muchacha m:is bonita. de todas. Aunque bailó toda
En el cementerio, donde un momento antes habían puesto el la noche apasionadamente y sólo en la mesa hablamos, hablando,
ataúd con el cuerpecito de nuestro compafiero muerto y luego Ro- aún, con interrupciones, sin coordinación. Ella, esa noche, era li-
res y Rores, yo leí el discurso que me escribió mi padre y, aunque bre, absolutamente libre, porque no estaba en el corazón de uno,
vacilé unos instantes, hasta comprender por qué no me aplaudían sino en el de todos.
al terminar, me sentí resueltamente importante. Nora me miraba, Nos hicieron quedar, porque, claro está, la fiesta no había ter-
mientras el maestro decía unos versos olímpicos, y si bien no pue- minado con la partida de los novios, ni mucho menos la comida
do considerar que ella me mirase porque me considerara impor- y las bebidas. En la mafiana todos dormimos hasta que el sol se
tante, su mirada caía en mí y no en otra cosa ni en otra persona puso ardoroso, como fatigado de la cuesta que debe subir hasta
porque yo, entre todos los colegiales, había sido el elegido para llegar arriba. Comimos de pie unos bocados y los dem:is hombres
decir el discurso y porque, efectivamente, lo había dicho. salieron a pescar a .la laguna y las mujeres se reunieron en la galería
En la escuela, en el día siguiente y en muchos otros días que no a tomar mate y yo no quería irme con ellos pero tampoco podía
sé cuántos fueron, quizás todos los de un mes, a veces en medio de quedarme con ellas.
un juego jugado con sus compafieras descubría mi presencia y me Dije que deseaba buscar fruta y dormir entre los álamos y me
miraba, con reserva, sin ninguna otra expresión, pero como recor- dijeron que la frura estaría caliente y que me cuidase, al echarme
dando que yo era el que leyó el discurso en el cementerio. Después al suelo, de las viboritas de la siesta. Tomé unos granos de uva,
ha de haber olvidado esto y como nada más que pueda considerar- resguardados, para visitantes tardíos, por una celosa capa de hojas
se notable hice yo, hasta la primavera no me miró de nuevo de una poderosamente verdes y anchas. Come sin deseos aparentes, por
manera particular. si alguien me observaba. Permanecí, atento a cualquier presencia
Entonces, en primavera, el 21 de septiembre, en el picnic, yo humana, la de algún contratista, que Nora no podía ser, siendo
dije que sabía dónde estaba el manantial del agua fresca en verano y como e.ra la única que yo deseaba se fijase en mC.
tibia en invierno, y Nora dijo que también sabía y fue la vez prime- Una acequia, carifiosamente sombreada por los sauces, confor-
ra que ella dijo algo por mí. Pero también José declaró que lo sabía, tablemente rellena de limpia arena, me invitaba, si no a la siesta,

70 71
que al cabo hice, a sentirme en paz sobre la misma tierra, a saberme Era. como si normalmente tuviese dos patas, pero una fuese inyisi-
en una soledad deliberadamente buscada y no ingrata ni dolorosa. ble. Era estrictamente como la. pavira de mi infancia y ni siquiera
Allá arriba -¿a cuántos metros?- algún bichito con alas hacía un conseguía excitar mi imaginación. En todo easo, suscitaba en: mí
cantito liviano, repetido y, tal vez, enamorado. estas morrecinas preguntas: ¿siempre haorá alguna as!...? ¿Siempre
Algo me picó en el empeine del pie y -el pájaro tuvo la cul-
he de encontrar
· 1as ....) (·S'1empre....)
pa- supuse que era una hormiga y me limité, sin alzar la cabeza, a Cuando me llegaron las voces de los· pescadores y acudí, a su
frotarme con el otro pie. llamado, a comprobar su grado de éxito, José se había hecho-visi-
Distraído por la no vista hormiga, descuidé un momento el ble nuevamente. Lo comprobé, pero con indiferencia y hasta con
pájaro y las ramas del sauce que se derramaban, pero finamente fatiga. No es que él hubiese faltado en la noche anterior. No. José
y sin caer s.obre mí, y pensé en Nora, pero no mucho ni muy cit- estuvo aliC, con nosotros; pero ya, esa tarde y hasta el .final, fue
cunstanciadamente. Sólo que deseé que estuviera allí, conmigo, como si estuviera más.
~
"1
solos los dos, allí, bajo el sauce y con todo el silencio de. la viña
y del domingo, sin hablar, partes del silencio nosotros mismos,
.pero, ¡palabra!, sin dejarla .que respirase. un instante, besándola,
besándola sin piedad. No era una hormiga. Era un tábano. Por ahí, por la. picadura,
Otra vez la picadura, maldito pinchazo instantáneo de alfiler, y con la arena de la acequia o con la tierra. de la vifia, entró la infec-
alcé la cabeza y vi como una mosca que remontaba. vuelo desde mi ción, y de ese modo vinieron el dolor y la renguera, que han de
pie, pero nada de hormiga. pasarse, y esta postración y la penicilina.
Nora lo supo y si lo desairado de mi actitud en la visita·nada pudo
* ... * expresarle de mi agradecimiento, nada ·tiene que ver eso con mi cari-
ño esp~ial, que ha nacido junto al de siempre, siendo,.quizás~ parte
El sol se iba abajo, lentamente, a guardar, y yo retornaba, con un de él mismo. Ha nacido de saber que se decidió a entrar· en mi casa
extraño fastidio, fastidio de pisar los desparejos terrones, de sentir un para estar conmigo; es más, que después del domingo averiguó, o, si
leve ardor en las picaduras, con aprensión de que la arena. húmeda es que lo supo accidemalmen.re, no prescindió de la información e
pudiera provocarme un resfrío o una ciática, como a un anciano. hizo lo que yo no me habría atrevido a hacer siendo ella.la enferma.
Ella se aderezaba, en algún lugar de la casa adonde ese dia sólo te- Vino, por mí, por este infortunado, por este torpe y callado
nían acceso las mujeres, y la partida de pescadores no había regresado. enamorado. Porque, ¿qué he de hacer? Vino, sí; vino a verme, pero
Fui entre los mesones de fruta seca hacia los chiqueros y los co- con José. Con José. ¿Podía ·ser de otra manera?
rrales. En el gallinero había una pavita nueva, de esas que todavía A pesar de José, posiblemente dispensada por la indiferencia. y
nadie se ocupa de engordar, que pudo asombrarme si no fuese que falta de sobresalto con que él asiste a mi existencia, tuve entonces
ella en nada. se diferenciaba de otra que caminó ante. mí .algún día e~ beso -uno para siempre- con el cual Nora me religó a la convic-
cuando yo era nifi.o. Caminaba con una sola pata, faltándote en CIÓn d~ que la tengo en mí pero nunca la tendré conmigo. Porque
absoluto la segunda. No era un animal que naturalmente poseyese sus labios no fueron al encuentro de mis labios, sino de mi frente,
una sola pata, sino una pavita vulgar, .de dos patas, a la que sólo le y únicamente al){ se posaron.
quedaba una. No por eso, al caminar, tenía que hacer desesperados Su cabeza se inclinó al beso sobre mi cabeza en la almohada.
esfuerws, ni andar a saltos, ni siquiera con pérdida del equilibrio. Ella estaba de pie y vestía una blusa blanca. Al agacharse se abrió

n 73

.1 • L
la blusa y pude ver, porque yo había bajado levemente 'la mirada, a
causa de sentir que el beso era de amiga.
Pude ver, por la blusa: entreabierta, que sólo tenía un seno-, y con
la pena por Nora acudió la memoria. de la pavita de una sola pata.
,1 Enseguida, Nora, inadvertida de la revel¡tción, se irguió con ·su
1
1
sonrisa buena y diáfana, y se restablecieron el relieve y la "armonía VOLAMOS
.r exterior de su busto .
1

1i Como puesta ante un apacible e inofensivo misterio, que puede


1 serlo, con ganas de hablar, que a m{ me fui tan, me cuenta de su gato.
11
t1 Cedieron los fuegos del verano. El otofio fué un manso atar- Es, sí. Claro que es; pero ... Ante todo, como es huérfano, reco-
1 1 decer que transcurda lentamente. Luego ha vuelto la estación que gido por compasión, se ignora su ascendencia. Es gato y le agrada
inmoviliza el aire y aterra las cosas. el agua. De las acequias no prefiere los albafiales, sino la corriente
No siempre estuvo, con Nora, José. Sin embargo fue -y es- como barrosa. Se lanza acezante, pisa fuerte y salpica; hunde las fauces
si estuviera. y hace que toma, pero no toma, porque es de puro goloso que lo
:1 En general, de ellos lo ignoro todo, si bien creo saber que no hace. Puede pensarse que no es un gato, que es un perro. Tam-
'1 son novios, que no· se aman ni los une la alegría. Cuando se reúnen bién por su actitud indiferente en presencia de los demás gatos.
-creo-, el.silencio los separa. Pero es que asimismo se limica a observar despe lejos a los perros y
A mi vez, para pensar en Nora tengo que desu.nirla de José .. ni siquiera se enardece frente a una pelea callejera. Como al emitir
.Pienso en Nora y el equilibrio de sus pasos en la vida; pienso la voz desafina espantosamente y además es ronco, no puede saberse
en la pavita coja. si maúlla o ladra.
1 1
En la normalidad -presuntamente irreal- de Nora hay un sos- Hago como que me asombro. Pero no abro la boca, porque de
tén invisible. Soy yo. preguntar o comentar me preguntarla por qué pienso así y tendría
'1
Me tomo de la afligente improbabilidad. que explicar y complicarme en un diálogo. Empero ya no me ha-
1 Por ver a Nora, de cierto modo para esperarla, me aplanó sobre bla: se habla. Revisa lo que sabe y quiere saber más.
1.
1

el muro que da frente a su casa. El muro traslada humedad a mi Es gato y le gusta el agua. Eso no autoriza. a concluir que sea un
espalda. La humedad avanza hacia la base del cráneo y poco a poto perro. Ni siquiera esrá la cuestión en que sea perro o gato, porque
me voy helando. Los ojos quedarán detenidos en una mirada hacia ni uno ni otro vuelan, y este animalito vuela, desde hace unos días ·
Nora, ausente. se ha puesto a volar.
1
1 Yo espero que me pregunte si creo que se trata de una brujería.
1" Pero no; al parecer, no cree en eso. Yo tampoco; aunque lo pensé.
Mejor dicho, pensé que ella lo pensaba. Pero no.
1'
-¿No te maravillas?
1:
-Sl; seguramente. Me maravillo. Cómo no. Me maravillo.
Podría maravillarme, cómo no. Pero no. Puedo maravillarme por-
'1 que el gato-perro vuela. Pero es que no sólo hablo. Estoy pensando.
74 75
Pienso que ella supone que he de maravillarme porque lo que creyó
era gato puede ser perro o lo que puede ser garo o perro puede ser un
ave o cualquier otro animal que vuele. Debiera maravillarme porque,
lo que se cree que es, no es. No puedo. ¿Acaso me maravillo de que tú
no seas lo que tu esposo cree que eres? ¿Acaso me maravillo de no ser
SOSPECHAS DE PERF.ECCIÓN
lo que mi esposa cree que soy? Tu animalejo es un dnico, nada más.
Un cínico ejercitado.
¡l Creo yo que nada se me opuso porque, al emrnr y en todos los

r sucesivos registros, hice poner ·que• era maestro de vocación. Se•
pensó que menda, porque allí nadie cree en la vocación, y como la,
memi.ra es una. de sus formas de expresión normales, sé me aceptó
como uno de ellos.
1 1
Como soy un vendedor naro, ideal, canto: que, para poder 'ven-
der, donde no existe necesidad de lo que vendo creo la necesidad,
de ningún modo me desalentó la falta de librerías, clientes natu'rales
de los libros que yo suponía en viaje tras de mí, ni tampoco la com-
probación subsiguiente de que nadie sabía leer. Hi~e lo que hubiera:
hecho de vender coeinas de. gas: ensefiar el uso de-la cocina de. gas.
Me consagré a la ensefianza de la lectura. Sólo ensefiaba a leer, no
a escribir, puesto que no vendía papel en blanco ni estilográficas.
Quizás era una manera escandalosamente mercantil de comportar-
me, pero yo juzgaba que no podía. malograr el costoso viaje y ese
cálculo, tal·vra. por determinar mis acciopes con fatal exclusividad,
no me permitió apreciar debidamente el riesgo, del que me había
noticiado el hotelero, enterado, cauteloso y útjl, como suele serlo su
gremio. Me exponía yo, era peligroso lo que hada, según él y según,
asimismo, el .misterio que mis alumnos ponían en torno de su con-
currencia a mis clases. Pero precisamente esa aceptación, de parte
de ellos, de la responsabilidad ·de tomar mis lecciones, contribuía
a confundirse sobre la realidad del estado de cosas. Descuidaba yo
la noción de que aun en las sociedades más liquidadáS hay quienes
desean algo mejor y quienes se animan a intentarlo.

1 1 .• * ,.,

76
n
Por algunos días, la rolerancia o el descuido, ignoro qué, me ..-Es la. costumbre -me explicó, por si yo no estaba satisfecho
mantuvieron impune; lo cual terminó cuando los libros, al llegar a con sus palabras anteriores.
la frontera, pusieron claridad, como menos no podía ser, tratándo- -¡Ah, sí! Claro -déclaré a mi vez, respetuoso del respeto a las
se de libros, acerca de mi persona y mis propósitos. costumbres.
Suspendidos mis propósitos, mi persona fue llevada a juicio,
ame un tribunal de hombres enmascarados y 'a caballo en bestias • * *
cubiertas de gualdrapas. Yo, en medio de todos, de pie, las mu-
fiecas oprimidas por una. cuerda. Ni la cuerda, ni los jinetes y sus El ajusticia·miento pudo ser vulgar; no lo fu·e, no sólo por el pun-
disfraces de justicia alcanzaban a turbarme tanto como el hedor to en que se suspendió, sino por la realidad, novedosa, por lo menos
del estiércol constantemente removido por las pezufias de los im-' para mi, ddpelotón de ejecución. Era propiamente un pelotón: algo
pacientes animales. así como una pelota grande formada por millones de hormigas.
Yo no tenía. defensor ni se. me permitía nombrarlo y pregunté L.'lS hormigas y las gemes se saciaron cuando yo estaba en los
por qué. huesos. Y al parecer se comprendió de inmediato que esas hormi-
-Porque de codos. modos serás condenado. gas no podrían con mis huesos, porque en mi presencia se sugirió
-¿Y cuál será la condena? el empleo de perros, que no fue aceptado porque, óf decir, los
'i -La única que establece el Código: la muerte. perros no eran, en ese taso, un instrumento legal.
11 -Entonces, si de antemano tienen resuelto mi ajusticiamiento, Se difirió, pues, la éohstímación del ajusticiamiento hasta que
¿por qué me juzgan? llegara otro pelotón eSpecializado. Yo, en huesos, pero con altivez
-Porque. éste es un páís amante de la justicia. adquirida. ·por la contienda de que les· estaba dando un trilbajo poco
común, caminé hasta la celda.
•. ·'Í' * En el curso de lás jornadas de espera me entretuve con la histo-
ria del trámité, aparentemente menuda, sin embargo no desdefia,.
A fin de hacer economías en la cárcel, se me autorizó a perma- ble para el ministro de Hacienda, que perdió el cargo con tachas de
necer en el hotel, a mis expensas, hasta la. fecha de la ejecución. indignidad. Se habla resuelto que el pelotón viniera de una tamé-
Ese día me despené bien temprano, con el bullicio de .la gente que lica ciudad del valle. El ministro se opuso arg\lmentando que cos-
acudía a tomar plaza para presenciar mi muerte; y muy enseguida, taría menos rraer un pelotón de la morí tafia, porque podría bajar
1 1 con un caruo de curiosidad, me mezclé con el que sería mi público. rodando y por consiguiente en menós tiempo y con menor gasto.
1 Ya, mientras me peinaba, había escuchado un cafionazo. Andan:. El ministro fue destituido, pues como re5ultaba razonable allí, nin-
do, escuché otro y vi, a la luz del fogonazo, el catión, que apuncaba al guna razón econ·ómica podía oponerse a un gasto para defender a
cielo pero a nadie podía intimidar, a menos que fuese por el estruen- la sociedad de una persona como yo.
do, porque .lo t~ían encerrado en un corralito de alambre de púas, en Sin embargo, algo importó la opinión del ministro, pues en
un terreno salitroso y baldío que se explaya a la derecha. del camino. definitiva se ordenó la actuación de un pelotón de hormigas vola-
Interrogué a uno de los silenciosos individuos que marchaban doras. Esto me serta provechoso como yo no podla imaginar, igno-
cerca de mí sin siquiera dirigirme una mirada y me informó que rando, como ignoraba, la insuficienda del arma aérea del lugar.
'1
el cafión disparaba para anunciar mi ejecución, pues debía consu- Cuando llegaron las hórmiga.S vol'adoras concurrieron, en cir-
1 ~ marse con el mayor sigilo, sin ninguna sefial exterior. cunspecto pelotón que naturnl'mcnte las obligaba a plegar las alas,
1 1
78 79'
,.


a observarme en mi celda, con el objeto de formarse idea del traba- da rorpeza, los inmundos o te,miples hábitos, el.designio tramposo,
jo que tendrían al día siguiente. el ánimo bélico y, en la guerra y la paz, el sentido de destrucción y
Quizás la disponibilidad de horas libres y algún espíritu de dis- la vol unta<! qe opresión -h~~ ahí iba, exaltado, mas de ·súbito me
conformismo y posiblemente un incipiente ánimo de sublevación, quebré en una. transición-; Pero; por piedad, salvad mis huesos; ..
que, desde luego, yo desconoda y no conocí hasta verlo manifes- Sucedió: el pelotón ~e deshizo. Como sj una cilida lágrima hu-
tarse en hechos, las predispusieron a escuchar las quejas de que yo biese llegado a una superficie plana, cambió su forma y se tendió,
estaba ahíto. Aun más; es probable que me escucharan porque mis convertido en convidadora alfombra dispuesta a. recibirme y volar. Y
quejas no fueron violentaS, n.o pocl_Ian comprometer mayormente voló, llevándome, esa unidad a~rea con impulsos de desafio a mi reto
a ningún auditorio, y tenían más bic;n el carácter de la confidencia y desobediencia a sus mandos, que .oo sé adónde la CPQclucirlan des-
y el lamenro del que sabe que se v~, irrcmcdiablemenre, pero .no pués, pero a .mí me ·condujeron hasta la frontera -que la escuadrilla
pierde del rodo su integridad~ no decidió trasponer- de otro territprjo, definitivamente diferente.
1
-Yo no he nacido para este país -dije.
i Era como una explicación ~Qnés, como una disculpa, ante r:e• * • •
1 cién llegados, por el·esC+tdo en que me velan.
• 1
Dije más.: Tenía ese tel;'ricorio, evidente desde mis primeros pasos en él,
1 1 -Si bien yo nací aquí y aquí pasé mi infancia, al vqJvc:.r, sin sen- un manso. y c;a_udaloso río de leche. Pero mi olfatQ experimentado
tirme superior a los demás-o al menos sin hacer os~~otaqc;Sn alguna percibió qu.e c;erca había otra bebida y, en efecco, poco me costó
de superioridad- realicé algo que, si en esencia en~. interesado, como dar con. un río de vino. No OPSt3Ilte el segundo hallazgo y su tenta-
toda venta de un objeto, aunque sea un libro, ~q¡. también algo bue- ción, m,e decidí-posiblern_ente inducido por el instinto de coll$er-
no y necesario: ensefiar a leer. vación- por el río de leche, y en. sus dber:l$ encantadoras pasé un
Empecé a percibir que hallaba c~o y a comprender por qué: tiempo feliz de recuperación de mis carnes. Quizás esto significó
. 1
esos seres tenían alas; posefan algo que hace posible no permanecer para mí algo como una nueva representación de la infancia, mejor
pegado al suelo. en mvcho de la que ~uve y en contraSte con las penuri:J.S recién
Dije aún: sufridas, con lo que, ~ muy probable, rpe malcrié.
-No soy superior a ellos pero carezco de su crueldad'. Malcriado en mi segunda c'rianza, la seducción de un placer, en
Observé que el pelotón se movía y advertí que en .realidad es- brindis natural y constante, me preparó oua serie de contrastes.
mba afrentando a las hormigas, porque ellas eran el instrumento Un día de calor probé el vino y renegué de la leche. Me trasladé a
obediente de esa crueldad. las (iberas del río de-vino y las seguí; curso abajo, exultante, exra-
Dije, pues, fastidiado y dispuesto a terminar (a que termin:u:an si:).qo con los. cambios que.en su cauc~ producían las horas del día:
conmigo): era un clarete balsamina al amanecer y a mediodía mudaba efi un
-¡Y bien, adelante! Basta de quejidos. Soy uno de los so~te_ne­ semillón tan fino y dorado como los propios rayos del sol en ese
dores de ~te Reino de los Hombres (que apenas es algo más que momento; por la noche, tinto cal:?ernet o denso baEbera d'Asti.
,,
1 • un Mundo Animal). Que se cobJ:"cn en m(, las bestias, lo q»c de
ellas despreciamos, condenamos y tememos, mi,enuas c_n la misma.
Entr~ en c;omunicación ton la gent~·- en suc~ivas poblaciones
y tierras ~uJtivadas, y no podía entender su spbriedad poseyendo,
especie humana brota y se ejerce, por individuos, por multitudes, de como poseen, a total discre~ión, un .inagotable río de vino. Para
instante en instante, o por rachas, la ferocidad, la impied:;td, la . cerra-· comer y participar de la mesa familiar me bastaba presentarme en
80 81
cualquier casa en eJ momento adecuado ..La desp·edida, con su ritual deseo. De momento no acieno a contestar. Puestp que sus mirn.-
de brindarse para una u otra ocasión que r.o eJigiese, hundía en m{ das, bondadosamente, me ayYdan, abro la boca y digo algo que no
el descontento como ante una sospecha de perfección que me resul- pensaba decir:
taba ajena. Pensé que si hada algo, trnbajar, por ejemplo, entraría -Amor...
en esa organización armónica como atrnpádo. -¿No ,Jo has tenido de las gentes, por lo menos en nuestro te-
rritorio?
• "" * ,Digo que sf y m~ sonrojo.
Entonces, eliQs ~emprenden: y todp. el auditorio comprende Y·
Me propuse, entonces, un plan b8ico encaminado a perturbar lo manifiesta con ojos conmovidos. y J.Hl vientecillo de palabras
el equilibrio de ese territorio·. Se me ocurrió que deStruyendo sus· afectuosas ..
ídolos algo fundamc:-nral deStruirla·.
La sesión entra eo una. pausa. de alguna$ horas.
Una de las deidades generales es la música y tiene su monumen-
to en el parque principal. No es una escultura, sino una fuente de • • •
sonidos visualizados en color. Para anularla fabriqué pólvora y por
semanas y semanas hice estallar bombas y baterlas. Nada pude. Era Al reanudarse el juicio ya. no esramos en el. esa:nariq los· rres solos,
como si la música. saliese el el corazón de las gentes. Intenté distraer- sino que también están unas rreinra mujeres, casi roda$ ellas muy jó-
:1
¡ 1
las con fuegos de artificio de cutlosó surtido, aprendidos de los ex- venes y muy bonitas, si bien algWtas decididamente n9 lo son..
! 1 pertos chinos de oficio milenario. Siempre resulmba más fascinante Casi no habría necesidad de preguntar, y sin emba.rgo pregunto.:.
la. belleza d~ los colores de la fuente. Finalmente, me puse a tapiar --¿Todas ellas quieren casarse?
el parque, sm esperanzas y siñ fe, sólo por hacerlo, como lo sablan --Toda,s ellas quieren casarse .contigo., Otras hay~ no aquf, que
todos los que me velan afanádo en la empresa, a tal eXtremo que yo quieren casarse, pero no contigo.
me hallaba asistido por unánime indiferencia. Al menos, hasta ser· -¿Y todas las que. están aqul pueden casarse c_onmigo?
!~amado a ju.icio, y aun entonces, pües este juicio, puede peñsarse, -Todas pueden.
t1ene por obJeto, solamente; volverme júicioso. -¿Y puedo yo tasarme.con rodas?
--¡No! Sólo con una, con la que elijas.
1 1
* * • -Ah.
~~ 1 1' Quedo indeciso entre dos de ellas y finalmente les pido que
.El juicio tiene algo de feria regional y de juegos florales; lo pri- hablen. Elijo la de voz más cabalmente .musical, sin pensarlo, y
,: 1
1' ! 1
mero, por los quioscos, las diversiones mecánicas y la. alegrla gene- al pensarlo y verle los ojos comprendo que elJa me ama y que yo
ral; lo segundó, porque los abogados, tanto los fiscales como mis la amo, y comprendo asimismo que si ahora destruyera Ja fuente
j; defen·sorcs, que son muchos, unos y otros, se suceden igual qué sería como destruirla a. elJa y .eso, para m{, r~ulrar{a imposible, por.
en un torneo de poesía. Hacia lo último, uno de los defensores y absolutamente doloroso.
1 "
uno de los· fiscales, que lucen, uno y otro, sendas Rores naturales Se me pregunta qué más quiero y yo digo:
y parecen ser los triunfadores en la competencia, me invitan al' -Dinero ..
proscenio y, como si ellos fuesen los jueces, sicf!do' ~posible que -¿Para qué ·quieres dinero? Si trabajas, no te será necesario.
hayan ganado la facultad de serlo, me preguntan qué es lo que yo -Es que no quiero trabajar.
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-Eres holgazán. -Volverás al otro país. Nuestras huestes, con tamo amor arma-
-No. Quiero retirarme. Al menós, por algún tiempo quiero das para las glorias de la victoria, acogerán con gratitud tus conoci-
retirarme. mientos del adversario y de su suelo, hombre reconstituido.
-¿Adónde quieres retirane?
Digo que al bosque, aliado dd río de ... Vacilo un instante y
enseguida afirmo que al lado dd río de leche. Me preguntan por
qué y yo sé que si dijera que deseo retirarme a cavilar me dirían que
sf, que puedo hacerlo. Pero no lo digo porque repentinamente me
inhibo para la mentira y emonces me dicen que no podrán autori-
zarme porque retirado, sin ninguna actividad útil, correré el. riesgo
de devorarme a mí mismo. Comó estqy ante un tribunal, callo,
porque entiendo que los tribunales han de discernir lo que es me-
jor para todos y esta vez confío en que el tribunal así ha de actuar y
percibo que en el número de todos puedo estar yo también.
Tendré una casa, para mf, para mi mujer y mis hijos, y podré
;¡ trabajar y además aprender álgún oficio o arre bello, según las po-
sibilidades que mis aptitudes me deparen. &re es el fallo del tribu-
i'j. ,, nal y, en principio, me confórma.
,, 1

La casa estará muy próxima al arroyo derivado del río de vino,


juma a otro que nace del río de leche, y ante el jardín pasará un
cauce de lfmpidas aguas.
Mientras me regocijo de tales perspectivas, y se me ocurre que
esos ríos no existen dentro del territorio, porque no son algo que
sea posible, sino dentro de mí -lo cual también es imposible-,
1 11
irrumpe el más real, el hasta ahora innombrado cuarco cauce: el
río de sangre. Me encoge de súbito una mala memoria. Penetran-
te, la visión de uno de mis jueces-jinetes alcanza las imágenes de
1 1 horror -que no he pasado a palabras- del país donde mi cuerpo
1: 1
fue descarnado.
Es que un juez, de mis actuales jueces, me está sonriendo de un
bondadoso modo, ¿y por qué si va a decir lo que dice?:
-¿Querrías, huésped, una justiciera revancha?
¿Por qué digo sf, si me propuse decir no?
Toda la fiesta sonrle, con fervor y ansiedad, como a punto de
soltarse, cuando el juez, un ser de tanta fineza, me propone o man-
da (es lo mismo):

84 85
verlo, no hicieran· .nada más que hacen'ne notar que lo tengo .. Toda
adquisición me resulta como un hallazgo de algo mío. La cultura
es parn ml como una: devolución .. :Percibo que la cultura me era
necesaria y connatural.
De· ahí, entonces, que sin. ;éstablecer comparaciones, me en-·
ALGO DEL MISTERIO cuentre, con certidumbre y placer, en el plano de la. vida superior.,
Ya me sé capaz de grandes cosas, la primera de ellas, reflexionar.
Una. mad.rer dice a su nifio; en una matinée de butacas vadas,
Las sefioras dicen que soy ordinario, pero simpático. Dicen eso que no juegue conmigo, porque puedo hacerle daño. EstaS palabras'
y omiten decir que bien quisieran tener mis ojos, su tamafio, al imbéciles no hallan en m! d vado ni suscitan d rencor. Me colm.an
menos. Quizás por verme de ~to ojo me eligieron para este tm.- de ideas que van naciendo unas d~ otras, como las luces de BeoSªla.
bajo. Han puesto nuoneras y ra.roneros. Los ratoóeros somos no- Pienso que, c:omo le ha respondido la criatura. a la madre, yo no le
sotros, los gatos, Un diario dijo que en un cine se vio un ratón que hago nada si sólo juega conmigo. Esto significa que soy inofensivo;
recorría de extremo a CXUClJl() el pasillo. Como esta sala es chica, Pero no lo s_ería si se me tratara de otra, manera y· mm poco soy in-
ª
se halla exclusivamente mi cargo, con la colaboración, relativa- ofensivo parn los ratones. Los ratones, aunque ellos creyesen portarse
mente inoperante, de unas ratoneras de .resorte. bien y aun si se pórtaran bien, es más, si todo lo malo que h,iciesen
Me he hecho ya a esta vida y puedo decir que es una buena vida. fuera jugar conmigo, lo que no es nada malo, serían mis v{crima.S, de.
Tiene sus aspectos duros, claro escl. Se me envidiará, por ejemplo, cualquier manera, sin solución alguna. Pod.ría haber también gatos
el calorcito que gozo aquí en invierno. El envidioso ol_vida que la ca- para los nifios. Gatos más· grandes que ellos que· los mataran aunque
lefacción funciona solamente durante los espectácul()s. Las noches, los niños se portaran bien_•y sólo quisiesen jugar con los gatos. De
amigos, son aquí tan despiadadas como en una vivienda de obreros. ese modo, creo yo, habría después menos hombres desdichados. LQ
Desde luego, no es por la noche cuando yo paso frlo, pues entonces sedan asimismo si se causaran menos desdichas· unos ·a otros. Los
me queda la evasión dd techo, más frío, ciertamente, pero pletórico ratones no· Se hacen dafio entre ellos; hacen dafio a los hombres. Los
de amor. Son las mafianas las insoportables, mejor dicho, sedan las hombres serían imperdonables si no fuera. porque,. a\lllque se causan
mafianas las insoportables de no ser que entonces me sirven la única el dafio unos a otros, taólbién se hacen d bien unos a otros.
comida del día. Puedo reflexionar y puedo hacer mucho m~ aún. He visto, en
,. una documental sobre Roma, una decoración mural con el tema
1 * * * de un. mánir cristiano que tuvo que sorber una cantidad de plo-
' mo derretido. Yo querría hacer una escultura que represente, no al
Esta buena vida, sencilla y clara, a pesar de desenvolverse entre mártir en su integridad, sino el plomo tal como quedó en su cuerpo
las sombras, las nocturnas y las necesarias para la proyección de al enfriarse, y también, por encima de esa tortura de plomo, los ojos
las películas, no es tan sencilla ni se me está. haciendo tan clara. del sacrificado. Lo haría, quizás lo haré; pero no acierto a resolver
Aprendo, con las peliculas y con las conversaciones, aprendo. En cómo he de suspender los ojos en el aire.
rigor de verdad, aunque pueda creerse que no lo es y que sólo se
trata de engreimiento, al recibir conocimientos siento como si eso • • •
que se incorpora a mf ya se hallara en mi interior y el escucharlo, el

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J
Puedo hacer tanto; me siento dorado para hacer canto ... Y, lo
que me resulta más dificil de resolver: ,me hallo como ejercitado
para hacer. Igual que esa previa posesión de :conocimientos, hay
en mí algo como el precedente de numerosas realizaciones, y no'
minúsculas, sino magnas. Cas'i podría afirmar, y. lo afirmo, que al-
gtmas de las obras de anc que andan por: d mundo son mías, mías,
absolutamente de mi creación. BIZCOCHO PARA POULLAS
Yo he hecho, por ejemplo, claro está que con otro nombre, una de
las más indiscutibles pd!culas que sé han exhibido en este cine..Esa
película está levantando elogios y adniiracion por las salas de cuan ro. Puede apolillarse una persona, se dice,. cuando se retira, cuando
mundo hay, y aunque nunca se agorarn.cl interés de esta generación hace de la soledad su compañera. Puede, sí; puede apolillarse. Es
por ella, quedarán en reserva, para el entusiasmo continuo ·de las mi caso, como todos lo saben.
sucesivas generaciones; las copias de dnemateca. Mientras tanto, Todos lo saben, porque me ven; todos, asimismo, desconocen
como siempre desde hace un tiempo y siempre será en el futuro, mi las causas. La opinión generalizada, ·no por generalizada, creo yo,
película se ve, se estudia, se discute y finalmente se alaba en forma ace~Jada, es que siempre me resisú a los depones o por lo ~enos al
unánime en los clubes de cine-arte. Las libros de historia del cine le aire libre, al campo o simplememe a cualquier esfuerro flsaco: .
dedican capítulos y reproducen fotograf!as de sus mejores escenas, a Quizás induzca tales pensamientos mi cuerpo, aho~ ~n vasable.
pésar de que rodas sus escenas son las mejores. Los mayores cumpli- Es, posiblemente, mi castigo. En esto tiene que constst~r. Porque
dos son para el argumentista y director, "Y el argumentista y direcror. eSto de apolillarse, esta palabra rancia que me ha ocutndo, tomó
soy yo, aunque todos ignoran la verdad. Cuando, lejos en los siglos, posesión de mí como menos podía esperarlo, sin haberlo esperado
alguien procure ubicar corporalmente al argumentista y director que nunca, claro está.
hizo la famosa pelltula, se dará con el desconcertante problema de La polilla, este: ejército ciego y famélico, me come, me c~me,
que, tras-el nombre fingido, esrá el anonimato. Con el desconcierto paciente pero activamente, cuanta. ropa ~e pongo para ~ubnrme,,
vendrá un estado de ánimo subyuganre, el de la· intriga. sin dar alivio no sólo a mi pudor, sano a mts carnes metaltzadas p~r
Ahora mismo lo siento yo, siento ya el goce de la incógnita a el frío. Todo es imposible contra ellas. Cualquiér trapo ~ue me cai-
punto de ser revelación que nunca se revelará y, aun sabiendo que ga encima sliscitacl, no digo su apetir~, que debe. ser 1m placable,
nunca ha de revelarse, se espera. que sé revele. Me roma, como un sino su decisión de· cumplir una espec1e de abommable mandato
manso lago, la voluptuosidad del misterio inofensivo, porque hasta que me persigue. Devoran; me dejan con los brazos cr~zados sobre
yo mismo descono~co qué nombre usé para firmar el argumento el pechÓ; y desaparecen. Desaparecen; pero yo sé, av1sado por la
y presentarme corno director, e ignoro igualmente cuál es, dónde experiencia, que siempre volvecln. .
esrá, mi excelsa, mi bienaventurada obra de cinc. Nadapuedoconrraellasytampoco,¡Cristo!,puedoconrrarhf.~o
essóloporquealtomarelrevólverlaspolillassecomerianlasbalas,.smo
porque yo quiero vivir. Yo quie~o yivir. Nos~ para qué; pero quae~o.
Lo único que pido es que se me labre de las pohllas; que se me perm~ta
andar por la calle oculto, como todo el mundo, dentro de ~n t.ra!e.
La gente no se acostumbra y casi no me tolera. Al pnnc1p1o,
yo cultivaba la esperanza de que se habituaran a verme, como les
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89
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1

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1 ha sucedido con el hombre sin piernas y tantos otros desdichados


que tienden la man~, si .es que la tienen. Pero no. Lo único que
legalmente no se me 1mp1de es andar libremente por la calle, ir a. la
confitería y al cine, o adonde necesite o puramente quiera presen-
tarme. Con esa disposición al simbolismo que, con el pretexto de
sob.rep~rla, elud.e la realidad, se ha entendido que yo, por algún .LA COMIDA DE LOS· CmtD.OS
' 1 des1gmo que nad1e explica, soy el símbolo de la pobreza..Es un
error. No se animan a ver la realidad escueta y simple: estoy sin
ropas porque las polillas. me las comen. Puede en ella el desconsuelo, seco y vago, si todo el interés se
le aplana y ho es interesante mcis lejos de lo previsible. Eso sucede
• • • siempre, porque siempre no se. aucve hasta el fondo de la aventura.
Era, media hora arcls, sólo un mirador del do, la ancha muerte
Hacia el término de este n:ml. afi_o, .la reflexión ha. sucedido al de un camino carretero entre fortificaciones de barrancas e impen-
~esasosiego. La lucidez ha venido, tal vez adulterada por .la resigna:- sados charcos verdosos. Ah, pero acaso, ¿qué es, sino una copa de
CIÓn, y he dado con la pregunra clave que pocos qui.er.en .comesrarse arena, la playa por donde se busca la conquista del mar? Saberlo
sensatamente: ¿para qué vivir? constituía, al fin, nada más que la comprobación de las negaciones
Ayer hice Io elemental: hablarles. Les pedl compasión,. sin entrar no apetecidas aunque sí esperadas.
a preguntarles si pueden tenerla o. les está prohibido ejc:rc~rla. Nada Pero lo que no era puede ser, y nadie sabe de qué impulsos dotó,
me respondieron, quiufs por no comprometerse; se hablan acercado a esa mujer inexplorada, aquel ojo de agua que manaba limpio aca,.
a mi y me circundaban, como ames, cuando yo inrenraba cubrirme. riciando sin sensualidad las caderas de una vegetación hecha al des-
Esto, para mi esp!dtu necesitado de esperanzas, fue suficiente. Em- tino de su ensimismado mundo Uquido. En su cabeza, que no anda
prcndl la parte consecuente de mi plan. Puesto que las polillas comen sin comparaciones, era un globo de aistn.l en una mesa de noche con
l:S superficies manchadas y excavan devprando, les dije que e~ mi tapa de mármol. Malograba el hallazgo la inforrunada transfiguración
vrda h~b!a una mancha, localizada en el pecho. De tal manera, cal- y necesariamente su :inirno tuvo que sacudirse para ver de sutil relarnfia,
culé, s1 lograba conmover su sentimiento, podrían darme .la necesaria de blanca red de gasa, la contención puesta a los cerdos en el chiquero.
muerte sin asumir mayores responsabilidades ~te s.u mandante. Más allá del corr.ll se devanaba 1~ huella pisada por las patas mu-
Ahora ~tán comiendo .mi corazón, ahí han llegado las penetran .. l,ares que la hicieron, reradoras ~el do, y allá fue esa ~a de soledad,
res, Y yo Siento, cada vez más, un grande alivio, comp si fuera en. . siquiera una yez, real.
erando en el suefio, pasito a pasito ... Raleada su guardia de cortaderas, la orilla formaba defensa,
El resto de corazón que me queda palpira de gratitud por ese acto también con sus medios acuáti~os, pues a la miasma sucedían en
de ;uno_r y cuando -todavía- pienso en el amor, s~ me ocurre, .igno.. ese punto los arroyos apurados. Puso los pies en ellos y resultó
randa el porqué, que toda mi culpa debe de habe.r si.dp ocultarle mi ofender su pureza, una pureza llevada a tal término que en su seno
cuerpo. Aparte de esto, que se me-diga, por -piedad, se me diga, ¿qué se desarrollaban barbudas axilas masculinas, pero idealizadas en
puede haber come~do de aborrecible un muchacho de veime años? verde suave y transitable por los dedos del agua.
Entre los arroyos y el do, que desenrolla sus ruidos de indefensión
contra el suefio, el viento entabla contienda con el sol impalpable
90 91
q~e le dice quédate. Y éste gana. Cielo adentro, rebrilla de gusto en
las cúpulas pareadas de algún indescifrable edificio rural.
Entonces dice: "Y con la noche he de volver a ti, duefio mio. Pero
ahora déjame, querido. Déjame. Puedes ser piadoso: déjame".
Los puercos, con su afinado olfato, han elegido este momento
para romper la tela de arafia e irrumpe"n entre .los pastos bajos. SALVADA PUREZA
Los tres mcis bestiales la disputan en una contienda arroz. Ame
'1
su vista han perdido los colmillos e incalculable sangre. Pero esto,
para ella, que tamo conoce a .los hombres, es indiferente. El ven- De todas. maneras, ya tendrfa que haber suspendido la: lectura.
cedor lo comprende, aun ant~ de enfrentarla. Quizás la vara de Debo medirme, paia. no gastar. demasiada. luz eléctrica; debe;> medir-
mimbre que trae en las manos ha,de ser para sus carnes, de todos me para dormir las horas precisas y no ser mafiana un reprensible
modos -él lo ignora- indoblegables. empleado dormido.
Me han quitado el libro deJas mános los apasionados gatos, los
seres del amor belicoso y _esencialmente nocturno. Bajo la luna,.
creo yo, el amor puede ser más idílico y puede ·ser más bestial.
Quizás la franqueza del sol propicia, dentro·de la relación, las reve-
laciones que conducen al tedio y al desencanto.
Entre todos esos gatos ha de andar mi garito, mi Fuci, ignoro
si .idílico o bestial, sin duda irreconocible. Irreconocible aun para
mí, que cuido su desarrollo y lo. veo incluso en mis suefios, cuando
suefio que es leopardo. Lo veo leopardo, como si yo fuese un padre
normal. y mi hijo hubiese ido· más allá de mis deseos, tomando las
proporciones de un gigante..Padre nprmal,. al fin, no podría impe-
dir que mi. voz de adentro lo llamara, sencillamente, hijo.
Asl llamo a mi Fuci-leopardo: simplemente, Fuci. Fuci, le digo,
como un saludo y como un carifio, cuando lo visito en ese prado
del parque donde reproduce su antigua costumbre de cuando era
gato. Cuando era gato se avecindaba, envuelto en s( mismo, dormi-
tando, al pie de alguna cacerola, que oliese bien. Ahora que es leo-
pardo dormita en un prado donde picotean tres gallinas, a la espera,
!1
supongo, de que ellas mueran, para poder comérselas sin cometer
excesivo deliro. En la espera se han abultado necesidades que, sin
hacerle olvidar su anhelo, aunque relegándolo a la condición de una
esperanza posiblemente fallida, le han impuesto otra vida y otra si-
tuación. Su situación es actualmente la del jefe de familia. Vive, con
sus cachorros y su elegida -que a mí me produce la impresión de
92 93
....
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una hiena y posiblemente lo es- en un horno abandonado, donde el


prado extingue su verdor, que no puede entrar en la tierra salitrosa.
Mi Fuci-leopardo a nadie permite acercarse, excepto a mí, si bien
nuestra comunicación está un ramo interferida por la presencia de
su esposa, que no me manifiesta simpaúa alguna. Me limito, en-
tonces, a detenerme a cierta distancia del horno y mirar, nada más,
CUENTOS CLAROS
mirar, mientraS Jo nombro: Fuci, como en una conversación unila,.
teral, confidente y compasiva. Porque ahora veo, en el rostro triste
y tenuemente severo del .Fuci, el gravamen de las obligaciones, y yo 1957
pienso que, por más leopardo que sea, en lo íntimo es sólo un gato
¡'1
y no pueden cargarse demasiadas responsabilidades sobre un gato.
Bien lo sé yo, por mi personal experiencia de hombre.
11 Si .ahora regresa, de .los techos y de su porción de amor, sentirá
,, en mí, más que la habitual. protección del hombre al gato, la solida-
1 ridad. de los nivelados por los problemas.
1
1 Debe de ser él y esta noche tiene que ser :leopardo, por la fuerza
1 1
y la torpeza conque abre mi puerta.
1

1~: 1 No.
1

No es. Es un hombre, un hombre de presencia. inexplicable.


;¡: 1 1
1.
!
Tengo un segundo para saber que no necesita cuchillo ni revólver,
que no le veo, para asesinarme; y un segundo para saber que, sin él,
¡
!t el cielo, que ha descubierto abriendo la puerta, podría ser hermoso.
1 1
Por forruna, yo soy un nifio y aún me quedan muchos afias de vida.
1 1
Pero, ¿cómo libraré a. mi Fuci de ese criminal?
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1' 1!1
Se respeta el cambio de título (Grot por Ctuntos claros). que realiza el autor en. la
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' segunda edición del volumen: C~nros claros, Buenos Aires, Galero:~, 1969. V~r1os
1, 1'
.! 1 cuentos fueron reeditados luego en dos antologías del autor: CAballo m tl saiitraf;
1¡ :1 1 &rcclona, Bruguern, 1981; E/juicio tk Dios, Buenos Aires, Orión, 1975. ·Enrosculo ,
¡1, 1 "As", "'El juicio de Dios" y •No" fueron publicados tambi~n en: Pdpnas tscogidas tk
¡! ,, .
Antonio Di Bmctktto. Stkctionadas por ti autor, Buenos Aires, Cdna. 1987·
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! ENROSCADO

En la c:aSa que ha. quedado vacía de la madre, d niño recorre con


j l. suavidad habitación tras habitación. Las mira pausadamente, como
si descubriera su contenido o .la alrura de las paredes.
· L1 da, en las pocas horas que permanece para ocuparse de la cocina
1
o de la batea, le resulta indiferente. Emre los dos median silencios

¡
1
que parecen olvidos.
Sólo se confía al padre, se recoge en él, durante los descansos del
trabajo, a mediodía y en la noche, que siempre ilusiona con que
será muy larga.
El padre, contra la costumbre, se queda una tarde de semana. El
nifio está contento ..Pero llegan unos hombres que retiran los mue-
bles del comedor y los sacan a la calle. El padre los dirige. EL nifio
se va a la cocina ·y el padre lo considera:, sin decirle. nada, porque
puede ser timidez natural acentuada por los acontecimientos. Los
hombres caminan después hacia la cocina y la nombran, porque
deben llevarse el armario y la mesa. El nifio lo advierte y se desliza
al patio solitario, donde no hay más que unos cajones de basura, y
se esconde detrás de los cajones. El padre lo ·observa y lo compara,
apenado, con una lauchita asustada.

Las deudas, por esa enfermedad tari larga y sin remedio de la mu-
jer, la cifra del alquiler; que en su nuevo estado económico se vuelve
inmoderada, lo constriñen a ese cuarro de pensión" Pero fntima.Qlente
se halla complacido, porque el hogar quebrado no. se arregla con la
presencia de la cuñada. No se arregla; se afea·. Y él presiente que debe
darle a ella la oporrunidad de terminar con un trato y una responsa-
bilidad que ya no se ven fuvorecidos por ningún afecto.

97
1
li
.1 Queda solo, con su pequeño hijo. Quizás para siempre, se dice. -Cómo, .hijito. Son las seis deJa tarde ...
Lo observa, buscando esas sombras de cansancio que el niño decla-
li
1
1
ra. No son visibles, no. Pero le admira hallar, en los ojos, un destello
1 1
Despacha en una chatita las valijas con la ropa, la camita del
chico y la silla a la que está. acostumbrado su cuerpo.
de inquietud. Sí, hasta se desvían hacia determinado lugar, esos ojitos. '
Parecen desear que. algo no esté donde está. Presm atención. Viene una
Cierra la puerta y pasa la calle para tomar el tranvía. Mientras lo voz, una voz de mujer.: Una mujer canta. Conjetura que es una, que
espera, contempla las ventanas clausuradas, sin visillos. Se acuerda ambula en salida de baño, como esperando turno para el agua.
de los visillos que colgó la esposa. ¿Qui~n los habrá sacado? Inrenrn comprender á la criatura. Deduce que lo intimida esa
Por la otra cuadra viene el tranvía. Es preciso despedirse. Despe- voz tan libre, en chocante·conrraste. con el silencio del bogar propio
dirse de la casa. En los cUas anteriores, cuando imaginaba ese· mo- reci~n abandonado. El niño percibe una presencia extraña, en ese
mento lo suponía solemne. Sin embargo ... Suspira. Siente.cobijada lugar donde tienen que vivir~ y no le agrada, pero se da cuenta de
en su mano la. manecita del niño. Hurga en el bolsillo del· saco; retira que le falta derecho para reclamar.
unas monedas y extiende el br:no para prevenir al motorman. -Está. bien, Berdto. Vas a dormir. Te preparó tu camita. ahora.
mismo.
El niño asiente con el gesto. Con el gesto, no más, dice: ".Está
Entrega la llave al dueño de la casa, toma otro tranvía y des~ ende bien. Es lo que necesito".
a dos cuadras de la pensión.
Camina, el hombre solo, con. una .figurita muda tomada de la
1

mano, y tampoco él pronuncia una palabra. ¿A quién contar, a


1

La noche ha sido muy trn.nquila. El padre recibe el dia. con esa


'. 1 1 quién explicar nada? confusión que provoca el cambio de cama y de ambiente. Cuando se
Cuando llegan, ames de entrar, juzga necesario decirle: despeja se siente fortalecido y·equilibrado.
-Benito, aquí vamos a vivir. Despierta al niño:
El niño lo mira. "Mira la ca5a. Vuelve a mirar al padre. Y esra -Benito, arriba. Van a limpiar la pieza.
.última mirada es una pregunta. Lo lleva al baño. Le hace beber el café con leche. El niño hace
El padre no puede contestarla. Quiere terminar esa situación. todo, prudente y pasivamente.
1· Dice: "Emr~mos", toma en br:nos a la criarura, sube el escalón. y Pero no habla, no .muestra alegría, ni ·satisfacción, ni siquiera.
toca el timbre.
curiosidad·.
El padre piensa: "Es el cambio. Ya se le pasará".
Piensa que al niño, y a él también, les sería saludable ir al cine, a la
Ha dispuesto, para completar el traslado, de la. tarde del sábado. matinée. No se puede, tan pronto, después de lo que ha ocurrido.
Puede :guardar y ordenar la. ropa sin apurarse, tanto que le sobra Opta por el parque. :El niño se deja llevar.
' 1
tiempo y así repara en que son: muy pocas las cosas que le quedan.
"
'
1
1 El chico lo mira hacer. Está sentado en la. cama, donde el padre lo
~~ 1 ha puesto una. hora. antes ..
Vuelven anochecido. El aire fresco convidaba a ·demorn.rse y
' 1 -Papá, tengo sueño.
después era dificil conseguir ómnibus. El padre se, apura. No sabe
El padre se sorprende:
a qué hora servirán la cena los domingos.
98 ,·
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La casa es como si fuera otra. Desde la. vereda, a través de la Desearla pasar al fondo, donde está el bafio; ·se abstiene, rend.rla
cancel abierta, descubre que el patio está endiablado de bailarines que me7,clarse con los bailarines u orilla.rlqs sin saber cómo. Son
y de música. tan desconoci_dos para él...
El padre siente algo en la garganta. Un mal trogo. No por él Lee títulos, miro fotografías del diario de la tarde que compró
-¿qué puede importarle?-_sino por el nifio. Intuye que ahf abajo, a en d bar. Bosteza. Se desviste. Ames de apagar la..luz, acude ·a
su lado, dembla un desconcierto, tal vez un pequefio espanto. No se controlar el sueño del nifio. Levanta. la sábana. Está con Jos ojos
atreve a mirar al nifio. Ames de enfrentarlo procuro encontrar una desesperadamente abiertos.
solución. Sospecha que .el error ha sido detenerse. Debió entrar sin El padre quiere decirle~ "Duerma, hijito; duérmase". Quiere
titubeos. Mira al nifio. El niño está mirando hacia adentro, .como decirlo con su voz más tierna y protectora, pero la. voz no le sale
encogido, como .replegada su alma. El padre quiere creer que no de la_ garganta.
pasará nada. Por fortuna, su habitación es la primera de la izquierda
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y tiene puerta al zaguán. No será necesario llegar al patio.
1 Emonces se decide. Primero: inrcnra animar al niño: S.ección jubilaciones del Centro de Empleados. Un oficinista. que
1:
-Mirá, Bertiro. Una fiesta. Qué lindo, ¿cierro? se apura en su trabajo, aunque no podrá arrancarse del escritorio
El niño niega con la. cabeza. hasra las doce en punto.
-Qué, ¿no te gusta la fiesta? Sin embargo; a_ las doce y cuarto consigue estar en la pénsión.
El nifio sacude la cabeza, obstinadamente. Lleva una protesta, en nombre de su bijo. Al pasar por el iaguán
El padre juzga que debe actuar con energía. observ.1. que la puerta de su habitación permanece cerrada. -Le sor-
1
\ 1 -Bueno, vamos. prende, pero no lo retiene.
No ha contado con la voluntad del nifio. Tiro de la. manecita, y -Señora, ante codo, buen: dfa. Yo crel q~e esto era una casa de
• l. ese cuerpo, tan pequefio, se resiste .. Si se empeña, puede arrastrarlo . familia.
Pero ... -Señor Orrega, usted sabe muy bien que esto es una casa de
Lo alza en brazos..El niño agita piernas y brazos, en fronca pensión. En la calle hay un letrero.
rebeldía. -Sl, lo sé. Quise decir una pensión familiar.
-Vamos a tomar chocolate. -Y lo es. ¿Quién dice que oo?
El niño intenta desasirse, arrojarse al suelo. -Los .hechos, señora; los hechos.
-Chocolate con churros, con tortitas. Lo que quieras. -¿Qué hechos?
Aclara: -El. baile de anoche.
-Aquf no, en otra parte. -¿Y eso qué tiene de malo? ¿Acaso este. es un. night-dub? ¿Acaso
El nifio se .calma y se entrega. se baila todas las noches ... ?
Toman el chocolate en un bar con billa.res, donde sólo van los En el primer momento la duefia n.o estab'a di~puesta a someterse
hombres . .El nifio observa deslumbrado el juego cercano. Pero al a un pensionista tan nuevo y tan eocrespado. No obstante, advierte
terminar la raza inclina la cabecita sobre la mesa y el pad.re sabe que que puede transar: el motivo de la irritación es circunstancial y no
ya no ofrecerá resistencia. tiene importancia.
No ha cesado el baile. Son las' once. -Vea, señor Onega, yo le voy a explica-r:
Acuesta a Roberto. Explica: eso ocurre rara vez. El baile fue entre_ pensionistas.

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Ningún extrafio. llegaron camioneros de Córdoba y como en la El niño admite que d p:tdre haga combar su manecita.
pensión hay sefioriw que son rurisras... -¿Querés verlos? Te llevo.
Ortega escucha y hace suposiciones: "Turistas y camioneros. Turis-~ El. nifio cierra la mano. El padre ve que se ha ttansforma4o en un
11 tas muy económicas. Camioneros que ganan mucho...". Observa que se puño y le dude que la mano dd hijo ya anticipe las durezas de la vida.
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ha dejado sacar de su enojo. La defensa de la duefia·cs inobjetable. .É y

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ella lo comprenden. Tanto que de inmediato la dueña. se halla en con-
diciones de plantear algo más delicado en que. ella es la disgustada.
-Y ahora, sefior Ortega, ¿me.puede decir quc5 pasa con su hijo?
¿Todos los días va a ser así?
Ocho y cuarto de la noche. El padre llega. No desperdicia un minuto
en amigos, en vidrieras, en pila.rras. No puede robar al hijo ese rescate
del encierro que duro ya casi una semana, hasta tanto acierte con una so-
lución o la criaruradepongasu empc:cinami~to en la clausura..El padre.
El hijo. La puerta cerrada. El padre siente que, en ese instarite, conRa en que la salida vendr:i sOla, por exclusivo 'imperio de la naruralez::t.
puede ser volteado con lo que lo coquen. El padre llega. El cuarto está a oscuras..Lo comprueba mirando
Quiere correr. Necesita ver. Pero antes precisa apunmlarse en desde afuera el vidrio de. la banderola. Entra tendiendo la ·mano hacia
alguna información. la. llave de la luz y diciendo su dolorido reproche:
1
1!1 dejó al nifio~ Cuando la muchacha· quiso entrar, para hacer la. ,..,Hijo, siempre igual, y en la oscuridad. ¿Por qué? ¿Por qué?
limpieza, el nifio se puso a gritar..La muchachas~ impresionó y se La lU7. acude obediente al die de la llave, para révelarle la. integri-'

1'
.l negó a avanzar si no mediaba la patrona. Al ver a la. duefia el chico
se irritó más. Yse. notaba que no le sucedía nada, que no gritaba de\
dad del cuarto, pero a él sólo le descubre la presencia del niño, ahí
paradito, conteniéndose con la mano cierta parte del cuerpo.
1
enfermo, que no quería que entrara nadie, no más. De modo que ...:Papá, pi.
las mujeres cerraron la puerta y se acabó el ruido ..La pieza estaba El nifio no contesta los reproches. Nada dice a la averiguación
j 1 sin hacer y as{ tendría q~e aguantarla el padre. del padre. Pide:
-¿Nada más que eso? -Pap:i,pi.
-¿Y le parece poco? -Ya te llevo. Guardo esto y: ..
Pero el nifio lo interrumpe y lo apura:
-Papá, pi.
la reiteración del episodio, al día siguiente, obliga a combinar ,Es un ruego:
un sistema. La mucama llega a las siete. Ames de limpiar la vereda, El padre comprende. Arroja las carperas sobre 'la mesa, cica al
apenas sacados los tachos de residuos, hace la pieza de Ortega, es nifio de la mano y lo conduce al fondo.
decir, mientras éste puede ocuparse del nifio. Diez minutos están Cuando llegan, la. criatura se ha mojado el pantalón.
salvados poda visita al bafio. Despuc5s, mientras aguardan la cena, el padre, senrado al filo de
Pero, ¿el resto del día? la cama, considera ese semblante que no parece reflejar culpa ni
-Be.rtito, yo no puedo quedarme acá. Si quisieras salir de la pieza vergüenza y sin embargo traduce la guardia frente á un castigo que
mientras no estoy... Al fondo, en el último patio, háy pollitos. no ~e puede descartar.
Una luz de interés se enciende en los ojos de la criatura. Es fugaz. El padre está demasiado confundido:
El padre se afana por hacerla renacer: -(Será. posible, rujo...? ¿Ni aunque re mueras de ganas...?
-Pollitos amarillos. Chiquititos. As( de chiquitos. Caben en tu
mano. Así, hacé un hueco con la mano.

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1 ':

Ortega pide permiso. Media hora para ir a la cien~ Vuelve. Lo deja ahí. Lo (apa con una. revista.
i
. l Vuelve a la oficina. La envoltura de papel no esconde el conte- Conduce al chi(;O hacia el bafio,. con ropa 'interior limpia para
d nido. Alguien se da cuenta. Una sonrisa que se comunica. Ortega cambiarlo.
la percibe. No había pensado en eso. Tampoco se le ocurrió dejar Cuando la muchacha viene a poner la mesa, le pide que saque la va-
el paquete en el guardarropa. Ahora no puede ponerlo sobre el es- sija. Ella vacila, dudando que, en realidad, a esa hora tal tarea se cuente
critorio. Lo disimula en el canasto de los papeles. Un compáñero entre sus obligaciones. Una resignación heredada le hace contestar:
ríe con ganas. Todos los compafieros ríer:t un. momento. Pero nadie -Bueno. Enseguida .
insiste con comentarios. Ortega. se serena. .La muchacha hace el reparto de _las canastillas del pan desde la
A las doce, saca el paquete del canasto de alambre. cpcinª. habitación por habitación. Como la-de Ortega es la última
El jefe, que no había participado de la. risa, le dice: de la casa, de adentro para afuera, cuando le provee su canastilla
-¿Se la lleva? Creí que estaba por .usarla aquí. con panes franceSes las manos le quedan libres. Entonces levanta el
Los demás cargan la_ burla con entera libertad. utensilio y sale al patio.
Ortega no se ofeode\ Sonríe. Acepta. Se le ocurre, repentina,- El padre escucha voces de protesta. Es un hombre y vocifera. La
mente, que en rodo esto hay un_ oscuro culpable, y sale pensando muchacha le dice algo.
que debe encontrar soluciones, sin-la•menor-demora. El padre se sobresalta. No entiende el sentido de las palabras,
pero sospecha que tieRen rdªc;ión con él.
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La muchacha regresa con los platos de sopa. Viene empacada.


