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El doble sueño: Literatura y cine argentinos

Author(s): MARÍA GABRIELA MIZRAJE


Source: Hispamérica, Año 42, No. 124 (Abril 2013), pp. 23-30
Published by: Saul Sosnowski
Stable URL: https://www.jstor.org/stable/43684216
Accessed: 08-05-2019 00:18 UTC

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£1 doble sueño: Literatura
y cine argentinos

MARÍA GABRIELA MIZRAJE

Las relaciones entre literatura y cine son sensibles a la historia del cine desde
sus inicios, pero particularmente caras al desarrollo del sonoro. En el caso espe-
cífico de la filmografìa argentina, esta bebió en la literatura desde sus orígenes.
La recuperación de la épica y el costumbrismo gauchesco constituyeron motivos
insoslayables a la hora de pensar en un canon filmico argentino.
La literatura estaba allí, precediéndolo, abriéndole el camino de la pampa
y de las distintas provincias, como lo haría también con la gran urbe. Gau-
chos, indios, inmigrantes; mujeres, judíos, homosexuales; obreros, estudian-
tes, huelguistas: como no podría ser de otro modo, la visualización del sujeto
social que va cambiando conforme avanza la historia extratextual y extrafìl-
mica va determinando distintas tendencias y revisiones. Es suficiente pensar,
para los ejes de la reformulación dicotòmica de "civilización y barbarie",
en los tanteos del cine mudo alrededor de Martín Fierro (de los hermanos
Alfredo y Josué Quesada, 1923) y Juan Moreira , o en los primeros guiones
con los que el escritor Ulises Petit de Murat, frecuentemente junto a Homero
Manzi, uno de los más reconocidos letristas de tango, aborda Prisioneros de
la tierra sobre cuentos de Horacio Quiroga, La guerra gaucha (1942, basada
en el libro homónimo de Leopoldo Lugones de 1905) o El viejo Hucha (1942)
que, partiendo una vez más de Martín Fierro , se alimenta sin embargo en la
dramaturgia, estableciendo una relación específica entre cine y teatro que se
advierte hasta en el cine argentino de nuestras últimas décadas.
Escritora, investigadora y crítica. Diploma de Honor de la Universidad de Buenos
Aires (Letras). Ha venido desempeñándose como profesora universitaria en distintas
instituciones del país y del extranjero. Actualmente se halla trabajando en la Universi-
dad Nacional de General San Martín (UNS AM) y en el IC AP (Instituto de Capacitación
Parlamentaria de la Honorable Cámara de Diputados del Congreso de la Nación, Argen-
tina). Especializada en Filología clásica, Retórica, Semiología; Literatura latinoame-
ricana, particularmente argentina, y judeoargentina; Estudios de Género. Es autora,
entre otros, de los siguientes libros y ediciones críticas: Ricardo Güiraldes, Diario
de doctrina espiritual , 2008 (Investigación y Estudio preliminar); Eduarda Mansilla,
Pablo o la vida en las pampas , 2007; J. J. de Soiza Reilly, La ciudad de los locos ,
2007; Mariquita S. de Thompson, Intimidad y política , 2004; Nicolás Olivari, El
hombre de la baraja y la puñalada , 2000; Argentinas de Rosas a Perón , 1999 (Men-
ción de Honor del Ministerio de Cultura); Lorenzo Stanchina, Tanka Charowa , 1999;
Nor ah Lange. Infancia y sueños de walkiria , 1995; Roca y la gente más inesperada ,
1996 (con R. Amigo); Mujeres. Imágenes argentinas, 1993; J.-F. Lyotard, La Confesión
de Agustín (con B. Castillo), 2002.

