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Emma Goldman

La tragedia de la emancipación de la
mujer

Escrito:​ En 1906.
Publicado por vez primera:​ En Emma Goldman, "The
Tragedy of Woman's Emancipation", revista ​Mother Earth,​ v. 1,
no 1 (marzo 1906); pp. 9-17.
Versión digital:​ ​Escritos de Emma Goldman​ en la página web
de ​Espacio Comunitario y Librería Anarquista Emma Goldman​;
descargado diciembre de 2009.
Esta edición:​ Marxists Internet Archive, enero de 2010.

Comenzaré admitiendo lo siguiente: sin tener en cuenta las teorías


políticas y económicas que tratan de las diferencias fundamentales entre
las varias agrupaciones humanas; sin miramiento alguno para las
distinciones de raza o de clase, sin parar mientes en la artificial línea
divisoria entre los derechos del hombre y de la mujer, sostengo que puede
haber un punto en cuya diferenciación misma se ha de coincidir,
encontrarse y unirse en perfecto acuerdo.
Con esto no quiero proponer un pacto de paz. El general antagonismo
social que se posesionó de la vida contemporánea, originado, por fuerzas
de opuestos y contradictorios intereses, ha de derrumbarse cuando la
reorganización de la vida societaria, al basarse sobre principios
económicos justicieros, sea un hecho y una realidad.
La paz y la armonía entre ambos sexos y entre los individuos, no ha de
depender necesariamente de la igualdad superficial de los seres, ni
tampoco traerá la eliminación de los rasgos y de las peculiaridades de cada
individuo. El problema planteado actualmente, pudiendo ser resuelto en un
futuro cercano, consiste en preciarse de ser uno mismo, dentro de la
comunión de la masa de otros seres y de sentir hondamente esa unión con
los demás, sin avenirse por ello a perder las características más salientes de
sí mismo. Esto me parece a mí que deberá ser la base en que descansa la
masa y el individuo, el verdadero demócrata y el verdadero individualista,
o donde el hombre y la mujer han de poderse encontrar sin antagonismo
alguno. El lema no será: perdonaos unos a otros, sino: comprendeos unos a
otros. La sentencia de Mme. Stael citada frecuentemente: Comprenderlo
todo es perdonarlo todo, nunca me fue simpática; huele un poco a sacristía;
la idea de perdonar a otro ser demuestra una superioridad farisaica.
Comprenderse mutuamente es para mí suficiente. Admitida en parte esta
premisa, ella presenta el aspecto fundamental de mi punto de vista acerca
de la emancipación de la mujer y de la entera repercusión en todas las de
su sexo.
Su completa emancipación hará de ella un ser humano, en el verdadero
sentido. Todas sus fibras más íntimas ansían llegar a la máxima expresión
del juego interno de todo su ser, y barrido todo artificial convencionalismo,
tendiendo a la más completa libertad, ella irá luego borrando los rezagos
de centenares de años de sumisión y de esclavitud.
Este fue el motivo principal y el que originó y guió el movimiento de la
emancipación de la mujer. Más los resultados hasta ahora obtenidos, la
aislaron despojándola de la fuente primaveral de los sentidos y cuya dicha
es esencial para ella. La tendencia emancipadora, afectándole sólo en su
parte externa, la convirtió en una criatura artificial, que tiene mucho
parecido con los productos de la jardinería francesa con sus jeroglíficos y
geometrías en forma de pirámide, de conos, de redondeles, de cubos, etc.;
cualquier cosa, menos esas formas sumergidas por cualidades interiores.
En la llamada vida intelectual, son numerosas esas plantas artificiales en el
sexo femenino.
¡Libertad e igualdad para las mujeres! Cuántas esperanzas y cuántas
ilusiones despertaron en el seno de ellas, cuando por primera vez estas
palabras fueron lanzadas por los más valerosos y nobles espíritus de estos
tiempos. Un sol, en todo el esplendor de su gloria emergía para iluminar un
nuevo mundo; ese mundo, donde las mujeres se hallaban libres para dirigir
sus propios destinos; un ideal que fue merecedor por cierto de mucho
entusiasmo, de valor y perseverancia, y de incesantes esfuerzos por parte
de un ejército de mujeres, que combatieron todo lo posible contra la
ignorancia ylos prejuicios.
Mi esperanza también iba hacia esa finalidad, pero opino que la
emancipación como es interpretada y aplicada actualmente, fracasó en su
cometido fundamental. Ahora la mujer se ve en la necesidad de
emanciparse del movimiento emancipacionista si desea hallarse
verdaderamente libre. Puede esto parecer paradójico, sin embargo es la
pura verdad.
¿Qué consiguió ella, al ser emancipada? Libertad de sufragio, de votar.
¿Logró depurar nuestra vida política, como algunos de sus más ardientes
defensores predecían? No, por cierto. De paso hay que advertir, ya llegó la
hora de que la gente sensata no hable más de corruptelas políticas en tono
campanudo. La corrupción en la política nada tiene que ver con la moral o
las morales, ya provenga de las mismas personalidades políticas.
Sus causas proceden de un punto solo. La política es el reflejo del
mundo industrial, cuya máxima es: bendito sea el que más toma y menos
da; compra lo más baratoy vende lo más caro posible, la mancha en una
mano, lava la otra. No hay esperanza alguna de que la mujer, aun con la
libertad de votar, purifique la política.
El movimiento de emancipación trajo la nivelación económica entre la
mujer y el hombre; pero como su educación física en el pasado y en el
presente no le suministró la necesaria fuerza para competir con el hombre,
a menudo se ve obligada a un desgaste de energías enormes, a poner en
máxima tensión su vitalidad, sus nervios a fin de ser evaluada en el
mercado de la mano de obra. Raras son las que tienen éxito, ya que las
mujeres profesoras, médicas, abogadas, arquitectos e ingenieros, no
merecen la misma confianza que sus colegas los hombres, y tampoco la
remuneración para ellas es paritaria. Y las que alcanzan a distinguirse en
sus profesiones, lo hacen siempre a expensas de la salud de sus
organismos. La gran masa de muchachas y mujeres trabajadoras, ¿qué
independencia habrían ganado al cambiar la estrechez y la falta de libertad
del hogar, por la carencia total de libertad de la fábrica, de la confitería, de
las tiendas o de las oficinas? Además está el peso con el que cargarán
muchas mujeres al tener que cuidar el hogar doméstico, el dulce hogar,
donde solo hallarán frío, desorden, aridez, después de una extenuante
jornada de trabajo. ¡Gloriosa independencia esta! No hay pues que
asombrarse que centenares de muchachas acepten la primera oferta de
matrimonio, enfermas, fatigadas de su independencia, detrás del
mostrador, o detrás de la máquina de coser o escribir. Se hallan tan
dispuestas a casarse como sus compañeras de la clase media, quienes
ansían substraerse de la tutela paternal.
Esa sedicente independencia, con la cual apenas se gana para vivir, no
es muy atrayente, ni es un ideal; al cual no se puede esperar que se le
sacrifiquen todas las cosas. La tan ponderada independencia no es después
de todo más que un lento proceso para embotar, atrofiar la naturaleza de la
mujer en sus instintos amorosos y maternales.
Sin embargo la posición de la muchacha obrera es más natural y humana
que la de su hermana de las profesiones liberales, quien al parecer es más
afortunada, profesoras, médicas, abogadas, ingenieras, las que deberán
asumir una apariencia de más dignidad, de decencia en el vestir, mientras
que interiormente todo es vacío y muerte.
La mezquindad de la actual concepción de la independencia y de la
emancipación de la mujer; el temor de no merecer el amor del hombre que
no es de su rango social; el miedo que el amor del esposo le robe su
libertad; el horror a ese amor o a la alegría de la maternidad, la inducirá a
engolfarse cada vez más en el ejercicio de su profesión, de modo que todo
esto convierte a la mujer emancipada en una obligada vestal, ante quien la
vida, con sus grandes dolores purificadores y sus profundos regocijos, pasa
sin tocarla ni conmover su alma.
La idea de la emancipación, tal como la comprende la mayoría de sus
adherentes y expositores, resulta un objetivo limitadísimo que no permite
se expanda ni haga eclosión; esta es: el amor sin trabas, el que contiene la
honda emoción de la verdadera mujer, la querida, la madre capaz de
concebir en plena libertad.
La tragedia que significa resolver su problema económico y mantenerse
por sus propios medios, que hubo de afrontar la mujer libre, no reside en
muchas y variadas experiencias, sino en unas cuantas, las que más la
aleccionaron. La verdad, ella sobrepasa a su hermana de las generaciones
pretéritas, en el agudo conocimiento de la vida y de la naturaleza humana;
es por eso que siente con más intensidad la falta de todo lo más esencial en
la vida ​lo único apropiado para enriquecer el alma humana, ​y que sin ello,
la mayoría de las mujeres emancipadas se convierten a un automatismo
profesional.
Semej ante estado de cosas fue previsto por quienes supieron
comprender que en los dominios de la ética quedaban aún en pie muchas
ruinas de los tiempos, en que la superioridad del hombre fue indisputada; y
que esas ruinas eran todavía utilizadas por las numerosas mujeres
emancipadas que no podían hacer a menos de ellas. Es que cada
movimiento de tinte revolucionario que persigue la destrucción de las
instituciones existentes con el fin de reemplazarlas por otra estructura
social mejor, logra atraerse innumerables adeptos que en teoría abogan por
las ideas más radicales y en la práctica diaria, se conducen como todo el
mundo, como los inconscientes y los filisteos (burgueses), fingiendo una
exagerada respetabilidad en sus sentimientos e ideas y demostrando el
deseo de que sus adversarios se formen la más favorable de las opiniones
acerca de ellos. Aquí, por ejemplo, tenemos los socialistas y aun los
anarquistas, quienes pregonan que la propiedad es un robo, y asimismo se
indignarán contra quien les adeude por el valor de media docena de
alfileres.
La misma clase de filisteísmo se encuentra en el movimiento de
emancipación de la mujer. Periodistas amarillos y una literatura ñoña y
color de rosa trataron de pintar a las mujeres emancipadas de un modo
como para que se les erizaran los cabellos a los buenos ciudadanos y a sus
prosaicas compañeras. De cada miembro perteneciente a las tendencias
emancipacionistas, se trazaba un retrato parecido al de Georges Sand,
respecto a su despreocupación por la moral. Nada era sagrado para la
mujer emancipada, según esa gente. No tenía ningún respeto por los lazos
ideales de una mujer y un hombre. En una palabra, la emancipación
abogaba solo por una vida de atolondramiento, de lujuria y de pecado; sin
miramiento por la moral, la sociedad y la religión. Las propagandistas de
los derechos de la mujer se pusieron furiosas contra esa falsa versión, y
exentas de ironía y humor, emplearon a fondo todas sus energías para
probar que no eran tan malas como se les había pintado, sino
completamente al reverso. Naturalmente ​decían​ hasta tanto la mujer siga
siendo esclava del hombre, no podrá ser buena ni pura; pero ahora que al
fin se ha libertado demostrará cuan buena será y cómo su influencia deberá
ejercer efectos purificadores en todas las instituciones de la sociedad.
Cierto, el movimiento en defensa de los derechos de la mujer dio en tierra