Deshace el paquete. Al nifio le.resulta un objeto familiar. No hace Ortega le pregunta qué ocurrió.
f' mucho que cesó de usarla. -El sefior de la pieza 9. Dice que él no va a aguantar que yo esté
Se desabrocha. tocando esas cosas cu3)1do sirvo la comida. Le contesté que usted me
El padre se toma la cara con la mano derecha. "Para no pegarle", había mandado, que no lo hago por mi gusto. La sefiora también se
piensa, sintiendo que tiene la mano ocupada en algo. enojó conmigo. Me ruve que lavar las manos para seguir sirviendo.
¡1 Lo ataja: El. padre no puede defenderse, no puede discutir el episodio con
-Pero hijo, si estoy yo aquí te puedo llevar al bafio. persona alguna. Mira con rencor al nifio. El nifio recibe la mirada. Había
Es carde. Ante el reproche, el nifio procura reprimirse; no obstante, levantado la cuchara. La abandona, junto al plato, e inclina la frente.
las COS<l$ ya estaban en curso y como consecuencia mancha :el piso.
El padre sonde, con resignación.
-Bueno, alguna vez había que estrenarla. Que sea ahora. El catl)bio de pensión está decidido. Roberto no acepta vivir en
~~:,t, l:,t rechaza,
tal va porque representa su primera morada en terri~
torio ajeno. Roberto se siente rodeado de enemigos y la hostilidad se
La reincorpora-ción al cuarto, después deJas ocho de la noche, ha declarado contra su padre, no ya con formas meramente ilusorias.
le permite enterarse de que la utilidad del utensilio ha sido comple- Demora unos días en encontrar lo que busca, no por exigente,
ta. Enseguida tienen que cenar, ahí mismo. Hay que llevar~e eso. sino porque precisa una habitación que tenga muy cerca el bafio.
También hay que llevar al nifio. Está sucio, ha ensuciado la ropa. Esto se lo ha.prescripto la experiencia y no es difícil de lograr. Ade•
Pero antes que nada, eso. más necesita -o desea,- que esté junto a :la calle, con salida directa o
Lo toma. Sale. Se abre una puerta. La puerta donde está esa mujer. siquiera como la otra, con puerta al zaguán. Esto se lo ha sugerido

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cierta idea, que fue súbita, que él no quiere admitir y que ya, pre-
sumiblemente, pasó, 3,unque le ha dejado el mandato de hallar la
pieza con esa ubicación y no una diferente. En la mafiana compra urr portairetrato, ramafio de postal. Espera
la noche, que es tnáS propicia para la efusión de sentimientos. Es más
apta, también, para que un padre hable las pocas palabras que un hom-
bre grande puede decir a su pequefio hijo, y percibir1sus latidos.
Nada representa, para el nifio, el traslado. S'ostiene·su vocación de -Papá, le hárá ver algo .que usted y yo queremos mucho. Pero;
encierro y, a lo más, concede acudir al bafio sin la compafiía del padre. m'hijito, noivaya aJlorar.
-¡Mafias! ¡Mañas! -clama el padre, d día que se persuade del fracaso. El nifio recibe con sorpresa esa noticia·y·esa recomendaciqn.
-¿Y si estuviera enfermo ... ? -sugiere esta duefia, que es menos El. padre despoja del papel. el porcarretram y lo ubica sobre la
discreta o menos egoísta que la otra, y ha tratado de entrar en el; pro- mesa, que ya :está libre. de las migas de la cena. :Abre la cartera de
blema del padre y el hijo. cuero donde conserva cartas,. recibos, documentos de identidad.
-Come, ¿no? -repliC3' con .violencja el padre. Extrae una fotograBa. Un retrato, un retrato de la esposa.
-Sí, eso sí. "Así era.", se dice.
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-Hace todo lo que tiene que hacer, ¿no? Así.era.unos meses antes de enfermarse.
-S C... Todo, lo que se dice todo ... Hace ciertas cosas. Pero no hace La contemplación del rétrato lo abstrae en· una forma que no
lo que hacen los demás nifios. había sospechado. Le. viene un calor de emoción y una desesperanza
-Ni lo que hace la demás gente, chicos o grandes. F.s el carácter, de.ausencia. Comprende que ha sido un error guardar la fotografía-.
sefiora. El carácter. Eso no lo arreglan los médicos. Tal vez su presencia entre las cosas cotidianas lo habría confortado
La mujer carece de mayores árgumentós. Quedá en silencio; de tanto suceso áspero_ y adverso~
concentrada. Después aventura esta opini'ón: "Así era ... "
-El carácter... puede ser.. O la pena. Así la conoció el nifio .. Así debe recordarla.
El padre advierte que ha estado todo. el tiempo bajo la mirada
del nifio. Recela de haber predispuesto SU$ sentimiemos y vacila
La pena. antes de mostrarle la fotografía. Pero está. decidido -si eso .tiene
.Estas palabras se prenden del corazón del padre. La pena. que suc~der- a llQrar con·su hijo, por primera vez jumos" lo que en
Recuerda que ha olvidado la pena. 1!1. comyn han perdido.
fntimamente, ya desligado del diálogo con la duefia, procura Coloca el retrato en la· mesa·,. delante del nifio.
justificarse. Enumera: una, dos mudanzas, las- contrariedades con El nifio lo mira.
el nifio, las deudas, la crueldad de los acreedores. El padre va a preguntar .si la reconoce, porque el nifio no ha
No obstante, a pesar de los motivos que· pueden disculparlo, he despegado los labios, no ha hecho un gesto, no ha interitadó tomar
aquí que ... la pena, tan lejana, tan apagada en tan potas semanas. la fotografía . .No es necesario preguntar'. El nifio dice:
i Pero no en el nifio, no puede haberse disipado en el nifio. Y él, -Mamá.
! 1
que nunca le habla de la madre ....Para. nó hacerlo sufrir, ha creído Nada más.
hasta ahora. Y es que su pecho, como aquella. casa que .dejaron, se Levanta.la mirada, al padr:e, como preguntándole si aparte de eso

~
ha vaciado de ella. hay algo más que ver.
¡ 11
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1
--Ll·ti·'
¡, ~
El padre esrá. mortificado~ Masculla la sospecha de. que el hijo El padre posee ahora dos experiencias significativas.
es idiora. Lo que ha hecho en las peqsiones... La falta de reacción Por una de ellas sabe que, si olvidó.su propia pena, no la. había per-
ame el retrato de la madre ... dido_y por esa pena existente de verdad es que esrá tan extremadamente
Ha dejado la fotografía en el p~marretrato. En la. mafiana y· a sens.ibilizado que hasta ha humedecido su rostro con el llamo.
mediodía continuaba aj:lt En la noche no. El niño la· ha recortado Por la otra experiencia se cree reconciliado con el hijo. Ya;no lo
con tijeras y su falta de destreza para manejarlas ha. causado una culpa de sus contratiempos y disimula.hasrn donde puede el disgusto
decapitación de la imagen. que le provoca el tenaz.encierro en. ht habitación.
-¿Qu~ has hecho? -Cuando seas más grande, rendrás que .ir a la escuela. ¿Hasta.
El tono es tan duro, ya castiga mmo la pregunta, que el niño suel- cuando, Benito, seguirás de esta manera?
ra el llanto. Sin embargo, entre sollozos hace escuchar sus cuestiones: Ha intentado amisrarlo coh una niña vecina. Como siempre, acep-·
-Quiero más, q4iero otra ·para jugar. tó salir con el padre; pero jugar, hablar con esa criatura del mismo
El padre se enfurece y golpea al niño. tarnafio que él, eso no, no.
Cuando lo tiene entre las manos ca m o una cosa vencida, lo lleva La tía no puede tenerlo consigo y el padre prefiere que no pueda.
a la cama. No a la.camita propia del niño, sino a la que usa él, la que Una visira, rercetá o cuarta desde que habitan en pensión, ha
estaba ya en la habitáción, que es grande, antigua; de matrimonio. tenido un resultado ingrnto. Crispamiento del niño, gritos, una taza
Se acurruca junto al .niño. Mientras mide: la disminución de los rota. Al salir, la da deplora en· presencia de la dueña:
sollozos, como si al decrecer mermara el mal causado a .la criatura·, -Es un animalito.
le surge un presentimiento y se excim por el deseo vehemente de L'l dueña trata de ayudar, aunque forma parte de la mul-
comprobar si esrá o no en lo cierto. titud de seres que el nifi.o no admite .en sus prc;>ximidades.
La oportUnidad se produce más mrde, después que ha convencido Entonces procura acordar la cooperación del consejo:
al niño de que abandone la cama y tome la sopa. -A usted le hace falta mujer y al niño madre.
Con gran ansiedad por la respuesta, pregunta: Mujer.
-Berro, Benito, hijo, ¿qué le ha pasado a mamá? Otra palabra que se toma de Ortega. .Otra palabra tomada de
De los ojos del niño desciende una agilita fina. Elpadre teme lasti- él, pero tapada.
mar y lastimarse si averigua más el pensamiento del niño. Se arriesga, La dueña no puede saber qué sucede. No es mujer lo-que le falta.
con una voz cautelosa dispuesta a retirarse en cuanto vea que hiere: Precisamente, una causa de su trastorno es el desorden con las desco-
1 1 -Berro, Bertito, ¿dónde está mamá? nocidas mujeres de medianoche, cuando se desliza a la calle dejando
El niño levanta una mano, con el ademán del asombro, el des- er hijo al cuidado de su unico guardián infalible: el sueño. Con la
consuelo y la total ignorancia, y dice: mayor tajada de su tiempo otorgada a la oficina y la espuma de sus
-No sé, no sé, papá. Me ha dejado solo. Me ha abandonado, papá. minutos cernida para su niño, ¿cómo establecer relación regular
Puede verse que un sollozo le nace muy adentro, y hasm que sale con una mujer? ¿Cómo encontrar mujer respetable que se. avenga a
a la boca y a los ojos le sacude el pecho varias veces. su situación, a su chico, a sus deudas inagotables? No, mujer no• lé
Y eLpadre no puede consolarlo porque a él se lé ha caído la cabeza falta; pero ... qué mujeres. De orras habla la dueña, él lo comprende,
sobre el mantel y también está llorando. peroosu impaciencia de hombre no le permiredegit.

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verlas, porque son de ojos de confabulación y de malicia. y, para
que las entienda mejor, están subrayadas sus· expresiones por unas
Es la hora. en que el domingo declina. Ortega está sentado, con risit'íls de burla.
su niño, cerca del lago. El nifio lame un h~ado. Súbitamente, el hombre roma conciencia de la imagen que calan
Pasan muchas mujeres y el hombre las considera, con, gusto las mujeres: un hombre que intenta el asedio román~ico, que sigue
de verlas, nada más, sin darse a las ilusiones ni establecer ninguna a una mujer por el paseo de los enamorados, y que de. la mano lleva
especie de provocación sentimental. colgado a un hijo, del qué no puede desprenderse y que lo sigue con
Pero ésa, esa que viene allí, con un vestido que manifiesta y vela la consternación de sentirse forzoso testigo de. algo secreto que está
su cuerpo inquieto, le pone. adentro· como un presagio. Ella viene ocurriendo entre los mayores.
como llegando a reunirse con alguien. Se, nota, porque va sola, si Le. surge, al padre, una reflexión: le h~ perdido el respeto al hijo.
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bien no parece sentirse sola. El hombre se reduce ·a mirarla a los Él mismo se dice que es una extraña idea. Pero la tiene.
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ojos y ella. se reduce a mirarlo. Pero a los ojos.
Es suficiente. Está penetrado, está herido de_ des'eo. Debe se.:
guirla, debe darse con ella. Incita al niño a caminar. Le or~ena.que El lunes, el padre lleva una revista para que el niño corte las fo-
lo haga. Allá va ella, con ~paso rápido ..1!1 detrás. Se retrasa, porque tograflas y los dibujos. Últimamente lo hace siempre; aunque esta
el niño sólo logra. dar pasitos cortos, per:diéndose en_tre las piernas vez ha elegido una con figuras de mujeres llamativas. En el quiosco
de la gente que camina. despacio porque pasea; :El padre lo toma le pareció que el tamaño, los volúmenes contrastados, el fondo claro
de una mano y tironea. Lo alza. Le hace caer el helado. Se sálva de que destaca. las siluetas, hartan más fácil el recorre a las cijeras del
unos lagrimones de protesta sólo porque la criatura está ejercitada niño. Mientras espera el almuerzo la abre; observa algunas páginas
en la resignación silenciosa. y la revista cambia de destinatario.
La mujer ya no se encuentra donde pueda verla Ortega. El hom- Al llegar, el niño le ha preguntado: "¿Para mf?", y él ha asentido.
bre deja al niño en el suelo. Recupera la compostura exterior .. No Pero antes de irse la guarda en un cajón que el nifio no puede al-
obstante, se halla convulsionado de anhelos. ¿Por qué tanto? No lo canzar..El niño considera, con tristeza, cómo se desbarata su juego.
sabe. Lo piensa un instante. Porque cuando él la descubrió, ella a -:&ita no se puede romper; En la noche te traeré otra, con gatitos
su. vez lo descubrió a él. Porque no es una. mujer de la Calle y él no y patitos en .colores.
está acostumbrado, hace tiempo, a las sugestiones que contiene la La trae, en la noche. Pero el nifio quería llenar sus horas de la
mirada de una mujer que se posa en los ojos de un hombre.. tarde: el cojín que se pone sobre la silla para que él alcance la mesa
Debe encontrarla. es de cretona floreada; las tijeras han andado por ahí, dando inde-
Ella, era. evidente, iba al encuentro de alguien. ¿De quién? ¿De pendencia. ;¡las Rores estampadas, y la libertad ha sido aprovechada
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quién? Ahí está la respuesta: iba al encuentro de unas amigas. Están por la pobre mezcla. de paja y lana sucia que ~onstituía el relleno.
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reunidas, tomadas del brazo, festivas, como muchachas, aunque El padre quiere ocultar los restos del devastado cojín, que no es
ninguna lo sea. Ahora _tendrá que pasar él delante de e.lla. De ·ella$. de ellos, sino del limitado ajuar de la pensión. En la silla pondrá una
Tendrá que conformarse con verla al pasar. ¿Cómo abordar a u_na almohada. Mañana comprará otro cojín. Pero la muchacha entra
muj.er tomada del bmo de QtraS? sin llamar y ve al hombre en el suelo, recogiendo paja.
Ethorob.re espera recoger otra mirada íntima. Recoge en cambio La señora se entera por la muchacha. Acude como si la hubieran
las miradas de Q"es, cuatrQ mujeres. No quiere-verlas, ya no quiere convocado.

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Se detiene en el umbral. El nifio se retrae detrás del hombre~ que Después la acompafia hasta la esquinª·
se ha puesto de pie. No. huye porque está. el padre. Cuando ~;egresa, el hijo no está en la-~mita.
¡ ,'
-Eraran bonito, el cojín ... No debí dárselo. Son cosas que deben ¿Dónde? ¿Dónde?
traer los ·pensionistas. Busca en el baño, en el patio, sin encender; luces, 11;\mando
-Se lo pagaré, señora. No es tan valioso. quedamente, con sonidos empafiados por la angustia. -Se asoma a
--No, si no es por el valor, después de todo. Es... usted sabe, para Ja·vereda. Vuelve a la habitaqón, a revisar rincones.
qué decirlo. Me da lástima. Tiene razón la da. Es un animalito. El niño está debajo de la cama grande, justam.ente donde se
-¡Sefiora! ¡Qué barbaridad está diciendo! Yel chico oyendo todo. encuentran dos pared~.
¿No tiene compasión? Si no fuera por... El padre respira aliviado antes de preguntarle qué hace ah(, de
La mujer comprende que ha ofendido demasiado. Se arrepien· invitarlo a salir.
te, porque no se proponía hacerlo. Dijo todo eso por disimular la Cuando le habla; n.Q <;onsigue respuesta. Puede ver que la criaturar
molestia que le causa perder el cojín. permanece agazapada y descubre sus ojos redondos y luminosos
-Está bien. Tiene razón. Disculpe. Buenas noches. como los de un gato. ¡Cómo lo miran esos ojos ... !
Quiere sofocar, con muchas palabras, et. incendio. Quiere huir Insiste. Da fa7-0nes: hay que dormir; es tarde; no puede quedarse
del fuego. ahí, casi d~estido ... Pero, .¿es que le ha ocurrido algo?
Quiere cambiar el método y recurre a un primer tono:
-¿Estás jugando... ? ¿Jugando a qué? Si salieras podrías contarme.
Pero al padre le sigtie quemando, horas más tarde, y necesita Luego apela a. un segundo tono:
escapar adonde haya aire fresco. -Berco, Berro, que viene el cuco de los rincones.
Cuando el nifio duerme, se va. Hace una. voz de meter flliedo,· se echa: el Faldón de la camisa
Es medianoche. sobre la cabeza y avanza bajo la cama.
En la calle recoge a una mujer. El niño grita.
Su entendimiento está turbado por la rabia. Da con el medio de No es posible dejarlo gritar a esta hora.
vengarse de la ofensa que le ha hecho la duefia: le ofenderá la casa El padre se retira.
a ella. Recuerda que por algo buscó habitación cercana a la calle; Ejecuta un plan elemental: correr la cama. Empieza a arrastrarla,
a'unque nunca creyó posible que se animara a sacar· provecho de la cuidando de no escandalizar con el ruido -Y que la pata no atropelle
ubicación. ¿Y si lo descubren? Bueno, en eso estará la satisfacción. al chico. El niñ.o se solevanta prendido de lqs' hierros que tiene el
Cambiará de casa y quedará, para la. duefia, el agravio. ¿Y el nifio? elástico al costado. Nada podría conmda fuerza del padre, pero el
Duerme, duerme. Tiene que seguir dormido. Por otra pane, tantQ padre no quiere esa lucha.
le hace el nifio a él que algo puede hacerle él al niño. Y no se dará Enar<iecido dice: "Estarás ahí hast.a~··", apaga la luz., se desviste
.cuenta, aunque oiga, aunque vea. y se acuesta.
Ueva a la mujer. El niño reposa. La mujer, al descubrir el cuerpo Permanece un rato conteniendo la respiración para espiar; pQr el
en la camita, se rebela. El hombre se pone imperativo y ella cede. ruido, los posibles movimientos del hijo. Nada se le alcanza.
Se duerme con la hondura de las noches de amor.

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'1

Despierta como amenazado, como si un peligro lo hubiera sor- -¿Vas a salir...?


prendido indefenso. Golpeañ a la puerta. Mira la camita: sigue. vada. El nifio sólo le: devuelve silencio.
• "Esperen .
Gma: Por tercero vez:
Se viste someramerire. -¿Vas a salir?, re he dicho.
Entreabre. Es la muchacha. Y se: hinca, como para un sacrificio, y tiro golpes' de. cuero a lo
-No limpie. Hoy no limpie. No es necesario que limpie. Yo le ciego, hacia aquel rincón. Uno, dos, tres golpes que se pierden en
avisaré, más rnrde. la·blandura ~el aire, hasta que sabe que. acierta, porque lo siente en
Toma conciencia de la contradicción y próeui'á áliviar su efecto: la mano y en el choque del látigo.
-Mejor enseguida me trae el desayuno. Estoy 'apuhldo. 1:.nronces se encoge. La correa queda lacia, debajo de la cama, por-
Hastaquedla vuelve, respecto al niñoafectaolvidoodespreocupación. que el hombre la. ha soltado. Las dos manos cerradas, el hombre se afir-
Recibe la bandeja en la puerta y la ooloca. en la mesa. ma en el piso, porque le está pesando brutalmente la cabeza, cargada
Llama: de sangre. Teme haber dado ~n la cara, teme haberlo desmayado: del
-Berro. niño no ha salido una queja, no ha salido un ay~ no ha salido el miedo.
Llama de nuevo: Mira con terror de haber estropeado demasiado.
-Bcrtito. AhC está: vivo, ter~o. jadeante; acosado, convirtiéndose:en un ga-
Deja caer la tentación: tito despavorido, en un cachorro de tigre con ·d espanto de que, en
-La leche, Bertito, eón medias lunas y mermelada. el último refugio, lo despedacen los perros:
Se inclina a ver, por si el nifio está dormido. No está. dormido, ¡y
esos ojos, que paréce ·que·no fueran a. cerrarse nunca.-..!
Al irse, dice en voz alta, con la seguridad del que sabe más: Recibir el al.muerw es más complejo que recibir el desayuno. Son
-Ya saldrás por tu propia cuenta. tantos los viajes de la muchacha ... Sin embargo, consigue que no
Entrega la bandeja en la cocina. No precisa pedir que las mujeres entre, y más luego consigue que no pregunte por qué quiere dejar
no entren durante su ausencia. en la habitación un plato con alimentos.
Antes de irse, consiente en humillarse. Ha elaborado las palabras
durante toda la. comida; dunmre roda la siesta, que no durmió.
A la5 doce y diez. regresa con la intensísima espernnza· de que el -Berro, Bertito. Perdonarne por haberte hecho dafio. Perdoname
niño haya reaccionado como él desea. Que lá acritud éSté depuesta, por haberte pegado. Berro, Bertiro, ¿saldrás a decirle a papá que lo
que no sean necesarias las reconvencioneS, las amenazas', el castigo o· has perdonado? ¿Saldrás? ¿Saldrás, Berto?
el ruego. Que no haga falta explicar ni recordar' nada. Espera.
En el cuarto todo se halla tah contrario a sus deseos que hace lo Pero tiene que seguir:
que .hizo su propio padre cuando él era nifio, y que él como padre -Bueno, no importa. Yo te perdono. No estoy enojado. Ya no
había jurado no hacer nunca: afloja el cuero de la :hebilla y tira de me enojo más.
la correa. Ahotá escl armado: Hace otro pausa. Otra pausa que pide respues[:a. No la obtiene.
.. o.....)
-¿ Vas a sa1rr -Bueno, Berrito, chau. Hasta la noche. Tendrás hambre. Sobre
Permanece de: pie. Tiene el cinturón por la hebilla y lo deja caer la mesa te dejo comida. Estará fría; pero no importa, te gustará. lo
a lo largo paro que el nifio vea la lonja de cuero que: llega al suelo. mismo. Podés comer cuando yo no esté.
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.1 .

Camina todos los pasos que debe dar hasta la puerta. Son tan
pocos, pero le duelen, porque no queda darlos.
Abre la puerta, y no se resigna a irse, a abandonarlo así.
Le dice, muy quedo:
-Hasta la noche. Hasta la noche, hijito.
Suspira y cierra. FALTA ;DE VOCACIÓN
Sale a la calle. La claridad radiante le. choca: "Cómo puede haber
ramo sol, hoy".
Si se encuentran en el centro, al final de la mañana, vuelven
juntos. Don Pascual le ha alquilado el departamentito de a_trás, es
A las ocho y diez extiende el braz.o, .casi desde la puerta, y en- decir, de atrás· de· su casa, en .el pasaje Romairone, y las mujeres se
ciende la lámpara. entienden, a pesar de la diferencia de edad. Además, a Segura le
Ya no habla, no llama, no pregunta con palabras. Interroga con gustan algunas cosas que puede hacer con don .Pascual, como jugar a
un examen visual: la camita. está desarreglada, con el mismo des- las bochas, por-ejemplo, o tomar de aperitivo un par de ·empanadas
arreglo que le conoce desde anoche; el plato que tuvo la comida, ya con ·vino blanco bien frío. Conversan ·mucho y están de acuerdo.
no la tiene; el utensilio, que-habla caldo en desuso, ha salido de la.
mesita del velador, y habrá que cubrirlo con una. revista.
El padre comprende que ahora las cosas serán más diffciles. Sin avisarse el uno al otro, miran en el mismo instante y ven al
hombre que cae, de un piso altísimo, con un largo grito de miedo. El
cuerpo contra. el suelo hace un ruido aplastado, y se acaba el grito.
Don Pascual y Segura quedan magnetizados. Segura, sin salir
del trance, balbucea:
-.Primera. vez que me ocurre.
Después; en casa, puestas: al tanto las .dos mujeres, ·revisado y
comentado el acontecimiento, ·don Pascual se- recuerda y reclama:
.:..¿.Por qué dijo "Primera. vez que tne ocurre"? ¿'Le ocurrfa a usted,
acaso ... ?
Segura se explica: con.sus relatos policiales para el diario, él cuenta
al público·qué.ocurrió y cómo; pero siempre llega después. del choque
o del crimen, tiene que revivido imagiriativamente con testimonios
e indicios. Nunca, hasta ahora, el suceso se desenvolvió ante sus ojos
ni. el alarido de la vlctirha entró por sus propios oídos de cronisra.
Don Pascual que, como cualquiera, ha leído infinidad-de páginas
policiales, realmente tampoco fue espectador de ninguna catástrofe
ni de hechos violentos que merecieran la atenCión del periodismo.
Por eso quiere cotejar la realidad con la crónica. y espera el diario:
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Aya, minutos anus de qu~ so11arala sirma qu~ anuncia~[fin de las Do11 Pascual teclea con los dedos en la rnbla y ·confiesa, a medias:
tareas tk la maíúma, tk/ edificio m constn~edón tk San .Martfn ~quina... -Lo escribí yo ...
Aproximadamente lo que sabe don Pascual, con algunos detalles -De acuerdo, ¿pero qué es?
de individualización: Julio Funes, frentisra, 32 afios, casado, ere. -Una noticia. .. una crónica. Usted sabrá.
Pero Segura, que escribe todas las noches para el diario donde -(Cómo una noticia o una crónica. y que yo sabré... ? Discúlpe-
le pagan un sueldo, también escribe para u"n periódico donde nada me, don Pascual, no lo entiendo. ¿Es una noticia que. me da para
le pagan. Es un semanario y cada viernes se lo trae a don Pascual. p.ublicar?
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Don Pascual lo lee con cierca condescendencia: prefiere el diario -No. Para. publicar no es .. .
de todos los días. -¿Cuándo ha ocurrido esro ... ? ¿Dónde... ?
1 1 .Este viernes, sin embargo, encuentra algo que lo excita: --Y... aquí en Mendoza, .creo yo .
El milrcoks, ~[ obrao julio Ftuus cayó d~l dlcimo piso tk/ tdifici'o -¿Y yo no sé nada? No puede ser, en el parre c;liario de la polida
m construcción m San Martln y San Luis; El obr~ro St rompió crdn~o tendría que estar.
y cu~rpo. Ni~[ ~dificio ni los andamios mfritron d~tmoros. --Bueno, ocurrió ·en otro tiempo.
Nada más. Sin embargo, esa noticia, que por su r:nodo. se ha: -¿Otro tiempo ... ? -a Segurn se le ilumina la situación-: ¿Como
vuelto diferente de la otra, le produce determinada excitación, .de cuándo, a v:er? ¿Unos treinta o cuarenta años atrás? Porque ya no hay
la que no habla. estación San. Vicente. San Vicente se llama, hace mucho, Godoy Cruz.
Por raros se dedica a pensar tan abstraído que pone distancia Don .Pascual confiesa: quiso probarse, por si podía escribir una
entre él y la mujer. Ella~ asombrada. y en silencio, husmea. crónica como la del periódico del viernes. Pero no sabía qué contar.
Sacó el tema de una hipida del cementerio ..
Como está abochornado, lo cual se le pinta.en la cara y se corro-
Un día le dice a Segura que tienen que hablar y lo convida a bora con la evidencia de que no ha tocado el plato, Segura colige
Rodicar de la calle Amigorena. que debe· ser .comprensivo y le dice:
Saca un papel y se lo pasa por encima de la mesica.Segura titubea -¿Usted quiere escribir? Bueno, hace bien. Pruebe otra va. y
entre desdoblarlo o empezar con la empanada. Pero nora en don h:igrunelo leer.
Pascual una especie de ansiedad o apuro. Lee:
En la tstadón tk San Luis mbió al trm ~1 s~ñor Ba¡¡tista Frias. Con
~[ ufior Frias viajaba/a hija, tk ocbo afios de tdad, llamada Emtstina. Otro día .don Pascual entrega. otros papeles al periodista. Al
Cerca d~ la estación de San Vicmte, los tkmds ptZJajeros notaron qu~ ponerlos en sus manos lo hace con la sonrisa confiada de quien
la niña estaba !rorando sin baca ruido. Obsm~aron bim y tkscubriuon ere~ habe~: acertado:
quulpadre habla mumo, sin altuar aproas su. posición m elasimto, Estb~r y Su/la tstudiaban juntas para su maestras. Esther tra pobr~
junto a la ventanilla. y CflaJJdo d padr:t murió todos crcyuon que tmdrla qu~ ~mpl~arse.
Segura mira por encima dd papel a don Pascual, que no se tiene Sin tmb4.rgo~ ~/la y la madr~ comiatm menos, la madre trabajó mds
de inquieto, y vuelve· a leer: y .Estlur continuó estudiando.
En la estación de San Luis... Sttlla ltprtStaba los libros y, con la autorización tksupropiinnadr~.
No termina. Está ligeramente desconcertado. Pregunta: las zapatilla.s de goma y algún tklantal blanco m caso tk apuro.
-¿Qué es esto?
l Estb~r era pobrty Sttlla n-a rica. Ptro las dos eran igua/mmte fili-

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us ctumdo u rtdbin-on y vino un fotógrafo y las cuarenta compaña-as -Y... más o menos.
posaron en conjunto, cada una con una flor en la mano. -No, más o menos no. Literatura fantástica es esro que ha hecho
Estbn-, que n-a bonita, se casó y nunca tuvo necesidad de ejn-cer. usted. Esro es literatura 'ingenua y es literatura fantástica. ¿Quiere
Stella, qut no n-a bonita y no precisaba puesto, consiguió uno en la que le explique más?
escuela .No 1 de la capitaly por lo tanto ni siquiera tmla que viajar m -Bueno. A ver.
ómnibus a la campafía, como las dmuis maestras nuwas.
Cuando celebraron los diez años de so- maestras -no las cuarenta,
porque una habla muerto de parto- Stella; qut ya era vicedirtctora, En. el diario, Segura le. pasa el papel· a un colega:
le pidió algo a Esther. Le dijo: "Estber, tengo que pediru ·una cosa~ -Ledo.
Esthtr recordó todo lo que Sttlla le babia prestado cuando estudiaban .El colega lo lee y se lo devuelve:,
y le comestó: "Lo.que quieras, todo lo que. quieras': -No está mal. ¿Lo escribiste vos?
Sulla le pidió prestada la voz por una nocbe, para ir a rma fiestti. Segura r~ponde con un entusiasmo que parece protesta porque
Porque Esther siempre poseyó una hennosa voz y cuando criaba a ms el colega no valora como él:
dos niños tzo tmld mucbo. que bacer en las tardes y estudiaba canto. -No. Lo escribió un escritor nato. ¡Una revelación!
Esther dijo que si y Stella jiu a .lafiesta con la voz de la amiga. -¿Un chico preco_z.?
Al otro dla, al devolv!rsela, a Stella le brillaban/os ojos, y le dijo a -Qué chico. pre_coz. Cincuenta y siete afios, jubilado municipal,
Esther: "Ahora tengo novio. Gracias, .Esthn-': y le btió ímd mejilla. cu3,rro grado; ¡cuarto grado!
Segura siente necesidad .de preguntar, como antes: cc¿Qué es Otro periodista pide:
esto?" Se contiene. Procura poner inteligencia y tacto para no herir -A ver...
y, tal. vez, para. no destruir: Y un compafiero se sale del escritorio y se acerca ·al papel.
-¿Esto ha sucedido, don Pascual ... ? Segura espera que terminen. Está impaciente por la opinión.
Don Pascual se sobresalta. Esperaba un juicio aprobatorio, El que pidió, .levanta. la mirada.
-Tanto como suceder... más o menos. ~¿Seguro que no tiene más que cuarto grado? Habrá escriro toda.
-¿Más o menos ... ? la vidá.
-Es un drama social. Un redactor literario consul~a:
-¿Un drama social? -¿Es pa,ra el suplemento]
-Sí. La huérfana, la madre que se sacrifica ... No sé si me expreso Segura no había pensado en esa oportuni~ad para, el amigo:
bien. -¿Te parece... ?
-SC, s(. Eso está bien. ¿Pero ese préstamo de la voz... ? ¿Cómo -Parecer, me parece. Con otro final.
puede ser, don Pascual? -¿AsC no?
-Ah, ·eso. Es que yo no querCa un final dramático ... -titubea- -Mucha fanta5fa.
como los suyos. Y contar la verdad de lo que pasó con Esther y Stella 'Interyiene el que pidió d papel. Desdefia. esa opinión:
es muy vulgar. -.:¡Mucha fantasía ... ! ¡Mucha fantasía ... !
-¡Ah! -ahora el sorprendido es el periodista. Ya le ha indicado que no piensa igual que él. Ahora le di~e. como
Recapacita y empieza:' si lo invitara a ser más comprensivo:
-Don Pascual, ¿usted sabe qué_es la literatura. fantástica ... ? -Si al fin y al cabo, el mundo está hecho de fanrasmas •..

120 121.
Segura asimila el diálogo de la. oficina. Se: afirma. Elabora al- Segura aplica un ferviente afán de impulsarlo, como si temiera
gunos planes generosos. Recoge la suposición de que don Pascual que la vida del revelado escritor se extinga antes de realizar su obra.
tiene que haber escrito toda la vida. Le pregunra. y don Pascual lo Lo vigila, controla la producción. Rara véi le discute lo que hace.
admite: Sí, tiene varios cuadernos llenos. Aunque es otra cosa y no Sólo le exige que rinda.
puede confiárselos a nadie. Cuenra en ellos cómo eran sus campa- El gato de la cma un/a cara de bagrt. .
fieros de la Municipalidad y... algunas cosas que ocurrieron en la St lo declan, le hadan la broma de qüe lo iban a meter m una
Municipalidad, con aquel gobierno, y con el otro y el otro. Segura pecera.
es de confianza, pero no le van a gustar. Cuando los hizo, '"todavía Él acogió la omrrmda con uTiit vanidad txagtrada. Y st puso a
no sabía escribir". prmmzir de bagre.
Como confirmación de que ahora sabe,. y de que ,ha entendido Otro gatiJ se lo comió.
qué es la literatura Fantástica, le entrega otro papelito: -¿Todos, ahora, van a ser de animales? fute es el quinto.
Dt nodu, la sombra ck los drboks ts de /m·parejas. -Yqu6 quiere, Segura. Me da.
En la mafiana, cuando los drboks !Jan recogido su sombra encubri- La mujer, desde la cocina, secándose las manos con un répasa-
dora, m mi vtrtda metlmtro· una pareja. todavla mtrtlazada. dor, piensa: "Esta vez lleva razón. Le da. Vaya si le. ha dado". Está.
Con discrtdón, para advmirks que ahora strdn: v_istos por todos, gravemente preocupada. Sólo la desarman la complicidad y la com-
toco ti hombro de IL Cam los dos al suelo y no se mun~m. placencia del inquilino, ese hombre que preteñde sáberlo todo.
Mimtras busco un tellfimo para llamar a la policla, mtprtgunto an-
siosammu si ha sido un suicidio de amor o si'soy yo quim los ha matado. Don Pascual tiene sus cuidados, viejos repáros que siempre, antes
-Sí, está bien. Está muy bien. Sólo que no debe intentar otra· vez de declararse escritor, lo aparraron de ciertas tolerancias vulgares.
los dramas sociales. No son para usted. No los haga tan cortitos.. Las moscas le repugnan ton ·sólo verlas. Si alguna aletea con
¿Es su estilo? Bueno. Pero as( nunca.podrá armar el libro. ¿Le faltan insistencia cerca de su plato, se niega a comer.
temas? Bueno, imaginación no le falta. Dedíquele más la cabeza y Ahora es de noche. Cenan en un comedor:cito a la medida d'e los
los temas vendrán solos. dos: Aliado está la cocin-a. La mujer se levanta para tr;ter.el segundo
Don Pascual dedica la cabeza. Obedece. Tanto que <la esposa plato. Don Pascual se queda solo y descubre el vuelo de estudio de
se alarma y se fastidia, aunque no se atreve a Qpon·erse. Porque ya ·una mosca que elige plato para posarse. Don Pascual agita las manos a
lo sabe todo. Don Pascual escribe con ostentación y cuando· toma fin de alejarla de la: comida, apaga la lámpara del comedor y enciende
el lapicero es prudente que ella aleje visitas y traquetee menos por la del patio contiguo. Sabe que la mosca se dejará seducir por la luz.
el patio. Sin embargo, cuando esd pensando, puede golpear el Entorna la puerta. Mueve los brazos. A través de la.semiclaridad que
balde y las cacerolas, puede cantar y hablar a gritos con la vecina entra por el vano, sale como un proyectil el pequefio cuerpo negro.
por encima de la. pared. El hombre permanece tirado en una silla, ·.Lo sigue con la mirada, Constata el traslado. Ve desplazarse como
como encogido por el dolor de pensar, y ella se compadece de él un puntito que, en cierro momento de su trayectoria... ¡aletea con
porque cree que,. de viejo y con esos raros deseos, está un poco ido. aJas descomunales para su :tamafio y se ábate contra el farolito del
Entonces hace más ruidos, para. ver si lo despierta. Es una manera patio! Es-un murciélago, que sube, baja, gira en torno y permanece
de sacudirlo o de cachetearlo. Don. Pascual se. deja. como cautivo sin sosiego de la luz que irradia el foco.

122 123
Don Pascual siente como si una mano, como si su propia mano más
fuerte, le hubiera caprurado el corazón y se lo esruviera apretando.
Sin declinar la mirada del aleteo que él ve, llama ;;t_la mujer, que En la mañana parte temprano. Esquiva a la mujer.
viene llegando con la fuente y $e apercibe de su voz d~ angustia. Al regresar, le prescribe con severidad: "Para Segura, no estoy".
-¿Qué te pasa, Pascual? De ese modo lo elude, hasta que Segura lo atrapa y entonces
-¡Mirá! ¡Mirá! ¿Qué ves? arguye:
-¿Adónde? -Tuve que andar saliendo. Cosas.
-Ahí, ¿no ves? En el patio. Segura desconfla y le concede una tregua, pero no resiste mu-
-Pero ... ¿ adónde? cho· tiempo la falta. de papeles y quiere saber. qué ha pasado con su
Ella mira afuera y "Vuelve la Qlirnda. a él, con aprensión. cuentista.
-¡En el foco! ¿Qué ves? ¿Qué hay? -No ha pasado nada, Segura. Nada. Sólo que hay cosas que no
-¿En el foco ... ? -ella se esfuerza por ve_r, pero tiene que comu- pueden ser y eso es todo.
nicarle-: Nada, nada. No veo nada . --¡Cómo· que no pueden ser... ! Usted podía. Usted puede, y no
.1!1 sí ve. debe parar.
-¿Nada? ¿Nada? Don Pascual hace un ademán que pretende. borrar o frenar la
-¡Nada! seguridad del periodista, y declara:
-¿Nada? ¿Ni un murciélago? -Tarde me equivoqué, tarde lo supe. De viejo me agarraron con
Y cuando está pregunt:wdo, cesa de ver el murciélago. ganas las ilusiones de ponerme a escribir. Qué me ibá a imaginar lo
Calla. Queda como marchito. que cuesta ser escritor; todo lo que hay que pensar y el tormento que
La mujer enciende. la luz y 1~ examina el rostro. es inventar para qué, al final, uno descubra que la imaginación se le
-Viejo, ¿qué te ha ocurrido? ha puesto rari fácil que trabaja sola y empieza a soltar monstruos.
Él hubiera preferido que siguieran a oscuras, un rato, hasta que Demasiado peligroso, digo yo.
se le pase. Todavía don Pascual reniega un poco, y como Segura amaga.
A don Pascual le gustan las cosas dulces. Todas las noches, al salir con otro argumento, le espeta con firmeza:
acostarse, le agrada ponerse un confite en la boca, un confite grande, - Yo-no-es-cri-bo-más-cuen-tos-de-é.. sos. ¡En tiéndalo bien y
de almendra. Pero esta vez descuida la costumbre. quírc:Selo de la cabeza!.
La mujer, mordiendo su alarma, procura que don Pascual repose Ame la embestida, Segura, prudente, se retrae, y don Pascual se
y s~ esmera en los últimos cuidados del día. Cuando él entra al lecho, aplaca y se arrepiente. Propone un. principio conciliatorio:
le alcanza la bolsita de La Balear.. -Para ser escritor, ¿no es cierro?, hay que tener vocación. Y bueno,
-Viejo, ¿no querés uno, esta noche ... ? pongamos que, a mí, me faltó vocación.
Don Pascual la mira como volviendo de una distracción. Dice con
el gesto: "Ah, sí", y toma un confite. Lo deja en la boca,. y se olvida
de chup~rlo. El confite permanece .alojado junto al carrillo izquierdo.
Al dormirse, sobre el coscado del corazón, don Pascual suefia que
se le ha salido un ojo y que lo está aplastando con la cabeza.
Se despierta. gimoteando como un chico.

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-Encontré a ManueL Me invitó a tomar chocolate. No me p:i.rcció
mal. No porque una. sea la patrona tiene que mostrarse orgullosa.
En otra. oportunidad puede decir con anticipación que volverá
tarde. Y al decirlo parece que pidiera permiso:
-Manuel me ha. invitado al casiño. Yo no conozco el casino,
As papá'. Y si no acepto, ¿cuápdo rendtc otra ·oportunidad? ¿Quién.
me va a llevar?
El padre comprende. Pero no le gusta: la hija tiene cuarentisiete
Hay que tomar una, chica.. El padre sabe por qu6. Porque la hija! afios y el empleado veintiués.
no soporta más los trabajos de la casa que ensucian excesivamente
las manos. La hija sostiene ouos motivos ·y el padre. no los cree,
tampoco los discute. Rosa· Esther es resignada y pasiva. Vda al amo en silencio. Si
Desde que el padre quedó impedido de las piernas, la hija supo él llena con radio las horas de ausencia de la hija, acepta la música
organizar tiempo y fuerzas para cuidarlo, hacer las comidas y la. clásica sin insinuat la menor preferenCia personal. l!lla estudia: ella
limpieza del hogar, vigilar y atender" la tienda. La tienda, la. tien- se absorbe éñ algo que no es la música y prescinde por completo de
dita, podía estar abierta de esa manera las ocho horas con un solo. los sonidos que vienen del apar:aro. Si maneja las piez.1S de ajedrez
dependiente. Hada de esto unos quince afi()s, la. ,nisma. época en después de concentraciones ran rigurosas como para enfrentar a un
que el padre se convenció de que la hija estaba desilusionada de los1 sabio jugador, ella se mantiene calladira, en su rincón, mirándolo
hombres. Después sólo la oyó hablar de ellos para censurar los de-:- o mirando quién sabe qué. Entonces, si la observa, él pi"ensa: "Des-
fectos vulgares y los defectos menos evidentes que les descubría. cansa". A veces se dice: "Descansa, la pobre. Cada vez trabaja más".
Cuando emplearon al nuevo dependiente, que al padre no le' Nunca se ha acercado a ver cómo juega, solo, el amo. Seguramente
impresionó bien porque carecía de eso que manifiesta a las personas: ignora de qué se trata y lo considera una operación personal.
trabajadoras y parecía demasiado acicalado y compuesto, comenza- Una noche visita al amo un anciano que es como él, con la dife-
ron en la hija los primeros signos de la evolución. rencia de que puede caminar. Hacen una partida. Rosa Esther los
Ahora hay que tomar una chica. mira, todo el tiempo, desde lejos'.
El cartelito de la vidriera convoca una cantidad considerable, a En la noche siguiente, cuando se quedán solos, ella se aueve a
lo largo del día. En definitiva queda Rosa Esther. La ha traído el preguntar:
padre, viejo criollo, lo cual puede aceptarse como una garanda. -Sefior, ¿qué es eso?
-¿No lo sabes? _
Se asombra y" también se enorgullece de haber provocado curiosidad.
Tal va durante los quince afios la hija deseó ir sola al cine, después Fue un jugador diflcilmente batible, "cuando -ha 'SOstenido alguna
de cenar. vezr-los ocios de la juventud eran más intelectuales". É leía.
n' ' -Ahora que tiene a la chica que lo acompafie... -dice, una noche Revela a Rosa Esther qué es el ajedrez: un juego, peró un j~«go­
tras otra, y para cada una. encuentra un programa de películas que le cimcia.
interesa, que naruralmente no podrá dejar de ver. -¿Mecomprendes?Nocomo los demás. Noescomoel de barajas, o da-
Regresa temprano, apenas pasadas las doce. Sólo una vez se demora. dos. Para jugarlo, hay que tener un cerebro desarrollado ypensar mucho.
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-
En la joven ha encarnado la primera parte d_e la: insJt:uq::_ió_n: es Namralmente,la derrota. Rosa Esther-aplica con extrema habilidad
un juego. lo que ha captado, pero él sabe más, y puede sorprenderla siempre.
-;,Yo también podría jugar? Sin embargo, ella asimila ~las partidas con que él corta sus avances,
-No, no -dice con toda la aristocracia de su veteranía; pero se aunque no le sean explicadas. Esto tiene su placer para. el veterano. y el
ar~epiente del impulso negativo que rebaja a la muchacha y atenúa la juego vuelve a ser en él, como en lajuventud, una ardiente vocactón.
~;espuesta-: Bueno, no creo que puedas hacerlo, siendo tan joven. Rosa Esther intenta trayectorias que· no le han sido marcadas.
Rosa Esther no protesta. No pide más. ¿También a eso se ~e,. El amo se inquiera:
signará? -;,Por qué mueves la reiná de esa manera?
El amo no quiere negarse del todo: -;,Está mal?. -pregunta azorada la chica, dispuesta a .retirar la
-Hay una solución. Un juego más simple. Sirve el tablero de pieza.
ajedrez. ,.,.No, no; pero ...
"Busca allí", le indica, y Rosa Esther, guiada por éh en~ueJ}tra La mano de la chica sigue en el aire, sobre la reina, pronta a
una caja con fichas de madera, rojas y verdes, corregir el error si se lo dicen.
Le enseña la técnica. La chica ap_rende p.rQn_to, AllUT19 $e l_e Ue_na el -;,No se·corre así?
rostro de satisfacción. Podrá alr_ernars~ $P_litados de ajt!d~ con p;:trti- -No, no·es eso. Es que •.•
dos de damas frente a una persona que Olt.Jeva.·las pi~ de verdad. -;,La saco, entonces?'
-No. Puedes seguir, pero ... ;,quién re ha enseñado á mover así?
La niña retrae la mano. Con los ojos dice: ";,Enseñado ... ? Nadie·.
Rosa Esther aprende pronto. En la noche siguiénre. gana tres ;,Quién me va a enseñar a mí?". .
partidos sobre cuatro. Antes de un mes, Rosa Esther pierde muy escasos parudos·.
La hija anuncia: El amo se apasiona. Ganar -"ganarle a esa chica"- es una nece"'
-Manuel me ha invitado de nuevo al casino. sidad que lo domina.
-Sí, sf. Está bien -contes.ta el padre, apurado porque no. v.aya a La hija vuelve tarde. Ya no explica que va al casino. Saluda. El
rechazar la salida. padre le contesta abstraído, molesto a veces porque le permrba el
A la hora indicada nota que ella no se h'a vestido como para entrar:· itinerario ideal de una torre.
a, una sala de juego elegante, sino de modo mucho más común, con -;,Cómo ha estado, papci?
ropas ligeras que no le conocía..Esto lo deprime un poco. Pero no -Bien, bien. No me distraigas.
se cree con derecho a hablar. Más adelante, Manuel pasa a la sala comedor a las .dos ·de la
Rosa Esther lo vence de nuevo, partido tras partido y noche tras madrugada. Se queda hasta las tres.
noche. Entonce.5 el :uno advierte que el juego perderá seducción si En la mafiana viene tarde. Un día el negocio se abre alas diez.. Ma-
el rest.Jltado· ~- abiertamente previsible. nuel no ha llegado, la dueña ha conseguido despejar la cabeza sólo a
-Tienes mucha suerte, hijita. Veremos si. en el ajedrez es lo. esa hora, y la chica tambi~n duerme. El amo no se da cuenta. Todos se
mismo. Porque el ajedrez -y agita el dedo dé la superioridad y la han acostado pasadas las cuatro. No obstante, la hija. reta a la chica.
seguridad- es un juego-ciencia, y con él de nada vale la fortuna. -Mucha confianza, mucha confianza te estás tomando .
.La chica se informa del movimiento y el valor de las piezas. 1!1 le en-
seña algunas partidas fundamentales; naturalmente, las. más sencillas·.

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..
-
-¿Tienes cincuenta centavos...? dera. Es el fondo de sus reservas personales, para Jos gastos chicos, de
....Sí, la marná.me dejó cinco pesos. del sueldo.· tabaco, de periódicos, y esta vez. .se ha agotado excesiva.J'Jlente pronto.
.....Te gustará mis si jugamos por plata. -¿Todo lo que me has ganado hascLhoy?
El amo sabe que está contraviniendo cienoS principios del ajedrez, Rosa Esthet vacila:
que se toma de los placeres y las tentaciones de los otros que no son -¿Ya...?
"juego-ciencia", y es que percibe que le gustará más, a él, no a Rosa -No, no. Mafiana.
Esther como dice. Si ella hubiera. contestado que sí, sin titubear, él habría temido
Ha imaginado bien. Con un jaque devastador se apropia de los cin- tanta seguridad. Pero ella. ha dudado. Si él hubiera tenidQ los setenta
cuenta centavos y eso le produce una satisfacción tan avida y sensual pesos en su caja de la mesa de luz, los·,habrian disput'ado esta. noche.
que decide hacerla secreta. Pasa. el día siguiente con una alegría y UQ Tendrá que pedirlos.
optimismo que no consigue atenuar el estado de cuenms de fin de mes. -Hija, debes darme, setenta pesos,
....¿Tan poco, hija, tan poco ... ? ¿Es que ya. no entra nadie a esta -¿Y lo que tenia ... ?
tienda? -Se me ha terminado.
-No tenemos novedades, papá, y la gente busca colores modernos. -¿Para qué los quiere?
-Nunca hemos trabajado con el público de las novedades. El padre se . enardece:
El padre dice verdades y entiende que debieran gravitar para un -¿Tengo que .explicarte?
cambio en la vida de la hija, que represente además una mejora en Si la hija dice que sí, si de algún. modo pretende desconocer, en
la actividad del negocio. Pero también considera queb marcha de la ese punto, su autoridad de padre, será ella quien renga que explicar
tienda ya no es problema suyo. Suyas son las noches, actualmente, muchas cosas.
después de afias y afias de monotonía junto. a la hija, olvidado de Pero ella declina una discusión. Sin embargo, al decir que está
los amigos que fueron o existieron. bien, mientras se retira de la habitación, declara:
-Un peso, ¿te animas? -Tendré que pedírselos a Manuel.
-Sí. ¡Pedírselos a Manuel...! Etpadre está abochornado p.or esa con-
Gana él. fesión de la hija. Una,herida que pudo evitarle. Ah, ni piedad tiene
-¿Otro? ya el único ser de su sangre que le queda. Sólo puede contar con
.1 1
-Sí.
1 esa chica, su compafiía verdadera.
Gana ella. Recibe los setenta pesos. En la noche pasan a ser de Rosa Esther.
-¿Dos? Está confundido. Retorna a las cautelosas apuestas de un peso.
~
•. 1 . -S f.
Gana ella.
lli -¿Los dos que me ganaste anoche? El experimentado jugador de ajedrez desea entender lo que ocu-
-Bueno. rre. En muchas ocasiones aprovecha las horas del día para meditar
l!llos recupera. alguna jugada que hizp Rosa .Esther, mientras la chica está lavando
En un mes la chica. se hace de un capital de setenta pesos..l!lle ha los pisos, seguramente.ajena·a ese. tipo de preocupaciones que tienen
enseriado a jugar el todo por el todo y necesita que ese dinero, desme- tomado al amo.
nuzado partido tras partido, vuelva repentinamente a su caja de ma- Le desconcierta que las jugadas sean tan correctas.
f30 131
1.·
Su propia mente no da luz. al caso. Traca de recordar la. escasa -Vas al negocio. Enciendes las luces. Buscas la pieza de género
bibliografía del juego que ha pasado por sus manos. Ya no cuenca que m:is te guste. No te asustes de hacer ruido, mover la escalera ni
con los libros, que fueron de préstamo. abrir las puertas del mostrador. Eliges y emes lo que m:is te convenga
Cuando no está pensando en eso repentinamenre se le aparece para un vestido.
con cierra nitidez un párrafo, que en otro tiempo le impresionó. Est:i Rosa Esther obedece. Produce ruido como mandada a hacerlo.
en un libro ... de un autor de nombre francés. La hija no muestra enterarse. ¡Y la luz del dormitorio est:i en-
Con ayuda de la hija lo consigue. Relee, rebusca. cendida!
Da con ello: "Van Dusen demostró que mediante la lógica inevi- Rosa Esther vuelve con un cone estampado, de variados valores
table un novicio en el juego de ajedrez podía llegar a derrotar a un fuertes de az.ul y amarillo. El amo está enceguecido de dolor, pero
campeón que le hubiera dedicado toda su vida". deriva hacia la otm parte del plan que se ha propuesto:
' ·,
.Eso según Van Dusen. Ahora bien, ¿quién era Van Dusen?, se -Fíjate en la etiqueta. ¿Cuánto vale el metro?
pregunta el anciano. Un sabio, según el libro. Pero el libro es de -Treinta pesos.
ficción, aunque no dice si también lo es Van Dusen o si realmente el -¿Cuántos metros precisas para hacerte un vestido?
personaje existió. El amo no se siente muy firme en materia literaria -No sé. Unos tres...
y no acierra a interpretar de: modo que quede convencido en algún -Eres muy delgada. ¿Cuántos afios tienes?
sentido. Busca una nora de editor, un prólogo que lo oriente. Sólo -Dieciséis.
halla una referencia biográfica del autor: "Jacques Futrelle. Autor de -Bueno. No importa la edad. Tres .metros, dices. Son noventa
ascendencia francesa. Nació en Estados Unidos de Noneamérica. pesos. ¿Los juegas?
Pereció en el naufragio del 'Tiranic', en 1912". -¿Yo apuesto plata y usted la tela ... ? Bueno.
"Bueno, por lo menos el autor era una persona concreta,, se El amo juega con pasión y en un estado nervioso que le hace
dice el amo, satisfed1o de su ironía. Entonces vuelve al texto: "Van equivocar hasca el ejercicio de las intenciones.
Dusen demostró que mediame la lógica inevit:,tble...". Suspende No obstante, llegado el momento roma sus precauciones:
la lectura y se consagra a la reflexión: "La lógica inevitable". Rela- -Lo corearé yo. Trae el metro de hule y las tijeras. Mi hija no tiene
ciona la frase con Rosa .Esther. Concluye quitándose de encima la que emerarse. Después dejarás todo en orden y apagarás las luces.
preocupación: "¿Pero es que puede haber una lógica inevitable en
.
esa cnatura.... )"
.
Manuel da la pista:
. -:Ayer teníamos seis metros. Esa scfiora quedó en volver hoy.
No mucho después, en esa hora de la madrugada en que se Ptdló cuatro. No quedaban m:is que tres. No los hemos vendido.
perciben los pasos tenues, el padre nota que por el patio circula ¿Dónde están?
alguien. No es un ladrón, no. ¿Cómo pensarlo? La hija ha vuelto . ~ dueña se enciende. Allana la pieza de Rosa Esther. En apa-
diez minucos antes y está en el dormitorio. nenc•a es el cuarto humilde, con sólo lo indispensable, de una
Entonces en el padre se produce un ahogo de indignación. Se le muchacha a la que no se reconoce necesidades. Debajo del colchón,
ocurre probar si la hija está en siruación de escuchar ruidos exrrnfios. en paquetes detrás del baulito, en el baulico mismo, hay cortes de
Le dice a la chica, que se halla absorta en un problema del tablero tela, ropa interior, puntilla, botones forrados ...
y no se ha dado cuenta de nada: La saca de un brazo de la cocina, sacudiéndola:

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-- .....
-Si somos honestos ...
-¡Ladrona! ¡Porquería! -Ja-la media risa le descuelga a Manuel un costado del labio.
-Yo no he robado nada. No he robado nada, lo juro por Dios
-y llora, debatiéndose por zafurse de la mano que "la aprisiona y de
la acusación que la humilla. L1. muchacha vuelve en la. tarde detrás del padre, con un miedo
La mujer la arrastra nme d padre. espantoso de volver. Ha tenido que enterarlo sin reservas porque~ de
-Mfrela. Es una ladrona. ¡Lo que he descubierto ...! ¡Y lo que
otro modo, ¿cómo explicar la pérdida del trabajo? ¿Cómo hacerle en-
tendrá en su casa...! tender, a la f.'Ullilia, que le haya sido negado hasta el baulito con su pro-
El padre está desesperado. Quiere hablar, no acierta a hacerlo y la
pia ropa? "Que venga tti p~di:e",le ha dicho el ama, y ahí está el padre.
hija, profiriendo insultos, no se interesa por lo que él pueda decir.
Manuel no le da p:uo:·
La niña llora y le ruega: -.La sefiorita no está y el sefior está en cama. Tiene que enten-
-Por caridad, señor... Cuéntele~ .. Dfgale que no ... derse conmigo.
-Está bien -el hombre hace por delante de sí, con una mano,
-¿Y usted quién es?
el gesto del que ha sido descubierto, a: la hora de las confesiones -Manuel Gutiérrez. nada más. Pero usted tiene que entenderse
expiatorias. Sólo consigue tranquilizar medianamente a la chica, que con Manuel Gutiérrez.
sofrenad llanto. La hija no contiene d vendaval de las imputaciones Al padre de Rosa Esther le viene la gana de darle un manotazo.
y las suposiciones. -Su hija ha robado.
-No la maltrates. La culpa es mía. -¿Qué dice, mocito atrevido?
Ahora sí, la hija se queda quiera. La ha congelado la ·declaración. Pero una. mano, muy joven y muy poderosa, lo agarra de la
-Me lo ha ganado honestamente, jugando al ajedrez, en ~odo
solapa.
este tiempo. Tiene que contentarse, después, con gritarle desde la puerta:
La hija averigua, con la palabra y con los ojos: -El asumo no termina aquf. ¡La policía va a venir! ¡Y la justicia!
-Papá ... ¿está loco, usted?
-No, no estoy loco. Y lo que tiene no es todo. Ta}Tlbién me ha
ganado la vitrina alta. El padre de Rosa .Esther conoce algunos procuradores. Repasa
-¿Cómo ... ? los rostros -y los hechos que a ellos se refieren- mientras se va
-Sí, hija. Esperaba recuperarlo esta noche. Ya lo has malogrado tragand~ el frentazo. Sabe que existen procuradores de los pobres
y no sé qué haremos. Y que C:Ctsten procuradores de los pobres que se han equivocado a
Manuel, con una actitud de hombre tranquilo, ha estado en la
pro~ómo. A él le p:Uece que su caso es limpio; sin embargo, como
puerta escuchando sin ostentarse. h~y JUego por medto y su apellido no constituye una recomenda-
Ahora interviene y decide. Cuando el amo confiesa: "No sé que
CIÓn ... elige un p'illo.
haremos", él sentencia: El pillo le dice:
-Quitarle todo y echarla. -No tiene ninguna prueba... Y ella es rnénor ...
El padre lo mira, con la serenidad del que está resignado a dia-
El padre le hace notar:
logar con los intrusos: . -Mire que hay muchos pesos sobre la mesa. Y las deudas de
-No es posible. Juego son deudas de honor.
-¿Por qué no es posible?
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Entonces el procurador sospecha la posibilidad de un arreglo Le da la impresión de que estuviera cansado a cuenta. Como
extrajudicial. siempre que tiene que trabajar.
-Bueno. Si voy y lo asusto con una amenaza de embargo ... ¿Dice
que es un viejo ... ? Le prevengo que precisaré la firma de un abogado.
Ysi perdemos eso costará piara. Le enseña. la escoba de .quince. Lo más sencillo, piensa. Resulta
excesivamente rudimentario para la chica., Tute, brisca, truco. Rosa
Esther no puede decir todos los versos que rima el padre, como_ un
El padre de Rosa Esther ha puesto en marcha la venganza. Respira tran- floreo del juego. Ella no tiene memoria. Pero tiene lo que el padre
quilo y puede olvidar la ofensa de Manuel GutiéttéZ. Además su cabeza quiere: el camino siempre fácil para el triunfo. En la mesa de la
tiene espacio para otro tipo de consideraciones. I.z masculla. Despacito. cocina el padre padece tantas derrotas juntas como no 'ha. experi-
Al entrar, los recibe la averiguación de la maclre de Rosa Esther: mentado en mucho tiempo de ronda por los boliches.
-¿Y... ? ¿Qué hubo ... ? -Para el domingo hacé pasteles, Teresa.
No hace falta respuesta. Ha llegado el día señalado para la prueba. Invita a tres amigos.
Entonces quiere vengar en las carnes de la hija la pérdida de la ropa y Comen los pasteles con ensalada y vino tinto, en el patio,. debajo
el baulito. Alcanza a darle un bofetón, pero el padre la ataja con firmeza: del parral.
-Dejala. Ella no tiene la culpa. Al contrario... -dice y se interna Después Teresa pasa un pafio húmedo al hule y el marido aparece
de nuevo en su meditación. con el mazo de naipes y una cajira de granos de maíz. Arman el tute
Pide mate y sigue pensando. de cuatro. El padre pierde. .A ciena altura, socarrón, les confía:
Después llama a Rosa Esther. ·-Para .el truco rengo-otra flor.
-¿Así que renés mano con suerte? Y presenta a la hija.
-Y... no sé -responde la muchacha, modosa y encogida, porque Se ríen. ¿Qué pretende? El truco no es juego de chicos, menos de
desconoce si la atropellará un reto o la consolará un halago y considera chicas. Pero le hacen lugar. Y ponen el pesiro que no puede hurtarse
más posible lo primero. al panido aunque vaya "en broma". Al perder se dan cuenta de que
-¿Qué jugaste, ajedrez no más? no es broma-. .Ellos no son jugadores novacos y no cualquiera les
-Y damas. gana de primera intención. A menos -se consuelan-· que sea con
-¿Qué? mucha suerte.
-A las damas. ·Como la.suerte se despega de ellos toda. la tarde y no se resignan
-¿Y baraja? a esa pérdida afrentosa -unos quince pesos por cabeza-, combinan
-No, eso no, papá. Se lo juro -con dos dedos hace una cruz otra partida, por el desquite.

sobre los labios. Al desquite acude un curioso.
Recela de haber llegado al punto más peligroso d~l imer_rogatorio. La curiosidad, en. la segunda ocasión, sale a la calle y gana el boliche.
No obstante, el padre pronuncia palabras insospechables: Algunos amigos .incitan al padre a que la lleve .. Determinan una
-Bueno, eso se arregla. Yo te voy a enseñar. noche de mitad de semana, con ciertas precauciones, para no llamar
El tono lleva algo de lamentación y de conformídad. la atención ..Esa noche el bar tiene más gente que. los sábados. Todos
La. nifia mira al padre. El padre no sonríe, no sé burla. Ha ha- hombres, ella sola mujer. De .este .lado del mostrador, porque del
blado con roda seriedad. otro está la esposa del duefio, indispensable para enjuagar tantos
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vasos, mordida de curiosidad, ella también, por eptrever el juego -Buenas.• agente.
de "esa negrita que arrea con todos". -¿Gusta. de algo?
-¿ U na cop1ra. ....:>
No pasa de ser la primera noche. Tendrá muchas.
Después, en cada oportunidad, al entrar en el callejón que termi- Con la mano dice que no y avanza mientras contesta.
na con su casa al fondo, Rosa .Esther· saca del bolsilliro del, vestido El~partido no se interrumpe, porque sería rraicionru,- algo es.con-
treinta, cuarenta pesos, que el padre recibe y cuenca,. a la luz del di.do. Rosa Es.ther no comprende en todo su alcance el pc;ligrq de
furo!, antes de entrar. t,m pqJic;(a ~n la mesa de juego. No se preocupa. Baraja ella. LQs
-Atu mamá.decile,.si re pregunta, que no te fue muy bien. Que dedos se Je han puesto muy ágiles.
ganabas veinte y perdiste diez. El polid:;t. CQJTiet)ta: "¡UnaJuz... !", mientras, de pie.no más, ocupa el
El recelo del padre es de que siempre gane. Por fortuna, a .veces hueco que le han abieno en la rueda. Todos asienten con un murmu-
pierde. De lo contrario sólo la wnidad de algún jugador podría man" llo, no arri~g4n QQ'Q c;omentario. Ignoran a qué ha. venido el vigilante.
tener la aceptación de una muchachita. en la mesa deJos .varones. ~1 incita: "¿Y,.. :? ¿No hay plata?". Algunos dicen que no con la
El miedo de la madre es diferente. Teme por los hoq¡bres. No cabeza. Uno lo ni~ga qbienamente, con tranquilidad, como cosa
fultará alguna mano ... demasiado sabida: "No, agentee Qué va... ". ,El padre se cree obligado
La mano que una noche se desliza hacia Rosa Esther no va para a una, información más clara: "G!J$to n_o más agente~ A los amigos
acariciar subrepticiamente, no va a despertar ladinamente la mujer. les gusta ser testigos del caso". La ll!Jll\ª·el caso, poxque no pu·ede
Le. saca el rollito del bolsillo. Es el último partido y ella pierde: no negarlo y hasta huele que el poli da ha venido jl.lSt;w\ente a constatar,
tiene por qué, al levantarse, poner la mano de nuevo allí. la fama. Por eso esgrime la osadía como un rero: "Ca,so de ~uerte,
En el callejón, sin el requerimiento del padre, ya innecesario, no más, Tanta que, por plata, no se .le anima nadie".
busca el fujo. No está. Mira el suelo. El vigilante lo mira. Ha recibido la insinuación y le parec;e que
-Papá, se me ha caldo. hay una sobra de coraje. Tiene que achicarlo. Y para eso ya no es
1 Recorren el callejón, ayudándose con fósforos par.i descubrir la cuestión de uniforme. Saca un billete de cinco pesos. Lo poneª una
huella· de las pisadas, para buscar justo, justo, por donde· vinieron. carra. La muchacha corta y da. Recoge el billete de cinco pesos. El
•i
•1 Llegan al boliche. Hacen levantar .al duefio. Revisan el piso. policía le estudia el semblante. Le recuerda ese tipo de jugadores
,,
1 1 -A la policía, habría que avisar. ¡Sinvergüenzas! Aprovecharse que no se entusiasman <;Qn J;¡ ganancia. Rosa. Esther ni siquiéra le
¡,.
as{ de una criatura. devuelve la mirada.
' 1
1 El padre siempre amenaza con la policía, pero ni acude a·ella ni El policía lleva la mano al pagtalón. Busca un solo billete. No
1· acudirá. Sabe que ningún policía que lo conozca "le hará justicia". quiere arriesgar demasiado. Di~e: ~Aquí hay otro", y observa con
disgusto que ha sacado uno de diez.
Hace tres· tiros más .. No consigue ,retener ni,ngún papel.
"Como si lo hubiera llamado", se. dice mentalmente, en la noche Entonces deja las manos quieras, sin conf~ar si P,O tiene más o
1 '

que sig~e, cuando en la puerta del boliche aparece un vigilante. No es no• quiere seguir jugando, y opina:
el. único que se intimida ante la presencia policial. En la mesa· no hay -Caso de suerte, no más.
dinero, sólo poro ros para marcar los tantos. Sin embargo, hay que bo- Se produce un momento de incertidumbre. Lo salva alguien. con
rrar de los ojos, de la nerviosidad de las manos, el indicio de las apuestas. un envite de escoba. Y par;tflO pecar por exageración de pureza,
-Buenas... apuesta una vuelta de cafia.

