Está en la página 1de 7

Trastorno de estrés postraumático (TEPT)

Es pertinente señalar las definiciones tanto del estrés como del trauma ya que son
aspectos englobados dentro del (TEPT), en primer lugar, el estrés según Carvajal, C
(2002) es un concepto científico que alude a una respuesta inespecífica del organismo
ante una demanda. Frente a un estresor el organismo responderá buscando la adaptación
y el equilibrio (homeostasis). El estresor puede ser físico o psicológico y la respuesta
puede resultar adaptativa (eustrés) o patológica (distrés). Por otra parte, el trauma ha sido
definida por la Asociación Psiquiátrica Americana como aquella situación
psicológicamente estresante que sobrepasa las experiencias habituales de la vida (como
puede ser un duelo simple, una enfermedad crónica, una pérdida económica o un conflicto
sentimental), que afectará prácticamente a todas las personas y que provocará un intenso
miedo, terror y desesperanza, con una seria amenaza para la vida o la integridad física
personal o de un tercero.

Cualquier persona puede presenciar un acontecimiento traumático ya sea desde su


propia experiencia, por el hecho de encontrarse en la situación traumática, o simplemente
por haber escuchado dicha situación de algún tercero, por ende es pertinente resaltar la
importancia de la respuesta individual ante la amenaza contra la vida, esta puede ocurrir
en ocasión de un asalto con violencia, una violación, una tortura o un abuso sexual
infantil, el sujeto con alta probabilidad experimentará una respuesta de intenso temor, de
gran desamparo e indefensión y de horror. La víctima del acontecimiento traumático
muchas veces evitará el relato de lo sucedido, justamente, por la reacción emocional
extrema que le provoca el recordar el hecho (Carvajal, 2002) (Rojas, 2016).

Haciendo relación con la sintomatología según Shemesh, et al., (2001) la tríada


clínica que define el TEPT comprende los fenómenos invasores, los de evitación y la
respuesta de hiperalerta. El reexperimentar los síntomas vividos durante el hecho
traumático está fuera del control de la persona y en forma persistente pueden aparecer
imágenes, pensamientos, sensaciones, ruidos u olores vinculados con el trauma, sea en
forma espontánea o bien gatillados por estímulos que recuerdan el suceso traumático.
Estos fenómenos pueden ocurrir durante la vigilia o también durante el sueño en forma
de pesadillas. Estos recuerdos invasores muchas veces se acompañan de síntomas
autonómicos como taquicardia, polipnea, temblor fino generalizado, cambios de
temperatura, sudoración e incluso piloerección. Entre los elementos gatillo de los
fenómenos invasores las imágenes provenientes de la televisión, del cine o incluso de las
fotos de la prensa tienen gran importancia. Un ruido, un color, un aroma, una palabra
escrita o pronunciada por alguien también pueden servir como desencadenantes de los
síntomas invasores.

Sin embargo, Como afirma Rojas (2016) no existe una causa especifica o
establecida para el desarrollo de este trastorno, esto es debido a los incontables eventos
que podrían ser causa de trauma, y a pesar de que muchas personas llegan a tener eventos
traumáticos, no todas desarrollan el trastorno, por tanto, se habla ahora de factores
biológicos o psicológicos de la persona como mediadores en la vivencia del estrés. Por
las características menciones cada caso de trastorno estrés postraumático debe ser visto
como articular y tratarse de manera ideográfica. Además, se requiere presencia de factores
biológicos e interacción de factores como la vulnerabilidad genética, factores
ambientales, nivel sociocultural.

Por ende, Existen diversos instrumentos de evaluación de los síntomas del TEPT
que se han desarrollado tanto para estudios epidemiológicos como para investigación;
entre ellos puede mencionarse la Escala de Impacto del Evento de Horowitz et al (1979)
que fue pionera en este campo, el acápite pertinente al TEPT de la Entrevista Clínica
Estructurada del DSM IV (1999) o el acápite equivalente para la CIE 10 (1998), la CAPS
de amplia difusión y la Escala de Trauma de Davidson.

Por consiguiente, es necesario mencionar los factores de riesgo ya que pueden


presentarse de acuerdo con las características del acontecimiento traumático será
diferente el porcentaje de sujetos que desarrollará TEPT. Kessler, R (1998) evaluó las
experiencias traumáticas de mayor ocurrencia en la población y encontró una frecuencia
creciente de TEPT que va desde la exposición a desastres, a accidentes, a asaltos, a abusos
y a situaciones de combate para llegar al máximo en las violaciones (con cifras superiores
al 50% de las afectadas). A su vez entre los TEPT, según sexo, la frecuencia decreciente
de hechos traumáticos en las mujeres corresponde a accidentes, asaltos, abuso y violación
y entre los hombres predominan los accidentes y los asaltos.

