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Nuestra función como docentes en la búsqueda del desarrollo de las competencias comunicativas

en nuestros futuros estudiantes

Hoy estamos convencidos de que hay que tratar de hacer del trabajo del docente una actividad cada vez
más profesional. Y más profesional significa que garantice mayores posibilidades de desarrollo de sus
funciones y competencias y, por supuesto, la mejora continua de su labor profesional. El educador está
facultado por la sociedad para ejercer una influencia que promueva el desarrollo personal, tanto como lo
está el médico para ejercer una acción que garantice la salud. Uno de los elementos que no pueden ser
una opción al buen gusto, o las buenas intenciones del docente, es su competencia comunicativa, su
eficiencia en el manejo de las relaciones interpersonales. Esta competencia forma parte de esta
profesionalidad y es un requisito esencial para una práctica pedagógica científica y actualizada.
La comunicación es un proceso esencialmente interactivo en el que interviene la subjetividad del que
enseña y el que aprende. La enseñanza, acto por el cual el docente pone al alcance del discente el objeto
de conocimiento para que éste lo comprenda, la lleva a cabo un sujeto, mientras que el aprendizaje ocurre
en otro. Ah, pero ¿quién es “otro”? Que nadie se lleve a engaño: pueden ser ambos, el que tiene la misión
de enseñar y el que en un determinado contexto desempeña el papel de aprender. Enseñar y aprender
están permanente fundidos como proceso. Ahora bien, la misma interrelación entre ambos
procesos muestra la posibilidad de la bidireccionalidad de los mismos. Cada vez más la comunicación en
el proceso docente-educativo trasciende la participación de alumnos y docentes como emisores y
receptores. Se trata de un verdadero y complejo proceso de comunicación interpersonal que lleva implícito
también el establecimiento de relaciones entre sujetos.Ahí se crean y recrean significados sobre la base de
reglas previamente establecidas en un determinado contexto. Ahí es también donde intervienen estas son
las funciones básicas: Función informativa: a través de ella transmitimos la cultura, historia, experiencias,
etc. Esta función es esencial en el ámbito educativo, si bien, no sólo reciben información los alumnos en
los centros educativos. Función afectiva: mediante la comunicación nos relacionamos emocionalmente con
los demás, expresando nuestros sentimientos y afectos. Esta función de la comunicación es de gran
importancia para la estabilidad emocional de tres funciones básicas de la comunicación.
La educación no debe reducirse a la asimilación y construcción del conocimiento que se conoce como
proceso de enseñanza. Debe ser interactiva y participativa en el proceso de aprender, para estas son
necesarias nuevas formas de enseñar que resaltan cada vez más la importancia de competencia
comunicativa del docente y de una práctica más profesional en el manejo de las relaciones humanas
durante este proceso. Las funciones que tiene la comunicación son básicas para el desarrollo de la persona.
Además, este carácter interactivo del aprendizaje demanda una práctica pedagógica de corte participativo.
La educación plena sólo se alcanza a través de la comunicación.

“Todo acto didáctico es un acto netamente comunicativo”.

Diego David Pérez Cuba