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Escucha de fondo y tónicas sonoras

La cita anterior acerca de escuchar las bocinas de los barcos como último sonido de la noche
y de nuevo en la mañana, describe un nivel de escucha diferente al que comúnmente
experimentamos. El mismo puede llamarse background listening ya que el sonido permanece en el
fondo de nuestra atención. Esto ocurre cuando no estamos escuchando un sonido en particular, y su
ocurrencia no tiene una significación especial o inmediata para nosotros. De todas formas,
escuchamos el sonido, y si alguien nos pregunta si lo hemos escuchado, podemos responder
afirmativamente, siempre y cuando no haya sucedido en un tiempo muy distante. Así mismo, esta
escucha difiere de una percepción subliminal, la cual está definida por; la ausencia total consciencia
y la presencia de evidencias en el comportamiento a causa de este tipo de escucha (Dixon, 1971).
Mientras que la experiencia subliminal de escucha es todavía controversial, la escucha de fondo
(bakground listeninig) ocurre todo el tiempo.
Quizá la mayor razón para que los sonidos sean escuchados de esta forma, es que estos
ocurran usualmente, además de ser esperados y predecibles. Los mismos pueden ser
individualizados por nuestra atención si aparece la necesidad, pero normalmente no se notan
específicamente. El proyecto Paisaje Sonoro Mundial ha clasificado algunos de estos sonidos como
"tónicas" por analogía al uso musical del término, donde existe una clave alrededor de la cual los
sonidos se relacionan en torno a un centro tonal. En algunos tipos de música, la tónica tiene una
presencia sonora constante y de esa manera la relación con las otras alturas se hace más aparente,
así como refuerza la imagen de un centro tonal en el auditor.
La razón por la cual un sonido es caracterizado como una tónica no está vinculada a una
particularidad específica o un atributo acústico de el mismo, sino por la manera en la cual es
habitualmente percibido. Entonces, una "tónica" puede ser parte del ambiente, i.e., un sonido grave,
a nivel constante, como el hum eléctrico o el tráfico distante, pero también podría ser una señal, i.e.,
un sonido que sobre salga del ambiente y sea claramente distinguible del ruido ambiente. Ejemplos
de esta última clase de "tónicas" pueden ser el sonido de las ambulancia cerca de un hospital muy
activo, el sonido de los silbatos de tren para los vecinos de una estación, o las regulares campanadas
de una iglesia que se dan a intervalos iguales de tiempo durante el día, como comúnmente ocurre en
comunidades pequeñas, por ejemplo en Europa. Para el visitante, estos sonidos pueden ser
percibidos como señales acústicas, pero para las personas que viven en estos entornos, los mismos
serán experimentados como "tónicas". Las sirenas de barco del ejemplo anterior, parecerían tener
una función como tónica, tal es así, que la experiencia permanece en la memoria, así como la
asociación con algo positivo, incluso mucho tiempo después de haber desaparecido ese sonido del
entorno.
Los sonidos llamados tónicas, paradójicamente parecerían no ser importantes en términos
perceptivos, pero precisamente a causa de su capacidad de prevalecer, ellos reflejan una
característica fundamental de un medio ambiente. Así como los sonidos naturales son tónicas de las
sociedades más tradicionales, la presencia ubicua de sonidos como el tráfico, hum eléctrico, aires
acondicionados, etc, reflejan la dependencia de las sociedades modernas con la tecnología.
Podemos escuchar esta dependencia prácticamente en todas partes en el mundo industrializado. En
términos de figura y fondo, las tónicas representan el fondo sobre el cual todos los otros sonidos
serán escuchados. Y como todo fondo, las tónicas de nuestro medio ambiente delimitan e influyen
en nuestra percepción de estas figuras o señales.
Es significativo que las distintas formas de tónicas en nuestra contemporaneidad
mencionadas arriba (tráfico, hum, aire acondicionado, etc) son ejemplos de sonidos chatos, lineales
y/o estáticos. Sus niveles de sonoridad constante hacen que sea fácil para el cerebro adaptarse a
ellos, debido a que cambian muy poco y ninguno de estos cambios parecería hacer la diferencia.