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24 EL DOBLE SUEÑO: LITERATURA Y CINE ARGENTINOS

Otra gran dicotomía, solo en parte continuadora de la anterior, aunque no


siempre necesariamente paralela, es la del rostro bifronte que mira por un
lado al campo y por otro, a la ciudad. Las descripciones literarias dan paso
al paisajismo natural y al paisajismo urbano que las cámaras realzan. Para
este último, podemos focalizar la recreación del espíritu de Evaristo Carriego
en el filme de Román Viñoly Barreto, La calle junto a la lluvia (1951) o los
escenarios de Arlt/Paolantonio y Di Salvo, o la película de Leopoldo Torre
Nilsson Un guapo del 900 (1960) sobre la exitosa obra teatral de Samuel
Eichelbaum o el mismo guapo revisitado por Lautaro Murua en 1971, o el
borgeano Hombre de la esquina rosada que encarara René Mugica en 1962.
Aparte de la dupla ciudad-campo, están las provincias así como los espacios
intersticiales de época que, sin ser abiertamente rurales, quedan delimitados por
el perímetro de los pueblos, tal es el caso de Rosaura a las diez (filme de Mario
Soffici, de 1958, basado en la novela de Marco Denevi, de 1954). En ellos,
hay un tiempo que se detiene mientras se tiene la certeza de que un poco más
allá algo avanza, la vida sigue su propio impulso y movimiento. Tal quietud, a
menudo colindante con el estancamiento, es recreada, por ejemplo, en el cine
contemporáneo, en el ambiente asfixiante de la Salta de Lucrecia Martel.
Sobre otras oposiciones, como las del binarismo político y las de la cultura
letrada en contraposición con la cultura popular, presentes ya en la literatura
argentina del siglo XIX, se recorta el libro más vendido, Amalia. La afamada
novela de José Mármol, de 1851 y 1855, da cabida a uno de los primeros
intentos de la historia del cine argentino. Es precisamente el escritor Enri-
que García Velloso, convertido en cineasta, quien en 1914 recupera el clá-
sico del romanticismo local sobre el trasfondo histórico del enfrentamiento
entre federales y unitarios. Él también, en un trabajo pionero, se lanza sobre
Mariano Moreno y la Revolución de Mayo en 1915, poniendo bajo la cámara
al genial actor Pablo Podestà.
Poco después encontramos otro texto eponimo decimonónico siendo recu-
perado por el cine, El Fausto criollo (1923) de Ernesto Gunche y Eduardo
Martínez de la Pera, que ha de tener una larga tradición dentro del país. La
entrañable obra de Estanislao del Campo, escrita en versos gauchescos en
1866, retornará con insistencia a la pantalla: Luis Saslavsky vuelve a traerlo
en 1979 y el incansable y amado Fernando Birri lo elige para su última pelí-
cula, para la cual regresó a su Santa Fe natal a encarar el rodaje en 201 1 y que
fue estrenada en 2012. El director de la memorable Tire dié (1959), nacido en
1925, lo explica sencillamente así: "Pago una vieja deuda pendiente con mi
patria: confrontarme con un film de temática histórica".1
En las primeras décadas del siglo XX, cuando Birri era solo un niño, halla-
mos a Enrique Larreta probando también las cámaras con El linyera , en 1933.

1. Palabras reproducidas en el artículo periodístico de Diego Braude, "Para mí, filmar sigue
siendo una urgencia biológica", Página 12 (2/3/2012). Sección "Cultura & Espectáculos".

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Y el impactante grotesco de Armando Discép


Daniel Tinayre en 1937, el mismo año del estr
José Agustín Ferreyra, un gran intuitivo, co
tad y vocación, próximo al sainete y al tango,
humilde, es acaso el director más antiliterari
del cine, sobre la pared muda. Sin embargo,
ción de los libros y probó "La costurerita
título que parte del primer verso de un poem
rias de mujeres pobres y tentadas para camb
escala social se destacaron las interpretacione
también apostó a la profesional Libertad Lam
mujer de Ferreyra, fue una de las primeras y
contó el cine argentino, interpretando a viva
alentando. En cuanto a Lamarque, fue una actr
Los gauchos de la literatura se proyectan
subrayadas vanguardias y van arrastrando
reformulado a lo largo de las décadas, ya ape
ficando la épica, ya dándole nueva voz a est
del momento. El canon de la argentinidad los
y contrahéroes, siempre queribles; el cine
celebrando por igual su astucia o su inocencia
día, su arrojo y su retirada prudente o justic
Baste encontrar a Santos Vega , pasando de
Rafael Obligado en 1885 a la voz potente y pro
Larralde en la película de Carlos Borcosque hi
En efecto, mientras la literatura estaba exp
vanguardista latinoamericano con otros perso
chos argentinos se paseaban en las pantallas g
1960 y comienzos de la década de 1970, años
renovadores, antes del golpe militar de 1976,
nalidad y vibraban nuevas necesidades de cam
Allí se dan cita el inolvidable Juan More
o los muy distintos Los gauchos judíos de Ju
del homenaje de Alberto Gerchunoff en 1910
(1969) de Manuel Antín, en base a la novela d
Simultáneamente llega, por ejemplo, Operació
Cedrón, tomando las palabras de Rodolfo Wal
quien cuatro años después habría de "desap
homónima, sobre un hecho de violencia polít
Ya nuevamente en democracia (a partir d
nos señalamientos icónicos, como el de El jug
(1926), en una muy buena recreación de José M