con más de una vieja traba o prejuicio, pero se olvidó de los nuevos.
El gran movimiento de la verdadera emancipación no se encontró con
una gran raza de mujeres, capaces y con el valor de mirar en la cara a la
libertad. Su estrecha y puritana visión, desterró al hombre, como a un
elemento perturbador de su vida emocional, y de dudosa moralidad. El
hombre no debía ser tolerado, a excepción del padre y del hijo, ya que un
niño no vendrá a la vida sin el padre. Afortunadamente, el más rígido
puritanismo no será nunca tan fuerte que mate el instinto de la maternidad.
Pero la libertad de la mujer, hallándose estrechamente ligada con la del
hombre, y las llamadas así hermanas emancipadas pasan por alto el hecho
que un niño al nacer ilegalmente necesita más que otro el amor y cuidado
de todos los seres que están a su alrededor, mujeres y hombres.
Desgraciadamente esta limitada concepción de las relaciones humanas
hubo de engendrar la gran tragedia existente en la vida del hombre y de la
mujer moderna.
Hace unos quince años que apareció una obra cuyo autor era la brillante
escritora noruega Laura Marholom. Se titulaba La mujer, estudio de
caracteres. Fue una de las primeras en llamar la atención sobre la estrechez
y la vaciedad del concepto de la emancipación de la mujer, y de los
trágicos efectos ejercidos en su vida interior. En su trabajo, Laura
Marholom traza las figuras de varias mujeres extraordinariamente dotadas
y talentosas de fama internacional; habla del genio de Eleonora Duse; de la
gran matemática y escritora Sonya Kovalevskaia; de la pintora y poetisa
innata que fue María Bashkirtzeff, quien murió muy joven. A través de la
descripción de las existencias de esos personajes femeninos y a través de
sus extraordinarias mentalidades, corre la trama deslumbrante de los
anhelos insatisfechos, que claman por un vivir más pleno, más armonioso
y más bello y al no alcanzarlo, de ahí su inquietud y su soledad. Y a través
de esos bocetos psicológicos, magistralmente realizados, no se puede
menos de notar que cuanto más alto es el desarrollo de la mentalidad de
una mujer, son más escasas las probabilidades de hallar el ser, el
compañero de ruta que le sea completamente afín; el que no verá en ella,
no solamente la parte sexual, sino la criatura humana, el amigo, el
camarada de fuerte individualidad, quien no tiene por qué perder un solo
rasgo de su carácter.
La mayoría de los hombres, pagados por su suficiencia, con su aire
ridículo de tutelaje hacia el sexo débil, resultarían entes algo absurdos,
imposibles para una mujer como las descritas en el libro de Laura
Marholom. Igualmente imposible sería que no se quisiese ver en ellas más
que sus mentalidades y su genio, y no se supiese despertar su naturaleza
femenina.
Un poderoso intelecto y la fineza de sensibilidad y sentimiento son dos
facultades que se consideran como los necesarios atributos que integrarán
una bella personalidad. En el caso de la mujer moderna, ya no es lo mismo.
Durante algunos centenares de años el matrimonio basado en la Biblia,
hasta la muerte de una de las partes, se reveló como una institución que se
apuntaba en la soberanía del hombre en perjuicio de la mujer, exige su
completa sumisión a su voluntad y a sus caprichos, dependiendo de él por
su nombre y por su manutención. Repetidas veces se ha hecho comprobar
que las antiguas relaciones matrimoniales se reducían a hacer de la mujer
una sierva y una incubadora de hijos. Y no obstante, son muchas las
mujeres emancipadas que prefieren el matrimonio a las estrecheces de la
soltería, estrecheces convertidas en insoportables por causa de las cadenas
de la moral y de los prejuicios sociales, que cohíben y coartan su
naturaleza.
La explicación de esa inconsistencia de juicio por parte del elemento
femenino avanzado, se halla en que no se comprendió lo que
verdaderamente significaba el movimiento emancipacionista. Se pensó que
todo lo que se necesitaba era la independencia contra las tiranías
exteriores; y las tiranías internas, mucho más dañinas a la vida y a sus
progresos ​las convenciones éticas y sociales​ se las dejó estar, para que se
cuidaran a sí mismas, y ahora están muy bien cuidadas. Y éstas parece que
se anidan con tanta fuerza y arraigo en las mentes y en los corazones de las
más activas propagandistas de la emancipación, como los que tuvieron en
las cabezas y en los corazones de sus abuelas.
¿Esos tiranos internos acaso no se encarnan en la forma de la pública
opinión, o lo que dirá mamá, papá, tía, y otros parientes; lo que dirá Mrs.
Grundy, Mr. Comstock, el patrón, y el Consejo de Educación? Todos esos
organismos tan activos, pesquisas morales, carceleros del espíritu humano,
¿qué han de decir? Hasta que la mujer no haya aprendido a desafiar a todas
las instituciones, resistir firmemente en su sitio, insistiendo que no se la
despoje de la menor libertad; escuchando la voz de su naturaleza, ya la
llame para gozar de los grandes tesoros de la vida, el amor por un hombre,
o para cumplir con su más gloriosa misión, el derecho de dar libremente la
vida a una criatura humana, no se puede llamar emancipada. Cuántas
mujeres emancipadas han sido lo bastante valerosas para confesarse que la
voz del amor lanzaba sus ardorosos llamados, golpeaba salvajemente su
seno, pidiendo ser escuchado, ser satisfecho.
El escritor francés Jean Reibrach, en una de sus novelas, ​New Beauty ​La
Nueva Belleza​ intenta describir el ideal de la mujer bella y emancipada.
Este ideal está personificado en una joven, doctorada en medicina. Habla
con mucha inteligencia y cordura de cómo debe alimentarse un bebé; es
muy bondadosa, suministra gratuitamente sus servicios profesionales y las
medicinas para las madres pobres. Conversa con un joven, una de sus
amistades, acerca de las condiciones sanitarias del porvenir y cómo los
bacilos y los gérmenes serán exterminados una vez que se adopten paredes
y pisos de mármol, piedra o baldosas, haciendo a menos de las alfombras y
de los cortinados. Ella naturalmente, viste sencillamente y casi siempre de
negro. El joven, quien en el primer encuentro se sintió intimidado ante la
sabiduría de su emancipada amiga, gradualmente la va conociendo y
comprendiendo cada vez más, hasta que un buen día se da cuenta que la
ama. Los dos son jóvenes, ella es buena y bella y, aunque un tanto severa
en su continencia, su apariencia se suaviza con el inmaculado cuello y
puños. Uno esperaría que le confesara su amor, pero él no está por cometer
ningún gesto romántico y absurdo. La poesía y el entusiasmo del amor le
hacen ruborizar, ante la pureza de la novia. Silencia el naciente amor, y
permanece correcto. También, ella es muy medida, muy razonable, muy
decente. Temo que de haberse unido esa pareja, el jovencito hubiera
corrido el riesgo de helarse hasta morirse. Debo confesar que nada veo de
hermoso en esta nueva belleza, que es tan fría como las paredes y los pisos
que ella sueña implantar en el porvenir. Prefiero más bien los cantos de
amor de la época romántica, don Juan y Venus, más bien el mocetón que
rapta a su amada en una noche de luna, con las escaleras de cuerda,
perseguido por la maldición del padre y los gruñidos de la madre, y el
chismorreo moral del vecindario, que la corrección y la decencia medida
por el metro del tendero. Si el amor no sabe darse sin restricciones, no es
amor, sino solamente una transacción, que acabará en desastre por el más o
el menos.
La gran limitación de miras del movimiento emancipacionista de la
actualidad, reside en su artificial estiramiento y en la mezquina
respetabilidad con que se reviste, lo que produce un vacío en el alma de la
mujer, no permitiéndole satisfacer sus más naturales ansias. Una vez hice
notar que parecía existir una más estrecha relación entre la madre de corte
antiguo, el ama de casa siempre alerta, velando por la felicidad de sus
pequeños y el bienestar de los suyos, y la verdadera mujer moderna, que
con la mayoría de las emancipadas. Estas discípulas de la emancipación
depurada, clamaron contra mi heterodoxia y me declararon buena para la
hoguera. Su ciego celo no les dejó ver que mi comparación entre lo viejo y
lo nuevo tendía solamente a probar que un buen número de nuestras
abuelas tenían más sangre en las venas, mucho más humor e ingenio, y
algunas poseían en alto grado naturalidad, sentimientos bondadosos y
sencillez, más que la mayoría de nuestras profesionales emancipadas que
llenan las aulas de los colegios, las universidades y las oficinas. Esto
después de todo no significa el deseo de retornar al pasado, ni relegar a la
mujer a su antigua esfera, la cocina y al amamantamiento de las crías.
La salvación estriba en una enérgica marcha hacia un futuro cada vez
más radiante. Necesitamos que cada vez sea más intenso el desdén, el
desprecio, la indiferencia contra las antiguas tradiciones y los viejos
hábitos. El movimiento emancipacionista ha dado apenas el primer paso en
este sentido. Es de esperar que reúna sus fuerzas para dar otro. El derecho
del voto, de la igualdad de los derechos civiles, pueden ser conquistas
valiosas; pero la verdadera emancipación no empieza en los parlamentos,
ni en las urnas. Empieza en el alma de la mujer. La historia nos cuenta que
las clases oprimidas conquistaron su verdadera libertad, arrancándosela a
sus amos en una serie de esfuerzos. Es necesario que la mujer se grabe en
la memoria esa enseñanza y que comprenda que tendrá toda la libertad que
sus mismos esfuerzos alcancen a obtener. Es por eso mucho más
importante que comience con su regeneración interna, cortando el lazo del
peso de los prejuicios, tradiciones y costumbres rutinarias. La demanda
para poseer iguales derechos en todas las profesiones de la vida
contemporánea es justa; pero, después de todo, el derecho más vital es el
de poder amar y ser amada.
Verdaderamente, si de una emancipación apenas parcial se llega a la
completa emancipación de la mujer, habrá que barrer de una vez con la
ridícula noción que ser amada, ser querida y madre, es sinónimo de esclava
o de completa subordinación. Deberá hacer desaparecer la absurda noción
del dualismo del sexo, o que el hombre y la mujer representan dos mundos
antagónicos.
La pequeñez separa; la amplitud une. Dejen que seamos grandes y
generosos. Déjenos hacer de lado un cúmulo de complicadas
mezquindades para quedarnos con las cosas vitales. Una sensata
concepción acerca de las relaciones de los sexos no ha de admitir el
conquistado y el conquistador; no conoce más que esto: prodigarse,
entregarse sin tasa para encontrarse a sí mismo más rico, más profundo,
mejor. Ello sólo podrá colmar la vaciedad interior, y transformar la
tragedia de la emancipación de la mujer, en gozosa alegría, en dicha
ilimitada.

https://www.marxists.org/espanol/goldman/1906/001.htm

http://www.portaloaca.com/historia/biografias/261-biografia-de-emma-goldman.html

Célebre anarquista de origen lituano conocida por sus escritos y sus manifiestos
radicales, libertarios y feministas, fue una de las pioneras en la lucha por la
emancipación de la mujer.
Emma Goldman​ nació el 27 de junio de 1869, en el seno de una familia judía de
Kaunas en Lituania, que regentaba un pequeño hotel. Durante el periodo de represión
política que siguió al asesinato de Alejandro II y cuando contaba 13 años, se trasladó
con su familia a San Petersburgo.

