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COMUNIDAD LINGÜÍSTICA

Comunidad lingüística (< latín communĭtas, -ātis ['Comunidad; estado común']). La comunidad

lingüística es «toda sociedad humana que, asentada históricamente en un espacio territorial

determinado, reconocido o no, se autoidentifica como pueblo y ha desarrollado una lengua común

como medio de comunicación natural y de cohesión cultural entre sus miembros.».

En tal sentido, los conceptos de comunidad lingüística y pueblo (como unidad demográfica)

coinciden espacialmente. Más adelante, la Declaración Universal de Derechos Lingüísticos

especifica que la comunidad lingüística será tal sin importar que se encuentre rodeada por otras

comunidades lingüísticas, sin menoscabo de que estas compartan o no la historicidad de aquella.

La Declaración establece otra categoría, la de grupo lingüístico, para referirse a aquellos

colectivos humanos, como las diásporas y los inmigrantes, que viven de manera dispersa en el

seno de otra comunidad lingüística, y comparten en común la lengua de esta, con lo cual quedan

dos categorías sociolingüísticas muy bien definidas: la comunidad lingüística, que corresponde a

un colectivo humano en uso de una misma lengua, asentado en un espacio geográfico determinado

que lo delimita e identifica como unidad demográfica; y el grupo lingüístico, que corresponde a

un colectivo humano desplazado hacia el interior de una comunidad lingüística, pero sin que llegue

a constituir una unidad demográfica.

Tanto la comunidad lingüística como el grupo lingüístico se organizan y desarrollan en la

trilogía lenguaje-lengua-habla.

Otros autores, como Albert Álvarez, ponen el acento en la dificultad de definir el concepto de

comunidad lingüística. Este autor señala la necesidad de considerar las nociones diferenciales de
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pueblo y nación, por una parte, y por la otra, sostiene la posibilidad de que en un mismo pueblo o

nación coexistan varias comunidades lingüísticas, ofreciendo como ejemplo los casos del mundo

hispánico y de Francia.

Unidad y variedad de la lengua

El concepto de comunidad lingüística implica los de unidad y variedad de la lengua. Según

Antonio Quilis, cuando un hablante hace uso de la lengua, recurre a su competencia lingüística,

que es la habilidad en el uso de la lengua, y la ejecuta en un acto de habla.5 Por la competencia,

tanto el emisor como el receptor pueden reconocer la construcción correcta o incorrecta de un acto

de habla, en tanto que por la actuación se hace uso concreto de esa competencia en cada acto de

habla. La competencia rige las nociones de gramaticalidad y agramaticalidad, con las que se define

qué construcciones cumplen con la preceptiva gramatical. La actuación, por su parte, rige las

nociones de aceptabilidad e inaceptabilidad, con las que se remite a las construcciones que gozan

o no de aceptación social por ser propias o impropias.

Variaciones lingüísticas

La sociolingüística ha aportado fundamentales categorizaciones de estas variantes lingüísticas,

que se clasifican regularmente en tres grupos de variedades:

Las variedades diatópicas:

Dan lugar a varios sistemas de códigos, a saber: a) la lengua es el mayor de todos, y se

caracteriza por su fuerte diferenciación, tradición literaria e imposición sobre otros dialectos del

mismo origen; b) el dialecto es un subsistema del sistema principal, esto es, un sistema que se
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deriva de otra lengua, y posee una definida marca territorial, si bien no privan ya la fuerte

diferenciación y la tradición literaria; y c) el habla local es la manera peculiar como una zona

geográfica menor actualiza la lengua.

Las variedades diastráticas:

Producen lo que la sociolingüística define como sociolectos, es decir, la variedad de una lengua

determinada por factores socio-culturales, y se opone a la noción de idiolecto (habla característica

de una persona) por su característica colectiva.

Las variedades diafásicas:

Tienen como consecuencia el uso de diversos registros. Así, conforme al canal utilizado, la

lengua varía entre el habla oral y el habla escrita. Según el tipo de discurso, variará la actitud

comunicativa del hablante y, por ende, sus rasgos estilísticos. La relación entre emisor y receptor

condicionará el uso de un registro formal o informal.