138 139

u
Da vuelta los ojos hacia el agente, mientras baraja, y le explica: -SC, es cierto. Como se.ha. escirado, no lo reconoda. Pero, ¿cuánto
-Cafiita dulce, de duraznito. Por la chica, usted sabe, agente. hace de eso?
Además la condición.humilde de la madre no es una garantía de
lo que pu,eda ser. el hijo. Por eso el ·padre de Rosa Esther, disimu-
No ha sido una buena n9che. El padre de Rósa Esther sabe que ha. lando que habla, por si. el aludido le mira la. boca en ese momento
dejado un encono. Todo el dempó estuvo deseando qúe cada. mano y reconoce la: palabra, pregunta al bolichero:
se le diera en contra, a la hija. SÍ hubiera conseguido prevenirla:... -¿Batidor... ?
Pero la chica veía el billete y adelantaba porotos, estaba claro que: De atrás del mostrador sale una ·mirada inquieta, la de un hombre
con el respaldo del padre, y éste no podía decir que no. que hasta ese momento no había pensado que ahf está alguien que
Deja éh blanco cuatro dfas~ representa un peligro. Lo observa.bien, ames de contestar, y .da un
Visita al procurador. El procurador le confiesa qu~ un empleado, argumento. para tranquilizarse:
:1 un tal Gutiérrez, no lo ha dejado hablar con el dueljo 9~ la tienda. --No creo. Mírele las manos. Ha trabajado. No mucho, pero ...
Habrá que hacer un amago de demanda. H;tce falta. placa. A su Vt::L el padre de Rosa Esther lo analiza. Resume sus conclusiones:
El padre de Rosa Esther se sulfu~ "¿Oua va el mecido ese? Yo le ~Mucha ropa para tan poco trabajo.
voy a ensefiar". Pregunta: "Cuánto". Cuánto dinero hace fulra. -Y... a lo mejor... -y el bolichero hace el ademán devistear las cartas.
El procurador no sospechaba un acuerdo tan cándótóso y no Esto convence, aunque no del todo, al. padre de Rosa Esther, por..
tiene pensada la canddad que puede obtener. Vacila: que.~ un argumento razonable y combina bien con la curiosidad que
-Y... a ver, unos ~ien, ciento veinte pesos. provoca su hija. Está preparado, pues; para recibir sin sobresalto las
-Le voy a traer cincuenta. palabras que; con aire de sugestión y complicidad, le hace llegar en la
-A ver ... puede andar, si es prontó. ¿Mafiaha ... ? primera ocasión, con muchas pausas y hablándole. muy cerca. de la cara:
-Mafiana. -Una joya, la dtica. Lástima que no sepa el poker.
Hay que ganár cincuenta pesos. -¿Lástima... ? -dice lentamente. el padre, pero en voz. alta, para
que alguno más atienda, por si háy provocación--. ¿Y por qué, si se
puede saber?
No cree haber entrado, otra vez, con el pie debido. Al primero El otro lo mira sonriente, aunque sin pelea. Le descubre la des-
que descubre, el padre de Rosa Esther, es a ese que no conoce, que confianza y lo quiere ganar:
había aparecido la noche que apostó el vigilante. Le cayó mal, aquella -Porque es una pena que no salga. del barrio. Yo sé de un café ...
vez. Tiene aire de compadre, pero compadre joven, que ahí está lo El padre. se engall:t ligeramente, como siatajara una insinuación
malo. Y no es de la zona, ni de todo lo que él conoce en la orilla del sucia. El otro lo comprende todo muy rápidamente y lo serena de
zanjón. Y no hizo apuestas, ni espiaba el juego. Sobraba, no más, nuevo, con .la sonrisa y con. el gesto:
sin ofender. Pudo pasar, si era de pasada. Pero ha vuelco. -No se incomode, pues. Escúcheme un poquito no más. Yo sé
Antes de sentarse, el padre de Rosa Esther se acerca al mostrador de un café, le decía, donde.el poker llama mucho de esto --y se frota,
y hace una sefia al bolichero. expresivamente, el pulgar. con el índice.
-¿Quién ·es? La sefia se ha quedado en eLaire, encandilando al padre.
-¿No se acuerda? El hijo de dofia Cristina Leyes, que' era lavan-
dera.

140 141
Convenido; Leyes le enseñará el ·poker. É conseguirn que entre -¿No le parece que ya sabe bastante la muchacha? -reclama el pa-
sin revuelo en el café. El padre podrá cuidarla en todo momento. dre cuando el aprendizaje ha cubierto todos los días de una semana.
No han hablado de la distribución ~de· beneficios. Evitan hablar, -Todavía no, don ... El poker, usted sabe, ·es una historia que
todavía, de. ese. juego como de un negocio. Un pudor que aún se tiene muchas historias.
puede sostener· un tiempo. Hasta que sea necesario .concretar. El padre está por contestarle: "Más historias tenés vos", pero se
Leyes se queda en camisa y cuelga d saco con determinadas contiene, porque reconoce que anda demasiado quisqu.illoso, por
precauciones. Luce bien, pero es siempre eJ mismo, y lo cuida. culpa de un dolor reumático que le·permite decir: ''Ya ve:uni'go, el
Enseguida comienza la lección ..Lo hace en serio, sin permitirse trabajo al. final lo. mata. a uno" .
.distracciones ni bromas. Leyes manosea, dueño de la situación:
Doña Teresa. canta en. el patio, mientras jabona la ropa. -Para el poker hay que h\lar fino, don.. No.se apure por· ser rico.
Sin despegarse el cigarrillo del labio ni sacar la mirada de sus Ya llegará. Tenga paciencia.
carcas, Leyes indica: Pero antes de llegar, el padre se enferma. "Un mal de cama",
-.Por favor, don, d!gale que ... dictam'ina la esposa, y él acata, porque no puede resistir en pie.
El padre de Rosa Esther lo mira sin saber al principio qué quiere; Como es un mal de cama, sólo al lecho se confía· y no a médico ni
otra mirada y un movimiento ·de cabeza le ayudan. Sale al patio y remedio alguno. Se deja citar.
enseguida el canto se corta. Leyes se asoma a la pieza.
El hombre vuelve a la silla, junto a la mesa, y no atiende el juego por -Buenas... ¿Cómo anda. hoy ese ánimo ... ?.
un rato. No está muy seguro de haber acertado. No le gusta obedecer¡ -Así, as(, no más. Bien, mejor dicho. Pero si me muevo, grito.
Menos a alguien mis joven que él. Menos, en su propia casa. -¿Quiere que le llame la Asistencia?
Más le fastidia la invasión de doña Teresa. Pero al marido no -¡Hospiralcs,.a mí, no! A mí no me encierran así como nsl.
puede protestarle.. Se le atreve al mozo porque fue vecina de la madre: -No se enoje. La Asistencia he dicho, no hospitales.
-¿Y usted no trabaja en nada? Y a los tres días:
-¿Por qué lo pregunta, sefiora? -responde muy tranquilo y muy -¿Y don ... ? ¿Se decidió?
pausado, sin molestarse. -Venga, Leyes. Acérquese.
-Como viene todas las tardes. Y cuando Leyes está parado junto a la cabecera, barajando el
-Observadora, ¿no? -sonríe-. Da la casualidad que estoy de mazo para ·la lección puntual, el enfermo le ·dice, con ese cipo de
licencia. pregunta que es un pedido.
--¿Y dura siempre esa licencia? -pregunta Ros~ Esther riéndose -¿Usted no tendría... ?
con simpatía. Con Leyes no es necesario hablar todas las palabras. Leyes no
Él la mira y enseguida le ayuda a reírse. Se han entendido. precisa saber, siquiera, cuánto:
Hasta ese momento, Rosa Esther nunca había dicho, para él, una -No, don ... Conmigo no cuente para eso. Voluntad no falca,
frase ajena a los temas del juego. Nunca habla en la mesa. Nunca pero ...
habla con los hombres. Ueva semanas de al temar con ·ellos y nada El padre sabe que no sacará nada de provecho con insistir. Echa
ha conseguido petturbarla. Ni las .malas palabras. la cabeza sobre la almohada y con la mirada en el techo se queda
masticando la caída de una esperanza.
Leyes no se v;t. Sonríe.

142 143
-:-Hay una solución -Leyes-habla con muchas pausas, hasta para de .telas brillantes, morochas en eJ fondo sencillas, como ella. Rosa
dectr tres palabras: -"Hay una solución". Esther descubre esa semejanza por debajo de la diferencia de los trajes.
Lo repi_te con un campaneo insinu;uue. -¿Te gusta?
E~ padre mira a Leyes. Ve una sonrisa. Le desconffa, sin embargo, -Sí.
se .avtene a preguntar: -¿Sabés _bailar?
-,.¿Cuál ... ? -Un poco .
. . . "':(... usted sabe -Leyes arrastra las sílabas. -Ven!. Yo te ensefio lo demás.
-¿Qué sé yo? ~1 padre está por enojarse; pero no· lo hará mientras
no sepa bien de qué se traca.
-Usted lo sabe. La chica está lista para el café. L(:yes vuelve solo a la casa de la muchacha. Pero dos meses des-
-¿Y ahora me lo dice? p\lés de haber sa.lido con ella.
-Ahora estáJista y ahora .le hace falta. a usted -Leyes ha hablado La madre está. sola. Lo recibe hosca, a la defensiva; como. si te-
con mayor rapidez que de costumbre. Es una de esas conclusiones miera que ese hombre pueda hacerle más dafio. No puede mirarlo
suyas que no se pueden discutir. dé frente, ni siquiera al hacer la. pregunta:
El padre se toma un tiempito para dar su asentimiento. Como -Ella, ¿dónde está?
demora, el otro lo impulsa: ~lla observa despreocupado, sin concederle mayor importancia.
-Ahora le hace falca a usted, ¿no ... ? -ha vuelto a demorar las Contesta con otra pregunta:
sílabas. -¿Su mar.i<Jo, dofia Teresa? A él lo busco -y condesciende a
El padre áccede con una queja: explicar a.lgo-: Tenemos que conversar.
-Justo ahora, que estoy en cama, que no puedo ir yo~ -Ya va a venir. Hasalido·-a su vez, explica-: Ya camina.
-¿No me tiene confiapza, don ... ? Se arrepiente de hablarle asf a ese hombre. Entonces se anima a
El padre lo mira y se silencia. mostrar la rabia. Le sa.le:
-Ya, está avisada la polida. Le va a costar caro: es menor. Suerte
ha tenido hasta ahora. Quién sabe dónde la habrá escondido. Pero
se le acabó, ¡se-le-a-ca-bó! ¡Solito renfa que caer!.
Es sábado. Rosa Esther se ha puesto lo mejor de su ropa~ La ma- Leyes no se afecta. Cuando ella termina el párrafo, se vuelve y
dre la h~ ayudado a vestirse ...Es~ no sucedía desde que era chiquita. camina hacia la puerta.
Se ha. fiJado en los detalles: Mtrare esas mechas". Y ellá misma ha Ella quiere atajarlo, con un grito:
metido el peine en la cabeza de la hija. -¡No se vaya! ¡Espérelo!
A.l desembocar del callejón, Leyes la toma· del brazo. A Rosa le
gusta. Le agradaría estrenar, esta noche, zapatos altos.
Toman un tranv!a. · Sin detener su paso lento ni. acompafiar las palabras éon, Una
-¿Dpnde es? 111irada, él le concede:
-Callare. No preguntés. Te va a gustar. -No se asuste. No me voy.
La lleva a un baile. Hay mascarones pintados a un lado y otro· de la
boca de entrada, que revienta de luces. Entran mujeres con vestidos

J44 1:45
Desde la boca del callejón, el. padre lo descubre ante la puerta -Pero es menor.
de su casa.
-Claro -Leyes acepta que es menor, sin decir más, por no des-
Va diciéndose: "Lástima de Colt que me dejé quitar". Pero de
tapar que t~me m.ayores exigencias de los padres paJ.:a Qtorga.r el
eso hace muchos afios.
consentimiento.
Desde que se ha levantado lleva en la cintura un cuchillito corto,
Sin embargo, el padre no le plantea directamente .la <aJestión.
de cocina, de hoja triangular y muy filoso y puntiagudo, que el saco -¿Dónde van a vivir, si se puede saber?
no deja ver.
-Aquí no.
No sabe si Leyes está armado.
-¿Cómo, aquí no? -el padre se levanta.
Cuando lo tiene más cerca y lo ve tan sereno y sólido, considera que Leyes recibe el disgusto sin alterarse, S~ U:)Jlla ~ una cautelosa
será prudente parlamentar. ",Pero si hace falm ... "-, se dice, y acom-
espera. Cuando el padre ha cesado de barbotar el enoJo·, hace escu-
pafia la reserva con un juramento, para comprometerse a no aflojar.
1· char su palabra pacífica que no se le importa mucho de .la opinión
-Buenas~ don ...
del prójimo.
El padre no recoge el saludo más que para advertirle:
-Yo le. dije. recién: "Me la llevé a prueba y estoy conforme".
-Usted sabrá si son buenas.
Entiéndame. Si se enoja y no da la venia, me voy y no nos ven.
-Creo que sí, digo yo.
más. No se la voy a devolver. No se haga ilusiones. Si me la llevé a
El padre se ha detenido, á·dos metrO$, y-esp·era.
prueba era para ver cómo andaba en el poker con su suerte famo-
-Vengo a decirle que nos vamos a casar.
sa. Si estoy conforme es porque anda bien. Además, me· gusta. Es
Más de lo que el padre esperaba. Mucho más. No puede decirlo. flaquita, pero aceptable. Si la traigo acá, el negocio no anda, para
No quiere confesarlo. Se calla y sigue mirat)doí como diciendo: "Más. mí, se· entiende.
Más cosas, para que yo entienda mejor. Esto no está muy claró".
Hace una pausa y pregunta:
Leyes comprende la an·siedad y dice todo con franqueza: -¿Estamos?
1. -Me la llevé a prueba. Estoy conforme. I:.a ·Esther va a tener uñ
El padte comprende. No sacará nada de ese hombre. Nada.
chico -sonríe-. Cuando sea el tiempo, se entiende.
Sin embargo las ilusiones, cuando se apagan, a veces dejan rescoldos.
Antes de comprometerse con una respuesta, deja caer algo que
En la mesa de la cocina, el padre recobrn la palabra:
parece preocupación paternal:
-¿Dónde está?
-¿Tendrán un chico? ¿Ya lo saben?
-En una pensión.
-Sí claro. Seguro.
La madre quiere saber:
-¿Ve ... ? -se lamenta el padre, como dirigiendo la queja a sí
-¿Cómo está?
mismo-. Me queda una sola hija. Se va. A los dos meses, ya esrá
Leyes vuelve la cabeza hacia ella. Se. asombra de la pregunta:
casada y por tener un hijo. Al afio ya tendrá su propia familia,
-Bien. ¿Cómo va a estar?
' 1
bien completa, y los viejos ... solos, machucados y tristes -hace que
Y dirige la mirada al padre,. considerando que sóló de él espera
su mirada resplandezca como ante un hallazgo súbito-. ¿Y si nos
1 preguntas sensatas. El padre recoge con gravedad la distinción: dieran el chico ... ?
-Bueno, ahora quiero. saber yo, ¿cuándo se van a casar?
-¿Darle. el chico? ¿Y por qué? -con la sorpresa y la pregunta va
-¿Casarnos ... ? En cuanto arreglemos. Yo, por mí... Y ella está
de acuerdo. · el rechazo; pero Leyes se consulta y halla que puede decir-: Yo, por
mí... ¿Pero la madre... ? No va a querer, no.
146.
L47
El padre ha dado el consentimiento, a camóio de nada. El do-
mingo vendrá a almorzar Rosa .Esther con Leyes.
La madre espera el domingo.
Le pregunta al marido: EL jUICIO DE DIOS
-¿Para qué querías el chico? Hay que criarlo, ¿sabéS, no?
El marido se fastidia por la pregunta: El cuento pam Sarita.
-Es hijo de la Rosa, ¿no?
-Sí, es hijo, ¿y qué?
-¿Y si sacara la suerte de ella? U nos afios de pobreza, pero después ... El siglo ha comenzado unos siete afi~s antes. San Rafael evolu-
¿te das cuenta? A ése no se lo iba a llevar ningún compadrito. don~. El cuatrerismo decae· porque el ganado es menos, sólo por
La mujer se convence: hpmbre con mafias, el suyo. Medita un eso. La.tierra se racionaliza en colonias y en ellas enraizanJa viña, los
rato el plan del marido. durazneros y los hombres. .El ferrocarril.hallegado.con la. puntualidad
-¿Qué estás pensando? de los que, s~ bien es. cierto qüe ayudan, vienen a cobrar una parte.
-Que Leyes tenía razóq: que ella no iba. a querer. El ferrocarril. Organización inglesa. Organización. Pero alll, tan
-¿Quién no iba a querer qué? lejos, con tama soledad en torno, hace falta mucha voluntad para
-Mi hija. No iba, a querer dártelo a vos. que las cosas marchen sobre rieles. Por eso, el jefe de la estación,
Usa la voz de no ofender. Pero dice: "Mi hija", y dice: "Dánelo superior .autoridad ferroviaria. de la. zona, ·si quiere hacerlo tiene
,
a vos. m'ucho que hacer, y como el jefe, don Salvador Quiroga, lo hace
Llama, en la abierta puerta de calle, un par de manos. todo, parece. que el ferrocarri\ fuera suyo.
La mujer obedece. El marido queda eXigiendo jugo al mate. Con esa disposición para atender a cuanto sea necesario, cuando
La mujer regresa. se entera de que·eLtren de carga que viene de Mendoza ha quedado
-Es el procurador, otra vez. Dice que si no le das algo el ju'icio detenido, por confusas causas, entre Resolana. y Guadales, se dice:
no puede seguir. "¡En pleno desierto!", y como su. cuadrilla~de vías. y obras está tra-
bajando mucho más arriba, cerca de. P.ichi~ciego, y c5 lunes y·por
lo tanto no circula tren de pasajeros, piensa.Uegar primero con su
presencia y .el auxilio humano pára el maquinista, el foguista y el
gu'arda del convoy. Ep una zorra cargados damajuanas de.agua, una
de. vino, galleta y salame, jamón y escabeches. Y como el ferrocarril
es suyo, con sólo dos peones toma .la vía, dispuesto a alternarse con
ellos en. el braceo de la palanca.
Don Salvador cala los atributos. de mando. Lleva chaqueta con
botones de metal blanco y gorra de visera, con el cargo bien cla-
ro en letras doradas, pero con una grafía de uso exclusivo en los
ferrocarriles ingleses: "gefe", así, con "g". En realidad ni gorra ni

148 149
chaqueta le convienen para el calor, tan serio, a golpes limpios de -Sí, don.Salvador; A una.hora de aqu1. Tal vez. menos.
sol y rachas de aire de hoguera. Con una mano defiende la gorra Hay conformidad en el que responde .. No en el otro, aunque
del viento; con la otra tironea las damajuanas que se corren para lo diga sólo con los ojos. Don Salvador nota. esa ·inquietud y sabe
atrás en la plataforma y pueden perderse. que puede comunicarse. al compafiero. Porque alH posible.ll)ente,
Antes de dejar los cultivos que configuran Cuadro Nacional, don tendrán agua dulce y fresca, ¿pero más arriba? Mucho e.xige el jefe,
Salvador siente que, por lo que respecta al trnbájo, él está sobrando, aun- y él mismo se siente. jncómodo de p.edir tanto, pero, qué ha de
que sea máquina para ocho brnzos.l.o5 peones se bastan solos. Fuertes, hacerle: el ferrocarril .es suyo y tiene que c.uidarlo.
graves, suben y bajan los duros torsos, mientras el sudor les pega la ca- A media hora de marcha, el peón conocedor suelta una mano de
misa al cuerpo. A uno le vuelan las crines negras; el otro las encasqueta la palanca y con el. brazo extendido sefiala hacia el norte, del lado del
con una boina. No piden resuello. Tampoco don Salvador, porque poniente. Don Salvador sigue con la mirada el rumbo indicado: jari..
no es hombre blando aunque no le vaya bien esa travesía. tan trajeado. Ua no más, jarilla todavía por todas partes. Pronto igualmente él des-
Les da una tregua, concediéndosela. él mismo. Paran, respiran cubre la tierra Limpia de malezas y .luego percibe.la :forma civiliiada
hondo. No hablan, todavía..Los tres tienen sed, no quieren beber de los surcos. Más adentro, como a cuatrocientos metros, la vivienda.
estando sudados. Por entretener la espera que manda la prudencia, Los peones bogan lentamente, hasta ubicar :el punto apropiado
observan en lontananza, con mayor interés hacia d punto donde para detenerse.
se pierden los rieles. Por allá se distingue una mujer, probablemente una anciana;
-No viene -dice uno de los peones, y es indudable para los otros con ·una criatura pegada a las faldas. Más lejos aún, ull hombre que
que se refiere al tren .. esrnba encorvado sobre los surcos suspende el trabajo y se queda
-Ni un alma -res!lffie el que ha mirado más detenidamente en torno. mirando. Los campesinos se mantienen a la expectativa.
-Pero r:nás arriba están sembrando. Yo he visto, en otra vuelta Don Salvador da orden de detenerse y los peones, como grandes
-previene el que los desilusionó de que el tren acudiera por sí solo perros cansados, suspenden el bombeo de la palanca. y.se dejan caer
hacia ellos. al suelo, a la exigua sombra de la zorra. Delegan .implícitamente
Ya han descansado y han conversado lo suficiente. Don Salvador en el jefe el resto .de la. rarea. lll: tendrá. que conseguir el agua. Don
destapa una damajuana de agua y se la. alcanza al más forzudo. Para Salvador se. pregunta si n\mbién le corresponderá traerla:, y com-
tomar hay que empinarla. en el aire ..El hombre pone los labios en el vi- prende. que eUos hacen demasiado bien y demasiado.solo~.su parte.
drio, recibe el.líquido ~en la boca, baja la damajuana y escupe-el agua. Los deja con un resuelto: "Ya. vuelvo".
-¡Caliente como un diablo! Se encamina adonde está. la anciana. No.sabe cómo pisar para no
,...¿Y el vino ... ? -pregunta el jefe. La respuesta es obvia, sólo que romper los surcos ni sufrir la posible acusación de dafiar semillas.o
él, el "gefe".,. tiene que mostrar preocupación por .sus subordinados brores. Va a.solicitar algo; lo necesita para sí y pé!.ra sus:~hombres y
en ese trance que no se· le ocurrió, porque ·a la intemperie los, red- no debe provocar reacciones en contra.
piemes tenían que calentarse, pero no tanto. Echa cuentas: están Se estira la chaqueta; prende Jos bocones para que el metal, al
a unos seis kilómetros de Cuadro Naciomíl; falta más del doble de sol, impresione más; se asegura que la gorra ton la palabra "gefe"
ese trayecto hasta la próxima estación, dos horas con exceso. ¿Habrá en letras doradas es.té bien derecha sobre la. cabeZa.
que volver esos seis kilómetros? La anciana parece recibirlo con gusto. Sonríe.l!lledice: "Abuelita",
-¿Donde están sembrando habrá agua que no sea salada? Eso explicaJo que pasa y pide el agua. La mujer dice: ''Sí, sí'', ·siguesonrien-
está antes de Resonala, supongo. do y no muestra apuro por hacer nada, aparre de ver bien al hombre,

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su uniforme y sus botones, y escuchar su .historia. Don Salvador reme sospecha que le conviene evitarlo. Cuando adviene que la mujer
enconcracsefrenrea. una. débil menral y Jedan ganas de empujarla hacia no se encamina a la casa, sino hacia el hombre que ha permanecido
la casa. Se contiene y hace una caricia a la nifia; que narurnlmeme nó quiero al exuerno de un cuadro de surcos, opta. por quedatse.
le importa, y que está muy sucia, descalza, con una mirada. tranquila La vieja hablá con el hombre. Lo hace inclinar, para hablarle
y amistosa para él, como si hubiera estado esperando que· reparara en al oCdo. No se percibe que ·él responda. Alza la cabeza y mira con
ella; pero plenamente. confi'ada en que eso sucedería. .Cuando .retira la detenimiento en derechura a don Salvador. Don Salvador lo ve.
mano del mentón de la chica. -una nena de men·os de dos afios, que agacharse.-Cree que recogerá un porrón de barro· para ofrecerle agua.
no parece saber hablar- ella hace algo semejante a un gran esfuerzo con Pero no. De los surcos el hombre ,levanta una escopeta.
todo el cuerpo, levantad bracito, sefiala con el dedo a don Salvador y¡ Don Salvador no acepta pensar nada malo. Se dice que no sale
cortando la palabra en sflabas, con mucha. firmeza articula: de lo común ·que d. campesino tenga a mano la ·escopeta~ por si co-
-Pa-pá. rre un~ liebre, por si sale la víbora, por si vuelan palomas silvesues
Don Salvador sonríe comp ante una gracia. .La vieja se sorprende o se abalanza la plaga de los tordos. ¿Que el hombre viene con la
un instante, nada más que un instante, y de inmediato también escopeta? Bueno, es gente que no suelta el arma, prevenida frente
sonríe, aunque con mayor satisfacción que, ;él. Se inclina, para a un extrafio. ¿Que ya está. ahí, encima, y él y la yieja uaen una
acercar su cara a la carita. de la nifia, y le dice, como incitándola a acusación en los ojos? Bueno, bueno ...
confirmar, .o negar: Como llegan, se detienen ante él y no hablan, don Salvador
-¿Papá? .¿Paaa-pá? imenta entenderse con el hombre. Le cuenta: el tren, el agua, los
Lo dice y ~e críe. peones, las damajuanas, el sol. ..
-¿Pa-pá? ¿Paaa-pá? El hombre -treinta afios, es decir, seis, ocho, menos que don
Y la nifia repite, muy convencida: Salvador, pero un cuerpo duro y elástico, y un enojo fuerte en la
-Pa-pá -y-con el.dedo apunta hacia arriba, aJa cabeza del jefe. cara- lo corra sin atenderlo: "Ya lo sé, ya lo sé ... Vamos a ver otra
Don Salvador pasa de nuevo la mano. por la carita y puede creerse cósa". Sin aliviar· la mirada que descarga sobre don Salvador, lla-
que hace un esfuerzo no calculado por borrar de la· nenala gana de ma: "Juanira", cbmo sLse tratara de alguien que se halla lejos; pero
decir esa palabra que, sin motivo, le esrá provocan~o un malestar. nombra a la nifia, que lo mira con un poquito de temor. Entonces
.Los ojitos están tiernamente puestos en él y .la Yieja mira eso~ la vieja se sienre convocada a la pr.ueba~ satisfecha de la oportunidad,
ojitos con una curiosidad impaciente: y gozosa. y con alegría excita a la pequefia que está en sus brazos:
Don Salvador hace otro esfuerzo por distraerlas de eso que le -¿Paaa... pá? ¿Paaa... pá? .
parece juego: Y le hurga la pan cita con una ufia, como para hacerla contestar
-Abuela, el agua. Mis hombres, allá, ti~nen sed, y tenemos que con palabras y, a la vez, con risas. "Sigue el juego~, quiere pensar
seguir. don Salvador, mas no consigue uanquilizarse.
La vieja, como recordando repentinamente algo muy importante -¿Paaa... pá? ¿Paaa... pá?
que había descuidado, lo calma con la mano, le dice "Sí, sí" y se Y de nuevo, esa mirada infantil que se abstrae para contemplarlo
va tironeando de la criatura que se da vuelta para llamarlo queda- a él, ese dedito que se alza y la vocécita que dice:
mente: "Papá, papá". -Paaa-pá.
Dos fuerzas tironean también de dón Salvador: seguirla en:pro- Y entonces también se alza la escopeta y la boca del cafio queda
cura del agua y volverse a la zorra. Hay algo que no comprende y a la altura de la frente. de don Salvador.
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El otro ·no responde. ¿Asentimiento o duda? El compañero-ave-
ngua:
Desde la sombra de la zorra, los dos peones del ferrocarril han -¿Qué te parece?
es cado ·observ;tndo: el "gefe" que se estira la ropa; el jefe que pisa los El preguntado se toma todavía un momento. Oespués dice:
surcos como temeroso de ensuciarlos; el je(e que habla con la vieja, -¿Cuál damajuana, la del agua o la del vino?
que habla, que habla, que habla; el jefe que se agacha y acaricia a: la
chica; la. vieja que se va con la chica; el hombre que se agacha para
escuchar a la vieja; el hombre que se agacha y levanta ... ¿un palo?,- Un chico de unos diez afios, que sale al encuentra del grupo ju'nto
no, una escopeta; el hombre que viene con la escopeta¡ la vieja y la ·con los perros, da vueltas y corretea como saband!ja. El hombre ~e
chica; el jefe que habla con el hombre o el jefe hablando solo·frchté la escopeta le ordena que avise "a todos los d_emás" y anteS de medta
al hombre; la escopeta que se levanta... hora don Salvador se. halla frente a un especie de. tribunal. En la
'""¿Vamos... ? cocina, con larga mesa cubiertá de hule y sudo de tierrn apisonada,
-¿Adónde? le ponen una silla baja, de totora, desde donde ve m:is altos a esos
-A pelearlo. 'hombres Aacos, con mucha tierra en el pelo 'Y unas manos d.e dedos
-Y él, ¿qué hace que no lo pelea?~ ·duros como madera, que también pueden parecer garras.
-Y... cuchillo no tiene. El que lo empujó hasta la casa lo tiene más cohibido que los otros,
.-¿Y manos: .. ? porque a la menor tentativa de protesta sé insinua con la escopeta.
-Qué, ¿querés que lo manotee ... ? Ya es tarde. Comienza:·elm:is viejo:
-¿Y patas ... ? Con una patada. en la canilla.... -¿D6nde está la Juana?
...Cierto, no. Don Salvador va a responder insrantáné.imente: ''¿Quién es la
El que preguntó"¿ Vamos?" se calla. Ya no tiene qué argumentar; Juana? ¿Qué estupideces son éstas?". Siente que le nacen las preguntaS
Siguen echados, ahorrándolealcuerpo todo lo que pueden,desol yde1 y la protesta; pero antes de abrir los labios consulta con la mirada al
movimiento. Parece que están :unodorrados y distraídos. Sin embargó: dueño de la escopeta. Cree adivinar que ya tiene franquicia para decir
-Ahora. se lo ·Ueva. algo, aunque seguramente con limitación a lo que se le pregunte.
El otro no• comenta la nueva.situaci'ón ..El primero insiste: -iLa Juana... ? ¿Quién es la Juana?
-¿Vamos? Entonces un hombre que estaba en otra sill~.- más alta, y muy
-¿Adónde? cerca de don Salvador, levanta una mano como para darle un bo-
-A traerlo. fetón, sin que llegue a descargarlo.
-¿·y st'1o tf.lemos ....) Don Salvador se vuelve más dmido. Hace un esfuerzo por en-
-Y... lo traemos. tenderlos, ya que visiblemente no tendrá su ayuda pará desentrañar
-Lo traemos y a seguir... sube y baja. la. cuestión.
~Cierto. -¿Es la hija ... la hermana de ustedes?
Otro silencio. Hasta que el de la iniciativa propone: La vieja ríe. Eso significa que ha acertado. Significa también que
-Ponemos la damajuana debajo de la zorra; cuando se· pueda ellos sospechan: "Se hada el que no la conoce".
tomar, si don Salvador: no ha, vuelto nos vamos a la estación y que .,-¿D6nde está? -insiste el del bofet6n suspendido.
se encargue la polida. -¡No sé! ¡Qué sé yo! No, la conozco.

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~omo ha reaccionado c;:on mucho ímpetu, teme que se.le echen Se sosiega. No rfe más con tanto r:uido. Con una .sonrisa de
enc1ma. Como eso no ocurre, adquiere por un momento la ilusión malicia le da·de nuevo a su argumento desde el principio·.
de que los ha sorprendido con el acento sincer.o de su réplica. Se Con el dedo gordo vuelto sobre el pecho se sefiala y dice: "Yo
desengafia solo: lo único que despliegan sobre él, provisoriamenre, soyila abuela". Indica hacia un lugar impr~ciso, que bien puede.ser
es un poco de paciencia. la puerta por donde. se sale al campo, :y rect,terda: "La Juana era: la.
-¿A qué has venido? nieta~. Y con decidida. picardía. en los ojos y una risa altisonante estira
-¡A mf no me vosea nadie! Soy el jefe del ferrocarril. La ley... -y todo lo que puede el brazo y el índice hacia lasillirnde don Salvador
se ha puesto de pie. y declara su convicción: "El que andaba con mi nieta. también es mi
.Los que estaban sentados también se paran y los que estaban nieto y ten fa que llamarme abuela". Ahí queda llegar.
.parados ponen el cuerpo cbmo si .estuvieran por saltar. Don Salvador se entiende ·de rabia, como si hubiera caído en:
Don Salvador se. sienta. Pasa la ráfugade.violencia. Queda, como una trampa. La familia masculina de los campesinos tarda·un poco
resultado, una..modificación. parcial en el trato: en captar la conclusión. Al hacerlo varía en la. relativa unanimidad
-¿A qué ha venido? anterior: algunós acompañan a la vieja en su hilaridad, otros se.
-A pedir agua, La abuela lo sabe. ponen más cefiudos y severos. Despectivo, pero menos hostil que,
La abuela rfe. Tiene una boca desagradable, tal. vez temible, pero antes, uno le dice:
ahora don .Salvador aguarda que de ahí nazca para. él una ayuda. =-Te has pisado, che.
Con muestras. de afecto, la anciana se acerca.y Je pone.una.mano Don Salvador no lo puede admitir:
en el hombro. Le dice, como recapitulando algo bien sabido por --¡No! ¡No!; ¡Y no! --protesta, machuclndose el muslo derechó con.
los dos: tres golpes. de puño, sin atreverse a abandonar nuevamente la silla.
-Tenías sed, ¿cierto? Su enojo despeja de risas el ambiente y parece un. llamado· a
-Sf, usted lo sabe. considerar la. situación más en serio~ Las pregunrás se multiplican:
-Y querías agua. -¿Se han casado?
-Claro. -¿Te mandó ella?
-Y yo soy la abuela .. -¿Por qué no vuelve?
-Seguro. -¿Has venido por la Juanira?
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-¡Ja, ja! -la vieja rfe,. victoriosamente, mientras· los hombres que -¿Espera: otra... ? -en un además expresivo de .maternidad.
h_ap seguido con atención el diálogo, se esfuerzan por compre~der -¿Qué piensan, hacer?
el sentido. -¿No han pensado en nosotros?
La vieja comienza. a revelar: su treta. Don Salvador mita a cada una de las bocas que se abr~n e insen-
Ríe, de, mientras se sefiala golpeándose eón toda la mano abierta siblemente la. suya se va abriendo también, de asombro. Sin embar-
y dice: "Yo soy la abuela". Los otros la acompafian con una sonrisa go, advierte que la situación se inclina más .en favor de. un diálogo·
de acuerdo, sin que todavía se ltitga.en ellos la claridad .. Don Salvador razonable, porque los acusadores ya no tienen la preocupaCión de
está muy desconcertado, tanto que reclama: probar su culpa.
-Sf, sf. ¿Qué hay con eso? Hace una sefia, con la mano. Un ademán en.el aire. Por el ade-
Los homb.res no le hacen caso, porque esperan algo de la vieja y mán y por el rostro, que muestra cansancio, un cansancio como de
ella se va al centro de la cocina, como para que la vean mejor. hombre vencido y dispuesto a confesar, cesan las voces inquisidoras.
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Don Salvador mismo cree que pedirá que lo escuchen serenamente, -¿Y no fueron al pueblo... a ver quién había hecho el daño?
con m:ís COf1CÍenqa, pero ... de adentro le sale otro ruego: Parecen desentenderse con el gesto, como si ·sus impedimentos
-Agua... tuvieran que ser comprensibles para todo el mundo:
No esperaban eso los jueces. Esa palabra: "AguaH.", en lugar de la -Eh, ¿y la cosecha?'
confesión sospechada, parece m:ís sincera que·todo, y en sus mentes -¿Y rodo lo demás? ¿Y lo que había que embolsar?
comicnz."l a. escampar. Tal vr:r; una punzada de~ emoción hace que Están dando explicaciones: se disculpan. Don Salvador siente
alguien ordene al sabandija: que gana terreno.
-Traele. El viejo no sólo tiene memoria para~ los primeros inconvenientes:
Y todos permanecen callados hasta que el sabandija traed jarro de -Al principio, m.ientras eso le crecía, sí, fue por el trabajo. Des~
loza, mientras don Salvador hunde los hombros, en la espera, cbh la pués, ·con la. papa, fuimos en el carro, yo y éste, y la llevamos a la
vergüenza de tener que confesar una necesidad tan elemental y verse Juana. Pero no quiso decir nada. Como siempre, decía que no sabía.
forzado a recurrir a una especie de piedad para conseguir un 'trago· lo qué le. pasó. Que nadie tenía la. culpa.
de agua. Cuando se lleva. etrecipiente a la boca, se da cuenta de·que. -El viejo...
precisa mucho el agua, perp qu~ algo se le ha end'urecido en la.gar-· Se ha. generalizado un afán explicador y hasta el nifio, el sabandija,
gama, porque para pasar cada sor~o tiene que esforzarse y le resulta pone lo suyo; empi~ a decir: ",El viejo ... " Y' uno de los mayores
como tragar algo sólido. Nunca don Salvador se ha visto en·trance recoge la referencia. para éontar él:
tan absurdo, porque eso no se arregla con arresros de hombría, por- -El viejo la molió. a. palos. Pero se·volvió .muda.
que lo confunden, lo atropellan y lo tienen secuestrado, porque está. Otro refiere:
desamparado en un ·rancho del desieno donde sólo moran enemigos -Todos los días, a la oración, al volver de la chacra yo le pregunta-
que nunca imaginó tener. No puede confonarse con la idea de que ba-<omo obse~:va que don Salvador no le éntiende, procura ser más
en la vía están los peones. Los campesinos no los dejarán acercarse y, claro-: Yo cuido la. chacra. Bueno, cuando volvía de la chacra, rodos.
si salen por su cuenta en busca de ayuda, es dudoso que vengan con los días, todos los días, le hablaba del asunto, y ella ¡nada! Enronces
auxilio antes de que él sufra quien sabe qué afrentas '1 qué castigos. yo le; $acudía un sopapo. Después se escapaba. Hacía la comida tem-
Le han dejado un remanso, para pensar, y se percam de que su único prano, a. media tarde, y la dejaba al rescoldo. La vieja la servía.
recurso es apelara la palabra y el razonamiento aunque constituyan débi- ·-¿Y entonces se fue? -quiere saber don Salvador.
les medios frente a tanta obstinación. Sin embargo, lo alienta esa sorpre- -No, pues, primero tuvo la cría; La amamantó.
sa respetuosa que consiguió al rogar:"Agua ... ". Sí, tal vez logrará algo. El viejo lleva más-ordenadamente· la. historia, que los demás qui-
-Ustedes creen que yo estuve con la Juana, que yo soy el padre zás recuerdan por episodios, rasgos, détalles, sin haberla repensado
de la chica. Yo soy el jefe de la estación de San Rafael. Nunca estuve ínregrarhenre. 1!1 puede dar un cuadro más completo:
aquí. Siempre pasé en el tren. No me había fijado ni siquiera en que -La tuvo aquí, la crió. Ya no le hadamos nada, nj preguntas, y
estaban cultivando esta tierr;1. ¿Cómo podía... conocer a la Juana? ella hablaba. otra ve:z., Hasta que tuve la idea.,.
-Ella iba al pueblo. -La mala idea -interrumpe el de la escopeta.
-Era la única que podía dejar el trabajo. -Sí, la mala idea·-éorrobora otro, asumiendo el papel de narra-
Tienen motivos remotos para sospechar, pero razonan. Don Sal- dor--. Tuyo la mala idea de volver a pensar en el tipo ...
vador se anima a formularles una medida objec;;ión, también qatural, (DpnSalvadorrecogeesocon esperanza: dice "el tipo" y no se refiere
con el riesgo de· que ·la tomen como una acu~ación y una ofensa: a él; a él, simplemente, le cuenta. ¿Se entusiJt.sma prematuramente?)

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-.·..y fa mandó al pueblo como antes, peto con la mocosa, para el m:,tquinista que aquí está parada una zorra. Si no la ve, la choca;
ver si el otro picaba. y se encarifiaba. Una vez, cuando volvió, la el tren descarrila, muere gente,_ se incendian los vagones, se pierde
chica decía ... la mercadería -gesticula1 exagera el vaticinio porque sabe que los
-No, no. Dejame a mí -la vieja le tajea el relato. -peones-pueden sacar la.zorra de las vías; y s!)lo c:;uando ha conseguido
Ella quiere decir su parte, lo que más domina: el efecto de desastre cambia de tono-: ¡Ah, si ustedes me conocieran
-Deda "papá". Ames no sabía hablar. Volvió del-pueblo y decía: a fondo ... ! Si preguntaran por mí, sabrían que soy casado, que tengo
"Paaa-pá" -y la vieja trata de decirlo como la criatura. mujer, dos hUost ¡dos hijos!, uno de siete y otro de cinco.
La vieja sigue soltando consideraciones que los demás saben: -¡Peor! -replica uno :por rodos, y ya no lo dejan hablar, para
"Lo único que aprendió: pa-pá. Seguro que lo vio; seguro que la acusarlo, más enojados que antes.
Juana se lo hizo ver y él le ensefio: páaa-pá" ..;;mientras los hombres .;...¡Casado, y con 1~ Juana!
se abochorl)an como ante el fracaso ominoso. de un agudo plan·. -¡Y haciéndole hijos!
Procuran dejar a. salvo el orgullo: -Seguro que la ha perdido y viene aquí a buscarla.
-¡Le pegamos una .... ! -¡Más que seguro!
-Entre todos, ¡le dimos.! Y ella, nada ¡muda otra vez.! Uno avanza. Don Salvador quiere atajarlo con los pies, pero está
-Y una noche desapareció. En la madrugada, cuando me le\ran té, can bajo en la sillita que apenas consigue levantar las piernas en el
el fogón estaba apagado, y yo me dije: "Algo pasa". air~, mientras el otro atropella y de un empellón lo tira,~ suelo.
La vieja empieza a llorar en silencio. Los hombres sorben recuer- El vecino, enardecido, le aplica un puntapié en las cosdllas y don
dos desagradables. Salvador ya sólo atina a encogerse. Los golpes cesan.
-Dejó la chica, se fue y esta es ya una casa sin mujeres, porque Arriba, en la superficie donde discuten y se mueven los hombres
la vieja ... ¿Y quién hace ahora una comida decente, quiere decirme, que pueden esrar de pie, y no como él echados en cierra, el viejo ha
quién lava la. ropa y hornea el pan, quiere decirme? ¿Voy a tener conseguido frenarlos. Don Salvador calcula que ese puede ser su
que casarme yo? resguardo, si aún es posible conseguir alguno.
Don Salvador esrá admirado: ¡ahora se confiesan ellos! De modo El viejo los·aqüieta, los distribuye en lugares donde no puedan
que ... la Juana se fue, ellos están furiosos porque perdieron a. la. hija, trabarse tan fácilmente en camorra.
la hermana y la mujer de trabajo, y desean recuperarla; en cuanto al Asume el semblante de la sentencia; aunque con cierra humildad,
hombre, lo precisan sólo a. fin de saber dónde está ella, y en cuanto a como si actuara por delegación o de antemano se sometiera a una. vo-
sí mismo, poco es, seguramente, lo que fulrn para quitarse de. encima luntad superior. Con todos los signos de una decisión final, declara:
las sospechas que despert6. Pero ... se equivoca. -Apelaremos al juicio de Dios.
Intenta despojarse definitivamente de los cargos pintándose con Este expedieme dene una virtud apaciguadora, que se traduce en
un aura moralista, familiar~ y con los tónos de su autoridad. silencio respetuQso, de: gente a quien se le recuerda poderes que están
-¡Ah, si ustedes, antes de acusarme, hubieran pensado quién soy .por encima de los suyos. Sin embargo, el hombre de la escopeta se
yo! Mi responsabilidad ... -saca el Longines, mira la hora, muestra atreve a sacar una pregunta que insinúa el rep:iro:
la esfera y lo guarda en d chaleco- si antes de las 12 no doy desde -Bueno, de acuerdo. Usted lo manda.· Pero, ¿por qué?
Resolana la sefial de llegada del tren. de carga, bajará la cuadrilla de El viejo mira al joven. Mira también en derredor y encuentra
vías y obras. Si no pueden ayudar y más demoran, más seguro es que en los ojos de los demás se ha formado la mism:i interrogación.
que, de. arreglarse, el tren llegue por acá de .noche. Cómo va a pensar Entonces accede a pronunciar los fundamentos.

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-Porque este hombre dice que no es el padre de la J uanita-y'noso- -No, pues ... No digo eso -.refunfuña el terco.
tros decimos que es. Dios debe estar enterado·y tiene que decirlo. A esa altura. el ·viejo cierra el capítulo:
Habla con mucha suavidad, eón una especie de iluminación -Bueno, entonces dejá que Dios nos:diga lo que tenga que decir
rústica que ante su auditorio reviste de pte5tigió sus1 palabras. Dice y vos no te metás.
y observa, y descubre que el efecto es convincente para todos, menos Y le vuelve la. espalda para enfrentar~ resto,.por si algún otro tiene
para el hijo apegado a la. escopeta, que mantiene el gesto porfiado y algo que objetar. Se traslu.ce una disposición de ánimo de acatainieht'o.
menea la cabeza. Comprende que si el hijo discute ya rio será efiCaZ. Don Salvador bebe los acontecimientos, tan llenos de malos
el discurso de la dulzura. El. hijo termina de sacudir la cabeza, como augurios. para él. Si eso hace ~ viejo con el joven, sólo porque. se
si hubiera batido en ella todo lo que tenía que decir, y plantea: le opone, quiere decir que a él todavía lo están. respetando mucho.
-El juicio de Dios está dado. Dios ha hablado por boca de la Puede ser por la. gorra que dice "gefe~, ·que ha rescatado· del suelo y
chica. Ella era la única que conoda al hombre de la Juana y cuando que no. piensa abandonar, porque tal vez lo preserva. Puede ser por
lo ha visto lo ha dicho. la ·duda.. Pero si delan de dudar y le adjudican definitivamente la
El viejo se irrita porque lo contradice: culpa, ¿qué demencia puede esperar de ellos?
-¿Qué ha dicho la chica? -¿Cómo va a ser el juicio? -averigua uno de :los hombres.
-Le ha dicho papá. Sin duda el viejo lo ha pensado en detalle, antes de proponerlo,
-¡No, no y no! .Ese no es el juicio de Dios. Para que Dios dé el porque lo expone sin vacilaciones:
juicio hay que pedírselo. -Este. hombre dice que en la. noche puede llegar un tren ...
-Sí es. -Puede estar aquí a medianoche-interrumpe don Salvador.
-No es, 'he dicho. -Mejor -dice el viejo, dejando confuso al jefe, 'Y prosigue-: Si
El hijo es tozudo. El viejo comprende que ha hecho mal en el. maquinista no ve la zorra .parada en las vías, habrá .un choque.
permitirle. que le discuta. Este hombre .no quiere el choque y tampoco quiere reconocer a la
-¡Se hace así y ya está! ¡Se acabó! . Juanita. Si él levantó a la.Juana, Dios dispondrá que el tren choque
-Se acabó, cY por qué? ¿Porque lo diga usted? ¿Ah ... ? con la zorra.
-Sí, porque lo digo yo. ..-As( sea -dice la vieja y se persigna.
Ycierra el puñ.o alrededor del cafio de la escopeta y se la saca del brazo Don Salvador siente que le nace una rebeldía y que el temor no
con un tirón sorpresivo. :La enarbola y está listo para, golpear con ella. podrá apagársela:
El hijo da un paso atrás, se agazapa, para defenderse y saltar, si -Pero eso ... pero eso ¡no puede ser! -se agarra con las dos ma-
es necesario. nos del a5iento de totora, para contenerse, y no logra contener las
Pero el viejo puede dar el primer golpe y arrinconarlo. Domina palabras: "¿Cómo van a dejar que choquen? ¡Pueden morir cuatro
la situación¡ ,Le dice: "Levantate", y el otro se levanta. El viejo baja o cinco hombres!".
el brazo, deja deslizar el arma por la mano y·sosterÜéndóla del cafio Los campesinos lo consideran desdefiosamentc, como a un chico
apoya la culata en el piso. Escudriña la probable actitud del hijo. Se que se entromete en la conversación de:: los mayores.
convence deJo que desea. Da al cafio un envión hacia afriba, suelta Como .don Salvador continúa: "Otsi, casi, sérlá un crimen, y
1 el arma un segundo y la toma de nuevo a la altura del gatillo. Se la un desastre: vagones roros, mercadería rirada, incendio", el viejo
1
pasa. al hijo. Mirándolo muy fijamente, le reprocha: le previene: "La culpa no será de nosotros. Y usted, mi amigo, se
-Qué, ¿acaso vos sabés más que Dios? calla, y nada más". El capturador juzga llegado el momento de

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entrar de nuevo en funciones. Le pone la. boca de la escopeta en la la cocina la fiambrera de alambre tejido y la lleva al patio. Saca un
oreja derecha; le dice: "¡Arriba!", y cuando don Salvador lo hace, le costillar, que de inmediato le disputan las mo~cas gordas. Apara-
indica: "Andando". Lo guía empujándolo con el arma. tosamente, lo alza como para revisarlo. Se pone de p-erfil, a fin, de
De atrás va la vieja, con sus risitas, y se pone a llamar: "Juanira, que lo vean de lejos.
Juanita". Juanita aparece, quien sabe de dónde, junto a la puerta ~ dificil que a esa distancia los peones puedan distinguir la car-
del galpón. Hacia allá. llevan al presuilto padre. ne. Sm embargo, la operación resulta bien sabida y no sólo los ojos
Don Salvador ve, mordido por los pequefios dientes, ese dedito parecen seguir el preparativo: el estómago muestra estar alerta y les
que lo ha acusado; ve también ~os ojitos blandos y carifiosos-para él. participa, con ruido, sus deseos.
Apenas consiguen distraerlo. Su cabeza está en otra cosa: ¿cómo puede Uno de los peones pregunta:
andar ese cuerpo suyo, repentinamente tan flojo, incapaz siquiera de -¿Convidarán?
esbozar una protesta o una defensa? Nunca se sintió as(, tan basurea- Y el. otro pronuncia la respuesta que los dos saben:
do. ¿Cómo es posible ahQra... ? Ahí está el galpón;· lo encerrarán, y -Plomo te van a convidar.
la vieja estúpida rebajándolo con la risa. Pc:{o no es tanto la risa. Es . Se explican a ~~ mismos. esa situaci6n, de apetito y de imposibi-
ese hombre con la escopeta; Eso es. Jamás_se sintió con un cafio de lidad de consegwr nada de los dem:is, a fin de justificar la acción
escopeta en el cuello -Y con un individuo, detrás de la e5copeta, con que fatalmente va a seguir.
tanta gana de meter bala. -¿Le meremos?·
La nifia lo recibe con la mirada. en al~o. buscando sus ojos, y -Y bueno, le metemos.
no habla. La vieja la: alienta: "Papá. Aquí está papá. Decile, vamos: Y se~ levanta para descargar la bolsa de provisiones.
pa-pá, paaa-pá". .. El viejo, .en el patio, advierte los movimientos, y teme que anun-
El hombre ha abierto el portón y empuja a don Salvador~ La vieja Cien la pamda. Al verlos descargar algo y echarse de ·nuevo los dos
entra con él. Se escapa, cloqueando, una gallina. Con mano segurá, en el suelo, co~prende que ha triunfado. Ignoraba que cuvieran qué
la vieja hurga entre unos palos y saca un huevo. Al salir, lo levanta comer. Sólo queda distraerlos, para que no se cuidaran las espaldas.
para que don Salvador lo vea. Está contenta con el huevo~ Pero ahora estarán m:is ocupados aún.
El hombre se fastidia: "Apúrese", y cuando ella sale. asegura el -¿Esperamos la siesta?
portón con .alambre. -¿Y si les viene el apuro?
-Vamos. Vos te quedás. Usted, vieja, también, con los chicos.
Entren y salgan de la casa; vayan al chiquero y al corral. Que crean
El viejo ordena hacer asado a la sombra de la casa. La vieja resiste: que so~os todos que andamos dando. vueltas por aquí.
"Hay puchero", y nQ consigue ni la atención de una respuesta. El p1quete de cuatro hombres se desliza de uno en uno detrás de
Los hombres de edad menor que el jefe tácito le obedecen ya sin la vivienda, que obstaculiza la visual desde la zorra hada el poniente.
revisar sus planes. Comer, en ese momento, puede creerse un dis- Caminan en fila· y sin desv.iarse. hasta el. bosquecito de algarrobos.
parate, porque lo urgente es capturar a los dos hombres de .la zorra, Por dentro de él derivan hacia el norte y después vuelven hacia el
para que no lleven alguna denuncia.aSan Rafael. M:is irrazonable naciente, buscando encubrirse con la vegetación: algarrobo y jarilla.
parece preparar asado afuera habiendo sopa adentro. Cruzan los rieles a unos quinientos rp.etros de donde se halla esta-
Pero en el asado está la astucia._ cionada la torra, reptando sobre. los durmientes. Diez minutos m:is
El viejo les advierte: "Que se vea bien el fuego~. Descuelga de tarde están en el jarillal que nace veinte metros detrás del rodado.