Emigró a los Estados Unidos con una hermanastra tras el enfrentamiento con su padre
que pretendía casarla a los 15 años. El ahorcamiento de cuatro anarquistas (Mártires de
Chicago) a consecuencia del motín de Haymarket, animó a la joven Emma Goldman a
unirse al movimiento anarquista y convertirse, a sus 20 años, en una auténtica
revolucionaria. En esa época se casó con un emigrante ruso. El matrimonio apenas duró
10 meses, Emma se separó y se fue a New York. Continuó legalmente casada para
conservar su ciudadanía americana.

En New York conoce y convive con Alexander Berkman y pasa a ser la principal dirigente
del movimiento anarquista de los Estados Unidos. Su apoyo a Berkman en la tentativa
de asesinato de Henry Clay Frick la hizo todavía más impopular frente a las autoridades
americanas. Berkman fue encarcelado durante varios años.

Emma fue encarcelada, asimismo, en 1893 en la penitenciaria de las islas Blackwell.


Públicamente instigó a los obreros en paro a ​Pedid trabajo, si no os lo dan, pedid pan, y
si no os dan ni pan ni trabajo, coged el pan​. Esta cita es un resumen del principio de
expropiación preconizada por los anarco-comunistas como Piotr Kropotkin. Voltairine De
Cleyre salió en defensa de Emma Goldman en una conferencia dada tras su
apresamiento (​In defense of Emma Goldman​). Mientras permaneció en prisión,
Goldman, desarrolló un profundo interés por la educación de los niñxs, empeño en el que
se involucró años más tarde.

Junto con nueve personas más fue de nuevo arrestada el 10 de septiembre de 1901 por
participar en el complot de asesinato contra el Presidente William McKinley. Uno de ellos,
León Czolgosz le había disparado pocos días antes. Emma, le conoció semanas más
tarde y se vio con él una sola vez, al ser arrestada dijo: ​¿Tengo yo la culpa de que un
loco haga una mala interpretación de mis palabras?

El 11 de febrero de 1916 es detenida y encarcelada de nuevo por la distribución de un


manifiesto en favor de la contracepción. Durante varios años, y cada vez que daba una
conferencia, esperaba ser arrestada, por eso iba siempre pertrechada con un buen libro.
En 1917, y por tercera vez, es encarcelada de nuevo junto con Alexander Berkman por
conspirar contra la ley que obligaba al servicio militar en los Estados Unidos. Hizo
públicas sus profundas convicciones pacifistas durante la Primera Guerra Mundial y
criticó el conflicto por considerarlo un acto de imperialismo. Dos años después fue
deportada a Rusia. Durante la audiencia en la que se trataba de su expulsión, J. Edgar
Hoover, que era el presidente de la misma, calificó a Emma como una de las mujeres
más peligrosas de América.

Residió en la URSS con A. Berkman y participó en la sublevación anarquista de Kronstad.


Apoyó a los bolcheviques en contra de la división entre anarquistas y comunistas, hecho
que se produjo durante la primera Internacional. La represión política, la burocracia y los
trabajos forzados que siguieron a la Revolución rusa contribuyeron, en gran medida, a
cambiar las ideas de Goldman sobre la manera de utilizar la violencia, excepción hecha
de la autodefensa.

Disconforme con el autoritarismo soviético, se instaló definitivamente en Canadá. En


1936, Goldman colaboró con el gobierno español republicano en Londres y Madrid
durante la Guerra Civil española. Cabe destacar el vehemente artículo que escribió sobre
el conocido anarquista español Buenaventura Durruti titulado Durruti is Dead, Yet Living.

Emma Goldman murió el 14 de mayo de 1940 en Toronto y está enterrada en Chicago.

El estado soviético

Desde que la noche de la masacre de los huelguistas de Chicago en 1887, la hizo ver con
claridad donde estarían sus ideales políticos y sociales para el resto de su vida, algo que
de forma casi idéntica le sucedería a Voltairine de Cleyre, Emma Goldman se convirtió en
la pensadora para la cual las causas humanísticas siempre tendrían la prioridad. Como la
anarquista norteamericana también, para la emigrada rusa la causa del pueblo cubano
en 1898 por ejemplo, era motivo de la mayor movilización imaginable. Desplegando una
energía asombrosa Goldman recorrió varias ciudades de los Estados Unidos, para
denunciar la política imperialista del gobierno de este país con relación a la guerra que
tenía lugar en la isla del Caribe; y para recoger fondos que les permitieran a los
luchadores cubanos continuar hasta el final por la causa de su independencia.

De la misma forma haría con el asunto de la revolución rusa. Antes de volver a su patria,
donde estuvo entre los años 1920 y 1921, la causa de los bolcheviques había logrado
aglutinar un importante apoyo entre los circulos políticos, sociales e intelectuales de la
izquierda radical emigrada norteamericana. Y en militantes del calibre de Goldman, a
pesar de la enorme repugnancia que les producían los desplantes estatistas inspirados
en el marxismo de los bolcheviques, la revolución rusa había encontrado a fieros y
responsables defensores de la causa del proletariado.

Para Goldman, ​Lenin​ y ​Trotsky​, eran solamente dos políticos obsesionados con el
control de la maquinaria del estado, y la revolución rusa no era necesariamente la
revolución bolchevique. Esta diferenciación, que a simple vista suena como muy
convencional y oportunista, era fundamental para entender las eventuales críticas que la
anarquista rusa le haría a los procesos que estaban sucediéndose en su país desde julio
de 1917.

Entre 1905 y 1917, los cambios sociales y políticos que se acumulaban en la vida
cotidiana de los rusos, habían sido motivo de estudio concienzudo por parte de los
anarquistas propios y extranjeros. Sin embargo, los acontecimientos que se precipitarían
entre julio y octubre de 1917, convertirían a los anarquistas en muchas ocasiones, en
observadores críticos y distantes de algo que realmente no compartían en su totalidad.

El proyecto revolucionario que pensaban construir los bolcheviques estaba sustentado en


una rara fórmula, en la cual los ingredientes tomados del marxismo, de incuestionable
procedencia occidental y judeo-cristiana, hacían un explosivo collage con el inveterado
despotismo oriental, de una cultura heredera de las más duras tradiciones bizantinas.
Para los rusos el enfoque mesiánico de los cambios que tenían que operarse en su
sociedad estaba indisolublemente atado a la invocatoria infalible de un líder iluminado,
que los rescataría de las garras de los explotadores y opresores, mal enquistados en la
venerable tradición zarista, la cual se remontaba a unos trescientos años, y que durante
el mismo período de tiempo, había recibido las bendiciones y buenaventuranza del
cristianismo ortodoxo.

De tal manera que entre 1880 y 1920, los pensamientos liberal, populista y anarquista
rusos se encontraron con que sus sólidas raíces europeo-occidentales, no tenían un
terreno bien abonado para que sus utopías y sus vigilias oníricas se expresaran en el
ideario que autores como Chernichevsky, Tolstoi, o Dostoievsky, ya habían vislumbrado
como necesario en Rusia, para que se acercamiento a Occidente tuviera sentido.

La llegada de los bolcheviques al poder es perfectamente armoniosa con esa tradición,


absolutamente rusa e irrepetible en ninguna otra parte, pero al mismo tiempo la
contradice en sus esencias de mayor especie occidental. Es esta paradoja, la que una
autora como Goldman trata de dilucidarnos cuando nos establece la diferencia entre
revolución rusa y revolución bolchevique. De gran poder explicativo, la misma le sirvió
mucho también a un historiador de la eminencia de Edward Hallett Carr, para construir
su obra monumental sobre la Rusia soviética. En ella, como en los trabajos de Goldman,
hay una gran preocupación por rescatar los cambios que se operaron en la cotidianidad
de los rusos con el proceso revolucionario, que a simple vista pareciera haber sido
catastrófico, pero que en realidad dejó muchas cosas viejas intactas. Emma Goldman
apuntaba con gran sabiduría que la historia la construyen los hombres y mujeres con sus
luchas cotidianas, sus frustraciones, sus pasiones y sus esperanzas más recónditas, y no
los historiadores con sus vicios, prejuicios y distorsiones, propios de una disciplina
humanística sujeta al riesgo de que la realidad siempre le resulte más rica que todo su
aparataje pseudocientífico.
Pues bien, eso fue precisamente lo que ella regresó a buscar a Rusia: la frescura de la
utopía, aceitada con la fuerza de la esperanza de una cotidianidad construida con el dolor
y el sufrimiento. Ya ella había probado, como diría su amiga Voltairine de Cleyre, que
estaba construida con la madera de los luchadores tenaces y testarudos. Pero el choque
que se llevó la dejaría marcada por el resto de su vida. La utopía bolchevique era
simplemente una farsa burocrática.