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26 EL DOBLE SUEÑO: LITERATURA Y CINE ARGENTINOS

Salvo (1984). Se trata de una de las novelas definitorias de la literatura argen-


tina que da un paso más allá de cualquier criterio prefijado de corrección
moral y estilística para mostrar los trasfondos humanos de "la vida puerca".
*

La lente colocada tras los textos literarios permite recorrer el paisaje de


Entre Ríos (Jusid) o el de la capital porteña, los personajes austeros y arro-
jadizos de José Hernández transformados en la pantalla de la mano de Torre
Nilsson o el igualmente corajudo aunque más díscolo Moreira bajo el sello
de Favio; las mujeres angelicales de las novelistas Emma de la Barra o Bea-
triz Guido; los amores perdidos, la locura, la muerte (Nemesio Juárez y su
biografía ficcional sobre Horacio Quiroga). Pero asimismo, la picaresca {El
casamiento de Laucha de Roberto J. Payró, retomado por Enrique Dawi en
1977) o la vanguardia, la política en reconstrucción de documentos y testi-
monios (Cedrón, Daniel Desaloms), las mil caras de Borges (Mugica, Javier
Torre, Ricardo Wullicher, Eduardo Montes Bradley, Tristán Bauer).2
Cada recreación filmica al mismo tiempo que ha pretendido (y en gran
medida logrado) crear un canon cinematográfico, ha conseguido (sin pre-
tenderlo mayormente) reescribir el canon literario; así, a través de la panta-
lla, tanto se reafirman textos ya consagrados como se van instituyendo otros
no tan centrales. El cine suele ocupar un espacio previamente ganado por
el texto pero tampoco faltan los casos en los que el cine ayuda al texto a
ganar lugar. A la busca de historias e imágenes pregnantes, los directores
abrevan fundamentalmente en la narrativa literaria, aunque también en poesía
y dramaturgia.
Cuando Antín realiza La cifra impar hacia 1960, basándose en "Cartas de
mamá" de Cortázar, asegura: "Era la literatura que yo quería escribir, y un
plagio legal fue convertirla en película".3 Esta trasposición fascinada y amorosa,
esta deuda que el cine tiene con la literatura y que a menudo reconoce, hace
con frecuencia de los directores, guionistas y de los guionistas, escritores -
por fuera del marco fìlmico - mientras a su vez convierte a los escritores en
guionistas (como ocurre con Petit de Murat o César Tiempo). Así, por ejemplo,
el primer melodrama erótico argentino, Safo, historia de una pasión , realizado
en 1943 por Carlos Christensen, no es de extrañar que cuente con la pluma
de Tiempo. El autor que hasta había probado un pseudónimo de mujer para
escribir los versos de una prostituta sufriente, Clara Beter, parecía realmente
el más idóneo para penetrar en la Sapho de Alphonse Daudet y adaptarla a la
medida de la pantalla local, junto al guionista Julio Porter.

2. Mugica presenta el ya mencionado Hombre de la esquina rosada (1962); Wullicher, Borges


para millones (1978); Montes Bradley, Harto de Borges (2000); Bauer, Los libros y la noche
(2000); Torre, Un amor de Borges (2002).
3. Palabras reproducidas por Alejandro Núñez en "Recuerdos de una fantasía argentina en París,
medio siglo después", Ñ Revista de Cultura (20/6/2012).

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MARÍA GABRIELA MIZRAJE 27

Un caso paradigmático de la amalgama entr


encarna Torre Nilsson, fundamentalmente p
su escritora y guionista principal, su esposa
por su propia doble incursión en el cine y la
Guido resultan La casa del ángel (1957), La
trampa (1961), entre tantas otras películas qu
un increíble éxito de público, por haber sa
argentina en el trazo de la psicología de los p
de la burguesía y por la audacia narrativa y f
Elsa Daniel y de Graciela Borges, con la sensu
de la voz de la primera y con la firmeza as
lo exige - también despiadada de la segund
universo conflictivo de la tinta de Beatriz Gu
Torre Nilsson, tan realistas como poderosame
Si este director, como Fernando (Pino) Solan
muchos otros argentinos, cosechan premios en
también vale la pena resaltar, para una relación
en que a su vez la literatura argentina fue to
ejemplos capitales de este vínculo los constitu
(1961), dirigida por Alain Resnais y Blow up
niom. L ' année dernière à Marienbad es la ad
Bioy Casares, La invención de Morel , de 1
chinas, la intertextualidad de estos diálogos en
nicativos y los diversos países es asegurada p
con motivo de La cifra impar , "la crítica dijo
[Resnais] que se inspiró en la literatura argent
ner que yo también estuve inspirado por las mis
Por otro lado, Blow up vuelve sobre "La
Julio Cortázar. Explosión de una burbuja pero
durante el revelado de una foto. Cortázar apa
fotografías mostradas en la película. La trama
en la película de Antonioni el personaje princ
grafo real. Posteriormente al estreno, el direc
película para explicar el significado de aquell