Incluso cuando el sonido contiene una pulsación regular, el miso tipo de habituación es posible. El
tráfico y aires acondicionados son además ejemplos de sonidos de "banda ancha", lo que significa
que desde el punto de vista espectral, su energía está distribuida de forma continua en un amplio
rango de frecuencias. Cuando este rango abarca la totalidad de las frecuencias audibles y su
distribución es uniforme, lo denominamos "ruido blanco", por analogía a la luz blanca la cual
contiene todas las frecuencias visibles. En un ruido de banda ancha, la variación de presión sonora
es aleatoria, contrario a los sonidos de altura definida donde esta variación es periódica. [nota del
traductor: Sin embrago, esta aleatoriedad puede entenderse como redundante y predecible] La
redundancia y predictibilidad de un sonido de banda ancha hace que el cerebro pueda adaptarse
fácilmente a él. El hum eléctrico, cuya forma de onda es periódica, apunta al mismo tipo de
redundancia, simplemente por su origen artificial, i.e., al revés de los sonidos naturales, su
comportamiento es perfectamente regular y sin cambios. Este fenómeno se explicará más
profundamente en el capítulo 9. En suma, los sonidos más comunes en ambientes modernos son de
baja información y alto nivel de redundancia, lo cual permite al cerebro adaptarse muy fácilmente a
ellos.
De todas maneras, la fácil adaptación a sonidos del tipo "tónicas", no es necesariamente una
razón para su aceptación. Por ejemplo, se ha denunciado recientemente el uso de ruido blanco en
ambientes de oficinas por sus cualidades de enmascarar los sonidos como el tecleo, impresoras,
teléfonos, etc, que distraen al trabajador de sus tareas [nota 1 p. 23]. Es cierto que estos sonidos
impredecibles e impulsivos pueden generar un sobre salto o mal humor, y que un ambiente estático
con un sonido altamente predecible puede distraer menos de las tareas, en el caso de que tengamos
que elegir entre uno u otro. Ahora bien, hay otras implicancias en la naturaleza de las tónicas
acústicas en el paisaje sonoro que solo se vuelven aparentes cuando son consideradas en un marco
comunicacional.
La presencia de un sonido con sonoridad constante reduce lo que llamamos el "horizonte
acústico" de un entorno, es decir, la distancia en la que se encuentra la fuente sonora más lejana que
podemos escuchar. Un sonido constante enmascara a estos sonidos, por lo general menos sonoros,
lo que deriva en la sensación de una reducción del espacio. En el caso más extremo, cada individuo
estaría encerrado en una suerte de cocoon de sonido sin contacto aural alguno con los otros. A esto
se le suma que disminuiría la variedad de sonidos escuchados, ya que solo algunos de los más
sonoros alcanzarían a escucharse por encima del nivel de sonoridad ambiente. Sutiles diferencias en
los sonidos existentes son borroneadas; el ambiente se vuelve soso. Aunque parezca que sonidos
como el ruido blanco favorezcan a la concertación por su alta predictibilidad, debemos recordar que
el inevitable aumento del nivel de ruido también causa más estrés psicológico y gran fatiga al final
de día. Desde otra óptica, los altos niveles de ruido resultan en un aumento en los errores en la
realización de tareas, debido a la carga extra en el procesamiento de información ya que el cerebro
tiene que descartar el ruido. Esto se discutirá más adelante en el capítulo 6.
Por ahora sería suficiente con notar que la escucha de fondo, es una parte importante en el
proceso de escucha, pero una parte que tiene sus problemas particulares. Cuando el ruido de fondo
se incrementa en demasía hay un estrés extra en el cuerpo y una carga de información mayor en el
cerebro. La introducción de sonidos de baja información sugiere una evolución hacia entornos
homogéneos con una definición acústica pobre. Estos entornos no promueven más tipos de actitudes
de escucha activa, y su prevalencia puede impedir la escucha de entornos alternativos. Además, una
vez que la escucha de fondo se convierte en un hábito, esta está lista para ser explotada por los
medios. El poder de generar asociaciones subconscientes a largo plazo puede ser tomado para los
cortes comerciales, repeticiones sonoras en forma de "tónica", como veremos más adelante.