Con una sorprendente visión y un agudo sentido de la realidad política, la mujer ya se


había acercado a la verdadera naturaleza del estado soviético. Antes que Trotsky, se
atrevería a denunciar la textura burocrática, represiva e intolerante de las principales
instituciones soviéticas. Es más, algunos de sus vaticinios hoy se han cumplido a
cabalidad. Por eso la relectura de Goldman se impone como un requisito para una mejor
y más rica comprensión de lo que hoy está sucediendo en la vieja Unión Soviética. Pero
donde es más aleccionadora su enorme potencia visionaria, es precisamente en el asunto
del papel jugado por las mujeres en la construcción de este tipo de sueños. Sus
enseñanzas a ese respecto siguen teniendo una vigencia iluminadora.

La "mujer nueva"

Emma Goldman amó a muchos hombres. A lo largo de su prolífica vida tuvo muchos
amantes y siempre supo expresarse de ellos con gratitud y gentileza. Pero eso no implicó
nunca que dejara de tener hacia ellos, una actitud maternal, la que no siempre fue bien
recibida por algunos de sus compañeros de lucha o de alcoba. Por eso es tan fácil
sostener que el feminismo de Emma Goldman está totalmente articulado a su visión de
la vida. Nunca fue una pose política o una mascarada liberadora, que promoviera la
defensa de algunos valores y a otros los dejara como estaban.

Cuando critica al estado soviético lo hace de forma integral, no por partes. Y esas críticas
por ejemplo incluyen la condición de la mujer, de la familia, del matrimonio, del amor
libre y de los niños. Todos aspectos ligeramente modificados por los bolcheviques,
quienes a veces encontraron muy duro desprenderse de la plataforma dejada por los
Zares en lo que respecta a las relaciones de pareja, a las condiciones de género y a la
discriminación de las minorías, como los homosexuales, a los que Lenin y los suyos
persiguieron de una forma feroz.

Emma Goldman reflexionó mucho sobre la "mujer nueva", y algunas de sus afirmaciones
no fueron muy bien recibidas; tal vez mal comprendidas, debido a lo avanzado de sus
propuestas, que ni los mismos miembros de su comunidad religiosa, los judíos,
entendían o aceptaban por completo. Para un grueso importante de la intelectualidad
migrante norteamericana de los años veinte y treinta, la revolución rusa representaba un
avance tangible hacia los ideales por los que habían luchado muchos años. Sobre todo
por las mujeres, dicha revolución fue recibida con mucho calor y expectativas.

Pero los afanes de Emma Goldman sobre el papel que las mujeres deberían jugar en la
construcción de la nueva sociedad serán muy difíciles de ponderar en su justa medida, si
nos desprendemos del contexto en el que ella tuvo que vivir y pelear. Es más, algunas
de sus ideas críticas sobre los fracasos de la revolución bolchevique para devolverles la
libertad a las mujeres son el producto, no tanto de sus intensas y profundas lecturas,
como de su experiencia personal. Su padre, Abraham Goldman, quiso casarla a la edad
de quince años, y en esa ocasión su rechazo rotundo al intento sentó el precedente de lo
que sería la vida de Emma, repleta de luchas y controversias por defender los derechos
de la mujer a involucrarse con quien realmente amara.

Emma Goldman es una pensadora visionaria y de una considerable potencia


premonintoria, pues muchas de sus ideas y de sus propuestas de los años veintes y
treintas serían todavía motivo de discusión y conflicto en los años ochentas y noventas.
Para ella era imposible una sociedad libre y verdaderamente humana, si el estado iba a
seguir en control de los aspectos fundamentales del desarrollo de una persona. Sobre
todo cuando se trataba de las mujeres. A este respecto podemos agrupar las ideas de
Goldman en tres grandes temas:

El matrimonio.
Los niños.
El aborto.

Siempre creyó que el matrimonio era una desgracia, no sólo para las mujeres sino
también para los hombres. Para ella, no existía ninguna relación posible entre el
matrimonio y el amor. Su razonamiento partía de la base de que aquella institución
estaba concebida para sacrificar a las mujeres en el altar de la maternidad, y para
estrangular toda posibilidad de independencia y de creatividad personal en ellas. El
matrimonio había sido ideado por los dos grandes monstruos de la sociedad
contemporánea: el estado y la religión. Solamente cuando los hombres y las mujeres
entendieran al fin que una pareja debía unirse con el único propósito de crecer juntos en
todos los terrenos posibles, sería posible remontar los objetivos sordidos para los cuales
la sociedad burguesa había inventado el matrimonio.

El cuido de la prole y las atenciones a la perentoriedad sexual de la pareja, en este caso


del varón, parecían ser los fundamentos sobre los cuales reposaba la idea del
matrimonio. La reproducción de la fuerza de trabajo, de los soldados y de los empleados
que necesitaba la maquinaria estatal, hacían que la labor maternal de la mujer
adquiriera un sentido casi heroico. En este caso, el matrimonio estaba más que
justificado. Sobre todo cuando la religión encontraba en los instintos naturales de los
seres humanos algo asqueroso y repugnante. A la mujer en particular, le estaba vedado
el disfrute pleno de su cuerpo, pues no le pertenecía ni a su compañero, ya que en
última instancia quien decidía el propósito de la maternidad era el estado. El varón por
su lado, era cómplice con el estado de la expoliación que se hacía con el cuerpo de la
mujer. En este asunto la conspiración no podía ser más completa. El aborto, de esta
manera, tendría que ser prohibido de forma rotunda, pues contradecía los basamentos
éticos de la tradición judeo-crisitiana, los cuales indicaban que el propósito esencial para
el cual las mujeres habían venido al mundo era para ser madres.

En muchas ocasiones Emma Goldman tuvo que ser sacada de los salones de
conferencias y de algunos "mitines" acompañada por la policía, pues sus puntos de vista
resultaban intolerables para la "sociedad puritana" como ella la llamaba. Promover y
defender el aborto, significaba indicarle al estado burgués que el cuerpo le pertenecía a
las mujeres y que podían hacer con él lo que les viniera en gana. Era decirle al pueblo
culto y civilizado que traer hijos al mundo, educarlos y atenderlos como verdaderos
seres humanos, implicaba sustancialmente la toma de una decisión consciente y
responsible por parte de la pareja o de la persona interesada en dicho proyecto, no del
estado o de alguna iglesia que predicara la maternidad como una función al servicio de la
sociedad civil.

Cuando Emma Goldman habló de la "mujer nueva", siempre nos invitó a ver más allá de
lo que nos tienen acostumbrados los procedimientos convencionales para analizar y
comprender el papel la mujer en la sociedad civil. Ella creía que la lucha por la liberación
del amor, los sentimientos y las emociones, pasaba por la destrucción del estado. Su
lucha incondicional por la más absoluta y total libertad, en materia de derechos civiles,
sexuales, culturales y personales llegó a veces a profundidades que muchos intelectuales
anarquistas de la época no lograron comprender en su totalidad.

Con frecuencia se opuso a que las mujeres se entregaran tanto en la conquista del
derecho a votar. La dedicación y la pasión que se había puesto en esta batalla, decía
ella, no era proporcional a los resultados que se esperaba obtener. Las sufragistas le
parecían damas de la buena sociedad creyendo que con la obtención del voto, podrían
superar a los hombres y mejorar la sociedad y la civilización ahí donde ellos habían
fallado tan estrepitosamente durante los últimos dos mil quinientos años. Las obsesiones
parlamentaristas le parecían ridículas e inútiles, ya procedieran de hombres o mujeres
por igual.

El sufragismo le parecía estéril si con él no venía una modificación sustancial en el sitio


ocupado por las mujeres en la sociedad burguesa. El voto sólo les permitiría hermanarse
con los hombres en la explotación salarial de que éstos eran víctimas, sin cambiar o
eliminar en el fondo la verdadera raíz de aquella: la sociedad capitalista y el estado
burgués. La emancipación de las mujeres en estos casos evocaba para Emma Goldman,
un ajuste en la situación civil que dejaba intactas la humillación, la mercantilización y la
opresión de que habían sido objeto por siglos. El voto no cambiaba para nada dicho
panorama.

En la nueva sociedad que soñaban Emma Goldman y muchos otros anarquistas como
ella, la mujer nueva sería capaz de tomar sus propias decisiones, concernieran éstas a
su vida personal o civil. Sus elecciones sexuales vendrían motivadas por una perfecta
salud espiritual y física donde sólo fueran válidos el amor y el placer. La maternidad en
este caso, sería también una elección libremente escogida. Ni el estado ni la religión
decidirían sobre un asunto que pertenecería a la más absoluta y responsible libertad
personal.

La labor de propagandista y de promotora de los derechos civiles y personales de las


mujeres, llevó a Emma Goldman a viajar mucho. Sus frecuentes viajes a Europa y a todo
lo largo y ancho de los Estados Unidos, le granjearon una fama útil pero muy peligrosa al
mismo tiempo. Entre 1906 y 1918 la editorial, la revista y el boletín Mother Earth (Madre
Tierra), encargadas de distribuir material impreso, y de promover los principios más
preciados del anarquismo, fue blanco constante del acoso y la irrespetuosa actitud de la
policía norteamericana. Incautación regular de algunos de los números publicados,
encarcelamiento de Emma y otros miembros del personal, así como las amenazas
permanentes de deportación fueron los recursos utilizados por una policía corrupta y
feroz, que siempre encontró en estos notables luchadores a idealistas dispuestos a todo
con tal de hacerse oir.

Esa mojigatería política y cultural estuvieron disciplinadamente bajo el fuego de la


mordacidad analítica de Emma Goldman y sus compañeros. Sus agudas críticas al
patriotismo, al puritanismo, a la persecución de las minorías, y a la subestimación de las
luchas civiles de las mujeres por razones sexuales, la convirtieron en una figura atractiva
y relevante pero muy peligrosa del escenario político norteamericano de la primera parte
de este siglo. La tragedia de la emancipación de la mujer moderna, decía Emma
Goldman, radicaba en que ahora ella podía escoger su profesión, su horario de trabajo, y
finalmente sus condiciones de explotación. Con triste ironía podía notarse que, después
de una larga jornada de trabajo en la fábrica, en la oficina o en la mina, la mujer
emancipada tenía que continuar sus labores en la casa, donde la esperaban sus hijos, su
marido, sus hermanos y todos aquellos que argumentaban y defendían el derecho de la
mujer a la libre contratación del trabajo, a la huelga y a la jornada laboral de ocho horas.

Pero el proceso emancipatorio estaba incompleto si sólo se aspiraba a la liberación de los


tiranos externos. No eran éstos en realidad los verdaderos opresores. La inhibición
interna, los prejuicios, la moralidad tiesa y una religiosidad vacua y represiva, hacían
que las mujeres tuvieran serios problemas para integrarse realmente en la construcción
de un proyecto de liberación en que ellas mismas fueran sujetos y objetos del mismo.

