Está en la página 1de 6

La disputa marítima entre EEUU y China en el mar de la China Meridional se ha convertido en uno

de los problemas más álgidos de su compleja relación. Las condiciones parecen estar listas para
un choque militar entre los dos países, opina Jonathan Broder, columnista de Newsweek.

El autor considera la muerte del piloto chino —quien falleció en un choque con un avión espía de
Estados Unidos hace 15 años— como el inicio de las tensiones entre EEUU y China por este mar.
No es de extrañar que, cuando en mayo sobre el mismo lugar dos cazas chinos casi chocaron con
un avión espía, los chinos recordaran el acontecimiento de hace 15 años. Además, muchos
oficiales chinos, según el experto, han sentido por mucho tiempo que una guerra entre Washington
y Pekín es inevitable. Otros analistas, sin embargo, descartan la idea argumentando que el costo
de un conflicto entre las dos potencias sería muy grande y EEUU seguramente ganaría.
"Pero la historia está llena de guerras que parecían no tener ningún sentido", afirma Broder.

En los próximos meses, continúa el artículo, se conocerá el resultado de la reclamación de las


aguas que ha hecho Filipinas a China en una corte internacional y por primera vez parece que
China está dispuesta a enviar submarinos nucleares a esta región. Por un lado, asegura el
columnista, la disputa es territorial: Pekín insiste en que ese mar, con sus islas y recursos
naturales, históricamente ha pertenecido y pertenece a China. EEUU, por su parte, afirma que
esas son aguas internacionales, al menos hasta que se solucionen los conflictos entre los países
que las reclaman. "EEUU alega que solo la Marina de EEUU puede ser responsable de garantizar
la libertad de navegación en esas aguas, las cuales incluyen alguna de las rutas de navegación
más importantes del mundo", escribe Broder.

Sin embargo, existe un conflicto de intereses entre una China que emerge como una potencia
regional y un EEUU que insiste en patrullar el océano Pacífico.

"En una época en que la economía de China va en frenada, Xi Jinping —presidente de China—
está siendo presionado en casa para que encuentre otras formas de demostrar los avances de
China bajo su mando. Retomar el control de Pekín sobre el mar de la China Meridional, tras un
siglo de dominación extranjera, es lo que necesita", explica el experto. Las aguas del Mar de China
Meridional son disputadas por Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunei, Taiwán y, por supuesto, China.
Receloso de un conflicto armado, añade el artículo, el presidente Obama ha permitido en silencio
que Pekín opere en el mar de la China Meridional, al tiempo que ha creado relaciones militares y
económicas con los vecinos de China, para debilitar su influencia. Sin embargo, el presidente, a
grandes rasgos, ha evitado transitar por esas aguas. Los críticos de Obama en EEUU aseguran
que esa política de no intromisión puede dar a entender que las reclamaciones territoriales chinas
son válidas. Por su parte, Vietnam y Filipinas también han pedido al país americano ser más
agresivo. Pero hay un límite para las acciones americanas, explica Broder, ya que China es el
mayor socio económico de EEUU, además de ser una fuente de inversionistas para el desarrollo
de carreteras, ferrocarriles y puertos. Mientras espera los resultados del litigio con Filipinas, que
seguramente no le será favorable, China recuerda que está dispuesta a negociar con cada uno de
los países de la región por separado, mientras que EEUU quiere obligarlo a negociar con todos en
colectivo. Con respecto a esto, Pekín opina que EEUU "está avivando la disputa para traer sus
fuerzas de vuelta al Pacífico". La gran pregunta, continúa el autor, es cómo reaccionará China al
resultado del juicio internacional. Algunos temen que Pekín reforzará sus operaciones para
reclamar tierras, mientras que otros creen que restringiría el espacio aéreo sobre el mar en
cuestión, interceptando aeronaves no identificadas, causando un conflicto de intereses con los
aviones espías. Obama ha advertido al presidente chino que tales reacciones podrían generar una
reacción norteamericana, incluida una reacción militar. Los oficiales estadounidenses están
verdaderamente preocupados por la posibilidad de que China envié por primera vez submarinos
con misiles nucleares a las aguas en disputa. Por su parte, el país asiático considera que esta es
una medida necesaria para contrarrestar el sistema de defensa norteamericano en Corea del Sur y
el desarrollo de misiles balísticos hipersónicos. En resumen, los militares chinos aseguran que el
armamento estadounidense amenaza con neutralizar los arsenales nucleares terrestres de China,
dejando a Pekín la única opción de desplegar sus submarinos para enfrentar cualquier ataque
nuclear. Los buques de guerra norteamericanos y chinos operan bastante cerca los unos de los
otros en el mencionado mar. Si agregamos submarinos nucleares a la ecuación, la posibilidad de
un accidente que tenga consecuencias graves aumenta considerablemente. Más teniendo en
cuenta que los submarinos chinos son indetectables por los radares y China seguramente no
informará a EEUU de su posición, es posible que el país norteamericano mande más naves espía
para rastrear a los submarinos. Lea también: EEUU no está listo para una guerra con Rusia y
China "La guerra entre una China en proceso de crecimiento y unos EEUU al mando del mundo se
podría evitar —opina el experto—, si los dos países estuvieran dispuestos a realizar dolorosos
cambios".