4. Solo como ejemplos, Pino Solanas gana en 1973 el


por su realización de La hora de los hornos , junto a Oc
Film Institute. Y en 1978, en el marco del Festival Int
realizado en Cartago, el gran premio y palmares del Fo
hijos de Fierro. Por su parte, Héctor Olivera obtiene e
Cinematográfico Internacional de Berlín, en 1 974, por L
el libro de Osvaldo Bayer, Los vengadores de la Patago
5. Alejandro Núñez en el citado "Recuerdos de una fan
después".

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28 EL DOBLE SUEÑO: LITERATURA Y CINE ARGENTINOS

Sobre suelo argentino se recuperaron clásicos, como la ya mencionada La


guerra gaucha de 1942 o laterales como Pobres habrá siempre , película de
Carlos Borcosque (1958), sobre novela homónima de Luis Horacio Velaz-
quez de 1943, reeditada en 1952. Realistas, como Dar la cara - novela de
David Viñas (1962, Premio Nacional de Literatura), película de Martínez
Suárez en el mismo año - , El candidato (Viñas y Fernando Ayala, 1959) o
El jefe (Viñas y Ayala, 1958), que contó con un elenco de excepción, donde
se reunieron Alberto de Mendoza, Duilio Marzio y los muy jóvenes Leo-
nardo Favio y Orestes Caviglia, entre varios otros. O vanguardistas, como El
beso de la mujer araña , novela de Manuel Puig (1976), película de Héctor
Babenco (1985). En este último ejemplo, además, se trata de una película
basada en una obra literaria que tiene un eje narrativo en el cine. De un modo
paralelo, aunque distinto, más enigmático y condensado, más metafísico y
menos popular y teatral que la obra de Puig, igualmente lo tiene La invención
de Morel de Bioy Casares, de manera que Resnais de algún modo devuelve a
la pantalla algo que también había nacido de ella.
De pronto, incluso, irrumpe una voz esencialmente poética como la de
Almafiierte (seudónimo de Pedro Bonifacio Palacios) en la temprana recrea-
ción de Luis César Amadori en 1949, o como la de Alfonsina Storni, traída
por Kurt Land en 1957, donde sus respectivas obras se fusionan con sus
biografías.
También hay obras literarias destinadas a la espera. Algún que otro escritor,
como el mendocino Antonio Di Benedetto, murió esperando ver en la pan-
talla una de sus novelas, particularmente Zama , sobre la cual se interesaron
desde Román Vignoly Barreto hasta Nicolás Sarquis y Alfredo Mathé. Sería
ahora Lucrecia Martel quien pondría finalmente bajo el ojo de la cámara (en
2013) los escenarios latinoamericanos y las voces del período de los virreina-
tos, que el autor concibió con extrema finura.
Di Benedetto tampoco pudo, por ciertas dificultades de época, ver la que
fue su experiencia más próxima al cine, según su propio testimonio: la adap-
tación que realizó de la novela, de corte autobiográfico, de su co-provin-
ciano Abelardo Arias, Alamos talados (1942), dirigida por el italiano Catrano
Catrani (1960). En 1970, en la Universidad Nacional de Cuyo, Di Benedetto
participó de la "Semana de Literatura y Cine Argentinos", junto al mismo
Sarquis y a Augusto Roa Bastos, y allí se ocupó de la relación entre su propia
obra y el cine. Se detuvo en un relato suyo poco conocido:

Yo pude escribir un relato a la manera tradicional, como había aprendido


que se hacen cuentos, como me lo pudo enseñar Horacio Quiroga o Chejov
o Kafka. Pero esa necesidad de expresarse con el lenguaje del arte de nuestro
siglo, es decir expresarse con imágenes y sonidos, hizo que yo dijera: no lo
voy a contar así nomás, lo tengo que contar de otra manera; esa otra manera