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El viejo da la voz, en tono bajo pero enérgico: "¡Ahora!'' y los -No. Quiere pele;a. Me desafía.
cuatro salen de disparada. La maniobra es de sorpresa: dos saltan. -¿Y cuchillo ... ? No tenés.
encima de la zorra, los otros dos la. flanquean.
...No, importa. -contesta, y arrojan·do. la. escopeta a un costado
Al golpe seco de los pies sobre la madera, uno de los peones
comienza a caminar en dirección al peón. A uno_s diez metros de él,
reacciona. Elástico como una víbora, hace con el cuerpo un .firulete
se descalza. Mantiene el cuerpo altivo, fija la mirada en el contendor.
en el aire y cae parado. En un instante toma idea de la situación Y'
se aleja corriendo. .
r
Deja una alpargata en el suelo empufia la 'Otra. Entonces da pasos
serenos, cautelosos y firmes ..
El otro tenía el cuchillo en la mano, cortando una rodaJa de sala.:.
El peón comprende que lo enfren-tará. ármado sólo con la alparga""
me; no alcanza ni a ponerse en guardia. De un puntapié uno deilos
ta: alpargata contra cuchillo. No puede ser, pata él, esa desigualdad
campesinos lo desarma y con ayuda del viejo lo voltea. De espaldas en
que le ofrece tanta Ventaja. Arroja el cuchillo de manera que se vea:
tierra, el hombre agita las piernas reciamente, para defende':e, pero
que. va bien lejos,- donde ni el miedo ni la desesperación, si se siente
corre el riesgo de que lo tajeen a mansalva y tiene q~e renduse.
en pérdi~, le permitan rescatarlo. La hoja de·métal brilla en el vuelo
En ·cuanto el apegado a la escopeta estuvo enctma de la zorra.
como una. estrella que se pierde en el vado ·deJa inutilidad.
y vio escapar- al primer peón, hizo pie firme para apuntar a las'
El peón se despoja de las dos. alpargatas· -de las dos, por razones
piernas. El fugitivo, en previsión de un ataque de esa naturaleza,
de equilibrio del cuerpo- y, con una en la mano, e5pera la ofensiva.
corre en z.igz..'lg, para dificultar que hagan puntería sobre él. Con su
Se mantiene sólido en su posición. El otro llega a metro y- medio y
escopeta, el agricultor se larga a la carrera, seguido .por u~ hermano.
comienza un juego de movimientos semicirculares, con la alpargata·
El ferroviario, con sus cortes, no puede ganar dtstanc¡a Y la falta
en alto. Si él coritendor descuida la defensa, la descarga y golpea.
de reparos naturales no lo. alienta a tomar' ningún rumbo especial.
Si él no se está quieto, lo penurba, sin ofrecer blanco. Hasta que al
Piensa que tendrá que ofrecer pelea o será cazado por la espalda.
pasar al costado izquierdo le tira un golpe a la cintura, que el peón
En ese momento, los dos hermanos, que corriendo en línea recta
alivia con la mano libre, sacándose de encima el "arma'' agresora.
han descontado distancia, le gritan:
Se retuerce la mano, el peón, como para desembarazarse del
-¡Aflojá! dolpr a la altura de la mufieca. El ataque y su repercusión dolorosa
-¡ Parate, s1. no....1 . lo distraen una insignificancia de tiempo. Basta para que descuide
El peón acciona su cuerpo con igual rapidez. que las advertencias el rostro y reciba un alpargatáz.o que le aplasta la nariz, mientras el
del instinto. Clava lós ·talones en tierra, y frena la carrera. Da un
agricultor salta atr:is y se pone fuera de su alcance. Siente una ilusión
brinco ·para quedar de frente a los enemigos y al caer en el suelo lo
de vahído y un adormecimiento desagradable en la parte central
hace abriendo las piernas, de modo de afirmarse bien para ~1a defen-
de la cara e inmediatamente percibe que algo caliente le viene de
sa. Mientras, el filoso cuchillo de punta ha salido a destellar al sol,
adentro; antes de que se dé cuenta Cábal de la eficacia del impacto,
sostenido por la mano derecha a la altura del estómago. la nariz chorrea sangre en abundancia.
Los perseguidores paran en seco, a unos veinte metros. El que
Se enfurece y toma la ofensiva. Se va en derechura sobre el
va desarmado sugiere al otro:
ofensor y, en ranto que con la mano .izquierda trara de conrener la
--Dale bala alrededor, hasta que tire el fierro.
hemorragia, con la derecha para la alpargnta en el airé, amenazando
Pero er de l'a escopera asume un carácter que hasta. entonces
caer sobre el agricultor con todo el ímpetu de la embestida y de fa,
había. ocultado con la supremacía del arma de fuego en la.s manos.
rabia. Pero es una treta. Prevé que el otro se apartará a la. derecha
Dice:. y por eso no gasta la energía en un golpe de arriba abajo, sino qué
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al pasar baja el brazo y le asesta con la alpargata en el vientre. El El j~fe ,no discute. Las preocupaciopes .de que lo hagan. respon-
campesino, que había llevado su defensa a la altura de la cara, se sable, la aprensión por su propia seguridad, han mermado frente
siente muy mal, y antes de que el otro se plante en guardia o vuelva a. otra: posibilidad más cercana: ahora es verdad que el tren puede
al ataque, lo persigue sin una vacilación. Al volverse, el peón se chocar con la zorra..
encuentra con. que la alpargata de[ éaínpesino le sacude la cabeza a. -¿L'l zorra. quedó enJas vfas?
derecha e iz.quier_da: uno, dos, uno, dos, sin darle un respiro ni tiem- -Seguro.
po más que para alzar los brazos; de ese modo tuerce el envión de -¿Para qué la quieren ésos ... ?
la alpargata que venía sobre él y en lugar de recibirla de. plano en la No. No piensa que los campesinos se la hayan robado. Piensa
mejilla se le va de punta sobre. el ojo derecho. Grita. de dolor: "¡Gran que ya no estarán los peones para hacer sefiales al maquinista si el
siete, desgraciado!". Tan en pérdida. está, con fuenes padecimientos, tren llega. de noche.
que se marea y no atina más que a un manoteo confuso mientras. se. No se queda con sus inquietudes adentro ..Los peones, si bien
aguanta otra bofetada más de la. alpargata, y otra,. y un golpe de can-· las comprenden, nada pueden hacer por atenuarlas.
ro en el ~uello, y de plano uno más en la boca, que por primera vez Les traen asado ..El jefe acepta: los peones no. Entonces el jefe deja
le hace soltar un "¡ay!" que, por vergüenza de coraje, tr:ansforma en su porción de lado .. Supone que ellos le están dando unalección de
"¡ay! ... juna". Está derrotado y exhausto, aunque se mantiene de. pie. orgullo. Ignora que han comido de lo que traían en la zorra.
El campesino lo cons.idera con prudencia. Está alerta al contraara.- En la rarqe, uno de los peones dice:
que y a la traición. Pero toda posibilidad de una u.otta cosa ha pasado .. -Si usted no come... -y.se apodera de la carne fria ..
También jadea, el vencedor. Vencedor y vencido son dos figuras Le.convida. al compafiero: "¿querés?". El compafiero acepta. El
lamentablemente agotadas, que no se derrumban sobre la tierra: jefe se queda mirándolos. A él ni siquiera lo invitan.
sólo por hombría. Hambre, temor, rabia, con una bárbara carga qe responsabilidad,
Cuando consigu.e hablar, ordena al hermano: se posesionan del jefe cuando se..insinúa la noche.
- Traele .la otra. alpargata y llevalo. Que se lave la sangre. Repite, en voz alta: "hay que .hacer algo", "hay que hacer algo".
Por allá abajo, los otros enfilan hacia el galpón arreándo al pri- Los peones toleran que diga, se pasee, se enfurezca. Saben que
sionero que cayó sin pelea. no pueden hacer nada. Han revisado el galpón. Tal vez, forzando
El campesino se acuerda del dolor que le alojó en. el vientre la chapas podrían escapar; pero, si miran por los agujeros que dejan
alpargata del peón. Siente aflojados los intestinos. los clavos salidos, descubren al hombre de la escopeta~ que vigila
como un soldado, y a un hermano, que está sentado en el suelo,
'pelando cafias con un cuchillo.
Los zumban al galpón, uno tras otro. Antes de que las sombras les dejen sólo las palabras pata .comu~
El menos maltratado le pregunta a don Salvador.: nicm~se, los peones han cambiado miradas que ellos comprenden
-¿Y usted qué ha .hec,ho? muy bien, para establecer un plan respecto al jefe.
El jefe, para ellos, es el culpable cuyas culpas pagan .los tres. Porque don Salvador no se contiene. Ha gritado reclamando
Don Salvador declara que lo quieren .hacer padre de la criatura, libertad aunque sea para impedir el desastre. Convencido de que
pero que él no es el padre. no la tendrán, ha pedido que lo escuchen, por lo menos desde
-¿Seguro ... ? -desconfía el peón que ha peleado, que ha sangrado, afuera. Ha ·voceado de nuevo sus razones. Nadie le ha contestado.
que está extenuado y que apenas puede hablar. Ha pretendido que hagan una. fogata ju,nto a las vías. Nadie se ha

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T
movido. Y va perdiendo el control de las palabras, porque ha perdido Vacila con el fósforo en la mano. Si pudiera conservar la llama ...
el control de los nervios. Los hombres vigilan: uno saltará sobre él, el otro donde caiga el
Le quedan dos fósforos. Regatea. encenderlos. No ha querido fósforo.
que se consuman dando fuego a los cigarrillos. Los peones se los El fósforo se consume entre los dedos y sólo cuando le escuece
piden; ellos no tienen. Saben que los guarda para mirar la hora; la piel don Salvador se resigna a soltarlo. Cae cerca; es inofensivo.
pero están prevenidos: puede tirarlos sobre los fardos de pasto para La llama se extingue. Por las dudas, el pie de un peón se posa sobre
incendiar el galpón. Una acción desesperada para conseguir que el fósforo y lo ahoga del todo en la tierra.
les abran la salida. Entonces se. descubre el rumor, inequívoco, de los vagones que
Penúltimo fósforo. Don Salvador mira la. esfera del Longines: se arrasrran por el camino de hierro.
"Once y veintiocho". Los peones están atentos al destino de la Ha- No sólo los percibe don Salvador, con su oído experto. Los peo-
mira. El jefe deja caer el fósforo a sus pies y lo aplasta. Sin embargo, nes se cómunican simultáneamente: "Ahí viene". Los campesinos,
se lamenta en voz aira: "Si quemáramos los fardos, el maquinista se que parédan dormidos, se pasan una advertencia, en voz baja, que
pondría alerta. Algo veda, algo podría sospechar". llega al galpón como un cuchicheo.
Uno de los peones le advierte, muy pausadamente: Don Salvador se va contra el portón, a golpear con las manos,
-Con cuidado, don Salvador. con los pies, con los gritos:
Y el otro repite, con el mismo rono: -¡Fuego! ¡Fuego! ¡Hagan una fogata! ¡Vayan a. las vías! ¡Lleven
-Hay que andarse con prudencia, don Salvador. farol! ¡Queremos salir!
La sentencia está pronunciada y uno de ellos tiene a mano un palo. Y como fracasa, como está claro que fracasa, desborda:
Don Salvador percibe que su voluntad puede ser resistida. Lue- -¡Asesinos! ¡Asesinos! ¡Asesinos!
go se olvida, porque está calculando los minutos, sabe que la hora De atrás, uno de los hombres lo toca y se anima a sacudirlo:
probable se acerca y no quiere hacer ruido, para notar desde lejos, -Cállese, don Salvador, que nos van a largar unos tiros.
desde muy lejos, la llegada del convoy. Pero el jefe no se interrumpe:
Todo, en la. tierra, parece dormido. Sólo de tanto en tanto se -¡Asesinos! ¡Criminales! ¡Hagan fuego! ¡Hagan fuego, asesinos!
revela, por algún ruido, que alientan los animales del corral. Don Entonces, el peón se da vuelta y le consulta al compañero:
Salvador, frío y trémulo, aguza el oído como si de los hechos depen- -¿Le damos?
diera su propia vida. Desfallece porque sus cuentas le dicen que El compañero dice rorundamente: "No". Avanza y se pone como
la medianoche ha pasado y si el tren no ha llegado puede ser que el jefe, a gritar y golpear el portón.
ya, esa noche, no avance. Trata de consolarse con la probabilidad El que ha quedado atrás se asombra del cambio. Luego com-
de que la tarde haya resultado escasa para la compostura o que el prende y suelta toda su voz:
auxilio necesario dependa de Catitas o de Mendoza. De día no -¡Asesinos! ¡Hagan señales! ¡Por Dios ... , criminales!
habrá riesgo alguno. Enardecidos por el reclamo y el insulto, aturdidos por su propio
Si gasta el último fósforo quemará con él la última posibilidad ruido, los tres prisioneros no ven nada, no advierten nada.
de encender una señal. Pero como ya es muy tarde, como cree que En cambio, la familia, que está. en el patio, con una tensa ansiedad
es muy tarde, se resuelve. Enciende. Uno de los peones, que estaba ve correr el tren y aunque no distingue el bulto de la zorra, sabe
adormecido, se despabila con la luz y rápidamente apronta el palo. en qué punto se halla. Desde su emboz.amicnto en la oscuridad,
-Una y treintinueve -pronuncia don Salvador. los hombres y la vieja calculan, segundo a segundo, el instante del

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encuentro. Tienen los oídos preparados para escuchar el estruendo El farol deambula. Los campesinos, veteranos de la tarea, ad-
más grande que se haya producido en esos campos. vierten que los recién llegados buscan ramas delgadas y secas. Leña
Se puede medir la distancia, entre el convoy y la zorra, por el deben tener, en abundancia, en el ténder.
aumento de rigidez que se va operando en la mandíbula de los Antes de media hora arde una hoguera cerca. de cada extremo
pasivos espectadores. del tren.
Sucederá, ¿quién lo duda? El eren rueda, despacio; pero rueda, Don Salvador se alivia. Se alivia tamo que se siente mareado ..El
confiado, rueda. tren parece conservar su integridad. No hay indicios de vCctimas,
El viejo está preparado para decir otra vez.: "¡Ahora!", como si porque no se manifiesta el desorden, ni la agitación, y las siluetas
tuviera el encargo de ordenar el asalro del tren a la z.orra. se destacan erguidas al pasar por delante de las fogaras.
Cuando va a soltar la palabra, se oye ese chirrido estridente, Después sobrevienen otra. espera)' otra guardia. Los ferroviarios,
irrirante, de todos los frenos puesros al mismo tiempo. Un segun- desconocedores del terreno que se despliega a los costados de las
do, dos más. El tren patina y un ruido formidable apaga los gritos vfas, no se atreven a explorar en medio de la oscuridad. Los Cam-
de los prisioneros. De la fricción han brotado largas chispas que pesinos permanecen en el patio, al acecho de los movimientos, a la
refucilan la noche, y la zorra ha saltado, desarmándose en el aire, espera de la aurora.
hasta la altura del faro de la locomotora. La anciana considera terminada la función, por esta noche, y es
-¡El juicio de Dios! -proclama el viejo, que no piensa en otra cosa. la única persona que acude al lecho. Encuentra despierta a la nifiira.
Su voz no entra en los demás, que sienten escalofríos de ver el Se entera por el tacto. Como no debe encender velas, le toca. las
comienz.o de la anunciada catástrofe, aunque no saben cómo se mejillas, tal vez intuyendo lo que sucede, y las nota mojadas. Lleva
desarrollará hasta el fin. los dedos a los ojitos y los descubre abiertos.
Por el ruido, crujiente, moliente, se percibe el brutal estreme- -¿Te asustaste? No era nada, no era. nada. Ya pasó. Mañana,
cimiento que sacude al convoy, recorriéndolo desde la punta a lo Juanita, vas a dormir con la mamá y el papá.
largo de los cuatro vagones. Pero se amansa. Y no hay vuelco,. no Pasadas algunas horas, la anciana distingue, en el suefio, la
revientan las llamas del incendio. Está parado, ahí, donde chocó. proximidad del alba. Se alza de la cama y sacude a la nifia. La niña
En el galpón se ha establecido el silencio. puede o{r despierta el primer canto del gallo.
Pero los animales balan, aúllan, relinchan, mugen, y no dejan El nacimiento inminente del d!a se revela a los campesinos con
entender unas voces, lejanas, que no se sabe si son llamados de una tenue franja de rosa que viene por el este, enredada con los ma-
socorro o clamores de dolor. torrales de espinillo, pero mucho más ancha, infinita. Se repliegan
Una lucecita se corre de atrás. Un farol, sin duda, en manos de a la cocina. Los prisioneros los preceden, empujados, cabeceando
un hombre. un suefio y un cansancio desesperanres.
El duefio de la escopeta tiene la obsesión de los prisioneros y es La claridad inicial muestra qué son tres los ferroviarios que el
individuo previsor. Abre el portón. Les dice: "Salgan". Ellos creen, accidente ha volcado junto al fogón. A éstos les enseña, allá hacia el
mientras caminan tres pasos, que han recuperado la liberrad. La esco- oeste, pero no lejana, la. casa Aanqueada por el galpón y los corrales.
peta les apuma y el hombre marca la regla: "Mucho silencio". Sólo ha ¡Ah, se sicnren seguros, confortados, ahora! Antes de la .revisación
querido dejarlos al alcance de su mano. Sabe que un grito bastará para prolija que precisan máquina y vagones para saber si se podrá seguir
poner alerta a los ferroviarios del convoy y la prudencia aconseja saber la marcha normalmeme, pedirán comida, encontrarán gente que les
p.rimero con qué fuerzas cuentan. Pueden ser muchos y cargar armas. dé una idea del abandono tan extrafio de esa z.orra sobre los rieles.

tn 173
El guarda, que ha recuperado la gorra de visera, perdida anoche Desconcertados porque nadie les· pregunta nada, los recién llega-
al saltar del furgón de cola mientraS se remeda el tren, sospecha. que dos se animan el uno al otro para tomar la palabra. Y entre los tres,
la casa está abandonada. Les dice a los compa.fieros que miren, que un pedazo de discurso cada uno, cuentan, preguntan y piden. Los
no sale humo, que el ruido pudo movilizar hacia ellos gemes no dos hermanos se entienden con la mirada: lo que buscan es poco y tal
sólo de allf, sino de lugares mucho más aparrados de la vía. Pero los vez, con formándolos, se librarán de ellos. Les advienen que tendrán
otros tienen la esperanza y hasta la voluptuosidad de un desayuno que consultar y les vuelven la espalda para entrar a la cocina.
calieme y se niegan a recoger como verosímiles esas conjeturas. El guarda medita: "(Consultar... ?". No le gusta el procedimiento.
Prefieren comprobar personalmente lo que sea y allá van, a hacerlo. Comunica la inquietud a los compafieros:
El guarda acata esa decisión, los sigue y los alcanza. -(Por qué, consuhar? (A quién? No debíamos haber pedido
Uno de los optimistaS encuentra argumentos a favor: nada. No hada falta.
-Estamos pisando tierra arada. Aquí han sembrado ayer. Y el -Son ariscos, no más '-SOstiene el más confiado, con una sonrisa
caballo esr:i en el corral. de tranquilidad.
Los campesinos no han previsto a tiempo todas las posibles con- -¿Si nos vamos ... ?
secuencias de que esos hombres tomen el camino de la casa. Tarde -No, no. Se van a enojar. Van a creer que les despreciamos lo que
advierte el viejo que, si se viera obligado a franquearles el paso a la tengan para darnos. Son hurafios, nada más; pero si se ofenden golpean.
cocina, descubrirían a los prisioneros. Ya no se les puede trasladar El guarda considera que este razonamiento tiene cierta lógica
al galpón, porque habría que pasar con ellos por el patio. atendible, pero más que las palabras de su compafiero lo conquista
Ordena a dos hijos que salgan a recibirlos delame de la casa y la presencia de la abuela con los chicos que se han quedado allí,
averigüen qué quieren, sin ofrecerles ni explicarles ninguna cosa. observándolos con una sonrisa amistosa.
No han visto ni saben nada. El guarda cree adivinar cuál es la puerta de la confianza. Camina
Manda al jefe y a los dos peones al dormicorio de las mujeres, con unos pasos y se acerca a la anciana. Le dice: "Buen día, ¿cómo le
el duefio de la escopeta. El dormitorio de las mujeres tiene ventana va?", porque no se le ocurre nada que pueda interesar a la mujer, y
y el duefio de la escopeta podrá. vigilar a los cautivos, para que no al mismo tiempo le hace una caricia a la criatura, deslizando la mano
alarmen, y a los que llegan, ·por si sospechan algo y sacan revólver. por su melenita lacia. A la niña se le iluminan los ojos de gusto: ha
Los dos encargados de salir a la vanguardia se plantan en el patio, descubierto algo, se empina todo lo que puede, estira el bracito,
abriendo las piernas y afirmándose en el suelo, como para resistir alarga un dedo hacia la cabeza del guarda y dice:
una embestida. Los festonean los perros, que participan de su táctica -Papá.
C:lutclosa, pero hacen algunos aprontes de carreras y grufiidos. Detrás La anciana oye. Mira ese brazo tendido, mira ese dedo. Estudia
se ha venido la vieja con la chica prendida de la mano, y el saban- bien al hombre; se cerciora de que no es el que estaba adentro.
dija, que tiene algo de potro y de payaso, porque corre, va, vuelve Mira a los ojos de la nifiita, ve en ellos satisfacción y seguridad. Y
y hace movimientos impensados, se tira al suelo y brinca como las se inclina hacia la criatura y pregunta:
cabras. Est:i tremendameme contento con tanta novedad en su casa. -(Pa-pá? ¿Paaa-pá?
El recibimiento adusto acorta el paso de los ferroviarios, mientras La nifiita confirma:
más cerca. están. Se detienen a unos metros. Saludan. Les contesta -Paaaa-pá.
uno de los hombres. El otro evita hacerlo con el pretexto de espantar Y la vieja. se rCe y repite:
a los perros, para que no ataquen. -Paaa"'pá, paaa-pá.
174 175
El guar~ las ve~ complacidas que también dice: "Paaa-pá", y rfe; -Pregúntele, ahora.
pero no deJa de adnmarle tanta alegria y que la vicia
1
no pare de decir El fogonero no se mueve. Lleva la mirada hacia arriba, como si
" paaa-p.á" y •ah ora acompafie cada sflaba con un batir de palmas. le hubieran puesto en la cabeza un objeto mágico, que no se puede
El viejo está haciendo dos porciones de jamón casero y tiene tocar, que si se cae hace daño.
pronto e.l pan, también de la casa. Uno de los hijos, desde la puerta El jefe insiste: "Pregúntele, pregúntele"; el fogonero considera
de la cocma, observa entretanto que la nifia denuncia, en el guarda, al al jefe de coscado, con desconfianza; la anciana entiende y rle. En-
padre. Lo gana el asombro y como solo no puede entenderlo, llama tiende y pregunta:
la atenció.n del viejo, para que opine. El viejo deja el jamón en la -¿Paaa-pá?
mesa Y m1ra. Los otros hombres también miran. Ven que la. abuela Se inclina y con su mano gula la manecica de la nifia, apuntan-
provoca la ratificación y consigue esa prueba. Se miran entre ellos, do hacia arriba, para que la criatura vea la gorra de visera que dice
estupef.."lcms, y ya sólo falta que uno haga punta, para salir todos. "Guarda....
1
1
1 En eJ dormitorio de las mujeres han visto y han oído lo mismo -¿Paaa-p:i?
don Salvador, sus dos hombres y el duefio de la escopeta. Y el cafio La nifia, que se habla turbado por los movimientos de don Sal-
de la escopeta ha depuesto su terrorismo y su auroridad, y ahora vador, se pone radiante de nuevo, porque ha descubierto la gorra.
apunta al suelo, apenas sostenida el arma por una mano que, de La anciana suelta con suavidad el bracito. Ya no precisa orien-
pronto, se ha vuelto indecisa. tarlo. La nifia lo mantiene muy firme en el aire, apuntando con el
1
Don Salvador no establece diálogo, np necesita ningún permiso dedito la cabeza del fogonero, y declara:
. ·¡ para entender que. puede salir. Pasa por la cpcina, abriéndose camino -Paaapá, pa-pá.
entre la familia con un ademán, y se presenta en el patio. Don Salvador respira el aire de la mañana como si lo necesitara
1
-Soy el jefede la estación de San Rafael. Ya les voy a contar por todo para resolver lo que todavía tiene por delante: la partida del
1 qué estoy acá. Enseguida lo van a saber todo. convoy, el informe por la demora, el sumario por la. destrucción de
. El maquinista, el fogonero, el guarda tienen ame sf a quien de la zorra ... y esa gente, que él puede denunciar, y que se ha quedado
nmguna manera podfan sospechar que estuviera en tal sitio. No ahí, abochornada, mirando al suelo ...
saben si saludar o averiguar, no saben si deben callar y ~P~rar algq
que, puede suponerse, está por suceder. Cualquier deseo de hablar
se les cona, además, cuando ven emerger de la casa uno, dos, tre~
hombres; los conocidos y uno, dos, tres más, uno de ellos con una
escopeta que parece olvidada en la mano.
Emr~tanto, el jefe ha procedido, sin tenerse quieto un instante.
Le .ha d1cho al guarda: "Permfcame". Sin espe.rar su opinión, le ha
sacado la gorra de visera donde está escrito, con hilo blanco: "Guar-
1
.1 da". Con la gorra en la mano ha ido adonde está el fogonero y lo
~rae.d~ l.a mano: como s~ ~:ra un nifio, mientras masculla su enojo:
1

El JUICJO de D1os ... El JUICIO de Dios ... ".


P.one al fog~ner,? dclam:. de la mujer y la nifia, le coloca la gorra
de v1sera que dtce Guarda y conmina a la anciana:

176 177
para. ella. Porque para decirla, en fugaz -tal vez milagroso- estado
de pureza, debía concentrar y aislar todas las fuerzas de mi emoción
Y' de mi ·pensamiento.
Subí entonces al püehté elevado por donde la· gente pasádc una
plataforma a. otra, por encima de los trenes. Era una n~che fresca
No y el puente, como una caja oscura, parcela deshabitado. Hice los
tres rramos de la escalera y arriba encontré a una mujer en· actitud
de espeta:. Aunque yo podía ganar la soledad en el otro extremo
Más puntuales los suefios que los recuerdos, me visitáróri para del puente, me molestó 'descubrirla, porque me infundía esa per-
decirme que, por tercera vez, se cerraba el cielo de los· afios dé su turbación que da la: evidencia. de que también existe, en la relación
ausenc1a. con las mujeres, el deseo. Y no era_ el momento de acceder a lo que
Comencé a sentir el día como una carga, melancólica, dolorosa. ocurre todos los día5.
Debía esperar la noche para la conmemoración solitaria y el1 ritual Descendf los tres tt.únós de escalera de la parte opüe5fu. Hice el
sencillo de mi culto de amor. trayecto de la segunda ·plataforma hasta donde traban su extensión
En la mañana me ordenaron ir a una oficina pública que riene, los rieles.
delante, un jardín de césped y una reja de barrotes Rnos. MientraS Regresé. La mujer seguía en el mismo lugar. Desesperanzado de
aguardaba el curso incerno de unos papeles·, me entretuve ert cur1inar darme con el momento propicio al recogimiento, cerré· los ojos y
por el sendero enripiado. dije su nombre, muy quedó: "Amanda... ", y pronuncié las palabras
Acompañada de una nifiita con el asombro de la orfandad recién rituales· que para ella tenía cinceladas. Pero aun sin ver lo que dis-
asomada al mundo, llegó una monja y, al pasar hacia el edificio, curría en mi contorno, me distraje y· no logréh comunió'n ilusoria
denivo su mirada en mis ojos. Esruvimos cerca, el uno del otro, y que otras veces había alcanzado.
pude percibir su bozo muy fino y un lunar pequeño, marrón claro, Empecé a caminar los pasos del regreso. Apareció un hombre
también sobre el labio. Ella era joven y no sé si su mirada removio y la mujer se reunió con él. Bajaron delante de mí y se mezclaron
mi tristeza o la nostalgia de aquel carifio que era como no tenerlo, con la otra gente que hay en el mundo.
porque nació a destiempo. (Había pásado, se había perdido el misterio de la evocación?
Cuando la monja se retiraba, y esto ocurrió enseguida, yo la miré Oh, sí, se estaba diluyendo en m{ a medida qué andaba, al. re-
intensamente. Ella me devolvió una mirada clara, limpia y lejana. integrntmé al corazón .de la ciudad. Porque lueg~ de. unas cuadras
Salió a la vereda, caminó a lo largo de la reja, pasé la calle y se alejó, prevalccieron·las voces exteriores. Llega.ton primero de tres mujeres
sin volver nunca la cabeza. que habían terminado su servicio en la eocina de un restaurante. Lo
En la noche caminé hacia la estación del ferrocarril. Puede parecer dedah. Dos hablaban y la tercera cantaba, bajito, para ella sola. Y
un extrafio lugar para mi ofrenda. Ah, es que soy capaz de construir pensé que la tercera, la ·que cantaba, estaba Clisfruta[tdo como nadie
mis sentimientos en silencio y también en la soledad. Pero algo es la dicha de haber terminado un día de trabajo.
preciso, para fundar una memoria, y de ella tuve esas manos que se Después me reconoció un amigo. Y mé habló. Y hablé.
tomaron de las mías, aquella noche, cuando el tren parda. -¿Cómo estás?
En la noche del tercer aniversario, en medio de la turbulencia de -Bien.
los andenes, no podía musitar la frase de ternura que tengo pensada -Me alegro.
178 179
'"":¿Y vos? suspendido los estudios a la altura del penúltimo año de la carrera.
-Bien. Habla dejado cl estudio para casarse, en el otoño anterior.
Nada más porque se fue corriendo a tomar su ·Ómnibus. Pero Yo lo sabfa. Lo supe codo cuando ocurrió, y no lo supe por ella.
yo estaba de nuevo en comunicación con los demás. Aun ante mí
Vino un compañero. Contaba de ese noviazgo ·de la amiga co-
mismo, volvía a ser como. todos los hombres.
mún y yo lo escuchaba como si esa existencia. fuera algo absoluta-
En un quiosco compré caramelos de leche. Eran para, lo:; hijos de· mente ajeno a lo que podía interesarme. P.ero me retiré como de
mi hermana, sólo que al llegw a la casa supe que esraban durmiendo. regreso de una batalla en .la. qué hubiera sido derrotado. Nunca
Ella trabajaba y el ruido de la máquina de coser e¡:a 1~ única voz nó .hu.bo esa _batalla, sino en mi interior.
acallada del hogar. Se los dejé cerca de la. mano. Un tiempo, ofuscado por la inminencia de la pérdida, m~ de.-
Ella, que había suspendido la costura pru:a, teGibinne, dándose diqué a ~nfabular.· Urdía. planes' para impedir ese .matrimonio~
vuelta me miró con humi_ldad y gratitud. Me dolJa que me agrade- NJJ"ca ~~ más simple: decirle a ella lo que me pasaba~ .Es que era
ciera cualquier cosa, aunque fuese con los ojos. Desde dos años atrás. aún_ el ti.empo en que yo te'mía: las responsabilidades profundas.
esrábamos ran solos, ella, yo y los niños, q1,1e no podía pensar en
Acat.é entonces la convicción. de que ese· matrimonio tenía tamo
nosotros sin defi.nirnos como una pequefl<!- comunidad obligada poi: de terrible como de· inevitable.
las necesidades y naturalmente dispuesta por los sentimientos,
CYaodo SJJpe que d casamiento estaba consumado, .me. confor-
"¿Est~ cansado?", me preguntó; yo dije "Sí".• y ella repitjQ ~Sí.
mé con la fe de que su imagen ·de muchacha, de novia que .no. fue
.Estás cansado". Lo decía con un acento tan doliente, tao dolido m fa, seguirla, pertene~iéndo_me, siempre._
por mí, que pude percibir su ala protectora.
Consagré a ese ~redo la parte se~reta de mi corazón, mientras
.Entonces comprendí que con ella podía hablar de Aman da, esa
paradójicamente la vida me convertía, en: el hogar de mi .hermana
noche, porque de pronto volvió rni nostalgia. Y la nostalgia se de- viuda, en una especie menor·de buen padr_e de familia.
·bada con cierto orgullo, el orgullo de poder confesar un amor t~n
Nada, en la carta, me au~odzaba_a pensarlo; no obstante pensé:
callado y tan desprovisto de futuro. Pero nó hablé. "¿Por qué ba ntusitado es~ribirme_?".
Escarbé en esa sospecha, favored en mis cartas una confesión,
pero ella nada revelaba con p~abras~ Sin_ embargo, jamás mencio-
Cuatro días despu.és, al regresar a casa para c;l almuerz.ó, en la
naba al.marido, como si no exjstiera, y si mis cartas eran dos en una
máquina de coser, que a esa hora descansa, en ell1,1gar donde yo había
semana, dos eran las suyas, y si eran tres, tres igualmente .las que
puesto los caramelos, me esperaba una carta ~'1 mi nombre.
el cartero traCa, y era la respl!esta ran veloz, tan escrita con mis pa-
Era. de Aman da y c;ra la primera carta de Aman da que en todo el
peles recién leídos,. que ya, lo nuestrp consritufa. un vívido diálogo.
tiempo de mi existencia había llegado a mis manos. Era de Aman da.
Y en una noche de cxaltacic,Sn qescolgué, del recinto de mis
No precisaba abrirla para enterarme. Sabía todos los detalles de
sentimientos más cúidados, una verdad de amo~:.. Escrita, en el pa-
su letra. Conservaba entre mis papeles una hoja de block con una
pel, era j:omo si ya no me perteneciera, y fuer~ de Amanda. Puse
ra·rea escolar que me prestó y nunca !e devolví, por distracción, .por
el papel <;p un sobre. Lo llevé, esa misma noche, al correo central.
olvido, por no ·sé qué, porque en l_a etapa del colegio nunca pude
No podía cor_1cederme oportunidades de arrepentimiento.
sospechar que llegaría a amarla, y tanto.
Esperé tr~ días, cuatro, la espera habitual. Tuve que sufrir to-
"Querido amigo: ... " Un trato tan común, y no lo era para mí, por-
dos los instantes que forman un día más. La carta llegó, y supe que
que yo estaba pleno de anhelos y presentimientos. Me decía que había
mi declaración no suscitaba ni la aceptación ni el reproche.
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Rogué, entonces. Le rogué que tne dijern algo, aunque fuc.se la ¡Ah, Dios mfo!, cómo se conmovió de verme así. En sus ojos
palabra de la condenación y el. olvido, pero que diéra firmeza a. mi nació una lágrima tan discreta que no cayó del párpado. Y reped
posición sobre la tierra, a tal extremo dependiente de ella. su nombre, que era como nombrar el amor. Y ella ruvo que decir
Vino a mi tasa, a los tres días, un sobre con un pequefio retrato, mi nombre, porque le venía de adentro, lo sé bien, puesto que se
la figura que alentaba en mf con ese encanto de lo ideal que cuesta le quebraba en la boca con un sollozo. Y me dijo, ¡ah, me dijo!,
una lucha. de sangre que no se ve. "querido mío", y sollozaba.
(Era la respuesra? No acepté d~anecer la esperanza. Yo me arranqué de la silla y, al llegar a ella, ella se ató para darse
Quedó en suspenso el diálogo, por mi voluntad y mi silencio, hasta a mis brazos y decir, decir: "Querido mío, querido mío ... ".
asegurarme la posibilidad del viaje: el permiso en el empleo, el dinero ne- Pero era la voz con que se nombra lo muy amado que está. perdido
cesario, el boleto adquirido, con la certeza de una fecha determinada. y en mi abrazo quise preguntar, con desesperación, por qué, hasta
Nada le pedí, a nada podía comprometerla .. Sólo que me espera- que en el abrazo mismo percibí su cuerpo combado desde abajo del
ra, y no al d~cender del tren, que• tan lamentable presencia deja a pecho, marcando entre nosotros una separación irreparable.
los viajeros; no en su hogar ni en un lugar secreto; que antes de mi Nos dimos, después, la hora más bella y más triste de mi vida.
partida me dijera, con dos líneas, una hora y un lugar. Pero sin lágrimas. Al despedirnos, posé mi mano sobre la suya, que
Me esperó, en su ciudad, en un paseo que tiene un respaldó de reposaba sobre el mármol de la mesita; la apreté fuerte, muy fuerte,
árboles altos como las trincheras de álamos de mi provincia, rrtás y nos sonreímos, el uno al otro, con amargura y con valenda.
corpulentos. Cuando lo conocí, al llegar, rrte alegró con la sensación
de sentirnos, para un aoont'ecimiento vital, en ufi paraje dotado de
los caracteres que posee la grandeza.
Estaba allí, en una terraza todavía solitaria, con veinte o treinta
mesitas. de confitería, que. era el sitio designado para el encuentro.
Sin nada que se interpusiera entre nosotros, sino tinas cuantas
desatendibles mesas desocupadas, se me reveló su presencia, dulce
y grave. Me recibía sin.expansiones, como lo hacen en las estampas
algunos santos que acogen a los nifios, con esa bondad y esa paz de
los sin pecado.
(Cómo hablar?, me preguntaba yo mientras senda que mi cuerpo
estaba.avanzando. ¿Cómo hablar a ese rostro, a· esa mirada? (Cómo
elegir palabras, cómo pensar palabras... ?
Ella permaneda en la silla y por encima de la mesa quedaban re•
cortados el busto sereno y el rostro noble de la bienvenida. Yo estaba
blandamente gobernado por una emoción nueva, que me vedó llegar
del todo a su lado, haciéndome caer en la silla de enfrente, mesita por
medio de los dos. Dije dos veces su nombre predestinado: "Aman-
da....Amanda. ..", y tomé< su mano, que estaba en descanso sobre la:
blancura del mármol.

182 183
DECLINACIÓN Y ÁNGEL

1958

D«lin4ddn y ÁngtUDtcline anJ Angt4 edición bilingüe cspafiol-inglés, Mendoz:t,


Biblioteca Públic:1 San Martín, 1958. "El abandono y la pasividad" fue reeditado luego
en sucesiY:IS antolog(as del auror: Two Storits, edición bilingUe cspafiol-in¡;lés, Men·
dou, Voces, 1965; Caballo m ti salitral Barcelona, Bruguera, 1981; .Eljuicio tÚ Dios,
Buenos Aires, Orión, 1975 (libro que incluye t:ambi!!n MOeclin:ación y Ángel").
EL ABANDONO Y LA PASIVIDAD

Una bocanada de luz se derram6 en el cajón de la ropa de hom-


bre; pero inmediatamente fue ahogada. La luz. fue entonces sobre
la ropa femenina, que mudó de continente: del cajón de la cómoda
a la valija, sin la pulcritud sedosa que conoció recién planchada.
Un viso, despreciado, quedó marchito y encogido sobre la. cama.
La malla enteriza perdió la compafila·de las.dos piezas bikinis.
Cuando la puerta selló con ruido la salida de la valija, el vaso
alto de agua al fin intacta permaneció haciendo peso sobre el papel
escrito; asociado, en la explanada de la mesira, a la presencia verti-
cal de un Aoreto de flores artificiales, rojas con exceso, veteadas de
un rosa tierno mal conjugado con el color furioso.
Pero al acallarse la violencia exterior, también la violencia ·del
sol, la vena rosa se extinguió y las flores comenzaron a ser una
revuelca e impalpable mancha acogida a las discretas sombras. En-
ronces, sólo el despertador mantuvo la guardia, una relativa espera,
espera de luz de velador, de transformarse el orden de algunos ob-
jetos, su integridad tal vez..
Porque todo era pasivo -o mecánico, el r~loj-, aunque dispues-
to a servir en cuanto la puerta se abriera.

El vaso, casi repentinamente, alarga su sombra, una sombra li-


viana y traslúcida, como hecha de agua y crisral; luego, despacio,
la contrae y más tarde, con cautela, la extiende de nuevo, pero con
otro rumbo.
Otra vez. cuando afuera, en el cielo, hay nubes y ruidos como de-
rrumbes subterráneos, el vaso está aterido y tiende a ser algo neto,
conciso, también, si es posible, levemente impregnado de azul.
El despertador ha caducado.
187

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Por su inercia cobra vigencia una mosca, entre un sol y otro, de noche y después, con otra luz encima, la del resurrecto velador,
entre un sol y otro, pero no más de dos. tiembla un rato inacabable ame los lentes redondos. Pero no se
El agua se enturbia en el vaso y se hace nido. Como una flor ha entrega. No es más un mensaje.
sobrenadado su superficie un mosquito y adentro, ahora, prueban
profundidad las larvas. La pureza de la luz solar triunfa sobre. el amarillo tenue, ya ex-
No obstante, este mar manso es cuna. letal, agua sin alimento, y temporáneo, que permaneda derivando de los dos focos.
al cabo manda arriba los débiles despojos. La luz solar, consecuente inspectora, encuentra que .todo está.
La atmósfera quiere desprender su peso creciente sobre las cosas Hay menos orden: la colcha arrugada, cajones abiertos ... aunque
y es. una amenaza de, todos los días que no puede 'temerse~ todo permanece. Faltan del cajón. de la ropa de hombre una ca-
misa, un pafiuelo y un par de medias; pero encima de una silla
Una piedra, una piedra vulgar de acequia, sin aviso ni apoyo quedan otra camisa, otro pafiuelo y. un par de medias, sucios.
de. congéneres consigue lo .que antes no logró su familia: menor,
blanca y efímera; la del granizo .
.Rasga la castidad del vidrio de. Ja ventana y trae consigo el aire,
que es libertad, pero pierde la suya, cayendo prisionera. del cuarto.
Sin la unidad que contribuía, a hacerlo estable, el_ vidri.o se .des-
cuelga de prisa y arrastra en sti perdición al hermano hech~ vas~.
Lo abate con su peso muer.to y se confunden las ni_za,s entre una
expansión desordenada de agua que, tan de imp-roviso sin claustro,
no sabe qué hacerse, va a todas partes, ante todo al papel que resul-
taba intocable vecino.
La tinta, que fue caligráfica, se vuelve pinto-ra y figura, en azul,
barbas, charcos, estalagmitas .._.

En adelante la ventana a nada se opone. Expedita al aire, una


vez permite la brisa que. elimina de la mesá el papel, seco y prema-
turamente viejo; otra, el viento zonda, que atropella el florero y,
por si fuera poco, arroja cierra a él y sus Rores.

La luz, que sólo fue diurna y venía. por la ventan:!,,. retorna una
noche emanando· de los filamentos de la lámpara del rnedio. Las
cosas, opacas bajo el polvo, recuperan volumen y diferenciación.
Uno de los zapatos que aV'anzan entre ellas va spbre el papel
como a corregir rugosidades, ·en realidad únicamente a ensuciar-
lo. As!, decrépito y embarr:ado, el papel sube· crujiendo hasta la
proximidad brillante de unos anteojos. Desciende hasta la mesa

188 189'
Sus manos tantean en la rejilla. ·Retiran un bolso de lona azul; del
bolso, una revista y una caja chata de cartón, con tricromía en la rnpa.
Se sienta, abreh caja y extrae un bombón. Lo despoja 'd'cl papel
de plata y lo entrega a la boca.
DECLINACIÓN Y ÁNGEL Un ;hombre enorme, desde otro asiento, lo analiza, con suefio;
entrecierra los párpados y· se deja caer sobre el respaldo.
Una cabeza de mujer reposa sobre un respaldo de cuero suje- Sube el sonido del tren y desde· arriba del convoy se ·ve, ade.:
to a leves sacudimientos rítmicos. También en una atmósfera gris lame, la locomotora. afanosa que hiende una ancha planicie sin
azulada que diluye los contornos, se ve otro rostro, dormido, eLdet cultivo, nmarronada e indiferente.
1
un adolescente. Se abre una puertecilla de m·adera lustrada.
1

Nace un sonido que se identifica mientras se pone de manifies- .El muchacho atiende,.con la mirarla, ·y mastica.
to que los dos, mujer y adolescente, están sentados uno frente al La mujer regresa por el pasillo. Uega. Guarda en el bolso ·una
otro. Entre ambos, la ventanilla del tren revela, al fondo del cam- toalla lacia de humedad. Observa. a su izquierda al muchacho que
po, el ascenso del sol que gana el horizonte. El sonido de marcha come bombones; le mira las piernas y comprueba los' pantalones
del tren se superpone a la imagen encarnada del sol en eclosión y largos: le pregunta, ironizando sobre la. confitura:
de inmediato a otra que la sucede, la de una lamparilla del vagón -¿Es su desayuno?
que al. apagarse quita el brillo a la madera del techo; luego descien- Con un rostro.que indica que todo· es como debe·ser:
de hasta casi desaparecer. -Sí. ¿Quiere?
Las manos del adolescente se retuercen, acuden a los ojos y los La caja :destapada, en sus manos, avanza hacia la mujer.
frotan. Todo ese cuerpo se estira en el asiento, desperezándose. Ella hace que no, con un gesto de los ojos y de la boca. Surge
La mujer entreabre los ojos, examina un instante al muchacho; una cigarrera de metal. Humo entre los labios: un celeste flotante
los cierra. contra el rojo fresco.
l!llo nota. Se alisa el cabello. El muchacho continúa masticando.
Ella abre los ojos definitivamente y sigue las alternativas del La. mujer se fija: la caja ha perdido la mitad de sus bombones.
amanecer. Su cabeza, descuidada sobre el marco de la ventanilla, Lo considera largamente. Le acerca esta interrogación:
golpea, golpea, golpea. Con dos dedos, la mujer oculta un bostezo. -La sefiora que lo despedía, ¿"es su mamá?
Se yergue. 1!1 sonde, un tanto divertido por el equívoco:
El muchacho, acurrucado en el asiento, alza la vista hacia ella; -¡Oh, no! A mí no me despi'dió nadie. Mamá .. "
le sonríe y le dice: La mano desciende; pierde el bombón a medio comer.
-Buenos días. -Mamá no sabe ...
Ella se detiene a examinarlo, ames de contestar: Sobre el asiento se derramad licor de la golosina.
-Buenos días. En la mirada de la mujer ahora se multiplican las interrogacio-
Sus manos sacan un bolso de la rejilla. Lo cuelga del brazo y sale nes, pero los labios están cerrados.
del espacio entre los dos asientos. El muchacho la atisba, mientras su rostro busca las formas de la
El muchacho la observa caminar sin completa estabilidad por el energía y el habla se le torna rebelde y disgustada:
pasillo, hacia el fondo del coche. -Viajo solo, sefiora.

190 191

......,_------~---------- .. ----
Ella se. conforma, sonriendo para. si, y vuelve a la, ventanilla. .-SI, ¿cómo la ha encontrado? .
El vidrio registra el trote de una estación. de campafia, que no ha La mujer se ablanda a algo interior. Dice, con la. expresión que
mer:ecido una parada del tren. El movimiento rápido de la estación mánifiesta un pensamiento alejado del muchacho:
en fuga se repite en una rueda alta y negra. ·de máquina que persi'- -Con más ganas que nunca de que vivamos juntas.
gue el riel, y enseguida se mantiene la elocuencia de esa pujanza en El muchacho prosigue seriamente su rastreo:
el empuje de la locomotora ycen la. expresión del maquinista que -¿Hace mucho que no la vela? .. .
por la ventanilla controla distancias. Luego el convoy se arquea en La mirada de la mujer retorna a ese lugar. Da smo a un repro-
una curva y descubre, en lateral, toda su longitud. che para el interrogador;. pero es una mirada benigna, como los
La visión se ha serenado en ese último· enfoque y; trasladada a labios al abrirse de nuevo:
la altura del techo del vagón, ahí donde se detien~ y se deshace la -Ya es tarde para hablar tanto de·rodo eso que ha. quedado allá.
puntilla de humo, muestra entre la. simetría de .los asientos verde- Dejémoslo, por favor.
sucios un uniformado de blanco y birrete que avanza con pausas, El adolescente se reprime, como si fuera a empacarse.
repartiendo vasitos cónicos de plástico. Pero ella le prueba que no quiere interrumpir el trato:
Por encima del hombro de la mujer se manifiesta el contenido -¿Sabe a qué hora llegaremos?
-torrado: café- del vaso igual al que, más al fondo, sostiene' con las ~1 resplandece otra vez:
dos manos el muchacho. El adolescente lo sorbe con placer y saca -¡Oh, sí!
por encima los ojos, que se erizorran por un deseo. Se decide: Un dedo corre el pufio del saco y deja libre coda la redondez del
-A usted sf la despidió su mamá. Yo la vi. reloj pulsera.
Una expresión entre sorprendida y en guardia y, finalmente,
estas palabras:
-SC. Era ella. ¿La conoce?
.El muchacho sacude la cabeza con gusto y gracia, negando. Desde adentro del coche se siente que el tren invade con paso
Ella depone el gesto prevenido, pero se nota que quiere salir de fuerte la estación. Saltan atrás, a sus costados, andenes, gente; otros
una sorpresa: trenes.
-Y a mi, ¿me conoce? En el interior, la. mujer y el adolescente dan la espalda a los
Fuertes sacudidas de cabeza del muchacho. demás; de pie junto a sus asientos, las- manos precav!das· sobre sus
-¿Lo conozco yo a· usted? cosas. El brazo del muchacho resguarda un maletín, un bolso, la
El vasito blanco, prisionero de los dientes del muchacho, hace revista, la caja de bombones, que cae al piso, vada.
el movimiento que dice que no, los ojitos achicados, infantiles y Sin mirarla:
amistosos. Bebe el resto de café volcando la cabeza. hacia atrás, sin -¿La esperan ... ?
tomar el vaso con las manos. Arroja el cono plástico. Sin darse vuelta:
Se recompone en el asiento y ordena las facciones hacia la formali- -Sí.
dad. Pregunta como si estuvieran familiarizados el uno con el otro: Una pausa, entre ellos, que se cubre con el.sonido de los frenos
-¿Como está su mamá? exigidos y desentonados.
Asombro de ella. Luego, ella establece una variante de su resp.uesta:
~1 insiste, explicándose: -Posiblemente sí.
192 193
Los dedos del muchacho apresan la venca.na de guillotina y ele- -Es raro.
van el cristal.
Las palabras llegan al muchacho pegado a la ventanilla, pen-
L.1 mujer se inclina hacia el vano y encra una oleada de voces dien~~ c,iel paisaje urbano que circula .afuera, alegres las· piernas,
del andén.
que brincan.
Toda la geme esrá anre ella: :hacia adelante, hacia atrás, .ahí, en- -¿Qué es raro? ¡~. ya sé! Que él: no haya ·veniqo .a busé:lrla.
frenre. Un rosrro, del que retira la. mirada; un color, una cabeza, la ¿Tampoco sus hijos?
altura de alguien que sobresale, aquel que corre .... La mujer se retrae:
Por encima de los hombros de la mujer, el muchacho diferencia -No tengo hijos.
caras de hombres.
Despreocupado de ella, con la cara. y todos los sentidos entre-
Sin acercarse a la. mujer, averigua; gados a la ciudad.:
-¿No es ninguno su marido? -Ya sé. Disculpe.
Ella sigue con la cabeza. fuera de la venranilla. No p:u-ece haber-
lo o!do.

,., .. .El. auto para ante un móntón de ripio volcado .en la calzada.
El muchacho salta afuera. Sus brazos se encumbran y descienden
Ante sus pies, sobre el pavimento comienza el.giro de la.. rueda sosteniendo la valija. Corre por delante pisando el ripio con delec-
trasera de un auro, que desaparece.
tación y deja la valija en el puente~ Las manos femeninas reciben
En ese sirio entran rueda y guardabarros delanteros de otro au- el vuelto.
tomóvil, mientras al previo ruido de arranque se sobrepone el de El muchacho, parado en el puente:
la frenada del que estaciona. Una mano baja la banderita roja del -No le pague. Yo sigo con· él.
taxlm.erro y los brazos del muchacho cargan la· valija en la parrilla Ella desciende y lo interroga con afecto:
.supenor.
-¿A dónde va?
El adolescenre coloca el bolso grande de la mujer en el asiento Él achica los ojos; sonrle:
de atrás y retrocede hasta su equipaje acumulado en el.· piso. Su..ros- -No sé. Ya veremós.
tro dice que ya está todo y que ella puede dejarlo, que él se queda La mano de la mujer se posa en la del muchacho:
1ah!, en la vereda, para verla partir.
-¿Vendrá a visitarme?
Ella lo ve quedarse.
El. muchacho, con .el revés dela mano, se aplasta la nariz hacia
-Venga conmigo. Lo dejo donde sea.
arriba y le quedan en descubierto lós ojillos vivientes de simpatla:
1!1 soncle:
-Sí; pronto. Mafiana. Le traeré bombones. ¿Cómo se llama?
-Bueno; me gustará. Pero primero a su casa..
El brazo de la mujer indica hacia adentro y hacia arriba de una
En el coche en movimiento, el muchacho se palmea las rodillas, casa de departamentos marrón chocolate y su voz explica:
discrafdo de. la mujer.
-Cecilia. En el C.
Ella Jo observa y se complace. Pero su rostro recoge una idea
inrerior y se preocupa. Con la naruralidad de las personas acos-
tumbradas a hablar solas en voz alta, dice:
·•."'
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Un taco delgado y airo, verde intenso, se eleva unos milímetros:
primer movimiento para. reanudar la marcha.
Un dedo de la m ujet aprietá tres v.cees, en la botonera, el timbre El· bolso de mano de Cecilia cae de cualquier modo sobre un sófá.
donde una tarjetita orienta: departamento C. Un pie se arquea y queda. libre del calzado verde intenso; en media, de
En el suelo está la valija oscura con el bolso panzudo y rojo. un nylon sutil, ese pie ;busca a ciegas despojar al otro de su zapato.
Unos pasos que vienen sonando y una voz de muchacha: -Esroy sofocada, Silvia. Traeme agua. Traeme agua, rápido.
-Buen dCa, sefiora. Ya voy. ¿Cómo le fue? Encogida en un sillón 1 la cabeza volcada, Cecilia tiene todos los
-Buen día. ¿Y el sefior? ... -mientraS la mano de la otra mujer nervios en los dedos de los pies, que no se están quietos.
despega la valija. de las baldosas. Suena el timbre.
La viajera se adelanta, pero la alcanza la. contestación: La mano de la sirvienta sostiene el vaso bajo el grifo, que mana
-.El sefior estuvo anoche. Vio su telegrama. flojamente. La. sirvienta mira el timbre, que repita. de nuevo.
Una mirada aérea, que entretanto haya ido de la espalda de Viene ·la voz severa. de Cccili.a:
la sirvienta, girando en redondo, a encontrar de frente a Cecilia, -¡Silvia, el timbre!
podrá ver en ésta los párpados que un instante se entornan como La mujer aparece en el vestíbulo con el vaso en un platillo, pero
vencidos, pero muy luego. dan paso al brillo de dos ojos que miran se apresura hacia. la puerta. Gira el picaporte.
adelante con decisión. Ah{ está. el nifio, con un dedo en. la nariz. Habla como si se
El pie. de Cecilia alcanza el primer escalón. arrancara algo o supiera por anticipado que se le negará:
En mirad de la escalera, colgado por un brazo de ·la barandilla, -Quiero pasar.
con un rostro tan tierno y perdido como el de un tontito manso, El nifio recib~ en· el rostro la réplica irritada· ,de Cecilia, que
está un nifio. En sus ojos se refleja h1 aproximación de Cecilia. viene de adentro:
Cuando tiene delante de s{ el brazo con el vestido celeste, abre -¿No está tu madre abajo? ¿Para qué tienes que pasar por aquí?
la boquita de conejo y dice: El rostro del nifio resiste el golpe o la friccióR de cada palabra,
-Buen día, Cecilia. ¿Me lleva? y afinando sus labios blanduzcos da sus razones:
El cuerpo con el vestido azul sigue subiendo. -No es para bajar. Es para subir al techo. Están arreglando el
El chico se da vuelta con fuerza y agita los brazos gritando en tanque.
1 '
protesta: -¡Que·pase, Silvia! ¡Que pase y que me deje en paz!
-Buen día, sefiora Cecilia. Buen dfa, sefiora Cecilia. El nifio se encorva y embiste a la sirvienta.
La mujer padece como una turbación que la detiene y se vuelve El vaso hace una proeza sobre el platillo y la otra mano de Silvia
con un esfuerzo de paciencia. Dice hacia abajo, hacia donde está el le ayuda a recuperar estabilidad.
nifio en la escalera: El nifio cruza corriendo el vesdbulo, la cabeza gacha, sin ocu-
-Buen día, Ángel. parse de Cecilia que permanece· con la.S piernas abiertas y los pies
Se abre una• puerta. de la planta baja y entresaca el cuerpo una desnudos en el sofá.
mujer que habla en voz alta hacia arriba: Ángel trepa a: la ventana y desaparece.
-Cecilia, ¿llegó? Después tenemos que hablar. El vaso avanza hacia Cecilia, pero la mano de Cecilia hace que
Sin pausa, desinteresada de una contestación, ordena: espere y Cecilia realiza un esfuerzo por poner orden en sí misma y
-¡Ángel, acá! ¡Ángel, acá! explica, a sí misma o a nadie:

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-No puedo dejar de·verlo. vaso. El agua se vuelca toda .en la boca angustiada. Luego, el cuer-
Ya está, ella, en la ventana. po se desmorona sobre el sillón.
El nifio circula por· la cara externa de un mucho, apoyándose La sirvie·nrn está ahí, ·a la expectativa del vaso. Mira el vaso, mira
apenas en uno de los delgados cafios· de gas. . con recelo y su mirada encuentra la cara fieramente deprimida de
Cecilia mira dónde posa el. nifio los pies y se pone rfg1da de Cecilia.
temor. -¿Qué más sabés?
Con un tono precavido, para no asustarlo, le envía un consejo La voz. viene baja, a la altura de las rodillas: es como si se viera
doliente: un .letrero con la frase "¿Qué más sabés?" no más arriba de las me-
-¡Ángel, pudiste usar la escalera! ¡Ángel. .. ! dias de la sirvienta.
Una. voz. masculina golpea una protesta:: l..'l. sirvienta hace un gesto que significa todo el esfuerzo por
-·Sefiora, ese chico se va a matar! ¿Por qué le permite? obedecer, por no equivocarse esta vez., y sobre Cecilia cae la infor-
Cecilia busca con los ojos el origen de1la voz.: un homore dejar- mación:
dinera gris se halla junto al tanque del agua, hurgándose nervioso -El lunes lo vi en la calle con la sefiora.
debajo de la gorra. Es como si las palabras "El lunes lo vi en la calle con la sefiora"
Cecilia sumerge una mirada rápida en ·el hueco cuadrado que hubieran caído sobre la cintura de Cecilia y aparecieran escritas
desciende entre los cuatro departamentos. Abajo está barriendo la todo a lo ancho del lugar donde ella está.
madre de Ángel. No se ve el rostro de Cecilia. Se ve· la frase y enseguida esta otra
A oír las voces, la madre de Ángd levanta la cabeza. Contempla frase dicha por ella:
el tránsito del nifio. Desde donde se encuentra ella·, desde muy -¿Con cual sefiora?
abajo, parece que la criatura camina en el aire, simplemente ro- En el mismo sitio, sin que emerja ninguna cara, se inscribe la
zando la pared. respuesta:
El nifio llega al extremo, adonde está abierta la mano ansiosa -Con la sefiora de él, sefiora. Con la esposa.
del plomero que quiere sacarlo del vado; Ahora se ve levantarse el cuerpo de. Cecilia y caminar como
Allá en el fondo, la madre inclina la cabeza y sigue barriendo. decapitado y a dos metros inclinarse y la mano buscar un botón de
Detrás de Cecilia, la sirvienta constata que ahí enfrente, hueco la radio y, cuando la música llega, girarlo con. los dedos para qué el
de aire en medio, el nifio llega al techo, junto al plomero..Está volumen sea estruendoso y, cuando hasta ese punto ha subido sube
violenta y nerviosa. t:tmbién la visión -Silvia levanta l:t mirada:'- y ya está a la vista una
Cecilia, absorta e inmóvil, aún crispada, comenta: cabeza que si no grita se saldrá del cuerpo por la furia:
-¡Siempre igual! ¡No es un chico, es una arafia! -¡La sefiora soy yo! ¡La esposa soy yo! ¡Yo soy la única, la única!
l..'l. sirvienta sale de la tensión. Riéndose, replica: Está contra el combinado y a un lado y otro hay sillones amari-
-Es un ángel, sefiora. ¿No se llama Ángel? Si no se cae nunca, llos y mesitas adamascadas y cortinas azules y más allá el bar ame-
es un ángel. . ricano, y todo queda extendido en panorama ante la sirvienta, con
El cuerpo de Cecilia da media vuelta y ahora ella ~tá despótica la patrona colérica. y herida al medio. Y la .muchacha cabecea su
y fría: desconcierto ·cuando Cecilia dice "La: sefiora soy yo" e inicia la
-¡Basta de estupideces! ¡Dame el agua! negativa; reacciona y cabecea la afirmativa, pero no basta porque
Los dedos de la mano se separan unos de otros para tomar el ya Cecilia está gritando:

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,.

-¡ ... tamafia insolencia! ¡Te vas ya mismo de mi presencia. y que


El plomero sitúa a la persona que pregunta: ve a Cecilia y su
nunca más te vea ... !
cara fruncida por arrostrar el sol. Secándose el sudor de la frente
Piernas de la. sirvienta que caminan apresuradas. Con ella se
con la. mano que sostiene una llave inglesa, lanza una respuesta que
1 entra a su habitación, que de un golpe de vista puede conocerse ín-
surca el hueco enrre los bloques del edificio ("Sf, claro. .Les avisa:-
tegramente. Con un empujón de nalgas cierra la puerta por dentro
mos a todos") y que la mujer de abajo muestra escuchar, porque
1 y su mano la clausura con llave.
1 alza la cabeza para recibir mejor las. palabras.
La mano de Cecilia .impulsa el botón de la radio hacia el volu- e '1' 1
-¡ eClla.
men descendente. Baja la música y el plomero mira hacia. la venta-
Cecilia inclina la cabeza hacia el hueco. En el fondo del patio
na abierta de la mujer.
interior está la mujer y sus palabras ascienden.
-¿Precisa agua? ¿Quiere bafiarse? Venga. Dejé la bafiera llena.
••• Se hunde en el hueco, como respuesta, una pregunta:
i
1 -¿Está sola?
:.
Chorrillos blandos de la flor del bafio. Los ojos de Cecilia ha-
Ángel, allá arriba, agita las manos como pantallas· y a su vez
'1 fiados por la lluvia, entrecerrados, para no anegarse, se levantan a
informa:
ver. Los chorritos se afinan, amenguan. Últimas gotas.
-Sí, el pap:i no está.
Manipuleo violento de las llaves. . Trepa una voz:
Zuecos: de madera que van dejando .rastros de agua por el cami-
-Venga Cecilia; estoy sola. Así hablamos.
no de baldosas que antes recorrieron las piernas de la sirvienta.
Espaldas de Cecilia, donde desciende una gota de agua, que
***
reduce su impulso· a cierra altura y luego se suicida en la carrera de
la cintura abajo.
.La. mujer de abajo, como interrogando a la puerta:
Cecilia golpea la puerra·de Silvia. Reclama: -¿Puedo?
-Silvia, ¿qué pasa con el agua? ¡Silvia! Voz de Cecilia:
Todo el cuerpo desnudo de Cecilia. De atrás se ve un brazo -Sí; entre.
doblado a la altura del codo, como conteniendo los senos.
El cuerpo de la mujer de abajo pasa por el vano de la puerra. La
-¡Silvia! Contestame, desgraciada. ¿Qué te pasa? puerta queda entreabierta.
Las dos manos de Cecilia tomadas del picaporte sacuden la
La mujer retira un banquito blanco que estaba junto al lavato-
puerta.
rio y se sienta. Mirando un punto fijo, hacia adelante, habla:
Zuecos que pisan el granito blanco del bafio. Con un toallón
-:Usted tiene que enterarse ... Tocaron el timbre. Tres veces. En-
Cecilia se envuelve el busto hasta cerca de los hombros, que que- cendí la luz. Eran más de las 2.
dan al natural.
Un hombre tranquilo, de semblante serio, portafolios bajo el
Acude a la ventana. Pestafiea. Arriba, de frente, está. el sol. En
brazo, viene de la calle. Apoya la mano en el picaporte del depar-
el techo, con los bordes de su figura comidos por la claridad solar, tamento A.
el plomero. Detrás, contemplando el interior del tanque, el nifio. El rostro de la mujer de abajo, visto de perfil muestra los labios
Eleva la cabeza, porque viene una voz que pregunta: en movimiento y una mirada deseosa de contar:
-¿Ha cortado el agua, usted? -Mi marido salió al hall. Lo escuché hablar con una mujer.
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-¡Papá, aquí estoy! (Uegaste?
El hombre deja el portafolios en la mesita del hall.
La voz levanta de su asiento a la madre, :acá adelante, y al fondo
Rostro de la mujer, siempre de perfil:
en la bafiern hace erguir la cabeza de Cecilia·. En la superficie quieta
-Después se cerró la puerta y él volvió .. Dice que era una mu•
del agua azulina, a la altura del busto tostado, cae una gota, una
chacha y que le dijo c'Aquí estoy'' y que no parecía una sinverglien-
sola gota.
za: que estaba llena de vergüenza.
Dos manos de trabajador desanudan una servilleta que descu-
El hombre tira el saco en !la cama y su cara se define cuando dice
bre la forma de dos platos puestos boca contra boca. El obrero,
sin gran esfuerzo de garganta:
sentado en el borde de la acequia, pone los platos sobre las piernas
-¡Ana, aquí estoy!
y destapa su comida.
Rostro de la mujer, siempre de perfil.
:

1
1

1
e
-Le dijo: ".El está arriba.,, y a ella·entonces le creció la verguenza.
El hombre entra a la cocina, abriéndose el cuello de la ·camisa.
La mano derecha levanta. la tapa de una sarrén. Trozos de• carne
Cecilia en la escalera, en "robe". Si se observa de arriba, cuando
ribeteadas del amarillo de grasa, pimientos rojos 'Y verdes, blancas
entra a su departamento, abajo a la izquierda·, en.el suelo, se.·mani-
rodajas de cebolla sufren y exhalan vapor a medio hundirse en un
fiestan trozos reconocibles, de un jarrón dorado. Cecilia se detiene.
aceite brillante y oscuro. La mano del hombre acciona la. llave del
Los fragmentos ocupan toda. la atención ..
gas. Debajo de la sartén costrosa y quemada, la llama, con ~u deli-
Cecilia continúa, apresurada.
cadeza celeste, se reduce.
La puerta del cuarto de Silvia está abierta.
El rostro de la mujer, de frente, está confirmando:
J -Sí, en la ventana de ustedes había luz. Quiere decir que él
Cecilia entra.
.El cuarto sólo conserva los muebles.
estaba ahí.
Un papel sobre la mesa de noche: "Vendré a cobrar cuando sepa
El hombre avanza hacia el bafio. Su mano izquierda dobla el
que está· el sefior".
pufio derecho de la camisa.
Un ruido de puerta que se cierra. Y el rostro, la actitud, todo en
Empuja la liviana puerta del bafio, ¡pero queda con la palma en
Cecilia se vuelve vigilante, como ante una gran alarma.
alto, adherida a la puerta, el cuerpo a medio entrar!
t Se adelanta con precaución. Queda en el vacío·de la-puerta.con
•.· '1
1'
Ve a la esposa sentada ~n un banquito, de espaldas, callada, y a
una mezcla de desconcierto, rabia, quebranto y satisfacción.
1 1 la mujer de arriba en la bafiera, con el pecho costado qu~ Roca en
.Ahí está·su hombre. Ostensiblemente: los brazos abiertos y· una
el agua, casi cerca de la cara congestionada y caída.
1 exclamación:
·,¡ Todo es ahí adentro como una congoja estática.
-¡Venga aquí esa muchacha!
El hombre se retrae, con infinita cautela..Enhiesto, rígido, se
Los ojos derrotados, el sacudimiento de cabeza de la desespera-
¡,·1 oculta al filo del muro. La cabeza apenas sobresale, no se mete:
ción de Cecilia.
manda la mirada codiciosa, de reojo, prudente.
~s brazos. del hombre.fuerre se extienden a lo largo del cuerpo;
El plomero desciende por la. escalera a la calle.
las piernas abiertas y los pies firmes en el piso, como a la espera del
El nifio baja por un cafio de desaglie. Apoya un pie en la. ven-
vuelco de ella que no se produjo. El rostro se exrrafia:
tana que da a la cocina de su hogar. Salta al alféizar. Enfrenta el
..-¿Pasa algo?
interior. Cocina vacía de gente. Se vuelve. Ahí está el hombre.
El llanto de Cecilia y las palabras mezcladáS con lágrimas:
Rostro .alegre del nifio.
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-¡Todo eso junro, Julián! ¡Nunca me habías hecho tanto! "-¡Que pague ella tu enojo, no nosotros!
Un gemido que se manifiesta también con los ojos. Si se recorta -¡Me enojo todo lo que quiera y contra quien quiera! ¡Y se aca-
sólo .medio cuerpo de Cecilia, resalta más su brazo que apunta al bó la comida!
suelo, estremecido, mientr:lS ella pronuncia su torturada queja: -¡Dedselo a ella! ¡Cortale a ella. la comida! ¡Cortale a ella la
-En esta. casa que me diste ... música!
-¡Claro que se lo voy a decir! ¡A eso voy!
La cabeza del nifio sigue con estupor el movimiento del padre
que sale.
Peldafios de hierro de los que se toman las manos del trabaja• .Portazo. Grandes zancadas, hasta alcanzar el descanso de la es-
dor. Flexión y caída del plomero. Los pies calzados con zapatillas calera. Allí, el hombre se detiene. Su mano alisa el C!lbello, saca la
blanco-oscurecidas, de goma, avanzan por el "rubberoid" negro- servilleta colgada de la camisa y la deposita. en la bar:urda. ·El sem-
arenoso y simuh:áneamente crece el volumen de una música que el blante se compone hasta adquirir los rugos de la amabilidad.
obrero localiza en la ventana de Cecilia. Uega con pasos definitivamente serenos ante la puerta que tie-
Mesa de diario con la familia de tres de abajo. El hombre m:J.s- ne tras de sí la música. Un dedo en el timbre.
ticando, tuerce el cefio mirando hacia arriba. El instante de quietud de la ·espera,. le revela, con la música,
Rebrota la música de Cedlia. voces. Se arrima al vidrio opaco.
La esposa controla con recelo al marido. ~l se echa sobre el J ..'ls voces de pelea, de pelea de mujer y hombre, parecen repe-
plato y protesta: lerlo del vidrio opaco, pero ah! mismo se proyecta, gesticulante, la
J
1
1
-¡Esa escandalosa ... !
Ángel ensarta su carne sin prestar atención a la acritud ambiente.
sombra de una figura, y la retirada en comienzo se frusttá.
Se entreabre la puerca y la altura del vano recorta al homb·re de
La boca del hombre lucha por acomodar un bocado caliénte y Cecilia, que dice, como sacado de una cuestión de süma violencia:
dar paso a sus averiguaciones de hombre fastidiado, al borde de un -¡Ah, es usted!
estallido: El rostro confundido se allana ·a la cortesía:
-¿Qué le pasa? ¿Por qué ·está así? -Vine a ofrecerles ... Como no hay agua.
La mujer sacude los hombros, junta las cejas: Pero el hombre de Cecilia no atiende debidamente, no. piensa
-¡No sé, no sé! lo que dice y exagera el acento al contestar:
Ángel, circunspecro, clavando el tenedor en la papa, sin levan- -¡Ah, nó hay agua! No sabía nada.
1 1
tar la mirada de la comida y con un tono de absoluta seguridad en El hombre de abajo procura decir algo, pero lo exime la otra voz:
~ 1 lo que dice: -Bueno, gracias.
-Está enojada porque no hay agua: hace calor. Es una despedida, un despido; pero el hombre de Cecilia, que
Réplica y acción paralelas: "¡Usted se me calla!"; pufietazo sobre reparte sus miradas adentro y afuera, se da de pronto con una es-
la mesa. El chico escupe el bocado y queda azorado ante el' rero. capatoria y la usa:
La mano de la. mujer se adelanta impetuosa, con un trapo de -¡Espéreme, bajemos juntos! Ya me iba.
rejilla, y limpia el mantel plástico; borra la manchita amarillenta Dándose vuelta, sin abrir más la puerta, sin apartarse del punto
de la superficie rosada y el rojo parece prender en su rostro, que de fuga:
enfrenta al del marido, listo al choque: · -¡Vengo esra noche! ¡Esrate lista para salir!