La Segunda Guerra Fría: el Mar de China Meridional


Las Islas Diayou, o Senkaku (como las conocen los japoneses) son un pequeño
archipiélago de ocho islas, prácticamente deshabitadas y muy rocosas que en principio no
interesarían a nadie, en un contexto geopolítico pacífico y normalizado, pero que disputan
dos superpotencias como son China y Japón. También la República de China (o Taiwán)
apuesta por el control de la zona alegando que son parte del municipio de Toucheng, ya que
el dominio de las islas supondría acceder a grandes bancos de pesca y a los ricos
yacimientos de hidrocarburos que se esconden en sus profundidades.
La República Popular China (la China continental) ha expandido su zona de vigilancia
aérea a las Islas Diayou lo que ha provocado una enérgica protesta japonesa y la
intervención de los Estados Unidos que han permitido que dos bombarderos B-52 patrullen
la zona mostrando así su poder para que China se abstenga de alardes imperialistas.
La VII Flota de la Armada norteamericana se encuentra anclada en Yokosuka (Japón), en
la Isla de Guam y en el Puerto de Sasebo, también en Japón. Posee un enorme contingente
de buques (60) , 350 aviones de combate, transporte y abastecimiento así como 70.000
soldados bien pertrechados preparados para cualquier eventualidad. Los planes de vuelo y
las frecuencias utilizadas por los aviones norteamericanos no suelen quedar registrados por
lo que la queja de China ante la no comunicación de dichos planes por parte de la VII Flota
no tienen razón de ser ya que jamás lo han hecho. Sencillamente, los aviones de combate
americanos patrullan la zona sin dar explicaciones de hacia dónde van; así ha sido siempre.
Es lo que tiene ser la principal superpotencia mundial, que no tienes que dar explicaciones a
nadie o así lo creen los norteamericanos, lo que ahora discuten los chinos, la nueva
superpotencia.
¿Estamos ante los prolegómenos de una Segunda Guerra Fría?
La Guerra Fría enfrentó a la Unión Soviética con los Estados Unidos durante décadas,
después de la Segunda Guerra Mundial siendo el objetivo la preeminencia global y se llamó
“Guerra Fría” porque no conllevaba enfrentamientos directos sino a través de conflictos
regionales en los que ambas superpotencias medían sus fuerzas apoyando a los bandos
rivales.
En los últimos años da la impresión de que China quiere relevar a la extinta URSS en el
papel de superpotencia que le haga sombra a los Estados Unidos. De hecho, en abril,
el Ejército Popular de Liberación, las Fuerzas Armadas chinas, elaboraron un libro en el
que mostraban sus metas y objetivos considerando al Imperio Japonés como problemático y
la República de los Estados Unidos de Norteamérica como potencia a la que gusta echar
más leña de la necesaria al fuego, creando tensión que después canaliza en su beneficio.
Hablamos de una de las fuerzas militares más colosales de la Historia, con entidad propia
en China, dirigida de forma directa por el Partido Comunista chino, con tres millones de
soldados en activo de los que 2.250.000 prestan servicio en las Fuerzas Terrestres y el resto
repartidos entre la Armada, la Fuerza Aérea, el Segundo Cuerpo de Artillería (el primero
está integrado en las Fuerzas Terrestres; el segundo Cuerpo es el de las armas nucleares, de
ahí que se le considere una rama distinta) y las Fuerzas de Reserva que cuentan con otros
3.870.000 soldados de los que se podría echar mano en cualquier momento lo que les
convierte en la Nación con mayor número de soldados del Mundo.
La Armada china dispone de 103.000 soldados entre marineros y personal de
mantenimiento y un Cuerpo de Marines con 56.000 soldados bien adiestrados (el Cuerpo de
Marines de los Estados Unidos cuadriplica en número al chino y en un conflicto podría
echar mano de sus 40.000 reservistas por lo que en una guerra abierta entre marines chinos
y norteamericanos, los primeros no tendrían nada que hacer). La Armada china tiene
además otros 56.000 soldados entre pilotos y personal de mantenimiento de la Fuerza Aérea
de la Armada (aparte está la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación, su verdadero
Ejército del Aire). Esta Fuerza Aérea puede unirse al resto de aviones del Ejército chino
conformando una colosal fuerza de choque con miles de aeronaves y helicópteros solo
comparable a los recursos aéreos norteamericanos o rusos.
La Armada china puede desplegar en la zona en conflicto su portaaviones, sus 25
destructores y sus 47 fragatas, sus 91barcos lanzamisiles y sus 52 dragaminas junto a sus 53
submarinos convencionales incluyendo el que tienen preparado para lanzar misiles