Además, su prevalencia en la población en general es del 3,5% aproximadamente,


es importante mencionar que más de la mitad de los adultos manifiesta haber tenido un
evento traumático y 2 de cada 3 niños relatan haber tenido esta experiencia y Entre el 7 y
el 10 % que han tenido estrés por un evento traumático podrían llegar a desarrollar el
trastorno (Rojas, 2016), con ello el mismo autor sugiere que solo se desarrolla en el 0,5%
de los niños a la edad de 16 años, pero los recuerdos y síntomas angustiantes le ocurren a
1:8 ocho niños (13%) y tantos como 33-40% de los niños que sufren la muerte violenta
de un familiar o son víctima de abuso sexual. En cuanto a sexo se observa en 1:20 hombres
y en 1: 10 mujeres en algún momento de sus vidas; 2:3 hombres y casi el 50% de todas
mujeres experimentaron abuso sexual y abuso físico infantil

Sin embargo, se ha estudiado en diversos grupos de víctimas de acontecimientos


traumáticos. Aun cuando las metodologías para identificar sujetos que cumplan los
criterios diagnósticos de una determinada clasificación varían entre los estudios, las cifras
generales permiten tener una aproximación a la magnitud del problema que implica este
cuadro clínico. Es claro también que hasta la fecha el TEPT ha sido un cuadro
subdiagnosticado.

Desde 1987 se cuenta con cifras de TEPT en población general con valores que
oscilan entre 0,5% y 10,8% para los hombres y entre 1,3% y 18,3% para las mujeres. Son
llamativas las cifras de prevalencia del estudio reciente de Perkonnig et al (2000)
realizado en Alemania con una población de 3021 sujetos entre 14 y 24 años en que
encontraron una prevalencia global de TEPT de 1,3% y cifras de 1% para hombres y 2,2%
para mujeres, las que se acercan más a las primeras cifras de Helzer de 1987 en población
general. Este resultado confirma el planteamiento que, si bien existe un alto número de
sujetos expuestos a situaciones traumáticas a lo largo de la vida, sólo una minoría presenta
un TEPT; pero también debe considerarse que existen otros cuadros como respuesta a
hechos traumáticos, los cuales pueden facilitar en el futuro la aparición de un TEPT ante
un nuevo acontecimiento traumático.

La respuesta inicial a un hecho traumático puede ser variable en intensidad desde


síntomas aislados hasta constituirse en un TEA, el cual arbitrariamente se ha definido por
un tiempo de duración de los síntomas de un mes. Cuando esta sintomatología sobrepasa
el mes, el cuadro será catalogado como TEPT. En una población de accidentados del
trabajo se encontró que un 40% de los pacientes que inicialmente presentaron un TEA
evolucionaron hacia un TEPT y se postuló que era necesario estudiar la evolución clínica
del TEA como cuadro independiente y su duración en esa muestra fue entre 3 y 4 meses
(Carvajal, 2002).
En Colombia, según la Encuesta Nacional de Salud mental, 2015 en víctimas del conflicto
armado se encontró para niños y adolescentes entre 5 y 15 años (no se hizo diferenciación
por edad) que el 70% presentaba algún problema que requería atención, de los cuales el
más frecuente era tener dolores de cabeza, en el 36%; seguido por sentirse nervioso, en
el 33%; no jugar con otros niños, en el 28%; entre otros. Entre estos problemas se
encuentra el trastorno de estrés postraumático cuya probabilidad en niños de 7 a 11 años
es de 8,2% en hombres y en mujeres de 10,6 %, por otro lado, en cuanto al lugar de
residencia se encontró prevalencia de 9,4% en las personas que viven en zona urbana y
8,1% para las zonas rurales.

La probabilidad desarrollar un TEPT es mayor al exponerse a violencia interpersonal, por


ejemplo, Echenique, Medina, Medina y Ramírez, encontraron en el 2008, al estudiar el
TEPT en desplazados por la violencia en Sincelejo, se encontró que el 1.4% de los sujetos
presentan en la actualidad TEPT y el 4.22% registró TEPT en su curso vital, También en
Bojayá, al analizar el TEPT en víctimas del conflicto, se encontró una prevalencia de 37%
(Londoño, et al. 2005). Por otro lado, en un estudio realizado por Pérez, Fernández,
Rodado en el 2005, al analizar la prevalencia del estrés postraumático en Cundinamarca
se concluyó que Los niños de los municipios expuestos tuvieron 19 veces mayor
probabilidad de sufrir TEPT bélico que los no expuestos, Mostrando una clara diferencia
entre poblaciones con y sin violencia.