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11'
. 1
:1
'
1!11
,1 Un "¡No!" desgarrado, lleno de autoridad y desp~o. ·lle~ ins- Un chorro.de agua plateada cae en el fondo de porcland del tanque.
!1 tantáneamente hasta los dos hombres y siguiendo su resonancia se El plomero se inclina sobre el baulito de chapa, que por obra de
1 1' encuentra aún chisporroteando en la boca y en la mirada de Cécilia, sus manos se nutre de herramientas. Con el ceño fruncido por la
1
y en este gmdo se mezcla con el ruido. de la puerta que se cierta. fatiga, se dirige al nifio:
Pasos apresurados de cuatro pies. Una mano, al pasar, recoge -¿Se lo deds vos?
furtivamente la servilleta. L'l cabeza de Ángel asiente, sin distraerse de algo que hay debajo.
Los dos hombres descienden el último r~ramo de la escalera. El rostro del plomero que insiste:
-Hasta luego. -¿A todos? ¿Lo de la conexión también?
-Hasta luego. Ángel cabecea, contemplando lo suyo: bailan sus dedos en la
Direcciones divergentes. h~ca del caño ·que aprovisiona el tanque y múltiples chijeres atro-
Desde arriba se ve caminar solo al hombre de abájo, .hacia su pellan los muros de portland, viniendo a morir en un remolino
departamento. de espuma. Uno se escapa del ·gran dique y hace en el aire una
Campea la música, lfne~ de ·luz, que pierde fuerza, se encorva y finalmente se derrama
Pero la mano de Cecilia acude al botón de la radio y hace el sobre el hombro del plomero. El trabajador se mira la mojadura.
silencio, que, toma ante su puerta al hombre de abajo y lo inunda Rezonga:
de alivio. -No ...
Ahora está en el acceso al comedor y la mujer, sin mi(al'lo, sirve Ordena:
en el plato de él, directamente con el cucharón. -Vamos.
El hombre engancha la servilleta en la camisa. Último número de la fiesta del agua: la mano infuntil en el
Cecilia se arroja en la cama sin despojarse de .las chinelas, los borde inferior del cafio y el chijete que engorda, se hace columna,
• q
ojos muy abiertos. Una gran. calma, una calma lúcida y sufriente. gana altura y es algo vivo que juega a ser blanco y espumoso y
Ángel y sus padres están comiendo. No hay palabras. traslúcido, y a crecer y amenguar, contra el chocolate de los muros
La atmósfera se hace. sobre sus cabezas, como en un viejo cua- y el verde pulposo de la cumbre de los árboles y el cielo que está
dro de paz o de cansancio. recibiendo el hollín vespertino y una que otra estrellita dmida to-
Después habla Ana; a nadie en particular, supuestamente: davía.
-Tiene sus motivos. Se peleó con la sirvi.ema. La echó. Con d niño detrás, explica a la mujer de abajo:
La cuchara del marido se estaciona en el aire, a nivel del rostro, -Hice una conexión provisoria. Esta noche pueden juntar agua.
que inquiere pestañeando: Parece que la señora de arriba no está. ¿Le avisa usted?
-¿Ahora se queda sola? La respuesta de la mujer no es para el hombre; dice al niño:
La mujer hace que sf, con el sorbo eri la. boca, con la frente más -AvisaJe vos, más tarde.
cerca del mantel rosado que de ninguna otra cosa. El chico cabecea que sf, da vuelta y toma escaleras arriba.
Empinado, con el dedo en el timbre; lo levanta,. lo aplica, lo
·1
••• levanta, lo aplica.
., Cecilia está desnudándose, sentada en la cama.
Cielo sin sol. Gris azulado del atardecer. El obrero y .Ángel son Observa el espejo del tocador: el pedazo de espejo que recorra
figuras más nítidas, pero el contraluz está borrando sus facciones. el busto declinante.
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Boca de sonrisa amarga y triste, la suya, que remeda: Cecilia sale, displicente, a pesar de las galas: un vestido blanco,
-"¡Venga aquí mi muchacha!" de cola, y la cola .irisada con predominio de tonos rosados. Julián y
In medido tiempo de silencio, con la soledad del busto reflejada el nifio detr4,s. Julián pone llave a la puerta.
en el espejo. El sonido alerta. a la mujer de abajo, que cierra en la cocina el
Sonido del timbre. paso ·del gas.
Una recuperación .Ienc;t, en el rostrQ de la mujer, como si se El nifio se sienta en el último tramo, los codos en las rodillas, la
proveyera de nuevo, y de a poco, de vida. cara. entre los dos pufiitos. Desde su posición se ve, en el descenso,
El dedo del nifio en el timbre. l.~ melena. negra y el vestido blanco de Cecilia, las espaldas fuertes
Cecilia hurga en cajones de ropa interior del placard. del hombre bien forradas de pafi() negro.
Julián sube la escalera, vestido de un negro de fiesta, lustrosas Se establece ante su puerta la. mujer de abajo, como un centine-
las solapas. la que no se oculta. Pero con una excusa:
Ángel se da. vuelta como a recibir al recién llegado. -Buenas ... -(Cecilia: "Buenas"; Julián: "Buenas".)- ¿Le dijo el
julián visto de cintura arriba, como desde Jos ojos del nijjo: nene ... ?
-¿Qué_, no abre ... ? Al pasar, Cecilia dice: "Sí, gracias", y la mira como despidién-
1 .
Ángel hace que no, con los hombros y como si iroporrara dose para un viaje penoso.
poco. Ana, sin salirse de su puerta, controla al hombre con una. mi-
La llave de Julián penetra en la cerradura. rada rápida (está despreocupado de todo lo que tiene alrededor) y
Julián entra seguido de Ángel, que arrastra los pies. con los ojos, impaciente, inquiere a Cecilia: "¿Y? ... ".
Los pies del nifio andan sin despegarse del. piso, con los talones Cecilia, ya desprendiéndose de la escalera, con la cabeza ape-
casi juncos y las puntas eXtremadamente separadas uná de. otra. nas vuelta al interrogante, responde con el gesto de la resignación:
Julián de pie ante una puerta. De atrás se ve el interior: el dor- "¿Qué puedo hacer? ... n.
mitorio. Cecilia en combinación que lo acoge callada~ con despe- Ana mueve toda la parte de arriba del cuerpo en la forr:na que
go, pero sin dejar de mirarlo. dice: "Y ... Si usted no puede ... ".
~~ inquiere, con urt golpe de cabeza: Esa boca de salida a la calle, penumbrosa, se ha llevado el vesti-
-¿Ya est.i? ¿Ya pasó? do blanco de Cecilia.
Ante los ojos de la mujer emerge el nifio, entre Juliáp y el marco Cuando Ana inicia con desgano el retiro a su departamento
de la puerta, $in avanzar más que hasta donde estd el hombre. -brazo fláccido, con todo el peso del cuerpo puesto en el picapor-
El rostro de Ángel, con esfuerzo de ojos, de boca, de labios te- se recobra la noción del nifio sentado .arriba, testigo universal,
1 salidos: que aún espera algo del diálogo mudo, como si pudiera reanudarse
¡· -Cecilia, esta noche hay agua. Mafiana no. Hay que guardar. en ese mismo momento. Su mirada recorta la porción de la escale-
1

Cecilia recoge la mirada que tenía puc:sta en el nifio y se le hace ra con la barandilla de raulllustroso en pendiente hasta quebrarse
una mirada plácida o cansada o resjgnada, que acude al hombre en la verticalidad de la columna cuadrada y violeta: un desmesura-
con esta frase: do ángulo que se cierne sobre otro plano donde la madre empuja
-SI, ya pasó. la puerta, sin peso y sin cuido.

*•*

208 209
Comedor de lujo visto desde lo alto y· de ahí, si se desciende a .Ángel se le acerca, frotándose en el antepecho del descallsillo.
una mesa determinada, se encuentran las manos dé Cecilia entre- Ángel, bonachonamente:
tenidas en los pliegues de una servilleta. En el éaíU'po visual donde -No saldrá.
se hallan esas manos estan también las copas -cristal transparente El adolescente se admira:
y verde tallado con aplicaciones plateadas- y sobre una de ellas se, -¿No saldrá? ¿Porqué ... ?
posa el pico castalio espeso de una botella de delgado cuello, que Ángel estira. el brazo hacia la escalera, como una estocada:
vierte cautamente su contenido rubio y se retira. -Se fue.
Parte el mozo y a sus espaldás queda la mesa con Cecilia y Julián. El. adolescente, aliviado:
Julián sonríe, brindando en el aire; Cecilia, tras su copa apenas -¿Vuelve?
levantada, sonríe a su vez. con un aire· de aceptado sacrificio. Ángel, con los hombros, indiferente:
-No sé.
*. * El muchacho del tren deja en el suelo maletín y bolso, encima
la revista. Su índice rasga el celofán de la caja de bombones.
El farol de la esquina, galanteado J)or las mariposas, ornamenta La caja de. bombones abierta ante .Ángel.
la vereda de franjas diagonales: la sombra del tronco de los árboles. Ángel, alzando la mirada:
El caminante que viene con sus bultos es golpeado rítmicamente -¿Saco ... ?
por los espacios de luz, que lo empapan un momento, deleitándose La cara del adolescente, vista desde abajó:
en extenderse sobre sus mejillas frescas y sus hornbrós erguidos, y -Claro ... Sí.
luego se cortan por el tajo de las sucesivas penumbraS. Tres deditos de Ángel entran á la disposición armoniosa de los
La figura se detiene: el ripio, en la calzada, está seccionado por bombones, para capturar uno solo.
una franja de sombra y otra de luz. L.'l figura sale de la vereda. Sus
pies se hunden en el ripio crepitante, pasan a la lisura del pavimen- ***
to y finalmente al puente de baldosas acanaladas.
En la boca de acceso a la casa -cuadro de sombra en la que pecha La mano de julián se· desliza máS abajo del cuello de Cecilia.
sin fuerza la luminosidad de la calle- queda completa la presencia: Cecilia se welca sobre el respaldo del auto, explayándose a la caricia.
del muchad1o del tren. Ojos de Cecilia entornados, en una fu erre concentración de placer.
Una de sus manos se libera de una revista y una caja de bom-
bones y las lleva bajo el brazo izquierdo, que sostiene -los dedos se * ••
abren para abarcarlo todo- el maletín y el bolso.
Yala manoderechaestáenlabotonera, oprimiendo el timbre del C. Ángel saborea el ya comido bombón: su boca sigue rechupán-
El adolescente en la escalera, sube; y arriba, sentado tomo antes, dose. A disgusto de que pueda suceder:
se encuentra el niño. -¿-r.
1e vas ....
< < • ~

El rostro de Ángel gira y brinda, a ló alto del bolso que pasa a ·su De espaldas, el adolescente.está recogiéndo el maletín. Se pasa la
lado, una sonrisa amistosa. correa del bolso azul por arriba del hombro, en el- momento en que
El muchacho del tren llama con el timbre ..Espera. Se da vuelta se vuelve y comuñica al niño:
y sonríe a un punto fijo (donde está Ángel). -Sí.

210 2tl
¡
1'

Ángel, con su concentración o esfuerzo facial para hablar: llevar a julián una. impresió_n de r~nac:ido afecto y confianza; sin
-¿Adónde? sonidos devuelve. Julián esa q:r:tificación, en un respiro del entu-
El adolescente, con despreocupación un tamo desolada: siasmo del juego que lo ~e<,luce de inmediato al arranque de la
-No sé. bolilla, enloquecida prisionera del círculo.
Ángel, apuntando a la caja con el brazo y un dedo: Los sonidos renacen con lá entrada del niño en su casa. Corre
-¿Me das m:is bombones? hacia adentro y lo acompafía la voz de la madre:
Irrumpe la voz de abajo que vuelca ligeramente la cabeza del -Ángel. .. ¿estás ahf?
adolescente y del niño: Ángel abre su pequefía mesita escrhorio. Retira papel cuadricu-
-¡Ángel! ¡Áaangel.. .! lado -un. cuaderno deshecho- y lápiz.
El adolescente y el niño uno frente al otro. Corre de regreso y paralela circula la voz de la madre:
-Tomá. -¿Con quién estabas_.,.?
La mano derecha del adolescente entrega la caja de bombones que Ángel, de carrera la respuesta, como los pies:
las manecitas de Ángel apresan de dos ángulos. Ángel se asombra: ..Cpn el hermano de Ceci_lia.
-¿Toda? Ana, sorprendida, levanta la cabeza de los rabanitos que revol-
¡\ La mano del adolescente se desprende de la caja. vía con la lechuga. Para sí: "¿Hermano? ... " (Ángel fuera del de-
-Toda. Adiós. partamento, juma la puerta cautelosamente). Para el niño, en voz
1 Mirada de Ángel, muy larga, hacia la escalera; luego, cavilosa, a levantada que sin embargo no puede llegar a él: "Cecilia no tiene
la puerta de Cecilia. hermanos".
El adolescente del tren está en la puerta central. de espaldas a El nifío está saltando de dos .en dos, lápiz y papel en mano, el
la casa, indeciso; enseguida tuerce a la der:echa y al pasar fr~nre al pedazo superior de la escalera.
mucho queda eliminado de la visión. Sentado con las piernas abiertas, estira el papel en la baldosa.
Otro llamado ("¡Áaangel!") disuelve esta última imagen y entra La bolilla corre desfalleciente ·el último u:amo, tropieza, salta
en lugar de ella la de una mano -mano de Ángel- que extrae dos arriba, agoniza, se inserta en una ranura -el 12- y ~e deja llevar
bombones y los pone en el bolsillo del pantalón vaquero. Retira por la calesita taraceada de rojos y negros, Todas las cabezas dan
uno más, vacila y lo reintegra a la caja. vuelta con el giro de la rueda_.
El niño cierra la caja, la guarda detrás de una maceta. celeste que En una escena sin $Onidos, Cecjl_i_a ve que Julián, gozador exu-
no altera la frialdad del descanso de la escalera, y corre por ésta abajo. berante, levanta la mano extendida como marcando un nivel de
acumulación o ganancias. Ella lo celebra con bondad, sin abrir los
labios. Él recoge el gesto y lo agradece con un beso al aire.
En el suelo, con el papel entre las piernas, Angel termina de escri-
Con igual velocidad, una ficha nacarada circula unos centímetros bir. La luz le dora la coronilla-, que enseguida queda opaca, porque.
en la mesa de juego y la contienen los dedos de Cecilia. Suavemente él se sale de su zona de influencia inmediata: de un brinco acude a
es desplazada hasta un número, el 5, y otras manos cubren de fichas la maceta y recupera la caja de bombones.
los sectores cercanos. Queda el 5 sólo con la ficha de Cecilia. Una posición nerviosa de acción, en la que da de pleno el nuevo
Sin sonidos se han encimado las fichas; sin sonidos está primero impacto de la madre:
el rostro de Cecilia que aprovecha la pausa. de la expectativa para -¡Ángel! ¿Otra vez?

212
Esta voz reconduce al departamento de abajo y en otro tono ·-¿"Esa casa ... n has dicho?
("Lavare, que ya está") desmoviliza el diario "tabloid" del marido. La ufia ancha de un dedo de Julián se interpone entre la mira-
El hombre camina hacia el baño; el nifio entra sigilosamente al da que viene de arriba y el botoncito de la lamparilla de mesa. Se
hogar. extingue la luz mediocre y se extinguen los rostros insinuados por
Ana viene de la cocina con la ensalada. la fingida brasa.
Un die de la llave de luz y se llena de rojos y verdes la fuente que Las trompetas alargan su metal encima. de la mesa. Lo achiC:an,
circula en las manos de Ana hasta el centro de la mesa. luego; lo acortan, y esa merma musical abre camino a este .susurro
Junto a un plato está un bombón. apasionado y desfalleciente de Cecilia: "Julián ... julián ... ",que se
Dos dedos de la madre lo tocan, por encima, nada nús, y se retiran. traslada con ellos al automóvil (sube hasta el aire, por encima de esa
La madre ha quedado en la esquina de la mesa. · multiplicación de co.ches escolarmeme alineados contra el cord6n
Ante ella, la extensión del mantel rosado: hay tres platos y tres de cemento) y se reitera 'al salir Cecilia, ruchada, de un beso que le
copas: pero sólo dos copas están cargadas de vino, un vino cinco, y ha dejado un brillo de humedad en la grana del labio inferior.
cerca de las dos copas, dos bombones de papel muy igual: un azul julián anticipa. con una mirada de. dominio y entendim'iento
pálido rayado de oro. esta consulta:
-¿A casa ... ?
Mano en bocón de. arranque. Motor en marcha .

Lamparilla cómplice. Mana una luz sosa, sólo sobre un sector •••
de la mesita, y su mansedumbre resiste inconmovida el frenesí de
la música. Un salto, de mufieco de resorte, de nadador, deja al nifio -es-
La voz de Cecilia se abre paso entre los sonidos de la orquesta: p.aldas y piernas desnudas, calzoncillito blanco· muy ajustado- boca
-¿Más vino ... ? ¿Puedo tomar café? abajo en la cama y en un momento ..-,he aquí la mitad delantera. de
La voz de Julián, enrreverada con las sombras, enérgica, pero alegre: la cabeza- dormido intensamente.
-¡No! ¡No seas coma! Surca el pequefio dormitorio, desde más allá, un "¿T.·udarás?"
Una visión puede planear dos metros por encima de las cabezas, que llega. al hombre sentado a su escrirorio, le, hace esbozar un "No
dejar abajo la fuente de música, distante pero existente; circular, mucho"~ que se aniquila atropellado por un "Bueno, no demorés.
leve y ligera, entre el humo q~e es siempre gris Y' siempre azulado; Yo me duermo". En el punto en que él repite la consulta de su
sentirse -la mirada- como un objeto, como una nave aérea que agenda -dedo que se corre por las anotaciones- esto más: "¡La
perfora, separa, recibe cálidas adherencias, envolturas como ga- basura! No te olvidés".
sas ... mare.·use de ausencia y regresar hasta un sitio fijo por encima Cabeceo afirmativo, respondiendo a la orden lejana, mientras
de esa lamparilla hipócrita que apenas insinúa, como si fuera una un dedo marca la línea_ que dice "Documento Gutiérrez", los labios
brasa, la. frente, la nariz, el mentón de los dos que hablan: murmuran "14,928, 14.928" y la orra mano con htpiz muy afilado
-Has ganado tanto ... Podr(amos llenar de cortinas. anota en un block: 14.9 ...
-¡No! Para esa casa, ni un centavo más.
¡Ese silencio ... ! Como si la orquesta y la vajiJJa sonora hubieran
retrocedido. Después, la inquietud de Cecilia:
.•·.
214 215

~~------------------~----------~----------~ . ·-----~
La luz del farol callejero da contra el parabrisas del auto en mar- En sus manos el papel escrito con letra. infantil: "Cecilia: Se los
cha y es como un puñado de fuego frío que chocara el vidrio. Pero trajo su hermano. Me dio tres a mí. Ángel".
el coche arrolla la ilusión y revive su. presencia de bulto oscuro y Las facciones de Julián se inundan de prevención. Cecilia, con
deslizante, tocado aquí y allá por algunos reflejos que luces fugaces la caja en la mano.• ha estado leyendo de costado.
prenden por un instante en los vidrios y el metal de la carroceda. Un envión del papel hacia ella:
Un destello ilumina adentro: Cecilia, como una gran cachorra, -¿Y esto?
se acurruca en el-sacisfecho-de,.sl-mismo, que gula con una mano, Cecilia, perdida de alegría, pero con la tranquilidad del que
la vista. vigilante puesta en el camino. puede justificarse:
Un die llena de luz la cocina y .descubre, para el hombre de -1iene que ser un muchacho que conocí ...
abajo, el tacho de zinc de los residuos. Se inclina :r levantarlo. Juli:in {un rostro súbitamente endurecido):
El coche ondula-para no hundirse en el ripio-y una rueda mon- -¿Dónde? ¿Cuándo?
ta el borde. Crujido de molienda: Frenada suave. Motor que calla. Cecilia, ya en defensa:
El tacho, .llevado de la.S asas, cubre de cintura abajo al cuerpo del -Esta mañana, en el tren.
hombre. Un codo del brazo cargado con la lata presiona en el pica- Juli:in, con toda la carga·en la franja que toma los ojos:
pone. La puerta se vence y un pie la pecha, aumentando el espacio. -e:Y ya está aquí con bombones?
Un porrazo de puerta de auto. Otro. Y el marido de. Ana se in- Cecilia retrocede como ante una embestida y hace valer:
moviliza, con el racho en andas. -Es un chico, Julián. Es un chico.
Los pasos, que vienen, allá por la entrada, lo empujan adentro. Pero una .mano la alcanza de súbito y le estruja el vestido a la
Deja el tacho en el suelo. Respira. Entorna la puerta, sin alejarse de altura del escote:
ella, mientras su mano busca a ciegas el interruptor de la luz. Ense- -¡Mentime; también!.
guida se hace, en el interior, la sombra. De afuera sólo se distingue Tras el reto, la sentencia, pausada:
la. puerta despegada un centímetro del marco. -Es lo único, c:sabés?, que me faltaba para decidirm~.
~~ha ~asado -¡tan fugazmente, ante la rendija!- ese cuerpo de
Las últimas palabras han sacado su filo mientras Cecilia. se ve.
muJer, dóc1l a un abrazo de consecuencias inmediatas previsibles. impulsada hacia la pared por la fuerza del brazo que la tiene to-
En la mirilla ocasional ha qt:~edado un listón. de rostro agitado, mada. De aquellas palabras fluye la. imagen del cuerpo femenino
turbado de raíz, con los labios abierros por calda del maxilar in- compelido por el otro contra el muro; de toda la situación nace
ferior, como si tuviera una gran sed. El fragmento vertical de cara la transfiguración del rostro de Cecilia, que llega a expresar: "Ya
ret,rocede, se confía a la penumbra. entiendo", y se resuelve en un grito de desesperación:
Juli:in y Cecilia emergen al descanso de la escalera ligados en -¡Vos querés dejarme!
un abrazo carnal. De atr:is, de m:is arriba de ellos, se ve el brazo El hombre de abajo (que surgía de nuevo con el. tacho de basura)
potente que rodea. a la mujer y, allá. adelante, la puerca con la letra responde con el gesto al grito, como si lo hubiera sacudido.
C. Si el enfo~ue desciende manifiesta en el suelo una caja chata y La mujer, atracada ahora con más violencia, sufre la orden entre
un papel sem1volcado sobre ella. Es lo que Julián y Cecilia en sus dientes:
rostros muestran advertir. -¡Callate, infeliz! ¡Te oirán todos!
El brazo de Juli:in se desentiende de la cintura de mujer y el El hombre de abajo desatiende y sigue con el racho a la calle.
cuerpo del hombre se dobla hacia el suelo. Cecilia, cerca de la crisis, aminora el grito, pero sopla:

216 217
-¡Me dejás! ¡Me dejás! El hombre con la mujer cruzada sob~~ los brazos está. en el li-
Un zamarreo (el cuerpo de ella rebasa el otro, a derecha e iz- ving-room, lleno de una luz. lunar q!Je entra en abundancia.por la
quierda) y Cecilia, aunque zarandeada, recupera el dominio para ventana abierta. ~1 mira hacia los costados, orientándose.
volverse estridente: Sus brazos. la entregan, extendida, al lecho. Apoya una rodilla
-¡Bruto! ¡Traidor! en tierra, para sacar las manos de bajo del cue~po sin forzado por el
Resaltan las cejas espesas del hombre recio. tirón. Queda en esa posiciqn, junto al ,lecho, contemplán4ol;t.
La mano izquierda stielta el vestido y de revés cachetea a·Cecilia. El seno desnudo se halla tan cerca de su rostro que. el ali~nto del
Un fragmento del rostro de Cecilia -en diagonal, ·por el dislo.: hombre jadeante pu~de humedecerlo. Con. la punta de los dedos,
camiento del golpe- con unos ojos dolidos. Lá voz. bronca y pro- con los miramientos que requiere la extrema fragilidad, !o levanta
fundamente segura: y procura introducirlo en el vestido blanco. El seno s~ descuelga de
-¡Traidor! ¡Te haré mil dafios! nuevo, por el desgarrón de la r~pa.
El puño derecho de él se descarga sobre la sien de Cecilía y ella Otra v~. ya .po con las yemas solamente, sino hacien<,lo comba
se derrumba a los pies del hombre. con la mano para soliviarlo. Pero la cabeza del hombre cae, deses-
Las piernas d'e Julián dan vuelta y·esqtpan. perada, y asienta la mejilla en la carne de la mujer.
Cecilia permanece en el suelo, sin sentido. Por el vestido desga- Un rato así. J.os ojos del hombre que no quieren ver, los párpa-
rrado cuelga un seno. dos haciéndose violencia y la nariz que sorbe los perfumes íntimos
El hombre de abajo llega a su puerta. Le hacen ·volver la cabeza y trastorna la cabeza. marcándole un movimiento de desesperación.
pasos veloces en la escalera. Su miradá sigue uri movimiento· de .gs insignificante, pero se transmite al pecho de Cecilia..
descenso y salida, atónita. Entonces dirige. arriba el gesto intrigado, La cabeza de. Cecilia está volcada sobre la almohada. Ella. parece
que no se altera por un portazo lejano, del auto, mas enseguida venir del sueño. Percibe la mejilla contra su seno. Suspira guardán-
obedece al sonido del. motor que arranca y del coche que parte. dose de no agitar el pecho. Cie.t:ra con fuerza los ojos. P.róxima al
Impreciso, insegul"O, retorna, junta la puerta del departamento, llanto, con voz muy tenue y espe_ranz.ada, nombra:
porte. en la baranda la mano izquierda y en el primer escalón un -Julián ...
pie, con una blandura que traduce el miedo de denunciarse. El hombre, como si obedeciera a un repentino recuerdo, yergue
Prudente,enguardia,asomalacabezaporlaescaleraaniveldel,piso la frente. Luego, den:otado, con la curvatura vertebral de un simio,
del descansillo y ahí tiene ante los ojos, tirada en el suelo, a Cecilia. arrastra los pies apartándose, d~ ahí.
Una imagen, para. la mirada. del hombre, de todo el cuerpo de La mirada de la mujer sondea las sombras -la mano abierta cu-
la mujer. bre delicadamenfe el seno- y asiste a la acción de sentarse de una
Una imagen del pecho liberado de la ropa, que el hombre recoge figura quebra~, irreconocible al leve contraluz lunar que apenas
con un dolor que le sube a los ojos. accede a. la hapiración.
Le asienta los dedos sobre la zona del corazón y hace un cabeceo Un silencio que gravita en todo el cuarto.
suave, de comprobación satisfactoria, la de que esa vida subsiste. De la figura sentada viene, a los ojos .de Cecilia, una voz. rc.Sig-
Mira la puerta cerrada, el picaporte, el bolsito de noche que está nada a hablar:
en el piso, junto a la caja de bombones. . ~oy el marido de Ana. Usted estaba desmayada. La traje.
La .mano prueba el picaporte, que no acciona la puerta; se tras- Cecilia baja los párpados. Respira hondo. Le llega otro man-
lada al bolsito y encuentra la llave. toncito de palabras:
218 219
-Tiene que perdonarme. .Late en la armósferá la espera.
Al cabo, la voz. de un hombre que ha recapacitado:
Cecilia, sin abrir los ojos, apenas resuelta a sosre~er d diálogo:
-¿Perdonarle qué ... ? -¿Volverá ahora? Digo ... ¿él volverá?
Cecilia, plena de apatía, de desengafio: 1 1
-Usted no sabe ... -dice el hombre, oprimido, culpable; pero
aún rebeldemente apasionado. -Quién lo sabe. 1 1
.El hombre deja, ·finalmente, la silla. Anuncia, con una vibra-
Cecilia aprieta los párpados, sume entre los dienteS el labio infe-
rior, en una intensa concentración de ese tono en sí misma. ción de coraje y de miedo::
-Voy a traer algo. Espéreme.
. De arriba, d cua~ es de grises densos, de suefio cargado de palpica,..
Camina adonde la luna está más cerca.
aones. Pero más enama, sobre los tejados y la silueta de las chimeneas,
Cecilia lo ve partir y levanta. la cabeza con esfuerzo. Después se
la luna es un botón de nácar, ligeramente desgastado en un borde.
El cuerpo de Cecilia, con su vestido blanco, es también de nácar abate y llora en silencio.
Se corre la mano del hombre por la baranda: él desciende atro-
Y asimismo algo hay gastado en él, la voz., que emana sin ilusiones:
-¿Usted sería capaz de pegarle a un hombre? Castigarlo, darle pelladamente la escalera.
una lección ... Ame su escritorio, que permanece iluminado, está .Uerta al sector
de los cuartos de dormir, gesticula con la boca para que no trascienda
Esa cabeza entre los grises, que se vuelve con su asombro:
la agitación por serenarse, para tirar sin ruido de un cajón.del mueble.
-¿Pegar ... ? ¿A quién?
Abre el revólver. De atrás, el tambor revela completa y pulida la
El. cuarto es más, ahora, un cobijo de sombras, porque esrán
también las d~l agobiamiento, sobre la una y el otro, hasta que el carga.
Débil, agotada, Cecilia se recuesta contra la puerca del depar-
?o~bre reacciona, como respondiendo a la claridad mental que
md1ca el monólogo: tamento, por dentro, donde la luz del cielo se refleja a través del
espejo, de los merales. Es como si estuviera capando la entrada.
-Ya comprendo ... se. Ahora sí.
De pron~o, con un tono que es como un salto, como un repro- Luego echa llave.
El hombre de abajo cierra la puerta de su departamento. Sube la
che de humillado que resiste una insinuación temible:
-¿Por qué yo? escalem haciéndose liviano¡ con cuidadosos recaudos.
Cecilia, con escasísima firmeza, regresa por el living-room.
Los brazos del hombre baten su propio cuerpo. Cecilia conside-
El hombre de abajo presiona el picaporte, en el departamento
ra esa figura en silueta, que se ofusca. y se golpea.
La protesta persiste: de: Cecilia, como si lo cobijara, para ahogar el ·posible chirrido. La
manija llega a un punto y la puerta no cede. Él comprueba la jun-
-¿Por qué yo ... ? ¿Qué gano con eso? ¿Qué saldría ganando?
tura intacta de la puerca y el marco. Repite el impulso sobre el pica-
Los brazos se alisan, se amansan. El rapto de enojo declina.
porte y lo ayuda con la pierna, que hace fuerza en el panel inferior.
En la ~o na de sombra, entre la mujer y el hombre, se establece la
contestación: Toma distancia, como a contemplar esa situación inesperada.
-Ganarla ... lo que usted desea. Se encorva sobre la puerta, igual que para una confidencia, y
golpea con suavidad. Los nudillos marcan un toque; quedan sus-
Gira, vehemente, sacudida, la cabeza del hombre: busca ·con
pendidos en el aire, en espera; llaman de nuevo; esperan.
sorpresa ~la mujer que ha pronunciado la oferta. Se alarga la cara,
El hombre espera con todo el cuerpo, encogiéndose contra la
de tentación,. de temores. Pero con un sacudimiento de energía
vuelve a su quicio. puerta, como si eso disimulara el volumen.

221
'220
Un cortaplumas cerrado raspa la rugosidad del vidrio opaco. A Recurre la. voz interrogativa: "¿Café?",, y siguiéndola se halla a la
1
ese llamado, el hombre suma una voz de garganta amenguada {los mujer de abajo en su cocina. • J

labios casi encima de la puerta): Ollas de panza celeste, lecheras y jarros de &!o aluminio, espe-
-Soy yo, Cecilia. Ceciliá, soy yo. jean tes de agua, ocupan la pileta~ La. mano de Ana retira una bote-
La fricción del cristal llega al lecho: Cecilia se crispa. (dientes lla y agrega agua. a la cafetera que vaporiza sobre el fuego.
que se torturan), se estremece y enseguida sacude la cabeza a. uno y Cecilia se moviliza con desgano a la ventana del living-room.
otro lado, con vigor, como negando, como negándose; corta unos Con los dedos hace alero a los ojos y comprueba la presencia del
gemidos que apuntan y se confCa a un llanto de muchísima pena. trabajador. Mira el sol: abre la boca con desagrado como si el calor
El hombre, con el fracaso en su figura, que fCsicamente pare- la hiciera más pastosa. Se vuelve con la expresión. de quien va. a
ciera haberse vuelto miserable, de la cabeza gacha saca una mirada mandar, pero se corrige blandamente, como recordando que no
hacia arriba: otra puerta, con la letra D pintada..La vista recorre el está la que recibía órdenes. Por la ventana se inclina al patio pro-
muro y da con la llave de luz del descansillo ..El hombre se acerca. fundo. Uama:
En la penumbra, contra el rincón de una puerta, queda acurru- -Ángel.
cado un hombre. De cerca se le oye: Con un leve alzamienro de los· ojos responde Ángel a la seduc-
-Cecilia ... Cecilia ... ción que para él tiene el llamado.
Un tiempo sin cambios. El rostro· del hombre, en el espejo, se relaja.
-Puede abrir: soy yo ... Cecilia ... Señora. -¡Ángel! -recl~a Cecilia y el niño, que está levantándose del
suelo, grita a su vez u¡Sf, voy!", suelta el rollo de piola que termi-
*** naba de formar, el rollo cae y rueda sobre un bárrHete anaranjado
que se aplana sobre el suelo.
A la luz total; un sonido de garganta de fuego, el golpe de llama Ángel oprime el "timbre de Cecilia. La puerta se abre.
del soplete sobre el caño que se colorea de un azul iñestable. La mano del hombre descuelga el espejo. Las dos manos plie-
En diagonal, el busto del obrero, con la atención succionada gan nerviosamente el cable de la afeitadora y lo colocan en la caja,
por la soldadura. La frente se moja de sudor; por debajo de la gorra· junto a la maquinita. •
se cuela un chorrito. Pa,rpadeando, mira el sol, que arde en blanco El niño entra corriendo a su departamento. Un brazo del hom-
y pareciera superponer imágeqes de discos blandos y flotantes. bre lo contiene. El padre, desde su: altura, lo interroga, con un tono
~n las manos del plomero el soplete sigue soplando fuego y el discreto y riguroso:
so m do de la bocanada crece ... hasta confundirse con el sonsonete -¿Qué quiere?
eléctrico de una máquina de afeirar, que. al fin queda solo cuando Los labios del nifio se afinan apuntando adelante; las cejas se unen:
conduce a un espejo pequeño y redondo que contiene un fragmen- -Agua, un balde. No guard'ó.
to de la cara del hombre. La. mano del padre suelta el hombro del niño.
La voz de Ana se encima al chillido de la maquinilla: Ángel entra. a la cocina con el mensaje:
-¿No es tarde? -Mamá, Cecilia dice ...
El hombre tuerce la boca en el espejo, para afeitar el borde ex- En la pileta de la cocina, Cecilia pone un vaso bajo el grifo. Accio-
tremo de los labios, y conresta: na la llave. Se suelta un chorrito flojo. El vaso, tomado por los dedos
-No; las 10. de Cecilia, sube hasta. uansparenrar en su interior el pico de la canilla.

223
Se forma un fondito de agua, .nada más. Cecilia lo lleva a la boca. -No vengas demasiado tarde, te pido.
Chasquea, insatisfecha. El vaso vado queda en el mesón de granito. El hombre traspone su puerta. Ahí a un paso de él, el nifio salta
En este punto, aquí adelante, comienza una "mesa <Je cocina. La del tramo inferior de la escalera. El envión lo lleva, casi, a chocar
superficie del nylon se tiende desnuda hasta el otro extremo, donde se con las piernas del padre.
apoyan los codos del hombre de abajo, que sOstiene una raza doble de El hombre, severo:
café. El vapor de fluctuaciones lentas flota delante de una cara cavilosa. -¿Más agua?
El niño tironea por la escalera el balde de agua. El balde golpea en El nifio, auscultando al padre como si su mirada trepara una
su pierna, el agua padece un remolino y suelta una ola que se hace vertical, porque lo tiene.muy encima de él, tímidamente informa:
charco en el escalón. -No, mi volanún.
Ante su escritorio, el hombre de abajo guarda papeles en el Estira un brazo hacia la calle:
portafolios. -Las hc;>jas se mueven. Hay viento. Un poquito.
Ángel, ya sin el balde, vuelve a trote rápido al hall. Descubre al El padre repite el movimiento explicado, con un giro de dedos
padre en el ambiente contiguo. Se frena. Un gesto del padre averigua: abiertos, en la cabellera de la criatura. Los mismos dedos impulsan
"¿Y ahora ... ?". El nifio explica, con ampulosidad de ademanes: la ca:becira hacia adelante, y este es el consentimiento.
-Más agua. Para tomar. Tiene sed. La otra era para lavarse. El padre, que todavía no ha. dado un paso más, recupera en su
Un gesto adusto del padre que significa: "¡Ah! ... Está bien ..Puedes ir''. rostro la distensión de la. vida común. Pero en el mismo instante
En la. concentración de recipientes con. agua que ocupa la pileta, pul- baja una corriente de música.
gares e índices del nifio anillan el ancho cuello de una botella lechera. Medio cuerpo de Cecilia, en bata muy suelta, se aparta del
La mano del hombre corre el cierre aUlomático del port:ifolios, combinado, que q~eda con su .sola presencia de objeto emanando
que se atasca en una curva. aquella música.
Cecilia bebe directamente de la botella lechera, con avidez; Unas Ahora las facciones del hombre se trastornan de inquietud.
gotitas desbordan de la boca, se escurren por la cara externa del vidrio .El hombre toma la baranda, pero mira indeciso su puerta. Mira
y caen perpendicular y espaciadamente. Chocan -una, dos, tres- en; por el hueco de la escalera arriba, comprueba el vado de la entrad:J,
la cabeza del nifio, que levanta la fuz hacia la mujer y ríe, gozoso, de calle. Salta a la escaleta. Las piernas se sacrifican al estirar~e por
divertido ..El rostro de ella sonde a través del vidrio, sonríe al nifio, y ahorrar escalones.
la risa y la sonrisa se encuentran, se estimulan, se corresponden. La puerta de Cecilia está entreabierta.
La mano enguantada del plomero apaga la llama. del soplete Cecilia, en su dormitorio, descuelga de la penumbra fresca del
dorado (se corta el sonido furioso del fuego) y la cara del obrero placard un traje de calle luminosamente durazno.
sonríe. La mano enguantada soba la soldadura. La cara del trabaja- El hombre entra como un empellón. Cierra descargando el
dor está sonriente, satisfecha del trabajo terminado. cuerpo contra el vidrio opaco. Un jadeo lo recorrefntegramente.
El hombre de abajo sale del escritorio con el portafolios marrón Por el portazo, Cecilia queda conla percha en alto, inmovilizada,
bajo el brazo. Al circular por el hall vira la cabeza y saluda en di- para atender.
rección a la cocina: El hombre, con un arranque poderoso, enfila al dormitorio.
-Bueno, hasta luego ... La mujer muestra. que ha comprendido. Arroja el traje, entra a
AJas espaldas del. hombre que se encamina a la puerta. acude la un. pasillo (al costado izquierdo se ve el bafio), dobla a la derecha y se
respuesta: asoma con precaución. Su mirada se corre por el muro y encuentra

224 225

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al hombre que cae sobre la p~erta del dormitorio. Cecilia circula Medio cuerpo del nifio: los brazos sostienen el piolln como un
por detrás y alejada de ~1. hacia el living-room. fusil liviano y el rostro está ansioso por el vuelo del. volantín y el con-
~lla oye, salta en redondo y la conmina: trol del propio equilibrio. De la mano se sigue el piolln hasta el rollo
-¡Ni un paso más! caído y el rollo, ya ·pequefiito, se halla·a los pies de Ángel: los pies de
Sin volverse, sin verlo, Cecilia corta la carrera; pero enfrente Ángel en una canaleta de ~esagile, donde apenas pueden estar, por-
tiene la ventana y se vuelca de bruces sobre el marco~ que inmediatamente se recuestan en· pendiente las chapas de zinc.
Por la inclinación brusca de la cabeza, capta en velocísimo paso: Cecilia, en contraluz que le pone un poco de oro en la mejilla:
arriba, el nifio-un barrilete naranja; abajo, en el fondo, Ana y su -¿Quiere hac:erme dafio?
cepillo de piso que avanza y se retrae. Va a gritar. Elhombre, exasperado, desesperado:
Simultáneamente, al hombre se han revelado, más allá. del cuer- -¡No! ¡No es eso! ¿No me entiende?
po de Cecilia, el obrero y el nifio. Ataja el sospechado grito: El rostro de Ceci_lia, de ·frente, lleno· de luz solar: los párpados
-¡No me obligue, Cecilia! se inclinan, el labio inferior se muerde sin crueldad.
La amenaza detiene todo un momento. Y ame ese tiempo sus- El plomero salta del tanque· al techo de arubberoid". A:rriba
pendido, la voz del hombre embiste la nuca. de Cecilia: tremola el barrilete. 1!1 lo percibe y abierto de piernas .se para a
-¡Por dios, que si habla ... ! comemplarlo. Sin energía previene al nifio:
Cecilia. no ha hablado. No habla. Ahora se alza. Pero no se des- -No esrás firme. Un tirón te puede voltear.
une de la ventana. Las manos éstán prendidas de la. madera. Contrá Cabeia del nifio. Oye, pero se sacude en una negación, sin
el azul limpio del cielo.• la cabeza recupera la vertical y el vientecillo mirar al obrero. La boca se ensancha de placer y los ojillos deste-
que el nifio dijo quiere llevarse unas hebras de pelo. llan. Peleando al sol con los párpados, observa su barrilete, que
Se suelta -abundante, rica en brillos metálicos que suben y se allá en lo alto forcejea, pero se despliega con la nitidez de su plano
hunden~ el agua del cafio que se derrama en el. tanque y se agita horizontal.
en su prisión de cemento. En escorzo, el cafio de boca, espumosa La cornera. en el aire es un anaranjaqo ·movedizo·, pero concreto,
y la figura del obrero con la frescura y los centelleos del agua en que se define contra. to·do el azul de la alta mafiana.
la alegría del' semblante. Por enCima de su hombro, en el aire, se Cecilia ha puesto la mirada en la limpidez de vuelo y color del
bambolea el barrilete. barrilete; A través del nuevo poder que toman sus ojos; pareciera
El nifio está saltando -allá abajo hay un. vado- de su techo al que eso la alienta y afirma·. Previene al hombre.
otro, más encumbrado, de zinc, de dos aguas. -No, espere. No me moveré de aquí.
Cecilia (en la ventana, entregada a laluz), corl una voz que sólo Y repentinamente participa en el juego del nifiO'. L-e grita:
puede llegar al hombre: -¡Arriba, Ángel! ¡Más alto!
-¿Está armado? El nifio ·recibe el estímulo y sonríe hacia donde presiente· que
La expresón del que ha sido descubierto en falso, en el hombre está ella, sin volverse ert absoluto. Por las manos deja escurrir más
adosado a la pared interior. Pero se recobra y miente: pioiin. El barrilete, achicado, distante, ;hace cabriolas, que trans-
-Sí. miten felicidad al chico. Cecilia se exaita y rnanda:
Los dedos de Cecilia aprietan con mayor fuerza la ventana. Sin -¡Más, Ángel! ¡Más!
embargo, la cabeza, dada al aire, permanece erguida y orgullosa. El plom·ero mira los pies del nifio, que se están olvidando de la
Airosa y tersa, la cometa está en el firmamento. canalera.

226
.El hombre de abajo mira las piernas desnudas de C~cilia. a. los ojos y los pone aguachen tos ... El cuerpo se afloja y mansamen-
El plomero reacciona con violencia y vocifera: te se entrega al plano inclinado de las chapas de zinc. Un momento
-¡Qué hace, señora! ¡Mándele que baje! se desliza as{; sin voluntad, pero de pronto las manos reaccionan y
El hombre de abajo se echa al sudo. Se a{rastra con la fiebre de tientan un último· e imposible asidero.
alcanzar esas piernas de mujer. El obrero hinca las rodillas en el ttecho y tiende los brazos en si-
Excitada· y contenta, Cecilia replica al trabajador: lencio, como para recoger a la criatura que va cayendo cinco me-
-¡Déjelo! No tenga miedo. É puede. ¡Es un ángel! tros más allá.
El pie del niño se apoya en un grueso clavo herrumbrado que El cuerpito choca en la canaleta. Ángel abre los ojos. El cuerpo
sobresale del zinc. Impulso y ascenso. Arriba descubre, minúsculo, rebota. Ángel mira: debajo, una terrible profundidad lo absorbe.
el punto anaranjado móvil. Tiene, el rostro de- Ángel, plenitud de ¡Grita! ¡Grita desde muy adentro!
dicha. Se arroba en todo cuanto lo circunda: a su nivel, en la vecin- El grito golpea en la impavidez de los edificios. Golpea en el
dad, le guillan eón sus inconstantes cuajarones de sollos vidrios de living de Cecilia: Cecilia y el hombre ávido luchan en el suelo. El
los departamentos horizontales; en. un baldío puro polvo y e5com- grito magnetiza y esculpe la. cabeza del hombre y todas las fuerzas
bro, los chicos se dejan perseguir por un perro retozón y coludo. del hombre lo empujan a la ventana. Encara el techo; la mirada
Arriba de nuevo, los ojos del nifio, a la búsqueda de su querida busca, enredándose en el trabajador dobl~do y trémulo, se resig-
cometa. Pero la vista queda subyugada por el vuelo en repentinos na y baja, hacia el fondo del patio, y entonces la cabeza se hunde
arcos de una silenciosa familia de palomas. Grises, azuladas. Un más, como para saber más hondamente.
imprevisto y suave viráje y muchas de ellas descubren, al levantar Desde su humillacion en el suelo, Cecilia lo ve salir de la luz pu-
las alas, la blancura tierna del plumón interno. jante de la ventana, clamando como para atajar algo poderosísimo:
Se salen de embeleso los labios del niño, que un momento ha -¡Soy culpable! ¡Soy culpable! ¡Soy culpable!
estado cerca de todo aquello y lejos de todo lo demás, sin escuchar Apoyándose en un codo, la mujer levanta el torso desordenado
ru1'd os nt. voz al guna ... ¡pero ah ora1..• por el combate. En torno de ella, la voz desenfrenada se reduce,
-¡Más, Ángel!_ ¡Más! ¡Todo el hilo! ¡Hasta el cielo! pero no cesa.
Áng~l tiene un sacudimiento de emoción y de gusto por la in- El hombre ha bajado por la escalera y en la escalera queda sus-
citación, reflejo de su victoria. Suelta· toda la pistola y el rabo se le pendido el lamento:
escapa. Tiende .las manos -frenéticas- para alcanzarlo. Sus manos -¡Soy culpable! ¡Soy culpable!
están prendidas del ai~e. Cecilia sacude la cabeza para sacárselo de los oídos.
Un grito, en ese instante, va más alto que los brazos del niño. Ahora la voz del hombre brota de otro sitio. Cecilia mira a: la
Pasa la cara brutalmente sorprendida de Cecilia: cae hacia atrás y ventana vacía y entonces asciende el estallido:
de adentro del living se ve el vuelco, que el hombre echado en el -¡Hijito! ¡Hijito!
piso provoca con un tirón tramposo de las piernas. Pero nada más.
Un grito de Cecilia queda como inscripto en el aire, y .en los Cecilia acuesta un antebrazo en el piso, la cabeza derrotada.
oídos del niño choca con un gemido de furia del plomero: Consigue sacar el cuerpo del suelo y, erguida con una altura nueva,
-¡Señora, lo mata! se adelanta al cuadro de luz. Una mirada al azul ordenado del cielo,
La criatura se estremece y ... arriba, de improviso, el círculo de como una búsqueda de serenidad, y mira hacia abajo, sin doblarse,
palomas se inclina y todo es blando e inestable y el marco, que viene con temor de ver lo que enseguida descubre: unas personas, allá en

228 229
d fondo del patio, unas personas de cabeza.incllnada muy cerca las
unas de las otras c¡ue no se mueyen.
Se vuelve, absorbidas las fuerzas físicas. Se corren unos_ pasos a
la derecha, como a esconderse, pero rígida, adosada a la pared.
Escucha, escucha .. El pecho empuja de expectativa. El rostro
esrá tenso por la necesidad desesperada de escuchar. EL CARil'J'O DE LOS TONTOS
Pero nada. se oye.
Entonces, unida verticalmente al muro, lúcidos los ojos en un
afán de altura, sus labios principian a rezar: 1961
-Padre Nuestro que estás en los. Cielos ...
Y eo ese momento, desde el patio profundo comienza: a subir,
m_uy delgado, el .llanto.

El (ilntio d~ los tontos, Buenos Aires, Go)'2narte, 1961. "Caballo en el salitrnl• fue
~itado luego en sucesivas antologías dd nucor: Two Storin, edición bilingile cspafiol-
mgl~. Mendoza, V()ccs, 1965; Caballo m ti salitrtú, Barcelona, Brugucr:a, 1981; El
juicio tÚ Dios. Buenos Aires, Orión, 1975; Pdginas tscogid.u tk Antonio Di Bm~dttto.
&k(cioiUlJim por ti autor, Buenos Aires, Ccltia.. 1987.

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. ----·
CABALLO EN EL SALITRAL

Agosto de 1924

El aeroplano viene coreando el aire.


Cuando pasa sobre los ranchos que se le arriman a la estación,
los chicos se desbandan y los hombres envaran las piernas para
aguantar el cimbrón.
Ya está d,e la otra mano, perdiéndose a ras del monte. Los nifios
y las madres asoman como después de la lluvia. Vuelven las voces
de le;>~ hombres:
-¿Será Zanni ... , el volaqor?
~No puede. Si Zann.i le est4 dando J:,¡ vuelca. al mundo.
-¿Yqu~, ª~Q no ~tan]O$ eJ) el mundo?
-Así es; pero ·eso nQ Jo sabe nad.ie, aparte de np,sotro,s.
Pedro Pascual <;>ye y se guJa por los más encerados: tiene que ser
que el aeroplano le sale al paso al "tren del rey".
Humberto de Saboya, príncipe de Piamome, no es rey; pero lo
será, dicen, cuando se le muera el padre, que es rey de veras.
Esa misma tarde,. dicen, el príncipe. de Europa estará allí, en esa
pobrecita tierra de los medanales.
Pedro Pascual quiere ver para contarle a la mujer. Mejor si estu-
viera acá. A Pedro Pascual le gusta compartir con ella, aunque sea
el mate o la. ri.sa. Y .no le agrada. estar solo, como agregado a la visi-
ta, del;tl)te del ~or~alón, No es hosco; no está asentado, nomás: los
mendQcinos se ríen de su tonada cordobesa.
Se refugia en el acomodo de los furdos. Tama tie,rra, ,la del pa-
trón que él cuida, y tener que cargar pasto prensado y alambrado
para quitarles el hambre a las vacas. Las .manos que ajustan y cin-
chan dan con. los yuyos qué han segado en el camino: previsión

,233
1
medicinal para la CJ.sa. Perlilla, rabaquillo, té de burro, arrayán, ataja. Los chicos están como chupados por lo que no ocurre. Los
; 1 aramisque ... Mueve y ordena los manojos y la mezcla de fragan- hombres caminan, largo a largo, pisan fuerte, y harían ruido si pudie-
cias le compone el hogar, resumido en una taza aromátiCJ.. Pero se ran, pero las alpargatas no suenan. s~ h~lan aho, por mosrrar coraje,
1 adueña del olfato la intensidad del ramillo y Pedro Pascual quiere mas ni uno solo mira al tren, como si no estuviera.
compararlo con algo y no acierta, hasta que piensa, seguro: "Este Después, cuando se va, sf, se quedan mirándole la cola y a los
es el rey, porque le da olor al campo". . "S
comentarios: ¡ erá'... ".
Antes de que el tren sea una memoria, llega de atrás el avioncito
obsequioso, dispuesto a no perderle los pasos.
¿Eso, el tren del rey? ¿Una maquinita y un vagón dándose humo?
No puede ser; sin embargo, la gente dice ...
¡' Pedro Pascual desatiende. Lo llama esa CJ.rga de nubes azuladas, Teqdrá que ·arrepentirse, Pedro Pascual, de la curiosidad y de la
bajonas, que están tapando el cielo. Se siente como n'aic:ionado, demora; aunque poco tiempo le será dado para su arrepentimiento.
como si lo hubieran distraído con un juguete zampándole de atrás A una hora de marcha de la estación, donde ya no hay puestos
la tormenta. No obstante, ¿por qué ese disgusto y esa preocupa- de cabras, lo recibe y lo acosa, lo ciega el agua del cielo. Lo achiCJ.,
ción? ¿No es agua lo que precisa el CJ.mpo? Se, pero ... su CJ.mpo está lo voltea, como si quisiera tirarlo a un pozo. Lo acobarda, le mete
más allá. de la Loma de los Sapos. miedo, trenzada con los refusilos que son de una pureza como la
La maquinita pira al dejar de lado la estación y a Pedro Pascual hoja del más peligroso acero.
le parece que ha asustado las nubes. Se arremolinan, cambian de Pedro Pascual deja el pescante. No quiere abandonar el caballi-
rumbo, se abren, como rajadas, como pechadas por un soplido for- to; pero el monte es achaparrado y apenas cabe él, en. cuclillas. El
midable. El sol reCJ.e en 1a arena gris y amarronada y Pedro Pascual animal humilde, obediente a una orden no pronunciada, se queda
siente como si lo iluminara por dentro, porque el frente de nubes en la huella con el chaparrón en los lomos. .
semeja haber reculado pára llevarle el agua adonde él la precisa. Entonces sucede. El rayo se desgarra como una llamarada blanCJ.
Ahora Pedro Pascual se reintegra al sitio donde está parado. y ,prende en el alpacaco de ramas curvas que daban amparo al hom-
Ahora lo entiende rodo: la maquinita era algo así como un ras- bre. Pedro Pascual alCJ.nza a gritar, mientras se achicharra. Ruido
treador, o como un payaso que va delante del circo. El "tren del hace, de achicharrarse.
rey", el tren que debe ser distinto de todos los trenes que se esca- El caballo, a unos metros, relincha de pavor, ciego de luz, y se
pan por los rieles, viene más serio, allá atrás. desemboca a la noche con el lastre del carro y el pasto que le hunde
las ruedas en .fa arena y en el agua, pero no lo frena.

Es distinto, se dice Pedro Pascual. Se da razones: porque en el


miriñaque tiene unos escudos, y dos banderas ... ¿Y por qué más? Clarea en el bajo, mas no en .los ojos del animal.
Porque parece deshabitado, con las vencanillas caídas, y nadie que Ha huido toda la noche. Afloja el paso, somnoliento y vencido,
se asorne, nadie que baje o suba. El maquinista, allá, y un guarda, y se deriene. El carro le pesa como un tirón a lo largo de las varas;
acá, y en las losetas de porcland de la estación un milico cuadrado sin embargo, lo aguanta. Cabecea un sueño. La pititorra picotea la
haciendo el saludo, ¿a quién? superficie del pasto y a saltitos lleva su osadía por todo el dorso del
La poblada, que no se animaba, se cuela en el andén y nadie la caballo, hasta la cabeza. El animal despierta y se sacude y d pajarito

235

l
le vuela en torno y deja a la vista las plumas blancas del pecho, yaguarondíes, si bien eso no está en los alcances del carguero y él
adorno de su masa gris parduzea. Después lo abandona. tira al médano.
El cuadrúpedo obedece al hambre, más que a la fatiga. El. pasto L'l. arena es blanda y blandas son las curvas de sus lomadas. Otra, de
mojado de su carga le alerta las narices. Hunde el casco, afirma el rectas precisas, es la geometrla del carro que se esfuerza por montarlas,
remo, para darse impulso, y sale a buscar. Sin embargo en esa guerra de arena, tiene un resuello el animal.
Huele, trata de orientarse, si bien donde está ya no hay ni la Ofuscado y resoplante, tupidas las fosas nasales, no ha sondeado
huella que ayuda y el silencio es tan imperioso que el animal ni re- en largo rato en busca de alimento, pero el pie, como bola loca, h,.
lincha, como si participara de una mudez y una sordera universales. dado con una mancha áspera de solupe. La cabeza, por fin, puede
El sol golpea en la arena, rebota y se le mete en la garganta. inclinarse por algo que no sea el cansancio. Los labios rastrean codi-
No es dificil -todavla- beber, porque la lluvia reciente se ha ciosos hasta que dan con los rallos rígidos. Es como tragarse un palo;
aposentado al pie de los algarrobos y el ramaje la defiende de una no obstante, el estómago los recibe con rumores de bienvenida.
rápida evaporación. El ramillete de finas hojas del coirón se ampara en la reciedum-
El olor de las vainas le remueve el instinto, por la experiencia de bre del. solupe y, para prolongar las horas mansas. del desquite de
otro dla de hambre desesperada, pero el algarrobo, con sus espinas, rama hambruna, el coirón comestible se enlaza más abajo con los
le acuchilla los labios. tallos tiernos del telquí de las ramitas decumbentes.
El atardecer calma el dla y concede un descanso al animal. El olor de una planta ha denunciado la otra, mas nada revela el
agua, y el animal retorna, con otro dla, hacia las "islas" de monte
que suelen encofrada.
La nueva luz revela una huella triple, que viene al carro, se enma-
raña y se devuelve. La formaron las patitas, que apenas se levantan, del
pichiciego, el Juan Calado, el del vestido trunco de algodón de vidrio. Un bañado turbio, que no refleja la luz, un bañado decadente que
El pasto enfardado pudo ser su golosina de una noche; estacionado, morirá con tres soles, lo retiene y lo retiene como un querido corral.
su eterno almacén. Muy alto, sin embargo, para sus piernas cortas. las islas y las isletas se pueblan de sedientos animales en tránsito, se
Muy feo, además, como indicio del desamparo y la pasividad achican de población cuando unos se dañan a otros, sin llegar a vaciarse.
del caballo de los ojos impedidos. Ahí está, débil, consumiéndose, El caballo se perturba con.la vecindad vocinglera y reñidora, aun-
incapaz de responder a las urgencias de su estómago. que nadie, todavía, se ha metido con él. Un día guarda distancia,
Una perdiz se desanuda del monte y levanta con sus pitidos el condenándose al sol del arenal, al otro se arriesga y puede roer la
miedo que empieza a gobernar, más que el hambre, al animal un- miseria de la corteza del retama.
cido al carro. Es que vienen volteando los yagua-rondíes. La perdiz
lo sabe; el caballo no lo sabe, pero se le avisa, por dentro.
Los dos gatazos, moro el uno, canela el otro, se tumban por De las islas se suelta la liebre. Ahonda su refugio el cuye. El
juego, ruedan empelotados y con las manos afelpadas se amagan zorro prescinde de su odio a la luz solar y deja ver a campo abierto
y se sacuden, aunque sin daño, reservadas las uñas para la presa su cola ampulosa detrás del cuerpo pobrete. Sólo en el ramaje que-
incauta o lerda que ya vendrá. da vida, la de los pájaros; pero ellos también se silencian: viene el
El caballo se moja repentinamente en los ijares y dispara. El puma, el bandido rapado, el taimado que parece chiquito adelante
ruido excesivo, ese ruido que no es del desierto, ahuyenta a los y crece en su tren trasero para ayudar el salto.

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1 1 No busca el agua, no comerá conejos. Desde lejos ha oreado en huele y gira para alcanzar lo que imagina que masca. Está. oliendo
descubierto el caballo sin hombre. Se adelanta en contra del viento. el pasto de su carro y da vuelcas, con el carro, persiguiendo enfe-
A fuvor, en cambio, tiene el aire una yegua guacha, libre, que no brecido lo que carga atrás. Ronda una ronda mortal. El carro hace
conoció jamás montura ni arreo alguno. Acude a las islas, por agua. huella, se atasca y ya no puede, el caballejo, salir adelante. 1ira,
La inesperada presencia del macho la hace relinchar de gusto saca pecho y patina. Su última vida se gasta.
y el caballo en las varas voltea la cabeza como si pudiera ver, ar- Tan sequito está, tan flaco, que luego, al otro o al otro día,
mando sólo un revuelo de moscas. En los últimos metros, la yegua como ya no gravita nada, el peso de los furdos echa el carro hacia
presume con un troteciro y al· final se exhibe, delante, cejada, con atrás, las varas apuntan al firmamento y el cuerpo vencido queda
1: 1'1
1 l sus largas crines y su cuerpo sano. colgado en el aire.
En el caballó resucita el ansia carnal. Si ella postergó la sed, él Por allá, entretanto, acude con su oscura vestimenta el jote, el
puede superar la declinación flsica. que no come solo.
Se arrima, se arriman él y su carro. La hembra desconRa de ese des-
plazamiento monstruoso, no entiende cómo se mueve el carro cuan-
do se mueve el macho. Corcovea, se escurre al acercamiento de las Un uprinnbrt
cabezas que él intenta, como un extrafio y arávico parlamento previo.
Brinca ella, excirada y recelosa; se aturde· por el ímpetu cálido Lavado está el carro, lavados los huesos, más que de lluvia, por
que la recorre. Y aturdida, conmovida, descuidada, depone su guar- las emanaciones enemigas y purificadoras del salitre.
dia montaraz y rueda con un relincho de pánico al primer salto y Ruina son los huesos, caídos y dispersos, perdida la jaula del
el primer zarpazo del puma. pellejo. Pero en una punta de vara enredó sus cueros el cabezal del
Como herido en sus carnes, como perseguido por la fiera que arreo y se ha hecho bolsa que contiene, boca arriba, el largo cráneo
escl sangrando a la hembra, el caballo enloquece éri una disparada medio pelado. .
que es traqueteo penoso, rumbo adentro del arenal. Sobre la ruina transcurre la vida, a .la búsqueda de la segundad
de subsistencia: una bandada de caritas celestes, casi azules los ma-
1

chos, de un blanco apenas bafiado de cielo las hembras.

~
1
!
1
Corta fue la arena para el terror. La ufia pisa ya la ciénaga sali-
trosa. Es una adherencia, un arrastre que pareciera chuparlo hacia
Como ellas, una pareja de palomas torcazas emigra de la sequía
puntana. Ya descubren, desde el vuelo, la excirante floración del eh a-
el suelo. 1ienc que salir, pero sale a la planicie blanca, apenas de fiar brea, que ancharnente pinta de amarillo Jos montes del oeste.
1
cuando en cuando moteada por la arenilla. Sin embargo, la palomita del fresco plumaje pardo comprende
Gana fuerzas para otro empujonciro mascando vidriera, la hija que no podrá llegar con su carga de madre. Se le revela, abajo, en
1 11 solitaria del salitral, una hoja como de papel que envuelve el tallo medio de la tensa aridez. del salitral, el carro que puede ser apoyo
alto de dos metros como si apafiara un bastón. y refugio. Hace dos círculos en el aire, para descender. Zurea, para
Más adelante persigue los olores. Huele con avidez. Capta algo advertir al palomo que no lo sigue. Pero el macho no se detiene y
en el aire y se empefia eras de él, con su paso de enfermoJ hasta que la familia se deshace.
lo pierde y se pierde. No importa, porque la madre ha encontrado nido hecho donde
Ahora percibe el olor de pasto, de pasto pastoso, jugoso, de alumbrar sus huevos. Como una mano combada, para recibir el
corral. Lo ventea y mastica el freno como si mascara pasto. Masca, agua o la semilla, la. cabeza invertida del caballito ciego acoge en

238 239

J
1 i el --~.
fondo a la
• d
dulcísima
· ave. Después,· cuando se abran 1os h uevos
Se.a una C3Ja e tnnos. ,

EL PUMA BLANCO

Buscamos un puma blanco. Polanco lo precisa vivo, pant hacer


cruza. llevamos red, lazo y narcótico. Pero todos cargan revólver
o pistola, como precaución. La única arma larga es mía. Soy el ti-
rador, el contratado. No soy cazador; no me gusta matar animales.
Sólo dro a la paloma, por ejercitarme en blanco móvil.