balísticos además de sus once submarinos nucleares. Los japoneses pudieran, si la
situación se tensa demasiado, enfrentar a las fuerzas chinas en el Mar, cerca de las islas en
disputa, sus ocho destructores lanzamisiles, sus 39 destructores (si bien ocho son de escolta,
no de combate), sus cinco destructores portahelicópteros y sus 18 submarinos más sus 28
dragaminas.
No hay color, como podemos ver. Sin la ayuda norteamericana, los chinos barrerían a los
japoneses.
La VII Flota norteamericana, que sin duda entraría en el conflicto en ayuda de sus aliados
japoneses, puesto que sus bases se encuentran en Japón, es lo que impide que China
termine de decidirse. Desde el final de la contienda mundial los japoneses son los
protegidos de los norteamericanos en la Región, tal vez como resarcimiento por el
terrorífico castigo al que les sometieron lanzando las dos únicas bombas nucleares que se
hayan utilizado sobre seres humanos hasta el momento. Sea por lo que sea, la VII Flota
permite que Japón no invierta aún más dinero en sus Fuerzas Armadas lo que siempre crea
polémica puesto que la constitución japonesa deja claro que las Fuerzas de Autodefensa son
para eso exclusivamente, para defender al País de agresiones externas, no con fines bélicos
ni expansionistas de ningún tipo, bastante tuvieron ya con la aventura imperialista del Japón
de los años 30 y 40 que llevó al País a la ruina total. Sin embargo, las recientes amenazas
norcoreanas y chinas están replanteando el papel de las Fuerzas de Autodefensa japonesas y
el propio Parlamento japonés está reconsiderando potenciar sus efectivos militares, de ahí
el que estén adquiriendo material ultramoderno como un vehículo aéreo cazador de minas,
desarrollando misiles por si Corea del Norte la emprendiera con Japón lanzándoles misiles
balísticos y comprando aviones de combate para reforzar su Fuerza Aérea, algunos de
última generación que dejarían asombrados incluso a los chinos por su potencial y
velocidad.
Pero de momento, los chinos se lo piensan dos veces cada vez que ven sobrevolar la Región
a los aviones de combate de la VII Flota que cuenta, como la Armada china, con un
portaaviones al que acompañan cruceros y nueve destructores, aviones de guerra
antisubmarina, suficientes buques de apoyo y logísticos como para establecer un puente de
abastecimiento que permita mantener el conflicto sin demasiado perjuicio para las unidades
norteamericanas y japonesas además de tres submarinos.
Los japoneses también evitan crear más tensión no enviando buques a la zona dejando que
sean los norteamericanos los que medien lo que ocurre es que China no solo se la tiene
liada a Japón sino también a Vietnam y Filipinas.
Con Vietnam disputan las Islas Spratly. Como el Archipiélago disputado con Japón, estas
otras islas también se hallan en rutas estratégicas para el comercio en el Mar de China
Meridional además de contener importantísimas reservas de gas natural (según
estimaciones de la Agencia de Información Energética de los Estados Unidos de
Norteamérica, las bolsas de gas natural en esta zona del Mar de China Meridional
pudieran equivaler a la fabulosa cantidad de 25 trillones de metros cúbicos, suficiente para
abastecer a todo un País).
Junto con las Islas Paracelso, los vietnamitas y los filipinos así como la propia Taiwán
libran una guerra fría que pudiera pasar a una contienda abierta si continúa creciendo la
tensión pero evidentemente, a no ser que unieran fuerzas los tres Países del Sureste Asiático
no tendrían nada que hacer contra la poderosa China, incluso la presencia de la VII Flota
resulta insuficiente para protegerlos a todos si China iniciara una escalada bélica. Los
norteamericanos deberían desplazar a otra de sus flotas a esa parte del Océano Pacífico pero
eso pondría en peligro la zona que dejaran sin vigilancia para concentrar fuerzas frente a
China. Por ejemplo, si movilizaran la V Flota en apoyo de la VII, en un eventual conflicto
bélico en aguas del Mar de China Meridional, dejarían el Golfo Pérsico a merced de Irán lo
que con toda probabilidad daría luz verde a los iraníes para atacar a Israel.
Los planes estratégicos de Norteamérica están bien diseñados y para reforzar en el Pacífico
cualquier dispositivo bélico o defender la Costa Oeste de los Estados Unidos se encuentra
la III Flota. Desde su Base en San Diego (California) se dirigiría hacia el Mar de China
Meridional en apoyo de la VII Flota convirtiendo el despliegue norteamericano en la zona
en la mayor Armada jamás vista sobre los mares y este detalle es de sobra conocido por los
