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LOS ACTOS PROCESALES

Documentación elaborada por el Lic. Cesar Cabrera Santos, a partir de las fuentes:

Congreso Nacional la República Dominicana (1884) Código de Procedimiento Civil.


Documento en línea. Consultado el día 10/08/2015, desde
http://www.oas.org/dil/esp/C%C3%B3digo%20de%20Procedimiento%20Civil%20de%2
0la%20Rep%C3%BAblica%20Dominicana.pdf

Escuela Nacional de la Judicatura (2013) Nulidad de los actos de procedimientos.


Documento en línea. Consultado el día 10/08/2013, desde la página
http://enj.org/wiki/index.php5?title=Nulidad_de_Actos_Procesales

DEFINICIÓN.
Por acto procesal se entiende el acto jurídico emanado de las partes, de los agentes de
la jurisdicción o al de los terceros ligados al proceso, susceptible de crear, modificar o
extinguir efectos procesales.

El acto procesal es una especie dentro del género del acto jurídico. Su elemento
característico es que el efecto que de él emana, se refiere directa o indirectamente al
proceso.

Como acto jurídico, consiste en un acaecer humano, o provocado por el hombre,


dominado por la voluntad y susceptible de crear, modificar o extinguir efectos jurídicos.

ACTOS PROCESALES, PROCESO Y PROCEDIMIENTO.

Siendo la instancia, como el proceso mismo, una relación jurídica continuativa,


dinámica, que se desenvuelve a lo largo del tiempo, es la sucesión de sus actos lo que
asegura la continuidad.

DESENVOLVIMIENTO DEL PROCESO

Unos actos, decíamos, proceden de otros actos, y aquéllos, a su vez, preceden a los
posteriores. Este principio de sucesión en los actos da el nombre al proceso
(etimológicamente, de cederé pro). Procedimiento, por su parte, es esa misma
sucesión en su sentido dinámico de movimiento. El sufijo nominal mentum, es derivado
del griego, menos, que significa principio de movimiento, vida, fuerza vital,

El proceso es la totalidad, la unidad. El procedimiento es la sucesión de los actos. Los


actos procesales tomados en sí mismos son procedimiento y no proceso.

En otros términos: el procedimiento es una sucesión de actos; el proceso es la


sucesión de esos actos apuntada hacia el fin de la cosa juzgada. La instancia es el
grupo de esos mismos actos unidos en un fragmento de proceso, que se desarrolla
ante un mismo juez.

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CLASIFICACIÓN

HECHOS y ACTOS PROCESALES.

Entendemos por hechos procesales, aquellos acaecimientos de la vida que proyectan


sus efectos sobre el proceso. Así, la pérdida de la capacidad de una de las partes, la
amnesia de un testigo, la destrucción involuntaria de una o más piezas del proceso
escrito, son hechos jurídicos procesales.

Cuando los hechos aparecen dominados por una voluntad jurídica idónea para crear,
modificar o extinguir derechos procesales, se denominan actos procesales. Así la
presentación de la demanda, la notificación al demandado, la declaración de un testigo,
la suscripción de la sentencia por el juez, son actos (jurídicos) procesales.

LOS ACTOS PROCESALES

Un análisis de los hechos y de los actos procesales reviste particular interés para una
tarea de la Índole de la que venimos cumpliendo en este libro. Se trata, en esta etapa
de nuestro propósito, de analizar los fenómenos del proceso aisladamente, tomados
uno a uno, perdiendo ya de vista su secuencia y ordenación legal.

En su conjunto, decíamos, el proceso es la unidad formada, de pluralidades.


Examinaremos, ahora, cada uno de esos elementos que forman la unidad.

DISTINTOS TIPOS DE ACTOS.