Para Emma Goldman las mujeres eran más propensas a las supercherías morales y
políticas de la sociedad burguesa, repleta de fetiches institucionales y espirituales que les
impedían tomar en sus propias manos el proceso de su liberación interna. Por eso le
parecía un insulto que se las hiciera creer que con el voto ganarían el derecho a la
libertad y a la igualdad en las luchas civiles con los hombres. Si la propiedad era un
robo, las mujeres no eran dueñas de sus propios cuerpos; si la religión buscaba dominar
la mente humana, las mujeres eran los seres humanos más religiosos; si el gobierno
pretendía controlar la conducta de las personas, las mujeres eran muy fáciles de
manipular. En todo caso, la mayor aspiración de los anarquistas era devolverles a las
mujeres el control sobre su propio cuerpo, su alma y su voluntad, cosa que también era
el gran sueño de los varones que creían en la posibilidad de una sociedad donde las
iniciativas, las esperanzas y los proyectos no tuvieran que pasar por la aprobación de
una oficina de censura.

Pues bien, el feminismo de Emma Goldman se curtió en las luchas callejeras, en las
prisiones y en los debates cotidianos contra hombres y mujeres también, que la vieron
como un monstruo de la conspiración o como un ángel de la liberación. Ninguno de los
dos enfoques es cierto. Pero sí estamos tratando con una mujer que tenía perfecta
claridad sobre los objetivos políticos, culturales e ideológicos por los que estaba
combatiendo. Tanto así como para atreverse a hablar de amor libre, en una sociedad y
en un momento donde este tipo de consideraciones sólo podían ser hechas por varones,
y no precisamente en su sano juicio.

El amor libre

El amor libre que predica Emma Goldman no es igual al amor promiscuo. Lo más natural
que tiene un ser humano es su sexualidad, por eso todo tipo de organización social es
anti-natural, porque la naturaleza no conoce de organizaciones para darle paso a los
mecanismos auto-reproductivos más fluidos y perfectos que el hombre pueda imaginar.
Toda institución diseñada para controlar la espontaneidad de la naturaleza está
condenada al fracaso o a la destrucción de la naturaleza misma. Y en esa dirección no
hay nada más libre que el amor.

La propuesta del amor libre hecha por los anarquistas tiene que ver particularmente con
la más sencilla, y al mismo tiempo la más complicada de las escogencias que hace
cualquier ser humano en cualquier parte del mundo, en todo momento; nos referimos a
la pareja con quien desea unirse, o al amigo o amiga con quien quisiera compartir sus
más profundos y acendrados ensueños.
Curiosamente, en las relaciones que Emma Goldman tuvo con algunos de sus camaradas
de lucha, las peleas y desacuerdos por celos amargaban el posible proyecto de vida que
pudiera haber construido con ellos. A Johan Most lo agredió en público con un látigo, en
un arrebato de cólera, porque el dirigente alemán se había dedicado desde su revista a
difamar a Alexander Berkman, compañero de Emma en prisión, acusado de conspiración
para asesinar a un empresario cuyos guardaespaldas habían ultimado a tiros a nueve
trabajadores en huelga.

Berkman sería condenado a veintidos años de prisión que, con sus veintiún años de
edad, iban a representar lo mejor de su vida en el encierro de una asquerosa prisión de
Pennsylvania. Sólo cumplió catorce de la condena, pero esta reducción de la pena se le
debía en gran parte a la extraordinaria labor que Emma Goldman había hecho en todos
los sectores sociales y políticos de los Estados Unidos, para lograr tal propósito. Llegó a
impartir a veces hasta 150 conferencias en un año, para recaudar fondos y pagar
abogados, sobornos y otras regalías que le permitieran a su compañero salir antes de lo
planeado.

La pasión con que Emma Goldman conducía sus relaciones personales casi siempre
terminaban en fuertes altercados. Most, desde el momento en que ella le indicó
claramente que no quería nada con él, reaccionó de una forma en absoluto incoherente
con sus creencias anarquistas, supuestamente apoyadas en la tolerancia y jamás en la
clásica posesión burguesa que tanto criticaba. Los celos que Most llegó a sentir por
Berkman lo llevaron al extremo de acusarlo de incompetente para el terrorismo
individual, una acusación que en los medios políticos anarquistas de la época, era en
extremo insultante.

La amistad, la solidaridad, el compañerismo, la lealtad y una total entrega a la causa de


la redención de los seres humanos, de su muchas veces inconsciente opresión
constituían algunos de los ingredientes de esa seductora forma de vida que los
anarquistas como Emma Goldman llamaban amor libre. En prisión, en la isla de
Blackwell's Island, donde estuvo encerrada cerca de un año por incitación a la violencia,
Emma logró hacerse de una gran cantidad de amigas y amigos, como el Dr. White, un
noble personaje que la introdujo en los asuntos de la enfermería, actividad para la cual
Emma dedicaría una parte importante de su vida.

Pero fueron las prisioneras, mujeres humilladas y explotadas de una manera atroz por
un sistema penitenciario primitivo y devastador, quienes terminarían siendo sus mejores
compañeras de encierro. Puesta al frente de los talleres de costura de la prisión y a
cargo de la enfermería, la prisionera Emma Goldman tuvo enfrentamientos serios con los
administradores de aquella, sobre todo cuando se le exigía la sobrexplotación de sus
compañeras. Siempre que se negó terminó en el calabozo, un lugar apestoso e inmundo
donde Emma irremisiblemente empeoraría de su reumatismo.

Estaba visto que su experiencia en la prisión, le haría valorar con mucha más claridad la
enorme importancia de las prisiones para el sistema burgués. El amor libre, el amor que
se da sin ataduras, al amigo, al compañero, al amante, sin convencionalismos o
limitaciones de ninguna especie, tenía que saltar por encima de cualquier tipo de
encierro. Por eso le resultaban detestables las prisiones, como a Piotr Kropotkin, a quien
logró entrevistar en unas dos o tres ocasiones, interesada en el balance que pudiera
haber hecho el viejo y brillante pensador ruso sobre la revolución bolchevique y el futuro
que les esperaba a los anarquistas como él en la Rusia del mañana.

Toda forma de rebeldía había encontrado siempre un destino siniestro: el hospital para
enfermos mentales o la prisión, como nos indicaba Foucault. Y tratándose de mujeres el
asunto había sido aún más represivo, puesto que la hoguera, el potro o el
descuartizamiento público, habían sido los instrumentos con que el poder fálico destruía
sus intentos de emancipación.

El amor libre, como lo entendían Emma y sus camaradas, tenía que ser una fuerza, un
conjunto de acciones mediante las cuales las personas involucradas fueran capaces de
liberarse mutuamente, jamás podía ser una actitud contemplativa, solo reflexiva y
racionalista. Para que en realidad terminara siendo una fuerza incontrolable, el amor
libre debería ser libre amor, es decir un sentimiento, una emoción capaz de remover
todos los obstáculos imaginables que se pudieran poner en su camino, como hubiera
hecho Emma para apoyar en todo momento, en las buenas y en las malas, a su
entrañable compañero Sasha Berkman.

Resulta entonces muy difícil entender eso que Emma llamaba amor libre, si nos
limitamos a definirlo únicamente a partir de sus aristas sexuales o pasionales. Ella
confiesa con mucha insistencia, en su correspondencia, en sus discursos y en algunos de
sus ensayos, la urgencia de que el amor libre sea visto de esa manera y no de otra. Es
decir que, para Emma Goldman el amor libre no se expresa sólo a través de la cantidad
de amantes que una persona pueda haber tenido en su vida, sino en virtud de la riqueza
emocional, que esa persona en particular, a la que se le han dado todos nuestros sueños
y esperanzas, es capaz de producir en el proyecto general de nuestra existencia.

Era el amor por Sasha, y su triste condición de presidiario joven, el que hacía que Emma
viera a sus compañeras de prisión, como hermanas sufrientes y valiosas en la lucha por
la vida. La misma que le hizo aceptar con tolerancia y sentido de la creatividad
anarquista, su amistad con el capellán de la cárcel donde estaba. Porque se requería
creatividad acercarse a un cura católico con un mayor grado de vulnerabilidad, que a los
rabinos con los que tuvo contacto. Esa vulnerabilidad poderosa fue la que hizo que
Emma, en muchas ocasiones, no negara explícitamente la existencia del Dios católico, y
manifestara sistemáticamente un ateísmo ambiguo, más parecido a un cierto tipo de
agnosticismo escolástico que a una incredulidad absoluta. Por eso a veces, uno la ve más
cerca de Tolstoi que de Bakunin.

La duda sistemática, de fuerte sabor ilustrado, hace que el anarquismo de Emma


incruste sus raíces en las ideas de una pensadora como Mary Wollstonecraft, madre de
Mary Shelley, creadora del emblemático personaje del monstruo de Frankenstein, y una
de las pioneras (la primera Mary no la segunda) en atreverse a hablar del amor libre, de
la solidaridad, de la amistad, y del profundo respeto por el ser humano que la Ilustración
francesa promovería en su momento.

La rebelión que trajo consigo el aflojamiento de las amarras sexuales impuestas sobre
las mujeres de la burguesía, no fue el producto de un gesto patibulario incoherente y sin
dirección. La rebeldía sexual era un instrumento muy efectivo para que, al recuperar el
control de su propio cuerpo, las mujeres le hicieran ver al mundo la posibilidad de
acercarse a los otros sin manipulación y mercantilización de las emociones más valiosas
de que son portadores los seres humanos. Las distintas dimensiones del amor libre,
emergían así entonces, con una claridad positiva, puesto que reducir el amor a la simple
humedad de un acto sexual, era quitarle todo su poder expresivo a un poema, una
canción o un estrechamiento de manos. No olvidemos que durante la era victoriana, las
mujeres tenían todos estos ingredientes debidamente reglamentados, para que la
disciplina social, el buen gusto y las buenas maneras no se perdieran. Recordemos que a
las mujeres se les decía hasta cómo debían sentarse, qué hablar y cuáles silencios eran
oportunos. Entonces, la rebeldía sexual en este caso no fue sólo una recuperación del
cuerpo, fue también una conquista del espacio de privacidad, de vida íntima y libertad
individual a que todo ser humano tiene derecho. Que las mujeres de la burguesía
victoriana hubieran iniciado este proceso, es sólo el resultado de que su condición
económica, social, política y cultural lo hacía rápidamente posible, sin que por ello las
mujeres de las clases trabajadoras, más conservadoras, religiosas y explotadas,
hubieran tenido una participación de menor beligerancia e impacto.