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MARÍA GABRIELA MIZRAJE 29

era la aproximación al cine [...] Declinación y Áng


vamente con imágenes visuales, no literarias, y s
modo que cada acción pueda ser fotografiada o
termine de explicarse con el diálogo, el ruido de lo
la música.6

Por medio de esta reflexión advertimos tam


hasta qué punto la literatura ha incidido en el c
lo que es aún más atractivo, de qué manera el ci
la literatura algunos de sus propios formatos e in
No en vano los escritores de los inicios del c
de la vanguardia de 1920, y al promediar la déca
oyeron, presenciando la mutación del silente al s
memente devotos, encantados por el nuevo arte y
en una transición necesaria y sin forzamientos,
o comentario filmico, incluso al trazado de estam
por el talento de las actrices y los actores, y dife
los estragos de la industria, de los rostros de los
mas no los capitales que se agitaban detrás de la
de admiración y resistencia bien delimitados Ni
lumbrante El hombre de la baraja y la puñalada
otros, "a los pulmones vencidos de Bárbara La Ma
de Wallace Reid"7 - y Raúl González Tuñón, B
hacen sus notas críticas.8
A su vez, algunos de los autores más visitados p
mos recién mencionados, súmense a Borges, Arit
nombre de Cortázar, José Hernández, Eduardo G
Otros constituyen casos puntuales y sorprendent
nimo de Emma de la Barra, autora de un libro sin
la literatura argentina, que constituyó un incomp
de 1905. La película de Benito Perojo en 1943 reto
planteada por de la Barra y lanza al estrellato a Z
Habiendo corrido tanto celuloide bajo los pu
tura, de los últimos tiempos baste mirar obras

6. Antonio Di Benedetto, "Nuestra experiencia frente al c


Literatura y Cine Argentinos - 1970 , Mendoza, Universid
Filosofía y Letras, 1972, p. 83.

7. Nicolás Olivari, El hombre de la baraja y la puñalada y


Aires, Adriana Hidalgo, 2000, p. 52. Estudio preliminar, bibli
y edición a cargo de María Gabriela Mizraje.
8. Vale la pena destacar que en 1919 Horacio Quiroga inici
Caretas , como ya se señalaba en la Historia del cine argent
Buenos Aires por el Centro Editor de América Latina en 1 98

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30 EL DOBLE SUEÑO: LITERATURA Y CINE ARGENTINOS

Love (a partir del libro de Pedro Mairai, 1998) llevada al cine por Alejandro
Agresti (2000), que tiene una pantalla de televisión como desencadenante
de la trama; El pasado de Héctor Babenco (2007), adaptación de la intensa
novela de Alan Pauls (2003). Y ver cómo, con la pluma en una mano y la
cámara en la otra, empuñando esta última a lo largo de las calles de la ciu-
dad, esperando que una situación, una imagen, un rostro salga a su paso y lo
sorprenda, Eduardo Belgrano Rawson, artífice de su literatura y de su cine,
da vueltas a la manivela del tango y de El mundo se derrumba y nosotros nos
enamoramos (libro de relatos de 2006).
O bien, ya con el espíritu del Bicentenario de la emancipación, seguir la
película de N. Juárez estrenada recién en 2012, aunque rodada y terminada
en 2010, La revolución es un sueño eterno (1987), el sueño de un procer -
Juan José Castelli - y el sueño de todos en la obra de Andrés Rivera (Premio
Nacional de Literatura 1992).
Todavía soñando e intentando nuevos caminos de expresión para la panta-
lla, midiendo las palabras para volver sobre formatos preexistentes como el
documental {Paco Urondo. La palabra justa , Desaloms, 2004) o avanzando
tecnológicamente sobre la animación,9 hasta descubrir el secreto de los ojos
y volver a empezar, una y otra vez, acaso ya sin gauchos pobres en primer
plano pero con inmigrantes latinoamericanos igualmente empobrecidos, el
cine argentino sigue asomándose a las páginas literarias. Lo hace en busca
de criterios, ideas, tramas, razones históricas, perspectivas, lenguajes pero
definitivamente su producción, su densidad, sus guionistas especializados,
su búsqueda de la oralidad, su juego y hasta sus ambiciones hablan de una
autonomía profesional que cosecha sus aplausos más allá de la proximidad a
la siempre viva literatura.

9. Como animación pueden verse, por ejemplo, los trabajos de Norman Ruiz y Liliana Romero
encarando de nuevo Martín Fierro, en 2007, o los últimos Cuentos de la selva , en 2010, en una
adaptación muy libre del libro de Quiroga.

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