Las actitudes de escucha


El fenómeno de la escucha está descrito entorno su dependencia con tipos específicos de
relación entre el individuo/auditor y su medio ambiente, y no puede ser un derivado enteramente de
aspectos anclados en el sonido en sí mismo. [n.t.: Como sus cualidades acústicas, por ejemplo.] En
cualquier caso, sería muy difícil determinar, mediante un análisis acústico objetivo, si un sonido
determinado es una "tónica" del paisaje sonoro, y sería imposible por este análisis dar cuenta de la
importancia que este sonido tiene para su comunidad. A lo mejor, se podría tomar datos de las
experiencias sonoras de los escuchas, aunque probablemente la dificultad para articular este tipo de
actitudes en la escucha de las personas observadas se convierta en una limitante. Los datos físicos
obtenidos de análisis acústicos de un sonido, nos pueden proporcionar un sustento para entender
patrones de comunicación con un medio ambiente informándonos de las reglas básicas de la
acústica -cuando un sonido puede enmascarar a otro, qué factores afectan la propagación, como el
maquillaje de este sonido difiere de este otro, y así. La función que un sonido tiene para un escucha
depende de su contexto socio-ambiental.
Hay una tendencia a valorar los sonidos por si son buenos o malos, en este sentido se
alimenta la creencia de que; basta con eliminar los sonidos ofensivos y todo estará bien. Un
pequeño grupo decide, en su sed de combatir la polución sonora, suprimir el ruido de una fábrica
local por ser muy sonoro (sonar muy fuerte). La equivalencia entre fuerte y contaminación, no
contempla en este caso si ese sonido era parte de la identidad de la comunidad entera, o como
afectaba este mismo a una sensación de pertenencia al lugar. ¡Otra manera de pensarlo, sería
imaginando un futuro en donde todos los sonidos fuertes fueran abolidos, y solo nos rodeen suaves
zumbidos y drones! Sin duda que la falta de riqueza en el rango de las intensidades, podría generar
un espacio sordo y dificultar la articulación de un paisaje balanceado.

(...)

El escucha como consumidor


En este libro se ha documentado acerca de los enormes cambios que la tecnología trajo consigo en
lo referente a la manipulación, (re-)producción y consumo de sonido. Estos cambios afectaron
realmente la naturaleza de escuchar transformado algunas de sus características básicas. En esta
discusión frecuentemente nos referiremos a la paradoja o doble filo que los avances tecnológicos
conllevan. Como cualquier descubrimiento, estas nuevas potencialidades tienen su costo.
Abandonando la idea de poder clasificar los pros y los contras, y con la finalidad de atender a las
sutilezas inherentes al cambio tecnológico, nos concertaremos en analizar algunas dualidades que a
las que el escucha se enfrenta en su nuevo rol en la cadena comunicativa; el de consumidor.
El sonido y la escucha son paradigmáticos en la relación entre la sociedad y el medio
ambiente. Es más, los cambios en las actitudes de escucha que traen las nuevas tecnologías no solo
son relevantes para un estudiante de comunicación, serían de interés incluso para una observación
más general de la sociedad. Por ejemplo, la necesidad creciente de "recortarse" del entorno,
utilizando auriculares, o la radio de fondo, implican una construcción de nuestro propio entorno.
Esto podría ser sintomático de un camino que se aleja de una conciencia del entorno una
desvinculación gradual con la comunidad. La escucha involucra la experiencia personal que es más
inmediata por ejemplo cambios en los patrones demográficos o pólizas económicas. Por su función
mediadora, cambios en el sonido o sus funciones, reflejan o auguran cambios en la sociedad.
Tendencias en los hábitos de escucha, pueden estar relacionados de forma cercana con otras
tendencias sociales, psicológicas, o ser precursoras de nuevos desarrollos que estén por venir. El
consumismo teniendo en cuanta a la escucha podría estar recién en una edad temprana.
Muchos escuchas parecen no dar cuenta de la relación que ellos tienen con la tecnología, y
como sus hábitos han sido modelados por ella. Algunos incluso, llegan a sentirse asustados por los
equipos o se alienan por usarlos. Aun así, estas personas podrían sorprenderse por la idea de que
ellos ya tienen una profunda relación con la tecnología, y que esta ha sido condicionada por años de
exposición a estos productos. El poder que la tecnología ejerce sobre nuestras vidas es perturbador
cuando se toma conciencia por primera vez, particularmente en algo tan personal como los hábitos
de escucha. De todas formas, es útil, y quizá liberador, examinar nuestros hábitos de consumo y
escucha, no para sentirnos culpables, pero si para entenderlos y tomar responsabilidad por sus
efectos.
Extensión y simplificación