El puritanismo, la moralidad gazmoña, y la estupidez clerical parecían ser las más


odiadas amarras que una idealista y una rebelde como Emma quería deshacer, sobre
todo cuando eran las mujeres las que más atadas estaban por ellas. Escribió, conferenció
activamente, y participó en cuanto mitin le fue posible para combatir un conjunto de
valores que sólo beneficiaban a unos pocos, y dejaban a la gran mayoría en el más
absoluto desamparo espirtual y material.

La santurronería de la burguesía norteamericana de la época era para Emma Goldman,


uno de los dispositivos más esenciales para comprender el falso recato que desplegaban
algunas instituciones, como la Iglesia Católica, en lo que concernía a las posibilidades
reales de que las mujeres participaran activamente en la vida política de ese país, los
Estados Unidos. Emma consideraba que el fetichismo al que eran propensas
particularmente las mujeres, las hacía más vulnerables al menú ideológico que se les
quería vender, pero entre 1887 y 1936 ella probó que era factible otro tipo de
acercamiento a la combatividad que eran capaces de desplegar las mujeres, cuando se
trataba de brindar solidaridad y verdadero apoyo a causas que les eran entrañables. El
trabajo que ella u otras, como Tina Modotti, realizaron en favor de la causa republicana
durante la guerra civil española, seguirá siendo un ejemplo profundo de lo que es el
amor sin ataduras.

La beligerancia organizativa de los anarquistas en aquella guerra es un capítulo


espléndido de la historia del siglo XX, puesto que en ella las mujeres desarrollaron un
nivel de compromiso y de entrega realmente excepcional. Resultará a todas luces
imposible realizar un balance justo de dicha guerra sin mencionar la contribución hecha
por las mujeres en todos los terrenos: como diplomáticas, intelectuales, activistas, en la
labor de agitación y en las trincheras propiamente dichas.

El amor libre en definitiva probó ser, según nos lo enseñó Emma Goldman, en la práctica
y en la teoría, un instrumento eficacísimo para el acercamiento de los hombres y de las
mujeres que comparten un mismo ideal: la libertad más absoluta, sin cortapisas de
ninguna especie. Junto a ello, Emma probó también que no es posible la solidaridad si
ésta no tiene además dimensiones internacionalistas, por eso sus reflexiones y sus
acciones contra el imperialismo y el patrioterismo alcanzaron igualmente alturas de gran
relevancia práctica para el quehacer de los anarquistas.

Los totalitarismos

El anti-autoritarismo de Emma Goldman es antes que nada un internacionalismo. Eso


significa que la causa por la libertad, donde quiera que ésta estuviera sujeta a represión,
iría a estar por encima de cualquier otra consideración de orden teórico o político.

A todo lo largo de su vida, Emma Goldman entró y salió de varias prisiones, no sólo en
los Estados Unidos, sino también en otras partes de Europa y Canadá. Sorprendente que
fuera víctima de un trato así, porque los motivos recurrentes de sus encarcelamientos
eran algo que hoy podría pasar por ridículo en algunos países. En otros, Emma seguiría
encontrándose a gusto como luchadora. Su valiente defensa de los derechos de las
minorías, como los homosexuales, a quienes ella llamaba "el sexo intermedio", le
ocasionaron serios problemas con las autoridades y el moralismo rancio y acartonado de
sociedades como la británica.

Hubo años en que Emma Goldman, como decíamos atrás, llegó a impartir hasta 150
conferencias en cuestión de meses, a más de 50.000 personas, en 27 ciudades de 25
estados distintos de la unión americana, pero siempre encontró oposición, el abucheo
irrespetuoso de algunas bandas de saboteadores que se mezclaban con los asistentes
para estropear sus conferencias, el cierre y la denegación de los permisos para utilizar
las salas y salones concedidos a otro tipo de conferencistas, y finalmente hasta el asalto
de la policía, al extremo que había que sacarla en hombros de guardaespaldas, para
impedir que fuera agredida.

Las multas, las fianzas, y la perenne tirantez con las autoridades de migración del
Gobierno de los Estados Unidos, que insistía en considerarla una "ciudadana extranjera
indeseable", marcaron la vida de Emma Goldman hasta en sus más mínimos detalles. Si
hay alguien que hubiera desarrollado un buen criterio sobre las prisiones en aquel país
fue precisamente esta mujer, que se atrevió en varias ocasiones a disertar sobre el
derecho al aborto, a las distintas formas de contracepción, y sobre el derecho al placer
sexual que tienen las mujeres, en una sociedad que consideraba imposible que una
dama hablara sobre este tipo de asuntos, difílmente aceptables aún entre varones. El
destino de las mujeres estaba sellado por su capacidad de reproducción, lo que impedía
que el sexo fuera para ellas otra cosa más que traer hijos al mundo.

Pero algunos consideraban que tales materias eran controversiales en la sociedad


norteamericana, donde una burguesía fuerte y vigorosa se daba el lujo de decirle a la
gente lo que debía pensar, sentir y hacer con su vida privada y pública. El puritanismo y
la moralidad de campanario le pertenecían al capitalismo y resultaba inimaginable que el
mismo tipo de mojigatería se diera en la sociedad socialista que se trataba de construir
en la Unión Soviética.

Esta es una de las cuestiones que más problemas le produjo a Emma Goldman. Todo
anarquista consciente y riguroso con su forma de pensar, desde figuras venerables como
William Godwin y su compañera Mary Wollstonecraft, ha partido de la base de que la
autoridad y el autoritarismo son los responsables de tantos males en la sociedad
contemporánea. En la sociedad capitalista el poder y la riqueza configuran una alianza
perjudicial para el desposeído. Pero en la sociedad socialista, supuestamente diseñada
para servir al último, el autoritarismo tiene mayor arraigo puesto que se basa en el mito
de que si el proyecto de clase está al servicio del pobre, es irracional que éste critique lo
que ha sido concebido para atenderlo y protegerlo.

Las sociedades totalitarias, en las que el autoritarismo es la forma más visible de la


intolerancia, tienen el problema de que construyen una mitología sobre su perfección y
eficiencia absolutas, pero sus ideólogos son los que menos creen en esa clase de mitos.
Cuando Lenin, Trotsky, Stalin y el resto de los bolcheviques se decidieron a darles un
nuevo proyecto de utopía a los trabajadores de la vieja Rusia, creyeron y cultivaron el
mismo hasta el momento en que los obreros y campesinos se volvieron demasiado
exigentes y terminaron cuestionando la legitimidad, no sólo ideológica, sino también
política y social de tal proyecto.

Esa clase de asuntos le encantaban a Emma Goldman, pues ella creía que la polémica
con los bolcheviques sólo tenía sentido si los resultados beneficiaban a la larga a todos
los trabajadores rusos y no sólo a aquellos ligados con la burocracia del partido. El
ataque contra los anarquistas, y las muestras de independencia intelectual y política de
algunas mujeres vinculadas muy estrechamente con el proceso revolucionario, tales
como Angelica Balabanov, Alejandra Kollontai o Nadezhda K., la compañera de Lenin,
estorbaron de forma notable la labor política e intelectual de hombres como Trotsky o
Stalin, debido a su independencia de criterio y a su imaginación analítica.

En su peregrinar por Europa, luego de que tuviera serios problemas con las autoridades
bolcheviques en Rusia, Emma Goldman tuvo que enfrentar también el sarcasmo y las
críticas feroces de los sindicatos y de los partidos de izquierda británicos, alemanes y
franceses, que veían en el proceso revolucionario ruso una esperanza para la clase
trabajadora toda.

En el fondo de toda esta cuestión hay un aspecto que debe ser debidamente enfatizado,
y es que Emma Goldman nunca dejó de creer en las posibilidades y objetivos reales de la
revolución rusa, a pesar de su actitud crítica y distante. Como toda buena revolucionaria
creyó en las motivaciones iniciales de dicho proceso, pero su actitud se volvió prudente y
cautelosa una vez que, después de 1921, los bolcheviques empezaron a mostrar su
intransigencia con las críticas y las constantes demandas por el envío a prisión de sus
oponentes. En definitiva, un hombre como Trotsky, tan decidido a destruir el viejo y bien
consolidado movimiento anarquista ruso, enfrentaría a la larga las consecuencias de sus
propias estrategias de lucha, al caer en manos de uno de los peores tiranos de que tenga
memoria la historia política occidental.

Emma Goldman, desde lo más profundo de su fe en la libertad individual, ya veía, de


forma bastante temprana, los pasos de gigante que el burocratismo bolchevique estaba
dando desde 1922. Pero las críticas de ella no se dirigían solamente al peligro que el
progresivo estatismo representaba en Rusia, sino también a lo que estaba sucediendo en
Italia y Alemania. Sus nociones del individualismo libertario reposaban en gran medida
en la inspirada obra de autores norteamericanos como Thoreau, Emerson y Whitman,
por lo que el centralismo autoritario le resultaba a todas luces insoportable, no tanto por
la violencia con la que estaba cambiando la situación en Rusia, después de tantas
esperanzas puestas en la revolución, sino porque, también el proceso que tenía lugar en
Italia y Alemania, indicaba claramente hacia donde se dirigía la civilización occidental.

Nunca se detuvo a hacer distinciones entre autoritarismo y totalitarismo, como nos


indicaba Joyce Antler, porque habría que esperar hasta después de la segunda guerra
mundial para que la brutalidad de estas expresiones políticas se manifestara en toda su
amplitud, pero ya tuvo intuiciones brillantes cuando en su polémica con Trotsky
inevitablemente tuvo que rozar el problema del futuro del individuo en Occidente.

La guerra civil española, sobre la cual Emma escribió con mucho sentido de la
responsabilidad, a pesar de los serios problemas que tenía con el idioma, le permitió
darse cuenta de los límites reales de la utopía anarquista, aunque con frecuencia,
encontramos en algunos de sus escritos un acercamiento discreto y precavido a la idea
de utopía en general. Pero el asunto es que, la guerra civil española la puso frente a
frente con el problema de la relación entre individualismo y corporativismo en un posible
proyecto de sociedad basado en los ideales del anarquismo. El tema ha sido motivo de
enconadas discusiones y debates en el mundo intelectual libertario hasta el presente.
Incluso teóricos del calibre de Castioriadis jamás se atrevieron a intentar darle una
respuesta definitiva a un problema que, si somos rigurosos, se remonta a los escritos
originales de Proudhon con el afán de sistematizar la herencia anarquista de la
revolución francesa.