-Todo esto es una estancia -indica el hombre con el ademán,


trazando un medio drculo con el brazo-; y más allá ...
-¿Más allá...?
-Están las minas, usted sabe; muy adentro en la cordillera.
Pienso que él también debiera ser un contratado, para guiarnos. Po-
lanco no quiere; ya lo previno. Teme que nos salga un supersticioso.
El puestero observa nuestras armas y deduce, sin duda, que no
somos cnadores:
-Si se puede saber qué andan buscando ...
1,.
l.,
1.
-5{ -dice Polanco-; un puma.
-(Puma ... ? Pocos quedan. Los matamos. Si no hay caso, los
• 1

corremos.
-Pero vuelven.
-¡Pucha si vuelven ... !
-(Usted sabe, usted ha visto -averigua con cautela- uno que
• 1

sea blanco?
-(Blanco? -y ríe.
Creo que se r{e de nosotros.
La. firme'l.a de Polanco viene de su ciencia.
Alrededor del fuego comemos la mitad del corderito que nos
vendió el puestero.
241
240
~----------------------------------------------------~ ~

Yo oigo hablar, pero coñremplo los retazos obstinados de luz. que se Cabalgamos sin entrarle a la montafia.
prenden de lo airo de los cerros. Es la hora azul del monte y de las nu- De piedra y techo de chapa encontramos construido un rancho.
bes, y al llano, en romo y por encima de nosotros, desciende ese color. -¿El puma blanco... ?
Polanco tiene los datos de gente del sur que decidieron la marcha. No dice "un" puma blanco y todos• advertimos el sentido del
Y algo más: la certeza de que puede existir un puma blanco. cambio del artículo. Polanco resplandece, aunque no para enros-
-Hay pantera negra. ¿Pon¡ue no puede haber puma blanco? tramos su victoria .
Parece estar discutiendo, al puestero que dejamos atrás en la mafiana. ..Supo andar, más al \rerano. Lo ahuyentaron los perros. Es rece-
-No son degeneraciones de la especie, son mutaciones, por com- loso y dmido ese bicho. De ·noche anda...
binación de genes. No influyen ni el clima ni el ambiente. Pol;mco !Se agita:de entusiasmo y quiere explicarnos, cortándole
Sus amigos entienden más que yo y con seguridad saben perfec.: al anciano:
tamente qué ·son los genes. Yo lo supe, creo; pero lo he olvidado. -Le molesta la luz, tiene las pesralias blancas y no 'lo protegen.
Me incomoda preguntar. El anciano lo mira; e.xtraliado de los conocimientos del recién
¿Por qué io .siguen, Iribarne y Giménez?No es por la ciencia, se llegado, y prosigue:
ve. Estas cosas, por lo menos, las aprenden ahora, como yo, de lo ·-... sin compafiera andaba y era época...
que habla Polanco. Polanco atropella otra va y lo justifico, porque está en lo suyo y
-Hay un antecedente. Uno solo, pero hay. Mendocino tam- no puede contenerse:
bién. Veinte, veinticinco alios atrás. De OtrOS animales, de zorros, -Él mismo se siente inferior a los demás. Seguro que los otros
por ejemplo, se sabe de muchos casos, tal vez porque son más nu- ·pumas le desconfían a distancia. De cerca, oliéndolo, tal vf:L sería
merosos y, como viven cerca del :hombré, el hombre de.Stubre los distinto. Podría hacer pareja o bien los machos lo matarían. Las
albinos fijados como espeCie. dos cosas son posibles.
Yo atiendo, mas no dejo de obsetvar otro prodigio b'lanco, que --Un·t:ondenado, el pobre diablo-asiente el viejo-. No se pue-
se :halla próximo a nosotros y se multiplica. hasta donde la cercana de ser diferente. Entré lo-s hombres pasa lo mismo.
noche permite verlo: la flor del cacto, que aquí y allá, a esta hóta, -¿Y para dónde habrá tomado? -requiere la ansiedad de Polanco.
cierra sus pétalos como nosotros jUntamos ila punta de los dedos. -,Al sur, seguro, segurito, sefior.
-Claro que no son propiamente blancos, siho albinos. Se les -¿Iba herido?
dice blancos y después de todo, en un sendd'o -vulgar, está bien. En --No, mi amigo. ~Quién lo iba a herir? Yo no. Cosa linda un
Moscú el museo Darwin dispone de un especialista en albin'ismo. bicho así. No hay que destruir las cosas lindas.
-¿No hay otros? Más qüetodo lo que he oído,. me ásotnbra esa defensa encarilia-
-Sí, debe haber, supongo. Ese que digo trabaja mucl1o en lobos. da de lo bello. Yo creía que un hombre de esta clase, a quien tanto
Pero escuchen esto -y lo posee el entuSiasmo-: tiene un· zorro al- debe costarle vivir, defendería sobre todo lo útil. Y no es así. Me
bino y ese ejemplar salió de Mendoza. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿'En qué alegró de que lo mío fuera solamente un viejo error.
forma fue llevado tan lejos? -se anticipa a las preguntas-. No lo sé.
Pero el catálogo del museo, del Darwiíi, diCe: Mendoza, Argentina.
¿Se dan cuenta? -pregunta y es feliz. Al sur, nos dijo el viejo. Al sur, ¿hasta dónde?
Cada veinte, cada treinta kilómetros hallamos otro puesto. En
cada uno de ellos el hombre, el que toma la: palabra por toda la

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familia, al dirigirse a Polanco lo llama sefior. Este pastor de cabras, -Se me fue también. Un parro. Quería que reemplazáramos al
también. A nosotros nos dice "don". finadito.
El rancho esraba vado y lo mismo el corral. Lo buscamos, por -¿Y el otro hijo?
tres rumbos. Lo encontró Giménez. y a las voces nos convocó a los -Ya tiene catorce afias. Está en la mina -y sefiala a la profun-
otros. didad de la quebrada que vemos a la izquierda, donde corre el río
Taene el bigote espeso, en punta, duro, como duro debe ser él en medio de un gran silencio-. Maneja el pico y se hace hombre.
mismo. La cara muy oscura y muy curtida: sol y aire fuerte de la Yo lo espero acá.
momafia; luego, la nieve, meses y meses. Meses, supongo. Años de espera y soledad, calculo luego.
Sacrifica. un cabrito. Yo sé que después Polanco se lo pagará, si
el hombre acepta.
-El puma... No me hable. Los rastros se anudan, de puesto en puesto.
Para él todos los pumas son uno solo, ya lo denuncia con las -¿Y cuándo fue eso?
primeras palabras. -No más de medio afio.
-Cuidábamos la mina. Poco había que cuidar: estaba abando- -¿Lo vio usted mismo?
nada. Teníamos una casucha de madera, buena en el invierno. Yo -No. Mis muchachos s(.
bajé a Malargüe. La Elena quedó sola, con los chicos, que eran dos. He venido notando que para nadie, en toda esta región, el puma
La nieve me cerró el camino, catorce días. Pero con la madre de blanco es una criatura irreal, que a ninguno intimida con supuestos
éste -y sefiala un caballito viejo- me le atreví al final. La puerta se de que sea un mal presagio.
vela abierta. Alrededor de la c.1Sucha, frente a la puerta, frente a las Todavía, acá en este rancho de chorizo, avanzo en mis observa-
ventanas andaban tirados los tizones largos de tablas a medio que- ciones sobre ese aspecto.
mar. Adentro descubrí de dónde salieron: de la divisoria. Mi mujer -Si le es lo mismo, sefior, sabría decirle de choiques blancos.
los había arrancado para tirárselos al puma. -¿Quién los tiene? -se pone alerta la pasión profesional de Palanca.
-¿El puma blanco? -Tenerlos, no los tiene nadie ... Andan salvajes. Yo los vi.
-No, otro. Aunque es lo mismo. ¿Sigo... ? -inquiere el hombre, -¿Dónde? ¿Cuándo?
como temiendo fatigar. -Viniendo de Lonco Vaca, no hace mucho.
-Por favor -responde Polanco, invitándolo a seguir, y yo y el Advierto que Polanco consulta mentalmente la geografía; pero,
criollo percibimos esa fineza. con amargura visible, renuncia. Tomar el otro rumbo nos apartaría
-La fiera bloqueó la casa, seis días. Se tiraba. contra .la puerta. Mi mucho de nuestro plan, mejor dicho, de su plan.
mujer atajaba cada ataque con una tabla ardiendo. Las arrancaba Y el hombre, desentendido ya de los avestruces, sigue comen-
del tabique, como les digo. Se le iban acabando. Juntó las últimas y tando, con un tono de voz ajeno a cualquier apuro:
1

1 1 ahuyentó al puma tirándoselas sin parar, un rato. Sacó a los chicos -Supe tener conejos blancos ...
1
1 y corrió a la mina. Yo la encontré en una galería. Estaba sin con- Pienso ir a manear mi caballo, que se está alejando demasiado.
ciencia. El hijo más chico había muerto, de hambre. Lo que ahora menciona el puestero no es importante: conejos blan-
Todos callan. cos. ¿Quién no ha visto un conejo blanco?
Después Iribarne pregunta, con discreción: Sin embargo, otra vehemencia apenas contenida de Palanca me
-¿Su mujer... ? En el puesto no la vimos. retiene:

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-¿Cómo sabe que eran blancos? Recibo el crepúsculo como una purificación.
El hombre lo mira extrafiado, como si Polanco lo hubiera ara- Descubro un movimiento rastrero. Vuelvo de un tirón la ca-
fiado con la pregunta. balgadura y me echo al suelo. Con las manos, aunque me cuesta
-¿Por el pelo? -escarba Polanco. y
algunos tropezones caídas, capturo un piche.
-No, señor -responde con m,ucho aplomo el criollo-. Por los .i.o muestro como anuncio de l:.t cena y lo cuelgo de la mon-
ojos. tura, en un sact> de piola. El animal· se ensucia de miedo y nie ·lo
-A ver, a ver -incita Polanco, seguro de que el orro sabrá res- arruina.
ponder-, ¿qué tenían los ojos? Diga. Aún hay luz ·para ver, sin confundirse, que en la lomada. vecina
-Eran colorados, sefior. trota una mula con dos nifios a horcajadas sobre ella.
-¡Justamente! -exclama Polanco y le tiende la mano para estre- Les grito, los llamo. No me oyen y desaparecen.
chársela con vivísima satisfacción, como si hubiera encontrado a ·
un colega.
Más tarde, cuando estamos solos, nos explica: -¿Qué vio? -quieren saber mis compafieros.
-¡Admirable observación! Ese hombre tiene de esto -dice y se Les cuefitó y suponen, como yo, que siguiéndolos daremos con
golpea la frente-. Él descubrió que hay conejos blancos comunes y un puesto y eón su gente.
hay conejos albinos y que la diferencia se ilota en los ojos. El globo Ganamos la cuesta de los cerros. Pero el monté es una cosa que
aparece rojo porque la pupila es incolora y deja al descubierto las se sube por una huella, o haciéndola, y luego tiene adelanté otro
venas. más alto y no hay bajada. Se encadena. un cerro con el siguiente y,
Y trata de internarnos en una información ya más dificil de seguir. mientras la subimos, la montaña crece.
-No hay diferenciación de pupila; en algunos casos, la nifia del ojo... Cuando la noche amenaza cerrar del todo, hacemos alto.
Ellos, los tres, se ponen de acuerdo en regresar. Yo apenas los
atiendo~ Vengo sintiendo un penetrante olor de-huevo que me pro-
El admisible colega de Polanco es el último ser humano que voca un hundimiento del estómago y un mareo de hambre.
nos habla. Dejo el caballo y, mientras los demás tratan de retenerme con
Para equilibrar la creciente merma de los víveres, en su rancho un vocerío que no importa, desciendo lr ladera, apoyándome en
sólo pueden ofrecernos un costillar salado efe ch.ivato. las manos, que por suerte tocan matas de hierba blanda y fresca.
-Cazaremos -dice Polanco, y suponemos que es posible, aun- No desvarío. Percibo el olor del huevo y no quiero llevar a los
que azaroso. demás por otra ruta si no compruebo yo mismo que conviene. No
Cuando tengo al alcance una y otra procesión de martinetas, dudo de que alguien, muy cercano, está preparando una comida.
que puedo matar con municiones, Polanco me dedéne: No veo fuego, ni luz; el declive v:i desapareciendo. Mis botas
-Todavía podemos esperar. pisan algo que, no puedo afirmarlo todavía, parece barro, y ya salir
Recela de que el estampido ahuyente al puma, si es que está por de la aridez serla mejorar.
estos campos huecos, sonoros y retumbantes al menor estímulo, Camino y camino y no hay barrancas, no hay quiscos, ni me
porque el ruido golpea la montaña. caigo de espaldas resbalando.
Hacemos dos días hostigados por él vaho de la tierra insoÍada Tanteo el suelo y en ese momento comienza a darme ayuda la
ferozmente. claridad lunar. Toco agua fresca que corre.

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Los llamo, ansioso por reunirme con ellos aquí, cerca del manan- Más abajo están las espesuras blancas y violáceas. Puedo desci-
tial o lo que sea. frar sus detalles. Por la ramita trepan unas miniaturas verdes; arriba
Combadas haciendo un .cuenco para el agua, me llevo las manos un ramillete de seis o siete florecitas blancas, modestas; pero agru-
a la boca y entonces huelo .en ellas ~quel olor de huevo. ¿Q"'é he to- padas tienen presencia y parecen una· sola de armoniosa constitu-
cado para que quedaran impregnadas de este modo? Siento rodavla ción. Otras organizan su blanco en cúpula, resguardando, quizás,
marcado el tirón de algunas matas, cuando bajaba agarrándome de el punto amarillo que oscila al medio, mientras el verde asciende
ellas. Sospecho: hay por acá alguna planta de ese olor y yo creía ... y se entrevera con la flor. Algunas se puede creer que nacen de
Entonces vuelco el hambre en el sacrificio del quirquincho y me un palito seco, del palito una espiga y en la cumbre cinco pétalos
imagino la carne grasientá, en cruz cortada, asándose en su propia limpiamente blancos. Cinco hojitas violadas, circundando dos es-
cáscara. tambres, forman el pequefio ramo que emerge entre hojas de un
verde terso, abiertas, como tres dedos, con algo de antiguo y de
noble que parece heráldico. Y de la negrura de este otro enjambre
El sol nos ensefia el milagro del agua . de ratnas ásperas· salen hojas lanceoladas, de un verde firme, sólido,
.Estamos en. una hondonada, humedecida por un agua que se que se aparean como enamoradas.
escapa entre las piedras, m:is arriba, y se pierde quién sabe dónde, El liquen, como una delgada capa de bosta. seca de animal, CU"'
sorbida por la árida planicie. bre las piedras y sus costras se levantan. Con el dedo las ayudo a
Pero basta: la masa vegetal se adensa; fresca y florecida. A mi despegárse de su adhesión a la materia inerte, y me hallo en esto
costado el amaril.lo mulle la la_dera. "El berro s.e aprovecha de cual- cuando suena un tiro. Dos.
quier mansedumbre de la corriente. -Liebres -dice Polanco y se agita, contrariado por el ruido. Pero
He dormido acurrucado por el frío nocturno y despierto los brazos yo percibo un espacio cargado de espera y de peligro. Y al momen-
con grandes movimientos de perezoso .. Los abro, como si recibiera el to me sacuden otros tres disparos, rabiosos, apenas disringuido
día; vuelco atrás la cabeza para conquistar más visión del cielo.. ó cada cual del otro.
bos aves, altísimo, planean'brevemente y se arremansan·en una
quietud inconcebible.
Las sefialo y averiguo de Polanco:
·'
-uotes ....>¿e aranc
· hos· ....> Cabalgamos a encontrarlos. No están lejos.
-Cóndores. Absortos -tal vez fascinados- observamos en el suelo, revolca-
¡Cóndores... ! Y me extasfo contemplando su modo ingrávido do, sucio de tierra y de san·gre, el puma blanco.
de apoyar las alas en el aire. Itibarne fue atacado y conserva el espanto:· tiembla. Giménez lo
Mate cocido, La galleta entra en el jarro y la pulpa blanca surge conforta y trata de animarlo.
impregnada de verde oscuro. Mientras lribarne bebe alcohol, convenimos con miradas cómo
Iribarne y Giménez han salido antes, a explorar. Me dejaron dor- haremos para que no lo vea. Hacemos montar a nuestro compafie-
mir másqueellos. ¿Porqué? ¿Creen, tal vez, que anoche yo flaqueaba? ro empavorecido; Gimén~ sube atrás, en eL mismo animal, toma
Mi caballo encuentra su comida sin dificultad. las riendas y parte al trote hacia el campamento.
Averiguo el secreto del amarillo trepador: él ilusiona con su olor de Los sigo y los paso, aunque llevo también el caballo que sobra.
cocina. L.'lS flores también poseen algo del huevo, el color de la yema. Vu~lvo con el de carga,.qúe había quedado. en el matorral.

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Polanco recibe con avidez el botiquln. Empapa algodones con, un
líquido y taponaJas.heridas del animal sac:rifiq¡do.
Me participa:
Me equivoco. Cuando llégamos, me echo al suelo, cansado
-Impido que se .repita la.hemorragia. No puedo permitir que la,
como un perro que ha trotado al sol por el desierto, y Palanca en
piel siga manchándose de sangre.
vez de seguir solo me ruega un nuevo esfuerzo, hasta donde corre
Hemos previsto el recelo arisco del animal de caiga y enfarcl:!m,os
el curso que forma el manantial.
el puma con la red ..Pero el caballo. huele y, al acercamos_, patea.
Allí, en vez de reponerse, como traro de hacer·yo, lava con el agua
Maneamos los tres _caballos. Ninguno nos servirá, por .el nw-
clara la pelambre hermosa que quiere despojar de polvo y sangre.
memo.
Yen cüanto ha terminado, me pide con urgencia hojas y tallos
Palanca necesita que transportemos el 1puma adonde el soi no
apresure la descomposición. de plantas aromáticas. . _.
Pregunto si 1e viene bien la menta. Como dJce que si, le, rra•go
Lo llevaremos con nues~ras propias fue1'7.aS.
roda la que encuentro. ~1 hace un .lecho parad puma ·y, luego de
Desistimos. deJa red: corra nuestros dedos. Precisam.Ps _un ,palo
acostarlo con mi apoyo, empieza a cubrirlo asimismo con la men-
largo y resistente, para atar el puma de las par~, lomo a.bajo. Pero
1 ta. Pero se le acaba y quiere más.
aqul y en roda lo que.anduvimos últimamente ,no crecen :ú'boles,
~No hay, no veo -le digo.
r sólo arbustos, pasro y yuyo.
-Ortiga, traiga ortiga. Sirve lo mismo para darle ambiente fres-
La carga es exigenre, porque pesa demasiado y tiene una blan-
co y evitar que se corrompa. .
1' dura, ran felina rodavfa, que se escapa de lós brazos.
·Ortiga! Obedezco, porque soy el contratado y hasta ahora, eter-
De pronto,. algo me salpica. ¡El.animal vomita! Se me revuelve 1
ramente, no he servido de mucho en to do e1VIaJe.
..
el asco con un súbito temor, que pronto pasa.
Lo he largado al sudo y Polanco revisa la parte de piel que
sufrió el golpe. En su mirada veo que me reprocha el nuevo déte-
Hambrientos y mustios, en la noche nos consolamos coñ el fue-
rioro. Procuro disculparme y él trata. de que yo entienda que lo que
go. Me duelen· los músculos de tal modo que en la tarde no pude
hizo el puma muerto es natural.
sosrcner con firmeza la escopeta.
- ... produce vómitos el movimiento espontáneo del intestino.
l.os caballos bebieron desconfiando y hubo que llevarlos bien
Olvidé atarle .la boca.
lejos del refugio, porque intranquilos no descansan y mafiana y
Corta en tiras un pafiuelo, las anuda y cifie las mandíbulas sin vida.
pasado tendrán que galopar hasta salvarnos.-
En los descansos entueiuro pormenores. Las·pestañas clant$, ;una-
Pienso que si Polanco pretende regresar con d puma lo abando-
:rillentas, me lo pintan, no sé por .qué, miope e. inseguro en la. vaste-
naré. Sospecho que los otros pueden coincidir conmigo. . .
dad del campo, ralo de presas para su hambre.
lribarne, por su miedo que no se cura, ha tenido todo el dla el
Ahora paramos cada. quince o veinte metros. Yo miro con algu-
privilegio de beber y esta noche lo conserva. Nos d~j:irá sin grap~.
na ansiedad la cuchilla que esconde el .paraje del manantial. Deseo
He observado que dirige miradas enternecidas a G1ménez. Consi-
que aparezca Giménez ofreciendo reemplazarme. Palanca no dice
deró que son de gratitud, porque mató al puma. No me equivoco.
nada. Resuella y suda, pero no cede en su pasión. Si. yo lo abando- De pronto, dice:
nara, estoy seguro, a nadie pedirla ayuda: seguirla él, arrastrándolo -Tenemos que hacerle un banquete a Giménez.
a tirones sobre una manta. que preservara al puma.de otras .llagas. Comprendemos que está borracho y asentimos.
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Iribarne insiste en persuadirnos, sin necesidad:
-Me salvó la vida. É es un hombre.
Como reiteramos la conformidad, reclama d homenaje sin· de-
mora:
-Preparen el asado.
-¿Qué asado? EL CARI~O DE LOS TONTOS
-La ternera con cuero.
-¿Ternera con cuero ... ? -sonreímos ..
Como discutirle es imposible,.lo dejamos hablando solo. Preser- Cuando empieia el temblor, .Amaya piensa: "1..9 (u~ tanto he
vamos al rescoldo y nos echamos a dormir. ~perado". Y luego, fervorosa, enardecida: "Que rne asume. Que
Duermo algún riempo. Algo me despierta, _aunque no. ~el rodo. destroce rodo, todo". . .. . .
.Es Iribarne ·que se levanta. Se siente sola con el estremecimi'ento de la tierra. Pero llegan 1os
-¿Adónde va? gritos del marido: .
-A matar las vacas para el asadQ. -¡Salgan al patio! ¡Suspjros! ¡Amaya! ¡Suspiros, al patJ?, promo!
Tapo la cara con el brazo, para que no me vea reir. Me alegro de que No se 1e ocurre o bed ecer. "S usptros,
. Susptr
· os -se reptte-. Tam-
no perrurbe el descanso de los demás; lo dejo ir y vudvo al sueño. bién él la prefiere. n
En la mafiana encontrarnos los caballos degollados. Atiende. Las aves pían con. violencia. Una vac:n muge como
ansiosa de escapar. Todo lo demás es silenci'o y la uerra .ha cesado
de moverse.
Dejamos a Polanco acariciando con tristeza la maravillosa piel Sigue el clamor:
albina. -¡Suspiros! ¡Ainaya! . . d ...
Perseguimos a Iribarne, que ha escapado. Gimén~ qJ.le tal vez 'Es lo único que queda del temblor: la voz de rrile 0 de un hom-
reserva para él una protección que no tendrá de. m{, recorre el llano. bre. Nada cayó, nada fue destruido. .. . h"
Yo asciendo la ladera. Amaya se escurre de la cama. Los pies entran .en u~as e me1as
Cuando lo bloqueo, monte arriba, me grita a quemarropa su sencillas y la: combinación se desliza sobre la5 rodtllas la~cas. b
disculpa: Pasa al cuarto de la chica. Suspiros está despierta, con a ca eza
-Me confundí: pensaba que eran vacas. en a. al m o h ad a,:1os OJOS
· 1 · muy ab"tercos,
·- · re 1110 r' esp·erando.
sm. d d d
.Estoy por darle.l)n golpe en medio de .la cara, pero me acuerdo -¿No te he explicado que es el temblor? ¿Te acor ás e to 0 10
de su miedo de ayer y lo perdono. Un hombre con miedo no es que rompió cuando eras más chica?
un hombre. -Sl; pero me olvido, mamá. .
Amaya se resigna otra vez a que la hija sea de. est~ manera: La
besa con amor y en· brazos la lleva. al patio. ¿Para qué. Ya~_0 ~tene
Tenemos que volver a pie; mas. ¿llegaremos? objeto. ·¿Para conformar al marido, que espera a salvo .~ 3} 0 e .P:·
rra.l? No, sólo que, se burla, "es el rito del temblor: _salt~ al pauo Ó
Mas repentinamente· se ensombrece: advierte que tambtén acept
como posible la muerte de la. nifia.

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Después crecieron, también el padre murió y vinieron dos
hombres a sus vidas: para la Colorada, uno que habrla de atontar-
Nadie llamó a la Colorada. ¿Dónde encontrarla? Ella renace con la más, dejándole engendrada una hija que luego se perdió; para
el sol. Regresa cuando tiene hambre. Pero a mediodía se cumple Amaya, ese marido que entra por la puerta que da alá galer!a, un
el deber familiar, con una o dos voces dirigidas a la quima, por si poco hurafio -él sabe por qué-, un poco incómodo, reposando la
está allí: mirada un instante, sólo un instante, en la comprobación de que
-¡Coloradaa... ! ahí está, con ellos, Suspiros.
Ella se recuesta a la sombra en el tronco de la morera. Dice:
"Tonta, tonta. Sos _una tonta". ¿A quién? Nadie es.tá delante, ni En la siesta el marido vuelve al lecho..En ronces a ella le gusta el
cerca de ella. negocio, porque está vado, sombreado y fresco, porque las puertas
Oye el llamado: "¡Coloradaaa... !". permanecen cerradas a los 'Compradores. Dos horas de silencio, de
'Dice: "Esperam~; ahora vuelvo". Quita la espalda de la morera no estar con nadie. Le agrada. la mercaderla ·nueva. Probarse todos
y emrn en la luz. los zapatos de su número, oler las ca'jas de polvo, aflojar el tapón
de cristal de los frascos de perfume, aspirar profundamente las colo-
nias fuertes que usan los hombres; ..
Por debajo del hule de la mesa toca una pierna de Suspiros .. Sus- Hurga el rincón concedido ai dependiente. Hay un paquete de
piros conoce la maniobra: pone una mano, dispuesta a recibir, y la tortitas para la mediatarde, un guatdápolvo gris enrollado, papeles
Colocada se la colma de· moras blancas. sueltos, migas ... Amáya busca la revista deportiva, con atletas mus-
Amaya llega de la cocina y previene a la hermana: culosos y jóvenes. No la encuentra. •
-Las manos. Se· conforma ton el diario. Ya no lee sino el diario. En dos es-
Es preciso lavarse las manos para sentarse a la mesa de Amaya. tantes del comedor qu·edan sus Ónicos libros: textos de la Escuela
La Colorada es hostil aJas óraenci y a lavarse pot obligación. Normal. El marido quemó una vez -él sabe por qué- todas las
Discute indirectamente: novelas. Ella pudo impedirlo, quizás. Ella puede comprar y leer
-No soy coloracla. otras..Pero no quiere, simplemente no lo dciea.
Amaya se siente todavía como si hubiéra perdido una oportu- "Lencinas-defenderá. su diploma" ... "En la portería de la Com-
nidad y no puede ser comprensiva. Le Joma un mechón de pelo y pafiía de Jesús numerosos fieles desfilan para ver el ·corazón ~el R.
se lo baja hasta la nariz, requiriéndole con energía: P. Roque González de Sama Cruz, pri'mer civilizador de la cuenca
-¿Y esto? del Paraná y del Uruguay" ... Una fotografía: gente alrededor de
La Colorada, con su propio color delante de los ojos, sonde blan- una urna tallada. Cree reconocer a dos antiguas compafieras; nun-
damente y, sefialando un retrato que se halla en la pared, replica: que el sombrero redondo hasta cerca de los ·ojos iguala el rostro de
-Yo soy ésa, las mujeres.
Es una memoria. de f.unilia: una hermanita muerta, de melena clarn. Prefiere las informaciones de las primeras páginas, las que dicen,
Amaya suelta el mechón y toda la indulgencia: vuelve a ella. Re- aliado de la fecha, U. P., entre paréntesis. Son de otros mundos.
cuerda: cuando la Colorada, de chica, preguntaba quién era la del "Esta madrugada era esperado en Sevilla el «Graf Zeppelín». En-
retrato, el padre, aquel individuo solitario, para encubrir-la tristeza. tre las Azores y la costa. de Portugal d dirigible encontró m,al tiempo.
le respondía: "Vos, sos vos. ¿No ves que sós vos?". En la ciudad andaluza se embarcará la duquesa de la Victoria."

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Una nocic_ia la hiere: "Buenos Aires, 30 (U. P.). -Por propia de- Amaya se reintegra a la imaginación .callada del veraneo de José
terminación ... n. Luis en Chacras de Coria. Tiene elocuenresJos·ojos, pero la tregua
Consigna el apellido, pero en A-maya sólo queda fijado el nom- de palabras concede oportunidad al reproche del marido:
bre, José Luis. Y la edad, 31 afios, y que era el poeta de aquel li- -Se ahorcó Cacciavillani. No dijiste nada...
bro ... que todavía está casi sin lee.r y que Amaya ignora. -¡Sé por qué se ahorcó! Por las úlceras. Del otro no sé. Eso es lo
Entonces siente ~1 temblor, no el de tierra, sino uno que lleva importame: el misterio de la muerte de un muchacho de 31 afios.
adentro, un temblor y una angustia que aflojan sus carnes y la vuel- -Su voz se hace {mima y concentrada-: Es hermoso ...
can doblada sobre el vidrio del mostrador. El marido se fastidia:
-¡Qué palabra tonta!
La mujer pierde pie, sorprendida, porque le han quebra.do el tono:
Toma elómn~bus de las 4 y se entregaea las calles de 1a ciudad, -¿Cuál, qué he dicho?
para. ser rociada de piropos. Porque está desesp~ra.da, y la desespe- -Eso: hermoso. Y es muy sonso.
ración le da, después de .la primera calda, una fuerza que pone Amaya lo mira, mansamente contrariada. Siente que dentro de sí
vibrante su cuerpo, elástico, más jov~n. se desintegra toda la fuerza de la tarde, toda la vehemencia del diá-
Circula entre las frases galantes, las estimula sin mirar a los logo de sobremesa. Enmudece y sus labios se ablandan, porque de
hombres. No la tocan, la rozan. Ninguna prende en ella. No obs- improviso ha comprendido que no debe ostentar a José Luis fuera de
tante, le duele como uo fracaso caminar una cuadra sin ofrendas ella. No sabe por qué; pero sin buscar comparaciones se ha puesto a
amables o brutales pat~bras que aludan al sexo. recordar el terronciro de azúcar que disolvía en el agua para.Su5piros,
Ha provocado toda la tarde a los desconocidos, .sip querer- cuando Suspiros era muy nifia. Percibe así disuelto, en su interior,
los, sin atender a fondo, sin acceder nunca, busc:ando sólo que como una dulzura, el recuerdo de. ese José Luis que ella no conoció.
la reconsideren. J\hora próvoca al marido"; aunque de otro modo,
hada otro lado:
-¡Treinta y un afios y c.'lnsado de todo! .Esa. dulzura subsiste en Amaya, días y días, como .una espera,
-¿Lo dice el diario? Sin embargo, puede .exasperarse fácilmente.
-No. Yo digo. ¿Por qué se mara, un_ muchacho? Por una mujer, Preserva el comedor y la cocina de las moscas. Una se posa. sobre
ya sé,_ no me lo digas. ¿Te· das cuenca? Por eso .. Una mujer le hace el pan enmantecado de Suspiros, Amayamuestrn repugnancia, apar-
dar asco de codo. Hasta. ella le daba asco, cal vez. ta con violencia la rebanada y acude en busca del aparato del flic.
Ahora piensa en silencio y el marido ·Ia escucha en_ silencio; pero Persigue ensafiada las moscas que se debaten contra la fina re-
él .la mira a ella y ella no a él. jilla de alambre tendida en d hueco de .la ventana. Descubre el
Rebrota el tema de la. edad: gesto de reproche de la Colorada, que está muda pero se empac.1.
-Treinta y un afios ... Entonces se descarga sobre ella:
El. marido sabe que de allí seguirá algo, un argumento distinto. -Pudiste elegir octo bicho menos sucio:. la, abeja, la avispa ...
Y es así, La Colorada no aguanta el reproche y estalla:
-Treinta y un afios ... Pudo estar acá, algún verano. Pudimos -Nadie elige los hijos, le vienen.
verlo, vos y yo, cualquiera pudo verlo y nadie podría decir que se Amaya se reprime y cesa de soplar Hit. Teme. Teme que se acuerde
iba a matar. de la hija. que no vivió. Terne que la Colorada se distraiga de su fantasía

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~~ ~----· -·- ·--y.~


que no dafia: que ella es madre sólo de las mOSC1S, porque una le éntr6 -Ah·...
por la nariz y se le quedó en la cabeza, y áhí cría, y de ahí naten todas Otra y~ suspenden· el diálogo. Cada uno ha escuchado al. otro,
las moscas del pueblo. Y cuando Jos muchachos le pregunmn qu~ hace y todo está bien. La Colorada manosea el pastito y se deja encamar
1 con el Cataldo, responde con limpia naturalidad: .. Hacemos moscas". pot el ruido del' agua del canal. Piensa que- más tarde le gustará
l. mojarse los piéS y pisar la arena caliente del borde,. cuando Cataldo
1
diga. Cataldo está vichando el movimiento ·de un·as ramitas. Sabe
Pero Caraldo se descuida de. ella. que anda una lagartija. Quiere verla, no para hacerle nada, pata
Unas veces dice que el hermano le encargó que vigile la· bode- verla nomás. Espera: ya saldrá.
ga y durante una semana duerme en el caue de lona, junco a las
cubas. Otras anuncia que juntará plata para casarse y vende d.fias
que corta de los cafiavernles silvestres; después compra caramelos -Podrías llevarla -dice el marido· e indica coctel gesto a Suspiros.
y se los come con la Colorada, tendidos en el pastito junto a los -¡No! -es la respuesta rebelde de Amaya. .
canales, habla.p.do de·sus habitames: Pero se turba, porque el marido está. desconfiado, receloso,
-Mis moscas .. . como en otro tiempo.
-Mis gusanos .. . Sin embargo, él no insiste.
Y se escuchan el uno al otro, mirando al rostro a quien habla, -Dejame un piyama limpio.
para atender y entender mejor, y nunca se interrumpen, y ese res- Atiende el negocio con pantalón de fantasía y saco piyama.
peto los acerca. Amaya retira de la cómoda un piyama color salmón, de com-
Sólo que Cataldo se descuida mucho. plejos alamares blancos, y lo extiende sobre el lecho matrimonial.
-Tantos días, Cataldo... ¿dónde. anduviste? S\lspiros observa. Dice:
--Esrnba triste. Cuando estoy triste no quiero que me veas la cara. -El hombre del circo tenía dibujos así. Pero el saco era rojo.
-Ah ... Amaya sonríe por la comparación ·y piensa que su. sonrisa no
La Colorada comprende y acata. Se concemra porque trata de es contra el marido. Mas de pronto se pone seria. 1iene piedad de
que en ella se forme una pregunrn que quiere hacer y·tataa en con- él, porque ella sabe lo que puede hacer. Piedad', piedad que la con-
cretarse. Después de un ratito le viene: mueve. Algó que prefiere confundir, no entender: abraza a la nifia
-¿Y por qué estabas triste ... ? y le habla, con fuego, de que la quiere, de que la quiere mucho,
Pero entretanto Cataldo se desentendió de lo dicho y usa otro "demasiado" dice. Suspiros lá deja hacer y la éontempla con una
medio de disculparse: mirada wda. Amaya se déSctmcierta; enseguida decae.
-Andaba muy ocupádo y no tenía tiempo.
La Colorada lo compadece:
-Pobrecito, Cataldo... Vuelve de la ciudad, alucinada. Pe·ro insatisfecha. Alguien le ha
-¿Por qué, pobrecito? dado un número de teléfono. ¿Pór qué accedió a escucharlo? Pro-
--Porque si no tenés tiempo estás muy pobre, Cataldo. cura olvidar el n·úmero; no obstahte, las -cifras persisten.
-No estoy ~obre. No tengo tiempo, nómás. En el ómnibus, Amaya encuentra al veterinario, el san-tafesino.
-Bueno, será asl. Pero don Teófilo dice que loS' más pobres son Está en el asiento del coscado y tiene la mirada en reposo sobre ella,
los que no tienen tiempo, porque el tiempo les sobra a todos. quizás desde hace un rato, seguro de mirar sin ser visto.
258
Amaya no lo conocía así. Lo sabe altanero, despectivo. fua es la -Mamá...
reputación. Le dicen doctor, si bien algunos dudan de que al vete- -Sí, voy.
rinario, por más estudios que haga.Je concedan ese ú~o. ~aya ~o Pero no va, se deja estar, un brazo bajo la nuca, sobre la alrhoha,.
percibe su pro pi:¡ arrogancia de ese mQmerno, ~e disgusto .m tenor da, lo:s ojos dirigidos al lienzo del cielo raso, sin ocuparse de él.
que la aísla y la distancia, que posiblemente achtca a los de~ás. Un perro ladra, no en la huerta, no lejos en la caBe, sino como
Se siente como en falta, una falt;~ de cortesía, como st .nQ hu- si estuviera en la casa. Pero, ¿qué importa?
biera correspondido a un salu.do y saluda ella, c·on un gestQ, al Ha pasado la furia y ha pasado el desfallecimiento del día ante-
hombre que contesta sorprendido. rior. Ahora Amaya es una mujer sin apuro, sin necesidades inme-'
Nada más. Pero en el resto del viaje se miran, dos veces, a los diatas, indolente con placer de serlo.
ojos. -Mamá...
Entra por el negodo, excitada. Siempre escapa por ~1 zaguán. El -Sí, voy.
marido enjuicia la diferencia: "No se controla". Y empieza el día.
Besa. a la ~hiqt, la besa. mucho ... con la. 111eme puesta en otra
parte.
Pregunta a la sirvienta por la cena. "¿Falta ;ligo? Lo compro yo. EI almuerzo.
Salgo. Estoy vestida." La sirvienta, con una actitud de indiferencia, EI padre acaricia la cabellera de la hija.
dice que no. -Casi te quedaste sin gato.
-No tengo gato, papá.
-Cómo n·o, ¿y el gris?
Después cenan y el contraste entre lo que le pasa y lo que la -fue es suyo, para que esté en el negocio y se coma los ratones.
rodea .la sumerge, la aplana, la sc;rena. La réplica desvfa al hombre, que siente necesidad de contar, tal
Se recoge en sí misma a tal, punto que se toma las pier.nas con vez. porque nadie habla. Porque Amaya y la Colorada: comen ocu-
los brazos y permanece un tiempo en una sillita baja, el) la oscuri:- padas sólo de la comida. Amaya se levanta, trae más pan. Susp'iros
dad del segundo patio, el que se abre directamente a la quima. pide agua, bebe, se seca con el dorso de la mano, mira afuera y se
Atiende rumores, como si oyera pasos en la calle. Viene la. luna deja llevar por su mirada.
e ilumina ~I pozo de balde que se usaba en otra época. Amaya -¡Un animal, un bruto! Trajo el perraz.o al negocio. No me gus-
ve desde allJ 10 que desea ver: que la luna reveJq, contra la pared taba ...
blanca de la. casa de enfrenre, a un hombre que espera por ella. Un .Amaya cesa de masticar. Espera.
hombre inquieto y silencioso, que no se sabe quién es. - ...El perro vio al gato. Ladra que te ladra. Y todo retumbaba
Y algo, en algún punto del cuerpo de Amaya, vibra. Y Ama~a que parecía caerse. Le grito: ¡Haga algo! Lo agarra del collar, es
siente la necesidad de abrirse, de rec;ipir más vida, otra cosa. Aspt- cierto; pero lo deja escapar.
ra, aspira profundamente, y la penetra el olor de la tier~ regada, Ya Amaya está en el episodio, lo vive:
y eso que parece venir' <{e l.a pulpa de los duraznos amartllos que -¿Lo mordió?
están maduros. -No. Salió a la escalera y de ahí a las pilas de los zapatos, arriba
de la estantería.
-¿De quién era?
260 261
-¿Qu~? Y a Suspir:os:
-El perro. ¿De qué estamos hablando? -Mirá, mirá, Suspiros: el gobierno.
-Del doctor, el veterinario. Nunca vie11e a comprar. La,ve:z. que !\maya calcula que la niña se. hará idea de que el gobierno es
aparece, hace esc.índalo. un palco de teatro con un hombre c.'tnOso vestido de negro, que
-¿Se disgustaron? habla y saluda: a m!Jjeres de collares largos que les caen por afuera
-Yo, por mf... Para la f~ta que~~ me hace... Pero quiso quedar del :vestido.·
bien. Me ofreció un cachorro. Porque no. es perro, sino perra, y Piensa que puede ser condescendiente ,con la simpléZa ocasional
dice que tiene dos cachorros. de tres. meses. del marido y deja que susurre s\15 ioformacio_nes ("Aquél, aquél de
Amaya lo deja hablar. Él está haciendo algún cálculo, alguna barba, .es d Dr. Vifias, director de· escut:!as. ,Oi_cen que. le gustán las
reflexión. mujeres"). Amaya no atiende, porque algo hay, de todo ese am-
-La perra es fina. Él dice que es buena cria, quizás convenga. bieme, que le trae a José Luis. Se siente invadida por: .una ola _tierna
-¿Le dijiste que s(? y ·se; dice. que un día '{endrá sola al cine "para estar con ,é)".
-No. En ese momento no supe. Le dije que perros hay muchos
por la calle y se mueren de hambre. No pensé.
Amaya sabe qué hacer. Habla a Suspiros, sin nombrar el cachorro: -¿Cuánqp, 111am:i?
-¿Te gustada ... ? -:Esta tarde, Suspiros, Esta tarde.
Suspiros dice sL La Colorada también: "Traelo, Amaya. Traelo". No se reprime. ranro tiempo. Sale al.final de la mafiana, con Sus-
El hombre extiende y abre verticalmente las- manos sol;>re el piros tomada de la m:mo.
mantel, levanta las cejas y parece disculparse: Se detiene en la vereda. Nunca miró bien la casa del veterinario,
-No me opongo. Yo no me opongo. Es vieja, ames de que él llegara la ocuparon los Gutiérrez; pero ahora
Amaya ve manotear al marido, se. distrae de él. "Un bruto", ha está pintada y el jardin rebosa de geranios, amapolas· y magnolias.
dicho, "un animal". Amaya piensa: "Bruto, un hombre que puede Interroga a Suspiros, con· preguntas de doble fondo, porque en
mirar as(, a los ojos, sólo a los ojos ... ". este momento hace de la nifia su oráculo:
-¿Te gusta? ¿Entramos? ¿Nos decidimos?
Suspiros contempla largamente el jardín resguardado por tejido
Amaya irá a pedirlo y a traerlo. Pc;ro eso no puede ser ant~ del lunes. de .alambre. Oice s( con los ,labios y la ~becira, y cree necesario
Hasta que se acostumbre, no se puede dejar solo al cachorro, toda una expl'~ado de modo más completo:
tarde, pues aullarla sin cesar, y eso equivale a sacrificado. tvlafiana es día -Sr, me gusta.
de cine, día de cine en la ciudad. La Colorada no va, porque ella... El oráculo ha respondido. Amaya siente que adentro. le crecen
En el teatro Independencia, frente a la plaza,. conocen el cine. "so- la confianza Y' la esperanza.
noro y hablado". Canta Jeanettc Mac Donald con voz larga y aguda. Uega a la puertita abierta. Pisa el sendero que se desenvuelve en-
Maurice Chevalier hace muecas y dice cancjqnes alegres. ",El desfile tre los macizos de plantas y la galería que ampara las habitaciones.
dd amor." Golpea las manos.
Cuando encienden las luces y hay que irse, un cuchicheo que Se revela, con la voz, una anciana que estaba al fondo, en una
recorre la sala previene al marido, que verifica y alerta a Amaya: hamaca de madera y esterilla;
-En aquel palco, fijare: Borzani, el interventor. -¿Sefiora... ? Buen día. ¿A quién buscaba?

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- - - _ _ _ ____,¡¡
-Puedo distinguir los colores con los ojos cerrados--dice la Colorada.
-Sefiora... ¿Usted es la madre? Busco al doctor, digo, al vete-
Sin maravillarse, Cataldo inf<;>rma:
rinario. Perdone, ¿está?
-Yo también.
Ha dicho todo atropelladamente, ha averiguado como buscan-
-¿Vos también? -la. Colorada se alegra de compartir un don con
do el vínculo familiar que la acerque. ~~~ .
La respuesta no desarma su gow de aventura, de incursión en
Pero lo pone en situación de prueba:
lo que puede suceder. Sí, ella es la madre; pero el hijo no está...
-¿A ver? .. Cerrá los ojos y ded.
¿Volverá en la mafiana?, pecha la urgencia de Amaya. No; no vol-
Cataldo no creía que llegaran a tanto. Traga saliva, junta los
verá. Y la contestación trae una imagen chocante e imprevista:
p:irpados y espera.
".E.n la mafiana no está nunca. Atiende el matadero". Ah, el ma-
La Colorada no le propone nada, porque busca alrededor qué
tadero, repite Amar? y piensa en animales abiertos y en los bra-
nombrarle y no lo halla.
ws de él desnudos hasta el codo y con manchas de sangre que. le ¡
Cataldo reclama: 1
pegotean el vello. Flaquea su arrebato iniciaL Quiere cambiar la 1
-¿Y?.,
'
t
impresión que acaba de recibir. Mira el jardín.
.1 Urgida, la. mu~acha explora en sí misma: mere una mano de-
-¿Podría llevar una flor?
bajo de la blusa, encuentra algo y lo saca.
-¿Una? Sí, cómo no. ¿Cuál? Elija, córtela usted misma.
·-¿Qué tengo?
Amaya elige. Quiebra el tallo de una vara de gladíolos y la savia
Cataldo intenta tocar. Ella le da un .manotón. Cataldo huele
le humedece los dedos. No mira las flores, un instante la retiene el
con vehemencia, ampliando las fosas nasales. Discute:
tallo, con su herida fresca, y piensa en una sangre vegemllimpia y
-Color, dijimos. Qué cosa es no me doy cuenta. .
breve en su manar, que purifica.
-¿Te digo?
Ya no le cuesta anudar el diálogo:
-SC; preciso. Decime.
-Vine por el cachorro, un cachorrito que le ofreció a mi marido.
'•,,
-Es un bretel.
-¿Un cachorro? -la anciana no parece estar al tanto-. ¿Un ca-
-¿Cómo lo sacaste? Se te perderán las enaguas.
chorro de perro?
-No te importa. El. color quiero saber. ,Ded el color.
-Sí, de la perra grande de ustedes.
-Rosado.
-Pero si ya los dio todos ...
.! -No, blanco.
" Amaya mira a la nifia. Suspiros espera, confiada: ella cuenta
Cataldo rezonga:
con una promesa que vino, a través del padre, de un hombre poco
-Yo iba a decir blanco ...
conocido que sin duda es duefio de un perrito que quiere darles, y
La Colorada se entusiasma:
esa sefiora no tiene nada que ver en el asunto.
-¿Sabías que era blanco?
-¿Por qué no habla con él? Estará en la tarde. Puedo decirle
-Sí.
que la espere.
-¿De veras? Entonces ganaste.
-Sí, está bien, sefiora. Volveré, naturalmente. Vendremos.
Lo ataja:
Es como si se hubiera equivocado de casa, de gente.
-¡Sin abrir los ojos! Vamos a seguir.
Se ~oma un tiempito y sigue:
-¿Tengo pecas?

265
-Sf tenés. ¿No lo sabías? de gorrión de grandes baqueros amarillas que cayó del nido ..•.
-Sf que lo sé; pero yo no sabía si lo sabés vos. Amaya escl dejando pasar la tarde.
-Sf lo sé. -Mamá, el perrito.
-¿De antes? -Después.
-De ames. Se halla al fondo, freme·a la quinta.
-¿Te fijaste en el color? Ramfrez, jornalero, forma meticulosamente los surcos de las
-Nunca, palabra. lechugas. Las gallinas cloquean bajo y gangoso, con su suefi9 ade-
-¿Cierto? lantado a la hora del poniente.
-Muy cierto. -Mamá, el perrito.
-Entonces, adivin:i. -Juegue un rato, hijim. Pídale un higo blanco a Ramírez y se lo come.
- Tenés pecas rojizas. No hay tal perro, bueno, ¿y qué importa? ¿No usó el perro
-No. para acercarse a ella? Su propia vida, ¿est:i libre de mentiras? Sí,
Cataldo abre los ojos, extrafiado, par:1 comprobar. Examina bien todo eso se entiende; sin embargo, ¿qué es lo que se ha encogido
las pecas de la amiga y tantea una averiguación, recelando de ofender: en ella? No podría ya ir a la casa, no pqdrfa buscarlo..&a es la
-¿No sop coloradas? palabra: buscarlo. Pero, ¿qué le ocurre, por qué necesita tamo a al-
-No. guien más? ¿Y cómo, en fin, debe ser ese alguien? ¿Un veterinario?
-¿Ni asf: medio coloradas con marrón ... ? ¿De veras un veterinario de marndero?
-Dije que no. Asocia: quiere imaginar a José Luis ... Imaginar a José Luis como
Se resigna: si él fuera ...
' 1 -Bueno, me equivoqué. -Mam:i, ya comí el higo de miel.
-Sigamos con otra cosa. -Sl, bueno; dejame.
Cataldo acata con inquietud. Sin embargo, en un buen rato, la -¿Y el perrito, mamá?
Colorada. no sale adelante. -¡Hay tantos perros sueltos por ahí! ¡Mafiana te llenaré el patio
-¿Te ayudo? -se insinúa Cataldo con timidez. de perros! ¡Dejame!
-No, está bien; pero, a ver. La nifia se acoge a la prudencia del silencio. Cuando observa
-¿Algo que esté lejos? que la madre la olvida, se aparta y prende una mano y los pequefios
Ella acepta. dientes del alambre pulido del. gallinero. Lo roe tenazmente, CO!l)O
Cataldo aprieta los párpados y dice: una amargura.
-Suspiros, tu sobrina, es azul. José Luis. Veterinario. No, doctor en veterinaria. Sanaría las alas de
-Sf, pero no vale. Lo sacaste por el nombre. los pájaros caídos y, para vivir y por compasión, curaría los perros y los
-No, te lo juro -argumenta Cataldo aprovechando para abrir gatos de la gente rica. Tendrta en la ciudad una casa de patios con pal-
los ojos-. Ni me acordaba del color de esas Rores. meras, poblados de jaulas techadas con los animalitos enfermos, codos
Se aleja del juego lo más que puede: mansos, todos limpios, aunque tristes... Todos confiados a su mano.
-¿Qué le llevamos hoy? El .marido. Amaya lo siente llegar.
Porque todos los días los dos tomos le llevan algo: un cangrejo de Él dice "aquí está" y pone un cabrito en el suelo. Es de pelo liso,
pinzas coloradas, una larga espiga de cortadera florecida, un pichón qecido, muy pulcro, con destellos brillantes como chispazos.

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Suspiros trata de impedir, como se le ha enseñado, que el cabri-
No puede ser el regalo ofrecido por el veterinario. La niña pare-
to penetre a la huerta. Pero él más bien muestro otra necesidad y
ce contenida por la misma duda, hasta que el padre la atrae: ''Ven{,
aplica los labios a todo lo que le recuerda una mama.
es para vos", y ya se entrega, en una carrera que no para hasta te-
Amaya los ha visto pasar por el patio del parral. Se presenta
nerlo en los brazos.
silenciosa y se mantiene a distancia, observando al veterinario que
Amaya desconfía:
abunda en instrucciones y habla con energía sin sosiego, como
-¿Lo conseguiste vos?
ordenando el mundo.
El marido distrae la voz, no la mirada, que sigue prendida del
Amaya se siente serena y dueña de todo el tiempo que es posible
entusiasmo de la hija:
imaginar. Espera.
-No. Lo trajo él, el veterinario. Dijo que ustedes fueron, esta
El marido nota que está allí y recurre a ella como para. sacar de
mañana ...
encima de él la atención, la absorción de ese hombre.
Amaya se ha erguido, repentinamente.
-Mi señora ...
-¿Está ahí?
-La conozco -y le tiende la mano-. Fue a mi casa. Yo no estaba.
-No. Se fue.
Nunca hemos hablado. Hace poco que vivo acá.
La miro. Se ha puesto serio, él sabe por qué.
Y vuelve al marido y al chivito.
1 -¿Te ímporra?
1 1 Aparece el dependiente. Se mantiene en segundo plano, aguar-
-No.
dando que le concedan oportunidad.
Dice no con arrogancia, pero a la defensiva. Luego, con humildad
-¿Qué hay? ¿Hago falta? -averigua el amo.
' .1 1 -ella sabe por qué-, se justifica:
1
-Sí, lo buscan a usted.
-Hay que agradecerle ...
\ 1
-Deciles que ya voy.
-Ya le agradecí yo.
\ 1 -Por mí -indica el veterinario- vaya nom:is ..Lo espero. Linda
Por los fondos de la quinta aparecen los dos tontos. Traen fres-
huerta. La miraré de acá.
cas ramas de sauce. Se acercan con prudencia, al ver reunida toda
Queda con Amaya. Depone toda exaltación. No mi m la huerta.
la fumilia.
-¿Usted es maestra?
Cuando están a unos pasos, se detienen, mirando el cabrito
-S C.
nuevo. Suspiros lo alza, para que la Colorada lo vea mejor.
-Sin escuela, como yo.
El padre de Suspiros pregunta "¿Te gusta el chivito, Colorada?"
-¿Maestro? ¿No es veterinario?
y responde el Caraldo, "Sí; es mansiro, lindo chivo".
. ~Primero maestro. No puedo enseñar, el sueldo no basta para
• 1

VIVIr. ¿Lo escuchó a Orgaz? No, usted no esraba.


li -¿Orgaz?
1' El veterinario irrumpe. Es un hombre voluminoso.
-Arturo Orgaz, vino de Córdoba. Habló de nosotros en la es-
-¿Le gustó a la chica?
" cu~la Patricias. Yo tenía ganas de llorar en la sala. No, mejor, de
Tenía que gustarle. No era necesaria la averiguación. El padre
~: pear Y romper todo. Me ponía furioso de ganas de ser maestro,
11 de Suspiros se molesta, sin que el otro lo advierta.
enseñar cantando o a gritos.
-Hay que cuidarlo. Está recién separado de la cabra. ¿Puedo
Se enciende, mueve el aire con los brazos.
verlo? ¿Dónde lo tiene? ¿Le hizo cama de paja?
El padre se defiende accediendo a que entre. Lo lleva al fondo. Arnaya se repliega y se admira ame ese inesperado fervor.

269
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-¿Por qué est~ acá? ¿Por qué hace de veterinario? Ése es el retrato, medita Amaya: un desesperado. Ya no oye las
-¡Me engafiaron! Vine con la incervención. Había trabajado en frases del marido, que habla con la boca llena y levanta el tenedor
Santa Fe por el partido; Me prometieron todo )' me dieron nada: junro con el tono.
veterinario de matadero en un departamento. ¿Lo ha visto? ¿Lo Amaya se considera frente a ese desesperado: no docilizarlo, no
conoce? hacerlo como los demás. Que no sea un resignado. Y envolverse,
-No -Amaya retrocede como embestida. dejarse envolver por la desesperación apasionada de él. Quemarse,
-Está a la orilla del canal, en Luján. La sangre y los desperdicios quemarse. Pero ... ¿él lo merece? ¿Él la toma en cuenta?
van al agua. L.'l gente toma el agua, kilómetros y kilómetros más -¿Podemos, papá?
abajo. Suspiros ha aprovechado la. interrupción del diálogo de los
Se calla. mayores para recaer en el tema de antes: que si pueden ir a ver los
Dice "Me voy. Buenas tardes". monos.
Amaya dice "Lo acompafio" y él agradece, "Sé la salida". SC pueden. La Colorada también.
Se va y Amaya permanece mirándolo, deprimida, aunque serena. -¿Y el Cataldo? -reclama la Colorada.
No obstante la despedida, el hombre vuelve y quiere saber: No le hacen caso.
-¿Ha visto monos vivos?
-Claro, en el zoológico, en el circo ...
Él se contraría; procuraba ofrecerle una novedad. Pero insiste: En la entrada, el veterinario está manso. No obstante, Amaya
-Ayer he traído dos. Puede llevar a la nena~ es suspicaz: ya sabe con qué facilidad puede ponerse fuera de sC.
Se interrumpe y luego, de un modo terco, ofuscado, plantea: No teme, mientras la agitación no sea contra ella. Se siente espec-
-Si tiene otro hijo, que venga también. tadora, como de un fuego, que tuesta y seduce con el calorcito y la
Amaya persevera en su tranquilidad: fascinación de las llamas.
-No tengo otro hijo . Al pasar busca con la mirada el tallo herido de gladíolos. No lo
.Él cabecea, pestafieando, tomándose tiempo para asentir, por- identifica. No le pesa: ya tiene o puede tener más que eso, que un
que ha querido entrar en la intimidad de Amaya y tiene adentro un signo, que un símbolo, que una memoria. 1iene una incertidum-
tumulto de cosas. Amaya lo sabe. bre cargada de promesas.
Después parte. -Éste es mi padre.
El viejo estaba arafiando la tierra del jardín con una aporcadora
-Un atropellador. Una de esas personas que es mejor recibirlas de dos dientes.
con la puerta cerrada -dice el marido. Rfe con buen humor y afectando resignación:
Amaya ironiza para adentro: "¿Cómo cerrar la puerta de un nego- -A él le debo que todos me llamen por el apellido: soy Romano,
cio? ¿Por dónde entran los compradores?". No procura defenderlo, nom:is. Cuando firmo: G. G. Romano. Un admirador fanático de
aunque opma: los teutones, que se descarga en el hijo con dos nombres que no se
-No hace dafio. pueden usar todos los días ...
-Sí, no hace dafio -consiente el marido-. Esrá comido por una Amaya muestra la curiosidad.
furia, pero no la descargará sobre nadie, porque está furioso con él -¿Quiere saberlos? Gandolfo Gildas. ¡Gildas!, ¿se da cuenta? ¿Y
mismo. Un desesperado. sabe qué significa? "Dispuesto al sacrificio."

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Romano está explicando que Gandolfo, también de origen teu- Vuelve la espalda y toma: hacia adentro, dejando que Amaya lo
tón, equivale a guerrero, un guerrero valien_te ... Mientras, Amaya siga como si eso tuviera que suceder, simplemente.
se repite: "Dispuesto al sacrificio, dispuesto al sacrificio •.. ". Y ya no Detrás de la pared están los animales. No uno, no sólo los dos
piensa en Gildas, ni en Romano, y dice, se dice dulcemente: "El monos. Amayase encuentra, de improviso, con las casillas y las jaulas
1
dispuC$tO al sacrificio, José Luis, al sacrificio dispuesto ... ". que imaginó para. el patio de José Luis. Nadie le había advertido de
Romano se adelanta, deja atrás al padr~, y Amaya.lo contempla esto yen el pecho algo le golpeaalbororadamehte a favor de Romano.
; 1
contra la luz que filtran los árboles, pleno de ademanes, eufórico No es igual, no, de ·ningún modo. Esto fue huerta, se ·ve; pero
y, sin embargo, tan propenso a caer, a derrumbarse, tal vez a gemir alguien la dejó secar y la tierra está dura y casi pareja. Sin ouo
como un nifio asustado. Y vuelve hacia él compasivos pensamien- verde que él de los árboles que asoman por encima de la tapia de
tos: quizás no lo sabe, quizás no sabe su predestinación, aunque adobones, parece que el sol baja no a dar la. vida, sino a sorberla.
sepa lo que dice su nombre ... Quizás José Luis no sabía ... La perra, córi cadena corrediza a lo largo de un alambre que va
Romano impulsa a Suspiros y a 1:¡. Golorada para que avancen sin de punta a punta del. cercado, sacude con sus ladridos el silencio
que él las guíe, derecho, detrás de esa pared,- donde hay una puertita que sobrevino al diálogo áspero. Ladra de afecto, al ver a su amo,
medio desarmada. y se le echa enéima .parada en dos p_atas, babeando de placer con la
Amaya entiende que quiere hablar con ella. Acona el paso ..~lla lengua colgándole a un costado. Romano se deja un momento y
detiene decididamente-. Ya no es el hombre festivo de recién. Sella- luego la aparta. La perra lo sigue, garroneándolo.
la allá, adonde el padre sigue aporcando las ralees sobresalidas: Suspiros y la Colorada han encontrado la jaula de los monos y se
-¿Sabe qué le debo también? ~ice con amargura-. Vivir acá. mantienen a distancia, mirándolos mientras lós -monos las miran.
1'
El pulmón -y sefiala e.n su propio cuerpo. Pero no hay lugar a El veterinario toma un monito de la piel del cuello, como se
equívoco: el enfermo es el padre-. En el matadero, la tuberculosis alza a los cachorros de perro, y el simio se debate.
de las vacas. Aquí... ya ve. -Hay que·amansarlo. Se ponen muy buenos. Antes de seis me-
Amaya se dice: "Otro mal, otra cosa que le pasa a él. Siempre es- ses lo llevaré en el hombro, por la calle.
cuchar. Pero a mí sólo me interesa mi historia". No obstante, habla Quiere que Suspiros le toque la· dura pelambre amarilla. Suspi-
con distintas palabras: ros se niega. La. Colorada. No, tampoco.
-Bueno, aquí no es raro. Hay muchos enfermo~. Disimulan. Vie-. -¿Y usted, Amaya, se anima?
nen de todas partes. Dice que el aire es bueno. Los ignorantes supo- La ha nombrado Amaya y Amayalo mira.a los ojos.
nen que el aire se está contaminando. Sí, ella se atreve. Acaricia el costado del monito, que se aban-
Romano muestra desencanto. Sin afecto, sin cortesía, le eqrostra: dona a las manos humanas, y acariciándolo acude a los ojos d~
-Sí, aunque esa no es la cuestión. A usted no le importa lo que Romano que están de nuevo en ella, intensos, ansiosos como un
dije de mí. No le interes~ mi dependencia, mi destierro. reclamo de adolescente.
Amaya se defiende con otra aparente generalización: Pájaros oscuros, callados,, mustios, en otras jaulas.
-Nadie entiende al prójimo, nadie. -¿Para qué los tiene?
En realidad, está diciendo: "Tampoco a mí nadie ,me entiende, -Son ponedores. Con los huevos alimento las víboras.
nadie". Romano percibe únicamente "Nadie entiende al prójimo" -·Víboras?
y replica: (
Ladrillo, cemento y vidrio: algo que estaba más allá, que no soliCita
. ba
-Nadie lo escucha. Todos son sordos, por eso uno se queda solo. la atención de Amaya. Adentro se enroscan, se aplastan unas a otras.