Un primer criterio para clasificar los actos procesales consiste en tomar como punto de
referencia a su autor. Cabe distinguir, colocándose en este punto de vista:

a) Actos del tribunal; por tales se entienden todos aquellos actos emanados de los
agentes de la jurisdicción, entendiendo por tales no sólo a los jueces, sino
también a sus colaboradores. La importancia de estos actos radica en que
constituyen, normalmente, una manifestación de la función pública y se hallan
dominados por los principios que regulan la producción de actos jurídicos de
derecho público.
b) Actos de partes; por tales se entienden aquellos que el actor y el demandado (y
eventualmente el tercero litigante) 'realizan en el curso del proceso. La
multiplicidad de los actos de esta índole, obligará, más adelante, a realizar
ulteriores clasificaciones utilizando otros puntos de vista.1

1
Los glosadores ya distinguían entre actos de la causa y actos del juicio, el mismo sentido
que aquí distinguimos como actos de partes y los del tribunal.

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c) e) Actos de terceros; por tales se entienden aquellos que, sin emanar de los
agentes de la jurisdicción ni de las partes litigantes, proyectan sus efectos sobre
el proceso; así, por ejemplo, la declaración del testigo, el informe del perito, la
actividad del martillero o del agente de la fuerza pública. Estos actos, por su
propia índole, constituyen normalmente colaboraciones de particulares a la obra
de los agentes de la jurisdicción y, frecuentemente, son instituidos como deberes
públicos del individuo

Esta clasificación que tiene por punto de vista el agente del acto, proyecta sus
consecuencias sobre la validez del mismo y sobre su responsabilidad, según
expondremos en la oportunidad debida.

ACTOS DEL TRIBUNAL.

Los actos del tribunal son, decíamos, actos de los agentes de la jurisdicción.

Al tribunal incumbe, fundamentalmente, decidir el conflicto de intereses que le es


sometido. Pero no es ésa su única actividad, ya que" para llegar a la decisión es
necesario, como se dice en la doctrina francesa, mettre le proces en état d'etre ;ugé.

Surge de aquí la siguiente clasificación:

a) Actos de decisión; por tales se entienden las providencias judiciales dirigidas a


resolver el proceso, sus incidencias o asegurar el impulso procesal.

b) Actos de comunicación; son aquellos dirigidos a notificar (notum lacere) a las


partes o a otras autoridades, los actos de decisión".

c) Actos de documentación; son aquellos dirigidos a representar mediante


documentos escritos, los actos. "Sin embargo, estos actos, cuya significación es tan
importante en la experiencia jurídica procesal, no ban sido ni son unánimemente
admitidos. El derecho canónico adjudicó a la citación inicial el valor de notificación de
todos los actos ulteriores del proceso: citatia od tatam causam seus generalu, principio
éste que prevalece en algunos derechos contemporáneos. Así, lo dicho de que, El
principio de que "las partes estén a derecho en el proceso civil, en procesales de las
partes, del tribunal o de los terceros.

Debe distinguirse, según se pasa a demostrar, el acto a documentar y el documento.

Los actos de decisión serán examinados posteriormente al estudiarse la sentencia.


Los actos de comunicación constituyen tan sólo un medio de establecer el contacto de
los órganos de la jurisdicción con las partes (notificaciones) o con otros órganos del
poder público (oficios, en sentido genérico). En cuanto a los actos de documentación
reclaman algunas aclaraciones.

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Debe evitarse, ante todo, la confusión frecuente entre: acto procesal y el documento
propiamente dicho.

El acto precede al documento. Lo que queda en el expediente es el documento; el acto


es su antecedente necesario.

Cuando el actuario registra en los autos el juramento de la parte, representa el instante


en el cual la parte jura

Consecuencia del juramento y del acto de representarlo, es el documento. Tenemos,


pues, un acto procesal de la parte: el juramento; un acto procesal del tribunal: la
redacción del acta que representa (vuelve a presentar por escrito) el acto de jurar; y un
objeto (el documento representativo). La palabra "notificación" en el lenguaje forense,
representa, indistintamente, el acto de hacer saber la decisión, el acto de extender la
diligencia por escrito y el documento que registra toda esa actividad.2

Nos remitimos a cuánto hemos expuesto con acopio de argumentos.