estrategas chinos. Los cinco portaaviones que respaldarían al de la VII Flota helarían la
sangre del más osado de los militares chinos, a no ser que sea un suicida. En conjunto, los
seis portaaviones que los Estados Unidos podrían movilizar en la zona si la situación se
torciera y fuera necesario tal despliegue permitirían operaciones aéreas en las que
participarían cientos de cazas ultramodernos. Lo cierto es que las batallas serían épicas ya
que los Estados Unidos no dudarían en activar su Cuarta Fuerza Aérea si lo necesitaran y
hablamos de 30.000 reservistas que llegarían al escenario del conflicto estableciendo un
puente aéreo que serviría para el abastecimiento de las tropas con lo que nos les faltaría
combustible a los aviones que combatieran contra los cazas chinos. Por lo tanto, todo el
contingente norteamericano y japonés estaría bien abastecido por tierra y mar. La clave
para las fuerzas chinas sería cortar el suministro que facilitarían por mar los buques de
apoyo de la VII Flota y por aire las aeronaves de la Cuarta Fuerza Aérea de los Estados
Unidos además de que al encontrarse Japón cerca los norteamericanos no tendrían
problema ninguno de abastecimiento así que la guerra, de producirse, conllevaría un gran
desgaste para unos y otros, pero en especial para los chinos a quienes pudieran atacar por el
sur los vietnamitas mientras los filipinos y Taiwán apoyarían por mar, con casi toda
seguridad, a la fuerza conjunta de norteamericanos y japoneses. Si esto último sucediera
hablaríamos ya de un conflicto de proporciones enormes ante lo que China echaría mano de
sus aliados entrando en acción Corea del Norte lo que activaría de inmediato a Corea del
Sur.
La 14ª Fuerza Aérea, que estaría en alerta, reforzaría el contingente norteamericano
incluyendo la posibilidad de lanzar algún misil balístico sobre fuerzas chinas o norcoreanas
controlado desde el Centro Espacial de Sistemas y Misiles sito en California pero semejante
acción animaría a Corea del Norte a utilizar su arsenal nuclear y aquí ya hablaríamos de
palabras mayores. Ni que decir tiene que las Fuerzas Aéreas del Pacífico, con sus Bases en
Hawai, Japón y Corea del Sur completarían el despliegue norteamericano inclinando la
balanza de poder hacia los Estados Unidos y sus aliados.
Hemos descrito un escenario hipotético que esperemos, por el bien de la Humanidad, que
nunca suceda pero como podermos observar en estos días no es improbable sino una
situación similar al período de mayor tensión entre la desaparecida URSS y EEUU en los
años 80. Nadie quiere un conflicto global como no lo querían durante la Guerra Fría ya que
supondría la eliminación de la civilización humana pero el Gobierno chino sigue tensando
la cuerda insistiendo en que cualquier aeronave, sea de la nacionalidad que sea, que
atraviese su “zona de identificación de defensa aérea”, deberá notificar a las autoridades
militares chinas sus planes de vuelo, excepto si se trata de aviación civil cuyas rutas son
conocidas de antemano. China se defiende diciendo que en el Mundo hay 20 Países que
cuentan con zonas similares propias en las que se permiten la licencia de identificar a los
aviones militares que las sobrevuelan y que Japón es uno de esos Países contando con una
zona área de vigilancia desde los años 60. Las zonas de identificación o vigilancia aérea
abarcan los espacios aéreos de los Países que las crean más una zona adyacente que
consideran necesario vigilar como medida defensiva pero estas zonas están reguladas por la
legislación internacional; hasta el momento, China no ha solicitado a organismo ninguno ni
ha consultado con la comunidad internacional el establecimiento de dicho zona de
vigilancia aérea sino que la ha creado por su cuenta instando a cuantos aviones militares la
atraviesen a identificarse y comunicar sus planes de vuelo.
A pesar de la alianza de los Estados Unidos con Japón la superpotencia norteamericana no
se muestra partidaria de las reivindicaciones japonesas sobre las islas disputadas ya que lo
consideran un problema entre Países vecinos, no un asunto internacional por lo que se
limitan a seguir patrullando el Mar de China Meridional y su espacio aéreo, el que hay
sobre esa parte del Pacífico que en teoría es una zona de libre vuelo. El futuro a corto plazo
nos irá indicando las claves de esta Segunda Guerra Fría y sus consecuencias globales
pues ya existen otros escenarios en diferentes lugares de La Tierra donde China ha puesto
sus ojos entrando sus intereses en conflicto con los norteamericanos.