Que la tecnología puede extender las habilidades humanas es un hecho conocido, que esta
esté acompañada de una tendencia paralela hacia la simplificación sería sorprendente. Dada la
íntima relación retórica entre la tecnología y palabras como "progreso", "avances", "innovación", o
incluso "desarrollo", no es sorprendente que la mayoría de las personas asocien cambio tecnológico
con complejidad creciente. Tales clichés como "este mundo acelerado" o "esta sociedad compleja"
revelan una profunda creencia en que todo cambio conlleva a una mayor complejidad. A esta
ecuación se le agrega el desarrollo ulterior del cerebro humano, el cual se dice que no ha alcanzado
su total potencial. Muchas veces se le atribuye a la tecnología el crédito de generar una "nueva
conciencia" o de "expandir nuestra percepción". No es el punto lo que el cambio nos trae; lo que
necesita de un examen ulterior es que estos cambios que aparentemente promueven una mayor
complejidad entre los elementos de una sociedad, podrían estar contrarrestados por una
correspondiente simplificación en esas relaciones.
Como vimos, existen muchas instancias duales entre complejidad y simplicidad en la
naturaleza de la electroacústica. La habilidad de abstraer un sonido de su contexto original nos da
ilimitadas posibilidades de ponerlo en relaciones nuevas. Nuevos sonidos y sintaxis dan al escucha
nuevos significados, y nuevos roles en los cuales el sonido es mediador, crea nuevas formas de
comunicación, al menos potencialmente. Por otro lado, es la misma tecnología la que permite la
exacta repetición, la precisa uniformidad y la reproducción masiva; que provee menos información
al cerebro y mucha menos variedad que los equivalentes acústicos.
Por ejemplo, la uniformidad en el poder eléctrico que permite el diseño de máquinas
sofisticadas resulta en que el carácter acústico de estas máquinas sea repetitivo e indiferenciado
entre ellas. La filosofía de automatismo maquinal nos lleva a su equivalente en el comercio, i.e.,
uniformidad de productos, modularidad y simplificación de procesos. Un número mayor de
productos estarán a nuestra disposición, pero la diferencia entre ellos será minimizada. La grabación
fonográfica, por ejemplo, abre la posibilidad de escuchar las palabras, música y paisajes sonoros de
prácticamente cualquier cultura del pasado o del presente. Comparado con esta riqueza potencial, el
rango de grabaciones que están fácilmente accesibles, y sobre todo adquiridas y escuchadas por la
mayoría de las personas es increíblemente menor. Algo similar sucede con las estaciones de radio,
el rango de opciones, incluso en la banda FM, es bastante limitado y está agrupado en cinco o seis
tipos de formatos principales. Lo que la tecnología extendió, su organización (en términos de
factores económicos como el marketing y la distribución) lo simplificó.
Más de lo mismo puede decirse de la profundidad de la escucha, así como de su alcance.
Cuando oímos demasiado, en realidad escuchamos muy poco. Cuando sabemos que un sonido
puede ser siempre repetido, es fácil no estar atentos la primera vez. Cuando los sonidos de todas
partes del mundo llegan a nosotros de forma instantánea, el mudo parece reducirse a una aldea
global, pero, ¿sentimos algún tipo de responsabilidad mayor con nuestros nuevos vecinos? Y el
"ritmo frenético" que el mundo parece tener, como se refleja en el espacio radial publicitario, la
mayor parte del tiempo parecería no moverse para nada de donde está. Incluso en la acústica, el más
blanco y más neutral de los sonidos es aquel que cambia más aleatoriamente (i.e., ruido); es el que
tiene más información y a la vez el menor significado.
La atención y concentración que se requiere para entender las relaciones sonoras de una
forma profunda no están alentadas por los entornos lo-fi (de baja definición), en los cuales solemos
vivir o trabajar. Aunque los sonidos estáticos nos distraigan menos, la presencia de estos genera
entornos sonoros con menos definición acústica, menos información significativa y menos razones
que promuevan la interacción. Más aún, la naturaleza de procesamiento de información del cerebro
dicta que, ante la presencia de demasiada información en un aspecto desorganizado, hay una
tendencia a "hojear" el contenido en lugar de analizarlo cuidadosamente. En otras palabras, se
puede experimentar más. pero menos es absorbido.
Un caso particular de "hojear" los sonidos ocurre con el uso de sonido en comerciales
radiales. Un típico comercial de no más de 30 segundos, contiene más de una voz, música efectos
de sonido e incluso hasta una pequeña historia narrativa. Podríamos pensar que este mensaje
contiene una cantidad muy grande de información dada por la densidad de elementos. Por el
contrario, los comerciales están diseñados para simplificar el mensaje de modo que pueda "llegar"
incluso cuando el escucha no está prestando atención. Los sonidos no están usados para ser
escuchados directamente, estos solo tienen la intención de evocar una respuesta o asociación.
Debido a que la respuesta desead tiene que ser la misma para la mayor audiencia posible, estas
asociaciones son estereotipadas, así como los personajes y la música.
(…)