ACTOS DE LAS PARTES.

Los actos de las partes tienen por fin obtener la satisfacción de las pretensiones de
éstas.

Pero por las mismas razones por las cuales no toda la actividad del tribunal es
actividad de decisión, no toda la actividad de las partes es actividad de postulación.

Cabe, en este sentido hacer algunas distinciones indispensables.

Corresponde distinguir entre actos de obtención y actos dispositivos.

Los primeros tienden a lograr del tribunal la satisfacción de la pretensión hecha valer en
el proceso; los segundos, tienen por objeto crear, modificar o extinguir situaciones
procesales.

Una sub clasificación y las debidas aclaraciones permitirán ver mejor el alcance de
estos conceptos.

Entre los actos de obtención cabe distinguir:

a) Actos de petición; o sea aquellos que tienen por objeto determinar el contenido de
una pretensión; ésta puede referirse a lo principal del asunto (pretensión de la

2
En el derecho angloamericano, la notificación se sustituye por la publicación periodística
de los actos de órganos oficiales.
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demanda; pretensión de la defensa) o a un detalle del procedimiento (admisión de W1
escrito, rechazo de una prueba).

b) Actos de afirmación; se trata de aquellas proposiciones formuladas a lo largo del


proceso, dirigidas a deparar al tribunal el conocimiento requerido por el petitorio; estas
afirmaciones se refieren tanto a los hechos como al derecho; también se acostumbra
clasificar estas proposiciones en participaciones de conocimiento (saber jurídico) o
participaciones de voluntad (querer jurídico).

c) Actos de prueba; se trata de la incorporación al proceso de objetos (documentos) o


relatos (declaraciones reconstruidas en el proceso escrito mediante actas) idóneos
para crear en el tribunal la persuasión de la exactitud de las afirmaciones.

Los actos dispositivos se refieren al derecho material cuestionado en el proceso o a los


derechos procesales particulares'.

Disposición del derecho existe mediante:

a) Allanamiento; se trata del acto de disposición del demandado, mediante el cual éste
se somete lisa y llanamente a la pretensión del actor; el allanamiento comprende el
reconocimiento de la verdad de los hechos y del derecho invocado por el adversario. El
allanamiento coincide con la confesión, en cuanto se trata de un reconocimiento de
hecho. Difiere de la confesión, en cambio, en cuanto no existe confesión del derecho; el
derecho no se confiesa .. Un reconocimiento del derecho no obliga necesariamente al
juez, por aplicación del principio jura novit curias.

b) Desistimiento; se trata de la renuncia del actor al proceso promovido o del


demandado a la reconvención.

c) Transacción; examinada desde el punto de vista estrictamente procesal, la


transacción es una doble renuncia o desistimiento; el actor desiste de su pretensión y el
demandado renuncia a su derecho a obtener una sentencia; este acto «dispositivo
procesal corresponde a un contrato análogo de derecho material en el cual ambas
partes, haciéndose recíprocas concesiones, dirimen su conflicto mediante
autocomposición. Así entendida, la transacción no es, como se dice habitualmente, un
subrogado de la cosa juzgada, sino una doble renuncia a la cosa juzgada.

El precepto legal que asimila la transacción a la cosa juzgada, lo hace tan sólo en
cuanto a sus efectos.

Los actos dispositivos de derechos procesales particulares, son aquellos actos de


renuncia a ciertos escritos, medios de defensa, medios de prueba, etc.

N o es habitual en nuestra doctrina incluir los actos de terceros entre los actos
procesales.

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Creemos, sin embargo, que algunas distinciones contribuyen a fijar exactamente el
valor de ciertos actos del proceso según ellos emanen del tribunal, de partes o de
terceros, según se pasa a consignar.