Según el DSM (APA, 2014) la mayoría de los niños pequeños con trastorno de estrés
postraumático también tiene al menos otro diagnóstico, los patrones de comorbilidad son
diferentes de los que tienen los adultos, con un predominio del trastorno negativista
desafiante y del trastorno de ansiedad de separación. Por último, existe una considerable
comorbilidad entre el trastorno de estrés postraumático y un trastorno neurocognitivo
importante.
Otro fenómeno derivado del hecho traumático es la Agresión Apetitiva (AA); es
importante destacar que la AA hace referencia a un desorden o alteración que ha sido
poco explorado, y que se ha reportado frecuentemente en excombatientes que se
desmovilizaron colectivamente. Esta agresión apetitiva (AA) podría ser adaptativa para
la supervivencia en un ambiente violento, y está asociada con un reducido riesgo de
afectación psicológica relacionada al combate(en comparación con el TEPT). Los
excombatientes que presentan AA frecuentemente reportan que el comportamiento
agresivo podría ser apetitivo y atractivo (Weierstall, Bueno, Neuner yElbert 2013).
Como características en niños encontramos por ejemplo con presencia de intrusiones del
evento, que en niños menores se puede presentar en el juego, síntomas afectivos, síntomas
fisiológicos, conductas de evitación, hiperalertamiento y vigilancia. Según la revisión
sistemática realizada por los niños manifestaciones comportamentales, cognitivas,
fisiológicas y emocionales, por ejemplo, fallas en la atención y memoria; miedo, terror y
enfado; somatizaciones; conductas de riesgo, agresividad e intentos de suicidio; e incluso
presentar comorbilidad con trastornos del aprendizaje (Marín, 2017).
Referencias

American Psychiatric Association: Diagnostic and Statistical Manual of Mental


Disorders. 3rd.ed. Revised. Washington,DC. American Psychiatric Press. 1987

Breslau, N., Peterson, E., Kessler, R., Schultz, L. (1999) Short sreening scale for DSM-
IV posttraumatic stress disorder. Am J Psychiatry, 156:908-11

Carvajal, C (2002). Trastorno por estrés postraumático: aspectos clínicos. Revista chilena
de neuro-psiquiatría. 0717-9227. http://dx.doi.org/10.4067/S0717-
92272002000600003

Diaz, L. & Serrano, C. (2016). Exposición al trauma:Trastorno de estrés postraumático


(tept) en víctimas del conflicto armado colombiano y posibles retos del programa
de atención psicosocial y salud integral a víctimas (papsivi). Cambios y
Permanencias, No. 7, pp.801-814. Recuperado de:
https://200.16.117.131/index.php/revistacyp/article/view/7075

Echenique, C., Medina, L., Medina, A. & Ramírez, A. (2008). Prevalencia del trastorno
por estrés postraumático en población desplazada por violencia, en proceso de
reestablecimiento en Sincelejo. Psicología desde el Caribe. Universidad del
Norte. Nº 21, pp: 122-135. Recuperado de:
https://www.redalyc.org/html/213/21302107/

Horowitz, M., Wilner, N., Alvarez, W. (1979) Impact of event scale: a mesure of subjetive
stress. Psychosom Med, 41:209-18

Kessler, R., Andrews, G., Mroczek, D. (1998) The World Health Organization Composite
International Diagnostic Interview Short-Form (CIDI-SF). Int J Methods in
Psychiatry Res, 7:171-85

Londoño, N., & Muñiz, O., & Correa, J., & Patiño, C., & Jaramillo, G., & Raigoza, J., &
Toro, L., & Restrepo, D., & Rojas, C. (2005). Salud mental en víctimas de la
violencia armada en Bojayá (Chocó, Colombia). Revista Colombiana de
Psiquiatría,XXXIV (4), 493-505.

Marín, N. (2017). Manifestaciones del estrés postraumático en niños, niñas y adolescentes


a causa del conflicto armado en Colombia: artículo de revisión. Repositorio
Institucional de la Universidad Católica de Pereira. Recuperado de:
http://repositorio.ucp.edu.co/handle/10785/4547

Ministerio de Salud de Colombia & Colciencias. (2015). Encuesta Nacional de Salud


Mental. Recuperado de:
http://www.odc.gov.co/Portals/1/publicaciones/pdf/consumo/estudios/nacionales
/CO031102015-salud_mental_tomoI.pdf
Pérez-Olmos, Isabel, Fernández-Piñeres, Patricia E, & Rodado-Fuentes, Sonia. (2005).
Prevalencia del Trastorno por Estrés Postraumático por la Guerra, en Niños de
Cundinamarca, Colombia. Revista de Salud Pública, 7(3), 268-280. Recuperado
en 06 de mayo de 2019, de
http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0124-
00642005000300003&lng=es&tlng=es.

Perkonnig A, Kessler RC, Storz S, Wittchen HU.(2000) Traumatic events and post-
traumatic stress disorder in the community: prevalence, risk factors and
comorbidity. Acta Psychiatr Scand, 101:46-59

Rojas, M. (2016). TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO. REVISTA MEDICA


DE COSTA RICA Y CENTROAMERICA LXXIII (619) 233 – 240 Recuperado de:
https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumenI.cgi?IDARTICULO=67454

Shemesh, E., Rudnick, A., Kaluski, E., Milovanov, O., Salah, A., Alon, D et al. (2001) A
prospective study of posttraumatic stress symptoms and nonadherence in
survivors of a myocardial infarction (MI). Gen Hosp Psychiatry, 23:215-22