En el totalitarismo entonces, Emma veía algo más que un conjunto de expresiones mal
articuladas de distintos autoritarismos, visión que no llegó a completar en su análisis de
la revolución rusa. Pero la participación de los anarquistas en la guerra civil española, la
hizo pensar en las posibilidades del individuo y de la organización con fines
eminentemente de ayuda mutua. Sin el apoyo de las brigadas internacionales el
autoritarismo franquista en España se hubiera instalado en el poder mucho antes de lo
que tenía previsto la historia. Esto lo comprendió muy bien Emma y desde sus
reflexiones tempraneras sobre el burocratismo excesivo de la revolución rusa, ya preveía
el daño que puede causar a la libertad individual una maquinaria burocrática
especialmente diseñada para estrujar cualquier expresión de iniciativa personal que trate
de sacudirse los controles de la misma. Con posterioridad hombres como Trotksy, que
por una triste ironía moriría asesinado por un agente estalinista en México el mismo año
que Emma, le darían a ésta, sin reconocérsela, la razón de su análisis sobre el estrecho
contacto entre autoritarismo y totalitarismo para entender el desarrollo del pensamiento
político occidental. Sin embargo, a pesar de sus cálidas intuiciones teóricas, Emma fue
antes que nada, un gran testimonio sobre lo que la práctica le tiene reservado a los
intelectuales y activistas de pefil libertario. Más todavía cuando se trata de mujeres. En
este caso, Emma hizo lo que muchos anarquistas varones no hubieran podido: correrles
el velo a las mujeres de su ceguera sobre el papel que debían jugar en la sociedad, y
sobre todo, hacerles ver que en un régimen autoritario ellas son doblemente oprimidas.
Por eso, sostenía, la mujer tiene una propensión natural hacia el anarquismo.
4 elementos

Se desconoce aún su nombre oficial. Tampoco se sabe a ciencia cierta cuál es su uso práctico. Fueron creados por el humano. Y su
vida es tan corta y radiactiva que su existencia se determina a un breve lapso de segundos (y hasta milisegundos). Desde este mes,
la tabla periódica añadió cuatro nuevos elementos a su esquema. Bajo los números 113, 115, 117 y 118, estos son los primeros en
ser incluidos aquí y que no se encuentran en la naturaleza. El descubrimiento de estos elementos es producto de décadas de
investigación en laboratorios por parte de grupos de científicos de Japón, Rusia y Estados Unidos. Según la Unión Internacional de
Química Pura y Aplicada (Iupac, por sus siglas en inglés), sus nombres y nomenclaturas sugeridos son: ununtrium (Uut, 113);
unumpentium (Uup, 115); ununseptium (Uus, 117); y ununoctium (Uuo, 118). En los próximos meses tendrán sus nombres
definitivos. Pero más allá de su descubrimiento, esto plantea un nuevo momento en la manera de pensar la química en el siglo XXI.
Para el físico Bolívar Torres, la creación de elementos químicos en laboratorio es la muestra de que la naturaleza ya no es absoluta
para el humano. En otras palabras, la ciencia parecería haber superado la concepción clásica de lo que sería natura y antinatura.
¿Conocemos todo el universo? Torres afirma que no. Sin embargo, ‘sintetizar’ estos cuatro elementos abre una brecha para dejar de
pensar en un universo único y ampliar las posibilidades de crear uno “que resuelva nuestras necesidades”. Y aunque suene a ciencia
ficción, él recuerda que hace 30 años, mientras estudiaba el pregrado, la idea de crear un elemento químico era absurdo. Más allá de
las aulas Pero lo que significó uno de los hitos de los últimos años en el mundo de la Química, ha supuesto todo un reto en el ámbito
de la educación. Como nunca antes, estos elementos plantean un reto para profesores y editoriales científicas. Al hablar con Johanna
Mendoza, estudiante de un colegio particular del norte Quito y que se encuentra próxima a rendir los exámenes quimestrales, comenta
que en clase de química no se ha hablado al respeto. “Continuamos aprendiendo la tabla estándar para las pruebas”, dice. Esto
consiste uno reto en la actual educación en ciencias. Lo que el pedagogo Alberto Salazar señala como educación 2.0: la enseñanza de
química en las aulas no se puede basar exclusivamente en textos. El reto ahora es que los estudiantes sepan encontrar información
precisa y veraz en la red. Los cuatro elementos Ununtrium Fue descubierto por un equipo japonés liderado por el ​investigador Kosuke
Morita. Vive milisegundos. Unumpentium Creado en Rusia pero confirmada su existencia por científicos suecos. Es radioactivo e
inestable. Ununseptium Se mantiene estable por milisegundos y pronto se desintegra. Rusos y estadounidenses trabajaron en este
elemento. Ununoctium Sus creadores rusos afirman que bajo ciertas condiciones de presión y temperatura es un elemento sólido. En
contexto La Unión Internacional de Química Pura y Aplicada anunció la verificación de cuatro nuevos elementos químicos, a los
cuales se les asignaron los números 113 (Uut), 115 (Uup), 117 (Uus) y 118 (Uuo). Con ello, el séptimo período de la Tabla Periódica de
los Elementos quedó completo a partir de este año.

Este contenido ha sido publicado originalmente por ​Diario EL COMERCIO en la siguiente


dirección:​http://www.elcomercio.com/tendencias/tabla-periodica-integro-nuevos-elementos.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y
haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ​ElComercio.com

CIENCIA Y ESPACIO

La tabla periódica tendrá


cuatro nuevos elementos
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Kosuke Morita, líder del equipo Riken, con la nueva tabla en Wako, Japón.

Por ​Lin Taylor​, para CNN


20:50 ET (01:50 GMT) 4 enero, 2016

Lo más importante

Los elementos 113, 115, 117 y 118 serán agregados a la tabla periódica

La última fila ahora estará completa

(CNN) - Los libros de química como la conocemos oficialmente están


desactualizados, ya que pronto se agregarán cuatro nuevos
elementos a la tabla periódica.

Los elementos 113, 115, 117 y 118 han sido formalmente reconocidos
por la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC, por
sus siglas en inglés), la autoridad mundial en química con sede en los
Estados Unidos. ​El anuncio de la organización​, dado a conocer el 30
de diciembre, significa que la séptima fila de la tabla periódica
finalmente está completa.

Esta es la primera vez que la tabla ha sido actualizada desde 2011,


cuando los elementos 114 (Flerovium) y 116 (Livermorium) fueron
agregados. Ideada por el químico ruso Dmitri Mendeleev en 1869, la
tabla categoriza a los elementos químicos de acuerdo a su número
atómico.
"La comunidad de la química está ansiosa por ver su más preciada
tabla finalmente completa hasta la séptima fila", dijo Jan Reedijk,
presidente de la División de Química Inorgánica del IUPAC, ​en un
comunicado​.

"La IUPAC ahora ha iniciado el proceso para formalizar los nombres y


símbolos para estos elementos, los cuales temporalmente han
recibido el nombre de ununtrium, (Uut elemento 113), ununpentium
(Uup, elemento 115), ununseptium (Uus, elemento 117), y
ununoctium (Uuo, elemento 118)".

Un equipo ruso estadounidense en el Instituo Conjunto para la


Investigación Nuclear en Dubna y el Laboratorio Nacional de
Lawrence Livermore en California descubrieron los elementos 115,
117 y 118, mientras que a investigadores japoneses se les atribuyó el
descubrimiento del elemento 113.

Los cuatro elementos no se encuentran en la naturaleza, y fueron


creados sintéticamente en laboratorios. Hasta ahora, estos elementos
tenían nombres y símbolos de carácter temporal en la tabla periódica,
ya que su existencia era difícil de probar. Debido a que se
descomponen extremadamente rápido, para los científicos era difícil
reproducirlos más de una vez.
Los investigadores japoneses dijeron que su búsqueda por el
elemento 113 inició al "bombardear una capa delgada de bismuto con
iones de zinc que viajaban a más o menos el 10% de la velocidad de
la luz". Al hacer eso, en teoría se fusionarían, lo que formaría un
átomo del elemento 113.

"Por más de siete años, seguimos buscando datos que identificaran


de manera concluyente el elemento 113, pero simplemente nunca
vimos otro evento. No obstante, yo no estaba preparado para
rendirme, ya que creía que un día, si perseverábamos, tendríamos
suerte de nuevo", dijo Kosuke Morita, el investigador principal en el
grupo RIKEN de Japón.

"Ahora que hemos demostrado de manera concluyente la existencia


del elemento 113, tenemos la intención de ver hacia el territorio
desconocido del elemento 119 y más allá".

Ahora que el proceso de descubrimiento ha terminado, los


investigadores tienen otra tarea complicada en manos: idear los
nombres y símbolos permanentes para los elementos.

Según la IUPAC, los nuevos elementos pueden ser nombrados a


partir de un concepto mitológico, un mineral, un lugar o país, una
propiedad o un científico.
Después de que los nombres propuestos sean enviados, estarán
abiertos a inspección pública durante cinco meses antes de que la
organización tome una decisión final.

http://cnnespanol.cnn.com/2016/01/04/la-tabla-periodica-tendra-cuatro-nuevos-elementos/

Un mes antes de morir, ​Oliver Sacks​ confesaba en «​My periodic table​», un artículo
publicado en «The New York Times» en julio de 2015, que desde pequeño se sentía
fascinado por la física, una rama de la ciencia en la que «no hay vida, pero tampoco
muerte». Cuando su tiempo estaba a punto de consumirse, el famoso neurólogo y
escritor decía sentir alivio en el misterioso orden de los elementos químicos, a los que
definía como «pequeños emblemas de eternidad». No es solo que los componentes de
una estrella pueden acabar siendo parte del cuerpo de una persona, sino que allá
donde estén ​estos elementos químicos siempre conservan un orden​, y tienen unas
propiedades químicas concretas.

La comunidad científica amplió recientemente lo que se sabe acerca de este orden. El


30 de diciembre la Unión Internacional de Química Aplicada y Pura (​IUPAC​), un
organismo formado por representantes de las sociedades nacionales de química de
todo el mundo, anunció ​el descubrimiento de cuatro elementos químicos ​que
completan la séptima fila de la tabla periódica​.

«Como organización global encargada de aportar pericia científica y objetividad, así


como de desarrollar las herramientas básicas para aplicar y comunicar el conocimiento
químico en beneficio de la humanidad, la IUPAC se enorgullee de hacer este anuncio
en relación con los elementos 113, 115, 117 y 118, y la terminación de la séptima fila de
la tabla periódica de los elementos», dijo con solemnidad el presidente de la
organización, ​Mark C. Cesa.