La clasificación nos conduce a distinguir:

a) Actos de prueba; son, sin duda, los actos más importantes, .va que entre ellos caben
la declaración de testigos, los dictámenes de peritos, la autorización de documentos
por escribanos o funcionarios habilitarlos, etcétera.,

b) Actos de decisión; en ciertas circunstancias la ley demanda a los terceros la decisión


de un punto del proceso; tal es el caso del jurado popular en los regímenes que aún lo
mantienen, del perito arbitrador o de los árbitros que deben decidir, en materia
comercial el dolo o fraude en los contratos.

e) Actos de cooperación; así ocurre cuando, por ejemplo, se requiere la colaboración


del empleador para asegurar el cumplimiento de la sentencia que condena al pago de
las pensiones alimentarias adeudadas por el empleado, o la colaboración del martillero
para la venta de remate de los bienes embargados.

La determinación de la calidad de parte o de tercero en los actos procesales, reviste


muy particular importancia cuando se trata de calificar la naturaleza de éstos. Así, por
ejemplo, una declaración cambia de valor si ella emana de la parte (confesión) o de un
tercero (testigo); o de parte del tribunal (sentencia) o de terceros (veredicto, laudo
arbitral, peritaje arbitral).

Distinta es no sólo la eficacia de los actos según provengan de unos o de otros, sino
también la responsabilidad que de ellos emana.

DEBER, OBLIGACIÓN Y CARGA DE REALIZAR ALTOS PROCESALES

DIVERSOS IMPERATIVOS JURÍDICOS.


Los imperativos jurídicos han sido clasificados en deberes, obligaciones y cargas.
.
Deberes son aquellos instituidos en interés de la comunidad; obligaciones, aquellos
instituidos en interés de un acreedor; cargas, aquellos que se determinan en razón de
nuestro propio interés.

Los deberes, obligaciones y cargas aparecen en todos los campos del orden jurídico.
Pero en el proceso esas tres formas de imperativos jurídicos se presentan con
caracteres bien acentuados y visibles.

Son deberes procesales aquellos imperativos jurídicos establecidos en favor de una


adecuada realización del proceso. No miran tanto el interés individual de los litigantes,
como el interés de la comunidad.

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En ciertas oportunidades, esos deberes se refieren a las partes mismas, como son, p.
ej., los deberes de decir la verdad, de lealtad, de probidad en el proceso.

En otras alcanzan a los terceros, tales como el deber de declarar como testigo, de
actuar como perito luego de haber aceptado el encargo, o de servir como árbitro,
también luego de haber aceptado el cometido.

En otras se refieren a los deberes administrativos de los magistrados y sus


colaboradores. Así, p. ej., el deber de residir en el lugar donde prestan sus servicios, de
asistir diariamente a sus oficinas, etc.

Los deberes procesales, como en general los demás deberes jurídicos, no pueden ser
objeto, a diferencia de las obligaciones y de las cargas, de ejecución forzosa.

La efectividad en el cumplimiento. de los deberes procesales se obtiene, normalmente,


mediante sanciones, ya sean de carácter físico o personal, como el arresto del testigo
que se rehúsa a asistir a declarar; ya sean de carácter pecuniario, como la multa
impuesta al perito que no presenta su dictamen; ya sean de carácter funcional, como la
pérdida, la postergación o la suspensión del empleo. Estas sanciones son formas de
coacción moral o intimidación. En verdad no hay forma material de hacer cumplir por la
fuerza esta clase de deberes.

OBLIGACIONES ROCESALES.

Son obligaciones procesales aquellas prestaciones impuestas a las partes con ocasión
del proceso.

Si bien algunos autores niegan la existencia de obligaciones procesales, no puede


dejarse de reconocer que, reiteradamente, la experiencia jurídica nos coloca frente a
imperativos de esta Índole.

