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Todo un héroe

En estas vacaciones ocurrió algo importante: algo que no olvidaré. ¡Soy todo un héroe! Sí, yo, así como me
ven, chiquitito y con anteojos. Gané arañazos y todo, pero no importa.

Les cuento cómo fue: Estaba cerca de la piscina cuando vi que en el otro extremo estaba un gato. Es cierto
que hacía mucho calor, ¡pero tampoco era para tirarse a la piscina sin saber nadar! Y eso fue exactamente lo
que hizo el gato.

Yo creo que el minino tenía mucho calor, no hay otra explicación, porque todos sabemos que a los gatos no
les gusta el agua. Pero así fue: ahí estaba él, al borde de la piscina, caminando con su aire de “¡qué bonito
soy!”, y de repente,¡splash!. Se tiró al agua. Tal vez quiso nadar un poco, pero no sabía hacerlo. Entonces,
comenzó a patalear desesperado.

Menos mal que ahí estaba yo, y que sé nadar. Me tiré para salvarlo y el gato, el muy ingrato, me empezó a
arañar. Pero lo salvé igual.

Después, se sacudió el agua ¡como hacen los perros!, y se fue muy creído caminando como un príncipe. ¿Me
dio las gracias? Pues no. ¡Qué orgullosos son los gatos! ¿O era solo él? No sé. Lo cierto es que en estas
vacaciones me convertí en un héroe. Nadie lo supo hasta ahora. Ustedes, guarden el secreto, por favor.

Equipo editorial

Todo un héroe

En estas vacaciones ocurrió algo importante: algo que no olvidaré. ¡Soy todo un héroe! Sí, yo, así como me
ven, chiquitito y con anteojos. Gané arañazos y todo, pero no importa.

Les cuento cómo fue: Estaba cerca de la piscina cuando vi que en el otro extremo estaba un gato. Es cierto
que hacía mucho calor, ¡pero tampoco era para tirarse a la piscina sin saber nadar! Y eso fue exactamente lo
que hizo el gato.

Yo creo que el minino tenía mucho calor, no hay otra explicación, porque todos sabemos que a los gatos no
les gusta el agua. Pero así fue: ahí estaba él, al borde de la piscina, caminando con su aire de “¡qué bonito
soy!”, y de repente,¡splash!. Se tiró al agua. Tal vez quiso nadar un poco, pero no sabía hacerlo. Entonces,
comenzó a patalear desesperado.

Menos mal que ahí estaba yo, y que sé nadar. Me tiré para salvarlo y el gato, el muy ingrato, me empezó a
arañar. Pero lo salvé igual.

Después, se sacudió el agua ¡como hacen los perros!, y se fue muy creído caminando como un príncipe. ¿Me
dio las gracias? Pues no. ¡Qué orgullosos son los gatos! ¿O era solo él? No sé. Lo cierto es que en estas
vacaciones me convertí en un héroe. Nadie lo supo hasta ahora. Ustedes, guarden el secreto, por favor.

Equipo editorial