Después de años de trabajo en laboratorios de la más alta tecnología, en los que


incluso se recurrió a aceleradores de partículas, la organización reconocía así el duro
esfuerzo de varios equipos de investigadores de ​Japón, Alemania y Estados Unidos.
Toda esta dedicación dio su fruto en forma de cuatro elementos que aún no tienen
nombre y a los que se conoce como elementos 113, 115, 117 y 118, (en función de su
número atómico, una magnitud que indica la cantidad de protones que hay en su
núcleo).

Mientras los descubridores deciden qué nombre ponerle y tratan de estudiar sus
propiedades, estas investigaciones podrían permitir entender un poco mejor cómo
funciona el interior de los átomos, y esto podría tener una infinidad de aplicaciones.
Además, facilitarán que más adelante se produzcan nuevos elementos más pesados,
con un mayor número de protones en los núcleos, como el 119 o el 120.

Un Sol en la Tierra
«Es una investigación básica que prueba que es posible obtener núcleos de elementos
superpesados haciendo colisiones entre núcleos de átomos menos pesados», explica
Bernardo Herradón,​ investigador científico del CSIC y miembro de la Real Sociedad
Española de Química. «Por otro lado, tener elementos químicos superpesados es
importante para conocer el balance de fuerzas (interacciones) que actúan en el núcleo
de los átomos», añade.

Por eso, es posible que los nuevos hallazgos permitan producir nuevos elementos con
propiedades inimaginables hoy en día: «​Estamos hablando de investigación en la
frontera de la química​, la física de partículas y la física de altas energías, etc; todos
estos campos tienen aplicaciones en nuestras vidas cotidianas», explica Herradón.

Además, gracias a este tipo de experimentos se aprenden detalles que podrían ayudar
a poner a punto la fusión nuclear, un posible modo de emular el funcionamiento del Sol
en la Tierra y de obtener energía barata, limpia y casi ilimitada.

Sin embargo, tal como explica ​Paul J. Karol​, un miembro de la IUPAC que ha
participado en la aprobación de estos nuevos elementos, el proceso no es sencillo.
Requiere hacer colisionar núcleos de elementos pesados con otros más ligeros a una
gran velocidad, lo que gasta mucha energía, y como resultado solo se obtiene un
número escaso de átomos radiactivos que en seguida se desintegran. Lejos de
obtenerse muestras de polvo de un nuevo elemento, los científicos deben conformarse
con analizar la energía liberada en estos choques entre partículas para saber si están
ante algo nuevo o no.

Límite de estabilidad
La cuestión ahora, aparte de tratar de estudiar las propiedades de estos elementos y de
nombrarlos, es seguir produciendo átomos superpesados: «La tecnología actual tiene
problemas para producir cantidades visibles de nuevos elementos, pero esto podría
cambiar», aventura el miembro de la IUPAC. Explica que quizás incluso​ podría llegarse
a la «isla de estabilidad»,​ un límite situado en el elemento 120 y a partir del cual los
átomos serían estables y podrían tener aplicaciones ffmuy interesantes.

Sea como sea, aún en la era de los átomos superpesados la tabla periódica ideada por
el químico ruso ​Dimitri Mendeleiev​ en 1869 sigue en vigor. El gran logro de este
esquema es que entendió el orden de los átomos: no solo permite clasificar los
elementos en función de sus propiedades químicas, sino también predecir cómo serán
los que siguen. Cuando este científico publicó su tabla se conocían 63 elementos
químicos. Hoy en día ya son 118. Si se logra descifrar el orden de los núcleos atómicos,
¿qué se logrará en el futuro?

http://www.abc.es/ciencia/abci-nueva-tabla-periodica-cuatro-elementos-superpesados-ampli
an-quimica-201601101216_noticia.html

1. 1. ¿ Cómo hacer un ensayo ? Profr. Raúl Hurtado Pérez Esc. Sec. Téc. 85 Tonalá, Jalisco 
2. 2. ​¿Qué es un Ensayo? <ul><li>El ensayo puede resultar un instrumento generador de 
múltiples aprendizajes, por ello, este objeto de aprendizaje ha sido diseñado para que los 
alumnos, desde educación secundaria, desarrollen un conjunto de habilidades para 
elaborar escritos y expongan sus ideas. </li></ul> 
3. 3. ​Definición: Ensayo <ul><li>Composición escrita en prosa, en la cual se expone la 
interpretación personal sobre un tema en particular. </li></ul><ul><li>Escrito en el cual 
un autor expone sus ideas. </li></ul><ul><li>Exposición escrita de un tema, la cual es 
desarrollada por párrafos. </li></ul> 
4. 4. ​Características <ul><li>Es uno de los géneros mas utilizados hoy en día. 
</li></ul><ul><li>Su contenido es variado. </li></ul><ul><li>Puede contener opiniones 
críticas, reflexiones, puntos de vista, intereses y aversiones del autor. 
</li></ul><ul><li>Por lo general van acompañados de bibliografía. 
</li></ul><ul><li>Muchos ensayos son publicados primero en periódicos o revistas. 
Luego son recopilados en libros. </li></ul> 
5. 5. ​Estructura <ul><li>El estilo y la organización del ensayo, componen su estructura. 
</li></ul><ul><li>Por lo general, la estructura del ensayo, consta de tres partes: 
</li></ul><ul><ul><li>Introducción </li></ul></ul><ul><ul><li>Desarrollo 
</li></ul></ul><ul><ul><li>Conclusión </li></ul></ul> 
6. 6. ​Estructura: Introducción <ul><li>Es una oración o párrafo que inicia e interesa al lector 
por el tema. Puede ser una: </li></ul><ul><ul><li>pregunta, 
</li></ul></ul><ul><ul><li>reflexión </li></ul></ul><ul><ul><li>estadística. 
</li></ul></ul><ul><li>Un ensayo extenso, puede tener varios </li></ul><ul><li>párrafos 
de introducción. </li></ul> 
7. 7. ​Estructura: Desarrollo <ul><li>Se hace uso de párrafos (párrafos de desarrollo). 
</li></ul><ul><li>Generalmente cada párrafo, discute un tema dentro del ensayo. 
</li></ul><ul><li>Por lo general entre una idea y otra, (o entre un párrafo y otro), se 
utilizan frases o párrafos cortos de transición. Esto se hace para entrelazar las ideas y 
facilitar la coherencia y unidad. </li></ul> 
8. 8. ​Estructura: Conclusión <ul><li>Esto constituye la aportación y opinión final del escritor. 
</li></ul><ul><li>Cierra el ensayo. </li></ul> 
9. 9. ​Pasos para escribir un ensayo: antes Seleccione: un tema conocido y de su interés 
Identifique: el punto de vista a desarrollar. Desarrolle un esquema con las ideas 
principales y secundarias. Búsqueda de Información Utilice un bosquejo Identifique el 
vocabulario Puede obtener: Citas, estadísticas, noticias y antecedentes 
10. 10. ​Pasos para escribir un ensayo: durante Organiza tu escrito Puede comenzar con una 
pregunta No olvide la estructura de un ensayo Mantenga su propio estilo, pero sin olvidar 
la cercania con el lector, vigile el uso del vocabulario Utilice conectores entre oraciones 
11. 11. ​Pasos para escribir un ensayo: durante <ul><li>Conectores 
</li></ul><ul><ul><li>Temporales: </li></ul></ul><ul><ul><ul><li>Ejemplos: más tarde / al 
poco tiempo </li></ul></ul></ul><ul><ul><li>Espaciales: 
</li></ul></ul><ul><ul><ul><li>Ejemplos: detrás / junto a 
</li></ul></ul></ul><ul><ul><li>Ordenación: </li></ul></ul><ul><ul><ul><li>Ejemplos: a 
continuación / por último </li></ul></ul></ul><ul><ul><li>Razonamiento lógico: 
</li></ul></ul><ul><ul><ul><li>Ejemplos: Por consiguiente / no obstante / 
</li></ul></ul></ul><ul><ul><ul><ul><ul><li>en conclusión </li></ul></ul></ul></ul></ul> 
12. 12. ​Pasos para escribir un ensayo: después <ul><li>Al tener el borrador, verifique lo 
siguiente: </li></ul><ul><ul><li>Su escrito mantiene coherencia e hilo conductor 
</li></ul></ul><ul><ul><li>Sus ideas se presentan de manera clara e interesantes 
</li></ul></ul><ul><ul><li>Existe una secuencia lógica de las ideas 
</li></ul></ul><ul><ul><li>Mantiene una ortografía, acentuación y puntuación correctas y 
adecuadas. </li></ul></ul><ul><ul><li>Mediante la revisión del mismo, se podrá apreciar 
su estilo personal. </li></ul></ul> 
13. 13. ​Criterios generales para evaluar su ensayo <ul><li>Al evaluar su ensayo, tenga 
presente lo siguiente: </li></ul><ul><ul><li>Contenido – ¿Guarda relación el contenido 
con el tema propuesto? </li></ul></ul><ul><ul><li>Redacción – Verifique el uso de un 
lenguaje correcto e hilación coherente de las ideas. </li></ul></ul><ul><ul><li>Gramática, 
ortografía y presentación general </li></ul></ul><ul><ul><li>Vocabulario – Verifique el 
uso de un vocabulario adecuado y pertinente al tema presentado. 
</li></ul></ul><ul><ul><li>Bibliografía – Siempre otorgue el crédito correspondiente a los 
escritos consultados. </li></ul></ul> 
14. 14. ​Resumiendo: <ul><li>Infórmese sobre el tema. Investigue sobre otros ensayos 
escritos sobre el mismo tema o temas relativos. </li></ul><ul><li>Antes de empezar a 
escribir el ensayo, haga una lista de ideas sueltas o conceptos que desee incluir y 
ordénelos de manera lógica. </li></ul><ul><li>Piense en dividir el ensayo en tres partes. 
</li></ul><ul><li>Haga una introducción (no resumen) con sus propias palabras. 
</li></ul><ul><li>Relacione una problemática; la opinión de otra persona; o cualquier 
información con su opinión. Aquí puede comparar o cuestionar. </li></ul><ul><li>Puede 
hacer una serie de reflexiones. </li></ul><ul><li>Tómese un recreo y despeje su mente de 
ideas antes de volver a releer el trabajo terminado y corregirlo. </li></ul> 
15. 15. ​Consejos: El título déjelo al último. Escriba párrafos cortos. No escriba como si fuera 
una lista de datos.Inspírese. Consejos 
16. 16. ​Realiza tu mejor esfuerzo en todo lo que hagas en la vida, al final… el único 
beneficiado ERES TÚ. 

http://es.slideshare.net/ivraga/como-hacer-un-ensayo-presentation-781205