La más acentuada de las obligaciones procesales es la que surge de la condena en


costas. En nuestro concepto. Existe además una responsabilidad procesal, derivada
del abuso del derecho de acción o del derecho de defensa. El daño que se cause con
ese abuso, genera una obligación de reparación, que se hace efectiva mediante la
condena en costas. La condena en costas constituye una forma de imponer, por acto
judicial, una obligación cuya naturaleza procesal parece muy difícil de desconocer.

Existen, también, obligaciones procesales derivadas de los actos dispositivos, tales


como el allanamiento a la demanda o el desistimiento.

El proceso genera, asimismo, obligaciones económicas frente al Erario, derivadas de


los tributos que se pagan con ocasión del proceso.

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La carga procesal puede definirse como una situación jurídica instituida en la ley
consistente en el requerimiento de una conducta de realización facultativa,
normalmente establecida en interés del propio sujeto, y cuya omisión trae aparejada
una consecuencia gravosa para él.

En este sentido, la noción de carga se diferencia claramente del derecho.

En tanto que el derecho a realizar un acto de procedimiento es una facultad que la ley
otorga al litigante en su beneficio (facultad de contestar la demanda, de producir
prueba, de alegar de bien probado), la carga es una conminación o compulsión a
ejercer el derecho.

DESENVOLVIMIENTO DEL PROCESO

Desde este punto de vista, la carga funciona, diríamos, a doble fase; por un lado el
litigante tiene la facultad de contestar, de probar, de alegar; en ese sentido es una
conducta de realización facultativa; pero tienen al mismo tiempo algo así como el riesgo
de no contestar, de no probar y de no alegar. El riesgo consiste en que, si no lo hace
oportunamente, se falla el juicio sin escuchar sus defensas, sin recibir sus pruebas o
sin saber sus conclusiones.

Así configurada, la carga es un imperativo del propio interés, quien tiene sobre sí la
carga se halla compelido implícitamente a realizar el acto previsto; es su propio interés
quien le conduce hacia él. La carga se configura como una amenaza, como una
situación embarazosa que grava el derecho del titular. Pero éste puede
desembarazarse de la carga, cumpliendo.

En otro sentido, carga es también noción opuesta a obligación. Cuando se dice que la
obligación es un vínculo impuesto a la voluntad, se acentúa la circunstancia de que
existe una libertad jurídica de cumplir o no cumplir la obligación. Pero, evidentemente,
esa actitud de no cumplir la obligación deriva en consecuencias perjudiciales.

Todo individuo es libre de obrar o de no obrar, asumiendo las consecuencias de sus


propios actos. El contenido de una orden, haciendo abstracción de su imperatividad
coactiva, no se puede expresar sino con las palabras: "esto debe ser así. Y en el
derecho procesal, esta imperatividad coactiva consiste en poner a cargo de los
individuos las consecuencias penosas de sus acciones o de sus omisiones.

La diferencia sustancial radica en que, mientras en la obligación el vínculo está


impuesto por un interés ajeno (el del acreedor), en la carga el vínculo está impuesto por
un interés propio.

La oposición entre obligación y carga no. reside, pues, en la sujeción de la voluntad,


que es un elemento común a ambos fenómenos. Reside en las consecuencias
derivadas de la omisión.

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Esas consecuencias opuestas son:

a) que la obligación insatisfecha crea un derecho en favor del acreedor; en la carga


insatisfecha sólo nace un perjuicio del que debe asumir la conducta establecida en la
ley;

b) que a la obligación insatisfecha corresponde la responsabilidad subjetiva o


voluntaria; en tanto que a la carga insatisfecha corresponde, normalmente, la
responsabilidad objetiva derivada de la inactividad. El efecto previsto se produce, en la
mayoría de los casos, aun sin la voluntad del adversario y sin constituir ningún derecho
para éste.
Como se advierte, estas distinciones dentro del elemento común de vínculo de la
voluntad, más que oposiciones son variantes de un mismo género.

CARGAS E IMPULSO PROCESAL.

La relación del concepto de carga con el de impulso procesal radica en que el juicio
avanza también mediante cargas impuestas a las partes.