272 273
1·1
···r·l
1
-Pienso elaborar suero antiofldico y venderlo a la. Di"rección de ladra como uh perritó, con la misma voz, aunque más chillón, más
Salubridad. ridículo, más temible y lastimoso.
De inmediato, Romano hace soma de sf mismo,. ·aunque som- Romano .se divierte.
brío, con un despunte de su ardor de otros momentos: Amaya siente prpxim~ a la. bij~ y ,la herq1ana, q!Je han acudido
-Pienso. Pienso mucho. Mire. en silencio a presenciar el acoso y no lo comparten, lo sufren.
Conduce a Amaya hasta otra jaula, de alambrado .fino que for- -¿Por qué no lo suelta? -pide Amaya.
ma dibujos octogonales. Movedizos, trepadores, ajenos a las leyes La. diversión cesa para Romano.
del equilibrio, corren unos centímetros, se detienen, observan, -$oJt;u)Q. Sí, pu~de s~r. N() lo había. pensado. Podría venderlo a
huelen, seis o siete ratoncitos blancos. un ~oológi_~Q, pe~o n() Vl:).i~ nada y antes me arrancará una máno.
~Pienso criar y venderlos. Aquí es fácil y económico;. sin ·em- TodosucuerpoamplioseretiraycaminahacialapuertitadcSanrtada,.
bargo •. ¿a quién se los vendo? No hay .Facultad de Medicina,, nadie fllJl!queando las jaulas. Es como si 'anunciara: la visita ha terminado.
experimenta. Tendría que mandarlos a Buenos Aires, a La. Plata, a Amaya toma de la mano ·a su criatura, que la sigue do blanda. la
Rosario, a. Córdoba, qué sé yo, y me enctientró con que hacen falta cabeza para despedirse de los animales presos.
envases especiales. ¿Se 'da. cuenta? Yo sé criarlos. No me sirve de La tonta trota detrás, ton su vestido·verde.
nada. Podrla experimenrar yo mismo. .Pero debe guiarme un inves- Donde hay sombra y se respira, entre la galer(a y );15 planr~ al~
tigador. ¿Se da cuenta? ¿Qué puedo hacer? que cobijan el jardín, Romano retiene a la m.ujer tomando su brazo
Se interrumpe abruptamente. Levanta hcabeza como para tomar desnudo.
luz en la frente; Sonríe, con amargura, pero sonríe. -Qui~ro ye[" con ust~d una figura de yeso.
-Venga. -¿Dónde está? Vayamos, hay tiempo.
La toma de la mano y tira. Es como decil:": no soy arisca, no estoy ofendida.
Amaya obedece y a la va. mira buscando a la hermana Ya la -Aqu( flQ, En la. duda~. e.n el taller.
hija, para controlarlas, por si la controlan. Circulan de jaula en -¿Qué calle~:'?
jaula, absortas, ajenas a todo lo que no sean los animales. -D.el escultor. Se llama Cardona. ¿Lo .conoce?
Contra el muro del final hay una ruina. Adobes, paja:, un palo ·-No. Pero a. la ciudad no puedo ir.
grueso plantado y sujeto al palo con una cadena. un zorro pequefio, -Hoy no. Mafiana, pasado, ¿podl:"á?
no desarrollado; que trata de encogerse, de. no ser visto, adherido Busca otra va. el encuentro de los ojos. Sus ojos se comprenden.
a la tierra, con la experiencia de que no hay.escapatoria, de que en -Sí.
su cautiverio no existen rincones para él. Se ponen de acuerdo. Cierto ómnibus, el dfa de mafiana ...
-Lo. cacé yo, sin herirlo. Se me quiso escapar. Lo tomé del co-- -Hábleme de la escultura. Tal va. necesite justificarme.
gote, con las dos manos, y parece que entendió que podía matarlo. Habla delante de Suspiros, delante de la. Colorada, que no
No pataleó más hasta que lo med a una bolsa. entienden en: absoluto:
Amaya mira esas manos. No la asustan. Podrían ahogarla a ella. -Es. un criollito, como el que riega las. calles con el balde. Pafiuelo
En ciertas circunstancias, ta] va., lo admitiría. al cuello, alpargatas~ ;Fíjese, alp:u-gatas.en Uf\a escultura. ¿Usted sabe
Romano hostiga al animal. Con una rama le chunza los flancos. la. pena que me da? .Es la actitud, ¿comprende? Achicado, blando,
El zorro se irrita. y muerde haciendo saltar la corteza. Deja su hueco vencido, ¡hambriento! Sí, olvidado de. comer, tirado. ¿Se da cuenta?
en la paja y puesto en pie, no con virilidad, sino medio agazapádo, ¡Una vergUenza!

274 275'
Se ha exaltado de nuevo. Su brazo derecho se alza y tiembla, . -No -C1~aldo no cesa de mirar al interior-. Nunca ce dije. Es
iracundo. tfiSte. Los ammales que no se comen no ti.eneo. que estar encerrados,
Amaya entrecierra los ojos y sacude levemente la cabeza. -Ah ...
Romano cree que es de aflicción por el criollito. Baja el· brazo y -¿Aguantarlas estar encerrada?
enmudece. -No. Vos abrirías la puerta.
~{. Yo abriría.
Silencio y nueva meditación de la muchacha.
Vuelven a casa las tres mujeres, subiendo a las veredaS embal- -Las víboras no se comen. ¿Las soltarnos?
dosadas, bajando a las arrugadiras de derrn dura y las polvorientas .-Les tengo miedo.
de piso Aojo. -Yo también.
"¿Usted sabe la pena que me da?", recuerda Amaya. Pero suya es Buscan hacer algo. Tardan en detc:rminar qué.
también la pena, otrá pena, por ese hombre fu ene y desorbitado que Ahora propone Cataldo;
quiere hacer dinero con ratones blancos y el veneno de las víboras; -El zorro.
cruel con el zorro que no estranguló; condolido de Jos pobres hom- -Muerde. Yo lo vi.
bres de la calle cuya estampita doliente anima Jos dedos del escultor. --No importa. 1iene la boca. chiquita. Morderá poco. Y no· es
De pronto se siente cansada, muy cansada. Mafiana ... Quiere venenoso.
explicarse que no, que no es por eso de mafiana, y se dice que es -Amaya dijo que Jo suelte. El hombre prometió.
éste, este día, uno de esos días que consumen, porque se vive tanto, -No lo ha soltado.
y tan de golpe ... -No.
-Los .ratones.
Siempre hacen un poco de vagabundos. Hoy no. La Colorada ,-Bueno. ¿Y si nos agarra la perra?
tiene adonde ir. Toma la mano de Cataldo y lo hace entrar en. una -Yo sé cómo.
vifia, saltar un zanjón y pasar un dilatado baldío lleno de yuyos y de
terrones calientes que queman los pies. De ese modo llegan por los
fondos a la casa del veterinario. Trepan el muro bajo de adobones. Baja provisto de IJn palo largo. La perra corre de puma-a puma
-Aquí es. del alambre pero sólo puede alcanzarlo con ladridos. Con el palo,
Cataldo levanta el pestillo de, alambre de la. jaula y enseguida ht pe-
cha hasta volteada de costado. La puerca queda abierta y los rátones
-Sí -para Cataldo, visiblemente, no constituye una revelación. blancos se evaden y se dispersan. En un instante han desaparecido
-¿Has andado por' acá? por los agujeros que socavan el muro. Sólo queda unq que no se
-Sí. El hombre grandote traía un canasto y algo chillaba. Me vine ~a cuenta de la posibilidad y corre velocísimo por la malla de la
por la otra calle -es más fácil- y esperé para saber. Eran dos monos. Jaula. Cataldo la golpea con el palo y el bichito, ~pantadq de más,
Están allí. Cataldo habla con extrema tranquilidad, contemplando dispara a cualquier parte y de esta manera acierta con la salida.
el terreno graneado de jaulas. 1...'1 Colorada lo observa a él. Sigue la -Ayudame.
explicación y luego averigua, con prudencia y ufi respeto afectuoso: La Colorada le da. una mano y Cataldo trepa el :muro.
-¿Me invitaste a venir y yo me olvidé?

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Cuando el sol declina, esr:in en la punta de una hilera, sentados La CoiQrada acepta y se echa de espaldas, la pollera alzada hasta
en la tierra, comiendo uva. el bajo vientre, las rodillas separadas. ·
-Tengo hambre. Con pan es más rica. Cataldo le rasca. con suavidad la tara interior de los muslos y
-¿Vamos a buscar? ella se retuerce de risa.
-No tengo ganas. -Estate quieta, si no no puedo.
-Bueno. Repentinamente, las risiras se acaban. Cataldo escruta el rostro
Alguien viene por el callejón. Los dos toiuos cesan de palabra y de la muchacha. La Colorada se ha puesto el dorso de. la mano
de movimiento, sabiéndose intrusos. Esperan pasar inadvertidos. sobre la boca, hace hic, hic, y lagrimea.
El contratista vuelve a la casa, azadón al hombro. Los ve y sigue -¿Y ahora... ?
de largo. "Para lo que vale la uva", piensa. No resp~mde.
En la mano que sostiene él azadón lleva una servilleta anudada ~~espera.
por los extremos, haciendo orejas. Se recuerda de ella y se desvía Después ella se repone y le explica:
hacia atrás. Ante los dos tontos, que lo miran desde abajo, todavía -¿Que no viste que mé dio el hipo?
masticando granos rosados, descarga el azadón, desanuda la servi- -Ah ...
lleta Y saca dos mendrugos de pan. Se los tiende en una. mano, en ta Colorada yergue. d medio cuerpo y antes de bajarse la pollera
una sola mano áspera de tierra y de trabajo: se rasca: todavía.
-Con pan es más buena, tomen. -¿Cómo te dio?
Cataldo recoge los mendrugos y alcanza uno a la Colorada. -¿Qué... ?
Empieza a comer el pan con uva y mira torcido al contratista, -La cosquilla, ahí...
preguntándose por qué no termina de irse, ya que no los echa. -Me acordé de los ratones.
El hombre se limpia el sudor del cuello con la servilleta, la guar- -,Ah ...
da en un bolsillo, carga el azadón y reanuda el camino. -No me hagás-acordar, que me da -y principia de nuevo a risitas.
Más tarde se reclinan en el yuyal crecido del callejón y la Colo- Cataldo, en lugar de impresionarse 'CQmo an~es. se de, se ríe, se
rada busca hinojo para masticar la vaina jugosa. tira al pasto de risa. A ella se le pasa y a él también, y quedan muy
De pronto comienza a reírse, bajito, como para sí misma, alegres.
concentrada, ausente. -Pudimos guardar u.no.
Cataldo se sienta y la observa con prevención. -Uno ... ¿qué?
-¿Qué te pasa, ah? Decime, ¿querés? -Uh ratón blanco.
-Tengo cosquilla. -¿Para qué?
-¿De qué? ¿Quién re Ía' hace? ¿En dónde? -Para Suspiros.
-Aquí -dice la Colorada y se levanta la pollera-. Entre las piernas. -Cierto. ¿Qué le llc:Vamos ahora?
Se abre de piernas y muestra los muslos hasta muy arriba. No -No ten·go nada. ¿Otro sapito?
para de sonreír, con altos y con bajos, como si la recorrieran. ata- -Ya está la casa llena de sapos. El marido de Amaya piso uno,
ques de comezón. reventó. Dijo porquerías.
Cataldo se ofrece: -¿Esa piedra colorada?
-¿Te ayudo? ¿Te rasco? -No me gustan. las cosas coloradas.

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_.. . ___________________ - -------....1
-¿Y si en vez de llevarle la traemos? Habitaciones abiertas, iluminadas, llenas de muebles, los muebles
-Es tarde. El sol se va. y las cosas de todos los días. Sin embargo, sin haberlo sentido nun-
-Hay juegos que se hacen con_ poca luz. ca, Amaya percibe que su hogar está como las casas vaciadas de re-
-Bueno. Amaya se fue a la ciudad.
pente- por la desdicha. .
-Podemos cazar murciélagos. Se queda en el patio, con miedo de entrar, con m1edo de que
-Con cafias gruesas. salga de algún rincón un desconocido y le.cuente 1~ que. ha pasa.do.
-A Suspiros le gustará bajar murciélagos. Todavía no imagina la desgracia de. nadie en parncular, no qmere
-${, con las cafias gruesas. Le gustará. suponer eso. Se le ha ocurrido otra cosa, como si se hubiera produ-
cido una retirada, una huida de ella, como si todos, hasta la buena y
El padre se ayuda con una linterna, pero lo mismo trqpieza con dulce tonta de la hermana, supieran lo que estuvo haciendo. Se sien te
los surcos y las hortalizas Uama: como descubierta, como denunciada, como-scfi-alada por el silencio.
· ....1 ¡Suspuos
-¡ Susp1ros · ....1
Pero es un momento.
Lo sigue, cayéndose, lloros~ y culpable:, la sirvienta: Después piensa en Suspiros. Piensa con la aprensión de pensar,
-Ramírez regó. Él pudo verla. de quebrar algo con el pensamiento, de nombrarla, porque· puede
El hombre salta los alambrados; la mujer pasa e'rnre los! hilos. ser conio convocar algún mal sobre ella.
Pisan la verdura de dos chacras y orillan la amenaza de. los perros. Enciende la lámpara de la galería, que vierte claridad en la parte
Ramírez cae pronto en el catre: entre semana no es amigo del cercana del patio de baldosas, y esta acción ya le suelta las fuerzas
boliche. Su rancho está apagado. Sólo afuera queda el rescoldo del para empezar a llamar, bajito todavía, oyéndose:
asado que fue la cena. --Leonardo ... Leonardo ...
Lo despierta el cuzquito guardián, antes que el llamado del pa- Y pasar a los dormitorios y abrir la ventana que da al segundo
dre de Suspiros.
patio, pesado de sombras:
Sí, Ramírez la vio; pasó la quinta con la. Colorada y el Cataldo. -Colorada... Colorada.
¿No ha vuelto ... ? ¿Cómo puede ser? ¿Y la Colomda, tampoco ... ? Y buscar en la cocina donde no hay fuego encendido para la
Ramírez se abotona-el pantalón, termina de calzarse las alparga- cena ni tendría sentido llamar a la sirvienta.
tas, y ésa. es su manera de decir que ayudará en la bú~queda. Muda, con temor de violentar algo, corre a la vereda y con la mira-
da registra la calle, de arriba abajo, y cuando alguien viene subiendo
y bajando las veredas desparejas, se refugia en el zaguán sin luz y deja
Son las 9 de la noche, Amaya regresa con la cara,, el cueHo, las que quien sea paseynolave;~.. Yquedaalll, unamanoenalto,apoyada
manos cubiertas de besos. No vieron la escultura dd criollito, no en el revoque cascarudo de cal, esperando lo que tenga que esperar.
estuvieron en el taller de ningún artista. Antes de las 8_ Romano
decidió dejarla porque quería ver una asamblea del magisterio.
Amaya siente en la boca, todavía, esa presión húmeda, con un Después, embarrada hasta media pierna, viene la sirvienta. .
poco de olor a tabaco, que la violenta cálidamente, por ondas suce- 1iene que averiguar si volvió Amaya, si Suspiros se ha reumdo
sivas que no se acaban. con ella. Es lo que quiere saber el patrón, mientras sigue invadien-
Contra la costumbre, en el zaguán falraJaJuz; también en el pri- do los cultivos y vaciando a medias una que otra casa de gente que
mer patio. Pero no en los dormitados, en el comedor, en la cocina. se suma para colaborar.
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Amaya la empuja para .que le diga por dónde; Pero se acuerda y se desliza hasta d horno que quedó de la ami-
1 Y la sirvienta gime: gua casa. Convoca, quedamente:
-Ahora no sé bien, señora. Iban por allá -y señala con .rodo el .....Suspiritá...
,¡'1 brazo un punto cardinal, que no es un sitio preciso ni una distancia. Suspiros no responde. Queda desorientado. Busca con los ojos
No obstante, los sacudones, esa rabia inclemente de .Amaya, la hasta donde pu'ede alcanzar. No está. Recién estaba.
devuelven a la noche. Cuándo bajaron de un gólpe el murciélago que salla de dormir
La van castigando las palabras: en los tirantes de la bodega, se lo confiaron a Suspi'ros, ·mientras
-Si re han mandado, mujer, es pnm que volvieras. ¡Estúpida, ellos seguían persiguiendo las fugaces sombras voladoras. Suspiros
estúpida, pensá!: no lo cuidó, Cataldo ignora por qué, y se retiró junto· al h<;>rno, a
E~ peor. El cnrendimienrQ de. la .mujer se tupe más y se niega a mirar ese zamarreo de las cafias altas, manejadas como finos zan-
conunuar. Se echa al suelo y Hora. Amaya .la remece, impulsándola cos al revés, que siempre terminaba con un rezongo: "Le escapé",
a levantarse, rogándole por último, pero no. "Se escapó".
Entonces, Amaya se adelanta. sola . . Cataldo no sabía por qué Suspiros se retrajo tan enseguida. El
Tanteando .sombras,. llega al borde del canal. Más. abajo, mucho murciélago csraba en el polvo, y se movía, ·como empezando una
más abajo, algunos faroles, como luciérnagas, hacen.rayirns claras en fuga, un vuelo. Pero nada más. Y la chica se espantó del silencio
e_lair~. Comprende: los hombres piensan lo mismo, que en las aguas ... del bicho, de tenerlo ah!, suelto, a sus pies, sin que él pudiera esca-
. _Permanece ahí, .débil, muy debilitada, aunque erguida y despe- parse, y de que sufriera sin chillar, sin quejarse, cómo hacen las
Jada, oyendo el agua. que no quiere ver. personas, como hacen los perritos pisados por los autos.
Mira hacia arriba, se humedece los labios mordiéndolos sin ha- Suspiros no apare~e ni terca ni más allá del horno. Cataldo mide
cerse crueldad, y pronuncia su ofrenda: el avance de los desconocidos y retrocede.
-Renuncio a ese hombre. No me rocará más. Yo te prometo. Después los hombres se detienen ame la inmovilidad de la no-
Pero que ella esté viva. Aunque enferma, aunque herida, viva. che posada en la 'bodega y ni siquiera intentan Una búsqueda.
Están por volverse:
-¿Qué hacemos? Aquí no andarr.
No, C:ual.do no ha vuelto a. su f.1milia. No es raro: pasa. tantas -Ni rastros.
noches en la. bodega vieja ... Sólo el padre considera, aunque iñseguro, que se puede probar.
El hermano, inteligente y fuerte como para. equilibrar el. déficit Y dice "Suspiros, Suspiros ... ". Y repite, como para que lá voz de
familiar que representa. el tonto, hace la punta del. pelotón. tan baja y solitaria no lo desanime más: "Suspiros, Suspiros... ".
Desde lejos, lo va nombrando. como todos .lo nombran, "¡Catal- Del horno, del interior del horno, se descuelga una pierna, que
do!, ¡Cataldo!"; y también como Cataldo se sabe nombrado por el nadie nom.
hermano protector y poderoso: "Negro, Negro flaco, que te busco!". Entonces baja del rodo y, silenciosa y leve, ·Suspíros 'avanza ha-
Cataldo oye y cesa de golpear el aire con la cafia. cia la voz que la nombra.
L1luna.le denuncia, avanzando por el ú.lcimo cuartel de viña, n_o al
hermano bondadoso con él, sino una tropillita de geme irreconocible.
lira la caña, toma de un brazo a la Colorada y escapa. detrás de Amaya supone el diálogo. Lo pule, siempre en el mismo senti-
la bodega vieja. do, puesto que depende de su pensamiento y de su voluntad.
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Ella le dir.i. "¿Usted. cree en Dios?", ya que nunca llegaron a tra-
-¿Nunca preguntó por la cabrita? ¿No quiso verla crecidfl?
tarse sino de usted, y él negará, porque no puede ser de. Otra manera:
--Nunca. No.
"No. No creo". Le pedirá que respete sus convicciones religiosas
Con un ligero envión de la mano derecha, Amaya impulsa la
y él dirá. que sí, que puede hacerlo, que p"ede respetar la fe de
rueda bruñida de la Singer. A1 mismo tiempo hace· presión sobre
los demás. Ese será el momento para. explicarle el compromiso, su
el pedal de hierro y el ruido cuchicheante de la m:í'quina anega de
compromiso, que debe cumplir, porque la criatura le fue:devuelrn ...
nuevo la familia.
Pasa el marido, con su piyama de alamares, consagrado a sus
propias cosas.· . . .
Amaya deja la silla. Siente en los brazos que ha estado rcclmada Siguen el carro, por seguirlo. Termina el invierno, les gusta cami-
sobre ellos, echada a medias sobre la mesa. nar al sol y e5 bueno tener un pretexto para· ir a alguna parte.
Se dirige a la cocina. Calienta la leche en la lechera de aluminio. Sobre Con la revolüción, Romano perdió él puesto. Ganó mal, de tan-
la llama, mientras comienza a dar su olorciro doméstico, la. revuelve lar- ros modos. Se inscribió para escuela rural; pero había desaparecido l

gamente con una cuchara. Y el vapor le entibia. y .le humedece la mano. de rodas las listas de los posibles. ¡:
José Luis. Sigue con ella, sigue en ella. No se comprometió por él, Ahorá. alguien le ha dado un dinerito para instalar un criadero
sino por el otro hombre. No tiene queecharlo de sf. de gallinas de raza. El orco pone la tierra, canal abajo de Chacras; ·1
La leche gira sola y lleva man9 y cuchara como si no pesaran.
José, José Luis.
compra los primeros· planteles, una incubadora, el alambre para el
cercado, maíz, Romano pondrá el trabajo, todo su tiempo; no ten-
l
drá ayudantes~ Recibirá un tercio de la ganancia, cuando se venda.
Sin oportunidad: de usarlo, el diálogo se gasta en .la memoria Mientras tanto, podrá engordar ·cerdos propios, siempre que no
deAmaya. sea con malz ni afrechillo. Dura condidóíi.
No la busca,.como $i rodo lo esperara de ella. Los dos tontos siguen el carro, por seguirlo, por ver adónde se
Lo encuentra en el ómnibus. Suspiros entre los dos, coarta. las va Romano, con sus jaulas vacías, con la cama y el baúl.
palabras que Amaya no aceptaría decir allí, porque de hablar de eso
sólo puede ser para que él entienda ... 1!1 se inhibe, pero. P.ermite ver
la extrañeza, que algo, o rodo, se le escapa. Después le nacen famas:
On-a vez, en la puerta de la furmacia, está discutiendo, exasperado. -Se va a hacer de plata.
Se tira el cuello de la camisa con la mano izquierda. Transpira. -Gallinas gordas, blancas y coloradas.
Amayadice: --y belichas.
-Permiso. -Dicen que campea con munición.
~1 balbucea mientras se aparta. -Y perdigones.
Cuando ella sale, él ha desaparecido. -Supo encontrarle, a la tierra.
Pregunta al marido: -En cambio, nosotros, con la viña, ya ve.
. . ... ¿nunca más vano.
-Y el vetennarJO . )
No ven. Piensan en lo que han visto y callan. Grandes tumbas,
-SL. Compra brillantina, gomina... Siempre cosas para el pelo. en los callejones, para la uva a medio madurar. Piensan en lo que
Am~ya se sonr(e. Otras costumbres, tal vez, orros afectos. verán, que dicen que ha de verse: las vifias arrancadas y el vino
Desea encontrar un ~bo suelto, para saber si la recuerda: por las acequias.
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-Sobra, dicen. una película-"Uuvia de millones", "La Sinfonía Inconclusa", "Pim-
Hablan de la uva, del vino, sin mencionarfos. ,H~blan del go- pinela Escarlata"- y después estarse los ratos comentándola.
bierno, sin nombrarlo. Hablan de una regulaciQn estatal que no No hay apuro, no hay último ómnibus que se escape. El marido de
,,
Ir'

1
entienden, porque destruye lo que ellos han construido, lo .que sus la amiga dispone de auto oficial y la hora próxima a la cena los reúne.
l padres o sus abuelos planmrpn. Ese tiempo crepuscular que sobra se desenvuelve en ir y venir por
-Sobra, dicen. una y otra. vereda de la calle San Martín. Se desprenden de ellas, se
-Dicen. adelantan, las dos muchachas, Suspiros y la hija de la sefio.ra Ignacia.
Las _madres se despreocupan. Toqo les resulta, segl,lro, go~ la
seguridad: su respaldo económico, la casa, el esposo, la hija, la ve-
Quizá sea negligente, la sefiora. Ignacia, por eso res!Jita tan fácH reda ancha de gente que supuestamente nada tiene que hacer.•.
incorporarse a su vida y estar en su casa, disponiendo de l_as infi- Pero una vez Amaya, observ~: al p¡15o de Suspiros se incli_na el
nitas tardes. gesto codicioso de un piropeador. Amaya se violenta y crat.a de
El marido de la sefiora Ignacia pertenece a una q~ las frac~i<;mes alcanzarla, sin forzar el paso, sin que la sefiora Ignacia sed~ c~enta
de los conservadores -¿a cuál, la azul o la blanca? Ama ya no .lo sabe de lo que ha sucedido, Cuando la tiene al alC\fice de la ma,no, la
bien. Es un hombre dinámico, co.n las .sienes finamenre veteadas hace v0 lver y Suspiros le ofre~e el rostro animado de un resplandor
de canas, afecto a los sacos sport y !os pafi u el os de seda en el cuello. de goz.c;>. Amaya buscaJ busca, qué hay ya en esa muchachita de
Tiene raqueras de t~nis, allnque siempre permanecen enfundadas. trece afios y advierte el nacimiento sutil y delicado del busto por
Representa ·algo de importancia en el gobierno. También hace ne-. debajo de la blusa casi transparente.
godos; tractores y cosas así, en calle Lavalle, fr:ente a "La Libertad";:
aunque no se ocupa de un modo personal directo, pues otros tra-.
bajan por él. Pod.rla ser profesor, si quisiera, en el Colegio Nacio- El marido recorre con la punta del dedo, sobre el diario, el ex-
nal. "¿Dónde hizo el profesorado, en Paraná o en. Buenos Aires?., tracto de los cigarrillos 43. "Sorteos mensuales ante escribano pú-
"¿Profesorado?, no. Él es contador, no más. Pero usted sabe ..... blico ... Premios de 5 a 5.000 pesos.'•
Sentadas bajo la enredadera de glicina, en las sillas de lona de Amaya observa sin gran apego de atención la fotografía de arri-
toldo, la mirada se les va en el recuento de todo lo agradable que ba de -Ia página: ".El cuarteto de laúdes Aguilar... ". Eso es lo de
tiene esa c.'lSa de verano, alineada con otras s~m~javc~ fr~nre mis- anoche.
mo adonde nacen los cerros. La se(lora Ignacia suele comparar: Sí, fueron a escucharlo la sefiora Ignacia y el marido . .No entra,
"Antes no era así.,. Podría parecer que se encuentra sorprendida, sin embargo, en los gustos de Amaya. No los envidia. Otras cosas
por haber enriquecido tan de pronto. Podría parecer una disculpa. quisiera.
Sin embargo, no es más que una sinceridad: la evocación de otros -¿Por qué no compramos un auto, Leonardo?
tiempos sin "blancos" ni "azules" ni tractores. El maddo reti~ el. dedo del exu:act.o, La mira como si esa, pre-
Quizá sea negligente y por eso disculpa cualquier recuerdo .in- gunta lo hubiera sacado de un orden.
grato que Amaya le confía: Amaya, sin esforzarse, sin violentarse, expone sus razones:
-¿Y qué iba a hacer usted, mujer... ? -Podemos hacerlo, ¿no éS cierto?
Puede salir con ella y entrar a la confitería Colón, adonde su -SI, pero tengo otras ideas.
marido nunca la llevó, y no por lo que cuesta, piensa Amaya. Ver Y la ufia sigue bajando por la columna del 19.

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~---------------------------________.:
·~
-¿Y tus gusanos ... ? Cuánto que no me hablás de ellos.
-No teQgo más gusanos. Se me fuerol) todos.
1
-Ah ...
-Lo tiene para él. Lo lleva, lo trae. Ahora piensa que en esos
Es suficiente: la Colorada no pregunta más.
cerros, si esconden algo ...
Pero Cataldo se queda rememorando:
.,-¿Agua?
-Cuando me vio el médico...
-No. Minerales. Si· él le da un indiCio, los compra.
Y de pronto plantea:
-¿Se venden los cerros~
-Ahora que me toca el servicio...
-${. Hasta muy adentro. Una va. fuimos a los puestos de cabras.
Hace un ademán en el aire, como explicando algo. Mas no ter-
¿Conoce... ?
mina la. frase.
-St
1iene 24 años. Lo convocaron ~uatro atrás ..Estuvo en el cuar-
-Más allá todavía, mucho más dice mi marido.
tel; pero el e.xamen físico y psicológico lo devolvió a· la familia.
-¿Y con una varita... ?
Nunq¡ h;t.r-1 el servicio militar; si11 ernbargo, en o~iooes vive es.e
--Con dos.
momento intermeqiQ entr~ la revisación médica y la pQsesión deJ
Amaya piensa en un mago de escenario, de smoking y turbánte.
uniforme y el arma de soldado.
No es así. Usa pantalón blanco, camisa de mangas cortas y zapa-
-¿Te vas, Cataldo? -dice con timida.la pena de la Colorada.
tillas de goma. Es un hombre 'bien formado y tiene largo pelo pa-
Cataldo aprieta la barbilla: contra el cuello y afirma que s{, con
jizo que le cae con cualquier· movimiento, si la mano no lo fija en
bruscos cabeceos. Permanece con la cabeza gacha, como diciendo 1
su lugar.
no hay ·remedio, y de ese modo ye, cerca de su pantalón, que. ,la
Lo encuentra con la señora Ignacia, frente a un vaso alto de 1
mano de la Colorada se afloja y se abre. Dos moscas escapan.
refresco de granadina.
Ainaya se-cohíbe, porqüe no sabe de qué conversar con él y con
la amiga al mismo tiempo. Pero no provoca en ella ninguna impre-
Esa noche, Cataldo StJefi\1 que s!.l cornpa.ljera le propone:
!
sión especial. 1
-Si tengo que queqarme sola, Cataldo, quiero que me ayud~
a casarme.
-Te ayudo, Colorada, vos sabés que sf.
La Colorada viene con la mano cerrada, agitándola de tanto en
- Tenés que decirle, vos tenés que decirle.
ramo junto a fa oreja.
Están caminando, sueña Cataldo, detrás del carro que lleva las
-¿Qué ttaés? -quiere saber Cataldo.
jaulas, la cama y el baúl del vete·rinario Romano.
-Dos moscas.
Y Cataldo, que se sueña vestido de soldado, le est<i diciendo que
-Ah ...
s(, que la ayudarn a casarse con el veterinario que va en el carro.
-Suspiros es buena. Me devuelve las moscas-que se me han caldo.
En la mañana, Cataldo toma canal abajo y llega adonde quiere
-Sf, es buena.
llegar. Merodea el criadero de Romano, divisa al individuo grande
Asiente, nomás, el Cataldo, sin participar;
entre los alambrados. Mas no se resuelve.
-¿Tenés algo, Cataldo? ¿Conmigo... ?
Cuando encuentra a la Colorada, le dice:
Sacude la cabeza el Cataldo.
-Estate tranquila.
La Colorada busca imeresarlo:
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1!1 sabe de qué habla; ella no, pero como éarece de motivos para Ignacia. Amaya percibe esa mirada y le entra una punz.'Ulte apren-
sión. Controla la blusa de Suspiros.
no estar tranquila, responde:
-Gaspar -dice la nifia.
-Bueno.
Y él entorna la. cabeza con una sonrisa de bondad, como dicien-
Y los dos quedan conformes.
do "Aquí estoy. Te escucho".
Pero vuelve al diálogo de los mayores.
-.Es un cómodo -piensa la sefiora Ignacia y participa su convic- Amaya se. tranquiliza. Mira a Gas par con buena voluntad. "Gas-
par -piensa-. Es tan sencillo. Como decir mi .nombre, como decir
ción a Amaya.
El rabdománte vive bien puesto, en el cuarto que le han dado, José Luis." Y nombra mentalmente a José Luis· sin retirarse de todo :
,1
y nada corta su suefio. Dos veces, nada más, se le ha visto tomar lo que en. ese momento la circunda. .
hacia los cerros ásperos y sin sombra. -¿Por qué se llama Gaspar? -indaga la infiuicia subsistente de
Lo demás del tiempo es para descubrir agua en tierras donde Suspiros.
la pala la encuentra sin mayor esfuerzo. Sin embargo, ·él lo hace Él ríe. "Tiene algo de hermoso, cuando ríe", piensa Amaya;
con dos varitas de mimbre, que pata su sensibilidad vibran cuando pero acopla una frase de hierro del marido: "¡Qué palabra tonta,
da con lo que busca bajo el suelo. Entonces se dclicne y manda: hermoso, qué palabra... !". Asf, más o menos, comenzó aquello.
"Caven aquí'\ Infaliblemente, bajo la costra dura encuentran hu- -¿Por qué? -rfe de la curiosidad-. ¿Has oído alguna vez un
medad, siempre más mientras más ahondan. nombre persa?
Cuando camina en camisa por la villa los chicos lo siguen y él -No -niega Suspiros, fascinada por lo que puede venir después
anda. contento con su corte. De noche entra al cine que está frente a de la pregunta.
la plaza, donde las películas carecen de final y de principio de acto, -Sf.has oído ylo has dicho: Gaspar.
porque siempre escl roto, entra o sale mal. No importa. Se divierte. A Suspiros no le satisface:

"Es un cómodo." No obstante, la indiferencia de la sefiora lg- -¿Y qué quiere decir?
nacia nada opondrá a la simpatía con que el marido rodea al rab- Amaya_interviene, como mandada por un presentimiento:
-No quiere1 decir nada, los nombres de la gente son nombres,
dománte.
nada más.
Gaspar la ataja, afable, poniendo d brazo extendido hacia ella y
Ahora .Amaya se siente bien, como antes, bajo los árboles cerca- la palma de la mano como si contuviera un borbotón:
-nos a la casa de su amiga. Igual le daría, piensa, si él no estuviera. -Sf. Sí significan ....El mfo quiere decir "el que custodia el te-
Gravita tan poco ... Sólo le complace que ·sea suave, que nunca le soro".
falte ·disposición para reír, Amaya se siente como envuelta en una reiteració!l: "¡Gildas! ¿Se
Él está en la reposera y Suspiros le conversa. da cuenta? ¿Y sabe qué significa?". Teme .repetir, teme confundirse.
La enardece esa 'posibilidad.
"Sin embargo,. es diferenre", quiere convencerse. Y trata de estar
Más tarde, el rabdom:inte se acerca al mate de las dos mujeres y en los demás.
toma una silla de totora. Suspiros se cena a su lado, en el pastito del -¿Puede enconrr.ír oro? -continúa eLinrerrogatorio de Suspiros.
suelo, y lo contempla desde abajo mientras él habla con la sefiora -Si hay. .. -dice Gaspar y· al contestar posa la mirada en Amaya.

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---- ____.
Amaya no recoge esa mirada, por primera vez, quizá, puesta sólo observación templada del final. ¿Por qué? ¿Por ella? No le agrada
que ?epon~a su pen.~miento por cortesía. No obstante,. la posee
en ella.
una mexpltcable frutaón: como si él hubiera adivinado .su comu-
Gaspar sigue explicando:
nión espiritual con José Luis y la cubriera de respeto.
-Pero no busco oro, Suspiros.

Se puede hablar con él. Se puede estar a solas con un hombre -Mafiana voy a la ciudad. Tendrás que cuidar el negocio.
y que ese hombre no la hostigue ni la asedie. La sefiora Ignacia los Esa tarea es chocante para Amaya.
-¿Todo el día?
deja. No se fija. Es indiferente.
Conversan ellos dos y a veces viene Suspiros y se pone a los pies -No. En la mafiana, no m:ís -y afiade, insinuante-: Vendré
manejando yo.
de la madre y mira los labios en movimiento de Gaspar. Amaya
-Qué ... ¿Has comprado ... ? -no llega a decir "un auto".
acaricia la cabeza de la hija. Piensa que esa pudo ser su familia. Pero
-Un camión -informa él-. Para tres toneladas. Seis mil nove-
retrocede: considera que Gaspar tiene unos seis afios menos que ella.
ciemos pesos. Los sacaremos en dos afios de buena carga.
No obstante, c;:uando Gaspar trata de interpretar lo que les pasa
Amaya deja al marido haciendo cálculos. Dirige la mirada a
a los otros ...
-Es el día. tras día que destroza la belleza. Los días tras días ra- la ~entana y descubre enrarecido el. azul del cielo. En el parral del
patto, la uva. cereza está madura. Algunas hojas se han vuelto ama-
pan lo bueno, porque lo bueno es poco y la vida se compone más
rillas. Las ~abía visto antes; pensó que estaban quemadas por el sol.
bien de ruindad, de torpezas, de monotonía.
Ahora advterte que es el otofio, que viene. Sus amigos regresarán
Amaya quisiera decirle que, con él, los días tras días no ensucian
a la ciudad.
nada, no afean nada. Que la conmueve que un hombre emplee sin
rubor la palabra belleza, que no se sienta menos hombre por eso.
No dice nada. Escucha.
Piedra y maleza rodean el criadero de Romano. Menos por el
-Matrimonios fracasados ... No. Se fracasa en general. El que se
lado del canal, de bordes fresc;:os con sombra de sauces.
casa se siente elegido y a la vr:z. siente el placer y la responsabilidad
. Cataldo mira desde afuera, unas veces desde el pedregal, pren-
de elegir. Pero después distraen ramas cosas ... Se comprende que
dtdo al alambre, otras desde la barranca, subido en la horqueta de
no se ha agotado la posibilidad de elegir y de ser elegido ...
un árbol.
"Sf. Algo de eso hay'', juzga Amaya. Y de repente se abisma.
Un peón viene al amanecer y se va con las luces del día. No obs-
"¿Elegir siempre? ¿Y si la. elección los hubiera reunido a ellos
tante, el veterinario se mueve como si todo lo hiciera solo, furiosa-
dos, a José Luis y a ella ... ?"
mente activo, enérgico y eficaz. Cataldo lo vigila, a distancia. A
Puede creerse que Gaspar está pronunciando una respuesta:
veces le ve una escopeta.
-Hay matrimonios dulces ...
Matrimonios dulces, la expresión queda prendida de Amaya. Esa escopeta tiene su historia. Cataldo no la sabe, otros sf. La
policía la sabe.
- ... en la vejez de algunos matrimonios que sobreviven esa dul-
Un hombre que había entrado de noche a los gallineros, recibió
zura aflora. ¿Lo ha notado, Amaya?
Asiente y sin embargo se le ocurre que media cierto trecho entre municiones en la pierna. Pudo escapar y arrinconarse en su ran-
cho. 1!1 no queda, mas la mujer, sin panicipárselo, le trajo un en-
la dura concepción de la vida que Gaspar expuso al principio y esa
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fermero. El enfermero lo curó, pero quiso informarse: "¿Qué, an- -¡Cómo se casan! -se ofusca. el tonto-. ¡Usted se casa!
duviste peleando ... ?". El herido bajó la mirada. "Tengo que avisar L'l media sorpresa, la media burla que pone Romano en la cara
a la policía. Es la ley." Peor, más cerrado el hombre. Y e~ enfermero no le sii"Ven de nada. Para Cataldo es como si hubiera pasado otra.
pasó aviso. La policía consiguió que el hom.bre se explt~. En la etapa, en la cual Romano dijo que se casaría con la Colorada. Por
comisaría, conociendo de cerca al hombrecno compungtdo sobre eso atropella:
el cual disparara de noche su escopeta, Romano tuvo un recuerdo -¡Usted prometió! ¡Usted prometió!
impreciso. Después, mientrns contaba las gallinas New Hampshire Romano, que es tan grande de cuerpo, ya no está en cuclillas
del tercer corral, se acordó de repente: el criollito de alpargatas, el preparando la pértiga de sauce. Ahora está de pie, con la cólera
criollito olvidado de comer, de la escultura de Cardona. subida al rostro.
-¿Qué promeú yo, desgraciado? Ded, ¿qué prometí?
1~
Y se abalanza con la rama en alto, cimbreante y fina como un látigo.
1
il' Romano arrea dos cerdos de doscientos kilos y otro más chico, Cataldo se tira ágilmente por el barranco. Romano lo sigue.
amarillos los rres. En la orilla, contra las ralees, suelen jumarse des- Cataldo vuelve arriba, trepando con pies y manos por un senderi-
perdicios que trae el agua y d criador los suelta un par de veces por to, y el veterinario quiere hacer lo mismo, pero le cuesta, porque.
i! semana para que coman eso y le ahorren inversiones en el chiquero.
Cataldo lo ve venir y se larga del árbol para disparar. Pero toma
con su peso hace deslizar la tierra floja.
El tonto lo espera. arriba con una piedra. Cuando el hombre
coraje y se queda moviendo los br:u.os como si se defendiera; es, fuerte asoma, Cataldo retrocede de frente, le deja camino libre.
sencillamente, porque prepara el ánimo. Ro~ano emerge y enarbola el látigo. Cataldo pone la piedra ame
Romano hace bajar los puercos y corta una rama de sauce, que el OJO ?erecho y cierra el izquierdo. Ve su mano con la piedra y en
desbroza con paciencia, para el arreo de vuelta. Sin embargo, tiene una mtsma línea el pecho del enemigo. Bolea el brazo hacia atrás y,
la atención puesta en Cataldo, que se halla. a cinco metros, vacilante, al volverlo adelante, lanza Ja piedra. Romano siente el golpe en el
pronto a escapar, ansioso de algo. pecho como una herida. No es tanto. Sin embargo, suelta la rama
Le habla: Y con el antebrazo se protege la cara. Cree que vendrá otra cosa
-¿Se puede saber qué qucrés vos? Te veo seguido, últimamente, dura. a destrozársela.
por acá. Pero Cataldo escapa.
Lo provoca: Se va diciendo a sí mismo:
-¿Querés comer gallina? ¿Un pollito ... ? -Ya está advertido, ya.
.1 Cataldo niega, con la cabeza, y después le sale:
1
-No.
Es suficiente: ya empezó a hablar. Ahora seguirá. -Me lo pidió ella, delante de vos.
-No. Se trata de otra cosa. El marido rezonga, pero lo admite. Además, en aquel momen-
-¿Y es ... ? to, él mismo les dio seguridades de que podían partir tranquilos,
-Eso de la Colorada. P.orque ese día escaba satisfecho, un poco orgulloso por la invira-
-¿Cuál Colorada? ¿l..'l que anda con vos? ctón del. marido de Ignacia, que los recibía en su mesa.
-Sí. Por el casamiento. -Tendrá que dar una vueltira, Amaya. Le pido ... Hay tantas
-¿Se casan? cosas que sólo puede ver una mujer.

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e

' ·'
La señora Ignacia vendría, claro, algunos fines de semana, y una Amaya puede contestarle: "Está Gaspar"; pero eso es justamen-
mujer barrería de cuando en cuando y ventilada las habitaciones. te lo que no debe decir, aunque el marido lo sepa.
Además, quedada Gaspar durante un tiempo; pero un hombre,
claro, no ci lo mismo ...
No se podía hablar de casa cerrada, con Gaspar adentro, si bien Amaya incurre en una ostentación de la que no se da cuenta:
Gaspar andaría tanto, con sus varitas de mimbre detectando mine- esas tardes lleva zapatos bajos y fuldas anchas. En cada ocasión su-
rales ... No era un secreto: nadie iba. a disputarle la búsqueda con tales p~ne que, si él está, caminarán mucho, por el camino que sale de la
elementos y menos tendría competidores su amo, para comprar v1lla y bordea la falda de .los cerros. En realidad, nunca van más allá
los cerros secos, pelados y soledosos ... También vendería maqui- de los eucaliptos que forman el vasto fondo de la propiedad.
nas para meter cucllilla al suelo que empezaba a ralear de viñedos No siempre lo encuentra. A veces, está durmiendo a las 4 de la
en Luján y en Maipú . .Era la zona comercial que se le asignaba. tarde, con la estufa encendida, boca abajo, una pierna fuera de la
Otra constituía, sin embargo, la, misión reservada de ese Gas- cama, vestido, sin taparse. Amaya lo ha visto desde el corredor.
par tan poco consecuente con su rabdomancia: estar atento a las -Vendrán en agosto. Yo me iré antes -dice Gaspar.
emigraciones. Huertas de media, una y dos hectáreas, pequeñas -¿Cómo, y la escuela de la nena? -inquiere Amaya. Quiere. de-
vifias que se dilataban detrás de una casa de familia, comenzaban a· cir que no pueden salir de la. ciudad, donde la hija de su amiga
quedar apretadas entre la edificación de los pueblos; pero desespe- tendrá clases .hasta que empiece el verano. Quiere decir, casi, que
raban al agricultor que veía estancados los precios y el rendimien- no es necesano que Gaspar se vaya. Además, ¿por qué irse?
to, mientras los hijos crecían precisaban más cosas, ahí apenas le Gaspar r!e de la confusión:
servían y se daban a soñar con la ciudad. -No; no son ellos los que vienen. Vendrán obreros, para hacer
El amo, el funcionario, no podía mostrarse averiguando quién se iba la pileta.
y cuáles eran sus necesidades, reguladoras del precio. Otro lo hada por Harán una pileta de natación. Sobran cuatrocientos metros
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él, y ese era Gaspar. La compra se legalizaba en una escribanía de la ciu- cuadrados, en verano espesos de pasto bajo y muelle, ahora barro-
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dad, mediante poderes. Tierras inútiles, y la familia de-los cultivadores sos, porque desborda .la acequia del costado.
"\' -Y usted, ¿tiene que irse?
• las entregaba por unos pesos, pensando que allí todo había terminado,
' que era preciso instalarse en la capital, sin saber muy bien para qué, tal -Tengo que irme, alguna vez.
vcr., poner un almacén de barrio, emplear a la chica y los muchachos ... ,-¿Acaso ha terminado su trabajo? -se ~mpefia. Al:naya-. ¿No le
Tierras inútiles, conseguidas con unos pesos, al grueso, por hectá- resulta ventajoso estar aquí?
reas; algún día valdrían, algún día se cotizarían por metro cuadrado. -Sí, pero ... Debo seguir.
Algo oye Amaya. Pero la sefiora Ignacia no deja que sospeche: -¿Seguir por seguir?
-Una limosna que les da mi marido, para que puedan irse, para -Sí -confiesa Gaspar, con tono grave.
que no protesten contra el gobierno, que hace obra y ellos no la No lo comprende, Amaya; sin embargo, ,empieza a entregarse:
-Todos los que me hacen bien se van ... Se hallan de pie, bajo
ven. Son ignorantes.
La señora Ignacia cree que la tierra no vale nada. Es lo que le los eucaliptos. Amaya se apoya en un tronco blanco-plata. El agua
golpea tumultuosa en la cuneta. Sin conciencia de ello, Amaya tie-
dijo su marido. i
-Vos lo sabés, Leonardo. Estabas ese día. ne los ojos puestos en el suelo cubierto de delgadas hojas caducas,
-¡Pudieron dejar casero! ya marrones, próximas a la putrefacción.
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-Tuve un novio ...
-Caminemos -invira G:ispar con delicadet.a.
1 1 Y caminan entre los troncos lisos de los árboles. Arnaya observa que él se lava alguna ropa. La ve tendida en el
-Tuve un novio. Tenía 31 :úios. Se mató. alambre.
~1 calla. Amaya piensa: que cada va es mis cierto que. pudo ,...Deme las scibanas. Las lavo yo.
tener a José Luis. -Tengo muchas. Me dejaron un cajón lleno. Bordadas. ¿Quiere.
verlas?
-Deme otra ropa, entonces; lo que le haga falta. Diga.
-Dame fósforos. -Búsqueme una mujer que lave. Puedo pagarle.
El hermano bueno le- da. -¡Supongo!
-¿Y plata no? ¿Querés un veinte? La buena disposición de Amaya queda golpeada.
-Ahora no. Pero Gaspar establece sin esfuerzo la conciliación:
Cataldo quiere fósforos, nomás. '=No se enoje ..-y la mira amistoso y sonrienre.
Hace un fueguiro y espera, entre las vifias sarmentosas o en el Después, porque han estado en, silenció, a pesar de todo:
cafiadón o detrás de una casa de adobes a medio derrumbarse ... Le -Quisiera ser ese muchacho que se mató.
.. ....)
-¿ QUISiera
ha estudiado las costumbres. Cuando el veterinario pasa al pueblo
para ver a los padres, para comer.una comida completa en el hogar -Sr.
o aprovisionarse de algo, en algún punto del camino cae sobre él Amaya,. en ese momento, podrla llorar. Puede, conque se deje.
la granizada de cascotes. A veces Romano alcanza a ver al tonto, -Para. usted, deseo ser como él. Claro que en .lo de mis me sien-
i 1
asomando por encima de una tapia, escapando entre la plantación ro cómodo mi cual soy -dice con. bonachona humildad'.
de álamos ... Otras no .. Peró sabe que es siempre él. Amaya le agradece, en el pecho, que un rato la conmueva y otro
Un cascote, dos, tres, con gran rapidez. Le dan en la tara, en la le dé estas alegrías sosegadas.
espalda, le hacen bailar las piernas cuando procura. hacer frente y -Puedo ser un buen recuerdo, Amaya -le propone al verla reco-
plantarse en donde lo agarró Cataldo. El veterinario lleva los bol- brada, y no se puede decir con exactitud .si su tono es ingenuo 0
sillos llenos de piedras, aunque casi nunca puede emplearlas. Sabe intencionado. .
quién es. Puede ir a la casa y decirles: "El inútil ése. Se los voy a ma- Amaya no quiere discernir. Sólo le agrada que él se:t as{ y diga
tar... ". Pero prefiere cazarlo. No en la calle, nó en el campo. Ahí no cosas que la recorren.
puede usar la escopeta. Ya hizo una y tuvo defensa. En algún mo- Se siente blanda, dócil a una 'voz que, al parecer, ·rodavla no se
mento el tomo volverá a los gallineros, quizás entrará. Entonces ... resuelve a decirlo todo.
Y Cataldo, con su fueguito de brasas, para que no haga humo, se
queda detrás del cobertizo de totora de los tomates, esperando. Cuan-
do lo tiene a tiro, le. larga dos, tres, seis cascotes, certéros, aporrea- -Esa chica: tiene fiebre, ¿no ves?
dores, mientras se chupa los mocos y lagrimea su queja, para él solo: .--¿Fiebre? -se alarma Amaya, y le pone la mano en_ la frente-.
-Es tuya y no te la llevis, tontón. No, no tiene.
Otro cascote, otra sorbida de nariz: -Hay sarampión.
-Y yo, que la quiero mejor que vos ... -¿Sarampión ... ? Ya tuvo.

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-Mirale los ojos. Una prevención exterior: que no le ensucie demasiado a la
-¿Qué tienen? hermana. Por lo demás, no son necesarias otras precauciones. Ca.-
--¡No ves nada! ¡Tonta como la Colorada, andás! taldo no podría engendrar hijos ..Eso se sabe, de afios.
Amaya se violenta y sufre por la hermana. Con el aviso, la. Colorada nota algo, sí: que la nariz _no está
La Colorada se repliega de costadito, como esperando un golpe, como Amaya exige que estén. todas las narices, ni las manos, ni d
aunque ya lo recibió. Há entendido. talón que se sale de la alpargata... Pero ella no le dirá nada. Y esa es
Cada cual se queda con su amargura adentro y desde ese mo- la hase de la armonía de los dos: nunca sefialarse sus roturas, nunca
mento nadie come a gusto. echarse en cara sus torpezas, nunca herirse...
Algo más tiene el marido, unaJuria de sospechas: Sólo que:
-¡Y no vas más! -Te vas, Cataldo.
-¿Adónde? -SC, vos sabés. Pronto llega el uniforme.
-Vos me emendés. Y como la ve triste:
-¿Qué hay, Leonardo? ¿Qué te pasa? -y empieza a de-sanudar la -Pero ames dejo el asunto arreglado. A cascocazos lo voy tra"
servilleta de Suspiros-. María, ayudale a que se acueste, andá. rando ...
La Colorada se siente útil, porque le han dicho María, su nom- Sonríe satisfecho.
bre; revive, se lleva a Suspiros. Ignora que Amaya se acuerda del La Colorada no reacciona, desconoce de qué le habla. el Ca tal-'
nombre sólo cuando siente por ella una lastimosa compasión. do. Sigue ladcadita.
-¿Por qué delante de las chicas, Leonardo? -está desesperada Cataldo enciende: es porque él se va. Debe probarle que no
por la prohibición. tiene culpa:
-¡Porque sea delante de quien sea, no vas más! -Es por la guerra, que' hago falta. La guerra de la Abisinia. Los
--No puede ser -casi está implorando--. Hemos prometido... gringos están mera marar, nomás. Ya pronto llegan acá ..Los manda
-lo envuelve a él en la promesa. un Mussolini, ¿sabés?
,_Yo no he prometido nada -y vos no· sos sirvienta de nadie, por La Colorada se intimida, por ese meta matar, y esa mirada de
más gobierno que sea él. pobrecita qe su amiga remueve en Cataldo la .responsabilidad que
-Pero si no hago de sirvienta, vigilo, solamente. le. han creado sus suefios:
-¿Y para eso ... ? -dice y se levanta. -No te vas a quedar sola, porque yo te voy a apurar el asunto,
Amaya retrocede, pecha una silla. Muestra que no lediscutirámás. ¿sabés? ¿querés? ·
El hombre se refrena. Pasa al dormitorio. Se acuesta y se vuelca La. tonta desearla averiguar cómo puede ser eso de que, si él se
de costado, de modo de darle la espalda cuando ell~ llegue. va, ella no quedará sola; pero está muy derrotada, muy caída, y no
lo intenta.

Cataldo anda sucio, más sucio que en verano, y eso que en in-
vierno lo sucio no se le nota tantQ. De tanto esconderse y esperar ti- Gaspar pasó en el Chevrolet cerrado de ese comisionista. Con
rado en la tierra, pisando barro, metiéndose debajo de los puentes... él suele volver, después de andar días por ahí. Eran las 11.- Come-
Son cosas en las cuales la Colorada no se fija; Amaya le advierte: rá algo, quizá, dormirá. O quedará esperando, bajo Jos eucaliptos,
-Decile al Cataldo. Si no, no te permito andar más con él. que ella llegue.

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·- _......J...a.::
Amaya apura el almuel'ZO en la cocina. Prepara sobre la cama el
delantal de tablones de Suspiros.
llama a comer y, como el marido demora, lo urge. Pero se arre- Machucada, pero seca; colérica, pero seca, seca, se ha refugiado en
piente. Él la ha mirado con renacida desconfianza~ Amaya. se aplana, la camita de la hija, encogiéndose sobre la colcha, a puerta cerrada.
tiene miedo. Siempre, ante cierras situaciones, tiene miedo, ella La sirvienta junta los labios al hueco de la cerradura y su~urra su
sabe bien por qué. complicidad misericordiosa:
Viste a Suspiros, controla los cuadernos, la pone a la. puerta y -Setiora, sefiora... ¿Precisa algo? -atiende, en espera de respues-
la ve partir. ta que no ll.ega-. ¿Me oye? ¿Quiere algo, sefiora? ¿Un té... ?
Deja que la sirvienta levante la mesa y corre al dormitorio a Después son unos golpecitos que llaman:
cambiarse. -Mamá, soy yo. Ábrame, mamá.
En el corredor está el marido, con su chaleco de lana abotonado .Es una voz seria, concentrada esta vez, la de Suspiros.
adelante. Revisa el diario, tan por encima que de sobra. se nota que Amaya se acerca a la puerta:
lo tiene completamente leído. -¿Estás sola?
-¿Adónde vas? -y la mira como si la viera en conjunto, si bien -Sí, mamá.
lo que controla son dos cosas: la falda ancha, los zapatos· bajos. Tam- Abre.
bién, pero eso se descuenta, el rostro afanoso y la gana de escapar. "¿Cómo?", pregunta con el asombro.
-Ahí muy cerca. Voy y vuelvo. -No hay clase. Papá dice que sale en el diario.
Un soto paso. Y explica, pero con fastidio, como si estuviera muy fatigada:
El marido ha dejado el diario. -La. epidemia, mamá. El sarampión.
No se apresura. Ella no se moverá. Ni cuando le pegue. Ni gri- Y pide:
tará ni hará resistencia. Ni siquiera cuando haya caído sobr~ las -Quiero acostarme, mamá. ¿Puedo? ¿Me deja... ?
baldosas y él la esté pateando. Entonces, Amaya le nota eso que el marido dijo: ell?rilio febril
No se moverá. Tiene tiempo de avanzar despacio y dejarse que- de los ojos.
mar 'por la memoria: las tropas· que entran a la villa por :la calle
principal, bajo el aguacero de primavera; los ejercicios nocturnos
de tiro, en los cerros vecinos, que cruzan de refusilos la noche, "Di~ días de clausura escolar. Epidemia de gripe y sarampión",
Amaya trastornada de alegría, atropellándose todo el día, y esas fu- dicen los diarios, por no alarmar. Pero ellos mismos dan indicios
gas, "¿Adónde. vas?", ·~Al campamento, a ver las. carpas, las ametra- contrarios: "La Cámara de Diputados aprobó la vacu.~a antidifté-
lladoras"; la partida, en camiones que no dejan de pasar, pisando rica obligatoria para toda la provincia~.
y pisando los tenaces cascarudos nocturnos que caen desde los fu- -Difteria -pronuncia: el médico, y es despótico: -Su hija no (:S
roles de la calle... Y ese lloriqueo de ella, ahí a su lado en la vereda, la única, sefiora.
que al principio no pareda nada. .. Amaya deja que parta, con su apuro y su. indiferencia. Cuando
No se moverá._ Él sabe. Ni cuando alce la mano¡ ni cuando la ha pasado la puerta, pide al marido:
mano caiga sobre ella. -Llamemos a otro.
Y, a su vez, Amaya sabe· que la golpeará.y la golpeará. Será lo 1!1 acepta, y sale a buscarlo.
mismo. Amaya oye el motor del camión: el marido tardará.

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Vuelve a contemplarla en su sueño de fiebre. Recuerda que tiene Realmente, cuando Cataldo llega y no puede, se desliza al suelo
para hacerse un ovillo y aguantar mejor los golpes.
la receta en la mano y llama a la sirvienta.
Romano se detiene a veinte metros. Quiere hacerlo sufrir más,
-Vaya a la farmacia. Que le den esto..
con el miedo, antes de ir a cachetearlo; Hace puntería, una y otra
Queda sola. Sorbida. por el silencio.
De pronto, le viene el llanto, un llantQ sU~cioso, que no la doblega. vez, con lentitud, y lo magulla. y lo lastima.
-Mi culpa -balbucea, asociando a una idea de castigo lo suyo y Cada. pedr.!.da estremece el cuerpo acurrucado del. tontito.. Cada
vez se cae más, y ahora de frente cont~ el sudo. Al roce del pasto
de Gaspar.
Piensa en Dios, pero no quiere comprometerse. Le pide, sólo le seco, Cataldo se aq~erda de Jos fó~foros. Escondiendo m:f.s aún las
manos, saca la caja de "Victoria", frota, hace llama y· prende el yuyo.
pide. Ruega y reza.
En la noche, con el segundo diagnóstico, se rinde. Cae de ro- Se tira y gateando, b~j 0 la pedrada, ya llenando de fuego el
borde de los gallineros.
dillas y promete..
Romano multiplica el vapuleo, pero con su temperamento de fá-
cil encendido se arrebata, se ya sobre las llamas, las pisa y manotea.
Arranca tierra con .las ufias y la echa al fuego, y ~n la tierra corta el
Cataldo dijo que apuraría y ha desperdiciado dos tardes.
pasto y de tal.modo aumenta el combustible.
Se da pretextos:
El tonto, todavía peor de atontado por los golpes, cesa de que-
-No viene con los chanchos.
mar fosforitos y empieza a recoger pedruscos. Se. pone dos dedos
Se concede ventajas:
~n la boca y s~lba fuerte. Romano, sorprend,ido, se da vuelta, y un.
-Ahora, que se fue el peón .. Pero todavía no; cuando esté oscuro.
Algo truena en el aire. Cataldo mira y no hay nubes. En el cre- mstante después .algo le golpea la oreja, qu~ 1~ ~tr;l a a~der co.mo
púsculo viene un avión de tres motores. Pasa bramando por encima escaldada. Otro silbido. Comprende: el tonto lo llam~ bU$qindo-
le la cara. Se echa el brazo al rostro, a fin de protegerlo, y escapa,
de los sauces y Cataldo queda perplejo:
-Ya llegaron ... Ahí viene el Mussolini, seguro. Y yo ... tropezando, porque ve mal, hay humo y sombras y a él lQ casco-
Entonces lo sacude el coraje. Trepa el alambrado y se mete en tean implacablemente de atrás.
Cataldo conoce el fuego. "Por aquí me come. Por allá está lerdo."
los gallineros.
Desde su barraca, el veterinario descubre la invasión. Prepara la Al mismo tiempo deduce: "Por algún lado él saca lQ~ d.tanchos" y
escopeta, aunque no la empufía. Sale y, presuroso, junta piedras. encuentra la salida.
Cataldo viene rumiando la exigencia y, por buscar frases, se dis- Romano entra a la barraca y recoge el arma cargada. Sale apuntan-
do, aunque tembloroso, muy descontrolado. Entonces descubre
trae del peligro.
La primera piedra le da en la .ingle. "Justito acá", piensa, por- que el fuego viene devorando, con ruido de calde~, y -lleoo .de te-
que quiere escapar pero súbitamente la. pierna.se le ha encogido. rror suelta la escopeta~
Sin embargo, no vacila y gira de regreso. En la espalda le pega el . Reacciona un momento, sólo un momento, que le basta para
segundo golpe igual que un empujón. Penosamente, trata de ale- mtentar el salvamento de algo: suelta los cerdos y abre el gallinero
de las blancas.
jarse entre el revuelo de las gallinas.
Romano lo sigue sin apresurarse. Lo tiene atrapado y espera arrin- Las gallinas lo atropellan y lo llevan en un remolino de plumas
conarlo contra el alambrado, cuando el tonto, con la pierna marti- hasta enredarlo con los chanchos que se revuelven desorientados
por la chamusquina.
rizada, no pueda valerse para subir.

304 305

- -- - ___ ____.
Huye al camino. A su lado corre un puerto y· una gallina pasa Y encuentra a Gaspar.
volando junto a su cabeza. Él la. mira y quiere retenerla con la mirada. Ella se detiene. Lo
La quemazón se agota en los campos incultos. 'Pero el humo se observa, alza los ojos a los eucaliptos. Contempla de nuevo al hom-
ha elevado en la noche y al erra en el contorno, más que el fuego, bre suave, con tristeza, pero sin deseos. Le dice no, con la cabeza.
que fue bajo. Y sigue su camino.
Comienza a extenderse el olor de las aves quemadas, mcicla. de Después, otra. tarde, va diciendo: "Mi cariño, José Luis, es como
pluma y de carne, y la hambreada gente de los ranchos sale a oscu.- el cariño de los tontos: mi cariño dura".
ras a sentarse, para gozar en silencio la. fragancia de los seiscientos Y aún: "Debes perdonarme, José Luis. Debes perdonarme por
pollos asados a la vez. Romano y por Gaspar. Te buscaba".
Olfatea y se anima la perrada; pero más tarde, sin esperanzas,
los pichos se echan junto a los hombres, con el hocico mustio entre
las piernas I:Xténdidas.
-Quiero ir .:.dice Amaya, y pone la punta de los dedos sobre el
pequeño ataúd, a la altura donde pueden estar los labios de la nina.
La carroza es blanca y en las cuatro esquinas tiene ángeles gor-
ditos de pelo dorado. ·
Junto 'al hueco abierto en la tietta-"tan grande, piensa Amaya,
de paredes tan lisas"- espera un sacerdote.
Después ve·q ue el fraile habla y que !lace gestos conocidos j uh to
al tajoncito. ·
Entre los demás, sólo distingue un llanto, un llanto de tonta
revuelto con hipo.