Con el solo recuerdo de las enunciadas, que son apenas las más importantes (carga de
la contestación, carga de la prueba, carga de la conclusión, carga de concurrir al
tribunal a notificarse), se percibe que la ley insta a la parte a realizar los actos, bajo la
conminación de seguir adelante en caso de omisión. La carga funciona impeliendo a
comparecer, contestar probar, concluir, asistir, bajo la amenaza de no ser escuchado y
de seguir adelante.

Pero estas amenazas no configuran un derecho del adversario. No puede hablarse, por
ejemplo, de un derecho del actor a que se falle el juicio sin la prueba del demandado.
La omisión del adversario podrá indirectamente beneficiar la condición del actor, pero
ningún derecho le otorga.

NULIDAD DE ACTOS PROCESALES

JURISPRUDENCIAS

El aforismo “no hay nulidad sin agravio” significa que la nulidad de un acto de
procedimiento sólo puede ser pronunciado cuando la formalidad omitida ha perjudicado
el ejercicio del derecho de defensa. No se perjudica el embargado debido a la omisión
de la fecha en que el embargo le es notificado. La prueba del perjuicio está a cargo del
proponente de la nulidad.

La parte que acude a la audiencia no puede quejarse de un error en la fecha del acto
de avenir que no le produjo ninguna confusión.

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Si existe alguna nulidad de forma en la apelación, no puede ser declarada por el Juez a
menos que no haya sido propuesta; además, esa nulidad se cubre si las partes
concluyen al fondo.

La regla “no hay nulidad sin agravio” no ha sido forjada por los tribunales. Es la
generalización del pensamiento del legislador cada vez que ha tenido ocasión de
manifestarlo, como lo ha hecho en la Ley sobre Representación del Estado, en la
reforma del procedimiento de embargo y en el procedimiento para la solución de los
litigios laborales.

El aforismo “no hay nulidad sin agravio” no se puede aplicar si un recurso de apelación
en materia laboral es erróneamente interpuesto en secretaría. No se trata de un vicio
de forma, sino de una actuación que, al no estar autorizada por la ley, equivale a la
inexistencia misma del recurso.

Aunque el Artículo 61 Código Procedimiento Civil dispone que se mencionara a pena


de nulidad la residencia del demandante, si la omisión de esa formalidad no le causó
ningún agravio al demandado, no se produjo dicha nulidad.

En materia laboral no se admite nulidad de procedimiento a menos que sean de una


gravedad tal que imposibiliten al Tribunal a juzgar el caso. (Ley No. 637 de 1944 sobre
Contratos de Trabajo, Artículo 56) El acto de apelación fue notificado en manos del
abogado y no de la parte. La Cámara a qua pronunció la nulidad del acto y luego falló
el fondo del recurso. Al proceder de esta forma violó este principio e incurrió en
contradicción, ya que si el acto era nulo, no podía pronunciarse sobre el fondo.

En el acta de audiencia de un asunto penal se hicieron constar las declaraciones de las


acusadas. El Artículo 280 Código Procedimiento Civil dispone que no se mencionará el
contenido de las declaraciones de los acusados en el acta y añade que las
disposiciones de este artículo se ejecutarán bajo pena de nulidad. El Artículo 23 Ley
Procedimiento Casación dispone que si se ha violado una formalidad prescrita por la
ley a pena de nulidad, dicha violación dará lugar a la casación. La Suprema Corte de
Justicia casa la sentencia sobre el recurso de las acusadas.

Ninguna nulidad representa el escrito de defensa depositado por la parte con la firma
de una persona que no sea abogada, pues de acuerdo al Artículo 486 del Código
Trabajo tal cosa ni ha violado derechos ni ha impedido la aplicación de la ley.

Son intrascendentes las irregularidades invocadas por la parte recurrente al no


comportar daño ni lesionar su derecho de defensa, siendo descartadas en base al
Artículo 486 del Código Trabajo.

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