Amaya hace todos los caminos sin casas aliado, horas y horas, un
día y otro día. Vuelve cuando la hostiga el frío, a veceS más tarde.
Medita.
Se díce: "He vivido. Ahora pienso"·.
Se supone lúcida, mas se contradice.
"Mucho he pensado lo que hada. Ahora debo vivir."
Repasa la memoria de la criatura.
"Ya no le haré dafio. Aunque me fuera con todos los hombres,
nada más le pasaría."
"Soy libre."
Se siente liberada del compromiso: ella ofreció a Gas par en cam-
bio de Suspiros, pero perdió a Suspiros.

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-- --- --·------'
ABSURDOS

1978

Se excluyen de la edición original (Barcelona, Pomairc, 1978} los cuenros cdirados de


libros anreriores: •Dballo en el saliual" y "El juicio de Dios•. Varios CUCfliOS fueron
rcedirados luego en la amologfa Ozba/14 m tlsalitml. Barcelona, Brugum, 1981. ·Aba-
llay", "Málaga paloma• y "Conejos• fueron umbi~n public:tdos c:n: Pdgintts tmJgidas
tk Antonio Di Bmttktto. Stk«iontUias por ti autor, Buenos Aires, Celtia, 1987.

--'-L---. -- --- . - - - ---. -


MÁLAGA PALOMA

No alberga palomas este vasto foro, que es plaza y jardín, grada o


pie del_templo, de las termas y la justicia. De un costado se apifia en
recova. de mercaderes. En todo su linde alza las columnas armónicas
de su peristilo, que nada sostiene, abierto sin ellas únicamente en la
embocadura del acceso imperial, jamás hasta. ahora surcado por em-
perador alguno (aunque está predicho que un día un Sefior vendr.i).
No .tiene palomas, cuenta solamente con tina paloma, que me
pertenece, y su nombre es Alba, blanca y pura de toda blancura.
Las dem:1s, pese a que en multitud importunen suelo y espacio
con su. hervor constante, pueden ser ignoradas, y de hecho lo son.
Cuando Alba.remonta y se entretiene con sus juegos y sus labe-
rintos, planeando, buceando, solitaria, dueña, sin tropa ni corte,
aun_ si tienta el mayor altor desafiable por un alado de su natu,.
raleza, nó pierde atención _a su amo, con una mirada que no me
descuida, y un signo de mi brazo basta para ordenar su regreso.
Asciende si yo se lo pido y cuando lo dispongo. Mas arriba,
ella, sin ningún dictado, a su capricho y fantasía enhebra en el fir-
mamento los diseños y filigranas que maravillan al seguir su vuelo.
Se detiene en el aire el instante previo al giro, que hace con un
ala que apunta hacia abajo y la otra que se despliega para obtener
un impulso de trompo, hasta que, vertical, erguida, recoge las dos
sobre su cuerpo, como un éapullo, huso armiñado, y entonces in-
venciblemente susurro: "Plena eres de elevación ... ~.
Para. acreditar estos méritos a la inmortalidad, se instala en el
vado justamente en el centro del foro, viene a ser su cúpula, sin
que se logre saber cómo es que divisa y elige. el punto preciso.
Al. surgir de esa unción, todavía trepa y al. cabo deriva hacia
tierra, sin velocidad; se deja caer en impecables círculos que, al

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estrecharse de más en más, bajan en espiral trazando una copa o fin del día colonial; sin embargo no pasa de ser un desarreglo eBmero
cáliz de aguzado cono. para nosotros los mansos que tenemos algo mejor que esperar.
Seducida al principio por las acrobacias, la muchedumbre al Yo espero a Málaga.
final se entrega a un silencio que se ubica brevemente en los bordes Si es Málaga. quien viene, se ha producido la conjunción de
de la actitud. ritual y del misterio (que yo, bien claro quede, no todos los oráculos propiciatorios.
propicio ni e.xcito; tampoco trafico con mi colombofilia}. Ella no· llega, aparece. No aparece, se vislumbra, ;t.soma, hasta
Cuando las gentes superan el trance y reanudan el paseo -con sus que en momentos se hace plenitud.
ostentaciones de la virtud o del éxitO, los intercambios de mentiras y Como los demás ante los prodigios de vuelo m<igico de la palo-
la frecuentación del mercado, del mesón y la taberna- llega Picasso. ma, mi alma queda embelesada a la aparición de la joven que amo.
Y no s~ qui~n es. Sólo estoy al tanto de. que esculpe y pirita, "Y En cuanto descubro, o vuelvo a descubrir, por qué los maestros
.que no obedece. Dicen.que será célebre, una 'Vez que hayan trans.. de la obra desdefiaron techar el peristilo de la. plaza: para que, sobre.
·currido los. siglos. esa imagen de· novia que ingresa, circulando entre las columnas,
Su túnica no es fustuosa, ni él arrogante, pero algo obliga a notar- desciendan Jos 'granos de luz rosada. del crepúsculo vespertino.
lo como a. un ser distinto. Rasgos contradictorios .concurren ·en este Después, Málaga pasa junto a las fuentes recibiendo las salvas
hombre. Se le atribuye genio. Tiene. cabeza, porte y maneras de cam- de su rodo, y se une al cónclave de Picasso.
pesino. Me desconcierta. En su cercanía cede mi natural cordura y No hago crianza de celos. Lo :tdmito: es el universo de ellos. La
sudo padecer confusiones: incluso he visto en su rostro un solo ojo mujer sensible ~ ilustrada cultiva la vecindad del artista; el artista
y, en otra ocasión, tres, colocados o· abiertos. en ·posiciones extrafias, evoluciona en la constelación de la. mujer de luminoso encanto.
Posiblemente, como a la. generalidad, la hora. del tramonto se Puedo concebirlos a ambos, ·sin empefios de la imaginación,
,le vuelve irresistible: responde a la provocativa convocatoria que, como oficiantes de. mesas con buen vino y plcitica, también de_ las
como centro :mundano del Virreinato, posee el foro. Espectador liturgias con que se reverencia el arre.
y partícipe, ·asiste y se incorpora al proceso humano, cálidamente Sin omisión, en cada atardecer que condesciende al foro, Mála-
asido al jarro, observador socarrón, bebedor alegre y envidiable. ga crea tiempo para posar su interés, siquiera un· momento 1 en. mi
Suele llam~me a (}ue• le muestre clave. No la toca, como pre- Alba. Entonces se detienen los torrentes vitales quede ella irradian.
tenden hacerlo tantos admiradores cuando la. he descolgado d'el Se envara, como si sólo le restaran fuerzas exiguas para sondear ca-
aire; no intenta tantearle Ja ·cabeza esquiva, ni pasar caricia por la vernas de sabiduría, que acaso sospecha en el ave mística. Calladas
lisura. perfecta del plumaje terso. preguntas le encomienda, ¿de qué tenor?, ¿con qué temor?
En su consideración se absorbe y a lo más me pide que la sos- Quién sabe si recoge respuesta; pero ya enseguida se reintegra
renga sobre mis palmas como pedestal. Creo que toma. apuntes al coloquio de Picasso con su junta, ingenioso a veces, festivo a
mentales para una pintura o dibujo. No puedo afir~arlo, ya que menudo, no siempre feliz, ni de apariencia al menos. Puede que la
no lo anuncia. Sí podría dar testimonio de que, cuando contempla palabra asuma, con discreción y reserva, melancólicos acentos. Ta-
ensimismado la paloma, Picasso parece convocar y recibir la paz, les los de Picasso, ahora que confía a mi amada (alcanzo a oírlo):
la paz del espíritu y entre los hombres. -Tú, Málaga, que tienes el nombre de un pals remoto, quiz.is
La. irrupción .insolente en la plaza de algunos funcionarios residen- inexistente, del que hacen fama navegantes y guerreros, y yo que
tes venidos de la. metrópoli, con sus caballerías exasperadas a. propósi- antes de volverme viejo decidí, por vocación, nacer en Málaga; tú
to, lograría desgarrar esas impresiones benignas y alterar el placentero y yo .nos reuniremos, finalmente, en Málaga.

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. . . . . __________________ - --.-- -~---....1


No crío celos: no es un sen~imien~o amoroso recíproco el que.
podría reunirlos. Ella acaba. de brotar, es juventud genuina. 1!1,,
Picasso -lo ha. declarado en este instante, al pronunciar su, peregri-
na esperanza_., pese a su vitalidad ha ingresado ya en la edad~ que
marca las fronteras de la existencia. No cuenta.
"M:Uaga", ha dictado. ¿Una manera de invocar el Edén ... ? ABALLAY

En el sermón de la.rarde, el fraile.hadicho una palabm bien di-


Una mafiana, que no tendría por qué haber sido opuesta de ficil, que Aballay no supo conservar, sobre los santos que se mon-
sentido a las de otros dlas,. cesó, para siempre, la- presencia de ella·;· taban a una. pilastra. Le ha motivado preguntas y las guarda para
luego también se extinguió la de él, por causas diferentes, aunqu~ cuando le dé ocasión, puede que en los fogones.
igualmente desdichadas y· merecedoras de ser lloradas. Son visitantes, los dos, el cura y él, con. la diferencia que el otro,
l?icasso era un artista, con preocupaciones de orden .superior, cuando termine la novena, tendrá adonde volver.
y únicamente pudo concederme residuos de su tiempo y ciertas La capilla, que se levanta sola encima del pelacW en medjó del
indulgencias menudas; monte bajo, sin vivic:ndas ni otra construcción permanente que se
En cuanto a·mi amada... era la esposa ele otro, ·y·yo apenas po,- le arrime, se abre para las .fiestas de la Virgen, únicamente entonces
dfa tener, sobre ella, los derechos de la. veneración a distancia y una tiene servicio de sacerdote, .que llega de la ciudad, allá por· la leja~
ilusión de amor. Pero inconfesa; ¡Dentro de mí, oculta! nía, de una parroquia de igual devoción.
Picasso propuso -y a lo mejor entre ambos se lo prometieron- Los peregrinos.-y los mercad~res- arman campamento. Se van
el encuentro en M:Uaga País. ¡M:Uaga... ! Una especie de cielo, tal pasando los nueve dlas entre rezos y procesiones; las noches, atem-
vez, para la gente hermosa. peradas con costillares dorados. con guitarra, mate y carlón;.
A mi turno, ¿dónde lo~ reencontraré?, yo ·que ·sólo soy (así me Aballay presenció un casorio. de laguneros, muchos .bautizos
llaman en el foro)~~ Tomo de la Paloma. de forasteros. Más. bien deambuló de curioso y también necesita..
do de probarse entre .la gente, pero alerta y sin darse con nadie.
Contó cuatro milicos.
.. ..,

Mientras tanto en el altar declina la llama de los cirios. afuera se


reanima y alimenta el fuego de las brasas, en las enramadas 9e vida
corta, la de esas fechas no más.
El cura recorre el sendero de vivaques echando las bendiciones
y las buenas noches. Solicitado al pasar por cada grupo, hace ho-
nor a una familia venida de Jáchal. Se asa un chivito, la abuela fríe
pasteles, un hombre sirve vino, todos en sosiego y discretos. De las
quinchas vecinas brotan cantos, tempranamente enconados.
314 315
1

1¡ Se nombra a Facundo, por una acción reciente. -Sí y no.
("¿Que no es que lo habían mueno, hace ya una pila de afios... ?" .) -Pongámosle que no y te explicar~. Los anacoretas -eran solita-
1 Aballay ha sido una sombra en la andanza de la sotana, ahora es rios, por su propia voluntad se habían retirado de los seres huma-
un bulto quieto, que no se esconde..Espera. nos. A lo más, mantenían la compafiía de·u·n animal fiel. Recorrían
Uno de los jachaleros lo invita a acercarse. Con una sefia dice no. los desiertos o habitaban una cuéva o la cumbre de una monrnfiá.
Otro es su apetito. -¿Para qué?
Pero media el cura y Aballay obedece. Nada agrega a la conver- -Parn servir a Dios, a su manern.
sación, tampoco propicia su intervención el fraile, tal vez acostum- -No lo entiendo. En el sermón usted dijo que estaban arriba
brado a esos silencios· de los humildes y 'los ariscos. de un pilar.
Pero a cierta altura, cuando ya las estrellas remontan el horizonte, -Sí... pilar o columna..&os precisamente eran los éstilitas. Su
Aballay lo sorprende con un toque en la manga y la, consulta que rnra costumbre sólo era posible en aquellos países del mundo an-
le desliza en voz baja: tiguo, donde, ames de Cristo, fueron levantados templos monu-
-Padre, ¿podrá oírme...? mcntn.les, que apoyaban su techo en. pilastras. Al desaparecer sus
-¿En confesión? religiones y ser abandonados por los hombres, durante siglos y
Aballay meditayal cabo dice: siglos, se fueron destruyendo. En algunos casos, solamente que-
-No todavía; padre,, Pero ahora hablemos,. le pido, usrcd y yo. daron en pie las columnas. Los estilitas subían a ellas para tratarse
Más tarde se apartan de la animación de los fogones, eluden a con rigor y alejarse de las tentaciones. Permanecían aJJí, con vienro
los achispados de la cantina. y se pierden entre las carretas dormidas o lluvia, enfermos· o hambrientos.
donde reposan los nifios. -¿Cuántos días?
-¿Días... ? ¡Eternidades! Se dice que Simón d Mayor vivió así 37
* "' "'
afios y Simón el Menor 69.
Entonces hablan y, al calar el asunto que el· desconocido le trae, Aballay entra en un denso silencio.
el religioso se regocija de su eficacia como orador sagradp. He aquí El sacerdote lo estimula:
quien le. muestra que su verbo penetra y es capaz de causar inquie- -¿Y... ? ¿Qué piensas ahora que sabes el tamafio de su sacrificio?
tudes. Trata de corresponder a ellas agregando claridad y· simplifica ¿Podías imaginarlo?
el lenguaje, la expresión, lo más que puede. · Aballay no recoge esas preguntas. Tiene otras, muchas más, minu-
-No, hijo: no dije que fueran santos, sino que vivían en santi- ciosas: que si en tan estrecho sitio podían sentarse o debían estar de
dad. Era propio de anacoretas o crmitafios. . pie, en cuclillas o arrodillados: que por qué.l)o morían de sed; que si
-Dispense, no fueron sus palabras. nunca jamás bajaban, por ningún moúvo, ni por sus necesidades na-
-¿Que no ... ? turales; que si puede creerse que no los mmbarn, al suelb, el sueño...
-No, padre. Los nombró de otra manera. El sacerdote está contestando, mas no omite sospechar que esa
-A ver... estilitas. (Puede ser? inquisitqria sea la de un descreído rústico, que lo esté incitando a
-Puede. perder fe en lo que ha predicado desde el púlpitó. Nó obstante, se
-Ah, bien. Significa más o menos lo mismo. Sólo que los esti• dice, hay respuesta para todo~
litas eran una clase especial de anacoretas ... ¿Conoces qué quiere -¿Cómo se alimentaban? Lo hadan moderadamente, aunque
decir esa palabrn? algunos, según d lugar donde se estableciesen, se veían favorecidos

316 317
por la. naturaleza. futos tal vez disponían de miel silvestre y del fru- na para acercarse al cielo y despegarse de la tierra, ·porque en ella
to de los árboles. De otros, especialmente de los caminanres del de- habían pecado.
sierto, se cuenca que comieron aralias, insectos, hasra. serpientes. Aballay sabe qué grande pecado es matar. Aballay ha matado.
El cipo repulsivo de animales que evoca ahonda. la naciente pre-
ocupación del cura. Por un sentido de seguridad, está .observando * • *
a dónde han llegado. "Al fondo de )a noche", se dice, considerando
la espesura del matorral inmediato. Se han apartado del aduar, la Esrn noche, Aballay ha decidido despegarse de la tierra.
concentración de carretas y animales de tiro. Se analiza junco a Bien es real que el llano, que es lo único que él conoce, no tiene
ese emponchado nunca visto previamente, que parece ansioso y columnas, ni nunca ha visto más que las de un pórtico, en la iglesia
díscolo, y de quien desconoce si debe remer el mal. Se sobrepone; de San Luis de los Venados..
hace por tranquilizarse y piensa que tiene que complacerse de esta Recuerda que para escabullirse de las disciplinas de su madre,
provocación, tal vez ingenua, que. lo ha Uevado a la memoria de sus se trepaba a un árbol. Acepta que. al presente está intentando lo
lecturas, aunque sea para transmitirlas a un solo feligrés y en tan mismo: huirse de su culpa, y busca a dónde subir.
irregulares circunstancias. No le valdría, actualmente. Ni un ombú, si probara el refugio
El religioso está explicando que asimismo podlan sostenerse por de su altura y follaje. Sería descubierto, seria apedreado, aunque no
obra de la caridad ajena, pero Aballay le cuestiona: "¿No era. que supieran la verdad~ra causa, solamel)te por portarse de una manera
estaban solos y le escapaban aJos demás?". extrafi.a. Tampoco nadie le alcanzaría un mendrugo.
-Desdichados y creyentes hadan peregrinaciones para rogarles E.stá firme, a conciencia, en el trato consigo mismo de separarse
su ayuda. ante Dios y a esas personas de rama fe les aceptaban algu- del suelo y llevar su vida en penitencia. Mató, y de un modo fiero.
nos alimentos muy puros. No se le perderá la mirada del gurl, que lo vio matar al padre, uno
-¿Eran santos, entonces? ¿Podían pedir a Dios? de los escasos recuerdos que le han quedado de aquella noche de
-Todos podemos. alcohol.
Aballay se interna de nuevo en los callejones de su espíritu y se Pero él no podría quedarse quieto con su remordimiento. ~~
distrae del cura. fute ya lo deja estar, hasta que reaccione solo. tiene que andar. Salirse (de un sitio en otro).
Después: ¿Cómo, si quiere copiar a los de antes, lo que contó el cura?
-Usted dijo, en el sermón,_ que se retiraban para hacer penitencia. El fraile, dijo que montabatz a la columna. ~1, Aballay, es hom-
-Dije más: penitencia y contemplación. bre de a caballo. Tempranito, a 'los primeros colores del día, Aba-
-Contemplación ... ¿Acaso velan a Dios? Hay monta en su alazán.
-Quién sabe. Pero la contemplación no consiste sólo en tratar Le palmea con carifio el cuello y consulta: "¿Me aguantarás?".
de conocer el rostr:o de Jesús· o su resplandor divino, sino en entre- Supone que su compafiero acepta y, mientras avanzan al trote sua-
gar el alma al- pensamienro de Crisro y los misterios de la religión. ve, lo prepara: "Mirá. que no es por un día... Es por siempre".
Aballay ha asimilado, pero su empeño consiste en despejar es-
pecíficamente el primer punto: ** •
-Usted dijo: penitencia. ¿Por qué hacían penitencia?
-Por sus faltas, o porque asumían los yerros de sus semejantes. La primera jornada ha sido de voluntario ayuno, la segunda de
Concretamente en el caso de los estilitas: montaban a una colum- atormentarse pensando en comer y no amañarse para hacerlo.

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Gozó de aquélla. Priyarse un día da pureza a la sangre, se. argu-· montado. Tuvo el tino, aquella. noche, de consultárselo al cura, que
mentó como consuelo. nunca supo a ·qué tanta averiguación sobre los hábitos y vedas de
Después le vino el hambre tan grande y con ral reclamo ·que los encimados a las columnas. Dijo el fraile que no-concebía peni-
entró a desesperar de conseguir ayuda, y por consecuencia. de no tentes a tal pumo severos que se prohibieran descender a tierra por
ser capaz de cumplir su imención. tan justificada razón, aunque no dudaba que algunos cometieron
Lo orientó un humo. Se ganó al·rancho. Habían carneado y asa- esos excesos de mortificación.
ban las achurns en el mismo patio. No hizo fulta que pidiera. Sólo De todos modos, Aballay se proponía' ser ,Jimpio. ¿Acaso no
quellamóJa atención con su resisrencia_a ponerse a gusto, junto al penaba por limpiarse el alma?
puc:Stcro y los suyos. De todos modos, le alcanzaron una. generosa.
porción ensartada en su propio cuchillo. • * •.
Supo que esa v~ era. diferente de otras. Había recibido el bo-
cado hospitalario -que, sin preguntas, nunca se niega al que hace Aballay remueve las ramas de un arbusto, buscando vainas co-
camino. Antes también lo tuvo, en distimos sitios. Sin embargo, mestibles. Sorprende. a un pájaro atolondrado que demoraba en
desde esta ocasión podrla. volvérsele necesidad de todos los días, y votarse. Lo manotea en el aire. Lo retiene con cuidado de no da-
se le nubló el orgullo de su nueva condición. fiarlo. Nota su agitación desesperada y lo dispensa del pavor.
Ya estaba cercado por los apuros que pudo prever y los que la Ya se proyecta el ave ~acia arriba y·al hombre le da contento su
penuria comenzaba a mostrarle. libertad.
En adelante debió socorrerse con imaginación y ahí donde la Pero se le atraviesa una memoria empecinada: la mirada del gurl,
astucia fallaba o vislumbraba riesgo de quebrantar su designio, tO-· cuando le mató al padre.
maba ensefianza del relato del cura.
No menudeaban los ranchos, por esas soledades, ni él se figu-· "' ,., "''
raba de entenado. Se haría de avíos o provista, algún recurso ·guar-
daba como para p_oder pagarla. ¿Cazar? Sí, pero, ¿cómo cocer la También terca, porfiada en volver, es su imaginación de los em-
carne? ¿Fruta? La natural~ de esa región la negaba. pilados. Suele, como esta nóche, entrem~ársele con. las· impresio-
Habilidoso fue siempre para las suertes sobre el estribo o colga- nes del día.
do de las cinchas, con lo que le vino a resultar sencillo recoger agua .1!1, Aballay, es un penitente y escl parado en un pilar. No una co-r
en el jarro o, por probarse destreza, beberla aplicando directamen- lumna de las de iglesia; tampoco pilón de portal de un cememerio: pi-
te los labios a la superficie de los arroyos. lar de pueme, de piedrn, sólo que m:is Jlno y encumbrado, él arriba.
De dormi_r sobre el caballo tenía experiencia y éste de soportar- No está solo. Hay otros pilares y otros que penan. Son los anti-
lo, Pero, si no lo aliviaba de su carga, no le concederla descanso y guos, los santos, y para él. resultan extranjeros. No se hablan, por-
sobrevendría la muerte. del animal. Enlazó un cimarrón, lo-convir- que así tiene que ser, y si hablaran él no encendería su lengua. Se
tió en su parejero y se pasaba de una cabalgadura a otra, para darles cubren, como él, con ponchos.
respiro. El segundo no hizo resistencia ni al jinete ni a la rutina; En una parte del suefio hay paz, después cambia en pesadiiJa:
seguramente había tenido duefio. llegan los p:ijaros.
Pudieron someterlo a las prácticas menos . ilustres sus necesida- .Le caminan por la cab~ y los hombros. Le picotean las orejas,
des naturales, de haber romado con absoluto rigor la ley de vivir los ojos y la nariz, o quieren alimentarlo en la boca. Hacen nidos,

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ponen huevos ... y él, en todo momento, está muerto de miedo al licencia por causa de extrema necesidad o fuerza f!layor -aunque
vado, donde caerá si se mueve. para él lo sea la yerba- que creyó sobreentender de los ejemplos del
Aballay despierta. a medias. Le ordena a su alazán: "¡Quieeto... !". cura. No pone pie a tierra ni para encender lefia.
Dispone de los cacharros debidos. Elige un desnivel del terreno
que le. sirve de mesa en tanto él pueda arrimarle el caballo de ma-
Encuentra una pulpería. Pasa de largo, no le sirve: no tiene reja nera qúe, aproximadamente, se recueste en el borde. Sobre ·esa ~pro­
empotrada al muro del frente para hacer su compra desde el caballo. minencia, no más alta que donde va la montura, hace un fueguito
Al tiempo halla otra. El pulpero antes de entregarle el charque y caldea el agua. Cuando la llanura exagera de chata, se interna. en
pone la condición: "Platica en mano". Aballay descuelga de su sitio las rajaduras profundas y anchas de la tierra que abrieron olvidadas
algunos de los cobres que, con otras monedas de diferente ley, hacen correntadas. De esta manera~ busca el nivel desde abajo.
el esplendor de su rastra. Para sus pausadas maceadas del ocaso, se entiende que coopere
Desemboca en el patio de una posta. Se juega. Baraja, taba. En el cimarrón, tan sosegado como es. Sin incomodar al amo, ramo-
el redondel, los gallos se dan la muerte a primera vista, o a ciegas, nea toda la planta que halle a tito. Mientras, el compafiero libre de
si se revientan los ojos a puazos. Se apuesta. tareas explora a su gusto la terneza de los brotes y los pastos. Aba-
Se come y se bebe. . Hay tiene las piernas cruzadas sobre el dorso del cuadrúpedo, que
Aballay ha atado el cimarrón al palenque, con su alazán circula es su asiento. Entrelaza los dedos para abarcar en el hueco de las
entre los grupos, por ver. Lo mismo ante el asador. Pero alguien manos el volumen de la liviana calabaza. Sorbe, con dilatadas pau-
lo provoc.'l: "El que no se pone, no come". Aballay comprende. El sas, de la labrada bombilla. de metal placeado. Se absorbe, Aballay,
provoc.'\dor está. por tirar la taba. Aballay desune de la rastra una no en pensamientos, quizás, sino simplemente en su parsimoniosa
moneda. El hueso que hace su vuelo e hinca el. borde en tierra de- mística del zumo verde y cálido. No obstante, él, que no suele ha-
cide que gane Aballay. El perdedor paga: con desprecio arroja dos blar solo, una vez, en voz alta, exclama: "¡Dios es testigo!".
monedas al suelo, entre las patas del alazán. Extrafiado del clamor, entre un silencio tan tendido, el cima-
Aballay observa los dineritos que podrlan ser suyos, si se humi- rrón reacciona con un relincho y se sacude. Por el remezón, Aballay
llara a solicitar que alguien los recoja del polvo y se los ponga más se despeja.
al alcance. Podría tomarlos él mismo, corriéndose por la barriga
del animal, asido de la cincha, pero dada risa, y tendría que pelear.
Considera con vaga tristeza. el doble relumbrón que lo espera, en-
fila hacia el palenque a desatar al parejero, y paree. En una trocha tropieza con cuatro indios mansos. Despren-
Desde entonces, por ese gesto, para los testigos nada fácil de didameme, le ofertan pescado, que a poco hiede. Está crudo; lo
descifrar y que tendría relación con el desprendimiento, a Aballay transportan en canastas de totora expuestas al sol, a ,campo tra-
le nacen famas. viesa, para feriar en poblado. Aballay no acepta, pero retribuye la
~1 no se entera. Si fuera más avisado, las habría visto dar lumbre intención: de sus alforjas les provee dos pufiados de sal.
a los ojos admirativos de la moza que una mafianita le tendió unos De inmediato, los indios acampan, prenden urr fuego, destri-
maces con azúcar. pan y asan los bichos de escarnas nacaradas.
Amargos son los que él se ceba, de madrugada y a todo requeri- Ahora huelen pasablemente, para el hambre sin curar de .Aballay.
miento de las tripas cuando se le vuelven .quejosas. No abusa de la Aguarda, de horqueta en su potro.

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_L 323
Los cuarro pescadores se han puesto efusivos y pretenden for-
zarlo a bajar con ellos. ~1 no accede pero recibe su porción: Los días de la polvareda grande lo tienen exigido y del apremio
Los indígenas mascan en cuclillas. Uno lo observa de reOJO, pro-
saca listeza. para mejorar su sustento.
lijamente, en todos los instantes. Deduce que no es que el ?lanco Por los indicios entiende que no es polvo del viento, sino de la
no quiera, sino que no puede despegarse d~ los ~omos del antmal~ y caballada, y no montaraz, sino caballería. de ·tropa armada. Malo
traslada a su dan esta preocupada conclustón: hombre-caballo . eso para Aballay: puede ser reclutado, o lanceado, sin causa; puede
perder :los pingos, por requisa o por codicia.
Se ampara en las lejanías y yendo a ellas se aparra de las últimas
huellas de la gente, cae en la bruta pampa.
Bultos duermen en la noche. Forman uno Aballay y su cabalga-
Torna referencia de las ilusrrnciones del cura, cuando le contó
dura; hace el segundo la otra bestia buena. Anidan en un malezal, de aquellos arrepentidos de los tiempos de antes que, si iban a dar
nada mejor han hallado en lo que la vista podía alcanzar. No hay al desierto, no todo era. miel para .ellos: de comer arañas y hasta
luz lunar, la impide una cubierta de nubes. víboras le habló.
Aballay está encaramado en un pilar. El sol le hace arder la boca
Sopesa la alforja del charque y se le pinta, no muy distante, eJ ham-
que guarda resabios de pescado echado a perder. . bre. futa.le encadena ideas: serpieme-lagartija-piche. Seguramente
Hay otro anciano. La columna de éste es más esplénd1da, pero
en el des1erro de los sancos Mtiguos no correteaban los armadillos.
la sed los iguala. Precisamente de sus marcadoras corridas en varias direcciones,
Es wciano y parece un santo, aunque no guarda la compostura
de sus zambullidas en las cuevas, del ahfnco con que en ellas se
de un santo. No tiene aguante. Se abre el escote del poncho, ~ara
prenden de las ralees, depende la dificultad para que Aballay logre
ventilarse. Todo transcurre en silencio, hasta que el santo anuguo cazarlos desde el caballo. No obstante, arriesga rodadas (suyas, al
cl~a: "¡Agua!". No le parece a Aballay q~e dijera agua, au~que ése colgarse·d~l potro lanzado a la carrera; del animal, si.hunde la pata
es el sentido que le encuentra a lo que hl'zo el otro; más bten se le
en los aguJeros que cava el piche para vivir).
figuró un trueno, casi encimado a un relámpago ... Fracasa y fracasa. .Persevera y aprende.
Cae, Aballay, cree que volteado por el relámpago o el rayo, Y al
Después,. cocerlos ~ como caldear agua para matear. Sólo que
golpearse despierta y ya lo empapa la lluvia. Un instante disfruta
hay que sacnficar los b1chos. Puestos boca arriba, a punta de cuchi-
del agua que le contenta la boca ardida. Hasta que descubre que ha
llo los despena. y los abre en cru7.. En su propia cáscara, que sirve de
tocado tierra con todo su cuerpo. olla, y en su misma. grasa, que tiene abundante, se fríe el almuerzo.
Batidos los ojos por el chaparrón, intenta no obstante elevar
~e esta suerte, sobra comida. Pero fu.lca el agua, omisión que
la mirada, al menos la frente, en un confuso acto que no sabría
obhga al regreso.
desentrafiar él mismo: ¿está pidiendo perdón, haciendo valer que
• )
no fue a prop Ómo ....
Embarrado y trastornado, salta sobre el pingo y a su juicio Y
riesgo, aunque temeroso, decide que esa bajada no hay que po?erla
H.arto astroso ha vuelto. No se ve a sí mismo, hace riempo. Pero
en la cuenta. Admite que lo tiene agarrado un yugo que él m1smo
los OJOS, de los de.~ás le controlan la presencia, no porque salga de
se echó. Lo acata con la obediencia más sumisa. lo comun la apar1c1ón de un menesteroso, sino por .resistencia a los

325
32<t
Se incorpora. no al juego sino al espectáculo de las bochas, sin
malentretenidos, que pueden cometer iniquidades cuando caen en entrometerse entre la. hombrada. Como permanece, lo toman en
la miseria extrema. cuenta, a la hora del asado:
Halla conocimiento en un rancho. No lo reconocen a él, nunca
-Hágale, con confianza.
lo vieron; le reconocen sus famas, que le han crecido, sin él saber-
Como está indeciso, le insisten:
lo, que son cliversas y contradictorias, pero lo real-zan, dentro de
-·Y.
( ....><·Gu........
....... >.
una concepción del bien. Aballay asiente, apenas con una inclinación de cabeza, sin com-
"Ueva su cruz", se susurran, con actitud reverente. prometerse del todo, ya que adivina lo que sucederá a continua~
Aballay, que afina d ofdo para pillar el secreto, considera que la
ción: pretenderán que para arrimarse al asador descienda y se enta-
verdad es justamente lo contrario: él no tiene ni una cruz, ni una
blará d repetido duelo con sus resistencias.
medallirn, ni una estampira siquiera. AsC ocurre, hasra que alguien toma razón del crucifijo y pide pa-
Acepta unas pilchas, que le son propuestas con comedimiento.
recer a un vecino: .. ¿Será ese que. .."?. Hay acuerdo en que puede ser.
Es un dfa cálido. Van ellos, entonces, a renclir su ofrenda -pan y vino, como principio-
Busca el arroyo y se sumerge en prolijas abluciones.
a. ese peregrino extraño que, según decires, no descabalga nunca.
No tiene peine y se fija. como primera meta un boliche o pul-
perra donde adquirirlo y reponer la provista de sal, yerba mate y
tasaJO· .
En camino, al tranquito cono, una tarde a eso de la oractón,
Asf terminó la. primavera y·pasó el verano, Aballay.
con el cuchillo descorteza y pule un trozo de rama seca, luego uno
.El invierno le hizo pensar que el esúo había ,sido una gloria,
segundo, más corto. Los une en cruz con un tiento. Con otro se la
para su vida al raso.
enlaza al cuello y· la echa por fuera de la camisa o blusa que altora
Por el fondo de los campos estaba subiendo el sol, pero Aballay
posee por dádiva de los puesteros. no terminaba de despertarse. Helaba, y él se estaba helando. Lo
De donde conviven .unas cinco casas le salen al encuentro unos
posclan vagas sensaciones de vivir un asombro, y que se habla vuel-
estampidos que no han de ser de guerra, como lo distingue al
to quebradizo. No intentaba movimiento y lo ganaba. una benigna
poco por exclamaciones que son de entusiasmo y muestran ale-
modorra.
grfa. Al pasar hacia la pulpeda observa al costado b causa: entre
Mucho raro duró el letargo, ese orillar una muerte dulce, mas
·1 tablones y con un tope de troncos, circulan, por mano de hombre,
atinó a reaccionar su sangre a las primeras tibiezas de la atmósfera.
pelotas macizas y duras, de quebracho pueden ser, que ora buscan
Al tomar conciencia del riesgo que había vadeado, se santiguó,
su senda con independencia y ligereza, ora se dan golpazos de
besó la cruz de palo y controló sus apoyos, sobre los que discurrió:
matasiete. Lo tientan las bochas. Seguro que se podrá apostar. Lo
"Si muriera encima de un caballo... ¿quién me despegaría de él?
ataja un recuerdo deprimente. (Y hacer un tiro? ¡Lindo seda ... !
¿Podxía, la muerte ... ?"
¿Desde el caballo ... ?
El peine, el charque, sal y yerba le consumen los valores de la
rastra. Solamente retiene una moneda, la más valiosa, el patacón
,., ...
de plata, que era el centro del vistoso ornamento. Lo guarda en un
Desde su carretón ambulante, el mercachifle lo convocó con una
pliegue, como bolsillo, que. lleva por dentro ese cuero curtido que
voz: "¡Gaucho!", que Aballay no reconoció para s{ o lo predispuso
le faja la cintura con donaire y solidez.
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326
Y tomó ?oca de qu~ en. el ,incerjor del carruaje. estaban .atrapados:
contra .la intención de quien lo nombraba de esa manera, por unos otra muJe~, de apar1enc1a. más delicada; un civil, quizás el marido
cuantos aplicada con menoscabo. Iba a desentenderse de él; no y hasta tres nifias. -'
obstante, el otro, a gritos para hacerse o(r, sólo quiso preguntarle Resaltaba que para la mujer carrete_ra sacar del-agua. fangosa esa
si tenía plumas. mole con r~edas ~ra obJjgación de sus bueyes, y se lós exigía con voces
Aballay se contuvo. de mucho •m peno y el duJo estímulo de una picana bien manejada.
-¿Plumas? Ahallay entró al. pantano, a p'robar honduras. A continuación,
·-De avestruz. Las compro, o cambio por mercancía, buena mer-
desenrolló el tren1.:1do y enlazó el pértigo. Se p_asó a la vanguardia y
cancía. con el de montar y el parejero comenzó a cinchar, cuidadosa pero
Por este encuentro y la tal propuesta, Aballay creyó hallar. oficio
firmemente. Todo ello, sin pe_rder su· posición so.bre el alazán, lo
que no lo hiciera renegar de su voto. cual motivó primero la atención, luego la estimación de la -~ayo­
Tuvo que correrse a la llanura central, menos árida, más solitaria,
rala ..&ta entró !1 colaborar con él.
y rumbear al sur, hasta confines odiosos por sus peligros, los de tener
1',. No sirvió el ~fuerzo inici~ por el mucho peso del carro y la
encimados los territorios de-tribus no avenidas con el. blanco. carga entera. Menguó: Aballay desembarcó, uno a uno, a. los cinco
Acechó al fiandú. No para faenar sus carnes (empresa imposible
transportados y sin dar tregua a sus cinco caballitos los reimplantó
sin echar pie a cierra). No que quedara sin vida, quería Aballay, que a la cuarteada.
quedara sin plumas. Hada el crepúsculo, liberados de la prisión del cieno, aunque
'¡ Supo de pacientes vigilias, aplicó el ojo avizor, se sometió a la
'abundaran las injuri~ de éste sobe~ botas, ropa y ,rostros, los con-
1' inmovilidad (por no delatarse al zancudo). fortaba un fuego animoso sobre piso seco. La olla de ma1.:1morra se
Ensayó carrerearlos y sobre la marcha, al emparejarse, arrancar-
confiaba al influjo de las llamas quedas.
les los alerones o parte de la cola. Demasiado resistentes le result·a-
Aballay pudo comprobar su destino -que no pretendía-- de
ron; si el. alazán. por un trecho alcanzaba. al..fiandú y él se le aferraba
provocar desconcierto, teñido de admiración.
a las plumas, los enviones del patas largas run~nazaban arrastrarlo o
Con ese estado de ánimo, la carretera.acató sin insistencia. ni co-
le dejaban como recompensa un manojo escaso o maltrecho.
mentarios que rehl1Sara_ des.c:nsillar para tomar .una comida caliente
Lamentó su ineficacia. con las boleadoras, de lás que,. de todos
Y más carde su descanso en forma natural. Ejerció una prudencia
modos, carecía. elemental y confió en h.allar ocasión para .retribuir mejor la ayuda.
Ensayó el lazo. Aprendió que voltear de un tirón al·avestru7. no
Aballay-durmió sobre el cimarrón.
es dominarlo. El ave grande pateaba con una énerg(a temible y le
Al despertar, sabedor del apego que le· profesaba el alazán, que
espantaba el caballo. como de costumbre había quedado suelto, no le preocupó su fulta¡
Comprobó, por último ante la reja del pulpero, lo engañoso de
lo supuso verdeando largamente en resarcimienro. del desgaste que
las ilusiones del trueque. tuvo el día anterior.
Que fuera oficio para mujeres, nunca se le avisó; lo daba por:
Saboreó él, Aballay, su propio verde aromoso, en sucesivas ron-
hecho como menester de varones. Sin embargo, ahí, al comando
das que el postillón adolescente le sirvió con masa para masticar
de la carreta, estaba una. Luego salió en procura del demorado. .
Por el momento, en aprietos considerables.
Cuando lo encontró, estaba rumbado, sin inquietud sin Vio-
Aballay no fue tenido en cuenta, ni él se postuló, ni adelantó
lencia, sin resuello. '
palabra. Meramence.se detuvo a un costado a apreciar la situación
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Aballay entró a pensar-y hubo de ·.inquiriese si ·bajar ·por su porro -Porque me recordás a un liijo que supe tener.
le sería dispensa,do. Rumiada: la duda, no lo hizo. Colgado del ·ci· Conversaban en igualdad (a igual altura), en la. noche. Para ha-
marrón, retiró el cabezal del alazán y dejó que la mrum se demorara cerlo real1; él se arrimaba en la: mulit:a. y ella.se sentaba en el piso del
tiernamente asentando el pelaje sano y parejo. pescante de la carrera quieta.
Se le insraló el desamparo en la voluntad, una desolación que lo Cuando la: mayorala le· alcanzaba un razón .o un cacharro, vale
puso inservible hasta el punto de no atinar qu~ hacer :pata .no ·ma- decir, alimento· de ro mar con cuchara,. a. Aballay le asomaba. la . in·•
tar con su peso al cimarrón. Estaba igual que ·al principio; para .no quietud. La cuchara, en su mano, le representaba.eLbienestar, y era:
asentar la bota en tie(ra predsaba un caballo más conque alternar. cuando se preguntaba. si de verdad hada penitencia.

l
·1
Sin decisión, siguió la: carreta.
Más adelante, en u.na parada, hubo ocasión:
-Concédáme...
Con esta sola palabra,la mayorala le hizo don de la múlita, la de
La: llamaba: "vida de balde" y sabía que eso era como "vivir de
regalo1', pero tambiénr sospechaba que fuera vivir enr vano.
Pensó, una vez, ir al encuentro del cura o de·otro·horribre maoo~
yor e· instruido .con quien aconsejarse.
servicio, la que llevaba de rabo del carro para un .rodeó o avanzada A sus dudas, como de una tiniebla, le venía la réplica, casi parecida:
11
¡' del postillón mozo. a una justificación: vivir para pagar una culpa no era vivir en vano.
1 Podrían paberlo tranquilizado, .esos pensamientos, si no· se hu·
biera .inrerp~esto, en cada caso, la cara dd.chico. ¡No había arreglos,
con el gurí!
Se sumó a la rraves!a, sin resentirse de la ojeriia que le dedicaba el
hombre que mudaba destino, de un costado a otro del país, con sus
bártulos y su familia de cuatro polleras entre los cueros del galerudo
y lerdo transporte de bueyes. Aballay desaparece dos días.
Para Aballay estaba bien con que la mayorala tolerara sus hábi· De vuelta, se distingue sobre: la mulira un fardm .Esa diferencia
tos. Si no se hada mella. de éstos, conllevaba tareas. De tal modo podría no tener significado; no obstante, la. mujer de la. carrera le
resultó que pudo darle a ella algunos desahogos, de media jornada atribuye· alguno, aunque todavía incierto~
y más, conduciendo él la carreta. Le bastaba- pegar el salto de su Que Aballay se lo conA'e,. como está haciendo, podrlá creerse . contri·
cimarrón al pescante: no ·pecaba de posa:rse en tierra. bución de su·parre alas consumos ddviaje. No: es lo que la mujer con·
En la noche, el resguardo de la caja del carretón lé aligeraba sidera,. menos cuando deslía el bultoyencucnrra: tocino, ginebra, sal;
d trámite hacia un su~fio con menos escalofríos. El yantar se le gallera. .. sf; pero además una pieza de percal~ agua d'e olor, un pafiuelo..•
había vuelto seguro. Algo, en la mayorala,. se pone muy flojo~
Aballay se incomodó a sí mismo con dos pregtuitas: ¿po.r qué Ahora ya casi comprende... Quizá, que no es un preseme co·
ella me ampara? Lo que yo hago, ¿es penitencia? mún. Que Aballay se va y· paga.. No, no paga:. retribuye.
De la primera pidió respuesta a 1:1 bienhechora: Casi l'o puede c;ntendcr de esa manera, pese a que;Aballay aún
~¿Por qué ... ? nada explica, ni cuenta nada.
-Porque me ayudás. (Ella lo voseaba, no él a ella.) Ni dirá que: entregó el patacón de plam, aquel guardado en el
No lo convenció~y se fue al silencio. pliegue .de la rastra panr una ocasión especi;U. O para u.na gran
Entonces, la mujer se allanó a confesarle: nccesidadí (como la de hacer. lo que ha: hecho).

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..~ reclamo: "¡Despachemos pronto! Me va a decir, Aballay, en qué
asuntos se ha metido ... ".
Como se perdió la carreta. con su mayorala, se perdió el invier- Pero fue indulgente. Sabía {o creía saber) ame quién se hallaba.
no y se pierden los afios.
Murió el alazán, murieron el cimarrón y la mulira. Siempre
pudo sustituirlos, nunca con ventaja. Los más, orejanos; los menos,
dóciles. Por hallar sumisos, cuando enlazaba perdidos sin marca, Al tiempo de vida errante, le había salido al cruce una partida
los elegía viejos, reputados de mansos. Precisaba uno preferido para de jinetes.
montar, y el ladero. Un tiempo se avino a llevar, de parejero, un Eran ues y los pensó en malandanza. De él quisieron sondear una
burro. Precisaba, propiamente, un sillero. Ni silla, ni montura, nj. suposición semejante (el crucifijo al cuello podía usarlo como un
bastos, llegó a tener. despiste) y, al parecer, con unos daros creíbles se les pasó cal idea.
Sospechoso de abigeato, y en reincidencia, un policía le cargó -¿Querés trabajar?
-Según ...
la mirada.
Aballay y su yunta. fueron arreados al destacamento. Enganchaban peones. Dos de ellos lo eran y el otro su capa-
El milico le mandó el "Bajare, que el comisario te quiere ver". taz. Estaban formando una hacienda, para un patrón. Reclutaban
El coraje que tuvo para no apearse le faltó a Aballay para la frase hombres para el desmonte.
tranquila que se le formaba en la mente: "Si quiere verme, tendrá Aballay dijo no, que él no.
que salir". -Pretencioso el gaucho -soltó uno, con agresividad.
Soportó el tono, soportó el enojo y las palabras puercas. Calcu- "¿Otra vez?", se consultó Aballay, y no pudo impedir que se le
laba para enseguida unos guascazos y unos tirones, pero el milico embravaran los ojos. Se los controló el retador y para acentuar la
decidió darle una oportunidad: provocación le caracoleó el caballo por delante.
-Tenés que entrar, por las buenas. No le gustó el lance inútil, al capataz. Lo llamó al orden: "·Pe-
• ,.. • 1
-No me niego, si es montado. re1ra. , e mcrepó a Aballay:
-¡Ah, vos, con tu manía... ! -lo reconocía y lo despreció, el uni- -¿Quién sos?
formado, sin atreverse a más. AAballay le salió de respuesta: "Un pobre", como un tenue des-
Fue a poner el litigio al arbitrio del comisario. Salió de vuelta prendimiento. Lo miraba de frente y ya, no tenía cólera ni soberbia
no por contrariado menos altanero, e hizo las cosas como si se en el rostro.
dirigiera a un tercero: Entonces, para el principal de la partida cobraron sentido la
-De orden de mi superior, que el citado Aballay tiene que com- cruz de palo. y las trazas, ya de mucho oídas, del montado errante.
parecer no más. Con respeto se llevó la mano al sombrero y se descubrió la cabeza.
Si bien debió agregar, de distinta manera: "Andá adentro, te las Y Aballay supo que, al cabo de tanto, había regresado a la co-
tendrás que ver con el jefe. Pero~pasá derecho al patio, podés entrar marca acogedora. de donde lo apartó la carrera.
con tu Rete".
El comisario, para no ser menos que el indagado, fingió que
estaba al salir con apuro y subió a caballo. Sólo entonces, como
condescendiendo a no dejar desatendida la cuestión, planteó el

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Otras veces se encontró con gente 'de a pie~ "Más pobrecitos Aballay toleró el discurso, notó codicia, midió la. potencia del
que yo...", comprobaba. palo. Senqllameme le notició que se inclinaba a ·no tener socio
Podía transcurrir· un día sin que distinguiera pe'rsona, y quizás ~guno, lo cual exasperó al figura y ante este resultado Aballay se
lo mismo le ocurrla al otro; sin embargo, al coincidir raramente se decidió ~ partir s'in agregar palabra.
excedían de estas manifestaciones: El taimado. zumbó ·un varazo propio para hacer volar la ·cabeza
-Buenas... del jinete, que con agacharse la salvó, mientras ponía distancia con
- .•. y santas, amigo. la ligerezá de sus caballos.
Y cada cual proseguía, con el nudo de lo suyo, cerrado, dentro -¡Anda, ve con Dios! -le vociferaba, muy ClStizamente, el sal-
de un mundo tan abierto (y solo). teador fallido-. ¡Anda, ve con Dios .. J
Podía d:tr testimonio dd éxódo ...:vaya a saberse hacia dónde que "En eso estoy", se consoló Ab:illay.
imaginab:tn el pan- de familias ·que nada poseían, salvo ·los hijos.
Tropitas polvorientas, en las que el padre hada punta, y luego los
.. ,.,
chicos; uno, puede que de leche, bajo el cobijo del amplio chal de
la madre, negras por lo común las vestiduras de ésta. El más ani- En .una época siguiente, padece deterioro de salud. No lo escon-
mado, cuando no extenuado por. la h:tmbruna, era el perro. de, tampoco lo pregona.
-Buenas... Las puesteras hacen lo que :pueden por él: un té de. yuyos, un
- ... y santas, señor. caldo de ave, una tibia leche de cabra ... No se atreven a medicar:
Resaltabá la resperuosidad, no sólo por darle a Aballay· el trato piensan que a un hombre en ese estado hay que mandarlo a la
de señor. Al ver de cerca al montado, se había recuperado del bor- cama, pero no a ese hombre.
de de donde descansaba. Sombrero en manQ, lo sacudía del polvo Menos osaría ningtlna propiciarle el rezo. Po~ descontado que
contra la pierna. Aballay llena sus retiros tori la oración.
·-(Me conocés? No es tanto así, como creen las mujeres. Sin embargo, Aballay
-De mentas, señor. reza, a su manera, y no para implorar por su salud. De ·siempre lo
Aballay lo dejó parado y meditó. El caminante era el ·tipo del ha hecho igual. Su rezo es como. un pensamiento, que continúa
venido a menos hasca lo muy mínimo, donde ya ni fe en sí mismo después que ha diCho las frases de la docuina. Nunca hizo de la
queda. Aballay' consideró que podían hacer juntos el camino y se plegaria una queja.
dio cuenta de lo provechoso de la cooperación entre un hombre Hoy, que se ha arrinconado con JSU fiebre en un barranco y tie-
privado de la tierra y un hombre a ras del suelo. Aballay se dijo que ne mucho frío, nota, con la vecindad de Ja noche1 las majestuosas
andar con otro demandaba plática y él no era de mucho hablar. pinturas del cielo. Le llenan .el espíritu y se antoja de hacer lo que
Tan bien lo probó que al rato se fue sin .re-velarle que lo ·estuvo- nunca se le ocurrió: rezar de rodillas,,sin que renga que quebrar el
pensando de acompañante. voto, sin.hincarse en ti'erra: doblado sobre su porro.
En una cuesta descollaba a distancia uno como ensota nado, porr Prueba, con unción, con vehemencia, con tenacidad, pero no
el poncho negro y caído hasta los pies. Gesticulaba, llamándolo a puede: arriesga una rui(losa calda.
llegar a él más de prisa, lo que no obligó a Aballay. Cifie desesperadamente sus piernas al cuerpo del animal, dis-
Sostenía un largo palo para acreditarse, vivlsimamente interesa- puesto a no derrumbarse, a afrontar la infinitUd de las sombras que
do en conquistar el uso del caballo que consideraba vacante. se lo están tragando.

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Suefia con hojas de flor de durazno. Su comportamiento era·mez.quino, tenía que reconocerlo; pero,
Suefia que interpreta: ha de ser mi remedio, el tiempo soleado, alegaba, por causa del control malintencionado que le aplicaba el
ya que la flor se abre con la primavera. mrruso.
Un día, a la vista de un duraznero que estalla de flores por todas De todos modos, uno y otro lo pasaban pendientes de quién
las ramas, recuerda con benevolencia aquel .suefio y se ensefia del cayera pnmero.
acierto de su presagio. Permanecían al acecho de los indicios: si se ladea al dormir, si lo
marea el sol, si lo zamarrea el chucho...
"Puede que el poncho blanco le esté dando apariencia que lo
favorezca de bendiro ... " -Aballay juntaba argumentos por menos-
Una mujer le pide que le salve al hijo. preciar la ventaja que le llevaba el antiguo en recibir ofrendas: se
Aballay no entiende. ¿Que le ayude a llevarlo adonde se pueda acumulaban, éstas, en la base de la columna.
dar con un médico ... ? Después de unos cien afios de rivalizarse, ningttno ganó en mo-
No. Que él lo bendiga y el nifio se pondrá sano. rirse. Los dos quedaron sin gestos justito en el mismo instante, y
Aballay se espanta de esta atribución: lo esrán confundiendo se secaron de a poco. Después se desmenuzaron como un par de
con un santón. panes VIeJOS.
Después se duele: "De haber podido, yo ... ". No pasó sin huella para el montado esta· funtasfa de la noche: le
marcó ondas graves de desabrimiento y melancolra .
• *· *

El antiguo, que se cubre con poncho blanco, le impacienta el


ánimo. Siempre piensa en el gud que le hincó la mirada.
Entre tantos pilares de los templos descabezados, vino a subirse Pasan afias. Un día se encuentra con esa mirada.
a la columna quebrada más cercana de la suya. Sabe que el nifio, hecho hombre, viene a cobrarse.
Traía un silencio odioso, muy diferente del que cumplía. Aba- Lo ha seguido, el mozo. Lo topa en un cafiaveral.
Hay, porque en Aballay era. como una costumbre de estar callado, Podría parecer un santón de poca edad, en digno caballo. Trae
sin ostentación. templados los ojos, pero decididos. Igual que Aballay, está en ha-
El antiguo se apareció con un silencio medio peleador, como rapos·.
empefiado en que Aballay se fuera. Le comunica:
Aballay se sintió vigilado y aunque no pretendía ser más que -Le he buscado.
. . )
'• nadie, no cedió, y vigilaba al vecino. -¿ M uch o uempo ....
Se daba cuenta si el antiguo bajaba más de lo perdonable y ro- -Toda mi vida, desde que cred.
maba noca igual que si nurriera un encono. No pregunta, afirma:
Al padecer la lluvia o el frío, resistía y comparaba, por verlo -Conoció a mi. padre.
aflojar. Seda ocioso preguQtarle quién es él y quién era. su padre.
Si granizaba, menos calculaba los coscorrones en su cabeza que Le pide:
los que machucaban al otro. -Sefior, eche pie a cierra.

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1

1
1

Aballay decide que tampoco pot este motivo puede. Además, Angustiado, levanta la mirada, para consultar, y por su cuen.ta
está. rumiando que no- debe revelar d porqué: parecería un disimulo resuelve que en esta ocasión será justo que permanezca todo lo que
del miedo. haga falta.
Como demora con su cavilación,. padece: que el otro lo apure: El instante de vacilación basta para que el vengador de abajo,
-Señor, he venido a pelearlo. alce de punta el ~uchillo y le abra el vientre~
Aballay hace un gesro sereno, que muestra .Conformidad, y el Aballay cae, perdiel)do aceleradamentdas energías, y lo que se
joven resume: le embota primero es c;l St.Jfrimiento de la. cortadura.
-Sé que: tiene famaJ de que no se abaja nunca dd caballo. Tendré Alcanza a saber que su cuerpo, ya siempre, quedará unido a la 1

que ahajarlo. Le ofreda, no más, la, ocasión de un frente a frente 1 cierra. Con el pensamiento velado,. borronea disculpas: "Por causa
en que los dos pisemos firme. Si usted: no la quiere, ·me acomodaré: de (uerza mayor, ha sido ... u.
a su modo. Aballay, tendido en el polvo, se está muriendo, con una dolo-
Lentamente; del dorSo desenvaina el facón· cruzado, que es lar- rosa sonrisa en los labios. .
go como la búsqueda que ha. terminado.
Ágil y rápido, Aball'ay se inclina pronunciadamente y con, in-
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cisión certera y enérgico forcejeo corta una cafia gruesa y pode-.
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rosa. como de más de un metro. Toma. posición, con ella en ristre
igual que lanza, y ya. ha. guardado en la. faja la hoja. triangular del
J·' cuchillito.
El desafiante se asombra:
-¿No tiene cuchillo que valga... ? ¿Ni ese cortón piensa usar?
Pero ni más palabras. usa Aballay, aguat:da.
No quiere matar, pero opondrá defensa.
Luchan. Con la. cafia hostiga y lastima superfidal'mchte. Busca
herirle la mand que empufia, el arma, para. que la. suelte. El con-
tendor lo· pasa a la. carrera, por el. costado, bajando planazos que
aciertan. y escuecen. Vuelve y suelta un mandoble dé partir la cara.
.l Aballay esquiva y lo· que corta el. facón es la cafia, formándole un
chanfle perfecto. Aballay, por instinto, la mantiene rígida y no
afloja. Con el extremo· por ese azar afilado, la. caña se incrusta· en la
boca del retador que atropella, y se la destroza. Resbala, manotean-
1 1 1 do i'nútilmente el pretendido sostén de las tiendas.
1 Desde arriba, Aballay lo· estudia, un segundo. No ha. cometido
lo que no queda: matar otra vez. Compasióh·y·.nausea le causa esa.
efusión de sangre que ahoga l'os ayes y enturbia el bramido,
Desmonta a dar socorro y llega hasta el vencido, pero-lo blo-
quea su ley: no bajar al sudo, y lo ha hetho.

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Su porte, su barba, la cabellera larga hasta la nuca, su aventura
americana -imprecisa y por tanto inflamada-lo asociatoñ, en los
salones; en el teatro, con quiméricas representaciones mixtas: de
Búfalo .Bill con los pieles rojas.
Fue por entonces que desertó de la ciudad para acaudillar hues..
TRfPTICO ZOO-BOTÁNICO CON RASGOS tes propias e irregulares, conquistadoras de tierras y ganado del
DE IMPROBABLE ERUDICIÓN~ desierto (incierto: yada. con vida). Y así, de un continente a otro,
vinieron a revelársele el Far West y los indios, a cuya persecución
propendió. con safia exterminadora (para. la opinión de muchos;
PRIMERO DEL TRfPTICO insuficientemente motivada).
las sensitivas vizcachas -presiento- ya están abandonando, una
VIZCACHAS a una, esas seguras cavidades donde moran, hospitalarias, en pro-
miscua convivencia con pájaros, lechuzas y algún ofidio friolento.
Obedecen la seducción de la luna llena~ que esparce sobre los cam-
Quizá su barco que remontaba fatigosamente la ruta hacia el at- pos su luz. de plata suave y, en respues~a a los pausados acordes de
lántico norte pudo rozar el trayecto inverso del que traía de regreso la música del silencio, comienzan a danzar su ballet. Rito debido
a Sarmiento, ¡quién sabe! Quizás fondeó en los mares de alcohol de a la naturaleza o a una creencia animal, no sé; o ceremonial del
las tabernas en cualquier puerto donde más tarde deliraría Poe, y conejo amoroso o conjura de la muerte no visible pero siempre, sí,
prescindió cansinamente de la aventura del oro que llamaba desde presentida y posible.
el Yukón. Vaya a saberse si escuchó el estallido de las balas y los Ryan O'Hara, que fascinaba -o distraía- al enemigo con su bar-
sables del Norte contra el Sur, o sólo las mentas de lo ya ocurrido. ba color de infierno y lo producía con la boca llameante de su cara-
Acaso supo de W. F. Cody; tal vez, si lo vio, fue desde los tablones bina, por fin fue desmontado. Quedó vencido y a pie en territorio
del circo. Resulta posible tolerar la idea de que más se enteró de indígena, pero antes que. ser despenado, huyó, en pelo de un caba-
búfalos salvajes y de estoicos pieles rojas por lecturas y leyendas, llo sin jinete cogido al correr. Volvió a rodar más lejos y encontró
cuando ya se había adentrado en las primeras estribaciones de la refugio en una cueva donde cohabitó con una lechuza intrigada y
pampa y ensofiaba -y se atribula- el W est lejano del que se distrajo, acaso con una cautelosa serpie_nte.
hasta ignorarlo, entre sus pertrechos de desarraigado en el East. Estoy a unos treinta metros. Es la distancia adecuada y es mi
Desarraigado allá y acá. Su estatura -seis pies y medio-, su bar- hora. Enfoco la linterna de cinco elementos (pilas) y aluzo con su
ba y su pelo -como jugo de granada-, su inglés-irlandés -era un faro cegador. Donde cae la lumbre posesiva ha cesado el baile y
O'Hara, de nombre Ryan-, pudieron integrarlo sin resistencia en no menos de tres vizcachitas permanecen en una acritud orante
el país elegido. La convocatoria paterna, mejor dicho el reclamo de -apoyadas en sus cuartos traseros, con las patitas delanteras unidas
regreso atendido tardíamente, lo convirtió en heredero y estancie- como manos en plegaria- que debiera causarme compasión. Aho-
ro. Pronto descubrió que asimismo podía gobernar su hacienda, ra, ¡a los tiros a la cabeza!, que tienen que ser certeros (escopeta
mal que bien, desde la ventajosa ubicación en ciudad. calibre 16, cartuchos de munición N° 3). He entablado la matanza
Buenos Aires, en la que había nacido, no lo recuperó: lo descu- y comprendo que la primera salva es eficaz. Después de todo, yo
brió, con embeleso las damas, con celos y rivalidad los varones. también soy un O'Hara.

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Ryan Barba Roja ha escuchado la caballada que se acerca. Con-
jetura: tanto pueden ser indígenas como blancos (la muerte o la
vida, para él). Son un grupo de civiles,_armados, sus suborcünados
o secuaces hasta aquella tarde. Pero no acuden para acordarle una
prolongación de la existencia. El. esconcüdo lugar y la" autoría sen-
cillamente atribuible a. los indios. servirán para la venganza -de SEGUNDO DEL ·TRfPTICO
acumulados rencores- sin riesgo. de punición.
Una que otra vizcacha, tal vez agónicas peró con suficiente vita• SARGAZOS
lidad, ganan .la. cueva que será su sepulcro. No valen·d esfuerzo de
poner perros a escarbar por ellas. La cosecha. es de 20 a 30 cuerpos.
He de cuer:earlas, vaciarles las enuafias para que no fermenten, Preocupé la mente de Aristóteles, el naturalista.
apartar la carne blanca ·y tierna, sumergir las pieles en salmuera y Desconozco el fuego, mi elemento es el agua. Desconozco l.a
alumbre y después esmquearlas con cafiims. muerte, no ignoro que llegado el tiempo debido he de pres~ntirla,
Ryan, el abuelo, también ·esrnqueaba. Hombres. y entonces migraré. A ·menos que se me -atrape, y entonces -sólo
entonces-, conoceré, a medio morir, el fuego.
Preocupo a Aristóteles, naturalista y misántropo, filósofo po-
dría ser, que. cavila en Sicilia.
Me segrego de la ventura sin zozobras del estanque, emprendo
la odisea del::tgua en movimiento, que unas veces se llama arroyo,
y es mansa y dulce, y otras se nombra mar, y es convulsa y amarga,
ora toma el color de-los cielos, ora de los pastos joviales qúe bor-
deaban -mi charca benévola.
Sospecho o intuyo la inmensidad a la que estoy lanzada, sin
saber los tramos, pero hacia ella voy, con certeza predestinada. En